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Transcripción completa

-No sé por qué ahora

quisiera dormite, no encuentro una razón.

-Para sonsacarme información.

Ha sido un error por mi parte, lo solucionaré inmediatamente.

No corre prisa.

Insisto. Hoy le llevarán el importe de las clases a la academia.

La policía han estado comprobando sus huellas

con el fichero que tienen de estafadoras.

No han conseguido nada. Yo mismo lo miré, pero...

Nadie sabe quién es realidad esa marquesa.

-Mentí sobre la finca.

-¿Qué... quieres decir?

-La he vendido más cara de lo que he dicho.

La lista de damnificados puede ser amplia,

puede que encuentre algo, pero tardaré más tiempo.

Tiempo es lo que no tenemos.

El tiempo juega en contra de Almudena y de Eulalia.

...pero hace tiempo que quiero

hablar contigo; han pasado muchas cosas...

-Jaime, que ya te he dicho que no puedo.

Y no insistas,

no es ni el momento, ni el lugar.

-Lo suficiente para empezar una vida nueva lejos de su control.

Tú y yo.

Solo tenemos que esperar el momento oportuno.

El sueño demuestra que Almudena está expulsando

todo el odio que infectó su corazón.

No tengas miedo, cariño.

-Déjame que te acompañe al trabajo y hablamos por el camino.

-¿No oyes a mi hermana? Ahora no hablará contigo.

-Si hablamos por el camino, no llegarás tarde.

-Quedé con mi hermano para ir al trabajo;

además, no me apetece hablar contigo.

A ver, después de cuál os apetece más tomar una copita,

¿de los callos a la madrileña o de los boquerones?

(AMBOS) De los callos.

-Bueno, entonces, hacemos los callos, ¿no?

-Claro. -Voy a hacer unos callos

a don Steven que se le van a caer unos lagrimones...

Matías, necesito pedirte un favor;

es un asunto un poco delicado

y me gustaría mantener a Andrés al margen.

-Sabes que puedes contar conmigo para lo que quieras. Cuéntame.

-Es sobre Adelina...

Siento no haberte visto en estos días...

-Jaime, que te he dicho que no insistas,

así que no compliques más las cosas;

ya hablaremos en otro momento.

-¿Cuándo? -No lo sé.

Ahora tengo prisa; vámonos, Miguel.

Despertar abrazada

a la ironía de ocultar

la razón de cada día para amar

en tiempos revueltos.

Asumir

la alegría y el lamento,

y descubrir, sorprendida en mi tormento

y mi dolor

con tu amor envuelto.

No es sencillo,

avanzar olvidando lo vivido,

cuando tanto se ha dado por perdido

y el camino es volver a comenzar.

Le canto al viento,

por todo el que venció su desaliento.

Le canto al mar,

por todo aquel que tuvo que olvidar

para empezar...

Yo creo que hemos acertado en la elección,

porque los callos a la madrileña son de los platos más típicos

que hay en Madrid y, además, el más demandado

por todos nuestros carpantas.

-Se me ocurre que, igual, con esto nos pueden salir muchas novias

en EE.UU. -Me parece muy mal lo que dices,

con tu mujer, aquí, preñada, a punto de parir

y cuatro hijas que tienes.

-No, mujer, que no va por ahí, tranquila.

-No, lo que digo es que, igual, este reportaje lo ven

y algún millonario americano nos propone abrir una sucursal

de El Asturiano en EE.UU.

-No, no, lo que podemos hacer allí, junto a la Estatua de la Libertad,

es poner un montón de mesas con sillas

y vender callos a la madrileña libertarios.

-¿Te imaginas, Manolita,

por Manhattan, millonarios por tus callos?

-Ay, dejad ya de soñar, por favor.

-¿Por qué? ¿No dicen que EE.UU. es la tierra

de las oportunidades? Pues vamos a soñar, coño.

-¿Qué haremos tú y yo en Estados Unidos, Marcelino?

Con cuatro hijas que tenemos, otro en camino...

Nos quedamos aquí; tu padre, todavía,

que es un soltero y sin compromiso...

-Y que está de buen ver. -Vale.

-Pero tú y yo, nanay de la China.

-A mí, lo que me gustaría sería ver la Estatua de la Libertad.

¿Pero montar un negocio allí? Si no conocemos a nadie

y no chapurreamos el verbo de la Pérfida Albión,

¿así que qué vamos a hacer allí montando un negocio?

-Pues nada, nos quedamos todos aquí,

así que eso, venga, a abrir el bar.

¡Venga, arreando! -¿Cómo que arreando?

Eres quien ha retrasado todo con la receta.

-Pero ya está decidida Venga, ¿a qué esperáis? ¡Venga!

Yo ahora voy, cuando me cambie de ropa y eso.

-No, tú, tranquila.

Venga, hala, idos. -Vamos, padre.

(VOZ BAJA) -Al final, Marcelino, siempre pasa lo mismo, ¿eh?,

con tu mujer, acabamos de corderos pascuales todos.

-¿Pero qué me va a contar a mí, padre, qué me va a contar?

-Vamos.

Andrés hace ruido en su despacho.

Me gustaría que le dieras este sobre a Adelina;

es el pago por unas clases que le dio a Almudena

y preferiría que Andrés no supiese nada de que te di este dinero.

-Entendido. Quieres que se lo lleve a la academia.

-¿Me harías ese favor?

Con la crisis de Almudena, se me olvidó por completo;

me encontré con Adelina en la calle

y cuando me lo recordó, me sentí apurada, la verdad.

-No te preocupes, seré discreto.

-Adelina no es santo de mi devoción,

pero es verdad que le ha hecho mucho bien a la niña;

razón de más para que yo no me retrase en el pago, ¿no?

-En cuanto terminemos en la notaría,

me paso por la academia.

-Procura que Andrés no se entere; no sabe nada de las clases.

-No te preocupes.

El poder no está en mi cartera,

¿no lo habrás guardado con los otros papeles?

-No lo sé, voy a comprobar.

A ver.

-Pues sí. Sí lo tenía yo, sí.

¿Dónde tendrías tú la cabeza, Matías?

-Perdona, Andrés, a mí estas cosas no me pasaban antes;

debe ser la edad. Bueno, vámonos,

que ese notario no perdona un retraso.

Eulalia, te veo a la hora de comer.

-Muy bien. Matías. -A tus pies.

-Ya cierro yo.

(RESPIRA HONDO)

Tu café. -Gracias. Oiga, Pelayo,

¿ha visto usted a Jaime esta mañana?

-No, ¿le estás esperando? -Sí, sí.

Pero como últimamente, está tan misterioso, pues no sé.

-¿Lo dices por su desaparición?

-Hombre, se quitó de en medio así; ni yo sabía dónde estaba.

-Lo importante es que haya vuelto sano y salvo.

Mira, mira, por ahí viene.

(ALEGRE) -Pero bueno, dichosos los ojos.

-Hola. -¿Qué hay, amigo?

-Hola. ¿Qué, te pongo un café?

-Sí, doble, por favor.

-Ya pensé que te habías vuelto a esfumar.

-No bromees, Fede; no tiene gracia.

-Tranquilo, que estuve muy preocupado por ti.

¿Sabes que tu padre me amenazó? -No me extraña.

-Bueno, a ver, cuéntame, ¿qué ha ocurrido?

-Pues, además de discutir con mi padre e intentar fugarme

sin éxito, Asunción está enfadada conmigo.

Y con razón, joder. -¿Y eso?

-Porque no quiere ni hablar conmigo;

se ha cerrado en banda y no me deja ni acompañarla al taller.

-Pero, veamos, ¿Asunción tuvo algo que ver con tu desaparición?

-No, qué va, no es eso;

está mosca, porque cuando volví, no le di explicaciones,

pero es que no tenía cuerpo para hacerlo.

No sé, quería esperar a que la cosa se calmase.

-Ya sabes cómo son las mujeres:

te castigan; luego, se cansan; y luego, te perdonan. (RÍE)

-No sé, Fede, la he visto muy distante.

-Que sí, hombre, tú confía en mí: Si Asunción está loquita por ti;

en cuanto te des cuenta, todo vuelve a ser como antes.

Al menos, ha sido rapidito. -Sí.

El notario se ha comportado.

¿Vas a la fábrica o te tomas un café?

-Sí, pero antes, quería informarte de algo

y la verdad es que prefiero hacerlo aquí.

Conociéndote, ya sé de qué va: Bibiana, ¿no es así?

-Pues sí, he conseguido un dato

que puede ayudarnos a identificarla.

Suéltalo. -Estuve investigando la casa

donde, supuestamente, vive Bibiana con su mayordomo Celso.

"Supuestamente" quiere decir que es falso.

-Exactamente, otra pantomima más,

como lo del título de nobleza italiana.

Pero bueno, el caso es que Bibiana

y su supuesto mayordomo pagan al portero

para que les recoja la correspondencia

y para que digan a las visitas que no se encuentran en casa,

pero no residen allí. ¿Y dónde es?

-Eso todavía no lo sé. ¿Ni untando al portero?

-No, el pobre infeliz no sabe nada;

estoy seguro porque me costó unos buenos duros

que aflojara la lengua en todo lo demás.

Tenemos que acabar con ellos cuanto antes, Matías.

-Ya, Andrés, ya, pero saben "nadar y guardar la ropa".

Mientras investigaba la zona, vi cómo Celso se metía

en el edificio. ¿No le seguiste?

-No le seguí; esperé en la puerta principal,

pero saldría por la trasera. ¿Crees que te vio?

-No, no me vio; lo debió hacer sólo por precaución.

Son listos. Sí, son listos, sí.

Pero no se pueden proteger eternamente;

sabemos que la identidad que usan es falsa, pero no sabemos

cuál es la verdadera y sabemos que, donde dicen que viven,

es falso, pero no sabemos dónde viven de verdad;

esto no va bien, Matías.

Debemos ser más eficaces, descubrir las mentiras

y "darle la vuelta a la tortilla", antes de que sea tarde.

-Tranquilo, Andrés, tranquilo; estoy cada vez más cerca.

Averiguaré dónde viven y una vez que lo averigüe,

echarles el lazo será cuestión de días.

Eso espero, Matías,

¡porque no soporto ni un minuto más a esa bruja en mi casa!

Entonces, la desaparición tuvo que ver con tu padre, ¿no?,

no con Asun. -Así es,

Asunción no ha tenido nada que ver.

Me peleé con mi padre; por eso me marché.

Y cuando volví, tenía que darle explicaciones,

calmar a mis padres y a mi hermana

antes de hablar con ella,

pero ahora, pues eso, Fede, no quiere escucharme.

-Tú deja que se le pase el enfado y ya verás;

dentro de poco, otra vez como dos tortolitos.

-Eso espero. (FEDE RÍE)

-No sé, me dolería mucho que se estropeara la relación

por algo que no ha tenido nada que ver con ella.

-¿Y por qué discutiste con tu padre? Si se puede saber.

-Pues por lo de siempre, Fede, por lo de siempre.

Empezamos a hablar de la facultad, de profesores, de estudiantes...

Y acabamos discutiendo de política.

-Mira que lo sabía, ¿eh?

-Mi padre, como siempre,

defendiendo al Régimen y criticando la República,

y yo, defendiéndola, claro.

Y una cosa llevó a la otra.

-Y más de lo mismo, y más de lo mismo.

-Bueno, no, esta vez, bastante peor;

mi padre se enfadó más que nunca y no supe frenarlo.

Con decirte que casi llegamos a las manos...

-¿Tan grave fue?

-Un escándalo.

-Pues hiciste muy bien, porque demostraste

que no le tienes miedo y luego, ahuecaste el ala,

como un hombre prudente. Muy bien. -Eso es.

Pero, oye, pero tú no comentes nada,

que la versión oficial es muy diferente.

-¿Pero cuál es la versión oficial?

-Les he contado que tú y yo nos fuimos de juerga

para celebrar que lo dejaste con tu novia.

Y nos pillamos tal trompa que nos quedamos a dormir

en casa de unos amigos. -Serás canalla,

me echas la culpa de todo.

-Espero que no te moleste. -No, no.

Le empiezo a coger el gusto a ser el crápula oficial

de tu familia, pero ya que estamos,

podíamos corrernos esa juerga que decías.

-Fede. -Me callo, hombre, me callo.

Cómo estás.

Alguien abre una puerta.

Hola, madre. -Hola, hija.

¿Ya estás en casa? ¿Has salido antes del taller?

-Es que no me encontraba muy bien.

-¿Qué te pasa, Asun, estás enferma?

-Pues no lo sé.

Estaba cosiendo y hablando de cualquier cosa

con una compañera y, de repente, me empezó a doler el estómago

y la cabeza. -A ver, siéntate. ¿Tienes fiebre?

Siéntate.

A ver.

No, no tienes fiebre.

¿No será que te ha sentado algo mal de lo que has comido?

-No he comido nada desde el desayuno.

-Entonces, es hambre.

¿Quieres que te haga una tortilla?

-No, no, madre, se lo agradezco; ya se me pasará.

-¿Y no será la regla, Asun?

-No, soy como un reloj;

no me tiene que venir hasta la semana que viene.

-Uf, eso nunca se sabe, hija, a veces, la regla

se adelante sin saber por qué y duele; pasan estas cosas.

-No, no es eso.

De repente, me he empezado a encontrar mal

y me he pasado todo el día mareada; me han dejado salir

y estaba deseando llegar a casa para tumbarme.

-¿Y has venido sola?

-Sí.

Me tuve que sentar en un banco, porque casi no podía respirar.

-O sea, que te duele la cabeza y el estómago

y estás mareada y no puedes respirar.

Qué raro, ¿no?

-Pues sí.

Tú tranquilo; ya verás, ahora que le has plantado cara,

te va a respetar más.

-Me gustaría ser tan optimista como tú, pero ya sabes cómo es;

en cuestiones políticas, inflexible.

Y que haya vuelto a casa, le dará argumentos para lo contrario.

(SUSPIRA) Mi padre es de los que piensa que,

mientras vivas bajo su techo y comas en su mesa,

tienes que acatar todas sus órdenes.

-Pero una cosa son las normas domésticas

y otra, las ideas políticas. -A él eso le da igual;

cree que siempre tiene la razón.

Pero, por lo menos, lo peor ha pasado

y mi madre y mi hermana no sufren por mi culpa.

-Te veo flaqueando, compañero;

no renuncies a tus pequeñas conquistas.

(CONTENTO) ¡Eh, Jaime!

¿Qué tal? ¿Cómo estás? -Hola.

-Hola, muy buenas. Hola, ¿qué tal? ¿Cómo estáis?

Y vosotros, ¿no tenéis clases hoy?

¿O estáis haciendo pellas?

-No, no, no, no tenemos clase; vamos a la biblioteca.

Magnífico. Bueno, ¿y qué tal? ¿Cómo va todo?

-Muy bien. ¿Qué tal Almudena?

¿Se ha recuperado ya de su recaída?

-Sí, gracias por preguntar.

Ha tenido una crisis nerviosa muy fuerte, pero ya está mejor.

Vaya, cuánto lo siento.

-Bueno, ya lo está superando.

Ahora, esperemos que no se vuelva a repetir.

Bueno, nosotros nos vamos a la tienda, como siempre.

-Te veo muy bien.

Sí, no me puedo quejar;

el sol de Madrid le levanta el ánimo a cualquiera. (RÍE)

-Me alegro.

Bueno, nosotros nos tenemos que ir ya, ¿no?

-Sí, sí, que hay que estudiar.

Jaime, esta tarde me llegan unas novedades,

así que, si quieres, te pasas luego

y escuchamos algún disco y charlamos.

-Eh... Sí, veré si luego me da tiempo.

Cuando quieras. -Bien.

Bueno...

Hasta luego.

-Hasta la vista. Adiós.

-Hasta ahora.

Oye, Irene estaba un poco incómoda, ¿no?

-¿Sí? No me he fijado.

-Sí, la he visto como atorada;

de hecho, creo que se ruborizó cuando la has mirado.

-Anda, que desde que los ha dejado con la novia,

tienes unos pensamientos...

Vamos. -Vamos, vamos, vamos.

Te voy a hacer un caldo, que eso entona mucho el cuerpo.

-No, madre, de verdad, creo que lo que necesito es descansar.

-Y anoche, cuando estabas sola, ¿qué cenaste?

-Las judías verdes que cocinó con el puchero.

-Ah, le pusiste mucho ajo, seguro.

-No, no, lo justo para darle sabor.

Si me estuviera repitiendo, lo sabría.

-Y de camino al taller, esta mañana,

¿no te has parado a tomar nada? -No.

Me ha acompañado Miguel y hemos ido derechitos;

yo, al taller, y él, a la fábrica.

-Y a Jaime, ¿le has visto hoy?

-Sí, saliendo de casa, me paró,

porque quería hablar conmigo. -Ah, ¿sí? ¿Y qué te dijo?

-Nada, quería darme explicaciones de por qué desapareció,

pero no le dejé hablar. -¿No?

-No, madre, no quería llegar tarde.

-Bueno, Asun, si salisteis con mucho tiempo tu hermano y tú.

-Bueno, está bien; no tenía prisa,

pero maldita la gracia que me hacía el pararme a escuchar

sus explicaciones en ese momento.

(RESPIRA HONDO)

-O sea, que lo despachaste y te fuiste con tu hermano.

-No quería hablar con él, madre;

ha sido todo muy extraño.

De repente, desaparece, sin dar explicación

y después, vuelve, y ni siquiera viene a verme;

yo creo que soy su novia, a la que debe tener

un poco más de consideración.

He pasado muchos días pensando en que ya no...

Y ya no es lo mismo, madre,

que le veo y me siento extraña.

Y no quiero hablar con él,

al menos, de momento.

-Bueno, el muchacho se ha portado mal;

no le vendrá mal un escarmiento.

Tú lo que tienes que hacer es descansar mucho y comer bien,

y reponerte, ya verás cómo mañana te encuentras mejor.

-A ver si... Manolita, oye,

¿cómo van esos callos? -Ahí van, haciéndose a fuego lento.

¿Este es el mío? -Sí, pero a ver si no están

a tiempo para cuando llegue Steven.

-Tranquilo, Marcelino, tranquilo,

que todo tiene su tiempo en la vida, y los callos, también.

Además, si viene y no están preparados,

pues muy fácil: Le servís un vino y le contáis cosas del bar.

Porque tenemos un abanico de peripecias

que han sucedido aquí. ¿O no?

-Nos da para escribir los "Episodios nacionales".

-Aunque yo no sé si le van a interesar mucho a este hombre

las aventuras y desventuras nuestras.

-¿Cómo que no? Anda que no hay cosas para contarle.

Por ejemplo, yo le contaría cuando se instalaron aquí

los de las películas, los de la productora.

Y venía toda la gente del cine a la plaza de los Frutos.

-Numancia Films. -Esos.

-Me acuerdo yo de Fernando Solís, de Roberto Esquivel...

-¿Y os acordáis del actor gabacho? El... Delmás.

-Ay, mira, a mí ese se me olvidó.

(RÍE) -Estaba todo el día enjumado. -Todo el día enjumado.

-Ah, me acuerdo yo de que Alicia le servía de intérprete.

¿No os acordáis? -Es verdad.

-¿Sabéis de qué me acuerdo?

De cuando se empeñó en que su hijo ganara

el concurso de camareros y puso unos imanes en las bandejas.

-Me acuerdo de cómo corría con las cervezas

sobre la bandeja, que corría y ganaba a todos y...

-Hasta que apareció un medallas vestido de uniforme

y las insignias se le fueron a los imanes.

-Y se descubrió "todo el pastel";

menuda vergüenza. -Sí.

(DICE EN VOZ BAJA LOS PASOS DE BALLET EN FRANCÉS)

Ahí. -Bonito paso.

Oh, buenos días. (RÍE)

-Espero no molestarla; tenía un poco de tiempo

y he aprovechado para venir a verla.

(RESPIRA HONDO) Don Matías, si ha venido para ver

cómo están las cosas, podría haberse ahorrado el viaje,

porque Joachim vuelve a comportarse con normalidad.

-¿No la ha vuelto a importunar? No, en absoluto.

Es más, yo le diría que, sorprendentemente,

está más controlado y más dócil que nunca.

-Esperaba que así fuera y me alegra confirmarlo;

me repugna que un hombre le pegue a una mujer,

pero en estas circunstancias, me parecía del todo ilógico.

Ya le dije que no era algo que se saliese de lo normal.

Y además, yo ya he pasado página y prefiero olvidarlo;

no creo que se repita.

-Muy bien. De todas formas, no venía para eso;

venía para traerle un recado de doña Eulalia.

¿De doña Eulalia? -Ajá.

¿Qué sucede? -Nada. Es el pago

por las clases de Almudena. Ah.

No, no puedo aceptarlo; esto es demasiado dinero.

-Eulalia me advirtió de que insistiese,

si fuese necesario; está muy contenta

con los progresos que hizo Almudena y quiere agradecérselo.

Está bien.

Está bien, no quiero que piense que lo rechazo por orgullo.

¿Cómo está la pequeña?

-Pues parece que va superando la crisis.

Me alegro mucho.

Ojalá doña Eulalia cambie de opinión

y la niña pueda volver a retomar sus clases;

la verdad es que se hace querer

y a mí me encantaba verla aquí, tan feliz,

haciendo sus ejercicios en la academia.

-Sí, la verdad es que ha sido una pena que,

justamente cuando empezaba a mejorar, haya tenido una recaída;

sus padres, como comprenderá, están muy preocupados.

No me extraña. Una enfermedad como la polio

en una niña de su edad; es algo terrible.

Lo que no comprendo, don Matías, es por qué cada vez

que la niña mejora, vuelve a recaer;

es algo muy extraño, es como si hubiese algo sombrío

que la retiene. ¿No le parece?

-Puede que tenga razón.

Y que en casa de Andrés y Eulalia no reine el ambiente propicio

para su recuperación;

incluso que haya algún elemento empeñado en que no mejore.

Pero vamos, sus padres y yo estamos en ello

y le puedo asegurar que nadie va a hacer daño a Almudena.

Eso por supuesto; Almudena no se merece

que le pase nada malo.

-Ya verá cómo en poco tiempo empieza a mejorar.

Bueno, adiós.

Adiós y gracias.

(SUSPIRA) ¿Os acordáis cuando cogimos el bar de la facultad?

Aquello sí que fue una aventura.

Recuerdo que mi Enriqueta trataba a los estudiantes

como si fueran sus hijos.

-Sí, bueno, menos a los que le intentaban sisar

el desayuno, que menudas collejas que les soltaba.

-Enriqueta era mucha Enriqueta.

-Ya lo creo.

Al final, nos dimos cuenta de que teníamos que volver

con vosotros, porque nuestro sitio era El Asturiano.

-Oiga, padre, ahora... Bueno, Fermín, pues nos vemos.

Venga, con Dios, chico.

Oiga, padre, ¿usted se arrepiente del año ese que pasó

en el bar de la facultad? -Qué va, hijo.

Para mí fue como si me insuflaran savia nueva;

fue una aventura maravillosa.

Pero, al final, nos dimos cuenta, Enriqueta y yo,

de que teníamos que volver a las raíces,

porque las raíces sois vosotros y El Asturiano.

-Yo le entiendo perfectamente, suegro,

porque hubo un momento en el que también me angustié mucho

pensando que iba a pasar toda mi vida aquí,

entre estas cuatro paredes

y por eso busqué un trabajo fuera. -Sí.

E hiciste ese trabajo de modelo de piernas

para sacar medias en los periódicos...

Menudas piernas las tuyas.

-Bueno, es verdad que mi carrera de modelo duró bien poco;

me refería más a cuando trabajé en los almacenes.

-Ahí te dieron mucha categoría; te hicieron encargada, ahí es nada.

-Sí, sí, sí. Me gustó mucho esa época.

-Claro, claro. Lo que estoy yo pensando es que el único idiota

que no ha salido de estas cuatro paredes soy yo.

-No seas tan modesto; si te comportaste

como un valiente, cuando te sumaste a la causa

de Antonio y de Andrea, ¿o no te acuerdas?

-Ah, cosillas.

-Bueno, y también cuando salvaste a aquel militar del lago, ¿eh?

-Ah, cosillas.

-Ay, ¿os imagináis que, de repente, cuando don Steven publique

el reportaje este, en la revista americana,

gusta tanto, tanto, tanto nuestra historia

que nos hacen una novela radiofónica?

-Ay, mira, sería una buena idea.

"El Asturiano, el último reducto numantino donde unos taberneros

luchan por la libertad en la corte de Chaparro el Bárbaro".

(MANOLITA RÍE) -Y yo sé cuál sería la música

de la radio esa. -¿Cuál?

-Un pasodoble. Mira, como este, Manuela.

Vamos a bailar. -Ten cuidado, mira como estoy.

-Cuidado. -Despacito, pero Marcelino II

tiene que aprender a bailar.

-A ver. -A ver, venga, va.

-Huy, huy, huy. Espera, espera. -¿Qué pasa?

-Vamos a parar. -Será mejor.

-Es que será futbolista; no será bailarín.

-Ya. (MANOLITA RÍE)

-Siéntate, hija, siéntate.

Chelo. -Hola, madre.

-¿Qué haces aquí? -Que han suspendido el ensayo.

¿A que no sabe por qué?

-Porque lo hacéis muy bien.

(RÍE) -No. Por una plaga...

De pulgas. (RÍEN)

-Sí, han venido para que desinsecten el teatro,

así que, nada, hasta nueva orden, no trabajo.

-Mira qué bien, así me ayudas en casa.

-Y a ti, ¿qué te pasa, qué haces aquí?

-Me encontraba un poco mal y he salido antes.

-Está pachucha. -¿Así que, en esta casa,

hoy no trabaja nadie? (IRÓNICA) -Nadie, Chelo,

hoy no trabaja nadie, nada más que tu padre,

tu hermano y la tonta de siempre.

(RÍE) -¿Qué llevas en ese sobre?

-Ay, unas fotos que me hice el otro día.

Han salido estupendas, ¿quieren verlas?

-Claro que sí. -Ajá.

-Mire, madre. -¿Te gustan?

-¿Y quién te hizo estas fotos?

-¿No se acuerda? El fotógrafo que conocí el otro día

por el barrio...

Que sí, madre, aquel fotógrafo que estaba haciendo fotos

por el barrio y me dijo: "Oye, ¿te puedo hacer unas fotos?"

-Que sí, sí ya me acuerdo.

Aún no entiendo cómo le diste permiso.

-Hombre, ¿y por qué no?

Soy artista; tengo que hacer promoción.

Además, que el chico se llamaba Sancho y era muy serio

y muy educado.

-Menudo carácter, hermanita.

Y eso que a tu hermano no le hizo gracia.

-Debiste hacerle caso a tu hermano.

(IRÓNICA) -Sí, seguro.

Y no tendría estas fotos maravillosas.

¿Saben para qué las voy a usar?

Para cuando deba hacer una prueba

o buscar representante, o algo así.

-Estás preciosa, Chelo.

Mira qué sonrisa más bonita tienes.

-La cintura de avispa que yo tenía a su edad.

Alguien abre la puerta. (RÍEN)

-Que sí. -Creo que viene padre.

Jaime.

Tenemos que hablar. -Papá, no quiero discutir;

creo que ya nos dijimos todo lo que nos debíamos decir.

No quiero continuar con aquella discusión;

tenemos que tratar temas mucho más importantes.

-Está bien, vamos a tu despacho. No, en casa, no.

-¿Por qué? Tengo mis razones

y no quiero que esta conversación caiga en oídos indiscretos.

Es más, nadie debe saber que esta conversación tuvo lugar.

-¿Tengo que preocuparme? Espérate a oírme

y entonces, lo juzgas.

-Está bien, puedes contar con mi más absoluta discreción.

Jaime, tenemos que aparcar nuestras diferencias,

al menos, hasta que solucionemos esta cuestión.

-Bueno, ¿pero puedes adelantarme de qué se trata?

De Bibiana y de los tejemanejes que se trae contra tu hermana.

-Sí, yo también pienso que no es trigo limpio.

Todos lo pensamos; todos, menos tu madre.

-Bueno, pues para eso puedes contar con todo mi apoyo;

si hay algo que yo pueda hacer, pues...

Tenemos que hacer una estrategia común, Jaime;

estar de acuerdo. Pero aquí no, tu madre o ella pueden salir

en cualquier momento y prefiero que esta conversación

sea un secreto. Un secreto.

Vámonos de aquí. Vamos.

(SORPRENDIDO) -Anda. -Hola.

-Y tú, ¿qué haces aquí? ¿No tenías ensayo?

-Lo han cancelado. -Ah.

-Por una plaga de pulgas. (RÍEN)

-Ah, pues, a casa, no traigas ninguna, ¿eh?

-Ay, pues no. Además, ha sido una exageración.

¿Saben lo que ha pasado?

Que la primera vedette ha ido al sótano, le entró curiosidad

y abrió un baúl que había ahí,

y han aparecido un montón de pulgas,

que las pobres debían llevar ahí, no sé,

desde la época de la Fornarina. (RÍEN)

-Y se formó un escándalo

que no vuelven a abrir el teatro hasta que no quede una.

-Lo que me parece muy bien.

Claro, por eso está ahí don Santos,

que me preguntó por ti y por cómo iba todo,

pero el hombre, como es discreto, no me dijo nada de las pulgas.

-Qué rápido se ha enterado. -Como que no pierde comba.

-Sí, al final, ese nos va a resultar un pesadito, ya verás.

-Bueno, que se ha portado muy bien conmigo, ¿eh? Y con todos;

no deberían meterse con él.

-Ya, pero tanto interés pone, que ese algo busca.

-Déjalo ya, Trino,

que don Santos se porta como un caballero.

Y eso no hace daño a nadie. -Claro que no;

comparado con los tipos que estaban a la salida

con las bailarinas, es un santo.

-¿En la salida de artistas?

No me di cuenta, ¿había muchos moscones?

-Admiradores, Trino; las artistas atraen

a mucha gente, pero vamos, que no cambies el tema.

-¿Yo? -Sí, tú.

Que no te olvides de que, gracias a don Santos,

has podido hacer las prácticas de conducir.

-¿Para mí? -¿Para quién si no?

-¿Por qué se molesta tanto? -Es que como me he enterado

de que no vas a ir por el teatro en varios días,

no podría llevarte las flores como cada noche

y he pensando en traértelas yo mismo, en mano.

-Usted no tiene remedio, ¿eh?

Es demasiado bueno; no debería gastar tanto conmigo.

-Chelo, una muchacha tan bonita como tú,

es razón de más para que un hombre regale el oro y el moro

y lo que haga falta.

-Ay, disculpe, don Santos, pero he visto a mi profesora.

Perdone. ¡Doña Adelina! Hola. Hola.

-Qué sorpresa encontrarla.

Quería preguntarle si sabe si está don Joachim

en la academia. Pues no lo sé, hija;

don Joachim está muy ocupado últimamente

y... Cómo decirte...

No me parece conveniente que le hagas tanto caso, ¿sabes?

-Le aseguro que tengo mis razones

y son estrictamente profesionales. Ajá.

-Vamos, como las que tiene un paciente

que va a hablar con su médico. Ya.

Pues, en ese caso, creo que no te va a poder ayudar;

últimamente, sólo se dedica a las cuentas de la academia

y no está para resolver dudas de nadie.

Buenos días, Chelo.

(SUSPIRA)

(SUSPIRA)

Ay, no me mires así, que me pones nerviosa, Ubaldo.

No, no, ya estás nerviosa, querida;

es por eso que te miro así.

¿Es por Jaime? Desde que nos encontramos con él

en la plaza, no has abierto la boca.

No es por Jaime; lo de Jaime lo tengo claro:

Cometí un error y no volverá a pasar.

Ay, Irene... Cometí un error, Ubaldo,

y no quiero hablar más de esto.

Ahora, lo que me tiene inquieta es pensar en Asunción;

la he traicionado, Ubaldo.

Bueno, que Jaime, que es su novio, piense así,

es lógico, ¿pero tú?

Tú no tienes nada que ver en eso. Te equivocas.

Acostándome con Jaime, he perjudicado la relación,

pero bueno, no volveré a ser un peligro

para ellos, porque no va a volver a pasar.

Pues es una pena, porque Jaime y tú hacéis una pareja preciosa.

Sí, salvo por el hecho de que tiene novia

y que es amiga mía. Ubaldo, por favor.

Bueno, en última instancia, Asunción es mayor

y entendería que Jaime quiera a otra persona.

Que no, Ubaldo, que no,

que entre Jaime y yo no volverá a pasar nada.

Nada, ¿me oyes?

Y no quiero hablar más de este tema.

El tiempo nos dará la respuesta.

Voy a ser la protagonista de una revista americana,

¿qué os parece? ¿Eh?

Mirad, ahí está, ahí está don Steven, ya veréis, ya.

-Muy buenos días. -Hola, don Steven.

-¿Preparados para la entrevista? -Preparados, no, preparadísimos.

Lo que pasa es que hay que esperar un pelín,

para que aparezca mi padre; si empezamos sin él,

se enfada. -No, claro, esperamos

a don Pelayo, sin problemas;

su punto de vista es fundamental para el artículo.

-Si quiere, mientras, le puedo traer unos callos

que preparé especialmente para usted.

Y como comida representativa de El Asturiano, para el reportaje.

-Sí, pensamos que los callos,

por un lado, Manuela los hace estupendos y, por otro,

son muy típicos de Madrid, con lo cual,

me parece que pueden triunfar en EE.UU.

-A mí, personalmente, me gustan muchísimo los callos,

pero no sé si es lo más adecuado para el reportaje.

-¿Por qué? -En país, han puesto de moda

unos platos más ligeros.

-Bueno. -Ya lo sabía, coño,

debimos elegir los boquerones Enriqueta.

-¡Ah! -No te pongas así,

no es para tanto. -¡Ah! No, que viene.

¡Que ahora sí que viene!

¡El bolso! ¡Llama al taxi! ¡Que viene!

-¡Que va, que va! ¡El taxi!

-¡Y al doctor Mauricio! -¡La clínica!

¡Ve a por un taxi!

-Tengo mi coche ahí fuera; puedo llevarles al hospital.

-¡Ah! ¡Ah! -¡Llévela!

Vale, el bolso. -El bolso.

-Mauricio... -¡Ay, ay, ay!

¡Ay! -¡Vamos, vamos, vamos!

¡Va! Que voy a ser padre, que voy a ser padre otra vez.

No te vayas sin pagar.

No debí dejar que tu madre

le confiara la recuperación de tu hermana.

Tu madre está completamente ciega;

solamente ve y piensa a través de los ojos

y de la mente de esa charlatana de feria.

-Si quieres mi opinión,

yo tampoco confío en ella lo más mínimo.

¿Ves cómo la manipula? -Claro que sí, papá,

desde el primer momento, pero no le di la menor importancia;

pensé que como mamá y Almudena se sentían mejor,

no podía ser tan malo lo que hacía.

Pero ahora, pienso totalmente lo contrario.

Y pienso que puede hacerle, realmente, mucho daño.

A toda la familia, Jaime, a toda la familia.

Las tiene completamente dominadas. ¡A las dos!

Y no usa esa influencia especialmente para hacer el bien.

-Sí, a mí también me extraña que, de repente,

cuando Almudena parecía que se estaba curando,

haya vuelto a recaer.

Lo cual le vino fantásticamente a la tal Bibiana

para mantener su papel de salvadora.

-Entonces, ¿por qué lo hace?

¿Crees que trama algo? No lo sé,

pero eso es lo que tenemos que averiguar;

tenemos que estar atentos e intentar anticiparnos

a sus movimientos, para así saber cuáles son

sus verdaderas intenciones.

¿Puedo contar contigo sin rencores, Jaime?

(RESPIRA HONDO) -Almudena está por encima de todo, papá.

Así me gusta;

no esperaba menos de ti, hijo.

Los Hernández Salvatierra debemos estar unidos

ante las adversidades. -La vigilaremos.

Tenemos que ser discretos: Ver, oír y callar.

Hay que vigilarla, pero sin levantar sospechas;

no podemos ir contra ella directamente,

ni contra ella, ni contra tu madre.

Cuando vayamos a plantarle cara, debe ser de un modo definitivo.

-Cuenta conmigo. La tendremos vigilada

todo el tiempo, sin causar en ella la menor sospecha.

Muy bien, hay que vigilarla de cerca; cualquier detalle,

el más pequeño, puede ser importante

para conseguir nuestro propósito y arrancarle

esa máscara de beatitud con la que engatusó a tu madre.

-Cuenta con ello, papá.

Y con lo que haga falta para echar a esa mujer de nuestra casa.

Bueno, ahora les dejo; enseguida vendrá el doctor

a visitarles. -Muchas gracias.

-Muchas gracias, hermana. ¡Con Dios!

-Ay.

¡Huy! Mira, Marce. Marce, cariño, siéntate.

Fíjate qué cómodo es el colchón. -A ver.

¡Eh, cuidado! -Perdón, mujer.

Es cómodo. -Mejor que el de casa.

-Sí es mejor; y te digo una cosa:

Venir fue un acierto.

Cuando no tengo razón, es porque no la tengo,

pero cuando la tengo, es porque la tengo.

-Pues no sé yo qué decirte, Marcelino.

La verdad, me siento rara en esta clínica.

Y que me tengan que tocar las monjas,

la verdad, no me hace mucha gracia;

yo, de toda la vida de Dios, parí en casa divinamente.

Y junto a la gente que quiero.

-Pero, Manuela, que aquí tenemos de todo.

Que eso era antes, que los tiempos cambian;

necesitamos gente especializada.

Y además, fíjate, la radio... -Ah, bien.

-Que es preciosa. -Ajá.

-Las revistas... (IRÓNICA) -Muy útiles para parir.

-Te harán falta otras cosas.

Por ejemplo,

el que tiene que tocar ahí, el to...

-El tocólogo. -El tocólogo.

El tocólogo te hará falta; que toque, eso sí, con disimulo.

Que haga las cosas bien.

Suero. ¿Que falta suero? Hay suero.

Ya me entiendes, por si ocurre cualquier cosa.

-Oye, no seas agorero.

-No pasará nada; estás fuerte como un toro.

Como una vaca. (IRÓNICA) -Lo estás arreglando.

-Me entiendes, Manuela.

-No hace falta que me convenzas, Marcelino, ¿no estoy aquí?

-Eso. -Estoy aquí; pues ya está.

Sólo estoy contenta por no haber tenido que entrampar a tu padre

con lo de la hipoteca, que el hombre lo pasaba mal.

-Sí. Y fíjate, que el tío estaba callado, aguantando.

-Si es que es un pedazo de... ¡Ah! ¡Ah! ¡Ah!

-¿Qué? -¡Ay! ¡Ay! ¡Ay!

Ay, Marcelino, ay. -Una contracción.

-Sí. -¡Respira! ¡Respira!

¡Uh! ¡Ah! ¡Uh!

-¡Calma, Marcelino, y respira tú también!

¡Me pones nerviosa! ¡Ayúdame! -¡Yo respiro contigo, Manuela!

¿Cada cuánto te viene? (AMBOS GRITAN)

-¿Estás bien? Respira. -Ay.

(AMBOS) Ah, ah, ah, ah.

-Ya está. -Ay, no sé cada cuánto tiempo,

¿no lo estabas midiendo tú? -No lo pude medir.

-¡Ay, Marcelino, por favor! -¿Quieres respirar bien?

-¡Respira tú! -Respira.

(AMBOS JADEAN)

¿Quieres?

Anda, toma. -Gracias.

(LEE) "Rubio, americano, con filtro".

Hay que joderse, con lo que fumábamos hace años.

-¿En la guerra?

En la guerra yo he llegado a fumar hojas de roble

envueltas en papel de periódico.

Por no hablarte de los Ideales. ¿Los has probado?

-Los Ideales, no, son muy fuertes.

Tabaco de hombres, no te digo más.

Con un papel amarillo que...

Que era como pasarte papel de lija por los bronquios.

Hoy hemos dejado muchas cosas pendientes, Jaime.

-Sí, pero ahora no es el momento, ¿no crees?

Estoy de acuerdo; ahora toca cuidar a tu hermana.

-Y vigilar a esa mujer.

Sí, pero lo haremos como te he dicho, no te olvides.

-No me olvidaré, descuida.

No podemos enfrentarnos abiertamente a ella,

que no note que tenemos algo en su contra.

Aunque no te guste, tú disimula.

-De acuerdo.

-Ayúdame. -A ver, despacito.

-Ayúdame, Marce. -Sí, está to controlao.

Tú respira. -A ver, tráeme la maleta,

que me voy a cambiar de ropa. -Ya pasó.

-Venga, Marce. La canastilla y la maleta. Todo.

Uf...

-Ay...

-No se te habrá olvidao, ¿no?

Manuela, ¿cómo se me va a olvidar? Si llevo tres semanas preparando

la maleta y la canastilla. -Llama a mi prima Felisa

que la traiga. -Que no se me ha olvidao.

-¿Dónde está? -¡Tengo la imagen en la cabeza!

¡No me pongas nervioso! Estaba en el bar

y Gervasio... Yo, con la maleta preparada y la canastilla

justo encima de la maleta, así. Gervasio: "Cóbrame". "Te cobro".

Aceitunas, vino, me debía dos chatitos y luego...

Se me ha olvidao. -¡Marce, corre, corre!

¡Corre a llamar a Felisa, que esto no espera!

(AMBOS) ¡Coño! -¡Marcelino lechuguino!

-Felisa... -El susto que me ha dao, hombre.

-Es que precisamente buscaba... -Esto, ¿verdad?

-Menos mal, Felisa, menos mal. -Desde luego, para una cosa

que te encargan, hijo, y eres incapaz de hacerla.

-Es por los nervios y por estar pendiente de todo.

-Anda, vete al pasillo. -Sí, tira, Marce.

¡Tira a tomarte un café, por favor! -Vete al pasillo, Marcelino.

-Digo yo que... -Hombre...

-A ver.. ¡Un momentito!

Golpea la puerta. -Felisa, menos mal, gracias.

Anda...

Bibiana no debe darse cuenta de nuestras verdaderas intenciones.

Esa mujer es muy lista. Puede poner en nuestra contra

a tu madre, dividir a la familia.

-No entiendo cómo puede tenerle tan sorbido el seso a mamá.

Por eso no te preocupes. Es cuestión de tiempo.

Matías ya está investigándola.

-¿Y de qué va a acusarla? Papá, visto desde fuera,

simplemente es una persona que intenta ayudar

de manera altruista. Eso es una patraña, Jaime.

Esa mujer es una embaucadora. Si estamos atentos

veremos de qué pie cojea y podremos arrancarle de una vez

esa máscara que lleva puesta. -¿Y cuánto tiempo crees

que la mantendrá puesta? Porque lleva unos días en casa

y cada vez tiene más poder sobre mamá, Almudena

y la misma Marina, papá. Lo sé, Jaime.

Paciencia y disimular.

De mí desconfía, está claro. Y me vigila.

Por eso es importante que tú tengas los ojos

bien abiertos y que estés atento a todo lo que hace.

Que me cuentes sus idas y sus venidas.

Y también es importante que siempre estemos uno de los dos en la casa

mientras esté allí Bibiana. -Descuida.

Me inventaré alguna excusa para pasar más tiempo en casa.

Tareas de la facultad, exámenes, lo que sea, papá.

De acuerdo. Y una cosa más, Jaime.

No la infravalores.

No sabemos con quién nos estamos jugando los cuartos.

Si ha conseguido engatusar a tu madre esa mujer es muy hábil.

Ya sé que esos ritos con los que aparece

pueden parecer supersticiones para viejas, pero...

-A veces consigue darle un toque de autenticidad

que a uno le hace dudar. Exacto. No sé cómo lo hace,

pero maneja la situación de manera que hace perder el sentido común.

No sabemos cómo, pero funciona.

No caigamos nosotros en eso.

-A mí no me engaña, papá, haga lo que haga.

Tenemos que mantenernos unidos y sacar a Almudena de ese pozo

en el que está metida. Y a mamá también.

Gracias, hijo. -¿Por qué?

Por saber aparcar nuestras diferencias.

Hay que joderse...

Se da uno la vuelta y el niño ya está hecho un hombre

hecho y derecho.

-Ay... -Mamá, ¿qué haces?

-Perdona, cariño, nada... ¿Te he asustado?

-¿Por qué me miras así? -Si no te miro de ninguna manera.

Sólo quería saber si seguías durmiendo

y se ve que te he despertado. ¿Has tenido pesadillas?

-No lo sé.

No sé, creo que sí. ¿Estaba dormida?

-Bueno, eso he creído yo.

-No sé si he dormido o no. -Seguramente sí.

Cuando uno no sabe si ha dormido o no, es que ha dormido.

-Tendrás razón, pero...

Me siento agotada, estoy muy cansada.

-Eso es porque tienes el estómago vacío, cariño.

Deberías comer algo.

-Espera, sí...

Sí, sí he dormido.

Sí, sí he dormido y he soñado unas cosas muy raras.

¿Por qué tendré esas pesadillas, mamá? Son muy desagradables.

-¿Qué... qué has soñado?

-No estoy segura, me asusta mucho.

-Déjame ver si tienes fiebre.

No, parece que no.

¿Tienes frío? -No.

-Cuéntame esos sueños. Anda.

-Son...

Son distintos a los que tenía cuando me daban esas fiebres.

-Ajá. -Son distintos a todo.

Con figuras muy extrañas, no sé muy bien cómo explicarlo.

-¡Marce, que no se puede entrar! -Déjame mirar.

-Han dicho que no. -Es mi mujer.

-Bien, esto ya está. -¿Bien?

-Sí, sí, la tensión está muy bien.

Y cuando dilates diez centímetros te llevaremos al paritorio.

De las contracciones ya no hace falta que te diga nada.

-Tengo experiencia. Pero ¿está todo bien de verdad?

-¿Tú ves que algo vaya mal?

¿Entonces? Además, sor Clara va a estar muy pendiente de ti,

-No te preocupes, todo irá bien. -Gracias.

-Que me dejes pasar. -Que no, Marce.

Que el médico la está reconociendo. -Bueno, pues entonces no entraré.

Pero porque lo dice el médico, no porque lo digas tú, Felisita.

-Mira que eres lechuguino. -No me llames lechuguino, ¿eh?

-Diles a estos dos que armen un poquito de menos escándalo.

Te aseguro que estos están peor que tú.

-Ya. -Que viene, que viene, que viene.

¿Ves?

-Doctor... -¿Hum?

-Eh... Yo ya sé que a las añosas se nos puede complicar todo

y... y, bueno, acuérdese de mi madre.

-No me tengo que acordar de nadie.

Yo te aseguro que esa criatura va a venir al mundo sana y fuerte.

No tienes por qué preocuparte de nada, de verdad.

-Bien. Bien, me quedo tranquila. -Bueno, yo voy a hablar

con estos, a ver si consigo calmarles un poco.

-Huy, a estos no les va a calmar usted ni nadie.

Llevan a la gresca desde que se conocieron.

Y además ahora Marce dice que quiere estar presente

cuando nazca el niño. -¿Presente? ¿En el paritorio?

-Ajá. -Pero, bueno. En casa, bien está,

pero ¿en una clínica? ¿Dónde se ha visto eso?

Entrará el personal médico que tenga que entrar y punto.

Voy a hablar con ellos para que se tranquilicen,

te dejen tranquila y no te metan cosas raras en la cabeza.

-Quiero que estés tranquila. Si hace falta

lo escribo en una receta. -No, no, estoy bien. ¡Ay!

Ah, ah...

Ah, oh... -Respira.

-¿Usted también? (RESOPLA)

-Había muchos círculos y... y los círculos

cada vez eran más grandes y yo me metía dentro de un culo.

-¿Dentro de un culo? -Y era como un túnel.

Sí. Y yo no me movía y el túnel venía hacia mí, pero...

Muchos colores, colores que no existen.

Ando muy mal. -No, no, no, cariño.

Es que los sueños a veces son así, no tienen...

Y llegaba al final del túnel y había más gente conmigo.

Pero...

Pero estaban...

-Sigue...

-Es que no quiero que te enfades.

-Pero ¿cómo me voy a enfadar, Almudena.

Tú no tienes la culpa de tener sueños extraños.

-Estaban...

Estaban desnudos.

Y eran medio hombres, medio mujeres.

-Vaya.

Bueno, no te tienes por qué preocupar, cielo.

Acuérdate que cuando tenías aquellas fiebres

también tenías pesadillas. Creo que lo mejor

es que no pensemos demasiado en ello.

-Ojalá pudiera dormir sin soñar nada.

-¿Qué te parece si le digo a Marina que te prepare algo de comer?

Te vendrá muy bien. Y lo mejor será que salgas

de la cama. No te conviene estar todo el día tumbada.

-Sí, mamá.

-Además, el doctor, el tocólogo Caro Zamora,

es un excelente médico. Es compañero mío de la facultad.

Y entre nosotros te diré que fue el que me consiguió

la plaza en esta clínica. Sabe que eres una paciente

especial y te va a tratar como a una reina.

-Muchísimas gracias por conseguirnos un sitio

tan buenón. -Es normal. Entre médicos

nos hacemos este tipo de favores. -Bien.

-Bueno, yo me marcho. -Doctor, una cosita.

Eh... Si algo se torciera... -Ya estamos otra vez.

-No, si estoy tranquila, pero... pero si algo se torciera,

¿usted le puede decir a mi Marce y a las niñas

que las quiero muchísimo y que sin ellos

no hubiera sido tan feliz en mi vida y...?

-Yo se lo digo... -Que gracias

y que mi último pensamiento fue para ellos y...

-Sé que en este estado es normal que te emociones.

Pero basta ya, basta ya de decir bobadas.

Sor clara se irá pasando para ver cómo vas dilatando.

Y te aseguro que antes de que te des cuenta

estarás en tu casa disfrutando de tu criatura.

-Gracias.

(SUSPIRA)

-Los sueños no pueden hacerte daño, Almudena.

Al contrario, son una fuente de sabiduría sobre ti misma.

Te ayudan a conocerte mejor. -Ya, pero ¿qué tengo yo que ver

con esas cosas que sueño? Es que me dan miedo.

Me ponen los pelos de punta. -Precisamente.

Gracias a los sueños puedes enfrentarte a miedos

a los que no serías capaz de enfrentarte de una manera

consciente. -Sí, pero son cosas indecentes,

Bibiana. No sé, a mí me preocupa que la niña tenga sueños así.

Las imágenes en los sueños son muchas veces

símbolo de otra cosa. Por ejemplo, verse a uno mismo

desnudo significa indefensión.

-Sí, si eso puede tener cierto sentido, pero...

En su sueño no era ella la que estaba desnuda.

Eran otros. -Lo sé, lo sé.

Habrá que tomarlo como una señal de atención.

-¿Tú crees que tiene algo que ver con los ángeles negros?

-Pues no lo sé. Me preocupa eso de que fueran mitad hombre

y mitad mujer, seres contranatura.

Podría querer decir que...

Que el Maligno quiere materializarse

de nuevo en ti. -Ay, santo Dios...

-Me alegro muchísimo de haber colocado esos amuletos

para protegerte. No debes quitarlos de su sitio

bajo ningún concepto.

-No, no te preocupes. -Y le he pedido a mi mayordomo

que traiga tres amuletos tibetanos que tengo en casa.

Dispuestos en forma de triángulo generan enorme energía positiva.

-¿Y eso hará que se me pasen esas pesadillas?

-Esperemos que sí. A muchas personas

les ha funcionado. Claro que muchas otras

se burlarían de mis métodos para curarte.

Como también se burlarían de la interpretación de los sueños.

-Por Dios, no puedo entender cómo hay personas

que puedan burlarse de algo así. -Hombres, sobre todo.

Ellos piensan que cualquier cosa que no se pueda explicar

de una forma racional no merece su atención.

En cambio, las mujeres somos mucho más receptivas

a esas verdades. -¿Y por qué nosotras

somos más receptivas? -No sé.

Quizá porque somos capaces de dar vida con nuestros cuerpos.

Y porque sabemos que no todo puede explicarlo la ciencia.

El vínculo entre una madre y una hija, por ejemplo.

-Pero ¿qué haces aquí?

-He venido a verte. -Benita, esto no puede ser.

¿Y si se presenta Adelina?

-Tranquilo, que no se va a presentar.

-Benita...

No es así. Mira, no quiero que nos metamos en más líos.

Podemos estropearlo todo. No quiero que sospeche nada.

No va a sospechar porque tengo excusa.

Le he dicho que iba a la lechería.

Ya sabe ella que a veces se tarda. -Bueno, ¿y qué excusa tendrás

si ella entra y te ve aquí? (SUSPIRA)

-Lo tengo todo pensado, Joachim. -No, la que tiene todo bien pensado

es tu hermana. Y tú como te empeñas a tomarla por tonta...

Y de tonta no tiene nada. -Tampoco es muy lista.

-Pero lo suficiente lista como para pillarnos a los dos

en la cama. -No, eso fue mala suerte.

-Eso es lo que digo yo. ¿Y si otra vez tenemos mala suerte?

-No será hoy. Y podías estar más cariñoso conmigo.

-Sí, mujer.

Claro.

(SUSPIRA)

Claro.

Estoy contento de que has venido a verme.

Lo que pasa es que estoy preocupado

para que no nos metamos en más líos.

Muy pronto podremos olvidarnos de ella, Joachim.

Nos vamos a escapar. Tú y yo.

Solos para siempre.

-¿No lo estás deseando? -¿Y tú qué crees?

Tengo ganas de salir de este cuchitril.

Y... desaparecer

de su vista. -Chis.

Nos queda muy poquito.

Cuatro o cinco días, nada más. -Hum.

-Como mucho. Y nos largamos. (SUSPIRA)

-Sí, Benita...

Pero tengo miedo.

-¿De qué?

¿Te estás echando atrás, Joachim? -No, Benita, por nada del mundo.

-Mira que yo todo esto lo hago por ti, Joachim.

Que yo sola no me quiero ir, ¿eh? -¿Cómo se te ocurre pensar así?

Claro que no me voy a echar atrás. -Espero que sea verdad.

Porque me ha costado lo mío vender esas tierras.

Ahora lo que tenemos que hacer es movernos con rapidez,

no sea que mi hermana lo averigüe todo

y sepa lo que he cobrado en realidad por la venta.

-Eso es lo que me preocupa, que lo descubra antes.

En fin, no quiero aburriros con mis discursos.

Pero tenéis que tener en cuenta que habrá mucha gente

que se burle de mis métodos para curarte,

que diga que son supersticiones, patrañas...

Tendréis que tener mucha fuerza para mantener la fe.

-No es necesario

tener tanta fe. Para todos es evidente

que desde que estás aquí Almudena está mejorando mucho.

Aunque también sea cierto que últimamente ha decaído un poco.

-Bueno, pero eso es sólo por la noche.

-Sí. -Cuando sale el sol, de día,

me encuentro mucho mejor. De hecho, he estado pensando

en lo que me dijo Jaime de dar un paseo.

Uno cortito. Es que tengo tantas ganas.

-Bueno, si a Bibiana le parece adecuado,

a mí me parece que un poco de ejercicio le podría sentar bien.

-No estoy segura de que sea el mejor momento.

-Pero ¿por qué? Si me encuentro mucho mejor.

Y aquí me ahogo. -Bueno, cariño, no exageres.

Escucha a Bibiana. -Si en los próximos días

sigues mejorando, entonces podrás salir.

Pero es que ahora no me parece prudente.

-¿Por qué, Bibiana? -Porque esos sueños me preocupan.

Puede que haya un círculo de oscuridad a su alrededor y...

Creo que es mejor que se mantenga dentro de la esfera

de protección que hemos creado para ella aquí.

En esta casa está mucho más segura.

Cuando esos sueños desaparezcan podrás salir

todo el tiempo que quieras.

-Hum...

-Yo dudo mucho que se ponga a hacer investigaciones

por su cuenta. Mi hermana está encantada

pensando que me ha salido el tiro por la culata

y que vuelvo a depender de ella para el resto de mis días.

No tiene motivos para sospechar. -Eso es lo que creemos nosotros.

Pero...

¿Y si estuvieras en su lugar? ¿Qué harías?

-No te entiendo.

-Bueno, imagínate que Adelina

ya ha descubierto que tienes más dinero.

¿Qué haría? -No lo ha descubierto.

Se lo habría notado yo.

-Sí, pero, bueno, imagínate que ella ya sabe que has ganada

mucho más dinero y que lo tienes escondido por ahí.

¿Qué haría? -Pedirme un buen pellizco.

Exigírmelo, más bien. Bueno, lo querría guardar

todo ella. -No, no, Benita.

Tú crees que conoces muy bien a tu hermana.

Y en realidad es mucho más retorcida

de lo que creemos nosotros.

¿Sabes lo que haría ella? Disimular, fingir que no sabe nada

y ponerse a buscar como loca.

-Que lo busque. No lo va a encontrar.

-Hum... Eso es lo que crees tú.

Eh... No has dicho a nadie dónde has escondido el dinero, ¿no?

Nadie lo sabe.

Y si ella lo descubre,

podrá quedarse con todo tranquilamente.

Va a ser muy difícil demostrar de que lo ha robado.

¿Entiendes?

-Sí. Sí, tienes razón.

Es lo que haría ella.

Pero, bueno, es que ni siquiera lo ha averiguado.

Mi hermana no disimula muy bien. Yo la vería venir.

Mira, aunque no la vea venir, ese dinero está perfectamente

escondido. Es imposible que lo encuentre nadie jamás.

(RÍE) -Más vale que sea así

para nosotros dos.

-La perra que te ha dado

con meterte en el parto, hombre. ¿Dónde se ha visto eso?

-¿Dónde se ha visto? Te lo digo yo.

En los libros, que lo he leído. En muchos países de Europa

se hacen las mismas cosas. -Sí y en la India

no ordeñan a las vacas.

Bueno, ¿qué? ¿Qué has averiguado? -Nada.

He estado por los bares que frecuenta y... nada.

-Pero ¿dónde se habrá metido ese imbécil?

-No te preocupes, en cualquier momento

aparece por la puerta de la pensión.

-Ya, como si no lo conociera. Maldito cobarde...

-Que es mi mujer. ¿Eres el perro del hortelano?

-No, pero he tenido cuatro hijos. Y sé muy bien lo que me digo.

Y he visto a más de uno caerse redondo al suelo

na más que ha visto dos gotas de sangre.

-Donde nos vayamos.

Nos podríamos llevar algo de valor.

-Pero ¿tú estás loca? ¿Quieres que nos denuncie?

-¿Que nos denuncie? Qué ingenuo eres...

-Yo siempre tengo mucho cuidado.

Menos en elegir a mis colaboradores.

-Toma.

-Te prometo que ese dinero está a buen recaudo.

No hay un sitio mejor. -Pues sí, creo que hay

un sitio mejor: aquí.

-¿Aquí, en el despacho de mi hermana?

Pero si ella se conoce esto como la palma de su mano.

¿Y cómo sabes que algún día no te mete algo en la comida

para que tú te duermas y ella pueda buscar tranquilamente?

-Estás delirando, Joachim. -No, no, no, no, no.

Y aunque me fastidie te lo tengo que agradecer.

Pero eso no te convierte en comadrona.

-Mira... que decida Manolita. -Eso, pichón...

-Anda. -¿Dónde estás, pichón?

¿Se la han llevao? -Ha volao.

-¡Se la han llevao por tu culpa! -¡Por tu culpa ha sido!

¡Se habrá ido a parir! -¡Manuela!

Según la dosis que le suministres

te podrías a la cría al otro barrio, Bibiana.

-Tranquilo, me juego más en esto que tú.

-Oye, por lo menos procura que la tisana enmascare su sabor.

-Adiós, Robledo.

-No hay nadie.

Amar en tiempos revueltos - T6 - Capítulo 140

21 mar 2011

 Eulalia da dinero en secreto a Matías para que pague a Adelina. Irene tiene mala conciencia con Asunción y decide no volver a verse con Jaime. Don Santos se muestra cada vez más obsequioso con Chelo, que empieza a sentirse agobiada. Steven propone a los del Asturiano que le ayuden a preparar un reportaje para una revista americana sobre la cocina tradicional madrileña. Bibiana, deseosa de consolidar su poder sobre Eulalia, exagera la dosis de estramonio que le ha suministrado a Almudena y la muchacha sufre intensas convulsiones y desvaríos hasta llegar a un estado de inconsciencia.

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  1. Naticris

    Fede actúa con mucha naturalidad el papel como estudiante. Es encantador y muy profesional. Saludos

    11 jul 2011
  2. Vishcri

    No puedo contener mi indignación con Ubaldo, casi le vuelo a la pantalla para ahorcarlo. Está desesperado buscándole pareja a su amiga la insufrible de Irene. Qué escena más odiosa. El resto de los personajes son muy majos y les sobra profesionalismo.

    20 may 2011
  3. Pasaba por ahi

    Por fin Pelayo se da cuenta de lo insoportable que está Manolita, que no Itziar Miranda, que sin duda interpreta lo que le piden, que ya sabemos que es capaz de tener mucho mejor caracter y muchos mejores argumentos. En cuanto a Jaime, como se descuide tendrá que leer los libros a 20 metros de lo que le va a crecer la nariz !!! Muy buena la escena de Asun y Felisa ... Felisa tiene muy buenos momentos !! Muy buena tambien la escena Andrés-Jaime aunque repetitiva, la mejor la última cuando Andrés se da cuenta de que su hijo ya ha crecido (al menos a sus ojos). El montaje ha estado muy descuidado este capitulo (repeticion entrega del sobre para Adelina) y las dichas escenas de Andrés y Jaime.

    27 mar 2011
  4. Mayte Pacheco Galvan

    Primero con la hora....... Sean puntuales y como mínimo hagan una hora completa, por favor. Tanta tragedia en un capítulo, me parece exagerado... (¿por qué no la lleva al Hospital) vamos a desenmascarar a la estafadora esa,..... y que se responsabilice Eulalia con el dinero que le está dado. Es una inutiul: unas veces parece buena madre y otras es una esquizofrenia. Una vez le gusta su futura nuera y otras la critica, ¿en qué quedamos?. A quien se le octurre que Irene se acueste con Jaime para luego decirle que no le ama? ¿Eso gusta? que mal guión!!!!!! de verdad corregirlo porque se lo merecen los actores. Me gustan todos, trabajan muy bien y es una pena que se pierda una serie como ésta,. Hay que corregir algunas cosas importantes el año 1955, que yo tenía 15 años no se vivia así en las porterías, no se vestía así la gente de la calle. Por favor-. POR FAVOR CORREGIRLA GRACIAS

    22 mar 2011
  5. Luis S

    Benita se ha quedado sin blanca ya, esta visto que Dios da mocos al que no tiene narices, Joachim se larga con la plata y el Indiana Jones se quedara con las fotos de souvenir, si en realidad es un "cazanazis" vale mas que se dedique a cazar mariposas. Algo que aun no sabemos es ¿de que conoce a Sole? Cuando llego a la Plaza de los Frutos pregunto por ella pero no sabemos si la siguió buscando, otro detalle que los guionistas nos han dejado para nuestra imaginación, seria interesante saber que motivo envuelve a Steven y Sole y porque en Alemania. Marcelino como siempre con sus lechuguinadas, para colmo de males, otra meona, pobre Marce, va a tener que ir a ver su atleti solito. Salud.

    22 mar 2011
  6. Diego Luna G.

    Estoy de acuerdo con Luis S. Esta Serie o {birria} esta hecha por personas distintas, por lo menos unas cuatro, cada uno va a su bola. solo miren, el criado"mayordomo" de Viviana se perdio hace un buen rato y todos sabemos por que, el Maestro se nos fue con San Pedro, y mira tu por donde, el criado de Salva Tierra lo siguio, miro que entro por el porton y no salio o salio por otra puerta, A manuela por poco se le cae la tripa tan falsa como un duro de siete pesetas, cuando baila con Marcelino, se quita la bata y muestra sus axilas limpias como la patena. La mente de estos {seudo} guionistas estan tan retorcidas que han manejado, proxenetismo, homosexualismo, pedofilia, simonia, espiritualismo, sin exito claro. Nada que ver con la idea original, la hizquierda, la derecha y la ultra derecha amores imposibles, etc. Esas escenas de los autos cruzando las calles grand via y alcala son de los 30's y 40's ya estamos en los 50"s, por favor. cuiden detalles, eso el publico lo aprecia mucho. Si siguen asi sera cansina y el publico se ira a otros canales. salut

    22 mar 2011
  7. agos

    Que alguien me ayudeeeeeee........no puedo ver nada...

    22 mar 2011
  8. Luis S

    Capitulo bastante vacío aparte de el presunto embarazo de Chelo, se sabia que el engaño con el viejo baboso empresario traería malas noticias, mucho jabón después con la familia regalando complicidad, 15 años para una joven irse a ganar la vida en esa industria, no muchos padres y madres la dejarían aventurarse, haber que dice el abuelo Basilio que tanto se fiaba de su sabiduría y belleza. El maduro embarazo, que coñazo mas grande, una señora que ya ha parido 4 veces, ataques de angustia y nervios a montones, demasiado sobreactuado no solo por Manolita, Marcelino y Felisa discutiendo y peleándose a la puerta de la sala, que ni siquiera el medico podía escuchar lo que le decía la parturienta, al pobre Marce no lo han podido apanfilar mas si lo intentan, y Felisa mas o menos igual con el rollo de Lechuguino. Ay Bibiana Bibiana, no has podido encontrar victimas mas fáciles, parece increíble que Salvatierra no ha sido capaz aun de desenmascararla, (pronto encontró a su hijo, ¿porque no con ella?) Pues como no se de prisa, Almudena va a palmarla y pronto, esa bruja no tiene escrúpulos y no le importa que la pobre chica termine en un psiquiátrico, Benita juega con fuego ahora, entre dos sillas y mal sentada, como no tenga un plan bien pensado, o Joachim se adueña de la plata o Adelina, me temo que se va a quedar sin pluma y cacareando. No se pierde mucho ahí, los tres merecen castigo. Salud.

    22 mar 2011