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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 976 - ver ahora
Transcripción completa

Genoveva, vamos dentro, estás dando un espectáculo.

¡Ah! ¡Auxilio, que me matan!

Desde niña siento pasión por el cante y el baile.

He venido a la ciudad para hacerme un hueco en el mundillo.

Tanto Genoveva como yo estamos arrepentidos por lo sucedido.

No es tan bonito como el que me regaló,

pero quiero que lo tenga de recuerdo.

Para que nunca se olvide de mí y vuelva a verme.

-No se engañe, Fabiana, él solo podrá rehacerse

el día que don Ramón abandone estas calles.

-Arrea, Agustina, ¿acaso don Ramón no es libre de vivir donde le plazca

cerca de los suyos?

Nos quiere ver la directora. -Cuánta consideración.

-¡Cinta!

-En la puerta hay dos guardias que vienen a detener a la señora.

"No puedo marcharme".

He decidido que me quedo en Acacias.

¿Qué demonios hace aquí?

-¿Está usted bien?

-¿Cómo se atreve a venir a mi casa?

¿Qué es lo que quiere?

-Temple, se lo ruego. -¡¿Qué demonios quiere?!

-Vengo a decirle que me marcho de Acacias, está decidido.

-El penal es su lugar. -Escúcheme, don Felipe,

comprendo que mi presencia pueda resultarle molesta.

-¿Molesta? ¡Es intolerable!

-Le comprendo, créame.

Por eso he decidido librarle de ella.

Por nada del mundo quisiera yo perjudicarle,

no tendrá que verme más.

-¿Se compadece de mí? ¿Le doy pena?

¡¿Le dio pena mi esposa cuando la asesinó?! ¡¿Eh?!

¡No solo terminó con su vida, también con la mía!

¡¿Esa es su compasión, asesino?!

¡¿Eh?!

¡Desearía verle muerto, muerto!

-Felipe, se lo ruego.

-¡Ay! Conténgase, don Felipe, no haga un disparate.

Déjelo. Deje a don Ramón, por el amor de Dios.

Váyase, don Ramón. ¡Váyase!

¡Cálmese, señor!

-Me da igual que se marche o que se quede, ¡para mí está muerto!

¡Muerto!

-Ha hecho usted bien, es mejor así.

Se hubiera arrepentido.

-Quizá me arrepienta de no haberle matado.

(Sintonía de "Acacias 38")

¡Todo, todo embustes!

¡Ni cuarentena ni "na" de "na"! ¡Trolas y más trolas!

¡Nunca me hubiera imaginado que carne de mi carne pudiera ser así!

-¡Expulsada, en la calle, como una zarrapastrosa!

¡En la calle, como una sin nombre!

-¡Nadie de mi familia había sido expulsado de un colegio!

-¡Y menos, del mejor internado! -¡De ninguno!

-Nadie de su familia ha estado en la escuela, padres, sinceridad.

-¡Y encima con desfachatez!

A la escuela no, ¡pero la catequesis no me la perdía ningún viernes!

-¿Tendrá papo la consentida?

¡¿Te atreves a replicar y a llamarnos ignorantes?!

Más te valdría ser menos lista y tener más vergüenza.

-No se me pongan así por una mentirijilla.

-¿Mentirijilla? Mentirijilla es lo que nos has contado a nosotros,

¡te han echado por escaparte diciendo

que ibas al entierro de tu tío Miguel!

¡Y tu tío Miguel no está muerto!

-No tengo ningún tío Miguel. -¡Por eso, Canelita!

¡Con el mal fario que da matar a parientes falsos!

Es casi peor que matarlos de verdad, que para eso sueles tener razones.

-Y varios días,

¡te escapaste varios días!

-El tío Miguel se murió en Almería, no podía aparecer a las dos horas.

-¿En Almería?

O sea, que ese Miguel era familiar por parte mía.

-Miguel no existe, José Miguel,

no saques las cosas de quicio.

-Fue sin mala fe, padre,

dije Almería porque era lo que estaba más lejos,

y la tierra que adoro: sus calas...

-No, no, no me vengas con cuentos que me pierdo, Cinta.

¡Un poco de respeto!

-¿Adónde fuiste durante esos días? Dímelo ahora mismo

o te juro que me va a dar algo

y me llorarás en la tumba.

-A tu madre le va a dar algo, "descastá".

Contéstale. ¿Adónde fuiste, canelita?

-Por ahí.

-¿Por ahí?

Por ahí se va a Madrid.

¿Tú te crees que una hija mía

se puede ir por ahí como si fuera una huérfana?

¡¿Adónde fuiste, qué hiciste?!

¡O te juro que te meto en un convento!

-En un convento ya estoy. -Estabas.

Y no era un convento, era un internado, ¡el mejor de España!

-Para el caso. -Te meto en otro peor.

¡Te meto en el peor convento que encuentre como que me llamo

José Miguel, por la gloria de mi madre!

-Que no hice nada malo, "papa".

-Que no digas "papa", que no es de chica fina.

¿Y algo bueno sí hiciste?

-Dilo de una vez, canelita.

¿Qué hiciste y adónde fuiste?

-Fui a Hondarribia.

-Eso no es malo, ¿no? -Depende,

José Miguel, depende.

Está camino de Francia y eso siempre es arriesgado.

¿Por qué a Hondarribia?

-Porque es donde iba la caravana. -¡¿Qué caravana?!

-¡La caravana de feriantes, que hay que decírselo todo!

Me fui con unos titiriteros,

había bailaores, de todo,

pero como ellos se iban a Francia, me volví.

Y me inventé lo del tío Miguel y su defunción.

-¡Ay, Dios mío de mi alma,

señora de la Cinta bendita, con unos titiriteros!

-En una caravana, como los zíngaros.

-Al menos no llegué a Francia.

-¿Qué hiciste?

-Ni miaja. -No me hables así.

¿Hiciste algo irreparable con alguno de ellos?

-No. ¿Quién se ha creído usted que soy?

-¿Qué quién me he creído que eres?

¡Una que se enrola con una "troupe" camino de Francia!

-No llegué a Francia. -¡Se acabó!

¡A tu cuarto! ¡Ahí es donde vas a llegar y a quedarte!

No saldrás hasta que se nos ablande la entraña.

¡Hala, arreando!

-(LLORANDO) ¡Ay, Dios mío!

"Querida Lucía: cuando lea usted estas líneas, ya estaré lejos".

"He tomado una decisión por el bien de todos".

(Puerta)

Úrsula.

¿Ha leído usted mi carta?

No hasta el final. Ya no tiene razón de ser.

¿Por qué? Debe ser muy reciente.

La he escrito hoy mismo.

En ella me despedía de usted y de Mateo.

¿Se despedía?

¿Por qué? ¿No está usted contenta con nosotros?

No es eso, señora. Yo...

Me marchaba con don Telmo a la isla de La Palma.

Teníamos que coger el expreso nocturno hasta Algeciras.

Ya hablaremos de esa forma de marcharse,

más propia de malhechores, que de alguien como usted

a quien hemos tratado como si fuera de la familia.

¿Qué ha pasado, Úrsula?

Don Telmo

se ha arrepentido cuando ya tenía el pie en el estribo

del tren.

Lamento no haberme despedido de usted como es debido.

¿Qué pretendía, Úrsula?

Liberarla a usted, a su marido, al niño, a mí misma.

Liberarnos a todos de la presencia de Telmo.

Tiene miedo, ¿verdad?

Si Telmo sigue en Acacias, el asunto no puede terminar bien.

Yo también lo temo así.

Pero no hacía falta que se sacrificara precisamente usted.

Me dolía dejarles a usted y a Mateo, pero quiero a Telmo.

Era mi deber.

¿Por qué Telmo no se ha marchado?

Porque no quiere separarse de usted, pero tampoco de Mateo.

No lo dude, señora,

ocurrirá una desgracia.

Vaya, doña Rosina, parece mucho más serio de lo que yo pensaba.

¿Le duele? -A rabiar.

-Es un tajo digno de un salteador de caminos.

-Siéntese, siéntese.

¿Quiere tomar algo? ¿Una manzanilla?

-Bien nos vendrá a las dos.

Ha sido un verdadero trago.

-¿El qué? ¿De dónde vienen?

-Siéntese y le contaremos de pe a pa.

Ya pediremos cuando venga el camarero.

Venimos de la comisaría, de declarar en contra de esa pelandusca.

-Vaya,

pues parece que los guardias han sido de lo más diligentes.

No hace mucho que se han llevado detenida a doña Genoveva.

-Ah. Me alegro, pero apéele usted el "doña", que no se lo merece.

Rosina, que no se nos olvide enviarle una nota al comisario

de agradecimiento por su prontitud.

-Esta misma noche le digo a Liberto que la escriba en mi nombre.

-Al final, ¿de qué la acusan? -De lo que ha hecho.

De escándalo público y agresión.

-Ahí es nada.

Se le van a quitar las ganas de agredir a la gente de orden.

-No digo que no, pero no estoy segura de que fuera a mala fe.

El comportamiento de Genoveva y de su marido es escandaloso,

de eso no cabe duda,

pero acusarla de agresión,... más bien pareció un accidente.

-¡Por el amor de Dios, Felicia, ¿accidente dice?

Esa pelandusca tiró a matar,

y con más arte que un anarquista arrojando bombas.

-¿Qué creen que le va a pasar?

-Por lo pronto, se quedará en el calabozo.

-Y después, la juzgarán.

Espero que caiga sobre ella todo el peso de la ley.

Los magistrados

no tolerarán que esa gentuza venga a nuestros barrios

y arremeta contra los buenos vecinos.

Por no hablar de la sicalipsis en la ventana.

Vamos, está sentenciada.

-Ave María purísima, que se haga justicia.

-No lo dude. Tenemos a la Virgen de nuestro lado.

-La verdad es que no ganamos para sustos.

¿Saben que don Felipe y el señor Palacios han vuelto a la greña?

-¡Oh! -¿Cómo?

-¿De veras?

A ver,...

¿a santo de qué ha "tenío" que ir a medirse con don Felipe?

Dicho sea con el mayor respeto.

-Tienes razón, hija.

Solo a un tonto se le ocurriría presentarse allí.

-No hable usted así, señor. -Es la verdad.

-¿No ve que ha sido como meterse en la boca del lobo?

Ese hombre está "pal" arrastre. -Pero conserva intactas sus fuerzas.

-(SUSPIRA)

¿Se puede saber para qué quería verle, hablarle o lo que fuera?

-¿Qué pasa?

Vengo al barrio y lo primero que oigo es que está herido.

¿Qué ha pasado?

-Que Felipe le ha "arreao", ea. -Esto no se puede consentir.

¡Se va a enterar ese borrachuzo! ¡Le voy a dar hasta en la cédula!

-Para, Antonio, para, que la sangre no llegue al río.

-Mi paciencia ha llegado al límite.

-Piénseselo, señor, que ya hemos "tenío" bastante por hoy.

¡¿Qué se cree, que puede ir repartiendo a diestro y siniestro?!

¡A ver si me pega a mí! -Antonio,

fue culpa mía.

-¿Cómo que su culpa?

Me da igual, no se puede consentir. -Hijo,

fui a su casa. -¿Cómo que fue a su casa?

-¿Para qué?

Ya se lo he "preguntao", pero "na". -Dígamelo, padre,

que de eso va a depender que infle a golpes a ese abogado.

-Fui a decirle que me marchaba de Acacias,

que no tendría que volver a verme.

Supuse que se alegraría. -¿Cómo que se marcha de Acacias?

¿Adónde?

-Me hago cargo del sufrimiento de ese hombre.

Trataba de evitárselo. -¿Y nosotros qué?

Eso, que nos parta un rayo, ¿no? -Eso es muy egoísta, padre.

Nunca piensa en los que le queremos. ¿Iba a dejarnos aquí, sin más?

-Y sin decir esta boca es mía. -Pensaba en Felipe

y en tratar de evitarnos más disgustos.

-Y para evitarnos disgustos, nos genera uno mayor. Buena jugada.

-¡Templen ustedes,

no le den al "abogao" la satisfacción de verles reñir!

-A ver, algo bueno ha salido de esto, que me lo ha dicho tu padre.

-¿El qué? ¿Le devolvió el golpe?

-¡Anda, calle, calle!

-Felipe le dijo a tu padre que ya no le importaba

que se quedara en el barrio,

que es como si ya no existiera para él.

-¿Eso es cierto?

-Sí, hijo.

-Me da igual, no debe darle motivos para crecerse.

Si usted no existe para él, él tampoco para nosotros,

y punto redondo.

¿No cenas, prenda?

Mira que Arantxa, el marmitako lo borda.

-Está salado.

-Si no lo has probado. -Lo huelo.

¿Qué hemos hecho, José? ¿En qué nos hemos equivocado?

-Igual no es culpa nuestra,

es la sangre que le corre por las venas.

-No me digas eso, que entonces no tiene solución.

Dime que no, virgencita, dime que no es de sangre.

-No lo digo por amargarte, sino para que sepamos a qué atenernos.

-Dile a mi José que se calle, virgencita, que no diga "tontás".

¿Nos vas a echar una mano, verdad?

Que lo de los titiriteros haya sido solo un arranque

y que Cinta vuelva a ser la señorita que nosotros queremos.

Díselo tú, Virgen del Carmen,

díselo a este descreído.

-Oye, que estoy de tu parte, mi alma.

¿Ha cenado? -Como una lima.

-¿Qué haces? -Quiere repetir postre.

-¡Lo que faltaba!

No solo no se le quita la gusa, sino que repite bizcocho.

Pero ¿es que no tiene fatiga ninguna?

Deberíamos haberla castigado sin cenar.

-¿Se lo llevo o no se lo llevo pues?

Que en esta casa hay mucha gaita, pero nadie se retrata.

-¿Sabías que la habían expulsado? -¿Qué iba a saber yo?

Igual que ustedes.

A ver, me había fijado que en la maleta traía menos libros

que un "aizkolari". -Eso a mí no me extrañó.

Para algo está la "bibliothèque". -Ja.

También me fijé, que de vez en cuando se le va el tiesto

y se comporta como un carretero. La cabra, que tira al monte.

-¿Qué estás diciendo, que como lleva nuestra sangre,

toda la educación que le hemos dado se la ha pasado por el forro?

-No, señora, yo le digo lo que veo.

A ver, que le tira el cachondeo, como a ustedes.

-¡Ay, Virgen de los Faroles, danos luz! ¿Qué vamos a hacer?

¡Si no han hecho carrera de ella en el mejor internado de España,

¿qué vamos a hacer nosotros?!

-No sé qué vamos a hacer. ¿Llevarla a otro colegio?

-Eso es. Un colegio más severo,

donde los maestros lleven palmeta

y las maestras una aguja para pinchar a las revoltosas.

-Bueno, bueno, bueno, no sé yo si la admitirían en un sitio tan estricto.

Estamos casi a finales de curso.

Pues ya me dirás qué hacemos.

Nos quedamos esperando a que pase otra "troupe" de saltimbanquis

y se vaya con ellos a Francia o algún sitio peor.

-Como si el colegio fuera un seguro contra eso.

Que se ha escapado de un internado, Mari Belli.

-Igual tienes razón.

-¿En qué?

-Que a lo mejor deberíamos tenerla a nuestra vera.

-Mira, pues tampoco estoy seguro de eso.

Si lo lleva en la sangre, no somos el mejor el ejemplo,

gitana.

-Pues ya me dirás qué hacemos,

porque igual se esfuma con cualquier palmero.

Hay que tomar una decisión con prisa, mañana mismo.

¿Tiene un momento, Fabiana?

Enseguidita, don Telmo, que ahora estoy "liá" con las cuentas.

Si hablo, se me van "tos" los números.

Tómese tu tiempo.

Ea, pues ya. "Liquidao".

No cuadra, pero nunca lo hace. ¿Qué quería usted, don Telmo?

Fabiana... -Los papeles de la mañana.

Si sus huéspedes quieren estar bien "informaos", que por mí no quede.

-Espera, Marcelina, que me requiere don Telmo.

Diga usted.

No se preocupe por mí, tonterías.

Simplemente, felicitarla por sus desayunos,

se supera usted mañana tras mañana.

Queden con Dios. Que Él le acompañe.

-"Pa" ese viaje no necesitaba don Telmo tantas alforjas.

Creí que quería decirme algo con más tuétano.

En fin, Marcelina,

dime, ¿sabes si ha vuelto doña Genoveva?

-¡Quiá! Anoche, mi Jacinto

se quedó esperando por si tenía que abrirle el portal,

como se la llevaron con tanta prisa, a lo mejor se olvidó llaves,

pero "na", no apareció. -Menudo tiene que estar don Samuel.

No quisiera ser doña Susana y topármelo.

-Doña Rosina también "tie" su "pecao".

Sí, sí, también. Estará que echa humo el Alday.

-Buenos días, Fabiana y compañía.

-¿Se ha "despertao" ya don Ramón?

-Despertarse no sé, pero de su cuarto no ha salido.

Ni ganas debe tener el hombre después del vapuleo.

-Díganle que he "preguntao" por él.

Abur. -Abur.

Desde luego, qué disparate lo de presentarse en casa del abogado.

Y bastante suerte tuvo, que pudo salir peor parado.

-Ni se le ocurra decirle nada cuando se despierte.

Ya está todo "hablao" y "requetehablao" con su hijo

y Lolita. -No, yo no digo nada. Me callo.

Como si no hubiera "pasao". -Eso. Bueno,

¿para qué es esa lámpara?

-Usted lo ha dicho, esta lámpara, que lo es,

que antes de caer en mis manos daba menos luz

que un grillo en una noche sin luna.

La tenía un huésped y no veía ni el caballo blanco de Santiago.

-¿Estaba "estropeá"?

-Como la memoria de mi difunta Paciencia.

Pero ya está en pleno uso. -Enchúfela, enchúfela. Dele.

¿Eh?

-Me alegro, Servando,

porque no estamos "pa" gastos.

Venga, mire.

Échele un ojo. ¿Ve?

No salimos ni lo "comío" por lo "servío".

-Caramba, es que... ¿no ha entrado nadie?

-Si la cosa sigue así, no habrá más remedio que tirar de ahorros

o cerrar la pensión.

-Eso de ninguna manera, por encima de mi cadáver.

-Pues usted me dirá,

porque una no sabe de cuentas, pero ni falta que hace.

Pero si "na" entra, pues "to" sale.

-Bueno, usted déjelo en mis manos,

que ya veré yo la forma de sacar unas perras.

Que siempre he salido adelante.

-Usted siempre ha "salío" "trasquilao".

-De verdad, mujer de poca fe.

Porque siempre he tenido malos socios,

pero ahora es diferente, ya he aprendido lo mío.

Usted delegue en mí, ya verá cómo arreglo todo esto.

Y... apague esta luz, mujer, que hace gasto.

-Anda ya.

Enseguida aviso al señor.

Don Samuel, don Liberto está aquí.

Buenos días.

¿Sabe dónde ha pasado mi esposa la noche?

Lo lamento, créame.

En un calabozo pestilente, como una vulgar ratera.

De verdad que lo siento.

¿Fui o no fui a su casa a disculparme en nombre de mi esposa?

¡Hasta llevé flores, por el amor de Dios!

Rosina estaba muy alterada.

¿Tanto como para no medir las consecuencias?

¿Cómo ha podido infligirnos semejante deshonra?

¡¿Por qué ha denunciado a Genoveva?!

Créame, no lo consultó conmigo. Yo le transmití sus disculpas.

¡Fue un accidente!

¡Ni siquiera hubiera sido necesario pedir perdón!

Bueno, eso dice usted.

A mi modo de ver, por el contrario,

arrojar a la vía pública una botella es un acto premeditado.

¿Con que esas tenemos? Tengamos la fiesta en paz.

Yo creo que su esposa no hirió a doña Rosina adrede, le creo,

pero no puedo consentir que eluda su responsabilidad.

De acuerdo, lleva usted razón,

no tiene sentido que nosotros discutamos.

Si le he hecho llamar,

es para que, en los mejores términos,

hagamos lo posible porque este asunto se termine cuanto antes.

Hable con su esposa y con su tía

y, por favor, procure que retiren la denuncia.

Llega usted tarde, ya he hablado con ambas.

¿Y?

Se niegan.

Dicen que Genoveva las atacó deliberadamente.

¡No es cierto!

En comisaría han admitido la denuncia.

¿Y qué más quieren, la perpetua?

¡Mi esposa ya ha pasado una noche detenida! ¿Qué más necesitan?

Temple un poco.

Ambos conocemos al comisario, es una persona sensata.

No mantendrá a su esposa encerrada ni un minuto más de lo necesario.

Ni siquiera era necesaria la detención.

¡Genoveva estaba arrepentida!

Saldrá enseguida, con, a lo sumo, una sanción administrativa.

Si tengo que pasar otra noche sin mi esposa,... no respondo.

Hale, primo, ya te puedes poner con la cerradura

mientras yo preparo la colada para la plancha.

-¿Se sabe algo de doña Genoveva?

-Menuda puntería la doña.

Conmigo la hubiera "querío" cuando estaba en el campo.

No se le hubiera "escapao" ni una liebre.

-Primo, que no te pitorrees con ese asunto, que no es "pa" chanza.

Doña Genoveva está en la cárcel y mi señora tiene el brazo "rajao".

-Con la paz de Dios. -Eh.

Ay.

Tienes que sujetar el bombín con el destornillador

por la bocallave y girar el alicate un cuarto hasta que cruja el bulón.

¿Sabéis algo de Cesáreo? Hace días que no aparece.

-Desde que le cambiaron la ronda, vaya novedad.

-Pues habría que hablar con las autoridades,

porque cada vez hay más sucesos en este barrio.

-¿Lo dice usted por lo de doña Genoveva?

-Por lo ocurrido con don Felipe y don Ramón.

Vamos, que ninguno de los dos levanta cabeza.

-Es verdad, que se han "zurrao" la badana.

-Jacinto, ¿qué te parece si invitamos a don Ramón

a una de nuestras partidas de domino?,

así lo mismo se anima el hombre.

-Por mí que no quede, donde juegan dos juegan tres.

-Servando, cuidado,

y tú también, primo,

si don Felipe se entera de que hacen buenas migas con don Ramón,

no les arriendo la ganancia.

Enseguida aviso al señor de que ha venido usted a visitarle.

¿No se ha levantado todavía?

Ahí le tengo el desayuno, que se estará enfriando.

Aunque tampoco es que coma mucho por las mañanas, la verdad.

Ni por la noche.

¿le ha dicho algo del altercado con don Ramón?

A mí, ni una palabra.

Ese encuentro pudo haber acabado muy mal.

Lo sé,...

y a él no había más que verle la cara,

la tenía como, como,

no sé cómo se dice cuando se le aprieta todo...

Crispada.

Eso, parecía que iba a gritar,

a estallar en cualquier momento. Daba angustia verle de ese modo.

-Si hubiera querido que contara mi estado de ánimo,

hubiera contratado a un gacetillero. -Señor...

-Prepárame un café, solo

-Enseguida, don Felipe.

Felipe, Agustina le quiere y se preocupa por usted.

¿Qué se te ofrece?

Al salir de misa,

he oído que don Ramón y usted tuvieron más que palabras.

Claro que sí,

por murmurar que no quede.

¿Hasta cuándo voy a soportar que todo el mundo hable a mis espaldas?

Sí, le pegué, y quien quiera saberlo de buena tinta, que me pregunte.

Ya sabe cómo es el barrio, todos hablamos de todos,

es casi algo natural.

Hoy compartía la comidilla con doña Genoveva.

¿Sabe que ha sido detenida?

Lucía, me importa un ardite doña Genoveva

¡y me importa un ardite vuestros chismorreos!

Mucho hablar y poco hacer.

¿Qué han hecho esos chismosos cuando ha venido un asesino al barrio?

¡Yo te lo voy a decir, nada! Es usted injusto.

No sé qué otra cosa podría haber hecho esa gente.

¡Echarle, darle la espalda, ¿te parece poco?!

¡Pero no, aquí todo el mundo agacha la cerviz y a tragar!

Felipe,...

créame, siento su dolor como si fuera el mío,...

pero si no se contiene,

si pierde usted los estribos...

¿Ha pensado que don Ramón podría denunciarle?

Lo que me faltaba por oír.

Un asesino juzgado y condenado denunciándome por agresión.

¿Qué hago? ¿Darle la mano y decirle que aquí no ha pasado nada?

Podría ponerle en un apuro. ¡No, no puede ponerme en apuros!

¡Fue él quien me comprometió!

¡Fue ese asesino quien me comprometió en mi propia casa!

¿Vino aquí? ¿Para qué?

Para hacerse la víctima.

Me dijo que estaba sopesando marcharse de Acacias.

Le di su merecido, pero me quedé corto.

¿Se marcha entonces?

Me da igual que se marche o se quede,

para mí está muerto.

-Señor, su café amargo y fuerte.

Agustina, llévatelo, no creo que Felipe necesite...

-¡¿Quién eres tú para decidir lo que necesito?!

¡¿Quién eres tú para juzgarme?!

Yo solo me preocupaba por usted.

¡Pues no lo hagas y déjame en paz!

No he querido ofenderle, yo,

de hecho, he venido para ofrecerle mi ayuda.

¿He pedido yo tu compasión?

No. No es compasión. Yo también tengo problemas,

pero... es usted de la familia.

Bueno, vuelvo en otro momento.

¿Se dejan hacer las cuentas?

Quía, se rebelan como un mal hijo.

Dígame qué quería antes, que no se me ha "olvidao", ¿eh?

El otro día hablamos de Lucía. ¿Se acuerda?

No le voy a poner en ningún aprieto.

Me dijo que no veía en sus ojos la luz que veía antes.

¿Por qué?

Cosas que dice una. ¿Y yo qué sé de "na"?

La señorita Lucía

se ha hecho una mujer,

una señora, puede que solo sea eso.

¿Y no tiene que ver con su matrimonio?

Ya le dije que cada matrimonio es un mundo.

Ya. ¿Y cómo se conocieron?

Yo ya no me acuerdo.

Pues anda que no hace inviernos de eso.

Bueno, tampoco le pido detalles, solo en términos generales.

Cosas que sabe cualquiera

que estuviera por aquí por esas fechas.

¿Cuándo se enteró usted de...

que eran novios?

Toma, pues cuando la señorita Lucía volvió de la casa de salud

a la que se fue cuando usted se marchó.

Parece ser que se conocieron allí.

De novios estuvieron muy poco,

enseguida casaron. ¿Y se les veía felices?

Yo qué sé, señor, yo qué sé.

Perdone, no quería atosigarla.

Pero si no es por mí, don Telmo, como siga usted averiguando así,...

don Eduardo se terminará enfadando, y su razón tendrá.

Lo sé, Fabiana, lo sé. Pues hala,

arreando.

Sabe lo mucho que la quise, ¿verdad?

Señor...

Supongo que me digo a mí mismo eso para justificar mi curiosidad.

Con Dios.

-Arantxa, ¿están mis padres?

-No.

Mejor "pa" ti,...

se han ido a dar un paseo, porque a tu madre no hay quien la aguante.

Les tienes muy, pero que muy "disgustaos".

-No es para tanto.

-Pero ¿tú qué pensabas, alma de cántaro,

que no se iban a enterar? -Pensaba tenerlos en Babia,

interceptando las cartas hasta que me hiciera un hueco

en los escenarios.

-Claro, tu madre se cortaría una mano

antes de dejar que te subas a un escenario.

¿Ya lo has hecho?

-No, se me ha complicado.

No he llegado a un acuerdo con don Mariano.

-¿Lo ves?

-Pero es que no pienso rendirme.

Arantxa, ayúdame, por favor.

(Se abre una puerta)

Arantxa. -Yo no digo nada, no digo nada.

-Aquí traigo unas tapitas que nos van a saber a gloria.

Si la mojama

y las huevas regadas con un Montilla no nos quitan de las penas,

es que nos las merecemos, Arantxa.

-¿Lo ves, Arantxa? Lo que yo te decía.

Padres como el mío hay pocos, por no decir que ninguno.

Qué salero tiene. -No me vengas con camelos,

que tengo el hocico entrenado y no me la da ni el Tato.

A mí, con la verdad por delante o me tuesto.

-¿Qué querías que hiciera, papá?

Si sabía el disgusto que le iba a dar a madre.

-Aun así, chiquilla. Nos has tomado por pardales,

y eso no priva.

-He salido a ustedes,

a madre y a usted, llevo su sangre y su arte,

¿o no lo ven? Deberían estar orgullosos.

-Calla, calla. No digas majaderías.

Si te oye tu madre, nos clava a los dos en un madero.

-¿A que no se ha dado cuenta de una cosa?

Desde que me han pillado en el embuste,

madre no ha mentado a los fantasmas. ¿Tengo o no tengo arte?

-La madre que la...

-Eso no es una contestación, se trata de tomar partido.

-No estoy nadando y guardando la ropa, no sé qué carta quedarme.

Entiendo que la vuelta de don Ramón al barrio ponga al abogado

patas arriba, pero don Felipe no es un hombre centrado.

-Me han "contao" que cuando se pone piripi no hay quien lo pare.

-Ni quien lo ponga en marcha. Se cree con derecho

a que le aguantemos su mala sangre.

Aquí se ha puesto varias veces hecho un basilisco.

-Y eso porque no has conocido a don Samuel, que ese a malas...

no sé yo quién es peor.

-¿Han soltado ya a su mujer? -Eso no lo sé,

pero si la pobre se cree que lo peor lo tiene en la celda,

espérese a que llegue aquí

y se enfrente a doña Susana, eso sí que es una condena.

-Otra vez, Camino, preciosa, dímelo otra vez.

-Creo que habla sobre una máquina de coser.

-Encontraremos un taller donde la arreglen.

-¿Que se ha "escacharrao" la máquina de coser?

-Eso dice. Con lo que le gusta coser.

-Pues no sufras, mujer, que todo tiene arreglo.

Yo se lo puedo arreglar por unos duros,

siempre menos de lo que puede cobrar un taller, claro.

Porque esos son unos mangantes, además de unos "aficionaos".

-¿Seguro que conoce el paño?

-Como que me llamo Servando Gallo. Estas manitas...

han "nacío" "pa" arreglar máquinas de coser, máquinas de todo tipo.

Que sepan ustedes...

que tienen ante sí al creador de la "servandina elevadora".

-Dice mi hermana que qué es una "servandina elevadora".

-Ah, una "servandina elevadora", lo que viene a ser...

El hueco ¿no?

Cuando...

Que arras... Vamos a ver,

es una máquina mucho más complicada que una máquina simple

de coser y cantar.

¿Hace el arreglo?

-De acuerdo.

Buenos días, Fabiana. Buenos días.

¿Está don Telmo en sus aposentos?

No, ha salido, pero puede usted dejarle "recao".

Solo quería saber de él.

Y él de doña Lucía.

Ha "estao" hurgando en las cosas de su matrimonio.

Hable usted con él,

que don Eduardo se enterará y esto no va a acabar bien.

No crea que no lo he intentado, pero hace oídos sordos.

Es como una obsesión.

Por favor, le pido que no le cuente nada a nadie,

a saber qué terminaría pensando la gente.

Descuide, que nada diré.

Tenemos la suerte de que doña Rosina y doña Susana

están ocupadas con otras cosas.

Ya, pero sabe usted que no son muy perseverantes,...

pronto pondrán a don Telmo en el centro de sus murmuraciones.

Hasta capaces son de irle con el cuento a don Eduardo.

Calle usted. A mi señor ni mentarlo.

Y usted que le conoce de puertas "pa" dentro,...

¿es igual que en la calle, tan "estirao", tan ceñudo?

Disculpe, pero no quiero hablar de eso.

A mi señor le debo no solo respeto, también discreción.

Entonces ya me lo ha dicho todo. Con Dios.

Con Dios.

(Llaman a la puerta)

-Adelante. -Con permiso.

¿Ha visto usted a don Telmo?

-No, no le he visto en todo el día. -Si le ve, hágame el favor

de decirle que le estoy buscando. Y ahora, aprovechando

que le veo menos ocupado,

de vez en cuando jugamos una partida de dominó,

si un día le apetece pasar el rato...

-Muchas gracias por invitarme, Servando, lo pensaré.

(Llaman a la puerta)

-Adelante.

-¿Cómo está, don Ramón?

-Carmen, ¿qué haces aquí? ¿Ha sucedido algo?

-No, no se asuste, es que me he enterado de la agarrada

que ha tenido usted con don Felipe...

y le he traído un ungüento que es mano de santo para las heridas.

-No tenías que haberte molestado, solo es un rasguño.

-Mal no le va a hacer.

Tiene que ponérselo antes de acostarse.

-Así lo haré.

¿Cómo está tu señor, sigue su esposa en comisaría?

-El señor está muy inquieto.

Me marcho, no le molesto más. -No, no, no, quédate,

te prepararé un té,

siéntate.

Discúlpame, no tengo costumbre.

-Gracias. -Carmen,...

por si sirve de algo,...

no culpes a don Felipe por lo que ha sucedido,

en cierto modo,

yo le provoqué.

-No lo creo,

como tampoco creo que fuese usted culpable de...

de lo que le acusaron.

-Bueno, yo...

comprendo al juez que me condenó.

-¿Cómo?

¿Se da cuenta de lo que está diciendo?

-"Vámonos a casa".

No voy a permitir que nadie te separe de mi lado, hija mía.

Nadie.

-Celia.

Celia, ¿qué hace, dónde se lleva a Milagros?

-Ni usted ni nadie va a impedir que yo me lleve a mi hija.

-(LLORA)

-Aléjese de la cuna.

-No.

-¡Aléjese de mi hija!

-Don Ramón.

-Carmen, discúlpame, necesito descansar.

Gracias... Gracias por el ungüento

y por el interés.

-Ay, José, deja de moverte, que pareces un saco de pulgas.

-Soy nervioso de toda la vida, prenda.

-Lo sé, mi amor, perdona,

es que tengo el estómago como si me hubiera tragado una carraca,

retorcido de nervios puros.

-Calla, calla, que ahí viene.

-Ya han decidido el castigo, ¿no?

No hay más que verles la cara.

-De ministro, ¿a que sí?

Eso es porque hemos tenido que pensar mucho,

una "jartá" de pensar, canelita. -Eso, tú échale piropos.

Hemos hablado con la directora del internado.

-Qué mujer más pegajosa, por Dios. -Pero muy clara.

Nos ha dicho que siendo buena chica, no tienes ninguna vocación

para los estudios.

Yo le he dicho que para estudiar no hacía falta vocación, sino voluntad.

-Y ahí se ha quedado la cosa.

Dice que tienes muy poca predisposición para estudiar.

-Que eres una holgazana,

en definitiva. -Hombre,

estudiar aburre a las ovejas.

-Chitón.

El caso es que viendo que no van a hacer carrera de ti,

y encomendándonos a nuestra perpetua alcaldesa, la Virgen de la Cinta,

no vamos a mandarte a otro colegio

y que te quedarás con nosotros.

-¿De veras? -De la buena,

por estas. -Ay, padre, deme ahora mismo...

-Chist, espera que no he acabado. Tendrás obligaciones.

-Lo que sea, madre, pida por esa boquita.

-Dedicarás tu tiempo y esfuerzo a buscarte un pretendiente.

-¿Un pretendiente? -Un novio,

es que tu madre es muy redicha.

-¿Y para qué quiero yo un novio?

-¿Para qué va a ser, chiquilla? Para casarte.

-Y no solo para casarte,... para que te cuide y te dé seguridad.

Para que no tengas que pasar por las calamidades que yo pasé,

y eso que tenía a tu padre, que barría el suelo por donde yo pisaba.

-Ni una perra gorda teníamos,

y eso no es lo que queremos para ti.

-¿Y cuándo...

dicen que hay que empezar con la búsqueda del pretendiente?

-Hoy mismo, mi alma,... que mañana es tarde.

-¿Puedo retirarme? -Cuando gustes.

-Señora, qué alegría que esté de vuelta en casa.

-Ha sido un infierno, Carmen. -Lo siento.

Le prepararé un baño ahora mismo.

-Es lo que más he echado en falta. -¿Y don Samuel?

-Pagando al cochero, ya sube.

(Se abre y cierra una puerta)

(Pasos)

Te quiero.

La casa estaba vacía sin ti. Se me ha hecho eterno.

Todavía no ha terminado.

La multa ya está pagada,...

y a las cotillas y calumniadoras, con no hacerles caso...

Me importan un pito las vecinas, Samuel, me refiero a la policía.

Durante el interrogatorio, el comisario Méndez me hizo preguntas

muy perspicaces.

¿Sobre qué?

Sabe que estuve detenida en Bilbao un par de veces.

¿Y él por qué lo sabe?

Le he dicho que fueron casualidades,

una trifulca callejera que me pilló caminando

y una redada en la que se llevaron a todo el mundo.

Entonces has salido airosa.

Siempre que no le dé por preguntar a la policía de Bilbao.

A partir de ahora,

no debes dar que hablar ni hacerte notar.

Si él averigua tu paradero, vendrá a buscarte.

(TOSE)

¿Está haciendo los deberes?

Sí.

Eres responsable si se vuelve a escapar.

Eduardo, se está portando bien, no hay por qué atosigarle.

No bajará sin nuestro permiso.

Quizás pienses que me excedo,...

pero los críos de su edad necesitan límites, mano dura

y saberse formando parte de una familia unida.

Eso es todo lo que necesitan.

Dame un beso.

Nos puede oír, Eduardo. Vamos a la habitación.

Mejor después, cuando se duerma.

Sabes que por la noche se agravan mis síntomas, vamos.

No, no. ¿Qué dices?

Es que estoy muy preocupada

por Felipe y creo que deberíamos ir antes de que...

Mañana.

Disculpen.

Lucía, te espero en la habitación.

No me hagas esperar.

Úrsula. No trae buena cara.

Vengo de la pensión.

Telmo...

ha desaparecido.

-Ya sé cómo vamos a conseguir al novio perfecto.

-No me pienso casar con nadie que usted me diga.

-No seas calandraca, harás lo que te digamos.

-¿Se da cuenta en lo que se está convirtiendo?

-En una anciana respetable, pía y caritativa.

-No, en una harpía maledicente, cotilla y desagradable.

-No le digas eso a tu tía. -Y tú llevas el mismo camino

y no te lo pienso consentir.

-La condesa me ha recomendado al amigo de uno de sus hijos,

un mozo que se llama Alberto.

-No pienso recibirle, voy a hacer que salga corriendo espantado.

-Tú verás si quieres acabar en un convento.

-No me quiere destruir a mí, se quiere destruir a sí mismo.

-Seguramente no le falta razón, en ese caso solo puedo proponerle algo.

-"Yo creo" que volvió a buscarla a usted,

y cuando vio que ya no había forma de llevarla con él, se marchó.

¿Y por qué crees eso?

Porque hizo preguntas.

-Don Alberto Muñoz. -Encantada.

Soy Bella del Campo, y ella es mi hija, Cinta Domínguez del Campo.

-El gu... El gusto es mío.

Disculpen, tengo una dolencia crónica en la voz, nada grave.

-Se ve que la cárcel le ha cambiado.

-Si don Ramón fue a casa de don Felipe, fue para ayudarle,

otra cosa es que ese hombre haya perdido la humanidad

y que solo piense en revolcarse en el odio.

-Vaya, una criada criticándome y defendiendo a un asesino.

-Busco a una mujer, a Genoveva Salmerón.

-¿Y para qué la busca? -¿La conoce?

-"Cuando llegó ese hombre"

le cambió el carácter, y ahora que se marcha,

deja la tristeza en ella.

Para ella, don Telmo es el pasado.

La desestabiliza cada vez que aparece.

Pero Lucía volverá al redil.

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Acacias 38 - Capítulo 976

22 mar 2019

Ramón acude a casa de Felipe con la intención de comunicarle su marcha de Acacias, su visita es tomada por el abogado como una provocación, quien fuera de sí, le propina un puñetazo sin que Ramón se defienda; gracias a la intervención de Agustina Ramón se libra de un linchamiento.
José y Bellita descubren que Cinta ha sido expulsada del internado y que todo lo que ha contado es mentira. Los Domínguez anuncian a su hija que le buscarán un pretendiente inmediatamente.
Úrsula cuenta a Lucía que Telmo se ha negado a marcharse, la joven tiene sentimientos encontrados. Telmo por su parte hace sus pesquisas sobre el matrimonio de Lucía y desaparece de Acacias.
Samuel pide a Liberto que interceda ante Susana y Rosina para que retiren la denuncia contra Genoveva. Liberto le comunica que ya lo ha hecho pero las señoras no están dispuestas porque piensan que les atacó deliberadamente.
Genoveva y Samuel temen que la investigación de la policía saque a la luz su secreto.

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  1. Carmen

    Bueno, yo espero, creo que él deberá pagar por los crímenes que ha cometido!! Vale que en esa época algunos quedaran impunes por la falta de medios..., pero tantos...

    23 mar 2019
  2. Querubina

    Cada vez me gusta mas la amistad de Ramón y Carmen. La familia de artistas me encanta! Genoveva es una buena mujer que curó en gran parte el corazón de Samuel.

    23 mar 2019
  3. Querubina

    Cada vez me gusta mas la amistad de Ramón y Carmen. La famila de artistas me encantan! Y Genoveva es una buena mujer que curó en gran parte el corazón de Samuel.

    23 mar 2019