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No recomendado para menores de 12 años Águila Roja - T1 - Capítulo 4 - Ver ahora
Transcripción completa

Subtitulado por Teletexto-iRTVE.

-Si el capitán Rodrigo revela nuestros planes...

...de matar al rey, estamos perdidos.

-¡Esto es una basura!

-¿Esa es tu tía?

¡Majestad! -¡Capitán!

-Sabemos por qué el capitán quería matar a la marquesa.

-¡Uh!

-¡Ah!

-¡¡¡Ah!!!

-¿Por qué se me acusa?

¿Dices que también perderé a mi hijo?

¿Viste, alguna vez, una llave como esta?

-Pues no le veo nada de particular.

Se parece a una que tenía un primo mío para guardar los cochinos.

Entonces no sé cómo pudiste escapar.

-"Lograrás la redención mediante la venganza de sangre".

¿A qué se refiere esto?

Es lo que trato de averiguar, Sátur.

El capitán Rodrigo me la dio por algún motivo.

-Dese prisa en averiguarlo porque es de día y estamos...

Cuida de esa llave, como si te fuera la vida en ello.

Es la única pista que tengo sobre el asesinato de mi mujer.

-Amo, cuidado que casi me rebana el cuello.

Aquí está.

La sagrada lanza.

El lema de la llave coincide con la del cuadro.

Habla de una congregación...

...que guardaba la sagrada lanza de Jesús.

Se reunían en una ermita, pero no dice dónde.

Golpean una puerta.

-Son unas monjitas.

Por la ventana, Sátur.

-Sabía que diría eso.

Golpean una puerta. ¡Ay, Dios!

Sabía que no saldrías por la puerta.

Prepárate para morir.

¿Qué estabas esperando?

¡Apresadlo!

(ESTORNUDA)

-Bueno, qué se le va a hacer. Más fundamento.

Buenos días, Sátur.

-Buenos días...

¿Por qué me miras así?

-No, que si me permite se parece usted...

...a una novia que tuve en la Gascuña. Monique, se llamaba.

(HABLA EN FRANCÉS)

Buenos días. Buenos días.

-Buenos días. Siéntate, que sirvo el desayuno.

Sátur, hay que cambiar la paja del establo.

-¿La paja? Enseguida acabo con las gachas y voy.

No me hagas repetírtelo.

Esa ropa es de mi mujer.

Sí, lo siento, pero es que la mía estaba muy sucia.

Pensé que no te importaría.

Pues sí, me importa.

Lo siento, Gonzalo, no quería recordarte a Cristina.

¿Qué?

¿Tú recordarme a Cristina?

Anda quítate esa ropa, inmediatamente.

No pretendía sustituir a nadie.

Gonzalo, ¿qué tal...?

Lucrecia...

¿Recuerdas a mi cuñada?

Sí.

Margarita.

No te había reconocido así tan ligera de vestuario.

Lo siento, creo que he interrumpido algo.

-Mira, Catalina, lo que te he inventado.

-Déjate de inventos que tengo que terminar antes de ir a palacio.

-Pero mira, tonta, he establecido una unión...

...solidaria entre este simple trapo y este simple palo.

-Céntrate que mañana cerramos lo de la compra del local.

-Catalina, ¿y si nos quedamos como estamos?

Con la barbería y nuestros clientes.

-Floro, la gente con dinero vive en el centro.

Aquí solo entran desgraciados.

-Pero son los amigos y tenemos la escuela del niño, la posada...

Catalina, yo en esta casa estoy a gusto.

-Vaya...

Con la ilusión que me hacía.

Que hasta le había puesto nombre.

Barbería Catafloro.

Si no por mí, hazlo al menos por el niño.

Que la criatura tenga la oportunidad de salir de pobre.

Verás qué bien nos va y viviremos como señores

Anda, tonto, enséñamelo un poquito...

...que sabes que me gusta verlo.

-Catalina, que llevamos ya casi 20 años juntos...

...y cómo te lo voy a enseñar si la has visto miles de veces.

-Tonto, que digo el dinero para el local.

-¿Eh, cómo?

(TITUBEA) No toques nada que trae mala suerte.

-Déjate de tonterías. Diez años intentando...

...reunir este dinero como para no verlo ahora.

-Vamos a ver... Si lo dice el refrán:

"Dinero que se mira, dinero que vuela". Escucha.

Pues ya está.

-Cada día estás más raro.

Desde luego yo no sé en qué pensaría cuando me casé contigo.

Qué hombre, Dios.

¿Os acordáis?

Quiero que hagáis como si fuerais actores.

¿De acuerdo?

Venga, a formar grupos a vuestra elección.

-Puedes ponerte con nosotros, si quieres.

-Sería un honor. -¿En serio?

-No empezamos con buen pie contigo,...

...pero que sepas que estamos muy contentos de tenerte en clase.

Ponte aquí.

Estarás más cómodo.

-Ah, ¿qué es esto?

(RÍE) -Pues para no gustarte los cómicos hace muy bien el bufón.

Silencio. ¿Se puede saber qué pasa?

-Estúpidos plebeyos, han atentado contra mí. Exijo un castigo.

¿Cómo? Niño, aquí nadie exige nada salvo yo.

-Entonces, ¿no nos vas a castigar?

-¡200 reales por esta mierda!

¿Tú me has visto cara de tonto o qué?

-Floro, ¿qué quería que viniera con dos mulatas o qué?

Esto es lo que compraste y aquí está.

Dame el dinero, no te puedes echar atrás.

-Floro, que el negocio es bueno. -Pues claro...

En los negocios hay que arriesgar, mira a Colón.

-Pero qué Colón. -Pues Cristóbal Colón.

Nadie daba un maravedí por él ni los Pinzones y mira la que lió.

-Que son los ahorros de mi vida. Sátur, que me juego mi matrimonio.

-A ver, en dos horas lo coloco y te doblo el dinero.

Y tu mujer se deshará de gustito, pero que no se entere...

...que nos frustra la operación.

-¿Esto estará lleno, no? -Claro que lo está.

-Perdón.

-Oye, tía Margarita, estoy muy contento que estés con nosotros.

Sí, pero me marcharé, no me quedaré para siempre.

(TOSE)

Y no vale fingir.

Oye, no sé si fue buena idea que Floro te regalase eso.

-Cuidado. -¡Comida!

-Oh, mi comida.

¡Ladrones!

¡Guardias! ¡Ladrones!

¡Alonso!

-¿Buscas esto? -Sí.

¿Estás bien, Alonso?

-Sí, se me había caído esto, pero este señor lo ha cogido.

Eh... Anda, cariño, ¿por qué no vas al puesto de Juana?

Vamos. Vamos.

-Gracias. -De nada.

¿Qué quieres?

-Que me pagues esto.

Me abrasaste un ojo, ¿no te acuerdas? ¿Eh?

Es más, me debes mucho dinero, Margarita, mucho.

He estado demasiado tiempo en la cárcel por vuestra culpa.

Ah... -Chis....

-Comisario, vengo a que se haga justicia.

¿Quieres probar? Déjanos solos.

-Quiero que cierre la escuela.

Esos zafios han vuelto a humillarme.

Apunta.

Si quieres puedo cerrar la escuela,...

...pero así no te ganarás el respeto de los que te humillan.

Dispara.

(RÍE) No está mal, ¿eh? Tu primer disparo.

Nuño, para sobrevivir hay que ser fuerte,...

...pero sobre todo, hay que parecerlo.

¿Lo entiendes?

-Señor.

El detenido.

Disculpa un momento.

-No quiere hablar.

Hacedle hablar, como sea. -De acuerdo.

-Irá toda la gente principal a nuestra barbería.

Tendré que renovar el vestuario no voy a estar así...

...como si estuviera en tu posada.

-La de pájaros que tienes en la cabeza siendo una criada...

...y ni siquiera la has pagado.

-Ay, qué mala que es la envidia.

Ay, Inés, hija, de ti no me lo esperaba.

Vamos a ponerle unas velas a S. Dimas pa que salga todo bien.

¿Margarita?

Hola, Catalina. Inés.

-Fue terrible lo de tu hermana.

-Ya me he enterado que vives en casa de tu cuñado.

Sí, voy a estar hasta que se recupere Alonso.

-Pues si Gonzalo te ha perdonado todo lo que le hiciste,...

...no voy a ser yo la que diga nada.

Gonzalo no me va a perdonar nunca.

Sólo quiero que se recupere mi sobrino y poder volver a casa.

-Pues sí, será lo mejor para ellos.

Sí.

Catalina...

Si me pudieras ayudar.

-¿Cómo?

Necesito algo de dinero para volver a casa.

Hace mucho tiempo fuimos amigas.

No te lo pediría si no fuera importante.

-Pues, hija, me pillas ahora mismo...

Ya lo siento, pero me pillas ahora en un momento...

No, no hace falta que me des explicaciones.

Si no debería habértelo pedido.

Perdóname.

-Me acabas de dejar helada de cómo la has tratado.

-¿De cómo la he tratado? ¿Y ella la poca vergüenza...

...de pedirme dinero? Vamos que hace falta tener redaños.

Y tú a callar que no sabes de la misa la media.

-¡Mi bolsa! ¡Al ladrón! ¡Al ladrón!

Una llave, un cuadro, una ermita...

¿Qué pretendía el capitán dándome la llave?

-Cuanto más difícil es el enigma,...

...más satisfacción se consigue al resolverlo.

Es mi mujer la que está muerta.

Para mí esto no es ninguna diversión.

-Ni para nadie.

Está en juego el destino de mucha gente.

¿Qué podemos hacer ahora?

-Trata de encontrar al capitán. Yo buscaré información...

...sobre la ermita, quizá así sepamos qué abre esa llave.

Uno de los dos tiene que encontrar el camino.

Bullicio.

Gritos y bullicio.

-Quietos, atrás. ¡Atrás!

Por favor, atrás.

El capitán no nos va a servir de mucha ayuda.

-Confía en mí. Encontraré esa ermita.

Catalina, tenemos que hablar. -Qué susto, señora.

¿Qué hace usted aquí?

He venido a charlar contigo. -¿Conmigo, señora?

Sí. Hemos nacido en el mismo barrio.

Casi se puede decir que de no haberme casado...

...con el marqués, habríamos sido amigas.

-Sí, señora. Y como casi amigas,...

...¿puedo hacerte un encargo?

-Lo que quiera la señora.

Ya sabes que tengo cierto aprecio por el maestro de mi hijo.

Por eso me preocupa que su cuñada duerma bajo su techo.

Esa mujer le ha hecho mucho daño en el pasado...

...y puede volver a hacérselo.

Necesito tu ayuda.

-Pero no comprendo cómo podría ayudar yo, señora.

Nada. Sólo estar atenta...

...y contarme si sucede algo fuera de lo común en esa casa.

-Pero, señora, yo no puedo espiar a Gonzalo.

¿Cómo dices?

Yo no te pido que espíes a nadie.

-Con todos mis respetos, señora marquesa,...

...lo que sucede en los barrios pobres...

...se queda en los barrios pobres.

Catalina,...

...tú harás lo que yo te diga.

¿O tengo que recordarte que eres parte de mi servicio?

-No, señora, no es necesario.

Muy bien.

Voces.

¡Alonso!

Alonso.

Mira lo que he conseguido regateándole a la vecina...

...a mitad de precio.

Huy.

¿Y eso? -Es un caballo.

Me lo ha hecho Iñigo. Es más rápido que un rayo.

-Que no, que te digo yo que no.

Que hay algo mucho más veloz que el rayo.

-¿El qué?

-La diarrea. (AMBOS RÍEN)

En una ocasión, entré en el cobertizo como un rayo.

Encendí la vela y ya me había ido por la pata abajo.

Dos días sin calzones, no había por donde pillarlos.

(RÍEN)

Margarita...

Mujer, ¿cómo no me había dicho que tenía un primo en la villa?

Con la alegría que da tener la familia cerca.

Pues... No sé.

Sátur, ¿serías tan amable de dejarnos a solas?

Es que hace mucho tiempo que no veo a mi primo.

-Bueno... Un placer. -Igualmente.

-Encantador.

¿Qué haces aquí?

Sal ahora mismo.

-Ay...

No estás para dar órdenes.

Suéltame. Suéltame. Dime lo que quieres y desaparece.

-100 reales,...

...ni uno menos.

¿100 reales? Pero no tengo ese dinero.

-¿Prefieres que hable con tu cuñado?

¿O quizás lo que quieres es...

...que sea tu sobrino quien lo acabe cobrando?

¡Alonso, hijo! ¡Me voy!

Chis...

-Pero, Iñigo, ¿y el dragón?

-Mejor otro día, ¿eh?

A ti te veo mañana en los soportales...

...de la calle Del Codo a mediodía. No faltes.

-Pero ¿nos volveremos a ver?

-Depende de tu tía, si ella quiere.

-Sí, por favor, tía.

Por favor.

(FLORO RESOPLA) -Menos mal que nos vamos de aquí.

No veas cómo se está poniendo el barrio.

Margarita va y me pide dinero a mí. (RÍE)

Y la marquesa me dice que le cotillee de Gonzalo.

¿Qué te parece?

-Sí, cariño, lo que tú digas.

-Pero ¿cuántos siglos tendremos que esperar las mujeres...

...a que nos escuchen los maridos? (FLORO SUSPIRA)

Te veo raro, no te veo yo a ti... maquinando nada.

¿No será por lo de la barbería nueva?

-¿Y si no estoy a la altura? ¿Eh?

Porque a mí aquí me conoce todo el mundo. Yo...

Si se me va la mano y corto una oreja, pues se cose y punto.

-Eso... eso te pasó una vez con el panadero.

-Que no, Catalina.

Que los ahorros hay que dejarlos quietos.

No... No es momento para invertir.

-Pero tú tus negocios, déjamelos a mí.

Calla, cada vez que pienso que nos vamos de aquí...

Oh... Me entran unos calores.

-Eso es que se ha adelantao el verano, Catalina.

-¿El verano...?

Eso es que te imagino a ti y a mí vestidos de cortesanos...

Y me pongo loco, me vuelvo loca. Loca, loca, loca.

-Ay... -Galileo,...

...enséñame cómo se mueve la Tierra.

-Ay... -¿Cómo se mueve?

-Así, cómo tú quieras. -Cómo se mueve...

Pues moverse, moverse, lo que se dice moverse,...

...no se ha movido mucho.

-Ya te he dicho que estaba preocupado.

-Ya. Y el Cid estaba muerto y seguía ganando batallas.

-Bueno... me voy a la taberna,...

...porque tengo una cosa aquí por dentro, que no sé qué me pasa.

-Floro. -¿Sí?

-¿Tú no me estarás ocultando algo?

-Colgar cadáveres de la iglesia es una estupidez...

...que no podemos permitirnos.

Nos está delatando. Y acabar con el Rey ya es arriesgado.

-El comportamiento del comisario es intolerable.

Tenemos que tomar medidas. ¿Y qué pensáis hacer?

¿Prescindir de mis servicios?

Eso es un lujo que no os podéis permitir.

-Podríamos intentarlo.

¡Basta!

-Comisario.

Tú también te juegas mucho.

Si nuestra misión tiene éxito,...

...gozarás de gran poder en el nuevo gobierno.

Empiezo a cansarme de que me traten como a un crío.

Recuerda que en esta sala hay personas más importantes que tú.

Cuida tus actos y tus palabras.

Su paciencia tiene un límite.

Cumple con lo que te han pedido.

Mata al Águila Roja y tendrás un sitio entre nosotros.

Golpes.

-¡Que estoy tan nervioso que no me puedo ni regocijar con ella!

-Bueno. Yo tenía un primo en Almuñécar al que le pasó igual.

Y era feliz porque tenía amigos.

Claro que la mujer tenía muchos más.

-¿Qué estás hablando de mi mujer?

¿Pasa algo?

-Nada, que mi mujer me va abandonar y me voy a ver solo en la calle.

-Floro, que ya está hecho. Mañana vamos a casa del Rana y nos paga.

Que nadie salga de esta posada.

Tenemos que hacer algunos interrogatorios.

La seguridad de esta villa está en peligro...

...por culpa de ese Águila Roja y su banda.

¡He dicho que no salga nadie!

Necesito que colaboréis con la justicia.

Parece ser que se le ve mucho por esta parte de la villa.

¿Alguien lo ha visto o sabe algo de él?

Ya veo que no queréis colaborar.

¡Todos a la pared, vamos!

¡Tú! -¿Eh?

A la pared. -Mire, que se me ha atascado...

Y contra más tiro, más se atasca.

Ayuda a ese pobre hombre con el dedo

-¡No, no, no, no, no, no!

Llevaos a ese, a ese y a ese.

No.

Al maestro y a sus amigos no.

Vamos.

Pasos.

Margarita.

Gonzalo, ¡qué susto me has dado!

¿Qué haces hurgando en mis cosas?

Creía que con lo del vestido había quedado claro.

No, estaba limpiando un poco.

Y no me he podido resistir a cogerlo. Quería volverlo a ver.

Era de mi madre.

Y ella se lo regaló a tu hermana.

Sí. Me enfadé muchísimo.

Dijo que a ella le daría más luz.

Siempre decía que Cristina lo iluminaba todo.

Ella sí.

Gonzalo, ha pasado mucho tiempo desde aquello.

¿No me vas a perdonar nunca?

Lo nuestro ya no importa.

Lo que ahora me preocupa es Alonso.

Si me pasara algo, ¿tú te harías cargo de él?

¿Pero... por qué dices eso?

Dime, ¿tú lo harías?

Claro, Gonzalo, jamás lo dejaría solo. Pero no entiendo la pregunta.

¿Pasa algo?

Gracias.

Guárdalo en su sitio.

Margarita.

La próxima vez pídeme permiso.

Eh, mirad aquí.

-¡Alto a la guardia!

¡Niños, seguimos aquí!

¡En pie!

Bonita lección.

Pero si me lo permitís, hay cosas más prácticas que deberían conocer.

Mucho más prácticas.

Hoy voy a daros yo la clase. Sentaos.

Es una suerte que el comisario se interese ahora por la educación.

Soy un servidor del pueblo, no lo olvidéis.

A ver, niños, ¿qué creéis que es lo más importante para los hombres?

-El dinero. -El valor.

-¿La comida? No.

Lo más importante que tenemos son la leyes.

Sin ellas no podríamos vivir, nos devoraríamos como animales.

Por eso tiene que haber personas que se encarguen de que se cumplan.

Como ha hecho el maestro con ese niño.

Gabi, siéntate.

-¡Uf! ¡Ah...!

Ese es mi deber como comisario.

Castigar a los delincuentes para que todos podáis vivir en paz.

Y no creáis que me gusta. No, yo querría que no hubiese delitos.

Me encantaría no tener que castigar a nadie.

Ha sido una lección muy interesante.

Y recordad lo más importante:

todos, todos debemos respetar la ley.

Incluido el señor comisario.

La lección todavía no ha terminado.

-¡Agua va!

Relincho.

-¡Qué botes pegaba, parecía una chinche!

-¡Me pica, tengo ortigas hasta en los lacitos de...!

-¿Calzas?

¡Uf, qué contrariedad!

Ahora oleré todo el día a muerto de hambre.

-Yo soy un muerto de hambre, pero tú te vas a comer mi puño.

-Déjalo.

-¿Qué te parece esta defensa?

-¿Qué haces, loco? ¡Suelta eso!

-Ahora las órdenes las doy yo.

-No juegues con eso, Nuño.

-Tienes razón, Gabi, dejémonos de juegos.

¿Qué os parece si os invito a comer?

-No tenemos hambre.

-Mira, Gabi,...

...ahí está el primer plato.

-Pues no pienso comerme una boñiga.

-¿En serio?

Venga, no será para tanto. ¿No es boñiga de caballo...

...lo que coméis los plebeyos cada día?

¡Vamos, cómetela!

-Si tiene mejor el dentado que el caballo de un Pelayo.

¿Cómo le voy a extraer las muelas?

-¿Quieres que Catalina te extraiga a ti otra cosa?

O recuperas los ahorros o despídete.

-Y utensilios no le faltarán para aviarte los bajos.

-Oiga, ¿y todo esto es necesario para afeitarme la barba?

-Pues, mire usted, para afeitarle no le digo yo que no,...

...ahora lo que le urge de verdad son las muelas.

-Pero ¿cómo que las muelas? Pero si vamos...

¿Y usted quién es? -Yo soy...

El doctor Saturno García, no sé si habrá oído hablar de mí.

Soy toda una eminencia en lo que a dientes se refiere.

-Pero, a ver, si yo tengo la dentadura perfectamente.

-Canta el pozo que tira para atrás.

Mi experiencia me dice que eso puede ser...

...una pieza en mal estado. Abra la boca.

Abra la boca. -¡Ah!

¡Pero qué hace! -Estése quieto,...

...que es mejor extirpar ipso facto no vaya a ser...

...que la infección se le suba a la sesera.

-¿Traigo un poco de anís para el dolor?

-Mejor ron antillano, no te jode.

Si esto con un tironcito de nada sale.

Crujidos.

-¡Aaaaah!

¡A mí me va a dar algo! -Ya está, ya está, ya está, ¿eh?

Son dos maravedíes.

Y si le quito las del juicio le hago un precio especial.

-¿Juicio?

Juicio el que te voy a dar yo a ti, cacho animal.

Que yo tenía la muela sana...

...y casi me destrozas la mandíbula, hombre.

-Ya la has jodido,...

...si es que no se puede ser tan avaricioso.

-Da igual, mi matrimonio se va a pique y no se puede hacer nada.

-A lo mejor sí se puede hacer algo, Floro.

¿Tú sabes fabricar ron antillano?

¿Hay algo que me puedas contar de la cuñada del maestro...

...o quieres seguir protegiéndola?

-No, señora, si no es por protegerla.

Es que lleva una vida muy tranquila,...

...aburrida diría yo, como todos los que vivimos abajo.

Entonces ¿tú crees...

...que la relación entre ellos es buena?

-A mi modesto entender...

¿Qué te parece? -Señora, es...

...el collar que llevaba la mujer del maestro...

...el día de su boda.

Una joya de familia.

¿Crees que Gonzalo le tiene cariño?

-Claro, señora, tiene poquísimos recuerdos de Cristina.

Pues Margarita lo había empeñado.

Yo misma lo recuperé de la tienda del prestamista.

Para que, de ahora en adelante, pienses...

...a quién tienes que ayudar y a quién no.

De cualquier modo, toma,...

...por las molestias.

-Pero, señora, no podría... ¿Qué pasa, Cata?

¿Tampoco vas a aceptar mi dinero?

-Gracias, señora.

¿No podías esperar a que terminara de desayunar?

Ya sabes que no soporto que me molesten mientras como.

Tú me has mandado llamar.

Últimamente estás muy... presente...

...en nuestras reuniones...

...y no para bien precisamente.

Si funciona mi plan tendréis a Águila Roja...

...en cuestión de horas.

¡Tu plan!

No hay nada que perturbe más a un justiciero...

...que el sufrimiento de los inocentes.

Es bonito, mándalo grabar en tu espada.

Ya he detenido a unos desgraciados por colaborar con Águila Roja.

Ese enmascarado no tardará en venir a mi cuartel para liberarlos,...

...le estaré esperando.

Me gusta cómo suena.

Y ahora si me disculpas...

Es tarde.

¿De dónde lo has sacado?

Lo encontré por casualidad en el negocio de un usurero.

No pude evitar fijarme en ese collar.

Era de mi mujer.

Lo supe en cuanto leí la inscripción.

Sé que serías incapaz de vender algo así...

...por muy apurado que estuvieras.

Por eso le pregunté al vendedor...

...cómo había llegado a sus manos ese collar.

¿Y bien?

Dijo que se lo vendió una mujer...

...morena,...

...atractiva,...

...una raterilla sin duda.

Debes ser más cuidadoso con lo que tienes en casa.

-Pues ya está, dos parte de vino de moriles,...

...una parte de alcohol de quemar y dos kg de azúcar.

Ahí está. -Puf...

Dios quiera que el comprador no se dé cuenta...

...de que le estamos metiendo gatazo por liebre.

-Puedo asegurarles, caballeros,...

...que esto no sabe a ron ni de lejos.

Pero, vamos, que me cuelguen si no está de muerte.

(SÁTUR RÍE)

Pero, oye, es que estoy un poco achispado.

-¿Achispado? Tú lo que llevas es...

...una melopea que ni el marqués de Cáceres.

¿Cuántas botellas te has bebido ya?

-La mercancía hay que probarla antes de venderla, esto es así.

-Venga, no hay tiempo qué perder. (CATA) Buenas.

-Hola, ¿qué tal? -¿Qué hacíais?

-Nada.

-A sus pies, señora.

-¿A qué huele, qué habéis bebido? -Nada.

Que está un poco indispuesto y vamos a tomar el aire ahora mismo.

-¿Cómo que vamos?

Que tenemos que ir a ver el local nuevo de la barbería.

-Hoy... mejor que no.

Ahora nosotros tenemos un asunto... de...

Un asunto de hombres.

-Pero ¿qué asunto si vais borrachos?

-Pues asuntos de hombres.

Son eso, de hombres.

Usted, señora, no puede entenderlo porque no es un hombre.

Aunque a veces lo parezca.

-Bueno, Catalina, no te preocupes que luego te lo explico, ¿eh?

-Ajá.

-Doce reales.

¿Te ríes de mí?

Necesito más tiempo, no puedo conseguir 100 reales...

...de un día para otro.

Dame una semana y te consigo lo que me pides.

Lo sabes.

Una semana.

-¡Doce años, Margarita!

He estado doce años pudriéndome en un calabozo.

Fue cosa de mi marido y lo sabes.

-No, de tu marido y tú, yo pagué por los tres doce años.

Te conseguiré el dinero que me pides,...

...te lo prometo.

-He estado muy solo, Margarita.

Pero ahora ya me siento mejor,...

...¿sabes por qué?

Tu sobrino.

Me gusta observarle, ¿sabes?

Cuando sale de casa o cuando va a la escuela.

Cuando estoy cerca de él...

...ya no me siento tan solo.

Olvídate de él. -No...

Yo puedo hacer que no te sientas tan solo.

(SUSURRA) Ven... -Suelta.

(SUSURRA) Espera...

Escucha.

Sé que tú y yo podemos entendernos.

Una noche,...

...dos noches si es preciso,...

...es un buen trato.

¿No te parece?

Y una cosa más, Sátur. -¿Sí?

Al anochecer, esperadme con los caballos frente al cuartel.

(CHASCA LA LENGUA)

-Con tanto cuartel y tanto caballo, no ganamos para remiendos, amo.

Chis, y a ver si tiene un poquito más de cuidado con el traje...

...que me vuelve de las misiones hecho un eccehomo.

(SÁTUR ESCUPE)

Vaya... Esta aguja... Esta aguja no tiene agujero.

¿Has estado bebiendo?

-Hombre... Beber, beber... ¿A qué se refiere usted con beber?

Pasos.

Demonio de hombre.

No acabo yo de acostumbrarme a estas entradas que hace.

-He localizado la puerta que abre esa llave

Muchas gracias, Agustín.

Pero ahora no puedo.

El comisario está encarcelando a inocentes...

...acusándoles de ser mis cómplices.

-Te está provocando, Gonzalo.

Sabe que irás a rescatarlos y te espera para matarte.

Aún así, debo arriesgarme.

Sé que no tardará en empezar a ejecutarlos.

-¿Y si te capturan?

¿Y entonces?

¿Debo dejar que mueran más inocentes para aclarar...

...el asesinato de mi mujer?

-La conjura va mucho más lejos, Gonzalo.

No es sólo el asesinato de tu mujer.

¿Y qué opciones me quedan?

-Señor, no puede pedirle a un águila...

...que renuncie a sus huevos.

Si es que...

-Ay. Bueno, tranquilízate, que tampoco será para tanto.

-Ah, ¿no será para tanto? Primero es incapaz de yacer...

...con su mujer. Segundo, se va con sus amigotes borrachos...

...en lugar de venir conmigo a ver el local nuevo.

Y tercero, esto.

-¿Qué es esto?

-Eso es lo que queda de mis ahorros.

-Vaya, pensaba que ibas a montar una barbería, no una herrería.

-Yo no sé este hombre...

Lo que le está pasando es que no lo sé. No sé...

-A ver.

Dices que no yace y se ha gastado todos tus ahorros, ¿no?

Pues, Catalina, yo no es por asustarte, pero...

Vamos que... Que blanco y en cántara.

-¿Qué?

-Pues que tu Floro tiene una manceba.

-¿Una manceba? -Sí, o una familia,...

...con sus hijos y todo.

No me mires así que se dan casos.

-Que no, mujer, que no.

Que mi Floro nunca me haría una cosa así.

Vamos. -¿Ah, no?

Pues sólo hay una forma de averiguarlo.

-¿Cómo? -Seguirle.

-Ah, no, no, no.

Yo soy incapaz.

-Aquí estoy. -Ya era hora.

Creí que te habías rajado.

-¿Vosotros habéis oído hablar de Lepanto?

-Lepanto. -Una mierda comparado...

...con el lío que hay en esa casa.

Entre el padre, el niño, la tía, el otro... Puf...

-Venga, vamos para adentro.

Venga.

-¿Qué casa es esa? -No lo sé.

Perdone, señor, ¿podría usted decirnos qué casa es esa?

-¿Esa? La mancebía del Rana, el mejor burdel de la villa.

Música y alboroto.

-Si esto está lleno... de señoras en piernas.

Aquí hay más muslos que en la pollería de Ramiro.

-Como que son meretrices, Floro. -¿Mere qué?

Putas. Son putas. -Que esto es un burdel, ¿no?

Si aquí... Aquí hemos venido a vender, no a comprar.

Que yo soy un hombre casado, ¿te enteras?

-Como todos los que están aquí. -Anda, tira.

-Lacayos... Siempre tarde.

¿Qué hacéis? ¡Que me soltéis! Mi lacayo está a punto de llegar.

¡Soltadme! -Venga, venga.

-A ver si te atreves a hacerme lo mismo que a ellos.

-Estás loco, plebeyo.

Déjame en paz o te disparo.

-No te atreverás.

-Déjalo estar, Alonso.

-No te tengo miedo.

-Pues deberías.

No me hagáis daño. Os lo suplico. -Mira, por esta vez te libras.

Pero no vuelvas a acercarte a mis amigos.

-Mucho noble, pero a la hora de la verdad, nada.

Anda, coge tu pistola y métetela por donde te quepa.

-Vamos. -Qué miedo me vas a disparar...

-Oye, Nuño, no te pongas así.

Podemos ser amigos.

No te hace falta una pistola. -¡Déjame en paz! ¡No me toques!

-Beba, señora. No ha tomado nada así en su vida.

-Se le van a caer las medias de lo bueno que está.

Risas.

-Antillano no es.

Pero me gusta. (TODOS RÍEN)

¿Cuántos barriles tenéis?

-Centenas, docenas... Vamos, los que usted quiera, señora puta.

-Pues brindemos por ello. -¡A brindar!

-¡Toma, ahí estamos!

-Ahí va... ¿No son esas sus señoras?

-Nuestras señoras... -Sus señoras, sí.

-Nuestras señoras, Floro.

-Catalina,...

...esto no es lo que parece. -¡Ni te atrevas, Floro!

¡Ni te atrevas!

-Es que ya casi no me acuerdo de su cara.

He debido olvidarme de ella.

No te vas a olvidar de ella, ¿eh?

¿Te contó tu madre lo que hacíamos para robar gallinas?

-Que mi madre robaba gallinas. Claro.

Tu madre y yo de pequeñas éramos malísimas.

-¿Y cómo lo hacíais? Pues cuando oscurecía,...

...tu madre se colaba en los corrales...

...y me pasaba las gallinas por la tapia.

-Entonces... ¿nunca os pillaron? Nunca.

-¿No? Éramos las más rápidas.

Aunque eso sí,...

...algún picotazo sí que nos llevamos...

Gonzalo, no te he oído entrar. Alonso, hijo.

Sal a la calle a jugar, quiero hablar con tía Margarita.

-No... Venga.

Vamos.

Anda.

Gonzalo, tengo que salir. Margarita, espera.

Voy... voy a la iglesia. ¿No es un poco tarde?

Vuelvo enseguida.

-Sabía que ibas a venir.

Siempre me has gustado mucho, Margarita.

(IÑIGO JADEA) Ah...

Ay... -Juntos podemos ser muy felices.

Oh... Ah...

-No te resistas.

Sé que tienes tantas ganas como yo.

(MARGARITA LLORA)

-¿Qué ibas a hacer, hija de Satanás?

No me hagas daño, por favor.

-Te vas a arrepentir de haberme engañado.

¡Ah...!

No tan deprisa, malnacido. -Pero qué...

Quieto.

¡Atrás!

(IÑIGO JADEA)

-¡Da un paso más y le corto el cuello!

¡Aaah!

(LLORANDO) ¡No te vayas! ¡No te vayas...!

¡No me dejes sola!

Quizás deberías ver a un médico. Ese corte no tiene buena pinta.

No, no es nada.

¡El Águila Roja...!

Cuando se lo cuente a mi sobrino Alonso, no se lo va a creer.

Habla de ti a todas horas.

¿Quién era?

El que te atacó. Le conocías, ¿verdad?

Era un antiguo socio de mi marido. Un delincuente.

Juntos preparaban robos.

¿Tu marido es un ladrón? Sí.

Hace años que vivimos así.

Un día... estamos viviendo en una ciudad; un día un robo,...

...otro un timo.

Y así hasta que nos descubren y tenemos que salir huyendo.

¿Y tú?

¿También eres una ladrona?

Yo soy una ladrona, una furcia o algo peor.

¡He robado a mi propia familia!

¡He vendido el collar de mi hermana muerta!

Yo lo único que quería era que no les hiciese daño.

Alonso y mi cuñado Gonzalo son lo único que me queda en el mundo.

¡Lo único!

De todas maneras, no le cuentes nada a tu cuñado.

Si yo fuera él, no sé si te entendería.

Gonzalo no me va a perdonar nunca.

Por mucho que lo intentes, no te puedes esconder del pasado.

(TOSE)

-Por un momento pensé que se había arrepentido.

Pero ya veo que no. Es usted más terco que una mula.

¿Has traído lo que te dije? -Sí.

Amo. Los detenidos son un señuelo para cogerle.

Será una muerte segura. ¿No se da cuenta?

Parece mentira que sea usted maestro.

Primera lección: seguir vivo. Tiene que haber otra solución.

Sátur, no puedo esconderme mientras maten a inocentes.

-¡Y dale Coja a su familia y váyase a otra ciudad.

En otro sitio se podrá ser Águila Roja, digo yo.

Espérame hasta que libere a los detenidos. Luego vete a casa.

Y si antes de medianoche no he vuelto, ya sabes qué hacer.

Lo recuerdas, ¿verdad?

-Tengo que limpiar la casa...

Y borrar cualquier huella relacionada con el Águila Roja.

Bajo el baúl hay un doble fondo con dinero.

Vende la casa y llévate a Alonso y a Margarita a otro lado.

-No. No, vamos a hacer otra cosa.

Me voy a vestir de Águila Roja, me voy a presentar allí...

...y si me matan, que me maten. Alguno me llevaré por delante.

Sátur, escucha... -No, señor. Además se lo debo.

Total, yo ya estoy muerto.

Usted me salvó para darme una prórroga.

Pero yo ya estoy muerto.

Así que, asunto solucionado. Sátur, cállate.

-¡Por lo menos déjeme ir con usted!

Que el comisario ese tiene muy mala baba.

Debes hacerte cargo de mi familia.

Eso es lo más importante ahora.

-Cuídese, maestro. Tú también, Sátur.

-Cúbrase.

-¿De qué te has librao?

Silbido.

Gritos de los presos.

Salid por el patio de armas.

Déjalo. Le tengo donde quería.

-Tú, déjame hablar a mí, ¿estamos?

Que estas cosas hay que llevarlas con tacto, Cipri.

-No seas exagerado, Floro.

Estaban con el calentón y verán que no es para tanto.

-¿Cariño? ¿Cata?

-¿Qué quieres?

-Catalina, cielo, que todo ha sido un malentendido.

-¿Malentendido? Y te he pillado...

...con la mano en la pechuga de una fulana.

-Que las cosas no son siempre... -¡No te muevas!

-Lo que no son lo que parecen son los ahorros.

¿Qué has hecho, gastártelos?

-Pues sí. -¡Sí y en una mancebía!

-También. Pero nosotros íbamos a hacer un negocio.

-¿Negocio? Me conozco yo tus negocios, ¡guarro!

-¡Ay, Dios mío! (CIPRI SUSURRA) Mano dura.

-Catalina...

-¡Tus cosas! -¿Pero, cariño...?

-¡Ahí tienes! -Por qué te pones así.

-¡Y no te quiero volver a ver! -¡Por favor...!

-¡No quiero volverte a ver! -¡No, las probetas de alquimia no!

¡Las probetas de alquimia no!

-Mano dura.

¡Calzonazos! ¡Que te lo he dicho!

¡Inés, baja ahora mismo!

¡Te lo manda tu marido!

¡Inés!

¡Inés, de aquí no me muevo hasta que salgas, te lo advierto!

¡Los orines! ¡Que me ha echado los orines!

-Tranquilo, ganapán.

Ya verás cómo todo sale bien. Tranquilo.

Golpes.

-Espere, espere, espere... ¡Oiga! Escuche, eh...

¿Ha visto a Águila Roja? ¿Está vivo?

-Yo no sé nada. -¡¿Está vivo?!

-Creo que está muerto.

-Vámonos de aquí. Vámonos de aquí, bonitos.

Lo siento, águila.

Es personal.

Avisad a la marquesa.

Alonso...

Ladridos.

¡¿Alonso?!

¡Alonso!

¡Alonso!

Espero que tengas una buena razón para sacarme de la cama.

Te he traído un regalo.

Entrad.

¿Ya sabéis quién es?

No, te he reservado ese honor.

Gracias.

Qué broma es esta, ¿Hernán? Es tu primer oficial.

Soltadlo.

Hijo de perra. Eres un inútil.

Mereces que te mate con mis propias manos.

Sacadlo de mi vista.

¡Vamos!

-¿Por qué se ha ido, señor?

Le voy a echar de menos.

Hasta aquí ha llegado esta gentuza.

¡Eh, tú!

¿Dónde está mi amo, qué le habéis hecho?

No me vais a coger sin luchar.

¡¡¡Ah!!!

Soy yo, Sátur, soy Gonzalo.

Gonzalo. -Amo...

Amo, está vivo.

Tengo que ayudarle.

Oh, Sátur. -Lo dejaron como una piltrafa.

No sabe cómo me alegro de que esté vivo.

Aunque solo sea por no recoger todo esto.

Que tiene usted una de trastos...

¡Gonzalo!

¡Sátur!

¡Gonzalo!

¡Gonzalo! -Margarita.

¿Qué pasa? ¿Dónde está Gonzalo?

-¿Qué pasa? ¿Dónde está?

Necesito hablar con él.

¡Gonzalo! ¡Gonzalo! -Señora.

¿Esto qué es?

Es de Alonso.

-¿Qué ha pasado? Margarita ¿qué pasa?

Creo que son de Alonso.

¿Dónde está mi hijo?

¡¿Dónde está mi hijo?!

He ido a la calle y lo busqué, pero no sé dónde está.

Gonzalo, te explicaré... Tú, quédate aquí.

Voy contigo. Quédate aquí,...

...ya has hecho bastante. ¡Gonzalo, por favor!

¡Ese hombre está loco y la nota es para mí!

Si no voy es capaz de matarlo.

Sátur, quédate aquí y mantente alerta.

-¡No! ¡No, por favor!

¡No, sacadme de aquí! ¡Sacadme de aquí, padre!

No, no te apagues.

¡Por favor!

¡Por favor!

No, ¡por favor! ¡Sacadme de aquí, padre!

¡Padre!

Dame al niño.

Íñigo...

¡Íñigo! ¡Dame a mi hijo!

Risa.

-Eres muy gracioso, Gonzalo.

¿Crees que estás en condiciones de pedirme nada?

Tu hijo, va a morir.

Gonzalo, por favor.

Golpe.

¿Gonzalo?

Gonzalo...

¿Gonzalo?

Gonzalo...

Gonzalo...

Gonzalo.

Gonzalo.

No, no... ¡No!

Suéltame, suéltame...

-Me encanta que una mujer guapa se despierte a mi lado.

¿Dónde está el niño? -¿Ahora te preocupas por él?

No dudaste en poner su vida en peligro...

...y ahora lloras por tu sobrinito.

¿Qué le has hecho? ¿Qué le has hecho?

-Tranquila, está vivo.

Al menos de momento.

¿Dónde está, dónde está? -Está muy cerca, Margarita.

A unos pocos metros.

No, no... -Sí, sí.

Está en su tumba, hecha con todo mi cariño.

Tiene hasta su caja, ¿sabes? Su caja de muerto.

¡Sácalo de ahí, asesino! ¡Sácalo!

-Ah, no, las cosas no son tan fáciles.

Gonzalo... Gonzalo.

-Las cosas no son tan fáciles.

Suéltame... ¡Suéltame, desgraciado, suéltame!

-Mira, Margarita, te voy a dejar este hacha.

Con él podrás cortar la cadena.

El problema es que tu sobrino lleva mucho tiempo enterrado...

...y no creo que aguante mucho más.

Hace rato ya que no le oigo gritar.

Pobrecito.

Déjame.

-Toma, Margarita.

Que tengas suerte.

Un consejo...

Si en vez de cortar la cadena te cortas el pie...

Tardarás mucho menos.

Y, entonces, quizás llegues a tiempo.

-Mira, todo el dinero ahorrado lo invertí en comprar...

...unos barriles de ron, ¿eh?

Para después venderlos por mucho más dinero...

...a la casa de las mujeres fáciles.

-Se compra a un precio y luego se vende...

...mucho más caro y la diferencia es lo que se gana.

-¿Lo entiendes?

-Sí, es lo que se llama un beneficio.

-El caso es que cuéntaselo a tu madre...

...y dile que todo es verdad, ¿eh?

Y dile también que yo os quiero...

...más que a nada en el mundo...

Y que... beso el suelo por dónde pisáis.

Díselo.

-Vaya, acabo de barrer y ya me estás ensuciando el suelo.

-Pero, Catalina, deja que te explique.

-No, no si la explicación ya le ha oído.

-¿Y pretendéis que nos creamos esa batalla?

-Es verdad.

Que se muera Floro si miento.

-Bueno, ya veré si te perdono.

De momento abre la barbería que vas a estar sin dejar...

...de trabajar hasta que recuperes todo el dinero que has perdido.

-Y tú, a la posada...

...que separados estáis mejor.

(LLORANDO) Oh...

¡Margarita! ¡Ah!

(LLORANDO) Gonzalo... ¿Y Alonso?

¡Está ahí! Está ahí encerrado.

Sácalo, sácalo, por favor. (LLORA)

¡Aaah!

¡Aaah!

Crujidos. Aaah...

(GRITA) ¡Ah!

¡Alonso!

¡Aguanta, hijo!

(GRITANDO) ¡Aguanta, Alonso!

Alonso.

Hijo, Alonso,...

¡Hijo! ¡Hijo! ¡Alonso! (GRITA DESESPERADO) ¡Alonso!

(RÍE)

(LLORA)

(LLORANDO) ¡Está vivo!

Está vivo...

(LLORA)

(NUÑO LLORANDO) No. Yo no quería disparar, pero...

Pero ellos se reían de mí y yo... yo no quiero que se rían.

Él se puso delante...

...y la pistola estaba cargada y...

Nuño, tienes que afrontar esto como un hombre.

Es la primera vez que matas a alguien, pero no será...

...la última, estoy seguro.

(SORBIENDO) -¿Entonces... qué debo hacer?

Firmar esta confesión.

-¿Va a detenerme?

Si te detuviera tendrían que juzgarte...

...y si te juzgan lo más probable es que acabes en la horca.

Da igual que seas un niño,...

...da igual que seas el hijo de la marquesa,...

...¡te ahorcarán!

La pistola.

Dime la verdad:

¿Te gustó disparar?

-No le entiendo.

Ya lo entenderás. Anda, ahora vete a jugar...

...y no digas nada de esto a nadie. -¿Ni a mi madre?

Para qué vamos a preocuparla, de tu madre me encargo yo.

-¿Y eso que he firmado?

No te preocupes.

Yo me ocuparé de todo.

-Gracias, comisario. (NUÑO LLORA DESCONSOLADO)

Llaman a la puerta.

¡Abro yo!

Buenas. ¡Lucrecia!

Adelante.

Me disculparás, pero no estábamos preparados...

...para recibirte como te mereces.

Sólo he venido a ofrecerte mi apoyo y mi ayuda,...

...por si necesitas algo.

Habrá sido muy duro haber tenido que echar de casa a Margarita.

Gonzalo, ya he preparado el desayuno.

La señora marquesa ha venido a visitarnos.

Marquesa, si me disculpa tengo mucho trabajo.

Veo que se ha hecho fuerte en tu casa.

Ni siquiera te importa que te roben.

Los pobres sólo tenemos...

...a la familia para ayudarnos unos a otros.

¡Una cosa es ser pobre y otra ser tonto!

Ten cuidado, Gonzalo, no es lo que parece.

Lo tendré en cuenta.

Y gracias por preocuparte.

Vámonos.

Ululatos.

-Madre del amor hermoso.

Vamos a ser pasto de las fieras, ya lo verá usted.

Tranquilo.

¡Vamos!

¡Baja!

-Sí, claro,...

...usted como es el héroe y va con espada y todo.

Si fuera un pobre criado desarmado y atacado por el reuma,...

...ya me diría usted lo rápido que iba a bajar...

...y lo tranquilo que iba a estar. Chis.

Vamos.

La llave. -¿Qué llave?

Ah, la llave se la di, la llevaba usted.

No, la traías tú. -¿Yo? No.

Me acuerdo perfectamente que antes de salir de la guarida...

...de dije: "Amo, tenga la llave". Se la di.

Sátur. -No. Vaya sí se la di.

Que no tengo la llave yo...

Ruido metálico. Que no tengo...

¡La llave!

Pero esta llave no es la de la puerta de...

Sí que es esta llave. -No.

-Si quiero entrar en la escuela de esgrima,...

...voy a tener que entrenar. -¿Sátur?

-Hijo, ¿has vuelto de la guerra?

-¿Vas a presentarte a las pruebas de la academia de Carranza?

No sois capaces de encontrar a un desertor.

-Es mi hijo y no lo entregaré. Yo quería mucho a tu madre.

-Y a mí me gustaría mucho tener una familia como la tuya.

¿Se puede saber por qué me odias? ¿Tengo que recordártelo?

Tarde o temprano lo encontraré.

-¿Valdepeñas? Es sangre.

(SÁTUR TOSE) Nuño, ¿qué sabes de Juanillo?

-¿Yo? (PIENSA) "Es un lugar maldito,...

...está lleno de ánimas penando y de fantasmas".

¡Ah!

Tía Margarita fue el error más grande...

...que he cometido en esta vida. De padre cobarde hijo cobarde.

-Nada, que me he reencontrado con mi primer amor.

Conque me miraras una sola vez como le miras a él...

...sería suficiente.

-¡Oh! Detén el duelo con el maestro.

-Yo por lo menos no voy vestido de lagarterana.

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Águila Roja - T1 - Capítulo 4

12 mar 2009

En la búsqueda incansable de los asesinos de su mujer, Águila Roja, acompañado por Satur, sigue la pista que les dio el Capitán Rodrigo hasta una misteriosa puerta. El Comisario, presionado por la Logia, decide encarcelar inocentes con el fin de atraer al héroe para matarle.

En casa de Gonzalo, Margarita se reencuentra con Iñigo, un socio de su marido con el que se vio envuelto en timos y estafas. Éste, le amenaza con hacer daño a Alonso si no le paga una antigua deuda. El niño corre un grave peligro.

Floro, el barbero, pierde los ahorros de la familia invirtiendo en un negocio de ron. Con la ayuda de Cipri, intentará arreglar el desaguisado a espaldas de sus mujeres. Por otra parte, Nuño, cansado de que se metan con él en la escuela, dispara a un compañero en un ataque de rabia.

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