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No recomendado para menores de 7 años
Transcripción completa

Si estamos atentos

veremos de qué pie cojea y podremos arrancarle de una vez

esa máscara que lleva puesta. -¿Y cuánto tiempo crees

que la mantendrá puesta?

-Me preocupa eso de que fueran mitad hombre

y mitad mujer, seres contranatura.

Podría querer decir que...

Que el Maligno quiere materializarse

de nuevo en ti. -Ay, santo Dios...

Y además ahora Marce dice que quiere estar presente

cuando nazca el niño. -¿Presente? ¿En el paritorio?

-Ajá. -Pero, bueno. En casa, bien está,

pero ¿en una clínica? ¿Dónde se ha visto eso?

Ya sé que esos ritos con los que aparece

pueden parecer supersticiones para viejas, pero...

-A veces consigue darle un toque de autenticidad

que a uno le hace dudar. Exacto. No sé cómo lo hace,

pero maneja la situación de manera que hace perder el sentido común.

Muy pronto podremos olvidarnos de ella, Joachim.

Nos vamos a escapar. Tú y yo.

Solos para siempre.

-Bueno, si a Bibiana le parece adecuado,

a mí me parece que un poco de ejercicio le podría sentar bien.

-No estoy segura de que sea el mejor momento.

...y que sin ellos

no hubiera sido tan feliz en mi vida y...?

-Yo se lo digo... -Que gracias

y que mi último pensamiento fue para ellos y...

-Sé que en este estado es normal que te emociones.

Pero basta ya, basta ya de decir bobadas.

Puede que haya un círculo de oscuridad a su alrededor y...

Creo que es mejor que se mantenga dentro de la esfera

de protección que hemos creado para ella aquí.

En esta casa está mucho más segura.

-Sí. Sí, tienes razón.

Es lo que haría ella.

Pero, bueno, es que ni siquiera lo ha averiguado.

Mi hermana no disimula muy bien. Yo la vería venir.

Mira, aunque no la vea venir, ese dinero está perfectamente

escondido. Es imposible que lo encuentre nadie jamás.

Despertar abrazada a la ironía

de ocultar la razón de cada día

para amar

en tiempos revueltos.

Asumir la alegría y el lamento

y descubrir, sorprendida, mi tormento

y mi dolor

con tu amor envuelto.

No es sencillo

avanzar olvidando lo vivido,

...cuando tanto se ha dado por perdido

y el camino es volver a comenzar.

Le canto al viento

por todo el que venció su desaliento.

Le canto al mar

por todo aquel que tuvo que olvidar

para empezar.

-Que no, que el médico te ha dicho, ¿no lo has oído?,

que no puedes entrar. -No estoy sordo, pero es mi mujer.

Es mi mujer. -La perra que te ha dado

con meterte en el parto, hombre. ¿Dónde se ha visto eso?

-¿Dónde se ha visto? Te lo digo yo.

En los libros, que lo he leído. En muchos países de Europa

se hacen las mismas cosas. -Sí y en la India

no ordeñan a las vacas porque son sagradas.

-¿Cómo no las van a ordeñar? Será porque no quieren.

Lo que está claro es que tú no estarás en el parto.

-Si yo no estoy te aseguro que tú tampoco.

-Que es mi mujer. ¿Eres el perro del hortelano?

-No, pero he tenido cuatro hijos. Y sé muy bien lo que me digo.

Y he visto a más de uno caerse redondo al suelo

na más que ha visto dos gotas de sangre.

En un paritorio hay mucho trabajo

para atender a un soponciado. -Que no me soponcio así porque así.

Con estas manos he salvao a una persona

que se estaba ahogando en el río. -Madre del amor hermoso.

¿Qué tendrá que ver salvar a uno del río

con sacar un bebé? Si se complica la cosa, ¿qué harás?

-No se complicará. -Dios no lo quiera.

Pero si se complica, ¿qué harás? -Pues ahí está el doctor

y las monjas. -Que son precisamente

los que no te van a dejar entrar. Así que no hagas el ridículo

y no lo intentes. -Lo intento si me da la gana.

La que está de más eres tú. -¿Ah, sí?

-Sí. -Pues si no es por mí,

tu mujer se va al parto vestida de calle

y tu hijo no tiene canastilla. -Eso es verdad.

Y aunque me fastidie te lo tengo que agradecer.

Pero eso no te convierte en comadrona.

-Mira... que decida Manolita. -Eso, pichón...

-Anda. -¿Dónde estás, pichón?

¿Se la han llevao? -Ha volao.

-¡Se la han llevao por tu culpa! -¡Por tu culpa ha sido!

¡Se habrá ido a parir! -¡Manuela!

-Hola, Robledo. -Hola, Bibiana.

-Déjate de galanterías. Me esperan en casa

de los Salvatierra.

Bueno, ¿qué? ¿Qué has averiguado? -Nada.

He estado por los bares que frecuenta y... nada.

-Pero ¿dónde se habrá metido ese imbécil?

-No te preocupes, en cualquier momento

aparece por la puerta de la pensión.

-Ya, como si no lo conociera. Maldito cobarde...

Bueno, y de lo que hablamos por teléfono, ¿qué?

-Bien, lo tengo aquí.

Lo que me preocupa es que... ¿Cómo te has acabado

todo lo que te di? Deberías extremar

las precauciones, Bibiana. -Yo siempre tengo mucho cuidado.

Menos en elegir a mis colaboradores.

-Toma.

-¿Qué va a tomar la señora? -Nada, gracias.

Me voy enseguida.

¿Qué decías de extremar las precauciones?

-¿Se puede saber qué es lo que estás mirando?

Ay, déjame que mire, hombre.

Por Dios, qué nervioso eres. -No sé por qué tenemos

que arriesgarnos tanto. Tu hermana puede entrar

en cualquier momento. -Mira que lo repites veces, ¿eh?

¿Qué te pasa? ¿Te excita? -Ah, Benita...

(RÍE) -Déjalo ya.

-Confiésalo de una vez.

Te gustó que nos pillara en la cama, ¿eh?

(RÍE) Eres un vicioso. -Benita, por favor.

No tenemos tiempo ahora para hacer tonterías.

-Ya lo sé. Tranquilízate. (SUSPIRA)

-Estoy curioseando para ver si nos podemos llevar algo.

-¿Adónde? -Donde nos vayamos.

Nos podríamos llevar algo de valor.

-Pero ¿tú estás loca? ¿Quieres que nos denuncie?

-¿Que nos denuncie? Qué ingenuo eres...

No nos denuncia ni loca. -Eso es lo que piensas tú.

Pero tu hermana es mucho más víbora

de lo que crees. -Pero no es idiota.

Si la policía se pone a tirar del hilo

ella quedaría en una situación muy comprometida.

No abrirá la boca, ja. Además, ¿tú te das cuenta

de lo humillante que sería para ella?

-Ya, pero aún así no creo que sea buena idea.

Prefiero que si nos vayamos, que nos vayamos

con las manos limpias. -Estos libros

están bien encuadernados. Tienen que valer su buen dinero.

-Pero... Déjalo, por favor. ¿Para qué quieres más dinero?

Ya tienes... tu dinero.

-No es por dinero, Joachim.

Quiero restregarle por la cara que nos hemos ido.

¿No lo entiendes? Devolverle un poquito

de su veneno. -Oye, ¿estás segura de que...?

¿Tienes bien escondido ese dinero? -Que sí, no me atosigues

más con eso, por favor. Mira que eres miedoso.

-Pues, fíjate, creo que estás tomando pocas precauciones.

Así no se puede hacer las cosas. Sabes que yo no puedo dormir

tranquilo sabiendo que el dinero está allí, cerca de ella.

-¿Te puedes calmar ya, Joachim?

-Te dije tres. -¿Qué quieres que haga?

No soy tu criado. He conseguido eso nada más.

(SUSPIRA) -Bueno, es igual. Algo me inventaré.

Tengo dos amuletos, pues... Una para la puerta

y otro para la venta... ¿Yo qué sé?

(SUSPIRA)

-Ni se te ocurra echarlo todo.

-Yo sé lo que me hago, no es la primera vez.

-Te hablo muy en serio. Según la dosis que le suministres

te podrías a la cría al otro barrio, Bibiana.

-Tranquilo, me juego más en esto que tú.

-Oye, por lo menos procura que la tisana enmascare su sabor.

-Adiós, Robledo.

-Te prometo que ese dinero está a buen recaudo.

No hay un sitio mejor. -Pues sí, creo que hay

un sitio mejor: aquí.

-¿Aquí, en el despacho de mi hermana?

Pero si ella se conoce esto como la palma de su mano.

En casa, sin embargo, hay un montón de rincones

que no ha pisado jamás. No ves que ella ni limpia

ni ordena allí. -Sí, pero vive allí.

Y tú pasas mucho tiempo fuera de casa.

Como ahora, por ejemplo.

¿Y cómo sabes si no está ahora

rebuscando por todos los rincones?

¿Y cómo sabes que algún día no te mete algo en la comida

para que tú te duermas y ella pueda buscar tranquilamente?

-Estás delirando, Joachim. -No, no, no, no, no.

Sólo sé de qué es capaz tu hermana.

Sin embargo, si estuviera aquí...

Yo... vivo aquí.

No me muevo. Podría vigilarlo mucho mejor.

-Sí, puede que tengas razón.

Pero es muy peligroso mover el dinero ahora.

Es mejor que se quede donde está.

Te prometo que no va a pasar nada, Joachim.

¿Qué ha sido eso? -¿El qué?

-La puerta. -¿Seguro?

-Sí, sí, vete rápido. Vete a enjuagarte la cara.

Le diremos que estabas acalorada con... trayendo la lechera.

-No hay nadie. -¿Estás segura?

¿Has mirado bien?

-Tranquilízate, Joachim. (SUSPIRA)

-Qué angustia. -Tienes que calmarte.

Te prometo que todo saldrá bien. (SUSPIRA)

(SUSPIRA)

-Blancos ángeles... a Almudena... para protegerla...

Los ángeles blancos y las fuerzas del bien

que se acerquen a esta casa para proteger a Almudena

de todos los males posibles de la oscuridad del infierno.

Que protejan a esta...

-Pero ¿no había que colocarlos en forma de triángulo?

-La disposición de los amuletos depende de la persona a proteger

y de la estancia a proteger. En este caso,

sabemos que lo importante es sellar puerta y ventana.

Hay que repeler a los ángeles negros

y a las fuerzas oscuras del Maligno.

Y, ahora, tómate la tisana.

Con cada sorbo tienes que repetir la frase. Vamos.

-Estoy llena de luz, las sombras no me alcanzan.

-Estoy llena de luz y las sombras no me alcanzan.

-Muy bien. Más despacio, Almudena.

Más despacio.

-Estoy llena de luz,

las sombras no me alcanzan.

-Muy bien. -Uh...

-¿Qué te pasa? -Que sabe muy rara.

-Tienes que tomártela, cariño. Es muy purificadora.

-¿Te ayudará a descansar sin malos sueños?

Vamos.

-Estoy llena de luz, las sombras no me alcanzan.

-Muy bien, Almudena.

Vas a descansar completamente protegida.

Ya te queda poco. Otra vez. -Estoy llena de luz...

-Las sombras... -Las sombras no me alcanzan.

-Muy bien.

Ahora vas a sentir como una luz te va a abrazar.

Es como una gran manta, cálida,

que está sobre ti.

-Estoy llena de luz, las sombras no me alcanzan.

-Muy bien.

¿Ya has terminado? Muy bien, Almudena.

Ahora, recuéstate.

Vas a descansar completamente protegida.

(SUSPIRA)

-Estoy llena de luz,

las sombras no me alcanzan.

-Señores, les voy a poner un vinito de Gordoncillo que es puro néctar

de dioses olímpicos. Y de paso me sirvo otro

para celebrar que voy a ser abuelo de un nieto.

Teléfono. (RÍE)

-¡Ahí está! -¡Ah!

Si es que la Manuela es dicho y hecho.

-Caramba, qué rápido.

-Eh, eh... bar el Asturiano, dígame.

Marcelino... ¿Qué, hijo?

¿Ya la han pasao a la sala de partos?

¿Hace mucho tiempo?

Pues nada, hijo, lo que toca es esperar.

-Pregúntale si Felisa ha entrao con ella.

-Espera, que no sé qué dice Trino. -Que si ha entrado Felisa

al paritorio. -Que si ha entrao Felisa

al paritorio.

Que no, que no ha entrao. Que le está dando la tabarra.

-Dile que hablo con ella. -Oye, dice Trino

que quiere hablar con Felisa.

Que no, que no quiere hablar contigo.

Entonces, vamos a ver, Marcelino, ¿el Dr. Salcedo ha aparecido

por allí? Ah, ya, ya, ya. Sí, ya, claro.

Oye, oye, Marcelino, ¿qué dice Felisa?

-Dame. -Estáis discutiendo.

-Ya hablo con ella, dámela. -¿Te va a hacer caso a ti? Ya, ya.

Menuda es mi hija. -No sé pa qué me llama

por teléfono y se gasta los cuartos.

Marcelino, escúchame. ¿Me oyes, Marcelino?

Se ha puesto a discutir. Si es que se ponen a discutir.

-Déjeme, déjeme. A ver, oye... ¿Felisa, Felisa?

Ah, oye, Marcelino, mira, pásame a mi hija, anda.

Felisa, tienes que dejar a Marcelino que hable con Pelayo.

Está muy nervioso y parece que le va a dar algo.

-¿Qué me va a dar? ¿Qué dice este hombre?

-Ya sé que es un lechuguino. Pero tampoco eres perfecta.

Antes de ponerte marimandona deja a Marcelino

para ver si se puede tranquilizar, que está que no le llega

la camisa al cuerpo. Tome. -Traiga.

-A ver, Marcelino, hijo, ¿entonces qué?

¿Qué ha ido el doctor Salcedo? Sí.

¿Y qué? ¿Todo bien? ¿Le ha puesto el termómetro?

La tensión, bien.

¿Oye? ¿Oye, Marcelino? -¿Qué pasa ahora?

Que han colgao de golpe. A ver si ha pasao algo.

-Sí que ha pasao algo, sí, sí. ¿Sabes qué ha pasao?

Que ya eres abuelo otra vez. -No puede ser.

No he escuchao los gritos de la criatura.

-Pero ¿no querrá que metan el teléfono en el paritorio?

¡Venga, vamos a brindar! -No sé, Trino,

me quedo un poco preocupao, la verdad.

-Preocúpate, que eso es gratis. ¡Venga, vamos a celebrarlo, hombre!

(RÍE)

-¡Abuelo! (RÍEN)

-Dios te salve, María, llena eres de gracia.

El Señor es contigo, bendita tú eres

entre todas las mujeres y bendito es el fruto

de tu vientre, Jesús. Santa María, madre de Dios,

ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora

de nuestra muerte, amén. -¿Estás cansada?

No... no, al contrario.

Me encuentro en paz.

Este silencio... Hacía tanto tiempo

que no me sentía tan reconfortada...

-La calma es curativa. Pero debemos permanecer alerta.

-Lo sé. -En cualquier momento

puede volver a haber un ataque.

-Pero ahora está protegida, ¿verdad?

-Bueno, hemos creado una muralla en torno a ella.

Pero el enemigo es muy poderoso. -Sí.

No basta con construir una muralla, ¿sabes?

Después hay que seguir vigilando.

Hasta que no le hayamos vencido por completo no podremos descansar.

-Cuánta razón tienes.

Nos habíamos confiado, ¿verdad?

Y, de repente, la niña se volvió a venir abajo.

-El Maligno es muy listo, Eulalia, y en cuanto nota

que te estás fortaleciendo, redobla la fuerza de su ataque.

(SUSPIRA) -Todo por mi culpa.

Yo se la entregué voluntariamente.

Ojalá me llevase a mí. -No, Eulalia, por Dios,

no digas eso.

Le venceremos. Ye ayudaré a romper ese yugo que asumiste.

-Ojalá no lo hubiese hecho nunca.

-Fe, Eulalia. Fe y fuerza.

Reza, nos hará bien. -Sí.

-Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.

(EULALIA GRITA) -¡La niña!

-Vuelve...

Vuelve. (JADEA)

-¿Qué te pasa? ¿Qué te pasa, cariño?

-Déjame, Eulalia, déjame. Tranquila, Almudena, tranquila.

-¡No me toques! -Vuelve.

-Sólo es un sueño. -Haz algo, por favor.

-Repite conmigo, Almudena: Estoy llena de luz.

-Repítelo. -Repite: La sombra no me alcanza.

-Repítelo, cariño. -Tú también, Eulalia.

-Los ángeles negros, Bibiana. ¡Están ahí!

-Estoy llena de luz. -¡Vienen a por mí!

-La sombra no me alcanza. -Hay que buscar a Marina.

Y dile al portero que suba a ayudarnos.

-Ah... -Vamos, Eulalia.

(TOSE) -Vamos, incorpórate, incorpórate.

Échalo todo, échalo. Échalo todo.

Así, échalo. (TOSE)

-Échalo todo.

(TOSE)

-Ah...

(TOSE) -Dios mío...

¿Qué ha pasado? -Nada, nada.

Trae. Bebe un poco, bebe un poco, Almudena.

Así, tranquila.

(SUSPIRA)

Bueno, esto ya está. -Bueno.

Muchas gracias por ayudarme con la cena, Adelina.

Nada, pero si no he hecho nada. Lo único que he hecho

es calentar la leche. Además, me tenía que hacer un té

para mí. De verdad, estoy harta de este maldito brebaje.

-Ya sabes que no puedes tomar café por la noche, te lo dijo el médico.

Pero es que no entiendo a qué vienen tantas precauciones.

El soplo me dio hace seis meses. Y no se me ha vuelto a repetir.

Y motivos no me han faltado. Eso quiere decir

que tengo el corazón perfectamente. -Deja de refunfuñar.

Para ti es fácil porque tienes un tazón de leche con galletas.

Y yo me tengo que conformar con frutita y estas pócimas

de enferma que me ponen de los nervios.

-Te puedes tomar la fruta con la leche.

Que no me gusta la leche sola. No te enteras. Eso es para niños.

Es que, es que...

(SUSPIRA) Oye, te noto mucho mejor

de lo que yo esperaba, si te digo la verdad.

-¿A qué te refieres? No, que... pensé que malvender

las tierras, pues que te iba a afectar

y que te iba a amargar la vida, pero veo que no,

que estás como si nada. -Ah, no.

No, la verdad es que yo... Yo nunca pensé que esas tierras

valieran gran cosa, la verdad.

Solamente de un tiempo a esta parte me hice alguna ilusión.

Por resentimiento. Ah...

-Se me llenó la cabeza de pájaros pensando que si reunía

un capitalito me podría marchar por mi cuenta.

(RÍE) ero ¿qué quieres que te diga? ¿Dónde voy a estar mejor que aquí,

contigo? Y, además, ¿qué necesidad tengo yo de andar por ahí sola

a mi edad? Es que eso es lo que digo yo,

Benita. Además, si no puedes cambiar las cosas,

¿para qué agobiarse? -Todavía tengo que darte

las gracias, Adelina. Después de lo que pasó

En esta casa, bien podrías haberme dado la patada.

Y nadie te lo podría echar en cara.

Nada, mujer. Agua pasada no mueve molino.

Además ya te dije que si no te salía bien el plan

siempre podrías volver aquí. Yo te hacía un hueco.

¿No? -Hum.

-Aquí está pasando algo. -¿Qué va a pasar, hombre?

-No lo sé, pero Manuela siempre ha sido más rápida.

-Más rápida... ¿Llevas en una libreta

apuntado cuánto ha tardado en cada parto?

-No, pero ha sido más rápida siempre.

-¿Cuánto, Marce? ¿Cuánto tardó con Leonor?

¿O con María? ¿O con Lola? -No lo sé, tardaba menos y punto.

-Tardaba menos, tardaba menos... No sé cuánto menos.

Y deja ya de mirar el reloj, hombre, que lo vas a gastar.

¿Por qué no te vas a dar una vuelta y así te aireas un poco?

-Eso es lo que quieres. Quieres ver a mi niño antes que yo.

No te lo voy a permitir. -Que no, que lo único que quiero

es que te distraigas. ¿Por qué no compras una revista?

-Que no, no compro ninguna revista. Tengo que estar aquí

y no puedo dejar a mi mujer sola ni un minuto.

-No está sola, que estoy yo aquí. -Que no, soy el padre de familia

y tengo que estar aquí por si ocurre cualquier cosa.

-Pero ¿qué va a ocurrir? ¿Que el Dr. Salcedo te pida café?

Es para lo único que vas a servir ahora.

(RÍE) ¿De qué te ríes?

-¿Yo? No, yo.

-Ah... (RÍE) De una tontería

que pasó en el pueblo. (RÍE)

¿Qué pasó? -¿Te acuerdas de Ramón,

el panadero? Sí.

-Que tenía un hijo de cinco años. Sí.

-Pues se fue un día con su hermano mayor, se fue a cazar conejos

al campo. En esto, que de repente el niño dice que tiene ganas

de hacer de vientre y va... (RÍEN)

-Y cuando termina le dice al hermano: "¿Con qué me limpio?".

Le dice: "Coge las hojas que hay ahí".

El chaval se confunde, coge un matojo de ortigas...

(RÍEN)

-Imagínate... (RÍE)

Todo aquello... (RÍE)

-¿Cómo se le puso el culito? (RÍEN)

Hay que ver qué bestias son en ese pueblo.

(RÍEN) Ay, no, Benita.

Me alegro mucho de que hayas vendido las tierras, de verdad.

Porque no sé qué pintas con esa panda de bárbaros

en esas tierras de mala muerte. Que no, que no, que no.

Tómate la leche, anda, que se te va a enfriar.

Ay, ay, ay...

Qué brutos son, ¿eh? (RÍEN)

Ay... (BOSTEZA)

Chica, ¿ya te da sueño? Pero si es muy temprano.

-Pues fíjate, estoy cansada. Ay...

(Joachim) ¿Y cómo sabes que algún día no te mete algo

en la comida para que tú te duermas

y ella pueda buscar tranquilamente?

¿Qué miras?

-Voy a recoger esto.

Sí, llévate esto, por favor, que no...

(SUSPIRA) Benita...

-Ay, por Dios, Bibiana, pero ¿qué le pasado?

-Chis, baja la voz. Ya está mucho mejor.

Hay que dejarla descansar. Está más calmada.

-No, mírala. Mírala, está temblando.

Ay, Dios, mío, estas sábanas... Tengo que cambiarlas.

-No te preocupes, cuando vengan los porteros la llevamos al salón

para que cambien la cama, ¿eh? Aquí están.

-Buenas tardes. -Buenas tardes, Miguel.

Muchas gracias por venir. -A mandar, doña Eulalia.

¿Qué necesita? ¿Se encuentra mal la señorita Almudena?

-Está muy mal.

Ha tenido un ataque.

Un ataque... -No, no ha sido nada.

Una pequeña crisis debido a su enfermedad.

Nada grave ni nada del otro mundo. Pero ha vomitado en la cama

y queríamos llevarla al sofá, a ser posible sin que se despierte.

-Ningún problema, si me retiran las sábanas yo la llevo

y la dejo en el sofá. -Sí. Marina, por favor,

pon una almohada y unas mantas en el sofá.

-Ahora mismo. -¿Te parece bien?

-Sí, sí, sí, me parece muy bien. Yo te ayudo.

Pasa, pasa, por favor, Miguel. Ten cuidado.

Muchas gracias.

-Eulalia, espera. No tenemos que mostrarnos

nerviosas delante del portero ni del servicio, ¿eh?

No queremos habladurías, ¿verdad?

-Ay, sí, tienes razón. Menos mal que me has hecho callar.

-Tranquila, todo va a ir bien. Ya hablaremos de esto.

-Muy bien.

-Felisa, parece mentira, ¿eh?

Que tú que has sido madre unas cuantas veces

no pienses en todo lo que puede ocurrir.

Que el niño, por ejemplo... No sé, puede venir de narices,

con problemas con el cordón umbilical ese,

estar Manuela con la tensión muy alta.

-Marce, por Dios, que me está entrando mal cuerpo.

-Hombre, no me extraña. Es que si se pone uno a pensarlo...

La madre de Manuela, los picores que tenía.

-Que te olvides de eso, Marcelino. El médico ha dicho mil veces

que no tiene nada que ver con lo que le pasó a la madre.

-Pero es que tarda mucho. Y fíjate, también estás nerviosa.

-Sí, porque tú me pones nerviosa. Y ya me he confundido de punto.

Por tu culpa. -¿Estás haciendo una bufanda?

-No es una bufanda, es una torerita.

-¿Y la estás haciendo así? Parecemos nuevos, Felisa.

De verdad. -¡Que no, hombre!

-¿Me vas a decir tú a mí...? -Me vas a estropear el punto. Ay...

Perdone, doctor. -¿Qué? Díganos.

-Bien, bien, bien, bien, bien... -¿Sí? ¿Ha venido bien el niño?

-Ha venido todo estupendamente. La madre está estupenda,

la criatura está estupenda. No ha habido ninguna complicación.

-Ha perdido mucha sangre. -Lo normal. Todo bien, de verdad.

-¿La criatura? -Bien, bien, bien.

-Gracias, doctor. -Aaaaay...

El padrazo, míralo qué emocionao está.

¿Eh? -Enhorabuena, Marce.

-Gracias.

-Os dejo, ¿eh? (LLORA)

-Venga p'acá, dame un abrazo, hombre.

(LLORA) -Ay...

-Mi Marce...

-Ya está acostada y más tranquila. Ya pasó todo.

-Dios mío, qué susto...

Pensaba que se moría.

-Siéntate, Eulalia, tenemos que hablar.

Te has dado cuenta de lo que ha pasado hoy, ¿verdad?

Está claro. -¿Es...?

-Sí. Es el Maligno.

Lo sabía.

Sabía que atacaría con más fuerza en cuanto intentáramos

defendernos de él.

-Ay, Virgen Santísima... ¿Y qué podemos hacer?

-Me temo que la protección que le hemos dado

no ha sido suficiente. De nada vale ya

que intentemos cerrarle el paso. Él se ha instalado en su interior

y la posee. -Ay, Señor...

-Es la hora de la verdad, Eulalia.

Tenemos que acabar con él de una vez por todas.

Almudena está intentando expulsarlo de su cuerpo, pero...

Pero ella sola no lo conseguirá, tenemos que ayudarla.

-Hagámoslo, por favor, hagámoslo. Hagámoslo cuanto antes, Bibiana.

-¿Estás segura? Te advierto que no es agradable

y... y que entraña sus riesgos. -No soporto verla sufrir así.

No lo soporto. -Muy bien.

Pero tienes que tener en cuenta una cosa.

No puedes contarle a nadie, a nadie, ¿me entiendes?,

lo que vamos a hacer.

-¿Qué ha pasao en casa de D. Andrés?

-Almudena, padre. Tenía que haberla visto.

Estaba muy pálida y temblaba de una manera...

-¿Qué le ha pasao? -La señora esa rara.

dice que ha tenido una crisis. -La marquesa.

-La marquesa de no sé qué. -De Roca... Da igual.

-Me da muy mala espina. Habla como si fuera un médico,

pero no es nada de nada. -En esa casa, lo que pase

es asunto de ellos. -D. Andrés tenía que tener

la casa llena de médicos o contratar a una enfermera

para que cuidase a Almudena. -Se supone que es la marquesa

la que cuida de ella -Por eso pasa lo que pasa.

Cuando entré en la habitación olía a incienso o a algo muy raro

y tenía unos colgajos que parecía cosa de brujas.

Y Almudena vomitada encima y sudando.

-Lo que pase en esa casa no es asunto nuestro.

-He subido porque Marina me pidió que fuese a ayudar.

-Buenos días... Digo, buenas noches, D. Andrés.

¿Que Marina te pidió que fueses a ayudar a quién?

-Sí, a su señora, don Andrés, porque...

su hija ha tenido una crisis.

-Mira que tengo dicho que no se hable de los vecinos

en el portal, ¿eh?

-¿Ni a Andrés ni a Jaime? Pero si no se lo contamos,

¿cómo vamos a poder hacerlo? -Eulalia, no tenemos tiempo,

¿entiendes? -Cada día que pasa el Maligno

se fortalece dentro de ella. -Ah, lo entiendo, lo entiendo,

lo entiendo.

-Y tampoco nadie debe saber lo que ha ocurrido hoy.

Ha sido una simple crisis. -Pero, Bibiana, ¿y Marina?

¿Y el chico de los porteros? -Ellos no han visto nada.

-Han oído campanas, pero no saben dónde.

-Es Andrés. ¿Qué ha pasado?

¿Qué le ha pasado a Almudena? ¿Qué ha pasado?

-Manolita.

Manolita, cariño. -Ay, Marce...

¿Dónde está la criatura? -Están las monjas con ella.

La están lavando. Ahora la trae Felisa.

-Bueno, Marce, ya ha pasao todo.

-Estoy muy orgulloso de ti. Eres la mejor mamá del mundo.

-¿Has pasado mucho miedo? -¿Miedo?

No, mujer, ¿qué miedo iba a pasar yo?

Soy un valiente. Sí que es cierto que Felisa

lo ha pasao un poquillo mal, pero estaba yo pa tranquilizar,

ya me entiendes. Y otra cosa te digo, Manolita,

a partir de ahora tú solamente te vas a encargar

de recuperarte y del niño, ¿de acuerdo?

Y del bar y de casa me encargo yo. Y eso incluye todo:

desde fregar, a planchar, a cambiarle los picos al pequeño.

Yo me voy a encargar de todo. -Gracias, cariño.

Lloros. -Mira, escucha.

Lloros. -Ah...

-Aquí está la alegría de la familia.

-Ay, mi niño. Ay...

Ay, deje... déjemelo aquí.

-Tenga cuidado, que no trae pico. -Pues yo se lo cambio,

yo se lo cambio. -Pero esta carita...

-¿Este sabe cambiar picos? -Claro. Mira, Felisa, qué niño

tan bonito he tenido... -Trae aquí.

-Hala, ve con tu papá, Marcelinito.

(LLORA) -Ay...

-Huy, mi cosita... Huy, mi cosita...

-Ay, la carita que tiene mi bebé. -Ven aquí, cosita mía.

A ver, mi Marce... (RÍEN)

Ay...

-El padre...

(GIMOTEA)

-Coño... -¿Qué pasa? ¿Se ha cagao?

-¡Marce!

Marce, ¿qué pasa? ¿Le pasa algo a mi niño?

-No le pasa nada, Manuela, no le pasa nada.

-¿Qué pasa, Felisa? -Has tenido una niña preciosa.

-¿Una niña, Felisa? -Sí, una niña.

-Una... Ay, una niña.

-Qué bonita. -Hola, hola.

Hola. (RÍEN)

-Marce, Marce, cariño... Ay, pobrecito.

-Otra niña, Felisa, madre mía...

¿Me vas a decir de una santa vez qué le ha pasado a mi hija?

-Se encuentra mucho mejor, tranquilízate, por favor.

No me ha dicho eso el hijo de los porteros.

-Almudena ha tenido una de sus crisis.

¿Y por qué ha tenido una crisis esta vez?

-No lo sé, no lo sabemos. -Lo que ha debido de pasar

es que como anoche no durmió bien

la pobrecilla debía tener sueño atrasado

Y a eso hay que sumar que no quiso comer nada.

¿Y tú permites que no coma estando así?

-¿Yo? -Eulalia insistió.

Pero Almudena quería acostarse, decía que estaba muy cansada

y que ya tomaría algo después.

La maldita cama, ¿por qué se pasa el día acostada?

¡Si saliese a dar un paseo no le darían estas crisis!

-El caso es que se quedó dormida y empezó a soñar.

-Sí, tiene pesadillas, Andrés. Y se asusta muchísimo

porque ella cree que esas pesadillas

le ocurre en realidad. -Ya le ha pasado más veces.

Y no ocurre nada en cuanto hablo con ella

se queda tranquila, eso es todo.

¿Si es tan sencillo de resolver

por qué habéis llamado a Miguel?

-Si o tú o Jaime hubierais estado en casa no hubiera sido necesario.

-Queríamos levantarla y no podíamos con ella.

-Estaba muy nerviosa y luchaba con brazos y piernas.

-Vomitó y, en fin, necesitábamos la ayuda de un hombre

para traerla al salón. Había que limpiar la cama.

Pero cuando llegó Miguel lo peor ya había pasado.

-Sí, después que devolvió

lo que le había caído mal al estómago se quedó tranquila.

No me acabáis de decir que no había comido nada.

-Me refiero a la infusión, tenía el estómago vacío y...

¡Estoy harto de esas infusiones!

¿Las tiene que tomar todo el día o qué?

-Las infusiones no tienen la culpa de eso.

¿Verdad que no, Eulalia? -No.

-Todo lo contrario,

lo que hacen es tranquilizarla.

-Bibiana tiene razón, Andrés. ¿Y ahora dónde está?

-Está en su cama, tranquila y relajada.

No podemos seguir así, voy a llamar a un médico.

No, mejor, voy a llevarla yo a un hospital

y que le hagan un reconocimiento.

-Si la lleva a un hospital

todo mi esfuerzo habrá sido en vano.

Pobre hija mía, ¿qué te han hecho?

-Ves lo bien que está, Andrés, si está dormida plácidamente.

¿Hasta cuándo, Eulalia?

¿O calculáis cuando le va a venir la próxima crisis?

-Mientras duerma así seguro que no.

¿Y cómo sabéis cuándo le viene otra?

¿Me lo podéis explicar? -No sabemos a qué se deben.

Es muy difícil prevenirlas.

Con más razón hay que llevarla a un hospital.

No estoy dispuesto a que tenga otra crisis.

-Seguro que no va a tener otra. Porque tú lo digas.

¿No ves que en un hospital le pueden hacer análisis?

¡Pueden resolver esto, saber lo que le pasa!

¡No podemos seguir así, en una crisis se nos queda!

-¡Por Dios, no digas esas cosas! ¡Basta ya!

Me la llevo a un hospital.

-¡No, Andrés! No me toques, Eulalia.

-Por favor, Andrés, deja que se despierte.

Deja que se despierte por lo menos.

-¿Qué haces? Te voy a llevar a un hospital.

Te van a hacer análisis y van a saber lo que te pasa.

A un hospital, cariño, tranquila. -No, no.

A un hospital, no pasa nada, no te van a hacer daño.

-¡No, a un hospital no! Sí.

-¡No, por favor, papá, no! ¿Por qué no, cariño?

-¡No quiero que me metan en un pulmón de acero!

¡A un hospital no, por favor, papá!

-Andrés, por favor... -¡No, no, no!

¡Por favor, por favor!

Chis, tranquila, tranquila.

Tranquila, cariño.

-Qué frío, por Dios...

Ay, me he quedado dormida.

(SUSPIRA)

-¿Dónde estoy?

¿Qué estoy haciendo aquí?

¡Oh!

¡El dinero!

(GRITA ASUSTADA)

-¿Dónde está?

¡Ah, no!

¡No, no, no!

¡Me lo ha quitado, Dios mío!

La leche...

-Me ha vuelto a envenenar...

(LLORANDO ¡Ladrona!

¿Dónde está mi dinero, dónde está?

(LLORANDO) ¡Mi dinero!

(LLORA)

-¡Joachim!

¡Te lo advirtió Joachim!

¡Te lo dijo Joachim, Benita!

-Eres imbécil.

¡Eres una idiota, una idiota!

(LLORA) ¡Ay, Dios mío!

¿Qué voy a hacer ahora?

¿Qué puedo hacer ahora?

¡Ah, bendito seas!

¡Bendito seas, Dios!

¡Ay, Dios mío!

¡Gracias!

(SUSPIRA)

Tranquilízate, cariño.

Ya has sufrido bastante por hoy, no te voy a angustiar yo más.

Pero en el hospital no te van a hacer daño,

solamente te van a hacer análisis.

Tienen que saber de dónde te vienen estas crisis.

-No, papá, no me saques de aquí, por favor.

Por favor, no me lleves a un hospital.

-¿Pero por qué lloras, Almudena?

¿No ves que tu padre te ha hecho caso

y no te va a llevar al hospital?

No he desistido.

Sólo lo he aplazado hasta que se encuentre

en condiciones. -Sí, eso quería decir.

-Yo no quiero que me metan

en un pulmón de acero para toda la vida.

¡Por favor, por favor, papá, no me lleves!

¡Por favor, no me lleves al hospital!

-Cálmate, Almudena, cálmate.

Cálmate, vamos a respirar como te he enseñado.

¿Te acuerdas? A ver, haz como yo.

Coge aire profundamente, vamos.

-Respira.

Muy bien.

Muy bien, cariño.

Ahora recuéstate, recuéstate.

Así.

Cierra los ojos e imagina lo que voy a ir diciéndote.

A ver, cariño, vas caminando por un campo lleno de flores.

Las hay de todos los colores y de todos los tipos:

flores blancas, violetas, rojas,

pequeños botones de oro...

Muy bien.

Una suave brisa acaricia tus mejillas

y tu larga cabellera sedosa.

Así...

-Ella es única, Andrés,

es única.

Nadie puede calmar así a Almudena.

No me esperes despierta.

-De pronto al fondo vez un río,

un río de aguas cristalinas.

Y vas descalza hacia él

y te sumerges en sus aguas.

Y te ríes, Almudena,

y te ríes porque estás contenta y feliz,

relajada.

Tan relajada como estás ahora.

-¿Qué, qué, Marcelino, qué ha sido?

(RÍE) ¡Una meona!

No te preocupes, hombre,

pero si las mujeres son la sal de la tierra.

Pero, a ver, explícame, ¿está bien?

Pues ya está, hombre, si está bien, está bien.

Tranquilo, no te preocupes, si ya me encargo yo de las niñas.

Que sí, voy a buscarlas a donde doña Gertrudis

y las llevo a casa.

De la cena tampoco te preocupes

porque tengo unas croquetas que se las voy a dar.

Ah, y besos de todos.

Sí, sí, ya...

¿Qué?

Ah, ah, sí, sí, un momento.

Trino, que es Felisa, quiere hablar contigo.

-Feli, qué, todo bien, ¿no?

Ay, como es mi amigo, sí.

¿Eh?, no tranquila, tranquila, tú te quedas allí pasando la noche

con ella allí acompañándola. Sí, nada, que no me importa.

Que no, mujer, no te preocupes,

yo le digo a Asunción que nos haga

unas patatas con huevos para cenar y todo solucionado.

Sí.

Ah, dale un abrazo muy fuerte a Manolita.

Bueno, y al feliz padre.

Hala, adiós, adiós.

-¿He oído bien o...

o me lo ha parecido?

-Has oído bien, ha sido meona, no meón.

-¿Y Marcelino cómo lo lleva?

-Bueno, parece ser que estaba un poco alicaído.

Pero ya se le pasará. Parece ser que la niña está bien,

que ha venido muy sana y eso es lo que cuenta,

que esté todo bien.

Pero la procesión va por dentro.

-Ya, él estaba muy ilusionado porque quería tener un varón.

Nosotros también, pero uno propone y la naturaleza dispone.

-Bueno, pero 5 chicas no es cualquier cosa.

-¿Pero qué haces aquí, Benita?

-Calla y da gracias a que me haya despertado.

-No entiendo nada, ¿qué ha pasado?

-Pues que al final, como siempre, tenías tú razón.

Que mi hermana no es tan mala como imaginamos,

es peor, mucho peor.

-¿Se ha llevado el dinero?

-Lo ha intentado.

Me ha echado somníferos en la leche,

como tú ya me advertiste.

Y luego al despertarme

me he puesto a buscar el dinero por toda la casa.

-Pero por Dios, dime, ¿qué ha pasado?

-He tenido que remover Roma con Santiago.

He vaciado todos los cajones,

he mirado debajo de los muebles, en el sofá, por todas partes.

Y no aparecía.

Se me ha pasado de todo por la cabeza, Joachim.

He pensado en ti.

-Pero, dime, Benita, ¿el dinero estaba o no?

-Sí, estaba en su sitio.

Lo había escondido tan bien

que hasta a mí se me había olvidado.

(RÍE)

-Pobre, menudo susto que habrás pasado.

-Pues sí.

Un susto que ha servido para darme cuenta

de que tenías razón. Es mejor que lo guardes tú.

-¿Lo has traído?

-Sí, está aquí.

(SUSPIRA)

-Nuestro futuro.

(SONRÍE)

-Por lo menos me alegro de que ese susto

te haya servido para que te des cuenta

de que la mejor manera de tener el dinero a salvo

es guardándolo lejos de Adelina.

Por el despacho casi no pasa nunca

desde que me trasladé aquí a vivir.

Bueno, y si entra siempre en presencia mía.

-No sabes cuánto te echo de menos en casa.

Pero, bueno, no importa, se solucionará muy pronto.

Eso es lo único que tenemos que pensar,

que muy pronto nuestras vidas cambiarán para siempre.

Y esa ladrona no intentará robarnos nunca más.

-Pero esta vez parece que no ha sido así.

Finalmente el dinero estaba donde lo has guardado, ¿no?

-Sí.

Creo queno la ha encontrado.

Pero vamos, de que me ha dormido no tengo ninguna duda.

-Ah, eso seguro.

-Esta era la última oportunidad que tenía

para traer un muchacho al mundo.

Porque la verdad ya Manolita es muy mayor para volver a parir.

Así que no les quedará más remedio que cortarse la coleta.

-Eso espero, si no estarían locos, menudo gasto.

Sabes lo que le va a costar tirar para alante con 5.

Y te lo digo por experiencia.

-Los patucos esos que les hizo del Atlético de Madrid

se los tendrá que poner otro. -Bueno.

-Y las bufandas que se las coloquen las otras 4.

¿No te parece? -Ahí está.

Oye, ¿y a Manolita no le importa? Digo el que sea chica.

-Ella también estaba ilusionada porque este fuera un chico.

Pero las mujeres en ese sentido con muy diferentes a nosotros.

Como ellas llevan la criatura en su seno 9 meses

lo que quieren es que vaya bien,

les da igual que sea un chico o que sea una chica.

-Peor hubiera sido que hubiera problemas

como se pensaba al principio del embarazo.

-Pues sí afortunadamente todo ha salido bien.

La Manuela es una mujer fuerte.

Porque se me ponen los pelos de punta

sólo de pensar en una tragedia aquí.

Si nos falta esa mujer no sé qué sería de esta familia.

-Hay que pensar que todo ha salido bien,

que madre e hija están bien.

Y eso tendría que pensar Marcelino también.

Y volcarse con su mujer.

Porque si ella ve que está decepcionado

se le agua la fiesta.

-No te preocupes, está Felisa allí.

Seguro que la conversación va por otros derroteros.

-Sí, estarán discutiendo de cualquier tontería.

De lo menos que se va a acordar es del sexo del bebé.

Tanto como del sexo de los ángeles.

-Trino, vamos a hacer una cosa, nos vamos a tomar un vinito

de un pariente mío que me regaló ya hace mucho tiempo.

-Oye, que me parece de perlas.

-Y ahora os pongo otro a vosotros, no os preocupéis.

Vamos a brindar por el feliz alumbramiento.

-Por esa criatura.

-Por la criatura. -Por la niña.

-¿Y qué hacemos si Andrés insiste en llevar la niña al hospital?

-Bueno, cálmate, de momento Almudena ha conseguido frenarlo.

-Pobrecita mía,

se ha asustado tanto.

No deja de pensar en esos horrendos

pulmones de acero.

-Eulalia, tienes que mirar la parte positiva.

Los pulmones de acero son una gran avance

para las personas que padecen la polio.

-Sí, lo sé, pero no dejan de ser una cárcel,

aunque les mantengan con vida.

-De todas maneras las crisis de Almudena

no son por la polio.

Tú ya sabes qué hay detrás.

-Sí, yo lo sé.

Pero no se lo puedo explicar a Andrés.

No sabes la de veces que he intentado decírselo...

-No te hubiera creído. -Lo sé.

Me hubiera tachado de loca.

Y tú y yo sabemos

que sus crisis sólo se deben al Maligno,

que no tienen nada que ver con la medicina ni con la ciencia.

-Por eso, precisamente por eso no puede ir Almudena al hospital.

Tú sabes muy bien que el Maligno se ha hecho fuerte entro de ella.

Si yo no puedo estar allí para intentar protegerla...

la perderás para siempre.

-Bibiana, ¿y qué puedo hacer?

Tú has visto lo encendido que estaba Andrés.

Tienes que convencerlo tú.

Tienes que impedir que la lleve al hospital.

Tienes que impedirlo, Bibiana.

-Eulalia, cálmate un poco.

Tienes que mantener la cabeza fría.

-Ay, lo intento, pero no puedo, no puedo.

-Pues eso no es bueno, Eulalia.

-Vamos a ver, yo en cierta medida comprendo a tu marido.

Cualquier padre que tuviera una hija

en las mismas circunstancias que Almudena haría lo mismo.

Y lo haría pensando que es lo mejor.

-Sí, pero tú y yo sabemos que no es lo mejor.

-Efectivamente, sólo tú y yo sabemos

de los pactos que firmaste en el pasado.

Por es a ti a quien corresponde convencerle.

-No sé cómo, no sé cómo...

-Pues yo no puedo discutir con él

de razones médicas, lo siento.

-Entonces se la va a llevar, Bibiana, se la va a llevar.

-Eulalia, deja fluir los acontecimientos.

A lo mejor tu marido cambia de opinión por sí mismo

o porque se lo pide Almudena.

-Ojalá.

-Te obsesionas demasiado con todo.

Y ese afán tuyo por conseguir las cosas

en muchas ocasiones hace que se produzca

el efecto contrario.

-Lo sé,

pero ya no sé lo que hacer,

lo que decir, lo que sentir.

-Confía en mí.

Sé que estamos llegando a la meta.

Estamos llegando al final del camino que emprendimos

a la puerta de aquella iglesia.

-Dios te oiga...

-Padre. -¿Qué?

-¿Quiere que le prepare ya la cena?

-No, aún es temprano, tengo faena en la portería.

Mira, si acaso prepárale la cena a Miguelito.

Además no tengo hambre hemos estado celebrando

en el Asturiano y me han sacado un jamón

que es que ni te cuento.

-Oiga, padre, ¿y cómo se ha tomado tío Marce

lo de que fuera una niña?

-Pues mal, hija, ¿cómo se lo va a tomar?

Se ha quedado sin el chaval con el que iba al boxeo, al fútbol,

a todas esas cosas que quería hacer.

-No creo, seguro que están contentísimos.

-Por una parte sí, pero por otra es que son 5 chicas.

Y con Manolita 6 mujeres en casa.

Y cuando se pongan a hablar aquello va a ser...

-Lo mismo pasaría con los chicos, también los hay muy charlatanes.

-No, vosotras tenéis la capacidad de hablar,

que si empezáis por una cosa, luego de ahí pasáis a otra,

Yo no conozco ningún hombre con esa capacidad.

-Pues anda que no le da a la lengua el tío Pelayo.

-Eso sí es cierto, pero él siempre dice cosas interesantes

-¿Y las mujeres no?

-Pues qué quieres que te diga...

porque es que cuando empezáis que si de vestidos,

que si de vuestras cosas, apaga y vámonos.

-Creo que un niño o una niña siempre es una alegría.

-Pues tu madre y yo estamos muy contentos

de haber tenido 2 y 2.

-Mire que es usted pesado a veces.

Pues cuando yo tenga hijos me va a dar igual lo que venga.

Aunque si pudiera elegir me gustarían dos niñas,

O 3, según los posibles. -Eso depende de con quién te cases.

Si es con Jaime problemas de dinero no vas a tener.

-Bueno, nunca se sabe, padre.

(SUSPIRA)

-¿Qué quieres que haga con esto?

-Pues guardarlo donde tú creas.

Donde a ti te parezca que está más seguro.

-¿Estás convencida?

-¿Pero cómo no voy a estar convencida?

¿No te lo estoy dando?

Ja, ¿por qué me preguntas eso?

-Bueno, porque no quiero hacerlo

si no confías plenamente en mí.

Si no confías prefiero que te lo lleves de vuelta.

-Cómo no voy a confiar en ti, mi amor,

si vamos a huir para estar juntos para siempre.

-Bien, en ese caso lo guardo ahora mismo.

¿Dónde quieres que lo ponga?

-Donde tú prefieras, este es tu espacio.

-Sí, pero quiero que lo hagamos juntos

para que sepas dónde está.

-Bueno.

-Porque sigues con Jaime, ¿no?

¿O es que habéis roto?

-Padre, no se meta usted en estas cosas.

-Huy, en cuanto he nombrado a Jaime

que te has puesto mohína.

-No hemos roto ni hemos dejado de romper,

sólo que es todo muy complicado. -Claro.

-No es como me lo imaginaba.

-Los noviazgos no son como las novelas que leéis.

-¿Y por qué no? -Pues porque no,

la vida real es de otra manera.

Unas veces mejor y otras, la mayoría, mucho peor.

Y hay que aguantarse. Marcelino sin ir más lejos,

tiene una hija preciosa y anda decepcionado

porque no es lo que hubiera querido

o lo que hubiera imaginado.

Bueno, subo a recoger la basura, ¿te quedas aquí?

-Recuerda que lo guardo aquí.

-Uf, pues buena memoria tengo yo,

ya has visto lo que me ha pasado antes,

cualquier día me olvido de mi nombre.

Pasos. -¿Has oído este ruido?

-No.

Puerta abriéndose y pasos. Escucha.

-Sí. -Tienes que irte.

-A lo mejor es un ruido de la calle.

-No, tienes que marcharte.

No quiero que Adelina te encuentre aquí.

-Si salgo me la voy a encontrar.

-Pues sal por atrás. No quiero que nos encuentre juntos.

-Te advierto que a mí eso me da igual, ¿eh?

-Por favor, te lo pido... Benita.

-Si me lo pides así sí.

-Márchate.

Quiero protegerte de tu hermana.

-Márchate.

-No me estoy enterando de nada.

Pasos acercándose.

-Jaime. -Hola.

-¿Cómo está tu hermana? -Bien...

¿Por qué lo dices, le ha pasado algo?

-Esta tarde le dio una crisis muy grande.

Y como no estabais tu madre llamó a Miguel

para que le ayudara a moverla.

Bueno, ha bajado a buscarle.

-¿Pero qué tipo de crisis?

-Pues yo sólo sé lo que me ha contado mi hermano.

Por lo visto estaba muy agitada por una pesadilla o algo así.

y había vomitado. -No lo entiendo.

No entiendo lo que le está pasando, Asunción.

-Secuelas de la polio, ¿no? -No,

esto no es por la polio.

Por la polio se ha quedado impedida de una pierna.

Pero estas crisis tan raras. -Súbete enseguida a verla.

-Sí, subiré.

Bueno, me gustaría hablar contigo y explicártelo todo.

-Lo primero es lo primero, Jaime.

-Eso es.

Bueno... -Y ve tranquilo.

Miguel me ha dicho que Bibiana la ha conseguida calmar

y que ya está dormida.

-Bibiana...

Claro, ¿quién si no?

Bueno.

Oye, Asunción,...

que si veo que mi hermana está mejor

bajo y hablamos, ¿te parece?

-Quédate con Almudena y con tu madre,

que la pobre tenía un disgusto.

-Pero, vas a quedarte aquí más rato, ¿no?

-Hasta la hora de cenar.

Mi madre está en la clínica con mi tía Manolita

que acaba de dar a luz.

Y tengo que cocinar para todos.

-Estupendo.

Pues enseguida bajo y hablamos.

-Vale. -Bien.

-¿Don Joachim?

-Soy yo, Chelo.

-Don Joachim, necesito hablar con usted.

-¿Quién eres, Chelo?

¿Que ha sido de la chica que llegó aquí

con todas las ilusiones del mundo?

¡Don Joachim, necesito que me ayude!

Si no lo hace no sé qué voy a hacer...

-¿Por qué tiene que ser todo tan complicado?

(LLORA) ¿Por qué?

¿Por qué todo esto y no tengo a nadie que me ayude, por qué?

-¡Don Joachim!

-Estás loca, Chelo,

estás loca de remate.

No te va a poder ayudar, nadie va a poder,

porque te has metido tú solita en este lío, tú.

Esta vez has ido demasiado lejos.

¡Don Joachim, por favor,

necesito su ayuda!

(LLORA)

-¿Pero por qué tenéis esa manía conque duerma?

Se pasa el día atontada

y eso es lo que le provoca las pesadillas, enteraos.

-¡Jaime! -No sabía que Jaime tuviera

conocimientos de medicina.

Dios mío, nos han robado...

-Bibiana, me tienes admirada.

Sabes de todo.

Incluso de cómo tratar a los hijos. Y eso que tú no tienes.

-Bueno, ya sabes que todo lo que tiene que ver

con el comportamiento humano

y su relación con el más allá es lo mío.

-Perdone, padre, pero... -Ni pero ni pera.

Sabes que en esta casa el portal se cierra a las 10

y tienes que estar antes.

Además, no son horas para una chica de tu edad.

-Lo siento, pero como mucho son las 10 y un minuto.

Estamos a punto de lograr nuestro objetivo.

Pero tenemos a tu marido en contra.

Si se empeña en que la vea un médico

y se alía con Jaime...

-Estamos perdidas.

¿Te han robado?

Pues no, eso pensaba yo, pero no porque no falta nada de valor.

Esto ha tenido que ser mi hermana.

¿Por qué iba a hacer algo así?

-Es un poquito tarde, yo creo que debe estar durmiendo.

-Bueno, todavía son las 10, ¿no?

¡Esta vez has ido demasiado lejos, Adelina!

¡Me odias y me envidias porque he conseguido

el amor de un hombre, cosa que no has tenido en tu vida!

Benita, por favor, no estamos solas.

Hola, Benita.

No abuses de lo que ya sabes, es muy peligroso.

Si se te va la mano es letal.

-Tenías razón, me equivoqué al no hacerte caso.

¡Y no pienso probar ya ni uno sólo de tus mejunjes,

ni la leche, ni el café,

ni esos licores que me ofreces ni nada de nada!

Si estoy todo el día adormecida y tengo estos sueños tan raros

y este carácter es por tu culpa, por los venenos

que me echas en las bebidas!

-Sí, Andrés y Jaime son dos enemigos peligrosos.

Hoy el padre ha estado a punto de llevarla al hospital.

-Un simple análisis de sangre y se va todo al garete, Bibiana.

-Ya lo sé, por eso he decidido

que la ceremonia tiene que ser mañana.

Mañana será la culminación del proceso.

Amar en tiempos revueltos - T6 - Capítulo 141

22 mar 2011

 Bibiana, deseosa de consolidar su poder sobre Eulalia, exagera la dosis de estramonio que ha suministrado a Almudena y la muchacha sufre intensas convulsiones.

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  1. MILENA

    ESTOY DE ACUERO CON LO ROLLO E INSULSO QUE ESTA ULTIMAMENTE. ENTRE EL MALIGNO QUE YA TE DUERMES Y LA CARA DE ROLLO DE ASUN Y QUE NO PASA NADA DE NADA... BUF QUÉ POCAS IDEAS DONDE ESTA MATIAS?? ME DUERRRRMO

    24 mar 2011
  2. Leticia

    Es el "maligno que no los deja ver el video." Ja, Ja. Bueno, no puedo creer que puedan exister una personas tan estupidas, beatas, y tragalotodo como Eulalia. Sin embargo, existen en la vida real personajes como ella, a quienes estafadores listos como Bibiana las despluman sin mucho esfuerzo. El personaje de Eulalia es al borde de la demencia. La Chelo es una supertonta, malcriada que pronto sera puesta en su lugar por ser tan lista y terminara oliendo a requeson por el resto de sus dias. La Asun, expero que deje su cara de angustia y dejara de hablar tan rapido cuando se entere que le han puesto los cuernos con su profesora. Y el tontito de Jaime, no terminara con nadie. Pero Andres deberia de terminar, no con Irene, sino con Adelina con la cual ya tiene una hija. Seria la familia perfecta para Almudena, con una mujer que la quiere y con una hermana que seguramente la ayudara. Irene no se merece a nadie por traicionera. Ubaldo es increiblemente deshonesto animando a su mujer con un chico tan joven, de quien el sabe tiene novia. Bueno que quien me gusta mas es Trino. El abuelo me da repeluz y Miguel es el tipico hombre de pueblo y de su epoca. La Fina es una beata al estilo de Eulalia y a la Bibiana le deberian dar una extra dosis de estramonio.

    23 mar 2011
  3. Julia

    Esta novela es muy bonita, libretos todo, diferente a las novelas Mexicanas y Venezolanas, tiene un buen argumento, pero lo que me doy cuenta, y ya es como un poco aburrido, y los personjes que mas dura en esta serie de Amar en tiempos revueltos, son los del Bar, , bueno esta biien pero no le deben de dar muchos guiones largos, son los que mas aparecen , y lo actores mas importantes, salen muy poco,lo que d vida a la serie. y lo del bar deberia ser un segundo plano.

    23 mar 2011
  4. Kristalux

    Ya no soporto los dialogos Eulalia-Bibiana, todavia hay esperanzas en arreglar esta serie. Seguro que a este paso Irene termina con Don Santos, Chelo con Matias, Eulalia con Pelayo, Andres con Asuncion y Jaime con Benita. Marcelino tiene una docena mas de ninas mas... ay, caray!

    23 mar 2011
  5. MARIANA

    Paciencia..es una novela y a los que la escriben les gusta hacernos sufrir un poco..Ya caera esa Bibiana y espero que pronto, a la tonta de Eulalia le venden cualquier historia, que me parece algo exagerado pero bueno es asi y hay que esperar el desenlace.

    23 mar 2011
  6. FuerteMac

    A quien pueda ayudarme!!! No puedo ver ningun capitulo de Amar en Tiempos Revueltos!!! No cargan los videos, y al abrir el capitulo, solo queda en blanco con una "X" en la esquina superior izquierda. Tengo el mismo problema con La Republica. Sin embargo, pude ver el avance del capitulo para manana. Hasta ayer funcionaba sin ningun problema. Hicieron algun cambio en la pagina?? Agradezco a quien pueda entregarme alguna informacion.

    23 mar 2011
  7. Luis S

    Que figura mas repugnante esa Bibiana, que rollo que la beaturra burra no se entera de nada, Andrés tenia que haber demostrado su autoridad y llevar a su hija a un hospital, podía haber cogido muestras del vomito para que lo analizaran, podía, podía, podía, pero lo único que hace bien es organizar desastres, que pena.

    22 mar 2011
  8. Alexxandra

    Ya me estoy cansando de tanto "maligno" qué rollo!

    22 mar 2011
  9. cafega

    POr fin se ve!!!! Gracias

    22 mar 2011
  10. cafega

    Todavia no se puede ver el capitulo de hoy!!!!!

    22 mar 2011