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No recomendado para menores de 7 años Amar en tiempos revueltos - T3 - Capítulo 85 - Ver ahora
Transcripción completa

Pero espero que comprenda algún día,...

...igual que hicieron mi madre y mi padre,...

...que el fascismo convierte a las personas...

...en bestias sin conciencia.

-¿Y con quién me voy a casar yo? Si soy más feo que un tito.

-Pues con la Sole. ¿Con quién si no?

-¿Con Sole yo? ¿Por qué me dices eso?

-Uno está de enero pero no gilipollas.

Veo las cositas, compañero.

-Como en la universidad vuelvas a soltar un discurso...

...como el que me acabas de decir ahora...

...te juro que yo mismo te encierro en un convento.

-¿Cuento contigo?

-¡Pues vamos a probar, coño!

Que tiene que ser la leche que la gente le haga caso.

La verdad es que me ha sido bastante difícil.

Y he tenido que restarle horas al sueño.

Pero no pienso permitir que el trabajo en la productora...

...interfiera en mis estudios.

Me gusta mucho, pero voy a dejar el trabajo.

(LEE) Ya basta de persecuciones.

Si tienes algo que decirme ven esta noche a la joyería.

La puerta estará abierta.

-Es alguien que viene o ha llegado desde Francia.

Y que está vinculado al mundo del cine.

No vamos a permitir que eso suceda.

Tengo a todos mis agentes detrás de esa pista...

...y quiero que usted también esté en ello.

Quiero saber todo sobre ese sujeto.

-¿Por qué me estás haciendo esto?

¿Por qué?

Despertar,...

con la luz de la mañana... y renovar...

...otro día más la fuerza para amar...

...en tiempos revueltos.

No es sencillo...

...avanzar olvidando lo vivido...

...cuando tanto se ha dado por perdido...

...y el camino es volver a comenzar.

Le canto al viento,...

...por todo el que venció su desaliento.

Le canto al mar,...

...por todo aquel que tuvo que olvidar,...

...para empezar.

-Julieta, aquí está lo tuyo.

A ver cómo me ha salido. (SONRÍE)

A ver...

Julieta, tu té. -Ay, sí.

-A ver si te lo he preparado bien.

¿Eh?, a ver.

-Perfecto, Manolita, gracias. -Perfecto.

Ya verás qué bien te vienen sus propiedades vi...

-Vigorizantes. -Vigorizantes, eso es.

-Julieta, ¿hoy te vas a quedar a trabajar hasta tarde como anoche?

-No, no creo.

-Ya, porque de ser así te preparo un levantamuertos que vamos...

-Huy, eso es mano de santo.

Es café negro con unas gotas de limón.

Yo me lo tomo para quitarme el dolor de cabeza.

-Pues habrá que probarlo.

-Mejor que quedarte dormida en la joyería.

Es pedir a gritos que te pase algo.

-No te preocupes. Eso no me había pasado nunca.

Y no me volverá a pasar, por la cuenta que me trae.

-Yo estaré pendiente.

Cuando vaya a casa miraré si tienes todo cerrado.

-Mejor, porque el sereno no me da ninguna serenidad.

-Seguridad. -No, serenidad.

Se bebe hasta el agua de los floreros.

¿Dónde va?

-¿Qué está mirando esta todo el rato?

Julieta, ni que estuviera pasando un desfile.

-No, es que he visto a alguien con quien debo hablar.

Y estaba viendo a ver si volvía. -Pero dínoslo a nosotros.

Estamos todo el rato saliendo y entrando de la plaza.

-No, es que no lo conocéis. Es un viajante de joyería.

Cosas del negocio.

-¿Y cómo es? -Pues normal.

-¿Normal, alto, bajo, gordo?

Así si lo vemos pasar sabemos quién es.

-¿Y para qué lo va a describir?

Si no lo ibas a reconocer. -¿Cómo que no?

-Qué no, mujer. El otro día lo que te costó...

Apareció Alfredo Mayo y le dijo:

"Fernando Rey, qué guapo está usted".

-Pero porque se parecen mucho. -Sí, en el blanco de los ojos.

-Una confusión la puede tener cualquiera.

Si me equivoco es por culpa de las pelucas.

-¿Qué peluca?

-¿No llevaba un pelucón Alfredo Mayo cuando hizo...

... "Felipe el Hermoso, locura de amor"?

-Pero ya estamos, ese era Fernando Rey.

-Ah, vaya, me he vuelto a liar. -Otra vez.

-¿Y entonces Alfredo Mayo qué ha hecho?

-Muchas cosas, muchas películas.

Por ejemplo esa en la que tenía un amante que se peleaba con ella.

Y ella se iba a Guinea. -Ah, sí.

-Ahí está.

¿Me lo apuntas en la cuenta, por favor?

-Sí, sí, claro. -Claro.

-Lo lamento, doña Julieta, pero tengo prisa.

-Necesito hablar contigo, ahora mismo.

-Ahora no, ya he dicho que tengo prisa.

-Tú lo que tienes es muy poca vergüenza.

Pero ahora mismo vamos a hablar de lo que me estás haciendo.

-Poca vergüenza. Y lo dices tú.

Si la gente te conociera mejor, Julieta,...

...no sería mi poca vergüenza lo que les llamaría la atención.

¿Se puede saber adónde estamos yendo, Julieta?

-Adonde podamos hablar discretamente.

-¿Y te parece discreto hablar en mitad de la calle?

-Me parecía más discreto dentro de la tienda.

Pero no tuviste los suficientes arrestos...

...para venir cuando te llamé.

-Si no recuerdo mal yo te requerí otra muchas veces.

Y tú me rechazaste.

-Alejandro, yo nunca te he hecho ningún mal.

Al contrario te hice pasar muy buenos ratos.

Pero fuiste tú quien rompió las normas.

Empezaste con toda esa tontería del enamoramiento.

-Oye, guapa, que yo ya no quiero nada contigo.

-¿Entonces por qué me estás haciendo esto?

-¿Haciendo qué, Julieta?

Eres tú la que me ha arrastrado a este rincón para hablar.

-Ay, Marce, le tenía que haber dicho que Alejandro estuvo raro...

...cuando le di el paquete que me había dado ella.

Le debió de sentar mal que se lo diera yo.

-Mujer, esas cosas a nosotros no nos tienen que importar.

-Ya, pero no sé, me da curiosidad.

Voy a salir a la plaza a ver a quién esperaba con tanta ansia.

¡Pero bueno, Marcelino!

¡No te puedo dejar sólo ni un segundo!

-Se me ha caído, mujer. Ya lo recojo yo.

-No, no, quita, quita.

A ver si encima te vas a cortar. Hala, apártate.

-Perdona, ¿eh?

-Alejandro, comprendo que debe ser duro que te rechacen.

Sobre todo cuando se es tan joven como tú.

¿Pero qué esperabas? Yo soy una mujer casada.

Y tú estás comprometido con Matilde.

(DISIMULA) Por supuesto, caballero.

Mi marido le atenderá en cuanto vuelva de viaje.

Usted sólo tiene que pasar y lo solucionamos.

-Qué bien se te da fingir.

-Bueno, a ti tampoco se te da mal.

Pero se te da mucho mejor tirar la piedra y esconder la mano.

-Guapa, te estás poniendo nerviosa.

Y estás diciendo muchas tonterías. Tómate una tila.

O vete con tu marido a que te baje la temperatura.

-¡Escúchame bien!

Si crees que me vas a arruinar la vida con esos anónimos...

...te estás equivocando. -¿Qué anónimos?

Yo no te estoy enviando ningún anónimo.

-¿Me vas a decir que no eres tú quien escribe a Adrián...

...advirtiéndole que yo le engaño? -Mira, guapa.

-¡Oye, deja de llamarme guapa! -Mira, guapa.

Si quieres un consejo gratis, baja un poquito la voz.

Cualquiera que te oiga se va a dar cuenta de que eres una adúltera.

Y tú no querrías eso, ¿verdad?

-Si mi marido se entera...

...no te creas que vas a salir mejor librado.

-Deja que mi apellido se ocupe de eso.

Al fin y al cabo yo no he cometido ningún delito, Julieta.

Yo no iría a la cárcel en caso de que todo salga a la luz.

-No serás capaz.

-No se me despisten, por favor.

Que el tema de la servidumbre es absolutamente fundamental...

...en el derecho romano.

Ante la vindicatio...

...servitutis...

...que Mario interpondría contra Sempronio,...

...este plantearía la excepción basada en la extinción...

...de la servidumbre.

¿Por qué?

-La servidumbre se extinguiría...

...porque el fundo es dominante y sirviente de la misma persona.

-Exacto, muy bien. ¿Y eso por qué?

-¿Por qué? Por lógica.

-Mal argumento ante un tribunal, se lo aseguro.

Existe una regla, que ya deberían conocer,...

...según la cual nadie podía constituir una servidumbre...

...sobre una cosa propia.

¿Cómo se llama esa regla?

Nemine res sua servit.

-¿Es así como pide usted permiso para entrar en clase, señorita?

No, perdón.

Buenos días, ¿puedo pasar?

-¿No me crees capaz?

Puedo llevar a tu marido a hacer un recorrido turístico...

...por el taller de Marina.

-¿Y?, no descubriría nada.

Que tú tengas el orgullo herido...

...no significa que todos se hayan vuelto idiotas.

-Yo no tengo nada que perder.

Puedo joderte la vida por diversión.

-Bueno, por lo menos admites...

...que has estado enviando los anónimos.

Mírate, si no eres más que un niño enrabietado...

...porque su mamá ya no le quiere.

-Estás loca, y tengo una novia decente.

-Sí, y precisamente eso es lo que te está volviendo loco a ti.

Tanta decencia fingida va a acabar con este país.

¿Pero qué pasa?

¿Que quieres que lo volvamos a hacer?

¿Nos vemos esta tarde a las 7?

Si los dos lo estamos deseando.

-Quita esas manos, Julieta.

Conozco tus trucos.

-¿Eso crees? Pobrecito.

Ni siquiera has sido un aperitivo.

-Tú sí que no me vas a durar ni 5 minutos, por estas.

-¿Crees que me asustas? Te diré algo.

No has sido el primero, ni vas a ser el último.

A niñatos como tú me los como yo de un bocado.

-No es eso lo que yo recuerdo.

-Bueno, cosas que se dicen.

-Ahora me dirás que fingías. -No, eso me lo has dicho tú antes.

Pero a ti te pasa lo que al resto de los hombres,...

...que os creéis, ¿cómo decirlo? ¿Insustituibles, irremplazables?

Pero a la hora de la verdad nada que ver.

-Que una mujer como yo quiere hombres de verdad.

No niñitos como tú.

¿O es que nunca has oído eso de que la experiencia es un grado?

-El vigor de la juventud también es importante.

Ya lo has podido contrastar tú.

-¿Ah, sí?

Pero si los hombres sólo servís para dar placer a una persona.

A vosotros mismos. -Mientes.

-Bueno, sí, hay excepciones.

Pero ese no es tu caso.

-¿Has encontrado ya a uno que te entretenga?

-¿Y a ti qué te importa si he encontrado a otro?

-Debería darte vergüenza.

-Tú deberías avergonzarse. ¡Eres un canalla y un chantajista!

-¡Julieta, Julieta! -¡Suéltame, suéltame!

-¿Qué está pasando aquí?

-Usted no se meta, no es asunto suyo.

-¿Y si te doy 2 soplamocos en los ojos...

...y te los pongo como remolachas es asunto mío?

-Juanito, por favor. El caballero se ha puesto nervioso.

Pero ya se iba, ¿verdad?

-¿Se encuentra bien?

-Sí, gracias.

-¿Quiere que le acompañe a la joyería?

-No, no, si ha sido menos de lo que parecía.

-Insisto, Julieta.

-De acuerdo, gracias.

-¿Sabe usted qué hora es?

Sí, lo siento. No volverá a ocurrir.

-¿Adónde va usted, señorita Peña?

Pues a sentarme.

-¿Quiere hacer el favor de salir de clase?

Pero... -No hay peros que valgan.

Le debe un respeto a su profesor y a sus compañeros.

Creo que he sido respetuosa, profesor.

Bien ha visto que me sabía el tema.

-Estudiar está muy bien, señorita Peña.

Pero eso no le exime de conducirse con urbanidad.

Y para eso lo primero es ser puntual.

No volverá a suceder, de verdad.

-Basta, ya le ha robado a sus compañeros demasiado tiempo.

Ahora si tiene la amabilidad de salir, por favor.

Y la próxima que llegue...

...con 20 minutos de retraso absténgase de llamar.

Y eso va por todos.

Como les decía, esta regla de la servidumbre...

-Gracias por acompañarme.

Ha sido todo un caballero.

-Nada, mujer, faltaría más.

¿Seguro que se encuentra bien? ¿No quiere que vaya a por algo?

-No, en absoluto.

-Me puedo quedar aquí un rato más, por si acaso.

-Bueno, considérate en tu casa. Por supuesto que puedes quedarte.

-Vamos, yo lo decía por... por usted.

-No, si yo te lo agradezco.

Pero, vaya, no ha sido nada, sólo un malentendido.

-En fin, yo es que eso de levantarle la mano a una mujer.

Vamos, que ni en broma.

-Por cierto, no os he preguntado después del incendio.

Creía que no volveríais a abrir el taller.

-No, y no vamos a volver a abrirlo.

Se lo ha quedado la productora de cine, Numancia Films.

-Ah, entonces lo habéis traspasado.

-Sí, y ahora incluso somos sus empleados.

-Vaya, qué emocionante, trabajar para el cine.

-Ah, no está mal.

-¿Y habéis conocido algún famoso? -Sí, sí.

Bueno, todo el día llevando estrellas de un lado para otro.

Alguna sí conozco, sí.

-Qué envidia me estás dando.

Con lo que a mí me gusta el cine.

Poder verlo por dentro y conocer sus secretos.

Los secretos del 7 arte, como dicen.

-Yo sólo soy conductor.

Pero, vaya, que de algo sí me entero.

Más que nada porque yo soy muy curioso por naturaleza.

Me gusta a mí. -Claro.

Bueno, pues quería agradecerte lo bien que te has portado conmigo.

-Nada, mujer.

-Y también pedirte...

Juanito, tú eres un hombre discreto.

-A carta cabal.

Quiero decir, que lo de que soy una persona curiosa...

-Ya, claro, pero tú sabes cómo es la gente.

Oyen campanas y no saben dónde.

Y en seguida son capaces de decir que si la joyera no sé qué...

Y en menos que canta un gallo te cuelgan el sambenito.

No sé si me estoy explicando. -Sí, perfectamente.

Doña Julieta, no se preocupe.

De lo que ha pasado ahí fuera yo ni mu, vamos, como una tumba.

-Y yo te lo agradezco. Te lo digo en serio.

Te lo agradezco de verdad.

Vamos, que me vas a aceptar un regalo.

-¿Quién, yo? No, no, de verdad.

-Hombre, no me puedes decir que no.

Alguna cosa, un regalo para tu novia.

Mira qué pendientes.

-Pero si es que yo no tengo novia.

-Ah, bueno, pues entonces para ti, que si no me voy a sentir en deuda.

-¿Pero qué deuda? Si somos vecinos, es lo que toca.

-Mira, qué San Cristóbal. A esto no me puedes decir que no.

-Vaya, si es el patrón de los conductores.

No, pero es demasiado. -¿Demasiado?

¿Después del apuro del que me has sacado?

Vergüenza me da no ofrecerte algo mejor.

Anda, acéptalo, no seas así.

-Bueno, porque usted insiste, ¿eh?

-Además, así te protegerá igual que me has protegido tú a mí.

-Vaya, qué persuasiva es usted. (RÍE)

-Seguramente te estoy entreteniendo.

Tendrás un horario que cumplir. -Sí, sí.

Es lo que tiene esto del cine.

Uno tiene que cumplir los horarios.

-Buenos, pues adiós.

-Bueno, con Dios, ¿eh? Y muchas gracias.

-¡Eh!

¡Eh!

-¿Qué le pasa a usted? ¿Está borracho o qué quiere?

-Estaba espiando a esa señora. -Señora dice...

-Pues que sepa que no voy a dejar que la siga molestando.

Así que no se deje ver mucho por este barrio.

-No te hagas el digno.

Que te estés encamando con esa fulana...

..no te da derecho a ponerte chulo.

-Tú deliras. -Lo que tú digas.

Pero acostúmbrate a que tu gallinita...

...vaya tonteando con todos los gallos.

-¿Pero qué gallo? -Lo que oyes.

Y dile que yo no tengo la culpa de que haya bajado...

...la categoría de sus amantes.

Es lo que pasa... -¿Tú no has escuchado...

...lo de guardar la compostura por las mujeres?

-Me lo dices tú que te la pasas por la piedra.

-¿A quién?

Mira, mamarracho, quítate de mi vista.

-Tontaina, déjala antes de que se canse de ti...

...y te deje ya por otro.

¿No ves que es una zorra?

-¿Qué, has tenido bastante?

¿O quieres doble ración, eh?

-Coño...

¿Qué se le ofrece?

-Quería disculparme contigo por lo de antes.

Y estabas advertida sobre tu falta de puntualidad.

No es la 1 vez que me fallas en esto.

Me ha quedado clara su postura.

-Alicia, entiéndeme.

Una cosa es tener razón y otra cómo ejercerla.

Y yo he sido muy duro contigo.

Pues sí, muy duro, la verdad.

Me ha dejado en ridículo delante de toda la clase.

-Lo sé y lo siento. No era mi intención humillarte.

Pero en mi posición tengo que dar ejemplo.

Si levanto la mano contigo los demás se me desmandan.

Comprendo.

-Alicia, no puedo hacer distinción contigo porque tengamos...

...una relación personal.

Tengo que medir a todos por el mismo rasero.

¿Una relación personal? -No me malinterpretes.

Quiero decir... Da igual, no se explique.

Me ha usado como chivo expiatorio, queda claro.

-Dicho así suena horrible.

¿Y de qué otra forma puede decirse?

Mire, profesor, usted sabe que yo estoy trabajando,...

...que tengo mil problemas en casa.

Y que pese a eso me sé la lección mejor que nadie.

¿Y qué es lo que hace?

Me machaca delante de toda la clase para dar ejemplo y ganar autoridad.

Muy bien, de acuerdo.

Ya sé a qué atenerme.

-¿Qué pasa, Juanito?

-Coño, Marce, qué susto me has dado.

-¿Tan feo soy? -No.

Pero he tenido un percance con uno en la plaza hace un rato.

Y pensaba que venía a sobarme.

-No me digas que te has pegado.

-Bueno, nada importante.

-Coño, pues haber avisado. Y entre los dos...

Entre los dos te destrozamos la cara.

(RÍE) Qué gracioso eres.

Si vieras la leche que le he pegado.

Se le han quitado las ganas de reírse.

-¿Pero que te has pegado de verdad a tu edad?

-Pues sí, me he pegado. -¿Y quién era?

-Otro día te lo cuento, que ahora llevo un poco de prisa.

Por cierto, una preguntita. Sin ser indiscreto.

¿Tú no eras conductor? ¿Qué haces descargando?

-Sí, normalmente llevo a estrellas del cine.

Pero me ha dicho don Fernando que viniera a por unos bultos.

Esto ahora es el almacén.

Y como en esta dichosa plaza no puede entrar con el coche...

...voy a tener que cargar así. Pues sí que lo siento.

Desde luego estos de la productora menudos lumbreras.

Poner aquí el almacén, coño.

Han elegido el almacén aquí porque está cerca de la oficina.

Y para descargar y cargar solo hay que doblar la equina.

¿O acaso tus proveedores no te dejan la mercancía...

...porque no pueden entrar a la plaza?

-Cuando uno mete la pata, la mete.

Era un comentario inocente, sin ninguna maldad.

-Don Fernando, perdone que todavía no haya salido.

Pero es que me ha surgido un imprevisto.

No pasa nada, mientras llegue sano y salvo a su destino, bien.

Pero me viene bien que no hayas salido todavía.

No quiero que cojas la furgoneta de la productora.

-¿Y cómo lo voy a llevar?

En mi coche, está aparcado cerca. Un Hispano Suizo rojo, cuidado.

Entiéndeme, es un envío un poco personal...

...y no quiero abusar de los recursos de la productora.

-No entiendo nada, pero si usted insiste.

Insisto, y además quiero que seas discreto al respecto.

-Usted paga, usted manda. Muy cierto.

¿Podéis entrar un momento al almacén conmigo los dos?

(MARCELINO) Pues sí que es chulo, ¿eh?

-Comprendo que estés ofendida.

He sido bastante torpe en mi reprimenda y en la disculpa.

Pero por favor, no saquemos las cosas de quicio.

Demasiado tarde, ¿no cree?

La gente ya está comentando por los pasillos...

...el rapapolvos que me echó en clase.

Y dicen que una mujer no puede estudiar en la universidad.

Ha sido usted de mucha ayuda, gracias.

Sólo falta que le escuchen eso de relación personal...

...y ya tenemos escandalera para meses.

-Alicia, sabes a qué me refería.

Entre nosotros existe una amistad.

Y no puedo dar que pensar siendo más tolerante...

...contigo que con los demás.

Sólo eso, no creo que sea tan grave.

No, no...

Pero desde su lado de la mesa las cosas se ven muy sencillas.

Para mí es más difícil.

-Si puedo ayudarte en algo. Pues sí.

Me gustaría tomarme un café tranquilamente en la cafetería.

Antes de que venga alguien y nos vea.

Pensarán que tenemos alguna relación personal...

...y lo comentarán por ahí.

-Como quieras, pero si quieres hablar del tema...

...cuando estés más tranquila, en un rato estaré en mi despacho.

-Venga, Marce, que estás ahí dándole a la sinhueso...

...y me tienes sola con las lentejas.

Ve poniendo estas en remojo.

-Yo no soy Marcelino.

-Ay, perdone, es que he sentido la puerta y creí que era mi marido.

-Hola. -Hola.

-¿No te acuerdas? Soy Sancho.

Nos presentó tu marido, soy amigo suyo.

Te dije que no me hablaras de usted, somos de la misma quinta.

-Ya, ya me acuerdo.

Yo te dije que de la misma quinta no.

Porque a mí mi Marcelino me lleva unos cuantos añitos.

-Venía buscando a Marcelino.

-Estaba ahí hablando con un vecino.

¿No le has visto? -No, no he visto a nadie, ¿dónde?

-Pues igual está en la esquina.

Lo que antes era un taller que ahora es un almacén.

-No, no, he pasado por delante y no he visto a nadie.

-Este Marcelino dónde se habrá metido.

Si es que vamos a comer lechuga al final hoy.

-Bueno, yo sólo quería dejarle un recado.

Si no es mucha molestia te lo dejo dicho,...

...que tengo cierta prisa. -No, dime, dime.

-Bueno, dos cafelitos.

Muchas gracias, Pelayo. Que es usted más listo...

-Alicia, espero no parecer indiscreto.

Pero no he podido evitar escuchar tu conversación con Álvaro.

¿Has estado escuchándonos?

-No, bueno, la verdad es que sí.

Pensé que te iba a echar otra vez la bronca.

Y no querías perdértelo. -No te pongas la defensiva.

Quería salir en tu defensa.

¿Ah, sí, por qué? -Por varios motivos.

Primero porque eras la única que te sabías ese tema.

Eso disculpa un pequeño retraso.

Segundo porque tú has defendido a alumnos con problemas.

Y tercero porque...

Bueno, porque somos amigos, y ya está.

Gracias, y perdona que esté tan antipática.

Es que tengo un día...

-No, si lo entiendo. Pero me ha sorprendido mucho...

...lo dura que te has puesto con don Álvaro.

¿Dura yo? ¿Después de lo que me ha hecho?

-Cuando alguien te pide disculpas le tienes que dar otra oportunidad.

Yo también he pedido disculpas.

-Es distinto, él es un profesor.

¿No se supone que eres mi amigo y que vas a estar de mi lado?

Pues defiéndeme. -Don Álvaro también es tu amigo.

Eso creía yo. -Y lo es.

¿Crees que le pediría disculpas a otro alumno...

...por haberlo echado de clase?

-El partido de mañana por la tarde lo jugamos en Carabanchel Bajo.

Que cruce el río por el puente Toledo,...

...siga como unos 200 metros y a mano derecha...

...hay un campo de tierra.

Allí jugamos a las 4 de la tarde.

-4 de la tarde, sí. Muy buena hora.

-Perfecto para que nos inviten a unas cervecitas al terminar.

-Claro, claro.

No va ser todo correr dándole patadas a la pelota.

Que eso es muy cansado.

-Él correr la banda, mucho.

Pero patadas pocas. Como es linier.

-Ay, claro que es linier. ¿Y es bueno?

-Hombre, todavía no lo he visto en acción, pero...

Pero a ti no te importa, ¿no?

Porque Marcelino me dijo que a ti no te importaba.

A ver si he metido la pata. -¿A mí?

¿A mí qué me va a importar, hijo? No, no, no, no.

Linier, linier, linier...

-El de la banderita. -El de la banderita.

Siempre me lo dice Marcelino y nunca me acuerdo.

Oye, que no me da la cabeza a mí para el fútbol.

Ya, y mañana es su debut, ¿no?

-Exacto, pero vamos, seguro que se le da bien.

El banderín lo pone la federación.

El único problema es el uniforme.

-El uniforme. (ASIENTE)

-Que lo tiene que poner cada uno.

-Natural. -Claro.

-En el fútbol regional no hay presupuesto para nada.

Tenemos que buscar para vestirnos de negro.

Ya me imagino que Marcelino te tiene dándole a la aguja.

-Todo el día dándole. No querrás que se lo cosa él.

-Eso sí que tendría gracia, Marcelino cosiendo.

-Ay, una gracia loca tendría.

No, un hombre con una aguja no. Nunca, nunca.

-Eh, bueno, no te entretengo más. ¿Le darás el recado a Marcelino?

-Hombre, ¿no se lo voy a dar? Claro que sí.

Vete tranquilo, hijo. -Vale.

Gracias. -Adiós.

Adiós. ¿Cómo no se lo voy a dar?

Si yo estoy aquí de recadera, de cocinera, de fregona...

Así que Marcelino se ha hecho linier de fútbol.

Muy bien, muy bien...

¿Y de dónde va a sacar el uniforme este desgraciado?

Marce, espero que no te importe que te regale...

...unas medias para tu señora.

-¡Esto le va a encantar!

Y a ti ni te pregunto. El whisky es americano, ojo.

-Muchas gracias. ¿Cómo lo ha conseguido?

Pues tanto viaje ir y venir a París,...

...es difícil evitar la tentación de importar algo.

-Ah, por eso tanto misterio en el envío.

Sí, pero te lo encargo porque eres de confianza.

Como los vecinos, que sois muy buena gente.

-Gracias, Fernando.

Estas medias me van a venir muy bien.

Para cuando quiera irme al fútbol.

Bueno, pues ya sabéis que todo lo que habéis visto...

...en este almacén, chitón. -¿Qué almacén?

-Y por mí no se preocupe.

Yo lo único que sé es que en este almacén...

...se guardan trastos para el cine.

O eso me han dicho, porque yo nunca he entrado.

Esa es la actitud, Juanito.

Y disfruta del whisky. Cuando se te acabe habla conmigo.

Y a ver si podemos hacer algo. Y tú lo mismo.

-Fernando, muchas gracias.

Le voy a dar las buenas noticias a la Manuela.

Hasta luego. -Con Dios.

Bueno, ¿nos ponemos en marcha? -A la voz de ya.

Cuando llegue el envío yo le aviso. Gracias.

-Con Dios. -Hasta luego.

-¿Y crees que te habría dolido tanto si te hubiera echado otro?

Te ha dolido tanto porque Álvaro es tu amigo.

De acuerdo, es mi amigo.

Pero me ha fallado. -Y tú le has fallado a él.

Don Álvaro tiene muchas esperanzas depositadas en ti.

Por eso te exige más.

Por eso es tan duro contigo, para que aprendas.

Álvaro cree en ti.

¿Tú crees? -Es evidente.

La verdad es que siempre me ha ayudado bastante.

Y admira mucho a mi padre. -Exacto.

De acuerdo, soy una orgullosa.

-Yo también estaría enfadado si fuera tú.

Pero no le habría cerrado la puerta.

Él ha dado el primer paso. Ahora tú das el segundo.

¿Y qué debo hacer? -Ir y pedirle disculpas.

Eres un metomentodo, ¿lo sabías?

-Algo había oído. ¿Escuchando por los pasillos?

Estás hecho un espía.

-Sí, sólo me falta la gabardina. (RÍE)

De acuerdo, mañana iré, hablaré con él,...

...y le pediré disculpas. -Y harás bien.

Alicia, no es normal tener a un profesor por amigo.

Te puede ayudar mucho.

Tú también me has ayudado.

Gracias. -De nada.

-¿Qué pasa? ¿Nos han descubierto?

Roberto, ¿qué quieres?

-Te he visto vaciando el almacén y, chico...

Y te ha entrado el canguelo para variar.

-Es que tenemos a Quintero pegado a nuestra espalda.

Baja la voz, coño.

Lo primero, Quintero no está pegado a nuestra espalda.

Está dando palos de ciego para ver si cae algo.

Y lo peor que podemos hacer es tener esa cara de culpable.

-¿Qué cara tengo yo? No me jodas.

Y lo segundo, no estoy vaciando el almacén.

Sólo muevo de sitio lo que tú ya sabes.

-¿El rifle? Coño, Roberto.

Si te digo lo que tú ya sabes es para que no digas el nombre.

-Bien, lo siento, perdona. Un momento.

¿Y por qué le has dado lo que tú ya sabes a Juanito?

Porque Quintero no sospecha de él.

-Y él podría sospechar de ti.

Claro que sospecha, me he encargado yo de eso.

-No te entiendo, explícate.

No entiendes porque no haces más que temblar, jadear y sudar.

Así que relájate un poco y entenderás mejor.

Mira, le he explicado que todo lo que tenemos aquí dentro...

...son cosillas de estraperlo.

Y le he regalado una botella para agradecerle su discreción.

-Buena idea. Sí, pero no es suficiente.

Tenemos que tenerlo todo previsto por si Quintero sigue husmeando.

-¿Y qué vas a hacer?

Pues lo que tengo que hacer cuando hay un imprevisto.

Llamar a mis superiores y pedir instrucciones.

-¿Cómo? ¿Adónde vas y hasta cuándo?

Eso no es asunto tuyo, Roberto.

-¿Y yo qué hago? ¿Sabes qué tienes que hacer?

Produce esta película, que para eso te pagan.

-Eh, que ya estamos aquí. -Bueno, ¿dónde está el fuego?

-Tranquilas que no hay ningún fuego.

-Vengo pitando desde San Bernardo.

Me he quedado preocupada porque te he notado apurada.

-Sí, sí, pero porque no quiero que Marcelino nos vea hablar.

Y tampoco puedo tenerle toda la tarde fuera.

-Bueno, pues tú dirás.

-Bueno, vamos a sentarnos mejor.

¿Por dónde empiezo? Bueno...

Vosotras sabéis cómo son los hombres, ¿no?

Y mi Marcelino es un hombre.

Y tiene sus cosas de hombre.

-¿Concretamente?

-Pues que hace cosas a mis espaldas pensando que no me entero.

-¡Ay, mi madre! ¿No será que tiene una querida?

-¿Con esa cara de lechuguino? -A ver a ver.

Ante todo un respeto que es mi marido.

Y no van por ahí los tiros. -No, si ya decía yo que...

-Pensándolo bien, ¿quién iba a ser la tonta que...?

-¡Que sigo aquí!

-Si yo lo decía porque... -Enriqueta.

-Sí, mejor. A lo que íbamos.

Que mi Marce no sólo me engañó el otro día...

...cuando se fue al fútbol, sino que también se ha inscrito...

...como linier en una liguilla regional.

-¿Y va a llevar calzón negro?

-Y todo el día con el pito...

-En este caso con el banderín.

-Huy, hija, pues peor me lo pones. -Sí, por eso os he llamado.

-Y quieres que le quitemos la idea de la cabeza.

-¿Tú quieres que hable con Pelayo para que medie?

-No.

-Buenos días. -Buenos días.

Disculpe, ¿por quién pregunta?

-Por nadie en particular. -Ah...

¿Y usted es? -Anselmo Quintero.

Tanto gusto, ¿su nombre?

-Isidro, para servirle.

Bueno, ¿y qué se le ofrece, señor Quintero?

-Pero no me trate, amigo mío, como si fuera un invitado.

Yo también trabajo en esta producción.

Comprendo, usted perdone.

Pensé que buscaba a Roberto o a Fernando.

-Sí, pero no hay ninguna prisa.

En realidad estoy encantado de conocer...

...a otro compañero de la película.

-Bueno, señor Quintero.

Yo exactamente no trabajo en la película.

Hago de contable en la producción, en lo que va saliendo.

-Ah, contable, ¿eh?

Una gran responsabilidad la suya.

Los libros de asiento son como la radiografía de una empresa.

-Sí, señor, sí. En cierto modo sí.

Entonces en esos libros deben estar los secretosde Numancia Films.

Los tendrá usted bajo llave.

-Pues si le digo la verdad están ahí, en el 2 cajón.

Sin la menor vigilancia.

No es como si fuera dinero en efectivo.

-Bueno, pero hay debe haber información confidencial.

Entradas y salidas de dinero que no deben ver todos los ojos.

¿No es verdad?

-Oiga, señor Quintero, no...

-No, si era por conversar.

-Ah, bueno, si es así...

Bueno, ¿y usted qué hace en la película?

-Soy asesor histórico.

Me ocupo de que no haya incoherencias en el guión,...

...en el vestuario, en la figuración.

-Entonces es usted historiador.

Lo tiene que saber usted todo sobre la vida...

...de Maximiliano I de Méjico.

-Bueno, todo, todo...

¿Le interesa esa figura?

-Pues sí, es un personaje singular.

Abdicar de todos sus títulos nobiliarios...

...para embarcarse en esa loca aventura americana.

-Un hombre excéntrico, sin duda.

Pero, bueno para mí es de todos modos una figura...

...un poco liberal, ¿no le parece?

-Sin duda lo es, sí.

Ese matrimonio por conveniencia...

Muy mal.

En cierto modo era un bala perdida.

Bueno, en su familia me refiero.

-Estoy con usted, una oveja negra.

Pero bueno, las hay en todas las familias.

¿No es verdad? -Supongo que sí.

-Estoy seguro de ello.

Incluso en Numancia Films debe haber alguna oveja negra.

-¿Y quién es?

-¿No lo sabe? -No.

-Lo primero que yo he pensado es: se lo prohíbo.

Pero oyendo la radio he escuchado unos consejos...

...de la sección femenina.

-Ay, no prima, por favor, ahórramelos.

-Lo de siempre.

La mujer se pone boca arriba, se encomienda al Espíritu Santo,...

...y que el marido se sacie.

Pero cómo se nota, niñas, que en la República...

...vosotras erais un par de crías.

Bueno, eso es lo que yo he oído en la radio, quiero decir.

Porque yo en la República estaba con mi primer marido.

Ay, que Dios lo tenga en su nicho. Ay, digo en su gloria.

-¿Puedo seguir, Enriqueta? -Perdón.

-Las de la sección femenina serán unas mojigatas.

Pero esta vez han acertado.

Porque decían que las mujeres tenemos que apoyar a los maridos.

Porque si el marido no se siente apoyado se puede sentir...

¿Cómo os diría?, como fieras enjauladas.

Y cuando pueden abrir la jaula cometen cualquier barbaridad.

-Pues en eso tienen razón.

-Sí, siempre se ha dicho que los maridos de las beatas...

...son los más puteros. -¡Enriqueta, por Dios, esa lengua!

-¿Eso es lo que aprendió en la República?

¿A decir tacos? -Sabiduría popular.

Yo es que soy de la escuela de la calle.

-Ya, bueno, puedo seguir, ¿no? -Perdón, perdón.

-Yo me he dado cuenta de que le prohíbo muchas cosas.

Y si le prohíbo también esto va a ser peor...

...el remedio que la enfermedad.

-Y quieres dejarle hacer de linier. -Sí.

-¿Y entonces para qué nos necesitas a nosotras?

-Porque no quiero que Marcelino haga el ridículo.

Y los hombres, por mucho que les apoyemos,...

...son un poco ridículos en general.

Así que si dejáis de interrumpirme, Enriqueta,...

...os voy a contar el plan que he tenido.

-¡Ay!

-Cuando uno no sabe quién es la oveja negra...

...es que es uno mismo, amigo mío.

-Oiga, señor Quintero, no...

-Pero no me dirá que en esta productora,...

...incluso en este despacho, no hay gente, actitudes,...

...digamos poco convencionales.

(RÍE) Ya, ya, ya le entiendo, señor Quintero.

Lo dice por Andrés.

-Por ejemplo.

¿Pero y qué me dice de Roberto y de Fernando?

-Pues mire, le voy a ser sincero.

La verdad es que son un poco... -Cuente, cuente, en confianza.

-Son muy desordenados.

A veces meten las facturas sin numerar.

Y les tengo dicho que la factura necesita su número de orden.

Con lo fácil que resulta llevar un lapicero en el bolsillo.

-Sí.

-Buenos días, Isidro. -Buenos días, Roberto.

-Hola, capitán. -Hola.

-¿Capitán? -¿No se lo ha dicho?

Es el asesor militar.

(SONRÍE) -¿Ya lo ha estado interrogando?

-Mi querido Roberto, yo no interrogo a nadie.

Simplemente me gusta charlar con la gente del cine.

Tienen un talento especial para contar cosas.

Incluso los contables son excelentes conversadores.

-Lo que usted diga.

Isidro, cuando haya cuadrado la caja de ayer...

...me enseña las cuentas. -No faltaba más.

-¿Y Fernando?

¿Muy ocupado en el rodaje de exteriores?

-Lo dudo, la última vez que lo vi no se encontraba bien.

Y decidió guardar cama.

Quizá no se levante en todo el día. -Comprendo, comprendo.

Pero de todos modos le voy a esperar aquí.

Ya sabe, por si se mejora repentinamente.

¿Y qué, Isidro, qué opinión tiene usted...

...de la estrategia militar de Maximiliano?

-Bueno, señor Quintero,...

-Bueno, pues ya he llegado. -¿Ya lo has aviado todo?

-Todo, Manolita.

Lo que no entiendo es por qué me mandas a por hielo.

Mi padre ya había encargado.

-Disculpadme, se me había olvidado decíroslo.

-Bueno, no importa, Enriqueta.

Si además no está nada mal...

...que Marcelino haga un poco de ejercicio.

-¿Por qué dices eso en público? ¿Por mi barriguita?

-No, no, Marce.

Lo digo pues porque viene muy bien hacer ejercicio para la salud.

-Ya, en fin, ¿me ha llamado alguien?

-No, no. ¿Esperabas alguna llamada?

-Sí, ¿alguna visita?

-Pues no, hijo, no. ¿Quién va a venir?

-Pues no lo sé, cualquier amigo, el Sebas o Sancho.

-¿Sancho? -Sí, Sancho.

El compañero de la mili.

-¿Sancho? -Sancho, Sanchito Salgueres.

-Sí, pues no, no, Marcelino.

Y te vas a quedar aquí con Enriqueta.

Yo tengo que hacer unos recados. -¿Adónde vas?

-A hacer un poco de ejercicio también.

Que también me va a venir bien.

-Manolita, tú estás muy rara, ¿verdad?

-Pues anda que tú.

-¿A qué viene eso, Enriqueta?

¿Esta mujer qué me está ocultando a mí?

¿Usted sabe algo? -Huy, yo nada, hijo.

A mi me pilla todo en órsay.

No hace falta que me acompañes. -No, si yo encantado.

Ya sabes que me interesa mucho el mundo del cine.

Si no molesto. Al contrario.

Pero llevamos todo el día juntos.

Me da la sensación de que te robo el tiempo.

-No voy a denunciar el robo.

Además, sólo tengo que ir un momento.

-Me apetece acompañarte.

¿Seguro que no molesto? No, no molestas.

Pero sólo tengo que avisar, es una tontería.

-Ese franchute sí que te está robando tiempo.

Porque es mi trabajo. -Ya, pero yo estoy celoso.

Pues allá tú.

-Interesante tipo este Isidro.

(ASIENTE)

-Aunque no parece saber gran cosa. -Sabe mucho.

De contabilidad. -A eso me refiero.

Sabe de lo suyo y no se dedica a actividades dudosas.

Ojalá todo el mundo fuese como él.

Así que esta es la separata que debo revisar.

-Sí.

-Ja, menuda metedura de pata.

¿Pero usted ha visto esto? -¿El qué?

-¿El qué, el qué? -Oiga, yo no soy el asesor militar.

Si encuentra algún error soluciónelo.

Tengo mucho trabajo.

-Es verdaderamente lamentable que un productor no cuide...

...los guiones que produce.

Pero vamos a ver, parece que usted no fuese el productor.

-¿Ah, no? ¿Entonces qué soy?

-Mire, no sé por qué estará en este puesto.

Pero salta a la vista que no le interesa el cine.

¿Pero qué dice este guión?

¿Un soldado pasa delante de un oficial y no se cuadra?

¿Pero qué es esto, la columna Durruti?

¡Ese soldado acabaría en el calabozo!

-Hablaré con el guionista. No se ponga así, por favor.

-Dígame, ¿qué es lo que le interesa a usted de este trabajo?

Y no me diga que producir películas.

Porque se ve que se limpian el culo con los guiones.

(LLAMA A LA PUERTA)

Hola, ¿se puede? -Hola, Alicia.

Buenas tardes, Roberto. ¿Cómo estás?

-Buenas tardes. Capitán.

Él es Jesús, un amigo aficionado al cine.

-Encantado. -Mucho gusto.

-Hola, Jesús. -¿Qué tal?

Por cierto, Roberto, el plan de rodaje de Belmas.

-Lo debe de tener Fernando.

-Sí, pero hoy Fernando no está.

Últimamente cuesta encontrarlo, ¿no es verdad?

Pues no lo sé.

¿Te interesa el guión, Jesús?

-No, bueno, es que aquí hay un pequeño error.

Creo...

No quiero pasarme de listo.

Pero si un soldado no se cuadra delante del oficial...

...sería arrestado.

Y el mosquetón Máuser que lleva al hombro es muy posterior.

-¿Se da cuenta?

Hasta este joven sabe más que usted de esta película.

-Bueno, perdón, yo no quería... -No, no se preocupe, muchacho.

Si parece que en esta productora no han hecho el servicio militar.

O lo han hecho donde no debían.

Mejor nos vamos, Jesús.

No sabía yo que tú supieses tanto de armas.

-Bueno, soy aficionado a las novelas históricas.

¿No te lo había dicho?

Gracias. -Espero no haber sido impertinente.

No, impertinente no.

Pero si hubiera estado el guionista de la película...

...no le habría hecho mucha gracia.

Alicia, ¿habías venido a verme?

Sí.

Quería saber cómo estaba Belmas y si necesitabais algo.

Ya. Cualquier cosa.

-Bueno, yo si no os importa os espero en el bar.

Claro.

Belmas está bien, gracias. De momento no te necesitamos.

Pero eres muy amable por preguntar.

Encantada.

Ahora tengo que subir. Sí.

Fernando, Quintero está dentro.

Y estaba bastante tenso.

Cuando entramos le estaba echando una monumental a Roberto.

¿Ah, sí? ¿Y por qué?

Por lo visto hay no se qué fallos en el guión.

Y me han dicho que eras bastante difícil de localizar.

¿Yo? Sí.

Pero no entiendo nada. ¿Qué tiene que ver Roberto,...

...con el guión y que yo sea difícil localizar?

No sé. Entiendo.

Con los militares españoles nunca se sabe.

¿Qué se puede esperar de tipos...

...que dicen cosas como "viva la muerte"?

Fernando, quería hablar contigo un momento.

Sólo será un segundo. Alicia, perdóname.

Me están esperando y tengo cosas que hacer.

En otro momento, ¿de acuerdo? Sí, pero...

¿Y esto? Es una mancha de sangre.

Sí, pero no te preocupes. Me di un golpe en la nariz...

...y he sangrado un poco. No es nada, gracias.

¿Seguro? Sí, gracias.

De nada.

-Vaya, qué rápido.

Ya te lo dije, sólo tenía que preguntar...

...si Belmas necesitaba acompañante.

-A mí me parece que él preferiría que lo acompañaras a él.

Oye, guapo, entre Fernando y yo no hay nada de nada.

-Haré como que me lo creo. -¡Que sí, Manolita!

Vaya jaleo que tenemos. ¿Qué os pongo, jóvenes?

-Una cervecita. Agua de Seltz, por favor.

-Ahora mismito.

Fernando y yo sólo tenemos una relación profesional.

-También decías que no eras amiga de Hiniesta.

Y al final sí lo eras.

Punto n 1, las cosas no son así.

Punto n 2, eres un cotilla. Y punto n 3,...

-A pesar de todo eso yo tengo razón.

No voy darte explicaciones.

-No te estoy pidiendo explicaciones.

Pero me he fijado en cómo te miran.

Y si las miradas quemaran habría que llamar a los bomberos.

Fernando no quiere nada conmigo, sólo es galante.

-Sí, es verdad, tiene buenos modales, es educado.

Será porque viene de Francia. -Entonces seguro.

Tú vienes de Francia y tus modales son finísimos.

Por cierto, ¿cuándo vivió en Francia?

Pues hace mucho tiempo, no sé exactamente.

-Perdón si parezco curioso, ¿eh? Pues sí, lo eres.

-No, es que estaba pensando que la frontera con Francia...

...estaba cerrada hasta hace muy poquito.

¿Qué haría un español en Francia? ¿No será un exiliado?

¿Y eso qué tiene de malo? Yo soy hija de exiliado.

-No, nada, mujer, sólo lo decía por charlar.

Pues pregúntaselo a él.

-Claro, y también le preguntó si luchó con la resistencia.

Fernando es un bon vivant.

No tiene nada que ver con la resistencia.

De hecho, hay ciertas cosas a las que no se puede resistir.

-¿Como por ejemplo?

Como por ejemplo una actriz complaciente.

-Mira, Alicia, yo me andaría con ojito.

Fernando, no sé, tiene algo oscuro.

Es como si escondiera algún secreto.

Igual tiene una doble vida.

Igual has visto demasiadas películas malas.

-Será eso. Será eso.

Quintero me está volviendo loco. Es su trabajo.

-Creo que he sabido mantener el tipo.

Está bien, pero da igual. Todo estará más tranquilo.

-¿Has ido a ver a tu gente? Sí, pero algo ha pasado.

Mi enlace no estaba allí.

-¿Lo han detenido? No tengo ni idea.

-¿Entonces? Tengo un enlace de emergencia.

Con él sí he podido hablar.

-¿Y qué te ha dicho? Nada bueno.

-Mierda, no me digas que han...

Han decidido abandonar la misión. -¡Maldita sea!

¿Y no se puede hacer nada? Han sido tajantes.

La misión queda cancelada hasta nuevo aviso.

Y ya sabes que las órdenes ni se discuten ni se comentan.

-¡Perra vida! Ahora toca esperar.

Tal vez más adelante. -Sí, tal vez, o tal vez no.

Qué asco, con todo lo que hemos trabajado.

Ya lo sé, es frustrante. Pero es lo mejor.

Tenemos a Quintero encima.

Si descubriese la misión esa sí que sería una tragedia.

-En este país hasta los asesinos tienen suerte.

-No sé cómo todavía queda gente dispuesta a luchar...

...por lo que perdió en la guerra.

Precisamente por eso, tío.

El fuego de una guerra deja rescoldos entre los vencidos.

-Le noto a usted un poco malhumorado.

-Estoy que trino, Isidro, endemoniado,...

...con esa maldita sinopsis que tengo que escribir.

-¿No te das cuenta que podrías haber sido tú...

...el que había muerto? Pero no ha pasado.

Así que no te preocupes más por esto.

-He llegado a la conclusión de que lo que pasó...

...entre nosotros fue una tontería.

Pues tampoco vamos a perder tú y yo el sueño por eso.

Así que tú no tienes conmigo ninguna obligación.

Y yo estoy aquí para lo que quieras.

No sé si me explico. -Sí, perfectamente.

-¡Huy!

¡Pero, bueno! ¿Esto qué es, Marce?

-Pues un uniforme de linier, coño.

-Estará conmigo en que esta criatura necesita un padre.

Y visto lo visto...

-¿Qué ha visto? Si no ha pasado nada.

¿Es la casa de Álvaro Hiniesta?

(ÁLVARO) ¿Quién es, mamá? -Sí, es mi hijo.

-Es una jovencita muy guapa.

¿Cuál es tu nombre? Alicia Peña.

Soy alumna de su hijo, de don Álvaro.

-Así que dígame por qué motivo se interesa usted tanto por él.

-Mi trabajo en Numancia Films sólo ha confirmado sospechas.

¿Y tú, has tenido más suerte en la universidad?

-Pues la verdad es que sí.

  • T3 - Capítulo 85

Amar en tiempos revueltos - T3 - Capítulo 85

27 dic 2007

Julieta intercepta a Alejandro y le acusa de estar enviándole anónimos, cosa que él niega.Juanito el Chico saca la cara por Julieta, ganándose así su confianza. Álvaro, tras varias advertencias, impide a Alicia entrar en clase porque sigue llegando tarde. Alicia se lo reprocha y Álvaro se justifica porque no quiere darle un trato de favor. Manolita descubre que Marcelino le oculta que va a participar en un partido de fútbol como linier y trama su propio plan. Las constantes indagaciones de Quintero en la productora mantienen a Roberto y Fernando en un estado de tensión permanente. Fernando va a pedir instrucciones a su enlace y vuelve con una mancha de sangre en la camisa. Finalmente se cancela el operativo para el que Fernando fue enviado a Madrid.

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