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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 994 - ver ahora
Transcripción completa

¿Qué pretende, visitarla en su lecho, como si fuera una ramera?

¡Por Dios, por Dios! ¡Don Telmo, don Telmo!

¡Don Telmo!

Está montando un escándalo.

No puede golpear a un enfermo, no puede. Váyase.

Necesito volver a pedirle dinero.

No puedo dejarle ese dinero,... pero tampoco quiero dejarle tirado.

Para ayudarle, lo único que se me ocurre es...

perdonarle la deuda anterior.

(Voces de asombro)

-Arrea. -Eso es una fortuna.

-Esto es mucho dinero. ¿Todo lo pone usted?

-No, es una colecta que he hecho entre los serenos.

-Nosotros solo sabemos cantar y bailar,

y eso es lo que vamos a hacer para los restos.

¿Tú estás practicando con la guitarra?

-Sí, claro, a todas horas.

-¿Yo le enseño el tango y usted les cobra por las clases?

-Anda, mira,

claro, por eso se iba usted tanto del barrio.

-Menudo profesor,

si solo iba una clase por delante de sus alumnos.

-¿Ahí está seguro el dinero de la colecta de la iglesia?

-Más que en la caja de caudales del Banco de España.

-Tampoco me parece un sitio muy difícil de encontrar.

-Este escondite lo uso desde que cogimos el local

y nadie ha cogido "na".

-Venía a pedirle disculpas por mi comportamiento.

He decidido que no voy a incurrir en antiguos errores.

-Me alegra escuchar que tiene tan nobles intenciones.

Soy yo quien precisa un préstamo.

A mí en otra ocasión me encantaría prestárselo,

pero en este momento es realmente imposible.

-Eso mismo es lo que he dicho.

Quiero honrar su memoria.

-Lo que propone es más raro que un perro verde.

-No sé cómo se van a tomar los vecinos esta iniciativa.

-Una misa por Trini y por Celia.

Necesito...

que hables con don Ramón.

Preciso que le pidas 1000 pesetas, como si fueran para ti.

No puedo, señor. No puedo hacer lo que me pide.

¡Te di techo y comida, ¿y así me lo pagas?!

¡Eres una desleal, una desagradecida,

y será mejor que te marches ahora mismo!

¡Todos los de este barrio sois unos malnacidos!

¡Peor que los cuervos!

¿Es que nadie me va a ayudar?

¿Es que todos me van a volver la espalda?

No permitas, Señor,...

no permitas que a quien quiero como al hijo que no tuve,

marche de mi lado.

Él no puede abandonarme, yo soy su única familia.

Yo,... y su hijo Mateo.

Perdí a mis hijas,...

no me hagas volver a pasar por tanto dolor.

Sé que en el pasado te pedí que le alejaras de mí, pero...

era porque la desdicha le perseguía.

Prefería dejarle marchar a que fuera desgraciado,

pero ahora me he dado cuenta de que me equivocaba.

Le necesito a mi lado, y él también me necesita a su lado.

¿Cómo puedo hacer para que se dé cuenta que el destino

lo ha traído aquí para que forme una familia junto a mí y Mateo?

Señor, te imploro,...

devuélveme aquel hijo perfecto,...

permíteme cuidar de él...

y limpiarle y sanarle las heridas,

darle de comer y de beber como solo lo sabe hacer una madre.

Te lo imploro... una y mil veces, Señor.

(LLORA) Señor...

(Campanadas)

Gracias, Señor,

gracias, gracias por oír mis súplicas,

Señor, gracias.

Gracias, Señor,

por oír mis súplicas. Gracias.

¿Está bien?

Úrsula.

¡Telmo, hijo mío!

Hijo mío, no te vayas, no me dejes sola.

No te vayas otra vez, por favor.

(Sintonía de "Acacias 38")

-Me refiero a la misa homenaje que está preparando don Ramón.

-¿Qué pasa con ella?

-Que no lo he entendido bien, ¿homenaje a...?

-Servando, a doña Celia y a doña Trini.

-Ah, entonces sí lo he entendido. Vamos, que no hay quien lo entienda.

-¿Y eso por qué? -Vamos a ver, es normal

que le haga un homenaje a su esposa, pero...

a la que presuntamente mató... -Eso no lo sabe nadie.

-Sí, pues el juez le metió 10 años a la sombra.

-Ahí siempre hubo algo oscuro que olía a "chamuscao".

-Sí, siempre lo ha dicho usted.

-Y usted se lo barruntaba tal que yo.

Don Ramón nunca contó todo lo que pasó ese día.

-No, no, no dijo ni mu.

Pero a mí lo que me ronda es...

-¿Qué le ronda?

-No sé, ¿y no es un poco provocación hacer una misa a doña Celia

cuando don Felipe está tan "enfadao" con él?

-Pues...

quizás ahí también debe haber algo, que dicen que los vieron juntos

y hablando y que don Felipe está algo más tranquilo.

-Pues no lo entiendo.

-Quiere decir que lo mismo han hecho las paces.

-¿Y por qué después de tantos años?

¿No ha habido tiempo antes "pa" hacer la misa?

-¿Y qué más da cuándo sea mientras sea?

Siempre le pone pegas a todo.

-Por la Virgen de los Milagros, qué contentura traigo.

-A las buenas, doña Susana. ¿Y a qué se debe tal entusiasmo?

-A la colecta. No sabéis lo bien que está yendo.

Hemos superado lo esperado.

-¿De verdad?

Lo mismo hasta llega para ayudar a los Quintanilla.

-Y todavía nos sobrará.

-En este barrio somos muy generosos.

-Iré a hablar con el párroco para que organice una ceremonia,

para hacer la entrega oficial del dinero.

-Muy buena idea, doña Susana. -De momento

está a buen recaudo en la mantequería,

pero cuanto antes la entreguemos a la parroquia, mejor.

-No, hace usted muy bien, que hay mucho maleante suelto.

-Y hablando de ceremonias y maleantes.

-¿Sí? -Don Ramón Palacios

me ha hecho llegar una invitación para una misa

en homenaje a Celia y Trini.

Y me consta que las demás señoras tienen la misma misiva.

¿Sabéis algo? ¿Por qué a Celia?

¿Es que acaso le remuerde la conciencia?

-Será un gesto caritativo, aunque no sé yo qué decirle.

-Lo que yo no sabría decirte es si voy a ir.

¿Y vosotros?

-¿Nosotros por qué no vamos a ir?

Si conocemos a las homenajeadas.

-Yo no le negaría un Padre Nuestro ni a mi mayor enemigo.

-En eso tienes razón, pero aun así me lo he de pensar.

Voy a preguntarle a don Felipe, a ver qué le parece.

Con Dios. -Con Dios.

-Con Dios.

Bueno, seguimos con la faena, ¿no? -¿Eh?

-Hala. -De verdad,

qué angustias es usted, de verdad.

-Agustina.

Aquí está tu jornal. -Gracias, señor.

(Llaman a la puerta)

Iré a ver quién es, señor.

Buenas tardes. Buenas tardes.

¿Se encuentra don Felipe en casa? Sí, señor, pase.

Gracias.

-Don Samuel.

¿Podemos hablar a solas?

Agustina, prepáranos unos cafés.

¿Y bien? ¿A qué ha venido?

¿Ha de haber algún motivo para hacerle una visita a un amigo?

Usted y yo no somos amigos.

Lo fuimos en algún momento, casi familia.

¿Familia?

Estuve a punto de casar con su prima.

Usted presionó a Lucía para llevarla al altar

y cuando esta le rechazó, la humilló y se portó mal.

¿Qué quiere, Samuel? ¿A qué ha venido?

Necesito que me preste dinero.

Lo siento,... pero no.

Me encuentro en una situación muy complicada.

Usted no es mi amigo, Samuel,... tan solo es mi vecino.

Ni siquiera me cae bien,... así que no pienso dejarle dinero.

Estoy desesperado, don Felipe. Por favor.

Yo también lo estuve muchas veces, y a mí nadie me ayudó,...

tan solo me juzgaron.

La vida es muy dura, Samuel,...

así que lo siento, pero he de pedirle que se marche de mi casa.

¿O desea algo más?

(Portazo)

Agustina, llévate los cafés a la cocina.

(TARAREA)

-A los buenos días. -Buenos días.

-(TARAREA)

-Señora Carmen, ¿qué le sucede, que no da los buenos días?

-¿Cómo? -Arrea, ¿qué le pasa?

Tiene cara de mohína.

-Nada, ¿qué va a pasar?

-Nada que quiera usted contar, pero creo que puedo adivinarlo.

Está así por su señor.

La situación no está bien en su casa de usted, ¿no es eso?

-¿Ocurre algo en su casa, "señá" Carmen?

-Nada.

¿Qué va a pasar?

-Su señor no está pasando buena racha económica.

Ayer don Samuel pasó a casa de mi señor

y le pidió dinero prestado.

-¿Más dinero?

-¿Qué quieres decir? -Que mis señores están "regañaos"

porque don Liberto le ha "prestao" a don Samuel 3000 pesetas.

-Madre del amor hermoso, ¿en qué lío andará metido

para necesitar tanto parné?

-Les diré la verdad.

No sé bien qué está pasando, pero algo pasa.

Doña Genoveva no está en la casa.

-Arrea, ¿es que se han "separao"?

-No, no lo creo, si yo no he visto pareja que se quiera más que esa,

que andan todo el día con besos.

-¿Y entonces?

-Me da que ella ha querido quitarse del medio por algo.

-¿Cómo?

-Pues... que algún peligro les acecha.

-¿"Un peligro", "señá" Carmen?

-A ver, Casilda,...

si mi señora ha puesto los pies en polvorosa

y mi señor está de acuerdo,

es que algo malo la ronda y él anda protegiéndola.

-Virgen santa.

-Además, que...

don Samuel está muy raro, como nervioso.

Hasta perdió los papeles conmigo. -¿Le trató mal a usted?

-Bien tampoco.

Muy simpático no ha sido nunca,...

pero...

suele ser prudente y educado. -Claro, la entiendo.

Lo que quiere decir es que está

"soliviantao" por ese asunto que no sabemos qué es.

-Lo que quiero decir, Casilda,

es que, sea lo que sea que esté pasando,

es gordo,...

muy gordo.

-Liberto,... ¿a que no sabes qué?

Resulta que el notario ha ido a la mantequería

y le ha dejado a Lolita un auténtico dineral

como donativo para la iglesia.

-¿De verdad? ¿Y cuánto ha dado?

-La cuestión no es cuánto, sino por qué, y la respuesta es por mí.

-¿Por ti? -Hombre, pues claro, descreído.

Gracias a mí ha apoquinado la guita, gracias a mi arte,

a mi capacidad persuasiva, a mi labia.

-Que sí, que ya sé que la insistencia es tu mayor virtud,

y estoy muy orgulloso de ti. -Bueno, gracias.

Ay, Liberto, es que me hace muy feliz poder ayudar.

-Y si tú eres feliz, yo también lo soy.

(Llaman a la puerta)

-Bueno, iré a abrir. -¿Y Casilda?

-Ayudando en la colecta.

Don Ramón. -Buenos días, doña Rosina.

-Buenos días.

Pase, pase, Liberto está en el salón.

-Gracias.

-Muy buenos días, amigo. -Liberto.

-Disculpe, yo tengo que ir a hacer unos recados.

-Siéntese. ¿Le apetece tomar un café?

-No, no, gracias, no tengo mucho tiempo.

He venido a verle porque... he hablado con algunos vecinos

y me han confirmado su asistencia a la misa que voy a dar en homenaje

a mi esposa y a Celia,

pero usted y su esposa no me han confirmado aún.

¿Ha hablado ya con doña Rosina?

-La verdad es que no he tenido ocasión.

-Liberto, sea sincero conmigo.

-No tenía ganas de discutir.

-Eso ya se entiende mejor.

-Pero se lo preguntaré, y no sé lo que ella va a decidir,

pero yo sí puedo prometerle que acudiré.

-No pretendo que acudan todos los vecinos,

sé que muchos de ellos no quieren compartir conmigo el mismo techo,

pero sí me gustaría que alguno de ellos asistiera.

-Es natural.

Y dígame, ¿es eso lo que quería preguntarme?

-Lo cierto es que hay algo más.

-Usted dirá.

-Me gustaría que don Felipe...

asistiera al oficio conmigo.

-No estoy yo muy seguro de que don Felipe quiera participar

en el oficio, pero podría preguntárselo.

-No, creo que debería ser yo quien se lo propusiera,

simplemente quería que usted me diera su opinión,

porque tengo esperanzas de que responda afirmativamente.

-Si eso es para arreglar sus diferencias, le animo.

-Eso pienso yo.

Creo que puede ser el comienzo de nuestra reconciliación.

-No sabe cuánto me alegra escuchar eso.

-¿Sabe?

Creo que esta misa va a significar una antes y un después

en mi relación con Felipe. -Dios le oiga,

y nunca mejor dicho.

-Gracias, Liberto, por atenderme. -No hay de qué, don Ramón.

"Siento tener que pedirte esto," pero me veo obligado.

Entiendo.

No lo haría si no fueras mi última esperanza, créeme.

Samuel, yo...

no puedo ayudarte.

Me gustaría, pero no puedo.

¿Es por lo que te hice en el pasado?

No, no, eso está olvidado.

El tiempo borró todo el rencor que sentía hacia ti.

¿Entonces?

Verás, Samuel,...

Eduardo es conocedor de nuestra historia y nunca me permitiría

prestarte esa cantidad de dinero.

Además, es él quien maneja la economía familiar

y no podría conseguirlo sin su consentimiento.

Esto es todo lo que puedo darte.

El poco efectivo que hay en esta casa.

Esto es una miseria.

Lo sé. Lo siento.

Te lo agradezco igualmente.

Tú y Liberto sois los únicos que habéis tratado de ayudarme,

los únicos.

Úrsula.

(Se abre una puerta)

¿Señora?

Acompañe a Samuel a la puerta.

Hasta luego, Lucía. Con Dios, Samuel.

Adiós, doña Úrsula.

Con Dios, don Samuel.

Señora, tengo que hablar con usted.

¿Qué ocurre?

-¿Una ayudita para la iglesia? -¿Una limosna para la Virgen?

Si nos da su dinero, aténgase a la voluntad de Dios, señora.

-¿Va a negarle la ayuda al Santo Padre?

Con tanto que hace por nosotros. -Para la Virgen.

Las siete plagas no serán nada si no nos da su dinero,

comparado con la que le puede caer.

-¿Qué, cómo va la colecta?

-Mejor de lo que pensábamos. -Sí, ni en nuestros mejores sueños

hubiéramos imaginado recaudar tanto.

-Qué alegría, qué contentura.

Nosotros también hemos "aportao".

Hasta mi suegro ha puesto sus buenas perras.

-Lo sé, Lolita,

y gracias a gente como vosotros vamos a poder reparar la iglesia

y ayudar a los Quintanilla.

-Y gracias a gente como Casilda, que te recuerdo que empeñó

la figurilla que le había regalado su esposo

para la causa. -No te preocupes,

que no olvido ese gesto.

No sé dónde habrá aprendido esa chiquilla a ser tan generosa.

-Me ha tenido a mí de ejemplo. -(AHOGA UNA RISA)

-Por eso. Y pese a todo, ahí la tienes,

generosidad pura. -Es que la Casildilla es pan de oro.

Es "pa" mojar aceite.

-¿Otra vez, Camino?

Tu madre ya dio un importante donativo.

Qué ternura de chiquilla, qué angelito.

-¿Qué, señoras, cómo va la colecta que patrocina mi pensión?

-Muy bien, gracias a gente como Camino.

-Y a gente como yo, que también ha "colaborao" patrocinando el puesto.

Bueno, señoras, con Dios.

-¿Una ayudita?

No, Úrsula, no voy a contar nada a Telmo sobre mi enfermedad.

Por favor, se lo ruego, señora, piénselo de nuevo.

Pero ¿qué cambiaría?

No lo sé, pero quizá don Telmo aceptara marchar con el niño

si supiera que usted se está muriendo,

así salvaríamos a Mateo.

No, Úrsula, no lo haría, sería peor.

Si Telmo lo supiera, nunca se separaría de mí, y usted lo sabe.

Fue... lo que me dijo cuando regresó.

Decidió no darle la carta.

Úrsula, si Telmo lo supiera, movería cielo y tierra

para encontrar una cura,

haría lo indecible por salvarme,

y no hay nada que hacer. No existe cura.

Son Telmo y Mateo...

los que tienen que irse de Acacias.

Son ellos los que tienen que salvarse, Úrsula, con usted.

Tiene que cuidarles en mi nombre cuando yo falte.

Sabe que nada me gustaría más que eso,

pero es que Telmo es muy terco.

Se irá solo y nada podremos hacer por Mateo.

No, eso no va a pasar. No, no podemos consentirlo.

Mateo no puede quedarse a merced

de Eduardo cuando yo falte.

Lo sé, pero no sé cómo convencerlo.

Dios mío.

¿Qué va a ser de mi hijo cuando yo me muera?

¿Qué vamos a hacer, Úrsula?

Tiene que ayudarme, se lo ruego.

Tiene que convencer a Telmo para que se lleve a Mateo.

No podemos dejarle con Eduardo.

No. Ya sé que no podemos, no.

No se preocupe, señora,...

yo lo conseguiré.

Don Eduardo no se quedará con el niño.

-Arantxa, pasa algo, no me lo niegues.

-Que no.

-¿No eres tú quien dice que no le gustan las mentiras?

Pues dime la verdad, ¿qué le ocurre a mi madre?

-Está bien, te voy a decir la verdad: nadie la quiere.

-¿Cómo? -Ninguno de los grandes teatros

la quiere, no la quieren contratar. -¿De veras?

-Le dicen que es antigua y que hay artistas mucho más jóvenes que ella

que llenan los teatros.

Así que se está planteando volver a sus inicios en pequeños locales,

como cuando era una principiante. -¿Y mi madre lo va a hacer?

¿Tan mal estamos de dinero?

Tata, ¿y si les cuento la verdad?

Les digo que soy la Dama del Misterio

y que estoy ganando buenos reales. -No.

-Contribuiría a la economía familiar.

-Y a llevar tu madre a la tumba del síncope que le iba a dar.

-Pero actuaría yo por ella.

-¿Y eso le iba a hacer feliz?

-¿No? -No.

-A ver, ¿por qué?

-En un minuto te lo cuento "pa" que te quede claro:

Uno, te quiere mujer de diplomático, no artista farandulera.

Dos, tú, no teniendo experiencia,

tienes muchas más actuaciones que ella y encima cada día

con más éxito. Y tres, ahí te van a pillar,

que llevas semanas y semanas mintiendo.

¿Ahora te queda claro?

-Diáfano. Va a ser una hecatombe.

-La guerra de Cuba se iba a desatar.

-Entonces ¿qué, a seguir mintiendo? -No te queda otro remedio.

¿Entiendes ahora por qué odio la mentira?

Porque la primera te lleva a la segunda, y esa a otra,

y acabas en una bola más grande. -¿Qué hago,

sigo con mi vida como si nada? -Eso es.

Es más, ¿no tenías hoy ensayo?

¿No habías "quedao" con don Hipólito?

-Sí, tengo que ir a ensayar nuevos pasos para el espectáculo.

-Pues espabílate y hazlo bien,

porque como tú empieces a hacerlo mal, la liamos.

-Gracias, tata.

-Nada, mi amor.

Hala.

-Aquí tiene, caballero, la habitación siete,

subiendo las escaleras a la izquierda.

-Buenas. Marcho al 38.

-¿A hacer qué, Servando?

-No, que me ha dado don Ramón esta carta para don Felipe.

Ya supondrá usted de lo que es, ¿no? -¿Una invitación a la misa homenaje?

-Eso me temo.

-¿Y cómo reaccionará don Felipe cuando se la dé?

-No pienso quedarme para averiguarlo.

Yo le entrego la carta y salgo raudo y veloz como una saeta

antes de que la lea. -Bien.

Yo me hago una pregunta:

¿por qué don Ramón no le dio la carta a Jacinto?

-Porque el portero y el "abogao" casi llegan a las manos.

¿Usted cree que me querrá zurrar a mí también don Felipe?

-Ande, calle y vaya a hacer lo que le han pedido.

-Vaya por Dios.

Vamos. -Con Dios.

-Eso, eso, que me acompañe, que falta me va a hacer su ayuda.

-¿Qué le pasa?

-Sus "tontás" de siempre, ¿o no lo conoce?

Dígame, ¿en qué puedo ayudarla?

-Vengo a traerle a don Ramón un libro que me prestó.

-Pues en su habitación está, vaya usted misma.

-Casi prefiero dejárselo a usted.

-¿Y eso por qué, Carmen? ¿Acaso no quiere verle?

-Lo que no quiero es hacerme más ilusiones, Fabiana.

Que fui una ilusa. Me comporté como una chiquilla.

-¿Por qué? ¿Por tener una ilusión?

-No,... por engañarme.

Don Ramón me apartó de su vida y ya no vale la pena

insistir más.

Debo acatar... su voluntad.

Entrégueselo, haga usted el favor.

-Como usted quiera.

-¿Qué estás preparando, Arantxa, hija?

-Voy a hacer un caldito de verduras, y aquí tenemos un guiso fantástico

de patatas, bacalao y guisantes. -Mira, que para como estamos,

tiene mucho fundamento. -Estupendamente.

-Di que sí.

-Mi vida. Lucero mío.

Mi sirenita, ¿dónde te metes? -¿Qué pasa, hay un incendio?

-No, pero lo va a haber, que esto está que arde.

He encontrado el sitio que buscábamos.

-Ay, ¿de verdad? -Un pequeño cafetín prestigioso,

frecuentado por auténticos entendidos fieles del lugar.

-Ya sabía yo que iba a encontrar un lugar bonito.

-¿Y cuándo vas a hablar con el dueño?

-¿Estás de chanza? Directo me he ido a hablar con él.

Es un entendido, cuida mucho su programa, y no te lo vas a creer.

-¿El qué? -Dos veces te vio

antes de que emigráramos a la Argentina.

-Mientes.

-No, se quedó prendado por tu arte, ha sido una sorpresa para él

que siguieras en activo.

Las cosas bonicas que me ha dicho de ti.

-Ay, cuenta, cuenta, que soy toda oídos, no escatimes en detalles.

-Que eres la mejor artista de este país,

con garra, auténtica, con carácter.

-¿Garra y carácter? -(ASIENTE)

¿No habrá querido decir puro arte y temperamento?

-También. Una gloria nacional, eso es lo que ha dicho.

-¿De verdad? ¿No me estás regalando los oídos?

-No, te prometo por tu virgen que te digo la verdad.

Ese hombre me ha llegado a decir que te seguía la pista

a través de un amigo suyo que le contaba tus andanzas

por las Américas.

-Tiene que ser un auténtico seguidor.

-¿Y cómo se llama el empresario ese? -Hipólito Pastrana.

-¿Y el local?

-El local se llama el Cafetín del Duende, qué bonito.

-Ay, qué lindo el nombre.

-(TOSE) -¿Y a ti qué te pasa?

-Que he puesto demasiada guindilla al guiso, demasiada.

-Pues rebájalo un poco con agua,

a ver si me a dar a mí también la tos.

Oye,...

¿el Cafetín del Duende no es donde actúa la Dama del Misterio?

-Me suena a mí que sí, pero ¿qué más da?

-Pues sí que da, José, sí que da, porque si a Hipólito Pastrana

le gusta la Dama del Misterio, que es una cría engreída y vanidosa,

no le voy a gustar yo que soy una artista reputada.

-Pero si te acabo de decir que es tu mayor seguidor.

¿Qué perdemos por ir a verlo?

-¿Y cómo es el local? ¿Merece la pena?

-Me encanta. Mejor será que lo veas.

¿Vamos? -Venga.

-¿Ahora? ¿Ahora?

¿Qué necesidad hay de ir ahora? ¿No puede ser mañana?

-Mañana tengo que ir a conocer otro empresario

interesado en Bellita a las afueras. -Uy, en las afueras,

eso suena fatal.

Nos vamos al Cafetín, no vaya a ser que termine yo cantando en el campo.

Voy a por mis cosas y...

Ay, qué alegría, Dios mío, virgencita.

Vamos a triunfar de nuevo.

¡Ole!

-Bellita, no me vayas a tener una hora esperando.

-Jesús, María y José.

-"¿Y el médico?".

-Ese sí que ha dado donativo.

El que parece que no ha puesto ni un céntimo es el boticario.

-Ese hombre ha sido agarrado de siempre,

y mira que le sobran los cuartos. En fin, a Dios gracias,

todos nuestros vecinos han aportado algo, aunque sea poco.

-Todos, todos, no.

-¿Quién falta? -Los Alday.

Me dijo Lolita que don Samuel se negó a hacer

ni una pequeña aportación para la colecta.

Es más, aprovechó para pedirle dinero prestado a Antoñito.

-¿De veras?

-Como lo oyes. -Pues no te vas a creer

lo que me contó Casilda.

Don Samuel también le pidió dinero prestado

a Felipe y este le dijo que nanay.

-¿Cómo? ¿Está arruinado? -Algo le ha pasado.

¿Y sabes por qué lo sé?

-Suéltalo.

-Carmen le contó a Casilda que doña Genoveva ya no duerme en la casa.

-¿Seguro que entendió bien? -Claro que entendió bien.

-Samuel ha apartado a su mujer de la casa,

y eso es porque teme que algo le pueda suceder.

-Pues a saber en qué lío anda metido.

-Pues en uno peligroso, ya te lo digo.

Ya os dije que esa gente no me gustaba nada,

y la que menos, ella.

-El comisario estuvo en su casa haciéndoles preguntas.

-Ah,... pues no os lo vais a creer, pero a mí también

me hizo preguntas sobre ellos.

-¿Preguntas sobre ellos, sobre qué? -Sobre el dinero que le presté.

-A ver si te vas a meter en problemas por culpa de esa gentuza.

-Aquí huele a chamusquina.

-¿Cuándo le hizo llegar la invitación a Felipe?

-Hoy, a través de Servando, y estoy deseando saber la respuesta.

-Todavía es pronto, es normal que no haya contestado.

-Sí, pero no por ello dejo de estar impaciente.

-Yo le recomiendo que no se haga muchas ilusiones.

-Sé que no es fácil, pero tengo fe en que dirá que sí.

Sería para mí un gran alivio que estuviese a mi lado

en el templo,

y no solo porque será lo suyo en una ceremonia

en que se homenajea a nuestras esposas, sino porque...

eso significaría que podría darse

el perdón entre nosotros.

-Y en un futuro poder volver a ser amigos.

-Así es.

-Padre, créame que yo también lo deseo, pero...

le recomiendo que sea prudente por si la respuesta no es la que espera.

No quiero verle sufrir más.

-Buenas tardes, ¿está Lolita?

-Está encargándose de un pedido, pero si le puedo ayudar yo.

-No, le he encargado unas cosas a su esposa y he de anularlo.

-¿Y eso, algún problema con el género?

-Nada,

solo es que mi señor va a salir de viaje

y no habré de cocinar en unos días. ¿Se lo dirá usted?

-De su parte, Agustina.

-¿Y cuándo dices que se va tu señor?

-Mañana mismo.

Me ha pedido que le prepare el equipaje y contrate carruaje.

-Gracias por avisar, hablaré con Lolita.

¿Me está diciendo que sobro en su vida? No,...

quien sobra en esta historia es su esposo. Yo la amo.

Tranquilízate, por favor.

No mereces ninguna consideración, ojalá te quemes en el infierno.

Señor, por favor. -¡No le haga nada a mi madre!

-¡¿Quién te ha dado permiso...?! ¡No le toques!

¿Por qué no se marcha y nos deja en paz?

No voy a permitir que le haga daño.

¿Quién se cree que es, estulta?

No es más que una criada y va a obedecer mis órdenes.

Quítese de mi camino.

¿Sabe lo que haría don Eduardo? No pararía

hasta dar con ustedes y, desde luego,

yo no voy a ayudar a un suicidio.

Nada nos va a detener.

Señora, madre de Dios,...

(Se abre una puerta)

perdona todos mis pecados,...

(Se cierra una puerta)

ruego que perdones todos mis pecados.

¿Qué hace?

¿Ya está hablando sola?

Con la Virgen, señor.

¿Rezando? Sí.

Por la familia,...

por que siempre se mantenga unida.

Es usted muy buena mujer,... Úrsula.

No diga eso, don Eduardo. ¿Por qué no?

Si es la verdad.

Es bondadosa,...

y buena cristiana, ¿no?

No tenga falsa modestia.

(TOSE)

¿Se ha tomado su medicación? Siempre se me olvida esta toma.

Tenga, señor.

Gracias, Úrsula.

Bajaré a buscarle su caldo, seguro que le sienta bien.

(Taconeo)

-Eso es, ¡eso es!

(Taconeo)

Ole.

¡Bravo, bravo, bravo!

Cada día lo haces mejor.

-Una, que ensaya día y noche con ahínco.

-Y no es para menos, que estás empezando.

Lo haces muy bien, pero mucho te queda por aprender.

-Eso es lo que trato de hacer todos los días.

-Has de seguir probando cosas, sorprendiendo a tus admiradores

en cada función.

¿Sabes que hay gente que ya pregunta por la Dama del Misterio?

-¿De verdad?

-Tú y yo vamos a llevar tu nombre lejos, muy lejos, ya lo verás.

-Muchísimas gracias por esta oportunidad.

Voy a aprender, voy a trabajar

y voy a ser una de las mejores.

-Algún día, pero mucho has de fijarte

en las que ya lo consiguieron. Por eso tengo una sorpresa para ti.

-¿Una sorpresa?

-Hoy vas a conocer a una de las grandes,

una artista con letras mayúsculas, una mujer con mucha experiencia

y que debería servirte de inspiración.

-¿Y quién es?

-Si te lo dijera, no sería una sorpresa.

La vas a conocer en breve, hoy viene de visita al Cafetín,

fíjate en ella y todo te irá bien.

-Fijarme en las mejores es como he aprendido todo lo que sé.

Tener alguien cerca con experiencia es un auténtico regalo.

-Don Hipólito, tiene usted visita.

-Deben de ser ellos, enseguida regreso.

-¡Agua! ¡Agua!

-Agua, agua, agua.

-Aire. Aire.

-Pero ¿qué dices, que no te entiendo?

¿Has perdido el oremus?

-He perdido el corazón y medio pulmón viniendo hacia aquí.

A ver,...

Tú,... tú,... -¿Yo qué, yo qué,

yo qué? -Tu madre.

-¿Me insultas?

-Te advierto, y de paso te salvo la vida.

Tu amá está aquí. -¿Qué?

-Con tu aita, están entrando ahora mismo en la sala.

-Es lo que me estaba diciendo don Hipólito,

mi madre es la artista reputada.

-No sé de qué estamos hablando, pero nos tenemos que ir ya,

pero espera, me ahogo.

-Venga, venga. -¡Corre, corre!

-El abanico, el abanico. -¡Cinta!

-Es usted la mejor de las mejores, y es un honor tenerla aquí,

en mi humilde café. Soy un gran admirador suyo,

doña Bella.

-No está nada mal el sitio.

-Quiero presentarles a la artista

cabeza de cartel de nuestro espectáculo,

la Dama del Misterio.

Uy. Hace un segundo estaba aquí mismo,

¿dónde se habrá metido? -A saber.

Esas jovenzuelas son unas irresponsables,

no se puede confiar en ellas.

-Esta es muy trabajadora

y fiable. Habrá ido al aseo.

Quizás por los nervios.

Luego se la presento.

¿Y qué, les gusta el lugar?

-Nada mal,... don Hipólito,...

pero que nada mal, ¿eh, lucero? -Precioso.

-Tomaremos algo mientras hablamos de negocios.

Antonio, prepara una botellita de fino y jamón del bueno.

-Esto se merecería champán francés por lo menos.

-Champán francés,

ya me gustaría a mí,

pero el negocio no da para tanto, señor Domínguez.

Pasen, pasen.

-De momento.

(Se abre una puerta)

Pero ¿qué haces aquí? Te dije que no salieras del hotel.

Te echaba de menos. No puedo vivir sin ti.

Te has arriesgado mucho.

Venir es peligroso, ¿y si te han visto?

No te preocupes, nadie me ha seguido.

Eso no lo sabes.

Lo que no sé es vivir sin tus besos, sin tus caricias,

necesito olerte, tenerte cerca, dormir junto a ti.

¿Acaso crees que yo no?

¿Acaso crees que no se me ha hecho eterna la semana?

Necesito tu calor, mi vida,...

pero no quiero que nada malo te pase.

¿En qué momento pensamos que podíamos estar a salvo

sin salir del país?

Fuimos unos ingenuos, pero pronto todo se acabará.

¿A que sí?

¿Qué ocurre, Samuel?

¿Qué ocurre?

¿No has conseguido el dinero?

No. ¿Nadie?

Ni uno de los vecinos de Acacias ni supuestos amigos

nos han ayudado. Ni uno.

Siempre nos dieron la espalda, desde el principio.

Esos no son tus amigos, los amigos no hacen eso.

Siempre me odiaron y ahora se vengan.

Les he suplicado, me he humillado suplicándoles

¡una mísera peseta y no me han dado ni un real!

¡Y tienen dinero de sobra, maldita sea!

Son unos hipócritas,...

son unos hipócritas que ignoran mis problemas, mis ruegos,

pero se deshacen para dar dinero a las obras de la iglesia.

¿Qué te ocurre?

Creo que he encontrado la solución a todos nuestros problemas.

Sé cómo conseguir el dinero y darle un escarmiento

a todos los desgraciados que tenemos por vecinos.

-¿Quieres otro café? -Ya nos hemos pedido tres.

Mejor nos pedimos unas copitas. ¡Emilio!

-¿Sí? -Por favor, dos digestivo.

-¿No es muy pronto?

-Así celebramos el éxito de la colecta.

-Ahora mismo se los traigo. -Gracias.

Emilio.

Venía a buscar el caldo de mi señor.

Le digo a Camino que se lo prepare.

Gracias.

Buenas tardes, señoras. Buenas tardes, Úrsula,

hace mucho que no sabemos nada de Lucía. ¿Le ocurre algo?

No, tan solo es agotamiento,

seguramente producido por el cambio de estación.

Y eso que es joven. Dígale de nuestra parte

que la echamos de menos. Así lo haré.

Su digestivo.

-Muchas gracias.

-(SE AHOGA)

-¿Qué le sucede a don Eduardo? -Parece que no está bien.

-Oiga, oiga, ¿qué le sucede?

¡Por Dios! (LLORA)

Don Eduardo. ¡Un médico!

¡Que alguien llame a un médico!

Por Dios, respire. -Venga.

Despierte, despierte.

Lo siento. Está muerto.

No, no puede ser.

¡Despierte, don Eduardo! Despierte.

Deje, no podemos hacer nada. Está con Dios.

Emilio, llama a la Guardia.

¡Emilio! -Sí.

(LLORA) No puede ser.

(LLORA)

-¿Te das cuenta, amor mío?

Nunca cerramos la mantequería por alegrías.

-Así es la vida, cariño, las desgracias pesan más que las dichas.

-Pobre Lucía, viuda tan joven, debe ser un espanto.

Hoy acaba una etapa de su vida,...

ha de sacar fuerzas de flaqueza y cerrarla como corresponde.

Mi vida, dice. Muy poca me queda ya.

Lo sé, señora,...

por eso, los últimos días de vida que le queden

debe vivirlos en paz, sabiendo que su hijo está a salvo.

Tendrías que haberte quedado en el hotel,

ahora iba a salir a buscarte. No podía permanecer allí

ni un segundo más. Los hombres de Cristóbal

han ido en mi busca. ¿Qué?

Pero ¿cómo han dado contigo?

Lo ignoro, pero ya ves que ningún lugar es seguro para nosotros.

Lucía, aguarda un segundo.

Telmo.

Lamento mucho lo ocurrido.

"Preciso que acojáis a mi esposa unas horas".

¿Aquí? ¿En el altillo?

-Pero ¿y a qué se debe tal capricho?

Eso no es de vuestra incumbencia. -Se equivoca, señor, sí que lo es.

Nuestros señores no ven con buenos ojos a usted y a su esposa.

-Carmen, se lo ruego, diga algo.

Tu padre era un hombre muy recto, a veces poco cariñoso,

pero nadie quería que esto sucediera,

y tampoco nadie tiene la culpa, y eso no es malo.

¿Usted quería que él muriera?

-Me pregunto cómo estará la pobre Úrsula.

Tenía gran estima a su señor. -¿Nadie la ha visto?

-No.

(Ruido de hueco)

Aquí está.

(Suena una campanilla)

-¿Qué hacía ese en la mantequería?

¡Rápido, hay que llamar a un médico!

-Voy a avisar al médico de Lucía. -Jacinto, ve a buscar un coche

para llevarla al hospital. -Voy.

-Pobrecita, la pena ha podido con ella.

-Avance raudo y no se detenga, ¿me oye?

Al hospital. Rápido.

-Lolita,... Antoñito, venid conmigo,

hay algo de mucha enjundia que debo contaros. Venid, venid.

-"El dinero de la colecta ha volado".

-Y no cabe duda de quién es el manilargo.

Ya os he dicho que vi salir con mis propios ojos

a Samuel Alday.

-¿Y por qué viene tan "alarmao"?

-Porque han "robao" el dinero de la colecta.

-Pero ¿qué dice usted, Servando? -No, no, no, calle,

que todavía no he "terminao", que hay más.

Sabemos quién ha sido el ladrón. -Dígalo de una santa vez que,

como que me llamo Fabiana, ese maleante se va a enterar.

-Doña Susana ha visto salir de la mantequería a Samuel Alday

mientras estábamos en el funeral.

-¿Dónde está el dinero?

¿Han perdido el oremus? No sé de qué me están hablando.

-Lo sabe de sobra. -Samuel,

por favor, déjese de comedias. De verdad que...

no puedo entender que nos haya traicionado de esta forma.

-¿Qué sucede? -Pero si lleva una maleta,

quieren escapar con nuestro dinero. -¡No!

-¡No, abre la puerta! -¡Abre la puerta!

-¡Samuel!

-¿Qué hacemos, Samuel? Es nuestro fin.

Marcharnos de inmediato.

-Disculpen.

¿Podrían indicarme dónde queda el 38?

-Sí, ahí mismo.

-Gracias.

-¡Aquí están! -¿"Ande" creen que van?

¡Pero ¿cómo se atreven! ¡Largo!

¡Déjenos entrar! ¡Largo de mi casa!

¡Déjenos entrar o le doy un buen mandoble!

-Van a devolvernos hasta la última peseta, ladrones.

-Rece porque llegue la policía antes de que entremos.

Demasiado tarde. -Haz que se callen.

Ya voy. ¡Haz que se callen!

Cálmate, cariño. ¿Cómo?

Estamos presos en nuestra propia casa.

Encontraremos una salida.

No, Samuel, no nos van a dejar salir,

y mientras, Cristóbal ya debe estar en camino.

Nos van a matar.

¡Por culpa de los vecinos, Cristóbal nos va a matar!

Estamos en una ratonera.

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Acacias 38 - Capítulo 994

17 abr 2019

Samuel sigue necesitando dinero y le pide un préstamo a Felipe, que también se lo niega. Agota su última bala y va a pedirle dinero a Lucía, que también se niega a dárselo. Las criadas por un lado y Rosina y Liberto por otro comparten impresiones sobre Samuel y se dan cuenta de que hay algo peligroso. Genoveva y Samuel maldicen a los vecinos.
Ramón va a pedirle opinión a Liberto, quiere que Felipe asista a la misa. La noticia de la misa por Trini y Celia se difunde por el barrio y se entera todo el mundo. Carmen le deja a Ramón los libros que él le dejó, está muy triste y da la relación por perdida. Ramón se entera de que Felipe saldrá de la ciudad el día de la misa y resulta un duro golpe para él.
Bellita comenzará de cero, planea ganarse de nuevo al público y a la crítica para conseguir volver a los escenarios. Cinta se entera del fracaso de su madre y le dice a Arantxa que va a confesarle que es La Dama del Misterio, pero Arantxa le prohíbe que haga eso porque va a hundir a su madre. José llega con la noticia de que El Cafetín del Duende está encantado de que actúe Bellita, Arantxa entra en pánico porque ahí actúa Cinta. Tiene que intentar que Bellita y Jose no pillen a Cinta con Hipólito.
Úrsula empieza a desvariar y le ruega a Telmo que no se vaya. Lucía llora con Úrsula, va a morir sin poder salvar a su hijo del maltratador de Eduardo. Ese momento le hace reflexionar a Úrsula y recuerda distintos momentos agrios con Eduardo, así que decide envenenarlo para acabar con su vida. La colecta va de maravilla y las vecinas lo celebran cuando Eduardo se desploma y muere en el portal delante de todos los vecinos.

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  1. María Del Pilar Sancho

    Por que mueren tantos en esta serie? Por que no también un poco de felicidad, dentro del dolor. Y por que no hay niños, parece que en esa época los niños no existían? Yo soy de que los niños no deben trabajar mucho, pero solo se ve a un niño y durante años a ninguno, salvo el bebé y el hijo adoptivo que tuvo Celia y Felipe. Sigo la serie desde casi el principio y reconozco que no queda sitio en el cementerio de acacias 38

    19 abr 2019
  2. Mabi

    Y vamos por más Ursula!!! Ahora Eduardo y me da que pronto hará lo mismo con Lucía en su afán de " formar una familia " junto a Telmo y Mateo... Espero que Telmo esté bien despabilado y vea la verdadera cara de Ursula...pregunto... ¿Por qué se lo muestra tan desalineado a Don Ramón? Tan mal ha quedado financieramente que ni para hojitas de afeitar le quedó? Antoñito le vendió su antigua ropa para pagar abogados? Si hasta Jacinto parece mejor trazado!! Adoro a los Domínguez! Que buen rato me hacen pasar cada vez que aparecen!!! Felicitaciones!!!!

    18 abr 2019
  3. Lidia

    O sea... Hello!!! El resumen del capítulo es un spoiler total!!!

    17 abr 2019
  4. Angélica Navarro

    Ya se sabía que Samuel rogaría el dinero de la colecta. Lo que no pensé es que fuera tan idiota como para dejarse ver.

    17 abr 2019
  5. Saro

    De entrada, me sorprende Ursula rezando (como en su etapa de maldad) y su forma de hacerlo .. "yo soy su única familia, yo y su hijo Mateo" .. "el destino le ha traído hasta aquí para que forme una familia junto a mí y Mateo" .. "devuélveme aquél hijo perfecto" .. de repente, las campanas le devuelven un flashback del sacerdote. Ese abrazo a Telmo llamándole "hijo mío"... me ha hecho pensar que Ursula se ha vuelto a trastornar. También me ha extrañado la larga mirada de Samuel a Ursula llamándola Dª. Ursula y la de ella a él llamándole Don Samuel (como una vuelta al pasado). Lucía le dice a Ursula: " .. son Telmo y Mateo los que tienen que irse de Acacias, son ellos los que tienen que salvarse Ursula con usted, tiene que cuidarles en mi nombre cuando yo falte". El rostro de Ursula cambia y le dice: "sabe que nada me gustaría más que éso". La petición de Lucía a Ursula me ha recordado la de Trini a Celia; no quiero asociarla pero no me gusta. Me llamó la atención cómo le sirve el agua envenenada a Eduardo, levanta la mano y "escancia" el agua. Definitivamente, Ursula ha vuelto. El capítulo ha estado fantástico. Me ha dado pena de Samuel (aunque poco tiempo). Arantxa que mujer tan genial y como protege a todos los Domínguez (sobre todo a Cinta). Carmen no ha querido entregar personalmente el libro a Ramón y éste sigue preocupado por Felipe. Rosina tan tacaña como siempre. Mi felicitación a todos y, muy especialmente, a Montse, Alba, Juan, Gurutxe, María, Juanma y Sandra

    17 abr 2019