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No recomendado para menores de 7 años Amar en tiempos revueltos - T6 - Capítulo 64 - Ver ahora
Transcripción completa

-Hombre, debes atender a Benita,

debes darle conversación tú.

-¿Por qué debo darle conversación yo?

-Porque sí. Porque es lo que hay que hacer y lo que toca.

Ayer no la atendiste como Dios manda.

Son muy buenas amigas,

le vendría de perlas unas clases de idiomas.

Pues mi mujer no quiere.

He hablado con ella esta mañana. ¿Sí? ¿Qué ha dicho?

Pues en un principio, se niega. He intentado convencerla pero...

No insista.

Es imposible hacerla entrar en razón, más ahora...

Esta irascible, alterada, no...

(SUSPIRA) Todos tienen malas rachas.

-Jamás volveré a meterme contigo.

-Gracias.

-(RÍE A CARCAJADAS) -Digo, con lo del Duero...

-(RIENDO) Marcelino.

-¿Estos dos qué se traen? -Cosas suyas.

-Cuéntamelo, seguro que tú lo sabes.

-Si Asunción quiere, que se lo cuente ella.

-Si somos amigas, ¿qué más te da? Dime qué es.

Se la ve muy contenta.

-Yo pensé que se entretenía mucho con esa profesora de francés.

-¿Con Irene?

Tampoco va a estar aquí todo el día, en casa.

-Estarías loca si tuvieras metida, todo el día, a una mujer tan guapa.

Y más estando como están las cosas con tu marido.

-Deseo empezar las clases con doña Irene.

-No sé para qué quieres tú saber francés.

-No solo voy a aprender francés. Me va a enseñar muchas cosas más.

-¿Cómo qué? -Pues Historia, literatura.

¿Y para qué necesitas saber tantas cosas?

Nadie puede ayudar a su hija como Ud.

-(LLORA) Dios sabe que lo intento, pero no sé qué más hacer.

Dios, ayúdame. (SOLLOZA) Tranquila.

(LLORANDO) Ayúdame Dios mío. Tranquila.

-Tu padre es muy bueno pero es muy raro,

y como no dice ni "mu", no sabemos qué le pasa.

Vamos a centrarnos y a movilizarnos. -¿Qué vamos a hacer?

-Lo que se hacen estos casos.

-¿Y qué es Trino? -Y yo qué sé.

Pues llevarlo los hospitales, a los dispensarios, a la Policía.

Despertar abrazada a la ironía

de ocultar

la razón de cada día

para amar en tiempos revueltos.

Asumir la alegría y el lamento

y descubrir

sorprendida mi tormento y mi dolor

con tu amor envuelto.

No es sencillo

avanzar olvidando lo vivido

cuando tanto se ha dado por perdido

y el camino es volver a comenzar.

Le canto al viento

por todo el que venció su desaliento.

Le canto al mar

por todo aquel que tuvo que olvidar

para empezar.

Cinematógrafo

Música animada

Música apagada

-Si no sabe jugar a fútbol que no venga al Atleti.

-Marcelino.

-Perdona.

-Tienes que hacerme un favor. -Cuéntame.

-Quería que hablaras con Benita. -¿Con Benita otra vez?

-¿Qué pasa, no te cae bien? -No, me cae bien.

A la fuerza. La tenemos aquí un día sí y otro también.

Parece de la familia. -Bien que hablas con ella,

un día sí y otro también. No té quejaras.

Mujer, si no me quejo.

Esta vez quiero que ella nos haga un favor

y estará encantada porque la pobre se siente en deuda.

Como la invitamos tanto a comer. -Es normal.

Tenías razón. Ha merecido la pena mantener ese apartado de correos.

Sí, es la única manera de seguir con un nexo con el pasado

manteniendo buen recuerdo en nuestra dirección.

No nos localizan si no interesa. Eso.

¿Qué dice la carta? ¿Quién la envía?

Es del Ministerio de Asuntos Exteriores de España.

Algún ex compañero ha debido dar la dirección de correos.

Qué detalle que se acuerden de mí. ¿Son buenas noticias?

Es una invitación a una recepción del cuerpo diplomático,

en activo y de carrera, por eso me invitan a mí.

Ya, ¿y te apetece ir?

No sé, Irene.

Si voy me encontraré con mis ex compañeros

que son mis antiguos amigos. Ya.

Los que decidieron mantener su status vendiéndose a EUA.

Sí, no como yo que eché todo por la borda.

Pero no te arrepientas, cariño.

Por supuesto que no, cariño.

No te extrañe que se vanaglorien de lo bien que les va.

Los mejor intencionados harán como mis padres:

convencerme de que apoye la causa que defienden.

No te conocen. Solo me queda la dignidad.

Podrías ir a esa recepción

y decirles que no te va mal, que has montado tu propio negocio.

Debo tener apolillado el frac.

Quizá no es tan formal. La vestimenta es lo de menos.

No tengo valor para enfrentarme con ellos y decirles lo que pienso.

Ya.

Bueno, cariño, ya lo pensarás. Vamos.

-Pues, ¿cómo te lo cuento?

Leonor ha empezado ya

a ensayar el baile ese de Navidad.

La han hecho jefa de las pastoras.

-¿Ah, sí? -Ya sabes lo importante que es.

-Sí, y todos los años vamos.

No baila muy bien la niña. ¿Qué quieres que te diga?

Me emociono como el primer día.

-Este año ha cambiado. Tienen que bailar divinamente,

porque ya son mayores. Debe ser como Dios manda.

Leonor está preocupada. Hay pasos que no le salen.

-Y has pensado en tu marido para que le enseñe.

No me ha llamado Dios. -No, cariño.

Podrías ir al colegio a buscarla porque da Gimnasia, y da igual.

Y llevarla a la academia. -¿Qué academia?

-La academia de baile. Entonces hablas con Benita

para que interceda a ver si le enseñe algunos pasos.

-A ver si es que me estoy volviendo loco o...

¿Tú pretendes que Adelina le enseñe pasos de baile a Leonor?

-Sí, sí. ¿No te parece buena idea?

Teniendo una vedette a mano, vamos a aprovecharla.

-¿Te imaginas a Leonor, que es una pastorcita,

con pasos de vedette?

-Sí. -Por favor, no.

¿No molestaremos a nadie por esto? -No es molestia.

Va a estar encantada. Te lo estoy diciendo.

Además, ¿cómo que sacarla de una clase del colegio?

-Es la clase de gimnasia.

No importa. Tu hija está angustiada. Hazlo por ella.

-No lo será para ti. Yo quiero una hija deportista.

Y que no, por el amor de Dios. Hagamos una cosa.

Cuando salga del el colegio irá a la academia.

-No, no por la tarde no,

que tiene que hacer deberes y es importante.

Leonor no necesita gimnasia.

Se pasa el día brincando.

Venga, vete a buscarla.

-Bueno, está bien.

Habla tú con Leonor porque quizás no quiere perderse la clase.

-Pero como no...,

va a estar encantada de perderse la clase

para poder aprovechar y bailar.

¿No ves el amor propio que tiene?

Venga, te digo una cosa.

Ser jefa de pastoras no es moco de pavo.

-Hombre, jefa.

-Jefa. -De pastoras, pero jefa.

-Jefa. -Jefa.

-Mira, mi padre no sabe andar por Madrid.

Fuera de la plaza y de El Asturiano, se pierde.

-Pues hoy no está.

-Lo de la policía mejor esperar.

A ver si nos dirán que se ha ido porque ha querido.

-Me voy a la fábrica. -¡Hijo!

-¿Qué pasa? -El abuelo no ha venido.

-¿Y dónde está?

-No sé, ni sabemos por dónde empezar a buscar.

-Estamos perdidos, bueno, el perdido es él.

Me estoy poniendo nervioso.

-¿Hago algo?

-Si tú pudieras ayudarnos

porque tú eres más espabilado y tienes más mundo.

(SUSPIRA)

Al trabajo no faltarás. -No se preocupe

que un compañero me debe un favor. Le llamo para que me sustituya.

Así puedo ayudar a buscarlo. -Gracias, Miguel, porque

es que no entiendo por qué ha hecho.

-Seguro que hay explicación.

-Como no la haya, se va a enterar.

El sofocón que me está haciendo pasar.

(SUSPIRA Y REZA)

-Partir es como en español, ¿no?

Significa irse, marcharse.

Exactamente,

comparte la misma raíz latina.

¿Sabes que el francés y el español son lenguas romances?

Los dos vienen del latín. ¡Anda!

Por eso hay palabras que se parecen. Claro.

Nunca nos explica las cosas.

Abre el libro y nos obliga a memorizar todo el vocabulario.

Las cosas se recuerdan mejor si se comprenden.

Hombre, memorizar así porque sí, se puede, claro.

Machacando y machacando, pero no sirve de mucho.

Es lo que digo yo.

Memorizar las cosas es una tontería. Tampoco es así.

Hay cosas que solo se aprenden memorizando.

¿Cómo los reyes godos? Por ejemplo.

¿Por qué tengo que saber quién eran, si murieron hace tiempo?

La memoria hay que ejercitarla,

porque sirve para aprender más y mejor.

Si tú me lo dices.

-(RÍEN)

Me encanta tutearte.

No sé, es como si aún fuéramos más amigas.

Aunque a mi madre, creo que no le gustaría.

Bueno pues, como no queremos que se moleste,

podemos tutearnos en las clases, cuando estemos las dos solas, ¿eh?

-Machote, aquí tienes tu copa, y a ver si vas aflojando

por qué tienes la tarja, hijo, que parece un peine, ¿eh?

-Buenos días.

-Buenos días, don Lorenzo.

¿Qué va a ser?

-Póngame un chato.

-Pues sí, hombre sí.

-Ud. es la primera persona de aquí que me recibe sonriente.

-Vaya.

Verá, su hermano no es un dechado de virtudes

ni una hermanita de la caridad, si no pregunte a los de la academia.

Pero tanto a mí como Marcelino,

nos ha demostrado aquí muchas veces que es harina de otro costal.

-Sé que no soy bien recibido por culpa de mi hermano.

-No se preocupe Ud. tanto.

Cuando le conozcan de verdad, dejarán de juzgarle.

Por cierto, ¿ya le han sacado de la cárcel o qué?

-Todavía no.

-Pues le voy a decir una cosa: si de mí dependiera su hermano

estaría en la cárcel hasta criar malvas.

-Y para mí,

para los Carreño, lo que hace es una vergüenza.

-Pues déjele una temporada a la sombra. La soledad purifica.

-Yo quiero que no vuelva a hacer daño.

Y por eso tengo que sacarlo.

-(RESOPLA) Me parece una contradicción macanuda.

-No, quiero mandarlo a Guinea.

Para que así deje de dar problemas.

-Pues como lo retiren la denuncia,

va a tener que remover Roma con Santiago Papa.

-Voy a tener que hacer algo que no hice cuando le detuvieron.

-Parece mentira, que del mismo vientre

salgan dos criaturas tan diferentes.

Qué misterios tiene la naturaleza.

-Pues sí.

-Perdón.

Creo que sería un buen momento para un refrigerio.

Gracias, pero no suelo comer entre horas.

Si Almudena quiere.

-Yo no tengo hambre.

-¿Cómo dices eso?, son tus pastas preferidas.

Nunca dices que no. -No tengo hambre.

Ya comeré cuando se vaya Irene.

La clase está a punto de terminar y volveré a estar sola.

-Te quedarás conmigo, cariño.

-Tú tienes muchas cosas que hacer, ¿no?

Además que lo único que me haría feliz

sería a salir a la calle y que no me miraran

con cara de pena o aprehensión

-Es eso lo que estamos buscando tu padre y yo.

Y mientras eso pasa,

he tomado una decisión que creo que te alegrará.

-¿Cuál?

-Accedo a que venga Asunción a dar clases de francés

con la Srta. Irene y contigo. -¿De verdad?

-Sí. -(RÍE)

-Creo que empiezo a comprender las cosas

que son verdaderamente importantes.

Ud. estará de acuerdo, me imagino.

Por supuesto.

-Muchas gracias mamá.

Ahora sí tengo apetito.

Toma, cariño.

Creo que para celebrarlo, probaré esas pastas yo también.

Claro. Gracias.

Que aproveche. Gracias.

¿Están buenas?

Cinematógrafo

¿De verdad no te apetece ir a la recepción?

Creo que me daría demasiada tristeza o rabia

ver en lo que se han convertido mis antiguos colegas.

Renunciaste a tu cargo

cuando el golpe de estado. Sí.

De los que estábamos en España, sí.

Aunque hubo personal de embajadas de Europa que actuaron como yo.

¿Y los de aquí que hicieron?

¿Cambiaron de bando de un día para otro?

Exactamente, algunos esgrimieron razones familiares.

No destrozarían a su familia por un cambio de gobierno.

Y los más sibilinos

dijeron que debían ser consecuentes con su carrera diplomática

Y que lo hacían por amor a la patria.

¿Y ahora que es de ellos?

No sé, hace tiempo que no hablo con ninguno.

Pero me apuesto mi mano que se han integrado.

Y algunos hasta comulgan con el dictador.

Bueno, tú no pudiste, ¿no?

No.

No podía traicionar a tantos por un gobierno progresista.

Y no podía traicionarme a mÍ mismo.

Aplaudo tu actitud.

Los ideales deben prevalecer por encima de todo.

Has hecho muy bien en luchar por los tuyos.

Yo la verdad es que luchar, luchar, no estoy luchando mucho.

Solo me he apartado de todo.

Bueno, y has renunciado a tus ideales.

No, solo que no puedo luchar por ellos.

Siempre se puede luchar por ellos.

Yo en la facultad... Eres joven e idealista.

Tienes fuerzas, ganas.

¿Y tú?

¿Es que te has rendido? Jamás.

Jamás me rendiría.

-Hola Luci.

-Hola Chelo.

-¿Qué haces que no estás en la vaquería?

-Me han dejado escaparme para preparar la ropa.

-Pero si la prueba no es hasta mañana.

-Como hoy no había trabajo

pues aprovecho y miro si lo tengo todo.

-¿Qué pasa? ¿Has preparado algo muy especial?

No, no te creas.

He elegido cosas cómodas

para hacer los pasos y ya.

¿Te la enseño? -Sí,

para que la estires,

porque si no estará hecha un pingajo.

-Mira. -A ver.

-Esta es la camisa

y la falda.

No te gusta.

Ya te he dicho que era normal y corriente.

-Yo no sé si debería decirte esto porque eres mi competidora pero...

-Dime.

-Ay, pues que esta ropa es muy sosa.

Parece más de una chica de la sección femenina

que de una bailarina.

-No te creas que tengo mucho donde elegir

-Por lo menos tendrás unos tacones de aguja.

-Solo lo he visto en revistas.

¿Ni tu hermana, ni tu madre?

-Los únicos zapatos que hay con un poco de tacón son estos.

Pero no son de aguja.

-Pues sin unos buenos tacones y unas buenas medias de seda...

-¿Y cómo consigo eso?

Mi madre tiene unas pero no se las pone,

porque no quiere que se rompan.

-Pues búscalas y tráelas para la prueba.

Que no se te olvide una falda de tubo con una abertura

y la blusa bien entalladita.

-Pero Luci,

así vamos a parecer unas mujeres de la vida.

Y no creo que eso es lo que quiere Don Vicente.

-Haz lo que quieras.

Solo te digo que es una prueba para una revista,

no para una ópera de esas italianas.

-Ya, eso es verdad.

Cuando llegué a casa, a ver si consigo algo.

Aunque no creo, ¿eh?

En casa somos tres mujeres pero estamos bajo mínimos.

Yo soy la única que se preocupa por estar guapa.

Así que, imagínate.

¿Qué harías en mi lugar?

-Pues ir a esa recepción

y decirles qué piensas de su actitud

y de Castillo Armas.

Mostrarles que aún tienes agallas para defender lo que es justo.

Así convencerías a cualquiera, Jaime.

¿Me has oído?

No lo que decías en concreto, pero he percibido mucho entusiasmo.

Tanto como el de tu hermana hace un rato.

Es un milagro, hace días que no levanta cabeza.

Es que tu madre ha accedido a que Asunción

se una a las clases de francés.

Por fin.

Mi padre ya estaba a favor pero es mejor que coincidan.

¿Ves, Ubaldo?

Esto debería darte esperanzas.

Si ha caído mi madre, pueden caer las torres más altas.

¿Cómo? Cosas de Jaime.

En verdad mi madre se ha portado bien,

ya solo queda un asunto.

Sus padres temen que se contagie y no quieren que suba a casa.

Pues... ¿sabes una cosa?

No te preocupes y déjamelos a mí.

No sé qué me pasa,

que me siento capaz de convencer a cualquiera.

Vencer las reticencias de tu madre

ha sido un logro que ni me creo.

Cinematógrafo

-Adiós, José Luis. -Adiós.

-Floro, ¿Marce no ha llegado todavía?

-Pues no y no sé dónde está.

Me tiene harto. No le he visto el pelo.

-Le mandé al colegio de las niñas pero ya tendría estar aquí.

-Pero, ¿cómo que al colegio? ¿Qué hace allí?

Si nunca va, apenas conoce a las monjas.

¿Eh? -Mire suegro, que he metido la pata.

Ya verá usted como he metido la pata.

-Has metido la pata pero hasta el corvejón.

Lo único que puede hacer Marcelino es soliviantar a las sores.

-Padre, que ya estoy aquí, ¿me ha echado de menos, eh?

-Desde luego tienes más belfo que el caballo del Cid.

Contentito me tienes.

¿Sabes cómo tienes a tu mujer?

Echando espuma por la boca, por tu culpa.

-Cómo le conozco, que cizañero es usted.

Vaya tonterías.

Es imposible porque he hecho lo que mi mujer me ha pedido.

-Hijo, yo no entiendo nada.

-¿Dónde estabas tú, caradura?

-Pues exactamente donde tú me habías dicho.

-¿Tres horas has estado en la academia?

-Únicamente en la academia no.

-¿Entonces?

-Hombre, pues he hecho más cosas.

Pues ir a buscar a la niña al colegio, a Leonor.

Que por cierto, cuando he llegado ella no estaba tan entusiasmada

con las clases de baile. -¿Cómo no va a estarlo?

No te habrás dado cuenta.

-¡Si yo estaba allí! Y no lo estaba.

Le parecía de lo más normal.

No lo tenía muy claro, resumiendo.

Es más, me ha costado bastante sacarla del colegio.

Le he tenido que meter una trola a la monja.

Le he dicho que Leonor se encontraba muy mal,

con fiebre interior, de las que no se ven,

pero que son muy jodidas.

-Eso no se dice porque eso es tentar al diablo.

-Es que entonces no salía de allí.

-¿Qué más has hecho? -Ir a la academia.

-¿Y no estaba Benita? -Benita sí, la hermana no.

Se lo he contado a Benita y me ha dicho:

"Cuando venga mi hermana, la enseño a bailar".

-¿Y por qué no habéis vuelto aquí?

-¡Había que llevar a la niña de vuelta al colegio!

-¿Dos horas te ha costado devolver a la niña?

-Benita se ha ofrecido a acompañarme

y hemos ido tranquilamente.

-Ah. -Claro, así de fácil.

Buenos días, perdone mi intromisión

pero estaba la puerta abierta.

-Fallo mío, no habiendo clases debería de tenerla cerrada,

para evitar sustos. No como el suyo, si no como el de su hermano.

¿O es que también viene para amenazarme con una pistola?

-Hombre, por Dios, ¿cómo puede usted pensar eso?

He venido a pedirle un gran favor.

-Creo que no está en condición de pedirme ningún favor.

-Pero hombre, ¿me va escuchar al menos?

-Claro, hable.

-Verá, a mí lo que me mueve es que mi hermano

no vuelva a causarle ningún daño.

-Eso ya está solucionado, al estar encerrado.

-Mi hermano saldrá de la cárcel dentro de poco.

Solo fue una tentativa de atraco.

-No sé a dónde quiere ir a parar.

-Cuando salga de la cárcel,

el primer sitio al que va a venir, va a ser aquí.

-Y no precisamente para pedir disculpas, ¿no?

-Exacto, mi hermano Juan es sumamente rencoroso.

Siempre ha dicho que quién se la hace, la paga.

-Y nosotros fuimos quienes le denunciamos.

-Exactamente, si mi hermano vuelve, será para acabar lo que empezó.

-Señor Carreño, no sé si nos está alertando o amenazando.

¿Qué quiere de mí? -Un trato.

-¿Se ha arrepentido de la negativa que me dio, no?

Bien.

Pues aquí los tratos se hacen conmigo.

Pase a mi despacho y hablaremos, por favor.

Cuando el otro día me dio calabazas

sabía que no estaba dicha la última palabra.

Perdone que me ría, pero es que se veía venir.

Por favor. -Gracias.

-Usted dirá.

-Marce, ¿y a dónde os habéis ido solos tú y Benita?

-Ya te lo he dicho, a llevar a Leonor al colegio.

Hemos estado paseando, charlando, hablando de esto, de aquello,

hablando del más allá. -Vaya.

-Y por cierto, una cosa que quiero decir, la verdad,

Esa mujer ha tenido un detalle con Leonor, fíjate,

ha comprado un panecillo de Viena. A Leonor le ha encantado.

Quiere tomar más.

-¿Por qué se lo ha comido?

si le he hecho un bocadillo de tortilla con pimientos.

-Es despistada. Dejó su bocadillo en el colegio.

Dice que a ver si le comparamos más panecillos.

-No le compraré ningún panecillo de Viena.

Mi hija comerá el pan que a mí me dé la gana.

-¿Por qué te pones así? -Pues me pongo así porque sí.

No sé porque ha ido Benita a acompañaros al colegio.

Tampoco entiendo por qué le ha comprado un panecillo de Viena.

Y lo que menos sé, Marcelino, es lo que habrás hecho

tú con ella después del colegio, solos por Madrid.

-La he acompañado un rato, me he ofrecido.

-Ah, mira que gracioso.

Y luego ella a ti y luego tu a ella. Menudo trajín, ¿eh guapo?

-¿Trajín? La he acompañado y he venido.

-No me lo creo. -¿Cómo que no? mírame donde estoy.

-Que no me lo creo, Marcelino, que no me lo creo.

Eres un truhán.

-Oye, Manuela.

¿Qué está pasando en esta familia?

-Mi familia y yo hemos gastado mucho dinero

a cuenta de mi hermano, para acallar a sus víctimas,

tapar sus desmanes, etc.

Y la verdad, ya estamos un poco hartos.

Por eso tenemos que ir con tiento antes de pagar así como así.

¿Qué le ha hecho cambiar de idea?

Mi conclusión es que mi hermano no dejará de dar problemas

hasta tomar medidas drásticas.

¿Más que tenerlo encerrado en la cárcel?

Su marido ya lo sabe, Va a salir dentro de poco.

¿Y qué me propone?

Que retiren ustedes la denuncia. ¿Perdone?

Ahora sí que me he perdido. Es difícil de entender, lo sé.

Pero a ver si puedo explicarme.

Si llegamos a un acuerdo y retira la denuncia,

será puesto en libertad,

ya que son ustedes los únicos testigos del delito.

¿Para qué lo quieren en libertad?

¿Para que les dé más problemas?

Quiero librar a mis padres de semejante castigo.

Son mayores. No pueden estar recibiendo sustos cada dos por tres

Quiero mandar a mi Hermano a Guinea.

¿A África? Sí.

Tenemos una explotación maderera, creo que con alguna ocupación

y bastante dinero se tranquilizaría y dejaría de darnos problemas.

Ya.

Yo no juzgaré si ustedes obran bien o mal.

Creo que su hermano se merece, una buena temporada en la cárcel.

Pero me queda claro no va ser así. Puedo pensar en ayudarle.

Señor Carreño, tiene urgencia y eso se paga.

¿Cuánto quiere por retirar la denuncia, Sra. Guzmán?

Veo que empezamos a hablar el mismo idioma.

-¿Cómo se buscan los hospitales?

Un momento, doña Irene, le abro el ascensor.

Que va muy cargada. No te preocupes.

Que no voy a casa de los Salvatierra.

Esos libros son para asunción. ¿Para mi hija?

Sí. ¿Y que son, libros de costura?

Creo que Asunción, de costura no necesita aprender.

Que ya cose divinamente.

Pero he oído que le gusta aprender otras cosas.

Ya lo creo, bien lista, y muy trabajadora.

Ay, como se nota que estás orgulloso de ella.

Que no oigan los nosotros, es mi ojito derecho.

Bueno, entonces estarás encantado de que aprenda

un poco de cultura general y que vaya ampliando conocimientos.

Claro, es que a mí me pilló de crío, trabajando en el campo, y claro

no sabía apreciar el valor de estas cosas.

Nunca es tarde para empezar aprender.

¿Pero, qué te parece si empezamos por Asunción?

Eh...ya nos dijo que le daría clase. La verdad es que no tenemos dinero

para pagar eso ni para pagar esto.

No te preocupes Trino, no se me ocurriría.

De hecho, vengo a trasladarlos el deseo de doña Eulalia

de que Asun acompañe a Almudena en las clases.

Pobre chiquilla, ¿eh?

Sí, es una pena pero ya ha superado la fase de contagio

y dicen los médicos que no hay problema por tratar con ella.

Yo voy todos los días a su casa y estoy más sana que una manzana.

AMBOS: (RÍEN)

Así que, ¿se lo dices tú a Asun o se lo digo yo?

Por cierto, ¿no habrás encontrado también un pendiente?

He perdido uno, y ya no sé por dónde buscar.

No, no aquí no ha aparecido nada.

¡Vaya!

-Eso no es una intoxicación cualquiera, eso es envenenamiento.

Eso en el Cascabel lo hacen, no lo olvides.

Tiene que saber dónde desayuna, A ver si tendremos problemas.

Oiga padre,

no sé qué pasa con Manuela pero si hago las cosas porque las hago,

y si no porque no las hago.

-Pero que agonías eres. Te lo he contado mil veces

y pareces primerizo.

Las mujeres cuando están embarazadas les cambia el carácter.

Suerte que se quedan preñadas ellas y no nosotros.

-La naturaleza es sabia. Por algo lo habrá hecho así.

Pero Manuela últimamente, está especialmente rara.

-Cuando las cosas no tienen solución lo mejor es no menearlas.

Lo que tienes que hacer es sencillo, Amén Jesús como los monjes, ya está.

-Es lo que hago, padre. Aun así, fíjese con Benita,

por ejemplo, nos la coloca todos los días a comer.

Luego Benita me acompaña al colegio y se enfada conmigo.

Es que no lo entiendo. -Normal en ti.

-Coño, que se me quema la tortilla. -Claro que se te quema.

Puerta

¡Miguelillo! ¿qué pasa, hoy es San Severín del Monte

y no se trabaja, ¿o qué? -Qué más quisiera.

Póngame un vaso de agua que estoy rendido.

-¿Y no prefieres una rubia espumosa?

-No. Prefiero tener la cabeza despejada.

-Hola, tío.

-Pelayo, usted no ha visto a mi abuelo, verdad?

-Esta mañana no, ni aquí ni en la plaza.

Ayer hablé con él pero hoy no le he visto,

¿Qué, pasa algo?

-Que ha desaparecido. -¿Cómo qué ha desaparecido?

-No sabemos nada de él desde anoche, solo que no ha dormido en casa.

-Quizás tiene es por lo de ayer. -¿Qué es lo de ayer?

-Verás, cuando hablaba con él, paso una jovencita

delante de nosotros, él la vio, se emocionó de tal manera

que se puso a llorar. A mí me impresionó.

Y se lo conté a tu padre. -¿Y se puso a llorar?

-Bueno, él trataba de disimular pero yo me di cuenta, sí.

-¿Era alguien que conocía? -Yo no creo que la conociera.

Creo que le recordaba a alguien.

Ya verás cuando seas viejo, el equipaje está lleno de recuerdos

y a veces los sentimientos nos traicionan.

-Fuera lo que fuera, no está y hay que encontrarle.

-¿Y qué quieres que haga? -Por el momento discreción.

Que mis padres no quieren que se sepa.

-Si ha sufrido un accidente tendrán que enterarse.

-No se preocupe, vengo de recorrerme los hospitales y casas de socorro,

y gracias a Dios, allí no está.

-Bueno, me quitas un peso de encima.

A ver si ha ido al pueblo.

-Quién sabe. Pero mi Madre estaba muy asustada.

-Es que cuando nos hacemos viejos,

como nos metamos en el camino de Matusalén haciendo cosas raras,

hijo, malo, malo, malo.

-¿Por qué no nos avisado para que os ayudáramos a buscarlo?

-Porque no queríamos alarmaros.

Imagínate que montamos el lío y mi padre aparece tan tranquilo.

-Pero no ha sido así.

-Vamos a esperar un poco, porque lo que dice Trino, es verdad,

mi padre tiene su rarezas.

-Luego está el problema del habla. -Sí, eso lo complica todo.

-Pero, ¿tu padre había hecho algo parecido?

-Alguna vez, sí, cuando lo fusilaron mal en la guerra,

tiró para el monte y no volvió hasta que terminó la guerra.

-Pero eso fue por miedo y por seguridad.

-Pero desde entonces le quedó una creencia

de vez en cuando, desaparecía, se iba al monte dos días y volvía.

Desde que estamos en Madrid no lo había hecho.

-Aquí el monte no lo está tan a mano.

-Mi padre no se sabe manejar.

Es que eso es lo que me preocupa.

Y más preocupada deberías estar porque aquí hay muchos peligros,

y, sobre todo, con quién vayas, pero peligros terribles,

terribles.

-¿A ti qué te pasa que estás tan alterada?

-A mí no me pasa nada.

-Se supone que deberías animarme y no echar leña al fuego.

ahora debemos encontrar al tío Basilio.

Anda que perderlo...

-Eso ya está en marcha,

Miguel lo está buscando y si no da con él,

pondremos el parte en comisaría.

Quiero es que los niños no se enteren de mucho.

-Por mí no se van a enterar.

Si está en la mano de Dios le pase algo, le va a pasará igual.

-Hay qué ver, prima. Hay qué ver.

¿A ti qué te pasa? -Que no me pasa nada.

-Tienes un humor de perros- -¿Cómo quieres que este?

Si la tal Benita, esa, nos ha salido una loba.

-¿De qué estás hablando?

-Es una mujer que le das la manita y te coge todo el pie.

-Ajá.

Que se toma las confianzas, vamos. -Pues sí.

-¿Contigo o con Marcelino? -¿Tú qué crees?

Con Marcelino, Felisa. Ha salido al ataque

y a ganarse la voluntad de mi marido, y lo peor,

la de mis hijas también. Si me descuido,

me desbanca antes de que me muera.

-Menos mal que te das cuenta, hija.

Porque eres tú la que se la has metido

delante de los ojos. Quien siembra vientos...

-Recoge tempestades. -¿A quién se le ocurre?

Buscarle una novia al marido.

-No quería que mi marido se quedará solo

el día que a mí me pasara algo.

Mi marido es muy apocado y no sabe hacer nada solo.

-Tienes que olvidar esa obsesión, Manuela.

Que no te pasará nada, que no morirás.

Olvídate de lo que te dijeron en el pueblo,

y sé más atenta con tu marido.

A ver si te lo quitará la lagarta esa.

-Muchas cosas me has dicho tú.

-Todas por tu bien, prima.

Cinematógrafo

Cariño, ¿ya estás en casa?

Sí, estoy en la cocina preparando la cena.

¿Quieres que ponga yo la mesa?

Por favor, ya voy yo.

Ay, virgencita de Caramelo, qué lástima.

Puerta

-Hola, madre. -Hola.

-¿Han venido los hombres de la casa?

-No, ¿por qué?

-Porque quiero cenar, que estoy reventada.

-No tardarán en llegar, ¿eh?

-¿Por qué está tan tristona?

-¿Quién, yo? -No, el Tato.

-Estoy bien, hija, no pasa nada.

-Si Ud. lo dice.

-Anda, vete a asear, que va a llegar tu hermana.

Puerta (SUSPIRA)

-Buenas noches, madre.

-Hola.

-Qué ganas tenía de llegar a casa. -¿Estás cansada?

-Aburrida del taller, pero no pasa nada.

Hay que dar gracias a Dios por tener trabajo.

-Pues sí, hija, sí.

Te alegra saber me ha dado la lata

con lo de las clases y...

-¿Me dejarán ir con los Salvatierra?

-Tu padre me ha convencido. Tiene razón.

No es nada malo intentar saber más de lo que una sabe.

-¿Y lo de la polio?

-Los médicos han dicho que ya no hay peligro de contagio.

-Ay, madre.

Muchas gracias. -De nada.

-Madre, ¿ocurre algo?

Tiene los ojos llorosos.

-He estado pelando cebollas para la cena.

Estoy bien.

-Hola, Asun.

-Hola, Chelo.

-¿Madre?

-Ay, la aguja.

-Necesito que me haga el favor más grande de su vida.

-Qué grande.

-Necesito que me preste las medias de seda que le regaló padre.

-Ni hablar, son muy delicadas y se pueden romper.

-Además, ¿para qué las quieres? -Por favor.

-Son para la academia, pero solo las usaré un rato.

Y las cuidaré como si fueran de oro.

-Que no, Chelo, que si se rompen

me voy a disgustar, y no quiero. -No se romperán, de verdad.

-Se rompen con mirarlas. -Que no se romperán,

y si por un casual se rompiesen, que no pasará,

se pueden coger los puntos. -¿Tú sabes lo que cuesta eso?

Nunca quedan igual.

-Por favor, madre, se lo suplico.

-Consuelo, que me enfadaré.

-Solo será un rato. -Me entra dolor de cabeza,

-No se preocupe, madre.

Sí las rompe, le compró yo unas nuevas.

Se lo prometo.

-Te pasas de buena, Asun.

Pues, lo he estado pensando toda la tarde y, sí.

Irás con todas las consecuencias, ¿no?

Sí.

Soy diplomático de carrera, no puedo dejar mis obligaciones.

¿Y dices que quieres que te acompañe ?

Sí, quiero que vayas conmigo.

¿Tienes ropa o quieres que salgamos a comprar algo?

No, de ninguna manera. No estamos para hacer gastos.

Llevaré el vestido de la recepción de la embajada.

¿Pero no te hace ilusión?

Sí, lo que pasa es que me sorprende un poco tu cambio de parecer.

¿Quién te ha convencido para que vayas, Jaime?

Se podría decir que sí.

Su entusiasmo, bueno, más bien su arrebato.

¿Son contagiosos, eh?

Me ha hecho ver que no podemos seguir aislados.

No hemos renunciado a nuestros principios

y ¿de qué nos vale si seguimos como estatuas?

Tenemos que enfrentarnos a las cosas con valentía.

Ya cariño, pero... (RESOPLA)

¿No será muy duro enfrentarte a tanto traidor?

Enfrentarse a las cosas es necesario aunque duela.

te has enfrentado a tus miedos con tu tía y has salido airosa.

Yo mañana, me voy para enfrentar a los míos.

Sí, y demostrarás a todo el mundo en esa fiesta

que eres un gran luchador.

Y que no te acobardas ante nada.

Por lo pronto voy a hacer acto de presencia.

Y a dejar claro lo que pienso del presidente.

Que no es el mío, ¿eh?

-Buenas noches. La cena está en la mesa, venga.

-Ya voy, un segundo.

-Tu madre está de mal humor y se quiere acostar pronto.

-¿Y usted?

-Yo me tengo que esperar a Jaime para darle estas medicinas.

Iba a subirlas yo pero es que me da apuro.

-Ya le espero yo. -Váyase a cenar.

-Ya he cenado, te están esperando.

-Buenas noches.

¿Qué hacen todavía aquí? Es muy tarde.

-¿Vienes de la biblioteca?

-Sí, de allí mismo.

-Tenía que darle las medicinas que han traído de la botica.

-Muchas gracias.

Son unas fórmulas magistrales que ha preparado Don Cosme.

-Pues me retiro, ¿eh? Asun, no tardes.

-Buenas noches, Trino.

-Al final nuestros padres se han puesto de acuerdo.

para que dé clases con Doña Irene en tu casa.

-Ya te lo dije.

-Les ha tenido que convencer ella.

-Está bien, me alegro por mi hermana.

También por ti, porque te gusta aprender.

-Estoy como loca de contenta.

-Y también me alegro mucho por mí.

Es muy agradable verte por mi casa.

-Gracias. -Te lo digo en serio.

-¿Han traído las medicinas para Almudena?

-Sí. -Sí, mamá.

Las iba a subir yo. -¿Y a qué esperas? ¡Sube!

Pasos

Música de tensión

Cinematógrafo

-¿Pero no tenías sueño?

¿Qué haces despierta y cosiendo?

-No puedo conciliar el sueño.

Solo pienso en qué le ha pasado a mi padre.

-No tiene por qué haberle pasado nada.

-Me arrepiento de no haber organizado

una búsqueda en condiciones.

-Lo primero que haremos mañana es ir a comisaría.

-¿Y si ya es tarde?

-Me siento culpable.

-¿Cómo si no hubiésemos hecho nada?

Tu hijo ha recorrido las casas de socorro y no lo ha encontrado.

-A lo mejor está en el depósito.

-¡Qué agonías eres, hija!

Tu padre se sabe manejar.

No hablará, pero la cabeza le rige muy bien.

-No sé yo qué decirte.

Lo que vivió en la guerra le ha tenido que afectar.

Y a lo mejor se ha vuelto loco y por eso se ha ido,

o ha perdido la cabeza, y ya no sabe volver a casa,

o no se acuerda de cómo se llama,

y ya no lo vuelvo a ver.

-Pero cuantas burradas en un momento.

-(LLORANDO) Estoy muy preocupada,

y ahora que ha caído la noche, más.

¿Y si ha hecho alguna locura? -No, hombre, no,

¿cómo va a hacer una locura?

Estaba a gusto con nosotros.

Y es muy creyente. No hará ninguna tontería.

-No sé, tengo unos pensamientos muy negros.

-Tenemos que tranquilizarnos.

Aparecerá en cualquier momento,

y con una explicación de lo más simple.

Golpe

-La puerta. (SUSPIRA)

Música de misterio

Pasos

-Me voy a la cama. Yo iré en cuanto acabe mi copa.

Por mí, como si no vienes.

Hace tiempo que no te espero.

Estupendo, Eulalia.

Por cierto,

ya que has dejado de ser un ogro para los niños,

te rogaría que dejases de serlo conmigo, también.

-¿Lo ves?

-Míralo, tan pancho.

Como si viniera de la plaza,

y yo muerta de preocupación.

Que no estoy enfadada, padre.

Que me alegro mucho de verle. (LLORA)

Es que me tenía muy preocupada.

-¿No nos va a contar nada? -Déjalo, Trino,

que estará cansado.

Ahora lo acompañó a su cuarto, pero antes le pondré

un tazón de leche caliente con galletas.

Igual no ha comido en todo el día.

Vamos.

-Eh...

(GIME)

Música dramática

Basilio...

¿Un billete de autobús de El Escorial-Madrid?

¿Pero qué se le ha perdido en el Escorial?

Si por lo menos fuera a Valdemorillo...

-¿Un ogro?

Sí, bueno, me refería

a que ya que has dulcificado el carácter con Almudena,

y le permites a la hija de los porteros

venir a recibir clases con nuestra hija,

te pediría que me des un respiro, Eulalia,

que no me presiones, que no me ataques,

que no me vengas con la queja constante.

Que me dejes en paz. Eres un...

Sí, soy un miserable, un sinvergüenza, un horror.

Pero ten consideración conmigo y saca

ese lado humano que tienes con los niños.

Sí crees que he bajado la guardia, te equivocas.

No pienses que me he vuelto débil.

No, solo te veía menos rabiosa y menos amargada.

Pues me he dado cuenta de tu juego.

Intentas ganarte a los niños consintiéndoselo todo

y no permitiré que los pongas en mi contra.

Si quiero puedo ser una madre comprensiva y tolerante

incluso con los hijos de los porteros.

Qué pena, Eulalia. Para ti

todo es un truco para tener contentos a los niños.

Como te gustan los libros de batallitas,

te lo diré en términos militares.

La guerra entre tú y yo, acaba de comenzar

Tenlo muy presente.

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Amar en tiempos revueltos - T6 - Capítulo 64

07 dic 2010

Ha llegado una invitación para que Ubaldo e Irene asistan a una recepción del cuerpo diplomático en el Ministerio de Asuntos Exteriores español. Ubaldo duda en ir puesto que se encontrará con compañeros del cuerpo diplomático que han aceptado seguir trabajando con el nuevo régimen de Guatemala. Manolita hace una nueva maniobra para acercar a Marcelino y Benita. Como le sale bien, se enfada y tiene un ataque de celos. Basilio ha desaparecido y Felisa y Trino temen que se haya despertado en él el terror sufrido durante la guerra. Por el momento solamente piden ayuda a Miguel para no alarmar a nadie. Luci alecciona a Consuelo para que se prepare un vestuario especial para la prueba. Eulalia sorprende a Irene y Almudena al aceptar que Asunción dé clases con ellas. Irene se las ingenia para que los padres de la muchacha la dejen subir a casa de los Hernández Salvatierra. Lorenzo Carreño pacta con Adelina una estrategia para sacar a su hermano de la cárcel.

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