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No recomendado para menores de 12 años Águila Roja - T1 - Capítulo 8 - Ver ahora
Transcripción completa

-Allí en Baviera como son todos tan altos...

...y tan rubios y yo más bien achaparrado...

Claro.

Es porque tenía el atractivo de lo exótico.

Así que las mujeres se me rifaban, Alonsillo.

-¿Y qué hacías en Baviera?

-¿Cómo que yo qué hacía...?

¿Y eso qué más da? Estamos hablando de mujeres, ¿no?

Bueno, el caso es que las teutonas son...

...unas mujeres que tienen unas...

Unas curvas, unos pechos, unas piernas...

(SÁTUR RÍE) A ver.

¡Si es que me emociono, Alonsillo!

Me emociono y claro...

-Una ayuda para comer,...

...una monedita, por el amor de Dios.

-¡Dame todo lo que lleves! -Huy, huy, huy.

Esto tiene muy mala pinta, corre.

(SÁTUR SUSURRA) No, no, no, no.

Alonsito...

-Lo ha matado. -No, hombre, no.

Eso luego se cose, dos días de cama...

...y... tan campante.

Bueno, sí, igual lo ha matado.

Cuando cumplas tu misión recibirás la otra mitad.

Me da igual los métodos que emplees,...

...pero tráeme la cabeza de Águila Roja.

Por aquí.

No tenías por qué contratar a un asesino a sueldo...

...para coger al Águila Roja, estoy a punto de atraparlo.

Hernán, por favor, me ha costado mucho convencer...

...a la logia de que nos serías más útil estando vivo.

Tengo que irme, avisa a tus guardias...

...de que no molesten a ese hombre.

¿Dónde vas ahora?

Asuntos de estado.

-No, aquí no.

De esta te hago gemelos. Qué digo gemelos. Trillizos.

Llaman a la puerta.

-Por Dios, qué oportuno.

A estas horas el rey no creo que sea.

A ver si van a ser ladrones.

(CARRASPEA)

Margarita.

La cena ya está lista.

Gracias.

-Dentro de dos días nos visita el embajador de Francia.

Daremos una gran recepción.

Ah, por cierto, he oído que la reina quiere ponerse...

...el collar de esmeraldas que te regalé para esa fiesta.

Necesito que me lo devuelvas, es vital para mí.

Por supuesto, Majestad.

-Mañana enviaré a un emisario a recogerlo.

-Debería usted haberlo visto.

Hizo zas y lo rebanó por la mitad como si fuera un trozo de manteca.

¿Y se puede saber qué hacías...

...a esas horas con mi hijo por la calle?

-Coger leña y cargarla como usted me dijo.

Y el chiquillo pues... El chiquillo.

Que no se puede partir en dos a una persona.

Usted como Águila Roja debería...

Sátur, no mires para atrás, pero nos están siguiendo.

-Los tenemos todo el día pegados al cogote.

El comisario sigue sospechando de mí.

-Yo hice lo que pude, señor,...

...pero el traje me venía grande, eso es cierto.

Mientras tenga a estos guardias tan cerca estoy atado...

...de pies y manos. -Amo, que yo... llevo...

...unos días cavilando.

¿Y si me hiciera a mí un traje también?

Que esto de ir a cara descubierta tiene sus riesgos...

Anda, tira, ¡tira!

-Anda, come, bonita, ya verás como con esto se te pasa todo.

-Serás animal, ¿cómo se te ocurre poner...

...un plato de cordero a la niña a estas horas?

-Si es que no ha probado bocado desde que llegó.

-Por mí no discutáis, pronto vendrá...

...mi madre a recogerme y ya no os causaré más problemas.

Bueno, pero tienes que desayunar.

¿Quieres un poco de leche?

Vamos. Esto fuera de aquí.

-Es que hay que ver qué madres, por muy bruja que sea,...

...hay que tenerlo muy gordo para abandonar a una hija.

-En la carta solo pone que su vida no es...

...buena para la niña y que con nosotros estará mejor.

Ni dirección ni nada.

-¿Y quién la cuidará mejor que nosotros?

¿Y por qué no habláis con Gonzalo?

Seguro que se le ocurre algo.

-Pues nada, Inés, cariño, que haya suerte.

Nosotras nos vamos que llegamos tarde al palacio.

-Gracias.

-Y ahora dice mi Floro que se va a las Indias.

Que tú me dirás de qué me sirve a mí,...

...si entre que se va y vuelve mi niño ya tiene espolones.

No le hagas caso que no habla en serio.

Cuando se tranquilice entrará en razón.

Salid de la alcoba. -Señora, el baño ya está listo.

¡He dicho fuera!

-¡¡¡Aaah!!!!

Gritos. ¡Contadme!

-Nada sospechoso, señor.

Ahora está en la escuela dando clase a los niños.

Quiero estar informado...

...de cualquier movimiento que haga el maestro.

Lamentos.

¿Lucrecia?

Gritos.

¿A qué debo tal honor?

(SUSURRA) Las esmeraldas que te regalé.

¿Las tienes todavía?

Este no es lugar para una dama. ¡No tengo tiempo para formalismos!

¿Las tienes? Claro.

Es mi forma de saber siempre la gratitud que te debo.

Necesito que me las devuelvas.

¿Por qué? Porque yo te lo pido, Hernán.

¿Así sin más?

¿Para qué? ¿Para dárselas a otro?

¿Es eso, Lucrecia?

Hernán...

Cuanto menos sepas mejor para ti.

Dame esas piedras.

Las llevo siempre cerca de mi corazón.

Si veo a otro hombre con ellas lo mataré.

Gracias, Hernán.

Gracias.

De nada, Lucrecia.

Canto gregoriano.

Susurros.

Susurros.

-¡Por favor, yo no sé quién es Águila Roja! ¡Nadie le conoce!

¡Por Jesucristo, Nuestro Señor!

¡Le estoy diciendo la verdad!

-¡Tanto trabajo pa que coman dos personas!

Bueno, una y media. Porque Nuño tú me dirás...

¡Vaya, cómo estamos, Catalina, que llevas así todo el día!

-Si es que no llego, Margarita, ¡no llego!

A Gonzalo ya le debo tres meses.

Inés me ayuda en lo que puede, pero tampoco quiero abusar.

Y a mi niño... ya no le caben más remiendos en el cuerpo.

Por qué no le dices a la marquesa que te suba el sueldo.

Hombre, llevas muchos años a su servicio.

Además, eres su doncella de confianza.

Seguro que si le explicas por lo que estás pasando, te ayuda.

-Hija mía, cómo se nota que tú no la conoces.

Por intentarlo no pierdes nada.

¡Catalina!

Hay que llevar este collar a mi joyero.

Para que engarce estas dos piedras.

Tiene que estar listo mañana a primera hora sin falta.

Es muy importante, ¿queda claro? -Sí, señora. La mesa ya...

Ve al encargo que te he dicho ahora. Que te acompañe Margarita.

600 reales para pagar al joyero.

Catalina, pon mucho cuidado.

Mañana este collar debe estar arreglado.

-Descuide, señora. Con su permiso. Margarita.

Deprisa.

-¡600 reales por pegarle dos piedras a un collar!

Son esmeraldas. -¡Ni si fueran huevos benditos!

¡Que es tirar el dinero, pa na! Porque pegar eso no es na.

A la marquesa le sobra el dinero. -Sí, y a mí me falta.

¡Es que me enervo con ese despilfarro!

¿Sabes lo que te digo? Ese arreglo lo va a hacer...

...mi Floro, que es un manitas.

Y el dinero nos lo quedamos. Catalina, ¿estás segura?

Sí, estás segura.

¿Pues sabes qué? Que mientras que no se entere...

-No se va a enterar. Y bien sabe Dios que lo hago por necesidad.

¡Que ese dinero hace mucha falta en mi casa!

A ver, ¿alguien conoce el nombre de esas carabelas?

Alonso. -¿Eh?

La Santa María. La Santa María.

-El Pinto y... La Pinta.

-La Pinta y... ¿Y?

¿Y? -¡Una niña!

-¡Una niña, eso! Murillo, no chives.

-Buenas, maestro. Siento la interrupción

¿Tienes un momento? Sí.

-Es Matilde. Que no nos hacemos con ella.

La pobrecilla está como apagada.

Ten paciencia. ¿Sabes lo que iría bien?

Venir a la escuela y relacionarse con niños de su edad.

Matilde. Ven aquí.

¿Te gustaría quedarte en la escuela?

-Venga, hija, ya verás qué bien te lo pasas con estos mozos.

-Mira, aquí hay un sitio.

Matilde, sí. Por hoy... de momento siéntate aquí,...

...al lado de Alonso.

-¡Pan recién hecho!

-Esa es la barbería de Floro.

Pero yo, que tú, no entraría ahí, a ver si sales con un diente menos.

Y ahí al fondo está la lechería.

-Ya conozco el barrio, yo vivía aquí.

-Ah, sí, es verdad, que tu madre y tú...

Ya, si a mí me pasa igual.

¿Sabes qué hago? Por las noches, antes de irme a la cama,...

...hablo con ella. Así es como si todavía estuviera conmigo.

Toma. -Gracias.

-Hola, Matilde. ¿Qué haces?

-Mira lo que me ha regalado Alonso.

-Una margarita. Es una flor de lo más común.

El campo está lleno de ellas. -Nadie te ha pedido la opinión.

-En los jardines de mi palacio crecen flores exóticas.

¡Es algo increíble! Si quieres, podemos ir a verlas ahora.

-Yo me quedo aquí, que tengo cosas importantes que hacer.

¡Qué guapa estás! Es precioso, eh.

-Hija, es que lo bueno se nota.

Y mira qué aguas hace. Si no puedes mirar de cerca, te queda cegata.

¡Siempre quejándote de tu Floro y está nuevo!

-La verdad es que sí, es despistao pero tiene buenas manos.

A ver. Cata.

-¡Chis, estate quieta, no te muevas!

Ahí, ahí, ahí, ¡espera!

Catalina. -¿A ver?

¡Por Dios, pareces una sultana, hija!

Quítame esto que como lo vea... -¡Se muere de la envidia!

Toma. ¡Uh!

-¡Sagrado sacramento...!

¡Que se me ha helado la sangre!

Mira lo que te digo yo, se lo devuelvo ya.

No vaya a pasar cualquier desgracia.

Espera, ¿no le va a parecer raro que esté arreglado tan pronto?

Teníamos que haberlo llevado al joyero.

Y eso lleva su tiempo. -Tienes toda la razón.

La marquesa será lo que sea, pero no es tonta.

Como se figure que me he quedao con el dinero, me despide.

¿Catalina? Catalina, ¿dónde estás? -¿Qué hacemos con esto?

¡En el costurero, ven!

Catalina. -Señora...

¿Hiciste el encargo que te pedí? -Sí, señora.

El joyero me ha dicho que lo tendría mañana sin falta.

¿Qué os pasa?

Nada.

Perfecto. Acompañadme las dos.

Ah y daos prisa con el vestido, pasado mañana hay recepción.

-Sí, señora. -Madre, me gustaría ir contigo.

¿Puedo? ¡Por favor!

Estás creciendo mucho, Nuño. Serás mi acompañante.

Te conviene conocer a las personas que acudan a esa fiesta. Vamos.

-Perdón.

¡Así me gusta, que estudies! Que el saber no ocupa lugar.

Y si no, mírame a mí. Ocupo bien poco y mira todo lo que sé.

¿Qué haces? -Leo sobre la reina de Francia.

-¿La reina de Francia?

¿La reina de Francia? ¡La reina de las camelias!

Matilde, la niña del Cipriano.

¡Que estás coladito por ella!, ¿eh, pollo?

¡Que no me engañas! Venga.

Cuéntaselo todo al tito Sátur. Matilde...

-Vale. Nada, que me gusta mucho pero no sé qué hacer.

-¿No sabes qué hacer? -No.

-Pues no hay problema, aquí está el doctor amor. Mírame.

Don Juan de Castilla.

¿Tú qué sabes de las mujeres?

-Nada.

-¿Nada?

¿Tu padre no te ha explicado nada de nada?

O sea que, ¿tú de lecho y retozar...? Claro, tú no has...

Bueno, pues vamos a empezar por lo básico, Alonso.

A las mujeres hay que darles cariño. Cariño corporal.

¿Me sigues? -Sí, creo que sí.

-Bien. Primero empiezas con los besos.

-¡No, besos no! Lo siento, pero a mí me dan mucho asco.

-¡Uf, anda que no tengo trabajo yo contigo!

Pero vamos a ver, ¿por qué crees que Dios nos ha dado dos manos?

¡Porque las mujeres tienen dos pechos! Está todo pensado.

Aquí hay una regla universal:

cuanto más grandes, mucho mejor. Esto es así.

Y a la hora de los tocamientos...

Alonso. Ve a tu habitación a hacer los deberes, anda.

-Vale.

¿Se puede saber de qué estabais hablando?

-Nada, el crío,...

...que no para de preguntar sobre las artes amatorias y...

Ya, Sátur. Si no te importa, eso prefiero explicárselo yo.

Y a mi manera. -Hombre, claro.

Yo lo decía porque el crío...

Grito.

-¡Salid corriendo! ¡Están matando a mujeres y niños!

Murmullos y gritos.

-Amo, sé lo que está pensando pero no...

-¡Rápido, escondeos!

-El otro brazalete.

Gracias. ¡Ah!

¡Joder con el fraile!

Ya podía hacer entradas más normalitas.

¡Que me pega unos sustos que...!

-Por una vez, tu criado tiene razón.

Te ha estado buscando. Es un asesino a sueldo.

-Rebana cuerpos como si fueran peras, así, ¡zas!

-Piensa un poco.

¡Mientras pienso, gente inocente está muriendo!

-Nos precipitamos entrando en el escondite de la logia.

¡Perdimos todas las pistas sobre los asesinos de tu mujer!

¡Te estás equivocando de nuevo!

Estoy harto de hacerlo a tu manera.

-Te estás olvidando de todo lo que te enseñé.

Una cosa es ser un hombre valiente y otra ser un temerario.

¿Qué pretendes que haga?

¿Que me esconda mientras ese malnacido asesina?

No, esta vez no.

-¡No! ¡No...!

¡No, piedad...!

Gritos. ¡Suéltala!

¡Alto!

-¡Por los clavos de Cristo, señor!

Podía haber sido peor.

Suerte que no lo ha partido en dos. Siéntese. ¡Cuidado!

¿Puedes coserla? -¿Eh?

Esto tiene muy mala pinta, señor.

¡Sátur!

¡Cósela, cósela! -Sí.

¿Y tu padre, dónde está?

El señor comisario.

¿Podemos ayudarle el algo?

-Está usted...

...transpirando mucho.

Igual le apetece un...

...un vinito peleón.

Alonso, hijo, ve a por agua al pozo.

-Padre, es que... Obedece.

Señor comisario, ¿se quedará a cenar con nosotros?

Águila Roja acaba de montar uno de sus números en plena calle.

Pues me temo que nos lo hemos perdido.

Nosotros somos de cenar temprano.

Tenemos unos hábitos un tanto castrenses.

Creo que esta vez no se ha salido con la suya.

¡¿Está usted loco?!

Si no quiere nada más, salga de mi casa.

-¿Le acompaño, señor comisario?

Ah...

-Amo.

-Tiene una carita la pobre niña que se te cae el alma a los pies.

Coño, Floro, ¿me estás escuchando?

-Pues no, Cipri, no te estoy escuchando.

Es que no me quito de la cabeza lo de la India.

La barbería va fatal y estoy de deudas hasta arriba.

-Yo sólo te digo que no te precipites.

Piénsatelo, ¿vale?

Descansa.

-Ah...

-Huy. Tengo los nervios de punta.

No veo la hora de devolverle a la marquesa su collar.

Mujer, tranquila, ya se lo daremos mañana.

Malditos rosales.

Mañana a primera hora quiero hablar con el jardinero.

-¿Puedo ayudarla en algo, señora?

Sólo es una espina. No pasa nada.

Necesito una aguja. No se preocupe.

Ya se la damos nosotras.

¿Insinúas que no soy capaz de encontrar una aguja yo sola?

La aguja. Oh.

-Es imposible que no lo haya visto. A ver.

Ay, Margarita, que no está.

No puede ser, si lo dejamos aquí. -No lo entiendo. ¿Qué hacemos?

Sorprendente.

He estado observándote.

Luchas bien.

Quizá deberíamos colaborar para cazar al Águila Roja.

-Siempre trabajo sola. Espero que no te equivoques.

-Padre, padre. Levanta que llegamos tarde.

Oh... Alonso, hijo, ¿por qué no te vas vistiendo tú?

Enseguida voy.

-Pero si siempre eres el primero. Ya...

Pero será que no he pasado buenas noche, hijo.

-Bueno, pues... Si tú te quedas aquí acostado,...

...yo también. A ver. Podemos decir que estamos pochos.

Así no vamos a la escuela.

Ah... -¿Te pasa algo?

No.... Ah... Te echo una carrera.

A ver quién se viste antes. ¿A que te gano?

-¿A que no?

El último que llegue, cambia la paja del establo.

¿Preparados, listo...?

¡Ya!

Ay...

(JADEA)

-Srta. Margarita, ¿le pasa a usted algo?

¿A mí?

Nada. ¿Por?

-No, como veo que le echa sal a la leche.

Es que estoy un poco dormida.

-A ver.

Y que usted lo diga. Tiene cara de no haber pegado ojo.

Es que estoy un poco cansada, Sátur, nada más.

-Ah, ya. Claro. Es que está usted con...

Con el tema ese de las mujeres.

¿Qué mujeres? -Sí, mujer. Pues...

Con lo del mes.

¿Qué mes, Sátur? -El tema este...

¿No?

Ah... Sí, sí. Estoy con lo del mes.

Y ya sabes que te cambia el humor. -Lo sabré.

Mire, coma un poco de migas que le van a sentar de miedo.

Venga.

Se abre una puerta.

-Padre, he ganado. Cambias tú la paja.

Me has ganado.

Sátur... -¿Eh?

Ven un momentito.

-Sí.

Toma. Lava esto y que nadie te vea.

-¿Que se ha meado? Ah...

-No, hombre, es broma, para distender un poco el momento.

Buenos días.

Tienes mala cara. No...

¿Estás bien? Sí, sí, sí.

Yo es que hasta que no como unas buenas migas, no soy persona.

-Pues dicho y hecho. Aquí tiene.

Migas Saturno, las que quiere todo el mundo, ¿eh?

Esto levanta a un muerto.

-¡Cipri!

Catalina,...

...que me siento muy culpable, que lo siento mucho.

-¡Cipri!

Maldita la hora en que metí el collar en el costurero.

-No, si la culpa la tengo yo.

¿Quién me manda trapichear con el collar de la marquesa?

Pánico me da llegar al palacio, pánico.

Encima toda la noche esperando a mi Floro que se fue con el Cipri.

-Señoras, ¿qué les pongo? -Dime dónde está mi marido.

¿Dónde está durmiendo la mona? Que tiene que abrir la barbería.

-Floro se fue a su casa, la tuya y yo a la mía.

-¿A mi casa? Cipri, no me calientes.

Sé que entre los amigos os tapáis, pero dime la verdad.

-¿Seguro que no fue a casa? -Hombre, segura, segura.

En El Escorial no vivo, digo yo que me lo hubiera tropezado.

-Rediós.

-¿Rediós qué, Cipri? No me asustes.

-Catalina...

Se ha ido a las Indias. -¿A las Indias?

Cipri, que no estoy para bromas. -Me lo dijo ayer bien claro.

Él no veía otra salida a lo vuestro.

Lo siento, yo no pensé que...

Seguro que si no se ha despedido ha sido para no haceros más daño.

Claro que sí.

Seguro que hay una explicación o te ha dejado una nota.

-¿Qué nota...? -Estará bien. Tranquila.

(CATALINA SOLLOZA)

(FLORO INTENTA GRITAR)

-Matilde.

Toma, lo he hecho para ti.

-Gracias, Alonso. Es muy bonito.

-Qué casualidad. Yo también traje un pequeño obsequio para ti...

...a modo de bienvenida.

-¿Para mí?

No puedo aceptarlo. -Por favor, quédatelo.

-Cuántos regalos. Sois muy buenos conmigo.

-Te lo mereces, pero sinceramente no creo que tengan comparación.

-Mira, cállate, ¿vale?

Yo al menos lo he hecho con mis propias manos.

-Son los dos muy bonitos. Gracias.

-Amo, dicen que esta noche en el bosque...

...se han oído alaridos.

Pa mí que está pasando algo...

...y que el guerrero ese está metido en el ajo.

(SUSPIRA)

-El collar desaparecido y mi Floro en las Indias...

Es que ni se ha despedido, Margarita, ni siquiera de su hijo.

No puedo más... no puedo más,...

...todas las desgracias me vienen juntas.

Vamos, mujer... ya verás...

...que cuando llegues a casa te está Floro esperando.

¿Eh...? -Que no, Margarita,...

...que mi marido es muy cabezón.

Se le puso entre ceja y ceja irse...

Y hasta que no se ha ido, no ha parado.

Ese asesino a sueldo tampoco os ha traído...

...la cabeza del Águila Roja, habéis tirado el dinero.

Dijisteis que le hirió...

Es más de lo que conseguiste en meses.

Dejémosle trabajar.

Y, ahora... si me permites.

Tengo que acabar de probarme el vestido para la recepción.

Necesitarás que alguien te acompañe.

Ya voy acompañada...

Mi hijo Nuño velará por mí...

(SUSURRANDO) No te preocupes.

Margarita, acábame las mangas.

Catalina, ¿fuiste a por el collar? ¡Ay! Margarita, ten cuidado.

Lo siento, señora.

Y bien...

-Sí, señora, sí, fui.

Tráelo, quiero ver cómo ha quedado.

¡Ay! ¡¿Margarita, se puede saber qué te pasa?!

Os noto raras...

A ver... qué ocurre aquí.

-Señora...

El collar...

Que nosotras... Fuimos al joyero...

...pero no lo tenía preparado así que...

Decid al joyero que si no lo acaba ya...

Yo misma le cortaré las manos.

¿Está claro?

Y quítame este vestido ya, ¡quítamelo!

-Oye, con el hambre que hay... ¡Trae esto p'acá, hombre!

Esto lo cenamos esta noche, venga, buscad una piedra para jugar.

¿Y a ti qué te pasa?

Menuda cara que tienes. -Nada...

Que Nuño le ha regalado un collar a Matilde.

-¿Un collar?

Pero, espera, ¿un collar de esos que se hacen con hojitas?

O un collar de los que brillan.

-De los que brillan y encima era de diamantes.

-Cagüen la leche con el marquesito.

-Oye, Sátur, ¿tú crees que Matilde se va a hacer novia de él?

-Nos ha jodío... Alonsillo, si existe una regla...

...universal con las mujeres es que ellas siempre,...

...pero siempre, los prefieren ricos.

-¿Y Sátur es verdad eso...

...de que si pienso mucho en ella me quedo ciego?

Me ha dicho Murillo que se lo ha dicho su hermano.

-Eh...

Es que yo no puedo decirte nada, no soy quién para explicarte...

...estas cosas, ¿por qué no se lo preguntas a tu padre?

-O sea que es verdad, ¿no?

¿Y... cuántas veces puedes...?

Sí, es que Murillo dice que si le tocas más de 10 veces...

...los pechos a la chica que te gusta, te mueres.

-Alonso, hijo mío,...

...a partir de ahora con Murillo jugar y poco más.

Déjame explicarte...

A las mujeres...

Cuanto más... tocamiento carnal haya pues...

Alonso, hijo, ve a jugar con tus amigos, anda.

-Si quiere no le cuento nada, pero el crío...

Tiene una curiosidad que...

¿Está usted bien, amo?

¿Esto qué es?

-Pasad.

Catalina, ¿y si se lo explicamos todo?

-¿Y qué le decimos?

¿Que por sisarle 600 reales le hemos perdido el collar?

No, Margarita, no hay solución...

Es que no lo entiendo, el costurero solo lo toco yo.

-Señor... ¿no habrá visto usted un collar que estaba en ese costurero?

Es muy importante que ese collar aparezca.

Así que si lo ha visto, díganoslo. -No he visto nada.

-¿Está seguro... de que no lo ha cogido usted?

-Todo lo que hay aquí me pertenece,...

...no tengo que dar explicaciones...

...y menos a una criada. -Mira, niño...

¡Catalina... tranquilízate!

¿Ocurre algo? -Sí, señora,...

...su collar, lo habíamos dejado en ese costurero y...

El señor marqués lo ha cogido.

¿Es cierto, Nuño? -No tengo por qué contestar...

...a las preguntas de unas plebeyas.

No te habla una plebeya, si no tu madre, contesta.

¿Has cogido el collar?

-¿Y qué más da si todo lo que hay en el palacio es mío?

Si has cogido ese collar te ordeno que me lo devuelvas.

-No puedo. Vamos a ver, no tengo tiempo...

...para eso. Ese collar es muy importante, lo necesito.

-De verdad que no puedo. ¿Cómo que no puedes?

-Lo he perdido.

¿Cómo que lo has perdido? ¿Pero tú eres tonto?

¿Cómo se te ocurre guardar una joya así en un costurero?

Si no fueras tú te mandaría azotar.

No te quiero volver a ver por aquí...

Mírame, Catalina.

Estás despedida. (LLORA DESESPERADA)

Llaman a la puerta. -¿Sí?

Alonso, hijo.

¿Cómo va eso? ¿Todo bien?

-Bien... sí.

Verás, hijo, yo quería hablar contigo de...

-¿He hecho algo malo?

No, no, hombre, no. No vengo a regañarte.

Vengo... vengo a hablar de ti y de tus cosas.

Alonso, si alguna vez estás mal o hay alguna cosa...

...de la que quieres que hablemos.

De cualquier curiosidad, de chicas, de lo que sea...

Sabes que puedes contar conmigo.

Sé que a mí esto no se me da muy bien, pero...

Ahora estamos tú y yo solos.

Quizá no sea la persona que mejor sabe escuchar, pero...

Pero que yo estoy aquí. -Ya...

Bien...

Buenas noches.

Está claro que mi hijo no confía en mí...

...para contarme sus cosas.

-No se fustigue, señor, cosas de chiquillos.

Si puedo ayudarle en algo...

Sí, Sátur, prepáralo todo, tengo que irme.

-¿Cómo, cómo, cómo? ¿Va a ir?

Señor, cálmese y reflexione un poco:

esa cita es una invitación al suicidio.

Sátur... tengo que ir.

-Pues muy bien, vamos a ir... y le vamos a dar su merecido.

Yo, cuando me cabreo, tengo muy mala leche.

No, Sátur, esta vez no.

Tú te quedas aquí, voy a ir yo solo.

Se cierra la puerta. -Muy bien...

Yo me quedo aquí.

-Su Majestad me ha enviado a recoger lo que le pidió.

El collar todavía no está listo.

El joyero lo está puliendo. -El rey espera...

...tenerlo esta misma noche, supongo que sabe...

...que eso lo va a contrariar. El rey tendrá su collar a tiempo.

-No olvide usted que es de suma importancia.

(LLORA CON ANGUSTIA)

(GRITA IRACUNDA)

¡Lucrecia...!

Estás viendo a una muerta. ¿Qué ha pasado?

Nada...

No puedes hacer nada.

(RELINCHOS Y SOPLIDOS DEL CABALLO)

¡Sátur!

¿No te dije que no vinieras? -¿De verdad creía...

...que lo iba a dejar solo, amo?

Además, digo yo que cuatro ojos siempre ven más que dos.

Pero yo tengo una vista de lince... ¡Ah!

¡Ah!

(AMBOS GRITAN)

¡¿Quién eres?! ¡Dímelo o te corto el cuello!

¡Ah!

-Gonzalo.

(HABLA EN CHINO)

-Virgen, te pido por mi madre...

...porque esté bien y que venga pronto a buscarme.

Dile que la echo mucho menos.

Te dejo aquí en ofrenda, por si ayuda,...

...es lo único que tengo.

Amén.

También te pido por la madre de Alonso,...

...que como sé que está contigo,...

...para que la cuides mucho.

¡Aaah!

Ah... Estoy bien.

-Lo que se dice bien...

Esta usted peor que la Armada Invencible, señor.

Venga, arriba, arriba, señor. (DOLORIDO) Ah...

Ah...

¿Cómo estás tú?

-¿Eh? Ah, por lo del golpe en la cabeza.

No se preocupe, yo soy muy cabezón.

Con decirle que mi madre estuvo tres días para sacarme.

Sátur, oye, ve a casa y diles... -Sí.

Invéntate cualquier cosa, pero trae algo para curarme.

-Sí. Y tú tranquilo.

¡Ah!

-Voy a dejarle ahí, amo, voy a dejarle allí descansando.

Tiéndase aquí, señor, despacio. Aaaah.

-Despacio, así.

¡Ah, ah! -Voy a...

Voy a taparle. Ah.

-Me cosa de dejarle aquí desangrándose, señor.

Sátur, no es una sugerencia.

¡Es una orden! -Sí.

¡Corre!

-Enseguida vuelvo, amo. Corre.

¡Aaah! Ay...

-¿Oiga?

Chis, ni se le ocurra.

-Tranquilo, tranquilo, perdón, perdón.

Esto le va a doler, tranquilo.

(GRITA DE DOLOR) ¡Aaah!

¡Buenos días, Sátur! Abajo.

-¿Y mi padre? -¿Eh?

Sí. ¿Dónde está?

-¿Quién su... su cuñado de usted y el padre de él,...

...el amo de mi...?

Sí. -O sea, quiero decir,...

...el señor Gonzalo.

Pues nada, se ha tenido que ir muy temprano porque...

Porque tenía muchas cosas que hacer...

...y no me tiren de la lengua...

...porque son cosas de hombres que...

Que no voy a explicar.

¡Buenos días!

Los tuyos, ¿no?

Cansado por lo que parece. -Cosas de mujeres,...

...ya le he dicho, no vamos a entrar en detalles.

Alonso, hijo, ve para la escuela que enseguida voy.

-Pero, padre, es que los alumnos no pueden llegar...

...antes que el maestro.

Hoy sí.

Yo también me voy, que voy a llegar tarde a palacio.

Vamos.

Oh...

-Amo...

Definitivamente es usted mi ídolo.

Oh...

Buenos días, señora marquesa.

He terminado los arreglos de su vestido.

Muy bien.

Déjalo sobre la cama.

¿Está bien?

Sí.

Puedes marcharte.

Gracias.

Supongo que...

Que le tendría mucho aprecio a ese collar.

Pero no tiene ningún sentido que esté tan disgustada,...

...al fin y al cabo sólo era una joya.

Y... Catalina...

Catalina lleva mucho tiempo trabajando para usted.

No entiendes nada.

Ese collar era de la reina.

Esta misma noche tendría que llevarlo...

...en una recepción en el palacio real.

-¡Hazte cargo de esta escoria!

-Aquí tienes el dinero que me disteis.

No puedo hacer el trabajo.

Supongo que habrá alguna razón para ese cambio de opinión.

¿Es que quieres más dinero?

-He dicho que no voy a matarle.

¿Se puede saber por qué un asesino decide no matar?

-Un placer, comisario.

¡Guardias!

¡Seguidla!

-Es que no lo entiendo.

¿Por qué padre se ha ido a las Indias?

-Pues, hijo, Murillo, para traerse dinero,...

...lo ha hecho por nosotros, cariño, estate quieto.

-¿Por qué se ha ido sin despedirse?

Yo quería irme con él.

-Por eso mismo, cariño, para que no te pusieras más triste.

Pero no te preocupes que enseguida está..

...aquí de vuelta, te lo prometo.

Hala, corre a por el zurrón.

Catalina... -Gonzalo.

Estoy muy preocupada por Floro, Gonzalo.

Le ha tenido que pasar algo, él no se va así sin despedirse.

Catalina, Floro está en las Indias.

A mí también me lo dijo.

-Y a todo el mundo menos a mí.

Hay que tener valor para hacer lo que ha hecho Floro.

-¿Y si no vuelve?

Volverá, ya verás como volverá.

Truenos.

Lee en voz alta.

-Matilde, necesito que me devuelvas el collar que te regalé ayer.

-No, es que no te lo puedo devolver.

-Pero ¿por qué no? -Pues porque ya no lo tengo.

Se lo di a la Virgen como ofrenda para pedir por nuestras madres.

Por la mía y por la de Alonso.

-¿De verdad has pedido por mi madre?

-Para que la cuidara.

-Gracias.

(MURILLO LEE) De la Tierra en 1522.

Muy bien, Murillo, tu padre estaría orgulloso de ti.

Campanadas. -Hora del recreo.

Eh. -Chis, Alonso, Alonso.

Maestro. Mira lo que te he conseguido...

...para que invites a tu amiguita.

-¿Qué es? -¿Qué es?

Chocolate. -¡¿Qué?!

¡Oh! -Pero chocolate... del bueno.

-¡Anda! -¡Huele, huele, huele!

(RÍE) ¡Huele!

-¿Sabías qué? -¿Qué?

-Matilde ha dejado el collar que le regaló Nuño...

...en el cepillo de la Virgen para pedir por mi mamá.

-¿No? -Eso es que algo le gusto.

-¿No le vas a gustar, Alonsillo? Con esta cara que tienes...

...y esta sabiduría que Dios me ha dado...

...cautivaríamos a la mismísima reina.

Eah, de muerte.

¡Le va a encantar!

-¿Es usted el señor Gonzalo? Sí, soy yo.

-Una mujer china me ha dicho que le espera...

...en el bosque a las cinco, que vaya.

-¿Conque el collar era de la reina?

Sí. Y esta noche tenía que llevarlo...

...a una recepción al palacio real.

-Dios mío, la que le he montado a mi señora...

La que le he montado por 600 míseros reales.

-¿Y a santo de qué la marquesa tenía un collar de la reina?

-Pues me creo yo que... Pues asuntos de estado.

-Asuntos de estado. -Señoras.

Buenas.

-Ponme un... un vinito, anda.

¿Y esa cara, doña Catalina? -¿Qué?

Echando de menos a su Floro, claro.

Su santo por ahí recorriendo medio mundo para ganar...

...cuatro ducados y el chiquillo de la marquesa...

...venga a regalar collares como si fueran peladillas.

Ahora que con Matilde no tiene nada qué hacer.

¿Qué has dicho? -Menudo es mi Alonso.

Ya la tiene encandilada. -¡No! ¿Que qué es...

...eso de que el crío de la marquesa anda regalando...

...collares? -Eso digo yo.

-¿A quién se lo ha regalado? -A Matilde.

Y la muy beata va...

...y lo echa al cepillo de la iglesia.

Como se entere su madre, la bruja. -¡Tira, tira p'alante, hombre!

-¿Todas las mujeres de por aquí son tan hermosas como ella?

-No. Esa es mi esposa.

-Enhorabuena.

¿No sabrá por casualidad alguien que quiera alquilar un local?

-¿Para qué? -Bueno, soy médico.

-¿Médico, eh?

-Por ejemplo, padre, el milagro de los panes y los peces.

Que yo, como ama de casa, comprendo que donde comen dos comen tres.

Que con dos tristes pescados dieran de comer...

¡Pues nos cuesta creerlo!

-Cuesta. -Por si fuera poco...

Murmullo en el altar.

-Vamos a vaciar el cepillo y os explico el milagro.

-¡Qué diablos, yo... yo también soy pobre!

-No nos casa, padre, no nos casa.

Porque una estrella que se ve desde Oriente. Esos camellos...

¿Eso qué es? -Sólo es cuestión de tener fe.

Hay que tener mucha... -¡Ahí, usted lo ha dicho!

La fe, la fe. Muchas gracias, padre.

Al menos esta vez no has tenido que matar para darme un mensaje.

-Dejo la ciudad. Me marcho, Gonzalo.

Eso no devolverá la vida a los inocentes que has matado.

-Los muertos jamás resucitan. Irme es lo único que puedo hacer.

No, no es lo único. Entrégate.

-Gonzalo, sabes que no voy a hacer eso.

Siempre quise hacerlo.

Sung-Yi.

No puedo dejarte marchar.

¡Es una cuestión de justicia!

-Os enfrentaréis a la muerte.

Pero que sea sólo para imponer justicia.

Y nunca olvidéis el valor de la vida humana:

la propia y la ajena.

Si te viera el maestro, se avergonzaría de verte.

-Tú no sabes por lo que he pasado.

Yo también he sufrido mucho.

¡Vaya, vaya!

¿A quién mato primero?

Dejadme que lo piense y disfrute de este momento.

Decidido.

Por los viejos tiempos, Águila Roja.

Relincho.

(RECUERDA LAS PALABRAS DEL MAESTRO)

-Nunca olvidéis el valor de la vida humana: la propia y la ajena.

-Por favor, dejadme pasar. Soy sirviente de la marquesa.

Tengo que darle esto al Rey.

¡Por favor, tenéis que dejarme pasar!

-¿Algún problema? -Esta mujer, intenta ver al Rey.

-Señor, por favor, es muy importante que vea al Rey.

Tengo que darle esto, de parte de la marquesa de Santillana.

-Perdone que le interrumpa, Majestad.

Pero creo que es importante.

-Adelante. Acércate.

(EMOCIONADA) -Su Majestad,...

...de parte de la marquesa de Santillana.

Lleváoslo todo, no tengo hambre.

-Madre, he buscado el collar. Pero no lo he encontrado.

Perdóname.

Da igual, hijo. Ya es demasiado tarde.

Puede retirarse.

(LEE) Gracias por enviar el collar con tu doncella.

Acércate.

No sé cómo lo has hecho ni quiero saberlo.

-Se lo he pedido a la Virgen.

Catalina.

Prepara mi vestido.

Voy a una recepción al palacio real.

¡Dame la mano, hijo!

¡Ay, pequeño, pequeño!

¿No es un poco tarde para que un niño de tu edad...

...aún esté levantado? -Es que no puedo dormir.

Si no me falla mi intuición, ¿diría que se trata de una chica?

Una chica. Bien.

¿La conozco?

-Si lo sabes todo, también sabrás quién es ella.

Alonso. Hay cosas que tiene que contarlas uno mismo...

...para que el otro le pueda ayudar.

-Está bien. Se llama Matilde.

Es la chica más guapa que he visto nunca.

Parece que me va a pasar esto que le pasa a los mayores, que...

Que me he enamorado. (RÍE)

-Cada vez que la veo, empiezo a sudar como si estuviera corriendo.

Y no paro de pensar en ella. Sólo quiero estar con ella.

¿Y por qué no se lo cuentas eso a tu padre?

Seguro que le encantaría.

¿Qué pasa?

¿No confías en él?

-No es eso, es que...

Todo esto de las emociones yo lo hablaba con mi madre.

-¡Pobre criatura!

No, no, ¡pobres los dos!

Si es que son calcaos.

Saturno, Saturno...

Vamos a aprovechar la propinilla de la Virgen...

...pa hacer felices a las mujeres de esta villa.

Agustín.

Tenías razón.

Nos precipitamos y perdimos la oportunidad de descubrir...

...a los asesinos de mi mujer.

Quizá para siempre.

-Encontrarás mil caminos que se alejan de tu fin.

Pero hay uno que lleva a él. Sólo hay que saber dónde buscar.

Ojalá alguien pudiera ayudarnos.

El Rey morirá mañana.

(LEE) -Se busca al Águila Roja.

(CIPRIANO) Ese médico es un bicho raro.

-¡Sátur, te mato! ¿Me oyes?, ¡Te mato!

¡Te mato!

Tendremos al Rey a tiro antes de que entre en la iglesia.

¿Que van a matar al Rey?

Es un caballero. (CATALINA) ¡Pero caballero!

Debéis saber que en esta casa,...

...así como la confianza se premia la traición se paga.

Entre Gonzalo y yo no hay nada. -Gonzalo y tú seguís enamorados.

¿Qué soy yo para ti, Lucrecia?

-¿Quieres que me acueste con tu costurera?

-¡Necesito ver al Rey ya!

(GRITANDO) -¡Gabi! -¡No!

-¡Sátur, el destino de las Españas está en tus manos!

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Águila Roja - T1 - Capítulo 8

16 abr 2009

La Marquesa ante la incompetencia del Comisario para deshacerse de Águila Roja decide contratar a un misterioso guerrero oriental para matarlo. Éste, siembra el terror en la ciudad para atraer al héroe.

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  1. Gabriela de la Luz

    Hola excelente serie, únicamente que nos faltan capítulos 110 y 111, espero los pongan pronto, saludos

    09 ago 2016
  2. Gabriela de la Luz

    hola, nos faltan los capítulos 110 y 111, no los van a poner??

    09 ago 2016
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