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No recomendado para menores de 7 años Amar en tiempos revueltos - T5 - Capítulo 136 - Ver aho
Transcripción completa

-¿Y si no trabajase nada? Como un viaje o algo.

Sería ideal. Yo, como médico, sería la receta que le daría:

"Te debes ir de viaje a descansar".

Pero quizá no pueda descansar tanto tiempo.

-No me vas a dejar tirado, ¿verdad? -Por favor...

Usted me deja la tarde. Nos vemos por la noche, por favor.

-Y esta tarde. No hagas que me enfade.

Ayer fue un papel mejor lo que te conseguí.

Mañana quién sabe.

-Es la primera noche que me quedo sola...

...desde que encontramos la habitación, mi despacho.

¿También crees en fantasmas?

-No, no creo en fantasmas,...

...pero esa habitación es muy inquietante.

No sé, la encontramos totalmente abandonada.

-La ley de probabilidades:

al final se cumplen las cosas, si las haces muchas veces.

-Pues la verdad es que no te entiendo.

-Sí, papá, a ver, como el parchís.

Si tú tiras los dados muchas veces, al final siempre te saldrá el seis.

-Ya, ¿y qué tienen que ver los dados del parchís,...

...con las cajas de cerillas que te estás cargando,...

...con tus deberes?

-El ministro. -Ah.

(TITUBEA) -Me acaban de avisar...

...de que quiere que vaya a su despacho esta tarde.

Y si todo va bien, lo más seguro es que vaya para largo.

-Qué pena, me hacía tanta ilusión que me llevaras a Galapagar...

...a ver el monte y a cenar cordero.

-Otro día. -Claro, lo entiendo perfectamente.

El ministro es el ministro.

¿Verdad, Rosa, que no se puede hacer esperar a un ministro?

-Ah, no sé, yo no los trato mucho.

(RÍE) -Pero qué graciosa es esta chica.

-¿Lo entiendes?

-Por favor, Isabel.

-Te parecerá una tontería, pero he visto a muchos...

...cometer insensateces que ni te imaginarías.

Los hombres no sabéis conteneros.

-No me hace falta nada de lo que estás pensando.

Yo quiero que me dé el aire y ver el sol,...

...y tener el cielo encima de mi cabeza, sin techo.

-¿Y tú para qué quieres 15 000 pesetas?

-Pues para pagar las vacaciones de mamá y que no se muera.

-Escúchame bien, Leonor.

Tu madre no se va a morir, te lo prometo.

Y también te digo una cosa:

Si en este mundo hay justicia,...

...en alguna de estas puñeteras cajas saldrá la raya roja.

-Cuando me quedo sola en casa, siempre pienso en lo mismo.

Cada ruido tiene significado.

Por muy lejano que sea.

Te voy a ayudar.

Esta noche vas a dormir como un lirón.

Despertar con la luz de la mañana y renovar...

...otro día más la fuerza para amar...

...en tiempos revueltos.

No es sencillo...

...avanzar olvidando lo vivido,...

...cuando tanto se ha dado por perdido...

...y el camino es volver a comenzar.

Le canto al viento,...

...por todo el que venció su desaliento.

Le canto al mar,...

...por todo aquel que tuvo que olvidar...

...para empezar...

Pasa, pasa, mujer. -Gracias.

Siéntate. Y no tenías que haberte molestado.

-No es molestia, todo lo contrario.

Abel y yo apreciamos lo mucho que te preocupas por él.

Vino de la tierra. -Quinado.

Me lo ha regalado una alumna.

Por lo visto se comercializa en Madrid.

¿Sabes a quién le vendrá muy bien? Al dispensario del padre Ángel.

Se lo llevaré, además de un poco de carne, que les vendrá muy bien.

-Siempre pensando en los demás. Bueno...

-Perdona, quizá te he interrumpido.

No, ordenaba unas fichas de unos pacientes y...

Teléfono. Perdona tú.

Sí, dígame. -Hola, cariño, soy yo.

¿Qué tal el día?

Bien, sin novedad. ¿Y tú qué tal?

(TITUBEA) -Yo que pensaba que hoy el ensayo iba a ser corto...

...y al final... Y se ha alargado.

-Pues sí, pues sí.

Pero mañana te recompenso, nos vemos mañana y al otro.

¿Hola?

¿Hola? ¿Se ha cortado? ¿Mauricio? No, no se ha cortado.

He escuchado. No nos vemos.

-Mañana, te prometo que mañana nos vemos.

O al otro.

-Bueno, que me están esperando.

Te quiero. Un beso.

-Bueno, yo ya me voy.

Te iba a proponer a ver si te apetecía venir al cine...

...con mi novia y conmigo, pero..

Pero no puede, tiene trabajo.

-Bueno, otra vez será. Otra vez será.

Te acompaño a la puerta. -Sí.

-Ábrelo tú.

-Es la última que queda, ábrela tú, que eres la que lo ha intentado.

Seguro que va a estar ahí.

Ya verás.

Vaya.

Negra.

Pues sí que estamos bien.

Bueno, no nos vamos a poner así, ¿no?

Busquemos una solución, no nos demos por vencidos.

¿Y si compramos más cerillas?

-Pero si tengo mi hucha vacía.

-Ya, tienes razón.

También te digo otra cosa:

Con todas las cerillas que hay,...

...si cojo dinero de la caja para comprar más,...

...tu madre o tu abuelo me matan.

Hay que fastidiar...

Se.

Pero bueno...

Pero ¿esto qué es?

No puede ser.

-Sí que puede ser, se ha acabado.

-No se ha acabado nada, cariño.

¿Tú has visto quién es este, el del pelo feo este?

Este es Kubala. Kubalita.

-El que te faltaba. -Para acabar la colección.

¿Sabes qué significa eso?

Si lo junto con los que tengo ahí, me dan el premio de los espumosos.

Mira, mira.

Mira, Leonor.

Aquí tengo a Kubala.

Aquí tengo a Ramallets, a Basora...

Tengo a todos, me dan el premio.

-¿Cuál? -Cuál no, ignorante. ¿Cuánto?

5000 pesetas.

¿Tú sabes lo que significa eso?

-Menos es nada. -¿Cómo que menos es nada?

Con estas 5000 pesetas, que hay aquí metidas,...

...le hacemos el regalo a tu madre que tú querías.

Si es que cómo sabe... Ven aquí, hombre.

Dame un abrazo, que parece mentira, mi niña.

Ay, Dios, Kubala, Kubala, Kubala, Kubala, Kubala...

Dale un beso a tu padre.

Ay, Dios...

Risas.

-Hace muy buen día, ¿qué hacemos esta tarde?

-No sé, me apetece comer pipas.

¿Me invitas? -Yo te invito.

¿Y vamos un rato ver a mamá? -Y a las chicas.

Risas.

Todo, todo, todo. Quiero saberlo todo.

Me gustaría saberlo todo sobre estos libros.

Me gustaría saber sobre la soledad, saber cómo pasa estos días, cómo...

-Intenta que te elijan de enlace en las elecciones de tu empresa...

...y te iré contando.

No, no creo que esté capacitada para esa función.

Yo no tengo formación. -Los conocimientos se adquieren.

Nadie nace con una enciclopedia debajo del brazo.

Sólo es cuestión de voluntad.

Tú eres la única persona que tengo. -Ya lo sé.

Lo siento, pero no tengo otro remedio.

La policía me está vigilando.

Si me quedo aquí, acabarán haciendo un registro.

Y nos encontrarán aquí a los dos.

Risas.

-¿Qué le estás haciendo a mi hermana? ¿Quién eres?

Alfonso, por favor. ¿Qué haces aquí?

Vámonos. -¿Estás bien? ¿Qué te han hecho?

Ahora te lo explico. Vámonos.

Siento mucho que mi hermano te haya descubierto por mi culpa.

-No te preocupes.

Era cuestión de tiempo que alguien supiera que estoy aquí.

Lo que no significa que haya sido descubierto.

-¿Adelaida Granda Collado?

-Sí, soy yo. ¿En qué puedo ayudarles?

-¿Iba a alguna parte?

-No. -Vamos, tendrá que acompañarnos.

-Un momento, un momento.

-Cobarde...

Soy un cobarde.

Soy un cobarde.

-Es normal que te sientas así, no tienes que disimular.

-Es tan extraño.

Una parte de mí detesta estas cuatro paredes,...

...este rincón donde he estado enterrado en vida,...

...pero por otro lado,...

...siento que no quiero salir.

-Chico. Ven aquí.

Toma. Vas a llevar este sobre donde pone la dirección.

¿Sabes leer? -Sí.

-Lo entregas en mano a don Mauricio Salcedo.

Es personal.

Si lo haces bien, te daré una buena propina.

Gracias.

-Leonor, cariño, recoge eso...

...y sal a la plaza a buscar a tus hermanas.

¿Me estás escuchando? Venga.

Así llegamos pronto a casa y me da tiempo a hacer la cena...

...y a planchar algo, antes de que lleguen tu padre y tu abuelo.

-Espera un poco. -No, un poco no.

Venga, sal a buscar a tus hermanas.

Nos encerramos en casa a escuchar la radio ya.

-Un momento hasta que llegue papá. -A papá lo verás en la cena. Venga.

Venga.

-No te lo han dado, ¿verdad?

-Pues la verdad, Leonor, es que no sé qué decirte.

Venía de camino y empecé a notar un picor por aquí por el brazo,...

...que baja aquí y que me lleva a esta parte de la mano...

...en la que de repente surgen, son nuestras 5000 leandras,...

...como 5000 soles. Fíjate qué billetes más bonitos.

-Nunca había visto un billete verde.

-Yo una vez, y creo que fue en un sueño.

¿A que son preciosos?

Acojonante, eh, Gervasio.

Trae, ya los guardo yo.

-Pues muy agradecido. Te lo iba a traer mañana,...

...pero como tenía un rato libre esta tarde...

-Pues vamos a probarlo, ¿no?

Con este frío que hace, nos va a sentar de lujo.

Sí, adelante.

-Para usted. ¿Para mí?

Ah, sí. Tenga, tenga.

Gracias.

No sé. Claro, le dije a mi enfermera...

...que si había un aviso urgente, me avisara aquí.

Dame ese vaso.

Dame otro.

Léelo.

-Mauricio, por el amor de Dios...

Que eres una persona culta.

Esto es un anónimo, esto no es verdad.

Es alguien que te quiere ver sufrir.

Ya, pero...

Pero duele.

-Pues no le des el gusto.

-Son unas casas muy altas, que dicen que hay ahí...

-Leonor, ¿y tus hermanas? ¿No te he dicho que recogieras?

-Bueno, mujer, deja a Leonor tranquila.

Tú y yo tenemos conferencia.

-Ah, ¿sí? ¿Con quién? -Con el futuro.

-Marcelino, déjate de jueguitos, y tú, a lo tuyo.

-Que no, mujer, que no estoy jugando.

Fíjate lo que por aquí estoy encontrando.

5000 pesetas.

-Pero bueno, ¿de dónde has sacado eso?

-Mira, una, dos, tres, cuatro y la quinta, la rezagada,..

...la más jodida también está.

-Marce, ¿de dónde lo has sacado? -Me lo he ganado honradamente.

-Imposible. ¿Cómo?

-No lo he hecho trabajando, pero me lo he ganado honradamente.

-Marcelino, ¿cómo?

-Pues.... ¿Te acuerdas de los cromos esos de las cerillas?

La colección que me faltaba Kubala, Kubalita.

El que estaba perdido. Pues lo he encontrado...

...y los de vinos los espumosos me han dado las 5000 pesetas.

-¿De verdad? Anda, trae para acá que ya les tengo yo empleo.

Mira, con este dinero vamos a arreglar la cisterna, que gotea.

¿Y sabes qué más vamos a arreglar? Las baldosas de vuestro dormitorio.

El otro día Luisita se hizo daño. Estás todas levantadas.

¿Y sabes qué vamos a arreglar también?

Podemos cambiar las ventanas de la habitación de las niñas.

Entra un frío por esos marcos. -Sí, pero en el nuestro también.

-Pero nosotros aguantamos. -Que me da igual.

Deja de contar el dinero así. Ya tengo yo gasto hecho para esto.

-¿En qué, Marcelino? Dame, dame ese dinero.

Tú seguro que lo malgastas en... -En ti, Manuela.

Me lo gastaré contigo en un fin de semana en Cuenca.

Dicen que en otoño es la ciudad más bonita de España.

Vamos a ver las casas colgadas, a una pensión que es preciosa...

...y no vas a mover un dedo en todo el fin de semana.

Y te voy a cuidar como una reina, que es lo que eres: mi reina.

-Ay, ay, Leonor, pero ¿te das cuenta cómo es tu padre?

Ay, madre mía.

Ay, cariño.

-Hola, Salvador. Qué sorpresa, no te esperaba.

Pepi me ha dicho que te ayudaría con tus fantasmas.

-Sí, pero pensé que era broma.

Hasta bajé a casa de Mauricio para que pasara la tarde más rápido.

Bueno, pero ya que estoy aquí, ¿no? -Sí...

¿Dónde se esconden esos espíritus malignos?

-No, yo no he dicho que hubiera espíritus.

Sólo he dicho que la habitación que reabrimos me inquieta.

Pero como me inquieta el ruido de la carcoma, las vigas,...

...un portazo en casa de la vecina. Por ahí ya vamos mejor.

Estamos de acuerdo de que es en tu cabeza...

...donde se cuecen las inquietantes presencias.

Entonces lo que toca es entrar en esa mente tan ocupada...

...y tratar de descongestionarla, ¿vale?

-Sí. Oh, oh, oh...

Oh, que salgan los fantasmas,...

...que desaparezcan esas inquietantes presencias.

-Tengo una idea. Soy todo oídos.

-Si se trata de limpiar la mente, podemos jugar a un juego.

Yo te digo uno de mis pensamientos y tú a cambio me das uno tuyo.

A ver.

-Debe ser lo primero que se nos pase por mente, para divertirnos.

¿Estás segura de que quieres jugar a eso?

-¿Por qué no? Quizá con nadie más, pero contigo sí.

¿Tú no?

De acuerdo, juguemos.

-Yo ya he empezado. ¿Cómo?

-Sí, te he dicho que con nadie más abriría mi mente.

Eso es trampa. -No, no es trampa.

Es un pensamiento.

Y muy íntimo.

Fíjate que te he dicho que sólo contigo jugaría. Con nadie más.

¿Ni con Abel? -Ni con Abel.

Te toca.

-Quedaos ahí quietecitas jugando, pero en cuanto yo diga,..

...a casa sin rechistar.

Lola, ponte la chaqueta ahora mismo. Eso.

Hola, Manuela. -Hola.

Hola, niñas. -Marce, nos vamos a casa ya.

Qué angelitos. -Cuando quieren, eh.

Oye, ¿y tú cómo estás tan guapa?

¿Te ha tocado la lotería? -Mejor.

Entre mi marido y Leonor han conseguido dinero...

...para irnos de excursión. ¿Qué te parece?

Bien, pero ¿tú no estabas tan cansada, Manuela?

Es mucho más duro ir de excursión una madre de familia numerosa...

...que los días de diario.

-Que no, que me voy sola con mi Marce. A Cuenca.

Así que mis únicas obligaciones serán dormir, comer rico...

...y pasear respirando el fresco. Bueno, muy bien.

Entonces muy bien, porque te lo mereces

-Gracias. Claro que sí.

Jo, qué envidia, ya me gustaría a mí...

...hacer algo así con Héctor.

Pero estamos de trabajo hasta aquí y encima no notamos nada de nada.

-Bueno, sois jóvenes, ya os llegará.

Que sea pronto. -Claro que sí.

Voy a ver a estas, que no me fío un pelo.

A ver.

-Bueno, vamos a introducir una variante en el juego.

En vez de que tú me cuentes algo espontáneamente,...

...yo te hago una pregunta y me contestas.

Sí, mejor así, sí.

-Bien.

A ver...

¿Qué estás pensando ahora?

Sin trampa.

Nada.

-He dicho que sin trampa.

Pienso...

Que estoy ante una mujer llena de vida.

Ansiosa por percibir,...

...por sentir,...

...por gozar.

¿Me equivoco mucho?

Timbre. -Perdona.

¿Sí? ¿Qué quiere?

-Perdone, ¿está aquí Salvador?

-Sí, sí.

Isabel, ¿qué haces aquí?

Pasa, pasa.

-Tenemos un problema. César no está en casa.

Ha desaparecido.

-Míralas.

Pues sí, yo no sé cuánto hace que no cojo vacaciones.

Bueno, la luna de miel, claro.

-Nosotros dos no tuvimos ni luna de miel.

Cuando yo me casé, no estaba el horno para bollos.

Además, entonces sólo se iban de luna de miel los ricos.

Ya, que para esos la luna de miel es casa día.

-Sí. ¿Sabes qué hicimos Marce y yo? ¿Qué?

-Nos fuimos de excursión en bicicleta.

(RÍE) ¿Adónde?

-De la Casa de Campo a Móstoles, que había verbena.

Bueno, hija, yo me voy que la cena no perdona...

...y estas se me ponen nerviosas.

Vamos. Hasta mañana. -Adiós.

Venga, niñas. No, cinco minutos, no.

Manuela.

Oye, que pasa algo raro en mi tienda.

-¿Raro de qué?

Pues que yo juraría que la había cerrado con llave.

-Igual no te has dado cuenta y la has dejado abierta.

Sí, sí... Sí, pero yo juraría que no.

¿Y si ha entrado un caco?

-No, mujer, ¿va a entrar delante de todo el mundo?

Anda, acompáñame. -Espera un momentito.

¡Leonor, salgo ya! Sí...

Me da un poco de... -Nada, tranquila.

Estoy segura de que cerré la puerta antes de irme.

Aquí ha entrado alguien.

-Pero no hay nadie, hija. Mira.

Bueno, tú quédate aquí y yo voy a mirar la trastienda.

Ni caso, ni caso.

Llaman a la puerta. Sí.

-Doctor, me marcho a casa. ¿Desea algo más?

No, ya se puede ir. Gracias. -Hasta mañana.

Teléfono.

Sí, dígame. Sí.

Ah, hola, madre. ¿Qué tal? ¿Cómo estás?

No, no estoy enfadado, no sé por qué lo dice...

No, no, mujer, pero ya he terminado la consulta y...

Vaya. Si acabo pronto, malo. Si acabo tarde, también malo.

No, no, no.

No, no he quedado con Rosa, no.

No, mujer, es que...

Sí, lo que me molesta es que estés tan pendiente de mí.

Eso precisamente es lo que me molesta.

Sí, sí, será mejor.

Mañana hablamos.

Un beso. Adiós, madre. Adiós.

No voy a ir, no voy a ir...

Manolita. Huy, qué tonta, qué tonta.

(TITUBEA) Me acabo de acordar que justo cuando iba a salir...

...ha venido una clienta..

...y me ha dicho no sé qué de unos arreglos.

Me he distraído y nada, que no eché la llave.

-No has cerrado, lo que yo te decía.

Pues ya está. Gracias. -De todas formas, mira la caja.

A ver si te falta dinero, por si acaso.

Sí.

Muy bien. Está todo. Está todo bien. Gracias.

-¿Me marcho? Sí, sí, sí.

Y enhorabuena por la excursión.

Que te lo mereces.

-Ya te contaré. Sí...

Pero bueno, ¿tú no estabas en la cárcel?

(TITUBEA) ¿Qué...? Dame un abrazo.

¿Cómo me has encontrado?

-No te he encontrado.

Me ahogaba en el piso donde estaba y salí sin rumbo,...

...donde me llevaran las piernas, y te vi salir de la tienda.

¿Y cómo estás? ¿Estás bien? ¿Necesitas algo?

-Te he oído hablar en la calle, y estás embarazada.

Sí, y me he casado.

¿Y Adelaida?

-Sigue presa.

Y yo me he fugado.

-¿Dónde va? Cállese.

Rosa. -No me importa quién sea.

Cállese, cállese. ¡Rosa, abre la puerta!

-No está la señorita. Me da igual.

Golpean la puerta. ¡Rosa!

Abre o echo la puerta abajo.

Golpean la puerta. ¡Rosa!

-Calla, calla... ¡Abre la puerta!

-Calla. No, no. Tranquila.

Tranquila. ¡Dame las llaves!

Se irá, se irá como el otro día.

-Sal.

Por favor, por favor...

Por favor, sal.

Por favor...

Hemos tenido suerte.

Cuando te he visto, casi grito.

Si se hubiera enterado Manolita, tendría que haberle explicado todo.

-Te estoy comprometiendo, me voy. Que no.

No puedes salir fuera, podría verte alguien.

Te pueden caer muchos años por ayudar a un prófugo.

Aquí no... Aquí no te buscarán.

Ya saldrás cuando se haga de noche. Y ahora cuéntame de ti.

¿Cómo te has fugado? ¿Y tienes a alguien que te ayude?

-Me escapé con unos cuantos en un traslado.

Pero no soy un valiente ni un hombre de acción.

No, eres más.

Eres alguien que piensa.

Tú me abriste un mundo con tus libros.

-No fue difícil.

Tienes inteligencia de sobra y buena actitud.

¿Has seguido leyendo y estudiando? Sí, sí, algo.

Por mi cuenta y con una profesora.

Pero insisto, cuéntame de ti.

-Lo que te decía, que no soy ningún valiente.

Por mí mismo, no me habría atrevido a fugarme en la vida.

Tuve que elegir entre esto...

...o estar un montón de años en la cárcel.

Tengo mucho más miedo a los sitios cerrados que a los guardias.

Pobre... -No te preocupes.

Todo va a salir bien.

Me preguntabas si hay alguien que me ayude.

Sí. -Sí.

Me prepararán documentación y podré escapar.

Me alegro.

Y si hay algo que yo pueda hacer... -No te lo pediría jamás.

¿Cómo voy a arriesgar tu vida...

...y la de la criatura que llevas dentro?

-Sal, por favor.

Por favor...

Ahora hablamos. No tengo nada que hablar.

-Si me quieres... ¿Que si te quiero?

-Mauricio. Lo sabía, Rosa.

Lo sabía, lo sabía, lo sabía.

Algo aquí dentro me decía que esto pasaría.

Pensaba que habías cambiado, pero veo que no.

-Sí que he cambiado. ¿Me lo vas a negar?

¿Me lo vas a negar ahora? La pregunta es por qué yo.

Entiendo que te acuestes con un tipejo como este...

-Oye... ¡Cállate, cállate!

-Tranquilízate. Supongo que habrá una compensación.

¿Te paga en especies o en dinero?

¿O es tan listo que te ha llevado al catre sólo con promesas?

-No es eso, por favor... No me toques, no quiero saberlo.

La pregunta es por qué yo.

Yo no te puedo ayudar con lo del teatro,...

...ni tengo dinero suficiente para que montes tu propia compañía.

¿Por qué entonces esta comedia? ¿Me lo puedes explicar?

-No es una comedia. Yo te quiero. No me toques, no me toques.

Supongo que habrás mirado en la azotea.

-Sí, y he dado una vuelta por el barrio.

¿Por qué lo habrá hecho? No es un novato.

Al contrario, sabe perfectamente lo que se juega.

-Cuando le regañé por salir, me dijo que se ahogaba.

Que llevaba demasiados años viviendo entre muros.

Bueno, eso es normal.

Todos los que hemos estado presos lo decimos.

Pero de eso a jugarse la libertad, incluso la vida...

-Es que no lo decía por decir, o eso me ha parecido.

Mientras le escuchaba,...

...tenía la sensación de que era un problema más grave.

Salvador, se ahoga de verdad.

Aunque intente controlarlo.

¿Te refieres a algún tipo de claustrofobia?

-No sé, puede ser. A las pruebas me remito.

Se está jugando todo por un poco de aire fresco,...

...justo ahora, a punto de recibir su documentación.

Chis.

-Perdona, no puedo hablar delante de ella.

Con cuidado. No si hablamos de documentación falsa.

-En unos días, podría haber salido a la calle con relativa seguridad.

Si se lo juega todo con tanta ansiedad, por algo será.

Un problema médico, mental, yo qué sé.

-¿Quién tiene problemas mentales? No, nada, un amigo.

-Ya.

(TOSE) -¿De los dos?

Salvador, ¿te importa decirme quién es esta señorita?

Parece que tenéis muchas cosas común...

...y nunca me has hablado de ella.

El hombre con problemas mentales...

...se ha marchado de alguna parte, ¿no?

Sí, algo así, sí.

Y disculpad que no os haya presentado antes.

Isabel, ella es Cristina.

La mujer de mi primo. Casi, casi mi cuñada.

Y Cristina, Isabel es la hija de un viejo amigo mío.

No la veía desde que era una niña.

Casualmente nos encontramos hace unos días, ¿verdad?

-Ya.

¡Vístase! -Por favor, tranquilízate.

Picas alto, ¿eh? Picas alto.

En estos tiempos está bien tener al lado a un tipejo con poder.

-Tranquilízate. Está muy bien. ¿Cuál era el apaño?

¿Te paga en general o a favor por revolcón?

¿Me lo quieres explicar, por favor?

-Mauricio, te lo pido por favor.

Por favor, te lo pido. -Ya me he hartado.

¡Me he hartado!

Yo no pago a nadie,...

...ni en metálico ni en especie, para acostarme con ella.

No soy un hombre de esos.

Coge la ropa y sal de la habitación.

¡Que te vayas, coño!

Rosa, no te muevas de aquí.

-Usted... Usted me lo agradece así, ¿verdad?

Rosa es inteligente y sabe lo que le conviene.

No como usted.

No tiene ni puta idea de con quién está hablando.

Pero ni puta idea.

Y ahora me va a escuchar.

-¿Es un familiar suyo la persona desaparecida?

-Un buen amigo de mi padre.

Bueno, César hace poco que ha llegado a Madrid...

...y no conoce la capital.

Ella le dijo que esperara a que volviera de hacer un recado...

...para salir a dar un paseo, pero se aburrió y se fue solo.

-Es muy inocentón, y además de perderse,...

...pueden robarle o engañarle.

-Lo siento. Sé lo mal que lo pasa una...

...cuando está preocupada por un amigo.

Lo que no entiendo es qué tienes que ver tú con todo esto.

Bueno, también es amigo mío, de antes de la guerra.

Nos presentó el padre de Isabel.

Y ya entonces le dije que si venía a Madrid...

...le enseñaría la ciudad,...

...le llevaría al teatro, le presentaría a gente...

Vamos, que cuidaría de él.

-Perdón, Salvador, lo mejor es que nos vayamos.

Es que no sabemos dónde está y tenemos que encontrarle...

...antes de que se asuste y se meta en un lío.

Tienes razón, Isabel.

Ya te lo presentaré, Cristina.

-No, yo voy con vosotros. No hace falta.

-Si me aburro en casa, de verdad.

-No, lo siento. Vamos Salvador y yo, nadie más.

Isabel tiene razón.

No es conveniente que nos acompañes.

No te conoce y podría asustarse.

Además, está anocheciendo...

...y no permitiré que andes sola por estas calles, de noche.

Lo siento.

-¿En qué andáis metidos? En nada.

Ya te lo contaré con más calma.

-Salvador, por favor, vamos.

Salvador.

¿Cree que me impresionará con una insignia de Falange?

Eso le servirá con las muchachas como Rosa.

¿Les dice que les ayudará en su ambiente...

...y son tan tontas que se lo creen?

¿No se dan cuenta de que no es de fiar?

-En mi ambiente, como dice, es usted el que no es de fiar.

Un matasanos con ribetes de liberal,...

...que anda zascandileando con un cura comunista...

...y represaliado por la Iglesia. ¿Cómo sabe tanto de mí?

(RÍE) -La insignia no la compré en una ferretería.

Se lo puedo asegurar.

Ya le dije que no sabía con quién estaba hablando.

No tiene nada contra mí.

-¿Está seguro? Yo no tengo nada que ocultar.

-¿Y ese amigo suyo? El cura o lo que sea. ¿Qué me dice?

No, no, no, a él déjelo a parte en esto.

-¿Por qué? ¿Porque lo dice usted?

No, porque si lo hiciera, sería un mal nacido.

-¡No voy a permitirle ni un agravio, ni un insulto más!

Sólo con la información que poseo, ya ha visto mi poder.

Sí, ya he visto el poder que tiene.

Ya he entendido cómo puede llevarse a Rosa a la cama.

Porque la amenaza como me está amenazando a mí, ¿es por eso?

¿Y Adelaida?

-No sé nada seguro desde que nos detuvieron.

Supongo que estará bien, si no, me habrían dado la noticia.

Estos no pierden ocasión de amargarte la vida un poco más.

La pobre arriesgó su vida, pensando que podría salvarme.

Tres golpes.

-¿La contraseña a estas horas?

¿Quién es?

-Policía. Vamos, vamos.

Adelante, registren la casa.

Tú ven aquí, vamos.

Pobre de ti como registremos y encontremos algo.

¡Vamos, rápido, rápido!

-Comisario. -Lo sabía.

Te vas a pasar una temporadita en la cárcel.

Vamos, préndala.

-Acabe con esto cuanto antes.

Son los vecinos. -Cállese.

¿Esconde a alguien ahí? -No.

-¡Ella no tiene la culpa de nada! -Sujétenlo.

-Las octavillas son mías.

-Fíjense qué hemos encontrado, un topo.

Vamos, a comisaría. Préndanlo, vamos.

¡Vamos, vamos!

-¿Por qué lo has hecho, César?

-Rosa está conmigo voluntariamente.

Así que consuélese con que no era...

Es más, te voy a contar un secreto.

Ella se me ofreció.

Aquí mismo.

Me pidió que la poseyera y no lo hice.

No lo creo, no lo creo.

-No la tomé. No me aproveché de su ofrecimiento.

¿Sabe lo que hice?

(RÍE) La dejé para el día siguiente.

Qué asco.

-Para ser yo quien tomara las riendas y así conquistarla.

Y a la vista está que lo he conseguido.

¿Qué se supone que ella quiere de usted?

¿Qué es? -Todo.

Todo. De momento ya ha conseguido un mejor papel...

...en la obra que está ensayando.

Es usted más desgraciado de lo que me imaginaba.

Rosa puede llegar a ser una buena actriz,...

...pero lo que sí es seguro es una gran...

Es una buscona. Y tranquilícese, tranquilícese,...

...si quiere seguir con esa obra social que tanto le gusta.

Podría desmontarla hoy mismo.

Esta guerra es entre usted y yo, a Ángel déjelo en paz.

-Yo no estoy en guerra.

Lo estuve. Estuve en la...

Estuve en la cruzada.

Sí, pero todo se acabó.

Ahora aúpo o machaco en España a quien me da la gana.

¿Le ha quedado claro?

-¿En qué lío se habrá metido ahora este insensato?

¿Creía que iba a engañarme con una mentira tan tonta?

Y ese César... Sí, bueno, puede que sea su amigo,...

...pero está claro que no es trigo limpio.

Y ella, ¿quién es ella,...

...que la obedece como si fuera su jefa?

Eres un perfecto idiota, Salvador. Un idiota.

Teléfono.

Dígame. -Hola, cariño.

-Ay, Abel, cariño, menos mal.

-¿Pasa algo?

-No, no, no, nada.

-Vamos...

-No, que estaba sola en casa y te echaba de menos.

Quería hablar contigo.

(RÍE) -Pues para no pasarte nada...

-¿Tú qué estás haciendo?

-Mira, yo acabo de llegar al hotel.

La ponencia esta tarde ha terminado antes de lo habitual...

...y estaba deseando volver aquí para llamarte.

-El tiempo sin ti pasa muy lento.

-Cariño, ¿son imaginaciones mías o estás preocupada por algo?

-No, no, estoy bien.

-Bueno, justo las palabras que indican todo lo contrario.

A ver, ¿qué ha pasado? Cuéntame. ¿Algo en el colegio?

¿Algún encontronazo con las monjas?

-No.

-Vamos, si sabes que me lo vas a acabar contando.

-Es por Salvador.

-Ah, vaya...

¿Y qué ha hecho esta vez mi primo favorito?

-Ha estado aquí en casa con una muchacha.

-Hombre, ¿y eso es para preocuparse?

-Una muchacha mucho más joven que él.

Nada más verla te das cuenta de que le traerá problemas.

-Mauricio, por favor...

Escúchame, por favor. No me toques.

-Vale, ya ha escuchado lo que le he dicho.

Así que no quiero problemas.

Aquí no ha pasado nada.

Y tú deja de llorar, joder.

Podías haber previsto que esto podía pasar.

¿O le considerabas más tonto de lo que es?

-Por favor. Déjame.

-Deja que me explique. No me expliques nada.

No me tienes que explicar nada.

-Por favor, Mauricio...

Es normal que me detestes, me lo he ganado.

Y ha sido humillante, lo siento, perdóname.

De verdad, de verdad que no ha sido por deseo.

Me da asco ese hombre. Mauricio, por favor.

Y tampoco para hacerte daño. No quería hacerte daño.

-Bueno, ya era hora de que se echara novia.

Eso no es para preocuparse, es para alegrase.

-Yo también estaría alegre, si me hubiera dicho...

...que es su novia, pero no lo ha hecho.

Y está claro que hay algo raro.

Oculta algo.

-Confía en él, que no es tonto.

Si se ha fijado en ella, valdrá la pena.

-Los hombres sois muy idiotas en cuestión de faldas.

Y más un hombre tan necesitado como está nuestro primo.

-Ya. Bueno, concrétame. ¿Qué has visto en ella?

-Pues no sé, ojalá pudiera decirte algo en concreto, pero...

Es una intuición, un presentimiento.

Hay algo oscuro en ella.

-O sea que los hombres unos tontos y las mujeres con sexto sentido.

Uh, qué mal vamos.

¿Y qué puede ser eso que la oscurece tanto?

¿Algún asunto de política quizá?

-Pues ahora que lo dices, puede ser.

Sí. Espero que no sea tan tonto de meterse en política otra vez.

-Cristina, cálmate, por favor.

Cuando llegue, hablaré con él.

No permitiré que se meta en líos otra vez.

Lo conozco bien.

No será difícil sacarle la verdad y actuar en consecuencia.

-Te quiero. -Y yo a ti.

-Un beso, cariño. -Otra para ti.

Adiós. -Adiós.

Abel lo arreglará.

-Perdóname.

He estado...

He estado varias veces con él.

Lo siento.

Lo siento.

Lo siento.

Quiero ser sincera.

Mauricio...

Y que me entiendas, por favor.

Y que me entiendas y que me perdones. Mauricio...

Por favor, por favor, por favor...

Eres un buen hombre... Sí, más de lo que yo quisiera.

-No te vayas, no te vayas, por favor...

No quiero que me expliques nada ni que me cuentes nada.

No hay nada que entender.

Te puedes engañar con tus razones, pero a mí no me trates de tonto.

No humilles mi inteligencia, por favor.

-No es eso, mi amor.

No te escucharé porque no hay nada que comprender.

Además, tú eres libre de acostarte con quien te dé la gana.

-Yo no... No estamos casados.

Ahora, a lo que no tienes derecho...

...es a engañarme de esta manera.

A eso no tienes derecho.

Es que no quiero ni escucharte. -Por favor...

No quiero ni escucharte.

Si tanto querías acostarte con él, ¿para qué estás conmigo?

Me podías haber dejado. -Que no...

Ya está, no quiero hablar más contigo.

-Por favor, quiero explicártelo.

Por favor... Se ha acabado, Rosa. Se ha acabado.

-No, no. Ya está.

Ya no hay más, no habrá nunca nada más.

¿Me dejas salir, por favor? -No.

No te vayas. ¿Me dejas salir?

No te vayas. Rosa, ¿me dejas salir?

Por favor. ¡¿Me dejas salir?!

-Mauricio.

Fue muy duro cuando os detuvieron.

Te parecerá una tontería que yo diga que fue duro...

...cuando los detenidos fuisteis vosotros.

Te he echado tanto de menos.

-Son las últimas, dense un poco de prisa.

Si tardan mucho, me voy preocupado,...

...pensando que deben ir de noche caminando hasta su casa.

Les espero en la puerta.

-A ver...

¿Tan grave es?

-Le he destrozado la vida al único hombre que me ha querido.

-¿A Mauricio?

Vuestra vecina, la modista, hizo una caja con vuestros recuerdos.

Bueno, con lo poco que dejaron los de la brigada político-social.

-¿De verdad? ¿Y la tienes todavía?

Llaman a la puerta. Ay...

-¡Teresa!

Llaman a la puerta. ¿Estás ahí?

Chis, es mi marido.

-Y dale no, no te hagas la tonta. Me ha dicho Marifé ya...

...lo del policía que trabaja con Héctor, el de Teresa.

-Ex policía, Clemen.

Y si te digo la verdad,...

...no me siento nada cómoda hablando de ese tema.

Por favor, olvídalo.

-¿Entonces de qué hablamos?

-Cuando me dijo que había sido duro,...

...debía haber buscado ayuda y no dejarlo solo.

Y está lo de su hermana en prisión, y sin poder verla.

-Sea como sea, no son excusas.

La seguridad de los camaradas está por encima de todo.

Se lo he dicho: "No sólo te arriesgas tú,...

...también me pones en peligro a mí y a todos".

-Con algo de suerte,...

...podrás escoger entre Mauricio o el teatro.

Más te vale irte haciendo a la idea.

-No voy a dejar nunca el teatro.

-Bueno, pues entonces ya está.

Ni reconciliación ni nada, ¿no? Tampoco estás loca por él.

¿No?

¿No?

(EBRIO) Hasta las llaves me traicionan. ¿Qué pasa?

¡Ábrete! ¡Coño ya con la puerta! Hombre con la puerta ya.

-¿Mauricio? Ahí va. Hola.

-Hola. Mauricio, ¿qué haces? No sé, ¿y tú qué haces en mi casa?

-Esta es mi casa. No.

-¿Se puede saber qué hacías? Me has dado un susto de muerte.

(TITUBEA) Estaba en el aseo.

Estaba en el aseo, por eso no te he oído.

Y como la tienda ya está cerrada.

  • T5 - Capítulo 136

Amar en tiempos revueltos - T5 - Capítulo 136

16 mar 2010

 Entre los dos inician un juego que les acerca mucho y que se ve truncado de repente por la inesperada aparición de Isabel. Estela, molesta porque ve que Gabino sigue con Rosa, manda un anónimo a Mauricio. Teresa descubre a César y disimula ante Manolita. Mauricio se reconcome por el anónimo y acude a ver a Rosa y, tras descubrirla en la cama con Gabino Cifuentes, rompe definitivamente con ella. Tras su inesperada aparición en casa de Cristina, Isabel y Salvador buscan a César pero no lo encuentran. Cristina recibe una llamada de Abel cuando aún está muy alterada por la marcha repentina de Salvador. A su marido le cuenta que cree que Salvador ha iniciado una relación sentimental con una mujer que le puede causar serios problemas.                                                                                                                          

Histórico de emisiones:

16/03/2010

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