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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 981 - ver ahora
Transcripción completa

Agustina, ¿no le parece que últimamente la Carmen

defiende con uñas y dientes a mi suegro?

-Ya me he percatado. Se ve que le ha cogido

mucha estima.

¿Qué ha hecho durante su ausencia?

¿Por qué se fue de repente y ha vuelto de igual forma?

¿Es usted quién quiere saberlo

o le envía Lucía para que me sonsaque?

Si Lucía quiere saber algo de mí, que venga a preguntarme

y que no envíe a nadie.

Olvidas que Felipe siempre fue un gran abogado,

algo habrá quedado de su reputación.

-No, no lo olvido.

Ni tampoco olvido que la familia que le ha contratado,

los Sahagún,... son viejos amigos suyos.

¿No le parece mucha casualidad?

Doña Bella, ¿cómo va lo de su niña con ese mexicano tan apuesto?

-A las mil maravillas.

Mi Cinta está fascinada y, en cuanto al muchacho,

no me cabe duda de que bebe los vientos por ella.

-Veo que tu innata bondad

te hace incapaz de hablar mal de nadie, Carmen.

-No. Simplemente, creo que,...

la gente se fía demasiado de las apariencias

sin preocuparse por mirar en el interior de las personas.

-¿Y el concierto ese al que van, de qué es?

-Un cuarteto de Viena de mucho postín.

-Será una velada inolvidable. -Comencémosla cuanto antes.

No hagamos esperar al chofer.

-Con Dios.

Si Cristóbal pudiera verte escondiéndote

de tu marido.

Lleva tiempo buscándote, ¿sabes?

Hasta debajo de las piedras.

Nunca se le hubiera ocurrido hacerlo en un sitio como este.

-Lo que usted ha intentado es emborracharme

para luego aprovecharse. ¿Acaso cree que una nació ayer?

-No lo hemos pasado nada mal,

no lo niegue.

-¿Qué está pasando aquí?

¿Me han ofrecido este trabajo porque usted se lo ha pedido?

Conteste.

Es hora de que me confirmes lo que ya creo,

Lucía, dime que Mateo es mi hijo.

No te marcharás hasta que no me lo digas.

Me haces daño. ¡Dímelo!

Nunca te había visto tan colérico. ¡Que hables!

Suéltame.

Mateo es tu hijo. Mateo es hijo tuyo.

¿Por qué me lo ocultaste?

No lo sabía.

No lo supe hasta que marchaste.

Y cuando lo confirmé, estaba sola,

muy sola. No sabía a quién acudir.

Me angustiaba dar a luz y ser repudiada por todos.

Y no por lo que pudiera sucederme,

sino por él,

por que no creciera como un paria.

Ni siquiera tenías dinero...

No podía contar con nadie,

ni con mi primo, que estaba alienado

por la muerte de Celia.

¿Y qué hiciste?

Tome la decisión de alejarme de Acacias

para ir a trabajar a un hospital donde nadie me conociera.

Así nadie me haría preguntas.

Y allí conocí a Eduardo,

él llevaba un tiempo luchando contra su enfermedad.

En mi turno le cuidaba

y hablábamos.

En una de las conversaciones le conté que era madre soltera

y, al poco,

él me ofreció casarse conmigo

para ocultar la infamia.

Y volvisteis a Acacias.

Sí.

Todos pensaron que Eduardo

el bueno de Eduardo Torralba,

era el padre de Mateo.

Hice lo que pude,

lo que las circunstancias me permitieron para que...

nuestro hijo tuviera una infancia normal.

No sé qué decir.

Comprendo que te haya decepcionado.

No, no, ni por asomo.

Los dos hemos sufrido mucho por todo esto.

No hay lugar para reproches, Lucía.

Te protegeré.

He vuelto para protegerte.

(Sintonía de "Acacias 38")

De repente quiere usted hablar conmigo.

-Deje de jugar.

¿Le pidió a Los Sahagún que me ofrecieran un trabajo?

-Yo solo quería ayudar.

-¡¿Ayudar,... como si fuera un perro callejero?!

¿Eso suscito, compasión? -Yo no he dicho que...

-¡Cállese!

¡No tolero que me mire por encima del hombro!

¡No admito lecciones morales de un asesino!

-No trataba de mostrarme superior.

-¡Le dije que no quería más trato con usted y se lo reitero!

Apártese de mi camino

o me obligará a que yo le aparte de él.

-No es afán de compasión lo que me ha movido.

Tómelo como una compensación,

un pobre intento por resarcirle todo el mal que le he causado.

¡¿De verdad pensó que podría compensarme

por la muerte de mi esposa?! ¡No solo es un miserable,

sino también un asesino!

No se merece mi furia, tan solo

mi repugnancia.

Apártese de mi camino.

Me asquea verle.

A ver, Cinta, ¿no quieres que suba el muchacho y se explique?

-Lo que faltaba, encima le invita a un vino.

-Bueno, yo solo quería ayudar.

¿Qué es lo que ha pasado, por qué habéis discutido?

-¿Que por qué hemos discutido?

Norberto es un sinvergüenza, venía así de modosito...

-Oye, ¿qué escándalo es este? ¿Qué le pasa a la niña?

-La parejita, que ha tenido sus más y sus menos en la escalera.

-Norberto me engañó como a una boba, madre.

-¿No es hijo del embajador de México?

-Sí, eso es verdad.

-Bueno, entonces... Porfías de enamorados no son porfías.

-No diga eso, que la cara de la niña es un "nublao".

Ya sabía yo que no debían ir sin carabina.

-Vamos, pelillos a la mar.

-¡De pelillos a la mar nada, madre,

que ha intentado emborracharme en un tugurio!

-¿Emborracharte, con qué? -Con tequila.

En su país, las mujeres se lo beben a docenas.

-Y en el mío tomamos el chacolí como si fuera agua,

lo que no quiere decir que lo bebamos cuando un hombre quiera.

-Y no solo eso. Ha intentado propasarse.

-Cinta de mi alma. -Escúchame,

pero no lo ha conseguido, ¿verdad?

-No. Porque me he defendido como gato panza arriba.

-Me puedo creer que la niña no aguante el alpiste

porque no tiene hecho el estómago a los caldos,

¡pero que se entregue así a la primera de cambio,

no, señor, eso no es de recibo!

-La niña puede ser una insolente. -Y una perezosa.

-Y fantasiosa. -Y una viajanta.

-Y una tunanta. -Pero no una frescales.

(Llaman a la puerta)

-Es él.

Por favor, no abran. -Tranquila,

chiquilla.

Arantxa, dile que no es bien recibido.

-Tranquilo, que yo me encargo.

Y si se me resiste, le pego un sopapo con esta mano,

que ha roto frontones.

-¿Ha sido muy fastidioso, hija?

-Más baboso que un calamar recién pescado.

-¡¿Tú qué te has creído, insustancial,

asqueroso?!

Te doy un tortazo que vuelves a México pero sin barco.

-Hala, agur.

-Mira, Cinta, parece que ha bajado las escaleras muy ligero.

-Ya está, todo en orden.

Ya sabía yo que el guapetón este no era de fiar.

-A lo mejor no tenías que haberlo tratado así siendo quien es.

-Uy, tranquila, señora,

ese ya va bien enseñado para que no arme ningún conflicto diplomático

por la cuenta que le trae.

-Mi gozo en un pozo.

Como si los diplomáticos se cogieran de los árboles.

Mari Belli, no te lo tomes así, hombre.

Pero si... -Ya está.

Íbamos a demostrarle a los vecinos

que tenemos una vida tan irreprochable como la suya.

Y he llegado un poco tarde, no es para tanto.

Hasta la gente decente puede ser impuntual.

¿Impuntual?

¿Llamas impuntual a dejarme plantado en la iglesia?

¿He acudido o no?

Veinte minutos después de que empezara el rosario.

Todo el mundo se ha fijado en ti.

Espero que les haya gustado lo que han visto.

Han visto a una esposa que no respeta a su marido.

Por no hablar del desplante

a la liturgia.

Nunca se llega tarde a una cita con Dios porque Él nos acompaña siempre.

¿Dónde has estado?

¿Cómo tengo que decírtelo? Buscando mi abanico.

Y no lo has encontrado, claro.

Pues no. Alguien ha debido llevárselo.

A otro perro con ese hueso, Genoveva.

¿Me estás llamando mentirosa? No lo sé.

De verdad que no lo sé. Llevas un par de días nerviosa,

esquiva, fuera de ti, aunque trates de disimularlo.

¿Por qué me ha costado tanto sacarte de casa?

Ni que fuera un plato de gusto salir a saludar a esas fisgonas.

No te ampares en las vecinas, que con peores toros

nos hemos visto. Dime la verdad.

¡¿Qué verdad?! Estás haciendo un mundo de todo esto.

¿Qué es "todo esto"?

¡Mi retraso!

¡Estás demasiado pendiente de mí y no me gusta que me controlen!

Eso es injusto, Genoveva.

Te he dado libertad, y, hasta ahora, jamás había dudado de ti.

¿Hasta ahora? Sí, hasta ahora.

Estás sacando las cosas de quicio.

Puedes ponerte como quieras,

pero sé con certeza que me estás mintiendo.

Esto es el colmo. Mírame a los ojos.

Ay, Samuel, basta ya.

Mírame.

¿De verdad merezco que me mientas?

¿No respondes? ¿Qué quieres que te diga?

Estás viendo fantasmas.

No, no es cierto y tú lo sabes.

Prometimos no mentirnos jamás,

pasara lo que pasara y doliera lo que doliera.

Y mantengo mi promesa.

Tú sabrás.

Ven a desayunar, lucero mío, que las penas con pan son menos.

-Déjela tranquila, señor, que tiene los ojos como dos pelotas.

-Como los de un besugo que no ha pegado ojo en toda la noche.

-No es para tanto, que la afrentada fui yo.

-¿Y crees que eso me consuela?

La Virgen del Carmen sabe que lo sentí en mi propia carne.

¿O no, señora?, que menuda noche hemos pasado.

-Déjalo estar,

que ese truhán no merece que le demos ni un pensamiento más.

¿Quién iba a pensar que un joven de buena familia

tuviera las manos tan largas?

-Yo misma, señora, que no solo lo imaginé,

sino que lo dije, y bien alto.

-Tú piensas mal de todo el que se viste por los pies.

-Y no me faltan razones.

-¿Qué le vamos a decir al embajador si nos pide cuentas?

-¿Que su hijo es un frescales? -A nadie le gusta

que le digan la verdad.

-Pues si me preguntan a mí, me escuchará con sus orejas.

-Di que sí, canelita.

Ah, y para todos, si nos pregunta el embajador

o el sursuncorda ese, le diremos lo que pasó sin ahorrar detalle.

-¿Incluida la bofetada?

-Con la bofetada también, sí.

Somos gente decente, no tenemos nada que ocultar.

Y como me llamo Jose,

que ese muchacho no vuelve a pisar esta santa casa.

-Y le hemos tratado a cuerpo de rey.

Que si jabugo por aquí, que si jerez por allá...

¡Desagradecido, malaje!

-No se haga mala sangre, madre,

les está bien merecido, por celestinos.

-Y esa es otra. ¿Ahora qué?

-¿Que de qué?

-Que tenemos a la niña compuesta y sin novio.

-Eso de momento se ha terminado.

No nos vamos a empeñar en el afán, que las prisas no son buenas.

-Así se habla.

Los novios vendrán cuando tengan que venir

y, si no, que se queden donde están. -Sí, tú ve dejándolo,

que el tiempo pasa.

-Si quiere seguimos buscando, y Arantxa y yo nos liamos a guantazos.

-No, déjalo estar por un rato.

-No hay mal que por bien no venga.

-¿Está usted más cristiana, señora?

-Ni una miajita.

Tráete más paños.

Y que en esta casa no se cante un corrido mexicano

hasta el día del juicio.

¿Voces dices?

Y hasta una "bofetá" me pareció oír.

-¿No te asomaste?

-Anda que no.

Pero don Jose, el padre, ya estaba separando a la parejita.

-¿Y qué hacías tú despierta a esas horas con lo temprano

que abres el quiosco? -Bueno,...

ya sabes, mi Jacinto y yo, que estábamos...

encargando.

-Poco convencimiento te noto. Es que no funciona "na", Lolita.

Ni las infusiones, ni los rezos a la Virgen...

Aunque pensando yo que,

que no "tie" mucho "sentío" rezarle a una virgen "pa" tener criaturas,

qué sabrá ella de esos manejos.

-Sea como sea, ya me irás contando.

Yo también quiero quedarme "preñá", no ahora, pero tampoco "mu" tarde.

Ea, tu pimentón

y tus alubias.

-Tus perras.

-Ya me dirás cómo te han "salío",

que me han dicho que no dan flato. -Ah.

Con Dios.

-Ha vuelto a pasar, Lola. -¿Lo qué?

Mi padre y Felipe, que han vuelto a tener sus más y sus menos.

-¿Se han "repartío" sopapos?

-Esta vez no han llegado a tanto. Pero...

-¿Y por qué han "discutío"? -Fue anoche.

Parece ser que Felipe, lejos de mostrarse agradecido,

se ha indignado con que mi padre porque le consiga trabajo.

-Ese hombre ya no sabe ni lo que es bondad, porque ya "perdío" la suya.

-Él prometió que lo iba a perdonar y lo hará.

-Antonio,...

¿no sería mejor que nos fuéramos "tos" de Acacias?

Muerto el perro, se acabó la rabia. -No, Lolita.

Eso sería darle la razón a los que culpan a mi padre

o consideran que no ha pagado suficiente, ni hablar.

-No podemos seguir así, esto es un sinvivir.

-Ahí si tienes razón. No podemos estar con el alma en vilo

cada vez que mi padre sale a la calle.

-¿Y no se te ocurre "na"?

-He estado pensando en la conversación que tuvimos con Carmen.

-¿En la que dijo que tu padre no había "matao" a nadie?

-No sé si mi padre encubrirá o no a alguien,

pero creo que en la muerte de Celia hubo algo más

que él no quiere contar.

-Con "tos" mis respetos, tu padre es más cabezón

que el cura de mi pueblo,

que llevaba la casulla con escote porque no le cabía la cabeza.

-Bueno, vamos a hacer un último intento por dar con la verdad.

-¿Cómo?

-No sé. Lo estoy valorando, pero creo que puede dar resultado.

-¿Y no me lo vas a contar?

-Sí, y de hecho, me vas a ayudar a pensarlo.

¿Iba a salir? Quería hablar con usted.

Pase. Siento el desorden.

Siéntese.

¿De qué se trata?

Antes de nada, quiero aclararle que lo de Mateo lo supe hace unos días.

Poco importa ya eso.

Siempre le he sido leal, don Telmo. Ahórrese los descargos.

Nadie la culpa de nada.

Soy yo el responsable de haber quedado en la ignorancia.

No debí marcharme como lo hice.

Pero no soportaba el desprecio de Lucía.

Urdieron muy bien la trampa.

Tenía que haber luchado por la verdad,

por abrirle los ojos, pero la vergüenza me ganó.

¿Quiere ver a Mateo?

No creo que sea del agrado de Lucía,

y mucho menos de su marido. Está en el pasillo.

¿Aquí?

Voy a buscarle.

Se fue usted sin despedirse.

Mateo.

Me alegro mucho de volverte a ver.

Yo también.

No se despidió porque iba a volver, ¿verdad?

Sí. Era cosa de pocos días.

¿Ahora se queda?

Sí. ¿Mucho rato?

Sí, mucho rato.

Espero.

¿Le daría tiempo a hacerme otro barco? El otro...

Se rompió, lo sé.

De aquí podríamos sacar una gabarra o un velero de un solo palo.

Me he aprendido el nombre de los palos:

el de proa se llama trinquete,

el siguiente y principal, mayor

y, el de popa, palo de mesana.

¡Eso es!

Al final, serás todo un marinero.

¿Te gustaría?

Sí.

Haremos un barco muy grande que navegará por los mares.

Pues sí, don Liberto.

Creí que había mejorado, pero me equivocaba.

-¿Vuelve a beber?

-Eso no lo sé, pero está muy nervioso.

Clama contra don Ramón.

No sé cómo contenerle.

A veces, hasta creo que le va a dar un ataque.

Para eso le he llamado, para ver si usted puede calmarle.

-Has hecho bien, hablaré con él.

(Portazo)

-¿Qué hace usted aquí? -Quería interesarme por su estado.

-Agustina, lárgate.

-Con permiso.

-Debería ser más paciente con el servicio.

-¡Una higa me importa a mí el servicio!

-Hablando así conseguirá hacerse mala sangre.

-¿Sabe lo que ha hecho ahora el asesino?

Buscarme un trabajo, a mí.

¡Cómo si necesitara su asquerosa ayuda!

¡Como si fuera un pordiosero que reclamara caridad!

-Cálmese. -¡No puedo!

¿Se puede usted creer que ese criminal

se hace pasar por un ángel proveedor?

Es un hipócrita, y solo quiere humillarme.

-No creo que don Ramón haya tenido intención de humillarle.

-¿Le defiende usted? Hasta aquí hemos llegado.

Los amigos se vuelven contra los amigos por virtud de un homicida.

-No he intentado ponerme del lado de don Ramón.

Tómese un momento para pensar. -¡No necesito pensar!

¡Ya he pensado suficiente durante estos años!

-Déjeme explicarle, se lo ruego.

Dígame,

¿no cree usted que ya es momento de retomar su carrera?

-En eso estaba.

Pero no aceptaré caridades del hombre que asesinó a mi esposa.

-¡Olvídese de ese hombre de una vez!

La oferta de los Sahagún es el resultado de una búsqueda de empleo

y que es beneficiosa para usted, lo demuestra el hecho

de que ya se han reunido. -Antes de saber quién había mediado.

-Si ahora les dice que no, lo considerarán un desplante

y, pensarán que usted es un abogado poco serio.

¡No tardaría en correr la voz!

-Antes muero de hambre que aceptar cualquier cosa de ese asesino.

-Pues hará usted mal.

No tiene que agradecérselo, solo aprovechar la ocasión.

-Nunca.

-Felipe, piénseselo.

Agradecerá mi consejo, ya lo verá.

Con Dios.

Dime, Mateo, ¿qué libros te gusta leer?

De piratas. A veces son malos, otras no.

Sí, con los piratas nunca se sabe con quién ir.

Para algunos son todos malos.

¿Qué dicen tus amigos?

No tengo muchos.

Eso no está bien. Todos necesitamos amigos.

Le tengo a usted.

Sí, claro, dices bien.

No te acerques mucho, se me puede escapar la navaja.

¿Y qué otros juegos te gustan?

Además de los barcos, claro.

La pelota, aunque no soy muy bueno.

Eso tiene fácil solución.

Basta con practicar.

¿Con usted?

Sí, quizás.

¿Por qué quizás?

Ya sabes, los mayores siempre tenemos cosas que hacer.

Pero sí, me gustaría mucho jugar a la pelota contigo.

Y a mí.

Juega usted mucho mejor que mi padre.

Él se cansa enseguida.

Él no está bien de salud, no puedes reprochárselo.

Tampoco habla conmigo, no como usted.

¿Nos vamos a ver todos los días?

Lo más posible.

Mateo,

debemos volver a casa.

¿Ahora?

Terminaré el barco para la próxima vez que nos veamos.

¿Cuándo? Pronto.

Espere un momento, Úrsula.

Para Lucía.

¿Vamos?

¿Hoy no ha aparecido el charro?

-No, y es raro porque venía a ver a la señorita Cinta dos veces al día.

-Menudo disgusto se va a llevar ella si las cosas se tuercen.

-Ninguno. No le van a faltar pretendientes a la señorita,

si es una preciosidad.

-Y el mexicano el mejor mozo que se ha visto por aquí.

Por no hablar del mundo que tiene corrido, que se le nota.

-Tampoco es tanto mérito correr tanto mundo.

Aquí donde me ves, yo lo he visto todo.

-Servando, querrá usted decir que ha visto "to"

lo que se "pue" ver desde una portería.

-Que yo no he nacido portero. Tuve una época

que estuve a punto de enrolarme en un ballenero.

Lo que pasa es que luego, me surgió lo de la portería,

y no pude decir que no. -Ya.

Lo mismo que don Norberto,

que ha "estao" por los cuatro "costaos" de la Tierra.

-Pero podría haberlo hecho yo también.

El barco salía del Sur, en primera instancia,

y después, al Polo Norte. -¡Dale con el ballenero!

Que no se enroló usted. -Pero podría haberlo hecho.

Voy a ver a un huésped que está sentado en la terraza

"pa" ver cuántos días se va a quedar.

-¿Ya se te ha "pasao", cordera?

-No me llames cordera. Y no, no se me ha "pasao".

-Mujer, que hago lo que puedo.

-Y no es suficiente, a la vista está.

-Pero no es "pa" estar tan mohína. -¿Ah, no?

¿Cómo estarías tú si el carnero no abultara a "to" las hembras

"llegao" el celo?

-"Enfurruñao". -Pues eso. Aplícate el cuento.

-El cuento me lo aplico,

lo que no me tomo más es la damiana, así me ahorquen.

-¿Qué, discutiendo con la costilla?

-Que quiere que la preñe. -Y tú no quieres.

-Lo intento, pero se ha "cansao" de aguardar.

La tengo de morros. -Ya.

-¿Cree "uste" que un regalo la camelaría?

-Según mi experiencia con mujeres,

que no ha sido poca, un regalo siempre es mano de santo.

-Lo mismo pienso yo, pero no se me ocurre "na".

-Déjame a mí, que para eso soy un hacha.

Mis regalos siempre han sido motivo de gozo.

Le doy unas vueltas y ya verás cómo queda dichosa.

¿Qué haces tú aquí? -Visitarte.

-¿Cómo has entrado?

-Parece mentira que me lo preguntes.

Llevo años practicando con ganzúas.

Por cierto, deberías cambiar la cerradura de la puerta del servicio,

casi se abre sola.

-Márchate.

-Si apenas hemos empezado a hablar.

-Mi esposo ha salido, pero subirá en seguida.

-Tampoco os vendría mal cambiar de portero.

Podría haber entrado acompañado de una banda tocando la marcha real.

Respecto a tu marido, no sé,

que suba,

yo no me haré de rogar por contarle quién es su tierna esposa.

-Mi esposo me conoce bien y me acepta como soy.

No creas que podrás enfrentarnos.

-En eso caso, supongo que ya has hablado con él.

-No he encontrado la ocasión. -Ah.

-Por muy comprensivo que sea, que lo es, no es fácil decírselo.

-Me importa un bledo si es fácil o difícil,

o se lo cuentas ya o tomaré cartas en el asunto.

-Lo haré, no te quepa duda.

Solo trato de encontrar la forma

de no involucrarle. -Ah. ¿Existe?

¿No estarás pensando en acostarte con uno de esos políticos?

De ser así, tu maridito no tendría ni que enterarse.

-No me toques.

-Qué arisca.

Si estás dispuesta a compartir cama con alguien que no sea tu marido,

podemos hablarlo.

Hasta estoy dispuesto a ponerle al tanto de todo el asunto.

Lo dije cuando llegó al barrio,

lo dije cuando colgó la sotana

y lo digo ahora, nunca ha sido trigo limpio, ni como cura ni como seglar.

-No voy yo a quitarle la razón, que no lo conocí en su momento,

pero ahora, qué quiere que le diga, apenas sale de su pensión.

-Eso lo dirá usted, porque yo me lo he cruzado.

Y no le habrá hecho un desplante, porque es la educación en persona.

-Como un silbido pasa al lado de una el hombre,

parece ir de puntillas para no molestar.

Muy modosito y muy todo lo que ustedes quieran,

pero que busca algo inconfesable,

eso no me lo quita a mí de la cabeza ni el rey.

-Ya te encargarás tú de averiguar qué es, que te conozco.

Doña Bella, las horas que son y su mexicano sin venir.

-Con lo amable que es el caballero, las tardes no son lo mismo sin él.

-Qué fácil es usted de contentar, cuatro carantoñas y cuatro pamemas,

y ya la tiene a usted en el bolsillo.

-Por no hablar de su porte, que también cuenta.

-Pero ¿sabe usted dónde anda?

-Uy, lejos.

-¿Es un deseo o una descripción?

-Digo lejos, porque es lo que supongo.

-¿Ha dado la "espantá", como se dice vulgarmente?

-No. Loco sería quien rechazara a mi nena.

Don Norberto, con todo el pesar de su corazón,

ha tenido que partir, porque su padre...

-¿El embajador? -El embajador, sí.

El embajador está muy enfermo, puede que del último mal.

-Ave María purísima.

-Por tanto, y dado que su ausencia no tiene fecha,

hemos decidido dar el noviazgo por finiquitado.

Con el mar de por medio, cualquier relación sería un disparate.

-En eso no les quito la razón.

-Pues es una pena, porque el muchacho bien merecía a su hija.

-Eso no me preocupa, con las virtudes de Cinta,

no tardará en tener otros pretendientes,

puede que más de los que queramos.

-No lo dudo, pretendientes no le faltarán, ahora, diplomáticos...

-Bueno, también eso nos lo estamos repensando.

Como categoría, un diplomático es pata negra,

pero no sé si estoy por la labor de dar mi bendición a que mi Cinta

vaya por esos mundos de Dios,

de país en país, como un pastor trashumante.

-Mujer, no es lo mismo.

-Parecido, doña Susana. Yo he dado muchas vueltas

y, aun con todas las comodidades,

una no deja de pensar en su casa y en cuándo volver.

-¿Y qué van a hacer con la señorita? ¿Volverá al internado?

-Imposible. En el internado sigue la cuarentena.

Pero no me preocupa. Cinta es muy responsable

y mucho más estudiosa. Seguirá cultivándose.

Va casi todos los días va a la "bibliothèque".

-¿Ha oído usted hablar de madame Olenka?

-No, ni jota.

-Madame Olenka

dirige la más exclusiva academia de señoritas de la ciudad.

La pondré al corriente.

-Agradecida.

Si mi marido te encuentra aquí, no conseguirás lo que quieres.

-Si yo no soy celoso

y, sí muy persuasivo.

-Ariza, márchate, deja que lo haga a mi modo.

-Si no se cumplen mis deseos,

Cristóbal acabará encontrándote.

-¡Vete! ¡Es él, lárgate!

Tendrás lo que quieres.

Te estaba esperando, cariño.

Te lo pregunté anoche y te lo pregunto ahora,

¿qué está pasando, Genoveva? Y no me mientas.

Si mientes, todo habrá terminado.

No llores.

Háblame.

Confía en mí.

Juntos podemos con todo,

con todo, Genoveva.

Necesito tu ayuda.

No tienes más que pedírmela.

Vaya "uste" con Dios, don Jeremías.

Y vuelva por aquí, que estaremos "deseandico" de recibirle.

Y ya sabe, las sábanas más limpias que la patena

y ni una chinche en el colchón.

-El pago por adelantado del huésped que acaba de entrar.

Si seguimos ocupando a este ritmo,

cuadrará el balance. -Dios le oiga.

Y que no se le metan más ideas descabellas en la cabeza,

que si estamos como estamos, es por su empeño en arreglar artefactos.

-Lo hago por este negocio.

¿Dónde está la caja en la que guardamos las cosas

que se olvidan los huéspedes en las habitaciones?

-Ahí detrás la tiene.

-A ver.

Voy a echar un vistazo.

-¿Y cómo ha visto hoy a don Ramón?

-No sé, ni me he fijado.

Cabizbajo, supongo, como siempre desde que volvió,

vamos, eso imagino, no sé.

-Hecho unos zorros está el hombre.

Y eso no es lo peor, lo peor es que con esa tristeza,

tira "pa" debajo de su hijo y de Lolita.

¿Se "pue" saber qué rebusca "uste"?

-Algo para hacer un regalo.

-"Na" de lo que hay ahí es nuestro.

-No me lo voy a quedar yo,

es para que Jacinto, para que se lo regale a su contraria,

que está de morros. Esto.

Esto es lo que le hace falta a esa pareja.

-¿Un disco de gramófono?

Eso, un disco de gramófono, y seguro que de zarzuelas.

Vamos. -"Na", no se me ocurre "na".

Y eso que he "pensao" hasta que me dolía por detrás de los ojos.

-Pues no se caliente la cabeza, que tengo el regalo apropiado.

No hay mujer española que no se pirre por el género chico.

-No creo que sea "pa" tanto. -Usted no cuenta.

Usted le regala esto a la Marcelina y se lo pone todas las veladas,

y le dará una tregua. -Como no se lo tararee...

No tenemos gramófono. -Esto, esto...

Las zarzue... Espérese.

Creo que aquí no pone zarzuela.

Vamos, las zetas yo las controlo.

Esto no tiene dos zetas.

No.

Aquí, lo que pone,... ah, es tan-go.

Eso, tango.

-¿Tango? -¿Y eso qué es lo que es?

-Pues no tengo ni idea, pero lo voy a averiguar.

Señora, voy a salir, ¿necesita algo?

¿Sabe que esperamos visita?

Sí, me lo ha dicho el señor. Don Felipe, su primo.

Esté pendiente de Mateo para que no se vaya de la lengua.

Ya se lo he advertido yo, pero es mejor tomar precauciones.

Es un muchacho muy listo.

Sí, Úrsula, pero sigue siendo un niño.

Procure no dejarle a solas con su padre.

Con mi marido.

¿De acuerdo?

Descuide, señora.

Soy muy consciente de lo que significaría

que don Eduardo se enterara de la visita.

¿Cómo fue?

Entrañable.

Nadie hubiera dudado

que son padre e hijo.

Me dio esto para usted.

No se lo quise dar antes delante del niño.

Veo que don Felipe no ha llegado.

Me alegro.

Temía llegar tarde.

Parecía que el médico no iba a acabar nunca con su sermón.

(Llaman)

Debe de ser mi primo.

Más vale llegar a tiempo que rondar un año. Abra, Úrsula.

Sí, señor.

Don Felipe.

"Cuando me lo he 'cruzao' y me ha 'soltao' un 'buenos días',"

no he sabido ni qué decir.

Parecía completamente otro hombre.

¿Sabe "uste" que don Felipe ha vuelto a trabajar?

-No, no había oído nada.

-¿Ah, no? Está "uste" en Babia.

Y perdone que se lo diga.

-No te preocupes, seguramente llevas razón.

-Y tanta.

Entonces, tampoco se habrá "enterao" de lo del mexicano

de la señorita Cinta. -Algo sé, sí.

Hijo de un diplomático y aspirante a la carrera del padre, ¿no?

-Ajá. Y además, se ha ido con viento fresco a su país.

El muchacho tiene que cuidar a su padre,

o velarlo, que el hombre no anda muy allá.

-¿Cómo se lo ha tomado Cinta?

-No se la veía muy apenada.

-Dichosa juventud.

Ni las penas de amor duran cuando tienes toda la vida por delante.

-Un clavo saca a otro clavo, o eso dicen.

-Claro, si te queda tiempo para ello,

pero cuando vas cumpliendo años, no se olvida tan fácil.

Cualquier amor puede ser el último.

-(LLAMA A LA PUERTA)

Buenas.

Carmen, ¿puedo hablar contigo un momento?

-Claro, señor.

-Descuide, yo me marcho.

"Enseguro" que doña Rosina está pegando gritos

porque no tiene su blusa. Con Dios.

-Voy a pedirte un favor, pero no quiero que te sientas obligada.

-Si está en mi mano...

-Mi padre ha vuelto a tener sus más y sus menos con don Felipe.

-No sabe lo que me apena escucharlo. ¿Cómo está don Ramón?

-En sus trece. Por eso quería hablar contigo.

Nos contaste a Lolita y a mí que mi padre callaba

para proteger a alguien.

-Lo recuerdo, claro, pero usted me dijo que lo olvidara.

-Ahora te pido lo contrario.

Habla con él, intenta sonsacarle.

Tenemos que saber lo que pasó.

-¿Y por qué yo, señor?

-Porque conmigo lleva años cerrado en banda.

Te lo pido por favor.

Me alegro mucho de que vaya a retomar su actividad profesional.

Confieso que fui con ánimo de no aceptar la oferta,

pero los Sahagún fueron muy persuasivos.

De creerles, habría que pensar que su vida depende de mi labor.

-Muchas veces es así, tratándose de asuntos legales.

Si no, la vida, sin la hacienda y la tranquilidad,

dependen de los abogados que nos busquemos.

-Lleva usted razón.

Eso ha hecho que me sintiera más responsable.

Echaba de menos la actividad.

El único pero, es que,

los asuntos que voy a llevar no son exactamente mi especialidad.

Bueno, creo que va siendo hora de poner fin a esta visita.

Ha sido una gran alegría verle con bríos renovados.

-No tarde mucho en volver.

Y disculpe que no me levante,

me siento un poco fatigado. -No se preocupe.

Volveré.

Lucía, cuenta con ello.

-¿No vas a decir nada?

¿A qué ha venido la mirada de tu primo?

Por el amor de Dios, Eduardo,

¿qué mirada?

Somos parientes y siempre nos hemos llevado bien.

Supongo que quería convencerme de que ha recobrado el oremus.

Si es así, veremos cuánto le dura.

¿Por qué estás de tan mal humor?

Hoy quería llevar a Mateo al parque,

pero Úrsula se ha adelantado.

Hacen lo de siempre, han salido a la hora de todos los días.

Quiero poder llevarle donde quiera y cuando quiera.

Eduardo, Mateo está acostumbrado a Úrsula,

a salir y entrar con ella. Procuremos no alterarle

demasiado.

¿No puedo decidir cuándo y cómo estar con mi hijo?

Le diré a Úrsula que mañana te pregunte antes de salir.

Y si te sigue apeteciendo pasear con él, nadie te lo impedirá.

Se las ha traído tu padre a la señora

a ver si se le pasa el sofocón. -¿Ves?

¿Crees que mi padre le regalaría rosas rojas

de no haber pasado una vida en los teatros?

-Oye, que yo tuve un novio que nunca salió del caserío

y siempre me regalaba la flor del sol,

cada vez que se topaba con una. -Yo sé lo que me digo.

-El espectáculo se lo ha dado todo a mi familia,

y yo pienso devolvérselo.

-Pues tu madre se muere del disgusto, ya lo sabes.

Como que no tiene ella ya lo suyo

con lo de tu expulsión y lo del cuate.

-No le quito yo la buena intención,

pero lo del novio fue cosa suya, y en el pecado lleva la penitencia.

Pero ella solo quiere tu bien, y eso, aquí

y en Arrancudiaga, pasa por que te cases.

-Y me casaré, pero cuando yo quiera.

Es decir, cuando sea alguien en los tablaos y los teatros,

entonces podré elegir. -También puedes elegir ahora.

Anda que te iban a faltar mozos de buena planta y de buenos monises.

-No me has dejado terminar,

me casaré con alguien de la profesión, un artista,

como hizo ella,

alguien que no se asuste cuando me vea cantar.

-Sí. Deja de decir disparates, que viene tu madre.

Hola.

-¿Y esas rosas que parecen arrancadas del manto de la virgen?

-Son de padre, parece tan enamorado como el primer día.

-Ay, mi gitano guapo. ¿Y tú cómo estás, mi reina?

-Haciendo planes de futuro.

-Eso me estaba diciendo, que quiere volver a estudiar.

-Pues me parece de perlas,

pero de las perlas de un sultán, porque coincido del todo.

Antes de que se me olvide,

he visto a un payo pero que muy raro en el portal.

-¿Quiere que vaya a ver de qué pie cojea?

-Llévate el rulo de amasar

y si es uno de esos del antro donde llevo Norberto a la niña,

que los hay muy pegajosos, le arreas.

-Ya sé cómo tratar a ese paño, señora. Déjelo de mi cuenta.

-Tengo que decirte algo.

Para que veas que queremos saciar tus ganas de letras,

te hemos matriculado en una Academia para Señoritas,

la prestigiosa academia de madame Olenka.

-Pues... en esas academias, pocas letras.

-Porque enseñan cosas más útiles para las mujeres.

Cocina, costura y protocolo.

Serás la esposa perfecta.

Ay, mi niña, que aquí se acabaron ya las penurias, madre.

A Cristóbal Cabrera se lo llevarían los demonios

si viese lo que yo estoy viendo. Cállese.

¿No quería a hablar de negocios? Pues hable.

Tenía entendido que Genoveva le había puesto al corriente.

Preferiría escucharlo directamente de usted.

Está bien, para gustos, colores. Se lo diré sin tapujos.

Me marcho de España, pero antes, tengo que liquidar unos asuntos

en los que usted puede ayudarme, señor Alday.

¿Qué tipo de ayuda? Una pequeña, pero imprescindible.

Necesito un permiso para unos negocios,

que a mí tardarían meses en darme,

y a usted, se los darán tras unas visitas.

¿Por qué yo? Por dos razones.

La primera,... me consta que es un hombre

bien relacionado.

La segunda,

estoy seguro de que accederá a mis ruegos.

Parece que lo tiene muy claro.

¿Y si le digo que no?

No debería de contrariarme, créame.

¿No ha pensado cómo he encontrado a Genoveva?

Muy fácil.

Solo tuve que sacarle la información al mozo

que llevó el dinero a sus amigas.

-Perdóname, Samuel.

-Sí, perdónela.

Tiene un gran corazón.

No podía dejar que sus amigas se pudrieran en la cárcel.

Ay, cada uno es como es.

En fin,

a lo que iba, si usted no me ayuda, caballero,

me veré obligado de informar a Cristóbal del paradero de su esposa.

(Llaman a la puerta)

He venido en cuanto Eduardo se ha ido a acostar.

Estoy jugando con fuego, Telmo, podría perder a mi hijo.

Nuestro hijo.

¿Qué es eso tan importante que decías en la nota?

No me andaré con rodeos. Siéntate.

Quiero tener a mi hijo junto a mí,

verle crecer, educarle.

Es mi hijo, y no le veo feliz junto al hombre que cree que es su padre.

Mi sueño sería vivir los tres juntos,

pero no sé qué responderías si te lo pidiera.

Prueba.

Si pudiera darte la felicidad que te quité,

cuidaros a los dos, ser la familia que siempre quise.

¿Me amas lo suficiente como para poner el mundo por montera

y luchar por lo nuestro?

Telmo,

siempre te he querido.

Nunca dejaré de amarte.

Nada ni nadie nos va a separar. Nunca más.

No es fácil acceder a un senador

y ofrecerle dinero para que traicione sus deberes con la patria.

Ese senador se llama, Ojeda Tapia.

Conocido, e incluso puede que amigo de su padre.

Y quiere que yo le aborde.

Eso es.

Tengo la sensación...

de que protege a alguien.

Y si desvelara la verdad,...

terminaría con los recelos sobre su integridad.

-Insisto en que no quiero seguir hablando de este tema.

-Algún día no le quedará más remedio que hacerlo.

Madame Olenka es una señora seria y formal.

Va a convertir a cinta en toda una señorita.

Clases de protocolo, de cocina, de costura...

-¿Y enseñándole a coser y a cocinar le va a convertir en una señora?,

más bien en una criada.

-(APLAUDE) -Madre, hasta Arantxa se da cuenta.

-Harás lo que se te mande y ya está.

Necesito que me hables de Cristobal.

No te voy a juzgar.

Cuando te conocí,

ya sabía que tenías una historia dolorosa detrás, y aun así,

me enamoré de ti.

Solo quiero protegerte de ese hombre.

Maldita sea.

¿Qué ocurre?

Me convocan a una reunión esta tarde para la venta de un terreno.

¿Y no es una buena noticia?

No me gusta que me avisen con tan poco tiempo.

Además, es a las afueras de la ciudad.

Tendré que estar fuera varias horas. -Mi futuro está en los escenarios.

-Pero vete olvidándote de eso ya. -Esta noche,

en cuanto se vayan a dormir, me largo.

-No cuentes conmigo. -Mientras que no me delates.

Disculpe que vaya al grano.

¿Ha hecho la gestión que le pedí?

Lo lamento, pero no me ha sido posible.

El senador lleva tiempo sin aparecer por el Ateneo.

He buscado a algún socio que pudiera presentármelo, pero...

parece que Ojeda Tapia es muy celoso de su intimidad y tiene poco amigos.

-Cuenta.

-Voy a dejar las cosas a la habitación.

Padre, el portero me ha dado un telegrama para usted.

Todos tenemos secretos que no queremos contarle a nadie,

pero a veces, es bueno hacerlo. Ahora le cuento todo a mi esposo.

Bueno, todo no,...

hay algunas cosas que ni a él me atrevo a decirle.

-¿Cómo fue su reunión?

-Bien, mucho mejor de lo que pensaba.

Al principio me sentía inseguro, son años sin ejercer,

pero poco a poco volví a sentir el gusanillo.

Mi instinto está aletargado, pero no ha desaparecido.

Ya estoy aquí.

Nada puede hacerme más feliz.

Telmo, me siento mal por venir a verte de esta forma clandestina

y furtiva.

Hay que hablar con tu marido.

No me he atrevido.

Si quieres lo puedo hacer yo.

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Acacias 38 - Capítulo 981

29 mar 2019

Lucía confiesa a Telmo que Mateo es su hijo, ocultó su paternidad por miedo a ser rechazada, hizo lo que las circunstancias le permitieron para que su hijo tuviera una infancia normal, por eso se casó con Eduardo. Telmo está dispuesto a recuperarles.
Cinta cuenta a sus padres que Norberto quiso emborracharla para propasarse con ella. Bellita echa con cajas destempladas al mexicano, su gozo en un pozo. Susana le sugiere que la lleve a una academia de madame Olenka, exclusiva para señoritas.
Felipe discute con Ramón por proporcionarle el trabajo, no quiere que se meta en sus asuntos. Liberto convence al abogado para que lo acepte, no tiene nada que agradecer a Ramón solo aprovechar la oportunidad.
Genoveva termina por confesar a Samuel lo que sucede. Ariza les expone sus condiciones para no delatarlos y no les da mucho tiempo.

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  1. Mabi

    Mis más sinceras felicitaciones a Gurutze Beitía, la chacha Vasca me encanta !!!! sobre todo la complicidad que tiene con su señor Jose, otro talentaso, Manuel Bandera al igual que Bellita y Cinta !!! Al fin un poco de comedia y salero !!!!! Gracias !!!!

    01 abr 2019
  2. Mabi

    Me gusta mucho la dinámica que ha tomada éste salto de época, solo había que darle tiempo al tiempo para que las tramas que habían quedado abiertas se fueran esclareciendo. Acacieras/ros de Argentina, a partir del Lunes 1 de Abril por el cambio horario estacional en España, Acacias comenzará a las 17.50 hs, verifiquen por medio de la página de tve internacional apartado parrilla de programación para el resto de países . espero les sea útil la info. Saludos cordiales !!!!

    01 abr 2019
  3. Manuela Parisi

    Rosina, la sonrisa mas bella de toda Acacia, cuando sonrias el sol brilla

    30 mar 2019
  4. Marga

    Buenísima actuación la de D. Telmo!!!

    29 mar 2019
  5. Marga

    Enhorabuena la actuación de "D. Telmo", y a los que lo escriben. Doña Lucía... quizás un poco más de emotividad manifiesta??? Mi modesta opinión.

    29 mar 2019
  6. Marga

    Buenísima, la participación de "D. Telmo". En "Doña Lucía"..., quizás debiera manifestar, sobre todo en determinados momentos, más emotividad, no sé, se aprecia cierta frialdad. Es mi modesto modo de verlo.

    29 mar 2019