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Subtítulos de Amar en tiempos revueltos - T1 - Capítulo 126

Ya nadie nos va a separar, Andrea. ¿Me oyes? Nadie. Lo sé. -No me vuelvas a pedir algo así. Te hablaré con toda sinceridad. No me importa lo que hagas con tu vida. No me importa cómo la manejes, con quién andes. Yo te entiendo. Aunque tú no me creas. Pero, por favor, con Matilde es diferente. ¿Qué te pasa? ¿Por qué estás nervioso? -¿Nervioso? Otra prueba y no huele a su perfume. -Pues habrá cambiado de perfume. Las mujeres no son fieles a sus perfumes. -Encima recochineo. ¿Dónde está? Sé que está contigo. -Hace tiempo que intento verte. No quería que pensaras que te había dejado solo. Te veo bien. No como me gustaría verte, pero... pareces bastante recuperado. -¿Has decidido ya dónde vamos a ir? -Más o menos. -Tengo amigas en Boston y dicen que la ciudad es tranquila. Pero... Matilde, me da igual dónde vayamos con tal de estar juntas. -¿No te ha dicho que se desmayó ayer y que casi me muero... ...porque no se recuperaba? ¿Que se desmayó? No me ha dicho nada. -¿Ves? Por eso quería hablar contigo. Es que la conozco. Pero mira cómo es. -Bueno, ¿qué? ¿Vendrás conmigo o me dejarás sola frente a esa caterva... ...de víboras insaciables que son los hijastros de Marita? ¿Eh? Hubo que aprender a llevar y a tener... ...el corazón y el alma heridos. Días de avidez, de hambre y escasez,... ...de vencedores y vencidos. Amar en tiempos revueltos. Tiempos de ruina y lamento. Amar en tiempos revueltos... ...por vientos que trajo un mar. De batallas por contar. ¿Has hecho los deberes? -Sí. ¿Sí? Pues cuando volvamos quiero ver las hojas de caligrafía. ¿De acuerdo? -Vale. Y ahora, jugaremos a lo que tú quieras. -¡Al fútbol! Claro que sí. Al fútbol. Además, hoy toca partido de liga. Dame un besito. Un besito fuerte. Ve poniendo la portería que ahora voy. Entrenando. Chuta fuerte. Antonio, esto no puede ser. Andrea, por favor, esto no puede ser. No pue... ¿Y qué hago? Sois como un imán para mí. Desde luego... El fútbol es el deporte del Régimen. No hacemos nada malo. Eres de lo que no hay. ¿Cómo va eso? -¡Bien! Bien, bien. ¿Ves? Va todo bien. Todo bien. Con vosotros soy el hombre más feliz. Cuidado. Nos pueden ver. Es verdad. Aquel, por ejemplo. Antonio, te lo digo de verdad. Bueno, ¿qué? ¿Mañana nos vemos? Claro. A la misma hora en el estudio. Vale. Vete a jugar con el niño. ¿Segura que quieres verme? Que sí. Pero es que es peligroso. Y lo sabes. Te lo he dicho mil veces. Un beso, no hay nadie. No. Por favor, nos va a ver alguien. Anda, vete. Vamos. Me pongo yo de portero. Aquí, ponla aquí. Chuta fuerte, ¿eh? Fuerte. ¡Oh, qué golazo! Qué golazo. Dame un besito, anda. -A ver si ahora le pones reparos. -No, ahora está perfecto. Este sí que es un trabajo bien hecho. Bien presentado, bien rematado. Mi hijo va a estar guapísimo. -Muy bien. Estupendo. Adiós muy buenas. -Espera, no tengas tanta prisa. Quería encargarte otra cosa. Tengo una falda cosida al bies... -No, Valentina. No. Después del berrinche que cogí ayer, yo no vuelvo a coserte. -Mujer, no te pongas así. Es que estaba hecho un desastre y te lo tenía que decir. Pero, mira, ahora está impecable. Así que volvemos a ser amigas. -Con amigos como tú, no necesito enemigos. No pienso coser para ti nunca más. -Si te voy a pagar muy bien. Además, sé que lo necesitas ya que no trabajas en casa de Andrea. -Estás sorda, no me entiendes. No te coso nunca más. Adiós, muy buenas. -Por Dios, qué educación. ¿Qué pasa, madre? -Esa es un bicho. No la aguanto. No le conviene excitarse. Doña Loreto me ha contado el susto de ayer. ¿Cómo no me lo ha dicho? -Eso fue una cosa sin importancia. Yo ya estoy perfectamente. Mañana la llevo al médico, ¿vale? -Antonio, déjate de médicos y preocúpate por ti. Tú sí que vas a tener un disgusto cualquier día. ¿Yo por qué? -¿Cómo que por qué? Antonio, estás jugando con fuego y vas a terminar quemándote. Soy tu madre, lo veo y no sé cómo pararte. Si se refiere a Andrea... -Claro. ¿A quién me voy a referir? Tenías una novia guapa, buena, que te quería con locura. Y tú, nada, tú empeñado en vivir algo que no puede ser. Tienes que acabar con eso. No puedo. No puedo hacerlo, madre. Quiero estar con ella aunque sea a escondidas, pero a su lado. Y no hay marcha atrás. -Eulalia. -Ay... No te lo vas a creer. Vengo de ver a Mario. No me ha asegurado que me vaya a acompañar mañana al notario. -¿Y te ha comentado algo del testamento? -Ni una palabra. Mira que le he lanzado indirectas. Bueno, pues nada. Un güisqui doble. -¿No estarás viviendo un espejismo y Marita no te ha dejado nada? -Arturo, lo vi yo con mis propios ojos. -Lo raro es que no te haya dicho nada si sabe que eres... ...la heredera universal. -Bueno, él lo hace para fastidiarme. Pero de todas maneras, yo no estoy muy segura, ¿sabes? Igual Marita en el último momento,... ...sospechó algo y cambió el testamento. Porque no te olvides que murió en mi casa. A lo mejor tuvo tiempo de ver a Mario... Mira, prefiero ni pensarlo. -Por lo menos hemos desvalijado medio palacio. -Oye, yo lo hice por y para la causa monárquica. No se te olvide, ¿eh? -Desde luego. Indiscutible. Y por nuestra comisión. A ver si podemos llevarnos una tajada... ...después de tantos desvelos dinásticos. -Yo me conformo con que don Juan me nombre dama de la Corte. Su esposa doña María me cae muy bien, ¿sabes? Y sobre todo, que yo luciría de maravilla en aquel palacio. -Ojalá lleguemos a ver alguna vez esa corte, Eulalia. -No seas cenizo. -Mira, por si acaso, tu reza todo lo que sepas... ...para que no nos encontremos sorpresitas en este testamento. -Rezo, rezo. Reza tú conmigo a San Gabriel. (RÍEN) -Habla Mario Ayala, ¿puedo hablar con la Srta. Beatriz? -Lo siento, Sr. Ayala, la Srta. Beatriz... ...salió esta mañana. -¿Le dio mi recado? -Sí, señor, se lo di ayer. -Pues no me ha llamado. ¿Y sabe dónde la puedo localizar? -No dejó dicho dónde iba. -Está bien, cuando llegue dígale que llame a Mario Ayala. Es importante y urgente. -Sí, señor. -Gracias. -¿Qué? ¿No me digas que no puedes encontrar a Andrea? Por favor, Mario, vamos a llegar tarde al notario. -Andrea no nos acompañará, pasará toda la mañana... ...en el estudio. -Para variar. -Arturo. -Mario. -Llamaba a Beatriz, no hay manera de localizarla. -Bienvenido al club. -¿Tampoco sabes dónde está? -No, no, yo la adoro, pero no tengo idea de por dónde anda. ¿Por qué no pruebas en el club? Ella siempre ha sido muy deportista. Ahora, tampoco te garantizo nada... -Ah. -Ella va por libre. No, no, gracias. A estas horas... -De verdad, yo es que no entiendo cómo podéis estar tan enteros. Desde la muerte de Marita, yo... estoy como en una nube. Menos mal que tengo tu apoyo, cariño. -Ya, como veo mi apoyo no es suficiente. -Y dime, ¿qué tendré que hacer allí, firmaré algo? -Nada, no tendrá que hacer nada. Basta con que esté allí. Por cierto, no hable si no le preguntan. -No hay motivo para que estés nerviosa. -¿Cómo no va a ver motivo? Estarán allí los hijastros, no nos podemos ni ver. -Qué ocurrencia: Presentarse para pedir... ...la herencia de su padre. -Por favor, Mario, ironías no. Bastante tendré con soportar las insinuaciones de aquella gente. Si al menos fueras tan amable de adelantarme... ...lo que me voy a encontrar allí. -¿Las palabras... ...secreto profesional no significan nada para usted? Deberían sonarle, se las he repetido un millón de veces. -Sí, hijo, sí, me las has repetido un millón de veces. Sólo quiero ir avisada. -Me voy, nos vemos en la notaría. Sabe dónde es, ¿no? En el paseo de Recoletos. -¿No vamos juntos? -No. Es pronto y tengo cosas qué hacer. Adiós. -Yo sé dónde es, tranquila, no te preocupes,... ...iremos en mi coche. -¡Mario, ni se te ocurra... ...dejarme sola! Portazo. Ni en mi propio hijo puedo confiar. -Prima. -Hola, Luisa. ¿Cómo estás? -Bien. Bueno... Tal y cómo han quedado las cosas con Antonio pues... Supongo que comprenderás que no me pasé por aquí... ...durante un tiempo. -Te vamos a echar de menos. Y no lo digo sólo por el trabajo, ya sabes. -No, claro. -En fin, no hay mal... ...que por bien no venga. Quiero decir, Luisa,... ...que... dentro de lo que cabe, pues... que me alegro. Me alegro porque... Bueno, que siento realmente... ...que Antonio y tú hayáis acabado mal,... ...pero... que ese chico te iba a dar muy mala vida,... ...Luisa, entiéndelo. -Tampoco vamos a despellejarle... ...que no está aquí para defenderse. Como ya no estoy con él. -Luisa, no, no te lo tomes así. Si yo lo que te quiero decir... -Mira, prima, déjalo vale. No lo arregles que es peor. -Luisa, qué alegría, no te había visto entrar. -Hola, Elpidia, ¿qué tal? ¿Cómo se encuentra? -Bien, bien, perfectamente? Manolita, hija, dame otro azucarillo,... ...que te ha salido el café muy cargado. ¿Y cómo tú por aquí? -Pues nada,... ...venía a despedirme. Ya no voy a venir a ayudar... ...a mi prima en el bar, tengo mucho pendiente... ...que estudiar. -Claro, quieres recuperar... ...el tiempo perdido. -Sí, algo así. Ah, Elpidia, tengo una compañera de clase que su padre es médico... ...y me ha dicho que puede ir a su consulta cuando quiera,... ...que no le va a cobrar ni nada. -Qué buena eres. Bueno, pues ya iremos. Manolita, dame otro azucarillo. -¿Otro? -Sí. -¿Pero no le había puesto... ...ya azúcar? -Sí, es que me sigue sabiendo... ...muy amargo. (RÍE) Bueno, ya está. Pues me alegro mucho de haberte visto, Luisa. -Bueno. Ya le aviso para que vayamos al médico, ¿eh? -Cuatro azucarillos, eso más bien es un caramelo de café. -¡Ay! -¡Elpidia! ¿Está usted bien? -Sí, sí, muy bien. Mira qué tonta, he tirado el café. -Espere, que la ayudo. -Mire, Elpidia, usted cada día ve peor, ¿eh? -Pues sí, ¿para qué lo vamos a negar? Pero bueno, para lo que hay que ver. -Pues también tiene usted razón, pero así no puede seguir. ¿Sabe lo que le digo? Que ahora se termina el café y nos vamos ahora mismo a ver... ...al padre de mi amiga. -Qué buena eres,... ...pero no tienes por qué, yo, desgraciadamente,... ...no soy nada tuyo. -Anda, y yo que pensaba... ...que éramos amigas. -Tú ya me entiendes. -Perfectamente. Pero con Antonio o sin él yo le tengo mucho cariño... ...y me preocupo. Así es que se termina el café y nos vamos al médico. -Un poco precipitado, ¿no te parece? -No pienso aceptar un no por respuesta. -Bueno, entonces te diré que sí. Vamos. -Venga. -Gracias. Luego te pago, Manolita. -Adiós. Llaman a la puerta. Beatriz. -Hola, Andrea. Qué sorpresa. Pasa, por favor. -Espero no interrumpir. No, no, para nada,... ...solamente estaba dibujando. ¿Quieres tomar algo? -No, en realidad... ...no me puedo quedar mucho rato. He venido a traer esto. Es para Mario. Bueno, es que tengo que deciros algo, pero a Mario... ...prefiero decírselo por carta. ¿Y qué es? -Eh... Me voy... Me voy fuera de España. ¿Qué? -Me voy a Estados Unidos, a Boston. Pero ¿cuándo? -El lunes. Y bueno, Andrea, te pido por favor que guardes la carta... ...hasta entonces. Estoy segura de que si Mario... ...se entera antes, querrá darle vueltas al asunto... ...y yo... Yo ya me he decidido. Bueno, nos hemos decidido. Ya, Matilde y tú, ¿verdad? -Estamos cansadas de fingir. Andrea, aquí... Aquí la vida es un infierno y puede que mañana todo cambie,... ...pero nosotras no queremos esperar hasta mañana. Nos amamos y queremos estar juntas. ¿Y con Jacobo, qué ha pasado? -Pues no lo sé, supongo que no le quedará más remedio... ...que comprenderlo, ¿no? Al fin y al cabo si nos quedásemos aquí... Sólo empeoraríamos las cosas. Y España lo último que necesita es otro matrimonio más... ...lleno de mentiras. Disimular es sólo una excusa para no reconocer lo que uno es. Te entiendo. -Y Mario... Bueno, ya sabes que Mario... ...para mí es como un hermano y... Estoy segura de... que en el fondo no lo desaprueba. Y... supongo que no parará de decirme que me piense... ...las cosas dos veces, pero... Yo ya no puedo más, Andrea. Llevo toda mi vida pensándome las cosas dos veces. Y aquí la razón no es la que decide. No te preocupes, guardaré la carta. -Gracias. Ojalá todas tuviéramos tu coraje. -Andrea... Pase lo que lo pase te pido por favor que no le hagas daño a Mario. Él... Es el hombre más bueno que conozco. Lo sé. -Bueno, supongo que ha llegado el momento de decir adiós. Buena suerte, Beatriz. -La tendré. Ya me toca tenerla. Cuídate. Y tú. -Bien, y a continuación si les parece bien,... ...pasaré a la lectura de las últimas voluntades... ...de la señora O'Higgings. -Quisiera hacer notar que me parece impropia la presencia... ...de determinada gente. -Explíquese mejor, joven, no soy adivino. -Mis hermanos y yo somos los únicos herederos de los bienes... ...de mi padre. No comprendo la presencia de advenedizos. -Nadie le pide que comprenda nada. Sólo que mantenga las formas. Así que no interrumpa que tardaremos más. Por favor, don Teófilo. -Gracias, don Mario. Procedo a leer el testamento de O'Higgings. En Madrid a 15 de enero de 1944. Testamento n 2. Yo, Margarita Alejandra Valdivieso Carballeira,... ...viuda de O'Higgings, condesa Montáchez y baronesa... ...consorte de Salcedo, en plena posesión de mis facultades... ...mentales acudo al letrado don Mario Ayala de la Torre... ...para otorgar el presente testamento... ...que anula los anteriormente redactados... ...y cualquier otra disposición previa sobre el destino... ...de mis bienes y dispongo... -Dejamos todo atado y bien atado, eh. -Por favor, señores, por favor. Queda muy poco para terminar. Tengan paciencia. Y dispongo que todos mis bienes sin excepción alguna,... ...sea cual sea su naturaleza y procedencia sean donados... (CARRASPEA) A doña Eulalia de la Torre, marquesa del Valpinto... ...quien durante estos últimos meses... -Ah, muy bien, ¿estará satisfecha? ¡Arpía! -Mantengan la boca cerrada si no quiere que yo mismo le dé... ...una lección de modales. -¿Modales? -Caballeros, por favor. Permítanme terminar. Quien durante lo últimos meses... Tantos cuidados me ha procurado. -Bien rentables que le han salido, ¿eh? -No comprendo, cariño. ¿Me lo deja todo? -Sí, madre. -¿El palacio también? -Don Teófilo, ¿hemos terminado? -Sí, don Mario. A continuación, cuando se retiren los O'Higgings,... ...deberán ustedes hablar con don Pedro, el albacea. -Lo que deberían hacer es morirse de vergüenza. ¡Esto es un atraco a mano armada! -Mario, di algo. -Madre, esto es una notaría, no una plaza pública. Aunque algunos no se den cuenta. -Somos 100 veces más nobles que usted. ¡Ladrona! -Sinvergüenza. ¿A quién insultas? Si dejasteis morir a la pobre mujer y venís a rapiñar la herencia. -Señores, señores, por favor. -Vamos, hagan el favor de marcharse. -Cómo ha caído la nobleza, eh. Una adúltera y su hijo,... ...un coleccionista de bastardos, metiendo mano en el bolso ajeno. -¡Vuelve a decir algo y te mando al hospital! ¡Vamos, fuera, antes de que les eche a patadas! ¡Fuera! -Si es que no me lo puedo creer. Anda, léelo otra vez. -Que por mucho que lo lea no va a cambiar, tiene diabetes. -Bueno, el médico dijo que aún faltan los análisis. -No se preocupe. Ahora que lo sabe todo saldrá bien. Tómese en serio el tratamiento. -Anda que... la diabetes. Si es que todas las desgracias vienen juntas. Bueno, y menos mal que tú te has empeñado en llevarme al médico,... ...sino no lo cuento. -Bueno, no dramaticemos, usted es muy fuerte. -Fuerte... No sé si lo soy, pero la verdad es que si que me estaba haciendo... ...la fuerte, porque estaba todo muy claro. Primero lo de la vista y luego lo del azúcar,... ...que nunca he tenido bastante. Pero sí además es cosa de familia. Lo que pasa es que el médico me lo preguntó y yo se lo negué. -¿Y eso por qué? -Pues porque yo no quería aceptar que yo estaba enferma. Le dije que en mi familia todos estaban muy sanos. Y la verdad, mi pobre padre murió ciego. Y mi hermano Federico la tiene hace tiempo. Bueno, habrá que seguir tirando del carro, porque es lo que... ...nos han enseñado; menos lamentarse y más trabajar. -Pues lo que yo digo, más fuerte que un roble. Ahora debe cuidarse. Y ya sabe que ha dicho el médico, el azúcar ni en pintura. -Seré buena, te lo prometo. Hola. -Hola. ¿Qué os pasa que os veo tan serias? -Venimos del médico. ¿Qué ha pasado? -Bueno, yo me subo que estoy un poco cansada. Gracias por todo, bonita. -De nada, Elpidia. Cuéntame, ¿qué ha pasado? -Tú madre está enferma. Tiene diabetes. ¿Diabetes? ¡Joder! Por eso lo de la vista, ¿no? -Sí, es uno de los síntomas. Qué estúpido he sido. Yo lo achacaba a los años. -Bueno, tú no eres médico. Pero tú te has dado cuenta. -La veía muy rara. Y como el padre de una amiga es médico, pues... No tenías por qué hacer nada. Luisa, muchas gracias. -Claro que tenía, tú madre se ha portado siempre muy bien conmigo. Ahora lo que tienes que hacer es cuidarla. ¿De acuerdo? Claro. Cuéntame, qué más le ha dicho. -Vamos. -Bueno, pues si no se les ofrece otra cosa, yo me retiro. -Gracias, don Teófilo. -Estoy en el despacho del fondo, usted ya conoce. Avíseme si necesita algo. Señora. -Ah, bueno, pues si ya está todo... -Solamente queda una formalidad. Como ustedes saben, soy el albacea testamentario... ...de la señora O'Higgings. Y en este caso se dan una serie de circunstancias excepcionales... ...que debería de discutir con usted a solas. -Mario es mi abogado, tendrá que estar presente. -No hay ningún problema. -Si pretende interferir en este asunto,... ...mi hijo le aclarará que todo es perfectamente legal. Yo no pienso dar un céntimo a los hijastros de Marita,... ...porque no se merecen ni un recuerdo. -Madre, por favor, deja hablar al caballero. -Muchas gracias. Mire, yo no tengo nada que ver con esos señores. Estoy aquí en representación del Banco Hispano Colonial. -Acabáramos. -Usted pretende que ingrese el dinero de la herencia... ...en su cuenta. -No, mire, yo... -Pues mire lo que hago. Estoy cansada de personas interesadas esta mañana. Huelen el dinero y salen por debajo de las piedras. -Madre, por Dios. -Nosotros tendríamos que marcharnos de aquí. Este señor no debería haber estado en la lectura. Tú tienes que hablar con el notario, esto no es serio. -Señora, mi presencia durante la lectura estaba justificada. Sí, soy un interesado en la fortuna O'Higgins. Pero es que mi interés también tiene una justificación. Todos los bienes de la difunta, incluido su inmueble,... ...están hipotecados en nuestro banco. -¡Jesús! -¿Qué está usted diciendo? -Quiere decir que sólo ha heredado deudas. -¿Deudas yo? -Sí. -Yo no he debido nada en mi vida a nadie. -Si me permite le voy a mostrar unos documentos. -No, no se moleste, no me muestre nada, no quiero verlo. Esto no tiene ningún fuste. La señora O'Higgins era inmensamente rica. No comprendo cómo me puede decir que no le quedaba nada. -La señora había endeudado durante los últimos años. Ella renegoció varias veces su deuda. Nuestro banco, en atención a su título nobiliario,... ...le concedió más aplazamientos de lo habitual. Pero los impagos se sucedían y en estos momentos... ...los intereses acumulados son muy elevados. Así que me temo que el Banco Hispano Colonial... ...no tenga más remedio que optar por el penoso recurso del embargo. -¿Qué se supone que debo hacer ahora? -Pues muy sencillo, pagar las deudas de la pobre Marita. -¿Pagar? ¿Pagar yo? -Pagar o renunciar a la herencia. -¿Pero qué estás diciendo? -Lo que oye. -No... Marita me lo dejó todo a mí. ¿Comprendes? Ella no quería que se quedaran con nada los hijastros. No, no voy a traicionarla. No, Mario,... Yo no renuncio al palacete, no renuncio a las fincas. Porque son míos. El testamento lo dice muy claro. ¿Es que no te das cuenta de la cantidad... -Pero mire los documentos, madre. Si quiere vivir... ...en la casa de Marita tendrá que comprársela al banco. -Ejem... más los intereses de demora, claro. -¡Jesús! -Toma, esto es lo que me ha dado el médico. Guárdalo tú. Muy bien. -Y eso es todo. Muchas gracias otra vez, Luisa, de verdad. -De nada. Bueno... ¿Quieres tomar algo? Te invito. -No, mejor que no. Como quieras. -Perdona, no quería estar tan seca, es que... Antonio, no te guardo ningún rencor pero tampoco pretendas... ...que seamos amigos ni nada de eso. No creo que fuera buena idea. Supongo que tienes razón, sí. -Tampoco tendríamos mucho tiempo. Cuando termine la carrera... ...pediré plaza fuera de Madrid. ¿Ah, sí? ¿Muy lejos? -Pues me han hablado bien de Mallorca. Tiene que ser muy bonito. Me alegro por ti. -Gracias. Bueno pues me voy, que hace frío. Sí, hace frío, sí. -Antonio, te deseo mucha suerte. Igualmente, Luisa. Aunque no te va a hacer falta. Conseguirás todo lo que quieras. -Adiós. Adiós. -Una pena, Antonio. Una mujer de bandera. Así es la vida, haces planes, calculas el futuro,... ...preparas el terreno para que todo salga bien... -Y sale todo al revés. Exactamente. -Ya... ¿Qué, tomamos un chatito? No, tengo que ir a hacer un recado. -¿Un recado? Ya sé yo qué recado... ¿A que te vas a ver a Andrea? Pues no. Bueno, pues sí. -Ya. Me queda un rato todavía. He pensado comprarle algo. Unas flores... -¿Unas flores? ¿Vas a subir con unas flores a casa de los Ayala? No parece muy prudente. Ah, claro, que tenéis un nidito de amor. Nos vemos en su estudio. Una buhardilla donde va a pintar. -Oh, qué romántico. Sólo falta un gatito... ...para que escriban una zarzuela sobre vosotros. Ya lo estoy viendo. ¿No te han dicho que tienes la gracia en el culo? -De vez en cuando. Así que sigo practicando. Métete dentro que va a salir tu mujer con el rodillo, calzonazos. ¿Calzonazos? Quién fue a hablar, la nenaza de las flores. Pachote... -Sorpresa. No, no te levantes, por favor. -¿Qué haces tú aquí? -Adivina. -Pues no sé, yo había quedado con tu mujer. -Lo sé. -¿Ah, sí? ¿Y? Pues que lo sé todo. -Muy bien, eres muy sabio, ¿no? -No, en serio, lo sé todo, ¿no me crees? -Sí, claro que te creo, lo que ocurre es que... ...no sé a lo que te refieres con todo. ¿Ah, no? -Yo había quedado con Matilde para ir de compras. ¿Va a venir o no? -No va a poder venir. Ella no debe saber nada. -Perfecto, tú lo sabes todo y ella no sabe nada. ¿Se puede saber qué tipo de adivinanza es esta? -¿Te suena el nombre de Charles? -Pues... no sé... ¿Charles Chaplin? -Buena respuesta. Digna de un agente ejemplar. No bajas nunca la guardia, ¿eh? Charles me advirtió que no soltarías prenda. Pero relájate, yo también soy agente británico. -Explícate mejor porque no entiendo ni una sola palabra... ...de lo que me estás contando. -Basta de juegos. Charles está aquí por una misión importante. Soy tu nuevo enlace. Por eso no ha venido ella. No sé de qué te extrañas. Tú eres una aristócrata aburrida... ...y yo soy un rentista ocioso. Los dos hemos estudiado... ...en buenos colegios, y hacemos esto por sport. Somos el tipo de gente al que Charles suele recurrir. -Ya, y dices que ese Charles está en Madrid. -No debía saberlo hasta hoy. Tienes una cita con él dentro de una hora en esta dirección. -¿Para qué tengo que reunirme con ese hombre? -Para recibir instrucciones. No, no, no digas nada. Conozco las órdenes. Será un placer trabajar contigo. No tengo ni idea de lo que me estás hablando. -No lo concibo. No lo puedo entender, Mario. ¿Cómo es posible que estuviera arruinada? A ver, dime, ¿de qué vivían sus criadas? ¿Y el jardinero? ¿Y el chofer? ¿Cómo pagaba los gastos del palacete? ¿Y de las fincas de Zamora y de Valladolid? ¿Cómo es posible que alguien teniendo todo eso esté arruinado? -La pregunta es cómo se mantiene todo eso sin acabar arruinado. -Debería cambiar de mentalidad, madre. La nobleza ya no es lo que era. -¡Ja! No... La nobleza, hijo mío, es lo único que no cambia nunca. -Sí que cambia, se muere de hambre y de inanición. Se acabaron los tiempos de medrar en la corte. Si se quiere subsistir, hay que trabajar. -Hablas como un sindicalista. -Y Ud. como una antigualla,... ...con sus ínfulas de sangre azul y sus sueños monárquicos. -No son sueños. Este régimen es una pesadilla. Cuando Juan III suba al trono... -No va a haber ningún Juan III. La monarquía se acabó. Si vuelve no lo hará... ...con una corte alfonsina. -¿Qué pasa? ¿Eres adivino para saberlo? -Esos regímenes son insostenibles. ¿Cuántas monarquías de principios de siglo continúan en pie? Ninguna. Los tiempos han cambiado mientras se probaba trajes... ...y se servía unas copas. Y gracias a Dios,... ...España no tendrá que soportar a un rey libertino... ...como Alfonso XIII. -Eres insoportable, un insolente. No tienes respeto ni por el dolor de tu madre... ...ni por la Corona de España. Por nada. -Está bien. Perdóneme. Yo no quería... Pero es que este asunto... ...del testamento es tan vulgar que me ha crispado los nervios. -¿Y a mí qué? Me he quedado en la calle, Mario. Ese palacio era mi casa. -Esta seguirá siendo su casa... ...siempre y cuando guarde respeto a mi hijo y a mi mujer. -Respeto, el que me debéis vosotros a mí. -Tranquila, seremos nosotros los que nos vayamos. -¿Adónde? -Hemos decidido tener otro hijo. Y queremos criarlo en la naturaleza, en Extremadura. -Estupendo, queréis ir a vivir a la finca rodeados de cerdos. -Pues sí, primero nos instalaremos en la finca de padre. -A eso me refería. -Después buscaremos una casa. -¿Quieres acabar con tu carrera de abogado? -Estoy más capacitado que Ud. para decidir qué hacer... ...con mi carrera. -Si tuviera dos copas de más,... ...convendría contigo en lo que te diera la gana. Pero, en esta situación, me parece una solemne estupidez. Teléfono. -Ya lo cojo yo. -No, ya lo cojo yo. Vete con la niña, porque está muerta de hambre. -Lo que hace falta es que le cambie los pañales. Para eso vales tú. -Lo he hecho 5 veces en 3 horas. -Tiene que mamar y para eso no valgo. -Ni para eso ni para muchas otras cosas. -Bar El Asturiano, ¿dígame? -Buenos días, le habla la operadora. Es una conferencia para Antonio Ramiro desde San Sebastián. -Ramírez, Ramírez Grande. -Sí, sí perdón, Ramírez. ¿Es usted? -No, no, no soy yo. Pero ¿quién llama? -Lo siento, pero es una llamada de persona a persona. -Ahora no está. Si quiere probar esta tarde. Suele venir aquí. -Muy bien, gracias. -Cambiar los pañales... Todo el día cambiando pañales. -¿Hola? ¿Hay alguien aquí? ¿Quién es usted? -¿Qué coincidencia? Usted no me conoce a mí,... ...yo no le conozco a usted, pero le aseguro... ...que tenía un gran deseo de conocerla. -Me ha dado un susto de muerte. -Oh, me decepciona. Yo pensaba que los espías no se asustaban por nada. -Perdone, pero no tengo tiempo para jueguecitos. -Tiene usted razón. Ya no le queda tiempo. -Me marcho. -Lo siento, pero creo que no podrá usted ir a ninguna parte. Así tendré la oportunidad de charlar con una colaboradora... ...de los ingleses tan atractiva. -Es eso. Ese malnacido de Jacobo me ha tendido una trampa. -¿La trampa? Mi querida amiga,... ...se la ha tendido el Servicio Secreto Británico al dejarla... ...sin cobertura. Temprano o tarde debería quedar al descubierto. -Todavía no ha contestado a mi pregunta. -¿Quién es usted? -¿De veras cree estar... ...en posición de hacerme preguntas? -Ya que va a asesinar a una dama, podría satisfacer mi curiosidad. -Ha estado usted jugando con fuego demasiado tiempo. Pero se ha quemado, Fraulein Beatriz. Llaman a la puerta. No le abras.... -Voy a abrir, a ver si es algo importante. No pasa nada. Mario, por favor. -También conocemos la existencia de cadenas de judíos... ...para sacar judíos de Europa. Embarcaban en Vigo, en Cádiz. Quiero nombres, ¿comprendes? -No sé quién es Lawrence White. No sé quién es usted ni nada del Servicio Secreto Británico. Yo pertenezco a la nobleza. -Conozco desde hace mucho tiempo... ...a Ricardo Belmonte. He firmado muchas actas y muchos títulos con él. Conozco perfectamente su letra y su firma. Por eso sé que no era él quien te enviaba las flores. No te imagines cosas raras. Con la señorita Beatriz. -Salió esta mañana temprano. ¿No sabe adónde ha ido? -No, señor, ¿quiere dejar algún recado? Maldita sea, Beatriz. -Andrea, lo que tienes que hacer es irte de este... Mísero país de hipócritas. Coge a Antonio y a tu niño y márchate al extranjero. A cualquier parte, pero lejos de aquí. Aquí ya no hay futuro. Y menos para una persona como tú. -La mala conciencia, ¿no? -Ay... No, de verdad, Sito,... ...es un poco de insomnio nada más, de verdad. -¿Por eso no dormís juntos Rodrigo y tú?

Amar en tiempos revueltos - T1 - Capítulo 126

13 mar 2006

Luisa acompaña a Elpidia al médico. Elpidia tiene diabetes: es probable que se quede ciega. Antonio agradece a Luisa su gesto. Ambos se despiden, sabiendo que no van a volver a verse nunca más. Las ilusiones de Eulalia se desvanecen cuando, tras la lectura del testamento, comprueba que todas sus posesiones están hipotecadas. Debe renunciar a la herencia y volver a instalarse en su casa, con Mario y Andrea. Jacobo, que quiere vengarse de Beatriz, la hace caer en una trampa urdida por Hans. Andrea vive con intensidad su relación con Antonio. Pero a raíz de una visita que les hace Marcial Aguirre, que acaba de salir de la cárcel, Mario está a punto de sorprenderles.

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