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No recomendado para menores de 7 años
Transcripción completa

Parece que se lo voy a tener que agradecer a tu...

Sólo lo haré si la dejas a ella al margen.

No voy a esperar ni un minuto más, ¿está claro?

Andrés es un hombre duro pero también es padre

y su hija está muy enferma.

Ya sé por dónde vas.

El señor Steven ha venido a visitarnos.

Ya veo.

Estábamos hablando del Madrid de la guerra.

Ya no les molesto más.

Estoy empezando a pensar que no quieres encontrar a Celso.

Que me quieres a mí para que te proporcione el estramonio.

Las dos cosas.

En serio, estoy preocupada por Celso.

Bueno, ¿qué? ¿Cuento contigo para lo del estramonio?

Cuenta conmigo.

Total, que acabamos bebiendo más de la cuenta, y yo en especial.

Y fui a dormir a casa de ese chico, el de Onteniente.

Por favor, Jaime.

Pero Jaime no es así, Chelo.

O por lo menos no lo era.

A saber si se ha ido con otra. -Pero ¿qué dices, Chelo?

Aunque es cierto que estoy mejor desde que Bibiana

vive con nosotros, os necesito a vosotros.

A ti, cariño, te necesito mucho.

Yo voy a estar a tu lado, mamá.

¿Se puede saber qué te pasa?, cada vez que aparece el americano

te quedas mudo y más seco que un palo.

No me gusta.

¿Y por qué no te gusta? ¿Qué te ha hecho a ti?

Parece que tu madre se ha tragado la excusa,

aunque no es difícil engañarla.

Es lo que querías, ¿no?

¿Y le ha preguntado por mí? Voy a verlo.

No, porque ya ha subido y venían muy serios.

No sé como si hubieran discutido.

No creo que sea el momento para hablar con él.

Despertar...

...abrazada a la ironía...

...de ocultar...

...la razón de cada día...

...para amar...

...en tiempos revueltos.

Asumir...

...la alegría y el lamento...

...y descubrir...

...sorprendida mi tormento...

...y mi dolor...

...con tu amor envuelto.

No es sencillo...

...avanzar olvidando lo vivido...

...cuando tanto se ha dado por perdido...

...y el camino es volver a comenzar.

Le canto al viento...

...por todo el que venció su desaliento.

Le canto al mar...

...por todo aquel que tuvo que olvidar...

...para empezar.

¡No, por favor!

¡Yo soy buena!

¡No me hagas daño!

¡Suéltame!

¡Suéltame, me haces daño!

¡Suéltame!

-No pasa nada, es un sueño.

No pasa nada. -¡No me castigues!

¡No me castigues, yo no soy un ángel caído!

-Pues claro que no eres un ángel caído.

¡Cálmate!

Estoy contigo.

Todo esto son cosas de Bibiana.

Todo esto tiene que acabarse.

¿Me oyes?

¿Verdad, Almudena?

Mañana mismo salimos a la calle a pasear, a que te dé el aire.

-A Bibiana no le va a gustar.

No me monten la de ayer, menuda la que se armó.

-Se nos puso los nervios de tirabuzón

cuando las contracciones.

-Las no, dos contracciones.

Como ni usted y su hijo me quisieron oír.

A veces pienso que tenía yo razón,

me tendría que dejar de clínicas y de zarangazas.

Con lo fácil y lo cómodo que es parir en tu casa, en tu cama.

Tenemos que ir tan lejos

que al final son complicaciones. -Hija,

no te preocupes porque no va a volver a pasar.

-Dígaselo a su hijo, es un manojo de nervios.

-Lo que pasa es que no nos podemos trasladar por Madrid.

-¡Ah, claro! Pues nos compramos un coche.

¿Nos hemos vuelto locos todos?

Primero Marcelino con que quiere que nos compremos una casa con terraza.

Que de a luz en una clínica

porque soy mayor y ahora usted, con lo del coche.

-Si tenemos que salir a buscar un taxi nos vamos a poner nerviosos.

Vendrán los nervios,

No controlamos los tiempos

de las parturientas. -Pues ya podríamos haber aprendido.

-Hija, una cosa es la experiencia propia y otra la ajena.

-Si es que... Qué injusta es la vida.

Los hombres dominando el mundo,

pero no saben nada de cómo nacen los hijos.

-En el primer acto somos artistas,

en los demás renqueamos un poquito.

-Qué gracioso es usted, de verdad.

Venga, tenemos que abrir el bar.

¿Dónde está su hijo? ¡Marce!

-Vamos que nos vamos yendo.

-¿Adónde vas con la maleta?

-Es la maleta de la clínica.

-¿Qué vas a hacer con ella?

-Llevármela al Asturiano. Hombre precavido

vale por dos. A veces, por tres.

Marcelino quieres salir,

en cualquier momento nos pilla el toro.

-Ayer porque no me oísteis, pero los niños no nacen sin avisar.

-Hay de todo en la casa del Señor. Marcelino puede ser tímido,

es mejor estar preparado.

-Venga, vamos para el bar.

-Es mejor que sea niña, contigo ya tenemos bastante.

-A ver, suegro, su abrigo.

Espera, abro. -Abre.

-Venga. -Vamos.

-Tire de la puerta.

¿Cómo ha pasado la niña la noche? Agitada.

Bastante agitada.

-Debió ser las pesadillas, la oí desde mi cuarto.

-Sí.

Te oí levantarte.

Creo que ahora Almudena no necesita nuestra atención.

Ahora que Bibiana no está. Vaya.

Justo ahora cuando más la necesitamos.

No te burles. No lo hago.

Tendríamos que darles las gracias.

Deja a muchos de sus pacientes de lado.

Llamemos a don Gonzalo.

Que la vea y que nos diga qué tenemos que hacer.

¿A don Gonzalo?

¿Para qué? Para que la vea un médico.

Un médico con experiencia clínica, un médico serio.

Escúchame, Andrés,

lo que pasó anoche es terrible,

pero tenemos que reconocer que la niña está tranquila.

Someterla a la presión de los médicos puede ser contraproducente.

Yo me quedaría más tranquilo, Eulalia.

Pues yo no.

Gonzalo nos hizo perder mucho tiempo

cuando la niña enfermó. Que sea otro.

Basta ya de curanderas como Bibiana.

No hables así de ella.

La niña no está así por su culpa,

si no por le afectó mucho lo de Juan Carlos.

No sé.

El problema de Almudena no es del cuerpo,

si no de la mente. Don Gonzalo no podrá ayudarla.

-Mamá, en cierto modo creo que tiene razón papá.

Si el problema es psicológico

no creo que sea bueno vivir encerrada con esa parafernalia

que le pone Bibiana.

Anoche entré en su cuarto y vi... -¿Qué viste?

¿El qué? -Cosas, mamá, cosas.

El eucalipto,

las cruces que tiene puestas.

Sería mejor que saliera a la calle,

que volviese al colegio. Estoy de acuerdo.

Almudena necesita salir, ver a la gente.

¡Vida!

Árboles, pájaros... Y no ese eucalipto seco.

¿Tengo que recordaros

que gracias a Bibiana salió a la calle?

Desde que ella está con nosotros la niña está mucho mejor.

Almudena está encantada de tenerla cerca.

Una cosa no tiene que ser incompatible con la otra.

No estaría mal que saliese a dar un paseo, lo pensaré.

Pedrito, levántate de una vez.

Vas a llegar tarde al colegio.

No te olvides del cuaderno como ayer.

Hay que ver tu hermano, tal listo y tan despistado.

-Como los sabios. -¿Qué haces?

-Planchándome esto.

-Yo te lo plancho, vete a asear.

-Ya estoy terminando, voy a recoger ya.

-No retires la plancha, tengo que planchar las sabanas.

Qué mal acostumbrado lo tengo. Hay que lavárselas todas las semanas.

-Al menos la cama es pequeña. -Si me dijera tu padre

le diría que nanaí.

¿Has hablado con Jaime?

-No. Aún no ha bajado,

tampoco ha tenido tiempo.

A lo mejor su padre no le dejado salir.

-Bueno, bajará dentro de un rato y te lo explica.

-¿A ver?

¿Y qué sabe de la tía Manolita?

Manolito me dijo que el niño se arrepintió.

Qué gracia me hace la manera que tiene de ver las cosas.

¿Al final se puso de parto?

-No. Lo que pasa es que tuvo unos dolores

y pensaron que eran las contracciones.

Marcelino y Pelayo se pusieron nerviosos y querían ingresarla.

La semana que viene hay Luna Llena

no vamos a verle la cara.

-¿Qué tiene que ver la Luna?

-Cuando hay Luna Llena hay más nacimientos.

En el pueblo cuando había Luna Llena no daban a basto.

-¿La tía se encuentra bien? -Sí.

-¿Qué le pasa? -Pues nada,

creyeron que estaba de parto. -¿Es normal?

-Si el niño está hecho hace amagos de empujar, pero si no está colocado

la madre no empieza a dilatar.

Y cuando empieza,

es porque está de parto.

-Ya.

¡Ay qué ver!

Quién me iba a decir que cuando conocí a Steve

en el café del Cervantes

que mi academia iba a estar en boca de todos los americanos.

Parece un sueño.

Cuando reciba las revistas se las voy a restregar

a todos los que me trataron como una bebediza cuando monté la academia.

Solamente, Pepita Cachero fue la única que me trató como a una señora

y como Dios manda.

¿No era una engreída?

¡No! Es una bailarina excepcional.

Los grandes no son envidiosos.

Los mediocres tienen más miedo que vergüenza.

Son unos muertos de hambre.

Y gracias a Estebe

les voy a enseñar lo que es ser famosa.

Creo que cuanto más lejos estemos de las personas como Steve mejor.

Ya estamos.

Es un hombre que se pasa la vida husmeando

en la vida de los demás.

No creo que traiga buenas intenciones.

¿Qué husmeando ni que husmeando?

Es periodista y hace reportajes.

Mira a quién tenemos por aquí.

¿Qué tal?

Bastante cansada del viaje. Ya sabes los coches de viajeros

que paran en los pueblos.

Se me ha hecho una eternidad.

Tampoco es tan tarde, ¿no?

Yo he madrugado.

-Bienvenida.

Bueno, ¿qué?

Y entonces, ¿el viaje no ha sido tan fructífero como esperabas?

Pues...

Vendí la finca por dos perras gordas. Mal negocio.

¿Por qué no te has esperado? Fíjate,

tú que pensabas irte y poner una pica en Flandes,

que ibas a volver rica y que cambiarías tu vida

y has vuelto tan pobre como antes.

Qué vamos a hacer, he tenido que vender por debajo de su precio.

Las lluvias no ayudan a las cosechas

la gente está a verlas venir.

Por muy grande que fuera la finca, que realmente lo era,

no le interesaba a nadie.

¿Ni para recoger cardo?

Millán dice que sacan para consumo propio,

pero vamos, ya no venden como antes.

Chica, qué lástima.

Sí, la gente está asustadilla.

Hambre hambre no pasan,

porque el que no tiene una gallina tiene oveja,

pero es para mantenerse.

¿Los partos son tan largos como el Pedrito?

De ese me acuerdo. -Y yo.

Venía de pie y era peligroso.

-Se dio la vuelta

gracias a Dios.

Todos los partos no son iguales, el tuyo duró más que un día sin pan.

-Es que mi hermanita no quería salir.

-Pesaba cuatro kilos.

-Se te ha repartido muy bien.

Era muy bonita cuando nació, aún lo es.

-¿Y yo?

Siempre has sido un rabo de lagartija.

Además, pesaste menos. Tres kilos...

Podría decir que casi te saliste.

No me dio ni tiempo de llegar al portal.

Qué susto se llevó tu padre cuando llegó

y me vio pariendo en el portal.

Ríen

-¿No te acuerdas de eso?

-Lo que siempre dice madre,

yo creía que eras una muñequita.

Como no me dejaban,

me fui de casa... -¡Qué susto!

¡Qué susto!

¡Qué historias! ¿Y Miguel?

Miguel como tú, Chelo, visto y no visto.

Y todos en casa.

Toda la vida de Dios hemos parido, las mujeres, en casa.

Yo no entiendo lo del hospital.

-Yo no creo que es una moda, madre, es más bien un avance.

¿Por qué arriesgarnos a tenerlos en casa?

En la clínica es mejor. -Pienso igual.

Para qué llevarnos sustos.

Y si Pedrito no se hubiera dado la vuelta.

-Ya decidiréis.

-Yo quiero tener dos. -¿Dos?

-La pareja.

Y tener los medios para que vaya a la universidad.

-Una nieta mía en la universidad, no lo veré.

¡Ay!

-Yo me he quedado con las ganas, cumpliré mis sueños con mis hijos.

Me hubiera gustado estudiar.

-Pero si ya estás estudiando con Irene, ¿qué más quieres?

Nunca estamos conforme.

¿Viste a los tíos? Sí.

A Millán,

luego fui a la casa de la tía Angelines.

Estaba con la prima Rosario, está muy mayor.

Pero bueno, bien.

¿Preguntaron por mí? Sí.

Les di recuerdos tuyos.

Yo les quiero mucho, aunque no les vea.

Qué bien nos lo pasábamos en el pueblo.

Así que instancia en el pueblo ha durado poco.

Bueno, hasta que me diste permiso para volver.

No lo digas así.

Podías volver si no te salía bien el plan, pero ya sabes a que.

A hacer lo que hacías antes.

Es lo que mejor se me da.

Necesitarás ayuda con las maletas, ¿no?

-Yo puedo acompañarla. No.

La acompaño yo, así me cuenta más cosas.

Bueno, pues eso, Asun, lo que te decía.

Que ese sueño que tienes de tener hijos universitarios me parece bien,

te lo todo para ti. Yo no tendré hijos.

-Pero ¿qué dices, Chelo?

-Lo que oyes. Si los hijos son un lastre.

Te tienen ahí, atada para siempre.

-A mí eso me parece una barbaridad.

-No veo que sea tan raro.

Pregúntaselo a nuestros padres, nos quieren casados y con hijos.

-Yo pienso diferente, mi carrera es lo primero.

Si tuviera hijos no podría triunfar.

-Se pueden hacer las dos cosas,

labrarse una carrera y tener una familia.

-No sé.

El caso es que yo no tengo instinto maternal.

-Pues qué vida más vacía, Chelo.

-¿Por qué? Yo no creo que sea así.

Si de verdad te gusta trabajar

te puede llenar completamente.

-Ya.

-¿Por qué no dejas ya de ver si baja Jaime?

No te entiendo, de verdad.

¿Por qué no subes y preguntas por él? Para algo es tu novio.

-Mejor que no, si no ha bajado será por algo.

-¿Crees que está enfadado?

-No lo sé. Yo no le he dado motivos, pero estoy empezando a dudar.

Entiendo que su padre no le dejara salir anoche,

que no haya bajado hoy no tiene justificación.

-¿Lo ves? Si es que son todos unos egoístas y unos caraduras.

Por eso no quiero casarme ni tener hijos. Vamos, ni loca.

-Sí, son bastantes egoístas.

-Doctor. -Gracias.

-¿Así?

-Marcelino, hijo, qué cruz.

Tengo todo el Valle de los Caídos agarrados de la chepa.

-¿Qué he hecho?

-¿Por qué pones la maleta encima de la mesa?

-Debe estar a la vista, para salir corriendo.

-Van a venir todos los carpantas a jugar la partida.

-La cambio de sitio.

-Las contracciones no significa que el bebé esté a punto de venir,

puede haya más falsas alarmas. Puede salir el tapón mucoso,

puede romper aguas...

Cuando las contracciones sean cada dos minutos

entonces coge la maleta y sal corriendo.

-¡No te enteras Contreras! No habértela traído, es un estorbo.

Se tropieza cualquiera

y va de cruces contra el suelo.

-Pues me la llevo a la cocina.

-Si la cocina es más pequeña que el var.

Manuela se va a caer y vamos a tener un disgusto.

¿No querrás que se caiga?

-Eso sería peligroso. -¿Lo ves?

-Bueno, respire, usted. Me la llevo detrás de la barra

que ahí no molesta. Ahí Manolita nunca va.

Puerta

-Hola. -¿Cómo te encuentras hoy?

-Pues muy cansada, he dormido muy mal.

-Tuviste una pesadilla y yo entré a verte.

¿Te acuerdas de lo que te dije anoche?

-No. No me acuerdo de nada.

-¿Por qué no has desayunado con nosotros?

-Porque estoy muy enfadada con papá, no lo quiero ni ver.

-Almudena....

-Me ocultó que Juan Carlos había muerto.

Tuve que enterarme por una revista.

-¿Qué revista?

-No sé cómo se llamaba.

Era de crímenes, de asesinatos, algo muy desagradable.

-¿Por qué leíste eso?

-La trajo Marina con libros y otras revistas.

-¿Marina?

No me la imagino leyendo eso, de verdad.

-Los libros eran de Bibiana, había uno de San Agustín,

pero era aburridísimo.

-Pues qué mala pata, ¿no?

Si San Agustín te hubiera gustado, no te habrías pegado este susto.

-Pues no, Jaime,

pero bueno, por lo menos me he enterado.

En esta casa me tratáis como su fuera tonta.

Nadie me dice nada,

me tenéis al margen de todo.

-Almudena, es solo que no queremos que sufras innecesariamente.

-Los ocultamientos son mucho peores, Jaime.

Mucho.

-Puede que tengas razón y tanta protección no te venga bien.

-Parezco una niña de 10 años y no lo soy.

-Mira, ¿sabes lo que te digo?

Vístete.

-¿Cómo? -Sí.

Vamos a dar una vuelta.

-¿Qué dices?

-¿No te apetece?

-No puedo andar mucho.

-Para eso está tu hermano.

-¿Y me vas a coger en brazos?

-A tanto no llego, pero siempre podré levantar la mano

para llamar a un taxi.

A quién se le ocurre traer la maleta.

-Bueno, doctor, ¿cómo está Lucía?

¿Y el churumbel?

Menudo disparo, el primero certero.

-Es Guillermo Tell. Donde puso el ojo, puso la flecha.

A ver si tú también has acertado y nos traes un meón a casa.

-Estamos muy bien. La nueva consulta en la calle Princesa

está muy bien. Manolita la conoce. -Le gustó mucho.

Tenemos más espacio que la otra

y hay una mujer que ayuda a Lucía

en el hogar, ella trabaja conmigo.

-Está bien que su mujer le ayude en casa. Así queda todo entre los dos.

-Y además, así seguimos la tradición.

Mi madre ayudó a mi padre y ella a mí.

-Si doña Lourdes

levantara la cabeza y le viera tan feliz.

-La verdad es que sí. Es que mi... Qué chiquillo tan gracioso.

-Yo espero que Marcelino II sea muy apañado.

-O Marcelina. -Va a ser niño.

Que va a ser niño y punto. -Como tú digas.

-¿Qué te dije, Marcelino, que iba a pasar con la maleta?

Doctor, yo tengo una esperanza.

Que Marcelino II no salga tan mendrugo como él.

-¿Otro más?

-Pues ¿sabes qué?

Que sí, que me voy contigo.

Y así, por lo menos, me río un rato. -Muy bien.

-¿Adónde vas, cariño?

-A dar un paseo con Jaime.

-Hasta la plaza.

-No puede ser, cielo, no estás en condiciones de salir.

-Mamá, no le pasará nada.

Será tan solo una vuelta.

-¿Y si tiene otro ataque?

¿No lo entiendes?

No puede tener otra crisis en medio de la calle.

-Tienes que recuperarte antes de salir.

-Ayer no lo veías tan mal.

-Sí. Ya lo sé, pero...

Almudena,

Bibiana no lo aprobaría, estoy segura.

-¿Lo que diga va a misa?

-Jaime, déjalo.

Mamá tiene razón.

Es mejor que me quede.

-Claro que sí.

-Ven que te arrope.

A Chelo le ha sentado bien salir de casa.

Sí, está muy cambiada.

¿Estás bien, Asun?

Bueno,

triste y confundida.

Al fin Jaime anoche volvió.

En vez de venir a verme, ni siquiera ha bajado.

¿Tú lo has visto?

Eh... No.

A lo mejor sus padres se han enfadado y lo han castigado.

O está con su hermana, no sé.

Hola, Asun.

Hola. ¿Te estás mejor?

Sí, sí. Gracias.

¿Ocurre algo?

Jaime lleva muchos días fuera de casa.

Aún no sé dónde ha estado

ni qué le ha pasado.

Nosotros no sabemos nada.

Seguro que ahora baja a darte explicaciones.

Sí. Justo cuando me voy al taller.

Él sabe de sobra los horarios que tengo.

Estaba haciendo tiempo, como una tonta, a ver si venía.

De hecho, voy a llegar tarde y la encargada me va a regañar.

Y todo en vano.

Es que soy tonta.

No digas eso, tú no eres tonta.

Ya hablarás con él.

Sí. Supongo que en algún momento tendrá que dar la cara.

Para esa situación me espero lo peor.

Estoy muy agobiada y...

Bueno, gracias por escucharme. No os quiero entretener.

Que pases un buen día.

Adiós. Adiós.

Gracias.

¡Dios mío! Pero ¿qué he hecho, Ubaldo?

¿Qué he hecho? No. Tranquila.

Mamá, lo siento, pero no me puedo callar.

No le haces ningún bien.

-Baja la voz. Te va oír tu hermana.

-Ponte en su lugar. Cómo te sentirías si te tuvieran encerrada día y noche.

No sale de su habitación.

Almudena se está marchitando en su melancolía.

-¡No me digas cómo debo cuidarla!

No te puedes ni imaginar lo que supone a una madre ver a un hijo así.

No hay nada más horrible.

Es peor que la propia muerte.

-No te pongas así. Me lo puedo imaginar.

-Venga.

No me entiendes, Jaime.

Lo único que deseo en este mundo es ver que tu hermana salda adelante.

Si pudiera cambiarme por ella, lo haría una y mil veces. pero no puedo.

Yo me tengo que conformar

con hacer lo que es mejor. ¿lo entiendes?

-Te entiendo, sé que las personas

se pueden equivocar. Se pueden dejar influir...

-No digas eso.

No digas lo mismo que tu padre.

Bibiana nos está ayudando,

nos está ayudando mucho.

Pero, hijo,

¿tú crees que si yo pensase que estoy actuando mal lo haría?

-No.

Claro que no.

¿Dónde vas, Marina?

-A llevar la tisana a la señorita Almudena.

-¿Es lo que ha dispuesto la señora Bibiana?

-Sí. -Muy bien.

Ahora se la llevo yo.

¡Ay! Pues sí, hija, sí.

Yo haciendo ilusiones y al final he sacado una miseria.

Si no te las hubieras hecho, ese disgusto te hubieras ahorrado.

Encima parecía que me estaban haciendo un favor.

La gente del pueblo es así, ¿ya no te acuerdas?

Muy buenas personas todos, sí.

Pero muy cerrados de mollera y muy orgullosos.

Si ya lo sé, Adelina. Tú siempre tienes razón,

como siempre.

Lo hecho, hecho está. Y como no tiene remedio....

No te lo tomes así. Vale, has malvendido las tierras

y no has sacado mucho por ellas.

Pero son tuyas, Benita, y de nadie más.

Antes no tenías nada.

¿O no?

¿No te importa que no haya sacado suficiente para no volver?

Era lo que tú querías.

Si llevo soportándote todos estos años,

unos cuantos más tampoco va a ser tan grave.

Mientras no me la juegues como antes, todo irá bien.

A Joaquín déjalo tranquilito,

ese hombre está mal de la azotea.

Haz caso, soy tu hermana.

Ya he aprendido la lección.

Mientras cumplas con tus obligaciones, todo fenomenal.

Me voy a llevar las maletas a la habitación.

Y entonces, ¿qué? ¿La tía Angelines está bien?

Está estupenda,

por esa mujer no pasan los años.

Tiene el huerto de su casa precioso.

A ver si me paso por ahí. Sí, claro que sí.

Preguntaron todos por ti.

Me pidieron fotos de cuando eras vedete.

Les puedo dar unas nuevas,

me las ha hecho un... periodista americano.

Ya me las enseñarás.

Pero yo tengo fotos de tu época de triunfo.

Son para Gloria, tengo una caja llena.

Me las tienes que enseñar.

¿No quieres una copita?

No.

No he tomado nada desde esta mañana, me puede sentar mal.

Si es un licor de hiervas muy suave, hombre, no es mosto.

No, no. Gracias.

Una copita para celebrar que has vuelto.

El alcohol no me sienta bien, ya lo sabes.

Tampoco me mires como si te fuera a envenenar.

En fin,

me lo tomo yo.

Se va a estropear.

¡Huy!

Sírvete tú mismo, yo no estoy hoy para muchos ajetreos.

-Bueno.

-Ahí.

-Vaya maleta, ¿no? Qué misterioso secreto habrá ahí.

-Ninguno.

Es la maleta que me tengo que llevar a la clínica.

Llevo un poco de todo: un camisón,

unas zapatillas muy bonitas.

Unos picos, unos arrullos.

-¿Te queda poco? -Está a punto.

Ayer nos pegamos un susto de muerte,

creíamos que ya venía. Tuve las primeras contracciones.

Mi marido se ha traído la maleta.

-El bueno de Marcelino. Cuánto te quiere, ¿verdad?

-Sí que me quiere.

Lo que pasa es que esta vez es que está emocionado.

Yo creo que va a ser un hijo varón, espero que lo sea. Si no le da algo.

Y está emocionado de verle la cara a su hijo.

-Lógico.

¿Qué son los arrullos? -Las toquillas.

Unas mantitas para darles calor a los niños.

Figúrate,

pasan nueve meses aquí dentro, bien calentitos, luego lo pasan mal.

-Por eso lloramos tanto.

-Pues eso será. Aquí, en España, lo dejamos todo preparado.

La toquilla, el arrullo,

dejamos preparados los picos... Para las cacas y el pis.

-¿No usáis pañales desechables?

-A mí no me han gustado, yo siempre con mis hijas picos de algodón.

En esa maleta llevo de todo.

Sonajero, babero,

unos patucos que ha hecho Marcelino, sabe hacer calceta.

Bueno, llevo muchísimas cosas.

-Qué bien cuida a sus bebés. -En su país también lo harán.

-Sí, claro. -En su país mejor, son más modernos.

¡Ay, Dios mío! Me han... Me han... Me han engañado en la bodega.

¿Por qué?

Me dijeron que era muy suavecito, pero me está entrando...

un mareo más tonto.

Te has tomado tres copas.

Ya, pero es que...

Oye, me está entrando una modorra que me dan ganas de irme a dormir.

Pues si tienes tiempo...

Me voy a mi dormitorio.

Llámame antes de comer, ¿de acuerdo?

Bosteza

Estoy pensando que a lo mejor aprovecho para hacer la compra.

¿Te subo algo de la calle?

No. No quiero nada, solo quiero dormir.

Mejor... Mejor no me llames.

No me despiertes.

Me voy a la cocina a ver qué hacen mis hombres.

-Muy bien.

Cuánta ilusión, don Pelayo, ya llega el bebé.

-Estamos más contentos que unas castañuelas.

Será el último.

-Yo quiero hacer un regalo a este niño.

-No tiene que andar con nada. -Sí, sí.

Ustedes se han portado muy bien conmigo.

Quiero un regalo especial,

un reportaje sobre las madres españolas. Con Manolita de ejemplo.

Así tendrá un recuerdo impreso

de su madre.

-¿Manolita va a salir en una revista americana?

-Claro.

Queremos hacer un fotorreportaje con una protagonista de lo más guapa.

¡Manolita!

-Eso está muy bien, don Esteban. Le diré una cosa,

hasta que le conocí a usted los yanquis no me caían bien.

En su día mataron a muchos comanches.

¿Otro chatito?

Pues venga, por el reportaje.

¿Qué haces aquí?

¿Y Adelina?

-Se ha quedado durmiendo.

Ha bebido más de la cuenta.

-¿Y eso? -Pues yo qué sé.

Le ha dado por ahí.

Y a mí me ha venido de perlas,

quería verte.

-Ya, ya lo sé. Me he dado cuenta de la señal.

Bueno.

¿Qué tal? ¿Cómo te ha ido?

-Bien.

Bien, ahora te cuento.

Antes dime una cosa,

¿tú crees que Adelina se ha quedado dormida por algo que tenía el licor?

-Claro.

Hay drogas que se pueden conseguir fácilmente.

Tiene efecto sedante.

Ya te lo dije, cuando sospeché que te estaba drogando.

-Sí, sí. Creo que tenías razón.

Me ha ofrecido una copa y como se la he rechazado

se la ha bebido para disimular.

Al rato se estaba cayendo de sueño.

-No sé por qué ahora

quisiera dormite, no encuentro una razón.

-Para sonsacarme información.

Se dicen muchas cosas en sueños.

¡Está loca!

Lo que hace para sacarme la verdad.

Ríe

-Pero ¿qué verdad, Benita?

-Mentí sobre la finca.

-¿Qué... quieres decir?

-La he vendido más cara de lo que he dicho.

-¡Caramba!

Yo me lo había creído,

igual que Adelina.

¿La has vendido por más dinero?

¿Cómo cuanto?

-Lo suficiente para empezar una vida nueva lejos de su control.

Tú y yo.

Solo tenemos que esperar el momento oportuno.

Muy bien, Benita.

Esperaremos... todo lo que quieras.

Hola.

¿Y Jaime? Controlado.

Sé que ha dormido en casa.

Al final todo ha acabado como esperábamos sin la policía.

Si escándalos. Una cosa menos.

Una cosa menos de momento.

¿Pasa algo?

Nada. Me preocupa el tema de Bibiana.

Mi mujer está más tranquila, pero está histérica por Almudena.

¿Algo nuevo?

Poca cosa. ¿Eso son buenas noticias?

Solo poca cosa.

La policía han estado comprobando sus huellas

con el fichero que tienen de estafadoras.

No han conseguido nada. Yo mismo lo miré, pero...

Nadie sabe quién es realidad esa marquesa.

¿Cómo alguien tan excéntrico no ha llamado la atención de nadie?

Estuve haciendo unas preguntas

a los espiritistas de Madrid.

Y nada, ¿verdad?

Algunos sabían quien era, pero pensaban que era una espiritista

que ayudaba a la gente. ¿La creen?

Parece que ha sido lo suficientemente astuta como para pasar desapercibida.

No está fichada. A todas las personas

a las que ha estafado sienten tanta vergüenza que la denuncian.

A cuánta gente le habrá estafado. Yo también lo he pensado.

Esa es la pista que tenemos que seguir.

La lista de damnificados puede ser amplia,

puede que encuentre algo, pero tardaré más tiempo.

Tiempo es lo que no tenemos.

El tiempo juega en contra de Almudena y de Eulalia.

Ya lo sé, Andrés. Matías, mi mujer

nunca ha sido muy cabal, pero Bibiana la está arrastrando

a un precipicio y se quiere llevar a mi hija.

Hemos perdido mucho tiempo,

hay que actuar deprisa o lo lamentaremos.

Conseguiré esa información, confía en mí.

Buenos días.

Perdone. Buenos días.

Quería preguntarla por su hija.

¿Se encuentra mejor?

Parece que en estos últimos días se ha recuperado. Muchas gracias.

Me alegro.

Me quedé muy preocupada cuando se presentó su amiga en la academia

para decirme que la niña había sufrido una crisis.

Me hubiera gustado decírselo, pero estaba con la niña

y le pedí que se lo dijera ella.

La comprendo, pero como desde entonces no he tenido noticias.

Está bien, de verdad.

Me alegro mucho.

¿Qué es lo que le ha pasado exactamente?

Nada grave, en realidad una pequeña crisis de ansiedad.

Sabemos que en la evolución de la enfermedad de Almudena

a veces pasan accidentes como este.

Es extraño. Se la veía tan bien en la clase, cada día iba mejor.

Preguntaba qué haríamos luego.

Llegó a sugerirme que le gustaría incorporarse con los demás.

Sabemos que eso es bastante improbable en su caso.

Sé que Almudena necesita dedicación absoluta y exclusiva.

Nunca llegaría al mismo nivel que ellos

y por supuesto, yo no la forzaría.

Pero si permite mi opinión, creo que no debería dejar las clases.

Le sienta bien a su ánimo.

No debería dejarlas, hablo cuando esté recuperada.

No puedo asegurar que en estos momentos... No podría retomarlas.

A veces, he pensado que no fue una buena idea.

¿Se arrepiente de haberla traído a la academia?

No se lo tome a mal.

Es simplemente que quizá un esfuerzo de ese tipo, en Almudena,

puede ser bueno al principio,

pero a la larga acaba siendo perjudicial.

No lo comprendo, doña Eulalia, nunca la vi agotada.

Cansada sí, pero es normal

considerando sus limitaciones.

Ese sobreesfuerzo es lo que ha provocado

que se quebrase emocionalmente y de ahí sus crisis.

Vámonos.

Manuela, ¿qué haces sin vestir? -Cállate, estoy buscando una cosa.

Manolita en cuanto llegue mi padre nos vamos al bar.

-Cállate, Marce.

-Es que no estás lista.

-Ya estoy aquí. -¡Manuela!

Fíjate.

-¿Hoy es domingo y yo no me he enterado?

-No seáis tan impacientes, estoy buscando una receta.

-Si de algo podemos presumir es que el Asturiano siempre abre a su hora.

Que se nos van a ir los clientes. -Que se vayan.

Esto es más importante.

-¿Hay algo más importante que abrir el bar a su hora? ¿Estás loca?

-No os acordáis de que hoy hacen el reportaje,

pues a mí me gustaría

que saliese uno de mis platos.

Y esto buscando la mejor del recetario.

-A Steve le gustan las cosas castizas de Madrid.

-Las cosas que pasan en la plaza. -La mano errante de Casilda.

-No digas tonterías.

Si él necesita una receta con que la busque la encuentra y se acabó.

-Los dos estáis muy equivocados.

Mira, además, el reportaje

me lo hacen a mí.

A los americanos les encantará qué es lo que gusta cocinar.

Una receta madrileña,

con toque del Asturiano.

¿No os dais cuenta del prestigio

que eso le puede dar al Asturiano?

Cualquier americano que venga a Madrid a España,

¿qué va a querer hacer? Venir a probar mis callos, mis calamares.

Es una lástima que deje las clases,

ahora que lo tenía todo planificado para ella.

Si lo dice por el dinero la comprendo.

¿Cómo se le ocurre eso?

No, está en su derecho.

No la censuraría por exigir el pago de las clases.

Lo que menos me importa en este momento

es el dinero. Se lo aseguro.

Le he cogido mucho cariño a su hija. Aunque fuese así, no se preocupe.

Ha sido un error por mi parte, lo solucionaré inmediatamente.

No corre prisa.

Insisto. Hoy le llevarán el importe de las clases a la academia.

Sobre todo porque no sé si la niña podrá retomarlas.

Y ahora, si no le importa tengo que dejarla.

Desde luego. Por favor, déle recuerdos a Almudena de mi parte.

De su parte de los daré, no lo dude.

Gracias.

No estés triste, Almudena;

te aseguro que puedo ver, en todo lo que me has contado,

los mejores augurios para tu curación.

-¿Estás segura? -Ajá.

-Mira que he pasado mucho miedo.

-Bueno, pero bien está lo que bien acaba.

-Ya. Y esto, ¿volverá a pasar muchas veces?

-Dios sabe.

Anda, termínate el zumo, que tenemos que empezar

con los ejercicios.

-¿De qué hablabais?

-Almudena me estaba contando una cosa que

creo que debería compartir contigo.

-Ah, ¿sí? ¿Y de qué se trata?

-Me da un poco de reparo, mamá.

(RÍE) -Pero, cariño, si soy tu madre.

-Ha tenido un sueño. Y creo que deberías oírlo.

Almudena, ¿por qué no se lo cuentas a tu madre?

Te vendrá bien expulsarlo una vez más.

¿Entiendes? Además, tu madre también aparece en el sueño.

-¿Yo? -Sí, fue algo un poco extraño;

no sé qué pensar,

me da un poco de miedo.

-¿Una pesadilla, cielo?

-Sí, algo parecido.

-Si te da miedo explicarlo, no hace falta que lo cuentes.

-Es mejor que te lo cuente; además, si no es nada malo,

todo lo contrario, lo que pasa es que se asustó un poco

y no sabe cómo interpretarlo.

-Bueno, porque nunca había soñado algo tan extraño.

¿Lo cuento?

¿Sabéis lo que haría yo para impresionar a ese yanqui?

La receta maestra de Enriqueta: Boquerones en vinagre.

-No, no, no. Callos a la madrileña.

-Que no, hombre, madrileños, madrileños, son los calamares.

-Bueno, pues hay que decidirse entre una.

-Si la idea es buena, pero hay que pensarla con calma.

-No, con calma, no; hay que abrir el bar.

-No, el bar esperará; esto es más importante.

-Bueno, lo que pensé es que hagamos una lista

de las candidatas y la que elijamos los tres

la ponemos hoy como plato del día para que la pruebe don Steven,

¿qué os parece? -Muy bien.

-Me parece una buena idea. Venga, apunta.

-A ver, un momentito.

-Vamos a ver. Primero: Boquerones en vinagre.

-Callos a la madrileña. -Espera.

Entonces, si quieres, compro el pan

a la vuelta de la fábrica, así no das un rodeo.

-Bueno, y aprovecho, llego a casa y ayudo a madre con la colada,

que se le acumula desde que volvió Chelo.

-Sí, aunque Chelo trabaje en el teatro,

debe ayudar más en casa.

-Ay, que no te preocupes, Miguel, que madre ya le manda tareas.

-¿Qué quieres, Jaime?

-¿Puedo hablar un momento contigo?

-Ahora no tengo tiempo.

-Sólo será un minuto; quiero contarte unas cosas.

-¿No oyes a mi hermana? No es el momento.

-Miguel, que no te metas.

Cuando tenga un momento libre, hablaremos;

ahora voy al trabajo con prisa,

así que ya lo dejamos para otra ocasión.

-No quiero molestarte, pero hace tiempo que quiero

hablar contigo; han pasado muchas cosas...

-Jaime, que ya te he dicho que no puedo.

Y no insistas,

no es ni el momento, ni el lugar.

-Déjame que te acompañe al trabajo y hablamos por el camino.

-¿No oyes a mi hermana? Ahora no hablará contigo.

-Si hablamos por el camino, no llegarás tarde.

-Quedé con mi hermano para ir al trabajo;

además, no me apetece hablar contigo.

Y menos, con gente delante.

-Pero, Asunción, ¿por qué no me das la oportunidad de explicarme?

Siento no haberte visto en estos días...

-Jaime, que te he dicho que no insistas,

así que no compliques más las cosas;

ya hablaremos en otro momento.

-¿Cuándo? -No lo sé.

Ahora tengo prisa; vámonos, Miguel.

He soñado que iba con Bibiana

y contigo de la mano. -Ajá.

-Por un camino de cristal.

Bibiana estaba muy contenta, pero tú parecías muy triste.

-¿Yo? ¿Y por qué?

-No lo sé; eso mismo te iba a preguntar

cuando, de repente, desaparecisteis.

Os evaporasteis.

Y yo me quedaba sola y todo se volvía muy, muy oscuro

y tenía mucho miedo; os gritaba y no me respondíais.

-Ay, pobrecita, mi niña.

-Hasta que, de repente, vi un puntito de luz,

una luz blanca preciosa.

Y yo quería ir hacia ella, pero las piernas no me respondían;

las tenía como clavadas en el suelo, como agarrotadas.

Y yo hacía un esfuerzo enorme para poder alcanzarla

con los brazos, pero sólo conseguía rozarla con la punta de los dedos.

-Seguro que era una luz milagrosa.

-Y te despertaste.

-Eso pensé.

Pero, de repente, me encontraba aquí, en la cama

y las paredes de la habitación daban vueltas.

No sé, como si estuviera subida a las aspas de un molino.

Y la luz, cada vez era más brillante

y estallaba en 1000 colores, como un fogonazo.

Y ahí, me desperté.

(NERVIOSA) -Pues sí que es un sueño raro, desde luego.

-Bueno, todos los sueños nos parecen raros.

Muchas veces, lo que creemos que significa una cosa,

quiere decir justamente lo contrario.

Pero yo, en este caso, creo que es un buen augurio.

-Pues yo lo he pasado muy mal;

me ha dado mucho miedo y, además, mamá estaba triste.

-Todo eso representa las dificultades

que has ido encontrando en tu camino

y que vas superando, día a día;

de ahí esa luz milagrosa

que se abría paso entre la oscuridad

y llegaba hasta ti para salvarte.

-Bueno, Almudena,

visto así,

puede que sí,

que signifique algo bueno.

-Por supuesto que sí;

el sueño demuestra que Almudena está expulsando

todo el odio que infectó su corazón.

No tengas miedo, cariño, tu cuerpo y tu alma

están expulsando todo el mal y el pecado.

(RESPIRA HONDO) A ver, entonces, los calmares, no;

el bacalao, de ninguna manera os convencía;

ni los huevos fritos,

ni con chorizo, ni con jamón; ni la fabada,

ni el asado de codillo... -Joder, pues sí.

-Total, nos quedan los boquerones

o los callos a la madrileña. -Estamos como al principio.

-Es una decisión difícil de tomar, ¿eh?

-Vamos a ver. ¿Y si hacemos los dos y que decida el yanqui?

-No. No, Marcelino, hay que elegir uno y concentrarnos

para que nos salga muy, muy bien.

-Sí. -Está claro; los callos

a la madrileña que hace Manolita son los mejores

de Madrid, pero claro, los boquerones en vinagre

que hacía mi Enriqueta, también... -Sería un bonito homenaje, ¿eh?

-Bueno, no nos pongamos llorones;

hay que escoger el plato que más le beneficie al negocio,

que es lo que querría Enriqueta, porque ella, para estas cosas,

era muy práctica. -Sí.

-Es que es una difícil elección.

Bueno, se me ocurre una cosa:

Que sería importante que promocionáramos

el Aguardiente Manolita, ¿no os parece?

-Hombre, sin duda. Un aguardiente que elaboraste tú,

que es típico de El Asturiano, que nos ha puesto un piso,

como quien dice, y que permite hacer la digestión

a medio barrio, no se puede dejar de lado.

-Sí, señor, ahí le has "dao", Menelao.

-Bueno, pues entonces, vamos a elegir a qué plato

le va mejor mi aguardiente.

A ver, después de cuál os apetece más tomar una copita,

¿de los callos a la madrileña o de los boquerones?

(AMBOS) De los callos.

-Bueno, entonces, hacemos los callos, ¿no?

-Claro. -Voy a hacer unos callos

a don Steven que se le van a caer unos lagrimones...

Timbre.

Buenos días, Matías. -Buenos días, Eulalia.

¿Cómo va Almudena? -Mucho mejor, gracias a Dios.

-¿Está Andrés? -Sí, en su despacho.

Estará a punto de salir; pasa, por favor.

-Me pidió que le recogiera para pasar por la notaría

antes de ir a la oficina. -Ajá.

¿Es importante? -No, puro trámite.

¿Por qué lo preguntas?

-¿Tienes un momento, por favor? -Sí.

-Siéntate.

(EULALIA RESPIRA HONDO)

Matías, necesito pedirte un favor;

es un asunto un poco delicado

y me gustaría mantener a Andrés al margen.

-Sabes que puedes contar conmigo para lo que quieras. Cuéntame.

-Es sobre Adelina...

¡Coño, Matías, pareces un reloj suizo!

-Sabes que adoro la puntualidad y con la edad, cada vez, más.

En eso he salido a Eulalia;

ja, le gusta llegar a los sitios media hora antes.

-Si de ti dependiera, llegaríamos siempre tarde.

Ah, ¿es culpa mía? ¿Nos vamos?

-Sí, llevo toda la documentación, menos el borrador del poder,

que te lo dejé ayer para que le echaras un vistazo.

Te lo devolví. -No, no me lo devolviste.

Bueno, quizás lo haya dejado en mi cartera;

miraré en el despacho.

Necesito que le lleves este sobre a Adelina.

-¿Te imaginas, Manolita,

por Manhattan, millonarios por tus callos?

-Ay, dejad ya de soñar, por favor.

-¿Por qué? ¿No dicen que EE.UU. es la tierra

de las oportunidades? Pues vamos a soñar.

No, no tienes fiebre.

¿No será que te ha sentado algo mal de lo que has comido?

-No he comido nada desde el desayuno.

-Entonces, es hambre.

¿Quieres que te haga una tortilla?

-No, no, madre, se lo agradezco; ya se me pasará.

-¿Y no será la regla, Asun?

Me gustaría que le dieras este sobre a Adelina;

es el pago por unas clases que le dio a Almudena

y preferiría que Andrés no supiese nada de que te di este dinero.

(VOZ BAJA) -Al final, Marcelino, siempre pasa lo mismo, ¿eh?,

con tu mujer, acabamos de corderos pascuales todos.

-¿Pero qué me va a contar a mí, padre, qué me va a contar?

¿Sabes que tu padre me amenazó? -No me extraña.

-Bueno, a ver, cuéntame, ¿qué ha ocurrido?

-Pues, además de discutir con mi padre e intentar fugarme

sin éxito, Asunción está enfadada conmigo.

¿Vas a la fábrica o te tomas un café?

-Sí, pero antes, quería informarte de algo

y la verdad es que prefiero hacerlo aquí.

Conociéndote, ya sé de qué va: Bibiana, ¿no es así?

-Pues sí, he conseguido un dato

que puede ayudarnos a identificarla.

-Ya sabes cómo son las mujeres:

te castigan; luego, se cansan; y luego, te perdonan. (RÍE)

-No sé, Fede, la he visto muy distante.

-Que sí, hombre, tú confía en mí: Si Asunción está loquita por ti;

en cuanto te des cuenta, todo vuelve a ser como antes.

Debemos ser más eficaces, descubrir las mentiras

y "darle la vuelta a la tortilla", antes de que sea tarde.

-Tranquilo, Andrés, tranquilo; estoy cada vez más cerca.

Averiguaré dónde viven y una vez que lo averigüe,

echarles el lazo será cuestión de días.

De repente me he empezado a encontrar mal

y me he pasado todo el día mareada.

Estaba deseando llegar a casa para tumbarme.

¿Y has venido sola?

Sí.

Me he tenido que sentar en un banco porque apenas podía respirar.

Te duele la cabeza y el estómago y estás mareada

y no puedes respirar. Qué raro, ¿no?

Amar en tiempos revueltos - T6 - Capítulo 138 y 139

18 mar 2011

Jaime descubre alarmado la cada vez mayor influencia que Bibiana ejerce sobre Eulalia y su hermana.

Asunción se siente dolida al descubrir que Jaime ha vuelto a casa pero no ha intentado ponerse en contacto con ella. 

Benita vuelve de su viaje y hace creer a su hermana que le han pagado por las tierras mucho menos de lo que en realidad ha conseguido.

Adelina se interesa por el estado de Almudena y se lamenta ante Eulalia de que no haya sido posible continuar con las clases.

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  1. Revuelta

    Diego, Hispana es con "H" y, península con "s" y cuecen con "c". Algo bueno de la lectura es que te mejora la ortografía...

    23 mar 2011
  2. amparo

    Pues yo desde que has puesto esta pagina lo veo mucho mejor gracias

    22 mar 2011
  3. agos

    Desde que hicieron este cambio de pagina no puedo verla, simplemente no me carga y nada...alguien sabe porque? ???

    22 mar 2011
  4. nati

    Soy seguidora de amar en tiempos revueltos y cuando trabajo y no puedo ver la emisión, intento verla en la red, pero es practicamente imposible, se corta a cada silaba, es desesperante, necesitas dos horas como minimo para ver un capitulo, no se puede hacer nada? me estoy planteando dejar de verla- gracias

    21 mar 2011
  5. Luis S

    Churunda, no creo que aquí se ha dicho que solo los españoles pueden hacer críticas sobre la serie, todo el mundo tiene derecho a opinar, ya sabemos que la ven en muchas partes del mundo y por ello nos alegramos. Salud

    21 mar 2011
  6. Diego Luna Gimenez

    Hola Elaine: Estas en lo sierto, mucha desinformacion, empesando con los canales de television de habla Ispana. solo hay dos canales de Mexico, Azteca America y Galavision. Telemundo y Univision son canales americanos de hala Ispana, y no tienen influencia Mexicana, los que controlan Telemundo y univision son Cubanos y si vives en Los Angeles,california hay mas canales de bajo costo que solo tienen programas basura como los que pasan en la peninzula, pero esos son para la gente que tiene un nivel de educacion por debajo de la media.. En todos los paises de el mundo se cuesen habas, hay diferentes ideas y modos de entender la vida y no quere decir que sea vulgar. por eso mejor es cojer un libro.

    21 mar 2011
  7. Elaine

    Estoy siguiendo la serie desde USA y es muy buena para mantener mi espanol propio porque desgraciadamente los canales en espanol aca son de Mexico y el espanol da pena ademas de la vulgaridad y desinformacion. Los seriales espanoles son buenos pero cual es la obsecion con el pasado? Esta temporada considero que no ha sido consistente, demasiado altos y bajos en la trama pero en general y con las opciones que hay le doy un 7/10.

    21 mar 2011
  8. churunda

    Es una absurdez eso que sólo los españoles puedan opinar de la serie... independientemente de dónde sea el espectador, lo principal es que la mayoría esté contenta con el hilo de la serie y sus tramas.Y desde luego "fuera de lo común" no es.. para nada...del mismo estilo es "Cuéntame cómo pasó"y otras series que hacen reflejo de lo vivido en la sociedad española años atrás... Y no es problema del formato nuevo de la página cuando no se puede ver la serie y se corta, es problema del ancho de banda.. de la conexión de cada uno.

    20 mar 2011
  9. Biky

    Yo veo amar en tiempos revueltos sin saltos y sin problemas, puede ser que ahora exiga más velocidad de conexión o algo...

    20 mar 2011
  10. fina

    todo lo escrito es cierto era mucho mejor lo de antes no hay manera de ver nada

    20 mar 2011