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Subtítulos de Amar en tiempos revueltos - T1 - Capítulo 14

-Debes aceptar que no estás en condiciones de educar... ...a la criatura como se merece. Como es su deber, las autoridades lo entregarán a una buena familia. Que cuidarán de él mejor que lo harías tú. Tienes que ser fuerte, mi amor. Te quiero. -¡Andrea! -Me importa muy poco cuál sea su nombre,... ...ni para qué quiere ver a Andrea. En esa puerta dice comestibles, no quinta columnista ni chivata. -¿Quién la ha visto por última vez? -Madre, yo. -¡Habla de una vez! -Llevamos las cestas de ropa al camión... ...y la dejé en el patio rezando. -¡Andrea! ¡Andrea! ¡Andrea! Hubo que aprender a llevar y a tener... ...el corazón y el alma heridos. Días de avidez, de hambre y escasez,... ...de vencedores y vencidos. Amar en tiempos revueltos. Tiempos de ruina y lamento. Amar en tiempos revueltos... ...por vientos que trajo un mar. De batallas por contar. -¡Cuidado! Dame la pelota. Busco a un niño que se lama Liberto. -Aquí hay muchos niños. Es pequeño, de unos 3 años. ¿Lo conocéis? -Ayer llegaron muchos nuevos, puede que sea uno de ellos. -Déme la pelota. -Como partáis un cristal con esa dichosa pelota... ...me vais a oír, hombre. Son como los bichos del agua que no se saben estar quietos. Hola. Buenos días. -¿Estás buscando a alguien? Sí, estoy buscando a un niño. Es el hijo de mi prima. Y me han dicho que podía estar aquí. -¿Cómo se llama? Liberto. -¿Liberto? Hay un Liberto. Un rubiales guapísimo que parece un querubín. No, este también es muy guapo. Pero es más bien moreno, como yo. -Liberto, Liberto... Déjeme pensar. Sí, ahora que caigo. El otro día llegó un Liberto... ...al que las monjas pusieron enseguida Luisito. Y ese tiene el pelo castaño. Ese es el mío. Bueno, quiero decir, el de mi prima. Va a cumplir unos 3 años, es pequeñito. -Pues entonces no. El que yo digo ya es mayorcito, 7 ó 8 años debe tener. Que por cierto, tiene que ser gallego... ...porque no se le cae el carallo de la boca. Que se la vamos a tener que lavar con jabón. ¿Y están seguras de que no tienen otro niño que se llame Liberto? Piense, por favor. -Es que con la de críos que entran aquí a diario yo no sabría decirte. Mejor le preguntas al director que el lleva el registro. ¿Dónde puede estar? ¿Dónde lo puedo ver? -Pues adentro debe estar. Ven que te acompaño. ¡Cómo tengo que deciros que si queréis jugar... ...que os vayáis lejos del jardín y las ventanas! ¡Se acabó la pelota! -Si las bombas han roto casi todas las ventanas. -Y las que han dejado las bombas os habéis propuesto romperlas. ¡Eah, se acabó! Tira para allá. Es por allí. -Rafael Serrano. Don Rafael Serrano. El nuevo gerente de la fábrica. El nuevo gerente de la fábrica. Ese es el puesto que me corresponde, don Fabián. A partir de ahora tráteme con el respeto que merezco. Llaman a lapuerta. -¿Me da su permiso, don Rafael? Le traigo el recado que me había pedido. -Adelante. -Creía que tenía visita. Me pareció oírle hablar. -Estaría canturreando... -Pero qué elegante está usted hoy, don Rafael. Va hecho un pincel. Sin parece un galán de esos de cine. ¿Se puede saber quién es la afortunada? -No diga tonterías. Tengo una cita importante, pero no con una mujer;... ...sino con el destino. -¡Jesús! ¿Ve cómo tengo razón? Si es que habla como los galanes de cine. Pero permítame que le diga algo. Que ya va siendo hora de que se busque una novia formal. -¡Bah! No tengo tiempo que perder con romances. Me reclaman asuntos más importantes. -Bueno, pues cuando se decida, yo tengo una sobrinita... ...que está de muy buen ver. -De muy buen ver dice. -Mande. -Digo que si no le cegará el amor de tía cuando alaba... ...los encantos de su sobrina. -Se ríe usted de una anciana mutilada. Porque le digo que tengo muy buen ojo, aunque sólo tenga uno. -Bueno, ande, deje eso ahí. Ya está bien de cháchara. -Ahí le dejo. Sólo he encontrado este par de hojas en blanco. -Muy bien, gracias, será suficiente. ¿Pero se quiere marchar de una vez? -Pensé que necesitaría esto también. -Vale, muchas gracias. Ahora váyase y cierre la puerta, por favor. -Como usted mande, don Rafael. Perdone. ¿Es usted el director? -¿Puedo ayudarla en algo, señorita? Eh, sí, estoy buscando a mi hijo y... creo que podía estar aquí. -¿Por qué piensa eso? Bueno, yo soy de aquí, de Madrid. He pasado la guerra con mi familia en Salamanca. Tuve que dejar a mi hijo recién nacido con una vecina. Y la pobre la mataron una noche en un paqueo. Del pobre niño se hicieron cargo las monjas y en el convento... ...me han dicho que podría estar aquí. Sé que ha pasado mucho tiempo. Pero mi vecina siempre... ...me ha enviado fotos del niño y si yo lo viera, le aseguro... ...que lo reconocería enseguida. -¿Cómo se llama la criatura? Liberto, bueno, ese es el nombre que aparece en los archivos. Mi vecina se lo puso por seguridad. Para que no supieran que pertenece a una familia... ...que estaba en la zona nacional. -Comprendo. Tiene que haber sido muy duro estar separada de él... ...durante toda la guerra. ¿Cree usted que podría estar aquí? -Es probable, pero no sería capaz de asegurárselo... ...de memoria con esos pocos datos. Aquí cuidamos de tantos niños... No, claro, me hago cargo. -Es por eso que, hace unos meses, comenzamos a enviar... ...a los más pequeños a otroscentros, a Toledo. Tenemos que evitar que las criaturas se hacinen. ¿Y cree que mi hijo estará entre los trasladados a Toledo? -Es difícil saberlo a ciencia cierta. Pero, si es tan amable de seguirme, le mostraré... ...la sala de espera. Concédame unos minutos. Para consultar las listas... ...y telefonear a Toledo. Le garantizo que localizaremos al pequeño Liberto. ¿No le importa esperar? No, por supuesto que no. -¿Policía? Les llamo del hospicio San Martín de Porres. Ha venido una mujer de aspecto sospechoso... ...buscando un niño. Me ha contado una sarta de mentiras. Creo que es una roja. -Que me va a arrancar la oreja. -Y me quedaría corta. Lo que tenía que hacer es cortarte un pie. Siéntate y estate calladito. Hola. ¿El director está en su despacho? Sí, está consultando archivos. Al final has roto la ventana. -No será porque no se lo he dicho. Que jueguen en el otro lado del patio. Pues como si no. Y este, el peor de todos. Los cuneros son siempre los peores. ¿Los cuneros? -Sí, los que llegan aquí de recién nacidos. Los expósitos. Esos no respetan a nada ni a nadie. Pero yo creía que a los pequeños los mandaban a Toledo. Eso me ha dicho el director. -¿A Toledo? Qué más quisiera una. Con la lata que dan. Aquí no se manda a nadie a ninguna parte. Ni a Toledo ni a ningún otro sitio. ¿Entonces no están faltos de sitio? -Qué va, si esto es inmenso. En invierno, nos las vemos... ...y nos las deseamos para tener esto caldeado. Tendrían que llegar 1000 niños, de repente, para que faltase sitio. Me va a disculpar, que tengo que ver al director. Tú te quedas aquí. -Que yo no he sido. -Tú no eres nunca, pero esto se lo explicas al director. Vigílemelo, haga el favor. -Eso se llama botín de guerra, Isidro. Es tan antiguo como la misma guerra. Que es como decir tan antiguo como el hombre. -Bueno, yo lo único que te recomiendo es prudencia. Ya has visto el mal genio que se gasta don Fabián... ...desde que ha vuelto de Salamanca. -En una guerra, los vencedores reciben la justa recompensa... ...al sacrificio realizado. Medallas, ascensos. Y los civiles, reconocimiento y justicia. -Con el debido respeto... Esa palabra le viene un poco grande a esta fábrica. Si hubiera justicia, Pepe no estaría en la cárcel. -Exacto. A eso me refiero. Uno no puede esperar que otros hagan justicia por él. Hay que ponerse de pie y exigirla como un hombre. Si te quedas sentado y callado como Pepe, ¿qué obtienes? Nada. O peor aún, injusticias, mira. Mira, mira esto. -¿Otro? Otro. Don Fabián se tiene ver cómo me he jugado... ...el tipo durante la guerra rodeado de enemigos. Yo a cambio, sólo exijo lo que es mío. Reconocimiento y justicia. -No creo que don Fabián admita exigencias. Es lo que intento hacerte ver. Tú recibirás los anónimos... Pero la fábrica sigue siendo de él. -Tú es que no entiendes nada, Isidro. Vamos a ver... El único obstáculo entre la dirección... ...de la fábrica y yo, era Rodrigo, el príncipe heredero. Pero el heredero ha manifestado su rechazo a ocupar el trono. -Pero aun así, la última palabra sigue siendo de don Fabián. -Sí, la última palabra es de él. Pero la única opción soy yo. ¿A quién si no iba a confiar el timón de la fábrica? ¿A ti... Isidro? O va a esperar a que Falange le coloque a un gañán... ...enchufado por méritos de guerra. -Buenos días. -Que viene. -Hombre, Rafael. Precisamente contigo quería hablar. -Yo le estaba esperando. También tengo que decirle algo de suma importancia. -Isidro, ¿le importaría dejarnos solos? -Claro. -Y llame a la cantera. Recuérdeles que prometieron abastecernos a primeros de semana. -Sí, señor. -A ver si de una puñetera vez este país se entera... ...de que la guerra ha terminado. El Generalísimo debería pedirle a Fernández de Córdoba... ...que leyera el parte del primero de abril todas las mañanas. -Totalmente de acuerdo, don Fabián. -España tiene que comenzar a recuperar el tiempo perdido. Bueno y ya que estamos podemos comenzar por esta fábrica. -Sí, sí, ¿qué era eso tan importante que tenías que decirme? -Bueno, verá, antes de que llegara le explicaba a Isidro... ...que después de una guerra, los soldados reciben medallas,... ...ascensos, lo justo. Pero sabemos que una guerra no sólo la ganan los ejércitos. Más si la guerra es una cruzada... -Rafael. ¿Qué es esto? ¿Una clase de Historia? ¿Te importaría ir al grano? -Muy bien, tiene razón. Teléfono. Dejémonos de preámbulos... -Sí. Ah, eres tú, Loreto. Andrea. ¿Rodrigo está contigo? Tranquila, voy para allá. -¿Se marcha? -Lo siento mucho. Pero tendremos que hablar de esto en otro momento. -No ha escuchado lo debo decirle. -También tengo cosas que decirte. Y si un jefe puede esperar. No digamos un... empleado. -Ay, ¿de verdad te lo traen de París? -De París, de París de la Francia, sí, señora. -Como las medias y la colonia. -¿Y quién te lo proporciona? -Una tiene sus contactos. No me interrogues que se dice el pecado, no el pecador. -Pues hablando de pecadores... Sé de unos que se van a volver loquitos. -Con ese carmín... Bueno, rouge, que en francés se dice rouge. -En francés y los franceses... ¿Imaginas lo que debe ser vivir en Francia? Igualdad, libertad, fraternidad. Jean Gabin. -Lo mismito que aquí, Fani, lo mismito. Ahora que, el Gabin ese, no me vuelve a mí loca. -¿No? -Un poquito chaparrito. -Muy varonil. Tengo un cliente que se parece y dice que Fani suena francés. -¿De dónde viene? ¿De Estefanía? -Ojalá, de Epifanía, hija. -Mucho mejor Fani. -Pues eso digo yo. Además dónde va una con un nombre tan religioso. -Hola, Paloma. -Hola. -Veo que estás ocupada. -No se preocupe, yo ya estoy atendida. -¿Qué va a ser hoy? -Mejor vuelvo más tarde. -Ah, como quieras. -Cóbrame que estoy ahuyentando a la parroquia. -Tú eres mejor clienta que todas esas beatas y contigo me río. -Me llevo el frasco de colonia y dos barritas de carmín. -De rouge, Fani, de rouge. ¿Dos? ¿Estás segura? -Sí, ahora que tengo cuartos. No sea que te cierren la aduana. -Hija, Fani, qué poderío. Como se nota que el negocio va bien. -Es que no sabes las ganas de jarana que tienen los nacionales. Se ve que con tanto levantar el brazo... Tú ya me entiendes. -Fíjate... Yo pensé que sería al revés. -Como son tan meapilas. -¡Qué va! Tengo una amiga que se dedicaba a esto en la República, una ruina. Los anarquistas con el amor libre casi las arruinan. -Vamos, que predican una cosa y hacen la contraria. -Claro, que una cosa es predicar y otra dar trigo. A propósito ¿panecillos? -En esa balda, cógelos tú misma. -Dios. -Menudas piernas. -Tendrán poca vergüenza. -Vámonos. -Ay, déjalos, si mirar es gratis. -Que vengas. -Además son futuros clientes. -Anda, que tienes tú menos vergüenza que ellos. -¿Te has fijado? -¿En qué? -En esa mujer que acaba de pasar. ¿Sabes lo qué era? -Ya, quieres decir que era... -Una pilingui. -Pues yo creí que era una puta. -Pero si es lo mismo, tonto. -¿Y cómo sabes que es una...? -Una pilingui. Porque todas son iguales. Una vez fui con mi padre a la calle del Barco y había muchas. -Ah, ¿y qué hacían? -Pues esperar. Estuve un rato porque mi padre se entretuvo en el recado. -Oye, ¿y no has vuelto a ir? -¿Con mi padre? Pues no, como murió en la guerra. -Ah. ¿Tú sabes lo que hace una puta? -Pues claro. Si le das dinero, te besa y si le das más se quita la ropa. -¿Toda? -Toda. -¿Y tú cómo lo sabes? -Me colé en "El ángel azul". -Vaya birria de título. -Ya. Pero a mí las películas que más me gustan son: de espadachines,... ...de robos y de chinos asesinos. -¿Chinos asesinos? -Los de Fu Manchú ¿no has visto "La máscara de Fu Manchú"? -Pues no, ¿de qué va? -Si me das 30 tapones, te la cuento. -¿30? ¿Valen las de gaseosa? -Venga, vale. -Te los daré, te lo juro. -No hay que jurar en vano. -Te lo prometo. -Bueno. -En el desierto del Gobi, han encontrado... ...la tumba de Gengis Khan. Todos los arqueólogos del mundo quieren encontrar el tesoro. Fu Manchú se entera y dice que todo Oriente... ...le va a nombrar Caudillo. -¿Cómo a Franco? -Los dakotis, del chino maligno... -¿Los qué? -No me cortes que pierdo el hilo. -Perdona, sigue. -¿Por dónde iba? -Los dakotis secuestraban a no sé quién. -Al arqueólogo. Le llevan a la guarida de Fu Manchú. -Hola. -Hola. -Me he pasado por el convento. Según la superiora, tu hija se ha escapado... ...escondida en la furgoneta de la lavandería. -Cuando me han llamado, no me lo podía creer. ¿Pero en qué estaría pensando? -¿Pensar? Tu hija hace mucho tiempo que no conjuga ese verbo. -¿A quién se le ocurrió meterla en un convento? ¿Qué hace ella entre esas ignorantes? -Rodrigo, un poco de respeto. -Andrea es una chica culta, inquieta. Un convento no es lugar para ella. -Ya te salió la vena anticlerical. -¿Quiere que esté del lado de esos oscurantistas? La Iglesia católica es una rémora para España. -¡Lo que hay que oír! -¿Qué pensarían tus compañeros del movimiento si te oyeran? Esos tradicionalistas de misa diaria. -Soy de la Falange de José Antonio. Si estamos con los requetes, es para unir fuerzas. Pero no comulgamos con ruedas de molino. No tiene que mandarnos el Vaticano. -Ese es vuestro problema. Os han matado al único que pensaba. Y ahora, sois marionetas en manos de Franco y del Ejército. -¿A quién llama marionetas? -¿Queréis dejar de discutir de política? Estamos hablando de Andrea, de tu hija. -Sí. Ya lo dice el refrán. Cría cuervos. -¿Qué le pasa con nosotros? ¡Parece que nos odiara! -Hijo, no digas eso. -Hable, padre. Andrea ha cometido muchos errores. Yo lo reconozco. Pero no por ello deja de ser mi hermana. ¿Y a mí? Sólo se dirige para reprenderme. ¿Qué le hemos hecho? -Traicionarme. Decepcionarme. Tú hermana, casándose con ese pelagatos... ...y tú abandonándome... ...para entregarte a tu causa y olvidándote de lo principal: la familia. -Es eso. Es por mi negativa a trabajar con usted en la fábrica. -La familia es lo primero, ¿lo entiendes? Después, está la patria, los ideales y lo demás. -Pues bonita forma de predicar el amor a la familia. Desprecia a su hija, hiere a su nieto... ...y pretende atarme a un trabajo que odio. -Guárdate la elocuencia para tus mítines. Y cuidado con lo que dices. El trabajo no se odia, el trabajo nos honra. No me pasé la vida esforzándome por levantar una empresa... ...del prestigio de la mía... ...para que mi hijo la desprecie como si fuera un puesto de frutas. -Es eso lo que piensa, ¿verdad? Piensa que le he fallado. -Me habéis fallado los dos. -No sé en qué me equivoqué, pero me habéis fallado los dos. -Lo siento mucho, padre. Siento que no entienda que mi empresa es otra. Más elevada, una misión histórica. Siento que por eso me sienta un mal hijo. -Marcelino, estoy seco. -Ya va. -¿Cuántas lleva? -Esta es la cuarta. -Pues las va a agarrar de aúpa. -¿Cómo se llama la gachí? -Pregúntaselo tú. -¡No! Hoy no tengo tiempo. Empresas más altas me esperan que entretener a esa. -Pues se te van a adelantar. -A las buenas. Ponme un chato. -Marcelino, ¿nos das corchos de botella? -Baja y coge los que quieras. -¿No los tienes aquí? -Anda, mira detrás de la barra. -Gracias. -30, lo prometiste. -Aquí sólo veo siete. -14 y siete son 21. Me debes nueve. -Bueno, te las doy mañana. -No. Baja y me devuelves las que te faltan. -¿Ha vuelto ya la luz en la cueva? -No. La bombilla está fundida. Marcelino, tienes que cambiarla. -Sí. -No me hagas bajar, Sito. -¿Pero por qué? -Porque me da miedo. -¿Te da miedo? ¿Y qué te da miedo? -Pues que con lo oscuro que está ahí abajo,... ...a lo mejor hay chinos de esos de Fu-Manchú. -¿Chinos en Madrid? Eso es imposible. -¿Ah, sí? Pues baja conmigo. -No, baja tú. Yo ya cumplí mi parte del trato. Te conté la película. -¿Qué, te da miedo la oscuridad? Anda, toma la vela. ¡Venga! -A las buenas. ¿Molesto, guapa? -Si no me mete el dedo en el ojo. -Sería una pena. Un ojo tan bonito. -Pues tengo otro igual. No sé si se ha dado cuenta. -Sí, claro que me he dado cuenta. Ya veo que lo tienes todo muy bonito. Y a pares. ¿Te invito a algo? -A un bocadillo. Aquí los hacen muy buenos. Y de queso de tetilla. -¿Y por qué no te invito a comer como Dios manda? Conozco un sitio por aquí en el que dan chuletas de cordero. De las de palo. ¿Te gustan? -¿Pues no me van a gustar? -¿Y a qué esperamos? ¿Cómo te llamas, reina? -Fani. -¿Te gustan las pulseras, Fani? -Todavía más que las chuletas de palo. -Pues verás las que tengo en la cárcel. -¿Es una broma? -Una muy gorda, sultana. Estás detenida. -¿Policía? -Además de guapa, avispada. Vamos. -¿Tú has visto eso? Será malnacido el tío. -Están por todas partes. Hay que tener cuidado. -¿Y por qué me lo dices a mí? ¿Me ves cara de mujer de la calle? -A la gente le gusta hablar. -Y tanto, empezando por ti, que no callas ni debajo del agua. -Lo digo en serio, Paloma. Se habla mucho del estraperlo. Mira el tipo de uniforme que apareció en tu tienda. -Yo sé lo que me hago. A la gente le doy lo que necesita. Si no fuera por tiendas así, moriríamos de hambre. -La Policía no es tonta, Palomita. -Yo tampoco me chupo el dedo. -Por supuesto que no. Tú eres una luchadora, igual que yo. Una superviviente. Pero es que además, yo soy un vencedor. Un vencedor a punto de recibir sus laureles. Ese soy yo. -¿Por qué no te vas a casa? Que ya es hora. -¿A casa, a casa? De aquí me voy a poner las cosas en su sitio de una vez por todas. Me tendrá que hacer caso. Échame otra para el camino. P'al que barre. -¿Quién dijo miedo? -¿Está muy oscuro? -Más que la guarida de Fu-Manchú. ¿Quieres que bajemos a ver si hay pasadizos secretos? -No, otro día. Timbre. -Hola, padre. ¿Qué le trae por aquí? -Hola, Consuelo. ¿Está tu madre? -Sí, en la cocina. -Le veo alterado, padre. ¿Ha pasado algo malo? -Ay, Consuelo. -Pase, pase. -En estos tiempos, raro es el día que no pasa algo malo. -Don José Enrique, qué alegría volver a verle. ¿Quiere tomar algo? No... -Lamento comunicarle que no es una visita de cortesía. Doña Pura, Andrea está metida en un lío. -¿Andrea? Padre, por Dios, ¿qué le ha pasado? -Le quitaron a su hijo, Consuelo. -¡Ave María purísima! -Andrea estaba muy alterada cuando la trasladaron al convento. -¿Que trasladaron a Andrea a un convento? -Le dijeron que allí le darían a su hijo. Pero no era verdad. (CONSUELO SUSPIRA) Cuando lo descubrió, se fugó... ...intentando encontrarlo en un orfanato. El director sospechó de ella y la denunció. -Y ha vuelto a la cárcel. -No, pudo escapar también de la policía. -¡Ay, gracias a Dios! -No, es una desgracia, Consuelo. ¿No lo entiendes? Roja y fugitiva por dos veces. Andrea está en un grave peligro. -¿Qué podemos hacer para ayudarla? ¿Usted sabe dónde está? -No... Pero tengo una idea para intentar aliviarla de la acusación. Doña Pura, fue doña Carmen quien la denunció. ¿Lo sabía? (CONSUELO SUSPIRA) -Lo suponíamos. Desde que Andrea llegó, no hacía más que pincharla. -Necesito encontrarla para que retire la denuncia. Si no pesara sobre ella una acusación por roja... Tendría alguna esperanza. -Pero, don José Enrique, no sé dónde está doña Carmen. (SUSPIRA) -En estas circunstancias... Andrea podría ser fusilada. -¡Dios mío, por favor! -Padre, cuando terminó la guerra,... ...doña Carmen recuperó sus bienes y se marchó sin decir nada. Una noche cenó con nosotros. Al día siguiente, ella y su marido se esfumaron. -¿No dijeron adónde iban? (CONSUELO RÍE) -Como para decirlo... Se le hinchaba la boca diciendo que nos compensaría... ...por todos los gastos que nos había causado. Y luego, si te he visto, no me acuerdo. -¿Cómo? Si yo tenía entendido que estaban en buena posición. -Claro, no me extraña. No nos dio ni una peseta para pagar las lentejas que comía. -Bueno, ella y su marido eran unos refugiados. Lo necesitaban. -¡Madre, por Dios, no la defienda! -Doña Pura, Consuelo, no se me ocurre nada más... ...para ayudar a Andrea. Si se enteran de algo, por favor, díganmelo. -Igualmente, padre. Díganos lo que sepa sobre Andrea. Teléfono. -¿Sí, dígame? Ah, don José Enrique. Se ha enterado. Sí, ¿tiene alguna noticia? -Déjame hablar con él. -Un momento, que le paso con mi marido. -Sí, don José Enrique. Claro. Entiendo, sí, sí. Bien, muchas gracias, padre. -¿Qué te ha dicho? (CUELGA) -Tu hija ha ido al hospicio. El director ha sospechado de ella y ha llamado a la policía. Ha vuelto a huir. ¡No hace más que empeorarlo todo! -Está buscando a su hijo. ¡Lo que haría cualquier madre! Y no tiene dónde ir. -Si la coge la policía, se le cae el pelo. Y esta vez, no podremos ayudarla. -¿Don José Enrique no podría interceder por ella? -Lo ha intentado. Quiso hablar con la persona que la denunció,... ...pero está ilocalizable. (RÍE) Natural. Una persona decente que ha tenido que ocultarse en casa de Dña. Pura. Menuda ganas tendrá de que le recuerden la guerra. -Lo que pasó durante la guerra, se lo aliviaron Dña. Pura y Andrea. ¿Ahora le paga así? -Tú entiendes las cosas como quieres, Loreto. ¡Ese es el problema de este país! ¡Nadie tiene perspectiva! ¿O se supone que las personas tenemos... ...que agradecer a los rojos por no despellejarnos en la guerra? -Yo no he dicho eso. -¡La guerra fue culpa de los rojos! Si se hubieran quitado del medio y hubieran dejado a Franco... ...el control del país, no habría hecho falta... ...librar esta guerra horrible. Ahora no pueden quejarse. Tuvieron su oportunidad y la desperdiciaron: robando a empresarios, quemando iglesias... ...y jugando a ser comunistas. Y pensar que una hija mía... Timbre. -Rafael. (EBRIO) -Buenas, doña Loreto. ¿Está su marido? -Sí. Fabián, os dejo solos. -¿Cómo te atreves a presentarte así? -Es que esto no puede esperar más, don Fabián. Tiene que nombrarme gerente de la empresa. Me lo he ganado a pulso. Mire... Más claro, el agua. -¿A quién quieres engañar? Estos anónimos los escribes tú mismo. -Eso es mentira. -¡Eres un farsante, un inútil y un borracho! -Chis, no le consiento que me hable de esa manera. -¡Estoy harto! ¿Gerente de la fábrica? -¡Es el puesto que me corresponde! -¡No quiero volver a verte nunca! Si te he mantenido en el puesto todos estos años,... ...ha sido por respeto a la memoria tu padre. Se acabó, estás despedido. -No puede hacer eso. -Márchate. ¡Si no te echo a patadas! ¡Venga! -La fábrica era de mi padre. Usted se la robó. -¡A la calle, vete de aquí! -¡Pienso recuperar lo que es mío! ¡Fabián Robles es un ladrón! -No necesito a nadie. Ni a Rodrigo, ni a Rafael. Ni... A nadie. -Padre, conozco a Elpidia desde que soy niño. Pepe cuidó la fábrica y Elpidia la casa durante la guerra. Es lo mínimo que podía hacer. -No es prudente que te signifique de esa manera. ¿Consuelo no te ha contado lo de mi niño? -¿Tienes un niño? ¿El hijo de Eduardo? No, de mi marido. De Antonio Ramírez. -Porque hay muchos que siguen el negocio familiar... Y no se sienten humillados, al contrario, es un honor. -Mírelo de esta forma, don Fabián, sus hijos están vivos... Los dos. Es más de lo que muchos padres podrían soñar en este país. -Madre. Madre, ¿cómo están todos? -Bien. Bien... Hijo.

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Amar en tiempos revueltos - T1 - Capítulo 14

03 jul 2014

Andrea consigue entrar en el orfanato y pregunta por su hijo. Una empleada le indica que tendrá que esperar a que vuelva el director. Andrea, con más ímpetu que convencimiento, improvisa una historia que el director escucha disimulando su escepticismo y, aunque trata de resultar lo más solícito posible, Andrea sospecha que algo va mal. Don Fabián, indignado con la fuga de Andrea, discute con Rodrigo.  Paloma, en los inicios de su mercado negro, asiste estupefacta a la detención de su mejor clienta, Fani. Marcelino le avisa: debe andarse con cuidado. Mientras Rafael, que sigue empeñado en ser el nuevo gerente de la fábrica, se presenta en casa de los Robles, con un aspecto lamentable.

Histórico de emisiones:

18/10/2005

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