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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 992 - ver ahora
Transcripción completa

Descubrí a Celia con la niña en los brazos

intentando llevársela de mi casa".

-Era una mala madre y tuve que acabar con ella.

Tuve que hacer que se callara.

-Las pastillas...

(SE AHOGA)

-Usted mató a mi Trini.

Sí. Ella no se merecía tener a la niña.

-Aléjese de la cuna.

-No.

-¡Aléjese de mi hija!

"Yo no la maté".

"Todo fue producto de una terrible fatalidad".

"Forcejeamos y ella cayó por el balcón

sin que nada pudiera hacer por evitarlo".

Jamás quise hacerle daño.

(LLORA)

-¡Todo esto es mentira, mentira!

-¡Felipe, no!

Sabe que es verdad.

Yo no sería capaz de mentirle.

Don Telmo se había hecho a la idea de marcharse sin usted,

pero... ¿No leyó la carta?

No, no se la entregué, como usted me dijo.

¿No sabe nada de mi enfermedad? No.

-Pues, con toda la modestia que siempre me ha caracterizado

y sin alardes ni aspavientos, quiero que sean ustedes

las primeras en saber que vuelvo a los escenarios.

¿"Ande" has ido?

-A hablar con la naviera, a ver si nos devolvían parte del flete.

-Pero "na". -Impasibles.

Ni siquiera conseguimos minimizar pérdidas.

Ahora hay nuevos estilos, nuevas modas...

Y nuevas figuras que no se dejarán echar a un lado.

-Hay sitio para todas. -O no.

Sinceramente, ni niña,

tengo miedo que ya no sea tan fácil llenar los teatros.

-¿Ya no queremos quedarnos preñaos? -Querer, quiero,

pero con menos ansia.

Ahora, nos lo tomaremos con mayor sosiego.

Pero ¿dónde se había metido? Llevo todo el día buscándole.

-He ido a buscar a Fulgencia, como puedes ver.

-Me alegro de verle, señorito. -Lo siento, pero no tengo el gusto.

-Sí, hombre, Fulgencia,

el ama de cría de su hermana, Milagros.

Lo del teatro ha sido visto y no visto.

Más bien, no visto.

El empresario que conocíamos ha cascado

y a su sobrino, Bellita del Campo le suena

más antigua que María Antonieta.

No puedo traicionar a Eduardo.

Él me consoló cuando estaba embarazada, me acogió.

Y no puedo.

Soy yo quien no puede creerte.

No voy a renunciar, ¡no pienso renunciar!, ¿de acuerdo?

Se acabó. "Un homicidio".

¿Qué tiene que ver mi esposa con un homicidio?

Se llamaba Ariza, señor Alday.

¿Sabe usted quién es?

-"He traído a alguien que podrá disipar sus dudas".

¿La reconoce?

Veo que lo conocía.

Así es.

Ya conoce su nombre, Ariza.

Fue un hombre que formó parte del entorno de mi esposa.

Eso que dice es muy ambiguo.

Poco más... Pruebe, al final sabré la verdad.

No me obliga a investigar por mi cuenta y a sospechar de ustedes.

Le conocí hace unas semanas cuando llegó al barrio.

Vino a pedirnos ayuda.

¿Se la concedieron?

Sí, en mal momento.

Quería que le presentara a ciertas personas

e intercediera en unos negocios con él.

Se fue repentinamente, igual que llegó aquí.

Además, nos dejó una importante deuda.

Su aspecto actual no indica que esa deuda vaya a ser saldada.

Mire, comisario,

no siento su muerte, pero tampoco la celebro.

Le aseguro que me genera un quebrante importante.

Lo siento por usted, pero mi deber es saber quién lo mató,

no ocuparme de lo que ese hombre dejó atrás.

¿Va a ayudarme?

¿Tengo otro remedio? Me temo que no.

Entonces, ayudaré.

¿Cuándo apareció el cadáver?

Hace unos días.

Al principio no sabíamos quién era.

Pero empezamos a investigar hasta que apareció su nombre.

Y figúrese nuestra sorpresa cuando supimos su relación con Genoveva.

Si está pensando que se trataba de una relación íntima,

está muy equivocado.

Alguna relación debían de tener cuando contrajo una deuda

con ustedes.

Ariza era un hombre peligroso.

Digamos que sabía ser persuasivo.

Pero perdóneme una pregunta, comisario,

¿acaso sospechan de Genoveva y de mí?

No. No sospechamos de ustedes.

Creemos que tras la muerte de Ariza hay gente importante,

los reyes del Hampa y bajos fondos.

¿Por qué quiere hablar conmigo entonces?

Estoy seguro de que Ariza no vino a hablar con ustedes gratuitamente.

No me cabe duda de que si ustedes le ayudaron, es porque él les amenazó.

Aunque usted no sea el responsable de su muerte,

quizá pueda ayudarme a encontrar al autor.

Comisario, poco más puedo ayudarle.

Como le dije, se fue y no supe cómo dar con él.

Recapacite.

Hable con sus esposa y haga memoria.

Quién sabe si los mismos que le mataron a él,

puedan tener el mismo interés en ustedes.

(Sintonía de "Acacias 38")

No tengo todo el día. Digan lo que hayan venido a decir.

-Lo último que queremos es hacerle perder el tiempo.

Ya conoce quién es ella.

Fulgencia,

la nodriza de Milagros.

Escúchela, tiene algo que decirle sobre los últimos días de Celia.

-Hable.

-No quiero que se enoje conmigo,

lo que le voy a contar es lo que viví.

-No se preocupe, Fulgencia, eso es lo que queremos saber.

-He visto a muchas mujeres que han perdido a sus hijos.

Yo misma perdí uno.

Todas sufrimos,

pero algunas,

se esfuerzan en dejar atrás la pena negra.

Otras lloran, pasan semanas llorando.

Y hay más,...

las que se niegan a aceptar la realidad.

Cuando doña Celia perdió a su hijo,

perdió también la sesera: llegó a creer que Milagros era suya.

-Quiso proteger a esa niña, solo eso.

No voy a consentir que derramen infamias sobre su nombre.

-Felipe,... se lo ruego, deje que termine

lo que tiene que decir.

-Al principio pensé que se le pasaría,

que se daría cuenta de la realidad,

pero una noche...

(LLORA)

-Tiene que contarlo.

-Una noche venía yo de hacer un encargo de doña Celia

cuando escuché... que la pequeña Milagros lloraba,

entonces, me acerqué a su habitación

y lo que vi...

me puso los pelos de punta, señor.

-¿Qué vio?

-(LLORA MILAGROS)

-Ya. Chist.

Mi niña, nada va a pasarte. Mamá no lo va a permitir.

# Está niña tiene sueño,

# tiene ganas de dormir.

# Un ojo tiene cerrado

# y otro no lo puede abrir.

# Duérmete mi niña,

# duérmete mi... #

-Doña Celia intentaba que Milagros mamara de sus secos pechos.

Como si fuera su madre y la hubiera parido ella.

Como si sus pechos pudieran alimentar a la niña.

Tuve tanto miedo, que huí.

Me fui de Acacias y no he vuelto hasta hoy.

-Ya es suficiente, Fulgencia.

Puede marcharse.

Le agradezco que nos haya contado la verdad de aquellos días.

-Eso es lo que he dicho, la verdad,

sin faltar a nadie y sin querer hacerlo.

He pasado años con miedo de doña Celia.

No sabía que había fallecido.

Me hace feliz saber que la pequeña Milagros es una señorita,

aunque viva fuera de España. -Está bien.

Nosotros se lo agradecemos.

(Se cierra una puerta)

¿Te acuerdas lo que era el Teatro Imperial?

-El mejor de España.

-Olvídalo, eso era antes.

Ahora lo lleva el sobrino de don Manuel, él ya se ha jubilado.

-Pero el teatro seguirá siendo bueno.

-Nones. Manolito, que así se llama el sobrino, es un cenutrio

que no sabe hacer la o con un canuto.

Quiere convertir el teatro en un cinematógrafo.

-Hay que ver, con lo que era el Imperial.

Así se trata la cultura en este país.

-Él me ha dicho que quiere que actúes allí,

pero he visto la platea, y le he dicho que no.

-José, si con eso conseguimos que siga dedicada a las variedades

y no sirva para películas,

a lo mejor me tengo que sacrificar.

-Eso, y cantar en un local con las butacas destripás.

Tú eres una estrella. Tú no vas a cantar ahí,

por encima de mi cadáver, digo.

Una carrera como la tuya llena de éxitos...

Tú solo vas a cantar en los mejores sitios.

-Yo que sé, José,

hace muchos años que no actúo en España.

Es como si empezara de nuevo.

-Hasta cierto punto.

Bellita del Campo es una diva y merece un respeto.

-Me fiaba de ti cuando cantaba y bailaba en los tablaos y tabernas.

Y ahora lo sigo haciendo, que me esperan los mejores teatros,

eso sí, busca algo, que tú en cuatro días estás en forma con la guitarra.

-Sí. Bueno, tú no te inquietes y ves afinando la voz,

que te esperan grandes éxitos.

-Deprisa, que la situación apremia.

-Señora, le he dejado los vestidos para que se los pruebe todos.

Les he soltado las pinzas. -Menos ensanchar los vestidos

y más hacer comidas ligeras para que no engorde.

-Pero si le preparo ensaladas,

es usted la que se come lo que le preparo a su esposo.

Venga a meter la cuchara y el pan en la purrusalda con chorizo,

en el marmitako, en las alubias, en todo.

-Ahora tendré yo la culpa, lo que faltaba.

-Pero bueno...

¿Le ha contado la verdad?

-No me he atrevido. -¿No se atreve?

-Yo me atrevo con "to".

Bueno, o con "na". Yo qué sé, Arantxa, yo qué sé.

-Pero vamos a ver, ¿a qué espera usted, hombre de Dios?

-Sabes lo que te digo,

que voy a encontrar un teatro para que Bellita actúe.

No se puede haber olvidado todo el mundo de Bella del Campo.

-Claro que no.

Celia no fue responsable de todo el mal que causó.

Sufría tanto, que hasta perdió la cabeza.

-¿Por qué no me lo contó en su momento?

-Para no culparla.

Para no marchar su memoria.

Estoy convencido de que Celia murió arrepentida de lo que hizo

aquellos últimos días.

-Si todo lo que dice es cierto,

usted no es el responsable de su muerte.

-A mí solo me afectaba la pérdida de mi esposa.

Culpar a Celia de locura no me hubiera devuelto a Trini.

He arruinado su vida.

-Mi vida ya estaba arruinada desde la muerte de Trini.

Estoy seguro de que usted me entiende,

porque usted también ha sentido lo mismo.

-Ramón, no debió ocultarme que Celia había perdido la razón.

-Eso es verdad.

Si lo hubiese dicho desde el primer momento,

quizá usted y yo nos habríamos ahorrado esta pesadilla.

-(EXHALA)

No dejo de darle vueltas.

No dejo de pensar en el sufrimiento de Celia dándole el pecho

a esa criatura.

-Solo deseo que algún día podamos olvidar.

-Déjeme solo, tengo mucho que pensar.

-Llámeme cuando lo necesite.

Me sentía cómoda con la idea de que Ariza hubiera escapado.

Que algún día le encontraríamos y le haríamos pagar las deudas.

No podría pensar que estaba muerto.

Poco cambian las cosas para nosotros.

Claro que las cambia.

Si esta muerto es que no se fugo con el dinero,

luego alguien lo tiene.

Sería un socio, unos ladrones.

O sería Cristóbal.

¿Crees que fue él?

No tengo ninguna duda de que ese canalla ha encontrado nuestra pista

y se ha quedado con el dinero. Vendrá a por más.

Es un perro de caza que sigue a su presa.

Estaremos atentos. No, Samuel.

Tenemos que huir.

Cada minuto que tardemos será posibilidad menos

de librarnos de él. Vamos a esperar.

¿A qué?

No podemos estar huyendo toda nuestra vida.

No podemos establecernos en un sitio y marcharnos

cuando sospechamos que vienen a por nosotros.

Tú no le conoces. Nada ni nadie le hará dar un paso atrás.

¿Confías en mí?

Más que en nadie en el mundo.

Pues hazme caso.

Si viene a por ti, yo te protegeré.

Juntos no podrá hacernos ningún daño.

Don Telmo. Úrsula.

Es tarde, ¿qué hace en la calle? Venía a hablar con usted.

Quería haberlo hecho antes, pero tenía que ocuparme de Mateo.

Pensé que le encontraría en la habitación de la pensión.

Me gusta pasear antes de dormir, me ayuda a ordenar mis ideas.

No tenía esa costumbre cuando era sacerdote.

Entonces no me hacía falta, todo estaba en orden.

Extraño cada día la paz de entonces.

Salgamos de la vista de todo el mundo.

¿Qué me quiere decir?

No debe dudar más, tiene que marchar con su hijo.

Es lo mejor para todos.

No, no me iré sin Lucia.

No sea terco. Está perdiendo una de sus últimas oportunidades.

He pasado 10 años arrepintiéndome

de haberme marchado sin ella y no volveré a hacerlo.

Confórmese con haber recuperado a su hijo.

No tiente a la suerte o lo perderá todo.

La decisión de Lucía es inamovible.

La tomó hace 10 años y no la va a cambiar,

seguirá con su esposo.

¿Me está diciendo que sobro en su vida?

No,...

quien sobra en esta historia es su esposo.

Yo la amo. El amor no significa nada.

No se engañe, don Telmo,

solo los ilusos creen

que el amor mueve el mundo.

Yo la amo, y ella me ama,... no necesito nada más.

Eso es más importante que su compromiso con su esposo.

Debo esperar a que ella se percate.

Sabe que si por mí fuera,

no le faltaría de nada,

se verían cumplidos todos sus deseos y anhelos,

pero, por Dios, desista.

Si es para decirme lo mismo,

no vuelva, no va a convencerme.

Ese será... el mayor de mis fracasos.

-Aquí tiene su infusión, don José.

Ahí está.

-Servando, la habitación ocho queda libre, hay que mandar a lavar

la ropa de cama. -¿Esa no es la de Fulgencia?

-Sí, pero se ha "marchao" muy pronto, casi no había ni "amanecío".

-¿No decía que se iba a quedar dos días?

-Habrá "cambiao" de parecer.

-Ya. Qué raro todo, ¿no?

¿Para qué habrá venido esa mujer al barrio?

-Y más teniendo en cuenta cómo se fue hace ahora 10 años,

que parece que la perseguía el diablo.

A usted no se le vaya a ocurrir agobiar a don Ramón

con sus preguntas. Si quiere hablar, que hable.

-No sé por qué dice eso, yo soy la discreción.

-Quién habló que la casa honró.

¿Ha visto ya el libro de cuentas? He "cerrao" el mes anterior.

-¿Y cómo ha ido?

-Pues "recuperaos" de la crisis, Servando.

Hemos cubierto gastos y también hemos tenido ganancias, pocas,

pero mejor eso que andar con deudas. -Deberíamos invertir,

porque yo necesito un uniforme, algo elegante, para la recepción.

Una chaqueta roja, un pantalón negro, unas charreteras doradas.

-Olvídelo que no va a tener uniforme.

Ni que esto fuera el "Hotel Riz".

-No, "Ritz", se dice "Ritz",

y al "Ritz" le vamos a mirar nosotros a los ojos

porque vamos a crecer como ellos. -No diga despropósitos.

Ese dinero lo guardamos "pa" tener cómo responder por si algún día

caemos en otro agujero. -Vale.

-Buenos días. -Buenos días, doña Susana,

no me diga que ha decidido venir a vivir a nuestra pensión.

-¿Yo? Ni que no tuviera casa.

Estoy haciendo una colecta para arreglar las paredes de la iglesia.

Hay una humedad que va a afectar al retablo.

-Pues que la arreglen, que sus buenos dineros tiene la iglesia.

-Tendrán en el Vaticano, nuestra parroquia es pobre.

Como empresarios del barrio,

debéis cotizar, si es que no queréis tener luego problemas

con las tasas municipales, claro está.

-Déjenos hacer cuentas y ver con cuánto dinero podemos ayudar.

-Muy bien.

Menos de 10 duros estaría mal visto, ya os lo digo,

y 20 sería ajustado.

En vuestras manos está dejar buena imagen.

-Con Dios. -Con Dios.

-¿Y por qué no se irá a París a vivir esta señora

con su hijo Leandro? -Fabiana,

quedas encargada de hacer la colecta entre las criadas.

-Doña Susana, ¿las criadas también?

-¿Acaso no rezan?

Si se tienen que quitar de otras cosas, que se quiten.

Aquí lo importante es que Dios esté a gusto en su casa.

-Con Dios. -Si es que dan ganas

de hacerse infiel. -Nosotros no vamos a pagar,

ni las criadas tampoco.

-Pues ya me dirá cómo vamos a evitarlo.

-Usted déjelo en mis manos.

¡Samuel!

¿Samuel?

¿Hay alguien en casa?

(Se abre una puerta)

¿Samuel?

(Se cierra una puerta)

Buenos días.

Samuel, ¿dónde te habías metido? He bajado a por el periódico.

No te vayas sin avisarme, me he dado un buen susto.

Hoy he tenido un sueño horrible:

yo te seguía por la calle, pero no conseguía darte alcance.

Pues aquí me tienes,...

y no quiero que nunca más me sueltes.

Por cierto,... tienes carta.

¿De quién? No tiene remitente.

Es de Marlene, de Bilbao.

Cree que Cristóbal está detrás de la muerte de Ariza.

Sus hombres lo encontraron cuando estaba a punto de marchar de España.

Mira lo que dice:

"Querida Genoveva:

Ten cuidado, va a dar contigo".

"Quizás solo tengas horas".

No podemos quedarnos aquí, Samuel.

No podemos huir cada vez que este hombre aparezca en nuestras vidas,

no podemos ser como conejos asustados que se esconden.

Hazme caso, Samuel, tú no sabes cómo es.

Cualquier cosa que pienses sobre la maldad

se queda corta comparada con él.

Está bien,... pero no podemos marcharnos sin dinero,

no llegaremos muy lejos. Tardaremos en conseguirlo.

No tenemos tiempo.

Te llevaré a un hotel discreto, allí no te encontrará.

¿Y tú? Yo me quedo.

Cuando consiga el dinero suficiente, me reuniré contigo.

¿De dónde piensas sacarlo?

Aún conservo joyas de la familia.

Las reservaba para cuando fuera realmente necesario.

Tengo mucho miedo, Samuel.

No te preocupes,

todo va a ir bien.

Si fuera necesario, empezaremos una nueva vida en otro sitio, tú y yo.

Ve a hacer el equipaje y nos vamos,

pero no hagas una maleta grande,

lo justo para no llamar la atención.

-Entonces, Felipe ya sabe la verdad.

-La verdad nunca la sabrá nadie porque nadie sabe lo que pasa

por la cabeza de alguien que ha perdido el sentido.

Pero sí, ha escuchado a Fulgencia y ha creído lo que le contaba.

-¿Qué le ha dicho esa mujer?

-Algo muy triste que os voy a desvelar

porque sé que no va a salir de aquí.

-Tiene mi palabra. -Y la mía, por supuesto.

-Sentaos.

Lolita, tú te tienes que acordar.

Celia no quería que el ama de cría le diese de comer a Milagros,

como si la quisiera matar de hambre.

-No lo olvidaré jamás, la angustia de ver llorar a la nena

y saber que era hambre.

-Todo estaba en la desordenada cabeza de Celia.

Celia sí pensaba que la niña comía bien.

-No lo entiendo.

-Cuando se quedaba a solas con ella,

Celia daba de mamar a Milagros con su propio pecho.

-Pero... su pecho estaba seco, no tenía leche.

-Para ella sí tenía.

Ella era su hija.

Ella la había parido y ella le daba de comer, sin importar

lo que los demás dijesen.

-Pobre mujer.

-Pobre mujer, pero estuvo a punto de matar a Milagros.

-Estaba enferma, no...

no penséis en el daño que causara.

Y a saber qué le pasaba por la cabeza

el día del fatídico accidente.

-Yo solo sé que nuestra familia lo ha pagado durante 10 años.

-Hijo, yo no le guardo rencor, y espero que vosotros

tampoco lo hagáis.

-Lo olvidaremos,...

aunque cueste.

¿Y Felipe?

-Confío en que salga pronto de su tormento

y vuelva a ser un ciudadano distinguido y respetado y,...

¿por qué no decirlo?,...

un querido amigo.

-Puede que yo no le guarde rencor,

pero tampoco va a ser mi amigo. Han sido muchos años de rencillas.

-Haz lo que consideres, hijo.

-¿Y usted, cómo está después de la charla con Felipe?

-Estas últimas semanas en Acacias...

me han hecho recordar a Trini.

En la cárcel...

casi había logrado que su ausencia no me doliera,

pero es imposible,...

cada día la echo de menos más.

-Y nosotros también, padre.

-Cuando pienso en ella me vienen al recuerdo

sus risas,

sus chanzas, su alegría.

Y así es como quiero seguir recordándola,

sin dolor,...

y espero conseguirlo poco a poco.

Así que nada, marchaos que quiero quedarme a solas y pensar.

-¿Por qué no se viene a casa, con nosotros, padre?

-Os avisaré cuando llegue el momento.

-Porque quiere, porque sabe que nuestra casa es la suya.

-Lo sé.

Y ahora, marchaos de una vez, no me hagáis que os eche a patadas.

-¡Adelante, mis valientes, al abordaje!

Vamos, grumete, no se quede atrás. ¡Rápido, suban todos!

¡Adelante!

-Maldito barco.

Déjalo, solo es un niño.

Mateo, voy a tirar ese barco. -¡No!

-Tráelo ahora mismo. Es un niño y está jugando.

Úrsula.

Úrsula.

(Pasos)

¿Sí, señora? Lleve a Mateo

a su cuarto a jugar. Ven, Mateo.

Ese niño es un maleducado, le voy a enseñar a comportarse.

No ha hecho nada.

Tiene 10 años, no puedes querer que se porte como un viejo.

¿Vas a llevarme la contraria en todo lo que yo diga?

No, no quiero llevarte la contraria,

solo defenderle cuando eres injusto con él.

Es mi hijo.

Tu hijo.

Sí, mi hijo.

No te he dado permiso para irte.

¿Qué tramas, Lucía?

Me encuentro mal, voy a descansar.

Vuelve a sentarte.

¡Lucía, te he dicho que vuelvas a sentarte!

(TOSE) Úrsula.

¿Señor?

No sé qué trama mi esposa

con ese malnacido de Telmo, pero no lo voy a permitir.

Tranquilícese, señor, no trama nada, está viendo fantasmas.

¿Me está usted traicionando, Úrsula?

Lo va a pagar caro.

-¿Qué tal, señor? ¿Cómo ha ido?

-Mal.

Mal.

Ninguno de los empresarios quieren el espectáculo de Mari Belli.

-Pero ¿les ha "llevao" los puros y todo?

-De la misma Habana venían. -¿Y?

-Ni por esas. Se los han fumado, los gachós,

pero de contrato, nada de nada.

-Pero ¿por qué? No entiendo.

La señora es una estrella.

-Sí, pero los empresarios de teatro no tienen memoria.

Dicen que el arte de mi Mari Belli está pasado de moda.

-¿Ah, sí? ¿Y qué está de moda ahora?

-Yo qué sé. Por lo visto, buscarse una pulga.

Indecencias de esas.

Ah, y la Dama del Misterio de marras, que como les intriga,

la quieren tener en sus teatros.

-Por la Virgen de Idoia, pero qué... qué sinsentido.

-Así que no sé qué decirle a Bellita.

Esta tarde tengo que ver a los empresarios de dos teatros más.

-Pues bajo a la iglesia a ponerle una vela a san Antonio de Padua.

-Ay.

Ya has vuelto, mi José Miguel de mi alma.

Cuéntame, ¿cómo ha ido, has firmado ya con algún teatro?

-No, todavía no. Los que he ido a ver no te merecían.

-¿Ni el Apolo ni el Trianón? -Ninguno.

-Oye, ¿tú no te estarás poniendo muy exigente?

-Me estoy poniendo exigente porque podemos,

que tú eres la reina de la canción española.

¿Vas a cantar en cualquier sitio? Tú eres una estrella.

-Diga que sí. ¿Va a estar Bella del Campo cantando en una barraca?

-No, mujer, barraca no,

pero esos teatros que has dicho estaban muy bien hace unos años.

-Pues ya no. No sé qué ha pasado en nuestra ausencia,

pero los teatros dan pena. -Bueno, yo lo dejo en tus manos,

pero quiero ver los carteles. Se me ha ocurrido una frase

para la promoción. Escucha:

"La vuelta de la gran señora de la canción".

¿Qué os parece? -Perfecta.

Perfecta.

No he visto una frase que diga tanto con menos palabras.

-Ahí, cortita.

-Pues me voy a la cocina.

"(Llaman a la puerta)".

-"Adelante".

-¿Va a salir? Fabiana me dijo

que se marcharon su hijo y su nuera hace un rato y no sabía si venir.

-Carmen,... pasa, por favor.

-Estoy ansiosa por saber cómo ha ido el encuentro con don Felipe.

-Ha sido duro, desgarrador en algunos momentos,

pero bien, existe la posibilidad de que reaccione,

y ese era el objetivo. -Son buenas noticias.

Sin embargo, no le veo muy feliz.

-Carmen, quiero hablar contigo.

-Claro. Usted dirá.

-Estos últimos días han sido muy difíciles.

-Lo sé.

Yo me he esforzado en ayudarle a superarlo,

pero no se me oculta que la procesión va por dentro

y que usted... ha sufrido mucho.

-Sé de tu esfuerzo por ayudarme,

y te lo agradezco,

pero ver el sufrimiento de Felipe

por su esposa

me ha hecho pensar que yo estaba a punto de olvidar a la mía.

A Trini.

-Eso es imposible.

El dolor se apacigua con el tiempo,

pero el recuerdo siempre está presente.

-No. No es ese el amor que yo creo que Trini se merece.

Una simple añoranza sin sufrimiento real, sin dolor, sin pasión.

-Pero usted piensa en ella cada día.

-Pero no de esa manera,...

y necesito pensar en ella

cuando estábamos juntos.

Necesito el dolor de añorar aquellos tiempos,

porque además del sufrimiento...

están los estupendos y maravillosos días que pasamos juntos.

-Don Ramón,... no puede usted condenarse a dejar de vivir.

-Lo necesito, Carmen.

Y reconozco que en este momento no soy una buena compañía para nadie.

-¿Qué me está queriendo decir?

-Quiero estar solo.

-Entiendo.

Si me necesita, ya sabe dónde encontrarme.

-Arantxa.

Tengo qué contarte. -Miedo me da verte tan contenta,

seguro que es una barbaridad. -Vengo de hablar con Pastrana.

Adivina qué.

-A mí solo me haría una cosa feliz:

que te dejes esa tontería de la Dama del Misterio y que no faltes

a las clases de madame Olenka.

-Está todo preparado para esta tarde.

-¿Esta tarde?

-Sí.

Me ha dicho que están todas las plazas reservadas.

-Ay, como se entere tu madre. -Que no hay motivo.

He hablado con él y le he convencido

para que no haga propaganda, así la Dama del Misterio

será aún más misteriosa. -Pues no te digo nada.

-Siempre he soñado con compartir escenario con mi madre.

-Pues cuidado, que los sueños a veces se cumplen

y se convierten en pesadillas.

-Arantxa, no seas agorera.

¿Están mis padres en casa? -Están.

-¿Y sabes ya si han encontrado teatro?

-Pero ¿tú qué te crees, que me vienen contando lo que consiguen

o dejan de conseguir?

Vete arriba, que tengo que ir a la mercería.

Por mucho que ensancho los vestidos de tu madre, no hay manera.

Con la cintura de avispa que tenía ella.

-Por culpa tuya, por hacerle marmitako día sí, día también.

-No, culpa de ella, que se come una barra de pan entera.

Que le van a salir moratones en los dedos de hacer así.

Hala, venga, agur.

-Buenos días a las chicas guapas. -¿Y a las feas qué, las atropellan?

-No hay ninguna fea. La que no tiene una cosa bonita,

tiene otra. -Menudo desparpajo.

-A usted tampoco le falta.

Dicen que su madre vuelve a los escenarios.

-Para suerte de los españoles,

que van a poder disfrutar de su arte.

-Qué pena que usted no haya decidido seguir sus pasos,

mil vueltas le daría a la famosa Dama del Misterio,

que a su lado no tiene que tener ni gracia ni guapura.

-¿La ha visto? -No he tenido el gusto.

-Pues entonces chitón hasta que no la vea actuar.

-¿Y a usted, no la voy a ver actuar nunca?

-En mi casa ya hay bastante con una artista,

que además es la más grande de España.

Yo, a seguir estudiando, y a encontrar marido,

que mejor un diplomático que un hostelero.

-Como si le fuera a gustar usted a algún hostelero.

-Como diría Arantxa: "Agur", y hasta más ver.

-"He venido a traerte esto".

-"Los viajes de Marco Polo".

-Recordé que quizá estuviera

en el desván de la casa de mi hijo y pensé que te gustaría leerlo.

-Buenas.

¿Puedo sentarme con usted un momento?

-Claro, Fabiana.

La calle es de todos,...

y usted es bienvenida donde quiera que vaya.

-Desde que tengo la pensión, limpio más que cuando era criada.

-A ver,...

cuando se trabaja en una casa se tiene un patrón, pero...

usted, en su negocio, los tiene por docenas.

-Eso es verdad.

Por no hablar de las sábanas que plancho, con tanta cama.

La veo mustia, Carmen,...

¿va "to" bien?

-Pues que una se cree que de repente va a ser feliz

y la cosa no funciona así.

-¿Le ha "pasao" algo, mujer?

-¿Se acuerda que esta mañana fui a la pensión a ver a don Ramón?

-Claro, claro que sí, normalmente no dejaría que un hombre

recibiera a una mujer en su cuarto de la pensión,

pero tratándose de ustedes dos, no...

-Hubiese sido mejor que no me dejase usted entrar.

-No me diga que ha "ocurrío" algo,

no me imagino a don Ramón forzando a nadie.

-No, por Dios,...

que don Ramón es un caballero, pero

me ha dicho que se había dado cuenta de...

de lo mucho que extrañaba a doña Trini.

-Normal.

-Y que se sentía culpable cada vez que no pensaba en ella.

Para abreviar,...

que... quería dejar de verme.

-Ay, Carmen,

que yo sé que usted lo está pasando mal,

pero esto es un tira y afloja.

¿Usted ha visto alguna vez pescar? -No.

-Pues el pescador tira del sedal, después el "pescao" se resiste

y el pescador lo suelta un poco para volver a tirar.

Y así

hasta que el "pescao" se cansa y el pescador

lo trinca "pa" comérselo. -Yo soy el pescador, ¿no?

-Pues claro.

Ahora le da un poco de espacio,...

pero el "pescao" ya ha "probao" el cebo y está preso del anzuelo.

-Ay, Fabiana, ¿y si se escapa?

-Ahí está su habilidad, su tino.

Usted manténgase cerca y evite que el "pescao" se enfade

y tire demasiado fuerte.

-Es una metáfora muy bonita, pero no sé yo.

-Confíe en mí, Carmen, que más sabe el diablo por viejo que por diablo.

Ese "pescao" ya es suyo,

y está deseando entrar en el horno con su cebolla, ajitos

y su aceite.

-La verdad es que le levanta el ánimo a cualquiera.

-Pues no lo olvide, en su mano está.

-Gracias, Fabiana.

-Por nada.

-¿Y usted cree que con esto se va a librar de apoquinar

"pa" la colecta de doña Susana? -Por intentarlo no se pierde nada,

y si esa mujer puede conseguir todo el dinero que aportan los vecinos,

pues...

yo me ahorro de soltar el parné de las ganancias de la pensión.

-Que se cree usted eso. Si consiguen "to" el dinero,

querrán más.

¿No ve que estas señoronas beatas son insaciables "pa" las perras?

-No. La colecta era para arreglar la pared de la iglesia.

Una vez arreglada, ni una perra.

-Ya se les ocurrirá algo, ya verá.

Mire, mire "p'allá", mire.

Esos andan con movimientos raros desde hace días.

-¿Que se van?

-Muy pequeña es esa maleta "pa" una mudanza.

Yo no sé el señor Alday. Si yo tuviera una esposa como esa,

no tendría esa cara "avinagrá". -Será que ya no le hace

los bailecitos de la ventana. -¿Se acuerda?

(RÍEN)

-¿Qué hacen? -Aquí.

-¿Y esto? -"Pa" la colecta.

Ya le dije yo el dinero lo iban a poner los vecinos.

-¿Qué se apuesta a que lo ponemos igual?

Si no es "pa" esa pared, será para cualquier otra cosa.

-¿Lo ve? Se lo dije. -Pues menuda es doña Susana.

Si tiras una moneda de plata al aire,

es la que más salta "pa" agarrarla.

-Les he traído una tela, "pa" que les sirva de mantel,

así la mesa les queda más "apañá". Es de unas viejas cortinas,

pero se ve aparente. -Oye, pues fetén.

Échame una mano. -A ver.

-¿Saben cuánto quieren recaudar?

Porque me veo que los comerciantes ponemos la mitad del parné.

-Esa pared va a ser un pozo sin fondo.

-Qué bien está quedando esto. -Pero deberíamos poner un cartel.

Claro, que ponga "Colecta de la calle Acacias,

para los arreglos de la iglesia de Nuestra Señora de los Milagros".

Ah, "Patrocinada por las ilustres señoras doña Rosina Rubio

de Méndez Aspe, viuda de Hidalgo,

y doña Susana Séler". -"Viuda de Séler".

-Ah, ¿y "na" más? -Tal vez una oración.

-Ah. -Igual no iba a caber.

Yo he "pensao" otra cosa. Coge.

¿Eh?

¿Qué les parece? -Servando, ya estás guardando eso.

-¿No le gusta?

-Es que ni te lo voy a explicar. ¿Propaganda a costa de la iglesia?

Si por mí fuera, ya estabas excomulgado.

-Por usted no habría cristianos.

-¿Y por qué no que ponga "Subastas 'pa' la Virgen de los Milagros?

-Para la Virgen y para más cosas.

-¿Más cosas?

-Con el dinero que sobre ayudaremos a las familias más desfavorecidas.

-Pero entonces nunca dejaremos de poner dinero, doña Susana.

-¿Acaso no queréis ayudar a los Quintanilla?

-Sí, sí, claro, a los Quintanilla sí, mujer.

-Y ¿hay más?

-Los que sean menester, Fabiana,

y cuando no queden pobres, se compra una talla nueva para la Virgen.

-O sea, millones de pesetas. -Ojalá, Jacinto,

porque haríamos una basílica que la de San Pedro se quedaría chica.

-¿Y dónde vamos a guardar el dinero?

Porque ya estoy viendo los cientos de miles de duros

que vamos a sacar al día. -En la iglesia,

¿o alguien va a robar ese dinero?

-Ya sabe usted cómo está el mundo,

que hay más truhanes que gente "honrá".

-En la mantequería tengo una caja de caudales con llave.

-Muy buena idea, Lolita.

Pues allí se guardarán.

Servando, a hacer otro cartel,

y los demás, a dejar de mirar y a sacar los ahorros

de debajo del colchón.

(Se abre y cierra una puerta)

-¡Ay!

(HABLA EN VASCO) -Arantxa, ya estoy aquí.

-Llegas tarde, porque tu madre ha "preguntao" dos veces por ti.

-El público no dejaba de aplaudir. -¿De verdad?

-El empresario nada más que sabía decir: "Apoteósico".

-Pues qué pena me da, porque me habría gustado mucho verte.

-El público del cafetín de por la tarde no es tan entendido

como el de por la noche, pero le dolían las manos de aplaudir.

Mira.

-¿Qué es esto, pues?

-Lo que me han pagado.

Te lo doy para que lo administres y para que no falte de nada,

que últimamente he visto que vas mirando las compras al céntimo.

-Dios te bendiga,

porque aunque tus padres no te digan nada,

es verdad que en esta casa ya no estamos a manos llenas.

-Bueno, yo te daré lo que vaya ganando.

-¿Se puede ser mejor hija?

Pero que no se entere tu madre,

porque podemos pasar del apoteosis al apocalipsis.

-Buenas tardes. -Hola.

-Arantxa, por favor, manzanilla.

-¿Lo de siempre, una copita? -No, infusión.

-¿Es que está usted malo, padre?

-Un poco cansado de hablar con los empresarios de los teatros.

Aunque... le ponga delante

un diamante en bruto, no se enteran.

-¿Qué sucede, no quieren contratar a mi madre?

-Sí. Sí, claro que quieren, es que no quieren pagar

lo que vale.

Anda, ve a verla, que ha preguntado por ti.

-Voy a quitarme los zapatos,

que tengo los pies machacados de zapatear.

-(CARRASPEA)

Zapateo de andar por la calle. Todo el día de la academia

de madame Olenka a casa, de casa a la academia.

-Anda, ve.

-¿Nada?

¿Ningún teatro quiere firmar un contrato?

-¿Qué has dicho?

-Este dinero no lo podemos tocar.

-Pues "na", entonces no vamos a poder poner "na" "pa" la colecta.

-Es lo que hemos "ahorrao" "pa" cuando doña Bella del Campo

vuelva a los escenarios. Dinero "sagrao".

-Además, seguro que las entradas valen una fortuna.

-Hará descuento para criadas, seguro.

-¿Seguro? ¿"Pa" el estreno? Pues yo no lo creo,

a los estrenos no son bien "recibíos" ni los autores

ni los pobres.

-Lo que pida, vale la pena pagarlo.

Yo la escuché una vez y solo de pensarlo me corre un escalofrío

por la espalda. -Cierto, así era.

¿Sabéis qué os digo? Que doña Rosina y Susana se olviden

de que vayamos a poner dinero para la colecta.

-Uy.

¿Y si se cae la iglesia?

-Que den misa en una tienda de campaña,

que Dios está en todas partes. -Arrea, "señá" Agustina,

seguro que decir eso es "pecao".

-"Pecao" es querer sacar los cuartos a los pobres.

-Y el dinero "pa" el retablo, que lo pongan los señores,

que "pa" eso tienen miles de duros. -Y nosotras, cada uno lo que pueda,

que yo soy buena cristiana y alguna perra me quitaré

para otros menesteres. -"Pos" sí, bien dicho,

y más por los Quintanilla que por el retablo,

que son muy buena gente y lo están pasando "mu" mal.

-Pues sí. -A las buenas.

-Uy.

Cesáreo, benditos los ojos que lo ven, pero ¿cómo está usted?

-Me han días libres, y qué mejor que venir a ver a los buenos.

-"Pos" muy bien "pensao". -Ay, díganos, ¿cómo está?

-No sé, pido más de lo que tengo, mal hago.

-Lo que le sobre, "pa" la colecta. O "pa" que Servando nos dé clases.

-"Pos" sí.

-Cesáreo, venga conmigo, le necesito.

-¿No puede esperar usted?

-No puede esperar. -Pero si...

-Ni peros ni peras, haga el favor. Tire, tire.

-Será algo urgente.

-Conociendo como conozco yo al Servando, no es "na" urgente,

lo que pasa es que no quiere que Cesáreo hable con nosotras.

-Contesta a Arantxa, José.

¿Ningún empresario quiere firmar un contrato?

-Pero qué disparate, somos nosotros, que no queremos firmar con ellos.

Un teatro de tres al cuarto,...

unos empresarios que no saben tratar a una estrella,

y unos locales con una acústica

que tú no te mereces, Mari Belli. -José.

-Lo que te estoy diciendo es la verdad.

-¿Y por qué Arantxa te preguntaba si nadie me quería?

-Yo qué sé. ¿Por qué preguntabas eso?

-Pues porque soy medio tonta.

En mi tierra dicen "erdilelo" al que no le da la sesera.

-¿Nadie me va a decir la verdad?

-(EXHALA)

-Lo siento mucho, amor mío.

Todavía no he sido capaz de encontrar un empresario

que sepa valorar tu talento.

-Pues por lo que sé,...

llevas visto casi una docena. -Y más.

Ay, perdón.

-Hemos pasado muchos años fuera de España.

Dicen que ya no llenas teatros.

-¿Que yo no lleno los teatros?

-No. Yo sí que sé,...

claro que sé que los llenas, ¿verdad, Arantxa?

-Llenar no, y abarrotarlos, ¿eh?

El Teatro Principal, de ciudad México, ¿no se acuerdan?

-Catorce minutos estuvo aplaudiendo el público,

que lo medí yo con el reloj.

-Yo sí me acuerdo,...

pero por lo visto, nadie más lo hace.

Ya no soy nadie.

Nadie.

-Señor.

(Ruido de cristales rotos)

-¿Por qué lo has hecho, Celia?

Señora, ¿vamos a casa?

Úrsula, no he salido en todo el día.

Vamos a dar un paseo y así puedo tomar el aire.

Su esposo nos ha permitido salir de casa

para que fuéramos a la iglesia y volviésemos.

Mi esposo no se va a enterar.

Además, usted lleva todo el día con esos extraños vahídos.

Es por estar siempre encerrada.

Por favor, señora, no me ponga en un aprieto.

Bueno, está bien, volvamos.

Lucía.

Don Telmo, tenga sentido común. Voy a hablar con ella,

no se meta. Úrsula, por favor.

Telmo, ya te he dicho que no voy a abandonar a mi esposo.

Es él, ¿verdad? Te está amenazando.

Te voy a ayudar, te lo juro, te voy a defender de ese hombre.

Por Dios, don Telmo, baje la voz, estamos en mitad de la calle.

¡Me da igual que me escuchen! Telmo, ¿y yo?

¿Y mi reputación?

Ya veo el amor que me tienes. Por favor, Lucía.

Vamos, Úrsula.

(GRITA) ¡Señora!

Señora, señora, por Dios. ¡Lucía!

Señora. Lucía.

¡Ayuda!

Ayuda. Ayuda, ¡un médico!

Un médico, por Dios. Un médico.

Lucía, Lucía. ¡Un médico!

Daría lo que fuera por verla. Sabe que eso es imposible.

¿Qué hace en mi casa este malnacido? Necesito volver a pedirle dinero.

Genoveva y yo debemos irnos de viaje

y necesito el dinero para unos pasajes de barco.

-"Muy buenas".

-¿Para cuándo el regreso a la farándula?

-Espero estar de vuelta lo antes posible.

-No me diga que no la quieren contratar.

-"Es una colecta que he hecho" entre el gremio de los serenos.

-Qué generoso, no como Servando,

que pretendía cobrarnos hasta por las clases de tango.

-¿Yo le enseño el tango y usted les cobra por las clases?

(Voces de asombro)

Te has insinuado como una vulgar mujerzuela.

Tranquilízate, por favor. No mereces ninguna consideración,

adúltera, ojalá te quemes en el infierno.

-¡No le haga nada a mi madre! -¿Quién te ha dado permiso...?

¡No le toques!

-Antes se volvían locos por que cantara 10 minutos,

y ahora, los que comían de mi mano, no me quieren ver ni en pintura.

-Unos tuercebotas que se dejan llevar

por el último tenor que aparece.

-¿No sería mejor que nos fuéramos a Argentina?

Se comporta con ella como un tirano.

Es muy posible,

pero el odio solo le nublará la razón.

No, se equivoca, tengo muy claro lo que debo hacer.

-"¿Ya está otra vez" con la Dama del Misterio?

¿Por qué le llama tanto la atención a alguien

que no quiere saber nada del espectáculo?

-¿Y por qué tengo que darle explicaciones?

-Se la ve nerviosa.

¿Me haría un favor? -Claro que sí, lo que quiera.

-"Hoy he salido a comer con mi suegro y nos ha pedido"

que vayamos a casa de Liberto y Rosina.

Por lo visto, tiene algo de enjundia que contarnos.

¡Traiga las pastillas! (TOSE)

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Acacias 38 - Capítulo 992

15 abr 2019

Samuel le justifica al Comisario Méndez su relación con Ariza. Cuando vuelve a casa pone al tanto a Genoveva de la muerte de Ariza y le informa que le ha llegado una carta de Marlén desde Bilbao.
Fulgencia le abre los ojos a Felipe sobre Celia, contándole que vio a su mujer dándole de mamar a Milagros. Ramón justifica así su comportamiento de estos años y deja a Felipe conmocionado a solas asimilando la verdad sobre su difunta mujer. Ramón le pide espacio a Carmen, sus recuerdos de Trini se han reactivado tras la reconciliación con Felipe y cree que es pronto para olvidarla.
Las cuentas de la pensión empiezan a ir bien, pero llega Susana pidiendo dinero para la colecta. Jacinto y Servando montan un puesto para la colecta de las señoras, añadiendo a una familia desfavorecida.
José, para no disgustar a Bellita, cuenta que ha sido él quien ha rechazado la oferta del del Teatro Imperial porque el dueño es un cenutrio. Visita otros teatros, pero nadie quiere contratarla. Cinta vuelve de su actuación y como ha triunfado está feliz, mientras que Emilio indaga por la relación entre Cinta y la Dama del Misterio. Finalmente, Bellita se entera de que los empresarios no quieren contratarla y entristece.

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  1. María jos

    Los capítulos últimamente se quedan pillado y se repiten hasta 3 veces un par de segundos, a ver si pueden arreglarlo porque cuesta verlo...

    17 abr 2019
  2. Mabi

    Y pasó como predige en mi comentario del capítulo en que la ama de cría se fue espantada!!! Celia en su locura amamantaba a Milagritos!!! Por otro lado me quedo mas tranquila al saber que no era problema de mi servidor, el que no se pudiera comentar si no como ya he mencionado, de los responsables de ésta página, una semana si y otra no...y si realmente el comentario que aparece bajo el nombre de Acacias 38 agradeciendo a Saro sus felicitaciones, es de la producción ( cosa que dudo) también podría hacer el esfuerzo de aclarar por qué no suben la opción comentarios en cada capítulo... Sigo encantada con los personajes de la familia Domínguez,. ARANTXA, es genial!!! Que expresividad tiene en sus gestos, mohines y miradas, amén de sus comentarios tan certeros. Felicitaciones!!!

    16 abr 2019
  3. Saro

    Juanma y Marc llevan unos capítulos impresionantes, ¡qué magnífico trabajo!! lástima que no hayamos podido comentarlos en su momento. Hice un par de comentarios que no han sido publicados y me "suena" el por qué. También la familia Domínguez, a pesar de estar metida en problemas, está siendo muy agradable de ver, sobre todo Arantxa que es muy grande, me encantan sus gestos y comentarios. Echo de menos a la Rosina coqueta, presumida, encantadora y jovial que se ha convertido en una "vieja cotilla" siguiendo los pasos de Susana y pegada a ella todo el día. No puedo soportar al esposo de Lucía y ella, ¿por qué no le cuenta la verdad a Telmo si además cuenta con el apoyo de Ursula? ... dice que no quiere que él la vea morir para que no sufra pero ¿no se da cuenta del sufrimiento que le está causando ahora?. Telmo está desesperado y no sabe qué hacer para alejarla del maltratador y formar una familia con ella y su hijo Mateo (que encanto de niño y que tierno es con sus padres). Genoveva le dice a Samuel, refiriéndose a Cristóbal: "tú no sabes cómo es; cualquier cosa que pienses sobre la maldad se queda corta comparada con él; claro, es que Genoveva no conoció a Samuel en su "apogeo de maldad". Ahora parece encantador y muy amoroso. Carmen se ha llevado un disgusto enorme con Ramón pero, yo estoy con Fabiana, hay que darle tiempo al Sr. Palacios porque el "anzuelo" ya se enganchó al "pez".

    16 abr 2019
  4. Acacias 38

    Gracias Saro !!

    16 abr 2019
  5. Saro

    ¡¡Muchas Felicidades Acacias 38!!! ... por dos motivos: cumplir 4 años y por el estreno en Chile.

    15 abr 2019