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No recomendado para menores de 12 años Águila Roja - T1 - Capítulo 9 - Ver ahora reproducir video 00.00 min
Transcripción completa

-Tenía usted que haberlo visto. Hizo zas...

...y lo rebanó por la mitad como si fuera...

...un trozo de manteca igual. -Por favor, yo no sé...

...quién es Águila Roja, nadie le conoce.

-Te ha estado buscando, es un asesino a sueldo.

Cuando cumplas tu misión recibirás tu otra mitad.

Me da igual los métodos que emplees,...

...pero tráeme la cabeza de Águila Roja.

No. -Piensa un poco.

Mientras pienso gente inocente está muriendo.

¡Suéltala!

No tenías por qué contratar a un asesino a sueldo...

...para coger al Águila Roja, estoy a punto de atraparlo.

El comisario sigue sospechando de mí.

Quiero estar informado de los movimientos del maestro.

-Hemos precipitado la entrada en el escondite de la logia.

Hemos perdido todas las pistas sobre los asesinos de tu mujer.

¡Te estás equivocando!

Estoy harto de hacer las cosas a tu manera.

Ese asesino tampoco os ha traído la cabeza del Águila Roja.

Habéis tirado el dinero.

Le hirió.

Es más de lo que tú has conseguido en meses.

-Esto tiene muy mala pinta, señor.

¡Ay! -¡Ah!

¿Y tú padre dónde está?

¿Podemos ayudarle en algo?

¡¿Está usted loco?! ¡Salga de mi casa!

-¿No sabrá de alguien que quiera alquilar un local en el barrio?

Soy médico y me gustaría instalarme aquí.

-Encontrarás mil caminos que se alejan de tu fin.

Pero hay uno que lleva a él,...

...sólo hay que saber dónde buscar.

Sorprendente, quizás deberíamos colaborar...

...para cazar al Águila Roja.

(FLORO SE AHOGA)

-Gonzalo.

Le ha tenido que pasar algo, él no se va así sin despedirse.

Floro está en las Indias, a mí también me lo dijo.

(SÁTUR) Señor, cálmese y reflexione un poco.

Esa cita es una invitación al suicidio.

Sátur, tengo que ir.

-Te estás olvidando de todo lo que te enseñé.

Una cosa es ser un hombre valiente y otra muy distinta ser...

...un temerario. ¿Qué pretendes que haga?

¿Que me esconda mientras ese malnacido no para...

...de asesinar gente?

-Esta vez no.

-Siempre trabajo sola. ¡Aaah!

-¿Gonzalo?

(HABLAN EN CHINO)

Pero ¿tú eres tonto?

Estás viendo a una muerta.

-No puedo hacer el trabajo. Espero que no te equivoques.

Por los viejos tiempos, Águila Roja.

-Lo ha matado -No, hombre, no.

Eso luego se cose, dos días de cama y...

Y tan campante.

(PREGONERO) Se hace saber que con motivo de su onomástica.

Su Majestad el rey de las Españas...

...nos honrará con su presencia asistiendo...

...a la santa misa... -Las fiestas de San Felipe.

¿Me dejarás ir al baile, verdad?

¿Al baile? -Sí.

¿Quieres cortejar a alguna damisela?

-Pues claro que no. ¿No?

-No. Ajá.

-Pero... me recuerdan mucho a mamá.

A ella le encantaban estas fiestas.

Sí.

¿Qué? ¿Te gusta cómo está quedando o no?

-Sí. Mucho.

(LEE) Se busca al Águila Roja.

Se le compensará con 1000 reales de plata...

...a quien lo entregue vivo o muerto.

¿Qué haces? ¿Quieres que nos detengan?

Buenas noches. (PEDIGÜEÑO) Caridad.

Pero ¿por qué quieren matarlo?

Él sólo hace cosas buenas por la gente,...

...es el héroe del pueblo.

Entonces si es el héroe del pueblo no tienes nada de qué preocuparte.

El pueblo estará con él. Venga.

-¿Ha visto eso, amo? Qué peligro tiene.

Porque la gente es buena y leal, pero el hambre le revira,...

...y con dinero de por medio cualquiera puede delatar al Águila.

-¿Delatar al Águila Roja? -Chis...

Nadie va a delatar al Águila Roja porque todo el mundo le quiere.

Además es invencible. -Invencible e inmortal. ¡Inmortal!

Eso dicen, vamos. Venga, vamos.

-Voy a atender a don Juan.

-Atiende, atiende. Venga.

-Atiende...

Que mírala cómo atiende a don Juan.

Ay, don Juan, don Juan...

-Pues os digo que ese médico es un bicho raro.

Que me ha pedido una servilleta para comer...

...y la ha usado y todo.

-Eso se llaman modales, es un caballero.

-Pues voy a atender yo al caballero.

¿Es buen inquilino? -Bueno, una divinidad.

Poco contenta estoy yo, hombre,...

...que se haya quedado él con la barbería de mi Floro.

(RÍE) -Oye, tú no malinterpretes.

Bien sabe Dios lo mucho que echo de menos a mi marido.

Dios, que se me olvidado preparar el pan...

...para el desayuno de la marquesa bonica se pone.

Tira otra vez para palacio, lo que me faltaba hoy.

Mañana te paso a buscar. A más ver.

A más ver.

¿Y bien?

-Todo va sobre ruedas.

El rey mismo me lo ha confirmado esta mañana.

Saldrá de palacio con motivo de su onomástica.

¿Irá a la iglesia de San Felipe? -Ajá.

Veo que las cosas están bien atadas.

Les dejo con los pormenores y me retiro a mis aposentos.

Estoy agotada.

Gracias.

(SUSURRA) Ana, qué susto me has dado.

¿Y la señora marquesa?

-Se ha retirado a sus aposentos. -Tira, no vayamos a despertarla.

Yo voy a avisar de lo del pan sino bonita se pone.

-Justo antes de que el rey entre a la iglesia de San Felipe...

...quedará expuesto.

Será el momento propicio para disparar contra él.

Sólo hay que colocar a un tirador en una de las pasarelas...

...y adiós al rey. Entonces la nación será nuestra.

Toda va sobre ruedas.

(SUSURRA) Mujer, Catalina. -¿Qué?

¿Qué pasa, Catalina?

-Van a matar al rey.

¿Qué? ¿Cómo que van a matar al rey?

-Sí. Cuando venga a la iglesia, van a disparar desde una pasarela.

¿De dónde has sacado esa información?

-Del palacio de la marquesa.

Lo escuché a unos señores pero no los reconocí.

¿En casa de la marquesa?

Chirrido. ¿Ella conoce esa información?

-¡No, qué va!

Si hablaron a sus espaldas, ella ya se había retirado a dormir.

Estoy segura de que no lo sabe. Vamos. Pongo la mano en el fuego.

Chirrido de una bisagra.

Gonzalo, ¿tú crees que nos han oído?

Gonzalo... Catalina, vete a casa...

...y deja esto en mis manos. -¿Y tú qué vas a hacer?

¿No se te ocurrirá ir a las autoridades?

No.

-Si esos hombres me descubren me matarán.

Sólo le faltaba eso a mi hijo. Perder a su madre...

...y su padre por ahí en la otra punta del mundo.

Catalina, confía en mí.

¿De acuerdo?

Conozco a alguien que puede ayudarnos sin levantar sospechas.

-Para qué habré dicho nada. Gonzalo, por Dios, cuídate.

(SUSURRA) Ay, por Dios.

Margarita, no deberías andar así por la casa.

Sí, es que... Me estaba...

Me estaba lavando y se me ha caído la...

Ya.

Toma. Ten un poco más de cuidado porque en esta casa vive un niño.

Además, está Sátur.

Y estás tú. Ya lo sé.

Tendré más cuidado la próxima vez. Bien.

Vamos, que es importante que mantengamos...

...unos mínimos de decencia. ¿Cómo?

¿Me estás llamando indecente?

¿A mí? Margarita...

¿Te parece indecente que me lave también?

¡Venga, contesta! -La leche.

No, que... que los traigo llenos de leche.

Pero para leche la que casi me pego al verla de esa guisa.

La madre que la parió. -O sea, que la viste...

¿Desprovista en su totalidad?

-Por detrás y de refilón. Lo vi es que estaba...

-Buenos días. -Buenos días.

-Buenos días.

Estuarda, dichosos los ojos. Que...

Qué guapa estás de buena mañana.

-Déjate de zalamerías, Sátur.

Inés, ponle un desayuno a lo grande a mi chico que es su cumpleaños.

Me voy, mi amor.

Luego a la escuela. Feliz cumpleaños. Adiós.

-Adiós. -Adiós.

-Te voy a poner por tu cumpleaños, a ver...

Unas migas con chorizo que te vas a chupar los dedos.

-¿Qué? De celebración, ¿no?

-Hay que ver lo caprichosa que es la marquesa. No hace ni un mes...

...que le puse las sábanas limpias y perfumadas,...

...y hala, otra vez a lavar.

Claro, que con el trasiego que lleva. Si esta cama hablara.

Chis, ¿eh? Que si la tiró para allá, no es por afición,...

...sino para que la rematas por tu lado.

Perdóname, Catalina.

No me encuentro muy bien. Estoy un poco mareada.

-Te habrá sentado mal el desayuno. No he desayunado.

Tuve un roce con Gonzalo y se me cerró el estómago.

-Válgame Dios. ¿Y qué os ha pasado?

Si no es indiscreción.

Estaba lavándome y se me ha caído la blusa.

Me he tapado como he podido, he entrado y...

-No me digas más.

Te ha visto en paños menores y se ha puesto nervioso.

Bueno, poco menos que indecente me ha dicho, a mí.

-Si es que es normal.

Habiendo lo que hay entre vosotros, la criatura...

Catalina, entre Gonzalo y yo no hay nada.

¿De acuerdo?

-Mira, alhaja, yo soy perra vieja y te digo que haberlo, haylo.

No debe ser chispa fácil estar contigo todo el día...

...viviendo en la misma casa. Es que...

¿Es que qué? ¿Eh?

¡¿Es que qué?! -¡Nada!

¿Cómo que nada? ¡Habla!

-Pues que eres hermana de su difunta...

...y él está como quien dice aún velando el cadáver.

Ay...

Ay, perdona, cariño.

Ay, qué bestia soy. Cariño, lo siento.

Yo quería mucho a mi hermana.

Mucho.

-Lo sé, cariño. La queríamos todos mucho.

Pero también sé que Gonzalo y tú seguís enamorados.

Conque tú verás lo que haces.

¡Margarita!

Mi traje turquesa ya. Sí.

-Corre.

¡Margarita! ¡Margarita!

Señora...

Margarita, por Dios, vuelve en ti. Marga...

Señora, señora, hay que avisar a un médico.

Margarita, por Dios, vuelve en ti.

Señora...

¡Marta!

¡Marta! ¡No grites!

Agustín. -Gonzalo.

Quieren matar al rey, mañana en la iglesia de San Felipe.

Ese era el objetivo de los asesinos de Cristina.

Tengo que hacer algo Agustín.

-Deja esto en mis manos.

El rey será advertido y el acto se suspenderá.

¿Cómo vas a conseguirlo? -Eh...

Es todo lo que te puedo decir de momento.

Ven a verme mañana y te informaré.

¿Y si no lo consigues?

No todo el mundo tiene acceso al rey.

-Tienes que confiar en mí, ¿de acuerdo?

De acuerdo.

-Mantente alerta.

Bien.

-¿Qué estás barruntando? -Ah.

Que estaba pensando que por poco no veo nacer a ese crío.

Vamos, Estuarda y yo fuimos novios hasta hace poco más o menos eso,...

...algo más de nueve años.

-¿Algo más de nueve años? -Ajá.

-¿Cuánto más?

-Yo me la llevé al huerto en la fiesta de la castaña.

(RÍE)

-Espera. La fiesta de la castaña es en febrero...

O sea, nueve años y...

-Nueve años y nueve meses.

-Coño, y nueve meses.

-Cabalito. -¿Cabalito?

Cipriano,...

...me parece que ese chiquillo...

Es chiquillo es mi hijo.

-Ábrase un poquito el vestido.

Es para que pueda respirar un poquito más.

-Ah, sí. -Ha tenido un desvanecimiento.

-Vamos, que te has desmayado. Menudo susto nos has dado.

-Vamos a ver. ¿Le ha pasado en más ocasiones?

¿Ha tenido más desmayos? No...

-Apetito normal. Quieta. Duerme bien por la noche.

No mucho, la verdad. -Ajá.

Últimamente estoy bastante cansada.

-¿Podría estar encinta? -¡No!

No, ¿no? No.

-Fíjese, doctor, con lo monísima que es.

Mire qué cara. Pues sin hombre que la ronde.

-¿En los últimos días ha pasado más nervios de lo normal?

-Bueno, nervios... Crispadicas es lo que estamos.

Desde ayer, mire cómo tengo yo el pulso.

Que yo para mí que lo que tiene son nervios.

Puros nervios. Eh.

-Sí. Vamos, sin saber yo nada de medicina...

...ni querer enmendarle la plana, Dios no me lo permita.

-Yo estoy de acuerdo con su amiga, ¿eh?

Lo mejor para la salud: Disfrutar de la vida.

Disfrutar plenamente de la vida.

¿Usted disfruta de la vida, Margarita?

-Qué va a disfrutar. Amargaíca es lo que está.

-Pues eso no puede ser. (RÍE)

Le voy a hacer un preparado que le va a sentar muy bien.

Pero sobre todo siga mi consejo, ¿de acuerdo?

-Sigue los consejos del doctor que para algo ha estudiado.

(LEE) -Se busca al Águila Roja.

Se recompensará con 1000 reales de plata...

...a quien lo entregue vivo o muerto.

¿Qué haces? -Rediós.

El comisario ha dicho que castigará a quien lo quite.

-Tranquilos, si pregunta, diré que he sido yo.

Chicos... Venga, a clase todos.

Venga, remolones.

-Maestro, su hijo acaba de cometer un delito.

Debería usted avisar a las autoridades.

Eso tengo que decidirlo yo.

-Si crees que temo a tu amigo el comisario, vas de culo.

Alonso. -Se nota que no has oído hablar...

...del látigo del comisario. Dicen que puede despellejar...

...la espalda de un hombre en dos minutos.

-El Águila Roja nunca permitirá que nadie me haga daño.

-Lástima, porque el Águila Roja tiene sus horas contadas.

Pronto lo ejecutarán.

-No puede morir, es inmortal. (RÍE) -¿Inmortal? Qué absurdo.

-De absurdo nada, es un héroe y es inmortal.

Alonso, tranquilo, ¿eh?

-Dígales la verdad a esta panda de ignorantes.

Dígales que ese pajarraco no es inmortal.

Vamos a empezar la clase. -¡No, padre! Contesta.

¿A que es inmortal?

Alonso, hijo.

Todos los seres vivos mueren.

Sin excepción.

Lucrecia, ya tenemos a nuestro tirador.

¿Es de confianza? Ni banderas ni ideologías.

Sirvió como mercenario en Dunkerque para los ingleses.

Y allá donde el dinero sea la única causa.

Mañana estarán blindados...

...los alrededores de la iglesia de San Felipe.

¿Cómo va a hacerlo?

Antes de que llegue la comitiva, la guardia real asegurará el camino.

-¡Que llegamos! ¡Rápido!

Sobre todo en los puntos más vulnerables: galerías y pasarelas.

Desde este punto tendremos al rey a tiro antes de entrar en la iglesia.

Y allí estará apostado nuestro hombre.

Gran clamor.

Entonces, ¿nuestro amigo tendrá que ocultarse allí esta noche?

Así es.

¿Qué haces? -¿Eh?

¡Puf, no me lo digas!

¿Llevas la cuenta de los aguardientes que has tomado?

¿Te parece normal a estas horas? -...al Águila.

-Si fuera tan fácil de encontrarle...

¿Es eso lo que te preocupa?

-Pues sí, amo. Eso también me preocupa.

Así que prométame que en unos días no se va a vestir de ave.

Que sí, Sátur, que yo sé cuidar de mí mismo.

Y ahora dime, ¿a ti qué te pasa?

-Venga.

Me pasa que me acabo de dar cuenta de que tengo un hijo.

¿Un hijo? -El amigo de Alonso, Gabi,...

...el hijo de la Estuarda.

Mírelo. ¡Mírelo, si es que es clavadito a mí!

Igual de canijo y de avispao que yo. Igualito, igualito...

Espera, espera. ¿Y cómo lo sabes?

-Porque el chiquillo cumple hoy nueve años. Hoy los cumple.

Y Estuarda y yo tuvimos conocimiento hace 9 años y 9 meses.

Cabalito. Ya pero, aun así, no lo sabes.

-Que es mío, señor, que es mío. Que le digo que es mío.

¡Y el alegrón que se va a llevar cuando sepa que tiene un padre, eh!

Y el padre que voy a ser yo.

¡le voy a dar cariño a punta pala!

Para que no tenga la niñez que tuve yo.

Sátur, sé que te criaste en un hospicio, que lo pasaste mal...

--Usted ha sido para mí como...

Como el padre que nunca he tenido.

Y su hijo, pues... Como si fuera mío propio.

Y ahora que me ha salío este...

De la noche a la mañana, padre... Cálmate, cálmate.

-A ver cómo me avío yo ahora... Sátur, cálmate.

Sátur, habla primero con ella antes de seguir con el cuento.

¿De acuerdo?

¡Por los tiempos que están por llegar!

Esto se merece algo más que un brindis.

-Mañana le haré llegar ese preparado.

Muy bien. Muchas gracias, doctor.

¡Doctor!

-¡Marquesa!

¡Cuánto tiempo!

-Pareciera que los años no pasan por usted.

Hermosa casa para una hermosa mujer.

Gracias. Veo que ya conoce a Margarita, mi costurera.

Dígame, cómo la ha encontrado.

-En principio, no parece nada importante pero...

Tienes que cuidarte, Margarita.

Por favor, acompaña al comisario a la puerta y vete a descansar.

Marquesa.

¿Está seguro de que no tenemos que preocuparnos de su salud?

Disculpad. He olvidado los guantes.

Marquesa.

-Estuarda. -Hola.

-No, no me vengas otra vez con lo del amor.

-No, no, no. No es eso.

Esta vez lo que quiero es hacerte una pregunta.

-Pues arranca, que las hay que tenemos que hacer.

-Estuarda, tu hijo...

Tu hijo... Gabi.

-Sí. ¿Qué ha hecho?

-¿Es...?

¿Es hijo mío?

¡Estuarda, dime algo, por favor, que se me va a salir el corazón!

-Si no hay más que verlo.

(EMOCIONADO) Estuarda, gracias.

¡Gracias por darme un hijo!

Nunca nadie ha hecho algo tan bonito por mí.

Te prometo que voy a ser un buen padre.

Ese chico no va a pasar penurias... -¡Sátur, para, para!

No, no, para, que no.

Que no, que no puede ser. -¿Por qué?

-Pues, Sátur, porque...

Pues yo a Gabi le conté que su padre era un general...

...que había muerto en la guerra con honores...

-Será mejor que tenga un padre presente, aunque no sea general...

...que ser huérfano.

-Mira, Sátur, no, no, no puede ser.

Yo... yo te lo pido por Gabi.

-¿Le dijiste que su padre...?

¿Su padre era alto?

-Como una torre.

Y fuerte. -¡Dios...!

No tan deprisa. -¿Por qué?

Vamos a tus aposentos. Venga, vamos.

¡Eso te lo tienes que ganar!

-¿Ganármelo, cómo?

¿Te acuerdas... de cuando jugábamos a las prendas?

-Claro que me acuerdo.

¿Qué quieres? ¿Entonces vas a jugar conmigo?

-Depende. ¿De quién se trata?

De mi costurera.

Quiero el cordón de su corpiño...

...como prueba de que se te ha entregado.

-¿Quieres que me acueste con tu costurera? ¿Por qué?

Tú, tráeme ese cordón...

...y te enseñaré cuánto aprendí desde que mi marido murió.

Chirrido.

Maullido.

¿Quién te envía?

¿Quién te envía?

¿Quién quiere asesinar al rey, eh? ¿Quién quiere asesinar al rey?

-¡Ah, ah...!

¡Mierda!

-¿Qué haces aquí con este frío, muchacho?

-Es que no puedo subir hasta que mi madre quite la rama.

Esa es la señal de que ha terminado su trabajo.

-¿Y has cenado ya? -No.

-¡Jesús!

¿Está bueno, eh?

-Buenísimo.

-¿Y tu madre siempre acaba tan tarde?

-Depende.

-¿A ti esto te gusta?

-Hombre, prefiero comer longaniza.

-Yo me voy a ocupar de ti.

-¿Tú? -Sí.

-¿Por qué?

-Pues porque...

Come longaniza, anda, come.

¿De qué conoces a ese doctor?

De otros tiempos.

Pero no tengo por qué darte explicaciones.

¿Qué soy yo para ti, Lucrecia?

Llaman a la puerta. -¡Comisario, comisario!

Te llaman.

-Ha aparecido el tirador muerto, hemos encontrado esto.

¿No habrá sido el Águila Roja? -Que temo que sí.

El Águila Roja ha asesinado a nuestro tirador.

¿Eh?

No puede ser.

¿Cómo ha podido? ¡Nadie conocía nuestros planes!

Pues alguien ha tenido que filtrar la información.

Pero ¿uno de los nuestros?

Francamente, creo que no.

Los nobles no simpatizan con Águila Roja.

Tendremos que abortar el atentado y esperar.

¿Esperar a qué? ¿A que detengas al Águila Roja?

¿Qué pasa con el asunto de la recompensa?

Hasta ahora ha sido un fracaso, no hemos conseguido nada.

De todos modos, seguiremos adelante.

Lucrecia, no podemos. El rey morirá mañana,...

...eso te lo aseguro.

¿Qué te pasa, Alonso? -Oh.

Águila, Águila, me alegro de que estés bien.

¿Por qué no iba a estarlo?

-¿Tú... tú eres inmortal, no?

Hasta ahora sí.

Alonso, siéntate.

No quiero que te preocupes por mí.

Lo de la recompensa es una tontería.

Yo sé cuidar de mí mismo, ¿de acuerdo?

-Sí, sí. Pero... ¿eres inmortal o no?

Ya te lo he dicho.

Vale, sí, soy inmortal.

-¡Lo sabía!

¿Y... si algún le pasa algo a mi padre,...

...como lo que le pasó a mi madre,...

...tú... tú me cuidarías, verdad?

Yo voy a cuidar de ti siempre.

-¿Y... si un día te necesito y no te encuentro?

Hagamos una cosa:

Vamos a buscar una forma secreta de comunicarnos.

Algo así como una clave que sólo conozcamos tú y yo.

-¿Como una contraseña? Eso es.

¡Ya está! Si alguna vez estás en peligro...

...y me necesitas, sólo tienes que colocar...

...una tela roja en el tejado...

...y yo acudiré. Soy el Águila Roja, ¿no?

Bullicio.

-¡Madre! -¡No!

-¿Has dormido aquí toda la noche?

-No, cariño.

Si casi no había pegado ojo, me acababa de quedar traspuesta.

Voy a darte el desayuno, ¿vale?

-¿Estás triste porque padre se ha ido a las Indias, verdad?

-Claro, cariño, porque le echo mucho de menos,...

...pero es normal.

-Desayuna. -Yo también lo echo de menos.

Me gustaría que volviese y que todo fuese como antes.

Ya lo sé, cariño,...

...pero no tenemos dinero...

...y tu padre se ha ido para traérnoslo.

Venga.

-¿Entonces si tuviésemos dinero padre volvería?

-Si tuviésemos dinero, sí, pero es que no tenemos.

Llaman a la puerta. Y las cosas son como son.

Catalina. -Desayuna.

¡Voy! Venga, Murillo, que llegamos tarde.

Sólo vengo a decirte que no tienes de qué preocuparte.

Está todo solucionado.

-¿Seguro? ¿No habrás hablado con el comisario?

No. Tranquila, Catalina, confía en mí.

Nunca haría nada que te hiciera daño.

¿Eh?

-Pues menos mal porque llevo pasada una noche.

-¿Pasa algo, madre? -No, cariño.

Venga, desayuna que llegas tarde a la escuela.

Venga.

-El pobrecito está preocupado por mí.

Y es que he pasado un mal trago... ¡Catalina!

Yo me voy ya.

¿Nos vamos a palacio?

-¿Qué pasa? ¿Que seguís enfurruñados?

Mira, ni me hables que no quiero ni verle.

-Anda, pasa que me cambio y nos vamos.

Vaya par de patas para un banco.

¡Desayuna!

(LOS NIÑOS JUEGAN)

-¿Qué haces?

-Maestro. ¡Sátur!

(SÁTUR TOCA LA CAMPANA)

¿Qué tal? Bien.

-No. ¿Qué tal mi chico con...

...con esto de las clases?

¿Entonces... es tuyo seguro?

-Sí. Ayer me lo... me lo confirmó Estuarda.

Pero, vamos, que no puedo ejercer...

...porque le ha inventado un sustituto,...

...un general condecorado y alto como un titán.

Ahí es nada.

(SÁTUR RESOPLA) Debe ser duro.

-Bueno, pues un poquillo sí.

(SUSPIRA) Pero que yo lo comprendo.

Lo comprendo porque yo...

Yo como padre la verdad es que...

Luzco poco.

No digas eso.

-Sí, soy un poco vergüenza, la verdad.

Pero me alegro por el chico porque... debe estar...

...orgulloso de su padre.

¡La madre que me...!

(LOS CHICOS BROMEAN)

-Aquí.

-Perdón, es que he disparado muy fuerte.

-Nada, hombre.

Gabi. -¿Sí?

Dile a tus compañeros que vayan entrando, anda.

-Vale.

-Pero, por lo menos, ágil es ágil.

Y corto tampoco es.

Y corre que se las pela. Nervioso, revoltoso,...

...como su padre.

-Buen maestro.

Pues yo me voy.

Sátur, espera. -¿Qué?

¡Chicos!

Tenemos hoy el honor de tener entre nosotros...

...a una persona que ha estado en la batalla de Dunkerque...

...y que nos va a contar sus experiencias...

...en primera persona.

¡Sátur! -Sí.

Adelante, cuéntaselo.

Tenéis que saber que en esta casa...

...así como la confianza se premia, la traición se paga...

...con mucha dureza.

¿Está claro?

Jovencita... -Sí, señora marquesa.

Muy bien.

Podéis salir. ¡Fuera!

-¿Ocurre algo, señora?

Contigo no, Catalina, contigo no.

-Y aquello resultó ser una emboscada.

¡No os imagináis qué infierno!

La mayoría de mis compañeros... pues habían muerto.

Pero yo seguía allí, seguía luchando...

...a brazo partido, sin desfallecer.

Y primero... ¡mataba a un inglés y luego mataba a un francés!

¡Y después pues mataba... a otro inglés que pasaba por allí!

Y entonces fue cuando el general...

Un general... un general lleno de condecoraciones...

..y alto como un titán, a punto de morir, me dijo: "Sátur...

(CON VOZ AGÓNICA) ¡Sátur!

¡El destino de las Españas está en tus manos!

En mis manos.

Así que, allí me vi yo al frente de...

¡De tres legiones de infantería,...

...pues, dispuestos a conducirlos a la gloria!

(NIÑOS) ¡Bien, bien, bien!

Así fue, más o menos, más o menos, más o menos.

-Margarita. ¿Sí?

-He venido a traerle el preparado.

Tómelo por la mañana y antes de dormir. ¿De acuerdo?

Muy bien. Gracias. Tienes suerte de tener al mejor.

Hazle caso en todo lo que te diga. (INCÓMODA) Claro.

-Lo primero que le voy a ordenar es que acepte almorzar hoy conmigo.

No, lo siento, pero no puedo, tengo mucho trabajo.

¿Por qué no almorzáis los dos conmigo?

Os confieso que me aburre solemnemente comer sola.

-Si ella acepta, yo también.

-Adiós. (NIÑOS) Adiós.

-Que os digo que sí, que es inmortal, ¡él me lo dijo!

-Entonces, si pusieras una tela roja en el tejado, ¿acudiría...?

-¡Chis! Sí.

Pero no se lo puedes decir a nadie, es un secreto.

-Qué, otra vez hablando del pajarraco ese, ¿no?

Matilde, tú no les hagas caso. Ese Águila Roja es un delincuente.

Igual que ellos. -¡Ya me has hartado!

-Esto no va a quedar así.

-¡Ah! ¡Ah!

-¿Pero qué hacéis, animales? ¡Soltadle!

¿Qué hacéis? ¡Que me lo matáis! -¡Esto no es asunto tuyo, vete!

¡Que te vayas!

-¡Me voy a cagar en...!

-Os arrepentiréis de haberle puesto la manos encima a un noble.

-No, si yo no... no he hecho na. Na de na. Venga, vamos, hijo.

Gritos y lamentos.

Grito de un reo.

¡Qué sorpresa, marquesa!

Ya sé cómo vamos a matar al rey.

Lo haremos por medio de San Felipe.

¡Eso es tener fe y lo demás son tonterías!

¡Por Dios, Lucrecia! ¿En qué estás pensando?

En utilizar la traición para nuestros fines.

Como todos los años, un ciudadano ejemplar entregará al rey esto.

Sólo que esta vez estará llena de pólvora.

¿Te imaginas lo que ocurrirá cuando se prenda la mecha?

¡Me encanta que sea el pueblo!

Ese pueblo que tanto ama a su rey quien acabe con su vida.

Ahora sólo tenemos que encontrar a ese ciudadano ejemplar...

...que tenga el honor de hacer el regalito al rey.

Pasos.

Adelante. -Traigo las chuletas que me pidió.

Muy bien, pues déjalas ahí y lárgate.

-Sí, señor comisario. Un honor, señor comisario.

Pues no es el único honor que va a tener hoy el posadero.

(NIÑO) ¡Es urgente, señor comisario! ¡Comisario!

-¡Estate quieto! -¡Comisario! ¡Suélteme!

-¡Vamos, camina! -¡Debo hablar con el comisario!

¡Comisario!

Sé cómo hacer que el Águila Roja aparezca.

-¡Ay, qué nervios que venga a visitarnos el rey por San Felipe!

-Y lo bonita que es la tradición de entregarle el santo con la vela.

Y dos años que nos la perdimos. -Y a quién le tocará el honor.

-Pues a quién a va a ser, a algún pez gordo. Está amañao.

-Pero qué dices. -Yo estoy con Cipri.

Dicen que se lo dan a un ciudadano ejemplar.

Pero sin cuartos de por medio...

-¿Don Cipriano Benítez?

-¿Para qué se le busca?

-Para comunicarle que se le concede el honor de dar a su Majestad...

...la talla de San Felipe. (NERVIOSO) -¡Soy yo!

¡Soy yo! ¡Servidor! -¡Ay, ay, ay, ay!

¡Anda, que es la talla! ¡Y en tu casa!

¡Ay, qué bonito...! -¡Y mira cómo viene envuelta!

-En la tela esa... -Terciopelo.

-¡Ay, eso! -¡Pero bueno, bueno...!

-Que pase un buen día. -Gracias.

-¡Qué sorpresa más grande! ¡Aquí, Cipri!

-¡Ven! -¡Que me ha tocao...!

¡Que me ha tocao a mí!

-¿A ver?

-¡Virgen Santísima!

-¡Ay, Cipriano, qué ilusión, ay...!

-Parece que, por una vez, las cosas salen como Dios manda...

...y que se reconoce a las personas.

-Cipriano, a ver, ¿a ti por qué?

Vamos a ver, de cuántos chorizos estamos hablando.

-No me ofendas, Catalina, no me ofendas.

-¡Mira qué bonito es, mira!

Si es que hasta se parecen y to.

-Como dos goticas de agua.

¡Venga, mujer, que de toda la vida San Felipe ha sido un santo guapo!

¡Y guapo, guapo, guapo!

¡Y bonito, bonito, bonito...! -Ya, que lo vas a dejar sordo.

Risas.

Por las viejas amistades. -Y por las nuevas.

Creo que estoy bebiendo demasiado.

Nunca es demasiado, querida.

¡Por Dios, hijo! ¿Pero otra vez?

-En esa escuela a la que me mandas no hay más que delincuentes.

Vamos a limpiar esto bien.

-Deja que le vea, no se le vaya a infectar.

Gracias, pero no hace falta, es sólo un corte.

Vosotros seguid almorzando sin mí. Vamos.

Vamos.

-Viendo cómo manda, cualquiera diría que siempre fue noble.

¿La conoce usted de hace mucho?

-No, no, llámame de tú.

Pues la conozco lo suficiente. ¿Y tú?

Desde niñas.

Pero hacía mucho tiempo que nos veíamos.

Yo crecí aquí. Pero me marché hace muchos años.

-¿Puedo preguntar por qué?

Por...

Por un asunto amoroso que terminó mal.

-¡Vaya! ¿Y ha visto a ese hombre últimamente?

De tú. -De tú. Perdona.

Eh...

-No, no hace falta que respondas, eh.

Simplemente lo digo porque, quizá,...

...ese antiguo amor fallido tiene que ver con tu estado actual.

Es muy observador. -No, no, es parte de mi trabajo.

Los seres humanos no sólo somos cuerpo,...

...también somos alma. Y el dolor del alma es el peor de todos.

Puede dañar mucho la salud.

¿Un poquito de carne?

Sí.

Llanto de un niño. -¡Por Dios, se lo ruego!

¡Recapacite... eh!

¿Cómo le va a cortar la mano al niño?

Si no hay nada más inocente que la infancia.

¡Ah...! (GABI LLORA Y GRITA)

-Le ha pegado a un noble...

...y eso conlleva la pena de amputación.

-Qué manía con amputar. El chiquillo no fue, fui yo.

(GABI LLORA Y GRITA) Sin ninguna intención.

Se lo suplico. Si lo que quiere es cercenar,...

...cercéneme las dos y el pie, pero al chico no lo toque.

-Por favor... -¡No me lo toque, por Dios!

Oiga, por favor, se lo ruego. -¡No...!

¡Alto!

Por la visita del rey quedan aplazados los castigos...

...hasta mañana al alba.

-¡Gabi...! ¿Por qué no me deja?

¡Gabi! ¡¿Dónde estás?!

¡Gabi! ¡Gabi!

¡Madre!

-¡¡¡Gabi!!! -¡¡¡Madre!!!

-¡¡¡Gabi!!! -¡¡¡Ven!!!

¡¡¡Madre!!!

Está histérica. -¡¡¡Gabi!!!

Suelte.

Veamos si lo que dice el hijo del barbero tiene sentido.

-¡¡¡Mamá!!!

Traedme al Águila Roja con vida. Quiero quitársela yo.

¡Dejadla!

-¡¡¡Gabi!!!

¡Gabi! Gabi, hijo mío.. -¡¡¡Mamá!!!

-Gabi... -Sácame de aquí, ayúdame.

-Sátur, te mato. ¿Me oyes? ¡¡¡Te mato!!!

¡Te mato!

-Espere aquí, por favor. Se le atenderá lo antes posible.

-Eso me lo ha dicho 4 veces. Llevo horas esperando.

¡Necesito ver al rey ya! -Un momento, por favor.

-Es una cuestión de vida o muerte.

-Perdone, señor,...

...pero el fraile insiste en ver al rey con urgencia.

Lleva aquí más de dos horas. Dice que es...

...cuestión de vida o muerte. -Dile que espere,...

...que en breve será atendido.

-Sí, señor.

-Entonces este hombre, tu antiguo amor, es...

...sordo, ciego o imbécil.

Porque tratar mal a alguien como tú es imposible.

Bueno, la cosa es más complicada de lo que parece.

Pero gracias por el cumplido. -No, no es un cumplido.

Es la pura verdad.

(SUSPIRA)

(RESOPLA)

-Te pone nerviosa que te mire. ¿A mí? No.

-Te pone nerviosa... No, no me pone...

-¿Te pone nerviosa que te mire? (RÍE) No.

(RÍE)

-Eso es un sí. ¡No!

Lo que pasa es que te dije que no tenía que beber tanto.

-Me encanta que hayas bebido. Yo lo cojo.

No, no, no, por favor.

Eh... Juan, déjalo, por favor. No.

Juan, déjalo. Sólo es un abanico. -Ah...

(RÍEN)

-Maestro, maestro... Ayúdeme, por Dios.

Van a cortarle la mano a mi hijo.

¿Cómo? -Está en el calabozo con su criado.

Dicen que ha pegado al hijo de la marquesa. Vamos.

Truenos.

-Ten cuidado. Si te sigues arrimando al fuego, te quemarás.

Es que estoy muerta de frío. -Claro, eso es por la ropa.

Entonces ¿intercederás ante el comisario...

...por mi criado y ese niño? No lo sé, Gonzalo.

Ha sido a mi propio hijo a quien ha pegado tu criado...

...y, la verdad, se merece que le corten la mano.

Por favor, mi criado lo hizo para ayudar a ese niño.

Tu hijo le daba una paliza mientras tus lacayos le sujetaban.

Aun así un plebeyo no puede poner sus manos sobre un noble...

...en ningún caso, la ley es la ley.

-¿Vas entrando en calor? Más o menos.

-¿Mejor así?

Sí.

-No. No, no, no...

Perdóname, perdóname. Pero ¿por qué? ¿Qué pasa?

Pero... si me has hecho pasar...

...la mejor tarde que recuerdo en mucho tiempo.

De verdad.

¿Qué pasa?

¿Eh...? En cualquier caso, Gonzalo,...

...haré cualquier cosa que esté en mi mano. Descuida...

Vosotros a lo vuestro.

Tranquilos, que nosotros ya nos vamos.

-Murillo, hijo. -¡Oh! Estás guapísima, madre.

-Gracias. Tú también estás muy guapo.

Pareces un ángel de esos que tú pintas.

Venga, hijo. A ver si cogemos buen sitio para ver al rey.

-Pero, madre...

-Madre mía. Cómo está la calle.

¿Qué? -Toma. Esto es para ti.

Para que vuelva padre.

-¿Y qué es esto?

Murillo, ¿de dónde has sacado tú tanto dinero?

-Me lo encontré en la calle.

-No me calientes y dime qué has hecho.

Dime que has hecho. -Me lo ha dado el comisario.

-¿El comisario? No me engañes que te escalabro.

¡Dime! -Que es verdad.

Le ha dicho donde encontrar al Águila Roja...

...y me ha dado la recompensa.

-¡¿Qué?!

-Uf.

-La madre que parió a tu amigo que soy yo.

Vamos a devolver este dinero y tira de mi vista...

...que no quiero verte, no respondo de mí.

-Yo creía que eras mi amigo.

(ALONSO RESOPLA)

-Amo.

Amo, ¿por qué ha tardado tanto en venir?

Casi se llevan la mano del chiquillo y la mía.

Eso te pasa por meterte en berenjenales.

¿Cómo se te ocurre pegar al hijo de la marquesa?

-Porque me salió la paternidad, amo. Me salió y...

Pero, bueno, ya le explicaré fuera que entre barrotes...

...se habla muy malamente.

Así que venga... Sátur, Sátur.

-¿Qué?

Vas a tener que esperar. -¿Qué?

¿Por qué?

La marquesa intercederá por vosotros ante el comisario.

-¿Cómo...?

O sea, ¿que no nos va a sacar de aquí?

No.

-Pues aviados estamos.

Sátur.

Sátur.

-Que no es que desconfíe de la marquesa, no...

Que si hay que confiar en ella se confía, pero...

Esto para usted es pan comido.

Sátur, sabes bien que no me puedo arriesgar.

Además con la llegada del rey, la seguridad es máxima.

-El rey, el rey.

Dios me libre de querer que a usted le pase algo malo.

Pero lo que me preocupa es...

Es tener que esperar demasiado y que el chico y yo pues...

Pues nos quedemos manquitos. Eso no va a pasar.

-¿No? Ten paciencia, ¿de acuerdo?

Ten paciencia.

-Amo...

Amo. Sátur.

Debo de ir a ver a Agustín.

Necesito comprobar que el rey no está en peligro.

Confía en mí.

-Con ese juboncillo parece talmente un lomo embuchao.

¿De dónde lo has sacao? -Era de su abuelo.

Y le llamaban Manolito el Breve.

-No me pongáis nervioso que esto es muy serio.

El último que lo entregó fue el alcalde y debo dar la talla.

-No, si de talla... vas sobrao.

-¡Tengamos la fiesta en paz, Catalina!

-Tranquilo, que lo harás muy bien. -¿Tú crees?

No sé si tengo que darle primero el santo y luego la genuflexión.

O primero la genuflexión... -No, mejor lo primero.

-¿Lo primero qué era? -Que le des primero el santo.

-Primero el santo, sí. -A ver.

Yo soy el rey y tú me entregas la talla. Va.

¡Pero no te agaches tanto,...

...que le vas a dar con los morros en sus partes y te van a arrestar!

Toma. -Anda, Matilde,...

...trae pa acá esa velita y enciende la mecha.

Un ciudadano ejemplar entregará al rey esta figurita.

¿Te imaginas lo que ocurrirá cuando se prenda la mecha?

-¿Es que tú no sabes que eso da mala suerte?

-¿Mala suerte? La que voy a tener yo con este nervio.

¡Que se me aflojan las tripas! -Anda, tira.

-Sólo nos faltaba eso.

(RECUERDA) Si alguna vez estás en peligro y me necesitas,...

...sólo tienes que colocar una tela roja en el tejado y yo acudiré.

¡Alonso!

-¡Águila! ¡Águila, tienes que huir, esto es una trampa!

¿Cómo que una trampa?

¡Vamos!

-¡Rodeadlos!

Risas.

Guardia.

Diga a ese hombre que esta zona es para gente distinguida.

Que vaya a mezclarse con la chusma. -Sí, señor.

El otro día cometí la incorrección de no presentarles.

Nuestro comisario, Hernán Mejías.

Juan de Calatrava,...

...Duque de Velasco y Fonseca y 7 veces grande de las Españas.

-Sabes que prefiero no usar el título, eh, Lucrecia.

En cualquier caso, tranquilo.

Me encanta estar con la chusma.

No te preocupes.

No disparéis.

-¡Ah!

-¡Puf!

-¡Ay!

-Oiga, oiga, cuidadito con la niña. -¡Desde luego!

Inés, le podías haber puesto unos lacitos, hoy es un día especial.

-Si va muy guapa con las trenzas. -Si ella va guapa siempre.

Buenas. -¡Ay, Dios, qué nervios!

¡Qué dolor de vientre!

¡Ay, no puedo más, no puedo más! -¿Pero qué te pasa?

-¿Dónde va este hombre ahora? -Yo qué sé.

¡Pero, por Dios, pensaba que no os iba a encontrar nunca!

Buenas.

Chillidos de las ratas.

-Señor comisario.

Tengo el placer de informarle que Águila Roja cayó en un pozo.

Está muerto.

¿Estás seguro? -Sí, señor.

Lleva el cuerpo a nuestras dependencias. Quiero comprobarlo.

-Marquesa. Gracias.

-¿Dónde se habrá metido mi marido? ¡Que viene el rey!

-¡Tira a buscarlo, sólo nos faltaba hacer un feo a la monarquía!

-Matilde, acompáñame a buscar a tu padre. Sujétame esto.

-¡Pero, mamá, que viene el rey! -Bueno, lo vemos más tarde. Venga.

¡Qué hermosura, eh! -Una talla preciosa.

¿Pero no pesa mucho? -Tiene bien su peso.

¡Ay, que ya viene! (GENTÍO) ¡Viene ya el rey!

-¡Viva el rey de las Españas! (GENTÍO) ¡Viva!

-¡Larga vida al rey! (GENTÍO) ¡Viva!

-¡Larga vida al rey! (GENTÍO) ¡Viva!

¡Mira cómo rugen ante la llegada de su monarca!

Todavía no conocen el final del cuento.

Griterío. ¿Estamos seguros aquí tan cerca?

Más vale que nos alejemos un poco. Mano.

-¡Este olor es insoportable!

¡Vamos, la cuerda!

La cuerda.

(TOSE)

¡Águila, Águila! ¡Por favor, despierta...!

(TOSE) ¡Estás vivo!

Tenemos que llegar a tiempo. Apártate.

-¡Aaah!

-¡Viva el rey! (GENTÍO) ¡Viva!

-¡Viva San Felipe! -Gracias.

(GENTÍO) ¡Viva, viva! -Gracias.

-¡Dejen paso al rey!

¡Ay, nena! ¡Ay, qué gracia, pero si parece una persona! ¡Viva el rey!

(GENTÍO) ¡Viva! ¡Viva!

-¡Larga vida al rey!

Majestad. -Marquesa.

Es un honor que nos visite. -Comisario.

¿Qué hacemos?, ¡Que Cipri no viene!

-Majestad. -Caballero.

-Llévaselo tú. ¿Yo? No, no, no, ¡llévaselo tú!

-No, tú, que te hace más ilusión. Mira lo bien que portas.

Que te queda la talla. -¿La imagen de San Felipe?

¡No...! -Esa es la señal pa que la lleves.

-¡Olé, sí, señor, vas guapísima! ¡Olé, olé, olé!

¡Sonríe, ahí! ¡Guapa, guapa, guapa!

¡Venga, que yo voy a verte!

Murmullo.

Vamos.

-¡Viva la fiesta de San Felipe! (TODOS) ¡Viva!

-Viva San Felipe.

(TODOS) ¡Viva! -Viva el rey.

(TODOS) ¡Viva!

-Gracias. -¡Viva el rey!

(TODOS) ¡Viva! -Gracias. No se amontonen.

Está vivo. No puede ser.

Explosión y gritos.

(SÁTUR SUSURRA) Señor carcelero, ¿me podría decir qué hora es?

-¡La hora de que os corten la mano!

-Chis.

-¿Quién ha hecho...? -Chis.

(GABI) Ay...

¿Todavía no han venido a liberarnos, no?

-No, todavía no.

Pero descuida que vendrán a tiempo.

-Sátur, ¿tú por qué te has metido en tantos líos por mí?

-Pues...

No lo sé, chico, porque...

Porque es mi naturaleza.

La verdad es que tampoco he hecho gran cosa.

-Claro que sí.

Lo que tú has hecho por mí sólo lo haría mi madre.

-O tu padre.

-Ya. Pero él está muerto.

-No, Gabi.

Tu padre no está muerto.

Tu padre...

Tu padre soy yo.

Sí, lo siento.

Supongo que para ti será una desilusión...

...porque tú pensabas que tu padre era un general, pero...

-¿De verdad que tú eres mi padre?

¿Por qué no has estado nunca conmigo,...

...por qué me has dejado solo todo este tiempo?

-Gabi, chico, chico, chis. -Que me sueltes.

¡Que me sueltes, que me sueltes! -Tranquilo.

Eh... -Que no me toques.

-Te juro que no sabía nada.

Te prometo que hasta hace...

...un par de días no sabía nada de esto.

Pero te prometo que a partir de ahora estaré siempre a tu lado.

Si tú me dejas, claro,...

...si no te da vergüenza que tu padre no sea un general,...

...ni alto ni fuerte...

...sino todo lo contrario.

Un ser bajito, enclenque...

Puerquito.

Llaman a la puerta de la celda.

-¡Ha llegado la hora! ¡Vamos!

(GABI LLORA) No, no, no quiero, no quiero, no.

(SÁTUR SUSURRA) Tranquilo, hijo. -Padre, no.

-Hijo mío. (GABI LLORA) No, no, no.

-Te prometo por lo más sagrado...

...que nadie te va a tocar un pelo.

-¡No, no quiero!

-No, Gabi. -No quiero.

-¡Venga! -Gabi...

Nadie. Tranquilo. -¡Vamos, que no tengo todo el día!

-Tranquilo. (GABI SOLLOZA)

-Tranquilo, hijo mío, tranquilo. -No quiero.

¡No quiero! ¡No!

-¡Venga, salid! -No. ¡No!

-Eh, eh, eh. -¡No!

-¡No, papá! -Caridad cristiana que es un crío.

Hijo mío.

-¡Venga!

-Lo siento, señora marquesa, pero el pan aún no está listo.

Ay, Dios mío, cuánto inútil en este palacio.

(SUSPIRA) Retírate, hija.

Lucrecia. ¿Y tú qué haces aquí?

Te ruego que intercedas por mi criado...

...y el muchacho que está con él.

El castigo está a punto de cumplirse.

Sí, es justo la hora. Por favor, te lo suplico.

Sálvalos y haré lo que quieras, lo que me pidas.

¿Cualquier cosa?

Oh, qué interesante...

...porque en estos momentos ya están libres...

...y sin ningún rasguño.

Gracias. (SUSURRA) De nada.

Muchas gracias.

Gonzalo.

Recuerda que tienes una deuda conmigo.

-¡Ay! ¡Ay, mi amor!

¿Estás bien? -Sí.

-No te vuelvas a acercar a mi hijo nunca más.

-Esto es intolerable, el día de mi onomástica...

...y he tenido que abandonar la ciudad como un proscrito.

-Ha sido por su seguridad, Majestad.

-Quiero las cabezas de esos asesinos...

...si no rodarán las vuestras. -Majestad, ¿está usted bien?

-Lo estoy, pero ¿qué hace usted aquí?

-Vine a avisarle de que su vida corría peligro,...

...pero... -¿Con quién hablaste?

-Su Majestad... -Eh.

-Calla, traidor.

-Bien hecho, marqués, en esta vida hay que tener...

...claro quién es amigo y quién enemigo...

...y actuar en consecuencia.

Por cierto, me gustaría dar las gracias a ese Águila Roja.

¿Tú sabes algo de él, Agustín?

-No, Majestad, no.

-Qué pena.

(ALONSO GRITA)

Es el tercer niño que dejamos morir.

Esto se nos está yendo de las manos.

-Maestro, que esto va a ser cosa del mismísimo diablo.

Le recomiendo que si ven algo nos lo digan.

Se lo digo por su seguridad y por la de sus hijos.

-¿Y mi Murillo? ¿Dónde está mi hijo?

-¿Te vas a casar con el duque, madre?

Tú te vas a casar con su hija.

Yo puedo perdonarte y olvidarlo todo,...

...pero ¿puedes tú hacer lo mismo conmigo?

-Vamos, Isabel,...

...no hagas esperar más a tu futuro marido.

-Primero se va mi madre y ahora te vas tú.

-La corona me envía a Méjico y quiero que Nuño venga conmigo.

-Madre, no quiero ir, no me obligues.

-¡Corre!

Su Majestad me ha citado esta tarde a palacio.

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Águila Roja - T1 - Capítulo 9

23 abr 2009

El barrio se prepara para recibir al Rey en las fiestas de San Felipe y la Logia ve por fin su oportunidad para preparar un atentado. Mientras, el Comisario ofrece una recompensa a quien entregue a Águila Roja.

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