www.rtve.es /pages/rtve-player-app/2.10.1/js
2790155
No recomendado para menores de 12 años Águila Roja - T6 - Capítulo 79
Transcripción completa

¡Vuelvan a casa, rápido! Cierren puerta, ventanas...

No volverás a representar a las Españas, y menos, a su Rey.

¿Qué cree que pueden significar las iniciales 'SM'?

Su Majestad.

Así es el anillo del sello del Rey.

He estado a punto de morir en la cama con un hombre.

Cuando elegimos cómo vivir, también elegimos cómo ser recordados.

Voy a ser la primera persona

que cultive chocolate en África.

Yo... Lucrecia de Guzmán.

¿Cipri, has visto a Alonso?

El chiquillo se habrá escondido esperando a que escampe.

(ALONSO-AL) ¡Ayuda!

La gente no puede contar contigo.

¿Cómo que no puede contar conmigo?

Pues que sepas que yo no soy un miserable.

Y que a mí, Cipriano, me importa la gente

Vengo a recoger un pedido de parte de Su Majestad el Rey.

Tu tía ha decidido entregar su vida a Dios.

Estoy buscando a una persona muy importante para mí.

Solo sé que está en un convento.

¡Mierda!

¿Y este quién es?

(Golpe)

Este negocio no es para ti.

(MARTA-MT) Disculpe, comisario.

¿Se puede tirar?

Hay algo escrito.

¿Cómo se llama tu hermano?

Hernán.

Tía...

Alonso, yo no voy a volver a casa.

(HOMBRE) ¡Todas quietas!

(GUARDIA) ¡Lleva el anillo, detenedle!

¡Llevároslo!

(CIPRI-CP) ¡Ayúdame, ayúdame!

¡No, no!

¡Es el comisario!

Cipri... Por mi culpa, amo.

Nunca encontrará a ese desagraciado allí donde voy a enviarle.

(Jadeos)

(Rugidos de animal)

(REY) ¿Ha hablado?

(CARDENAL-CR) El preso no ha confesado

dónde está el oro, Majestad.

(REY) ¿Y sobre quién le acompañaba?

(CR) Tampoco.

Pero mis hombres siguen buscándolo por toda la villa.

(REY) ¡Qué pasa en mi reino!

¿Nadie me respeta ya? ¿A caso no infundo temor?

(CR) El prisionero confesará.

No lo dude. Lo hará seguro allí donde le voy a enviar.

(CR) Disculpad mi indiscreción señor...

pero todavía no me habéis dicho dónde habéis decidido enviarle.

A la isla de los Muertos.

Pensaba que era una leyenda.

(REY) Existe.

Se lo puedo asegurar.

Sus aguas están infestadas por tiburones

y sus tierras habitadas por voraces alimañas.

Siempre he pensado que la naturaleza es la más eficaz de las centinelas.

Nadie escapa de allí...

pero si cree que las bestias son el peor enemigo de esos hombres,

se equivoca.

¿Y qué puede haber peor sino, Majestad?

Los propios hombres.

Allí los presos enloquecen, no dudan en devorarse los unos a los otros.

(CR) Me estáis describiendo el mismo Infierno.

(REY) El Infierno es mejor...

creedme.

(SUSPIRA)

¡Qué he hecho, Dios mío! ¿Qué he hecho?

¿Qué he hecho?

¿Qué he hecho?

Amo, amo.

¿Amo, ha averiguado usted algo?

¿Sabe dónde está Cipri?

No está ni en los calabozos del Palacio Real

ni tampoco en los de Aranjuez.

Nadie lo ha visto ni ha oído hablar de él.

Suplantar al Rey es un delito que se paga con la muerte, Sátur.

(ENFADADO) ¿En qué estabas pensando?

¡Me cegué, amo, me cegué!

¡Ya sabe que en cuanto veo algo brillar,

me tiro a por ello... no puedo evitarlo!

¿Por qué no me lo dijiste,

por qué actuaste a mis espaldas?

¡Sabía que usted me iba a obligar a devolverlo y yo no quería!

(SEVERO) Esta vez has ido demasiado lejos.

¡Usted no lo entiende, amo!

No lo entiende... ¡Yo soy un mindundi!

¡Lo he sido toda la vida!

Y con ese anillo podía tener poder para cambiarlo todo.

¡Todo!

Si había hambre, pues ahí estaba el sello.

Unas goteras, el sello...

Si hasta podía salvar vidas con el sello.

Deberías haberlo devuelto.

Era como ser Dios.

¿Quién puede decir que no a eso?

Alguien que piensa en las consecuencias, Sátur.

Ahora mismo hay un hombre, Cipri, nuestro amigo,

y va a pagar por ti.

¿Qué cree, que me trae al fresco?

Que no tengo el alma retorcida por la culpa.

Vas a tener que esconderte. Tú también estás en peligro.

¿Los guardias te vieron la cara?

No, amo, no.

Salí por patas y lo dejé allí "tirao".

La corona tiene mil maneras de persuadir a un prisionero.

Podrían hacerlo hablar y darán contigo.

(Llaman a la puerta)

¡Abran la puerta!

¡La guardia!

¡La guardia, que viene a por mí!

Quédate aquí y no te muevas.

(Llaman a la puerta)

(Llaman a la puerta)

(Llaman a la puerta)

¡Abran!

¡Abran la puerta!

Ve a tu cuarto. ¡He dicho que te vayas!

(GUARDIA-GD) ¡Abran la puerta!

¿Es que no sabéis abrir una puerta?

¿Qué queréis?

Venimos a traeros algo... ¡Vamos!

¿Qué significa esto?

Venga, rápido.

¿No lo estás viendo?

¡Venga!

¿Quién lo envía? ¿Y por qué?

No te importa.

(AL) ¡Mira toda esta comida!

¡Es carne!

Pero, ¿quién la ha enviado?

(SUSPIRA)

Sí...

Tú, no...

No...

Por supuesto que sí...

No sabía que para contratar lacayos hiciera falta desnudarlos.

A los lacayos no, a mi tripulación, sí.

Disculpe señora, ¿qué hago con sus "marineros", me los llevo?

Vamos.

¿Y bien?

Empieza desde el principio.

De acuerdo.

Mientras a ti te llevaba un vendaval,

yo estaba intentando emprender mi negocio.

Entiendo,

y ellos te van a ayudar en tu estúpida idea del chocolate.

Mis travesías serán largas,

¿tú sabes lo tedioso que es ver mar por todas partes?

Lucrecia, pisa tierra firme.

Antes de subirte a ese barco, olvidas un detalle.

No posees tierras para cultivar.

Precisamente espero al dueño de unas en África. Las vende.

¿África?

¡Cómo has podido si quiera pensar en ir allí! Está sin cristianizar.

Solo hay tribus salvajes

capaces de cualquier cosa por defender su territorio.

Que yo sepa las balas también matan negros.

He comprado un arcabuz.

Lucrecia... piénsatelo.

¿Te has preguntado por qué te venden esas tierras?

Sinceramente, querido... no.

Voy a plantar cacao y esas tierras serán mías.

Señora, Don Luis de la Vega.

Pase, pase.

Le presento al comisario de la villa, Hernán Mejías.

Siéntese.

Señor comisario, disculpe,

tenía que hablar con usted sobre el señorito Nuño.

No sé cómo decírselo, pero... es serio.

Bien, seré directa,

¿cuánto pide por sus fincas?

Deberíamos esperar a su marido.

No creo que acuda. Mi esposo lleva muerto años.

Aprecio mucho mi tiempo, no puedo perderlo con usted.

(AUTORITARIA) Siéntese.

Yo decido cuándo termina esto.

Y yo decido no venderle mis tierras.

¿Puedo saber por qué no?

Es mujer, no soportará África.

Querrá volver a los lujos de su palacio y romper el contrato.

Si demuestro que soy capaz de resistir lo que sea

como un hombre, ¿me las venderá?

Bien...

pero son mis tierras

y yo pondré las reglas.

Es justo. Dígame, ¿qué reglas son esas?

¿Sabe blandir la espada?

Desde luego.

Pelearemos por mis tierras,

como lo hacen los hombres... a muerte.

Acepto.

(Golpe)

(Sollozos)

(CP) Yo, yo no robé el oro.

Por supuesto que no.

Si lo hubieras hecho, no habrías intentado devolver el sello.

Sí, sí... Yo iba a entregarlo.

Sin duda fue tu compañero quien robó el oro.

Tú te arrepentiste,

él intentó pararte

y hete aquí pagando por su pecado.

Eso no está bien.

Él está fuera, libre, y tú aquí.

Quizás...

Quizás si dijeses su nombre,

cesaría tu sufrimiento.

No mereces esto.

Di su nombre y saldrás.

Será él quien ocupe tu lugar.

(LLORA)

La necedad no tiene cura.

¿Qué es eso?

¿Qué hay ahí dentro?

(GRITA)

¿Qué me van a hacer?

Estos animalitos están famélicos.

¿Qué crees que va a ocurrir cuando olisqueen tu sangre?

¡No, por favor, no..., no!

¡Por favor, clemencia! ¡Clemencia!

No hay clemencia para los que traicionan a su Majestad.

¡No!

¡Por Dios!

¡No!

¡No, por favor...!

Dime, ¿quién te ayudó, dónde vive?

¿Cómo se llama?

¡No! ¡No! ¡No!

¡No!

Hace más de cuatro horas que deberías estar despierto.

Dos mozos de cuadra te recogieron al alba.

¿Dónde estuviste anoche? ¿Qué hiciste?

No es de tu incumbencia.

Hueles a taberna,

y me han dicho que no es la primera vez.

¿Por qué estás haciendo esto?

Puedo hacer lo que me plazca

sin dar explicaciones a nadie.

Esa no es la respuesta correcta, Nuño.

Eres el marqués de Santillana, y has de dar ejemplo.

Mi apellido me basta y sobra para infundir respeto.

No puedes dejar que te recojan como un despojo.

No hay nada malo en que un joven de buena condición

quiera vivir la vida.

Te entiendo, pero hasta el más hombre

se levanta al día siguiente para cumplir con sus obligaciones.

Déjame, comisario.

Yo dispongo de mi tiempo.

Otra vez has equivocado la respuesta.

Adecéntate y espérame abajo para la instrucción.

Hoy no voy a ir.

De hecho, voy a quedarme todo el día en la cama.

Prueba a hacerlo.

(LUGARTENIENTE-LT) ¿Me ha hecho llamar?

¿Has llevado ya los víveres?

Sí, señor, ¿pero por qué al maestro?

No te he puesto a mi lado para que pensaras.

Tienes que ocuparte de otro asunto.

Quiero saber con quién se ve Nuño,

a dónde va y qué hace cada noche.

Quiero saberlo todo.

Sí, señor.

¡Amo!

Amo, por Dios... Dígame que viene solo

porque ha dejado a Cipri comprando clarete para celebrarlo.

¡Dígame que lo ha rescatado! ¿Lo ha rescatado?

He buscado en la torre de los Cuervos, en castillos,

en atalayas reales...

No hay ni rastro.

También he estado en la taberna de los Cantos.

Dos guardias hablaban de un prisionero de trato especial.

¿Cómo de trato especial?

Pero ¿trato especial de vigilarle atentamente o de molerle a palos?

Ya sabes cuál es la respuesta.

¡Me cago en mi negra estampa!

¡Que yo tampoco robé las arcas reales,

que yo solo cogí cuatro sacos de cebada!

Seguiré buscando. Lo encontraré.

No es que recele de usted,

¡pero los feudos del Rey son miles,

y están a tomar por culo unos de otros!

¡Que no le va a dar tiempo!

No voy a parar hasta dar con él.

¡Esto es injusto amo, esto es injusto!

Que yo suplanté al Rey...

Yo debería ser el condenado a muerte y no Cipriano.

¿Qué?

¡Catalina, Catalina!

¿Cómo que condenado?

¿Por qué?

Por hacerse pasar por el Rey.

Bueno...

¡Sátur!

Es complicado de explicar, Catalina.

Pero...

No, no, pero él...

él no haría nunca una cosa así.

Tú...

Tú has dicho que el condenado deberías ser tú.

¿Qué le has hecho?

¿En qué le has metido?

¡Que no le he hecho nada!

Vamos dentro Catalina, vamos dentro.

¿Y qué hago yo ahora? ¿Qué hago yo?

(CP) ¡Ayúdame, ayúdame!

(CR) Se ha desvanecido por el dolor.

(REY) ¿Ha confesado?

La resistencia de un preso es del todo imprevisible...

Veo que le cuesta entenderme, Eminencia.

¿Le repito la pregunta?

No, Majestad. El preso no ha confesado.

Dé la orden de trasladarle. Que se pudra en esa isla.

(MARGARITA) Buenos días.

Lo siento... Lo siento, madre.

Me he dormido.

Tranquila, solo te has perdido cuatro rezos

y la oración por San Juan.

Ay, Dios mío, lo siento.

Yo no suelo...

No soy una vaga, no quiero que piense eso.

El alma también necesita descanso.

Tampoco es que haya descansado mucho.

Las primeras noches en esos camastros no son fáciles.

Esto no es un palacio.

Si el problema es mío, no del jergón.

Si lo difícil aquí es no dormir, con tanto silencio.

Es cierto.

Cuando yo llegué, escuchaba hasta mis pensamientos.

Pues yo lo que quisiera es... no escucharlos.

Todo lleva su tiempo, hija.

¿Puedes llevar esa bandeja al horno?

Sí.

Lo siento, lo siento. Ahora mismo lo recojo.

Mejor pensado, no te acerques a los dulces, ¿eh?

Podrías arruinar nuestra fama de reposteras.

Pero si yo solo quiero ser útil, madre.

Y ahora vas a calmarte.

Unas hermanas irán a la villa a recoger alimentos

para repartirlos entre los necesitados.

Las acompañarás.

Yo preferiría quedarme en el convento, madre.

¿No querías ser útil?

Sí, pero es que no estoy preparada para volver a la villa.

Todavía no.

Nuestro único fin es ayudar al prójimo.

Esto no es un refugio para los que huyen.

¿Dónde está el hombre que utilizó el sello real?

¿En qué prisión? ¡Habla!

¿Dónde está la persona que suplantó al Rey?

¡No puedes hacerme esto! ¡Pertenezco al Consejo de Castilla

y soy amigo personal de Felipe IV!

La próxima vez no fallaré. ¿En qué prisión lo tienen?

Ya no. ¡Ya no está aquí!

¡Se lo están llevando a la costa!

¿Para qué? ¿A dónde lo trasladan?

Se lo están llevando...

a la isla de los Muertos. ¡A la de los Muertos!

(GD) ¡Alto!

Vengo a entregarme...

¿De qué hablas?

El hombre que están torturando por suplantar al Rey...

es inocente.

Fui yo quien robó a su Majestad.

¡Apresadle!

(Golpes de sable)

El arte de la espada requiere técnica, paciencia y buenos brazos.

No tienes ninguna de las tres cosas.

Hernán, si tanto sabes sobre el asunto,

¿por qué no vienes y me iluminas?

El fin último de la esgrima es matar a un hombre.

Eso no se aprende en un día.

Aprendo con facilidad. Enséñame la lección rápida.

No entiendo este afán repentino por la espada.

Tengo una mente inquieta.

Este acero es más ligero, cógelo.

Primera lección, Lucrecia:

los reflejos son importantes.

Hernán, si tuvieras la misma habilidad para todo,

los dos seríamos más felices.

Por cierto, ha llegado a mis oídos

información sobre Luis de la Vega,

el terrateniente que vino a verte esta mañana.

¿Qué información?

Apuntas con el filo directo el corazón.

Es un error, demasiado previsible.

Luis de la Vega...

¿Qué sabes sobre él, Hernán?

Lo que cuentan en los salones, es que tiene unos gustos...

extravagantes.

Levanta el brazo, estíralo, levanta la barbilla...

¿A qué te refieres?

A que yo nunca haría negocios con alguien así, Lucrecia.

Vamos, concéntrate en la espada.

Si ves que tu rival es más fuerte... utiliza tu debilidad.

La debilidad te lleva al fracaso.

No necesariamente. Retrocede si es preciso.

Haz que tu adversario baje la guardia...

y cuando lo haga...

el combate habrá terminado.

Todavía te queda mucho que aprender, Lucrecia.

Si esto fuese un duelo real, estarías muerta.

¡Cipri!

Tienen que soltarle,

¡él no ha hecho nada! ¡Me oyen!

¡Vuelvan!

¡No pueden dejarle aquí!

¡Eh!

¡Eh!

Cipri...

¿Cipri, qué te han hecho?

¿Qué cojones te han hecho, Cipri?

Perdóname, Cipriano.

Perdóname, amigo.

Ya verás como pronto te sueltan.

Yo ya me he entregado, ¿me oyes?

¿Eh?

(PREOCUPADO) Cipri, Cipri.

Cipri...

Cipri, ¿me oyes?

¿Qué han hecho con mi amigo? ¡¿Lo han liberado?!

¿Dónde está el oro?

¿Qué oro?

¡Confiesa!

¿Cómo voy a confesar algo

si no sé de qué me habla?

Que yo solo pedí trigo y cebada.

¡Y media docena de cirios!

Tú lo has querido.

¡Que no robé el oro!

¡Que yo no sé dónde está el oro!

¡Oiga!

¡Que yo no sé de ningún oro!

Bella hasta el día de su muerte, marquesa.

Soy un caballero.

Está a tiempo de retirarse.

Muchos han intentado enterrarme y perecido en el intento.

¿Qué es esto si puede saberse?

La tierra que ganará si logra vencerme.

Cuando me hablaron de sus tierras, pensé que serían algo más extensas.

Tiene sentido del humor, marquesa. Me gusta.

Comencemos de una vez, ¿no le parece?

Nunca subestimes la debilidad.

Aquí termina la historia de la marquesa de Santillana...

No pienso suplicar por mi vida,

así que mátame.

No quiero piedad... ¿Qué pretendes?

Me han hablado muy bien de ti, Lucrecia.

De ciertos talentos tuyos.

¿Podemos tutearnos?

Te propongo un trato sencillo.

Mis tierras por tu cuerpo.

Sal de mi Palacio. ¡Ahora!

Piénsatelo bien.

Piénsalo.

¿Que han detenido a Cipri?

¿Por qué? Si nunca haría mal a nadie.

Es inocente. Por eso debo ir al sur a interceder por él.

Es un viaje largo y peligroso. Déjame acompañarte.

No, no. Escúchame bien, te necesito aquí,

cuidando de la casa.

No tardaré en volver, ¿de acuerdo?

Vamos.

(ARMERO) ¡Al ladrón!

¡Suelta el arma!

¡Suéltala! ¡Suelta el arma, ahora!

(GD) ¡Suéltala! ¡Suéltala!

¡Es Catalina!

(GD) ¡Ladrona!

¡Basta!

¡Apártate!

¡Quieto!

(GD) ¡Lleváoslo!

¡Soltadle!

Soltadle.

Alonso, suelta eso.

¡Atrás, atrás!

¡Soltadle!

Alonso, suéltalo.

¡Soltadle!

¡Alonso!

¿Qué está ocurriendo aquí?

Señor, intentaban resistirse...

Os necesitan en la Puerta de Toledo

y no aquí, peleando con la chusma. ¡Marchaos!

Vamos.

Gracias.

Gonzalo.

¿Estás bien?

Yo solo quería salvar a Cipri.

¿Y cómo ibas a hacerlo? ¿A punta de pistola?

Es inocente, Gonzalo.

Es inocente.

Escúchame, no voy a dejar que muera.

Voy a traerlo sano y salvo. Te lo prometo.

Alegra esa cara, Lucrecia.

Tengo una agradable sorpresa para ti.

Hoy no soy la mejor compañía, Hernán.

Será mejor que te marches.

Pasad, entrad.

¿Quiénes son esos, Hernán? ¿Qué hacen en mi Palacio?

Son huérfanos.

Son del orfanato que a partir de mañana llevará tu nombre:

Lucrecia de Guzmán.

Hernán,

pensé que el día que me regalaste un enano habías tocado techo.

Ser benefactora de un orfanato es la mejor manera de pasar

a la historia como dama de bien.

No como reina del chocolate.

Será mejor que salgáis. No os gustará escuchar esto.

Esperadme fuera,

vamos, esperadme fuera.

¡Eres el idiota más grande que ha parido este Reino!

Sólo pretendo cuidar de ti.

¡No has comprendido nada!

¡No quiero ser como las otras damas de la Corte!

¡Quiero construir algo por mí misma!

No puedes cambiar el orden de las cosas por un capricho.

No es capricho. Es un sueño.

Voy a ser la mayor comerciante de cacao de toda Europa.

Y ni tú ni ningún hombre va a impedirlo.

En eso te equivocas.

Me han informado de que tu socio Luis de la Vega,

mañana mismo venderá sus tierras al marqués de Hinojosa.

Es noble. Y es hombre.

La idea de cultivar esas tierras es mía.

¡No pueden robármela!

Asume tu papel en el mundo.

Eres mujer. Y no puedes luchar contra eso.

"Don Luis de la Vega:

Si su propuesta sigue en pie...

Si su propuesta sigue en pie,

estoy dispuesta a satisfacerle a cambio de sus tierras.

Lucrecia."

¿Recuerdas ya dónde escondiste el oro?

No sé de qué oro me habla.

Yo solo cogí unas viandas, unas viandas nada más...

No, no por favor, no.

Yo no robé nada, no robé ningún oro, de verdad.

¡Basta, basta, basta!

¡Basta, piedad, por Dios!

Piedad.

¿Aún sigues sin recordar?

No robé el oro, yo no robé nada, de verdad.

Atadle.

No, por favor.

No, se lo suplico, no.

¡Piedad!

No.

Se lo suplico. ¡No, no!

¡No, no, confesaré!

¡Confesaré!

Les llevaré hasta el oro del Rey.

¿Ha venido algún mensajero?

Eh, sí, señora.

Ha llegado antes eso, parece un regalo.

¿Y a qué esperabas, lerda, a qué fuera Navidad?

Se lo llevaba ahora mismo.

Ni se te ocurra volverme a responder,

no quieras acabar machacada como esas almendras.

(LEE) "Querida, agradezco que hayas aceptado mi invitación.

Aquí tienes un vestido que deseo te pongas cuando nos encontremos.

Te espero al caer la tarde en mi palacio. Luis de la Vega."

Señora, qué collar más raro.

(Llaman a la puerta)

Somos hermanas del monasterio de San Juan,

venimos pidiendo caridad para los pobres.

Claro. Pasen.

Pasen.

¿Margarita?

Pero, ¿qué haces tú aquí?

Pues que voy a tomar los hábitos.

¿Que vas a ser monja?

No sabía que habías dejado de ser mi costurera.

Pues ya lo sabes.

Tengo muchas ropas viejas que no uso, sube con las hermanas

y dales lo que deseen.

Sí.

Quédate, quédate, Margarita.

Nos conocemos desde crías

y, algo mojigata se te veía,

pero de ahí a encerrarte en un convento...

No te preocupes.

No te será difícil encontrar otra costurera.

Cuéntame, ¿qué ha pasado?

He encontrado a Dios, eso es todo.

¿Así, de repente?

Sin una aparición mariana, ni una visita del Espíritu Santo...

Sí, así, sin más.

Ya ves.

La de disgustos que te habrías ahorrado

si hubieras encontrado antes la vocación, ¿no?

¿Gonzalo?

Gonzalo, ¿qué?

Nada, he pensado que tendría algo que opinar

dada vuestra historia pasada juntos, ya me entiendes.

Es una decisión mía. El no tiene nada que decir.

Cuando éramos niñas

nos peleábamos por él

y, ahora mira, tú te casas con Dios y él puede casarse con cualquiera.

Gonzalo es muy exigente. No creo que le valga cualquiera.

No te confíes. Las mujeres somos capaces de hacer lo que sea

por conseguir lo que queremos.

Voy con las hermanas por si me necesitan.

Ni se te ocurra ponerte en peligro. ¿Me has entendido?

¿Y tú sí puedes? ¡Vas a ir a salvar a Cipri sin saber pelear!

Hay una diferencia. Yo soy adulto.

¡No puedes hacerlo, no eres un hombre de armas!

¿Qué harás para liberarle?

Usaré las palabras.

¿Las palabras?

Han cambiado reinos y hecho caer a emperadores,

podrán demostrar que Cipri es inocente.

¡Esos hombres no son tus alumnos! ¡Puedes morir!

Sé lo que hago.

¡Padre!

Alonso, ya basta.

He de irme.

Cuando venga Sátur dile que me espere aquí.

Y que no me siga.

Díselo, ¿de acuerdo?

¿Partes ya?

Sí.

Sabes tan bien como yo que no lo vas a poder salvar.

¿Qué vas hacer tú? Nadie puede contra el Rey.

Lo intentaré, Catalina.

Puede que tú seas el último en verlo con vida.

Si lo ves....

Catalina...

Si lo ves, dile que le amo

y que lo amaré siempre.

Has oído bien...

Lo haré.

Lo haré.

¿Has vuelto?

No, no. He venido a repartir comida con las hermanas.

Pensaba que...

¡Margarita!

Me llaman.

Margarita, espera...

Tengo que irme.

(JOVEN) ¡Suéltame! ¡Que me sueltes!

¡Quita tus manos de mí!

Sé que andas con el marqués de Santillana,

¿dónde estuvisteis anoche, qué hicisteis?

¡No sabes con quién te estás metiendo!

¡Soy hijo del conde de Aliaga!

No es momento para presentaciones.

Haré que te releven de tu cargo. Se lo diré a mi padre.

Cuando te corte la lengua, poco podrás decir.

Estuvimos en unas bodegas apostando y jugando.

¿Con qué dinero?

Nuño es muy generoso...

No te basta con gastarte la fortuna de tu familia.

que quieres acabar con la de los demás, ¿verdad?

Si Nuño quiere gastarse su dinero, yo no soy quién para impedírselo.

Conozco tu fama. Tu padre no sabe qué hacer contigo.

Mi padre es incapaz de hacer nada contra mí.

Come de mi mano, como Nuño.

¡Aléjate de él!

Nuño ha encontrado el amigo que necesitaba,

seguirá haciendo cuánto yo dicte.

Ya falta poco.

Ya falta poco. Unos pasos más de frente y ya...

ya casi estamos...

Por aquí era.

Sí, yo creo que era por aquí.

¿Puedo arrodillarme para excavar?

Es que así, amarrao, no...

Sigue excavando.

Verá usted, es que...

cuando escondí el oro era de noche, y así con la solanera pues no...

¿No podríamos esperar a que anocheciera?

¿Te ha quedado clara la respuesta?

¡No me haga nada, por Dios!

¡No me haga nada!

No me haga nada, se lo suplico.

Allí, ya recuerdo, allí.

Detrás de esos árboles con forma de pezón, por allí era.

Desde el árbol hasta el oro había como...

unos diez pasos.

Uno, perdón.

Dos.

Tres.

Cuatro.

Cinco.

Seis.

Siete.

Ocho.

Nueve.

¡Y diez!

¡Que no escape!

A por él.

(GD) ¡Corre!

¡Disparad!

¡Matadle!

Tienes un cuello precioso.

¿Dónde está tu alcoba?

Tranquila, no hay tanta prisa.

No es necesario que me ofrezcas licor.

Puedo hacer esto sobria.

Sin duda, pero no se trata de eso.

Soy un hombre de juegos

y me gustaría que participaras en uno.

¿Y eso, qué es? ¿Otro vestido?

Ábrela.

Una máscara.

¿No quieres verme la cara?

Será lo mejor para ti.

Lo mejor para mí es terminar con esto cuanto antes.

Tengo unos amigos

a los que quiero deleitar con un espectáculo especial.

¿De qué estás hablando?

Te pondrás la máscara y te desnudarás ante ellos.

¿Pretendes exhibirme como si fuera un mono de feria? ¡Ni hablar!

Ése no era el trato.

Será breve.

Lo que mis amigos tarden en apostar

por saber quién se esconde tras la máscara.

Nadie sabrá quién eres.

¿Seguro?

¿Nadie lo sabrá?

¿Y si aciertan aunque lleve eso?

Mentiré.

No entiendo tanta molestia para que nadie gane.

¿No sabes lo que es la diversión por la diversión, verdad?

Son las escrituras de las tierras.

Un instante desnuda y serán tuyas para siempre.

¿Qué decides?

Menos mal que apareció usted, amo.

Si no llegamos a cruzarnos ahora mismo soy abono para los prados.

¿Por qué no me dijiste que te ibas a entregar?

Tenía que hacerlo, tenía que equilibrar...

¿Equilibrar qué? ¿Qué dices, Sátur?

Si lo dicen hasta los libros esos de chinos que tiene,

las cosas de equilibrio...

Lo bueno, lo malo...

Compensar una mala acción con una buena. ¡Cuidado!

Y total, ¿para qué?

si el Cipri sigue ahí, preso.

Sátur, tienes la bala dentro,

tengo que sacártela.

Espere, espere, espere.

Espere, que yo no aguanto como usted.

Deme algo para ahogar el grito, amo,

no vaya a ser que encima le desvele dónde está la guarida.

Toma. Muerde fuerte.

Iré rápido, no te preocupes.

(GRITA)

¡Acabe ya amo!

Ya está, Sátur, ya está.

Ya está.

Ya está, Sátur.

¿Estás bien?

No estoy bien, no...

Toma.

Bebe un poco y descansa.

Yo tengo que ir a liberar a Cipri.

¿Cómo que liberar a Cipri, amo?

¿Pero sabe dónde está?

Sí.

¿Entonces qué hace aquí conmigo?

Sátur, Sátur, Sátur, no te muevas, puedes desangrarte.

Lo llevan a la costa para llevarlo a la isla de los Muertos.

¿Pero qué costa?, ¿qué isla? ¿Qué cojones me he perdido, amo?

Salieron hace muchas horas.

Yo voy con usted.

Sátur, no. No debes moverte.

Amo, al Cipriano le han debido dar lo suyo por mí.

Y por un oro que no ha robado...

y para más inri no ha mentao ni mi nombre.

¡Voy a ir a por él, cojo, tullido o desangrándome!

No, estás débil, y me retrasarías.

¡Amo, amo no me niegue esto!

Cipri me ha demostrado una lealtad que no merezco.

¡Es lo menos que puedo hacer por él!

Déjeme ir con usted, por Dios.

Amo, déjeme.

Está bien. Vendrás conmigo.

Gracias...

Gracias.

(DE LA VEGA) Por aquí.

Sabéis muy bien que...

siempre me gusta deleitar a mis invitados...

con pequeñas diversiones.

Hoy vamos a disfrutar de un juego único.

Un juego en el que solo tendréis que...

responder a una pregunta.

¿Quién es la belleza que se esconde tras la máscara?

¿Es plebeya?

¿Será una noble?

(DE LA VEGA) Podría ser la misma Reina.

¡Jugad, señores, jugad!

Vamos, vamos.

Vamos.

El tiempo se ha acabado, caballeros.

Puedes retirarte, querida.

Pero antes de irte...

Vamos, Sátur.

Cada minuto que pasa, Cipri está más lejos.

Cabalgaremos toda la noche.

Eso no es nada nuevo, amo.

(Llaman a la puerta)

¿Le dijiste a la guardia que vivías aquí?

Les dije que me llamaba Benito

y que era pastor de cabras en Chinchón.

Quédate detrás de mí.

Buenas noches, venía a entregar un mensaje.

¡La madre que te parió!

¡Tú crees que son horas de llamar a casas de bien?

Lo siento, señor, es urgente.

Me envía mi padre.

Un niño le dio una nota en la Posada de Fresnedo.

Es para Gonzalo de Montalvo.

Yo soy Gonzalo de Montalvo.

Siento las molestias.

¡Venga!

¿Qué dice, amo?

¿Quién le envía una carta en plena noche?

(PREOCUPADO) Es Gabi...

Quiere saber si Alonso ha llegado bien a casa.

¿Llegar de dónde?

¿Y por qué le escribe a usted Gabi? ¡Explíquese!

Alonso intentó escaparse a París.

¿Qué?

¡Que el chiquillo quería hacerse mosquitero!

Espadachín francés, de esos...

El baúl donde se escondió cayó en el camino.

Podía haber muerto por una estupidez.

¡¿Pero qué estaría pensando ese mendrugo?!

Ni siquiera se despidió de mi, Sátur.

¡Se acabó!

¡Ahora mismo le saco de la cama!

No. Ahora no es momento.

¿Cómo que no es momento?

Que entre los dos le espabilamos en na', hombre...

Hablaré con él cuando regresemos.

No puedo decírselo esta noche.

Cipri nos necesita. No hay tiempo que perder.

Pues cierre bien la puerta,

no vaya a ser que a su hijo le dé el escapismo otra vez.

(CR) Parece que lleváis mucha prisa, monseñor.

¿Cardenal?

¿Qué hace por aquí a estas horas?

Hablar con vos.

¿Ahora?

No es momento ni lugar para charlas. Dejémoslo para mañana.

Tan solo deseo daros mi enhorabuena, monseñor.

¿Y por qué quería felicitarme?

Acabáis de descubrir al tirador

que os disparó en vuestros aposentos.

Me ha seguido...

Velo por los intereses de mis invitados.

Sabrá que el tirador ha confesado que fue usted quien se lo ordenó.

Ahora mismo voy a informar al Vaticano de todo lo que ha hecho.

Si esa es vuestra voluntad...

(EN LATÍN) In nomine Patris

et Filii et Spiritus Sancti.

(GRITAN)

He ido allí buscando a nuestro hijo

y te encuentro haciendo un número erótico.

Nunca me sorprendes para bien.

Si quieres dar sermones, disponemos de una capilla en palacio.

¡Ve allí y déjame en paz!

Tu hijo te ha visto desnuda ante unos nobles.

¿Le dirás que era para conseguir unas tierras?

¡No te atrevas a juzgarme!

¡Claro que me atrevo! ¿Y tu discurso sobre las mujeres?

Al menor problema, entregas tu cuerpo, como siempre.

¡Me engañó! ¡No era eso lo que acordé con él!

¿Y qué acordaste con él si puede saberse?

Ibas a acostarte con él.

Iba a ser mi última vez, Hernán.

Mi última vez.

¿Dónde vas? ¿Qué vas a hacer, Hernán?

Mataré a ese miserable.

¡No! ¡Hasta que consiga sus tierras!

No consentiré que te metas en su cama.

¿Quién ha dicho que vaya a hacerlo?

A nuestro amigo Luis de la Vega le gustan los juegos.

Pues voy a ofrecerle algo que nunca podrá olvidar.

Por fin hacemos un alto, que tengo los huevos como cascabeles.

Los soldados nos sacan una jornada de distancia.

No podemos demorarnos mucho.

La que he formao con el puñetero sello.

¡Me cago en mi codicia y en mi negra estampa!

Voy a salvarle. Sea como sea.

¿Y después qué, amo, después qué?

Cipriano y yo seremos fugitivos del Rey. Nos buscarán.

Daré con una solución.

¡No me tome por idiota! ¡Esto sí que no!

Usted sabe perfectamente la vida les espera a los que salva.

¡Lo sabe!

Huir para siempre y vivir con miedo.

Joder, que Cipriano tiene un hermano en el norte,

pero yo qué tengo, ¿eh? ¿Qué tengo?

¡¿Adónde cojones voy a ir yo?!

Encontraré a quién robó el oro y saldréis libres, Sátur.

¡Pero si no tiene ni idea de quién fue ese desgraciao!

¡Eso es como buscar una pulga en un corral!

(A LO LEJOS) ¡Socorro! ¡Socorro! ¡Socorro!

Hay que joderse, ya estamos.

¡Socorro! ¡Socorro! ¡Socorro!

(BANDOLERO) ¡Suéltala, ¿me oyes?

Suelta la bolsa! ¡Vamos!

¡¡Ayuda, por favor!!

(BANDOLERO) La bolsa, ¡vamos!

(Estrella ninja)

Corre.

¿Está bien?

Muchas gracias, buen hombre.

Tome, por las molestias.

No cobro por ayudar a los demás.

Insisto. Es de buen nacido, ser agradecido.

Vamos, nos quedan días de camino hasta la costa.

Bueno, amo, esto tenemos que hablarlo.

Si tiene que parar en cada injusticia

que haya de aquí a la playa,

vamos a llegar hechos unos Matusalenes.

(Llaman a la puerta)

Has llegado justo a tiempo.

Me sorprendió tu nota.

Pensé que estarías molesta conmigo.

No me gusta dejar los negocios a medias.

¡Chist!

Ahora el juego lo llevo yo...

Tengo una sorpresa solo para tus ojos.

(GIME)

¡Chist!

Se me olvidó decirte que íbamos a ser tres.

(GRITA)

¿Ves esto?

Es la única cura que puede salvar tu vida.

Tu situación es la siguiente:

O firmas un documento en que me entregas tus tierras en África...

O mueres entre espasmos como un animal.

Sabia decisión.

No me digas que es solo agua.

Nadie humilla a la marquesa de Santillana, bastardo.

Deberías haber dejado que yo le matara.

¿Y poner todo perdido de sangre?

No te ofendas, pero soy bastante más limpia que tú

para ciertos menesteres.

Solo espero que tanta creatividad haya servido para algo.

No subestimes jamás a una mujer.

Jamás.

¿A qué esperas para hablar con él y pedirle perdón?

Cuando todos me recuerden

como la primera mujer que venció en un mundo de hombres,

mi hijo sabrá por qué hice lo que hice.

El fin no siempre justifica los medios, Lucrecia.

Para mí sí.

(LEE LA BIBLIA)

Es que lo veo en todas partes.

¿A Jesús?

No, madre, a Jesús no.

(MONJA) ¡Madre superiora!

¡Hemos encontrado un hombre! Está muy malherido.

¡Tumbadle ahí!

Margarita...

(MADRE SUPERIORA) ¿Le conoces?

Sí.

Por fin.

¡Amo!

No hay huellas recientes.

¡Lo sabía!

¡Mire que lo sabía!

¡Que sabía que si veníamos cagando leches al final nos perdíamos!

No, y a saber ahora en qué mar estamos...

Sátur, estamos dónde tenemos que estar.

Los soldados traerán a Cipri a estas costas.

Espere, espere, amo...

¿Me está diciendo que habiendo salido un día después,

hemos llegado antes que ellos?

Y esa ventaja puede salvarle la vida a Cipri.

¡Amo!

Amo, no se acerque usted tanto a la mar que no es de fiar.

Tranquilo Sátur, que solo es la orilla.

No, amo, no.

No se despiste que yo he visto a la mar

tragarse hombres como si fueran nueces.

El mar contiene vida y muerte.

Usted póngase lo poeta que quiera,

pero ahí dentro hay más que agua con sal.

Como por ejemplo, el pez ese con melena y con pechos.

¿De qué estás hablando?

Hombre, usted que ha surcado tantos mares

y ha pirateado tanto, se habrá topado con alguno.

Que dicen que te cantan y te calienta el oído...

y lo que no es el oído también.

Sátur, eso son sirenas y no existen, son una leyenda.

¿Leyenda?

Pero si hasta el último marino lo sabe.

¡Eso, y lo del chopito gigante!

El hombre convierte en mito lo que no comprende.

Lo que usted diga...

Una cosa le digo,

ya podemos ir mirando p'atrás, a ver si van a aparecer los guardias

y nos van a pillar aquí plantaos como mejillones.

No te preocupes. Cuando lleguen, les estaré esperando.

Hoy firmaré acuerdos con los principales mercaderes del país.

Deberás encargar otro cuadro con tu cabeza cortada.

Es lo que harán los indígenas cuando pises esas tierras.

Ahí están. Cipri no es un preso cualquiera.

El Rey ordenó que lo trajeran, sus hombres obedecerán.

¡Su cuerpo no debe estar lejos!

Margarita, nadie puede saber que estoy aquí.

¿Y esa niña?

Su madre ha muerto y debo hacerme cargo de ella.

Esperar sí, ¿pero hasta cuándo?

Me va a salir musgo en las orejas.

No hay más huellas. Algo no encaja.

¿Quién la ha dejado acercarse? ¡Dije que no quería verla!

He venido a pedirte perdón.

  • A mi lista
  • A mis favoritos
  • T6 - Capítulo 79

Águila Roja - T6 - Capítulo 79

13 nov 2014

Los hombres del Cardenal torturan a Cipri para que confiese quién le ayudo a robar el oro del Rey. Él se niega a contestar y es enviado a La Isla de los Muertos, un siniestro lugar donde los presos acaban enloqueciendo. Águila Roja y Sátur parten hacia la costa, su objetivo es encontrar a Cipri antes de que embarque.

La Marquesa selecciona trabajadores para el negocio que quiere emprender en África. Pero se enfrenta a la oposición de Luis de la Vega, un arrogante terrateniente que se niega a hacer tratos con una mujer. La tenacidad y ambición de Lucrecia harán que ésta no dude en batirse en duelo con este individuo de sucias intenciones.

Margarita comienza su formación como novicia, pero no parece encajar bien en la estricta vida monacal. La madre superiora y el resto de las monjas se extrañarán mucho cuando Monseñor Adrián llega malherido al convento y Margarita demuestra que le conoce. 

ver más sobre "Águila Roja - T6 - Capítulo 79" ver menos sobre "Águila Roja - T6 - Capítulo 79"

Los últimos 1.509 programas de Águila Roja

  • Ver Miniaturas Ver Miniaturas
  • Ver Listado Ver Listado
Buscar por:
Por fechas
Por tipo
Todos los vídeos y audios

El administrador de la página ha decidido no mostrar los comentarios de este contenido en cumplimiento de las Normas de participación

comentarios.nopermitidos
Recomendaciones de usuarios