Dirigido por: Antonio Perezgrueso

Este espacio emite documentales sobre alpinismo, escalada y otros deportes de riesgo al aire libre. El equipo del programa ha logrado hazañas destacables, como filmar en el prohibido reino himalayo de Mustang y en Bhután.

‘Al filo de lo imposible’ es una serie documental en la que predomina la emoción, los deportes de aventuras y el riesgo. Está dirigido por Antonio Perezgrueso, y cuenta con realización de Manuel Rojo, producción de Esteban Vélez y Fátima Ramas, y los cámaras Fernando Martín y Luis Miguel Pavón.

La web del programa amplía información sobre cada aventura, con reflexiones de los miembros del equipo que las han vivido. También incluye fotografías de las expediciones y permite volver a ver todos los programas de esta y otras temporadas.

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Para todos los públicos Al filo de lo imposible - Monográficos: Desiertos - ver ahora
Transcripción completa

Subtitulado por Accesibilidad TVE.

(Música)

(Música)

El desierto del Sahara

con una extensión de más de nueve millones de Kilómetros cuadrados

ocupa un tercio del Continente africano.

En él quisimos afrontar el rodaje de la segunda aventura

de un recién nacido programa de televisión.

Un programa pensado para transmitir

el espíritu de aventura que nos movía,

tratando de llevarles a aquellos lugares y situaciones

con las que muchos soñábamos.

Vivir la aventura desde dentro junto a sus protagonistas,

fue uno de los objetivos que nos marcamos.

Las tórridas extensiones del Sahara en la zona argelina

fueron el centro de nuestras inquietudes,

el desierto se convirtió en un fantástico escenario

que nos sirvió para la práctica de actividades apasionantes.

"Los esquiadores que sepan esquiar en las piedras

pueden esquiar en cualquier tipo de nieve."

Inspirados por esa frase de Sylvian Saudan,

consumado esquiador suizo

al que se le concede el reconocimiento de ser el padre

del esquí extremo,

y conocido como “El esquiador de lo imposible”

por sus atrevidos descensos

en algunas paredes de los Alpes y el Himalaya.

Nos propusimos ascender a lo más alto de las enormes dunas

que se forman junto a las peculiares figuras de roca basáltica

en Tina Kachequir

y deslizarnos por sus laderas.

Una novedad para nosotros,

acostumbrados a esquiar siempre sobre nieve.

(Música)

Allí nos encontramos con uno de los camiones

que regresaba de participar en el rallye Paris Dakar.

De ese encuentro

y tras una larga velada alrededor de la hoguera,

surgieron iniciativas que enmudecieron

nuestra visión del desierto.

(Música)

Porque, quien se imaginaba poder esquiar

sobre una superficie cubierta de arena

arrastrado por un camión,

como lo habíamos hecho en otras ocasiones

sobre la superficie del mar.

(Música)

Elevarnos a modo de cohete

fue otra de las experiencias que vivimos,

sintiendo el extraño placer de ser proyectados

a quinientos metros de altura

en unos segundos.

(Música)

Observar a vista de pájaro grandes distancias

sin vestigios de vegetación,

interminables planicies de arena y piedra,

fue posible gracias a la colaboración de Carlos del Val

y su camión Pegaso.

Un regalo muy especial

para nuestro compañero Guillermo de la Torre

que supo disfrutar sobrevolando esta parte de la corteza terrestre.

(Música)

Al este de Tamanrasset,

se eleva a más de 2.000 m de altitud

una meseta compuesta por coladas de lava,

sobre la que destacan picos y acantilados de origen volcánico,

el Atakor de Hoggar,

un lugar exótico para la escalada.

El contraste entre lo vertical y lo etéreo

esconde la motivación por dos pasiones,

la escalada

y el vuelo libre.

Unas disciplinas que un año más tarde

también aunaríamos en nuestra expedición

a dos grandes montañas del Karakorum,

el Chogolisa y Broad Peak.

(Música)

Para ello elegimos una de las rutas que surcan la pared

más alta del Hoggar,

en la cara oeste del Tehoulag Sur,

una de las formaciones más característica de la zona.

(Música)

Por sus más de trescientos metros de columnas verticales

que se elevan hasta los dos mil setecientos de altitud,

arrastramos penosamente,

largo tras largo,

un colorido tubo en el que guardamos la cometa

con la que, al llegar a la cumbre,

Guillermo de la Torre pudiera realizar su sueño.

(Música)

Volar en un entorno como nunca antes lo había hecho.

(Música)

Para el equipo,

lo más complicado fueron los preparativos

del montaje del ala delta,

soportando ráfagas de viento que amenazaban

con arrastrarnos al vacío a todos los que la sujetábamos.

(Música)

Por fortuna el viento amainó,

permitiéndonos disfrutar con la visión de Guillermo y su ala

deslizándose sobre al árido paisaje.

(Música)

Hoy como hace mil años,

el mercado de Kashgar se despereza mansamente con el sol,

llenando de infinidad de colores, aromas y sonidos

y sonidos el seco aire que llega del desierto de Taklamakán.

La Ruta de la Seda tuvo en esta ciudad milenaria

uno de sus enclaves más importantes.

Aquí, las caravanas llegadas del oeste

con destino al fabuloso Imperio Chino

se detenían para descansar y abastecerse.

No en vano,

les esperaba una de las etapas más peligrosas y arriesgadas

de cuantas debían afrontar,

la travesía del Taklamakán,

"el diseerto de la muerte”,

como aún es conocido.

En Daheyan con los seis camelleros uigures que nos acompañarían,

seleccionamos treinta camellos bactrianos para transportar

dos mil quinientos kilos de material de la expedición.

Su perfecta adaptación les permite aguantar días y días

sin probar agua ni alimentos

además de soportar las temperaturas extremas del desierto.

Cuatrocientos kilómetros de camino por ese mar de arena,

pero en realidad caminamos bastante más,

pues tuvimos que rodear dunas

o buscar el mejor camino

para que los camellos no se hundieran en la arena

con el peso.

Para nosotros,

Laureano Casado,

Josu Bereciartúa,

Sebastián Álvaro,

José Carlos Tamayo,

Juan Oiarzábal,

y Antonio Perezgrueso,

miembros de la expedición,

el agua fue la obsesión

y una de las grandes incógnitas de esta aventura en el Taklamakán.

No podíamos cargar con toda el agua que íbamos a necesitar

hombres y bestias.

Tendríamos que llevar muchos más camellos

y por tanto más agua aún.

Así pues,

sobre nuestros treinta camellos viajaron en bidones

unos mil litros de agua para consumo humano.

Calculamos que serían suficientes para quince días de camino.

Confiamos en nuestros compañeros uigures

y su talento para hallar agua bajo las arenas

para dar de beber a sus animales...

y para nosotros, en caso de emergencia.

Si todo iba bien,

avanzábamos sobre el mapa

entre veinte y treinta kilómetros cada día.

Nuestras jornadas de marcha duraban de sol a sol,

a media mañana aprovechábamos el único momento de descanso del día

para comer algo

y reponer fuerzas.

(Música)

Luego del breve descanso de la mañana,

solemos proseguir la ruta

hasta encontrar un buen emplazamiento para acampar,

antes de que caiga la gélida noche sobre nosotros.

(Música)

Cuando el sol cae a plomo,

la temperatura supera los 40 grados,

con tan sólo un 13 por ciento de humedad.

Al amanecer,

el termómetro marca con frecuencia diez grados bajo cero.

(Música)

Estas brutales diferencias marcan la vida en el Taklamakán,

quizás por eso nunca antes se había atravesado de sur a norte

el corazón de este desierto

cuyo nombre significa:

“Si entras, no saldrás."

(Música)

(Música)

Corren los últimos días de noviembre de dos mil cuatro

y han pasado casi veinte años

desde que pisáramos por primera vez las arenas del desierto

en territorio argelino.

De nuevo regresamos al Sahara,

pero esta vez lo hacemos a la parte donde ese gran desierto

cambia de nombre para llamarse líbico.

Atraídos por la apasionante historia que protagonizó en tierras egipcias

Gerhard Rohlfs,

un geógrafo, botánico, escritor y explorador alemán

que en 1874 partió del oasis de Dahkla

con intención de llegar a Kufra,

pusimos en marcha la expedición.

(Música)

El punto de partida de nuestra historia fue Siwa,

el oasis más importante al oeste del Nilo,

el último lugar habitado antes del Gran Mar de arena.

Utilizamos los mismos medios que utilizaron

aquellas antiguas caravanas,

que se adentraban en el abrasador desierto

al paso cadencioso de animales y hombres.

Por delante

unos seiscientos kilómetros de cadenas de dunas y arenales

en una zona del desierto líbico prácticamente inexplorada.

Explorar en el mundo de fines del XIX

y principios del XX, la tierra,

era casi, una obligación.

La geografía se conocía paso a paso.

Por eso se explora el Ártico,

por eso se exploran las fuentes del Nilo,

por eso se explora el desierto.

Pero hacía falta, como es lógico, una extraordinaria iniciativa,

una capacidad de iniciativa muy grande

porque se iba justamente a lo desconocido

para volverlo conocido,

por lo tanto,

no es hacer una ruta ya prefijada

o que alguien ha hecho antes que, uno.

No obstante,

también eso es un estímulo, es decir,

llegar a los sitios desconocidos es muy gratificante,

poder desvelarlos, ¿no?

y poder recorrer donde el hombre no ha pisado previamente.

Y sigue siéndolo.

Es una cuestión muy estimulante.

Por lo tanto tenían, eh,

estos exploradores mucho valor,

mucho coraje,

mucha capacidad de acción

y al mismo tiempo el gran premio de recorrer áreas

que hasta entonces no eran conocidas por el hombre.

Yo creo, que los exploradores del desierto,

concretamente los del desierto líbico,

pertenecen como a dos grupos,

por una parte, es el grupo de los hombre de acción,

el de todo los exploradores, podíamos decir,

y, por otra parte,

el grupo de aquellos que se emparentan

con los exploradores de las altas montañas.

Hay una frase de Monoz,

que yo creo que explica muy bien ese temple

que tienen estos exploradores,

que dice así:

“El desierto,

es una iglesia,

el desierto, es una sinagoga,

el desierto, es una mezquita.

El desierto, es, pues, como un templo en el cual

hay que entrar con respeto”.

Vamos a realizar el mismo trayecto que el explorador alemán

Gerhard Roles,

pero en dirección contraria, rumbo al sur,

atravesando el Gran Mar de Arena,

para girar hacia el este en Regenfeld,

y allí tomar dirección al oasis de Dahkla,

estableciendo una L perfecta.

(Música)

Durante la travesía

tuvimos la ocasión de descubrir la procedencia del cristal líbico

un mineral que se utilizó para adornar

el escarabajo del collar que portaba Tutankamón.

(Música)

En febrero del 2001,

durante un viaje por el Sahara tunecino,

de una semana o diez días de duración,

pues, tuve ocasión de leer el,

el famoso libro de Almasy, Nadadores en el desierto,

y justamente en ese libro hay un capítulo

que a mí me encandiló, me fascinó,

que se titula: “A través del Gran Mar de Arena”.

Yo leí ese capítulo

y fue así como tuve noticia de la existencia

de esa parte del desierto líbico

conocida con el nombre de “Gran Mar de Arena”.

A partir de ahí,

leí más cosas,

supe lo que había hecho Rohlfs,

en el año 1874...

Hombre, la verdad,

de todos los exploradores que se han movido,

que han explorado parte de África,

Gerhard Rohlfs, no es de los más conocidos.

Yo, antes de leer el libro de Almasy,

no sabía quién era Gerhard Rohlfs ni lo que había hecho.

Después leí mucho sobre Gerhard Rohlfs

y descubrí que había hecho...

creo que eran seis expediciones.

O sea que es un personaje muy importante

en el contexto de la exploración de una parte de África.

Sobre todo, el Sahara.

(Música)

(Música)

Seguramente, tampoco nadie antes que nosotros

haya visto los fósiles que encontramos a nuestro paso

por la colina de los amonites.

Un antiguo fondo marino.

En el desierto,

quizá sería mejor decir los desiertos,

son los grandes paisajes del planeta

y se podría decir que incluso de los planetas del Sistema Solar.

Las imágenes que hemos conocido de Marte

nos retrotraen al patrón del desierto terrestre.

Pero éste es el desierto de las latitudes tropicales.

Hay otros desiertos que son los desiertos fríos,

de los ámbitos árticos y antárticos,

y por lo tanto hay una gran variedad dentro de la palabra “desierto”.

No obstante,

son los lugares de la dificultad de la vida,

lugares magníficos,

por lo tanto,

porque la vida lucha para hacerse su sitio

en condiciones muy adversas,

y además los desiertos son un legado de grandeza,

de soledad,

que ha aprendido el hombre a costa de grandes esfuerzos.

Tras 29 días de travesía

acumulamos casi 800 kilómetros de recorrido

hasta alcanzar las ruinas del templo Darel Haggar,

punto de partida de la expedición de Gerhard Rohlfs.

(Música)

El desierto se nos presenta con mil rostros.

Junto a la incandescente superficie de las arenas,

la Antártida vive en los extremos y las contradicciones.

Es el desierto más frío, más borrascoso y más árido.

Sin embargo,

acumula la mayor reserva de agua dulce del planeta.

Es el lugar más inaccesible e inhóspito de la Tierra,

donde existir resulta más difícil.

Hasta allí nos desplazamos el equipo formado

entre el Grupo Militar de Alta Montaña

y Al filo de lo Imposible,

entre nuestros objetivos:

realizar la primera travesía española

en alcanzar el Polo Sur a pie

y ascender el monte Vinson,

el más alto del Continente.

(Música)

Desde la ciudad chilena de Punta Arenas,

tras varias horas de vuelo a bordo de un Hércules

aterrizamos sobre la pista de hielo de Patriot Hills,

un campamento provisional que monta la compañía

que organiza viajes al interior de la Antártida

y desmonta al terminar la temporada,

antes de que la oscuridad y los vientos huracanados

aparezcan en la prolongada noche polar.

(Música)

Llegado el momento nos separamos en dos grupos,

el de la travesía y el de las ascensiones,

pues no solo alcanzamos la cima del Vinson,

otras cumbres como el Sim,

o las invioladas que bautizamos con los nombres

de Príncipe de Asturias,

y Monte Jaca

colmaron nuestras expectativas.

(Música)

Cuando avistamos las construcciones de la base Amundsen―Scott,

habían pasado 52 días de durísima travesía.

Después de caminar unos 1.400 kilómetros

cumplimos con el rito de posar junto a la placa

que señala el punto donde todos los meridianos se juntan.

(Música)

La atracción de los grandes espacios en blanco

nos hizo regresar nuevamente a la Antártida,

(Música)

esta vez serían las impresionantes agujas de roca

que se encuentran en la zona conocida

como “La tierra de la reina Maud”

nuestro deseado objetivo.

Partimos de Ciudad del Cabo

a bordo de un avión ruso, a principios de enero,

nuestro primer destino Blue One,

un campamento de verano instalado a 71 31’ de latitud Sur

en un sector de la Antártida cercano a la costa,

que fue explorado por noruegos en diversas expediciones

desde 1927 a 1967.

(Música)

Los noruegos bautizaron a esta sucesión de picos

como Fenriskjefta,

que quiere decir, “la mandíbula de Fenris”.

En la mitología nórdica,

Fenris, el lobo, era un temible monstruo hijo de Loki

y hermano de la serpiente Midgard

y de Hel, la muerte.

Las formas espectaculares de estas montañas,

afiladas como colmillos,

y la estructura en forma de herradura de la cordillera,

encendieron la imaginación de los noruegos,

que reclamaron estas tierras para su país,

y le pusieron el nombre de la esposa del rey Haakon VII:

la Tierra de la reina Maud.

(Música)

De las que rodean nuestro campo base

decidimos probar en la cara sur del Holtanna,

una pared virgen,

casi completamente lisa.

La estructura de la roca quebradiza

y la imposibilidad de colocar seguros fiables

nos obligó a abandonar el objetivo de la cara sur.

Pero no nos dimos por vencidos.

Tras varios intentos alcanzamos la cima por su cara oeste.

(Música)

El Stetind,

alza de golpe sus 2558 metros

sobre esta estéril superficie helada,

en su cara oeste trazamos una nueva ruta

por la que alcanzamos su cumbre

que sólo había sido pisada en una ocasión.

Con 2.721 metros de altitud,

el Kintanna fue otro de los objetivos.

Su nombre en noruego, quiere decir, “molar”,

y verdaderamente es lo que parece.

Uno de los dientes del gran lobo Fenris

sobresaliendo de la llanura helada,

desde la cumbre,

contemplamos un paisaje de colmillos de piedra

surgiendo entre la nieve.

Estos grandes espacios abiertos, tórridos o helados,

permanecerán para siempre en nuestra retina.

Todo esfuerzo, mereció la pena.

Subtitulado por Francisco José Fernández Rey

(Música)

Al filo de lo imposible - Monográficos: Desiertos

28:32 22 dic 2018

En este capítulo hacemos un repaso de las expediciones que el equipo del programa ha llevado a cabo en los más de treinta años de historia.
Desiertos como el Sahara, el Taklamakán, o el Líbico son lugares de la tierra donde la presencia humana escasea, en alguno de ellos solo la actividad turística se asoma a las puertas. En nuestro caso quisimos ir más allá, sentíamos curiosidad por descubrir que era lo que atraía a exploradores del siglo XIX y principios del XX, hombres como Sven Heden que exploró el Taklamakán o Ladslo Almasy, uno de los últimos exploradores románticos del XX a quien los beduinos del Sahara llamaban “Padre de las arenas” escribió, "Amo la infinita extensión de temblorosos espejismos, las cadenas de dunas como rígidas olas del mar. Y amo la simple vida de un campamento primitivo en el frío gélido, a la luz de las estrellas de la noche y en las calurosas tormentas de arena". Asumimos el calor asfixiante, las largas jornadas caminando y nos adentramos en esos desiertos donde dejamos que el espacio nos asombrara, para aceptar la lección de humildad que nos ofrecieron sus paisajes descarnados y brutales.

En este capítulo hacemos un repaso de las expediciones que el equipo del programa ha llevado a cabo en los más de treinta años de historia.
Desiertos como el Sahara, el Taklamakán, o el Líbico son lugares de la tierra donde la presencia humana escasea, en alguno de ellos solo la actividad turística se asoma a las puertas. En nuestro caso quisimos ir más allá, sentíamos curiosidad por descubrir que era lo que atraía a exploradores del siglo XIX y principios del XX, hombres como Sven Heden que exploró el Taklamakán o Ladslo Almasy, uno de los últimos exploradores románticos del XX a quien los beduinos del Sahara llamaban “Padre de las arenas” escribió, "Amo la infinita extensión de temblorosos espejismos, las cadenas de dunas como rígidas olas del mar. Y amo la simple vida de un campamento primitivo en el frío gélido, a la luz de las estrellas de la noche y en las calurosas tormentas de arena". Asumimos el calor asfixiante, las largas jornadas caminando y nos adentramos en esos desiertos donde dejamos que el espacio nos asombrara, para aceptar la lección de humildad que nos ofrecieron sus paisajes descarnados y brutales.

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  • Monográfico: Ríos

    Monográfico: Ríos

    29:42 29 dic 2018

    29:42 29 dic 2018 El interés por los ríos nos llegó de la mano de Antxon Arza, cuando en uno de los primeros rodajes de la serie, al que asistió por cosas del azar, nos contó que se dedicaba a bajar ríos de aguas bravas en kayak. La pasión que mostraba describiendo la actividad nos animó a probar y muy pronto nos embarcamos en un proyecto que contemplaba descensos por varios ríos del Pirineo. Aquella experiencia sirvió para descubrir que Al filo de lo imposible podía plantearse el descenso de otros ríos, dentro o fuera de la Península Ibérica. Así que dimos el salto a Chile atraídos por la información que disponíamos de uno de los más bravos del país: El Bío Bío. Más tarde llegó el Indo en Pakistán, el Zambeze en Zimbabue y otros que hicieron aumentar el currículo del que damos cuenta en este capítulo.

  • Monográfico: Desiertos

    Monográfico: Desiertos

    28:32 22 dic 2018

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    27:06 09 dic 2017 La Mancha ofrece vientos favorables, una extensa planicie sin grandes obstáculos para que el globo despegue y aterrice sin problemas. Además, en su cielo está la zona aeronáutica denominada 'Delta 98' con poco tráfico aéreo civil, que facilita los vuelos. Laureano Casado y el militar Cielo Pérez Cremades, de la Escuadrilla de Zapadores Paracaidistas del Ejército del Aire, intentarán batir el record de España de salto en paracaídas desde alta cota. A la vez se quiere superar el salto en parapente desde un globo que unos años antes realizó Laureano. El objetivo es ascender por encima de los 10.000 metros de altitud.

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    28:36 02 dic 2017 Edmund Hillary, Tenzing Norgay o los antárticos Roald Amundsen, Robert Falcon Scott y Ernerst Sackleton, son entre otros, los héroes que recorrieron aquellos confines remotos de la Tierra, de gran altitud o inquietud. Se suma Robert Peary que alegó ser la primera persona en llegar al Polo Norte. Everest, Polo Sur y Polo Norte -un trío conocido como los Tres Polos de la Tierra- fue el primer gran reto de 'Al filo de lo imposible'. Como amantes de los grandes espacios de la Tierra, al equipo le atrajo la posibilidad de llegar más alto o recorrer un itinerario más largo por los desiertos helados. El programa buscaba dar un paso más allá y experimentar este viaje a los polos opuestos. Sabían que el Everest, como también el Ártico y la Antártida, apenas apuntaban entonces un proceso de transformación que, por distintos motivos, hoy se ha convertido en un serio peligro de destrucción. En el Everest, el equipo de 'Al filo…' pudo vivir una montaña sin la masificación actual que arrasa con el significado original que tuvo para los héroes. La experiencia adquirida en la expedición al Hielo Patagónico Sur supuso un incentivo que sirvió para acelerar el deseo de alcanzar los Tres Polos, una sucesión de pasos lógicos que se concibió en alianza con el Grupo Militar de Alta Montaña y algunos de los alpinistas más comprometidos y capaces. El Annapurna, fue la primera cumbre que unió a Juanito Oiarzabal con 'Al filo'. A partir de entonces se sucedieron las expediciones conjuntas, la unión de fuerzas tuvo dos objetivos: Juanito quiso dar una segunda vuelta a sus ochomiles, y a la vez se sumaba a la consecución de los catorce de Edurne Pasaban.

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    El sueño de volar

    29:31 11 nov 2017

    29:31 11 nov 2017 Capítulo dedicado al medio aéreo, centrado en la fusión de tres especialidades de vuelo: velero, ala delta y parapente con tres personas conocedoras de cada una de ellas que aportarán su visión profesional: Alfredo Martín, Blay Olmos y José Isidro 'Josito'. Alfredo Martín, parapentista de alto nivel y piloto de velero, aporta la visión del velero pero también la del romanticismo del vuelo libre, expuestas a través de su amplia experiencia en parapente donde ha realizado hasta 348 kilómetros de distancia. Blay Olmos es piloto de ala delta, reconocido a nivel mundial, y recordman español de ala delta y parapente. Este protagonista proporciona el prisma del competidor que busca las marcas; una visión deportiva encarnada por un piloto de la nueva generación con la energía de la juventud. La polivalencia con diferentes disciplinas del parapente (monoplaza, biplaza) la representa José Isidro 'Josito', alpinista y parapentista de distancia y montaña. La participación de Marga Sanz parapentista y David Gutiérrez paracaidista especialista en salto B.A.S.E hace de este capítulo un referente para los amantes del vuelo.

  • Al Filo aire

    Al Filo aire

    28:16 04 nov 2017

    28:16 04 nov 2017 Con este capítulo monográfico que tiene como nexo común nuestras vivencias en el aire, queremos compartir con nuestros espectadores, algunos de los mejores momentos vividos en las diferentes aventuras aéreas que nutren nuestra extensa biografía.

  • 27:56 28 oct 2017 Albert Guardia, Iván Germán y Urko Carmona sufrieron la amputación de una pierna como consecuencia de diferentes accidentes de tráfico, los tres practicaban la escalada. En este capítulo cuentan cómo la práctica de ese deporte les ha ayudado a superar la pérdida de ese miembro.

  • 27:07 21 oct 2017 Albert Guardia, Iván Germán y Urko Carmona sufrieron la amputación de una pierna como consecuencia de diferentes accidentes de tráfico, los tres practicaban la escalada antes de los accidentes. En este capítulo cuentan cómo la práctica de ese deporte les ha ayudado a superar la pérdida . Tras varios meses de recuperación, cada uno de ellos y en diferentes momentos, sienten la necesidad de retomar una actividad que realizaban antes del suceso. En esta primera parte cuentan cómo la práctica de la escalada deportiva les ha ayudado a superar la pérdida de ese miembro.

  • 27:09 05 feb 2017 Pamir, significa en persa " techo del mundo" y en realidad es la unión de las cordilleras del Tian Shan, Karakorum, Kunlun e Indu Kush, situadas al oeste del Himalaya. Cuatro montañeros, Pepe, Emilio, Antonio y Benito, viajan desde la población murciana de Caravaca de la Cruz con el objetivo de conquistar uno de los picos más emblemáticos del nudo del Pamir: el Pico Lenin.

  • 27:33 22 ene 2017 Desde los inicios de la serie, los Pirineos han sido uno de los lugares favoritos del equipo para la práctica de diferentes disciplinas con un denominador común: La aventura. Sobre volar el macizo a bordo del globo Al filo 1 pilotado por Laureano Casado. Descender el río Ara en Kayak. Disfrutar con un trepidante descenso en bicicleta, estas son algunas de las actividades que el equipo afronta en este capítulo.

  • 28:52 15 ene 2017 Axier Muniain, un consumado surfista de Zarautz se adentra en el mundo de las olas gigantes. En este viaje a la búsqueda de la ola perfecta, descubrimos que hay lugares a lo largo de la costa cantábrica donde es posible encontrar olas de más de 10 metros, con las que sólo se atreven algunos especialistas. La aventura continúa en la costa portuguesa donde encontramos la ola más grande surfeada hasta el momento.

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