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No recomendado para menores de 7 años
Transcripción completa

-Había que hablar con él para ir al juzgado...

...y que testificara y no se ha presentado.

-Era él el que le tenía que aclarar al juez todo.

-Sí.

Eso significa que el desahucio sigue adelante, ¿no?

-Sí, ese es el motivo de mi visita.

-¿Sabes algo de él? -Sí, está bastante liado el pobre.

-¿Y eso? ¿Con Pavón? -Con Pavón y con Elisa.

A la chica la van a desahuciar y él está como loco...

...intentando ayudarla.

-¡Y al final nos ponen a todos en la calle!

(LLORANDO) ¡Todos en la calle!

Llanto.

-Esto, esto es lo que me gusta. ¿Ves cómo lo haces?

-Sí, y no solo lo he hecho, si no que estoy dispuesto...

...a no cobrar por ello.

-A cambio de algo, supongo...

-Que utilice su amistad con el juez Garrido...

...para ayudarme a resolver un problema.

-No creo que lo tengas muy difícil para que pase.

-Pues no parece una mujer fácil.

-No creas, el otro día estaban hablando de ella...

...y no fue precisamente lo que yo escuché.

Parece que es bastante ligera de cascos.

-¿Qué pretendes?

-¿No lo sabes?

-Traigo una notificación judicial.

-Esto no se ha terminado.

La casa es mía, es mía. ¿Está claro?

-¡El desahucio se ha suspendido!

(TODOS) ¡Bien, bien!

Hubo que aprender a llevar y a tener...

...el corazón y el alma heridos.

Días de avidez, de hambre y escasez,...

...en vencedores y vencidos.

Hubo que aprender a ganar y a perder...

...a fuerza de amor y coraje.

Días de un ayer, marcado para ser...

...vivido sin equipaje.

Amar en tiempos revueltos...

...tiempos de ruina y lamento.

Amar en tiempos revueltos...

...por vientos que trajo un mar.

De batallas por contar.

-Mierda de lápiz...

-Buenos días. -Buenos días.

-¿Me puedes poner un café sólo, por favor?

Dura vida la de escritor, ¿eh?

-Tengo que entregarle los dos artículos a Pavón...

...para que escoja el que más le guste para la edición de mañana.

-Al menos no te morirás de frío.

Ya era hora de que llegar la primavera, ¿eh?

-Pues yo hace una semana que no entro en calor.

-Pues cambia de sitio, coño.

-En mi buhardilla es peor.

-¿No podrías dejar de escribir?

-Ernesto, esto me corre prisa.

-Gracias.

Para otras cosas no tienes tanta prisa.

-¿Ah, sí? ¿Cómo cuales?

-Como cuando resuelves los problemas de Elisa.

Qué, caballero, te has colgado una prenda en tu lanza, ¿eh?

-No estoy dispuesto a aguantar tus impertinencias.

-Pero sí deberías mantenerme al tanto de tus andanzas.

Podías haberme dicho que lo habías solucionado.

Nos hubiéramos ahorrado sufrimientos inútiles.

-Ernesto, he estado toda la mañana haciendo trámites.

Y tengo que entregar estos artículos esta noche.

-Ya.

-¿Debo entender que te ha molestado que haya conseguido...

...una moratoria para el desahucio?

-Marcos he invertido mucho, y no sólo dinero, en ese desahucio.

-¿Y qué?

Se trataba de ayudar a Elisa. Los dos queríamos.

Los dos lo hemos intentado, cada uno a su modo.

Y yo lo he conseguido. ¿Algún problema?

-Te conozco desde que éramos críos.

-Desde que éramos críos.

-Y sé que no haces esto sólo por ayudar a Elisa.

-Pues no, no lo hago por eso.

¿O acaso tú te hubieses volcado igual con su padre y su familia?

-Siempre has tratado de superarme.

No sé... de demostrar algo...

-Qué no, macho, que te voy a dar una paliza.

-¿A penaltis? ¿Estás seguro?

Regateando bueno, pero a penaltis te gano yo.

-Venga, hombre. -Bueno, pues tírame uno.

-Va.

Uno, dos, tres, cuatro, cinco,...

...seis, siete, ocho, nueve, diez, y once.

¿Preparado?

-Sí.

¿No te das cuenta que soy mayor que tú?

-Ya, por eso siempre me ganas. -Ya vencerás.

-No, eso no. Con eso ya no me engañas más.

Yo creceré, pero tú también.

-Llegará un momento que yo no creceré más y tú me alcanzarás.

-¿De verdad? -Claro, hombre.

Y como tú eres más pequeño te voy a dar ventaja.

-¿Qué ventaja?

-Eh... vas a tirar de ocho pasos. -Vale, ya, ponte.

¿Preparado, Ernesto? -Sí.

-¡Gol, te he marcado gol! ¡Qué golazo he metido!

¿Qué pasa? -Nada.

-Vale ya, anda. -¡Qué no me pasa nada!

-Vale, vale...

-Está claro, y aunque no te lo creías, ya ves...

He dejado de crecer y me has igualado.

-¿Pero a qué viene todo esto?

-Que no voy a volver a darte ventajas, Marcos.

Y menos con Elisa.

No te voy a dejar ganar esta partida.

-Vamos, coged una copa cada uno.

Y esta botella la pago yo.

No os podéis imaginar la cara que se le quedó al casero.

(GESTICULA)

-Sí, eso es, Ginés, cara de tonto.

El tío achuchaba a la policía. Y allí estábamos todos.

Pensé que habría palos. -¿No habías sacado los muebles?

-Qué va, en un momento nos hemos hecho fuertes.

-¡Ea, así se pelea!

-Yo creí que le daba algo al sinvergüenza del casero...

...cuando llegó el oficial del juzgado con la moratoria.

-¡Ea, estocada y muerte!

-¿Ya tenéis todos vino? -Sí.

-Pues vamos a hacer un brindis. -Por don Pablo y su familia.

(GESTICULA)

-¿Qué dice? -Que brindemos por don Pablo...

...y su familia para que nunca se vayan de su casa.

-Yo quiero proponer un brindis.

Por mis compañeros que han demostrado que lo son...

...en los momentos duros.

-¡Vaya por nosotros!

¡Ea, a beber y a apurar las copas de licor!

-Os estaré eternamente agradecido.

Por haber prescindido de vuestro dinero y propinas.

(GESTICULA) -Dile que ahora le toca a él.

-No, si lo que dices es que deje de hablar y que bebamos de una vez.

(RÍEN)

-Dejadme acabar, por favor.

Bueno, pues, que no hay mal que por bien no venga.

Y, sí, hemos estado a punto de quedarnos en la calle, pero...

...he descubierto que mis compañeros...

...que mis compañeros son mis amigos.

Y ahora una fila que os voy a devolver...

...el dinero a cada uno.

¿Cuánto pusiste tú? -Ha sido una suerte.

Su mujer está tan malita. Yo pensaba tenerlos en casa.

Ya sabéis.

Pero qué quieres que te diga, las cosas se saben cómo empiezan...

...pero nunca cómo terminan.

-Sí, ha sido un alivio para todos.

(GINÉS GESTICULA) -Lo tuyo.

Aquí tienes.

-¿Fumas?

Es una pena que una mujer como tú pase el tiempo aquí sola.

-A veces me gusta estar así.

-¿Te gusta estar sola?

-¿Qué pretendes?

-¿No lo sabes?

(NIEGA)

-¡Estúpido!

Llaman a la puerta.

-¿Qué, doña Paloma, dispuesta a hablar de negocios?

-Francamente, no. -No me decepcione, doña Paloma.

Habíamos quedado hoy, justo a esta hora.

Soy muy puntual, ¿sabe? Es una de mis virtudes.

¿Nos sentamos?

Venga, más ánimo.

Ya verá como no se arrepiente de hacerme el pedido hoy.

Le tengo un regalito si me encarga lo suficiente.

-A ver, ¿de qué se trata? -De lo que usted se merece.

-¿Qué insinúa? -Nada, doña Paloma.

Nada, por Dios, qué gesto.

Únicamente le traigo las entradas. -¿Qué entradas?

-Para "Los últimos de Filipinas".

Llevo oyéndola meses y meses que quiere verla.

Y bueno, pasaba por allí y he pensado...

...¿por qué no le haces un regalo a una buena cliente?

Y aquí están. -Gracias.

-No tiene por qué hacerme el pedido hoy si no quiere.

-Por favor, siéntese. Vamos a firmar ese pedido, ¿sí?

Le pido disculpas.

Creía que estaba siendo usted grosero.

-Caballero, le está cogiendo una afición al boquerón...

...que le va a dar algo. -Qué va, qué va.

-Pero fíjese si no me va a gustar a mí que le priven tanto.

Pero es que me da no se qué por usted.

-¿Pero cómo va a hacer daño esto, doña Enriqueta?

¡Si esto es puro mar!

Es como si estuviéramos en Zahara.

-¿Zahara? Anda que pensaba yo que era de los atunes...

...y no de los boquerones.

-Es igual, donde hay boquerones hay atunes.

¿No ve que el pez grande siempre se come al chico?

Para que uno viva tiene que haber del otro.

-Huy, lo que no se les ocurra a ustedes los literatos...

-Una cerveza, Enriqueta, por favor. -Ahora mismo.

-Buenos días.

Sus artículos, señor Pavón.

-¿Están todos ahí?

-Sí, todos a los que me había comprometido.

-Hum, eso quiere decir que mi amigo se ha portado bien.

-Sí, fue muy amable. Me había recomendado usted.

-Ya lo decía mi padre.

Lo más importante en esta vida es tener buenas amistades.

Vaya, vaya, vaya, estás hecho un Balzac, chaval.

¿Qué me dices de los artículos, son buenos?

-En su línea.

Gracias. -¿Quieres algo para picar?

-No, no, muchas gracias. -Pero si es gratis.

-No, no, de verdad.

¿Qué le parece?

-No está mal.

Están bien, hombre, están bien.

Hay qué ver lo mucho que te gusta que te adulen.

Sin embargo, no son suficiente.

-¿Cómo?, esto es lo que habíamos pactado.

¿Qué quiere decir? -Tranquilo, estás muy nervioso.

No me extraña, con las palizas que te debes de meter...

-Al grano, señor Pavón, al grano, por favor.

-Me ha salido un nuevo asuntillo.

Unas colaboraciones para la radio.

-¿Para la radio? Imposible, no conozco el medio.

No tengo tiempo ni para respirar.

-El medio es como todos.

A los que manejamos la pluma, ¿qué más nos da el medio?

Además, no vas a tener que abrir la boca.

-¿Qué tendría que hacer?

-Que me escribas unas intervenciones para las ondas.

¿Qué va a ser?

-Que no puedo, señor Pavón. Que me va a dar algo, hombre.

-Vamos, si son notas cortas y fáciles.

Crímenes del Madrid antiguo. Ya sabes, mucha música siniestra.

Mucho hablar de las esquinas oscuras del Arco de Cuchilleros.

Tirado, para ti tirado.

-Que no puedo, que para lo que me pide necesito documentación.

-No me irás a negar unas cuantas páginas...

...después de lo que te conseguí con el asunto ese del desahucio.

Eso no se le hace a un amigo.

-Lo haré.

-Ya sabía yo que íbamos a llegar a un acuerdo.

Eso sí, necesito esas páginas mecanografiadas.

-¿Pasadas a máquina? -Imprescindible.

Con lo que escribes y las prisas no hay quien entienda tu letra.

Para el periódico pase.

Pero como comprenderás, para la radio no puedo permitirme...

...el lujo de dudar o leer mal una palabra.

(RÍE)

-Si supieras lo bien que he dormido esta noche.

Hacía meses que no dormía tan tranquila.

Ya no tiene por qué preocuparse, madre.

-Habrá que esperar.

Ha sido solo una moratoria, un aplazamiento cautelar.

-¿Cree que el casero volverá a la carga?

-No lo sé. Qué no, hombre.

Se ha ido con el rabo entre las piernas.

Debía ser un hueso duro de roer. Hasta Ernesto tenía dudas.

Aunque yo siempre he confiado en él.

-Hija, ¿por qué no te acercas a la tienda de la esquina...

...y traes un poco de azúcar?

Ya iré luego, madre. -No, luego no, Carlota.

Es que solo de pensar en tomarme la achicoria sin azúcar...

Como quiera.

-Gracias.

Don Matías.

Entre mi hija y Ernesto no hay nada.

-Lo sé.

-Y entonces, ¿piensa usted seguir hablando con ella?

-Desde luego.

Yo también sé esperar. Eso lo sé hacer muy bien.

Lo que mejor. (RÍE)

-No sabe cómo se lo agradezco. La paciencia que tiene con ella.

Es tan joven.

-Sí, y todavía no sabe muy bien lo que quiere.

Y aún menos lo que le interesa. -Sí, pero aprende rápido.

-Ya he tenido ocasión de comprobarlo.

Eso me da esperanzas.

Por un momento creí que la había para siempre.

Pero ayer mismo...

Estoy convencido de que todavía puede llegar a quererme.

-Claro que puede.

-Créame que no cederé, si es eso lo que le preocupa a usted.

No tengo prisas.

Me encontrará cuando ella quiera.

(RÍE) -Fermín.

¿Por qué no te tomas un descansito?

-Si no hago nada es peor, Marcos.

-¿Es peor para qué?

-Pues para todo, es peor para todo.

-Bueno, bueno. Yo me marcho.

Y bueno, me necesitas, me buscas.

-Marcos, lo siento.

Soy un animal.

-No eres un animal. Los animales no hablan.

Si quieres dejar de serlo me estás contando lo que te pasa.

-Es mi hermana, que...

-¿Qué le pasa a tu hermana?

-Si tendrá la vida resuelta, hombre.

-Sí, la vida resuelta...

Me da un poco de vergüenza decirlo.

Pero al mismo tiempo me da que el asunto puede ser grave.

-¿Pero de qué asunto se trata?

-Ayer mismo sin ir más lejos estuvo una hora metida...

...en el cuarto oscuro con Natalio.

-¿Para qué? -¿Cómo que para qué?

Pues para probar unos polvos de revelado.

O eso decían ellos.

Natalio trabaja para un laboratorio fotográfico...

...que sirve polvos para revelado. Tu hermana revela fotos.

Qué insólito que los dos se pasen una hora en ele cuarto de revelado.

-Sí, tú ríete y búrlate.

Pero del cuarto salían unas risitas y unas exclamaciones...

-¿De qué? ¿De gozo, de placer?

-Vete a tú a saber. No me extrañaría ni un pelo.

Yo no me fío de mi hermana.

He preguntado, claro. -Y te mandó a freír espárragos.

-¡Qué es mi hermana, coño!

Qué tengo responsabilidad sobre ella, le guste o no.

-No me has salido tú chapado a la antigua.

Con lo que eres tú de boca para afuera.

-Que no es eso, Marcos.

Ese tipo, se traiga con él lo que se traiga, no le conviene.

Que es muy confiada, muy inocente.

-No, no, no.

A ti lo que te pasa es que te da pánico.

-¿Qué pánico ni qué ocho cuartos?

-Pánico, Fermín.

Imagínate que ella se casa y se va. Y te deja a ti solo.

No sabes ni valerte por ti mismo.

-No digas tonterías, Marcos.

Sólo quiero el bien de mi hermana.

-Fermín, tu hermana sabe valerse por sí misma, mucho mejor que tú.

Y tiene todo el derecho a hacer lo que le dé la gana.

-Pero si ya lo sé.

Pero también me gustaría que me tuviera más informado.

-Bueno, pues gánate su confianza.

(SUSPIRA) -Creo que es tarde para eso.

Sin embargo, en ti sí confía...

No, no a mí no me metas en esto. -Marcos, por favor, te pido...

-No me metas en esto.

-Estoy seguro que contigo no será evasiva.

-Fermín.

-Te lo pido por favor. Te haces de nueva.

Tú le preguntas y ya está.

Te lo agradecería, de verdad, como amigo.

-¿Qué, aquí no se trabaja?

-Bueno, eh... es Marcos, que ha venido...

...porque tenía que contarte no sé qué cosa.

Me voy a por unos altramuces que tengo un poco de hambre.

-Tú dirás.

-Eh...

Tu hermano, que...

Venía a que me dejaras la máquina de escribir.

Pavón me ha pedido unos artículos mecanografiados.

-Se te está estropeando la letra de tanto amor...

-Muy graciosa. -No te enfades, hombre.

Puedes usar la máquina cuando quieras.

Pero no te la lleves a la buhardilla.

La necesito para hacer facturas y albaranes.

Tú ajas y escribes.

-Muchas gracias, hombre.

¿Te va... muy bien, no,...

...con el chico ese del laboratorio?

-Sí, es entretenido, divertido.

-Pero, quiero decir, que lo vuestro...

...tira adelante, que vuestras relaciones...

-Marcos, nuestras relaciones son eso, nuestras.

Y no creo que se las tenga que ir por ahí contando a nadie.

Y mucho menos a ti o a mi hermano.

-Maestro. -¡Ole!

Bueno, ¿qué? ¿Algún avance taurino, maestro?

-Menos guasa, que esto es muy serio.

-Y tan serio, no piensas en otra cosa.

No lo he dicho para enfadarte.

-Lo sé, pero no me gusta que se tome esto a pitorreo.

-No era mi intención.

-No lo digo por ti. Es que me he cruzado...

...con mucha gente que con esto de los toros me ha tomado a broma.

Y me da mucha rabia.

-No te preocupes, no volverá a ocurrir.

-No te vayas a enfadar.

-No, hombre. ¿Cómo me voy a enfadar?

Sé bien lo que es tomarse algo en serio.

Eso hay que respetarlo.

-Ahí has estado.

-Oye, y pensar un poquito en mujeres tampoco te haría daño.

(RÍE) Razón no te falta.

Pero es que ahora no tengo tiempo para pensar en ellas.

Mira, primero a triunfar. Y luego Dios dirá.

-Jacinto que eres torero, no cura. -Bueno, y tú tanto hablar.

¿Y tú, casado o qué?

-O qué. (RÍEN)

-O sea, que un soltero empedernido.

-Soltero, empedernido yo que sé. (RÍEN)

-¡Bueno, señores, bueno! ¡El que faltaba!

-Anda, siéntate. -Anda.

-Oye, Ginés, ¿y a ti qué tal te va con las mujeres?

-Este debe ser de los que las mata callando.

(GINÉS GESTICULA)

-No te vayas a enfadar tú ahora conmigo.

Hay que ver lo sensibles que estamos todos esta tarde.

-El primero tú, ¿eh? -Maestro, todos somos todos.

-Va, fuera de bromas. Ginés, ¿qué tal?

(GESTICULA) -¿Pero casado?

-Otro, pues podríamos abrir un club.

-Sí, o sindicarnos. -¡También!

(RÍEN)

-Anda que... (RÍEN)

-Entre 5 y 7 minutos me ha dicho, ¿no?

-Sí, no más.

Y eso con mucha ráfaga de música y efectos.

Más de ese tiempo en radio no lo soportan ni los más oyentes.

-No será un discurso del Caudillo. (RÍE)

-Por supuesto, desde luego. -Délo por hecho.

Tendrá su crónica de sucesos antiguos cada semana...

...implacable e impecable. Dígaselo así a su productor.

-Debe tener en cuenta que no va a ser sólo escribir.

Va a necesitar documentarse y hacerse un hueco en la locución.

-Está todo controlado. Yo no soy nuevo en esto, ¿sabe?

Para la documentación tengo un chaval, un aprendiz,...

...que estará encantado de colaborar.

-¿Es rápido? -Como una centella.

Chica.

¿Ganas de fumar, señor Pavón? -Entre otras cosas, preciosa.

A ver qué tienes por aquí.

Pues estos son muy buenos. Nos han llegado de La Habana.

-Ah, La Habana... sol, mulatas y ron.

-Muy bien.

-No se crea que todo es desastre. Vivimos de ello.

¿Recién llegados dices? Sí, recién llegados.

-Hum, ¿el puro entra en la invitación?

Su productor siempre me invita.

-Sea, para sellar nuestro acuerdo.

-Entonces, uno de esos, muñeca.

Como le decía, usted puede olvidar esas entregas. Ni preocuparse.

El muchacho que lo lleva es muy hábil.

Y a veces hasta me echa una mano con la escritura en sí...

...del manejo de la sintaxis.

-Ya me lo presentará. -Descuide.

Pero Marcos es mío, ¿eh?

Eh... son 12 pesetas.

-¿12 pesetas?

¿Hemos roto algo?

-El muchacho que le digo el único defecto que tiene...

...es que ha salido con conciencia social.

El otro día me metió en un lío de mil demonios.

Resulta que quería detener el desahucio de una familia...

...de amigos suyos.

Yo creo que hay una chica por medio.

Se empeñó en que yo hablara con el juez.

Felizmente, claro, lo conseguimos.

Aquella gente se quedó en su casa.

Ay, a veces me da envidia ese ímpetu de la juventud.

Yo también era así antes, ¿sabe?

No voy a decir que un revolucionario, pero...

-Buenas.

-Vaya, doña Enriqueta, dichosos los ojos.

¿Qué tal le va la vida a la recién casada?

-Huy, divinamente. Pero no tan reciente.

Llevo ya mis buenos 3 meses.

-Oh, chica, eso no es nada.

Mi luna de miel duró un año o año y medio.

Depende si lo cuenta él o lo cuento yo.

-Pero qué luna de miel ni qué ocho cuartos.

No ves que viven en casa de la nuera.

-Encima, que ya me dirá usted que qué le toca.

Que es su nuera postiza, que se dice.

-Política. -¿Política?

¿Política de qué?

-Se están portando muy bien con nosotros, las cosas como son.

-Mujer, si nosotras no decimos lo contrario.

Lo comentábamos como una broma.

¿A qué pareja de recién casados le gusta estar siempre...

...con una carabina?, a ninguna. -A ninguna.

-Pues procuran que estemos lo más cómodos posible.

Creo.

-No, si seguro que harán todo lo posible.

No digo yo que no. Pero es que son tantos, chica.

-Y no se ponen pesaditas las niñas cuando se lo proponen.

-¿Las niñas? Las niñas son lo mejor de la casa.

Huy si no fuera por esas niñas. Tan bonitas, tan vivas.

Dan alegría.

Si no fuera por ellas no sé yo que hubiera sido de ese matrimonio.

-Cuente, cuente.

¿Marcelino y Manolita no se llevan bien?

-Huy, ni mal ni bien. Por él, que es un bendito.

Pero es que esas niñas son tan preciosas, tan listas.

Yo creo que han nacido sabiendo. Porque yo a su edad ni la mitad.

-Ni yo. Pero las pobres no es que hayan tenido...

...unos tiempo muy buenos para crecer.

-Eso hay que reconocérselo tanto a Marcelino como a ella.

Se desviven por ellas. Y no les falta de nada.

Eso sí, dentro del orden, claro.

-¿Y qué, ayuda usted a Manolita con las criaturas?

-¿Ayudarle? -Sí.

-Pues menuda es. Pues no.

No quiere que le haga cosas a las crías.

Y dejarme a sola con ellas...

Capaces de estar ahí mirando sin hacer nada, vaya a ser...

...que me llamen abuela. -¡Huy, huy!

¿Pero es que no le llaman abuela?

-No, porque las tiene aleccionadas. Menuda es.

-Huy, qué raro.

¿Y por qué será?

Cualquiera estaría agradecida de poder descansar de las crías.

-¿Pues por qué va a ser? Por envidia.

Envidia de la mano que tengo con esas crías.

Y con los boquerones. -¿Con los boquerones?

-Pues sí, con los boquerones.

-Huy, ¿está usted segura? ¡No puede ser!

-Y tanto, desde que se dio cuenta que mis boquerones...

...tenían más éxito que su aguardiente,...

...me empezó a tomar tirria.

-Si es que, no hay más que verlo.

Yo se lo dije a Marcelino. Vaya que si se lo dije.

Que tenía la mujer demasiado consentida.

-No quería entrar en este tema.

Pero ahora que lo dice, me doy la razón.

Tiene que haber alguien que le ponga...

...los puntos sobre las íes.

Y voy a ser yo.

(GESTICULA)

-Bien, al final estuve con el mejicano.

Me llevó a un par de clases de la escuela de tauromaquia.

Por ahí todo bien.

(GESTICULA)

-No, no había nadie. Sólo estaban los profesores.

(GESTICULA)

A mí, nada, ¿qué me va a pasar?

-Las clases estuvieron muy bien. Todo explicado con mucha técnica.

Y muy bien explicado, pero vamos, nada que yo no supiese ya.

(GESTICULA)

-Pues el apoderado ese de marras, Ginés, que no quiero...

...que me lo vuelvan a mentar.

(GESTICULA) -¿A mí?

-A mí ya. Vamos, no sé ese hombre para hacerme a mí un feo.

A la jefa fue a quién se lo hizo.

(GESTICULA) -No, por eso.

A sus espaldas, que es peor.

Pues el apoderado ese de marras, que Dios sabe...

...de qué basurero habrá salido, va diciendo por ahí...

...cosas, Ginés, cosas de doña Paloma.

(GESTICULA)

-Ay, Ginés, que lo quieres saber todo con pelos y señales.

Ella está en boca de todos los toreros...

...por culpa del apoderado.

Que si se va con uno, y con otro.

De mano en mano, como la falsa moneda.

(GESTICULA)

-¿Y qué es lo que dicen exactamente?

Cuenta, Jacinto.

-Buenas noches. -Gracias.

Un poco pronto para galanterías. -No quería parar por casa.

Cuando actúas me pongo más nervioso que tú.

Aún queda para que salga.

-Ya, pero quería desearte suerte.

Toma, esto es para ti.

Si quieres puedes ponerte una en el vestido para la actuación.

Dame.

-Espero que ese sea el tono de los nervios.

Ánimo, no tenemos nada por lo que estar tristes.

Pues supongo que sí.

-Hace dos días no sabías ni donde ibas a dormir.

Y fíjate ahora. Tu padre estará que no cabe en sí.

Y todo gracias a ti, ¿no?

-Sí, yo he hecho lo que he podido. Al principio tuve mis dudas.

Pero al final, sí, todo salió a pedir de boca.

¿Qué pasa, Elisa?

¡Qué eres un hipócrita, eso es lo que pasa!

Sabes que fue Marcos y no tú quién paró el desahucio.

-Bueno, yo llevaba semanas trabajándomelo.

Y te lo hubiese agradecido igual si no me hubiese engañado, Ernesto.

-¿Te lo ha dicho Marcos?

No, Marcos ni siquiera sabe que me he enterado.

Es demasiado caballero como para apuntarse tantos.

-Tampoco dije que había dado el golpe final.

Comenté que no teníamos ninguna posibilidad.

Pero tampoco desmentiste cuando te lo agradecí.

No tuviste la decencia de decir que no tenías ni idea de qué pasaba.

-Perdóname, Elisa.

No, no es a mí a quién tienes que pedir perdón.

Es a Marcos a quien has traicionado, Ernesto.

-Marcos es más listo de lo que tú te crees.

Eso, encima arrástrale por los suelos.

Toma tus flores.

-¡Te pillé!

-¡Hostia, Santiago, qué susto! (RÍE)

-¿No es un poco pronto para hacer otro descanso?

-Tú con esa.

¿O es que tú estás aquí por el ambiente?

-No, claro que no.

Pero el susto te lo has llevado, ¿eh?

-Casi me trago el pitillo. (RÍEN)

-Anda, dame uno, que después te invito yo de los míos.

-Artesanía casera.

Anda que no se ha portado don Pablo con el tema del desahucio, ¿no?

-Del no desahucio, más bien.

-Ay, qué tú ya me has entendido, Santiago.

-Ha tenido una actitud como lo que es, un señor.

Lo bueno de los momentos malos es que cada uno se comporta...

...como quién es en realidad.

-Sí... -Y que unen mucho también.

Hablando de unión, ¿tú crees que Ginés tiene éxito con las mujeres?

-¿Y por qué nos iba a mentir?

-Yo no digo que mienta, pero Ginés es un poco exageradillo.

-Hombre, exagerado, exagerado...

¿Tú no le tendrás envidia?

-Anda ya, si lo digo por decir. (RÍEN)

-Mita tú, hablando del rey de Roma.

-Al final va ser buena la idea esa de que nos sindiquemos.

-Pasa, que estamos igual que tú.

A ver, Ginés, que tenemos una duda. Que aquí Santiago no se cree...

...eso de que tú tengas mucho éxito con las mujeres.

-Que eso no lo he dicho yo.

¿Qué es eso? (GESTICULA)

-Mira...

¿Pero son todas de mujeres? (GESTICULA)

¡Mira, y cada una le ha dejado una dedicatoria!

(RÍE)

-Si al final va a ser verdad eso de que las mata callando.

(GESTICULA)

-¡Anda qué no! (RÍEN)

-Toma, venga, invita la casa.

-No soporto más a esa señora, eh, Marce. Te lo digo de verdad.

Sabes que lo he intentado con todas mis fuerzas.

He apretado los dientes y a aguantar.

Es que ya no puedo más.

-Cariño, es solo temporal. -Ni temporal ni narices.

De fuera vendrán y de casa te echarán.

-Que mi padre sigue buscando piso. -Sí.

La forma de no trabajar, eso está buscando.

-Ya me estoy cansando de escuchar siempre la misma canción.

-Pues haz algo.

-¿Y qué quieres que haga? ¿Que le ponga en la calle?

¿A mi propio padre? -Ay, no sé, habla con él.

Yo a esa señora no la aguanto más, de verdad.

¿No le ha dado ahora por hacer la colada de mis niñas?

-Es una muestra de agradecimiento. -Ya.

Quiere que no me enfade cuando empiece a decirle a las niñas...

...que la llamen abuela. -¿Y a ti qué más te da eso?

-No me gusta, Marce.

Y lo de la colada menos.

Se le ha metido en la cabeza que tiene que poner almidón...

...en las braguitas y las niñas andan como si fueran un baquero.

-Eso es porque ella nunca ha tenido niñas.

-Pues que no practique con las mías.

¿Crees que voy a permitir que ellas vayan por ahí de cualquier manera?

No, de eso nada.

Mis hijas pasan las mejores del barrio.

-Bueno, pues que no lave.

Pero déjala estar con las niñas. Y sobre todo a mi padre.

-Si quieren rejuvenecer que no sea a costa de mis hijas.

Que vayan a una clínica de esas de reposo.

-No es a costa de tus hijas, Manuela.

A ellas se las ve muy felices con su abuela.

-¡Esa palabra no!

Mis hijas tienen a todas sus abuelas muertas.

Y si la Enriqueta esa quiere nietas,...

...pues hala, que achuche al calzonazos ese de su hijo.

Te advierto una cosa, si no quieres que esto acabe mal...

...a ella le tiene que quedar muy claro una cosita:

que mis hijas son mías y sólo mías.

-¡Coño, y mías! -Yo ya me entiendo.

-Tú ya te entiendes.

Llaman a la puerta.

Doña Paloma.

¿Qué le parece cómo ha quedado el vest...?

Perdone.

Doña Paloma, ¿quiere que me quede aquí con usted?

Quedarme a... sin hablar ni nada.

-Gracias, no hace falta.

Te queda muy elegante el vestido.

¿Quiere que le traiga una tila o algo así?

-Tengo café.

Doña Paloma, no es bueno quedarse solo cuando se está así.

-¿Cómo estoy?

No sé... triste.

-¿Y crees que debo salir estando así?

No conozco el caso, pero... mi madre siempre dice que...

...que un clavo quita a otro clavo.

La solución depende de... del tipo de clavo.

-Valiente dicho.

Se suele cumplir siempre así hasta que deja de hacerlo.

Inténtelo al menos.

-¿Qué hacer cuando un clavo se te ha incrustado en el alma...

...y te sientes incapaz de arrancarlo?

No sé...

-¿Cuál es la decisión más importante de una mujer, Elisa?

Con quién casarse.

-Para la mayoría de las mujeres eso es así.

Pero para otras, como yo, la decisión crucial es la última.

Cuándo decir: "basta, hasta aquí he llegado, se acabó".

Pero vamos, doña Paloma, si es usted guapísima.

-Y tú una aduladora.

Ve para afuera, anda, que tienes que actuar.

Es la verdad. -Hum...

Bueno, pues lo dicho, lo que necesite.

-Gracias.

Espera, Elisa.

Toma, cielico, para "Los últimos de Filipinas".

¿Para mí? -Y para quien tú quieras.

¡Gracias!

-Hala, ve, fuera.

Se va a montar la marimorena como aquella vez.

Venga. Sí, gracias.

-Entonces, está usted al tanto de los pormenores del desahucio.

-¿Se refiere a que sé que ha sido Marcos quien lo ha parado?

-No, eso no tiene nada que ver.

-No se preocupe, usted ha estado moviéndose desde el principio...

...para evitarlo. Bueno, Marcos también.

Tengo que estarles agradecidos a los dos por igual.

-Vamos a dejarlo, ¿de acuerdo?

-No me gustaría... no me gustaría que se disgustase.

Yo soy un hombre justo.

-Que no es eso de lo que quiero hablarle, don Pablo.

-Diga, hombre, diga.

-Lo que Marcos ha hecho está muy bien.

-¿No me ha dicho que no quería que habláramos de ese tema?

-¿Me puede dejar terminar? -Está bien, termine.

Lo que ha hecho Marcos está muy bien.

Pero es un aplazamiento, ¿lo entiende?

Cuando el casero vuelva hay que estar preparados.

-Entonces hay que seguir. -Sí, eso es, hay que seguir.

Así que si usted me lo permite seguiré moviéndome...

...para ver si se quedan en su casa tranquilos.

-Ya le he dicho que se lo agradezco y se lo agradeceré.

-No dude que ahí estaré.

-Mañana tengo que subir. Elisa va a empezar a cantar ya.

Y los clientes piden más servicios.

Aplausos.

Música de piano.

Noche de ronda,...

...que triste pasas,...

...que triste cruzas...

...por mi balcón.

Noche de ronda...

...cómo me hieres,...

...cómo lastimas...

...mi corazón.

Luna que se quiebra...

...sobre la tiniebla de mi soledad.

¿Adónde vas?

Dime si esta noche...

...tú te irás de ronda cómo él se fue.

¿Con quién estás?

Dile que le quiero, dile que me muero...

...de tanto esperar.

Que vuelva ya,...

...que las rondas no son buenas,...

...que hacen daño,...

...que dan pena,...

...que se acaba...

...por llorar.

Aplausos.

-¿Te sucede algo, Carlota?

Nada.

-Ay, pocas personas hay tan tranquilas,...

...tan pacientes como don Matías, ¿verdad?

Y tan aburridas, sin ir al caso.

-Ay, no digas eso, Carlota, por favor.

Matías es un hombre serio, en su sitio, como tiene que ser.

Sí, en su sitio y sin moverse también están los muertos.

-Ay, pero qué cosas dices, ¿eh?

Pues bien que se movió para conseguirte la beca.

¿Lo vio usted en el desahucio?

-No me fijé. Pues yo sí, y parecía un pasmarote.

Parecía que lo mismo le daba que nos llevaran los guardias...

...o nos subieran a casa otra vez.

-Ay, qué mal humor tienes cuando quieres, Carlota.

¿Estaba?, pues eso es lo importante, hija, que estaba.

Sin embargo, ¿se fijó usted en Ernesto?

-Sí, estaba pálido.

Ay, no diga eso, madre. Si lo estaba era de excitación.

Estaba tan preocupado en protegernos.

Tanto que al final todo salió bien.

-No es que quiera quitarle méritos a ese chico,...

...porque los tiene.

Pero también tendrá sus defectos, como todo el mundo.

¿Y cuáles?

-Ay, pues no lo sé. Pero nadie es perfecto, Carlota.

Ni siquiera Ernesto. Es que no sé a qué viene eso.

-Buenas noches. -Buenas noches.

¿Has cenado? -Sí.

¿No quiere tomar ni un café? -No, gracias, hija.

-¿Y Elisa? -Se ha quedado a tomarse algo.

¿Sola? -No, con Marcos.

-¿Tú la has dejado sola con Marcos? ¿Tú?

-Sí, yo, mujer, sí.

Tampoco tiene nada de malo. No la va a acompañar a casa.

Además está doña Paloma. Y además los últimos clientes.

-Pues ni así creo yo que tú te hayas ablandado tanto.

-Marcos es un buen muchacho, que lo sé.

-¿Y qué?

-Pues que no me podía negar después de que consiguiera...

...que sigamos viviendo aquí.

-¿Qué ¿Cómo que lo consiguió él?

¿Quién ha dicho eso? -Me lo ha dicho Elisa.

Y me lo ha confirmado Ernesto. ¡Eso es mentira!

-¿Qué es eso de llamarme mentiroso?

A ver, Ernesto ha removido cielo y tierra por ayudarnos.

-Lo sé, pero ha sido Marcos quien ha contactado con el juez.

Lo que ha hecho Ernesto es no decir no...

...a nuestros agradecimientos sabiendo que no los merecía.

-¿Lo ves, Carlota? ¿Qué te estaba yo diciendo?

No sé por qué con todo lo que ha hecho Ernesto...

...por nosotros le tenéis tanta manía.

-No te está diciendo eso tu padre. Sí, mi padre, usted y todos.

¡Y Ernesto es el mejor de todos, el mejor!

-¿Pero tú la ves?

¿Pero qué mosca le ha picado a esta niña ahora?

-Yo qué sé...

-Has estado maravillosa.

Quería cerrar los ojos y sentir la música.

Pero no podía dejar de mirarte. (RÍE)

¡Qué exagerado! -Has estado mejor que nunca.

Tenías que haber visto el brillo que tenías en los ojos.

No me veía, pero sabía que lo tenía.

-¿Y cómo lo haces? ¿Lo haces adrede?

¿A que me brillaban más cuando te miraba a ti?

-No creo que me miraras todo el tiempo.

Casi.

Casi todo el tiempo.

-¿De verdad?

Hoy quería dedicarte la canción a ti.

-Venga, no te rías de mí, enseguida se me ponen...

...en la cabeza pájaros. Qué no.

Aunque no hayas dicho nada yo sé lo que has hecho...

...por mi familia.

-Por ti.

Por mi familia y por mí.

Con la actuación quería agradecerte todo lo que has hecho.

-Ah, pero si solo me he buscado las mañas para que un juez...

...cogiera cartas en el asunto. Y la ley está de nuestra parte.

No te quites méritos, no lo soporto.

-Pero si Ernesto también estaba con el asunto dale que te pego.

No me hables de él.

Yo, mi padre y mi familia creíamos que él iba a solucionar...

...el tema del desahucio y fuimos a decírselo...

...y fíjate, compitiendo contigo, Marcos.

-Ya...

Oye, ¿por qué no vamos un día al cine?

-¿Al cine?, claro que sí.

Me han regalado unas entradas para "Los últimos de Filipinas".

Se lo voy a decir a mi madre, a mi hermana y vamos todos juntos.

-"Los últimos de Filipinas". Vais a llorar.

Pues me das tu pañuelo.

-Ha sido un golazo. -No vale y se acabó.

-¿Pero por qué? -Por que te he dejado ventaja.

Y así marca cualquiera.

Ese tipo de goles no valen. -Eso te lo acabas de inventar.

Me dabas ventaja porque era más chico.

-Y ahora digo que no.

-Pues entonces tampoco valen los que tú me metes a mí.

-Esos sí, están tirados de los 11 pasos.

-¡Tramposo, eres un tramposo! -¡Retira eso!

-¡No! -¡Retira eso o te acordarás!

-¡De eso nada, tramposo!

-¡Calla! -¡No!

-¡Qué te calles! -¡Tramposo!

-Quita, que yo me valgo. -No me importa acompañarle.

-¡Vete por ahí!

-Voy a pedirle un taxi.

-¿Pero quién eres tú para pedir nada?

Yo me voy a casa andando, como siempre.

-Permítame. -Qué no te permito nada.

Andandito, que es gerundito.

-Una noche divertida.

-Hasta que he visto tu cara. (RÍEN)

-Cuántas cosas has visto esta noche, ¿eh?

-Déjame en paz.

-La chica que cantaba estaba de impresión.

-Ya lo creo. Más buena que...

-Lo sé, lo sé, que el pan blanco. Y deseando, ¿a que sí?

-Ja, tú también te has dado cuenta, ¿eh?

Se le nota a la legua.

Menudas ganas que tiene de ser montada...

¡Ah!

Gritos y golpes.

Si al final te sigue sobrando una entrada pues podrías...

...podrías invitar a Ernesto.

Es que cuando Ernesto y Marcos están juntos hay tensión.

Es lo mínimo que podríamos hacer para agradecerle...

...lo que ha hecho.

-Tenemos un regalo para vosotros.

A ver si se disipan todas las hostilidades...

...que flotan en el ambiente.

-Me parece bien, últimamente esto parecía un campo de batalla.

-Espero que no sea como la manzana de Blancanieves.

Como le gustan tanto los cuentos.

-Sí, como el de Hamelin ese que se lleva a las ratitas.

-Basta ya con la pelea de gallinas.

-¿Y usted cómo se encuentra? ¿Más animada?

-Qué remedio.

Cuando una ha tocado fondo no te queda otra...

...que ir para arriba.

-Ser consciente de que había problemas es un gran paso.

-Sí, sí que lo es.

Llevo un tiempo dando tumbos.

Y solo yo lo puedo solucionar.

-Ya ha empezado a cambiar.

La verdad es que estoy muy a gusto aquí.

Aún no me lo creo.

-¿A qué te refieres?

-Los hombres cobardes no son bien recibidos en este local.

Le ruego que salga inmediatamente.

-¿Cómo? ¿Cómo se atreve?

-¿Alabo la generosidad o debo interpretar que lo haces...

...para lavar tu sentimiento de culpa?

-¿Insinúa que he cogido el dinero? -No creo que te atrevas.

-¿Entonces a qué culpa se refiere?

-La de ser de una familia de ateos y herejes.

Amar en tiempos revueltos - T2 - Capítulo 32

25 oct 2006

Elisa descubre que la moratoria para el desahucio vino de manos de Marcos, aunque Carlota sigue convencida de que el mérito fue de Ernesto. Elisa, agradecida, reprocha a Ernesto que se apuntara el tanto e invita a Marcos ir al cine. Aumentan los rumores sobre que Paloma es una mujer "fácil". Fermín, preocupado por la relación entre Sole y Natalio, pide a Marcos que tantee a su hermana, pero ésta se niega a entrar en el juego. Pavón solicita a Marcos, que se siente en deuda con él, nuevos trabajos, esta vez para la radio. Enriqueta está encantada con las hijas de Manolita aunque la relación entre las mujeres sigue siendo insostenible: Manolita, reconcomida por los celos. Ernesto, rabioso por lo sucedido, muestra su peor cara: apalea a un cliente que dijo una grosería sobre Elisa.

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