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No recomendado para menores de 12 años Águila Roja - T1 - Capítulo 6 - Ver ahora
Transcripción completa

Es la única pista que tenemos sobre el asesinato de mi mujer.

-He localizado la puerta que la abre.

Es sangre.

(SÁTUR TOSE)

El cáliz está hecho con el cráneo de un bebé.

-¡Rediós! Pero ¿quiénes son?

-Una sociedad secreta.

Sus miembros secuestraban y mataban a recién nacidos...

...para beberse su sangre.

Dicen que sacaban a los niños del hospicio de Santa Catalina.

Nunca... nunca te fíes de tu adversario,...

...pero sobre todo no tengas piedad de él.

-Venga, Alonsillo, lucha como tú sabes, ¿eh?

-Mi padre es un cobarde y puede que yo también lo sea.

-Nunca digas eso, no te mereces el progenitor que te ha tocado.

Acaba con ellos.

Gonzalo, eres su padre.

La educación de mi hijo es asunto mío.

Tía Margarita fue el error más grande que cometí en esta vida.

Tarde o temprano lo encontraré.

-Tu padre se casó con tu madre sin quererla,...

...él prefería a tu tía.

Mi hijo es más listo, no haría las miles...

...de estupideces que hice yo cuando estaba enamorado de ti.

-¿Así que es verdad? ¿Querías a tía Margarita?

¡Tú no querías a mamá!

¿Está todo bien... en casa?

Conque me miraras una sola vez como le miras a él...

...sería suficiente.

No es de tu incumbencia.

¿Se puede saber por qué me odias tanto?

¿Tengo que recordártelo? Sé que sigues culpándome...

...de la muerte de aquel hombre, que sigues pensando...

...que te traicioné con él.

Entonces no me escuchaste, hazlo ahora,...

...por favor.

¡No, Gonzalo, no voy a dejar que te maten!

Eres solo el capricho de una noble.

¿Me pregunto cuándo se cansará de ti?

-Habéis descubierto el altar, así que no volverán.

Debes empezar por el hospicio.

Los fantasmas no existen, son supersticiones para ignorantes.

-Y una leche... ¡Aaah! Ahí tienes a tu fantasma.

Es sólo un hombre con una túnica roja.

¿Vamos? -¿Dónde?

Si no lo haces por mí, hazlo por Alonso.

-¡Hijo, hijo mío!

Ese oro es fundamental para nuestra cruzada contra el rey.

¡Cogedle!

-¡Que se come el anillo, señor!

¿Por qué matasteis a la mujer del maestro?

Aullidos.

-Amo, ya sabe que os obedezco fielmente,...

...pero esto no me parece...

...ni católico, ni apostólico, ni romano.

¿No hay otra manera de conseguir el anillo de Alarcón?

Es la quinta vez que me lo preguntas.

Y la respuesta sigue siendo la misma.

-No es que pretenda insistir, pero insisto.

¿Y si lo dejamos que esto nos puede costar...

...el Infierno? Calla y cava.

-Callo y cavo. ¡Cavo y callo!

Eso sí, vos no arriméis el hombro, no vaya a ser que os ensuciéis.

Golpe seco. Ay, que creo que hemos llegado.

Que el Señor nos perdone.

La antorcha, Sátur.

-¿Qué quiere decir eso, amo?

¿Cómo ha salido ese hombre de su tumba?

No ha salido, Sátur, lo han sacado.

Alguien se nos ha adelantado.

Ululatos.

(SÁTUR SUSURRA) ¿Quiénes? Los mismos que mataron a mi mujer.

Vamos, Sátur.

Campanadas.

Ululatos.

-¿Y yo a dormir?

¿Cuándo duermo?

Aullidos. ¿Águila?

Aullidos. ¡Águila!

Canto del gallo. -Oh, qué frío.

¿Dónde estará mi hijo ahora?

Ladridos. Ay, Virgencita, protégemelo.

No me acostumbro a estos madrugones para ir al mercado.

...los chorizos a mitad de precio.

Los lechales a más del triple los vi yo ayer en los puestos.

-No, si hay mucho ladrón suelto, hija.

Y eso en los puestos de aquí, si te vas más para el centro.

-Eh, tú, dame unas monedas. -Qué monedas ni monedas, tira.

Qué fácil es pedir, a la mina os llevaba...

...a todos a picar. -Que me des unas monedas, coño.

-Joder, voy a ver si llevo algo. -Mira, mira.

-Espera...

Mira, sí. -Tú.

-Esto es lo que llevo. -¿Esto es todo lo que tienes?

¡Venga, hombre, a ver!

Mucho cuidado, ¿eh?

-Cuidado, Cipriano. -Joder.

-Coge esto, esto es bueno.

Esto lo vendes y te haces de oro. -Trae.

¡Uf, vaya tela! ¡Nada, adiós, majete!

-Bueno, por lo menos hemos podido salvar la bolsa.

Siempre llevo de pega alguna moneda para casos como este.

Hombre previsor vale por dos.

-¿Y mi camafeo? Era un recuerdo de mi bisabuela.

Ese camafeo había pasado de generación en generación.

¡Buenos días! Buenos días.

-Buen día, amo.

¿Ha dormido bien? Como un niño.

¿Por qué? -No. Porque yo tengo los riñones...

...al jerez como si, en vez de haber pasado la noche...

...en la cama, la hubiera pasado cavando en el cementerio.

-Pues por como huele lo parece.

Alonso. Alonso.

Eso no se dice.

-No si tú pa perro bien por el olfato, pero como persona...

-Pues el Águila Roja tiene muy buen olfato...

...y una vista mágica, puede olerlo y verlo todo a la vez.

Yo quiero aprender a hacerlo,...

...a ver si algún día me deja ser su ayudante, ¿no?

¿Y para qué querrías ser su ayudante?

-¿Eso digo yo? ¿Tú sabes lo que debe ser...

...para un vulgar mortal seguir a un héroe que va por los tejados?

¡Menudo palizón!

Que no merece la pena.

Estos son... elucubraciones mías.

-Pues la verdad es que a mí no me importaría.

Yo le seguiría hasta el fin del mundo.

Vale ya de bobadas, yo nunca he visto...

...a ese Águila Roja y no creo ni que exista.

Así que tema zanjado.

-Pues... yo voy a buscar a Gabi.

(LEE) Aunque lo he intentado, no puedo olvidarte.

A veces pienso que quizá me dejé llevar por los celos...

...y ni siquiera permití que te explicaras.

Pero... ¿y si tú pudieras decirme que yo me equivoqué...

...y que aún me amas?

Yo te perdonaría en ese mismo instante.

Crujido.

¿Cómo te atreves a entrar sin llamar?

Pensaba que dormir en tu alcoba me daba ciertas licencias.

No confundas las cosas, comisario.

¿Qué escondes?

¿Qué escondes, Lucrecia? ¡Suéltame, no tienes derecho!

-¿Tienes el anillo? No. Fui al cementerio,...

...pero el cadáver del señor de Alarcón no estaba.

¡Han sido ellos! -Sí, tiene miedo.

Si encontramos el anillo sus planes estarán en peligro.

Sus planes y ellos. -Siete,...

Campanadas. ...ocho, nueve, diez.

Once, doce, trece, catorce,...

...quince,...

-¡Ah, puf!

-Seamos precavidos,...

...cada cosa a su tiempo.

Eres el Águila Roja, tienes que hacer prevalecer...

...la justicia.

¡Espera!

Pásate a las tres por la iglesia de San Fidel.

Si averiguo algo te dejaré una nota bajo los pies del Cristo.

De acuerdo.

(RECUERDA) Eres el Águila Roja,...

...pásate a las tres por la iglesia de San Fidel.

(LEE) Siempre tuyo, Gonzalo. ¿Qué pasa?

¿Que el maestrillo te escribía cartas de amor?

No, un momento, no tan rápido, déjame que lo lea.

(LEE) Querida Margarita:

¡Anda, pero si esta carta no es para ti!

¿Cómo ha podido llegar a tus manos?

No creo que ese asunto sea de tu incumbencia. ¡Dámela!

Pues parece que el maestro quería mucho a su cuñada.

Ahora que viven juntos que resurja todo aquello será...

...cuestión de tiempo.

Pero eso es justo lo que no van a tener: tiempo.

Por mucho que la leas,...

...esa carta nunca será para ti, Lucrecia.

¡Nunca!

Gabi, Murillo, ¿dónde está Alonso?

-Pues... creíamos que estaría aquí.

-¡Ay! -Camina.

Oiga, suelte a mi hijo.

-Cuando usted me pague las 60 libras de uva de primera...

...que me acaba de destrozar. Salgamos fuera.

-Cuando estaba dentro del cesto casi le veo la cara a Águila Roja.

-¿De verdad? Si nadie se la ha visto nunca.

-Pues yo se la voy a ver esta tarde.

Cuando suenen tres campanas en la iglesia, el fraile que habló...

...con él le dijo que estuviera a esa hora.

Así que ya sé cómo encontrarle y pedirle ser su escudero.

-¿Y no quieres ser el mío?

Tengo una misión importante para ti: límpiame el culo.

-Pero ¿qué dices, tonto baba?

-¡El maestro, el maestro!

Ya hablaremos tú y yo.

-No le contéis nada a mi padre de lo del Águila Roja,...

...es que no cree que exista.

(GABI Y MURILLO) Vale.

-Ya está tu mujer encizañando a la mía,...

...a saber lo que le está diciendo. -No sé, pero cuando pone esa cara.

-¿Qué dices que dijo Catalina del asunto del camafeo ese?

-A mí me hace Floro lo que me ha hecho a ti...

...y no me ve el pelo en su vida, que es lo que tendrías que hacer.

-Anda, calla que estás loca.

Si quiero más a mi marido que a mi camafeo.

¿Además dónde voy a ir yo?

-Que no se trata de ir, que se trata de amenazar.

-Tampoco es para tanto lo que le hecho, digo yo.

-¿Que no? Tú has decepcionado a tu mujer y eso no lo perdona.

-Que ya me he disculpado, ¿qué quieres que haga?

-Resarcirla, ¿qué va a ser?

¿Y sabes cuál es la única forma de resarcirla?

Recuperando el camafeo. -¿Qué?

¿Quieres que me meta en los bajos fondos a jugarme el pescuezo?

-Tú piénsatelo.

Que perder a una mujer como Inés...

Que yo no es por malmeter, pero está de toma pan y moja.

Que en menos que canta un gallo ha encontrado a otro.

-¡Se acabó!

A mí mi mujer me quiere y no me va a dejar por una tontería.

-Cipriano, que lo he estado pensando...

...y si no sabes entender lo que significa para mí...

...lo del camafeo, pues...

Pues que tengo que pensar si...

Si quiero seguir siendo tu mujer.

-Si es que...

Estoy muy enfadado contigo.

Lo de las uvas me ha costado un ojo de la cara.

-Lo siento, es que estaba jugando al escondite y no me di cuenta.

-Yo una vez me escondí en un barril de higos chumbos...

...y me pasé dos días quitándome las espinas.

No quiero más excusas.

Estás castigado y no sales de casa en toda la tarde.

-Hoy no que tengo cosas que hacer. Pues van a tener que esperar.

Te prohíbo terminantemente que salgas a la calle.

Gonzalo...

Portazo.

¡Buenas!

Vengo para que convenzas a Margarita.

-A sus pies, señora marquesa. Es un honor que nos visite.

Sátur, Sátur.

¿Convencerla de qué?

De verdad, marquesa, si... Lucrecia.

Lucrecia, si es que yo hace años que no coso.

¡No seas obstinada!

Le he ofrecido ser mi costurera.

La que tenía acaba de fallecer, la pobrecilla.

Inmediatamente he pensado en Margarita.

¿No crees que es buena idea?

Eso tiene que decidirlo ella.

¡Gonzalo, siempre tan correcto! ¿Es que os sobra el dinero?

(RÍE) -¡Qué cosas tiene, señora!

Si en esta casa, para comer carne, hay que morderse la lengua.

Venga, Margarita, no te puede mantener Gonzalo siempre.

Él es viudo y tú una mujer ca...

¿Qué va a decir la gente?

Si tienes que trabajar, es mejor hacerlo para tu vieja amiga, ¿no?

Está bien, acepto.

Ya verás. ¡Te vas a sentir como en casa!

(SUSURRA) -Sí, aquí estamos como en casa.

¡Como en una casa de putas!

Y esta es mi alcoba.

Catalina, ve preparando las telas. -Sí, señora.

Pasa, Margarita.

Tienes una casa preciosa. Sí.

Mi marido era un sibarita, sólo compraba lo mejor.

¡Qué maravilla de telas! Son de Damasco.

¡Qué despistada soy!

Siempre olvido la correspondencia por todas partes.

¡Anda, vamos! Te enseñaré dónde están las telas. Por aquí.

Risas y alboroto.

-¿Quiénes son estos? ¡Fuera! (RÍE)

-A cualquier cosa llaman taberna.

Aquí entras a por un vino y sales con la peste.

-¡Cállate! Cállate, que esta gente es de pocas bromas.

Por menos de lo que tú has dicho, alguno ha acabado en el río.

-¡Vámonos, que aquí sólo vamos a sacar es una puñalada!

-Cipriano, tranquilízate. El Tirillas lo sabe todo.

Y el das cuatro maravedíes y te larga quién robó el camafeo,...

...dónde puedes encontrarlo y... ¡hasta dónde está el Sto. Grial!

Yo le pido un favor y, si se tiene que tirar de una ventana, se tira.

-¡Hijo de perra! ¿Cómo tienes redaños a presentarte en mi casa?

Dame una razón para que no te mate.

-¡Joder, Tirillas, que no sabía que era tu hermana!

-¿Mi hermana? ¿Quién habla de ella? ¡30 maravedíes que me debes!

-¡Cipriano! ¡Tranquilo, que tenemos un disgusto, hombre!

¡Vamos!

-¿Y quién es potentado?

-Pues un buen amigo que necesita a alguien.

-Mire, señor Tirillas... que he sido víctima de un hurto

¡No sé dónde vamos a llegar con esta inseguridad...!

-¿Qué dice el andoba este? -A su mujer le robaron un camafeo.

Y si no lo recupera, le veo durmiendo con las gallinas...

Tirillas, ¿tú sabes algo?

-Hombre, Sátur, yo... saber, saber, sabes que sé muchas cosas.

Pero todo tiene un precio. -Hombre, claro.

Si tú te tomas la molestia pues...

Tendremos que compensarle, ¿verdad, Cipriano?

(LEE) El anillo está protegido por la Virgen de la Misericordia.

Chirrido.

¡Águila Roja!

¿Alonso?

-Ah, ah... ¡Padre!

¿No te prohibí que salieras? ¿Qué estás haciendo aquí?

-Pues he venido a... A rezar por mamá.

¿Y tú qué estás haciendo aquí? Yo, lo mismo que tú.

-Ah, pues podemos rezar juntos. No, no, no. ¡Estás castigado!

Así que, te vas a casa. Y si quieres rezar,...

...hazlo sin salir, como te mandé.

¿Me oyes? ¡Y no me vuelvas a desobedecer!

-¡Ven aquí!

¡No corras!

Tranquila.

Ese hombre quería robarme.

Me gusta tu collar. Me lo he hecho yo.

Y se llama flor de lis. Es mágico.

¿Por qué? Porque guía a la gente perdida.

Como hoy me ha guiado a mí.

Toma, para que nos volvamos a encontrar.

¡Muchas gracias!

¿Cómo te llamas? Margarita. ¿Y tú?

Gonzalo.

Campanada.

Campanadas.

Campanadas.

Te estaba buscando. ¿Qué haces aquí?

Se me había perdido el pendiente. Pero ya lo he encontrado.

Lo siento. No hay por qué, Margarita.

Ya te he dicho que esta es tu casa.

-Cariño, aquí tienes tu camafeo.

-Si ya sabía yo que no me ibas a fallar.

-¡Tú, aprende! -¡No sabes lo que nos ha costao!

-Y porque venías conmigo, si no, te cobra el doble.

-¿Habéis pagao por una cosa que era vuestra?

¡Anda que no os pesan!

-Señora, hemos arriesgao nuestra integridad para satisfacer...

...a la esposa del Cipriano.

¡Había que verle, qué habilidad tiene negociando!

¡Parece un mercader veneciano!

-¿Y cuánto habéis pagado?

-¿Qué tiene que ver, comparao con la felicidad del matrimonio?

-Lo digo porque la perla es falsa.

-Eso es imposible. -Hombre, que si no es posible.

Miga de pan pintá.

-¡Si es que, Cipriano, tú eres tonto!

Golpe.

¿Pero tú qué haces aquí?

-Toma. Esto es lo que estabas buscando, ¿verdad?

Sí, ¿pero tú cómo lo sabías?

-Pues que... tú no cabes por estos barrotes,...

...son demasiado estrechos.

Murmullo.

¿A que te he sido útil? ¿A que sí?

Esto no es ningún juego. Agradezco tu ayuda, pero no lo hagas más.

-¿Y por qué lo haces tú? Porque es mi obligación.

-También podría ser la mía, si me dejas ser tu escudero.

Esto no es vida para un niño.

Lo que tienes que hacer es estudiar y prepararte para ser de provecho.

-Dices las mismas cosas que mi padre.

Será porque tu padre tiene razón.

No quiero que vuelvas a seguirme nunca.

Además, ¿para qué quieres ser mi escudero?

Di, para qué.

-Para encontrar a los asesinos de mi madre.

Confía en mí, yo los encontraré.

Pero, por favor, mantente alejado de esto. Sigues siendo un niño.

Y ahora vuelve a tu casa, anda.

-¡Maestro!

¡Maestro, no vea el cabreo que tiene la Inés con el Cipri!

¿Amo?

¿Amo?

Pues na. Usted haga su vida...

...que yo le voy a dar una paliza a catre, que no vea las ganas...

(LEE) Ve inmediatamente al hos... picio.

Te espero allí.

¡Al hospicio!

¡Me cago en el trabajo temporal y en el pluriempleo!

¡Ah...!

(NERVIOSO) Al hospicio... al hospicio ahora.

Al hospicio.

Tengo que ir al hospicio.

-¿Tía Margarita? ¡Tía Margarita!

¿Tía?

¡Sátur!

Pues muy bien.

Ladridos.

Algo cae desde el tejado.

Crujido.

-¡Ah! Tengo el anillo.

-¡Por favor, amo, no haga eso!

Entre el mal fario que me da este sitio y sus sustos...

-Buen trabajo.

Ahora hay que descubrir qué tiene este anillo...

...para que alguien arriesgue su vida.

El señor de Alarcón salió de ahí.

Debe haber alguna entrada hacia las reuniones.

-Déjeme, déjeme el anillo un segundo, señor.

-Puede ser una clave. Algo que sólo puedan reconocer ellos.

-¡Lo sabía! ¡Lo sabía, amo!

Miren ustedes el anillo y miren hacia aquí.

¿No les parece sospechosamente parecido?

-Tiene razón Sátur. Se adivina el símbolo de la logia.

Buen trabajo, Sátur.

¿Vamos?

-¿Lo ve usted? Pues él así todos los días.

De muro en muro y de tejado en tejado.

Y yo a buscarme la vida.

En fin, vamos a ver por dónde bajamos usted y yo, don Agustín.

Pasos.

-Uf...

Hola.

-¿Qué demonios haces aquí, chico?

-Nada. He... He venido a buscar caracoles para la cena...

Y... y me he perdido.

-Ya. Venga, para casa que es tarde.

¡Vamos! Para casa. -Gracias.

¡Espere! ¡Espere! ¡Espere un momento!

Una cosa más. -¿Qué?

-Perdone. Tengo miedo a volverme a perder.

¿Me podría acompañar, por favor?

-¿Será posible? Niño del demonio. Arreando para casa.

Es por aquí por donde se apreciaba el símbolo.

Golpes metálicos.

Aquí.

Sátur, por ahí.

¿Vamos?

-Usted primero, padre. Usted primero.

-Le traigo lo mejor de lo mejor. Fragancias exclusivas.

Receta propia.

(RÍEN)

Vamos, perfumista.

Sabe que no le he hecho subir para olisquear sus ungüentos.

-Este es el más potente. Letal y sin antídoto.

Es tan eficaz que basta que roce los labios de la víctima...

...y la muerte parecerá natural.

Ajá. ¿Pero por qué tengo que creerle?

Me gustaría probarlo.

(LLAMA AL PERRO)

Gemidos. -Oh...

No, por favor, señora marquesa. Mon petit Chouchou no.

Es mi única compañía. (RESOPLA)

-Gracias.

Gemidos del perro. Lo siento. Soy tan torpe.

¡Pare! Este hombre se baja aquí.

Buenas noches.

(EL PERFUMISTA SE AHOGA) Ah...

Gemidos del perro.

(SUSPIRA) Ay...

Tenía que haberme dejado probar con el perro

(EL PERRO GIME)

Me lo quedo.

Latigazos.

Ocho asientos.

-Pues eso, amo,...

...igual quiere decir que los miembros de la logia...

Hola, buenas noches.

Van a ser ocho.

¿Es hebreo? -Sin duda.

¿Puede darnos alguna pista?

-Es posible.

¡Sátur!

-¡Rediós!

El suelo está como la patena.

Pa mí que estos usan amoniaco.

Es un dato.

Margarita... ¿Todavía trabajando?

Sí, he visto que la seda de la colcha estaba desgastada...

Mandaré comprar otra colcha.

No quiero remiendos en mi cama.

Ayúdame a desvestirme. Ahora mismo.

Lucrecia. ¿Sí?

¿Puedo hacerte una pregunta? Sí, claro.

Cuando...

Cuando yo me fui a Sevilla...

Gonzalo... Bueno...

¿Si seguiste viendo a Gonzalo?

(SUSPIRA) Es importante para mí.

Ay, Margarita...

Deja de ya de torturarte con el pasado, por Dios.

Además, estoy agotada.

Retírate.

Que descanses. Ajá.

¿Qué hiciste ayer por la tarde? -¿Ayer?

Ayer. -¿Por... por la tarde?

Ajá. -¡Ah...!

Pues... ¿Qué iba a hacer?

Salí de la iglesia y me vine directamente a casa.

Te lo juro. -Ay...

Yo conocí a un hombre en Matalascañas...

...que por jurar en falso se le cayó todo el pelo.

Todito, hasta el de los... ¡Sátur!

-El de los huevos. Es que...

Buenos días. Buenos días.

Lo siento, pero me he quedado dormida.

Anoche me fui a la cama agotada.

-Es lo que tiene el trabajo, que agota.

Unos más que otros. Yo hay noches que ni pillo la cama.

Esto... ¿Qué estaba diciendo yo?

Ah, sí. Sí. Que tengo que ir al mercado.

-¡Sátur! -¿Eh?

-Y... ¿Y cuándo se le cayó el pelo al de Matalascañas?

¿Al decir la mentira o al rato?

-¡Oh! -¿Qué?

(SÁTUR RÍE) -¡Qué!

-Es broma, hombre. -No, dime la verdad.

-No sé, a los 3 ó 4 días se le cayó.

Gonzalo, me gustaría hablar contigo de algo.

Lo que pasa es que no sé cómo decírtelo.

¿Qué pasa?

Es por la marquesa, ¿no?

Sé que trabajar con ella no es fácil, pero fuiste tú.

No, no. No es eso.

O sí.

Me gustaría preguntarte si...

Si después de que tú y yo nos separáramos y...

Margarita, no sigas por ahí.

Por lo que a mí respecta, nunca nos separamos...

...porque nunca estuvimos juntos. Es importante...

¡No! Eso ya no es importante.

Y sobre ese tema, no voy a hablar ni ahora ni nunca.

Buenos días.

Guardó la carta en este cajón. ¿Puedes abrirlo?

-Como poder, puedo, lo que no sé es si debo.

Por favor, estoy segura de que esa carta era para mí.

-Qué me pides. Es tu primer día y ya me está buscando líos.

Es que esa carta podría cambiarlo todo.

Te lo pido porque es importante.

Y porque eres tú. Venga. -Date prisa.

Por Dios, Margarita, que aquí no hay nada.

Eso de que la carta era para ti son suposiciones.

¿Has hablado con Gonzalo?

Sí, pero no quiere hablar conmigo.

No me deja mencionar lo que nos pasó.

Pero ¿ves esto?

Era nuestra prenda de amor.

De Gonzalo y mía. ¿Por qué iba a querer enviárselo a la marquesa?

-Ya sabes cómo son los hombres, hoy cortejan a una, mañana a otra.

No merece la pena remover el pasado.

Vámonos que no hay nada, por Dios.

(LEE) Te quiero, Margarita.

Te he querido desde que era un niño...

...y sé que jamás podré olvidarte.

Dime que tú sientes lo mismo, por favor.

Tuyo siempre,...

Gonzalo.

-He venido con estos amigos a buscar lo que falta del camafeo.

-No tengo de qué me hablas.

-Hemos notado el cambiazo.

Esa perla la tiras al mar y se la comen los peces.

(LOS TRES RÍEN)

-¿Me estáis llamando ladrón?

-No te ofendas, Tirillas.

No es la primera vez que a ti y a mí nos llaman eso.

Si nosotros hemos venido como amigos.

Lo de la perla como broma, ya está.

Que este hombre se está jugando su matrimonio.

-Toda la noche la ha pasado en el pajar.

-Pues mira que siento no poder ayudaros.

La perla no la tengo.

-¿Y no nos podría indicar dónde está?

-No. Se la vendí a una gorda, a muy buen precio, eso sí.

No le pedí la dirección, por el tema de la educación.

-Bueno, pues nada.

Muchas gracias y a seguir bien.

-Pídele lo de ayer.

Si no nos da la perla, que devuelva el dinero.

-Vámonos, Cipri, vámonos.

-No, le he pagado 40 maravedíes por una miga de pan.

-¿Tú has visto que guarde la pistola?

Vámonos, si no quieres irte con los pies por delante.

-A... la paz de Dios.

-Que no, Murillo, que el fraile que va con el Águila no es así.

Que es más alto.

-Jo, Alonso, es la cuarta vez que lo repito.

-¿El Águila Roja no te ha dicho ya no te va a hacer su escudero?

-Pero a lo mejor cambia de opinión.

Por ejemplo, ayer le di el anillo que necesitaba.

-¿Y dónde lo vas a encontrar? -Ayer le seguí...

...hasta la plaza del hospicio, parecía una misión importante.

Hoy haré lo mismo y no me moveré hasta que aparezca.

-¡Tu padre, tu padre! Esconde los dibujos.

Debajo, debajo.

Venga, chicos. Todo el mundo a su sitio.

Vamos a empezar.

(EL PERRO GIME LASTIMOSO)

-Por su aspecto, debe de llevar muerto desde esta anoche.

Gemidos del perro.

Es del perfumista. Avisen a su familia.

-Ya he dado la orden. ¿Quiere que investiguemos?

No, olvídense de él. Está claro que ha muerto por causas naturales.

Golpes.

Un momento.

Adelante.

¿Me has mandado llamar? Sí.

Anda, descansa un rato y siéntate a charlar conmigo.

Gracias, Lucrecia, pero tengo mucha costura.

Además, prefiero no comer en horas de trabajo.

En ese caso, acepta al menos un té, por favor.

Toma. Gracias.

¿Te apetece un dátil?

¡Oh! Lo siento, lo siento, Lucrecia.

Ahora mismo lo limpio.

No te preocupes, ya se ocupará de eso el servicio.

No, si ya está.

¿Este libro...?

¿Todavía lo conservas?

Sí. ¿Te acuerdas? ¿Cómo no me voy a acordar?

¿Puedo? Por supuesto.

Este Garcilaso, qué bonito es. Sí.

Te lo regalo. ¿Qué?

No, de verdad, Lucrecia. Este siempre te encantó.

Si he de serte sincera, me estoy quitando de esto.

Estoy segura de que tú lo vas a disfrutar más que yo.

Balidos.

-¿Y por qué no le dices a tu mujer que, en vez de la perla,...

...la llevas de excursión a ver el alcázar?

Que eso hace mucha ilusión a las mujeres.

-Sí, claro. Y como Inés es tonta, me dice que sí.

-Si llevamos andados más de 100 leguas...

...y no he visto a ninguna gorda con o sin perlas.

-Con el hambre que se pasa ahora, no creo que veamos a nadie así.

-Yo, no es por no ayudaros, pero tengo mis quehaceres.

Mira, acompañadme a por el pan y luego seguimos.

A ver, niño, me vas a dar tres hogazas de pan.

Pero, escucha: dos de ayer y una de hoy.

-¡Abuela, trae el pan de hoy!

-Las duras las pongo a remojo en leche.

Y lo que me sobra, para media ración de oreja.

Si supiera Gonzalo lo bien que le llevo la casa...

-¿Y si decimos la pregonero que dé un bando?

-El pregonero no está pa cosas particulares sino pa lo importante:

los ahorcamientos, las decapitaciones... pa eso está.

-¡La perla!

-¿Bonita, eh? Un buen negocio que hice ayer.

Monada, que si quieres la hogaza, también tenemos.

-Déjese. ¿Cuánto pide por la perla?

-¿La perla? La perla, ¡no la vendo yo ni muerta!

¡Con lo que me alegra el escote! -Si alegrarle, le alegra...

...la balconada, pero es recuerdo de la bisabuela de su mujer.

¡y está la pobrecita destrozada! -¡Huy, sí, sí!

Y yo me lo creo.

-¡Sátur...!

-Venderla, no te la venda.

Antes te vende al chiquillo que la perla.

Agustín.

-Gonzalo.

Tienes que ver esto.

Que los renacidos den luz al mundo...

...cuando principio y fin se encuentren.

¿Qué es? -La traducción de la inscripción...

...de la sala de la sociedad secreta. Indica cuándo se reúnen.

Cuando el principio y el fin se encuentren en los cambios de luna.

La hora cera. Y hoy tenemos: luna nueva.

A medianoche.

Estos renacidos se encontrarán esta medianoche con lo inesperado.

-Es muy peligroso. ¿Estás seguro de que quieres hacerlo?

De lo único que estoy seguro es de que quiero vengar a mi mujer.

Gracias, Agustín. Muchas gracias.

Campanilla.

Toma. Especialmente dedicado a ti.

(LEE) Para mi gran amiga Margarita.

Gracias a la vida, por darnos esta segunda oportunidad. Lucrecia.

Es muy bonito. Gracias.

Pues, por lo seria que estás, no parece que te haya gustado.

No, no es eso, es que estoy un poco cansada.

Claro, querida, de tanto coser. Siéntate.

Y léeme un poema, como hacías cuando éramos chiquilla.

¿Cuál quieres? Sorpréndeme.

Este.

Amor, amor,...

...un hábito vestí el cual de vuestro paño fue cortado...

Ese está bien. Pero mejor léeme...

...el que está dos páginas después. Es mi favorito.

Buenas tardes, señoras.

Buenas tardes, comisario. ¿Qué le trae a estas horas?

Devolverte algo que he encontrado.

Porque es suyo, ¿verdad?

Está claro. Lleva mis iniciales.

Sí, también su perfume.

Debería tener más cuidado, marquesa.

Quizá algún día no esté yo por ahí encontrando lo que va perdiendo.

Podría traerle serios problemas.

¿Me entiendes?

Le entiendo perfectamente, comisario. Gracias por la bolsa.

Lo siento, pero tengo que seguir con mi tarea.

Margarita, no te olvides del libro.

Puedes sentarte.

-No pongas tanto, con más de una tajada de tocino perdemos dinero.

¿Sigues enfadada?

-No estoy enfadada, estoy triste.

-Mujer, que la perla, más tarde o más temprano la vas a recuperar.

-A mí la perla me da igual.

-¿Entonces, qué es lo que te pasa?

-¡Nos han sacado un cuchillo y no has hecho nada!

-¿Qué iba a hacer? El tipo tenía una pinta de asesino...

-Por eso casi la metes debajo de mis faldas.

-Bueno... mejor perder la perla que perder la vida, ¿no?

-Mira, Cipriano...

La perla es lo de menos.

Cuando quieres a una persona, haces todo para defenderla.

Yo, por lo menos, lo haría contigo.

Me pondría delante de quien hiciera falta para protegerte.

-Es que yo...

Yo no...

No soy valiente.

-Ya, ya lo sé.

¿Y si tuviéramos un hijo?

¿Qué harías si tuviéramos un hijo y estuviera en peligro?

Eh, di.

Contesta, Cipriano.

¿No me vas a decir nada?

Ya.

Porque ni tú sabes lo que harías.

-Amo. Sátur.

¿Está Alonso en casa?

-Sí, ahí está, echando la siesta como buen castellano. Él que puede.

No sé por qué, pero el pobrecito esta tarde venía baldado.

No me extraña.

Anoche nos siguió hasta la plaza del hospicio.

-¿Cómo? Sátur.

-Perdón... perdón, perdón.

¿Nos ha descubierto?

No. Por suerte a ti no te vio, pero a Agustín y a mí sí.

Y lo peor es que esta noche pretende buscarme.

He oído cómo se lo decía a uno de sus amigos.

-¡Joder, Alonsillo...!

¡Nos ha salido valiente el muchacho, eh!

Sangre de su sangre, amo.

Y a usted, claro, se le cae la baba con él.

Bueno, la cuestión es que tenemos que evitar que salga y le vigiles.

Así que podemos...

Alonso. -Hola.

Ah... hemos descubierto chinches en casa.

-Ah, pues yo no he notado nada raro en mi cama.

-Pues sí, sí que hay, sí.

Sí, hay unas chinches...

De un tamaño considerable. Unas chinches que...

Que son negras, que provienen del África...

...esta chinches. Y son una chinches muy, muy agresivas.

¡Están locas además! ¡Empiezas a rascarte y...!

En definitiva, sales del colegio, te vienes a casa,...

...sacas colchones y mantas al patio y las sacudes.

-Eso es mucho trabajo.

¿Me voy a tirar toda la tarde aquí? Sí.

-¡Jo, esto parece un castigo!

Pues te lo puedes tomar como tal.

Aún estoy enfadado por lo del barril de uvas.

Así que, ya sabes, a sacudir.

-Muy bien.

¿Africanas? -De Africania.

(LEE) -Salve, yo sol, y mata a la luna envidiosa...

...que está enferma y pálida de pena...

...porque, tú que la cubre, eres más hermoso.

¡Qué cursiladas leéis los plebeyos!, ¿no?

¿No te gusta?

Bueno, pues, pasa al siguiente. El soneto XXI, a ver qué te parece.

¡Esta no es lectura para un niño!

¡Y ve a lavarte las manos, que tienes que cenar!

-Pero, madre... Obedece.

¿Y por qué lo has hecho?

No quiero que...

...mi hijo se llene la cabeza de pájaros con esos poemas de amor.

Bastaba con que se lo hubieras quitado, ¿no crees?

Es un simple libro. Ya te compraré otro.

No lo necesito.

Será mejor que me vaya a coser al gabinete.

Ululato.

-¿Y por qué tengo que ser yo? La perla es de tu mujer, Cipri.

-Sí, pero tú estás más delgado y eres más ágil. ¡Tira p'alante!

-¡Por Dios, Sátur, no te rajes ahora!

-Ay...

-Porque yo tengo antecedentes penales,...

...que si me pillan me ahorcan.

-Chiquillo, ¿dónde vas tú?

-Tira pa arriba.

Crujidos.

Gritos de mujer. -¡Socorro!

¡Socorro! -Chis, calla.

Calla, tonta.

Que no soy ningún ladrón. (LA MUJER INTENTA HABLAR)

O, bueno, sí,...

...pero un ladrón de tu belleza.

Desde el primer momento en que te vi...

...no me he podido quitar...

...estos pechos de la cabeza. -¿No?

-¿Tú eres el de esta mañana, no? -Sí, bueno.

Es sólo una excusa para...

Para estar más cerca de ti.

Y desde que te vi... -¿Qué?

-Vamos dentro y te lo explico.

¡Mi amor!

-Hay que reconocer que Sátur es un amigo.

-Y un hombre con agallas. ¡Anda, vámonos!

Llaman a la puerta. Adelante.

Lucrecia.

Con permiso.

Pasa.

Creo que no ha sido una buena idea el venir a trabajar a esta casa.

Vengo a decirte que... no voy a volver.

Déjame que te lo explique, siéntate.

La carta de Gonzalo que viste sobre mi mesilla era para ti...

...y llevaba dentro la flor de lis.

¿Cuándo me la envió?

Poco tiempo después del... llamémosle incidente.

¿Y por qué me la ocultaste? ¿Con qué derecho?

Con el derecho que da la amistad.

Ya estabas sufriendo bastante, no quería que te hiciera más daño.

Y lo que ponía en esa carta no habría hecho...

...más que empeorar las cosas.

¿Qué decía?

¡¿Qué decía?!

Dámela. No puedo.

La he destruido.

¿Qué?

Aún a día de hoy te habría dolido su contenido.

Esa carta estaba llena de despecho.

¿Por qué crees que mandaba esa flor de lis?

Era vuestra prenda de amor, ¿no es así?

Gonzalo nunca me dejó explicarle lo que pasó.

¿Y qué sentido tiene ya remover en el pasado, querida?

Puede que tengas razón,...

...pero para mí sigue siendo doloroso.

Lo sé.

Pero pronto todo habrá pasado.

Anímate.

Siento haberte interpretado mal. No te preocupes, lo entiendo.

Ahora, si no te importa, quiero volver a casa...

...lo antes posible.

Sí.

Llaman a la puerta. (SUSPIRA) Oh...

-Marquesa, la cena está servida.

Gracias, Bartolomé. Avisa a Roncero,...

...dile que le necesito inmediatamente.

-¿A Roncero, señora? Sí, eso he dicho.

-Agua... ¡Necesito agua!

La tengo. -¡¿Sí?!

-¡La tengo!

La tengo... En carne viva la tengo.

Mirad, mirad lo que me ha hecho esa mala bestia.

-¡Ay, Dios mío, ya se veía guerrera!

¿Se resistió o qué?

(SÁTUR IRÓNICO) Se resistió, se resistió...

Hasta cuatro veces se resistió....

...a dejar que me levantara de la cama.

Llevaba 25 años sin catar varón, con eso lo digo todo.

-Ya. Pero ¿has recuperado la perla sí o no?

(SÁTUR SUSPIRA) Oh... la perla...

Aquí tienes la perla.

-Alabado sea el Señor, oh, Sátur, gracias.

¿Cómo puedo agradecértelo?

-Pues mira, ahora que lo dices, con una botellita...

...de esas de vino bueno que tienes.

-¡Eso está hecho!

¡Tres botellas del mejor vino de la casa!

-Trae pa acá. -Gracias, Sátur, eres un amigo.

-¿Qué se celebra?

Porque, que yo sepa, no está la cosa para muchas celebraciones.

-Corazón mío, la he recuperado.

Mira, Inés, la perla de tu bisabuela.

¿Bueno, qué? ¿Qué le dices ahora a tu maridito?

-¿Has sido tú?

-¿No va a ser él? ¡Menudo marido que tienes!

No sabes la que ha liado.

Ha llegado allí, se ha plantado, se ha liado a dar guantazos...

...a diestra y siniestra...

Dientes rotos, ojos colgando, la sangre que salía a "gorgotones".

¡Un macho, un animal!

-No has sido tú. -Que sí, que...

-¡Es que es injusto que me castigues!

Ya. Y yo te digo que no vas a salir.

Te pongas como te pongas.

Sátur. -Ajá.

Tú vigílalo que yo tengo que salir a hacer un recado.

-Lo que usted diga, señor.

-Sátur, déjame salir, por favor, es que tengo...

...una cosa muy importante que hacer.

-No, ni harto de vino.

-Hablando de vino.

-¿Está bueno? -¿Bueno?

Está de muerte.

Qué coño, además me lo merezco que llevo un día.

-¿Qué te pasó?

¡A ti te lo voy a contar!

No tienes tú edad para esas cosas.

-Que haya tenido que ser Sátur el que lo arregle.

Es que lo de mi marido es una tomadura de pelo.

-Mujer, igual es momento de que aflojes un poco.

Lo mismo Cipriano tiene algo bueno.

-No te me vengas abajo.

Las mujeres nunca están contentas, si tienen porque tienen...

...y si no tienen porque no tienen y eso es lo que hay.

-Aquí tiene, de la casa.

-Gracias.

-¡¿Eres tú?!

¡Tú eres el ladrón!

¡Hijo de mala madre, fuera de mi taberna!

-Pero si es mi amiguito el cagón, qué miedo.

(SÁTUR EBRIO) La tía era más fea que un dolor de tripas,...

...pero Sátur no se amedrentó...

...y se fue a por el quinto de la tarde.

-A ver, a ver, no lo entiendo,...

...¿qué tiene que ver la fea con las corridas?

-Mucho, mucho, Alonsillo, tiene que ver mucho.

Y no me tires más de la lengua.

-A mí no... no me gusta la violencia.

Sal de mi taberna y santas pascuas.

-Pero antes...

Me voy a llevar alguna cosilla más.

¡Ven aquí!

¿No tienes otro recuerdo familiar?

-Quítale la mano de encima.

-¿Por qué? -Hasta aquí hemos llegado.

Bullicio.

(INÉS GRITA) Para, Cipriano, que lo vas a matar.

-¡Venga, arriba! -Dale fuerte.

-Vamos, Floro, ayúdame, vamos a llevar a este a la guardia.

-El quinto fue el más jodido.

La tía ya... Claro... Le había cogido el gusto.

Y aquellas florituras.

¿Florituras? ¿Tú me entiendes?

-Sí, sí, sí.

Bebe un poco más y cuenta, cuenta que es que esto se está poniendo...

...muy interesante.

(SÁTUR ERUCTA) Aquella floritura.

Voy a la cuadra a ver si hago... mis necesidades.

(SÁRTUR RONCA) -Sátur.

Chis, ¡Sátur!

(SÁTUR RONCA)

Siento mucho todo lo que ha pasado hoy, Lucrecia.

¿Qué ha pasado hoy?

Ni me acuerdo, lo importante es que sigamos siendo amigas.

Me alegra que te haya ido tan bien la vida,...

...de verdad, te envidio.

Qué gracioso, yo te he envidiado a ti toda mi vida.

¿A mí por qué?

Porque tú siempre has tenido lo yo más hubiera deseado.

El amor de Gonzalo.

Estás tan ciega que ni te das cuenta de que él aún te quiere.

¿A qué viene... esto ahora?

Además eso no es verdad.

Vete ya y descansa en paz.

Gracias, Lucrecia,...

...por todo.

-Si no me va a necesitar más esta noche la señora marquesa.

Puedes retirarte, cochero.

-Pues anda que no hace tiempo que tú no echas el cierre...

...a la posada y sales a divertirte un poco.

-Demasiado, Floro. -Ay, mi héroe.

Que has estado más valiente que el Águila Roja.

-Qué guapa eres y cuánto te quiero.

-Venga, vamos, que vamos a llegar tarde al teatro.

Y para una vez que estos dicen de invitarnos.

-Es que no todos los días recupera uno a su mujer, Catalina.

-Pero ¿tú creías de verdad que yo te iba a abandonar?

-Ah, ¿qué ibas de farol? -Cipriano, yo te quiero.

No te dejaría nunca.

-Oye, vámonos.

Y tú, Inés, hija, no seas tonta, ¿no ves que si le dices...

...esas cosas se duermen en los laureles?

-No encizañes. -Qué encizañe ni encizañe.

Y tú, a ver si aprendes un poquito de estos...

...y te haces más romántico que eres más soso...

-¿Soso yo? Pero ¿qué quieres que haga?

-Lo que hacen ellos, cogerse del brazo...

Crujido.

-Oh...

¡Oiga, este no es el camino, era a la derecha!

-Entra.

Latigazos. (COCHERO) ¡Iah!

Relinchos.

-Uf...

(TODOS MURMURAN A CORO)

Somos los elegidos del nuevo orden.

Que así sea.

-El barco transporta 65 000 onzas de oro.

Suficiente para montar un ejército.

-Eso está muy bien, pero no cantemos victoria aún.

Ese Águila Roja sigue suelto y es una seria amenaza...

...para nuestros planes y todos lo sabemos.

-Han matado a uno de los nuestros. -¡No!

-¿Hay un impostor entre nosotros?

Aquí está mi marca.

-Y la mía. -Y la mía.

-Muestra tu marca.

¡Y la mía!

-¡Ah...!

¡Oiga, pare!

¡Pare, por favor!

-¡¡¡Arre!!!

-¡Iah!

¡Ah...!

(EL CABALLO RELINCHA)

-¡Iah!

-¡Ah!

¡Iah...!

-Fin del trayecto. Puede bajar la señora.

¡Eh, que bajes!

De rodillas. No me haga daño, por favor.

-¡Suelta la espada! -Ah...

Suelta al niño.

-Ponte de rodillas.

De rodillas. No tengo dinero, se lo juro.

-Ah... -Un paso más y lo mato.

Por favor, no me haga daño.

-Suelta la espada y quítate la máscara.

Ah...

-Por favor...

¡Ah! ¡¡¡Ah!!!

-Oh...

Ah... Ah...

¡Ah!

¡Vamos!

¿Estás bien? -Sí.

¿Seguro? -Que sí.

Te dije que no me siguieras. -Pero...

Por favor, déjame ser tu escudero.

Por favor.

¿Crees que puedes ser mi escudero? -Sí, sí.

-Mira, por ejemplo, ayer te di el anillo.

Y yo te lo agradezco.

Pero ser escudero no es tarea fácil.

Es muy peligroso.

Hace un momento casi nos matan. ¿No tienes miedo a morir?

-No. Yo sé que a tu lado siempre estaré seguro.

Ya. ¿Y cuando yo no esté para salvarte?

¿Sabes manejar la espada?

-Sí. Mi padre me enseñó, él fue soldado.

Veamos qué tal maestro fue tu padre.

-Oh...

Atácame.

-¿Qué? Que me ataques.

-¡Iah...!

Otra vez.

-No, no, por favor, me estás haciendo daño.

¡Para, para...!

Esto no es ningún juego. Vuelve a tu casa.

-Ah.

Júrame que nunca más volverás a seguirme.

Las manos delante.

Júramelo.

-Te lo juro.

Ahora vete a tu casa.

(ALONSO LLORA)

Se abre la puerta.

-¡Alonso...!

Amo, el niño. No está el niño. Está bien, está bien.

Está en su habitación durmiendo. -Ah...

Ay, Dios mío. Ay, Dios mío, gracias a Dios...

...que ha llegado entero... porque si no me cago en to.

Que soy un desgraciado.

Que no he sabido estar a la altura.

Perdóname, amo.

Y no lo digo precisamente porque sea paticorto...

Si es que pa una cosa que me manda y...

Sátur, perdóname tú. -La culpa es mía...

La culpa es de... O sea, que yo tengo la culpa.

Dejarme emborrachar por un niño. ¿A quién se le ocurre?

Sátur, Sátur...

Te estoy pidiendo demasiado. -Madre mía, madre mía.

Que si le llega a pasar algo al muchacho...

Por estas que... Que me la corto.

La mano, hombre, me la corto.

Con lo que quiero yo a ese crío.

Que es como sangre de mi sangre. Ah...

Es prácticamente lo único que tenemos, amo.

Sátur... (SÁTUR SUSPIRA)

Pero el responsable soy yo.

Y esta noche he puesto en peligro la vida de mi hijo.

-Si es que no llega.

Si es que esto no es vida.

Que si p'arriba que si p'abajo.

Que si padre que si maestro.

Que si Águila...

Así no hay quien se centre.

Pues tengo que hacerlo.

Si no al final, perderá la vida uno de los míos.

Portazo. ¡Gonzalo! ¡Gonzalo!

Margarita... ¿Qué te ha pasado?

¿Estás herida?

No... Ah... ¿Quién te ha hecho esto?

No lo sé.

(LLORANDO) No lo sé... No lo sé...

No tengo ni idea, Gonzalo. Yo la dejé en el carruaje.

No sé cómo ha podido ocurrir algo así.

Ni yo tampoco. ¿Qué interés puede tener tu cochero...

...en hacerle daño a Margarita? No lo sé. Dios mío.

No lo sé. Es muy raro.

¿Insinúas que yo tengo algo que ver?

-Señora marquesa, el comisario la espera en el jardín.

Dice que hay algo que usted debe ver.

¿Qué ha ocurrido?

Lo he encontrado oculto entre los matorrales.

Es su cochero. ¿No es así?

Sí.

Por la rigidez del cuerpo, parece que lleva muerto...

...un par de horas. Dios mío.

Sigo sin entender lo que ha sucedido.

Es evidente, alguien mató al cochero y ocupó su lugar...

...para atentar contra la marquesa. Estoy desolada.

Margarita ha estado a punto de morir por mi culpa.

Pero es extraño que alguien entre en palacio,...

...asesine a un criado y nadie vea nada.

¿Estás acusando a Lucrecia?

Maestro,...

...la marquesa está esperando tus disculpas.

Hernán, no es necesario. ¡Sí!

Si es necesario.

Y bien.

Lucrecia, siento que estés en peligro.

No debería haber desconfiado de ti.

No, no deberías.

Parece que hayas olvidado el lema de tu gente.

La causa está por encima de la propia vida.

¿Por qué dices eso?

Porque tu obstinación por deshacerte de esa mujer...

...puede poner en peligro la causa.

Descuida.

No volveré a cometer un error como ese.

Era un buen cochero.

¿Tenías que matarle?

¿Matar a un cochero por ayudarte?

Me parece un precio razonable. Ay, Hernán.

Tú siempre tan oportuno.

Lo que no sé aún es...

...quién...

¿Quién salvó a Margarita?

¡Ah...!

El Águila Roja, ¿quién si no?

Retira ese cadáver de mi jardín lo antes posible.

¡Ah!

-¿Me estás pidiendo que me case contigo?

-Ya que lo dices, sí.

Yo sé cómo atrapar al Águila Roja.

Pues hazlo de una vez.

-2, 3, 4... -¿De dónde has sacado este dinero?

-¡Ah...!

Me pareció que no estabas sola. Oí a alguien más.

Con Catalina.

-Yo pensaba que era un hombre, con esa voz ronca.

-Saturno García, mañana va a filas para la campaña de Portugal.

Floro, creía que lo de poner a trabajar a tu hijo...

...te lo ibas a pensar. -Es por necesidad.

-Ah... ¡Ah!

El comisario siempre pide recompensa, siempre.

Eso es asunto mío.

¿Quién te envía?

Has cometido demasiados errores.

-De gente muy importante de la corte.

¡¡¡Suéltala!!!

-No es por no luchar, si hay que luchar, se lucha.

-Se condena a la horca por injurias a Gonzalo de Montalvo...

...alias Águila Roja.

Ah...

-Disculpe, amo. Yo es que todo esto no lo entiendo muy bien.

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  • T1 - Capítulo 6

Águila Roja - T1 - Capítulo 6

26 mar 2009

Águila Roja y Sátur siguen la pista del Señor de Alarcón. Ayudados por Agustín, descubren la entrada al escondite de la Logia. Gonzalo sabe que Alonso, fascinado por el héroe, se ha empeñado en ser su escudero y le sigue en sus misiones.

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