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No recomendado para menores de 7 años  Amar en tiempos revueltos - T5 - Capítulo 139 - Ver ahora
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Subtitulado por Teletexto-iRTVE

-Estoy muy asustada, ¿sabes?

-¿Crees que te va a seguir? (SUSPIRA) -No lo sé.

No sé qué pensar, la verdad.

-Pero no se crea que es tan fácil separar el grano de la paja.

Hay que afinar mucho el olfato para saber...

...quién esconde mierda bajo el zapato.

-Hay que ver lo inflamados que se ponen estos gurriatos.

Si yo lo que quiero es estar solo, campando a mis anchas.

Y además, ¿de dónde se han sacado estos abejarucos que...

...yo me voy a quedar solo?

Si tú nunca me dejas solo, ¿verdad, pichurri?

Con la vida que yo tenía montada.

Tenía mi consulta, mi trabajo, tenía novia hasta para casarme.

Si es que ya... Y de repente me cambia la vida.

Y encima es que yo en mi ignorancia...

...y en mi mundo este de fantasía, me conformaba diciendo que...

...estas diferencias sólo nos harían más felices.

Tenga. Aquí tiene lo acordado.

-¿Está todo? Sí.

Y recuerde lo que le he dicho.

No sólo quiero que gane el combate,...

...me gustaría que no le hiciesen demasiado daño.

Se está recuperando de las heridas.

La cárcel es un buen lugar para enmendar errores.

Y hay mucha gente que ha estado ahí y que ha aprendido.

Y saben que hay que colaborar con la sociedad...

...para llegar a prosperar y ser un buen ciudadano.

Es incluso ahora, te explico mi vida, me estoy quejando.

Y cuando pienso en ella, ¿qué te crees que me pasa?

-Que te dan ganas de volver con ella, ¿no?

-Qué bonitas palabras.

Oyéndole, cualquiera diría que al final...

...los subversivos acaban redimiéndose.

-Quiero hablar con él.

Le quiero decir que haré cualquier cosa.

-Que no, Rosa, que debes tener paciencia.

Por favor, él ahora no está preparado para escucharte.

Se siente muy dolido.

-No puedo tener paciencia. Quiero hablar con él.

Que lo voy a perder, ¿no lo entiendes?

¿Y por qué no?

Uno puede darse cuenta de que estaba equivocado.

-Bueno, no le entretengo más.

Ya nos veremos otro día.

Cuando usted quiera. Será un placer hablar con usted.

-¿Sabe?

Me cae usted bien, Bellido.

Despertar con la luz de la mañana...

...y renovar otro día más la fuerza...

...para amar en tiempos revueltos.

No es sencillo...

...avanzar olvidando lo vivido...

...cuando tanto se ha dado por perdido...

...y el camino es volver a comenzar.

Le canto al viento...

...por todo el que venció su desaliento.

Le canto al mar...

...por todo aquel que tuvo que olvidar...

...para empezar...

-A usted le... A usted le aprecia y le respeta,...

...por favor, dígale que lo siento mucho.

Y que quiero hablar con él.

-Intentaré hacerlo.

-Gracias.

(RESOPLA)

Ya se ha marchado, ¿no?

-Sí. Está destrozada por lo que ha pasado.

Dice que te diga... No quiero saber nada.

Quiero que desaparezca.

Al final le voy a tener que dar la razón a mi madre.

-Sí, pero hay cosas que hasta que no se viven...

¡No me jodas, por favor!

Estoy harto ya de poner la otra mejilla.

Que no. Se ha acabado ya para siempre. Ya está bien.

¿Y cuánto tiempo me ha estado engañando?

Es que no lo sé, no lo sé.

-Y lo peor ha sido enterarte por un anónimo.

Esa no es buena manera.

Pero lo importante es que por lo menos me he enterado.

-Si importante es, pero...

-¿Y? -Bonilla,...

...haz lo que quieras.

Tú eres un tipo muy perspicaz y tu instinto...

...te llevará a resolver el caso.

-A usted le pasa algo.

-Estoy perfectamente. Haz lo que te he dicho.

-No, lleva días así... -¡Bonilla, que estoy bien, joder!

Perdóname. Tienes razón, estoy un poco alterado.

Pero es por algo personal.

Prefiero no hablar del tema.

-No se preocupe.

-Discúlpame, no debí hablarte así.

-Lo entiendo. No pasa nada, de verdad.

-Buenos días. ¿El detective Héctor Perea?

-Sí, soy yo. -Encantado de conocerle.

Soy el inspector Amadeo Aguirre, de la Brigada Político-social.

Aunque todo el mundo me conoce como el Maño.

-Había oído hablar de usted, sí.

-¿Podemos hablar a solas?

-Claro.

Siéntese.

-Gracias.

-Adiós.

-Hola, Salvador.

Hola, Cristina. -Qué serio.

¿Te ocurre algo?

No, no, nada, nada.

Estaba pensando en el relato que estoy escribiendo nada más.

-Ya. Yo he venido porque Estela del Val...

...me ha pedido que asistiera al ensayo.

Quiere que vaya viendo cómo va el montaje.

Claro, claro.

-Es increíble ver cómo se van construyendo los personajes...

...y se hacen reales.

Bueno, ya era fascinante la obra por escrito,...

...pero al verla representada por los actores...

...cobra otra dimensión.

Siempre es así.

Una obra no está completa hasta que las palabras abandonan...

...las páginas sobre las que están y vuelan al escenario.

Y ni siquiera entonces ha acabado.

-Sí, sólo acaba cuando llega al espectador.

Eso es. Sólo entonces, cuando se haya posado...

...en el interior de cada espectador...

...y haya dejado allí su mensaje, la obra estará terminada.

-Es muy bonito eso que has dicho.

Es el teatro, que es así.

-Oye, por cierto, el otro día me acordé de tu amigo César.

Ah. ¿Nos sentamos? -Sí, sí.

¿Has vuelto a saber de él? Pues no. La verdad es que no.

Lo estuvimos buscando, pero no dimos con él.

-Pues esa muchacha, la mujer de tu amigo,...

Isabel. -Sí, Isabel, exacto.

Debe de estar muy preocupada.

Si le hubiera pasado cualquier desgracia,...

...no sé cómo se lo tomaría.

¿Y eso?

-No, porque... Me dio muy buena impresión.

Parecía una mujer interesante, pero quizá demasiado rigurosa.

Bueno, Isabel es una chica...

...con un gran instinto de protección.

Cuando algo sale de su control,...

...se preocupa.

Pero es muy inteligente y muy sensata.

Los excesos no van con ella.

Seguro que tras el primer impulso,...

...está buscando a César de una forma mucho más metódica.

-Ya.

-Pues yo también sabía de usted.

Y le confieso humildemente que soy...

...un gran admirador de su trabajo.

Conozco todos sus expedientes.

La resolución del caso aquel del asesino de mujeres...

...fue realmente espectacular y su actitud muy valiente.

Enfrentarse como usted lo hizo al comisario Ovidio Salmerón...

...fue un gesto de auténtico coraje. Sí, señor.

-Muchas gracias. Sólo cumplía con mi obligación.

Usted, en un caso parecido, habría hecho lo mismo.

Bueno... (RÍE) No estoy tan seguro.

Ya me gustaría a mí tener su fuerza y su carácter...

...para enfrentarme a las injusticias.

¿Puedo? -Sí.

-Gracias.

De hecho, según tengo entendido, fue un exceso de celo...

...en aquel asunto relacionado con la Iglesia...

...lo que le originó los problemas, ¿no?

-Así es.

-El asunto aquel del cura, el niño...

Qué fatalidad, ¿verdad?

Lamento que aquello les costase la placa.

Que quede entre nosotros, pero creo que se cometió...

...una injusticia con usted.

-Sí, es posible.

Todo aquel asunto fue bastante desagradable.

¿Pero ha venido a hablarme de eso? -No, por supuesto que no.

El motivo de mi visita es el siguiente.

Como buen policía que usted es, estoy seguro que está al tanto...

...de los asuntos que han ocurrido en este barrio en los últimos años.

-Han ocurrido algunas cosas, pero no más que en otros sitios.

-Bueno... (RÍE)

Siento no estar muy de acuerdo con usted.

No en todos los barrios de Madrid ha habido...

...una productora cinematográfica que en realidad era...

...un nido de rojos dispuestos a asesinar al Caudillo.

-La conoces muy bien, ¿no?

Pues sí, algo sí.

Lo suficiente como para tener opinión sobre ella.

-Una opinión buena, por lo que veo.

No sé si pedirme un café.

Vaya, no veo a ningún camarero. Sí, yo tampoco lo veo.

Habrá salido a buscar algo. -Da igual, luego lo pido.

¿Y hace mucho que te la has vuelto a encontrar?

Pues... no sabría decirte. -Ya.

Y no veías desde que era una adolescente, ¿no?

Exacto. Y tampoco era muy a menudo.

Sólo cuando iba a ver a su padre. Y eso siempre era de uvas a peras.

-Pues para no haberla visto hace tanto os lleváis muy bien.

Supongo que sí.

Tampoco hace falta mucho tiempo...

...para llegar a apreciar a alguien, ¿no?

A veces, el afecto surge muy deprisa.

-Caray. Voy a acabar pensando que no sólo sois amigos.

Pues mira tú por donde,...

...tu intuición ha acertado.

Entre Isabel y yo hay algo más.

Es mi novia.

-Vaya... ¿Tu novia?

Sí.

Parece que el camarero ha vuelto. Pediré tu café.

-No, no, no te preocupes.

Si se me ha pasado el tiempo charlando.

Bueno, ya te contaré cómo van yendo los ensayos.

-También sé que hay vecinos que acostumbran a escuchar...

...emisoras de radio clandestinas.

Algún topo escondido desde la Guerra Civil.

Vamos, que es un barrio que no hay que perder de vista.

-Veo que está usted muy bien informado.

-Pues sí, señor, así es.

Y como quiero seguir estándolo, me gustaría contar con su ayuda.

Verá, todavía no estoy muy seguro, no tengo pruebas aún,...

...pero soy un hombre muy intuitivo.

Y mi intuición me dice que en este barrio...

...hay prófugos escondiéndose de la policía.

Todavía no sé cuántos. -Ah.

-Así que me gustaría que mantuviera usted los ojos bien abiertos.

Y si ve por ahí a alguien que le resulte sospechoso...

...merodeando, me avise simplemente.

Ya sé que no es usted policía. No tiene ninguna obligación,...

...pero me consta que es un buen ciudadano...

...y que puedo contar con su ayuda.

¿Hará eso por mí, detective Perea?

-Claro.

Salvador. Hombre, Mauricio. Cuánto tiempo.

Sí, hace tiempo que no coincidimos.

Por favor, un coñac. ¿Quiere tomar algo?

No, no, tengo ahí el café. Muy bien.

¿Cómo le van las cosas? Bueno, sólo le diré que...

Que los sacerdotes y los médicos deberíamos hacer voto de castidad.

Sólo casarnos con nuestra vocación.

Vaya, vaya, problemas sentimentales a la vista.

Sí, pero prefiero no hablar de ello.

He venido aquí a olvidarme un poco, sí.

¿Y usted cómo lleva su incorporación a la vida normal?

Bueno. Ejercer la propia libertad es algo complejo...

...y maravilloso al mismo tiempo. Claro que sí.

¿Se sienta usted conmigo? Sí.

Lo cierto es que estoy marcado por mi pasado.

Y eso me trae algunos problemas.

Hay uno en concreto que me tiene muy preocupado.

¿Qué es? Verá...

Se trata de un policía de la Social.

Por algún motivo la tiene tomada conmigo y se ha empeñado...

...en hacerme la vida imposible.

¿Y eso por qué? Pues no lo sé.

Es un tipo retorcido.

Supongo que por los motivos que fui a la cárcel...

...está convencido de que sigo metido en actividades subversivas.

Y no es así, por supuesto. Y tampoco puede demostrarlo.

Pero está obsesionado conmigo y me acosa constantemente.

¿Pero qué es lo que hace?

Sabe que vengo a trabajar aquí.

Y se presenta casi todos los días para presionarme.

Supongo que piensa que si me pone nervioso, cometeré algún error.

Pero lo único que consigue es descentrarme e impedirme trabajar.

Vaya, qué situación tan desagradable.

Pues sí. He estado pensando en ello...

...y creo que lo mejor sería dejar de venir aquí unos días.

A ver si así la toma con otro.

Pero me temo que si desaparezco de repente y sin explicación,...

...le daría motivos para pensar que me estoy escondiendo de él.

Es verdad, podría sacar esa conclusión.

Por eso, cuando le he visto, he pensado en algo.

Pero, claro, necesitaría su colaboración.

¿Mi colaboración?

Se trata de montar una pequeña escena.

Pues yo le advierto que soy muy mal actor.

Le aseguro que para este papel está usted sobradamente preparado.

No sé, usted dirá.

Entre Isabel y yo hay algo más.

Es mi novia.

-¡Uf! Ya estoy en casa.

-Cariño, qué bien que estés aquí.

-Vengo destrozado. -Qué ganas tenía de verte.

-Menudo viaje.

-¿Qué tal el seminario, ha sido interesante?

-Sí, mucho, mucho.

Ha sido un verdadero acierto haber ido.

-Creo que me equivoqué no yendo contigo.

Tenía que haberte hecho caso. Te he echado mucho de menos.

-Ya te lo dije, nos lo habríamos pasado muy bien allí.

-Bueno, lo importante ahora es que ya está aquí...

...y que puedes solucionarlo todo.

-¿Solucionar el qué?

-Salvador, que me tiene muy preocupada.

Últimamente está yendo con gente que no le conviene nada.

Y si sigue con esas malas compañías, tendrá problemas.

Sobre todo esa mujer. Esa mujer no me gusta nada.

-Pero, vamos a ver, ¿ha hecho algo?

¿Ha pasado alguna cosa?

-No, no, no, no ha pasado nada.

Pero acabará sucediendo.

No sé, le noto raro. Tu primo ha cambiado.

Y me dijo que esa mujer que no le conviene nada...

...pues resulta que es su novia. ¿Qué te parece, eh?

Su novia. -Bueno, ya hablaré con él.

-Sí, habla con él y convéncele de que no siga con eso.

O acabará sufriendo.

-Tranquila, que no va a pasar nada.

¡A ver, por favor!

¿Está bien? ¿Se encuentra bien? Lo siento, lo siento.

No sé qué me ha pasado. ¿Se había mareado así alguna vez?

Esta mañana, pero no le di importancia.

Parece que está incubando algo.

Puede que sea gripe o algún proceso vírico.

Y tiene anemia también. Debe irse a casa y acostarse.

Pero yo trabajo aquí. Olvídese de trabajar en unos días.

Ayúdeme a levantarlo.

Si no se cuida ahora, puede degenerar en algo más grave.

Lo que necesita es olvidarse del trabajo durante unos días.

Despacito. Gracias, gracias, muchas gracias.

Tranquilo, tranquilo, ya está.

-¿Estás loca? ¿Pero qué voy a hablar con él?

-Para decirle que no hay nada entre nosotros, que fue un error.

-¿Tan estúpido es tu médico como para tragarse algo así?

-Don Gabino, por favor.

Usted no se jugaba nada, pero yo lo he perdido a él.

-Eso te ha pasado por estúpida.

Ni siquiera has sabido ponerle los cuernos a un hombre.

-Que no fue culpa mía, que alguien le avisó.

Alguien le avisó. Alguien le mandó un anónimo, don Gabino.

Alguien que me quiere hacer daño a mí y a usted.

-¿Así que alguien le avisó, no? -Es que yo no sé qué hacer.

-Pues ni lo sé ni me importa.

Es más, no sólo lo has perdido a él,...

...yo también me he cansado de esta relación.

Sí, antes me excitabas, pero ahora, mírate, das pena.

-Es usted un canalla, un miserable.

-No me gusta que me hablen así.

-¡A mí me importa una mierda lo que le guste!

-¡Ven para acá, coño!

Espera quieta, eh. Ven aquí.

¿Me estás insultando a mí, a don Gabino Cifuentes?

Ten cuidado, eh. ¡Ten mucho cuidado!

Sabes perfectamente con quien estás hablando.

Y es más, no olvides una cosa.

Una mujer como tú no tiene derecho a levantarle la voz a un hombre.

Haré que lo recuerdes.

Lárgate. ¡Lárgate!

-La pobre, me lo decía con un apuro.

Como si a mí me costase mucho echarle una mano a Pelayo...

...con las niñas mientras están fuera.

Además, que viven aquí al lado. -Pues sí, hija.

Y los de El Asturiano se portaron siempre muy bien con nosotros.

Así que, a mí, lo que me pidan.

Madre mía, qué gusto da planchar con esta plancha tan moderna.

¿Sí, verdad? -No como la anterior;...

...había que ponerla al fuego cada dos por tres.

Y lo que pesaba.

Héctor, ¿tú te acuerdas de la otra plancha?

-Sí, claro que sí.

-Se te caía en el pie y te dejaba aviada para una temporada.

Oye, estaban pensando que...

¿No os importa cenar un poco antes hoy?

-¿Y eso? ¿Es que tienes algo que hacer después de cenar?

No. No, pero qué cosas tienes. No, claro que no.

Lo digo porque tengo una hambre feroz.

Yo no sé si es tanto trabajo, el niño o qué.

-Por mí, cuando quieras, hija.

La palometa con tomate ya está lista.

¿Y tú qué dices?

-Claro, claro, cenamos ya.

Además, estoy muy cansado y hoy me iré muy pronto a dormir.

Muy bien. Pues nada, madre, le ayudo con la ropa...

...y ahora mismo pongo la mesa. -Muy bien, hija, que esto ya está.

-¿Así que le ha gustado lo que ha visto?

-Después de la guerra que dio para aceptar los cambios.

Pues ahora está encantada. (GABINO RÍE)

-Los autores teatrales son todos unos caprichosos.

Y siendo mujer, aún peor. -¿Sabes una cosa, Gabino?

A veces, cuando hablo con ella, no me puedo creer que...

...haya escrito un texto tan profundo y tan complejo.

No sé, es una sensación extraña.

A lo mejor es la falta de costumbre.

Hay muy pocas mujeres que escriban.

Yo hasta ahora no había conocido a ninguna.

Y cambiando de tema, ¿has visto el presupuesto del vestuario?

-Sí que lo he visto, sí. -¿Y?

-Pues que es mucho más caro de lo previsto.

-Claro, pero ya os lo advertí.

Si cambiamos la acción a los años 20,...

...como exige la censura, se incrementa el presupuesto.

Es lógico, pero no te preocupes, será un dinero muy bien invertido.

Al público le encantan las historias de época,...

...los actores bien vestidos.

Obtendremos beneficios, hazme caso.

-Cómo eres, Estela, cómo eres.

Si no se tiene cuidado contigo, siempre te saldrías con la tuya.

-Llevo muchos años en esto, cariño.

-Sí. Y aún sigues siendo la mejor.

-A mí no me des coba, Gabino.

Que conmigo no va lo de darme jabón para conseguir lo que quieres.

Yo sé que con otras mujeres te funciona, pero conmigo no.

-¿Te refieres a alguien en particular?

-¿A ti qué te parece? ¿Pero me quieres engañar?

Todo el mundo sabe lo tuyo con Rosa.

-La verdad, no sé a qué te refieres.

-Gabino, por favor, es un secreto a voces.

-Te juro que no... -Por mí no te preocupes.

Me es completamente indiferente.

-¿Tanto ha trascendido?

-Pues sí. Ya sabes cómo es este mundillo,...

...que todo el mundo se entera de todo.

-Ah.

Entonces, ¿también te habrás enterado de que Rosa...

...ha tenido problemas con su novio, no?

-Huy, ¿pero qué me dices?

-Sí, Estela. -¿Sí?

-Al parecer, alguien le ha enviado una nota...

...a su enamorado avisándole de todo lo nuestro.

-Qué barbaridad. -Sí.

Qué mala puede llegar a ser la gente, ¿verdad?

-Bueno, déjate de historias de vodevil, que jamás...

...me ha interesado ese género.

Vamos a algo que sí me importa y mucho,...

...el presupuesto de la función.

¿De dónde vamos a sacar el dinero que falta?

No estoy dispuesta a hacer más recortes.

Me prometiste un espectáculo por todo lo alto.

-Niño, ¿has visto al escritor? No lo veo en su despacho.

-Le dio un mareo y se lo tuvieron que llevar.

-¿Un mareo? ¿Tan malo se ha puesto?

¿Y a Diana, la has visto por ahí? -No.

-¡Maldita puta!

-¡Por favor!

Por favor. -Bueno, escúchame.

¿Vas a conseguirme el presupuesto, sí o no?

-Bueno, lo intentaré. -Eso no vale, prométemelo.

-Esta bien, te prometo que lo intentaré, Estela.

-Prométeme que lo conseguirás. -Cómo eres, eh.

Está bien, te prometo que lo conseguiré.

Una cosa, una cosa... ¿Estás contenta con el reparto?

-¿Cómo que si estoy contenta?

-¿Que si estás satisfecha con el elenco...

...o harías algún cambio?

Si quieres echar a alguien, este es el momento oportuno.

-Claro. No sé por qué intuyo que ha llegado el momento...

...de deshacerte de tu amiguita, ¿eh?

Luego decís que las mujeres somos volubles.

¿Qué ha pasado, Gabino, te has aburrido de ella?

Primero le ayudas a trepar y cuando tienes lo que quieres...

...te la quitas de en medio.

Me parece que no tienes moral, cariño.

-No, no, no. No es una cuestión de moral, querida, no.

Es sólo que me he dado cuenta que una mujer como ella,...

...tan inestable y ambiciosa, puede ser perjudicial para todos.

Y yo soy una persona muy responsable.

Y sólo quiero lo mejor para la compañía.

-Eso es verdad. -Que te quede claro. (RÍE)

Voy a por tu dinero.

Hasta ahora. -Gracias.

Muchas gracias, Cristina, pero no debiste molestarte.

Si mi madre me ha dejado la despensa llena.

-Eso está muy bien, pero un caldo recién hecho siempre viene bien.

Además, quería saber cómo te encontrabas...

...después de lo del otro día.

Ah, lo del otro día.

Perdona, eh, Cristina. Lo siento mucho.

No sé, yo no estoy acostumbrado a beber...

...y tuve un comportamiento absolutamente deplorable.

-¿Por qué dices eso?

Ni aunque quisieras, tendrías un comportamiento así.

Ojalá. Yo, como todo el mundo,...

...si me paso bebiendo, luego pierdo las formas.

Francamente penoso.

En fin, siento haberte dado este espectáculo.

-No te preocupes, Mauricio.

Simplemente bebiste un poco más que de costumbre y te sentó mal.

Pero no pasó nada.

Te agradezco mucho tu comprensión.

-No te preocupes.

También quería decirte que esa noche llamó Rosa.

Y como no me pareció que pudieras atender el teléfono,...

...le dije que estabas atendiendo a un paciente de urgencias.

No quería preocuparla.

No sé si me metí donde nadie me llama.

No, muy bien, hiciste muy bien.

Rosa, cuanto más lejos, mejor.

-¿Hay algún problema? No, ya no.

Ya no va a haber problema entre Rosa y yo.

Nunca más.

-¿Cómo que no tenía que venir hoy, doña Estela?

Me dijo que me preparara las últimas escenas.

-Sí, te lo dije, pero ya no tienes que venir más.

-¿Se suspende el ensayo?

-No, el ensayo sigue su curso. Eres tú la que no tiene que venir.

-Doña Estela, es que no la entiendo. ¿Qué quiere decir?

-Por favor, no te hagas la tonta conmigo.

Sabes perfectamente lo que te quiero decir.

Ya no formas parte de la compañía.

-Doña Estela, por favor.

Por favor se lo pido. La compañía es lo único que tengo.

Por favor se lo pido, no me despida.

-Bueno, querida, si te quieres dedicar a esto...

...debes acostumbrarte a este tipo de situaciones.

El teatro es así, las cosas cambian de un día para otro.

-¿Pero qué es lo que he hecho mal? -Nada.

No has hecho nada mal, al contrario.

Pero no encajas en la compañía.

-¿Cómo que no encajo?

-Por favor, dígame lo que he hecho mal y yo lo corrijo.

-No tienes nada que corregir.

Eres buena actriz, tienes mucho talento...

Pero una compañía es como una orquesta.

Todos los instrumentos deben tocar la misma partitura.

Me parece que tú estabas tocando otra pieza.

¿Quieres algo más?

-No.

Llaman a la puerta.

-¿Qué haces aquí?

-He ido a buscarte a la cafetería del teatro.

Varias veces.

-Ya. Tenía muchas cosas que hacer y no me he podido pasar.

-¿Qué cosas tenías que hacer?

-Pues... tenía que ir de compras.

-De compras.

¿Y qué has comprado?

-Cosas de mujeres.

-¿Me las puedes enseñar?

-No.

Porque las he encargado. Son unas medias que necesitaba...

...y tengo que ir a por ellas a la tienda.

-¿Qué te traes entre manos con el escritor?

-Nada. ¿Qué me voy a traer? -¿Qué le has dicho?

-Nada. Si ya te digo que yo... -¡Mientes!

Y no me gusta que me mientan.

-Es la verdad.

-Pues yo creo que no.

Yo creo que le estás advirtiendo para protegerlo.

-Te juro que no, Maño, te juro que no.

-¿Y sabes por qué lo proteges? Porque te gusta.

Porque eres una puta caliente y te gusta.

-No, te estoy diciendo la verdad.

-¿Y por qué tiemblas?

¿Eh?

¿Por qué tienes miedo?

-Maño, tienes que creerme, a mí ese hombre no me gusta.

Si a mí me gustas tú.

-Me has mentido.

-No, por favor. (LLORANDO) Maño, por favor, no.

¡Socorro! ¡Por favor, no!

Bueno, yo me encargo de todo y friego los platos.

-No, hija, ya lo hago yo. Que no, madre, que no.

Que ya ha hecho bastante por hoy.

-Y tanto. Esta palometa estaba para chuparse los dedos.

-Tú, que eres muy agradecido.

-De eso nada. Usted y ese tomate frito que hace.

-Bueno, pues ha sobrado un montón.

Así que, si te levantas con hambre, ya sabes, en la cazuela está.

-Muy bien. Pues mal, madre, mal, muy mal.

Porque Héctor, cuando come mucho, luego se va a la cama...

...y se pasa toda la noche dando vueltas.

Lo que tienes que hacer es beberte un vaso de leche caliente.

Eso te entona el estómago y te ayuda a coger el sueño.

Eso de levantarte por las noches a comer...

Eso... eso es una barbaridad.

Uno va a la cama para dormir. -Hombre, dormir siempre no.

Pero sí, tienes razón.

Hoy me tomaré ese vaso de leche y me iré a dormir.

Sí, porque me está entrando un sueño.

(BOSTEZA)

¿Vienes a la cama? No. No, todavía no.

Tengo que fregar los platos.

-Bueno, si quieres, te espero un poco.

No, no, no, de verdad, que quiero mirar las revistas...

...para coger modelos para la tienda, ¿eh?

Pero tú, venga, a la cama. -Venga...

¡Venga! -Bueno, pero no tardes.

No. -Que si no, me duermo.

Buenas noches. -Buenas noches.

Adiós.

Madre, ¿se va a poner a coser ahora?

-Sí, pero no tardo nada. Es un arreglo muy pequeño.

No, no. No pude coser con esa luz.

Luego dice que se le cansa la vista.

No, lo dejamos para mañana con la luz del día. ¿Le parece?

-Hija, que a mí no me importa. Que no, madre, que no.

Lo que tiene que hacer es irse a la cama.

-Bueno, si te empeñas. Buenas noches.

-¿Tú también te vas a acostar? Sí, sí, enseguida.

Arreglo esto, friego los platos y a la cama.

-Buenas noches, hija. Buenas noches.

-¡Uf! No me lo puedo creer.

Diana, me han echado de la...

¿Diana?

¡Diana!

Diana, ven aquí.

¡Diana! ¿Qué ha pasado?

¿Quién te ha hecho esto?

¿Qué ha pasado?

¿Estás bien? ¿Estás bien? ¿Qué ha pasado?

Hola. -Hola.

Te he traído comida. -Muchísimas gracias.

Sí, debes estar muerto de hambre.

Me gustaría haber venido antes, pero quería esperar...

...a que mi madre y mi marido se fueran a dormir.

-Qué bien huele. No sabes cómo me sonaban las tripas.

Me parecía que los vecinos me oían por las paredes.

¡Aay!

Esto por aquí.

-¡Hum, hum! Come despacio, eh.

Come despacio, a ver si te vas a atragantar.

Tiene que ser muy duro ser un fugitivo, ¿verdad?

Y estar tanto tiempo escondido.

-Si quiero recuperar mi vida, no tengo otro remedio.

Pero tú estás corriendo excesivo riesgo.

Es muy peligroso lo que haces por mí.

Ahora no lo pienso.

Yo sé que necesitas ayuda y yo te la voy a dar.

-Espero que sea por poco tiempo.

Tengo que volver al piso donde estaba.

Mis compañeros estarán preocupados.

Sí, pero no puedes arriesgarte innecesariamente.

Aquí estás a salvo y por lo menos puedes quedarte...

...durante algún tiempo.

-Teresa, hay una cosa que dijiste el otro día...

...y en la que no dejo de pensar.

La modista que vivía en nuestra casa...

...fue la persona que se quedó con aquella caja...

...con nuestras cosas, ¿verdad?

Sí. Sí, sí, así es.

-Estos recuerdos y esas fotos son como un tesoro para mí.

No me queda otra cosa en la vida y me gustaría recuperarlos.

No quisiera perderlos otra vez.

-¿Qué está pasando aquí?

¿Quién es este hombre, Teresa?

-Yo creo que es una cuestión científica.

Sí, sí, los hombres no podemos entender a las mujeres,...

...pero tampoco podemos vivir sin ellas.

Pues será una cuestión científica, pero maldita la gracia que me hace.

Esta falta de lógica y estos desencuentros me matan.

-Se te pasará, ya lo verás.

No sé si se me pasará, pero bueno...

Al menos te agradezco la visita; así puedo hablar.

-En cuanto he llegado de viaje y Cristina me lo ha comentado...

Sí, qué bochorno.

Pobre Cristina, qué espectáculo le di el otro día.

-No, hombre, no, no te preocupes.

Todo el mundo sabe los estragos que puede causar el alcohol...

...cuando nos tomamos una copita de más.

¿Qué pensará de mí? Por favor. -Nada, Mauricio, nada.

Mira, todos, incluido las mujeres, nos comportamos...

...de forma sorprendente cuando está el amor de por medio.

Qué le vamos a hacer, el ser humano es así de vulnerable a ese tema.

Pero qué aburrida sería la vida sin el amor, ¿verdad?

Es César, un amigo.

Un buen amigo. -¿Cómo que un amigo?

¿Pero qué me estás contando? ¿Qué historia absurda es esta?

Un amigo, dice. Un tipo que me has estado escondiendo.

Pues claro que es un amigo.

¿Pero cómo se te puede pasar por la cabeza otra cosa?

Es un amigo. ¿O insinúas que te estoy engañando con él?

-¡Pues claro que me estás engañando con él!

No, no, no. Y te lo iba a contar. -¿Cuándo?

-No discutáis, por favor. -¡Usted se calla!

No te permito que le hables así. -¿Cómo?

-Tiene razón, soy un estorbo, siempre lo fui.

-¿Pero desde cuándo lo conoces?

-Eso no importa. Lo que importa es que me vaya y...

Tú no te vas a ningún sitio.

-Pues en eso tiene razón.

Será mejor que se vaya antes de que le parta la cara.

No, no, no se puede ir.

-Esto es acojonante. ¿Cómo que no se puede ir?

César es un prófugo y si lo encuentran, lo matarán.

Pues yo ya estoy empezando a dudarlo.

Claro que no es tu caso. Tú tienes suerte...

...y tu mujer es una persona seria, comprometida. Así da gusto.

-No te creas.

En todas las relaciones hay momentos buenos y malos.

En la nuestra también, por supuesto.

Y cuando eso pasa es cuestión de ceder y aflojar cuerda...

...hasta que la cosa se recompone.

Pues en mi relación con Rosa la cuerda ya se ha roto.

Y no creo que se recomponga. -¿Seguro? ¿Lo has pensado bien?

Sí, sí. No quiero saber nada más de ella.

-Pues en ese caso, pasa página y pon tu cabeza en otra cosa.

Yo creía que si estabas mal era porque tenías dudas.

No, no, no.

Estoy mal porque..

Porque yo a Rosa la quiero.

Pero sé que ni debo ni puedo estar con ella.

-¿Cómo que un prófugo, se ha escapado de la cárcel?

¿Qué hiciste para que te encerraran?

¿Qué tipo de criminal eres? No es un criminal.

-¡Eh! Tiene boca. -Me metieron en la cárcel por rojo.

Estuve muchos años encerrado en una habitación...

...en una casa cerca del barrio.

-¿Y cómo te las arreglaste para escapar?

-En un traslado de presos donde iba se produjo una fuga...

...y sin quererlo me vi libre y aquí estoy.

César, sólo tienes que contar lo que quieras.

-Es tu marido y tiene derecho a saber por qué me ayudas.

-En mala hora se esconde en la tienda de mi mujer.

César es el hermano de Adelaida.

¿Te acuerdas de la chica ciega que vendía cupones?

-Mi intuición me dice que en este barrio...

...hay prófugos escondiéndose de la policía.

Todavía no sé cuántos. -Ah.

Así que me gustaría que mantuviera usted los ojos bien abiertos.

Y que si ve por ahí a alguien que le resulte sospechoso...

...merodeando, me avise simplemente.

Ya sé que no es usted policía. No tiene ninguna obligación.

Pero me consta que es un buen ciudadano...

...y que puedo contar con su ayuda.

-Sí, la recuerdo.

Y lo siento mucho, pero no podemos ayudar...

...a alguien que está al margen de la ley.

Tiene que irse inmediatamente. ¿Pero cómo puedes decir eso?

Si lo encuentran, lo pueden matar.

-No voy a permitir, por tu bien y por el de nuestro hijo,...

...que corras ningún riesgo. Yo tampoco quiero correr riesgos.

Pero lo único que... -Pero nada, Teresa, pero nada.

Su presencia aquí nos pone en serio peligro.

-Tiene razón; tengo que marcharme.

Y me hubiera ido ya si no hubiera gente.

Yo no te dejo marchar.

-¿Cómo? ¿Pero qué estás diciendo, quién te crees que eres?

-Me voy. Ahora que es de noche voy más seguro.

Tú no te vas a ningún sitio. ¿Adónde vas a ir?

-Agradezco mucho tu ayuda, pero me equivoqué al venir aquí.

No sabía que estabas embarazada ni casada.

-Pues, mira, en eso tiene razón.

Tiene media hora para solucionar el problema y desaparecer.

De lo contrario, daré parte a la policía, ¿estamos?

Me duele que te comportes así.

-Y a mí que te importe tan poco nuestro hijo.

Nunca lo hubiera pensado de ti.

Nunca.

-No quiero que discutas con tu marido por mi culpa.

¿Pero tú has visto cómo se ha puesto?

-Es un buen hombre. Lo que ha dicho es por tu bien y tiene razón.

Yo he sido un imprudente al dejarme arrastrar...

...por los sentimientos y por el deseo de verte.

Bueno... Ahora tenemos que solucionarlo.

Tú te quedas aquí y no te mueves y yo voy a intentar...

...convencer a mi marido.

¿Sí? -Vale.

Muy bien, ahora vuelvo.

Yo voy a ponerme otra copa.

¿Tú quieres otra? -Eh... No, no, gracias.

Tengo que ir a casa para que Cristina no se preocupe.

Lo entiendo. Tienes mucha suerte con Cristina.

-Y tú también tarde o temprano encontrarás la mujer de tu vida...

...y te casarás con ella. Y entonces olvidarás este momento.

Ya. Parezco tu paciente yo ahora.

-Bueno, por esta vez vale, pero que no se repita.

Que soy yo tu paciente al que persiguen los fantasmas del pasado.

Y yo el desquiciado de mal de amores.

-Menuda pareja. Para echarnos de comer aparte.

Qué pena, de verdad.

-Es que tiene narices la cosa.

Lo único que le importa es ayudar a ese imbécil.

Ni marido, ni hijo, ni familia ni nada.

A ese cretino. Ver para creer.

¿Qué quieres ahora?

Que nos tranquilicemos y que entres en razón.

Héctor, ese hombre no tiene a nadie, sólo me tiene a mí.

Y no podemos dejarlo en la calle; sería como condenarlo a muerte.

-¿Pero tú qué te crees, que estamos jugando a un película de aventuras?

No seas ingenua, por favor. Ni ingenua ni irresponsable.

¿Te imaginas qué podría pasarnos si descubren que lo escondemos?

¡Mierda!

Yo te lo digo.

Si la policía descubre que tenemos a un prófugo en tu tienda,...

...vamos directos al paredón, tú, tu hijo y yo.

Parece mentira que no te enteres.

Es que no tiene por qué saberlo nadie.

-Hay vigilancia constante en el barrio. ¿O no lo sabes?

¡Y yo ya no soy comisario, coño!

No tengo posibilidad ni poder para templar gaitas.

Muy al contrario, Beltrán estaría encantado...

...de pillarme en un renuncio como este.

Yo lo único que sé es que César es muy importante en mi vida...

...y que tengo que ayudarle y voy a hacerlo.

Y tú deberías hacer lo mismo.

¿O es que ya no te queda caridad? -¿Caridad?

Caridad es lo que deberías tener tú con tu familia.

Con tu hijo, con tu madre.

Si tu madre se entera de que estás jugando con fuego...

...de esta manera tan tonta y de que puedes acabar...

...en la cárcel, como tu padre, se muere. La pobre se muere.

Héctor, calla. Y no hurgues por ahí.

Nadie va a tener que ir a la cárcel. Nadie.

Lo único que te estoy pidiendo es un poco de comprensión.

¿Cómo puedes ser tan insensible? -¿Insensible yo?

Me estás sacando de quicio, Teresa.

Lo único que te digo es que si lo denuncias a él,...

...también me tendrás que denunciar a mí.

-¿Pero qué me estás contando? ¿Estás loca?

¿Cómo puedes ser tan orgullosa, tan cabezota?

Me estás poniendo en el disparadero.

Y, o se va ese tipo ahora mismo, o no respondo de mis actos.

-Un poco más y me voy a la cama.

(SUSPIRA) -Sí. Lo siento, cariño.

Pero es que Mauricio tenía muchas ganas de desahogarse.

Y por una vez que le puedo ayudar.

-Está muy mal, ¿no?

-Destrozado.

Está claro que todavía está muy enamorado de su novia.

Le costará mucho tiempo superar ese desengaño que ha sufrido.

-Cuando se sigue enamorado siempre es más difícil.

Bueno, con el tiempo...

-Pero esta ruptura se veía venir desde el principio.

Son tan diferente y provienen de mundos tan distantes que...

-Mauricio estaba perdidamente enamorado.

Si cuando empezó con Rosa, le cambió la cara y todo,...

...parecía mucho más feliz.

-Ya, pero él estaba muy enamorado y en cambio, la actriz no.

Y el amor es cosa de dos.

A lo mejor te parece una tontería, pero los números impares...

...no casan con el amor.

Cuando es sólo uno el que está enamorado, malo.

Y cuando entra un tercero en discordia, peor.

No, hombre, no, el amor es para vivirlo en pareja.

Ni más ni menos.

-Obvio.

-Si Mauricio me ha confesado que era él que siempre...

...se volcaba en la relación y luchaba por ella.

Era él el que cambiaba las citas con sus pacientes...

...para poder ir a verla, a buscarla.

Y ella, en cambio, siempre poniendo excusas.

-Anteponía su pasión al teatro por encima de todo.

-Sí. Y en una pareja ambos deben poner de su parte...

...para avivar el fuego del amor.

-Sí. Si no, el fuego se apaga.

Eso es cierto.

¿César?

¿César?

Lo siento.

Siento no haber podido ayudarte.

Llaman a la puerta. -Isabel, soy yo.

Por favor, ábreme.

Sé que estás enfadada y tienes toda la razón,...

...pero ábreme, Isabel.

Isabel, que llevo todo el día dando tumbos y muerto de miedo.

Ábreme, Isabel.

Isabel, te lo ruego.

(LLORANDO) ¡Isabel!

He bajado a la tienda a colocar unas cosas.

-Con razón había oído la puerta de la calle.

Pero pensaba que era en la casa del vecino.

¿Cómo se te ocurre bajar a estas horas a la calle sola?

Ya se lo he dicho. -Sí, pero me parece muy mal.

-Estaba convencido de que tarde o temprano,...

...Mauricio se podía llevar una buena decepción.

Y desgraciadamente se ha cumplido mi pronóstico.

-Sí, el pobre no se lo merecía.

-Buenos días, amor. Buenos días.

-Que estaba yo pensando a ver si te apetecía...

...ir al cine hoy.

¿Al cine? (ALFONSO RÍE)

A ver, pellízcame, porque creo que estoy soñando.

-¿Te apetece o no?

Cariño, llevo meses deseando ir al cine.

-Teresa, por favor, no quiero que estemos enfadados.

Debes entender que lo he hecho por tu bien.

Ya puedes estar contento.

-¿Has visto al señor del organillo?

-Vaya. Hacía tiempo que no veía un artilugio musical como este.

Buenos días, señor.

-Buenos días.

¿Es usted el dueño del bar?

-Pues técnicamente por unos días sí lo soy.

(RÍE) -Pues encantado. Yo soy Benigno.

Y, de momento, técnicamente organillero.

La gira de Frank Carrera.

Bueno, ya te esperabas que Nono hiciera lo mismo que contigo.

-Pero es que mira esto, Ana.

Dice que es el boxeador más preparado...

...con el que se ha encontrado nunca y que probablemente sea...

...el próximo campeón del mundo. ¿Lo hace por desmerecer o no?

Y has conseguido lo que querías. -¿Se ha ido?

Sí, se ha ido. Y lo que le pase a partir de ahora...

...lo llevarás en tu conciencia. -¿Ya empezamos?

Lo podrías haber matado tú también.

Habría sido muy valiente por tu parte.

-¿Pero qué estás diciendo, Teresa? Lo has echado a los perros, Héctor.

  • T5 - Capítulo 139

Amar en tiempos revueltos - T5 - Capítulo 139

19 mar 2010

 La prudencia de Salvador y su actitud aparentemente colaboradora despierta los recelos del policía, quien acusa a Diana de estar protegiendo a Salvador. Cristina intenta averiguar qué papel juega Isabel en la vida de Salvador y éste le hace creer que es su novia. Héctor se tortura pensando quién puede ser el hombre que se esconde en la tienda de Teresa y decidido a averiguarlo irrumpe en el local. Rosa informa a Gabino de que Mauricio les sorprendió porque había recibido un anónimo. Gabino deduce que tras la nota anónima está la mano de Estela. Harta de las maniobras de Rosa para medrar, Estela la echa de la compañía. Al ser descubierto César en la tienda, Teresa explica a su marido que ese hombre es un buen amigo que está siendo perseguido. Héctor amenaza con denunciarlo a las autoridades y Teresa echa en cara a su esposo su actitud egoísta, lo que le hará reflexionar. Cristina y Abel tienen opiniones distintas acerca del supuesto noviazgo que ha emprendido Salvador.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                            

Histórico de emisiones:

19/03/2010

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