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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 987 - ver ahora
Transcripción completa

Dios me libre de querer decirle a usted cómo usar estos días,

pero yo no los emplearía en buscar una cura a un mal que no la tiene.

Solo pretendo que...

una vez haya aceptado su destino,

su final sea más sosegado.

-"Quiero mi dinero".

Las gestiones fueron valoradas en 3000 pesetas,

y eso es lo que quiero,...

ni un céntimo menos.

Tendrá su dinero, senador. -"En Argentina no hay olivos".

-Ni hay olivos ni hay una Bellita del Campo,

se venderán como rosquillas del santo.

-Claro que sí, van a tomarlas hasta para desayunarse.

-Claro que está mejor, por algo la han enviado del hospital.

Debilidad causada por un poco de anemia,

¿no es así, querida?

-Dicen que anoche hubo más jarana que en las fiestas de Cabrahígo.

-Ya. Don Felipe, que ha vuelto a las andadas.

-Ese hombre nos trae por la calle de la amargura.

-Has alcanzado ya el límite de mi paciencia, Lucía.

Eres mi esposa,...

fulana y ramera,...

como te llamé antes de que te llevaran al hospital.

A partir de ahora, solo saldrás de casa conmigo.

-"Llamaste la atención" de un periodista

que se hallaba entre el respetable, y El Vespertino

publicará una reseña elogiosa.

-Pero esto se va a acabar, como que yo me llamo Susana.

Se han acabado las desvergüenzas y los achuchones.

Que bailen el tango en Las Indias, pero en mi barrio, no.

Es inmoral.

En cuanto haya recuperado las fuerzas, marcharemos los tres.

Tiene que organizarnos un encuentro.

No puede pedirme que haga eso.

-"Fue mi amigo, y siempre lo será". -Mataste a mi mujer...

y has terminado con mi nombre, asesino.

-Como es un baile tan... elegante, no os importará que venga yo también

a tomar esas clases. Será muy ameno.

Qué digo ameno, tronchante.

-"La bailaora, más conocida como La dama del misterio,

ha sabido captar el embrujo de las tierras andaluzas".

"Verla en el tablao era como pasar una noche

en La Alhambra".

Ha desaparecido, Genoveva, maldita sea.

Jamás daremos con él.

No pierdas los nervios.

El senador no va a aceptar un no por respuesta.

Debemos pagarle.

¿Cómo, Genoveva? ¿Cómo?

No sé cómo vamos a hacer frente a la deuda,

no tenemos ese el dinero.

No es nuestra obligación abona esa deuda.

No. A fuer de ser sinceros, no,

pero para ese hombre somos los avales de Ariza.

O cobra, o tenemos que atenernos a las consecuencias.

No tienes razón, hay que rebelarse contra estas injusticias,

nosotros no tenemos nada que ver con esa deuda.

¿Y lo demostramos en un juicio?

No podemos presentarnos ante un juez

diciendo que actuamos como intermediarios

en un soborno entre un delincuente y un senador.

No, pero el senador tampoco puede hacerlo, el sobornado es él.

El senador no va a querer solucionarlo por la vía legal,

va a ir directamente a por nosotros.

Tú no participaste en ese negocio,

ni siquiera aceptaste una comisión.

Eso a él le da igual.

¿Y qué va a hacernos?

Socialmente no tenemos mucho valor, yo, ninguno.

Si habla mal de nosotros,

tampoco van a rechazarnos más de lo que nos rechazan ya.

No lo has entendido.

No es nuestro nombre el que quiere ensuciar.

¿Entonces?

Pretende evitar que el suyo quede en entredicho,

y no solo por haber sido sobornado, sino por haber sido estafado.

No consentirá que eso se sepa. Pues eso ya ha ocurrido.

Sí. Vengándose, y haciéndolo contundentemente.

O cobra

o alguien va a salir malparado, y ese alguien vamos a ser nosotros.

Creí que abandonando las salas de fiesta y los tugurios,

ya no tendría que volver a pasar por esto.

El crimen no es nada exquisito a la hora de elegir ambientes.

Ya lo veo.

Hay que pagar al senador, Genoveva,

aunque tengamos que sacar el dinero de debajo de las piedras.

Y después...

¿Después qué?

Encontraremos a Ariza,...

aunque tengamos que buscarle en Marruecos,

aunque tengamos que perseguirle por toda África.

Vamos a hacer que ese hombre se arrepienta.

(Sintonía de "Acacias 38")

Ya está. La eme de Mateo, ¿te gusta?

Mucho.

¿Va a flotar?

Seguro. Aunque creo que flotaría mejor en el mar.

Claro, porque es más grande.

Y por la sal. ¿No has visto los piratas?

Cruzan los siete mares, no los siete ríos.

Entonces tengo que ir al mar a probarlo,

¿dónde está el mar más cercano? No sé el más cercano,

pero sí el más bonito.

Hay que ir hacia el Levante y llegar al Mediterráneo,

ahí hay un pueblo con casas bajitas y muy agradable.

Se llama Benidorm.

¿Viven piratas?

Bueno,... viven pescadores.

¿No te gustaría pescar tus propios peces

y luego asarlos para comértelos? ¿Se puede hacer eso?

Claro que sí.

Entonces, ya sé qué voy a ser de mayor,

pirata y pescador.

¿Puedo ir a probar el barco a la fuente?

Claro.

Debería tener más cuidado.

¿Imagina lo que ocurriría si don Eduardo le ve con Mateo?

Si ocurre algo, ya lo solucionaremos.

Úrsula, gracias por facilitar la salida de Lucía

para nuestro encuentro.

Yo no he tenido nada que ver, Lucía me engañó,

sabe que no apruebo lo que están haciendo.

No puede decir eso,

tiene que ayudarme a que nos podamos fugar.

No.

Le quiero como a un hijo, pero no puede pedirme eso.

Si me quiere como un hijo,...

será capaz de sentir lo que supone para mí

estar separado de Mateo.

Ese chico que está jugando en la fuente es mi hijo,

y nada deseo más que verle crecer.

No puede pedirme eso.

No puede pedirme que le ayude a llevárselos de aquí.

El lugar de doña Lucía, y de Mateo,

es el hogar que han creado.

Nos ayude usted o no, nos iremos.

Al menos, cuide de que Eduardo no haga ningún daño

a Lucía y a Mateo, eso no puede negármelo.

No, eso no se lo puedo negar.

Sabe que haría lo que fuera por protegerles.

Flota perfecto.

¿Cuándo vamos a ir al mar a probarlo?

Antes de lo que crees.

¿Te apetece? Claro.

-¿Qué es eso? -Un barco pirata.

Mire, tiene una eme de Mateo.

-¿Lo ha hecho don Telmo? -Sí, y flota.

Vamos a ir con madre a probarlo al mar, me lo ha prometido.

-Al mar, ¿dónde?

-No me acuerdo de cómo se llama el pueblo,

pero está en Levante.

Voy a llenar un barreño

y lo voy a poner a navegar. -Se acabó el juego.

Vete a tu habitación.

Pensé que te habías ido. Se me habían olvidado los guantes,

hace un día muy frío.

Sí, se ha levantado un viento helador.

Mejor que no salgáis ni tú ni Mateo. Sí, será lo mejor.

Después de ir al abogado tengo que pasar por el hospital.

Ciérrate bien el abrigo. No te preocupes.

¿Y tardarás mucho en volver? Sí.

Pasaré casi todo el día fuera.

Ya te he dicho, no salgáis, y no dejes que Mateo lo haga.

Tranquilo.

Adiós.

-Menudo frío se ha levantado. -Sí, y eso que cuando desperté

parecía que hacía buen día.

-Quizá levante y vuelva a abrir. Le estaba buscando.

-Usted dirá.

¿Me permite un café? -Sabe que no me gusta mucho

entrar, hay gente que sigue sin verme con buenos ojos.

-Peor para ellos. -Lo último que yo quisiera

es incomodar a los vecinos.

Quería preguntarle si sabe algo de Felipe.

-No, nada bueno.

Antes de salir, me pasé por su casa, pero ni siquiera me abrió la puerta.

-¿Está bien? -Lo ignoro.

-Voy a tener que arrepentirme de haberle conseguido ese trabajo,

está resultando peor el remedio que la enfermedad.

-No se culpe de todos los males de Felipe.

Ya es mayor de edad y responsable.

-En su estado, no sé yo si es muy responsable de ellos.

-No debe cargar con más peso del que le corresponde,

cada uno ya tiene bastante, y el suyo no es baladí.

-Lo sé, pero me veo obligado a ayudarle.

Intentaré hablar con los Sahagún

para que olviden el traspiés de Felipe.

-Si lo consigue, miel sobre hojuelas,

pero no se sienta un fracasado de no hacerlo.

Como ya le digo, Felipe debe asumir su responsabilidad.

Que cada palo aguante su vela.

-Intentaré ayudarle, que a veces el viento sopla muy fuerte

y desarbola las velas. A ver si los Sahagún me reciben.

Vaya usted con Dios. -Lo mismo le digo.

-Ya te he visto hablando con Ramón. -Tía, no empiece.

Don Ramón es mi amigo -Pues escoges muy mal a esos amigos.

-Es problema mío.

Es una de las mejores personas, con una bondad extrema,

de la que tendrían que aprender muchas

que solo hablan mal del prójimo.

-¿Bondad extrema? ¿Por qué no le preguntas a Celia?

O a Felipe, seguro que no opinan lo mismo que tú.

-Ojalá pudiera hacerlo, tía, pero Felipe no está bien.

Ni siquiera abre la puerta de su casa a nadie.

-Dicen que no deja entrar ni a la criada.

Parecía que remontaba con ese trabajo que le había salido,

y mira, ha ido a peor.

-Si recuperara el trabajo, quizá le ayudaría a salir de ese largo túnel.

Ya que reza usted tanto, rece por eso.

-Creo que debería hacer algo más.

Intentar acceder a él, llevarle comida, darle paz de espíritu,

y rezar también, eso no sobra.

De hecho, iba ahora hacia la iglesia.

-¿Ah, sí? ¿Y eso?

¿No va a asistir a las clases de tango?

-Me da tiempo. Y yo que creía que era un baile inmoral,

y es tan aseado y respetuoso,

que se podría bailar hasta en los salones de palacio.

-Para que vea.

Ande, vaya a rezar por don Felipe,

que no es necesario que asista a las clases.

-Sí, ya no hace falta vigilar,

pero tengo que reconocer que me entretiene.

Iré. Te veo luego.

-Señora, le traigo un caldo.

¿Ha visto qué día?

-Parece que hace frío, sí. -Bastante,

y eso que ha salido el sol,

pero viene un viento que corta como un cuchillo.

-Se está mejor en casa, desde luego. -En casa

y con un caldo calentito. Tómeselo antes de que se enfríe.

-¿Ha bajado ya a la tienda?

-Sí, señora, y ya me han puesto al día de las noticias del barrio.

-¿Algún cotilleo que me afecte? -Ninguno.

Hoy la dejan tranquila,

bastante tienen con el encierro de don Felipe.

No le abre a nadie la puerta de casa.

-La verdad es que apenas conozco a don Felipe, pero cuando le he visto

me ha parecido siempre tan amargado, que no me sorprende que se encierre.

¿Siempre fue así? -En absoluto.

Hasta la muerte de su esposa, don Felipe era otro hombre,

la envidia de cualquier vecino. -¿Es eso cierto?

-Educado,... bien vestido, con éxito,

no había otra pareja más encantadora

y envidiada de Acacias que los Álvarez-Hermoso.

Él... y su esposa doña Celia,...

pero no se recuperó tras su muerte. -Que dicen que la mató don Ramón.

¿No?

-Eso dicen, señora, pero yo le digo que es falso,

y se lo digo de buena fuente.

Don Ramón es una bellísima persona

incapaz de hacer daño a nadie.

-Las veces que le he visto,

me ha parecido un hombre que transmite paz.

-Y no se equivoca.

¿Le gusta el caldo? -Riquísimo.

Prepárele uno al señor cuando vuelva,

le asentará el estómago.

Buenas.

Hola.

Justo hablábamos de ti.

Le decía a Carmen que te preparara un caldo cuando volvieras.

Con este frío, me sentará bien. Ahora mismo se lo caliento, señor.

-¿Cómo te ha ido en el banco?

Mal.

No me han concedido el crédito. Malditos.

¿Qué vamos a hacer, Samuel?

Querernos.

¿Querernos?

(ASIENTE) Más que antes.

Tienes razón cuando dices

que el amor es lo único importante.

El dinero viene y va, se consigue y se pierde,

pero el amor es lo único que tiene valor.

Pero no sirve para pagar las deudas. Bueno,

pero te abre la mente.

Yo soy más inteligente desde que te amo, mucho más.

Me alegro de haber producido ese efecto en ti.

Soy tan inteligente, que se me ha ocurrido una idea,

pero te la contaré cuando esté más madura.

-Aquí tiene su caldo.

Carmen, tú me conoces desde hace muchos años,

¿verdad que ahora soy mucho más listo que antes?

Mucho más, señor. ¿Lo ves?

(Música)

-Ahí, ahí, no tan juntos,

no tan juntos.

-¿Tu tía no se puede ir a rezar? -Pero si ya lo he intentado,

pero no hay manera.

-Más separados, que esto es una danza decente.

-Que sí, Servando, que sí.

-Decente, dice,

un tostonazo es lo que es.

-"Pa" esto le damos al pasodoble. -De seguir así, nos desapuntamos.

-"Pa" chasco que sí.

-¿Qué le parece, doña Susana?

-No hay baile más decoroso.

No sé de dónde le viene la mala fama.

-Maledicencias.

-Cuidado con Rosina y Liberto. -Sí, sí,

don Liberto, doña Rosina,

que corra el aire,

que corra el aire, ahí, ahí, eso es. Muy bien, bravo.

Vamos a hacer un pequeño descanso.

-¿Lo ves, Susana? Es un baile de lo más respetable.

-Sí que lo es, sí. -Claro, por eso,

si te apetece ir a dar un paseo, ¡ve a pasear!

-Uy, con el frío que hace fuera, mejor estoy aquí.

Me gusta tanto veros bailar.

Un baile tan digno, tan respetuoso,

como los que danzábamos nosotros cuando yo era joven.

-Voy a beber agua, que aunque sea una danza tranquila,

cansa.

Nada, que no se va.

-Voy a ver si la convenzo.

-Servando, como esto siga así, vamos a tener que suspender las clases.

-Ya, si Jacinto y Marcelina

dicen que se van, que solo están esperando

a ver si doña Susana se harta. -En fin, sigamos.

-Sí. Vamos a continuar, por favor.

Venga.

Muy bien.

Ahí.

(Música)

Doña Susana, ¿no se cansa de mirar

sin hacer nada?

-Ah, no, al contrario, no se preocupe, estoy muy bien.

De hecho, voy a venir a todas las clases.

Lo mismo algún día... me lanzo a bailar.

-Servando, nos había dicho que nos iba a enseñar unos pasos nuevos.

-Calma, Jacinto, no te estrelles, que Roma no se hizo en un día.

Primero, aprended los que tenemos y, luego, iremos con pasos nuevos.

-Muy bien dicho. Las prisas son malas consejeras.

-Bueno, pues ya está todo, solo queda su firma, aquí,

en la entrega. -Usted ya ha firmado, ¿no?

-Sí, esa es mi firma.

-Muy bien, pues ya está.

-"Alea jacta est".

O lo que es lo mismo: "la suerte está echada".

-Está siendo un placer hacer negocios con usted.

-Sí, al principio es un placer, pero no lo será de verdad

hasta que no repartamos beneficios.

-Y que lo diga.

-Buenos días, Antoñito, no sabía que estaba aquí.

-Buenos días. Tratando negocios con su esposo.

-Me ha dicho que las aceitunas ya están en el almacén.

Falta venderlas. Ya puedes pedir ayuda a la Virgen.

-Ay. La Virgen del Carmen no nos va a dejar en la estacada.

-Falta algo más, a parte de venderlas.

Ya las han lavado, cocido con sosa y puesto en salmuera

pero nosotros tenemos que amasarlas.

-Y enviarlas a Buenos Aires. Nos las van a quitar de las manos.

-Qué emoción.

-Después, crearemos una exportadora de queso.

Y una bodega, ¿por qué no?

"Vinos Bellita, la bebida exquisita".

-Ole. -Bueno, vamos poco a poco.

Primero nos centramos en las aceitunas

y luego pensamos en otros productos.

Y van a saber que las aceitunas vienen avaladas por usted,

porque si no, podemos contratar publicidad en algún periódico.

-Eso déjelo en mis manos.

La guinda del proyecto es mía, no se preocupes.

(Se cierra una puerta)

¡Señora! ¿Se encuentra usted bien?

Sí. Sí, perfectamente, son,...

Esto son los nervios.

¿Está usted segura? Los nervios...

o tal vez el frío que hace hoy. ¿Quiere que llame a un médico?

No. No, Úrsula, estoy bien.

Señora, ha venido a visitarla Agustina,

la criada de don Felipe.

¿Quiere que le diga que regrese en otro momento?

No, hágale pasar, he sido yo quien le ha mandado avisar.

Como usted diga.

Buenas tardes, señora.

Buenas tardes, Agustina.

Me dicen que Felipe no le ha permitido entrar en su casa.

No, señora, ya no sé qué hacer.

Ayer me pasó mi jornal por debajo de la puerta

y hoy ni siquiera me ha abierto.

¿Y no ha conseguido hablar con él?

A través de la puerta...

me ha mandado que me marchara.

No sé, ¿no notaste nada raro los últimos días?

Ya lo sabe, el señor parecía otro

encerrado en el despacho, entre libros, trabajando,

yo creo que hasta se sentía feliz de hallarse así.

Pero, de repente, una tarde...

volvió como antes, irritable,... enfadado.

¿Y no le contó qué había ocurrido?

A mí no, pero me enteré.

Algún problema en ese trabajo que estaban haciendo, nada más.

Me echó de casa y...

no me dejó volver a entrar.

Gracias, Agustina.

Siga intentándolo y, si se entera de algo, avíseme.

Claro. Como usted mande.

Con su permiso.

¿Usted no sabe nada? Nada.

Y bastantes problemas tiene esta casa,

como para preocuparme de los demás.

Voy a su casa, tengo que ver si le ocurre algo.

Señora, por favor.

Don Eduardo le ha prohibido salir.

Úrsula, soy la única familia que le queda

debo saber si está bien.

Señora, por favor, espere a que regrese su esposo.

Además, la que no está bien es usted.

No. No, yo estoy perfectamente, lo mío es una tontería.

Señora, siéntese, por favor.

Siéntese.

Se ha desmayado hace un par de minutos y ahora otra vez.

Por favor, repose un rato.

Si más tarde se siente mejor,

yo la cubriré para ir a visitar a don Felipe.

Bueno, descansaré por darle el gusto a usted.

-Olé, la gitana guapa. Vámonos, ese brazo, para arriba.

Ahí, esas manos, ole. Ahora mira a la izquierda,

emperadora. -¿Así?

-Como los mires así, los argentinos van a comer aceitunas

a dos carrillos.

-Se acordarán de mí. -¡Digo!

No te van a olvidar en la vida, reina mora.

-Ahora mire aquí.

-Ole. ¡Ja!

A ver si le va a derretir la lente.

Esa mirada pone al rojo vivo todo lo que tenga por delante.

-Ay, exagerado.

-Es que tienes arte, Bellita.

-Le voy a grabar un tanguillo,...

"pa" que se escuche allí en los discos,

con propaganda de las olivas.

-Eso, cantando como la Fornarina:

"Aceitunicas, que las traigo bonicas".

-Eso eran "clavelitos, que los traigo bonitos".

-Bueno, pues se cambia una miaja la letra y ya está.

-Anda, compositor.

-¡Ole! ¡Ja!

-¿Qué es todo esto?

-Retratos para los admiradores argentinos.

-La niña... ya tiene edad de saber la verdad.

¿Ha acabado usted?

-Sí, voy al laboratorio a revelarlas.

-Ea, pues vaya, y mándenos las mejores.

-¿Me pueden explicar algo?

-Yo te lo habría mantenido oculto, pero tu padre manda.

-Nuestro teatro... se ha incendiado.

-El de Buenos Aires. -No tenemos otro.

Bueno, en realidad ya no tenemos ninguno.

Cenizas y poco más.

-Así que tenemos que ganarnos la vida de otra forma,

y hemos montado una empresa para exportar aceitunas a Buenos Aires.

-"Aceitunas Bella del Campo". -Tenemos aceitunas.

¿Desde cuándo? -Desde ahora.

Somos aceituneros, y la imagen de tu madre nos va a servir para venderlas

en toda la Argentina.

-Pero estamos arruinados, eso es horrible.

-No es la primera vez que nos arruinamos ni será la última.

A las peñas, "puñalás". Y tú, a concentrarte

en los estudios con madame Olenka.

-Y nosotros,... a vender aceitunas. -Por quintales.

Ven y dame un beso, mi amor.

-Qué ganas me han "entrao" de estar contigo desde el tango.

-Quieto, no nos vaya a ver alguien. -¿Hay alguien en el altillo?

-Agustina, que se ha "echao" un rato.

-¿Que no trabaja?

-Ha "estao" limpiando, como don Felipe no ha abierto la puerta.

(Ronquidos)

(RÍE)

-Duerme como un tronco.

-Pues no hagamos ruido, "pa" no despertarla.

-Entonces, ¿no... no bailamos un poco?

-Pon la música bajita.

(Música)

-Anda, Jacinto, déjate de bailes decentes.

Vamos a bailar como antes de que llegara doña Susana.

-¿Y si nos pillan?

-¿No dices que Agustina está durmiendo?

-Uy.

Tú sí que sabes encenderme, cordera. -Y tú a mí, perro lobo.

-Yepayaaa. -No me digas eso que me desato.

-Pero ¿qué es esto?

-¡Quieto, Jacinto! Que soy una mujer decente.

-Pero ¿qué he hecho? -Ay, Servando, qué vergüenza,

mire que ponerse así mi marido. No vaya a pensar que yo...

-Si al final va a tener razón doña Susana

y esto va a ser un baile diabólico.

-Yo me voy, que tengo faena.

-Amigo Servando, a las mujeres no hay quien las entienda.

-¿A mí me lo va a contar? Hasta mi Paciencia era enrevesada.

Bueno, vámonos nosotros también que tenemos faena.

Menos mal que he aparecido, que si no, no sé cómo hubiesen "acabao".

-Pues bailando el tango, que para eso se creó esta música.

-Alguien me dijo que te avergonzarías de mí

si me vieras así.

Me enfadé mucho, pero tenía razón.

Yo también me avergüenzo de mí mismo.

Esto es lo único que sé hacer,

beber y compadecerme de mí.

Te echo tanto de menos.

Todo era distinto cuando tú estabas.

¿Te acuerdas cuando nos casamos?

Éramos unos niños,...

pero nos creíamos personas mayores,

soñábamos con tener muchos hijos y formar una gran familia.

¡Por qué me has tenido que dejar solo,

¿eh?!

No tengo fuerzas para seguir adelante.

¿Sabes qué le pido a Dios todas las noches?

Que sea la última y que me lleve contigo.

(LLORA)

(Llaman a la puerta)

Felipe, soy yo. Ábrame.

(LLAMA A LA PUERTA)

Felipe, sé que está ahí. ¡Déjame! ¡Quiero estar solo!

Felipe, estoy preocupada por usted, ábrame.

Yo también le necesito, también tengo problemas

y echo de menos a Celia,

para pedirle consejo y contarle lo que me preocupa,

pero solo le tengo a usted.

Yo le tengo a usted y usted me tiene a mí.

Ayúdeme, por favor.

No me deje sola, Felipe.

(LLORA)

Que sí, que me lo ha dicho Lolita,

que las aceitunas de Cabrahígo están a punto de salir en un barco

para Argentina.

-Qué emoción. -No sé qué tienen de especial.

Las castañas de Naveros del Río triunfan en el mundo entero.

-¿Y usted qué sabe?

¿Hay alguna empresa que llene barcos "pa" enviarlas?

-Ni falta que hace. "To" el mundo que pasa por Naveros

se lleva toda la faltriquera llena de castañas.

-Perdone que le diga, pero mejor exportar con una empresa

que llenando bolsillos.

-Tampoco...

-Buenas tardes. ¿No tienen frío?

-"Acostumbraos" estamos, que ya no hace tanto frío como antes.

-Es verdad, está cambiando el tiempo.

No hay inviernos como cuando éramos niños.

-Tenía que haber visto el altillo antes de que lo arreglaran.

Las mujeres tenían que tener "cuidao" que no les cayera

un carámbano. -"Exagerao".

No le haga usted caso, doña Felicia.

-Lo digo por si quieren continuar dentro,

la casa les invita a un caldo.

-¿Y puede ser un chatito?

-Claro. Pasen, son bienvenidos.

-Qué detalle de doña Felicia. -Y que lo diga.

-Buenas tardes, cuánta buena gente por aquí.

-Precisamente estábamos hablando de usted ahora mismo.

-Esperemos que sea bien.

-De usted no se puede hablar de otra manera.

Una leyenda de España es usted. -Ay, muchas gracias.

La Virgen del Carmen, la alcaldesa de Punta Umbría me lo ha concedido.

-Hablábamos, además,

de su negocio. -Sí, estamos encantados.

Seguro que en Argentina se convierten en aperitivo nacional:

"Aceitunas Bellita del Campo". -Con ese nombre, qué menos.

Yo pienso comprar un frasco, aunque sea para guardarlo de recuerdo.

-Sí, yo les quería proponer una cosa.

¿Ustedes han probado las castañas de Naveros del Río?

-No.

-Es que a mí...

¿Sabe usted? Las castañas me sueltan el vientre.

-No, no, las de Naveros no,

son las mejores del mundo.

-Pues haga usted una cosa,

se trae usted un día un saquito y nosotros las asamos,

que en días como este, se agradecen. -Sí, sí, voy a hacer eso.

Voy a encargar un saco, pero de castañas superiores,

y si les gustan, ya verán, cargamos barcos para Argentina.

-Será un honor.

Ahora, si me disculpa... -Sí, sí, perdón.

-Mira, están ahí Bellita y su esposo.

-¿Te has enterado de lo de las aceitunas?

"Aceitunas Bellita del Campo", ¿se puede caer más bajo?

-Chist. Susana, nunca te parece nada bien.

-¿A ti te gustaría que tu nombre anunciase olivas?

-No sé, pero no me parece nada malo.

-Una mujer que quiere codearse con la nobleza.

Así no van a casar bien a su hija, te lo digo desde ya.

Perdón.

Qué alegría nos hemos llevado cuando nos hemos enterado

de lo de su empresa. Es lo que España necesita,

familias emprendedoras.

-Muchas gracias, doña Susana.

Ya sabía yo que usted,

que ha sido una de las mejores empresarias de este país,

con su sastrería, lo iba a aprobar.

-Claro que sí. -Sí, es que Susana siempre ha sido

tan comprensiva con los demás.

-Buenas tardes, señoras, enseguida les acomodo.

-Que aproveche. -Gracias.

-Hija, tienes que levantarte, el local se ha llenado de repente.

Siéntense.

Buenas tardes, don Eduardo. Buenas tardes.

¿Han ido bien sus gestiones? Sí.

Lo peor ha sido ese frío que viene de la sierra,

se te mete hasta los huesos. ¿Quiere un café?

Gracias, me vendrá bien tomar uno.

¿Y mi esposa? Ha tenido que salir.

Se lo prohibí.

Es que no ha tenido más remedio.

Ha sido por su primo, don Felipe.

Maldito irresponsable. ¿Qué...le ha ocurrido esta vez?

No se sabe, señor.

Se ha encerrado en su casa y no abre la puerta a nadie.

Doña Lucía ha ido a ver si está bien.

Se cree que pueda haber cometido una locura.

Nunca me cayó mal don Felipe,...

pero detesto a las personas que no se sobreponen

a los avatares de la vida.

¿Lucía se ha llevado a... Mateo?

No. No, Mateo está en su cuarto, jugando.

Voy a pedir a la criada que le prepare el café.

Espere, Úrsula.

Dígame, señor. Quiero hablar con usted.

Mire.

Un mapa, señor.

Disculpe, pero no sé qué me quiere decir con esto.

Es un mapa de... una zona de la región de Valencia, sí.

Mi hijo dice que va a probar su barco en las playas de Levante.

Lo del mapa me parece normal, en todas las casas lo hay,

y lo de su hijo...

Ya sabe cómo son los niños.

Ahora anda fascinado con esas novelitas

de conquistadores y piratas. Piratas.

En Valencia.

Es el mar más cercano.

Las casualidades no existen.

Lucía y Telmo planean algo.

No, señor, no diga eso.

Necesito que me ayude.

Que sea mis ojos,

mis oídos... en esta casa.

Necesito que me cuente todo lo que ocurre aquí.

Le repito, señor, que todo son figuraciones suyas.

Usted es una persona... que ha conocido de todo en la vida.

Ha sido criada,... ha sido institutriz,

ha sido señora.

Sé que comparte conmigo algunos principios eternos,

de esos por los que se rige el mundo, la familia,...

la moral,...

el respeto por los principios cristianos.

Sabe usted que así es.

Por eso le pido ayuda. ¿Usted cree

que Mateo se merece ver cómo su madre

se comporta como una fulana?

No, claro que no.

¿Sería decente que se lo llevaran lejos de su casa

y que vea cómo su madre

se amanceba con un antiguo cura?

¿Es eso bueno para el niño?

¿Es eso mejor que criarse con una familia decente?

No, señor, por supuesto que no.

(Se abre una puerta)

Por eso me atrevo a pedirle ayuda, porque sé que piensa

lo mismo que yo.

Ahí viene Lucía,... no le diga nada de lo que hemos hablado.

Buenas tardes.

No te esperaba tan temprano.

Sí,... ha ido todo muy bien, querida.

Tampoco esperaba que no estuvieras en casa.

He intentado hablar con Felipe, me preocupa mucho.

Deberías olvidarte de él,...

no merece tus desvelos.

Voy a ponerme ropa cómoda.

¿De qué hablaban? ¿Cómo se ha tomado mi ausencia?

El señor está tranquilo,...

aunque cree que don Felipe ha echado su vida a perder

y que él es el único responsable de lo que le ocurre.

En el fondo,... pienso que tal vez tenga razón,

pero ¿no le ha dicho nada más?

No sé, algo sobre Telmo.

No. No, no, nada.

Me encanta recibir su visita, Samuel.

Hace cuánto tiempo que no nos sentábamos en este salón.

La vida no es tan sencilla como siempre creemos.

Así es.

Va pasando la gente, los amigos, los vecinos.

¿Quién nos iba a decir hace 10 años que todo iba a ser tan difícil?

Fíjese en Felipe. Tiene problemas graves.

Muchos tememos que no vuelva a recuperar el equilibro.

¿Tan extremo es? Más.

A su incapacidad para superar la muerte de Celia

y su odio por don Ramón, que muchos creemos que no tiene ninguna culpa,

se une su fracaso profesional.

Después de muchos años sin ejercer,

los Sahagún han decidido prescindir de sus servicios.

Mal asunto.

Cuando uno pierde el tren profesional,

es complicado retomarlo.

No creo que haya venido hasta aquí para hablarme de Felipe.

No. Ciertamente no.

Entonces, vayamos directamente al grano.

Verá, me cuesta pedirle esto,... pero necesito un préstamo.

¿Es una cantidad muy elevada?

En este momento, para mí sí. Necesito 3000 pesetas.

No es una cantidad que uno suela llevar en el bolsillo.

Lo sé, por eso le firmaría todos los papeles y avales

que fueran necesarios, por supuesto.

Pienso devolverle hasta el último céntimo.

Si fuera necesario, respondería con mi piso.

Con esas garantías, le sale mejor pedir el dinero al banco.

Ya lo he intentado sin éxito.

No voy a engañarle,...

mi nombre quedó por los suelos

con la bomba en mi galería y lo perdí todo.

Me vi obligado a acudir a unos prestamistas.

Recuerdo lo que se comentó.

Entonces, dígame, necesita ese dinero para montar un negocio.

No. Lo necesito para hacerle frente a una deuda,

un asunto en el que me he visto envuelto en contra de mi deseo.

Verá, Samuel,...

si me pidiera una cantidad menor,... no sé,

500 pesetas, se lo dejaría sin ningún tipo de problema,

pero 3000 pesetas es una cantidad importante.

Lo sé, por eso le ofrezco garantías.

Y no le oculto que el dinero que tenemos mi esposa y yo,

a pesar de tener bienes gananciales,

proviene en su mayoría de la mina que heredó de su primer esposo.

No puedo coger ese dinero sin antes consultarlo con ella.

Ya, y parece muy improbable que esté dispuesta.

Me extrañaría mucho que aceptara.

¿Y no hay ninguna forma de prescindir de su anuencia?

Tal vez alegando que es usted el cabeza de familia.

Mi esposa y yo no funcionamos así, Samuel.

No obstante, déjeme que lo piense.

-Por cierto, ¿se sabe algo más de don Felipe?

-No. Sigue metido en la casa, día y noche.

-Pues mejor,

así no arma ningún escándalo.

-Yo pensaba que se te había olvidado lo de ser artista.

-¿Y eso por qué?

-Porque tus padres ya tienen bastante con el incendio del teatro.

-Pues más motivo para ser artista.

Tengo que volver a levantar todo lo que se ha perdido.

Tengo que ayudarlos, sacarlos de esos apuros y retirarlos de una vez.

-Entonces, dime, ¿qué quería Samuel? ¿Por qué vino a casa?

-No sé qué te pasa, pero no tengo por qué aguantar

esta desconfianza.

-¡Dímelo! -¡No pienso hacerlo!

¿Hasta cuándo tengo que rendirte cuentas?

-Mientras estemos casados, y ya oíste al cura

hasta que la muerte nos separe.

-"¿Qué crees que hará Liberto," a la postre?

No lo sé,... pero dudo mucho que nos dé el dinero.

Yo también. Tendría que enfrentarse a su esposa

y eso sí que no lo va a hacer.

Me temo que le tiene más respeto que un morlaco.

No quiero ir a misa, quiero quedarme con Telmo.

Basta de réplicas, andando.

-Vengo del estudio del fotógrafo, ya tengo los retratos.

-Ay, ¿cómo he salido? -¿Cómo vas a salir, lucero mío?

Como lo que eres, un rosal en flor.

Mira.

Ni el mismísimo Julio Romero te hubiera retratado mejor.

-Me estás tomando el pelo, ¿no? -¿Quién, yo? No me atrevería.

-Ni usted ni nadie. -¿Cómo puedes decir que salgo bien?

El pintamonas del fotógrafo ese me ha puesto 10 kilos de más

y 15 años encima.

-Con su permiso,

ha llegado esta nota del piso de arriba para ustedes.

Es de Liberto.

-¿Qué dice?

-Pienso que lo que le ocurre al abogado

es que tiene a su difunta esposa como una santa,

por una mujer sin tacha, y la verdad es que estaba desquiciada,

y eso fue lo que la llevó a su amargo final.

-Eso es cierto.

-Si don Felipe pudiera ver a doña Celia tal y como era,

tal vez reaccionaría.

"Se me ocurre que podríamos intentar contactar con Marlene".

¿Qué va a hacer?

¿Conseguir el dinero de Cristóbal Cabrera?

Es una posibilidad.

Pretendes que Marlene robe el dinero de un mafioso

para dárnoslo a nosotros.

¿Has pensado en las consecuencias que podría tener algo así?

Estoy segura de que ella sabría hacerlo sin correr ningún riesgo.

No. De ninguna manera.

No vuelvas a ponerte en contacto con esa gente.

No suelen decirme lo qué he de hacer.

-Alguien nuevo, una debutante con garra.

He oído que ha aparecido una que es muy buena.

-Ni idea, ¿cómo se llama?

-La dama del misterio.

-Parece más nombre de espía que de cantante.

-Ha salido en los periódicos,

y puede llegar a ser una gran figura.

-No he leído nada y yo me fijo mucho en las noticias de espectáculos.

-Creo que actúa en un cafetín a las afueras y no le va nada mal.

-Habrá que ir a verla. A lo mejor ha nacido una estrella.

-No se puede figurar cómo se puso padre cuando le dije

que nos íbamos a ir a vivir a Levante.

¿Qué le contaste?

Que Telmo, usted y yo nos íbamos a ir a vivir junto al mar,

para tener muchos barcos.

Se ha puesto blanca, madre.

¿Usted también le tiene miedo a padre?

-Para atrás, y uno, y abro delante,

y uno, dos y tres y aquí.

-(GRITA)

-¡Pero ¿qué desvergüenza es esta?!

He de avisarle... que don Eduardo está al tanto

de su plan de fuga.

Sospecha de ustedes...

y me ha pedido que sea sus oídos, sus ojos,

que le tenga al corriente de todo lo que hagan.

No entiendo cómo ha podido averiguarlo,

pero eso ahora no es lo más importante.

¿No, entonces qué es importante?

Necesito saber si ahora está dispuesta a ayudarnos.

-"Tenemos que estar muy contentos por lo bien que pinta el negocio".

-Mucho me parece que corren.

-Podríamos seguir celebrándolo yendo a ver a la cantante nueva

de la que todos hablan.

-¿Qué cantante? -Todo el mundo habla de ella

y de las buenas críticas en los periódicos.

La dama del misterio, la llaman.

Disculpen. -Nunca la he oído.

-Yo sí. Don Servando me ha hablado de ella,

y no me parece mala idea ir a ese espectáculo.

Yo... ¡Deja de fingirte enferma!

¿Te crees que puedes manipularme con tretas tan manidas?

¿No eso es lo que llevas haciendo tú durante todos estos años?

No te voy a consentir... -Eres malo, ¡no pegues a mi mamá!

Quieto, Mateo. No le vas a hacer daño.

¿Qué pasa? No se meta en esto.

Vamos.

¿Qué hace?

¿Se puede saber de parte de quién está?

No permitiré que le haga daño a la señora.

¿Quién se cree que es, estulta?

No es más que una criada y va a obedecer mis órdenes.

¡Quítese ahora mismo de mi camino!

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Acacias 38 - Capítulo 987

08 abr 2019

Genoveva y Samuel se plantean no pagar al senador, pero temen las consecuencias y el Alday decide pedir un préstamo al banco, y se va con las manos vacías. Finalmente acude a Liberto.
Telmo no teme las amenazas de Eduardo y se compincha con Úrsula para seguir viendo a Mateo. Sin embargo Eduardo comienza a sospechar del plan de Telmo y Lucía para escapar de Acacias.
Ramón decide intervenir por Felipe ante los Sahagún. Y Lucía se salta la prohibición de su marido de no salir de la casa para visitar a su primo, pero él la echa sin recibirla. Felipe está solo y desesperado ¡quién sabe de lo que será capaz!
Los Domínguez se vuelcan con el negocio de las aceitunas, Bellita será la imagen de marca; Cinta se entera de que su familia está al borde de la ruina.

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