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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 975 - ver ahora
Transcripción completa

Mateo es fruto de mi amor con Telmo.

¿Don Eduardo lo sabe?

Mi esposo siempre supo la verdad, no le engañé.

-Dime dónde vas o te vuelves a tu cuarto.

-Pero prométeme que no le dirás nada a nadie.

-Si es una barbaridad, lo contaré a los cuatro vientos,

porque tú a mí no me hace chantaje, mocosa.

-Me voy a ver a mi novio.

-¿Y Felipe?

-Ayer llegó al barrio completamente beodo

y se cayó en el salón de su casa.

Creo que se hizo una brecha en la frente.

-Vengo a pedirle que dejen de venderle alcohol.

-Si no nos compra a nosotros, lo hará en cualquier otro local.

-Ya. Voy a hablar con todos los propietarios.

-¿Nos vieron?

-Señora, con el esfuerzo que hizo usted en lograr que las vecinas

la vieran de otra manera.

-Todo se arreglará.

-¿No van a oler?, si son de Tolosa. -Ay.

Con Dios. -Hala.

Hasta luego.

¿Y qué es esa carta que has cogido?

-Nada. -¿Crees que soy tonta o qué?

-Está bien, Arantxa, a ver, es una carta de mi novio.

-Les propongo que vayamos a dar un paseo.

Reconozco mi error.

-Yo no paseo con fulanas.

-Lo mejor será que me vaya antes de contestarle lo que pienso de usted.

Mateo nació antes de tiempo, fue sietemesino,

por eso nadie sospechó en el barrio.

Entonces, ¿Mateo no...? No.

No es su hijo.

Usted no es su padre.

-A las 11, en casa, "y te esperaré en el portal,

que no quiero que tu madre se dé cuenta".

-"De acuerdo".

-"Muchos creemos que don Ramón no la asesinó".

-Fuera. -Pero...

-¡Le he dicho que fuera! -Tranquilo.

-Está en mi casa, y nadie viene a decirme qué hacer y qué no hacer.

-Está bien. Me voy,...

pero si en algún momento me necesita, no dude en llamarme.

Son unos billetes de barco, a La Palma.

¿Por qué dos billetes?

Si a usted le parece bien,...

yo iré con usted.

-"¿Quieren guerra?".

La van a tener.

Por nosotros.

Don Telmo, es lo mejor, créame.

Comencemos una nueva vida en Canarias.

Tiene usted razón, Úrsula,...

ya nada me retiene aquí.

Nos marcharemos mañana por la tarde de la ciudad para siempre.

Cogeremos el tren de la costa y en un par de días

nos embarcaremos rumbo a la isla de La Palma.

Ha tomado usted la decisión correcta.

Es lo mejor para todos.

Me gustaría estar tan seguro de eso como usted,

pero...

ni Lucía me quiere cerca...

ni Mateo es mi hijo como yo creía.

No tiene sentido alguno que permanezca en estas calles.

¿Qué sucede?

¿Por qué de pronto interrumpes tus besos?

Descuida, enseguida los reanudaré con más pasión si cabe.

Tan solo pensaba cómo se sentirían esas pías

si fuesen testigos de tanta dicha.

Sin duda, rabiarían de envidia.

Pues no nos quedemos con las dudas.

Exhibamos nuestro amor a todo Acacias.

El que no quiera mirar, que no mire.

(Música francesa)

Me da igual lo que digan de mí esas momias.

-De nuevo esa música, ni que estuviésemos de verbena.

-Ojalá fuese eso, Felicia, ya está otra vez la señora Alday

dando el espectáculo. ¿Será desvergonzada?

Disfruta provocándonos.

-¿Qué significa este barullo?

-Eso mejor se lo preguntas a la esposa de tu amigo.

Parece que está dispuesta a darnos de qué hablar.

-Cómo se exhibe ante todo el mundo, ¡qué desvergüenza!

-Tal vez no se ha dado cuenta de que la estamos mirando.

-Qué ingenuo eres, Liberto.

-¡Claro que se ha dado cuenta! Lo hace por eso y no por otra cosa.

-La verdad es que se mueve con mucha gracia, verbigracia, sensualidad.

-Y usted que lo diga. La verdad es que da gusto verla.

-Uy.

No la mires tanto que la vas a desgastar.

Que tú solo tienes que tener ojos "pa" tu parienta.

(Sintonía de "Acacias 38")

-Con tanto baile me estoy acalorando.

Haz el favor de traerme más vino.

(Música francesa)

Aún queda vino en la botella.

Descuida, de este voy a dar cuenta de inmediato.

Tus deseos son órdenes para mí.

Voy a la cocina a por la otra botella.

¿Se puede saber qué hacen ahí como pasmarotes?

-¡Vístete, indecente! -¿Por qué motivo,

acaso no les agrada lo que ven?

Estoy en mi casa, y hago lo que me entra en gana, ¡beatas meapilas!

-Qué vergüenza. -¿Habrase visto tal desfachatez?

Ya está bien, amor, no echemos más leña al fuego.

Samuel, suéltame. Genoveva, por favor,

vamos, ya es suficiente. No tengo nada que ocultar.

Genoveva, por favor, estamos...

Así me conociste y así seré hasta el día que me muera.

Genoveva, por favor, estás dando un espectáculo.

-¡Auxilio, que me matan! -Cariño.

-Socorro. -Cariño, ¿estás bien?

-Está sangrando. -¡Ay, que me duele!

-¡Asesina! Todos han visto que quería matarles.

Genoveva, por favor, vamos dentro.

¿Qué, qué miran? Genoveva, ya está bien.

Cariño, ya está bien. No ha pasado nada.

-Tampoco es eso, yo creo que ha sido un accidente.

-Que casi le cuesta la vida. Ay, madre mía,

le llega a dar en la mollera y nos vamos todos "pa" el camposanto.

-Deja que tapone la herida. -Hace usted bien,

no se vaya a desangrar aquí.

-Es usted único dando ánimos.

-Vayamos al restaurante, ahí podemos atenderla.

-Gracias, pero la llevaremos al hospital,

no sea que haya que darle puntos. -¿Puntos, dices?

-Y ahí, media docena. -Creo que me estoy mareando.

-Cariño. -Dios, Rosina, levanta.

-¿Precisan mi ayuda?

-Sí, sí, Emilio, ayúdame a llevarla a un coche

que la lleve al hospital, no sea que se me caiga al suelo.

-Ay, ay, Rosina.

-(SE QUEJA)

-Alguien tiene que detener a esta mala mujer, es un peligro público.

¿Qué haces? -DE aviso al sereno.

-No va a poder ser, Cesáreo está haciendo ronda en otro barrio.

-Pues que venga la policía. -Mire, mire, mire, don Samuel

está cerrando la puerta del balcón. -A buenas horas, mangas verdes.

-Llevemos a doña Susana al restaurante,

a ver si algo le templa los nervios.

-Muy buena idea. -Sí, así podemos tomar unos chatos.

-Mujer, no me mires así, también tenemos el susto en el cuerpo.

-Esa mala mujer quería matar

a mi amiga Rosina.

¡Fulana!

Hasta mañana, pues.

Servando. Dígame.

Le veo apurado, ¿ha pasado algo? A poco se ha montado

la de Dios es Cristo.

La señora Alday se ha metido con las señoras, ha habido hasta heridos.

Con permiso.

Mi marido me espera. Por favor,

don Telmo, no nos amargue más.

Déjanos en paz, y con eso incluyo a Mateo.

Ayer llegó tarde y estaba contigo.

Déjale tranquilo, ¿me oyes? Déjanos tranquilos a todos.

Hágale caso, por favor.

Lucía.

Amor mío.

Aún no puedo creer que no haya esperanza para nosotros,

que nunca...

podremos estar juntos.

(CARRASPEA)

-Por Dios, Arantxa,... que casi se me sale el corazón del pecho.

He pensado que mis padres tenían razón

y que me había dado con un aparecido.

-Más te hubiese valido que fuese un fantasma.

¿Dónde estabas? -Con mi novio, pelando la pava.

Ay, perdona, que ya sé que he llegado tarde.

Me voy al cuarto, estoy muy cansada.

-No, vas a tener que esperar un poquito para echarte.

No te vas a la cama hasta que me cuentes la verdad.

-Si ya te la he dicho. -Mientes más que hablas.

Pero ¿qué te crees, que me chupo el dedo?

O sea, que tu famoso novio ¿es un señor que fuma puros

y podría ser tu padre?

-¿Me has visto? -No.

Soy adivina.

Pues claro que te he visto, insustancial.

O me dices la verdad o despierto a tus padres.

-No, por favor.

Hay algo que debes saber, Arantxa.

-Ay, Virgen, ay, dime qué has hecho, chiquitina, y con quién, sobre todo.

-Yo, nada, que una es bien decente.

Que no van por ahí los tiros.

Lo que sucede es que...

quiero ser artista.

(Se santigua en su idioma)

-Ay, ay, ay.

Ay, casi hubiese preferido que fueses ligera de cascos.

-Desde niña siento una pasión irrefrenable

por el cante y el baile.

He venido a la ciudad para... hacerme un hueco en el mundillo.

-Y ese hombre, ¿quién era?

-El propietario de la Cueva del Cante Hondo.

Quería intentar convencerlo para que me diera una oportunidad,

pero... no ha habido manera. -O sea,

que ni se llama Patxi, ni es de Lasarte.

-Don Mariano y de Triana. Ay, Arantxa.

Lo siento.

Sé la ilusión que te hacía que tuviera un pretendiente vasco.

-Pierde "cuidao" porque tampoco lo ibas a disfrutar mucho.

En cuanto tu madre se entere de tus intenciones, te mata.

-Ya sé que no quiere que siga sus pasos,...

pero no puedo evitarlo, lo llevo en la sangre.

Voy a seguir buscando una oportunidad,

y cuando la consiga hablaré con ellos.

Arantxa,...

tienes que ayudarme a guardar el secreto, por favor.

No los quiero disgustar.

-Ay.

Esto es peor que mil fantasmas y mil novios juntos.

Le agradezco que haya tenido la delicadeza

de venir a disculparse en nombre de su esposa.

Le aseguro que tanto Genoveva como yo estamos tremendamente

arrepentidos por lo sucedido.

Le aseguro que nunca quiso hacer daño a su esposa.

Y no dudo de que sus intenciones no fueran esas,

pero el comportamiento de su esposa dejó mucho que desear.

Lo sé. Genoveva está muy arrepentida.

Si pudiera hablar con Rosina y trasmitirle en persona

nuestras disculpas.

No, no creo que sea la mejor opción.

En primer lugar, porque mi esposa sigue durmiendo,

y en segundo, y no menos importante,

ya conoce lo vehemente que es. Temo qué pueda decirle.

Quizás sea mejor esperar otro momento,

otra ocasión. Sí.

A que se calmen un poco las aguas. Ya le entregaré las flores

en su nombre.

Liberto,...

sabe que le tengo en alta estima,

tan solo me cabe esperar que este lamentable incidente

no enturbie más nuestras relaciones.

Sí, Samuel,... yo también lo espero.

En fin, no quisiera entretenerle más,

espero que su esposa se recupere pronto.

Gracias.

Le acompaño a la puerta. No será necesario,

conozco el camino.

Buenos días. Buenos días, Samuel.

(TOSE)

Este niño está pidiendo a gritos una lección.

Y la letra, con sangre entra.

Seguro que Úrsula le encuentra.

Úrsula no tendría por qué haber ido a buscarlo.

Mateo no puede salir de la casa cada vez que le plazca sin pedir permiso.

Eduardo, no seas excesivamente duro con él.

Seguro que está jugando en la pérgola con el aro,

le gusta mucho... No le excuses.

Tienes la culpa de todo.

¿Qué tipo de madre eres?

¿Qué tipo de madre eres que ni siquiera sabes dónde está tu hijo?

(Se abre y cierra una puerta)

Está de vuelta. -Hola.

-¿Dónde has estado, Mateo?

¿Cómo te atreves a salir sin permiso?

Eduardo, contente, por favor. No te metas.

Contéstame,

que te he hecho una pregunta.

-He estado jugando con el aro. Ya había terminado mis deberes.

-¿Has estado con alguien?

-No, he estado jugando solo.

-¿Seguro?

¿No habrás estado con ese hombre, con Telmo?

-No, padre,

le digo que he estado solo, de verdad.

Pero ¿por qué no quiere que juegue con Telmo?

¿Por qué le odia, si es muy bueno? No, cariño,

tu padre no odia a nadie, solo estaba preocupado por ti.

Temía que te hubieras perdido. ¿A que sí, Eduardo?

-(TOSE)

-¿Por qué mi padre está tan enfadado?

Por nada, cariño,

no te preocupes, ya está.

(Llaman a la puerta)

-Buenos días, Casilda. -A las buenas, don Ramón.

Señor, tiene visita.

-Don Liberto, ¿quería verme? -Así es, don Ramón,

gracias por acudir.

-¿Qué tal se encuentra su esposa?

-Vaya, veo que está al tanto de lo ocurrido.

-Así es, yo y todo Acacias, ya sabe usted que por aquí

las noticias vuelan, especialmente si son malas.

Así que resultó herida por la señora de Samuel Alday.

-No creo que ese fuera su propósito, pero sí, así fue.

-Pero no se preocupe por la señora, aunque está herida en el brazo

duerme como un lirón.

Si se quedan en silencio, podrán oírla roncar.

-Casilda, haz el favor. -Perdone, don Liberto,

solamente lo decía por tranquilizar a don Ramón.

-Creo que ya se ha quedado tranquilo,

así que haz el favor y tráenos unos cafés.

-Enseguida.

-Siéntese.

Ayer tuvimos que ir al hospital para curar la herida de mi esposa,

por suerte fue superficial y no precisó de puntos.

-Me alegro de oír eso, ha sido un suceso lamentable.

-No podemos estar más de acuerdo.

La verdad, lo lamento por mi esposa, pero también por Samuel.

Después de esto, su esposa nunca va a ser aceptada en estas calles.

-Sé perfectamente de lo que habla.

A veces nuestros vecinos pueden llegar a ser lo jueces más crueles,

pero...

supongo que no era esto solo de lo que quería hablarme.

-No. No se equivoca.

Eh...

Quería comentarle que acudí a visitar a Felipe

y...

nuestro encuentro no pudo resultar más incómodo.

Llegó a acusarme de haber traicionado su amistad

al relacionarme con usted...

y después acabó expulsándome de su casa.

-Lamento escucharlo.

-No hay excusa para un comportamiento así.

Estoy considerando seriamente dar por concluida nuestra amistad.

-Entiendo su enfado, que don Felipe esté molesto conmigo no es excusa

para que lo pague con tan buenos y queridos vecinos y amigos.

Lo que sí voy a pedirle es que...

haga un esfuerzo por olvidar tal afrenta.

Comprenda que...

es el dolor el que le lleva a actuar de forma tan desconsiderada.

Esperemos que pronto vuelva a ser

el hombre que era.

-Aquí les traigo los cafés.

-Gracias, Casilda.

-Buenos días, Jacinto. -Señorita Cinta.

-¿Sabes si mis padres han recibido correspondencia?

-Sí, ahí la tengo separada, son las primeras cartas de arriba.

-Jacinto. -¿Qué?

-¿Podría pedirle un favor?

-Depende de si está en mis manos, porque si no lo está,

entre poco y nada podré hacer.

-Si recibiera correspondencia con el sello del internado,

¿me la podría dar directamente a mí antes que a mis padres?

-Uy. ¿Y a qué semejante capricho?

Que esto me huele a gato "encerrao".

Mi obligación es dar la correspondencia a quien corresponda.

(RÍE)

-Ay, pero ¿cómo puedes pensar nada malo de mí?

Espero una carta de mi mejor amiga del internado y deseo leerla.

-Ah. -Solo es eso.

-Pierda "cuidao", yo se la guardo si veo algo.

-Gracias. -Con Dios.

-Jacinto, qué "afanao" le veo. -Sí.

Pues qué remedio.

-En el "mercao" no me han "hablao" "namás" que de la trifulca de ayer,

que yo no me había "enterao" que la señora de Alday le había "tirao"

una botella a doña Rosina. -Pues no la han "engañao",

la descalabra. Tuvieron que llevársela al hospital.

No le digo "na". -Jesús, María y José,

cómo se las gastan en esta calle.

Bueno, voy "p'arriba" a preparar la comida, que con chismes

no alimento a mis señores.

-¡Quieta "pará"! -Qué susto, Jacinto.

-Que ya que va, súbase el correo

y me ahorro el paseo. Lo tiene ahí "apartao".

-Voy.

A ver.

¡Jacinto!

Esta carta es "pa" mis señores, se le había "traspapelao".

-Ah, es posible, porque nadie es perfecto,

aunque algunos nos acerquemos una barbaridad.

-"Se le agradece la visita," Fabiana.

-Pierda "cuidao", Agustina,

que echo mucho de menos el altillo y chismorrear con sus comadres.

-Pues no ha podido elegir mejor día para darle a la sinhueso.

Menuda organizó ayer su señora, Carmen.

-La pobre tiene un disgusto tremendo.

Doña Susana ni doña Rosina son santo de su devoción,

pero no quiso herirlas.

-Pues si llega a querer, hoy estamos de entierro.

-Al parecer, fue tan solo un lamentable accidente,

la botella se le resbaló.

-Accidente o no, más le valdría

mudarse de barrio. Esto no se va a olvidar fácilmente.

-Fabiana tiene razón, enfrentarse a las señoras de tal forma

es lo peor que podría haber hecho. -Eso por no hablar

de salir a contonearse al balcón como una cualquiera.

Esa mujer está marcada de por vida.

La fama de mujerzuela no se la podrá quitar nunca.

-Hablando de todo un poco, Fabiana,

hace tiempo que no veo a don Telmo.

-Sí, últimamente no sale de su habitación.

Úrsula fue a verlo ayer y en todo el día no salió del cuarto,

y cuando le he "llevao" el desayuno lo he "encontrao" muy retraído.

-Pobre hombre, desde que regresó,

no levanta cabeza. No es el que era.

-Entre otras cosas, porque ya ni es cura ni es "na".

-¿Y qué querían? Lo dejó todo por la mujer que amaba,

y ahora ella está casada con otro hombre.

-Arrea, que tengo a los huéspedes de la pensión que da pena verlos.

Por un "lao", don Telmo, y por otro, don Ramón.

El pobre, por mucho que se esfuerza,

no consigue integrarse de nuevo en la vida de esta calle.

-A ver, con lo que hizo, no lo va a tener sencillo.

Bastante que esté libre. -No, Agustina,

se equivoca, don Ramón no mató a doña Celia.

-Más cuidado, Casilda.

No estás cargando un saco de patatas, delicadeza.

-Menos trabajo me costaría. -¿Cómo dices?

-Lo que ha oído, señora, que menos trabajo me costaría

cargar con un saco de patatas porque se mueve menos que usted.

(Llaman a la puerta)

Si usted tiene herido el brazo,

¿por qué tengo que ayudarla a sentarse?

-Porque es tu obligación.

Tráeme más cojines,

que me duele todo, y una banquetita para los pies.

-Rosina, cariño, tienes visita. -¿Cómo estás, querida?

-Ah, muy mal, querida, muy mal.

-Yo apenas he podido dormir por el disgusto.

Genoveva podría haberte matado. No sé cómo no está en prisión.

-Temple, que solo fue un accidente.

Samuel ha estado aquí hace un rato para pedir disculpas a Rosina.

Están muy avergonzados por lo que ocurrió.

-Lo dudo. Esa mujer no conoce la vergüenza.

-Tía, que me ha asegurado que fue un accidente que se cayera la botella.

Ha traído un ramo de flores.

-¿Y se cree que con unas cuantas flores va a enmendar lo que hizo?

Y vaya ramo. -Ya te digo.

Al menos podría haber traído unos pasteles.

-Lo que ocurrió anoche pudo acabar en tragedia por culpa de esa fulana.

-No puedo disculpar su comportamiento, pero no exagere.

La herida de Rosina no es más que un rasguño.

-Pero ¿cómo dices eso, cómo que un rasguño?

Cómo se nota que no es a ti a quien te duele.

-Esa mujer se burló de todas nosotras,

ni se te ocurra defenderla.

Y tú no te preocupes, querida amiga,

que yo me encargaré personalmente de que esa mujer

no se vaya de rositas.

-"No tengo ninguna prueba"

que demuestre la inocencia de don Ramón,

pero tras haberle tratado...

con más confianza estos últimos días,

me he dado cuenta de que es un hombre sensible y bondadoso.

-Aun así, Carmen, eso no le exculpa.

-Habla con mucha ternura de doña Trini,

y de Milagros, incluso se preocupa por el estado de don Felipe.

Un hombre así no puede ser un asesino.

-Carmen,...

no sabe cómo me gusta escucharla.

Una servidora ya les dijo que don Ramón era incapaz

de hacerle daño a una mosca.

(Pasos)

-A las buenas. Qué bien, llego a tiempo

de tomarme una achicoria con mis comadres.

He "dejao" a mis señores con doña Susana,

que está poniendo a caer de un burro a doña Genoveva.

-¿Qué le decíamos, Carmen?

Su señora está marcada.

-Pues sí, y menudo día que llevamos hoy.

También se ha "pasao" don Ramón "pa" hablar con mi señor de don Felipe.

Al parecer, mi señor fue a su casa a hablar

y este le echó con cajas "destemplás".

-Arrea, Agustina, qué "callaito" se lo tenía usted.

¿Es eso cierto?

-A mi señor se lo llevaron los demonios al saber que don Liberto

tenía buena relación con don Ramón.

-Pues no tenía que haberse puesto como un miura,

más que nada, porque la relación que tienen ellos

viene de la sincera preocupación que ambos sienten por don Felipe.

-¿Qué les decía?

¿No es sorprendente que don Ramón se preocupe

por su antiguo amigo con todo lo que ha pasado?

-Carmen tiene más razón que un santo.

Seguro que no ha "matao" a nadie.

-Eso no dicen los jueces.

-"Endeluego", lo único que está aquí más claro que el agua

es que doña Celia está muerta y "enterrá",

y don Felipe está "destrozao", eso "naide" nos lo puede negar.

Don Telmo.

¿No vendrá usted de estar con Mateo?

De ninguna manera,...

ya me quedó claro que no debía acercarme al niño.

¿Dónde se habrá metido?

Esta mañana ya se ha ganado un buen rapapolvo de su padre

por escaparse a jugar, y esta tarde

vuelve a hacer de las suyas. Descuide,

si lo veo, lo mando para casa.

Voy a la pensión a hacerme la maleta.

Yo también tendría que estar haciéndola,

en vez de estar buscando a ese niño.

¿Ya le ha dicho a Lucía que se marcha?

No, no he tenido ocasión.

En fin, espero poder encontrar pronto a ese pequeño truhán.

Después iré a recogerle a la pensión.

Está bien,... la espero.

Chist.

Mateo, ¿qué haces aquí?

¿No sabes que Úrsula te está buscando?

Lo sé, ¿por qué se cree que estoy escondido?

Eres un niño muy travieso.

Pero Telmo,

¿por qué ya no quiere jugar conmigo?

Yo sí quiero jugar, Mateo,... pero no podremos hacerlo más.

Me marcho de la ciudad. ¿Cómo que se marcha?

No puede ser, somos amigos.

No puede irse.

¿Y no nos veremos nunca más?

Nunca es mucho tiempo.

Espero que volvamos a encontrarnos.

¿Me lo promete?

Sí. Te lo prometo.

Tome.

No es tan bonito como el que usted me regaló,

pero quiero que lo tenga como recuerdo,

para que nunca se olvide de mí y vuelva a verme.

-"Fabiana".

Fabiana.

-Ay, Agustina, ¿qué, qué se le ofrece?

-Iba a tirar estas sábanas viejas de mi señor,

cuando pensé que a usted le vendrían bien para hacer trapos.

-No iba "desencaminá", siempre hacen falta.

"Agradecía", Agustina.

Las guardo, que luego ya Servando las apaña.

¿Y qué? ¿Cómo está su señor, don Felipe?

Hoy no se le ha visto en todo el día.

¿Cómo tiene la brecha que se hizo?

-No me preocupa esa herida,...

sino la que lleva por dentro, la que le está corroyendo el alma.

Desde que don Ramón salió de la cárcel,

su carácter se agria día a día.

No dejo de darle vueltas a lo que dijo Carmen

sobre el señor Palacios.

-Ya sabe usted que yo tampoco creo que ese hombre

sea capaz de matar a doña Celia.

Bueno, ni a doña Celia ni a nadie, por supuesto.

-Es posible que tengan razón...

y que no sea el asesino que todos pensamos,

pero...

si no acabó con la vida de doña Celia,

lo que sí puedo asegurarle

es que su indulto está terminando con la vida de mi señor.

-Créame que lo lamento, pero eso no es culpa del señor Palacios.

Esa familia está pasando un calvario,

y poco a poco levanta cabeza...

así que esperemos que su señor siga el ejemplo.

-No se engañe, Fabiana, él solo podrá rehacerse

el día que don Ramón abandone estas calles.

-Arrea, Agustina, ¿acaso don Ramón no es libre de vivir

donde le plazca, cerca de los suyos?

-No se lo niego,

yo solo digo que su ausencia es la única cura posible para don Felipe.

-¿Sabes qué, prima?

No lamento que mi señora enfermó, sino lo tonta que se quedó.

¿Tú te crees? Ahora se le antoja un caldito,

y esta tonta "tie" que salir a por hortalizas.

-¿Y ella cómo está? -¿"Cómo está"?

Echándole más cuento que Calleja. Se tira todo el día en el sofá

con el pie en alto, y lo único que tiene es un rasguño en el brazo.

Ahora, a quien sí le ha "afectao" bien este asunto es a doña Susana,

se la tiene jurada a doña Genoveva.

-¿Y qué pretende hacerle?

¿Vengarse dándole en la testa con una botella?

Ya se sabe, ojo por ojo, botellazo por botellazo.

-Vete tú a saber qué se le ha "ocurrío",

porque menuda es ella. -La verdad que sí.

-Oye, ¿te has "enterao" de lo de la Manuela, la criada del 20?

-No, ¿qué se cuenta? -Se cuenta de "to", está "preñá".

-Pero si se casó hace apenas un par de meses.

-¿Sabes qué? "Pa" mí que ya lo había "encargao" antes de la boda.

"Pa" esos menesteres no se precisa mucho tiempo.

-Eso díselo a tu primo, porque la Manuela se preña en un santiamén

y nosotros llevamos años intentándolo y no hay manera.

-Marcelina, a ver si vais a estar haciendo algo mal.

-Mujer, ni que el asunto tuviera mucho misterio.

-Es raro, porque en mi familia no hay problemas de esos,

mi primo tiene más hermanos que ovejas.

-¿Qué sugieres, que es problema mío?

-No, no, no, tranquila, que no he dicho eso tampoco.

-(RÍE)

-Reunión de pastores, oveja muerta.

¿Qué hace por aquí lo más bonito de Acacias?

-¿sabías que Manuela estaba "preñá"? -¿La del 20?

No, pues me alegro por la muchacha. No, no, no, que no.

Quiero decir, que quizá no me alegre.

No me mires así, que de eso yo no tengo culpa alguna.

-La tienes de que todavía estemos más solos que la una.

-Mujer,... yo hago "to" lo que puedo.

Quizá esté de Dios que no seamos padres.

-De eso nada, lo que quiere Dios es que nos esforcemos más,

así que vamos a insistir hasta que no te quede aliento.

-Arrea.

Nada, primo, el caldito te lo haré a ti,

que tú sí que vas a necesitar coger fuerzas.

Hale, tira.

-Ay. Deja ya el jamón, José, que luego no cenarás.

-Mujer, no comer por haber comido, no tiene delito,

y hay que festejar que por un día hemos podido dormir como Dios manda.

-Ay, es verdad. Al fin he podido descansar como una bendita.

Es la primera mañana que no me levanto "atorrijá".

No escuché los ruidos del fantasma.

-A ver, ni la difunta se atrevería

a asomar la cabeza con la bulla que organizó la loca.

-¿Verdad? Qué espanto, volaban las botellas.

-Espera. Que me termino el jamón, y no me regañes.

-¿Yo, por qué?

Uy, tome lo que le entre en gana.

-Arrea, Arantxa, tú no estás hoy muy cristiana, ¿no?

Ni ganas tienes de reñirnos. -Bueno, es que...

Le he dejado la correspondencia en el escritorio, señor.

-Ya la miraré luego, a ver si con tanta factura

se me quite el apetito.

-Oye, por cierto, ¿has visto a la niña?

Lleva todo el día fuera de la casa. -¿Eh?

-¿Qué te pasa?

Ni que hubieras visto al fantasma. -No, digo yo que es de suponer

que andará en la biblioteca.

-Bueno, lo de la niña con los libros ya empieza a ser un poquito vicio.

-Déjala, José, suerte tenemos de que nos ha salido tan estudiosa.

Pronto estará preparada para ser la esposa de un diplomático.

-Y de lo que le venga en gana, que vale un potosí, mi niña,

¿a que sí, Arantxa? -Sí.

-Anda que no. Qué orgullosa estoy de que no haya seguido nuestros pasos.

-Voy a la cocina a cortar jamón,

que el señor se ha "quedao" con ganas.

-Sí. -Ay, ay, qué rara está esta hoy.

¿Le pasará algo?

-No sé, pero sea lo que sea, espero que le dure.

A mí me gusta más así.

-Y a mí. -Y hablando de la niña,...

¿no deberíamos llamar al internado? No hay noticias de la cuarentena.

-¿Y qué prisa tienes? Así podemos disfrutar más de ella.

Además, déjala que ella sabrá cuándo llamar.

-"Es posible que tengan razón...

y que no sea el asesino que todos pensamos,

pero... si no acabó con la vida de doña Celia,

lo que sí puedo asegurarle

es que su indulto está terminando con la vida de mi señor".

-¡Ay, Dios mío, Jacinto! Sí, sí, va, va.

-¡Corre, corre, corre!

-Marcelina, Jacinto, ¿sucede algo? -Nuestras razones tenemos.

-Calla, mujer, que todavía no sabemos que esté pasando "na" malo.

-¿Acaso lo dudas, Jacinto? Si está clarísimo.

Ay, Dios mío, se huele la desgracia.

-¿Pueden tratar de ser algo más claros?

¿Me pueden decir lo que está pasando?

-Usted perdone. Sepa que bajamos del altillo

cuando hemos oído un estruendo procedente de...

la casa de don Felipe.

-Hemos "llamao", pero nadie responde.

-El señor está solo, que he visto salir a la Agustina.

-Tememos que pueda lastimarse.

Ya sabe que no está muy cristiano.

Ay, ¿qué podemos hacer? -Muy sencillo,

denme la llave de su casa.

-Arrea, don Ramón,...

ya sabe usted que don Felipe es muy suyo.

Mejor vamos en busca de ayuda.

-En mala hora ha "tenío" que irse Cesáreo,

podríamos haber subido con él.

-Mujer, vamos en busca de ayuda. -Vamos, vamos.

(Estruendo)

-Niño, ¿tú has escuchado ese ruido?

Ha sonado como un golpe a lo lejos.

-No sé qué da más guerra, si los fantasmas o los vecinos.

-Quita, a ver si va a ser la difunta.

-Se ha escuchado fuera de la casa.

-Habrá ido de visita.

Por si las moscas, voy a por el agua bendita.

(Puerta)

-Mira, ahí está la niña.

-Hola. -Hola, guapa.

-Al parecer, ha pasado algo en casa del abogado.

El portero y su esposa iban en busca de ayuda.

-¿Ves como no era la difunta?

-Vaya, al final llegas de la "bibliothèque" esa,

que te estás quedando pálida encerrada en esas cuatro paredes.

-Y en los huesos. Dile a Arantxa

que te prepare algo de merendar y repones fuerzas.

-Vale. -Virgencita de la Cinta,

mantén sanos a todos los que moramos en esta casa.

Mi Virgen del... -Está claro que con tanta bulla

no hay quien lea el periódico.

¡Eh!

Mira, Mari Belli, tenemos carta del internado.

Si antes me quejo, antes nos hacen caso.

Esto va a ser que se ha acabado la cuarentena.

-A ver.

-Me escribe la directora en persona. -Anda, cuánta consideración.

-¡Cinta!

(Golpea la puerta)

(Golpea la puerta)

Felipe.

Felipe, soy Ramón.

¿Se encuentra usted bien? ¿Le ha ocurrido algo?

Felipe, contésteme, se lo ruego.

"Genoveva, querida,..."

¿quieres sentarte a tomar el té?

Quizá este logre templar tus nervios.

Nada podría lograrlo, Samuel.

A pesar de mis diferencias, nunca quise herir a esa mujer.

Lo sé.

Sé que eres incapaz de hacer tal cosa.

Lástima que el resto no tenga la misma consideración de mi persona.

Imagino que estarán echando pestes de mí.

(Ruido de tazas)

Carmen,

¿qué se dice en el vecindario?

Le he hecho una pregunta. -Preferiría no contestar a eso.

-Carmen, por favor.

-La verdad es que no está saliendo usted muy bien parada.

-Eso ya lo supongo, pero ¿qué se dice exactamente?

-Seguro que me permitirá que no se lo repita.

No estaría bien decir semejantes barbaries de mi señora.

Era de suponer que estarías en boca de todos durante unos días.

Durante unos días no, Samuel,... lo sucedido no se olvidará nunca.

¡Maldita sea mi estampa!

En eso te equivocas.

Pronto encontrarán otra víctima para sus chismorreos.

Mucho tendrá que esforzarse mi sustituto para superarme.

Esta mañana he estado disculpándome con Liberto.

Estoy seguro de que intervendrá

para aplacar el malestar de Susana y Rosina, ya lo verás.

A ver si me comprendes, Samuel, poco me importa lo que opinen de mí

esas dos harpías.

Lo que temo es que todo esto pueda afectar a tus negocios.

Te está costando tanto salir adelante

para que ahora yo lo estropee todo por mi mala cabeza.

No debes preocuparte por eso.

Ven aquí.

No sé qué haría sin tu apoyo, mi amor.

(Llaman a la puerta)

-Disculpen, voy a abrir.

-¿Esperas visita?

(Se abre la puerta)

-Ay, qué desgracia, señor. ¿Qué sucede, Carmen?

En la puerta hay dos guardias que vienen a detener a la señora.

Aguarda.

Yo también siento el mismo deseo.

Por favor, dígame,... sabe usted el aprecio

que siento por ella.

Don Eduardo es muy estricto, "demasiao", con ella y con su hijo.

No le he preguntado eso.

¿Usted ha "mirao" los ojos de doña Lucía?

Porque yo ya no veo la misma luz que había antes.

Es una pena.

-Mi padre dice que solo soy un niño, por eso me gusta jugar en la calle,

y también con usted.

(SONRÍE)

Vaya. Agradecido.

¿Sabes? Me gustaría hacerte un regalo.

¿Un regalo?

Sí.

¿Cuándo es tu cumpleaños?

En octubre, el 19.

¿Es Mateo mi hijo? No.

No, no, no lo es, te lo juro que no lo es.

Espero que no lo hagas en vano. No dudes de mi palabra.

No es tan bonito como el que usted me regaló,

pero quiero que lo tenga como recuerdo,

para que nunca se olvide de mí y vuelva a verme.

(Llaman a la puerta)

¿Aún no ha terminado su equipaje?

Déjeme que le ayude.

Hemos de darnos prisa, no podemos perder ese tren.

Le he dejado una carta de despedida a doña Lucía.

Me ha faltado arrojo para decirle de viva voz que me marchaba.

Echaré mucho de menos a ella y al niño,

pero ahora usted me necesita más que ellos.

¿Qué le sucede?

Úrsula,...

no puedo marcharme.

He decidido que me quedo en Acacias.

-Felipe. Felipe, contésteme.

(Ruido)

-¿Qué demonios hace aquí?

-¿Está usted bien?

-¿Cómo se atreve a venir a mi casa?

¡¿Qué demonios quiere?!

-Vengo a decirle que marcho de Acacias, está decidido.

-El penal es su lugar. -Escúcheme, Felipe,

comprendo que mi presencia pueda resultarle molesta.

-¿Molesta? Es intolerable.

-En la calle, como una zarrapastrosa,

en la calle, como una sin nombre.

-En mi familia nadie fue expulsado ¡de un colegio!

-¡Y menos, del mejor internado de España!

-¡De ninguno!

-Porque nadie de su familia ha estado nunca en la escuela.

Padres, un poquito de sinceridad. -Y encima con desfachatez.

-Parece que los guardias han sido muy diligentes.

No hace mucho que se han llevado detenida a Genoveva.

-Ah, pues me alegro, pero apéele usted

del doña, que no se lo merece. Rosina,

que no nos olvidemos de mandarle una nota al comisario Méndez

para agradecerle su prontitud. -Por supuesto, esta noche

le pido a Liberto que le escriba.

-Al final, ¿de qué la acusan? -¿De qué la van a acusar?

Escándalo público y agresión. -Ahí es nada.

-Fui a su casa. -¿Cómo que fue a su casa?

¿Para qué?

-Eso le he "preguntao", pero no me ha dicho "na".

-Dígamelo, porque de su respuesta depende que infle a golpes a Felipe.

-Fui a verle para decirle que me marchaba de Acacias,

que ya no tendría que volver a verme.

Supuse que se alegraría.

-Pero ¿cómo que se marcha de Acacias, suegro?

-Me alegro, Servando, porque no estamos "pa" gastos.

Venga, mire.

Échele usted un ojo. ¿Ve?

No salimos lo "comío" por lo "servío".

-Caramba, es que... ¿no ha "entrao" nadie?

-Y como siga así, no vamos a tener más remedio que tirar de ahorro

o cerrar la pensión.

-No, eso de ninguna de las formas, eso por encima de mi cadáver.

-Pues usted me dirá, porque una no sabe de cuentas,

pero ni falta que hace, pero si "na" entra, "to" sale.

Buenos días, don Samuel.

¿Sabe dónde ha pasado mi esposa la noche?

Lo lamento, créame.

En un calabozo pestilente, como una vulgar ratera.

De verdad que lo siento.

¿Fui o no fui a su casa a disculparme en nombre de mi esposa?

¡Hasta llevé flores!

Rosina estaba muy alterada.

¿Tanto como para no medir las consecuencias?

¿Cómo ha sido capaz de infligirnos semejante deshonra?

¡¿Cómo ha podido denunciar a Genoveva?!

Rosina no lo consultó conmigo. Yo le transmití sus disculpas.

¡Fue un accidente, maldita sea!

¡Ni siquiera habría sido necesario pedir perdón!

Bueno, eso es lo que dice usted, a mi modo de ver, por el contrario,

arrojar una botella es un acto premeditado.

¿Con que esas tenemos?

-Jacinto, ¿qué te parece si invitamos a don Ramón

a una partida de dominó? Así, lo mismo se anima.

-Por mí que no quede, donde juegan dos, juegan tres.

-Servando, tenga usted "cuidao",

y tú también, primo,

si don Felipe se entera que hacen buenas migas con él,

no les arriendo la ganancia.

Si no se contiene, si pierde usted los estribos,

¿no ha pensado que don Ramón podría denunciarle?

Lo que me faltaba por oír.

Un asesino condenado y juzgado denunciándome por agresión.

¿Qué hago, darle la mano y decirle que aquí no ha pasado nada?

-Cuando la señorita Lucía volvió de la casa de salud a la que fue

cuando usted se marchó,... parece ser que se conocieron allí.

De novios estuvieron muy poco,

enseguida se casaron. ¿Y se les veía felices?

¿Yo qué sé, señor, yo qué sé?

Perdone, no quería atosigarla.

Pero si no es por mí, don Telmo,

como siga usted averiguando así, don Eduardo se terminará enfadando,

y su razón tendrá.

-No culpes a don Felipe... por lo que ha sucedido.

En cierto modo,...

yo le provoqué.

-No lo creo, como tampoco creo que fuese usted culpable...

de lo que le acusaron.

-Viendo que no van a hacer carrera de ti,

y encomendándonos a nuestra Perpetua Alcaldesa, la Virgen de la Cinta,

no vamos a mandarte a otro colegio

y que te quedarás con nosotros.

-¿De veras? -De la buena.

Por estas. -Padre, de maravilla, un beso.

-Chist, espera, que no he acabado. Tendrás obligaciones.

-Lo que sea, madre, pida por esa boquita.

-Dedicarás tu tiempo y esfuerzo a buscarte un pretendiente.

Y... ¿por qué Telmo no se ha marchado?

Porque no quiere separarse de usted,

pero tampoco quiere separarse de Mateo.

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Acacias 38 - Capítulo 975

21 mar 2019

Telmo acepta marcharse de la ciudad, pero Mateo le pide que no lo haga. Telmo decide quedarse en Acacias.
Genoveva vuelve a montar un escándalo en su casa mientras las vecinas, indignadas, le observan desde la calle. Sin querer, a Genoveva le cae una botella desde el balcón, hiriendo a Rosina. Samuel se disculpa con Liberto por lo ocurrido. Genoveva es detenida.
Cinta confiesa a Arantxa la verdad: quiere ser artista. Cinta sigue intentando interceptar las cartas del internado… pero no lo consigue y su padre lee una.
Marcelina deja claro a Jacinto que deben insistir hasta conseguir quedarse embarazada.
Ramón acude a hablar con Felipe, pero Jacinto le informa de que algo raro pasa en casa del Álvarez-Hermoso. Ramón acude a socorrer a Felipe, pero el abogado le recibe con unas tijeras en la mano.

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  1. Santi

    Gracias Mabi lo cierto es que de tantos misterios que hay, se está ganando a pulso un programa entero en IV milenio

    25 mar 2019
  2. marga

    No perdamos la perspectiva de la época. Pero sí, hasta para la época, lo de D. Telmo parece de todo punto injusto y una postura muy ¿egoísta? Que para salvar la ¿reputación? del huraño, y autoritario que hace las veces de padre..., se prive con atrevimiento e insolencia al padre verdadero..., tiene "bemoles" la cosa...!!!!

    24 mar 2019
  3. Matias

    Si de ridiculeces se trata, cada capítulo se supera, Susana y Rosina ya son insoportables y hasta ridículas, ese aura de santurronas me cansa y aburre, a Felipe lo tienen que meter preso, quién piensa que es, que su dolor es único?? maltrata a todo el mundo que encima lo quieren ayudar, hay que dejarlo solo y que lo zurzan,, Lucia perdió la sangre en estos años y le transfundieron agua?? por mas trato que haya echo con el enano enfermo, si mi pareja trata así a mi hijo y encima pequeño, le doy un golpe, quién es, para tratarlo mal a Telmo tienen caracter, cuando la culpable fue ella por no escucharlo y porque Telmo se tienen que ir?? absurdo, pero bueno se nota que a los guionistas lo que pensemos los televidentes les importa un comino. Traté de verla despues de los 10 años, darle otra oportunidad pero me resulta insoportable, tanta incoherencia.

    24 mar 2019
  4. Mabi

    Santi, lo único que dijo Fabiana es que si Servando no recibía la herencia que le había dejado Paciencia, jamás podrían haber abierto la Pensión . Si fueron ahorros, o dinero que le haya dado su hermana ( que bien recuerdo estaba en muy buena posición económica en Cuba ) por haberla cuidado durante su enfermedad... en fin... la movilidad social estaba en crecimiento asique seamos bien pensados y dejemos a éstos laborantes crecer!!!!! Saludos cordiales

    23 mar 2019
  5. Carmen

    Así es. Pero son tantos detalles que tienen que tener en cuenta de la época..., Que algunos se le escaparán. Yo sigo pensando que a D. Telmo tendrán que buscarle algún trabajo, que la pensión y el "condumio"... También en aquellos época habría que pagarlo!! Podría ser profesor? De lengua, historia, arte, latín...? Preparado está :)

    22 mar 2019
  6. Pilar Méndez

    Puestos a decir cosas poco creíbles de la novela, he de decir que tampoco estaba bien visto que las féminas frecuentaran, sin compañía masculina, los restaurantes y cafeterías. No es una crítica, es una observación.

    22 mar 2019
  7. Querubina

    Cada vez me cae peor Susana y Rosina, muy ridículas. La ternura de Telmo y el niño me derriten! Me encanta la nueva amistad entre Ramón y Carmen. Y Genoveva...excelente!

    22 mar 2019
  8. Brisa

    Sin ánimo de ofender y en mi opinión, muy personal,... he de decir que se me hace muy exagerando y muy poco creíble el acento de la criada... (¿vasca?) de los nuevos vecinos. Lo siento.

    22 mar 2019
  9. Carmen

    Ja, y tan "a poco". Es más lo que uno imagina y supone... Que si" recibió una herencia de su Paciencia...". Ah , pero es que esa Sra era rica?? Y La Sra Fabiana de dónde sacó los "cuartos"?

    21 mar 2019
  10. Santi

    Hoy, leyendo los comentarios de ayer, he visto que Mabi comentaba: "De a poco nos vamos enterando como llegaron, por ejemplo Fabiana y Servando a poder ser dueños de la pensión" . .... Estos días ha habido momentos en que no he podido estar muy atento debido a lunas llamadas que he tenido que atender... así que supongo que me lo he perdido... podría alguien hacerme un resumen de esa trama?, la de cómo llegaron a tener una pensión. Gracias

    21 mar 2019