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No recomendado para menores de 7 años
Transcripción completa

-John Thomson viene a decir claramente que...

...esto no le había pasado nunca antes en la vida,...

...lo de dar un K.O. técnico para los dos a la vez.

-Normal.

-¿Así que es una estirada? La típica diva.

Algo de eso hay, sí.

Pero no es tan simple.

Estela del Val tiene algo más.

No es sólo una diva caprichosa y pagada de sí misma.

Tengo la sensación de que todo eso no es más que una barrera...

...que ella pone ante los demás para esconder algo más íntimo.

-A mí me gusta todo lo que usted me enseñe.

-Eh... eh...

Claro, bueno, si estas pitilleras no le convencen,...

...le puedo seguir ensañando más modelos.

De hecho, tengo esta, que también...

-¿Y a usted cuál le gusta?

Dígame cuál le gusta y yo se la regalo ahora mismo.

-También me dijo varias cosas que apunté por si se me olvidaba.

A ver...

Aquí está.

Dijo que Estela es una gran artista...

...y que puedo confiar completamente en ella.

Y que tal vez pida algún ajuste en los textos.

Eso no deberías admitirlo.

-¿Se da cuenta, Mauricio, de que habla del proyecto...

...como si fuera una realidad?

Lo siento, quizá me dejo llevar por el entusiasmo.

-No, no se disculpe, por favor.

Al revés; me encanta oírle hablar así.

No me equivoqué con usted. Bueno, si usted lo dice.

-Por supuesto que lo digo.

-Mi querido amigo Carmona.

Lo primero, para mí es un campeón de pacotilla.

-Ya, pero sigue siendo el campeón de España.

-Hasta que se cruce conmigo y deje de esconderse.

-Frank, ¿está usted insinuando que Alfonso García le tiene miedo?

-Muchísimas gracias por ayudarme, eh, don Leonardo.

Porque ese señor me estaba haciendo sentir muy incómoda.

¿Pero se puede saber qué le pasa a los hombres conmigo?

-¿Y no hay ninguna otra forma, alguna medicación, por ejemplo?

No, no, vamos a ver.

La medicación lo único que hace es enmascarar los síntomas,...

...pero no ataca la raíz del problema.

Esto sería como si...

Como si tu mente te estuviera reclamando a gritos...

...que le prestases atención.

Y yo creo que hasta que no lo hagas no dejará de atormentarte.

-No, no, Alfonso García no se esconde de nadie.

Es el campeón de España.

Lo encontrarás en el ring, ¿sabes?

Y allí será donde te dé la paliza que tú te mereces.

Despertar con la luz de la mañana...

...y renovar otro día más la fuerza...

...para amar...

...en tiempos revueltos.

No es sencillo avanzar olvidando lo vivido...

...cuando tanto se ha dado por perdido..

...y camino es volver a comenzar.

Le canto al viento...

...por todo el que venció su desaliento.

Le canto al mar...

...por todo aquel que tuvo que olvidar...

...para empezar...

-También me dijo varias cosas que apunté por si se me olvidaba.

A ver... Aquí está.

Se me debió de caer allí.

Se abre una puerta.

Cariño, voy a tener que salir un momento.

-¿Ahora? -Sí.

Me he dado cuenta que me he dejado los guantes en el café del teatro.

-¿Y quieres ir a por ellos ahora?

-Es que son muy bonitos, de piel. No me gustaría extraviarlos.

-¿Estás segura de que están allí? -Sí, completamente.

Me los quité y los dejé encima de la mesa del café.

-Entonces no te preocupes.

Seguro que el camarero los ha visto y los ha guardado.

Podemos llamar para ver si los han encontrado.

-No, no te preocupes, no te molestes.

Seguro que los ha cogido el camarero.

Ya iré mañana a por ellos.

-Como quieras. -Sí.

(RADIO) Frank Carrera ha dicho que Alfonso García es...

...un campeón de pacotilla.

Después, el aspirante, continuando con sus bravatas,...

...ha declarado que tumbará a Alfonso García cuando quiera,...

...pero que antes quiere darle una soberana paliza.

-Perdona, hijo, pero es que no soporto estas cosas.

Ese hombre me asusta. -No hay que hacerle caso.

Es un bocazas.

Perro ladrador, poco mordedor. -¿Tú crees?

-Claro, lo hace para meter miedo.

-Pues conmigo lo consigue.

-Sí, pero al que tiene que asustar es a Alfonso y eso no es fácil.

-Héctor, yo estoy muy preocupada.

¿Tú crees que Alfonso está preparado...

...para enfrentarse con ese boxeador?

Después de todo lo que le está pasando.

-Claro que sí, mujer. Ya lo verá.

Alfonso es un gran campeón.

Estoy seguro que el día del combate nos dará una gran alegría a todos.

-Dios te oiga, hijo.

Por cierto, el último día que fui a ver a...

A Pascual, me dijo que le haría mucha ilusión...

...escuchar el combate por la radio.

¿Tú podrías pedirle el favor a alguien para que pueda oírlo?

-Qué más quisiera yo, mujer.

Antes, cuando era comisario, todavía, pero ahora...

...lo único que conseguiría es perjudicarle aún más.

-Ya, si yo me lo imaginaba.

Bueno... ¿Qué tal la chaqueta?

-¿Que qué tal? Está fenomenal. Usted tiene unas manos...

Me está que ni comprada. (CARMEN RÍE)

¡Hola, familia! (AMBOS) ¡Hola!

-¿Qué tal, campeón? ¿Qué tal el entrenamiento?

-Trae, trae, trae...

-No me toques ahora. -Cuidado, cinta ahí...

Cubre, cubre arriba. -Cuidado, que yo engaño.

-Sí, parece que das y luego te las comes todas.

Madre, ¿ya está la cena? -Sí, sólo falta poner la mesa.

Muy bien, ya la pongo yo. -Y yo te acompaño.

-¿Qué hay de cenar? -Patatas con costillas.

-¡Que bueno, madre, por Dios!

No sé qué hubiera sido de mí sin usted todo este tiempo.

Que le voy a medir hasta el corazón.

(AMBOS RÍEN)

-A ver...

Aquí está.

La medicación lo único que hace es enmascarar los síntomas,...

...pero no ataca la raíz del problema.

Esto sería como si...

Como si tu mente te estuviera reclamando a gritos que...

...le prestases atención.

Y yo creo que hasta que no lo hagas no va a dejar de atormentarte.

-Has sido muy listo no dejándola salir esta noche.

Seguro que no te ha dicho la verdad.

"Ahí": adverbio. Con h intercalada y acento en la i.

"Hay": verbo.

Con h inicial e y.

Y "Ay": interjección.

Inventar una frase usando correctamente las tres formas.

Ay, ay, ay, no hay forma de llegar ahí.

Ay, ay, ay... -¡Muy bien, hermanita!

No seas tonto. -¿Este es tu cuaderno?

No, no, dame, dame. Me da vergüenza.

-Ah, ¿esta es tu letra?

Sí, ya lo sé, parece de cría. Dame, por favor.

-La tuya es muy bonita, eh.

De verdad.

Pero... Pero si es una letra normal.

-No, normal y es bonita.

La mía es una letra fea, una letra de burro.

Escribo cuatro cosas y rompo el lápiz ya.

¿Y cómo es eso? "Ay, ay, ay...".

¿Que voy? No.

Tengo que utilizar las tres formas. -¿Intentas explicármelo o qué?

A ver por qué me dedico yo a pegar, porque esto no lo entiendo.

¿Y tú qué haces despierto tan temprano?

¿O estás nervioso?

¿Quieres una tila y te acuestas un rato más?

-No, tila no. No quiero estar dando vueltas en la cama.

Me he levantado porque quiero levantarme...

...como cuando estaba en el mercado y aprovechaba el día.

(SUSPIRA) Es por el combate.

-No. Bueno, sí, por el combate, pero sobre todo es por Ana.

-Hola, madrugadora. -Hola, cariño.

Te he despertado, ¿verdad?

-¿Adónde vas tan pronto?

-En realidad no tengo prisa. ¿Te preparo el desayuno?

-No hace falta. Me tomaré algo en el bar de abajo del despacho.

-De acuerdo entonces.

-¿Y bien? -¿Y bien qué?

-No me has contestado. ¿Adónde vas?

-Ah, a casa de doña Adela.

-Un poco pronto para visitas de cortesía, ¿no crees?

-Bueno, la gente mayor duerme poco.

Por lo visto, se levanta todos los días a la 6 de la mañana.

-Aun así, ¿no sería más normal que fueras por la tarde?

-Por la tarde tiene a dos alumnos.

De todas formas, no nos vamos a tomar un café ni nada.

Me va a prestar unos libros.

-Muy bien. Que tengas un buen día.

-Igualmente, cariño.

-Al final, vuelve hoy del viaje de Italia.

¿Te molesta que hable de Ana? No, no, no, claro que no.

(SUSPIRA) -Es que últimamente, no sé, Teresa,...

...a lo mejor te resulta raro lo que te voy a decir,...

...pero no me siento igual en casa que como me siento aquí.

¿Y cómo te sientes aquí?

-Pues como he estado estos días aquí, que me siento libre,...

...que puedo hacer lo que quiera.

En casa siento todo el rato que cualquier cosa que diga...

...me la van a juzgar.

¿Con Ana es así?

-Bueno, no y sí, porque con ella muchas veces digo cosas...

...y se cabrea conmigo.

Tú sabes que yo digo las cosas como las pienso.

Pero Ana es tan inteligente que le da vueltas a lo que digo.

Y muchas veces me dan ganas de que todo vuelva a ser...

...como antes y estemos cada uno en nuestra casa y tan felices.

Pero estás casado y debes volver a tu casa.

-Ya, bueno, tranquila, que ya lo sé.

No me refiero a nada de eso.

Además, que a mí me gusta mucho Ana.

Yo quiero que las cosas vuelvan a ser como antes.

Pues las cosas no funcionan así.

-¿Así cómo?

Pues que el pasado no puede volver.

-Vaya, ya está la hermana filósofa chafando los planes, ¿eh?

No, no, sólo quería decir que las cosas...

-A ver, Teresa, tú y yo somos quienes mejor conocen a Ana, ¿no?

Bueno, pues entonces somos tú y yo quienes se tienen que encargar...

...de que todo vuelva a ser como antes.

Entonces, te voy a preparar el desayuno como antes.

-¿Ah, sí? Sí.

Y luego te vas a ir al mercado, como antes.

(RÍE)

-Veo que yo tenía razón.

-¿En qué? -Los guantes, han aparecido.

-¡Ah! Sí, sí, estaban en el bolso. No miré bien.

-¿Ves como no tenía sentido salir corriendo a esas horas?

-Sí, me evitaste un viaje en balde, cariño.

-Por cierto, ¿qué libros te va a prestar doña Adela?

-"El sí de las niñas" y "La señorita de Trevelez".

Es que con lo del premio tendré que hablar mucho de teatro.

Y no quiero quedar como una inculta.

Estoy repasando algunos clásicos. -Muy bien.

-¿Por qué me haces estas preguntas? Ni que me estuvieras interrogando.

-No, no. Es simplemente que me intereso por tu trabajo.

Es mucho más interesante que el mío.

Yo sólo leo leyes, declaraciones, sentencias...

Perdona si he sido demasiado inquisitivo.

-No, no, no te preocupes. Bueno, que tengas un buen día.

-Igualmente.

-Dos cafés y dos pinchos de tortilla para las chicas Rivas.

Clemen, ¿cómo va esa barriguita?

-Pues ya ves, creciendo. Qué remedio.

-Ay, lo guapa que estás. -Anda.

-Contadme cosas de los almacenes, ¿qué tal con este, con...?

-Don Leonardo. -Eso. Iba a decir Loreto.

Si es que siempre me lío. ¿Sigue tan estirado?

-Sí, hija, sí. El otro día le llamó la atención...

...a una empleada por los cordones de los zapatos.

Porque los llevaba asimétricos. -Anda, venga.

-Sí, sí. -Huy, de verdad...

¿Y no será un poco...? -Qué cosas tienes, Manolita.

-Nunca se sabe, eh.

Bueno, a ver qué os falta, dos tenedores...

Y yo me voy a la cocina.

Y ya sabéis, si necesitáis algo, me llamáis.

-Gracias.

¿Y a ti qué te pasa, que no has hablado?

-Eso, que estaba pensando.

(LEE) -Continúa el éxito en el teatro español.

No se pierda el inmortal clásico de José Zorrilla,...

..."Don Juan Tenorio".

Con María Jesús Valdés y José María Sigane.

¿Y? -Que...

Que no me hago a la idea, Marifé.

-¿De qué? ¿De que estén representando el Tenorio?

-No, mujer, no, que el padre de mi hijo se haya esfumado.

-Ay... -¿Pero no te acuerdas?

De José María haciendo de don Juan.

-No me voy a acordar, si estaba ridículo.

¡Ay, ay, doña Inés, alma querida!

Alma de mi corazón, ¡oh!, no me quites la razón.

Pues si me ha de dejar la vida,...

...sólo, hija de mi locura, no, no aumentes mi desventura...

...burlándote de mí y mi loco afán.

¡Esto es inaudito! Tengo que hablar con las mujeres de la limpieza.

-Ridículo, dice. Vamos, estaba arrebatador.

(SUSPIRA)

-Míreme, Clementina.

Míreme. Imagínese, imagínese que yo soy don Juan.

Y que usted lleva muchos años esperando este momento.

Pero como se ha educado en un convento de monjas...

...pues tiene que ser usted una mujer recatada.

¿Comprende? ¿Sí? Bien, pues entonces,...

...las manitas abajo.

Así, las manitas quietas. Quietecitas.

Y... Y déjeme hacer.

Déjeme hacer y déjese usted hacer.

Y ahora, ahora, escuche, Clementina.

¡Cálmate, querida mía!

Reposa aquí un momento.

Y olvida de tu convento esa triste cárcel sombría.

¡Aaaay!

¿No es verdad, ángel de amor, que en esta apartada orilla...

...más pura la luna brilla y se respira mejor?

¡Ay, amor! -¡Ay, ay, don Juan!

¡Don José María, por Dios!

¡Por Dios, don José María!

-Clementina, ¿usted no se da cuenta que estoy interpretando un papel?

¿Usted cree que doña Inés empujaría así a su amado?

Tampoco se echaría locamente sobre sus brazos, pero mujer...

¡Por Dios!

Bueno...

Usted, Clementina, tranquila.

Quietecita, ¿eh? Usted deje las manos quietecitas.

Y... y... déjese hacer, mujer. Déjese hacer y déjeme hacer a mí.

¿De acuerdo? Usted déjeme hacer a mí y no se preocupe por nada.

Siéntalo. Tiene que sentirlo. -Sí.

Qué bien le quedaba el papel, ¿eh?

Qué guapo estaba, qué casanova.

Y yo la tonta de turno que se deja engañar.

Dios mío, qué horror.

-Clementina...

Mujer, no te pongas triste, anda.

-Pero si es que es verdad.

¿Dónde estará ahora? O no, ¿con quién estará ahora?

Pues con cualquier pánfila como yo.

Con cualquier pánfila, engañándola igual que a mí.

-Que no, hombre, que no. -Que sí.

-Camarero, perdone,...

...¿no encontraría ayer en la mesa de ahí un cuadernito blanco...

...con unas flores rojas estampadas?

Lo he buscado por todas partes y no lo encuentro.

Sé que me lo dejé ahí. -Sí, lo recogí yo.

Se lo di a don Salvador. Como la vi a usted con él.

-Ya. Muchas gracias.

Bueno, pues...

-Tómese un café.

-¿Perdone? -Salvador está a punto de llegar.

Siempre viene a la misma hora. Tómese un café y espérele.

Aquella de allí es su mesa, como quien dice.

-Gracias.

Perdone, ¿me puede poner un café con leche?

-Enseguida. -Gracias.

-Cóbrate, anda. La vuelta para ti.

-Hola, chicas. -Hola, guapa.

-¿Qué, qué se cuece por aquí?

-Na... Bueno, la tortilla de Manolita.

Es que se le ha pasado la mano con la guindilla, ¿verdad?

-Sí, es que... pica un montó, eh.

-Vaya por Dios. Y a mí que no me gusta nada el picante.

-Y a ella tampoco, pero es que un antojo es un antojo.

-Es lo que tiene. -Ya, claro.

Bueno, os quería preguntar una cosita.

Me ha comentado una compañera que el año pasado...

...se organizó en los almacenes la representación del Tenorio.

¿Pensáis que se volverá a hacer este año?

-A mí no me han dicho nada, no.

-¿Está bien?

-Sí, sí, sí. Pues la náuseas. ¿Verdad, Clementina?

-Sí, sí. -Dentro de lo normal todo.

-Ah, ya.

Bueno, pues a lo que iba.

Es que yo soy una apasionada del teatro. Me encanta.

Y he pensado que podíamos organizar otra vez la representación.

Vamos, si don Leonardo nos da permiso.

Fijaros que yo me atrevería a ser doña Inés.

Aunque primero me gustaría saber quién es don Juan.

-Con permiso.

-Ay, por Dios, Marifé, ¿pero qué le pasa?

-Incontinencia. Típico, típico del embarazo.

Bueno, yo me tengo que ir también, eh. Luego nos vemos.

Hasta ahora.

-Qué poco han comido estas chicas. Hola, Marina, ¿qué te pongo?

-Pues un cafelito.

-Muy bien. -Gracias.

Buenos días. -Hola, Salvador.

Creía que me habían usurpado mi lugar de trabajo.

-Perdona por haberte invadido. No, por favor, bienvenida.

Me viene bien que estés aquí; me ahorro un viaje.

Te dejaste esto. -Muchas gracias.

Iba a pasar por tu casa luego a devolvértelo.

-Puedes venir a cenar. No, gracias, no puedo.

Estoy de trabajo hasta el cuello.

¿Así que has venido por esto?

-No, no, no. La verdad es que se me había olvidado.

He venido a hacer un recado por aquí cerca y...

Madre del amor hermoso.

-¿Qué?

Eres la peor mentirosa que he conocido en mi vida.

-Perdona. ¿Tanto se me ha notado?

Mujer, eso de "pasaba por ahí" es algo que está muy visto, ¿no?

-Venía a por esto. Es mi diario.

Entiendo. -Es muy personal.

Ya. -No he dormido en toda la noche...

...pensando en quién podría haberlo leído.

Conozco esa sensación.

Cuando salía de mi celda dejando el manuscrito de la obra...

...no me llegaba la camisa al cuerpo. No pensaba en otra cosa.

Debería escribir algo sobre eso.

Una novela quizás.

La historia de un preso que esconde algo debajo del colchón.

Pero no papeles, no, no. Una lima quizás.

O un arma.

Es una buena idea, ¿no?

¿Ves? Me has traído la inspiración. -¿Yo?

Claro que sí. Muchas gracias. Deberías venir siempre a esta hora.

Me serías de gran ayuda.

-Bueno, ¿habéis terminado ya?

-Espere, madre, que le ayudo. -Anda, quita.

-Déjeme, que le ayudo, hombre. -A ver si vas a romper las cosas.

Madre, aprovéchese, por un día que ayuda en casa.

(RÍE) -Pues es verdad, porque tú siempre has sido muy señorito.

Ahora que tiene mayordomo se pone a fregar los platos.

-¿Qué pasa, no puedo ayudar a mi anciana madre?

-¿Pero cómo que anciana? ¿Pero qué le pasa a este?

¿Qué le pasa? Que no se quiere ir de aquí.

-Que no es eso, hombre.

Está tan bien que no quiere volver a su casa con su mujercita.

-Ella es que es una bocazas, eh.

Pues es verdad que la echaré un poco de menos, madre.

-¡Ay! Pero que no te vas a la Conchinchina.

-Pero es que madre no hay más que una.

-Ya. Anda, vete con tu mayordomo, que te tendrá en palmitas.

-¿Le digo una cosa?

Como los desayunos de estos dos días no tendré en ningún lado.

-Pues eso haberlo pensado antes de casarte.

-Bueno, madre, ¿me va a dar un beso o no?

-Anda, ven aquí. -¡Aquí! ¡Aaah!

(AMBOS RÍEN)

Bueno, yo me voy, que se me hace la hora de abrir.

-Espera, que te acompaño.

¿Pero tú no tienes que entrenar?

-Sí, pero te dejo en la tienda y voy al gimnasio.

-Tú no te preocupes, que este,...

...en cuanto pase una noche con su mujer,...

...se le quita toda la tontería.

-A ver, ¿a usted le parece que unos guantes...

...pueden costar 50 000 pesetas por mucha cabritilla que lleven?

-No, son 49 con 99. -Exacto.

Pero eso no es lo que pone en la etiqueta.

Aquí pone 49 999, ¿lo ve?

-Sí. -Vamos, que le sobre un 9.

Y donde hay un punto debería haber una coma.

49,99. -Ajá.

-En las bufandas pasa lo mismo.

Compruébelo, porque estas cosas dan muy mala imagen, por Dios.

-Lo siento.

-Otra vez. ¿Pero es que tengo que decírselo todo?

Mariana, no, perdón, creí... No sabía que era usted, perdón.

-No, por favor, perdóneme usted; no quería interrumpirlo.

-No, en absoluto. ¿Qué puedo hacer por usted?

-Pues verá, don Leonardo. Eh...

No sé si contárselo o no, porque no sé si es una tontería.

-Lo dudo. Viniendo de usted, lo dudo.

-Vaya, pues muchísimas gracias.

Bueno, la cuestión es que yo me he enterado que años atrás...

...se ha venido haciendo la representación...

...de "Don Juan Tenorio" en los almacenes.

Entonces, había pensado que este año...

...quizá nosotros también podríamos...

Bueno, lo que le quiero decir es que yo me ofrezco voluntaria...

...para hacer de doña Inés.

Si a usted le parece bien, por supuesto.

Ya sabe, doña Inés, la novicia.

Esa novicia que es tan románticamente seducida...

...por don Juan. -Sí, bueno...

Bueno... No sé. -¿Qué?

-No, en primer lugar, me parece una magnífica idea.

-¿Sí? -Sí, sí.

En segundo término, no sé si yo realmente estoy autorizado...

...para permitir algo así. Es que no lo sé.

(TRISTE) -Vaya.

Timbre.

-¿Sí? -Hola, buenos días.

-Buenos días. -¿Cristina Barea, por favor?

-En este momento no está en casa, pero, pase, pase, por favor.

-Bueno, muchas gracias.

-Adelante. -Gracias.

-Yo soy su marido, Abel Zamora. Para servirla.

-Encantada, Sr. Zamora. Mi nombre es Estela del Val.

-Sí, lo sé. La he reconocido.

Es usted una persona muy famosa. -Muchas gracias.

-Como le decía, mi mujer no está, pero si yo puedo ayudarle en algo.

-Creo que no. Quería charlar con ella sobre la obra de teatro.

-Sí, "El diablo bajo la cama".

Creo que usted interpretará el papel principal.

-Exactamente. -Reconozco que a veces...

...he presumido de ello en el trabajo.

Es un honor contar con su talento. Estamos entusiasmados.

-No es un cumplido si le digo que su mujer...

...ha escrito una obra extraordinaria.

-Le encantará escuchar eso de usted.

-Es sorprendente que sea su debut.

Parece el texto de un autor consagrado.

-Bueno, Cristina, aunque no se haya dado a conocer...

...hasta ahora, lleva mucho tiempo escribiendo.

-Claro, eso se nota. -Perdóneme, soy un desastre.

Permítame su abrigo. -Ah... Bueno, muchas gracias.

-¿Desea tomar algo, un café, una copita?

-No. No quiero molestarle más.

-No es molestia, al contrario. -Es usted muy amable.

Ya está. -Y siéntese, por favor.

-Gracias.

-Habría que esperar a que regresase doña Ana de Italia.

Y cuando vuelva tendrá un montón de asuntos pendientes,...

...no sé si podrá atender peticiones como la suya.

-Ya, ya, lo entiendo.

Pero, como usted comprenderá, es una pena.

Si pasan estas fechas no tiene ningún sentido que lo hagamos.

-Sí, como le digo, no está en mi mano.

-Sí, y lo comprendo perfectamente, don Leonardo.

Yo no quiero resultar insistente.

Pero es que yo soy una auténtica enamorada de la poesía.

Me había hecho ilusiones de recitar algunos versos...

...delante del público, sólo era eso.

-¿Le gusta la poesía? -¿Que si me gusta?

Campoamor, Zorrilla, Bécquer...

¡Aay! No hay nada que me conmueva más en el mundo que un buen poema.

-Vaya, vaya. -Pues sí.

Pero ahora supongo que debo volver a mi puesto de trabajo.

-Pues sí, por favor. -Claro.

-Hasta ahora.

-Un poema.

-¿Sabe una cosa? Yo también el conozco a usted.

-¿Ah, sí? -Nos tropezamos una vez...

...en la puerta del teatro Cervantes. ¿Se acuerda?

-Perfectamente. Lo que me sorprende es que se acuerde usted.

-Claro que me acuerdo. Estuvimos hablando.

-¿Seguro que no puedo hacer nada por usted?

-Nada. No se preocupe.

Vengo del cementerio y no ha sido agradable.

-¿Ha tenido que enterrar algún familiar?

-A una criada de toda la vida.

La tata que me crió y que tanto se sacrificó por mí.

-Qué casualidad. Yo también tengo muy presente...

...a la mujer que trabajó en mi casa y me crió siendo niño.

No sé si ha muerto, pero hace muchos años que no sé de ella.

Y, sin embargo, la recuerdo con nitidez.

-Entonces sabe muy bien de lo que le hablo.

-Si me permite el comentario, hoy parece usted más animada.

-Aquel día había recibido un duro golpe.

Estaba muy unida a aquella tata.

-Es comprensible. Hay niños, como lo fui yo,...

...que pasan más tiempo con sus tatas que con sus padres.

Así que a veces es inevitable querer más a una tata que...

...a una verdadera madre. -Sí, así es.

-Hola, cariño. -Hola. Mira, tenemos visita.

-Doña Estela. -Nada de doña Estela.

Cristina, por favor, somos compañeras.

-Bueno, si las señoras me permiten, tengo trabajo que hacer.

-Ha sido un placer charlar con usted, Sr. Zamora.

-Lo mismo digo. Hasta pronto. -Gracias.

-Adiós, cariño. -Adiós.

¿Le apetece un café? -Pues sí, ahora sí, encantada.

Y luego, si le parece, charlamos un poco sobre la obra.

Tengo cosas importantes que sugerirle.

-De acuerdo.

-Buenísimo, eh. -Me alegro.

-Y no sé cómo le gusta tanto a la gente ir...

...a esos restaurantes tan caros, con lo bien que se come aquí.

Si no hubiera desayunado, me comía tres más.

-Ay, qué exagerado eres. -Sí, hombre, a ver...

Está claro que como el cocido de mi madre no hay nada.

-Hombre, es que el cocido de una madre son palabras mayores.

-Pero después, los bocadillos del Asturiano. Y el ajiaco.

-¿Qué es eso del ajiaco? -Una comida de Cuba.

Allí lo comía todos los días.

-Pues dime cómo se hace y yo te la preparo mañana mismo.

(RÍE) -¿Qué?

-Aquí no tenéis esos ingredientes.

-A ver, guapo, ¿qué se necesita?

-Yuca.

-No. Yuca, la verdad es que eso va a ser difícil, Alfonso.

Pero eso es parecido a la patata, ¿no?

-No, no, pero no tiene nada que ver.

-Me tendré que conformar con hacerte los mejores bocadillos...

...de Madrid. -Bocadillos, ¿eh? Muy bonito.

¿Por qué no te tomas también unos tragos?

Ya que estamos ganando calorías.

-No me calientes la cabeza, por favor.

-¿Qué haces que no estás en el gimnasio?

-¿Vienes a darme un sermón? Porque no estoy en misa.

-"No estoy en misa". Ven aquí.

Mira, más te vale tomarte en serio a Frank Carrera...

...si no quieres que te gane este combate.

¿Te crees que el morenito va perdiendo el tiempo por los bares?

No. A estas hora ya lleva un buen rato levantando pesas.

-Muy bien, pero a mí me gusta ir a ver a mis amigos...

...antes de ir a entrenar. ¿Algún problema?

-No, pero si tus amigos supieran la paliza te vas a llevar,...

...ellos también te dirían que fueras a entrenar...

...mientras aún estás a tiempo.

-Abdón, querido, ¿cómo puedes decirme eso?

Es indigno... es indigno de... Es impropio.

Abdón, querido,...

Llaman a la puerta. -Ya sé que tengo que pagar.

¿No puede venir más tarde, coño?

-¡Yo yo, boba!

-¿Qué quieres? Que estoy estudiando.

-Hola, buenos días, pasa, por favor.

-Diana, ¿qué quieres?

-No sé, saludarte, cotillear un poco.

Qué desordenado tienes esto.

-¿Por qué no nos vemos luego en el café del teatro?

Estoy estudiando. -¿La obra?

Pero si ni siquiera habéis hecho una primera lectura.

Además, poco tendrás que estudiar. Tu papel es pequeño.

¿Qué estás tramando? -¿Me lo das?

¡Diana!

-Tienes marcados los pies de Micaela.

-¿Me lo das, por favor?

-¿Por qué te estás estudiando el papel de Micaela?

-Porque me da la gana. -Rosa...

-¿Me puedes dejar trabajar, me lo das?

Sí, ¿qué pasa? Me estoy estudiando todos los papeles femeninos.

No me voy a conformar con decir dos frases de mierda.

-No estás en posición de exigir nada.

-Que sólo estoy estudiando.

-¡Que no te conviene volver a enfrentarte a Estela!

-Sé perfectamente cómo tratar a Estela.

-¿Seguro? -Sí.

Que yo me he venido a Madrid no a decir dos frases cada noche.

Me he venido a triunfar en el teatro.

Y nada ni nadie me lo va a impedir. ¿Lo entiendes?

-Muy bien.

-Perdone, ¿le importaría dejar de montar el número en mi bar?

Está molestando a mis clientes.

-No, déjalo, Manolita, si...

Lo peor es que tiene razón.

-No, bueno, perdona, no quería hablar así, no quería decir eso.

-Que sí, Nono, que tienes razón.

-Vamos a ver, no hables así, campeón.

Todavía estamos a tiempo, pero no podemos perder un momento.

¿Sí? Bueno, y discúlpame si te he hablado mal,...

...pero es que necesito que reacciones, Alfonso.

Tienes una gran responsabilidad. Y todos, todos confiamos en ti.

¿Verdad? -Pues claro que sí.

Cómo no vamos a confiar en él, si es el campeón.

Y tú, Alfonso, si quieres, puedes ganar todos los combates.

-Ya, claro. -Alfonso...

Alfonso, mírame a los ojos.

¿Yo te he mentido alguna vez?

Tú eres el mejor y vas a ganar.

¿Por qué crees que te hemos montado una peña, eh?

-¿En serio? -Pues claro que sí.

-¿Sabes lo que te digo?

Que lo voy a dar todo en ese combate...

...porque yo soy quien soy gracias a vosotros,...

...a la gente que me quiere. Y no os pienso defraudar, Manolita.

-¡Muy bien, campeón! Que así se habla.

Te felicito. Luego te veo en el gimnasio, ¿sí?

-Sí, Nono, como todos los días. -¿Seguro?

-¡Que sí!

Vaya, hombre. -Alfonso, que no sé como...

-Queridísima Mariana...

A ver, queridísima Mariana,...

...te quiero como a una hermana.

¿Cómo voy a quererla como a una hermana? Esto no...

A ver, ¿qué más rima con Mariana? A ver...

Llaman a la puerta.

Adelante.

-Disculpe, don Leonardo.

Es que tengo al teléfono al representante...

...de alfombras de Crevillente.

Dice que si viene esta tarde o se pasa la semana que viene.

-Sí, sí. -¿Sí, qué?

-Sí, lo que sea. -¿Esta tarde?

-Eso, eso. -Yo se lo digo, pero..

-¿Pero qué? -Que como doña Ana viene mañana,...

...a mí me parece que querrá ver ella el muestrario personalmente.

Así que mejor la semana que viene.

-Dígale lo que considere más oportuno.

-Se lo digo.

-Vamos a ver...

Queridísima Mariana... Ya está, ya está.

Mi querencia...

...por ti es...

¿Cómo voy a poner que es muy sana? Esto no...

Llaman a la puerta.

Adelante.

-Disculpe otra vez. Como yo estoy en todo,...

...acabo de caer en que el martes que viene es fiesta.

Y como el representante de las alfombras...

...sólo sube a Madrid los martes, o viene esta tarde...

...o no vuelve hasta dentro de dos semanas.

-Pues dentro de dos semanas.

-Yo se lo digo, pero... -¿Pero qué, Marifé?

-Que falta mucho tiempo.

Estamos en plena temporada de invierno...

...y doña Ana no querrá perder tanto tiempo.

-Haga lo que le parezca mejor. -¿Esta tarde?

-Sí, y usted váyase y déjeme trabajar.

-Vaya humor.

-¿Humor? No hay forma de trabajar aquí.

A ver... ¡Ya está, ya está, claro!

Cuando te veo por la mañana, queridísima Mariana...

Esto sí, esto sí, esto sí.

Pero, ¿y cómo sigo ahora?

Qué complicado es esto de la poesía.

-Pero tutéame, por favor.

-Claro que sí, Cristina, gracias.

-¿Sabes? Siempre he pensado que el teatro es algo vivo,...

...como una planta.

Si le da el aire y la luz, crece y se hace grande.

¿Sabes a lo que me refiero?

-Sí, supongo que sí.

-¿Pero qué pasa con la planta si vive encerrada...

...en la oscuridad y demasiado protegida?

Pues que no crece y se marchita. -Claro.

-Con todo el respeto hacia tu texto, es un joya,...

...pero creo que necesita un par de cambios, si te parece bien.

-¿Cambios? -Un par de tonterías.

Y siempre relacionadas con la protagonista.

-Tu personaje. -Sí, Gloria.

-Bueno... Sí, supongo que se podría revisar, sí.

-¿Por qué no vienes a la primera lectura y escuchas tu texto...

...en boca de los actores? -¿Yo?

-Sí, mujer, si te apetece.

Creo que sería bonito.

-Pero yo no sé qué tengo que hacer. -No tienes que hacer nada.

Ya has hecho bastante, has escrito esa maravilla tú solita.

-Muchas gracias. -Discúlpame, pero tengo que irme.

Tengo una cita con Gabino Cifuentes, del Ministerio.

Me he propuesto hacer todo lo posible para que...

..."El diablo bajo la cama" sea un éxito. Y lo conseguiré.

-Contar con una actriz de tu talla ya es un éxito.

-Eres un ángel, Cristina.

Te llamaré para charlas sobre los cambios.

-Muy bien. Te acompaño. -Claro, gracias.

-Pasa.

-Muchas gracias, Mauricio. Tenías toda la razón.

A mí no me las tienes que dar, dáselas al psiquiatra.

-Sí, pero yo no habría ido si no me hubieras convencido tú.

No sabía que fuera tan normal.

Sí, y he aprendido mucho. ¿Ah, sí?

-Sí. Sólo hablando con él me he dado cuenta...

...de cosas sobre mí: de mi manera de ser, de ver la vida.

Cosas que ya sabía, pero que no tenían nombre. No sé si me explico.

Sí, sí, sí, sí. Es que el cerebro es un órgano muy curioso.

Es un órgano como los demás, pero si lo estudias...

...con tiempo y puedes aprender un poco a ver cómo funciona,...

...también puedes detectar las anomalías...

...y con un poco de suerte, intentar solucionarlas.

Eso sí, lleva mucho tiempo.

-Sí, me ha dicho que el proceso puede ser largo.

Y doloroso.

¿Pero vas a volver? -Sí, sí, por supuesto.

Estoy convencido de ello.

Y si duele, pues también duele cuando te sacan una muela.

Me alegra oírte decir eso.

Timbre. Perdona.

-Adelante, por favor.

Hola, Ángel. Pasa, pasa. -Buenos días, Mauricio.

¿Interrumpo? -No, no, para nada.

No, no. Es Abel Zamora, abogado, vecino. Y el padre Ángel.

-¿Sacerdote? -Bueno, digamos que en excedencia.

-Cada vez que yo te miro cuando pasas junto a mí...

...se me escapa un buen suspiro, pues de amor muero por ti.

Y no sé cómo decirte, cómo expresarte mi amor.

Temo que tú quieras irte, que no sientas como yo.

Pero el amor me consume, me derrite, me arrebata...

...y en la agonía me sume. Esta agonía me mata.

Di, lo pido por favor, que sientes tú el mismo amor.

Mejor así, sin nombres y sin... Venga.

A ver...

¿Qué hace usted aquí?

-Yo iba a la... -"Yo iba, yo iba".

Yo estoy aquí, en el vestuario, vigilando.

Me han contado que algunas empleadas vienen a cotorrear,...

...incluso a fumar.

Espero que no sea su caso. -No, no, no.

-¿Ve el papel? Aquí estoy apuntando los nombres de...

...toda la gente que entra.

Por cierto, ¿corrigió aquellas etiquetas?

-Sí, señor Leonardo.

-Pasaré por su sección a comprobarlo con lupa.

Como encuentre un error, le aseguro que no seré tan comprensivo.

¿Y bien? -Permiso.

Cierre, cierre la puerta, cierre. -Sí, sí.

-Bueno, venga, que sea lo que Dios quiera.

-Excelente, sí, señor.

No hay ninguna persona más emprendedora que Ángel.

Yo por lo menos no la conozco.

-Tampoco exageren. -Con su juventud y su voluntad...

...conseguirá usted todo lo que se proponga.

-Ojalá tenga usted razón.

Lo que me sorprende es que no se le ocurriera esto a nadie antes.

-Sí, existe el Auxilio Social y la Cruz Roja.

Pero ellos hacen caridad. Yo me propongo atajar...

...el problema antes de que la situación sea tan crítica.

-No, es que está muy bien pensado.

Esa gente puede acceder a un médico de cabecera...

...aunque no tenga dinero para pagarle.

Y así se pueden evitar muchísimas enfermedades.

Porque hay niños con problemas de malnutrición y de higiene...

...que se mueren por un simple resfriado.

-Es intolerable. ¿Sabe lo que le digo?

Cuente con mi ayuda para todo lo que necesite.

-¿En serio? Abel, ten cuidado, eh.

Porque si caes en las garras de Ángel,...

...ya te puedes olvidar de tu tiempo libre.

Lo dedicarás a hacer de voluntario. -Nada de eso.

Pero nos vendría bien la ayuda de un abogado.

-Pues nada, lo dicho, aquí tiene mi tarjeta.

Y, por favor, no dude en llamarme.

-No sé qué decir.

Pues salud. (TODOS) Salud.

-No tenía que haberse molestado.

-Es que te noté muy nerviosa por teléfono.

Pensé que una tila te vendría bien.

-Sí, estoy un poco alterada. -Venga, siéntate y cuéntame.

-He recibido una visita un poco sorprendente.

Estela del Val se ha presentado en mi casa.

-Caramba. Tus vecinos tendrán de qué hablar durante un mes.

-Quería que habláramos de la obra. -Normal.

-Sí, pero esto se nos va de madre; yo ya no sé qué hacer.

-No tiene nada de particular.

Es una primera actriz que quiere intercambiar impresiones...

...con la autora. Lógico.

-Si yo fuera la autora, pero no lo soy.

-Pues ya va siendo hora de que se te meta en la cabeza.

Porque para el mundo lo eres.

-Sí, pero es muy difícil. Yo no sé mentir.

-Pues haberlo pensado antes de mandar la obra al concurso.

-Quién iba a pensar que iba a ganar el premio.

-¿No se espera eso cuando se manda algo a un concurso?

-Lo que quiero decir es que todo parecía un sueño.

-O dicho de otra manera, que no pensaste en las consecuencias.

¿Eh? -Sí, tiene razón.

-Lo hiciste por una buena razón, así que piensa en eso.

-Yo lo hice por ayudar a Salvador, pero no le estoy ayudando.

Yo soy la única que me llevo todos los méritos.

Y encima, Estela del Val quiere que cambie la obra.

-¿Qué? -Sí, me ha pedido cambios.

Y yo no puedo hacer nada; yo no la he escrito.

Y lo último que necesita Salvador es que cambien la obra.

Esa obra le ha salido del alma. No puedo pedirle que la cambie.

-¡Uf! Estoy agotada.

Pensé que el día de hoy no terminaba nunca.

-Y yo. Fíjate cómo tengo los tobillos, como dos morcillas.

-Y para colmo, Leonardo, que estaba de uñas.

-Es muy detallista.

-Pues con Lucía, la chica de Complementos,...

...la tiene tomada por no sé qué de las etiquetas.

Y a mí me ha echado del despacho con cajas destempladas.

No se le puede ni hablar. -Mujer, estaría muy ocupado.

Como falta doña Ana.

-Huy, cómo lo defiendes. (RÍE)

Se ve que la tarde que fuisteis al cine...

...no fue tan desastrosa como dices.

-Oye, no digas tonterías.

Que empiezan las habladurías y no hay forma de pararlas.

(MARIFÉ RÍE)

-A ver si la próxima vez que vayas al cine me llevas a mí.

-Oye, guapa, que yo te lo dije.

Lo que pasa es que tú eres de las que no sale sin su maridito.

-Bueno, sí, eso también es verdad.

Pero te digo una cosa.

Tú y yo nos vamos a hacer un exceso.

Vamos a ir al teatro Lope de Vega a ver a Juanita Reina.

"El puerto de los amores" se llama la función.

Huy, qué buena pinta tiene. La han estrenado con mucho éxito.

Es de Quintero, León y Quiroga. Lo he leído hoy en los periódicos.

Pero si prefieres una de mucha risa, "La cigüeña dijo sí".

-Sí, sí, sí. -¿Sí, qué?

-Sí, lo que sea. -Hija, hablas igual que él.

Ya te lo digo, si cuando el río suena...

Ya me voy, te espero fuera. -Ahora voy, ahora voy.

-¿Pero te ha invitado a la primera lectura?

-¿Y qué voy a hacer?

Todos se darán cuenta que no tengo ni idea de teatro.

-Pero normalmente no invitan a nadie a la primera lectura.

Eso es un privilegio que te han ofrecido.

-Olvídate de los aspavientos y gorgoritos que te gusta hacer.

No vas a interpretar un texto de Marquina. ¿Me explico?

-Sí, doña Estela.

Alfonso... Pensé que estarías acostado.

-Bienvenida.

-Yo sé que todos los psiquiatras quieren que uno hable...

...de sus padres. Lo haré antes de que me pregunte.

Mi padre murió cuando yo era un niño.

Así que supongo que eso le facilita el trabajo, ¿verdad?

Desde aquel día, podríamos decir que fui un niño triste.

-Qué miedo me das. ¿Qué quieres tú ahora?

-Nada. Nada, esto solamente.

La interrumpo, ¿no? Lo siento. -No me interrumpes. Siéntate.

Dime lo quieres, que te conozco. Tú no das una puntada sin hilo.

-Y debería haberte prestado más atención,...

...me he portado como un egoísta. Yo también lo he sido.

-No, yo tengo que cambiar y quiero cambiar.

Y quiero volverte a enamorar, como al principio.

-Si usted cree que yo puedo hacer una sustitución,...

...yo la hago encantada.

Pero sólo quería decirle que es buenísimo este texto. Gracias.

-Rosa, Rosa, siéntate un momento, por favor.

¿No se te habrá ocurrido estudiarte también mi personaje?

-Hoy me he levantado con una alegría.

Ojalá todos los días hubiera una rueda de prensa como hoy.

Algo divertido, diferente. -Sí, y agotador, guapa.

Menudo trajín vamos a tener con la ideita de la jefa.

-¿Pero estás bien?

(LLORA) -No, Cristina, no estoy bien.

-¿Pero qué te pasa?

-Las alucinaciones han vuelto.

Nono, soy Ana Rivas.

Espero no haberle despertado.

No, Alfonso todavía duerme. Le conviene descansar.

Quería preguntarle si necesita que haga alguna gestión

...desde el despacho o lo tiene todo a punto.

  • T5 - Capítulo 119

Amar en tiempos revueltos - T5 - Capítulo 119

19 feb 2010

Tras escuchar la entrevista en la radio, Carmen muy preocupada por la suerte de su hijo. Leonardo, al descubrir que Mariana se confiesa amante de la poesía, pone en marcha un plan para tratar de conquistarla escribiéndole unos versos. Pero ese poema anónimo no llegará a su destino. Cristina recupera su diario de manos de Salvador y recibe la visita de Estela del Val, que quiere introducir algunos cambios en la obra teatral. Abel cuenta a Mauricio que su primera visita al psiquiatra ha sido muy positiva. Por un lado, no quiere abandonar la casa de su hermana, donde se ha sentido muy a gusto, pero, por otro, tiene muchas ganas de abrazar a su esposa para superar, por fin, sus diferencias.

Histórico de emisiones:

19/02/2010

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