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Para todos los públicos Al Punto - Grandes Chefs: María Marte - ver ahora
Transcripción completa

(Música cabecera)

Hola, un saludo.

La historia de hoy tiene todos los ingredientes de un cuento de hadas.

En este edificio modernista,

junto a la Plaza de España, en Madrid,

está El Club Allard,

que comenzó siendo un club privado

y de la mano del chef Diego Guerrero

se abrió al público con una cocina moderna y sofisticada

que se hizo merecedora de dos estrellas Michelín.

Una posición lograda con determinación y talento,

porque no les he dicho que María

llegó a este restaurante hace 12 años como friegaplatos.

Vamos a conocer su cocina de sabores profundos y texturas complejas,

que se ha convertido en toda una sensación del panorama culinario.

María Marte nace en República Dominicana en 1976.

En 2003, abandona su país para establecerse en España.

A su llegada,

trabaja como lavaplatos en El Club Allard de Madrid.

Tres meses después, el chef Diego Guerrero

le da la oportunidad de trabajar como cocinera.

En 2006, se convierte en su mano derecha.

Y en 2007, El Club Allard recibe su primera estrella Michelín.

En 2010, María asciende a jefa de cocina

y en 2011, recibe su segunda estrella.

En 2013, Diego Guerrero abandona El Club Allard

y María Marte queda al mando de los fogones.

En 2015, su cocina creativa mediterránea

es reconocida con el Premio Nacional de Gastronomía.

(Música)

María Marte, qué bien estar aquí contigo en El Club Allard.

Este es un sitio muy elegante, muy bonito.

¿Qué sentiste cuando entraste la primera vez?

Que me pareció espectacular.

Siempre vi que era como una casa, como dices tú, superelegante,

y era como un paraíso.

Haber llegado hasta aquí fue muy bonito para mí.

(Música)

Y, desde el primer momento, en la cocina,

sentiste que aquello te llamaba

porque tú ya venías con una formación en cocina de tu país,

de Santo Domingo.

Sí, en Santo Domingo había estudiado pastelería.

Lo cual, siempre supe...

Lo tenía claro que quería ser cocinera.

Y allí también crecí rodeada de mucha ternura, de mucha dulzura,

puesto que mi madre tenía una trayectoria muy bonita en pastelería

y mi padre dirigía el único restaurante del pueblo

en aquel entonces.

Yo crecí rodeada de fogones.

Digamos que del Caribe me traje esa pasión

y esas ganas de ser cocinera.

Querías ser cocinera desde niña. Desde siempre.

Yo no recuerdo haber jugado con otra cosa

que no fueran utensilios de cocina.

Creo que no tenías muchos cacharritos,

pero tenías una vecina que sí tenía muchos

y le pedías que te dejara jugar con sus cacharritos,

que llamamos nosotros. Hacíamos trueque.

Yo le limpiaba la casa para que me dejara los cacharros

porque eran cacharros de muy buena calidad, eran de metal.

En los cuales sí se podía cocinar en ellos.

¿Y llegabas a cocinar? Y llegaba a cocinar.

Siempre vivía inventando, haciendo sopas...

Vamos, cosas superdivertidas. Y la gente se las comía.

¿Cómo consigues el trabajo de friegaplatos en el restaurante?

¿Lo buscaste o fue una casualidad?

Bueno, creo que como todo inmigrante. Vine a ganarme la vida honradamente.

Este trabajo me surgió.

Un amigo mío, un compañero amigo de Santo Domingo,

me dijo: "Trabajo en un restaurante,

voy a ver si están buscando a alguien,

voy a ver si te puedo llevar el club".

Y fue así como entré aquí.

Yo digo que fue como una casualidad,

pero creo que estaba destinado a que yo viniera al Club Allard.

Quizá el destino. Sí, sí, totalmente.

(Música)

Llegas aquí con tu bata de limpiadora.

¿Cuándo te lo cambias por la chaquetilla de cocina?

Eso sí que es una larga historia.

A los tres meses de estar fregando,

recuerdo que se me preguntó:

"¿La dominicana de mayor qué quiere ser?"

Yo le he dicho, sin pensarlo: "Cocinera".

Entonces, me han dicho: "Aprovecha que hay uno que se va,

a ver si te entran a la cocina".

Estaba supercortada, me daba vergüenza entrar a la cocina.

La última que había llegado aquí...

Todos los que estaban en la mesa en ese entonces se echaron a reír.

Como: "Esta es la última que ha llegado.

¿A qué está aspirando? Ya quiere entrar a la cocina".

Yo recuerdo que él le dijo: "No os riais,

que la única cocinera con estrella Michelín en España

se llama Carmen Ruscalleda y empezó fregando como ella".

¿Sabes quién también empezó de friegaplatos? Ferran Adrià.

Por eso tengo que mi historia es una historia de superación.

Una historia muy bonita. De la más bonita del mundo.

Creo que ha valido muchísimo la pena y me encanta contarlo.

Me encanta que se diga que empecé de esa manera

y estoy ahora en esta posición.

(Música)

Era como: "¿Quién soy yo para decir que me entren a la cocina?"

Pero sí que me gustó la idea. Y aproveché y lo dije.

Cuando lo dije, me dijo que no.

Lógico, porque las cocinas es un sitio muy jerarquizado.

Lo entendía perfectamente, no tenía estudio ninguno.

Venía... Simplemente estaba fregando los cacharros.

Dije: "Vale, no pasa nada, lo entiendo".

"No, porque hay una antigüedad, otras personas que quieren entrar".

Digo: "Vale, perfectamente lo entiendo.

De todas maneras, gracias, quería mínimo intentarlo".

Pero luego, por mi curiosidad,

se me acercó mi antiguo jefe y me preguntó:

"¿Por qué quieres ser cocinera?"

"Porque es lo que siempre he querido hacer".

Digo: "Yo ya vengo con un poco de experiencia de Santo Domingo

y sé que puedo llegar a ser una buena cocinera,

y es lo que siempre me ha gustado hacer".

¿Y te dejó entrar en cocina?

Me dijo que me dejaba entrar con una condición.

Que no podía dejar de fregar cacharros para entrar a la cocina.

La gente pensaba que estaba loca para aceptar eso así.

Yo decía: "No estoy loca, no pasa nada ".

En esta vida nada es fácil.

Mi madre me decía: "Lo que fácil se consigue, fácil se pierde".

Y hoy en día pues... Mírame dónde estoy.

Eso, para mí, no fue ningún reto, para mí fue una...

Tienes que pasar por aquí primero para entrar aquí.

Y tenías que hacer doble turno porque te dejaron entrar en cocina

sin desatender tu tarea de limpieza. Totalmente.

Tenía que hacer doble turno, vivía aquí.

Vivía aquí.

De vivir en unas condiciones,

que llegué a echar el sueño estando en la escalera.

Porque no me daba tiempo para irme a ningún lado.

Llegaba, me ponía la chaquetilla de aprender a pelar patatas,

luego me la quitaba por la tarde a las 4:30,

me ponía la de fregar,

fregaba todos estos cacharros.

A las 7 de la tarde tenía que estar otra vez de cocinera.

Era duro porque tenía dos horas y media para fregar todo.

Y para dejar todo en condiciones

para que los cocineros a las 7 encontraran hasta el suelo seco.

Pero Diego Guerrero, que es el chef, uno de los grandes chefs españoles,

en algún momento debió de ver algo en ti cuando ya te liberó.

A los tres meses de estar así, fregando y cocinando,

le dijo a este chico que me trajo aquí a fregar,

le dijo: "Busquen alguien para fregar

porque esta señora vale para cocinar".

(Música)

Me quitó él mismo. Se dio cuenta de que valía.

Obviamente, era porque me observaba.

Y a los tres años me convertí en su mano derecha.

Y ya había pasado por todas las partidas.

Y llega una primera estrella Michelín.

Sí, en el 2006 me convertí en su mano derecha

y en el 2007 nos dieron la primera estrella.

Qué emoción. Sí, totalmente.

Fue muy emocionante y fueron momentos muy bonitos lo que vivimos.

(Música)

Casualidad, en el 2009 para 2010,

se me hizo oficialmente, a través de prensa y páginas web,

se me hizo su jefa de cocina.

Y en el 2011, nos dieron la segunda estrella.

Cuando eso lo cuentas en tu país o a tu gente,

¿saben lo que son las estrellas Michelín?

Ahora, sí.

Por suerte, la República Dominicana ha despertado,

gastronómicamente hablando, y yo estoy muy sorprendida.

Todo el mundo sabe lo que es.

Y lo más curioso

es que la gente sabe que no es fácil conseguir una.

Entonces, por eso a mi trabajo se le da tanta importancia,

tanto a la República Dominicana como en España.

(Música)

Estas dos estrellas que ahora tiene El Club Allard son tuyas

porque ya hubo un reconocimiento,

se han mantenido en el año en el que estabas tú al frente de la cocina,

de chef.

¿Cómo hiciste...?

Porque no debe ser fácil que en un restaurante de este nivel,

de pronto, el chef diga que se va.

¿Cómo te planteaste hacer la transición

de la cocina de Diego, al que reconoces tu maestro...?

Totalmente.

Imagínate.

La transición fue complicada, pero también muy bonita.

Empezar a hacer cosas que siempre has soñado con hacer,

no tiene precio.

Empezabas a hacer tu cocina.

Eras la chef del Club Allard, ya eras tú.

Entonces, ahí fue cuando vino una transición de haber cambiado todo.

A los seis meses ya no existía nada de lo que había dejado Diego.

Y yo creo que eso fue, el esfuerzo que hicimos en el club,

tanto de parte de la dirección como el equipo en sala,

un equipo muy profesional y gente que trabajamos siempre mano a mano.

(Música)

Tuve magnifico apoyo de Luisa Orlando,

directora y copropietaria del Club Allard,

y ella sí que me apoyaba.

En los momentos cabizbajos, me decía: "María, venga, que podemos.

Vamos a sacar el club adelante".

A mí misma no me voy a defraudar y a esta señora tampoco

porque está apostando por mí

cuando era una señora que apenas me estaba conociendo.

Y me dijo: "Vamos a seguir trabajando".

(Música)

¿Eres obsesiva, como casi todos los grandes,

que me decís que siempre estáis pensando en cocina y en los platos?

Siempre. Un creativo...

Una persona como nosotros, de este nivel en el que nos movemos,

no dejamos de pensar,

todo lo que vemos lo queremos transformar de comida.

Se vuelve un poco obsesivo.

(Música)

O sea, que empiezas por la materia prima.

Sigues trabajando igual, ¿no?

Tu carta va siempre muy ajustada a la temporada.

Trabajamos por temporada, lo cual, ayuda bastante,

porque tenemos más conocimiento cada día de los productos que usamos

porque son productos que no todo es de España,

también cosas de otro lado.

Lo primero es empaparte de conocimientos

para poder aplicar a ese producto técnicas

y luego esas técnicas aplicarlas a un cliente,

a un cliente exigente.

La gente que viene aquí a comer, a cenar,

a disfrutar de lo que hacemos,

es casi crítico.

Porque viene a conocer cosas... Primero, cosas que nunca ha probado,

cosas que no son habituales en una cocina de nuestra casa,

y quiere conocimiento,

que le explique de dónde ha venido esto,

¿por qué has hecho esto?

Tienen mucha curiosidad y es muy bonito.

Un cocinero es como un médico, nunca dejamos de aprender.

Siempre hay productos nuevos, así como enfermedades,

siempre hay productos nuevos

y siempre tenemos que seguir estudiando.

Dormirme sería imposible,

la hierba me escuece en la cara.

Creo que has hecho muy bien

porque los especialistas, los gastrónomos,

dicen que, en este momento, probablemente,

en esta casa está la cocina más sorprendente de Madrid

y la califican a tu cocina de chispeante.

¿Cómo la defines tú?

Es una cocina de matices, de sabores. Es una cocina delicada.

Esa es la cocina del Club Allard.

Es una cocina delicada y llena de sabores.

Entonces, esa mezcla tan bonita que hemos hecho de sabores,

es lo que tiene a la gente hablando tanto de nosotros.

Yo creo que ha sido lo más bonito.

Es muy bonito cuando la gente te dice:

"Se notan las manos femeninas porque están tan cuidados los platos".

Entonces, por eso le denomino una cocina delicada también.

Que fuera invencible

y que nunca jamás se apagara.

¿Cuál es el plato favorito de toda tu propuesta?

Imagínate, elegir uno entre tantos que son tan buenos, es difícil.

Pero, si nos fuéramos a lo dulce, me quedaría con la flor de hibisco.

Yo vengo de una tierra de colores, de sabores, de brotes, de flores,

como que más representa un poco a mí también.

La hacemos con obulato.

Ya sabes que el obulato está hecho de fécula de patata.

Es muy curioso.

Haberle dado esa técnica a la flor de hibisco sí que era complicado.

Pero, bueno, la sacamos con un crumble de pistacho

y una espuma de pisco sour. ¿A quién no le gusta el pisco sour?

Y si es un pistacho iraní,

imagínate qué mezcla, qué explosión de sabores.

(Música)

Vamos a hacer la flor de hibisco con crumble de pistacho y pisco sour.

Cuando hablamos de técnicas, nos referimos al obulato.

Es una lámina muy fina de fécula de patatas.

Y esto es lo que vamos a convertir en flor.

Ahí responde cuando hablamos de dominio de la técnica.

Estamos poniendo, aplicando la técnica del isomalt

al obulato, que es la manera en la que vamos a convertir en flor.

El isomalt es una especie de caramelo.

Pero tiene que ir a una temperatura adecuada.

La cual esa temperatura lo convierte en líquido.

Luego se enfría y se vuelve sólido. Y lo tenemos que triturar.

Lo trituramos para poder aplicar esta técnica sobre el obulato.

Es la única manera de que se quede firme para poder hacer la flor.

Y el color lo sacamos de la frambuesa.

Vamos a proceder, en la salamandra,

a hacer el dorado para poder hacer la flor.

¿Ves? Cuando hablamos de dominio de técnica, se convierte en esto.

Esto está regido, seco,

y es cuando vamos a proceder para, con un molde de hibisco,

hacer la flor de hibisco.

A esta técnica hay que darle un poquito de calor

para poder hacer la figura y poder...

aplicarla y se quede en forma de flor.

Vamos a introducir ahora el pistacho en el molde

para poder hacer nuestra base.

Y poder colocar la flor.

Vamos a introducir la espuma de pisco sour

y la terminaríamos con una espuma de frambuesa.

Usamos un pisco, que es totalmente el alcohol.

Lo quemamos muy poquito para quitarle un poquito del alcohol,

pero sabe a pisco sour, se hace pisco sour,

y la introducimos en el sifón con carga CO2.

O sea, que es lo normal para utilizar un sifón de esta categoría.

La frambuesa es liofilizada y simplemente la trituramos.

No hay nada de químico ni nada curioso.

Y la presentamos como una joya.

Es un plato que me identifica bastante

por la delicadeza, la presentación,

los sabores, los colores y los matices.

Esta es nuestra flor de hibisco.

(Música)

¿Tú crees que hay una cocina femenina?

¿Qué hay diferencia entre un gran chef hombre o mujer?

Yo creo que sí, sobre todo en el orden de las cosas en el plato.

Creo que se notan las manos femeninas

y no es casualidad que la gente te lo diga.

¿Por qué sois tan pocas

las que estáis en el Olimpo de la alta cocina?

Creo que somos poquitas,

pero no es por no tener la capacidad de hacer lo mismo que los hombres.

Sino porque este trabajo es muy duro

y compaginarlo con una vida familiar, con una labor de esta índole,

es muy complicada.

Creo que es por eso que no hay tantas mujeres chef

y con estrella Michelín, porque ese trabajo es muy sacrificado

y, una vez que estás metida dentro de esta gran burbuja,

que es la gastronomía,

y de cómo estamos, en el nivel que estamos,

te dedicas en cuerpo y alma.

(Música)

Es, probablemente, uno de los oficios más exigentes que hay.

Es una profesión muy dura,

pero creo que es de la más bonita del mundo.

Dar de comer a la gente y que lo aprecie de esa manera,

no tiene precio.

Porque provocáis felicidad, dais mucho placer,

provocáis emociones.

Esto tiene que dar una satisfacción inmensa.

Es una experiencia maravillosa.

Cada quien tiene que vivirla alguna vez.

El comer en un sitio como este, esto no es comer, es arte.

Es un capricho que la gente se da.

Es como ir a un museo y apreciar una gran obra de arte.

Yo denomino a la cocina por ese mismo camino también.

(Música)

Cuando empiezas a crear un plato,

digamos que, aparte quieras una cosa bonita,

¿qué es lo que te gusta transmitir al comensal?

Es muy bonito.

Lo que te esperas siempre es que la gente te diga:

"Cómo he disfrutado de esta comida o de esta cena".

Y eso sí que no tiene precio.

Y la gente como que lo percibe.

Me dice: "María, así no se come todos los días.

Usted me ha hecho..."

Hay gente que me hace la gracia y me dice:

"Usted me ha llevado hasta su apellido,

me ha llevado a Marte con esta comida".

(Música)

¿Y tú has sentido esa emoción como comensal en alguna ocasión?

Con la cocina de Martín Berasategui yo también me fui hasta Marte.

Me lo pasé muy bien.

Me voy a relajar,

voy a disfrutar de esta experiencia tan maravillosa que voy a vivir.

Y es verdad, sí que es de agradecer que te traten así,

que te den de comer así es de agradecer.

Eso sí que es una obra de arte.

¿Dirías que, si un comensal

se sienta en esta mesa, en este lugar,

se daría cuenta de tu origen dominicano?

En mi cocina, realmente dominicano, dominicano,

no hay nada en concreto.

Yo lo que sí aplico

es esa mezcla de sabores que traje del Caribe,

eso sí que la gente lo ha sacado y lo valora bastante.

(Música)

El otro día leí un artículo muy bonito de Ferran que decía:

"La cocina del futuro, la comida del futuro".

Cuando yo leí los productos

que, según él, eran los productos de futuro,

de 15 productos yo conocía 9. Imagínate.

¿Por qué? Porque ese señor se ha ido allí

a descubrir lo que tenemos en Latinoamérica, Centroamérica,

y es lo que los cocineros se están empapando, de esos conocimientos.

Aquí en El Club Allard lo que hay es esa pasión

y esos sabores intensos que yo traje de la República Dominicana.

Eso es lo que se puede apreciar en mi cocina.

Te abrazo, te toco y no me puedo orientar.

Te sueño, te siento...

¿Hay algún producto,

alguna materia prima imprescindible en tu cocina?

Sí, yo diría que el cilantro.

Es una cosa que, si no la aplico a la carta...

Me gusta aplicarla día a día en la comida de personal alguna vez.

¿Algún producto, alguna técnica que te haya costado,

que hayas tenido que aplicarte a fondo para dominarlo?

Bueno...

Si en cuanto a productos se refiere,

hablaría un poco del ruibarbo.

Es una verdura como familia del apio,

y hay que saberlo tratar.

Al principio, cuando empecé a usarlo,

e hice el plato que hice con él, que era un poco complicado

hasta que lo dominase y tal,

y le vi el punto de cocción que había darle, fue complicado.

Pero es una verdura a la que le tengo mucho cariño.

(Música)

Porque vosotros, en la alta gastronomía,

ya estáis en la cocina saludable, la alimentación sana...

Eso sí que es tendencia.

Querer cada día comer más sano y comer diferente,

sin grasa, sin nada engorroso,

pero que sí que deberíamos de prestarle más atención.

Creo que la cocina limpia es una cosa muy interesante

y es de tendencia.

Has conseguido tu sueño. Has logrado tus aspiraciones.

¿Qué has dejado cambio en el camino?

Pues imagínate.

En el camino para conseguir esto se dejan muchas cosas.

Entre otras, la familia.

Fue muy duro cuando vine aquí y dejé dos niños de tres años.

Eso fue muy duro.

Los mellizos que, hoy en día, tienen 15 años.

Por suerte, ya viven conmigo.

Pero fue muy duro haber dejado a toda mi familia,

todas mis raíces atrás. Fue muy duro.

El sueño está logrado. ¿Hacia dónde vas ahora?

Pues, imagínate, a seguir trabajando con el corazón

y lo tengo muy claro.

Voy a por esa tercera estrella, que yo sé que...

con el tiempo y a través del esfuerzo,

trabajo y la dedicación que le ponemos, el empeño día a día,

sé que la vamos a conseguir.

Como yo a veces sueño,

nadie ha soñado contigo.

María, una cocina con más de 15 personas.

¿En algún momento has sentido vértigo?

No, para nada.

Una vez que tienes un gran equipo como este que tenemos...

Es el día a día y lo llevas superbien,

ya estamos integrados, cada quien en su sitio.

No es nada complicado trabajar con 15 personas.

A veces hasta con más. ¿Más por qué? ¿Se incorporan?

Se incorporan, ahora vienen las escuelas,

las terminaciones de las clases.

Viene la gente de prácticas

y damos una oportunidad de que aprendan con nosotros.

¿Te gusta dedicarles tiempo a los becarios?

Es lo bonito.

No suelo coger más de seis

porque me gusta un día sacarlo para ellos.

Ellos vienen y me siguen a mí, quieren ver lo que yo hago.

Entonces, me debo a ellos también,

en cierta manera, de querer enseñarles,

volcarme un día a la semana en el que estoy con ellos,

que les enseño a hacer cosas.

(Música)

He visto también en la pecera, esa sala pegada a la cocina,

una serie de frases y valores. ¿Cuáles son...?

También estás inculcando valores a tu equipo.

La creatividad, la tenacidad, la delicadeza, el compañerismo.

Son valores que le vamos añadiendo a lo que hacemos día a día

y son factores muy importantes.

Ser buen compañero dice mucho de un buen cocinero.

Dicen que en una cocina tiene que haber pasión,

presión y precisión. Totalmente de acuerdo contigo.

¿Qué ingrediente valoras tú

o consideras más esencial de los tres?

Yo diría que la pasión.

Cuando haces algo con pasión, es como si lo hicieras con vocación.

Cuando lo haces con pasión es porque lo sientes, lo vives

y lo transmites. Creo que es lo más bonito.

En tu cocina, ¿qué hay? ¿Más de instinto o técnica?

Un poco de las dos cosas, pero hay mucho instinto.

Yo creo que van de la mano.

El instinto y la técnica van un poco de la mano.

A esta cocina tú le echas muchas horas,

como no puede ser de otra manera en una cocina profesional

de un restaurante con dos estrellas Michelín.

¿En casa te da tiempo a cocinar? Totalmente.

Me encanta cocinar en casa.

Además, los domingos los tengo fijos que cocino yo.

Y siempre me he fijado con mi hija Paula

los lunes a hacer una tarta, algo dulce,

para compartir, como decía al principio,

compartir un dulce es muy agradable siempre

y siempre las cosas dulces se toman mejor en compañía.

Tienes a tu padre, Papito, que era un magnífico cocinero.

Tu madre,

que se dedicaba a la parte dulce de la cocina.

Y ahora tu hijo mayor, Julio,

ha salido con que también quiere ser cocinero.

Creo que Julio va a ser el futuro Papito.

Le encanta la cocina.

Al principio me sorprendí mucho

cuando me dijo que quería estudiar cocina.

Es como: "¿Qué me estás contando?"

Porque era un estudiante brillante. Un estudiante muy bueno,

muy aplicado.

Se sacrifica bastante por lo que hace.

Se parece mucho a mí.

Le encanta que le reconozcan los bien que hace las cosas.

En eso nos parecemos un poquito. Y es muy aplicado.

No he tenido ningún inconveniente ni dificultad para sobrellevarlo.

Ya tiene casi 20 años.

¿Y dónde está? En Estados Unidos.

¿Qué hace allí? Estudiando administración de empresa.

Pero en sus días libres trabaja hostelería.

Veo que dentro de nada

los Marte vais a hacer un clan y lo vais a tener todo controlado.

Desde la dirección hasta la cocina y hasta la partida de dulces.

Es una generación de cocineros.

Creo que va a llegar a ser parte de una generación de cocineros

y de gente cocinitas,

gente que te encanta dar bien de comer a los demás.

(Música)

María, estoy viendo en la pizarra que pone "Nube de ideas".

¿Qué es esa pizarra? Es curiosa.

Es la pizarra que se utiliza en carnes y pescados

para las tareas, los deberes del día a día.

Y esa frase es muy curiosa. La puso cocinero.

No es que la haya puesto yo.

Lo que sí que le damos rienda suelta

y esa nube de ideas es para la cocina de personal.

Ellos van apuntando día a día lo que quisieran comer

y a ver si lo hacemos el día que tenemos menos trabajo

y se lo ocurran bastante.

La nube de ideas es para aplicarla a la cocina de personal.

Hay un día que le llamamos "Los viernes italianos",

que tenemos chicos italianos en la cocina

y se cocina comida de Italia.

Hay otro día...

Digo, por ejemplo, "Hoy toca dominicano".

Es muy bonito porque saben que puedo meter la mano con algo

y me gusta participar de vez en cuando con ellos

en la cocina de personal. Y todos aprenderéis

y os conocéis un poquito.

No deja de ser una escuela de aprendizaje

porque hay gente de diferentes sitios y que quiere siempre lucirse.

Esto se come en Semana Santa en Alicante,

esto se come en Valencia. Así vamos haciendo cosas

y es muy divertido, como que aprendes día a día.

Así no te aburres. Para nada.

Ahora entiendo que estés feliz las horas que estás aquí.

Somos cocineros felices. Dicen que somos genero feliz.

Lo han puesto ellos el mote.

He vencido mil montañas.

He llegado hasta el fin.

Y es por amor a ti,

y es por amor a ti.

He corrido,

he trepado,

conquistado esta ciudad,

nuestra ciudad,

y es por amor a ti.

(CANTA EN INGLÉS)

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Al Punto - Grandes Chefs: María Marte

08 sep 2018

Programas monográficos dedicados a los cocineros que han intervenido en el programa Al Punto.

Histórico de emisiones:
15/05/2016

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