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No recomendado para menores de 12 años
Transcripción completa

Subtitulado por Teletexto-iRTVE.

-Crearemos un impuesto para recaudar tres millones.

Fije un plazo y tendrá sus millones.

Busco a un niño que estuvo en este orfanato.

-Márchese o llamo a los guardias.

Sabe de qué le hablo, ¿verdad? -No, no lo sé.

Sacad lo que tengáis o acabaréis como él.

-Si ya se llevaron toda la cosecha.

-¿Qué significa la hambruna?

Tu padre y tu tía se casan. Verás la de hermanos guapos que te dan.

Que no, la boda es con Juan. -¿Qué?

-Alguien ha preguntado en el orfelinato.

Me temo que su secreto peligra.

Espero que conozcas el precio de engañar a la autoridad.

Son los registros con las entradas y salidas del orfanato.

-¿Por qué se tiene que casar?

¿Por qué me tiene que dejar solo?

-Tú no te quedarás solo nunca, ¿me oyes?

Os presento a vuestra futura nuera, Margarita.

-¿Cuánto quieres?

¿Es suficiente?

Irene es sobrina del cardenal Mendoza.

¿Sabes el poder que tendría su esposo?

-Con tantas injusticias, harían faltan muchos Águilas Rojas.

-Eres un grande de España.

No puedes casarte con una mujerzuela.

-No hables así de la mujer a la que amo.

Alguien del pueblo debe guiar al pueblo.

-Alguien del pueblo debe guiar al pueblo.

Existen muy pocos como este. ¿Cuál es su secreto?

¡Fuera, fuera!

Debo encontrar información de mi hermano.

¿Por qué se empeñan en que no encuentre pistas?

-Rebelión.

-Si lo encuentran, estamos muertos.

-La amo y me casaré con ella.

-Te prohibimos que te cases con esa pordiosera.

Juan me presentará ante los nobles de la comarca.

-Qué romántico.

Ese payaso de Águila Roja otra vez.

A veces no sé si no te enteras de nada...

...o prefieres no enterarte.

-¿Habéis matado a Agustín?

-¿No te das cuenta?

Si llegases como si todos hubiéramos llegado...

-¡Justicia para el pueblo!

-Cuando te vean los nobles se caen de culo.

(EL CABALLO RELINCHA)

(LLORA) -Martín...

-Quiero presentaros a mi futura esposa, Margarita.

-Ay, Dios, esto es un no parar.

-Pena de un vino bueno.

Relincho.

-So.

Qué les cuesta pagar a los campesinos.

-No tienen para comer. -Que no coman, pero paguen.

No sea que el comisario se lo cobre con la vida de mis hijos.

-Ahora vuelvo.

No me mates, por favor, no me mates.

Sátur, ¿qué haces?

-Lo siento. Tenga cuidado. No deberías haberlo traído.

Es peligroso. -No me quedaba otra.

¡Cuidado, amo!

-¡Ah!

-Este lo dejo así.

Y esta sorpresa para la panadera.

Con ella no pasará hambre.

Como tiene ganas de procrear y Dios no la ha bendecido, pues...

Si me permite la licencia, usted será el padrino.

-Para no estar preocupada.

Mi sobrino Martín, prófugo de la justicia.

Si se entera el comisario que está en mi casa, no cuento más.

Pero no es momento ni lugar para hablarlo. Aquí las paredes oyen.

Ya ves. -Pasa. Trae.

A ver.

-Esto estará limpio, ¿no? Claro.

Anda que...

¿Qué pasa?

Juan.

-El anillo de pedida que le regaló mi padre a mi madre.

El mismo que hace muchos años le regaló mi abuelo a mi abuela.

Ahora es tuyo.

Levántate, por Dios.

Es... Es precioso.

Pero es demasiado para mí. -No, no.

Nada es demasiado para ti, ¿de acuerdo?

Ahora sólo deseo que pongas la fecha de la boda.

Perdón.

Creo que he interrumpido un momento romántico.

¿Cuándo vamos de boda? Aún no lo sabemos.

-Son cosas que hay que pensar mucho.

Mañana hablamos, ¿de acuerdo?

Te acompaño a la puerta, por aquí.

-Ay, qué bonito.

-Ay, pero qué cosa más preciosa.

Si con lo que cuesta esto...

...vive una familia muy bien media vida, lo menos.

¿Y esa cara de funeral?

Ahora te has dado cuenta de que la boda es de verdad, ¿no?

-Ay, mi hermanita. Qué alegría tenerte conmigo.

¿Cómo están padre y madre? -Pasando muchas fatigas.

No hay ni para comer, todo va para los impuestos.

-Explotadores. Tranquila, saldremos adelante.

-Yo no quiero ser un estorbo para ti.

-No te enredes ahora con eso, vamos a encontrar algo.

-He pensado que igual podía dedicarme al oficio, como tú.

-Eso ni lo mientes, ¿me oyes?

-Llevas años haciéndolo, ¿por qué yo no puedo?

-¿Sabes lo perra que es esta vida?

¿Sabes lo que es yacer con un hombre que te da náuseas?

-Pero... -¡He dicho que no y es que no!

Si hace falta, trabajo por las dos, pero tú no te vendes.

Anda, tira para casa. Voy a buscar a Gabi.

No te pares por el camino. Dame un beso.

Venga.

-Justo andaba buscando compañía.

-¿Cuánto pagaría?

-¡Ah!

¡Ah...!

-Comemos todos los días lo mismo.

Un caldo que no sabe a nada.

Sátur le pone cada día un nombre para que nos hagamos ilusiones.

Es tan gracioso.

Te hubiera caído muy bien, de haberlo conocido.

Te echamos mucho de menos, madre.

Yo a todas horas.

Y papá...

Para mí que aún más.

Pero eso es normal, ¿no?

Es normal, ¿no, madre?

¿Quién me va a contestar? Estoy loco.

Ahora sé que me escuchas.

Y... Y te quiero pedir un favor.

Ayúdame con tía Margarita.

Es que no quiero que se case con Juan.

Quiero que se quede en casa con nosotros.

Porque ahora que tú ya no estás pues...

Ella es como una madre para mí.

Bueno, mi verdadera madre siempre serás tú.

Ya me entiendes.

Gracias.

Te quiero.

Te quiero mucho, madre.

Pasos.

¡Está aquí! Ha entrado. ¿Lo has visto?

-¿Si he visto el qué?

¿Si he visto qué? Parece que has visto a Belcebú.

-¿Lo has visto o no? -¿El qué?

Pasos.

-¿Has oído eso?

¡Está ahí arriba!

Es el Águila Roja.

-Anda que...

¿Qué pasa, tanto jaleo?

-Padre, que hace un momento he visto entrar al Águila Roja.

Y yo y Sátur hemos oído sus pasos.

¿A que sí, Sátur? -Hemos oído pasos, pero suyos...

Ah, eso. Era yo, hijo.

La chimenea tiraba mal y he subido a arreglarla.

-Lo he visto colarse en casa. El ruido de una teja me despertó.

Y cuando miré, vi su sombra.

No estarías despierto del todo. Aquí sólo estamos nosotros.

-Pero...

Yo juraría que...

Buenas noches. Descansa, hijo.

-Por los pelos. Ha faltado el canto de un maravedí.

¿Y qué vamos a hacer?

Buenas noches. Buenas noches.

-Baja aquí con nosotros. Igual ni siquiera has cenado.

¿Qué le pasa? ¿Qué le pasa ahí...?

A mí nada. Bueno, que me he hecho un corte en el dedo.

Bueno, gajes del oficio.

¿Seguro que estás bien? Claro.

Anda, déjame ver.

Que no. Déjame ver.

-Ahí va, qué pedrusco.

Me lo ha regalado Juan por el compromiso.

Ahora sólo debemos decidir la fecha.

Muy bonito.

-Los noviazgos cuanto más largos mucho mejor.

Luego uno se lleva muchas sorpresas.

No sé sabe qué le puede esperar a una.

¿Eh, amo?

-¿La chimenea no la arreglaron la semana pasada?

-Pues sí, claro que sí.

Pero los deshollinadores están cada día peor.

Eso es lo que pasa. Hala, a dormir.

Vamos, a dormir.

Buenas noches.

Buenas noches.

-¡Ah, ah, ah!

(SUSPIRA)

¿Se puede saber por qué me miras con esa cara, Irene?

-Perdona, es que nunca había visto a nadie bañarse en leche.

En el convento, la leche será...

...para suspiros de monjas y poco más, ¿no?

Es una broma.

Ay, pues es lo mejor para la piel de una dama.

La suaviza y la blanquea, y está de moda en la corte.

Ven, pruébala.

-¿Yo? Bueno, yo ya estoy dentro, ¿no?

Vamos.

-Está caliente. Sí.

Relájate.

-Anda, trae y no mires, que Sodoma y Gomorra...

Un quítame allá esas pajas en comparación con esta casa.

Ave María purísima.

Señora, si quiere ya voy yo...

Gracias, Catalina, pero no es necesario.

Ve a ocuparte del resto de tus tareas.

-Lo decía por su comodidad.

No sea que con tanto brazo y tanta pierna acaben haciéndose un lío.

Señor comisario.

El chico que detuvimos el otro día es tu sobrino, ¿verdad?

-Sí, señor comisario. Está perdonado.

Por esta vez. -Muchas gracias, señor comisario.

Gracias. Voy a decírselo ahora mismo. Gracias.

Comisario. Perdón.

Perdón, señoras, no sabía...

Qué alegría, pero pase. Pase, no sea tímido.

Estamos perfectamente visibles, ¿verdad?

Sólo venía a ver a Nuño.

Se lo prometí.

-¡Comisario! Nuño.

-¡Quieto!

(GRITAN EN SU LENGUA)

-¡¡¡Ah!!! ¡Socorro!

¡Socorro, socorro! ¡Ah...!

¡Ah, socorro, socorro!

Ocúltalos. El cardenal llegará pronto.

Gritos.

-¡Ah...!

Lo siento, comisario.

Cayó sobre nosotros por sorpresa.

No pudimos hacer nada.

Ya, claro, claro, claro.

Tu compañero murió por defender el motín.

Tú, sin embargo, ni un rasguño.

-Ah... Si no luchas como un hombre...

No mereces serlo. -¡Ah!

-¿Comisario?

Eminencia.

-Interesante lugar este, parece un gran confesionario.

¿Cómo marchan nuestros asuntos? Perfectamente.

El cargamento llegó sin contratiempos.

-Me alegra oírlo. Con el Águila Roja nunca se sabe.

Por cierto, ¿no creéis que ya es hora de apresarlo?

Hacemos todo lo posible, eminencia.

-Pues haced lo imposible.

No quiero obstáculos en mi camino. Y espero que no hayáis olvidado...

...vuestras aspiraciones al consejo de Castilla.

Tengo buena memoria, eminencia.

-¡Comisario! ¡Suélteme! ¡Déjenme hablar con él!

¡Suelta!

-Mantenedme informado de todo.

Ahora atended vuestros pequeños compromisos.

¿Por dónde se sale de este infecto lugar?

Por favor, eminencia.

-Comisario, mi hermana pequeña no ha venido a dormir.

Le habrá pasado algo. Algunos servicios son más largos.

-Mi hermana no se dedica a esto. ¿Seguro?

-Ay, por favor, se lo suplico. Búsquela, por favor.

Le ha debido pasar algo. Por favor, búsquela.

Echadla. -Se lo suplico, ¡búsquela!

-¡Ah!

Me cago en...

No he visto cuero más duro en mi vida.

¡Ah!

-Tampoco se ponga así, que el cuero es bueno.

Es un cuero de primera, pero...

No, Sátur, no...

No es por eso.

Estoy a punto de volverme loco.

¿Qué quiso decir mi madre con la carta?

¿Cómo se busca un medallón bajo el dedo de Dios?

-Pues muy malamente.

Si Dios es omnipresente es que está en todas partes.

Y su dedo pues... Más de lo mismo.

O sea que tanto nos da buscar aquí que allá.

Y ese medallón... ¿Por qué?

¿Por qué es tan importante?

-Yo sólo sé que hay un interesado en que no investigue su pasado.

Eso, y que nos sigue muy de cerca.

Sí. -Y es alguien capaz de todo.

Incluso de matar recién nacidos.

-Calle, que se me revuelve el cuerpo sólo de pensarlo.

Aquí donde me ve, yo parezco muy tosco,...

...pero soy sensible y demasiado, amo.

Eso es, Sátur.

A veces las cosas no son lo que parecen.

¿Y si el dedo de Dios fuera otra cosa?

-A mí por dedo de Dios sólo me viene un techo del Vaticano.

Un dedo así, estirado.

Lo tengo.

El Dedo de Dios es una roca de la Pedriza del Manzanares.

-Qué sabiduría. Para saber dónde cavar,...

...necesitamos un mapa geológico.

-Ya estamos.

Cuando hay que buscar una cosa, hay que buscar otra antes.

A ver de dónde sacamos ese mapa. Sólo está en un lugar:

En la biblioteca cartográfica del Palacio Real.

-Bueno, eso ya le digo yo que es misión imposible, amo.

Pues nada, que me deja con la palabra en la boca.

Y se va a meter en un peligro.

Eso sí, los méritos todos para él.

Para el postillón del héroe, nada.

Bueno, esto ya está.

¿Y la cita en rojo qué tal?

No, rojo también no.

Mejor en azul.

Uh, uh...

-O me pagan o les llevo presos.

-¡Aquí no hay nada!

Les juro que no tenemos dinero.

Pero ¿qué están buscando? ¡Que no tenemos nada!

-Coge al niño. Nos lo llevamos. ¡No, no!

-¡Dejen al crío, por Dios!

Aquí tienen su dinero.

Aquí está. Cuente. Hasta el último maravedí, cuente.

Bueno, ya ha pasado el peligro.

¿Estás bien, mi amor?

Alonso.

-¡Ah!

(HABLA EN SU LENGUA)

(LLORA) -¿Qué van a hacernos?

-Vendernos como esclavas.

A ver, niños, mirad aquí.

¿Vosotros creéis que la Tierra es así, plana?

(TODOS) Sí. ¿Sí?

A veces las cosas no son lo que parecen.

Por ejemplo, la Tierra parece plana.

Sin embargo, no lo es. Es completamente redonda.

Como una naranja.

-Pero si la Tierra fuese redonda, nos caeríamos.

-Paleto, hace más de un siglo que se descubrió eso.

-Pues yo no me lo creo. -Amo.

Estaba preocupado por usted.

-Tengo un hambre...

Mi madre no estaba en casa esta mañana.

Llevo todo el día en ayunas.

-Gabi, si te cuento un secreto, no se lo contarás a nadie, ¿no?

-Pues claro, soy tu mejor amigo.

(SUSURRA) -Que creo que mi padre es el Águila Roja.

-¿Ha conseguido el mapa? Sí.

-Ah, ¿sí?

Voy preparando los aperos para ir al Dedo de Dios.

-El cinto con su emblema estaba debajo de sus sábanas.

-Te digo que tu padre no es.

El Águila Roja tiene unos reflejos que no veas.

Sigamos.

Como decía, la Tierra no es plana. -Mira.

Es...

Bueno, lo habéis entendido, ¿no?

-Sí, padre, que las cosas no son lo que parecen.

-¿Nos casamos el día de san José?

¿San José? (JUAN ASIENTE)

Pero si san José es dentro de cuatro semanas.

-¿Prefieres antes? ¿Mañana? ¿Hoy? No, no...

-¡Estáis todos invitados! Ay, cómo eres, eh.

-Hasta más ver. -Hasta más ver, Juan.

Ay, qué hombre. -Dile que sí, a lo de san José.

Lo tienes en ascuas. Eso ya lo veré yo.

-Martín, hijo, ¿qué haces aquí?

-Tía, que sólo he venido a decirte adiós.

-¿Cómo adiós? -Me vuelvo al campo.

-¿Ahora que te ha perdonado el comisario?

Búscate un trabajo aquí. Es lo mejor que puedes hacer.

Allí sólo hay miseria. -Aquí tampoco hay nada.

Las calles están llenas de mendigos.

No te preocupes por mí.

-¿Cómo no preocuparme? -Ya has hecho bastante.

-Marta, eso ni olerlo.

Los pobres pobres somos y el diablo nos tienta. Tira.

Al menos que Margarita te remiende la camisa.

Vas hecho un eccehomo.

Contenta se pondrá tu madre.

Campanilla. Quítatela.

¿Estáis sordas? Llevo una hora llamando.

¿Quién es este?

-Mi sobrino Martín, que se vuelve al campo.

No encuentra trabajo aquí.

¿Cuántos años tienes? -18, señora.

Una edad perfecta para cuidar de mis jardines.

Empezarás mañana mismo.

-Dile algo a la marquesa, no seas sieso.

-Gracias, marquesa.

Vámonos, niñas.

Madre de Dios.

-Hala, pues ya tienes trabajo.

Sólo te digo una cosa.

Ojico aquí con... ¿Dónde está mi anillo?

-¿Y Marta?

La madre que la parió.

¡Marta!

¡Marta!

Ahí lo tienes.

El Dedo de Dios.

-Para mí que más que el dedo parece otra parte del Altísimo.

Y a fe mía, que bien firme la tiene.

No como la mía, que ahí sigue que...

Y digo yo, amo...

¿Cómo sabemos dónde cavar?

Como tengamos que levantar todas las piedras de ahí debajo...

Casi mejor que vamos cavando nuestras fosas.

No, en el lado norte del monte el terreno es de granito.

Sólo en esa zona, el suelo es arenoso y permeable.

-¿Permeable?

-No sé cómo ha tenido tiempo en esta vida...

...para aprenderse tantas cosas.

Yo ni en cien que viviera.

Si me lo traduce al cristiano, igual me entero de algo.

El medallón sólo puede estar enterrado en un sitio. Ahí detrás.

Vamos.

-Pues a cavar, venga.

Amo.

Hablando de todo un poco...

Si le digo a su cuñada que los noviazgos mejor largos...

Usted me podría echar una mano, ¿no?

La boda de Margarita no es asunto nuestro.

-Un poco nuestro sí que es.

¿O usted no la echará de menos? Sigue cavando.

La zona donde puede estar es bastante amplia.

-¿Bastante amplia?

Sobre todo para una persona sola.

Amo, el medallón.

¡El medallón!

¡Ah...! ¡Sátur!

-Si vas a llevar la cola del vestido de boda de tu hermana,...

...debes caminar con más cuidado.

-La próxima vez lo hará espléndidamente, ¿verdad?

-No creo, es tan torpe.

No sé por qué no dejáis que yo lleve los anillos.

-Porque él es el heredero al trono.

Es a él a quien corresponde.

-Tú te casarás con un rey y también serás reina.

-Su eminencia el cardenal Mendoza.

-Majestad.

Alteza.

-Qué alegría verle. ¿Qué tal su sobrina?

-Mariana, el cardenal y yo tenemos asuntos importantes que tratar.

-Cenaremos en un instante. Quédese, se lo ruego.

-Será un honor, alteza.

-Le he llamado porque tengo una oferta importante que hacerle.

El cargo de nuncio papal es suyo desde hoy mismo.

Siempre y cuando olvidemos otras cosas.

¿No dices nada?

-Es muy generoso por vuestra parte, majestad,...

...pero sabéis que mis pretensiones son otras.

-¿No temes por tu seguridad, cardenal?

-No estoy solo en esto.

Y si los franceses supieran qué le pasó a Laura de Montignac.

-¡No oséis mencionar su nombre!

-¿No os gusta que os recuerden a vuestra esposa?

Una dama inigualable.

Grande de Francia por nacimiento y reina de España por matrimonio.

Aunque se la ocultase y se la hiciese vivir en la miseria.

-Jamás conseguiréis demostrarlo.

La otra mitad del medallón no aparecerá nunca.

-Eso nunca se sabe.

Y ahora si me permitís, no quisiera hacer esperar a la reina.

Nunca podría perdonármelo.

(LLORA)

-Por favor...

Por favor, por favor. -Chis.

-Aflójeme esto, por favor.

Me duelen mucho las muñecas, por favor.

Gracias, muchas gracias.

Deje que me vaya. -No pasa nada.

-Mi hermana debe estar muy preocupada por mí.

Le juro que no diré nada a nadie, lo juro.

-Eres muy guapa.

(LLORA) -¡No, no...!

¡Sátur, Sátur! ¡Sátur, despierta!

Sátur.

Sátur.

Sátur, ¿me oyes?

-¿Dónde estamos? Bajo en Dedo de Dios.

-¿Esto es el más allá? No, Sátur.

-Nunca lo imaginé así. Te has golpeado en la cabeza.

-¿En la cabeza?

Vamos...

¡Sátur, Sátur! Sátur, despiértate, mantente despierto.

-No me sujetan las piernas. No te preocupes.

Procura seguir consciente.

-Siento haberle chafado la investigación.

Al contrario, Sátur.

-¿Han visto a una chica muy jovencita,...

...con la piel blanca y el pelo oscuro?

¿No la habéis visto? 18 años...

Perdone, ¿ha visto a una chica, jovencita, de 18 años?

Muy guapa, blanquita. Cipri, ¿has visto a mi hermana?

Vino ayer del pueblo. Es una chica muy guapa.

Muy blanquita... -No, lo siento.

-Es que no la encuentro. -Ando un poco despistado.

Desde que me abandonó mi Inés. Lo sabes, ¿no?

-Sí.

-No le digas a Juan que te han robado el anillo.

Esa niña lo devuelve mañana como que me llamo Catalina.

-¿Habéis visto a mi hermana?

Es muy guapa, muy blanquita y con el pelo muy oscuro.

Es que no la encuentro.

Creo que le ha pasado algo.

¿Has avisado a las autoridades?

-Sí, pero no harán nada. Para ellos somos escoria.

-Ven, te prepararé algo caliente.

Tranquilízate, mujer.

-Buenas noches. -Buenas noches.

El anillo lo he dejado en palacio.

Me daba cosa llevarlo aquí, con tanta delincuencia.

-Tranquila, pronto viviremos lejos.

¿Has pensado lo de san José?

No...

Bueno, sí...

Y creo que es demasiado precipitado para Alonso.

Bueno, lo de mi hermana está aún muy reciente...

...y si yo me voy ahora... -Vamos a ver, Margarita.

Sólo vamos a vivir en un sitio mejor.

Alonso tendrá un cuarto y podrá venir.

Pero no es lo mismo, ahora lo comparto todo con ellos.

-Con ellos. No es fácil saber que sigues viviendo en esa casa.

Pero acabamos de comprometernos...

-No, no puedes poner fecha a la boda.

Parece que no te quieres casar conmigo.

Claro que me quiero casar contigo.

-Yo no veo el momento de verte despertar junto a mí por la mañana.

O poder besarte y abrazarte al llegar la noche.

Pero a ti no te pasa lo que a mí.

Juan...

Juan. -Margarita, por favor.

Pasaré unos días en mi casa. No te vayas.

-Está todo bien. Tranquila, tómate tu tiempo.

A ver si puedes ponerte una alianza o poner fecha a la boda.

O todo lo contrario.

-Ah...

Cuidado, que escuece, amo. ¿Que escuece?

-¿Qué hace?

¿Qué hace?

No te muevas, Sátur.

-Amo, quería agradecerle el gesto que ha tenido para conmigo.

Ha estado más pendiente de mí que de la investigación.

Sé lo importante que es para usted conocer su pasado.

¿Y qué esperabas, Sátur?

Esto ya está. Venga, vamos.

-No sé lo que esperaba.

Uno está acostumbrado al maltrato.

Y no a este trato de persona humana que usted me dispensa.

¿Qué haces aquí?

Creía que estabas durmiendo.

-Padre, ¿podemos hablar un momento?

Sí, claro.

¿Pasa algo?

-No, no, no.

Sólo quería decirte que...

Desde que murió madre no te he tratado muy bien.

¿Por qué dices eso? -Porque es verdad, padre.

He sido muy duro y te he llamado cobarde.

Y me he dado cuenta de que no era justo.

Si hay alguien valiente en este mundo, ese eres tú.

Gracias, hijo.

Creo que exageras, pero... -No, no exagero.

Padre, eres el mejor.

Y quiero que sepas que te admiro.

Te admiro mucho.

Admiro lo que haces por la gente.

Eres mi héroe.

Me estás conmoviendo, hijo.

Es cierto que no ha sido fácil...

...seguir adelante sin tu madre.

Pero me alegro de que lo comprendas.

-No, no me refiero a eso.

Me refiero a lo otro.

¿A lo otro? -Sí, padre.

Sé quién eres...

Águila.

¿Qué me has llamado? -Eres el Águila Roja, lo sé.

Te vi entrar por el tejado,...

...vi el cinto con tu emblema en tu cama.

Y lo que has hecho con la naranja...

No sé de qué me hablas.

Te aseguro que no soy el Águila Roja.

-Padre, tú, el Águila, se preocupa por mí más que por nadie.

Sube a nuestro tejado y me cuenta cosas que sólo sabes tú y...

¡Alonso, zanjemos esta absurda conversación!

Yo no soy el Águila Roja.

Y no vuelvas a decirlo nunca más, ni a mí ni a nadie, ¿entendido?

Sátur.

Te he dicho que no bajaras nada de la guarida.

-Un millón de veces, ¿por?

Alonso ha encontrado el cinto en mi cama.

Sabe que soy el Águila Roja. ¿Sabes lo que significa eso?

-Sí... Sí, amo, sí.

Que la he cagado bien. Sí.

Hemos puesto la vida de mi hijo en peligro.

-¿Por qué dice "hemos"? Si usted no ha hecho nada.

Sí, Sátur.

Yo también he bajado la guardia.

Me he confiado.

-¿Y qué le ha dicho? Que no es verdad.

-Eso es lo que hay que hacer: negar.

Negar, y negar... Y seguir negando.

Y cuidado, no volver a cagarla, amo.

Los niños no saben guardar secretos.

Se lo contará a alguien, y eso le puede costar la vida.

-No me diga eso, que se me viene el mundo encima.

A mí también, Sátur. A mí también.

-Me cago en mi negra estampa.

Juan lleva razón, no le demuestro lo que le quiero.

Lo peor es que no sé por qué. -¿No lo sabes?

Pues yo sí lo sé, reina.

Te cuesta mucho romper con la gente con la que vives.

Tú también crees que no me voy de casa porque está Gonzalo, ¿no?

-¿Cómo que yo también? ¿Quién más lo dice? ¿Juan?

Sí.

-Ay, Margarita, sigue así, que acabarás perdiéndolo.

Juan es lo mejor que te ha pasado en la vida.

-Catalina, esta es la madre de Marta, la criada.

-Buenos días, señora.

-Buenos días. Buenos días.

-La llamamos para hacerle saber un hecho muy grave.

Su hija ha robado una joya en esta casa.

-¿Qué?

Pero no se preocupe. Dígale que lo devuelva y lo olvidamos.

No la vamos a denunciar.

-Pero tampoco podrá volver a trabajar aquí.

Quien hace un cesto, hace cientos.

-Mi hija no es una ladrona. La he parido y la conozco.

Ella no es capaz de robar.

-Margarita. Buenas.

-La marquesa necesita su bata inmediatamente.

Le quedan unas puntadas, ahora se la llevo.

-Dígame, ¿está en su casa? -No, se lo juro.

No ha venido en toda la noche.

Yo creí que se habría quedado aquí.

-Hace dos días que no la vemos.

Y más le vale volver o no nos quedará otra que denunciarla.

-Dios mío, es que...

Catalina, está aquí.

-Ay, Dios mío. Está aquí. Lo siento.

-Lo siento, señora. Por favor, perdónenos.

-Pero entonces ¿dónde está mi hija?

-¡Ah...!

-Déjala ahí.

-¡Ah! ¡No, por favor, no!

¡No, por favor, no!

¡Ah, ah, ah!

¡¡¡Ah!!!

No, no, no...

¡No, no!

¡No, no!

¡Dejadme!

-Oye, ¿tu padre es el Águila Roja?

-Chis, aquí no lo digas.

-Vale, vale, pero si es quien es,...

...el mío puede que sea su escudero.

-No, no creo.

-No, yo tampoco.

¿Qué se siente?

-¿Qué se siente de qué?

-Siendo el hijo de un héroe.

-Pues es raro.

Por un lado, estoy muy orgulloso, pero por otro...

Tengo miedo de que le pase algo.

Ahora ya sé dónde está cuando no está en casa.

Y por otro lado, siento que tengo mucha responsabilidad.

No sé... -¿Responsabilidad?

-Sí.

Para estar a su altura, debo luchar...

Gritos. ...contra la injusticia.

¡Déjale! ¡Que le dejes!

-Te vas a enterar cómo castigamos la agresión a la autoridad.

-¡Suéltale, no ha hecho nada!

-Vamos a cortarle las manos.

Venga, ahí. -¡No, no!

-¡Gonzalo!

-¡No!

Lo siento, lo siento, es mi hijo.

¡Ah...!

-Pero, padre, defiéndete.

¡Padre! -Vámonos.

Si lo matamos, luego lo tenemos que recoger.

-Padre, padre...

-¿Qué ha pasado?

¿Qué ha pasado aquí?

-Lo siento.

-¡Vamos, vámonos!

¿Dónde se habrá metido la Martita?

Ni su madre sabe dónde está.

No se habrá ido con ninguno, ¿no? Es muy joven.

Ay, Margarita, ¿dónde estás?

No le des más vueltas.

Juan te quiere. Se te echará a los brazos.

¿Tú crees? -Claro que sí.

Los hombres son muy de aquí, pero a la hora de verdad, nada.

Céntrate, pon fecha para la boda, y lo tienes comiendo de tu mano.

Ojalá tengas razón. -Claro que la tengo.

¡Venga!

(EL PERRO LADRA)

(LLORA) -Ah...

-¡Venga! ¿Por aquí no hemos pasado ya?

¿Seguro que sabes llegar? -Sé llegar con los ojos cerrados.

Con los ojos cerrados sabrás, pero abiertos...

Reconoce que no tienes ni idea de dónde estás.

-¡So!

¿Cómo no me voy a perder...

...si los nobles ponen las casas cada vez más lejos?

No me grites. -Cuanto más dinero, más lejos.

Los pobres en medio del pueblo, que se vea qué feas son.

Anda, tráeme la bota.

Ladridos.

-Padre.

¿Me perdonas?

-Voy a cambiar el agua.

Ustedes a lo suyo.

-Padre, por favor, dime que me perdonas.

Anda, ven aquí.

Hijo, esos guardias podían haberte matado, ¿no lo entiendes?

-Sí, y no volveré a hacerlo.

Quería luchar contra la injusticia, como haces tú.

No debería haberte puesto en peligro.

Alonso, escúchame: No soy el Águila Roja.

-Por favor, reconócelo.

No puedes ir por la calle con tu traje y meterte en líos...

...porque te cogerían, pero... Basta ya. Se acabó.

-Padre, soy tu hijo.

Yo nunca te traicionaría. ¿Es que no confías en mí?

Vale.

-¡So, so!

¿Por qué paras ahora? -¿Lo llevas tú?

Si lo haces mejor, llévalo tú. Ahora que íbamos bien...

-Irás bien tú, yo estoy meándome. Claro, no has parado de beber.

-El otro día tardamos menos, iríamos por otro camino.

Claro.

-Ay, ay, que me meo.

Ay, que me meo viva.

¡Date prisa, que se nos hace de noche!

-¡No me metas prisa, que no me concentro!

Crujido.

-Animalico, el susto que me has dado.

¿Dónde se ha metido esta?

¿Dónde se ha ido esta ahora?

¡Ma...!

¡Margarita!

¡Margarita!

-Mi padre no confía en mí.

Me repite que no es el Águila, pero yo sé sí.

-Igual no es. Mira la tunda que le metieron los guardias.

-Es el Águila Roja, ¿vale?

Lo tendrá que reconocer. -¿Y qué harás?

-Corre, dile a mi padre que necesito ayuda.

¡Haz lo que te digo, vamos! -Vale, vale.

¡Alonso, para, para!

¡Gonzalo, Sátur, venid!

¡Mira! ¡Alonso!

¡Alonso!

¡Bájate de ahí ahora mismo!

-¡Ah...!

¿Estás bien?

¿Estás bien? -Sabía que me salvarías.

Sabía que eras el Águila Roja.

¡No vuelvas a hacerme algo así nunca más! ¿Me oyes?

-¡Socorro!

Socorro...

-¡Ayuda!

¡Socorro!

¿A qué se debe esta visita?

¿Dónde están tus modales?

¿Es que no me invitas a entrar?

Deberías haberme dicho que no estábamos solos.

No me has dado ni tiempo.

Pero por favor, no te vayas.

Siempre te ha gustado compartir el lecho con distintas personas.

Otro día, querido.

Una de mis muchachas ha desaparecido.

Quiero que la encuentres de inmediato.

Es tan desagradable cuando falta servicio.

Ahora no puedo, Lucrecia.

Tengo asuntos más importantes entre manos.

La próxima vez que vengas, procura avisar.

Es de buen tono entre nobles.

Tú lo has dicho: entre nobles.

Una chica muy guapa.

Te alabo el gusto.

-¿Qué?

-¡Otra jarra de vino para la autoridad!

-Ven aquí.

Y que no esté aguado.

-¡Vamos, escoria!

-Blanca.

Blanquita, ¿sabes quién soy?

-¿Qué tal?

No ha dicho nada.

-Mójale las sienes.

-¿No te acuerdas de mí?

Soy el Sátur.

El novio de tu hermana. Ya no, pero...

-No la agobies, déjala en paz.

-La dejo en paz, y mis pulmones si hace falta.

Pero que se recupere antes de que llegue la Estuarda.

-Blanca. Estuarda.

Que te vea tranquila.

-Mi amor, ya estoy aquí.

¿Qué te han hecho?

-Tranquila, que se recuperará. -Claro que se recuperará.

Ya estoy aquí, mi niña.

(LLORA) -Estuarda. -Sí, soy yo. Estoy contigo.

-Me han violado.

Me han violado.

No, por favor...

¡No! ¿Dónde me lleva? ¿Dónde me lleva, por favor?

(GRITA)

(LLORA) -Margarita...

¡No, Margarita!, no!

¡Margarita, no!

¡No...!

-Date prisa.

Debemos salir esta noche.

¡No, no, no, por favor!

¡No, no, por favor!

No, por favor, no...

-Ya.

No... ¡Ah!

¿Quién ha podido hacer algo así?

-Un desalmado de tantos que hay en el mundo.

Tengo que ir a atender. Si hay alguna novedad...

No te preocupes, Cipri. Gracias.

-Ya estás a salvo, mi amor.

Estás viva y a salvo, piensa en eso.

-Hay más.

Hay más mujeres.

¿Dónde hay más mujeres?

(LLORA) -Gonzalo.

Han secuestrado a Margarita. ¿Qué?

-Íbamos por el bosque, yo me bajé un momento...

Y al volver sólo había esto.

Es muy importante que trates de hacer memoria.

¿Dónde estabas?

¿Dónde están las demás mujeres?

-Es oscura y fría.

-Una cueva.

-Oscura y fría. Y muy húmeda.

Pueden ser las cuevas de la zona del río.

¿Había un río? ¿Viste un río?

¿Había o no un río? -Déjala.

-Hay más mujeres en peligro. Podría estar Margarita.

-Cariño, cariño, escúchame.

En la cueva en la que estabas, ¿había un río?

¿Lo recuerdas?

Vamos, Sátur.

-Quien le haya hecho esto, lo pagará caro.

Te lo juro por mis muertos.

Muy caro.

-Padre...

Águila, que lo siento por lo de antes.

¿Hacemos las paces?

-¡Fuera de aquí, hombre!

¡Vamos, hijo de puta!

¿Crees que somos estúpidos?

¡Ahora te vas a enterar!

-Tendrás que hacer algo, Cipri tiene problemas.

-Ah...

-Le echas agua al vino, ¿crees que somos imbéciles?

-Se lo juro, en mi posada no hacemos tal cosa.

-¡Mentira! -Ah, ah...

-¿Piensas que somos imbéciles?

-Ah... -¡Toma, cerdo!

-Ah, ah, ¡ah!

-Vamos, lo van a matar.

-¿Entonces qué hacéis? ¿Mearos en él?

-Padre...

Estás sangrando mucho.

Por favor, no mueras tú también.

(GRITAN EN SU LENGUA)

-¡Moveos, malditas furcias!

Van a venir a rescatarnos, ya verás.

-Van a vendernos como esclavas.

Las cuevas están tras esa arboleda.

Disparo. Tú quédate aquí, yo mientras...

Ha venido de allí, ¡vamos!

-Buenos días, ¿estás mejor?

Te he estado curando por la noche, mientras dormías.

Lo he hecho lo mejor posible, como no soy médico.

No sabes lo orgulloso que estoy de que hayas dormido aquí.

-Gracias. -No, gracias a ti.

No sabes cuánto me has ayudado.

Sobre todo con lo de...

Con lo de la muerte de mi madre.

Y los consejos que me das para que me lleve mejor con mi padre.

No te lo vas a creer.

He llegado a pensar que tú eras él.

O sea, que tú eras mi padre.

Qué tonto, ¿verdad?

(TITUBEA) Voy a por el desayuno.

¡Margarita!

¡Margarita!

Margarita.

Margarita.

-Perdone, amo, es que voy a vomitar.

Por fin.

-¿Por fin, hijo de mala madre? Alto.

-Le voy a crujir. No.

¿Quién está secuestrando a las mujeres?

¿Y dónde se las llevan?

Estábamos a punto de cogerlas hasta que apareciste.

¿Por qué no me has matado?

No quiero que mi madre también se avergüence de mí.

(EL CABALLO RELINCHA)

-Águila.

Te traigo sopa, pan y vino.

Aunque no sé si los héroes beberéis vino.

Águila.

-¿Catalina?

(CATALINA LLORA) -¿Qué pasa, qué tienes?

-Una desgracia. Una desgracia muy grande, Juan.

-¿Margarita?

¿Dónde está?

Por favor, ¿dónde está? -No lo sé, la han raptado.

Sátur, prepara los caballos. Hay que salir a Margarita ya.

-Tranquilícese y reponga fuerzas.

Salir ahora no es buena idea, sería un suicidio.

El bosque está lleno de hombres del comisario.

-Es tu culpa. Si ella estuviese conmigo, no habría pasado esto.

-Un poco de mesura, que estamos todo en el mismo barco.

-¿Qué pasa?

-Nada, Alonsillo, no pasa nada.

Aquí, los hombres, hablando siempre de lo mismo: de mujeres.

¿Tú qué? ¿Las prefieres rubias o morenas?

-Padre, padre, no te lo vas a creer.

¿Sabes quién ha pasado la noche en la cuadra?

El Águila Roja.

Si es que fui un idiota por no creerte.

Pero no entiendo cómo diste ese salto.

-Pues el amor, que hace posible lo imposible.

-¿Y tía Margarita?

En...

Ha ido a... -Ay, cómo andamos de la memoria.

Tu tía Margarita está ahí en...

Fue a ver a una amiga que estaba mala de lo suyo.

En Tortosa.

-Pero ¿va a volver, no?

Sí, va a volver. Te lo prometo.

-Mire, amo, que Tortosa está un poquito lejos.

Ale, muchachos.

Lo siento, pero hay que volver al trabajo.

Hay que encontrar a Margarita.

¡Ay! Pedazo de animal, el susto que me has dado.

-¿Susto? -Chis...

-Susto el mío, que creí que me había matado.

Si no es por el muchacho... -Tranquilo.

Aquí tienes lo acordado.

¿Esto? Esto no incluía el tiro.

-¿El tiro? Anda, tira para tu tierra,...

...que con los nervios que tengo te degüello.

-Eres pequeño, pero acojonas. -¡Venga ya!

Ave María purísima. -¿Habéis venido a confesaros?

No.

-Pues entonces decidme cómo marchan nuestros asuntos.

Las mujeres ya están en camino.

En tres días partirán para Argel.

-Me alegra oírlo.

Eso merece una absolución.

Ego te absolvo in nomine Patris, et Filii et Spiritus Sancti. Amén.

(LLORA) Ah...

(EL CABALLO RELINCHA)

Gritos en árabe.

(GRITA)

-Ni rastro, amo, ni rastro.

Dígame que ha encontrado algo. Nada.

-¿Y si descansamos un ratito? No pienso parar hasta encontrarla.

Aunque sea lo último que haga en la vida.

¡Ah...!

(GRITA)

-La han vendido como esclava.

Tranquila, debemos aguantar vivas.

Margarita sigue viva, estoy seguro.

-Ayúdeme a encontrar a mi prometida.

Con su ejército, con su influencia.

Que Martín prepare el fuego de mis aposentos.

-No sé qué hacemos aquí. Ahora sabrás.

Las mujeres embarcarán esta noche hacia Argel.

-Si alguien abre la boca, la mato.

-Es tu culpa. Iba a buscarte.

Tú la presionaste con la boda.

-Según mis informes, no habéis contraído matrimonio.

Prepararé todo para que así sea.

-Espero que sea un buen consejero. ¿Y tú qué ganas?

-¡Vendo esclavos! -Quiero comprar una esclava.

Tome, tengo esto.

-¿Cuándo es la próxima reunión?

-¿Una fiesta de disfraces? Le vendrá bien el traje.

-Te ha tocado. No pienso ir.

La he perdido.

Lahe perdido para siempre.

Águila Roja - T2 - Capítulo 16

21 ene 2010

Águila trata de localizar el medallón de su madre, cuando se topa con un recuerdo de la infancia al reconocer el lugar donde pasó su niñez. Alonso sospecha que Gonzalo es el Águila Roja. Empeñado en desenmascarar a su padre, el niño pone en peligro su vida.

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