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No recomendado para menores de 7 años Amar en tiempos revueltos - T1 - Capítulo 18 - ver ahora
Transcripción completa

-Denúnciele. Llévele a los tribunales.

Si ha hecho alguna fechoría, acabará pagándola.

Si lo que quiere es darle una buena lección a su jefe,...

...levántese ahora mismo y llámele. ¿Qué me dice?

-Elpidia...

Quiero que la próxima vez que vayas a ver a Antonio...

Le lleves esto.

-¿El reloj de tu padre?

¡Si no te lo han quitado!

-Aquí me lo quitarán más tarde o más pronto.

-Ya está bien.

Soporto sus desdenes e indiferencia hasta un límite.

Vengo a decirle...

Que su hija está libre y que sepa que le necesita.

-Decidió lo que necesitaba y no era su familia.

Y haga el favor...

Estoy muy ocupado.

-¿Qué le pasa a Pepe?

-Isidro, que el estar ahí encerrado le está consumiendo.

Le veo muy apagado.

-Estar en prisión le debe de dejar a uno la moral por los suelos...

Pero conozco bien a Pepe, y va a ver usted, doña Elpidia,...

...que cuando esté Antonio, usted y él, los tres juntos,...

...Pepe se anima y todo vuelve a la normalidad.

Porque, ¿Antonio qué tal está?

-La que está muy angustiada es tu madre.

No os tiene a ninguno de los dos.

¿Por qué no le dices que estás aquí?

La pondría en peligro.

-Muy bien, si me insiste con esa amabilidad...

Estuve en el registro de la propiedad...

...y no hay documentos que acrediten...

...que usted sea el dueño legítimo de esta empresa.

-¿Vivo?

-Vivo.

-Dios mío, ¡Antonio está vivo!

¿Y dónde está?

Hubo que aprender a llevar y a tener...

...el corazón y el alma heridos.

Días de avidez, de hambre y escasez,...

...de vencedores y vencidos.

Amar en tiempos revueltos.

Tiempos de ruina y lamento.

Amar en tiempos revueltos...

...por vientos que trajo un mar.

De batallas por contar.

-Gracias.

-Paloma, ¿has visto los brotes que tienen estas patatas?

Si parecen geranios.

-Es lo que hay, Valentina.

Si no las quieres, no las lleves. Otra vendrá...

-Bueno, mujer, no te enfades. -Si no me enfado.

Vendo el género que tengo, no el que me gustaría.

Y gracias que hay patata. Hace un año, ni eso.

-¿No decían que los nacionales traerían de todo?

-Pues aquí no han traído nada. Se lo quedarán los mandamases.

Y vuelven las cartillas de racionamiento.

-Ya, también lo he oído.

(SUSPIRA) -¿Cuál es el chisme?

-No, chisme no, que cualquier día volvemos al racionamiento.

(SUSPIRA) -Vaya.

Pensaba que acabada la guerra, se acababa el hambre.

-¿Algo más, Valentina?

-Pues no, no me pongas nada más.

Y... ¿Me lo apuntas?

-Te lo apunto.

-Pero mira que eres guapa.

Hala, con Dios.

-Hala.

-¿Con quién me pego yo ahora?

-No, yo no tengo prisa.

-Pues yo, a ver.

Dame... Un cuarto de garbanzos.

Un poquico de sal...

Y una lata de leche condensada.

-Sal, tengo...

Y la leche me la traen a la tarde. Te guardo una lata.

Pero los garbanzos, como no los pinte...

Llévate unas lentejas.

-Si es que mi marido está hartito de lentejas.

-Dile que tienen mucho hierro.

(RÍE) -Claro que se lo digo. ¿Sabes qué me contesta?

Que cuando quiera hierro, que chupa la estufa.

-Huy. -Lo que quiere es cocido, Paloma.

-Me vas a perdonar, pero qué ordinario tu marido.

Mira que decirte eso de que chupes la estufa, anda que...

-Ya, hija, si tú supieras.

Hala, venga, sí, échame las lentejas y...

La sal la llevo.

Esta tarde mando al chico que compre la leche condensada.

-Ahí va. -Eh... Te pago ahora, que llevo.

Parece que me quedo más tranquila. -Y yo, Plácida.

Pues son...

Ahí va.

-Poca cosa, ¿eh?

Toma. -Gracias.

-Hala, adiós.

-¿Pasa algo, Elpidia?

-Era de la madre de Pepe, que en paz descanse.

-Elpidia, ¿en qué quedamos cuando trajiste la alianza?

¡Te doy lo que haga falta!

-Yo te lo agradezco en el alma, Paloma, pero necesito dinero.

-¿Para qué lo necesitas?

Debe ser algo muy gordo para que quieras dame esta baratija.

-Es de oro.

-Del que cagó el moro.

Ni este broche es de tu suegra ni me engañas...

...si no es por una buena razón.

¿Es para Pepe?

-Perdóname, Paloma, sabes que te lo cuento todo,...

...pero tengo mucho miedo de comprometerte.

Y también de comprometer a mi Antonio.

-¿Has tenido noticias suyas?

-Está en Madrid.

Escondido.

-¿Quién te lo ha dicho? Hay gente muy mala.

No puede una fiarse de nadie. -No, ha sido Marcelino.

No sabe dónde está, pero sí que está sano y salvo.

Y necesito dinero para ayudarle a salir de España.

Por eso te vendía esto.

-Elpidia...

Eres tú la que tiene que perdonarme a mí.

(LLORA) Está vivo.

-Hola.

-Hola.

-El día en que Serrano y yo firmamos ante notario...

...la constitución de la sociedad.

-¿El padre de Rafael? -El mismo.

-¿Por qué me ha hecho llamar?

Su secretaria me dijo que era importante.

-Y lo es.

Siéntate, por favor.

-No entiendo por qué no hemos hablado en casa.

-Aquí estaremos más tranquilos, sin tu madre,...

...que procura enterarse de todo lo que ocurre.

-Bueno, si usted lo prefiere.

-Está muy excitada últimamente con lo que le ha pasado a Andrea.

Por cierto, tu hermana ha aparecido.

-¿Han vuelto a detenerla?

-Tranquilo, está en casa de su amiga Consuelo.

Mario está haciendo gestiones para conseguirle un aval...

...y que le dejen en paz.

-¿Se lo ha dicho a mi madre? -No.

Esperaré a que la situación se consolide.

Ya sabes cómo es, armaría demasiado ruido.

Ahora hay que ser discretos y dejar al hijo de los Ayala,...

...que se nombrado su protector, termine con éxito su trabajo.

-Habla de esto como si fuera una operación comercial.

-Tratándose de Andrea procuro no dejarme vencer por la cólera.

Te pido discreción y paciencia, hijo, ¿eh?

-Supongo que no me ha hecho llamar por esto.

-No, por supuesto que no.

Quería hablar contigo para...

Pedirte disculpas.

-¿Por qué?

-Porque eres un buen hijo.

Porque estoy orgulloso de ti.

Y porque últimamente, he dicho cosas que no debería haber dicho.

-En ese caso, yo también le debo una disculpa.

-No, espera.

Tú eres joven y, por tanto, impetuoso...

...y eso en un joven, no es un defecto, pero a mi edad...

A mi edad, hay que ser más juicioso.

-No presuma de anciano. -No presumo.

Constato una evidencia.

Mírate. Ya eres un hombre.

Y eso me convierte en un anciano. -Es mi padre.

Siempre le he respetado y siempre lo haré.

Podemos tener nuestras diferencias, pero no tiene que disculparse.

-Tenemos nuestras diferencias, pero son más las cosas que nos unen.

Siempre he visto en usted un modelo a imitar.

-No sabes cuánto me alegra oírte decir eso.

Me alegraría más si supiera que es verdad.

-Lo es. -Eso significaría...

...que estás dispuesto a seguir mis pasos, a continuar mi obra.

-Padre, seguir sus pasos es luchar por lo que creo.

Como usted hizo con la fábrica.

-¿Y desde dónde piensas luchar?

Un gran país no lo levantan los políticos.

¿Qué sería de Alemania sin su poder industrial?

La nueva España se levantará desde despachos como este.

-No entiende lo que es ser falangista.

-No, no lo entiendo.

Para vosotros, la familia es un pilar social, ¿no?

-Sí, pero la fábrica no es mi familia.

No puedo ser capitalista, ¿no lo entiende?

-Son demasiadas contradicciones.

Sois católicos, ¿eh?

Y no queréis intromisiones de la Iglesia.

Revolucionarios, pero lucháis con monárquicos.

Estáis contra los partidos, pero fundáis uno.

-El movimiento no es un partido. -¿Ah, no, y qué es?

-Padre, vamos a dejarlo.

Hemos discutido esto una y mil veces.

Respete mi decisión. No volveré a la fábrica.

Y por cierto...

Estaré de acuerdo o no con lo que ha hecho Andrea,...

...pero hay que reconocerle que es consecuente con lo que cree.

-No, no, no, la pernera mucho más larga, ¿eh?

Justo que cubra el tacón del zapato.

Esa es la última moda en París.

Y ya se sabe que cuando se hace algo en París, se hará en Madrid.

-Mamá, no tengo toda la tarde.

-Parece que vas a apagar un fuego.

-Es que con sus modas parisinas, esto parece la obra de El Escorial.

Además, no veo la necesidad de hacerme un traje.

-Pues yo sí. Hace más de 3 años que no te haces uno bueno.

-¿Es que lo que lleve puesto en el desfile es prioritario?

No soy yo el que desfila.

-Ya, pero es un acto social muy importante.

Allí estarán todos nuestros amigos.

Estará Arturito y estará Beatriz...

-Mamá, mamá, no siga, por favor.

-¿Qué? -No intente hacer de casamentera.

-¿Qué dices? Si Beatriz es una chica encantadora.

Además, hacéis muy buena pareja, y ella, no te olvides,...

...es de nuestro mundo.

Teléfono. -Ya lo cojo yo. Disculpe.

-Pero déjalo, que lo coja la chica.

-¿Dígame? -Buenos días. ¿D. Mario Ayala?

-Sí, soy yo. ¿Con quién hablo? -Fabián Robles al aparato.

-Sí, don Fabián. Dígame. -¿Interrumpo?

-No. Sí, bueno, pero la suya es una interrupción providencial.

-Lo primero, excusarme por mi comportamiento del otro día.

Fue una actitud improcedente.

-No tiene que disculparse.

No soy quién para inmiscuirme en asuntos familiares.

-No, al contrario. Y no quiero que piense que no valoro...

...su preocupación. Eso demuestra que es usted amigo de mi hija.

-No se equivoca. Aprecio mucho a Andrea.

Pero usted es su padre y vela más que nadie por ella.

-Sí, y por eso tendré en consideración todo lo que me dijo.

Le agradezco la franqueza con que abordó el tema.

-Me alegro de que así sea y naturalmente,...

...puede contar conmigo para lo que quiera.

-Muchas gracias, y me viene muy bien que diga usted eso.

El otro motivo de mi llamada es profesional.

Me gustaría contar con sus servicios como letrado.

¿Cree que será posible?

-No sólo será posible, sino que será un honor.

¿De qué se trata?

-Es un asunto peliagudo.

Si pudiera pasarse a lo largo del día por la fábrica,...

...se lo cuento con detalles.

Pásese a la hora que le venga bien.

-Muy bien entonces, señor Robles. Allí nos veremos. Adiós.

-Bueno.

¿Entonces cómo fue la entrevista con D. Fabián?

-Un paseo militar. Ríase usted del desfile de mañana.

-¿Aceptó mis reclamaciones?

-No esperaría que abriese la caja y me dejase meter la mano.

-¿Pero no dice que fue un paseo? -Sí.

Pero esto es una negociación, una pequeña batalla.

No más fiera que la que una mosca puede librar contra un hombre.

Aquí usted es el hombre y él la mosca.

Aunque D. Fabián pretenda plantar cara,...

...al final, aceptará sus reclamaciones.

-¿O sea que habrá que ir a juicio? -¿Por quién me ha tomado?

Los abogados mediocres tienen juicios y los pierden.

Los buenos, los tienen y los ganan.

Los mejores, no tenemos ni que ponernos la toga.

-Entonces aceptará un acuerdo. -Por la cuenta que le tiene.

Si el Sr. Robles es listo, atenderá a razones.

Nuestro objetivo ahora es establecer una reparación...

...que habrá que valorar moral, laboral y económicamente.

¿Usted confía en mí? -Por favor, naturalmente.

-Bien. Déjelo todo en mis manos.

Cuando vayamos luego a su despacho, deje que hable yo.

-¿Cómo luego, tenemos una reunión con él hoy?

-Amigo, como ya le dije, este asunto será pan comido.

En cuanto le comenté en qué tipo de lío estaba metido,...

...le vio las orejas al lobo y se ve que quiere resolverlo ya.

-Esto hay que mojarlo.

Marcelino, dos coñacs, pero del de debajo del mostrador.

-Sobre todo recuerde: déjeme hablar a mí.

-Descuide, yo chitón. Hoy es un gran día.

-Gran solera. Sólo para clientes especiales.

-No será del de a granel. -La duda ofende, Rafael.

-Pues deja aquí la botella.

-Por el triunfo de la Justicia.

-Cómo me gustaría que mi padre estuviera entre nosotros.

Para que viera cómo su hijo pone las cosas en su sitio.

-¿Cómo permitió que Robles se quedara con todo?

-Mi padre tenía una salud delicada. D. Fabián se aprovechó de eso.

Abusó de la confianza que mi padre tenía en él.

Cuando falleció, todos los papeles, misteriosamente,...

...estaban a nombre de Robles.

-Amigo mío, como ya le dije, el artículo 4...

...de la Ley de Propiedad, extensivo a la propiedad...

...industrial y su ejercicio con fines lucrativos, lo dice claro.

Le prometo que, en una hora, honraremos su memoria como merece.

-Brindo por eso.

-Mira, esta es la joya de mi colección.

A mi padre se la acaban de traer de Alemania.

-¿Cuándo merendamos?

-Luego, es una replica a escala de otro barco que hicieron en 1931.

-Qué maravilla, ¿no?

-¿Has vuelto a ver al fantasma?

-Tu madre se va a enfadar si no merendamos.

-No tengo hambre.

-Pues yo una poca. -Pues come tú si quieres.

Pero ahora me cuentas lo del fantasma.

-¿Y qué quieres que te cuente? -Todo.

-Pero si ya te he dicho todo lo que vi.

-O me lo cuentas, o no hay merienda.

-¿Seguro que quieres saberlo todo? -Seguro.

-Toma.

-"Fantasma de Canterville".

-Es la terrorífica historia de una familia americana,...

...que se va a vivir a Inglaterra a una casa donde vive un fantasma.

-¿Me lo dejas leer?

-No sé, te advierto que es de mucho miedo.

-Te doy lo que quieras a cambio.

-Espérate que piense.

Bueno, si me das tu trozo de chocolate, te lo dejo leer.

-Hecho.

-Cuando el señor Hiram B. Otis, ministro de los Estados Unidos...

...compró Canterville-Chase,...

...todos le dijeron que cometía una gran necedad...

...porque la finca estaba embrujada.

-Las cebollas.

-Hola. Paloma, ¿tienes listo lo mío?

-Un momento, ya acabo. -Tengo prisa, mi padre está...

...en el barbero y tengo el negocio solo. ¿Es esto?

-No seas cagaprisas, ¿eh?

-¿No está todo o qué? -Un minuto y te explico.

¿Algo más? -No, qué le debo.

-Ya haré cuentas con su señora. -Muy bien, buenas tardes.

-Adiós.

Me lo llevo y me lo apuntas, ¿eh?

¿Y este dinero? -Guárdalo calamidad,...

...que te lo pueden ver.

-¿Qué hago yo con esto? -Dárselo a Antonio.

-¿Quién te ha dicho... -Elpidia.

-Ah, Elpidia, entonces te habrá dicho que yo no sé dónde está.

-Conoces a los que le protegen.

La red que le va a ayudar a salir del país.

-No sé nada, no me metas en líos. -No fastidies, Marcelino.

Hazte a la idea de que ese dinero te lo ha dado Elpidia.

Antonio tiene que cruzar la frontera.

En Madrid su vida no vale ni una perra chica.

-Bueno, mira... -Que no miro nada, Marcelino.

Coge el dinero y pórtate con los que tuvieron...

...peor suerte que tú, que bien prontito te volviste.

-Perdona, que me mandaron a casa con heridas de categoría.

No me vine de vacaciones.

-Tampoco volviste en una caja de pino.

A ver si te vas a quejar ahora. -¿Y cuándo me he quejado yo?

Y eso que yo también he sufrido las bombardeos y las escaseces.

-Que yo sepa, en primera línea, la única abundancia que hay...

...es de bombardeos.

¿Te hubiera gustado estar en la trinchera?

-Paloma, si es que no lo entiendes.

-Pues hablando de trincheras, te he oído contar cien veces...

...cómo Antonio te salvó la vida.

Es tu turno, Marcelino.

Coge el dinero y tira.

Tira.

(NARRADOR) ...los pálidos rayos de luz a un anciano...

...de aspecto aterrador.

Sus ojos parecían dos carbones encendidos.

Una larga cabellera gris...

-Sito, hijo, qué vuelco me ha dado el corazón.

-El fan... fan... fan... -¿Qué dices?

-Este niño tiene calentura.

¿Te has tomado la leche, hijo? -No han deja'o ni las migas.

¿Y dónde está el nieto de Germán? -No sé, contenta me tiene...

...con los amigos estos. Una cuadrilla de golfillos todos.

-Hala, hala, Sito ven aquí conmigo que tu madre tiene cosas que hacer.

-Ya no sé si... si... quizás mejor que llame al médico.

-No, no, no sea exagerada doña Loreto, si no pasa nada.

Usted vaya a hacer sus cosas yo me quedo cuidando de él.

-Es que tengo compras que hacer y he quedado con Fabián...

...que pasaría a recogerme.

-Vaya tranquila, que yo me quedo con él.

-Aunque si te digo la verdad, ya no tengo ganas de salir.

-Elpidia, ¿tú crees que entre los matrimonios...

...debería haber secretos?

¿Qué te parecería si Pepe te ocultara cosas?

-Yo no sé de eso, doña Loreto.

A veces los hombres callan para no preocuparnos.

-Yo creo que lo hacen por soberbia.

En fin, Sito, pórtate bien. como yo me entere...

...que le das guerra a Elpidia, te quedas castigado...

...todo el fin de semana sin ir a la plaza.

-Seguro, seguro que se va a portar bien, ¿verdad que sí, eh?

-De todas formas no tardaré en volver.

Y gracias por cuidarlo, Elpidia.

Lo que sufrimos las madres... pero qué te voy a contar a ti...

...que tú no sepas.

-No me había dicho que también vendría con su abogado.

-No lo sabía, pero no se preocupe. Pan comido.

-No entiendo qué problema le ven al contrato.

-Mi cliente asegura que el Sr. Robles se aprovechó...

...del delicado estado de salud de su padre,...

...y que le obligó a firmar la compraventa mediante engaño.

-Eso es una infamia. -Eso es la pura verdad.

-El documento es legal.

Es la palabra de su cliente contra la del mío.

-No querrán dirimir esto en los tribunales.

El padre de mi cliente firmó el contrato poco antes de fallecer.

En su lecho de muerte. -En eso le doy la razón.

No tengo ningún interés en airear este asunto delante de un juez.

-Seguro que la actitud de mi cliente durante la cruzada...

...nacional, su heroica fidelidad al Régimen y a la fábrica,...

...al frente de la cual permaneció poniendo en riesgo su vida,...

...se vería con muy buenos ojos por cualquier magistrado.

-¿Y con qué moneda me pagó? Con el despido.

Esa fue mi recompensa.

-Creo que no queda más remedio que enseñarles la carta.

-¿Qué carta es esa? -No tengo ni idea.

Algún truco que se quieren sacar... -Pero antes de nada, aquí tiene...

...las facturas del tratamiento médico al que fue sometido...

...el padre de su cliente. Todas fueron abonadas por don Fabián.

-Ah, fue así como le convenció para que le vendiera su parte.

Eso se llama extorsión, don Fabián.

-También obran en poder de don Fabián los pagarés...

...de las deudas contraídas por el padre de su cliente...

...con diferentes acreedores. Son sumas muy importantes.

Deudas de juego.

-Esto no son más que patrañas.

-Como verá, fueron liquidadas por don Fabián.

-Mi padre fue un hombre honrado. Quieren mancillar su honor.

Hacer creer que fue un libertino, un jugador.

-Su padre era un buen hombre. Honrado.

Pero también era un borracho, un jugador empedernido...

...y un pusilánime y tú...

Has heredado todos sus vicios y ninguna de sus virtudes.

-Bien, iremos a juicio. Tendrá que responder de estas...

...calumnias ante un juez. Se va a tragar sus palabras una por una.

Mi padre fue un hombre cabal. Un caballero español.

-No es queremos airear esto en un tribunal.

Precisamente para salvaguardar el honor del difunto Sr. Serrano.

-¿Cómo piensan probar lo que dicen?

Esto sólo demuestra que se hizo cargo...

...de los gastos médicos de la enfermedad de su socio.

-También tenemos el certificado de defunción del Sr. Serrano.

Murió de una cirrosis hepática aguda.

Provocada por sus excesos con el alcohol.

-Sigo sin ver ninguna prueba concluyente.

-¿Qué tal el testimonio del padre de su cliente?

-La famosa carta.

-Si hace el favor de leerla en voz alta...

...para que podamos oír su contenido.

-Estimado socio y amigo. Me queda poco tiempo de vida.

Lo que más lamento es no poder agradecerte...

...todo lo que has hecho por mí en estos últimos tiempos.

Tu inagotable paciencia y sempiterna compasión conmigo...

...es digna de un reconocimiento mayor del que puedo ofrecer.

Has cargado conmigo como de un hermano.

Te has ocupado de mis deudas de juego,...

...del pago de los médicos y siempre con una palabra de ánimo...

...en lugar de la reprimenda que merecía.

Tuve que rogarte que compraras mi parte de la fábrica,...

...para que mis deudas fueran menos onerosas.

Esa fábrica en la que depositamos nuestras ilusiones.

Pero que salió adelante por tu devoción al trabajo.

Si por mí fuera, habríamos echado el cierre al año.

Gracias, Fabián. Gracias por estar siempre ahí.

Mil veces gracias. El final está próximo y no tengo miedo.

Pero algo me preocupa. Algo que me obliga a pedirte,...

...un favor enorme, con la excusa de que sea el último.

Te pido que cuides de mi hijo Rafael.

Temo que no haya recibido de mí la atención debida ni el cariño...

...ni ejemplo de todo progenitor.

Por desgracia, creo que sólo le ligué mi debilidad de carácter.

Tampoco es muy listo, pero seguro que encuentras un hueco para él.

Reconozco con vergüenza que, de todos los que he cosechado,...

...Rafael es mi mayor fracaso. -¡Basta!

-He hecho pública esta carta porque tú me lo has pedido.

Espero que su contenido no salga de este despacho.

Era... la voluntad de tu padre.

-Me parece que esta reunión ya no tiene ningún objeto.

-Será mejor que le dejemos solo un rato.

-¡Ah! ¡Elpidia!

¡Elpidia! ¡Ah!

¡Elpidia! ¡Socorro, Elpidia!

-Pero Sito, hijo mío, ven aquí, ¿pero por qué gritas, qué te pasa?

-¡Un fantasma! ¡Fantasma! -No, no.

Esa es una pesadilla, venga. Aquí no hay fantasmas.

-Aquí no, en el bar de Marcelino, en la cueva.

-Ay, Sito, pero si los fantasmas no existen.

-Te lo prometo, Elpidia, es verdad.

Ángel lo ha visto. Está escondido en la cueva de El Asturiano.

Por eso Marcelino ya no nos deja bajar a por tapones.

-¿Hay un fantasma escondido en la cueva del bar de El Asturiano?

-Hola, Ana. -Hola.

-¿Está don Fabián? -No, salió a despedir una visita.

Cristales rotos.

¿Qué ha sido eso?

-Debe de ser don Rafael.

-¡Te odio, padre! ¡Te odio!

-Cálmate, Rafael, estás sangrando. -¡No te acerques!

-No sé lo que ha ocurrido. -Nada.

Rafael ha descubierto cosas sobre sí mismo que preferiría no conocer.

-Nunca le había visto así, parecía...

-Un loco, parecía un loco.

Y yo no puedo confiar en un loco.

Necesito a gente de confianza a mi lado. Gente como usted.

-Hago mi trabajo lo mejor que sé. -Lo sé.

Y eso me tranquiliza, porque, comprenderá que ahora necesito...

...a un nuevo gerente.

-Seguro que encuentra a la persona adecuada.

-Ya la he encontrado, Isidro.

Esa persona es usted.

-No estoy a altura del trabajo, don Fabián.

-Usted lo tiene todo: es trabajador, honesto...

...y conoce el día a día de la fábrica.

Y lo que es más importante, le importa este negocio.

-No sé qué decir. -Enhorabuena, Isidro.

Y ahora me marcho. Debo recoger a mi mujer en el centro.

Usted, tómese la tarde libre, eh.

Mañana nos pondremos manos a la obra, tenemos mucho trabajo.

-¡Gerente!

-¡Don Rafael, que ya sé que está ahí, abra la puerta!

¡Don Rafael, don Rafael!

Golpean la puerta.

¡Don Rafael, don Rafael!

-¿A ver? ¿Qué tripa se le ha roto?

-Acabo de hablar con el marido de mi sobrina.

-Y a mí qué coño me cuenta.

-El abogado me ha dicho que hoy le han echado.

-¡Maldito picapleitos, si lo tenía todo en el bote!

-¿Y ahora qué piensa hacer? -No es asunto suyo.

-Claro que lo es. Cómo me va a pagar la renta.

-¡Largo de aquí, vieja bruja, que este mes ya está pagado!

-Sí, pero si piensa dejar la habitación, yo quiero saberlo.

-¡Largo he dicho!

Una puerta se abre.

-¿Dónde está el niño, Elpidia? -En la cama. Ya le bajó la fiebre.

-Gracias por cuidarlo. -No hay de qué, doña Loreto.

-Buenas noches. -Buenas noches.

-¿Dónde va con esas prisas? -No lo sé.

-¿Qué te pasa conmigo, Loreto?

LLevas todo el rato con la cara larga...

...y contestándome con gajes destempladas.

-Estoy esperando a que el señor se decida.

-¿A qué?

-Tú sabrás. ¿No tienes nada que contarme?

-No sé a qué te refieres. -He hablado con Consuelo.

Por qué no me has dicho que Andrea estaba en su casa.

¿Y de la visita de Mario Ayala? -Pensaba hacerlo.

-Pensaba hacerlo. Y yo aquí, con el corazón en un puño.

El señor pensaba hacerlo.

-¿Qué vas a hacer para ayudarla?

-¿Estaría yo tan tranquilo si no supiera que está a salvo...

...con doña Pura?

Claro que pensaba decírtelo.

Aunque tú no te lo creas, me preocupan mis hijos, y mucho.

-¿Es eso cierto? ¿Eso quiere decir que la ayudarás?

Andrea nos necesita, Fabián.

Prométemelo. Di que lo harás.

Llaman a la puerta.

-Buenas noches, doña Elpidia.

-¡Isidro! Cuánto tiempo. Pasa, pasa.

-Pues... Me encuentra de casualidad...

...porque justamente ahora iba a salir.

-Perdone que me presente así, de improviso.

Si molesto, puedo volver otro día.

-No, no, Isidro, no. Siéntate, siéntate.

Yo... Yo iba a bajar a la plaza, pero...

Puedo esperar.

No me digas que me traes malas noticias.

-No, no, no, doña Elpidia, no.

No es nada malo. Son noticias buenas.

Lo que pasa es que no sé qué hacer con ellas.

La falta de costumbre.

-Perdona, pero no te entiendo.

-No quiero entretenerla.

Sólo he venido para pedirle consejo y su permiso para una cosa.

-Pues tú dirás.

-Usted sabrá que Rafael ya no trabaja en la fábrica.

Vamos, que D. Fabián le ha puesto en la calle.

Y ahora, a D. Fabián no sé qué le ha dado.

Yo creo que se equivoca, pero ¿quién le dice eso al amo?

Y vamos, para qué nos vamos a engañar, si todos estamos igual.

Que me viene como anillo al dedo.

-¿El qué?

-El puesto, doña Elpidia, el puesto.

Que D. Fabián no quiere que Rafael sea gerente...

...y me lo ha propuesto a mí.

Gerente nada menos.

-Qué bien, Isidro. Me alegro mucho por ti.

-Pues muchas gracias, doña Elpidia.

Pero yo querría saber si usted sabría si Pepe...

-¿Pepe, qué?

-Verá. He querido ir a visitarlo a la cárcel, pero...

Al no ser de la familia, no me dejan ni cruzar la puerta.

-Sí, son unos canallas.

¿Pero para qué querías ver a Pepe?

-Pepe, doña Elpidia, me ha enseñado a ser lo que es un verdadero jefe.

D. Fabián es el dueño de la fábrica y todo eso, pero...

Estos años, los de la guerra,...

...con Pepe al frente,...

...aquello sí que era trabajar.

Todo funcionaba como un reloj.

Sin gritos ni malos tratos.

Es a él a quien D. Fabián debía haber nombrado gerente.

-Isidro, Pepe está preso.

-Ya lo sé, doña Elpidia, lo sé.

Pero yo quería que usted lo supiera.

Y si a usted no le parece mal que yo acepte...

-Isidro, ¿me estás queriendo decir que me estás pidiendo...

...permiso para aceptar el puesto?

Qué bueno es que todavía haya gente decente, a pesar de todo.

Acepta el puesto, Isidro.

Estate seguro de que Pepe estaría muy contento.

-Dígaselo, doña Elpidia.

Dígaselo que lo acepto sólo porque espero...

...tenerlo todo en orden para cuando él vuelva, ¿eh?

-Por Dios, vete, Isidro.

Yo estoy segura de que lo harás muy bien.

-Muchas gracias, doña Elpidia.

-A ti, Isidro, a ti.

¿Viste lo que los compañeros piensan de ti?

Ojalá pueda darte una buena noticia...

...la próxima vez que te vea.

-Paloma tiene razón.

Corres peligro. Tienes que salir de España.

Le prometí a Andrea que volvería a buscarles.

No faltaré a mi promesa.

¿Sabes algo de ella? -Nada nuevo.

Llaman a la puerta.

¡Tu padre!

-Está cerrado.

-Abre, Marcelino. Soy yo, Elpidia.

-Le dije que estabas bien, pero que no sabía dónde estabas.

Abre.

-¿Estás seguro? Abre.

-¿Dónde está? No me mientas. Sé que lo escondes.

Estoy aquí, madre.

-¡Antonio! (LLORA)

¡Madre!

-Verás, es que en estos últimos días, han pasado cosas.

Andrea ya no está en la cárcel. La han llevado a un convento.

Mamá, tengo que salir.

No me escapé del convento porque esté loca.

Tengo que encontrar a mi hijo. -Ya lo sé.

-Tranquila, Andrea.

Hoy sí. Hoy, gracias a Dios, te traigo buenas noticias.

-Escúchala.

-Verás...

Tu padre me lo dio para ti.

Así estaréis más juntos.

Lo único que tengo claro en mi vida...

...es que Antonio y Liberto es lo que más quiero.

Me siento mal porque no tengo a ninguno de los dos.

-Si pensabas convertir la casa en un albergue de la Falange,...

...primero debiste pedirnos permiso.

Buenas tardes.

-Mañana, en el desfile de la victoria,...

...verá la importancia que tenemos los falangistas en el régimen.

-No voy a ver nada porque me quedaré...

...en casa, tranquilito.

-¿Y el niño?

-Desgraciadamente, no aparece.

Ya te puedes imaginar a mi hija cómo le afecta todo eso.

¿Tiene alguna novedad?

-Doña Loreto ha estado con ella en casa de Consuelo.

Está viviendo allí.

Queréis decir que no puedo salir.

-No.

A no ser que...

  • T1 - Capítulo 18

Amar en tiempos revueltos - T1 - Capítulo 18

24 oct 2005

Para no revelar el paradero de Antonio, Marcelino ha convencido a Elpidia de que su hijo prepara una huida del país. Elpidia trata por todos los medios de reunir dinero, para ayudar a Antonio a escapar. Sin embargo, finalmente descubrirá la verdad sobre el 'fantasma¿ que se esconde en el bar de Marcelino, y madre e hijo llegarán a reunirse.

Rafael y su abogado logran un careo con Don Fabián, del que esperan obtener un jugoso acuerdo. Sin embargo, Fabián recurre a los servicios de Mario, que sabe defender sus intereses. Rafael queda no sólo derrotado, sino también humillado al conocer la verdad oculta sobre su padre...

Histórico de emisiones:

24/10/2005

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