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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 993 - ver ahora
Transcripción completa

Venía yo de hacer un encargo de doña Celia cuando escuché

que la pequeña Milagros lloraba.

"Me acerqué a su habitación...

y lo que vi me puso los pelos de punta, señor".

"Doña Celia intentaba que Milagros mamara de sus secos pechos".

Tuve tanto miedo, que huí. -¿Has firmado ya?

-No, Los que he ido a ver no te merecían.

-¿Ni el Apolo ni el Trianón? -Ninguno.

-Quedas encargada de hacer la colecta entre las criadas.

-Doña Susana, ¿las criadas también?

-¿Acaso no rezan?

-¿Ya le ha "contao" la verdad?

-No me he atrevido.

-Es de Marlene, de Bilbao.

Cristóbal está detrás de la muerte de Ariza.

Sus hombres lo encontraron cuando estaba a punto de marchar de España.

"Querida Genoveva:

Ten cuidado, va a dar contigo".

"Quizás solo tengas horas". No podemos quedarnos aquí.

No podemos irnos sin dinero.

¿Me está usted traicionando, Úrsula?

Lo va a pagar caro.

-"La señora es una estrella". -Sí, pero los empresarios de teatro

no tienen memoria.

Dicen que el arte de mi Mari Belli está pasado de moda.

-¿Y qué está de moda ahora?

-La Dama del Misterio de marras, que como les intriga,

la quieren tener en sus teatros.

-Esos dos andan con movimientos raros desde hace días.

-¿Que se van? -Muy pequeña es esa maleta.

-Reconozco que en este momento no soy una buena compañía para nadie.

-¿Qué me está queriendo decir?

-Quiero estar solo.

-¿Alguien va a robar ese dinero?

-En la mantequería tengo una caja de caudales con llave.

-Muy buena idea, Lolita.

Pues allí se guardarán.

-¿Ningún teatro quiere firmar un contrato?

-¿Qué has dicho?

Ya no soy nadie.

Nadie.

Te voy a defender de ese hombre.

Por Dios, don Telmo, baje la voz, estamos en mitad de la calle.

¡Me da igual que me escuchen! Telmo, ¿y yo?

¿Y mi reputación?

Ya veo el amor que me tienes. Por favor, Lucía.

Vamos, Úrsula.

(GRITA)

¡Señora! Señora, señora, por Dios.

¡Lucía! Señora.

Lucía. ¡Ayuda!

Se lo ruego por lo más sagrado, márchese de inmediatamente,

don Eduardo está en casa.

No, no voy a hacerlo, no pienso irme

sin saber cómo se encuentra Lucía.

Está descansando en su alcoba.

¿Por qué no le han llevado al hospital?

Porque ella no quiso.

Márchese antes de que ocurra una desgracia.

Daría lo que fuera por verla. Sabe que eso es imposible.

¿Qué hace en mi casa este malnacido?

(Sintonía de "Acacias 38")

Úrsula, le he hecho una pregunta.

-¿Qué hace este hombre en mi casa?

Por favor,...

don Eduardo, cálmese. No cometa una barbaridad.

Ya sabe que no es bienvenido, así que márchese por donde ha venido.

¿Cómo se le ocurre presentarse aquí?

No va a amilanarme.

He venido a interesarme por la salud de Lucía.

El estado de mi esposa no es un asunto que le incumba.

Está tardando en hacerlo.

Márchese o aténgase a las consecuencias.

Don Telmo, sea razonable.

No. No me iré hasta que no vea a Lucía.

Pero ¿qué está diciendo?

¿Qué pretende, entrar en nuestra alcoba?

Ya me ha escuchado, tengo que ver a Lucía.

Pero qué sinvergüenza.

¿Pretende visitarla en su lecho, como si fuera una ramera?

¡Por Dios, por Dios!

¡Don Telmo, don Telmo!

Está montando un escándalo.

No puede golpear a un enfermo, no puede,

váyase, váyase, por Dios.

(TOSE)

Carmen, ven un momento.

¿Precisa algo, señor? Sí.

¿Estás segura de que Liberto recibió mi aviso?

Por supuesto, yo misma le entregué la nota en la que le citaba.

No entiendo por qué no ha venido, ya ha pasado la hora.

Es de suponer que estará al llegar, señor,

solo pasan cinco minutos de la hora.

¿Va todo bien?

¿A qué viene esa pregunta, Carmen?

Disculpe mi indiscreción, señor, pero...

como la señora no está en casa y falta parte de su ropa,

me ha extrañado que se fuera de esa forma.

(Llaman a la puerta)

Corre a abrir.

-Buenas tardes. Buenas tardes, Liberto.

¿Quieren que les prepare algo?

-No, por mí no se moleste, no quiero nada.

Gracias, Carmen,

te llamaremos si te necesitamos.

Por favor, siéntese conmigo.

Pues aquí estoy.

¿Ocurre algo?

Verá, Liberto,...

esto es muy violento para mí.

Entonces no se ande por las ramas, sabe que estamos entre amigos.

Necesito...

Necesito volver a pedirle dinero.

Lo siento muchísimo,...

Samuel, pero en esta ocasión no voy a poder ayudarle.

Le ruego que me escuche.

Se trata de un caso de extrema necesidad,

no habría acudido a usted si no me fuera la vida en ello.

Lamento escuchar que se encuentra en una situación complicada.

No sabe hasta qué punto estoy apurado.

Genoveva y yo debemos irnos de viaje y necesito el dinero

para comprar unos pasajes de barco.

Por supuesto, le devolvería hasta el último céntimo.

No lo dudo, Samuel.

Entonces, ¿por qué no puede ayudarnos?

Me encantaría, pero hace una semana tuve una trifulca con mi esposa

por este asunto.

Y no sabe lo mucho que lamento

haberle puesto en este brete,... pero no tengo otra alternativa.

Y yo tampoco. Entiéndame.

Si le presto ese dinero, estoy poniendo en riesgo mi matrimonio.

Comprendo su situación, de verdad que la comprendo,

pero en este caso, el dinero me es mucho más urgente

que la vez anterior.

Samuel,... créame,...

no puedo dejarle ese dinero,... pero tampoco quiero dejarle tirado.

Para ayudarle, lo único que se me ocurre es...

perdonarle la deuda anterior.

Olvídese de las 3000 pesetas que me debe,

pero lo lamento, no puedo dejarle ni una perra chica.

Siento no poder hacer nada más.

Le agradezco mucho su buena voluntad.

Con Dios, Samuel.

Con Dios, Liberto.

-Ha preparado Arantxa un besugo a la espalda digno de un general.

-Me resulta indiferente, no podría tragar ni un boquerón frito.

Tengo el estómago más cerrado, que el puño de un prestamista.

-Haz un poder, lucero mío.

No quiero que te enfermes por no comer.

Mira que no puedo figurarme un mundo sin ti.

-Pues sería el único que no puede hacerlo.

Los dueños de los teatros no pierden el sueño

por no tenerme entre su elenco. -Esos no reconocerían

una estrella de tu porte ni aunque se les cayera encima.

-Es posible, pero al parecer, todos piensan que conmigo

no llenarían ni un par de filas de su platea.

-No está hecha la miel para la boca de un asno.

-Mal rayo les parta. Antes se volvían locos

por que cantara 10 minutos,...

y ahora, los que comían de mi mano, no me quieren ver ni en pintura.

-Son unos tuercebotas que se dejan llevar

por el último tenorcillo que aparece,

pero tú no te apures, lucero mío,

ya verás lo pronto que damos con el teatro indicado.

-A este paso terminamos actuando por las ferias de los pueblos

Mira, podríamos comprar la cabra y así completamos el número.

-No seas tan tremenda.

Y brinda conmigo, anda. Si no es con tu cante,

ya encontraremos otra forma de ganar parné.

-Y un cuerno.

Nosotros somos artistas, y lo nuestro es el arte,

cualquier otra cosa son castillos en el aire, José Miguel.

-Pero si no hay de lo nuestro,

tendremos que probar de otras formas, digo yo.

-Tú tienes menos memoria que un salmonete, ¿no?

¿Qué ha pasado con todos los negocios que hemos intentado?

Cuenta, cuenta, ¿qué ha pasado?

-Bueno, bueno, bueno, sí. Sí, sí.

Alguno ha salido regular. -¿Regular?

Regular, dice. El teatro se nos quemó

como una hoguera de San Juan y las aceitunas no sirven

ni para echárselas a los cerdos. Zapatero, a tus zapatos, mi alma.

-Ya, pero no nos encargan ni arreglar una media suela.

-Nosotros solo sabemos cantar y bailar,

y eso es lo que vamos a hacer.

Oye, ¿tú estás practicando con la guitarra?

-¿Eh?

-Que si estás practicando con la guitarra, la guitarra.

-Sí, claro, a todas horas. -¿A todas horas?

Yo no te he visto ni un minuto.

-Porque cuando estoy contigo, gitana, no tengo conciencia

para otra cosa que no sea admirarte.

-José Miguel.

¿No sería mejor que nos fuéramos a Argentina?

-¿Argentina, mi alma?

¿Y desmontar toda esta casa?

-¿Y qué podemos perder? Aquí no me quieren y allí,

en cambio, me adoran. Estoy segura que me recibirían

con los brazos y los teatros abiertos.

-No sé si sería peor el remedio que la enfermedad.

Figúrate lo que te ocurriría si ves tu teatro quemado

y la compañía disuelta.

(Pasos)

-"Ozú", tengo más hambre que el perro de un maestro.

Llevo toda la tarde estudiando. -Esa es tu obligación.

-Madre, ¿cómo le van las reuniones con los empresarios?

Tengo unas ganas de verla.

-Ay. Pues bien,...

Cavilando cuál es el mejor para la reaparición.

-Tu madre no puede actuar en cualquier sitio.

-Por supuesto que no.

Además, tiene que ser un evento de lo más sonado.

Ya saben, aprieten con el porcentaje a los empresarios.

Mientras esté en cartel, van a tener el teatro lleno.

-Arantxa,... ¿está ya ese besugo o qué?

(Llaman a la puerta)

¿Sí?

¿Se puede pasar?

Pase.

Le traigo unas viandas por si le entra apetito más tarde.

No ha "probao" ni una miga de la cena.

Se lo agradezco, pero no tengo apetito.

Haga un poder, que no tenemos tantos huéspedes

como para que se nos vaya uno.

Úrsula. ¿Puede dejarnos solos, Fabiana?

Claro, faltaría más, que una todavía tiene mucha faena que hacer.

¿Viene a recriminarme?

Por supuesto que sí.

¿Cómo ha tenido la osadía de comportarse así con don Eduardo?

Me vi obligado a contestarle. ¿De esa forma?

Por amor de Dios, si estuvo a punto de golpearle

en su propia casa. Tampoco estaría de más.

Ese tipejo se merece una buena paliza.

De no ser por usted, habría conocido mi furia.

¿Es que quiere perderse?

¿Tan grande es su odio hacia él?

No es el odio lo que me mueve, es el amor,

el amor hacia Lucía. No,

no se engañe,...

el amor nunca lleva a la violencia.

Ese individuo no se merece ninguna consideración,

se comporta con ella como un tirano.

Es muy posible,...

pero el odio solo le nublará la razón.

No, se equivoca, tengo muy claro lo que debo hacer.

Don Telmo,...

¿dónde está aquel hombre bondadoso que conocí?

¿Aquel que se entregaba a los demás, que cuidaba de sus fieles?

No se deje llevar por el odio,

es un veneno muy peligroso que destruye a todos

los que se acercan a él.

Sé muy bien de lo que hablo.

Durante años, fue el motor de mi vida.

Hasta mis propias hijas fueron presa de ese sentimiento.

¿Y qué pretende,... que me quede de brazos cruzados?

No,

pero le pido que busque otro camino.

Usted me enseñó que estaba equivocada con su bondad,

me cambió, me convirtió en otra persona.

Yo solo le di un empleo. No.

Hizo mucho más que eso,...

me ayudó cuando todos me habían dado la espalda.

No quiero ver cómo un hombre bondadoso y puro se corrompe.

Por Dios, créame,...

cuando uno empieza a odiar,...

ya no puede dejar de hacerlo.

-No son muchos cuartos, pero es lo que hemos podido reunir.

-Si "entoavía" tuviera a las ovejas, lo mismo les podría haber "dao"

un par de quesos.

-Todo lo que se dé para la iglesia es bienvenido.

-¿Aunque sea muy poco?

-Eso es según se mire.

Una peseta para un señor no es nada, pero para nosotros es un capital.

De aquí se recolectará muy poco porque somos pobres,

pero es mucho porque será de corazón.

-A las buenas.

Miren.

Aquí traigo siete pesetas "pa" la colecta.

-Pero...

¿de dónde has sacado tantos monises?

-De su sueldo no será, que doña Rosina cada vez es más tacaña.

-Bueno, es que...

la verdad es que he "empeñao" una figurilla que me regaló Martín.

-Mujer, pero ¿cómo has hecho eso? Si era un recuerdo de tu difunto.

-Ya, si no te creas, prima, me ha "costao" una "jartá"

deshacerme de ella, pero... una quería echar una mano.

-Prima,...

eres más tierna que el pan blanco.

-Ay, tienes el cielo "ganao". -"Pos" ojalá,

porque así, cuando me muera, me iré con mi Martincico.

Él era tan bueno...

-Y era más majo que las pesetas, y...

se le echa mucho de menos.

-Y usted, Servando, ¿no va a poner ni un real?

-¿Te parece poca mi colaboración, que he puesto las maderas

y he hecho el puesto "pa" la colecta?

Pregúntale a cualquier carpintero qué cuesta eso.

-Parece mentira que se metan con Servando con lo generoso que es.

-Vamos a ver con qué colabora usted.

(Voces de sorpresa)

-Arrea. -Eso es una fortuna.

-Esto es mucho dinero. ¿Todo lo pone usted?

-No, es una colecta que he hecho entre el gremio de los serenos,

aunque ese billete de 100 sí que era mío.

-Ah. Usted...

Usted, Cesáreo, usted sí que es generoso,

no como Servando, que pretendía cobrarnos por las clases de tango.

-¿Es eso cierto? -Vamos a dejarnos de charlas

y vamos a llevarnos ese dinero a la iglesia, venga.

-No, espere un momento, nos debe una explicación, y nos la va a pagar.

¿Yo le enseño el tango y usted les cobra por las clases?

-Anda, mira, claro, por eso se iba usted tanto del barrio.

-Menudo profesor, si solo iba una clase por delante de sus alumnos.

-¿Y usted, cómo es que sabe bailar tangos?

-No se me da mal el baile. Una vez gané un concurso

con una tal Jezabel.

Me aprendí el tango

para camelarme a una argentina que tenía un puesto en el mercado.

-Ah, pues no es mala treta.

Si le recuerda la tierra, ya la tiene "ganá".

-Ya, pero cuando bailamos, resultó estar coja.

-Bueno, eso tampoco es tan malo. -Ya,

pero resulta que estaba casada y su marido, carnicero,

era un artista con los cuchillos.

-Vaya, eso sí es un buen motivo para dejar el baile, porque claro,

un marido burlado no se anda con bromas, no.

-Sí, sí, pero lo que me parece mal es que usted cobrara por las clases

que yo le daba de balde. -Vamos a ver,

si le sirve de consuelo, yo pensaba darle la mitad del dinero,

pero como no cobré...

-Pues mejor, que hacer tratos con usted es tan inútil,

como sacar a bailar a una argentina coja.

-(RÍEN)

-Bueno, háganos una demostración.

-No, no, que la haga Servando. -Sí, sí.

-Venga.

-Ande y que os zurzan, hombre.

¿Está usted a gusto?

Todo lo bien que puedo estar. ¿Quiere otro cojín?

No es el cuerpo lo único que me incomoda, Úrsula.

Está usted apurada por la pelea de don Telmo con don Eduardo.

Así es.

Anoche fui a la pensión a hablar con él.

Traté de que entrara en razón,

pero no sé si mis palabras calaron en su ánimo.

La situación no puede ser peor, Úrsula.

Eduardo me trata con más desprecio que nunca.

Gracias a Dios que está reunido y me deja reposar unas horas.

(Suena una campanilla)

No será Telmo otra vez, ¿no?

Voy a ver, pero si es él, le impediré entrar.

Señora, don Felipe.

Buenos días.

Úrsula, déjenos solos.

¿Puedo?

Sí, claro.

Me he enterado que sufriste un desvanecimiento.

Por eso he venido a verte. Se lo agradezco, pero...

ya me siento algo mejor.

Lucía, te veo algo desmejorada.

¿Quieres que te busque otro médico?

No, Felipe, no es necesario.

En unos días ya estaré como siempre.

Rezaré por ello.

Tú siempre has estado pendiente de mí,

puedes contar conmigo.

¿Qué ha pasado? Percibo un cambio en su actitud.

Así es.

Tenía una venda en los ojos con respecto a Celia,

y con todo lo que pasó antes de su muerte.

Pero ¿a qué se refiere?

Es muy pronto para remover ese pasado,

pero te prometo que a partir de este momento voy a cambiar,

y estaré a tu lado para lo que quieras.

Se lo agradezco,...

pero no hay nada que pueda hacer por mí.

¿Qué le ha ocurrido?

Nada.

Un momento de zozobra,...

pero ya todo pasó.

No te preocupes por esto.

Estoy segura que vendrán tiempos mejores.

Ya lo verá.

-¿Una ayudita para la Virgen de los Milagros?

-Rásquese el bolsillo, don Javier, de nada le va a servir

ser el más rico del cementerio.

Susana, qué desagradable es la gente cuando le pides dinero.

¿Una limosna para la Virgen? -Nadie hace caso a nadie.

Este barrio ya no es lo que era. -Vamos a peor,

pero si tú y yo somos las únicas que nos preocupamos de ayudar.

-Así es.

Ay, deberíamos ir a casa de Lucía, a preguntarle por su desmayo.

-¿Sabes qué? Debe andar un poquito mal de los nervios.

-Eso o que le saca de sus casillas ver a Telmo por el barrio.

-Buenas. -Buenas.

-Gracias, mi niña. -¿Han visto a Genoveva?

-No, ni falta que hace.

-Muy buenas. -Buenas.

¿Cómo se encuentra, doña Bellita?

¿Para cuándo es el regreso a la farándula?

-Cuando tenga un teatro apalabrado,

quiero un palco para mí y mis amistades.

-Espero estar en los escenarios lo antes posible,

pero aún no puedo concretar fecha. -¿Qué ocurre,

le ha surgido algún imprevisto, algún contratiempo?

-No, no, es que no he encontrado un teatro adecuado.

-No me diga que no la quieren contratar.

-Todo lo contrario:

en cuanto se ha corrido la voz, me llueven las ofertas,

lo que pasa es que no quiero debutar en cualquier sitio.

-Me parece sensato, tiene usted que elegir con mucho tiento.

Es fundamental que elija un escenario que esté a su altura.

-Sí, además no le va a faltar competencia.

La prensa habla muy bien de la Dama del Misterio.

-No, lo siento, no me he bajado los anteojos.

-Pues lee tú, y en voz alta, para que se entere.

-No, no si no hace falta, seguro que ponen lo de siempre:

que si gracia, que si tronío,

tonterías con las que los plumillas

llenan las páginas de los periódicos.

-¿Y usted, doña Bellita, qué opina de esa muchacha?

¿La ha visto actuar? -No, aún no he ido,

pero iré a verla, a ver si es verdad que merece tan buenas críticas.

-Perdóneme, señora, pero se nos hace tarde, que llegamos tarde a su cita.

-He quedado con mi sombrerero para encargarle un tocado.

-Madre, marcho a la academia,

que se me ha hecho muy tarde para acompañarla.

-Ten mucho cuidadito.

Queden con Dios, señoras. -Con Dios.

-Con Dios. -Ay.

-Otra oportunidad.

Qué agarrados.

-Marcelina, dame el periódico que trae las críticas

de los espectáculos. -Claro.

Creo que es este, señorita.

-Tome.

-Muchas gracias.

¿Le sujeto los libros? -Sí.

-¡Uy! Sí que pesa ser culto.

-¿Tú crees que ahí está seguro el dinero de la colecta?

-Más que en la caja de caudales del Banco de España.

-No me parece un sitio muy difícil de encontrar.

-No te apures, este escondite lo vengo usando

desde que cogimos el local.

Buscaré otro sitio si no estuviera segura.

Tendrías que ver "to" el dinero que han "cogío" las del altillo.

-Al final va a ser verdad que quien menos tiene, más da.

-Que no te quepa duda. Seguro que las criadas han recaudado

más dinero que "toas" esas señoras.

-Bueno, a mí me hubiera gustado aportar un poco más,

pero después del descalabro de las aceitunas,

estamos al borde de la quiebra.

-Me hubiera "gustao" que las aceitunas cruzaran el charco

y que se conociera Cabrahígo en América y en "to" el mundo.

-Tú no te preocupes que en cuanto podamos, te llevo a América.

Al poco de estar allí, se va a hablar de Cabrahígo

hasta en la Casa Blanca, ya verás.

Buenos días.

Don Samuel, ¿qué se le ofrece?

-Es la primera vez que le tenemos por la mantequería,

no sabía que usted era de comprar vulgaridades.

Lo cierto es que no he venido a comprar nada.

Vengo por un asunto de dinero.

Ah, ¿va a donar algo "pa" la colecta?

Siento decirles...

que no me encuentro en posición de hacer ningún donativo.

Es más bien al revés,...

soy yo quien precisa un préstamo.

Sé que no somos grandes amigos,...

pero le tengo gran aprecio como hombre de negocios

y por eso y porque...

porque estoy metido en un gran aprieto,

le pido por favor que me deje el dinero que pueda.

A mí en otra ocasión...

me encantaría prestárselo, pero en este momento es realmente imposible.

Acabamos de perder todos nuestros ahorros en una empresa

de exportación de aceitunas.

Créame, Antoñito,...

no se lo pediría si no fuera por una causa de fuerza mayor.

-Don Samuel, estamos tiesos.

Es que... no le podemos dejar ni un real.

Ya. Comprendo.

Aunque me figuro que no deben de estar tan mal

cuando sí tienen dinero para pagar las humedades de la iglesia.

Ustedes sabrán.

De verdad que lo siento que estén pasando por un mal momento,

pero... cuanto más lejos tengamos a los Alday, mejor "pa" nosotros.

-Algo muy grave le tiene que estar pasando a Samuel

para rebajarse tanto y pedirnos dinero.

-¿De quién hablan? -De la Dama del Misterio.

-Ay, mucha coba le están dando, seguro que no le llega

ni a la suela de los zapatos a doña Bellita.

-Por supuesto que no, mi madre es inimitable.

-¿Ya está otra vez con la Dama del Misterio?

¿Por qué le llama la atención a alguien

que no quiere saber nada del espectáculo?

-¿Y por qué tengo que darle explicaciones?

-No tiene que darlas, pero tampoco tiene por qué no hacerlo.

¿O es que oculta algo? Se la ve nerviosa.

-Pues mire para otro lado.

-Es usted lo más interesante que hay en toda la calle.

¿A qué viene tanto interés?

-¿Quién se ha creído que es usted para exigirme a mí nada?

Un impertinente es lo que es,... por no decirle algo más grueso.

Muchas gracias, Marcelina. -Con Dios.

Menudo carácter se gasta la hija de la artista.

A la señorita no hay quien le tosa.

-Cada vez que la hablo se lo toma todo a mal.

Marcelina, deme el periódico que se ha llevado la señorita.

-Claro.

¡Uy! Esta muchacha se ha "dejao" los libros.

Aquí tiene.

Gracias. -Gracias.

-Con Dios.

¿Pido que le sirvan el almuerzo, señor?

No quiero nada. Que se retire.

¿Qué ocurre, Eduardo? ¿No ha ido bien la reunión?

Mis negocios van viento en popa, no es eso lo que me amarga,

es la presencia del malnacido de Telmo lo que me saca de quicio.

Que ayer estuvo a punto de golpearme en mi propia casa,

¿hasta cuándo voy a tener que aguantar tanta ignominia?

Lamento que te importunara. Mientes.

Lo que a mí me suceda te importa un comino.

Tú eres la culpable de todo lo que está sucediendo

con el antiguo párroco. Tú te has lanzado a sus brazos,

te has insinuado como una vulgar mujerzuela.

Tranquilízate, Eduardo. No mereces ninguna consideración,

ojalá te quemes en el infierno.

-¡No le haga nada a mi madre! -¿Quién te ha dado permiso...?

¡No le toques!

¿Por qué no se marcha y nos deja de una vez en paz?

Corred, corred, por el amor de Dios, corred.

-(TOSE)

Traiga las pastillas.

(TOSE)

-Si tuvieras tiempo y te da permiso tu señora,

te agradecería mucho que me echaras una mano en la limpieza,

ahora que don Felipe me deja entrar en la casa.

-Ya, si yo por ayudarla...

"Amos", y que por doña Rosina tampoco tendría que preocuparse,

que yo la camelo en un santiamén. Si es que...

Mire, le voy a decir la verdad.

A mí me da miedo su señor, me da miedo

que coja el carro de las chufas y la tome con nosotras.

-Por eso no tienes que preocuparte, parece que anda mucho más sereno.

(Se abre y cierra una puerta)

-A las buenas. -Buenas.

-Tengo los pies rotos de tanto andar por la calle.

-Pero si apenas has estado caminando un par de horas.

Has estado más tiempo en el restaurante que en el puesto.

-Para reponer fuerzas. Qué duro es esto de ser buenas personas.

-Y usted tiene un corazón enorme,

tan grande que no le cabe en el pecho.

Y es por eso que yo querría

preguntarle si le importaría que ayudara a la "señá" Agustina

con las tareas en casa de su señor.

-¿No descuidarás esta casa? Eso sería como desnudar un santo

para vestir otro. -No, no, tendré tiempo "pa" "to".

-¿Felipe ya te deja entrar en casa?

-Para mí que empieza a tener signos de mejoría.

-Esperemos que empiecen a enderezarse las cosas

en el barrio. -Ay, querido,

no eches las campanas al vuelo. Lo de la iglesia, será muy difícil.

-Ya, y nosotros apenas hemos "podío" aportar "na".

-Lo que se ha podido. Y tú hasta has tenido que empeñar

un regalo de Martín para conseguir cuartos.

-Ese detalle te honra, Casilda.

-En realidad no ha "sío" "pa" tanto, seguro que mi Martín querría

que yo empleara el regalo en eso.

-Así todas hacemos mucho, yo también,

pero ahora vete a limpiar con Agustina,

no quiero que pierdas el tiempo charlando.

-Por cierto, señor, me han "dejao" este "recao" "pa" usted.

(Llaman a la puerta)

-¿Quién te lo manda?

-Es de don Ramón, quiere verme.

-Buenos días. -Buenos días, don Felipe.

Perdón.

-Disculpen, señores, ¿les importa si me marcho ya con Agustina?

¿Vamos?

-Pero pase, Felipe, pase, por favor.

Siéntese con nosotros.

Pues usted dirá, ¿en qué puedo ayudarle?

"Tengo que ver a Lucía".

Pero qué sinvergüenza.

¿Pretende visitarla en su lecho como si fuera una ramera?

¡Por Dios, por Dios! ¡Don Telmo, don Telmo!

¡Don Telmo!

"No se deje llevar por el odio,"

es un veneno muy peligroso

que destruye a todos los que se acercan a él.

Sé muy bien de lo que hablo.

Durante años fue el motor de mi vida.

¿Y qué pretende, que me quede de brazos cruzados?

No,...

pero le pido que busque otro camino.

Usted me enseñó que estaba equivocada con su bondad,

me cambió.

(Llaman a la puerta)

¿Puedo pasar, don Telmo?

Pase.

Vengo a recoger la bandeja.

Ayer no cató usted "na" de lo que le traje,

y hoy, tres cuartos de lo mismo.

No puede usted vivir sin comer.

No va a hacerme daño un poco de ayuno.

Perdone mi impertinencia, pero tengo que preguntarle qué le ocurre.

La sigue usted queriendo, ¿verdad?

Perdone, perdone si le he "molestao",

pero sepa que una no juzga a nadie por lo que hace o deje de hacer.

Me consta que obra de buena fe.

Cuando volvió usted al barrio le vi muy "ilusionao" y cada día

está usted más marchito.

No le es suficiente con estar cerca de ella, ¿no?

Fabiana,...

en todos los años que he pasado alejado de este lugar,

nunca dejé de pensar en ella.

Si volví fue porque pensaba que podría recuperarla

y hacerla feliz.

Ya. Y se encontró con que estaba "casá".

Sí.

Atrapada en un matrimonio que solo le trae sufrimiento.

Del que no "pue" sacar "na" y a la que no puede obligar

a que se marche con usted.

Tal vez mi regreso ha sido un tremendo error.

Me empeñé en una quimera y mi obcecación me ha impedido

ver las cosas con claridad.

He tensado las emociones hasta el límite de la locura.

¿Le importa?

¿Sabe? Yo también me he visto "separá" de mis seres queridos

y solo puedo decirle

que la vida golpea con la fuerza de una mula,

pero hay que seguir adelante.

Rendirse es lo último.

No lo olvide, don Telmo.

Y ahora,...

haga un poder y coma algo.

Haga caso a la Fabiana.

Fabiana, espera un segundo.

¿Me haría un favor? -Claro que sí, lo que quiera.

-Pues yo diría que usted tiene mejor aspecto que estos días atrás.

-Gracias.

-¿Ha ocurrido algo que propicie este cambio?

-Rosina, cariño, ¿te importaría dejarnos a solas un momento?

Descansarás en tu alcoba.

¿No te dolían los pies?

-Les dejo solos, no quiero meterme en una conversación de hombres,

no sea que no esté a la altura. Don Felipe.

-Cuénteme, ¿qué es lo que le preocupa?

-Venía a pedirle disculpas por mi comportamiento.

He decidido que no voy a incurrir en antiguos errores.

-Me alegra escuchar que tiene tan nobles intenciones.

-No voy a caer en el desánimo,

no voy a consentir que nadie nuble mi entendimiento.

-Ya sabe que puede contar conmigo para lo que precise.

Por cierto,...

siento mucho lo ocurrido con los Sahagún.

-No. No tiene por qué sentirlo,...

el error fue solo mío,... no se puede culpar a nadie más.

-Reconocer los errores es buena muestra de que las cosas van mejor.

-Así es.

Por fin he entendido que salir adelante solo depende de mí.

-Me alegra profundamente escuchar sus palabras.

-Gracias por escucharme.

-Insisto, don Felipe, puede contar conmigo para lo que sea menester.

-No le molesto más, no hace falta que me acompañe.

-No.

-Con Dios. -Con Dios.

-Lo he escuchado todo.

¿Ves como era intrigante este cambio tan brusco?

Algo bien gordo debe haberle ocurrido.

-No deberías haber escuchado, Rosina.

Aunque...

sí que es verdad que creo que hay algo extraño en todo esto.

-Buenas tardes, Lolita.

Ponme cuarto de bacalao, que con eso y dos kilos de patata hago un guiso

que comemos todas en el altillo. -"Pos" le voy a poner un cuarto más,

a cuenta de la Lola,

que si no el guiso no le va a saber a "na".

-Pecas de generosa, así no va a prosperar el negocio.

-Una sabe con quién se "pue" retratar y con quién no.

Carmen, hoy ha "estao" aquí Samuel

pidiéndole cuartos a mi Antoñito

y le hemos dicho que nones, ¿tan mal están en la casa?

-La verdad es que sí.

Don Samuel también ha intentado sacarle dinero a don Liberto.

-Sí que están mal,

solo le queda ponerse a pedir en la puerta de la iglesia.

-Buenas. -Fabiana,...

¿qué le ocurre?

-Que no "tos" los días son fiesta, hija.

-Ya.

Hoy he "salío" a comer con mi suegro y nos ha pedido que más tarde

vayamos a casa de Liberto y Rosina.

Por lo visto tiene algo de enjundia que contarnos.

-¿Y por qué no os lo ha dicho durante la comida?

-No lo sé.

Querrá que también lo escuche Liberto.

Tendrá que ver con don Felipe y con la visita de Fulgencia.

Esperemos que no sea "na" malo. -No lo creo, mujer.

Según me ha "contao" Agustina, don Felipe anda muy "mejorao".

-A ver si es verdad.

Carmen, y a usted ¿mi suegro no le ha "contao" "na"?

-No.

No tengo ninguna noticia de tal reunión.

Será que don Ramón no considera necesario que acuda.

Bueno.

Gracias.

Me marcho, que tengo mucha tarea.

-Ya se lo apunto yo.

¿Qué le pasa, que se va haciendo fu como el gato?

-Pues que yo sepa, parece que don Ramón le ha pedido

que se aparte un poco de él, que prefiere estar solo.

Y a Carmen, que se considera muy buena amiga,

le ha "olío" a cuerno "quemao".

-Uh.

Si estuviéramos en Cabrahígo,...

eso que me cuenta se entendería como que la Carmen

quiere algo con mi suegro, ¿no cree?

-Indiferente no le es, no.

-Don Ángel, una limosna para la Virgen de los Milagros.

Hace honor a su nombre.

-¿Quiere colaborar para el retablo de la iglesia?

-Creo que estoy consiguiendo más limosnas, te veo un poco parada.

-Lo importante no son la cantidad de óbolos,

sino la cuantía de los mismos.

A mí me han dado algunos billetes. -Para ti la perra gorda,

no voy a discutir por esto.

-Te digo las cosas como son.

-Por cierto, Felipe ha venido a casa de visita.

-¿Qué ha ido, a tomar jerez?

Seguro que se ha bebido lo que tenía en casa.

-Todo lo contrario.

Ha llegado de lo más calmado y razonable.

-Pues eso sí que me sorprende.

-Por lo visto, el señor Álvarez-Hermoso

ha experimentado un cambio y ha sido a mejor.

-¿Qué habrá propiciado un cambio tan radical?

-Eso me preguntaba yo, pero me he quedado sin respuesta.

-Señoras, buenas tardes. Le traigo la colecta del altillo.

Todas han puesto lo que han podido, y alguna hasta de más, como Casilda.

-Aquí hay muchas pesetas. -Seremos pobres,

pero a la hora de ayudar a la parroquia,

lo hacemos como la que más.

-Es mucho dinero para tenerlo aquí,

dáselo a Lolita, que lo está guardando en la mantequería.

-Voy a escape, a mí tampoco me gusta andar de paseo

con semejante capital encima.

-Me han dejado pasmada las criadas con su aportación.

¿Y qué ha hecho Casilda?

-Ha empeñado una figurilla que le regaló su esposo

para poder donar más dinero.

-Qué gesto más bonito, le honra. ¿Cómo se le habrá ocurrido?

-No tiene nada de peculiar. Casilda está acostumbrada a ver

cómo en mi casa hacemos obras de caridad, y trata de imitarnos.

-A la postre tendremos que darte las gracias a ti, y no a ella.

-Pues tampoco estaría de más.

-Colabora con la iglesia, por favor.

-Señora,... ¿qué le preparo de merendar?

¿Unos picatostes le apetecen?

-¿Para qué?

Todo en esta vida se acaba.

¿Te das cuenta de lo cruel que es el paso del tiempo?

Parece que fue ayer cuando era un pimpollo que...

se subía por primera vez a los escenarios.

-A ver, señora,...

que ha "pasao" mucho tiempo y usted está casi igual.

-¿Crees que me podría poner el traje con el que debuté en Barcelona?

-Ni untándola con manteca.

-Por eso todos los empresarios

que antes se pegaban porque cantase una copla en sus teatros

ahora me dan la espalda como si fuera una apestada.

-Bueno,... ¿y qué sabrán ellos?

-Lo suficiente para ver que soy...

una antigualla, una pasada de moda, un miriñaque.

-En mi tierra todo el mundo sabe que cuanto más vieja la trainera,

mejor navega.

-¿Me estás llamando gorda y vieja como una barca?

-A ver, señora, ni lo uno ni lo otro.

Le estoy diciendo que pasan los años y nos hacen madurar,...

y nos dan experiencia, y eso precisamente no es cosa baladí.

-Poco sirve cuando nadie te valora...

o te ven como una reliquia,...

pero gracias por los ánimos.

Déjame sola, haz el favor.

(Se abre una puerta)

-Han salido las críticas sobre la Dama del Misterio,

cada día me ponen mejor. -Me alegro,

pero que no te oiga tu madre, por favor.

-¿Qué le ocurre?

-Se nos ha puesto sentimental y está mirando todos sus recuerdos.

-Bueno, eso no es para tanto.

-No. Tú te vienes conmigo a la cocina

y no sales de ahí hasta que te metas una buena merienda.

Estás tan delgada que hay que mirarte dos veces "pa" verte.

-Parece mentira.

Mi carrera, acabada.

Con lo que me costó salir adelante desde aquella pescadería.

Pero tú eres grande, Bella.

Y si lo lograste una vez, volverás a hacerlo de nuevo.

No ni nada, menuda eres tú.

Volveré a resurgir de mis cenizas.

He dicho.

-Me pregunto por qué el señor Palacios ha convocado una reunión.

-No me hace ninguna gracia que se tome estas libertades.

-Rosina,... un amigo como él puede permitirse ciertas licencias.

-Pues perdona que te diga que tienes un ojo eligiendo amigos.

Samuel y Ramón, los más queridos del barrio,

y Felipe, la perla de la gloria.

(Llaman a la puerta)

Ahí los tienes. -Yo voy.

Buenas tardes. -Buenas tardes, Liberto.

-Bienvenidos a nuestra casa.

-¿No nos acompaña, Rosina? -No, discúlpenme,

tengo que seguir con la colecta, Susana me espera,

pero quedan en su casa. Con Dios.

-A más ver.

-Por favor, pasen y tomen asiento.

Bueno, pues...

usted dirá cuál es el motivo de esta reunión.

-Lo primero, agradecerle su hospitalidad.

Este me parece el lugar más apropiado

para lo que tengo que contarles.

Quiero hablarles de Celia y de Trini.

Carmen.

Acércate.

¿Señor?

Siéntate.

¿Quiere que me siente... con usted? Sí,

como si fuéramos amigos. Tenemos que hablar.

Como ya sabrás,...

Genoveva y yo estamos pasando por un momento complicado.

Ya.

Por este motivo me veo obligado a pedirte un favor.

Cuente conmigo para lo que sea preciso.

Gracias.

Necesito...

que hables con don Ramón.

Preciso...

que le pidas cierta cantidad de dinero.

Sé que habéis forjado una buena amistad,

a pesar de la diferencia de clase,

y necesito aprovecharla.

Preciso que le pidas 1000 pesetas, como si fueran para ti.

Siento mucho tener que decirle esto,

pero no puedo hacer tal cosa, yo no tengo tanta confianza

con el señor Palacios.

Será mejor que reconsideres tu respuesta.

Carmen, estoy metido en un aprieto.

Necesito urgentemente el dinero.

Es muy, muy importante, Carmen.

¿Verdad que lo harás?

No puedo, señor.

No puedo hacer lo que me pide.

¿Cómo que no puedes, tarasca?

Yo te acogí cuando necesitabas trabajo, te di techo y comida,

¿y así me lo pagas? ¡Eres una desleal,

una desagradecida, y será mejor que te marches ahora mismo!

¡Todos los de este barrio sois unos malnacidos!

¡Peor que los cuervos!

¡¿Es que nadie me va a ayudar!

¡¿Es que todos me van a volver la espalda?!

Vais a saber quién soy.

-Una misa por Trini y por Celia.

-Eso mismo es lo que he dicho.

Quiero honrar su memoria.

-"Pa" mí que lo que propone es más raro que un perro verde, suegro.

-Desde que salí de la cárcel no ha sido fácil para nadie,

pero ahora creo que todo ha mejorado un poco, y por eso creo

que ha llegado el momento de que encargue esa misa.

-No sé yo cómo se van a tomar los vecinos una iniciativa semejante.

-Me da igual.

Fueron dos buenas mujeres y se merecen ese homenaje.

-Que sí, si eso nadie lo duda,

pero usted sigue siendo responsable de la muerte de Celia.

-Por eso, precisamente, mi conciencia me pide hacer esa misa.

No voy a reparar en gastos.

Engalanaremos la iglesia con flores y velas tal y como ellas se merecen.

-Madre mía.

Esto va a caer en el barrio como una bomba.

-Nadie puede criticar que se encargue una misa, ¿no creen?

(Se abre y cierra una puerta)

Señora, tiene visita.

¿Quién es?

Fabiana.

Que pase.

Fabiana.

Estese tranquila, don Eduardo no está en casa.

Buenas tardes, señora. Buenas tardes.

Le traigo esta carta para usted.

Ha insistido en entregársela personalmente.

Es de suponer que es de don Telmo.

Así es.

Ese hombre está sufriendo mucho, señora.

Sobra decir que agradecemos su discreción.

Por supuesto.

Si la señora necesita algo más, no tiene más que llamar.

Gracias. La acompaño.

"Amada Lucía".

"Nunca pensé que llegaría a escribir estas palabras,

pero las circunstancias lo exigen así".

"He de dejarte, marchar de Acacias cuanto antes".

"Cuando regrese, pensé que podría recuperar tu amor..."

"volver a ese momento en que fuimos felices,

pero me equivoqué".

"Mi estancia aquí solo ha generado odio y dolor,

no podemos continuar así".

"Y aunque sé que me sigues amando,

por algún motivo has decidido permanecer con tu esposo".

"No voy a forzarte para que me sigas,

respeto tu decisión".

"Te deseo lo mejor y te pido que cuides

como lo has hecho hasta ahora de nuestro pequeño".

"Adiós, amor".

"Tuyo,..." "Telmo".

Esta separación es el final para mí.

No puedo perderte, hijo mío.

-¿Y a qué se debe tal entusiasmo? -A la colecta.

No sabéis lo bien que está yendo. Hemos superado lo esperado.

-¿De verdad? -Enseguida iré a hablar

con el párroco para que organice una ceremonia

para hacer la entrega del dinero.

-Muy buena idea, doña Susana. -De momento,

está a buen recaudo en la mantequería,

pero cuanto antes la entreguemos a la parroquia, mejor.

-¿A qué ha venido?

Necesito que me preste dinero.

-He encontrado el sitio que buscábamos.

-Ay, ¿de verdad? -Un pequeño cafetín prestigioso,

frecuentado por entendidos fieles del lugar.

-Ya sabía yo que iba a encontrar un lugar bonito.

-Bueno, ¿y cuándo vas a hablar con el dueño?

-¿Estás de chanza? Me he ido a hablar con él.

Es un entendido que cuida mucho su programa.

-He hablado con algunos vecinos y me han confirmado su asistencia

a la misa que voy a dar en homenaje a mi esposa y a Celia,

pero usted y su esposa no me han confirmado aún.

¿Ha hablado ya con doña Rosina?

-No tenía ganas de discutir.

-¿Y cómo se llama el empresario ese? -Hipólito Pastrana.

-¿Y el local?

-El local se llama el Cafetín del Duende, qué bonito.

-Tengo una sorpresa para ti.

-¿Una sorpresa?

-Hoy vas a conocer a una de las grandes, una artista

con letras mayúsculas, una mujer con mucha experiencia

y que debería servirte de inspiración.

-¿Quién es? -Si te lo dijera,

no sería una sorpresa.

¿Qué va a ser de mi hijo cuando yo me muera?

¿Qué vamos a hacer, Úrsula?

Tiene que ayudarme, se lo ruego.

Tiene que convencer a Telmo para que se lleve

a Mateo. No podemos dejarle con Eduardo.

No se preocupe, señora,...

yo lo conseguiré.

Don Eduardo no se quedará con el niño.

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Acacias 38 - Capítulo 993

16 abr 2019

La colecta sigue adelante y Casilda empeña una figurilla para la colecta. Susana y Rosina especulan sobre Felipe mientras que Agustina entrega el donativo de los criados.
José intenta que su esposa no siga triste, aunque ella disimula que está bien delante de Cinta y de sus vecinas. Se promete que renacerá de sus cenizas y volverá a ser querida por todos los teatros. Emilio intenta un nuevo acercamiento con Cinta, pero acaba en discusión.
Samuel le pide dinero a Liberto, a Antoñito y Lolita y a Carmen, pero todos se niegan a dárselo y Samuel estalla contra el barrio.
Carmen se entera de que Ramón ha convocado a Antoñito y a Lolita a una reunión en casa de Liberto y Rosina, pero ella no está invitada. Una vez en la reunión Ramón anuncia que organizará una misa especial por Trini y Celia.
Telmo va a casa de Lucía a ver como se encuentra y aparece Eduardo. Se enzarzan en una discusión y Úrsula tiene que interceder para que Telmo no golpee a Eduardo. Úrsula le echa en cara a Telmo su agresividad. Eduardo maltrata a Mateo y Lucía delante de Úrsula y ésta les ayuda. Telmo confiesa su amor por Lucía a Fabiana y le anuncia a Lucía y a Úrsula que se marcha de Acacias para siempre.

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  1. Jenny. Arroyo

    Cuando. Antoñoto y. Lolita sonreían y tendrán un hijo. Ya pasaron 10 años. PQ. Sacaron. A Telmo? La Lastra que no moleste más.

    07 may 2019
  2. Mar

    Ah, se me olvidaba: lo que no me gusta de Samuel es el bigote decolorado :O ¿cómo tiene el bigote cada vez más claro?. ¿para qué? Si es el color natural debería oscurecerlo y si es postizo por favor, busquen uno más apropiado!

    26 abr 2019
  3. Mar

    Saro, me hiciste spoiler XD pero está guay tu descripción. Todavía no he visto el capítulo pero sí vi a Telmo desatado, todo loco enfurecido por no tener lo que quiere, pataleta total, irracional. Úrsula le dijo muy acertadas palabras y razones y él le respondió con locuras e incongruencias, claro que, acordes con las cosas que Telmo hizo años atrás, engañando a unos y a otros para salirse con la suya aunque al final decidió huir (que no es para mi reprochable);lo que sí repruebo es su enorme falta de respeto hacia todo y todos porque quiere a Lucía, y todo lo demás da igual, por sus campanillas ¬¬ A ver si al menos Mateo acaba bien, que se ve que a su papá biológico no le importa tanto como su "amor" por Lucía, que prefiere dejarlo ahí con el padrastro a llevarlo con él sin su madre, más tocamiento de campanillas... X· Ahhh (suspiro), al menos se ha resuelto el misterio de lo que pasó con Celia y Ramón, que otros temas han quedado en secretillo para los personajes, y por cierto, también a mi me está gustando el comisario ^_^

    26 abr 2019
  4. Eliza

    Y cuándo va a pagar Samuel por todas sus fechorías? Es un personaje que ya cansa!! Cómo es posible que primero se van a cargar a Lucía, con todas las que le hizo Samuel!! Ya que se acabe ese "personajillo"

    17 abr 2019
  5. Rafel

    Yo también veo a Samuel robando lo de la Iglesia. Está muy desesperado, aunque lo veo cadáver.¿¿ También veo cadáver a Eduardo y Lucía o no tenía nada y se van los tres de Acacias otse muere y se van Mateo y Telmo a Benidorm, donde se compra una barca y se dedican a pescar la excelente gamba roja de la zona antes de que el boom turístico lo llene de rascacielos y guiris jubilados calzando sandalias con calcetines y bailando torpemente "los pajaritos".

    17 abr 2019
  6. Angelica

    Ya veo a Samuel robando la colecta de la iglecia!!!!

    16 abr 2019
  7. Saro

    En la primera escena se puede entender la furia de Telmo hacia el marido de Lucía, sobre todo cuando éste comienza a insultarla; cómo osa ese hombre perverso a plantarle cara a Telmo, que es capaz de darle un sopapo y sentarlo; gracias a Ursula que se interpuso. Luego, la escena de Ursula y Telmo en la habitación de éste, ha sido para mí increíble .. al comienzo, ambos discutiendo, queriendo llevar razón; Ursula le dice: "el Amor nunca lleva a la violencia".. después, ella se calma, se sienta, le pone una mano en la rodilla y comienza con una pregunta directa a él: "dónde está aquél hombre bondadoso que conocí".. la mirada y la atención de Telmo están totalmente centradas en las palabras y los ojos de Ursula que le toma la mano y, casi suplicando, le pide que no se deje llevar por el veneno del odio que, durante años, fue el motor de su vida. Telmo, ya más calmado, mirándola pregunta: "¿y qué pretende, que me quede de brazos cruzados?".. ella apela a la bondad de él que fue quien cambió su vida y termina diciéndole: "créame, cuando uno empieza a odiar ya no puede dejar de hacerlo". Sabemos que Ursula quiere a Telmo como a un hijo y es capaz de todo por ayudarle, la mirada que he visto en ella al abrir las pastillas de Eduardo me ha hecho pensar que la "antigua" Ursula podría volver a actuar. Enhorabuena a Montse y Dani por esa extraordinaria interpretación como asimismo al guionista de la escena. Pido disculpas por casi "narrar" la escena pero me pareció fantástica.

    16 abr 2019
  8. Querubina

    Jajajaja Lidia, ojalá Úrsula despacahara a Eduardo. Lo de Lucia ya es demasiado sufrimiento. Los guionistas se pasan. Me encanta ver de nuevo al comisario Méndez, me gusta mucho ese actor y su personaje.

    16 abr 2019
  9. Lidia

    Me huelo q a Úrsula se le va la pinza otra vez... Capaz y mata a Eduardo

    16 abr 2019