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No recomendado para menores de 12 años
Transcripción completa

(Música)

Ese guardia merecía morir.

¿Y su familia? Su familia no me importa.

Claro que de esto no hay nada. No me mires así.

¿Así cómo?

Con compasión.

Que tú ibas paseando con tu hermana, ella bajó al río, ¿y después qué?

-No volvió.

-¿Y eso?

Un hueso humano.

¿Qué es eso?

Lo que ves, un enano.

No han sido lobos, son dientes humanos.

El duque de Uceda no saldrá con vida de esta carrera.

¿Pretendéis que un perro acabe con uno de los soldados

del ejército de Las Españas?

Coja un naipe.

No tengo donde ir...

-Quiero saber cómo eres.

"Una mujer casada se debe a su marido de por vida.

Yo he traicionado al mío,

acostándome con la persona que él más quiere. Tú".

Como vuelva a verlo por aquí te dejo de su tamaño.

Diga lo que te diga te vas a quedar en la cocina,

pero que no te descubra nadie, que nos cortan el cuello a los dos.

-El que me atacó tenía una...

una marca en el cuello. Algo así como grabado al fuego.

Sátur, aquí. Es el escudo del conde.

¡Ese es, ese es!

¿Adónde vas? -Al bosque de Río Frío.

-¿Tú sola?

"Desearía estar a vuestro lado,

permanecéis en todo momento en mi pensamiento.

Ganaré esa carrera por vos".

Eran una familia, Sátur.

Eran los hijos del mayordomo del conde.

-¿Qué pedía la chica ciega? Es que todavía no han vuelto.

¿No les habrá pasado nada, no?

Tienes que ocuparte de mi hijo. ¿El recién nacido?

Está en la antigua bodega. Cuida de él.

Tú eres el mayor de tus hermanos. Tuviste que salir adelante con ellos,

pero sois personas, como nosotros, no sois salvajes.

Cuando el duque alcance el testigo rojo,

le espera una espeluznante sorpresa.

Exactamente aquí.

¡Para, para!

¡Ayúdame!

(Ladrido)

¡Cipri!

¡Sacadme de aquí, por Dios!

Una mujer casada se debe a su marido de por vida.

¿Qué haces tú aquí?

-Debo llevármelo.

(Gritos)

Cielo, que ya estás conmigo.

Déjelo ya, amo.

De tanto mirar los pedruscos al final vamos a ver

cómo les crece el musgo.

No, Sátur. El acceso a la puerta negra podría estar por aquí.

Toma, sujeta esto.

Sátur.

Sátur. ¿Qué?

Si es que quedarse dormido de pie no está de Dios...

Que venimos de un viaje sin parar, por Dios.

Solo un poco más.

Si hay que salvar a alguien, se le salva.

Pero estar así, a la búsqueda absurda, es absurdo.

¿Dar con el sucesor de Cristo te parece absurdo?

Usted tiene que estar descansado.

Para estar en pleno vigor cuando hace falta.

Luego vienen las desgracias.

Estas piedras son sepulcros sagrados, Sátur.

Quizá la puerta negra esté bajo tierra.

¿Cómo, cómo, cómo ha dicho, perdone?

¿Que aquí hay difuntos?

Me está diciendo que es un campo santo.

Para los antiguos,

estas piedras delimitaban el mundo de los vivos y muertos.

¿Por qué no me ha dicho que estábamos pisando un cementerio?

¿Por qué me oculta información?

No te estoy ocultando información. Te lo estoy diciendo ahora.

La madre que lo trajo. Encima quería profanar.

Lo que faltaba. Salga de ahí ahora mismo, vamos.

¿Eso qué coño es?

El sonido del viento al pasar por los agujeros.

¿Que estos pedruscos cantan?

Pero vámonos ya de aquí, vámonos.

Vámonos, amo.

Vámonos, vámonos.

(QUEJIDOS) Sátur, Sátur, ¿estás bien?

¿Qué te pasa?

¡Sátur!

Sátur, ¿qué te pasa?

No puedo...

(Música)

(Gemidos)

Señora...

(Música)

¿Te ocurre algo?

Perdona, no quería despertarte.

Últimamente no duermes muy bien.

¿Hay algo que te preocupe?

Debe ser el frío, que me altera el sueño.

Ven.

(Puerta)

¡Señor! ¡Señor!

¿Cómo te atreves a entrar sin permiso?

Lo siento. Es la señora marquesa, que...

¿La marquesa qué?

Que la está cubriendo un hombre.

¿Cómo que cubriendo?

Sí, señor. Está con un hombre en el lecho.

Eso no es posible.

Se ha quitado el cinturón de castidad.

¿Cómo te encuentras?

Debería salir de la cama, amo. Tengo cosas que hacer.

No, hasta que sepamos lo que tienes. Esto es como todo.

En cuanto me acostumbre, ya ni lo noto.

Estás muy débil y un dolor así tiene que significar algo.

Más me dolió aquel juanete que tenía en el meñique izquierdo.

No quiero que te levantes hasta que te vea el médico.

Qué médico ni qué médico, amo.

Que no tenemos dinero, no tenemos nada.

Sátur.

Que te metas en la cama, ¡vamos!

Déjeme en paz, amo. Que ya sé lo que tengo.

Cómo que ya sabes lo que tienes.

Sátur, dime qué te pasa.

Acérqueme el zurrón.

He estado comiendo esto.

¿Por qué? Por hambre.

Algo tenía que llevarme a la boca.

Sátur, ¿en qué estabas pensando?

Cuando tiene hambre deja de pensar.

Si pueden comerlo las vacas, ¿por qué yo no?

Pero no hacía falta. Aquí en casa tenemos co...

No hay casa, no hay qué comer, apenas.

Racioné lo poco que había para que comieran ustedes.

¿Por qué no me has dicho nada hasta ahora?

Entré a su servicio para que usted no tuviera que encargarse

de estos menesteres, amo.

(Música)

Vamos, fuera de la cama.

¿Has perdido el juicio, Lucrecia? ¿Cómo se te ocurre?

¿Quiénes sois vosotros?

¿Qué estáis haciendo en la alcoba de la marquesa?

Déjales, Hernán.

Dime que no estabas haciendo lo que me imagino.

Siento decepcionarte, querido. Pero sí, miraba.

Aún no se me ha privado del sentido de la vista.

Estás enferma.

Te pensaba menos mojigato, Hernán.

¿Y a nosotros quién nos paga?

-Eso, encima querréis cobrar.

¡Cochinos!

¿Pero qué he cogido, amo? Parece que tengo un mono ahí

tocando la zambomba.

Al llegar me he dado cuenta.

No,

no debería haberse usted enterado de nada.

Cago en todo.

Es un héroe. Para las cosas de diario ya estamos los demás.

Las personas que no somos especiales.

No, Sátur, es mi responsabilidad.

No sé cómo ha podido pasar. ¿Cuánta comida nos queda?

Pues si hoy no ceno, mañana tendrán suficiente para todos.

¿Y dinero?

Nada...

¿Y qué esperaba, amo?

¿Hace cuánto tiempo que los padres de sus chiquillos

no pagan por la escuela? No puedo dejar las clase por eso.

Ya, pero con la miseria que la dan a la señora Margarita no nos alcanza.

No sé ni hace cuánto que la pobre no se compra un aceite.

Saldré esta misma noche a cazar con la ballesta.

¡Amo!

Que ya no quedan liebres por el bosque.

No hay ni ratones, ni fruta, ni bellotas.

La gente se está comiendo hasta las cortezas de los árboles.

No vas a volver a estar así.

Voy a hacer algo.

Solo le queda robar.

Eso es un delito. Delito es lo mal

que lo está pasando el pueblo. A eso sí que no hay derecho.

Robar no soluciona nada, Sátur. Mañana seguiríamos teniendo hambre.

Pues vuelva usted a robar. Nadie se lo va a reprochar.

Es para que su hijo y su familia tengan algo que llevarse a la boca.

Los cereales son para tiempo de bonanza.

No dan de comer a nadie.

Si tengo que robar robaré al que más tiene.

Asaltaré el granero real.

¿El granero del rey?

Eso está custodiado por guardias reales.

Le aseguro que tiran a matar, amo.

(Música tensión)

(Relinchos)

Hola, guapo.

Hola, ¿qué pasa, eh?

Tienes el agua sucia.

¡Ay, perdone!

Pero si es usted.

¿Qué hace aquí tan temprano?

Vengo de dar una extremaunción. La muerte, que no entiende de horas.

Ah, claro.

¿Y por qué va sin sotana?

Sigo poco las tradiciones de mi cargo.

Ya. Por eso no viene en un lustroso carruaje,

ni con literas ni escolta. Buena observadora, como siempre.

Perdóname, tengo prisa. Me alegro de verte.

(Música tensión)

Señora, ¿qué hace? Que le va a sentar mal.

Déjame en paz y cumple con tus obligaciones.

Entre ellas está la de cuidarla, señora.

¡Vale ya!

Por Dios, señora. No puedo más, Catalina.

No puedo vivir así.

Señora, piense en todo lo bueno que le queda, piense en su bebé.

Sí.

Un hijo al que ni siquiera puedo sacar a la luz.

Y que si no es por ti, hubieran matado.

No piense en eso, señora.

El desgraciado que lo encontró ya está muerto y enterrado.

Usted lo que tiene que hacer... -Disculpe, señora.

Arriba hay una mujer que dice ser pariente de usted.

¿Pariente?

Mi única familia es Nuño.

Ella dice lo contrario. Se llama Juana.

¿Juana? No quiero verla. ¡Que se vaya, que se vaya!

Hola, prima.

¿Sorprendida?

La última vez que te vi pastabas cabras.

A las dos nos ha ido bien.

¿Qué te ha traído hasta aquí?

Sé lo que te ha pasado

y vengo a cuidarte. No necesito tu ayuda.

Le acompaño a la puerta, señora. -¿Está muy mal, verdad?

-Prepárame la alcoba de invitados, voy a quedarme.

Catalina, que ensillen inmediatamente mi caballo.

Soy Hernán Mejías. ¿Quién es usted?

Juana Sánchez, prima de la marquesa.

Perdone, pero... ¿nos conocemos de antes?

Bonita forma de entablar amistad con una dama.

¿Pero algo manejada, no cree?

No, no es eso. Su cara me resulta familiar.

Sin duda, estaba yo confundido. Tengo un rostro muy común.

Si me disculpa.

(Música tensión)

(Disparos)

Eminencia.

¿Cómo he llegado hasta aquí?

Hija mía, he pedido a mis hombres que te trajeran hasta aquí,

pero veo que sus rudos métodos te han dejado inconsciente.

Siéntate.

Disculpa el agravio.

Para compensarte,

pensaba en ofrecerte este delicioso desayuno.

¿Qué prefieres, dulce o salado?

¿Por qué estoy aquí? No te inquietes.

Come.

No, no tengo hambre, gracias.

Insisto, prueba.

Estos pasteles de almendras son deliciosos.

Conoces a monseñor Adrián, ¿no es verdad?

Sí, sí...

Sí, ¿por qué?

Hace unos años robaron en la catedral de Milano

un valioso sagrario de oro.

Todo indicaba que fue monseñor quien lo hizo,

pero nunca se recabaron pruebas.

Lamentablemente, un anciano sacerdote fue culpado

y condenado a la horca por ello.

¿Por qué me cuenta todo esto? Creemos que monseñor

quiere hacer algo parecido. Sus movimientos resultan extraños.

(RECUERDA) ¿Qué hace aquí tan temprano?

Vengo de dar una extremaunción.

¿Y por qué va sin sotana?

Sigo poco las tradiciones de mi cargo. Perdóneme, tengo prisa.

-Habíamos pensado que, quizá, con una excusa,

pudieras acceder a su habitación

y encontrar algún documento que lo delate.

¿Yo?

Pero si yo no soy nadie... Yo no, no...

Nada, hija mía. Monseñor apenas se relaciona,

salvo contigo.

Así que...

Me he tomado la libertad de escribirle una nota en tu nombre.

Verás, hija mía.

Solo tienes que firmar.

Pero...

Disculpe, eminencia...

A mí me parece un buen hombre. (RÍE IRÓNICAMENTE)

Eso es porque no le conoces todavía. Guarda a sus espaldas muchos

y graves pecados, puedes creerme.

(SUSPIRA)

La Santa Sede te estará eternamente agradecida.

¿Puedo marcharme ya?

Por supuesto, hija mía.

Con permiso.

Es una pena que una mujer tan hermosa tenga que morir.

Contratad al mejor tirador de la villa y acabad con ella.

Un experto para matarla me parece excesivo.

No os he pedido opinión sobre mis órdenes.

Apostad al tirador

frente a la ventana de la alcoba de monseñor.

Cuando entre y esté a tiro...

que dispare.

¿Y qué consigue usted con esa parafernalia, eminencia?

Acusar a monseñor de asesinato.

Nadie oculta información al cardenal Mendoza.

Nadie. Eminencia.

(Música tensión)

(JADEA)

(Puerta)

Amo, eso que me ha dado parece que me ha sentado...

¡Ayúdame!

¿Qué le ha pasado, amo?

¿Le han disparado?

Huía con el caballo,

pero no he podido esquivar una de las balas.

Casi he perdido todo el trigo, Sátur.

Déjese de trigo, por favor. ¿Qué hago?

Tengo la bala dentro. Acércame las tenazas.

Las tenazas, sí. Las tenazas, que está sangrando mucho.

Aquí tiene. Sangra mucho, tenga cuidado.

Cuidado, amo, lleve cuidado.

¡Ah!

¡No, no, no, no!

No la toque, no la toque...

No la toque, que sangra mucho, amo.

Amo, por Dios.

La bala me está rozando la vena.

Podría desangrarme, Sátur.

¿Y qué vamos a hacer? Voy a coserme la herida.

Tráeme la caja.

¿Coserse con la bala dentro? Sátur, es lo único que puedo hacer.

¡Tráeme la caja!

Amo, por Dios. Que esa bala le va a destrozar la pierna.

Para arriba y para abajo, con tanto movimiento...

He hecho todo mal. No, no amo, he sido yo.

Ha ido a robar porque le he puesto la cabeza como un tambor.

Ha sido culpa mía, perdóneme. No, tú solo me has abierto los ojos.

Ay, Dios mío, cómo se le va a poner la pierna.

Al final le van a llamar a usted en lugar de Águila Roja, Águila Coja.

Soy un miserable rastrero que le he chantajeado a usted

con el hambre de su familia.

Sátur, tú no me has obligado a nada.

La culpa es mía, amo.

La culpa es mía, perdóneme.

(Música)

(RECUERDA) "Querido Nuño.

Una mujer casada se debe a su marido de por vida".

Hijo... ¡Nuño!

¿Está bien, señor? ¡Fuera!

¡Déjame solo, fuera!

-Estoy buscando a la marquesa.

-Pues ya ves que no está aquí.

-Soy Juana, su prima.

-Ya lo sé.

¿Se puede saber qué haces todavía aquí?

Lucrecia, he venido a cuidarte. Déjame estar...

Chss.

Juana, ¿te doy lástima? ¿Sí?

Pues más pena me das tú.

Estás sola en este mundo, no tienes dónde caerte muerta.

Por mucho vestido que lleves... hueles a estiércol.

(Música)

Espera, no te vayas.

Tengo una propuesta que hacerte.

Parece que no pican. -Y menos que van a picar

si no dejas de mover el sedal y te estás quieto.

-Bueno...

¿Qué?

Tardes alegres, mañanas tristes, ¿eh?

¿Dónde estuviste?

Pues nada, estuvimos...

¡Qué cojones tengo que explicarte yo a ti! Ni que fueras mi mujer.

-No, si ya. Por ahí, con el amo.

Para arriba y para abajo. Si siempre es lo mismo.

Tú con Gonzalo divirtiéndote, mientras tanto, yo en la casa,

ocupándome de las tareas que no quieren ni los esclavos.

-No, Cipriano, no sigas por ahí... No me busques, que me encuentras.

-Sí, te busco. -Pues no.

-Porque tú no eres más que yo, pero te comportas como tal.

Siempre dándome órdenes.

Y yo soy idiota y te obedezco.

Como hoy, que has dicho que a pescar, y aquí estoy, a pescar.

-Si quieres no pescamos.

Tenemos que pescar para tener algo que llevarnos a la boca.

-Si no tenemos comida es porque tú has desatendido la casa.

-¡Ah!

-¿Estás bien?

-Estoy como me da la gana.

Para irme de jarana con el amo.

-¿Qué ha sido eso? -Habrá sido una corriente de agua.

-¿En un lago? -Una carpa grande.

(Música tensión)

Eso no es una corriente ni un pez.

¡Rema, Cipri!

¡Rema para la orilla, por tu madre!

¿Qué es eso?

(Música)

¿Qué haces?

Alonso, tráeme el zurrón.

Alonso.

¿Estás robando en tu propia casa?

Alonso, ¿qué te pasa? Antes sabías lo que estaba bien

y lo que estaba mal. Ahora parece que no.

¡Espera! Ahora también.

¿Ahora también? ¿Robar en tu propia casa está bien?

¿Matar está bien? ¿En qué te estás convirtiendo, hijo?

¿Es esto lo que yo te he enseñado? ¿Esto es lo que has aprendido de mí?

Tenías razón.

¿Eso es lo que quieres oír?

Y no estoy robando, no es para mí.

¿Cómo que no es para ti?

Es para el hijo del guardia al que disparé.

Le he visto en la calle pidiendo muerto de frío y hambre.

He destrozado a esa familia.

Quería hacer algo.

Está bien.

Llévaselo.

¡Amo, amo!

Que estaba pescando con Cipriano en el lago...

¡Ay, Dios mío, Dios mío! Sátur, ¿qué ha pasado?

Hay una bestia enorme que casi se nos echa encima.

Tranquilo. Sería una carpa o un barbo.

¿Pero qué barba ni que barbo?

El Cipriano también lo ha visto. Ha ido a avisar a las autoridades.

Cálmate, vas a asustar a Alonso. Pues que se asuste.

Así no se acerca por el lago.

Ve a ver al hijo del guardia.

Amo, que le estoy diciendo la verdad. Casi me hago de cuerpo allí mismo.

Sátur, tranquilízate. Estás muy cansado.

A veces eres un poco...

fantasioso. ¡Ah! Que ahora soy fantasioso.

No, si quiere puede llamarme usted imbécil, pero con todas las letras.

Sátur, no he dicho eso.

Solo he dicho que quizá te hayas confundido.

¿Confundirme?

Que era tres veces yo. No me lo niegue.

No es cuestión de negarte.

Como quiera, amo, como quiera.

Quizá cuando saque la cabeza de la tierra, sea demasiado tarde.

Como hizo conmigo,

que me tenía a su lado muriéndome de hambre y...

ni cuenta se dio.

(Música melancólica)

Está demasiado caliente, Catalina.

Una sola marca en mi espalda serán 100 en la tuya.

Lo siento mucho, señora. Cierre los ojos.

Verá cómo poco a poco se va relajando.

-Madre.

Necesito que firmes esto.

Son los pagos por los nuevos viñedos en el norte.

Ahora no, hijo.

Ya lo haré luego. Es solo una firma, madre.

No te cuesta nada.

Yo me encargo de todo.

Está bien.

Señora, ¿no lo lee primero?

Esas cosas a veces llevan letra pequeña y luego....

-Llevo años recibiendo educación para esto, Catalina. Sé lo que hago.

Estoy orgullosa de ti, hijo. Eres lo único que me queda.

"Yo, marquesa de Santillana,

doy el consentimiento consciente y voluntario, para que mi hijo,

Nuño de Santillana y Guzmán,

contraiga matrimonio con quien estime oportuno".

Madre. ¿Qué quieres, hijo?

Nada.

Quería saber cómo estás.

Bien...

Hace falta mucho más que esto para acabar con tu madre.

Buenas noticias, Lucrecia.

Una de tus yeguas ha parido un precioso potro.

¿Crees que me importa lo más mínimo?

Pensaba que te gustaría saberlo. ¿Para qué?

¿Para tener más claro que hasta las yeguas

pueden copular y yo no?

Espera en casa del embajador.

¿Llego tarde? Espero que no demasiado.

Siempre es un placer atender al capitán de La Guardia personal

del embajador en Venecia.

Sobre todo cuando te pagan tan bien.

¿Verdad?

Podría ponerle en contacto con alguien más asequible.

Al irme de aquí querría recordar lo mejor de Venecia.

Tengo entendido que no son los canales.

Cuando te vayas de aquí

no volverás a pensar en mí ni una sola vez.

Como todos.

(Música tensión)

Permiso, señora.

¿Dónde está tu prima?

Yo qué sé.

La he echado.

¿Es que nadie respeta mi intimidad? ¡Fuera!

Disculpe. ¡Espera!

¿Qué sucede?

Dicen que hay algo en el lago, señor.

-Ayer mismo estábamos jugando a las cartas...

Ve a avisar a la viuda, Cipri.

Más vale que se entere de lo sucedido por un amigo.

¡Ay, Dios mío!

¡Ay, Dios mío, que le ha arrancado las piernas de cuajo, amo!

¿Qué clase de pescado sería capaz de hacer algo así?

Una trucha no, desde luego.

¿Hay algo o no en el lago? ¿Usted qué cree, amo?

¿Cómo era lo que viste allí?

No sabría decirle. ¿Qué tamaño tenía?

Enorme. Enorme, amo.

En mi vida he visto nada parecido.

Gracias por creerme al fin.

Y perdóneme. Entre el cabreo y los dolores

no le he preguntado por su pierna.

Tengo que ir al lago.

¿Cómo que al lago?

Amo, no me caliente, que todavía no estoy templado del todo.

¿Al lago para qué?

Señor, ¿qué cree que es lo que hay?

No lo sé, pero sea lo que sea,

no pienso desaprovechar a ninguno de mis hombres.

Cualquier muerto de hambre se jugará la vida por la recompensa.

Comisario.

No puede hacer esto.

Yo diría que ya lo estoy haciendo.

Entorpeces el paso de la autoridad.

La autoridad está para proteger al pueblo,

no para ponerlo en peligro.

Nadie les obliga a nada.

Ellos eligen libremente lo que quieren hacer.

Es mucho dinero. Sabe que solo irán por necesidad.

El que sobreviva y me traiga a la bestia

será un héroe para el pueblo.

La mayoría de la gente ni siquiera sabe nadar.

Se ahogarán antes de intentarlo. Apártate ya

si no quieres que ponga precio también a tu cabeza.

"Estimada Margarita.

Estaría encantado de verte esta tarde a las seis

en mis aposentos.

Atentamente, monseñor Adrián.

(Llaman a la puerta)

Sí, ¿quién es?

-El cardenal Mendoza, señor.

-Un momento.

Adelante.

-Buenas tardes, monseñor.

-Buenas tardes.

-Dado que nuestro primer encuentro no fue del todo diplomático,

he tenido bien... -Traerme un obsequio.

¿No habrá escupido en él?

-Valoro vuestro sentido del humor.

¿Os encontráis a gusto en mi palacio?

-Sí, no se está mal.

-Aunque nadie os ha advertido...

Este ala del edificio guarda mucha humedad.

Conviene mantener abiertas las ventanas durante el día.

Así, de paso, el aire puro de nuestras montañas

os ayudará en vuestras pesquisas.

-Gracias, cardenal.

-Si puedo ayudaros en otra cosa, no tenéis más que decírmelo.

-Por supuesto que puede ayudarme.

Mire, necesito calzar la cama. Renquea y es terriblemente incómoda.

-Ordenaré a uno de mis criados que solucione vuestro problema.

-No sabe cómo se lo agradezco, eminencia.

(Música)

(SUSPIRA)

Margarita.

Gonzalo.

Tengo la cabeza en otro sitio. Tranquila, no pasa nada.

Amo.

¿Qué hace usted aquí de pie?

Debería estar en la cama con la pierna en alto.

Tengo que averiguar qué sucede en el lago.

Y qué más da.

Ahora lo importante es su pierna.

Ya viste cómo quedó ese hombre después del ataque.

No, ese argumento me da a mí la razón.

Haya lo que haya en el lago, es enorme.

Usted no está en plenas facultades. No quiero que muera más gente.

Que vaya La Guardia Real y reviente el agua a cañonazos,

pero no se la juegue usted.

Sátur, han ofrecido una recompensa, no van a hacer nada más.

Que tiene una bala metida dentro de la pierna.

Si no se le asienta, no se recuperará jamás.

Me conoces de sobra. Sabes que mi deber es ayudar

y proteger, aunque esté herido.

Por una vez en la vida deje a un lado sus elevados principios

y hágame caso, que esto es de fuerza mayor.

Si no, mire.

Que usted harás sus investigaciones, pero yo también hago las mías.

si se le pudre la herida podría llegar a perder la pierna.

Tienes razón, pero no puedo quedarme.

La viuda se ha quedado destrozada.

Ahora, con la recompensa, lo intentarán muchos más.

-Te quieres callar, Cipriano. ¿Por qué, si es verdad lo que digo?

-Que no, hombre, que no.

En la villa hay mucho amedrentado,

no creo que nadie vaya al lago.

Amo...

¡Sátur! ¡Sátur!

¡Sátur!

Sátur, ¿estás bien?

Perdona el retraso.

No pretendía seguir la tradición de la novia que se hace esperar.

¿Estás seguro de querer hacerlo? Todavía te puedes echar atrás.

-Mi decisión es firme.

Eres el marqués de Santillana. Podrías aspirar a alguien mejor.

-Por la situación de mi madre,

ningún noble aceptará que me case con su hija.

-Pero no me conoces, no sabes nada de mí.

-Me da igual. Quiero salir ya de ese palacio.

¿Qué ocurre? ¿No te parece buen trato?

Tú tendrás mi título, mis riquezas...

y yo una esposa.

-Nos hemos reunido para ser testigos de los votos nupciales

que Nuño de Santillana y Guzmán y Juana Sánchez

harán ante Dios en este día.

(Risas)

Necesito mi...

-No es bueno que el hombre esté solo.

-Para mí un beso es algo importante.

(CURA) "Entonces, Jehová Dios, hizo caer gran sueño sobre Adán,

y mientras dormía, tomó una de sus costillas

y cerró la carne en su lugar".

Y así, ante los ojos de Dios,

yo os declaro marido y mujer.

Pero chico, ¿ya estás aquí? Habíamos quedado más tarde, ¿no?

Pirata, que tiene ansias por verme.

Hoy me tienes que dar un achuchón bien fuerte,

que llevo un día... Que la quema de Roma, una verbena.

Oye, ¿y esa cara tan mustia a qué viene?

-A que soy un desgraciado que debería morderse la lengua.

-¿Qué ha pasado?

-Sátur ha enfermado por comer hierbajos.

-¿Está bien?

-Le hemos dejado en la cama durmiendo.

Se ha quitado el pan para dárnoslo a los demás,

y yo restregándole que no traía comida.

-Tampoco sabías que la necesidad era tanta.

-Que no, Catalina. No es eso. Llevo meses ensañándome con él.

Hasta le he deseado que...

que estuviera lejos, que se fuera.

-¿Pero eso porque te ha hecho algo?

-Es por...

por puta envidia.

-¿Y al Sátur de qué?

-Siempre está con Gonzalo. En su alcoba, saliendo a altas horas.

Cuando intento acercarme a ellos me mandan tarea para alejarme.

-Eso es porque saben que tú eres un hombre de buena fe.

-Es porque ellos son amigos y yo no.

Si hubiera algún modo de demostrarles que yo también puedo ser su amigo...

-Ay, ¡válgame Dios!

(Música)

Sátur, ¿qué haces aquí?

¿Y usted? Deberías estar en la cama,

estás muy débil. ¿Y si empeoras, eh?

Si empeoro habrá sido por enfermedad,

pero usted ha elegido morir por cabezonería.

(Música tensión)

Si quiere pasar de aquí, tendrá que darme una paliza, amo.

Mira, Sá... ¡Socorro!

¡Ah!

¡Ay, que se lo ha comido, amo!

Quiero que se cubran todos los espejos.

Déjame que te ayude a limpiar, tonta.

Que le castren.

¡Que le castren!

No... -Señora, por Dios.

En este palacio, si no disfruto yo, no disfruta nadie.

¡Señora, piedad, por favor! Piedad, piedad...

La orden ya está dada. Como sigas así,

en vez de criados vas a tener un "col de castrati".

Puede que mi orden no se limite solo a la servidumbre.

Disculpen.

La marquesa de Santillana, ¿verdad? ¿Qué quiere?

Si le manda la Inquisición, sigo con la castidad intacta.

¿O quiere que se lo muestre? No.

He venido porque su hijo ha olvidado darme

el donativo del sacramento que le he dispensado.

¿Mi hijo? ¿De qué sacramento habla?

El del matrimonio.

Le he casado hace unas horas con su prometida Juana Sánchez.

No es posible, no he dado mi consentimiento.

Sí que lo hizo.

El marqués me ha dado el documento firmado por usted, señora.

(RECUERDA) -"Necesito que firmes esto.

Son los pagos por nuestros nuevos viñedos en el norte.

Ya lo haré, luego. Es solo una firma, madre,

no te cuesta nada".

Vaya ahora mismo a por esos escritos.

¿Cómo ha podido casarse? No, ¿cómo has podido tú

darle el consentimiento? ¡Me engañó!

No tienes ni idea de con quién se ha casado.

Sí, lo sé. Es mi prima.

No es noble. Es una meretriz.

Cuya fama llega más allá de nuestras fronteras.

¿Una puta? No eres capaz de ver más allá de ti.

Por eso no te has dado cuenta de lo que pasaba.

Nuño ha tirado su vida por tierra, por la vergüenza de ser tu hijo.

Por alejarse de ti.

Eres tú la única responsable.

(Música tensión)

Amo, váyase usted a la cama.

Váyase, que le tengo que curar la herida.

No puedo. Sí que puede, claro que puede.

Camine un paso detrás de otro, aunque sea así, cojito,

y al final llegará a su cuarto.

Que el reposo le ayudará, amo.

No he vuelto para meterme en la cama.

Entonces, ¿a qué hemos vuelto?

Ve al carpintero y encárgate de que haga una jaula.

¿Una jaula?

¿Cómo que una jaula?

Que sea lo suficientemente grande como para que yo quepa en ella.

Vamos, vamos, vamos...

¿Le ha entrado complejo de canario o cómo va la cosa?

No, Sátur. Me voy a meter en el agua.

¿Pero dentro, quiere decir?

¿Como si fuera usted un Neptuno?

Me meteré en la jaula y lo mataré.

¿Y cómo piensa usted respirar? ¿Cómo va a respirar?

Porque ahí, ahí no hay aire.

No te preocupes, Sátur. Utilizaré un junco vacio

que llegue hasta la superficie.

Eso es una barbaridad.

Sátur, haz lo que te digo.

Buenas. Señora.

Gonzalo, voy a coger un caballo. Necesito los dos esta tarde.

¿Y no puedes... no puedes dejarlo para otro día?

¿Es muy importante donde vas? Sí, porque tengo que ir a un sitio.

Lo digo porque vas muy... ¿Qué?

No es asunto mío.

Voy al mercado de las flores con Catalina, nada más.

Si quieres te llevo yo y...

luego vengo a por los caballos. No, es que...

Prefiero ir yo sola.

Vamos, que no hace falta que vengas. Ya voy yo.

¿Todo bien? Sí, sí.

Si no me puedes dejar el caballo, ya veré cómo voy. Adiós.

¡Margarita!

"Estimada Margarita. Estaría encantado de verte

esta tarde las seis en mis aposentos. Atentamente, monseñor Adrián".

(Música)

(Murmullos)

¡Qué lástima! Con lo que ha padecido tu madre,

lo que ha luchado por vosotros. Ahora se queda sola.

¿Catalina? Sí, señor.

¿Has visto a la marquesa? No la encuentro por ningún sitio.

No, señor. Hace un buen rato que no la veo.

-Perdonen, hablan de la marquesa, ¿verdad?

Vengo de dejarla en el lago.

-¿En el lago? ¿Y qué tendría que hacer allí?

(Música)

(Puerta)

¿Señor? -Sí, adelante.

Disculpe, he llegado antes de lo esperado.

No pasa nada.

Un momento.

Lo siento de veras, monseñor. No pasa nada.

Discúlpame.

¿Y bien? ¿Por qué querías verme?

En agradecimiento por lo que ha hecho usted por mí.

Como soy costurera, me gustaría hacerle una camisa.

Como a veces no lleva hábito.

Muchas gracias, pero no es necesario. Es lo mínimo que puedo hacer.

(Música tensión)

Si me permite, le voy a tomar medidas.

Sí, claro.

Bien.

¿Se da la vuelta para que pueda medirle la espalda?

Diciéndomelo así, cualquiera se niega.

Así, muy bien.

Perdón...

¿Estás bien?

Sí, sí. Perfectamente. Suba los brazos

para que le mida el contorno.

Hasta ahora, solo me habían hecho ropa las monjas.

(Puerta)

-Señor, disculpe. Dice que es breve.

¿Gonzalo?

Soy Gonzalo de Montalvo. Cuñado de Margarita.

Encantado, mucho gusto. Bienvenido a mis aposentos.

¿Qué haces aquí? He venido a recogerte.

Los caminos no son muy seguros y no quiero que vuelvas a casa sola.

Es usted un cuñado muy atento.

No hacía falta,

ya me iba yo sola. Insisto, te espero aquí.

Disculpe, si ella no quiere que la espere, la puedo acompañar yo.

Tampoco va a tardar mucho.

¿No?

Eso lo tiene que determinar la costurera.

Prefiero esperar.

(Música tensión)

¡Margarita!

¿Estás bien?

Esto no va a aguantar.

No va a aguantar, es una majadería.

(Chirrido)

Amo.

Muy bien, amo. Esa es la actitud.

¿A que se ha dado cuenta que no es buena idea meterse en el lago?

Han estado a punto de matar a Margarita.

¿Cómo que han estado a punto?

Estaba visitando a alguien y han disparado por la ventana.

Si no llego a estar con ella, hubiese muerto.

¿Pero quién iba a querer matar a la señora, amo?

La bala no iba para ella.

Iba para quien visitaba. Monseñor Adrián, del Vaticano.

¿El Vaticano?

Perdóneme, pero no entiendo nada.

¿Qué hacía la señora con un cura de la Santa Sede?

Es más, ¿qué hacía usted con el cura y con la señora?

Me mintió, Sátur. Me dijo que iba al mercado con Catalina,

pero había quedado con él. Por eso la seguí,

pero no sé para qué fue. Si es que esta familia tiene un imán

para los peligros.

Yo les prohibía salir de casa, fíjese.

¿Cómo está la señora, está bien? En su cuarto.

Se ha metido en la cama sin dar ninguna explicación.

A descansar, claro.

Es lo que tenemos que hacer todos.

Todo el mundo a descansar, amo.

Entre su pierna, la señora y mis entrañas, no vea usted.

No, Sátur. Prepara los caballos.

Amo, esta idea no es seria. Haya lo que haya dentro del lago,

va a convertir en astillas esta jaula.

Pero tengo que intentarlo.

(Música tensión)

Lo siento, amo.

Lo siento.

-¿Qué hace?

¡So!

¡So, señora, so!

¡Señora!

Sátur, ya hablaremos de esto.

¡Desátame!

Para que se entere.

Mire lo que me ha costado descuajeringar la jaula.

Que no era segura, ya se lo he dicho.

Sátur, si no es hoy, iré mañana.

Tarde o temprano tendrás que desatarme.

O no.

Vamos a ver, Sátur.

¿Piensas tenerme aquí el resto de mi vida?

¿Cómo se lo vas a explicar a Alonso? ¿A Margarita?

Pues no sé. Diré que...

Que se ha tenido que ir a Sepúlveda,

a buscar un libro de esos que lee. Sátur, ¡ya basta!

Hay mucha gente que se va a morir. ¿Es que no te importan?

En la vida hay que elegir.

Egoístamente, prefiero salvarle a usted que al resto.

Perdóneme por apreciarle tanto.

Sátur, esa gente no tiene ninguna posibilidad.

Yo sí. Que no, amo, que no.

No siga usted por ahí, no me va a convencer.

Si después de esto me quiere despedir, hágalo.

Eso significará que sigue vivo.

No se mueva, que voy a curar la herida.

(Música tensión)

Me cago en mi negra estampa.

Si es que eres una calamidad, Saturno.

Ni un puñetero nudo sabes hacer.

¡No!

(Música tensión)

¡No, no lo hagas!

¡Lucrecia!

(Relinchos)

¡No!

¡Lucrecia!

¡No, no lo hagas! ¡No!

¿Qué es eso?

¡Amo! ¡Amo!

¡No lo hagas, Lucrecia!

¡Amo!

¡Amo, que está aquí, no está en el agua!

¡Ah!

¡¡Amo!!

¡¡Amo!!

¡No!

¿Estás bien?

(SOLLOZA)

¿Por qué no has dejado que me ahogara?

¿En qué estabas pensando?

Es lo más estúpido que has hecho en tu vida.

Es lo mejor que podía hacer por Nuño.

Tomando el camino más fácil.

Qué más da.

Ya no tengo nada que perder.

(SUSURRA) Hijo...

Mañana me iré con mi esposa de este palacio.

Te has casado con una prostituta.

No me importa.

¿Un coco qué? Cocodrilo.

Ah...

Proceden de tierras tropicales.

¿Pero cómo ha llegado esto hasta aquí?

El conde de Miranda lo trajo en uno de sus viajes.

Para no aburrirse lo tiró al lago.

Qué desgraciado.

¿Has traído la recompensa?

Sí, amo, sí.

Tenía que ver usted cómo me vitoreaban cuando llegué.

Y cómo me miraba mi hijo.

Amo...

gracias por dejar que sea yo quien me ponga la medalla.

Te lo mereces, Sátur.

Además...

al Águila Roja no le hubieran dado esta recompensa.

Eso es cierto.

¿Qué está usted, dividiendo los gastos mensuales?

Esto para nosotros.

El resto no.

¿Cómo que no?

¿Ya estamos?

¿Ya estamos, amo? Que si quiere usted repartir algo,

reparta abrazos.

Pero dinero no, que estamos boquerón. En esta casa no pasaremos hambre.

Hay gente que está mucho peor que nosotros.

¿Cómo estás?

¿Que cómo estoy?

Pues más cabreado que un mono.

La "sodilaridad", la "soli..."

(TARTAMUDEA)

Bueno, como se diga eso... Eso es un lujo, no una obligación.

Me refiero a tu estomago.

Ah, bueno, de eso...

De eso parece que estoy un poco mejor.

También le digo una cosa:

Si llega usted a ver lo que me ha salido de aquí dentro

se pone usted malo.

Vamos, que lo he guardado en un bote para que lo examinen.

Que a usted le gusta mucho esto de la ciencia.

¡Sátur, Sátur! ¿Qué?

Prefiero que lo tires.

¡Ah! Que se ríe...

Claro, como no ha tenido que evacuarlo usted,

pues, sinceramente, le digo que

yo creo que "me se" ha roto algo por dentro.

(SUSPIRA) Bueno, venga.

Vamos, que ya está todo preparado.

¿Vamos dónde?

Pues a las dichosas piedras.

Hoy no, Sátur.

Hoy descansamos.

¿Cómo que descansamos?

¿Lo dice en serio?

Pero descansar de... ¿tumbarse panza arriba?

Sí, Sátur.

Porque somos hombres...

que si no le arreo un "bocao" que...

le quito de un tirón esa barba de cabra montesa que me lleva.

(IMITA CABRA) (RÍE)

¿Usted quién es?

Guzmán viaja al servicio de la corona.

¡Hermano!

La llave que nos abrirá la puerta a la ciudad sagrada de El Dorado.

Cuanto más miro a este bicho, menos lo entiendo.

¿Quieres acabar en la horca? ¿Esa bala iba dirigida a mí?

Demasiados misterios para un simple sacerdote.

Ese lugar está lleno de muerte. Que la lepra no se cura.

Sátur, nos están vigilando.

Señora, no puede subir al caballo

con el cinturón de castidad, que se va a matar.

-Ya tengo edad para tomar mis propias decisiones.

Nuño. ¡Nuño!

(LLORA)

¿Comisario? ¡Comisario!

Vaya haciendo un hueco que nos vamos al Orinoco ese.

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Águila Roja - T6 - Capítulo 74

09 oct 2014

Las autoridades ofrecen una recompensa a quien capture a una enorme bestia que acaba con todo aquel que se acerca al lago. Águila Roja y Sátur deciden ir a por el monstruo.

En Palacio, Nuño no puede soportar más la situación con Irene y el Comisario. Pondrá en marcha un plan para alejarse de allí y poder olvidar, pero para conseguirlo tendrá que mentir y engañar a su propia madre, la Marquesa.

Mientras, el Cardenal Mendoza está impaciente por descubrir que ha traído a Monseñor Adrian a la villa. Mendoza intentará convencer a Margarita para que se acerque a él y le ayude a investigar. 

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