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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 980 - ver ahora
Transcripción completa

Eres la única que se preocupaba por mí.

Eso fue lo que me enamoró.

Por eso asumí la paternidad de un hijo que no era mío.

Estaba dispuesto a hacerlo todo, todo por seguir a tu lado.

Ahora ni siquiera te importa cómo me encuentro.

-Fabiana me contó que un hombre estuvo preguntando por usted.

-¿Un hombre?

-Me gustaría dedicarme a la carrera de diplomático,

y vivir feliz al lado de una mujer hermosa y buena esposa.

¿Hay algo más que pueda pedir un hombre?

-"Entonces," ¿por qué ha tardado tanto?

-Me entretuve dando un paseo viendo todos los cambios de la ciudad.

Han sido 10 años sin pisar el centro.

-¿Ha visto cómo ha cambiado todo? -Sí, está todo precioso, la verdad.

-Yo también andaba angustiada

con don Felipe.

He tenido que soportar mucho.

Lo sé, Agustina, tú la que más,... y por eso quiero pedirte algo.

Lo que sea.

Que si ves cualquier cosa rara, me informes.

Así lo haré, por el bien del señor.

Usted no podrá estar en un escenario.

-Bueno, la esposa de un diplomático no, pero...

yo de momento no tengo ni novio,

así que ya veremos qué pasa en un futuro.

-Que te vas a casar con Norberto, seréis felices y comeréis perdices.

-¿Ya la ha reparado? -Ah, ¿es que acaso... lo dudaba?

¿Eh?

(RÍE) -Está perfecta.

Deseando estoy dársela a mi hermana.

-No te importará que nos veamos de vez en cuando aquí,

en el banco, para charlar.

-¿Por qué privarse de algo que nos hace bien a los dos?

-Han solicitado mis servicios para llevar un asunto de importaciones.

-Vaya, me alegro por ello, es una grandísima noticia.

-Sí. Sí que lo es.

-¿Y a qué viene esa cara?

¿Qué le inquieta?

-Que no sé por qué han pensado en mí.

-Supongo que alguien le habrá recomendado.

-Sí, sí, pero ¿quién? -¿Eso qué más da ahora?

-Sabía que te encontraría.

No estás soñando, Lucía,... soy yo.

Pensé que era un sueño, una alucinación.

No, Lucía,

soy yo en persona. Estoy aquí, a tu lado.

He vuelto. Creí que mi marcha

era lo que más deseabas y que mi regreso te enfurecería,

pero aprecio que no es así.

Es...

es extraño, me siento molesta y aliviada a la vez.

Me satisface ver que al menos, en esta ocasión, eres honesta.

Debe ser la quietud de la noche, el sabernos solos

o quizás sea el miedo que he sentido

al pensar que no volvería a verte.

Telmo,

detente, no malinterpretes mis palabras.

No hay posibilidad de hacerlo.

Has sido clara, me echabas de menos.

Eso no quiere decir que haya cambiado de opinión.

Tenemos... que resistir la tentación, Telmo.

Nosotros no podemos volver a estar juntos.

¿Vas a seguir escuchando a tu cabeza antes que a tu corazón?

Estoy obligada a ello.

Un momento de debilidad no puede estropearlo todo.

Tu resistencia es inútil.

Los dos sabemos que, tarde o temprano,

volveremos a estar juntos.

Lucía, está escrito.

No, lo único que está escrito es que estoy casada,

aunque parezcas olvidarlo.

Te equivocas, lo tengo muy presente.

Pero sé que no hay amor entre vosotros.

Terminarás por aceptar mis besos.

A pesar de todo lo que se interpone entre nosotros,

nuestro amor no será derrotado.

Ya lo ha sido, Telmo.

No, Lucía, volverás a mi lado.

No lo dudes ni un segundo.

Te voy a recuperar, a ti y a mi hijo.

¿Qué estás diciendo?

¿Has perdido el oremus?

No, Lucía, basta de mentiras, lo sé todo.

Mateo es mi hijo,

admítelo de una vez. No, no, te equivocas.

Y no vuelvas a decir tal disparate.

Lucía, por favor.

No, cállate, no quiero escucharte más.

Mi marido me espera en casa

y hace un rato que debería haber regresado.

Está bien, vete,

vete si así lo deseas.

Pero te lo advierto, no volveré a marcharme de Acacias.

He vuelto para quedarme.

Cuando seas sincera conmigo y contigo misma,

ya sabes dónde encontrarme.

(Sintonía de "Acacias 38")

¿Cómo, Genoveva, acaso no te alegras de verme?

-¿Qué haces aquí? -No, esa no es la pregunta,

la pregunta es qué haces tú en un barrio de gente decente.

¿Qué te ha hecho pensar que este podría ser tu lugar?

(SILBA) Fíjate, hasta podrías ser una señora.

Sería una lástima que todo se fuera al traste.

Se te ve dichosa con tu esposo. -Ariza, te lo ruego...

-Tú y yo tenemos mucho que hablar,

porque de lo contrario, tu fortuna se va a acabar de repente.

¿Te queda claro?

-Aquí no podemos hablar. Alguien podría escucharnos.

-Oh... ¿Acaso ahora te avergüenzas de mí?

(RÍE)

-Samuel, mi esposo, me espera en casa.

Si no regreso, podría bajar en mi busca.

Veámonos mañana.

-¿Dónde?

-Al lado de los Jardines del Príncipe.

Allí podremos hablar sin miedo a miradas indiscretas.

-¿No estarás tratando de darme esquinazo?

-No, no.

Mañana a las siete estaré allí, te lo juro.

-Está bien, te daré capricho.

Ya sabes que soy persona razonable.

Pero...

no te aproveches de mi buena fe.

Si no te presentas,

me obligarás a hacer algo que ninguno de los dos desea.

Te lo advierto.

Hasta mañana, Genoveva.

Ha sido un placer volver a verte.

Buenos días, Lolita.

¿Podrías ponerme cuarto kilo de esos garbanzos

que te han traído de Zamora?

-Claro, Agustina.

Qué alegre la veo hoy.

¿A qué se debe?

-Ay, al fin la fortuna sonríe a mi señor.

Tiene trabajo de nuevo como abogado.

-¿Está "uste" segura de eso?

-Le escuché la tarde anterior contárselo a Liberto.

-¿Y quién requiere de sus servicios?

-Al parecer, una familia de posibles

quiere que se encargue de uno de sus asuntos.

Cuitas de ricos, que los pobres no tenemos de esos problemas.

¿Quién le iba a decir a una servidora

que mi señor volvería a ejercer como abogado?

Con lo abandonado que ha estado estos años.

-Dios quiera que este sea el principio de su recuperación.

A ver si de verdad encarrila su carrera

y deja la vida que ha "llevao" estos años.

-A las buenas.

Lolita, ¿tienes chocolate?

No tengo ni una onza para la merienda.

-Se lo sirvo en un santiamén, Carmen.

Uy, la veo distinta.

¿Se ha hecho algo en el pelo

o se ha puesto colorete?

-Bueno, sí, me he puesto un poco de rubor

para... sentirme un poco mejor.

-Hace bien, que está más bonita que un San Luís.

¿Y se ha ruborizado solo pa "uste"

o le ha "salío" algún pretendiente?

-Anda, no digas bobadas.

¿De qué hablaban cuando he entrado? Me ha parecido que las interrumpía.

-De mi señor, don Felipe, Carmen.

Ha encontrado de nuevo trabajo.

-No sé si alegrarme por ello.

Le he visto comportarse de forma tan desagradable con todos,

sobre todo con don Ramón,

que ha perdido mi simpatía.

-Aun así, es buena noticia, Carmen.

Que don Felipe encarrile su vida

quiere decir que mi suegro también lo puede hacer.

Le tiene mucha estima a su antiguo amigo.

Se alegrará de corazón al enterarse.

-No lo dude, Carmen,

que mi señor se recupere es bueno para todos.

-De hecho, se lo voy a contar a Antoñito.

-Hablando de todo un poco,

he visto al nuevo novio de la hija de doña Bellita entrar en la casa.

Parece buen mozo. -Es hijo de un diplomático.

Menudo partido han encontrado para la niña.

-Ayer tarde les vi pasear. Menudas hechuras se gasta el pollo.

-La muchacha no merece otra cosa.

Es simpática y agraciada

como la que más. -"Pa" chasco que sí,

que el otro lechuguino que le buscaron no le hacía justicia.

-A quien me he cruzado yo ha sido a Don Telmo.

Salía de la pensión de Fabiana.

-¿Está de regreso?

-Pensé que se habría "marchao" "pa" siempre.

-Ya ves que no.

-El marido de doña Lucía estará que echa chispas.

-A saber qué se cuece en esa casa. -En fin,

ya vale de darle a la sin hueso.

Me voy a casa, que tengo mucha faena por delante.

Gracias. Con Dios.

¿No le parece que últimamente la Carmen

defiende con uñas y dientes a mi suegro?

-Ya me he percatado. Se ve que le ha cogido

mucha estima.

Hasta más ver.

-"Tome, Cinta, estas flores" me recordaron su belleza.

-Muchas gracias, es usted muy amable.

-"Osú". ¿Has visto qué detalle, Jose?

Un poco más y le trae todas la flores del quiosco.

-¿Pretende convertirnos la casa en un prado?

-Tampoco me he olvidado de usted, señora.

Espero que me acepte este presente.

-Por descontado,

una nunca le ha hecho asco a los detalles.

¿Qué es?

-Una pequeña imagen de la virgen de Guadalupe,

la patrona de los mexicanos.

-Donde esté la Virgen de Begoña.

-La pongo ahora mismo en el salón en un sitio que se vea bien.

Con permiso. -Sentémonos, don Norberto.

-Muchas gracias.

-Tú no te preocupes, virgencita del Carmen,

que tú y mi alcaldesa perpetua, la divina señora de la Cinta,

siempre seréis mis favorita.

-¿Desea tomar un tentempié?

-Se lo agradezco, pero le ruego algo ligero,

tal vez unas aceitunas de esas tan buenas.

-Eso está hecho. Arantxa, trae unas aceitunas.

Y de paso, jamón y queso.

Y unas gambas.

-Menos mal me ofreció algo ligero.

-Es tan solo para que las aceitunas no se sientan solas.

-Si sigo visitándoles, pronto no podré entrar en mi traje.

-Ni se le ocurra dejar de venir a vernos.

Además, no le vendría mal algún kilo más, está usted muy flaco.

-Es usted como mi mamá.

-(RÍE) ¿Quién sabe?

A lo mejor un día llego a serlo, aunque sea política.

-Madre, por favor.

Aquí tienes las herramientas que me prestó, Jacinto.

-Se lo agradezco, Servando. Ya las daba por perdías.

-¿Acaso no confiabas en que te las devolviera?

¿Por quién me tomas?

-¿En seguro que quiere que le responda a eso?

Ya me he "enterao" de que le sirvieron las herramientas,

pudo arreglar la máquina de coser de la muchacha.

-Veo que las noticias sobre mis habilidades vuelan.

-La madre de la niña me lo contó esta mañana.

Por lo visto, la muchacha anda la mar de contenta con el apaño.

Se ve que se entretiene mucho con ella.

Como no puede hablar con nadie.

¿Cómo debe ser...

eso de no poder decir ni mu?

-Yo creo, que algunas veces, una bendición.

Pero tú debes saberlo,

que te has tirado largas temporadas en el campo con tus ovejas.

-"Pa" chasco que sí, pero mis conversaciones tenía con ellas.

Aunque solo me contestaban con algún que otro "balío".

Después, cuando volvía al pueblo,

me pasaba las horas muertas en la taberna dándole a la sin hueso.

-Sí, debe ser una bendición hablar con quien te plazca.

-Ahora que uno puede que acabe siendo padre,

se plantea estas cuitas.

¿Cómo me sentiría si mi niño naciera sin poder hablar?

Pobrecito.

-Yo creo que le querrías igual, o más.

Y ahora que lo dice,

¿cómo van sus intentos de tener descendencia?

-Ah, pues últimamente algo mejor.

En casa de don Samuel y don Felipe no están armando jaleo

y uno puede concentrarse en la faena.

-¿Y las hierbas dieron "resultao" para...?

(RÍEN)

-"Pa" chasco que sí,

siempre que el resultado sea ponerte la tripa del revés.

A poco no pueden conmigo.

Tuve que dejar de tomarlas.

-Al final fue peor el remedio que la enfermedad.

-En fin, voy bajando a la portería,

que no es bueno dejarla mucho tiempo "desatendía".

-A mí me lo vas a contar.

Con Dios. -Con Dios, Jacinto.

-Prima.

-¿Se "pue" saber qué es este cacharro, Servando?

-Arrea, muchacha, ¿qué va a ser? Tu despertador.

-Ya, ya lo sé.

Que una recuerde, mi despertador tenía dos manecillas, no una solo.

-No te pierdas en los detalles. -Ah, claro.

¿Y también le parece a usted un detalle que las manecillas, bueno,

la única manecilla que tiene vaya hacia detrás?

-Mujer, tú es que lo quieres todo.

-Lo que quiero es que mi reloj despertador funcione bien.

-El arreglo fue más dificultoso de lo que pensaba.

Hice todo lo que pude. La culpa no es mía.

-Y, entonces, ¿de quién es? -Del...

-Del despertador ese del demonio, que es de muy mala calidad.

-Pero ¿adónde va, Servando? Oiga, vuelva aquí a arreglarlo.

Se...

(Suena el despertador)

Trae más gambas, no se vaya a quedar con hambre.

-Si eso le preocupa, no las coma tan rápido,

que no le deja catar ni los bigotes.

-No haga caso, apenas las ha probado.

¿Le gusta el tenis, don Jose?

-Un día de estos deberíamos ir juntos al club.

Disculpe que peque de inmodesto,

pero soy muy habilidoso.

-Cortando troncos me gustaría verle.

-Pues mire, es que yo...,

eso de sudar sin motivo, nunca le he encontrado mucho sentido.

-Es una pena. Estoy seguro que con sus cualidades

resultaría un tenista excelente.

-Anímate Jose, que eso del tenis es muy elegante.

Además, así podéis intimar más.

-Ya veremos.

-Estamos encantados con su amistad, Norberto, ¿verdad Cinta?

-Por supuesto, madre.

-Espero que no deje de premiarnos

con sus vistas. -No lo dude ni un segundo.

No he conocido personas tan agradables como ustedes.

Aunque pueda parecerles algo precipitado,

sepan que casi les considero como de mi familia.

-El sentimiento es mutuo. -Por ese motivo,

quería pedirles algo.

-Si es la mano de la niña, puede llevársela toda ella.

-Madre, ¿ha perdido el oremus? -Que estoy de broma.

¿Por que no es eso lo que quería pedirnos, no?

-La verdad es que no, al menos de momento.

Quería solicitar su permiso

para que Cinta me acompañe a un concierto.

Se trata de un cuarteto de cuerda de Viena muy prestigioso.

-Uy, Jose, de Viena, como ese pan tan rico.

-¿Quiere ir solo con la niña, sin más compañía?

-Les pediría que vinieran con nosotros,

pero solo he conseguido dos boletos.

-Casi, mejor,

no creo que ese cuarteto de tanto postín se arranque por soleares.

Pero...

no sé si es correcto que vayan solos.

-En cuanto termine el concierto traeré a Cinta,

no teman, se lo juro por la Virgen de Guadalupe.

-El señor tiene razón,

no sé si es correcto que salga sola con un desconocido.

-¿Cómo que un desconocido, Arantxa?

Ya ha dicho que es casi de la familia.

Además, ha jurado por la Virgen de Guadalupe, ¿verdad, Jose?

-Sí, eso es verdad.

-Y, ahora, ¿puedo pedir otro favor?

Vaya, parece que le ha cogido el gusto.

¿Sería doña Bellita tan amable de cantarme una de sus tonaditas?

-Por favor, pero ¿aquí, sin nada preparado?

-Un poquito, por favor.

-Bueno, si insiste. Vamos a cantar algo.

Pero me acompañan un poquito, ¿eh?

¿Sí? ¿Unas palmitas? Vamos allá.

# Entre Huelva y Almería

# hay un puente de suspiros.

# Entre Huelva y Almería

# hay un puente de suspiros,

# lo forman dos corazones,

# que son el tuyo y el mío,

# lo forman dos corazones,

# que son el tuyo y el mío.

# Viva Málaga y Sevilla,

# Huelva, Jaén y Granada,

# viva Cádiz y Almería,

# viva Córdoba sultana.

# Y que viva España entera, viva México, su hermana. #

-¡Viva! -¡Ole! ¡Ole!

Gracias. Muchas gracias. -Bravo.

-Gracias, gracias a usted.

Buenas.

Buenas.

Don Telmo, perdone que le moleste,

pero al final no me dijo si se iba a quedar en la pensión.

Aún no puedo responderle con seguridad.

Pero puedo pagarle una semana por adelantado.

No, no, pierda "cuidao," que no es menester.

Tan solo se lo preguntaba para organizarme.

¿Ocurre algo, Fabiana?

Debe saber que todo el barrio comenta sobre su regreso.

Tiene a todos pendientes de sus idas y venidas.

Le agradezco el aviso, pero no me importa.

Los chismorreos no van a detenerme.

Lo que he venido a hacer aquí es más importante

que lo que piense u opine la gente.

Crea que no quería importunarle,

tan solo pensé que tenía que estar "advertío".

(Puerta)

Buenos días. Buenos días.

Don Telmo, venía en su busca.

Yo voy en busca de Servando.

No hay manera de que este hombre atienda el negocio.

Con Dios, Fabiana. Con Dios.

¿Sucede algo?

¿Puedo hablar con usted?

Sentémonos.

¿Qué ha hecho durante su ausencia?

¿Por qué se fue de repente y ha vuelto de igual forma?

Dígame, Úrsula,...

¿es usted quién quiere saberlo

o le envía Lucía para que me sonsaque?

Si Lucía quiere saber algo de mí, que venga a preguntarme

y que no envíe a nadie.

Créame, Don Telmo, no pretendía molestarle.

Siempre me he preocupado por usted.

Todo lo que he hecho ha sido por su bien.

No dudo de sus intenciones. De lo que ya no estoy tan seguro

es de que sepa usted lo que es bueno para mí.

Buenos días. -Buenas.

-¿Y su señora, don Antoñito? -Ha tenido que salir,

me ha dejado al mando. ¿Qué quería?

Quería unas aceitunas de esas tan buenas.

Con las visitas del pretendiente de la niña no damos abasto.

Le encantan. -Me alegra escucharlo.

Antes me crucé con él en el portal y parece un hombre apuesto.

-Es un muchacho fetén.

Educado y con una conversación admirable.

Ha vivido lo suyo para ser tan joven.

-Ya. ¿Y a su esposa también le agrada el caballero?

-Ella está tonta con él.

Me estoy empezando a poner algo celoso.

El pollo tiene don de gentes. Tiene madera de diplomático.

-¿Dentro de poco nos vamos de boda en Acacias?

-Dios le oiga.

Los muchachos se gustan, de eso no hay ninguna duda.

-Mire,

Jose, le presento a mi padre, el antiguo dueño de su piso.

Creo que no habían tenido oportunidad de conocerse.

-Pero entonces usted es quien...

-Encantado de saludarle.

Mi hijo me ha hablado maravillas de su familia.

-Sí, yo también he oído hablar de usted.

Vamos, prácticamente nada, no se vaya usted a pensar.

En fin, les dejo, que tendrán mucho que decirse.

-Las aceitunas. -Ya me paso en otro momento,

que unas aceitunas...

jamás se interpongan entre un padre y un hijo.

Con Dios.

-Pobre hombre,

casi se cae al suelo de la impresión de tener que estrechar mi mano.

En fin, supongo que tendré que acostumbrarme.

¿Querías verme, hijo? -Sí.

Me he enterado de que a don Felipe le han contratado como abogado.

-Qué grata noticia. No sabía nada.

Me alegro por él.

-¿Seguro que usted no sabía nada?

-Eso acabo de decir, Antonio.

-Me parece raro que le ofrezcan trabajo así sin más,

con la mala fama que ha adquirido.

-Pareces olvidar que Felipe fue un gran abogado,

algo habrá quedado de su reputación.

-No, no lo olvido.

Ni tampoco olvido que la familia que le ha contratado,

los Sahagún, son viejos amigos suyos.

De hecho, me ayudaron a conseguir su indulto.

¿No le parece mucha casualidad?

-Ya sabes lo que se dice, hijo, el mundo es un pañuelo.

Habrá sido obra de la providencia.

-No, padre, sospecho que no ha sido providencia,

sino usted, el que está detrás de todo esto.

-Te ruego que me guardes el secreto.

Nadie debe saberlo, y mucho menos, Felipe.

Si sabe que he intercedido por él, sería capaz de renunciar al trabajo.

Me satisface enormemente que Felipe vuelva a ejercer como abogado.

Sabe Dios que lo necesitaba.

-Pobre Celia, si pudiese ver el calvario

por el que ha pasado su esposo, con lo que ella era.

-Apenas he cruzado unos buenos días con el caballero en la escalera.

Siempre me ha parecido un desaborío.

-¿Y qué quiere, con la que lleva encima?

Ojalá supere ya estos tiempos,

que parecía que iban a durar para siempre.

-Y nos dejamos de tanto escándalo en Acacias,

no ganamos para sobresaltos.

-Eso no parece tan sencillo, Rosina, si no, mira el regreso de don Telmo.

-¿Tú crees que habrá regresado para rondar a Lucía?

-¿Qué otra explicación puede haber?

Ya viste lo que vivieron juntos. Llegaron a comprometerse.

-Pero Lucía es ahora una mujer casada.

-Me temo que eso no va a detenerla.

Qué vergüenza.

Pobre don Eduardo, esto acaba en tragedia, os lo digo yo.

-La verdad es que ese don Eduardo no es santo de mi devoción.

Siempre tan sieso y estirado. Tiene cara de malaje.

-No se equivoque,

es un caballero de los pies a la cabeza,

lo que pasa es que está enfermo, una cosa crónica.

Pruebas que nos manda el Señor.

-No nos vayamos por las ramas y olvidemos lo más importante.

Doña Bella, ¿cómo va lo de su niña con ese mexicano tan apuesto?

-A las mil maravillas.

Mi Cinta está fascinada

y, en cuanto al muchacho,

no me cabe duda de que bebe los vientos por ella.

-Así es que, pronto tendremos compromiso.

-No quiero lanzar las campanas al vuelo,

pero no me importaría ni una miaja que el hijo del embajador

y mi niña se hiciesen novios. Yo creo que está casi hecho.

-Su niña no podría haber encontrado mejor partido.

-La envidio, doña Bella,

mi Leonor no tenía el mismo tino con los hombres que su Cinta.

-Sí, ha tenido mucha suerte con ella.

-Bueno, no solo suerte, mis buenos dineros y esfuerzos me ha costado.

Pero ha valido la pena.

Al final, hemos conseguido educar a la perfecta mujer de un diplomático.

¿Ya te levantas, amor, te encuentras mejor?

Sí. El remedio de la botica parece haber causado efecto.

He pensado en algo mientras reposaba.

Tú dirás.

¿Por qué no acudimos juntos al rosario de esta tarde?

¿Acaso el dolor de estómago te ha vuelto piadoso?

He considerado que nos convendría que nos vieran allí.

Si París merecía una misa, Acacias puede merecer un rosario.

Genoveva,

nos puede venir bien

para ir despojándonos de esta fama de libertinos.

Me molesta seguirles el juego, pero quizás tengas razón.

¿A qué hora es el rezo? A las siete de la tarde.

Allí estaré, te lo juro.

-No te aproveches de mi buena fe.

Si no te presentas, me obligarás a hacer algo

que ninguno de los dos desea.

¿A las siete, dices?

(ASIENTE)

Que yo sepa, no teníamos ningún compromiso.

¿No es así? (NIEGA)

Estupendo.

Acudiremos cogidos del brazo a las siete,

como los intachables cristianos que somos.

Disculpe, don Ramón, no he podido acudir antes a nuestra cita.

-Descuida, Carmen,

lo importante es que al final hayas podido acudir.

-Traigo una estupenda noticia.

He recibido carta de mi hijo. Le han ascendido.

-Me alegra escucharlo.

Tu hijo se está labrando un brillante porvenir

en las vascongadas.

¿Nos sentamos? -Sí.

-¿Y a ti cómo te van las cosas? ¿Te tratan bien en casa de tu señor?

-No tengo queja.

La señora puede ser algo especial, pero me estima de veras.

-He oído muchas cosas de tu señora y he de decirte que pocas eran buenas.

-No es mala persona, téngalo seguro.

Intuyo que no ha tenido una vida sencilla,

y por eso, en ocasiones, se comporta de una forma peculiar.

-Veo que tu innata bondad

te hace incapaz de opinar mal de nadie, Carmen.

-No.

Simplemente, creo que,

la gente se fía demasiado de las apariencias

sin preocuparse por mirar en el interior de las personas.

-Qué gran verdad acabas de decir.

-Estoy segura de que mi señora se merecería una nueva oportunidad,

como tantos otros.

Usted, perdone,

sé que no soy nadie para opinar de estos temas.

-No, no, Carmen, todo lo contrario,

tú puedes opinar mucho más que otros

que juzgan a sus semejantes alegremente.

Eres una persona inteligente y de muy buen juicio.

-Le agradezco la consideración.

-No la merezco, me he limitado a decirte la verdad.

-No sé si está al tanto de que hay más buenas noticias,

don Felipe ha logrado trabajo como abogado.

-Lo sé, no se habla de otra cosa.

-Lo que puede que desconozca es lo que me ha contado Agustina.

Al parecer, su señor

está dispuesto a aprovechar esa oportunidad

que le ha brindado la vida. Dice que ha tirado

todas las botellas y le ha pedido que limpie su despacho.

-No sabes cómo me alegra escucharte decir eso.

Siempre pensaba que Felipe solo necesitaba

una oportunidad para rehacerse.

-¿Puedo preguntarle algo?

¿Tiene usted algo que ver...

con esa oferta laboral?

Al menos es... lo que yo sospecho.

-Te equivocas, Carmen.

Aunque me alegra en el alma lo que ha sucedido,

nada tengo que ver al respecto.

Este niño siempre tiene que dejarlo todo por medio.

Me va oír cuando le pille.

La regañina tendrá que esperar, Mateo acaba de salir con su padre.

Llevo toda la tarde queriendo preguntarle.

¿Fue a ver a Telmo a la pensión?

Sí, señora, allí le encontré.

¿Pudo hablar con él a solas?

Sí,...

pero para el resultado, como si no lo hubiera hecho.

No la comprendo,

Úrsula.

Enseguida se dio cuenta en nombre de quién preguntaba.

Se negó a contestar.

No se anduvo con rodeos.

Si la señora quiere respuestas,

tendrá que ir a pedírselas en persona.

No soporto más esta incertidumbre.

Voy a acabar con esto de una vez por todas.

¿Qué piensa hacer, señora?

Muy arreglada está hoy Cinta.

¿Adónde va? -Donde a usted no le importa.

-Veo que su carácter sigue igual de agradable.

Con razón dicen que aunque la mona se vista de seda, mona se queda.

-Siempre es un placer que a una la llamen chimpancé.

Usted sabe tratar a las mujeres.

-Disculpe, es solo de un refrán.

-Aplíquese, entonces, el de en boca cerrada no entran moscas.

-Al final no me ha dicho dónde va con ese humor tan excelente.

¿De paseo con sus padres?

-Ya que parece tener tanto interés, mi pretendiente, Norberto,

viene a buscarme para llevarme a un concierto.

-Le está cogiendo mucha estima a ese tal Norberto.

-Tan solo la que merece.

Es todo un caballero.

Es amable, educado,

guapo.

-Lástima que la puntualidad

no esté entre tantas virtudes.

O quizás sigue teniendo en el reloj la hora de México.

-Soy yo la que he bajado con tiempo para no hacerle esperar.

-Qué considerada.

Pero mire, no va a tener que esperarle mucho más.

Por ahí viene su caballero.

-¿Cómo Cinta, ya está en la calle?

¿Acaso he cometido la torpeza de llegar tarde?

-Descuide, lleva rato aquí

para que sea usted el que no espere.

Ella es así, siempre preocupada por los demás.

-Qué bella flor, ¿es para mí?

-Quise traerla una orquídea como las que podemos disfrutar en mi tierra,

pero no las encontré. -Ha acertado de pleno,

las azucenas son mi flores favoritas.

-Tengo un automóvil esperando,

no ha venido hasta aquí porque había un socavón en el pavimento.

-No importa.

-¿Y el concierto ese al que van, de qué es?

-Un cuarteto de Viena de mucho postín.

-Será una velada inolvidable. -Comencémosla cuanto antes.

No hagamos esperar al chofer.

-Eso, pásenlo fetén con ese cuarteto tan elegante.

-Con Dios.

He dejado el despacho de don Felipe como los chorros del oro.

Él se ha pasado la mañana ordenando papeles y tirando otros.

-Sí que se ha "tomao" con ganas su nuevo trabajo.

-Y usted que lo diga.

Viéndole esta mañana tan hacendoso,

ha recordado el caballero que fue.

-Esperemos que vuelva a serlo,

que don Ramón también ha sufrido viéndole tan "acabao".

-Triste fin ha tenido su amistad.

-He dejado niquelada la habitación que se ha quedado libre.

Ya está lista para otro huésped.

-Mucho trajín se traen con sus huéspedes últimamente.

-"Pa" chasco que sí.

Al final, poco a poco, las cosas están volviendo a la normalidad.

-Y eso que hemos tenido de huésped a don Ramón,

que nos podría haber traído mala fama.

-Bueno, por fortuna, fue cosa de pocos días.

-Me alegro.

Pero el que debía de cuidarse de la mala fama es usted, Servando.

Tiene a la Casilda echando pestes sobre su persona.

-Y eso, ¿por qué motivo, si "pue" saberse?

-Por nada, Fabiana, menudencias.

-Lo serán para usted.

Sepa, Fabiana, que le ha dejado el despertador

que iba a arreglarle a Casilda hecho unos zorros.

Con una sola manilla y marchando para atrás.

En fin,

marcho, que tengo que prepararle la cena a mi señor.

-Ya podía haberse "dao" cuenta que tenía prisa

antes de irse de la lengua.

-¡Tendría que darle vergüenza, Servando!

Va a coger el dinero que le han "pagao" por la máquina de coser

y va a comprarle un despertador a Casilda.

-Con ese parné no compraría ni un gallo afónico.

-¿Cómo?

Si el apaño estaba bien "pagao". Por cierto,

dijo que iba a usar las ganancias para cuadrar la caja de la pensión.

-Más que cuadrarla, tendría que saquearla.

Fabiana, que fui incapaz de arreglar esa máquina.

-Si la niña estaba la mar de dichosa porque podía coser de nuevo.

-Un ojo de la cara me ha costado.

Tuve que llevarla a un taller a que la arreglaran.

-Le ha "salío" lo "comío" por lo "servío".

-Ojala hubiera sido.

No me ha "dao" ni con el dinero que me dio el chico del restaurante,

he tenido que poner dinero de mi bolsillo.

-Ay.... Pero "uste" no cambia, Servando,

siempre le sale el tiro por la culata.

Hágame un favor,

deje de tratar de ganar dinero "pa" la pensión,

no vaya a terminar arruinándonos, hombre.

Qué contrariedad, no veo a Rosina ni a Susana.

Al final, tendríamos que habernos quedado.

En tal caso, regresemos. De ninguna manera, querida,

seguro que no tardan.

Ya las conoces, con lo pías que son,

dudo que se pierdan el rosario.

¿Qué te ocurre, cariño? Pareces inquieta.

No, querido,

que no me encuentro cómoda en estas situaciones.

Rezar un rosario, por una vez en la vida no va a causarte ningún daño.

Ya.

Mira,

nuestra reciente devoción está dando sus frutos.

Tengo un asunto pendiente de venta de alhajas con ese vecino.

No pierdas ocasión y ve a hablar con él.

¿No me acompañas?

Me acabo de dar cuenta de que no llevo mi abanico.

Creo que lo he perdido en el trayecto.

Tienes más en casa.

Sí, pero a este le tengo un aprecio especial.

Ve a hablar de negocios con ese señor.

Regreso antes de que te des cuenta.

(Suenan las campanas)

Don Justo, qué alegría verle.

-Llegas tarde. Estaba a punto de marcharme.

-Perdona, me he entretenido.

-¿Acaso crees que puedes jugar conmigo?

Descuida, sí esa así,

no tardaré en demostrarte lo equivocada que estás.

-No es eso, Ariza.

Tenía que encontrar una excusa para mi esposo

que me permitiera acudir a la cita.

-(RÍE)

Si Cristóbal pudiera verte escondiéndote

de tu marido.

Lleva tiempo buscándote, ¿sabes?

Hasta debajo de las piedras,

Nunca se le hubiera ocurrido hacerlo en un sitio como este.

Seguro que le divertía

el teatro que te has organizado.

Este no es tu sitio

ni nunca lo será.

-Ariza, ya basta.

Dime de una vez qué quieres de mí.

¡Cinta!

¡Cinta! ¡Cinta, escúchame, por favor!

Déjeme disculparme.

-Ahórrese sus excusas, Norberto.

Ha traicionado mi confianza y la de mis padres.

El concierto era en un tugurio de mala muerte,

y ni cuarteto ni nada. -Cuatro eran los músicos.

-Pero ni eran de Viena ni tocaban valses, si no rancheras.

Y no muy bien.

-Eso es porque se ha empeñado en no tomar más tequila.

Las rancheras mejoran con ese néctar.

-Qué néctar, si eso parecía alcohol de quemar.

-No diga eso del tequila, es una delicia.

-Lo que usted ha intentado es emborracharme

para luego aprovecharse. ¿Acaso cree que una nació ayer?

Es usted un sinvergüenza. -Temple, Cinta,

reconozco que el concierto no era tan formal,

pero quería darle una sorpresa.

Además, no lo hemos pasado nada mal,

no lo niegue.

-¿Qué está pasando aquí?

No tan rápido.

-Felipe, ¿sucede algo?

-Es lo que trato de averiguar.

Usted y yo vamos a tener unas palabras.

-Usted dirá.

-Tenemos muchos asuntos pendientes,

pero este lo vamos a solucionar ahora, sin tapujos y a las claras.

Me han ofrecido trabajo como abogado.

-Sí, algo he oído.

-Entonces, también sabrá que proviene de los Sahagún.

Les une una gran amistad.

-Eso fue hace un tiempo.

Los últimos acontecimientos nos han distanciado

como tantos otros. Hace mucho que no sé de ellos.

-Le aconsejo que no me mienta.

¿Tiene usted algo que ver?

-No le comprendo. -Es fácil hacerlo.

¿Me han ofrecido este trabajo porque usted se lo ha pedido?

Conteste.

(Llaman a la puerta)

Ya va.

No pareces sorprendido de mi visita.

No, Lucía, en cierta forma, te esperaba.

No me gustaría que me vieran contigo.

¿Alguien te ha visto entrar?

No. He aprovechado un descuido de Servando para colarme.

Y tu esposo, ¿sabe dónde estás?

Por supuesto que no.

Ha salido a cenar con unos amigos del Ateneo.

No tengo mucho tiempo. Pues no lo perdamos con rodeos.

¿Qué te ha traído hasta aquí?

Quiero saber qué te ha traído de regreso a Acacias.

Y por eso enviaste antes a Úrsula a preguntarme.

Contéstame, Telmo, ¿por qué has vuelto?

¿Pretendes jugar conmigo, torturarme?

¿Acaso me crees capaz de buscar tu sufrimiento, tu dolor?

Eso, y no otra cosa me trae tu retorno.

Por eso traté de alejarme de ti.

Tenía el firme propósito de marcharme

y no volver a verte nunca más.

¿Y por qué no lo llevaste a cabo?

¿Qué te hizo cambiar de parecer?

Cuando iba a subirme al tren me di cuenta de algo.

¿De qué?

De que no podía marcharme sin respuestas.

No podía iniciar una vida

dejándolo todo atrás y viviendo con la duda.

Así que, cambié de destino.

En vez de marcharme de Acacias para siempre,

fui a la casa de salud.

Quería comprobar cuándo entraste a trabajar allí como voluntaria.

Quería saber cuándo conociste a Eduardo.

Con esa información, revisé los antiguos registros.

Y tal y como sospechaba,

para entonces, ya deberías haber estado esperando a Mateo.

Te equivocas. Mateo fue un niño prematuro.

Basta ya de mentiras, Lucía.

He estado en el registro

y en el hospital donde nació Mateo,

y su peso y sus medidas no corresponden

con el de un niño prematuro.

No voy a suplicarte más que seas sincera conmigo.

Ahora, simplemente te lo exijo.

Es hora de que me confirmes lo que ya creo,

Lucía, dime que Mateo es mi hijo.

No te marcharás hasta que no me lo digas.

Tome la decisión de alejarme de Acacias

para ir a un hospital a trabajar donde nadie me conociera,

así, nadie me haría preguntas.

Y allí, conocí a Eduardo.

Él ya llevaba un tiempo luchando contra su enfermedad.

Y al poco, él me ofreció casarse conmigo.

Y volvisteis a Acacias.

Sí.

No quiero tener trato con usted, se lo reitero.

Apártese de mi camino

o me va a obligar a que yo le aparte de él.

-No ha sido afán de intromisión lo que me ha movido.

Tómelo como una compensación.

¡¿Pensó que podría compensarme por la muerte de mi esposa?!

¡No solo es un miserable, sino también un asesino!

-Ha intentado emborracharme en un tugurio.

-Emborracharte, ¿con qué? -Con tequila.

Dice que en su país, las mujeres lo beben.

-Sí, y en mi país también tomamos el chacolí como si fuese agua,

pero no quiere decir que lo bebamos cuando un hombre se empeñe.

-Ha intentado propasarse.

-Cinta de mi alma. -Escúchame,

pero no lo ha conseguido, ¿verdad?

¿Dónde has estado?

Cómo tengo que decírtelo, buscando mi abanico.

Y no lo has encontrado, claro.

Pues no, alguien ha debido llevárselo.

A otro perro con ese hueso.

¿Me estás llamando mentirosa?

No lo sé.

"¿Qué le vamos a decir al embajador" si nos pide cuentas?

-Que su hijo es un frescales.

-A nadie le gusta que le digan la verdad.

-Si me lo preguntan a mí, me va a escuchar con sus encopetadas orejas.

-Vamos a hacer un último intento por dar con la verdad.

-¿Cómo?

-No sé. Lo estoy valorando,

pero puede dar resultado. "¿Quiere ver a Mateo?".

No creo que sea del agrado de Lucía.

Y mucho menos de su marido. Está en el pasillo.

¿Aquí?

Parece ser que, Felipe, lejos de mostrarse agradecido,

se ha indignado con mi padre porque le consiguiera trabajo.

-Ese hombre ya no sabe lo que es la bondad porque ha perdido la suya.

-Prometió que lo iba a perdonar y lo perdonará.

-Antonio,...

¿y no sería mejor que nos largáramos todos de Acacias?

Nunca he intentado ponerme del lado de don Ramón.

Tómese un momento para pensar. -¡No necesito pensar!

¡Ya he pensado mucho durante estos años!

-Déjeme que le explique.

-"Hago lo que puedo".

-No es suficiente, a la vista está.

-Pero no es "pa" estar tan mohína. -¿Ah, no?

¿Cómo estarías tú si el carnero no abultara a todas las hembras

"llegao" el celo?

-"Enfurruñao". -Pues eso. Aplícate el cuento.

Por muy comprensivo que sea, que lo es,

no es fácil decírselo. -Me importa un bledo.

O se lo cuentas ya o tendré que tomar cartas en el asunto.

-Lo haré, no te quepa duda.

Cinta es muy responsable y muy estudiosa.

Seguirá cultivándose.

Va casi todos los días a la "bibliothèque".

-¿Ha oído usted hablar de madame Olenka?

-Ah, pues no, ni jota. -Madame Olenka

dirige la más exclusiva academia de señoritas de la ciudad,

la pondré al corriente.

-Agradecida.

-Aquí, lo que pone...

Ah, es tan-go. Eso, tango.

-¿Tango? -¿Y eso qué es lo que es?

-Pues ni idea, pero lo voy a averiguar.

-Nos contaste que mi padre callaba para proteger a alguien.

-Lo recuerdo, sí, señor. Pero me dijo que lo olvidara.

-Ahora te pido lo contrario.

Habla con él, intenta sonsacarle.

Necesitamos saber qué pasó, por su propio bien.

Si estás dispuesta a compartir tu cama

con alguien que no sea tu marido, podemos hablarlo.

Incluso estoy dispuesto a ponerle al tanto de todo, ¿eh?

-"Yo sé lo que me digo".

El espectáculo se lo ha dado todo a mi familia,

y yo se lo voy a devolver. Quiero tener a mi hijo junto a mí.

Verle crecer, educarle.

Es mi hijo, y no le veo feliz junto al hombre que cree que es su padre.

Mi sueño sería vivir los tres juntos.

Pero no sé qué responderías si te lo pidiera.

Prueba.

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Acacias 38 - Capítulo 980

28 mar 2019

Lucía no puede contener su alegría de ver a Telmo. El joven le confiesa que ha investigado sobre ella y está seguro de que Mateo es hijo suyo. Le exige que sea sincera y le cuente la verdad sobre Mateo, no la dejará marchar hasta que no confiese.
Norberto consigue que dejen que Cinta y él vayan solos a un concierto. Cinta le pega un bofetón a Norberto y Jose les sorprende. ¿Qué está pasando aquí?
Genoveva logra despistar a Samuel para encontrarse con Ariza quien se sorprende de la nueva vida que se ha montado, disfruta haciéndola sufrir.
Felipe se enfrenta con Ramón, se ha enterado de que tiene que ver con su oferta.

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