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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 974 - ver ahora
Transcripción completa

Y por eso le pido perdón.

-Olvidaré lo que pasó entre nosotras y compraré en tu tienda.

-Preciso que me mantengas al tanto de cómo va Felipe.

Si su situación empeora, quiero saberlo.

-Intentaré averiguar lo que sea.

-¿Qué va a pasar ahora que ese hombre ronda mi casa?

¿Me va a arrebatar a mi familia? No,

eso no pasará, te lo aseguro. Entonces, ¿por qué le recibes?

¿De qué hablasteis? De nada.

Me gustaría creerte,...

pero sé que ocultas algo.

-¿Han sucedido más crímenes por aquí?

-Uy, si yo le contara,...

se le iban a poner todos los pelos de punta.

-No, déjelo, no me cuente.

-Y yo que pensaba que esa pelandusca se había corregido.

-Pues a juzgar por lo que se ve, parece que no.

-Oh, que la Virgen de los Milagros me asista.

¡Socorro! ¡Ayuda!

¿Es Mateo hijo de Telmo?

(ASIENTE)

Sí, sí que lo es.

No me mire así, no soy ningún monstruo.

Mateo es fruto de mi amor con Telmo.

Ocurrió días antes de que se marchara, una única vez.

No quise decírselo a nadie. Trate de ocultárselo a todos.

Telmo...

era un apestado por aquel entonces, ¿no lo recuerda?

Claro que lo recuerdo,

acusado de haberse quedado con el dinero de la herencia

de los marqueses de Válmez.

Engañado y repudiado.

Si hubiera sabido que era inocente...

Pero la trampa que orquestó aquel hombre, el prior Espineira,

estaba tan bien pensada...

Ojalá que no encuentre nunca la paz de Dios en la tierra.

No la merece, desde luego.

¿Y don Eduardo lo sabe?

Sí. Mi esposo siempre supo la verdad, no le engañé,

de ahí los nervios que le atenazan desde la vuelta de Telmo.

Telmo ha de saber la verdad.

Todo hombre debe saber que hay un hijo suyo en el mundo.

No, Úrsula, no. Es su hijo,

sangre de su sangre.

Mateo ha vivido bajo la paternidad de mi esposo,

y Eduardo se ha comportado como un verdadero padre con él.

No puedo despreciarle ahora, no puedo manchar su nombre.

La verdad siempre sale a la luz.

¿Cuánto cree que falta para que todos lo sepan? Telmo incluido.

Si Telmo no se hubiera marchado,

habríamos educado a Mateo juntos,

nuestra vida habría sido distinta,

posiblemente maravillosa, pero eso no fue así.

¿Quién sabe?

Tal vez aún no esté roto todo.

No, después de tantos años, no quiero hacerme ilusiones.

Telmo y yo no recuperaríamos la felicidad,

y Mateo no ganaría un padre, sino que perdería el suyo...

y Eduardo sería humillado en público.

Tiene usted razón, es imposible ocultar la verdad.

Más nos vale.

¿Se imagina qué haría Eduardo si Telmo se enterara?

Sería capaz de matarlo.

Eduardo no renunciará a su familia después de tanto sacrificio.

¿Y qué podemos hacer para evitar que Telmo se entere?

Le aseguro que el mero hecho de decir estas palabras

me rompen el corazón,

pero...

solo hay una posibilidad.

¿Cuál?

Conseguir que Telmo se marche de Acacias para siempre

y borrarlo de mi vida de una vez por todas.

(Sintonía de "Acacias 38")

Te he preguntado dónde vas,

y no te mueves de aquí hasta que me contestes.

-Por favor, Arantxa, déjame ir.

-¿A esta hora y vestida así? Ni hablar.

-Arantxa, no eres mi madre.

-Como si fuera, te conozco desde que naciste.

Si quieres llamo a tu madre y le preguntamos si te deja salir.

-¡No, no la llames!

-Pues dime dónde vas o te vuelves a tu cuarto.

-Prométeme que no vas a decir nada a nadie y que me vas a ayudar.

-Si es una barbaridad, voy a gritarlo a los cuatro vientos,

porque a mí no me haces chantaje, mocosa.

-Me voy a ver a mi novio. -¿Qué?

-Chist.

-¿Tú estás loca? ¡Por la virgen de Garai!

¿Crees que voy a dejar que mi niña se vaya de noche con un hombre

para que vuelva preñada?

-No voy a volver preñada, mi novio no es de esos, es un caballero.

-¿Un caballero que queda con una "neska", con una chiquilla

de noche y a escondidas de sus padres?

Por la Virgen de Irati, eso no existe.

-Te explico, Paco es un caballero.

-¿Encima se llama Paco? ¿Paco se llama?

-Yo le llamo Paco, los demás le llama Patxi.

-¿Cómo Patxi? ¿Es vasco o qué? -Sí.

Lo conocí en una excursión en el internado a los montes de Gorbeia.

-Si es vasco, la cosa cambia.

Los vascos somos gente muy seria y muy decente.

-Ha venido a la capital a estudiar medicina

y me lo encontré en la biblioteca. -¿Por casualidad?

-Te lo juro. Es tan bueno,

tan educado,

de una familia tan buena.

Los Zarrabeitia, de Lasarte.

-Los Zarrabeitia.

Conocer no los conozco,

ahora, si son de Lasarte, son gente buena, seguro.

-¿Por qué no le traes a casa y le presentas a los padres?

-No, no, no, no. Él está a punto de ser médico,

y mi madre solo piensa en casarme con un diplomático.

-Perdóname, que un médico es muy buen partido.

Y si es vasco, mucho más. -Eso digo yo.

Me tienes que ayudar a convencerla de que un médico

es tanto o más que un diplomático, entonces, pues yo se lo presento.

-Le podemos decir que a ella le va a cuidar en la vejez.

-Eso. Ya sabía que podía confiar en ti.

Y ahora me voy, que voy a llegar tarde.

-Pero ¿no te vas a cambiar, así vestida vas?

-Él va vestido de torero.

-¿El vasco, de torero? ¿No me has dicho que era médico?

-Sí, pero es que vamos a una fiesta de disfraces.

Arantxa, por favor.

Te prometo que vuelvo enseguida. Déjame ir.

-Está bien, pero júrame por la Virgen de Begoña

que no harás nada indecente. -Te lo juro.

Ay, amá.

Buenos días, Susana.

Me dice mi hija Camino que me llama.

-Al menos algo dice la pobre.

Qué desgracia lo de su niña. ¿Desde cuándo está así?

-Ya sabe, Camino lo dice todo a su manera, con señas.

A veces se la entiende mejor que a un libro abierto.

Ya le han traído su chocolate.

-Sí. No la llamaba por eso.

Siéntese, quería comentar.

No he podido dormir en toda la noche.

-Por lo de doña Genoveva, ¿no?

-Qué escándalo,

a punto estuvo de hacernos creer que es una mujer decente.

-Una mujer decente no se comporta así con las cortinas abiertas.

-Ni cerradas.

Una mujer decente no se comporta así, y punto. Nunca.

-Qué descaro. No me extraña que su marido le coma en la mano.

Es lo que les gusta a los hombres. Si yo le contara...

-¿Su marido era así? -No, por Dios.

Si yo le contara lo que he oído en el restaurante,

cosas que harían ruborizarse al mismísimo Satán.

-Me lo imagino, no hace falta que me lo cuente.

Las mismas que oí yo en el probador de mi sastrería.

-Seguro que parecidas.

-Samuel sabrá si quería casarse con una buscona.

Y que Dios me perdone por llamarle así,

pero me hierve la sangre al pensar que nos quiso engañar

haciéndose pasar por una igual a nosotras.

-Para nada es como nosotras, si se movía como Salomé en la Biblia.

-Y casi en cueros.

Ay... Tendremos que acostumbrarnos,

porque el siglo XX pinta así.

-Y que lo diga, solo hay que ver lo de don Felipe.

La inmoralidad está tomando Acacias.

-¿Qué ha pasado ahora con Felipe?

-¿No lo sabe?

Ayer llegó al barrio completamente beodo

y se cayó en su casa,

creo que se hizo una brecha.

Menos mal que Agustina lo encontró y bajó a pedir ayuda a Jacinto,

que si no, se desangra.

-¿No iría acompañado de alguna de las hetairas que frecuenta?

-Eso no lo sé. Mire, Úrsula, tal vez tenga más datos.

Buenos días, Úrsula.

Buenos días tengan ustedes.

Nos preguntábamos por el estado de don Felipe.

Poco sé sobre eso,

únicamente que don Felipe tuvo un accidente

y doña Lucía ha ido a cuidarle.

-Dicen que llegó en un estado lamentable

y que iba bien acompañado.

De eso no sé nada.

Si me disculpan, voy a la botica a comprar un ungüento.

Queden con Dios.

Con Dios.

Nada, no nos ha contado nada.

-Ya nos enteraremos.

Por cierto, he visto a las criadas volver a la mantequería de Lolita.

-Ya sabe que perdonar es de buena cristiana.

¿La señora no se levanta?

-¿Tú sabes la noche que pasó?

Está dormidica la pobre.

Que descanse, que es mejor para todos.

-¿Está enferma?

-Qué va. Se pasó la noche a vueltas con los fantasmas.

Cada dos por tres se despertaba y empezaba a echar sal

y agua bendita, que parecía que llovía en la alcoba.

-Claro, como la que limpia es servidora,

a manchar fácil, es que...

-Ten paciencia, que está "alteraíca".

-Le digo una cosa,

las únicas presencias extrañas en este edificio no son los fantasmas,

son los vecinos.

Vaya cuadrilla, vaya cuadrilla.

-Y que lo digas. ¿Ha pasado algo más?

-No sé. Yo he bajado a comprar el pan

y solo se hablaba de don Felipe y de don Samuel Alday.

-¿Y qué han hecho?

-Bueno, seguro que conoce a doña Genoveva,

la esposa de don Samuel.

-¿Y quién no?

Que no me oiga mi esposa, pero un monumento de mujer,

una mina relinda, que dirían en Buenos Aires.

-Sí, pues la mina relinda, si llega a estar usted ayer

en la acera de enfrente y hubiera mirado a su balcón,

hubiese escuchado una música altísima

y la hubiera visto a ella semidesnuda,

insinuando con el marido, besándose y todo.

-Maldita sea, Arantxa, me pierdo lo mejor.

(RÍEN)

Vaya espectáculo.

¿Y don Felipe? -Don Felipe no se lo pasó tan bien,

por lo visto, llegó "mozcortuta" perdido,

borracho como una cuba,

y se cayó cuan largo es, se ha hecho una brecha.

-Y después dicen que los jaraneros somos la gente del espectáculo.

Aquí serán muy burgueses, pero el que más y el que menos

tiene que pasar por el confesionario a diario.

-Y que lo diga. No como nosotros,

mi mujer y yo tranquilos

y la niña que no sale de la biblioteca.

-Buenos días. -Hola, buenos días.

-Buenos días, reina. -¿Me pones el desayuno, Arantxa?

-Sí. ¿Quieres "tostás" con manteca "colorá"?

-Sí, que muero de hambre.

-Eres como tu madre, una dormilona.

¿Ayer no te acostaste temprano?

-No, me fui temprano al cuarto, pero me acosté tarde.

Estuve estudiando. -Ah.

Pues también hay que descansar. ¿No escuchaste a tu madre

con el agua bendita?

-No, me pongo algodones para no escucharla.

-Anda, mira qué lista. -Sí.

-Eso voy a tener que hacer yo, ponerme algodones en los oídos.

Os dejo, que voy a comprar el periódico.

Y algodones.

(RÍEN)

Ay...

Así que, ¿estudiando hasta tarde?

-Chiquilla, ¿qué querías que dijera?

-No me llames chiquilla, que te doy.

Pues no mentir, decir verdad,

esto de engañar a tus padres se va a acabar, como que me llamo Arantxa.

-¿Es que no quieres que me case con Paco?

-¿Qué Paco? -Patxi, de Lasarte.

De los Zarrabeitia.

Un hombre vasco, médico...

-Porque es vasco, porque si no, no me fiaba.

Qué ganas de que le traigas a casa para conocerle.

-Bueno, voy a por la manteca "colorá".

Pues sí que está la casa manga por hombro.

Al final van a tener razón las señoras cuando decían

que esto fue el acabose y una orgia romana.

-No hagas caso de lo que dicen.

Ya sabes que las criadas no estamos para opinar.

-No hagas caso, está claro que aquí se ha "celebrao" un carnaval.

O eso que dice doña Susana: un "Somosa y Gomorrosa".

-Sodoma y Gomorra.

-Pues eso.

Tampoco sé lo que significa, pero suena como algo,

como a una juerga por "to" lo alto. -Pues nada de eso.

A la señora le gusta bailar

y bailó con su esposo, no lo veo tan grave.

-Ya, pues los que les vieron por el balcón

dicen que vestían como Adán y Eva.

-Exageran.

-No sé. A mí me daría vergüenza bailar en cueros

para un hombre, ni aunque fuera mi marido.

-¿Es que tu Martín nunca te vio como Dios te trajo al mundo?

-Solo con la luz "apagá".

-¿Y tú a él?

-Lo mismo.

-Empieza a no extrañarme que no vinieran niños.

-No, hombre, "señá" Carmen,

que los encargábamos, pero no quisieron venir.

Pero "pa" esos menesteres hace falta algo más que la vista, el tacto.

Eh. ¿Y esto, qué me dice? Esto no es una cofia.

-¿Qué haces, Casilda?, quítate eso. Trae.

No quiero que mi señora te vea con eso. No toques sus cosas.

-Bueno, ni que esto fuera un palacio,

si más que "na", parece una taberna.

Por cierto, ¿se enteró de lo de don Felipe,

la curda que se cogió?

-Mejor te vas a casa, que no quiero que la señora te vea aquí.

Además, ya sabes que luego doña Rosina te busca.

-Qué me va a contar. Qué aburrimiento. A más ver.

-Con Dios.

Buenos días. Qué dolor de cabeza.

-Señora, yo...

no soy quién para opinar, pero no me extraña,

cuatro botellas de champán he tirado a la basura.

-Ya, se nos fue la mano un poco, Carmen.

Pero ya sabe lo que dicen,

al marido hay que tenerlo siempre con el deseo a flor de piel.

-Y... a lo mejor habría sido buena idea

que cerraran ustedes las cortinas.

-¿Nos vieron desde la calle?

-Dios mío, qué vergüenza.

-Señora, con el esfuerzo que hizo en lograr

que las vecinas la vieran de otra manera.

-Todo se arreglará.

Tráeme un café bien cargado, por favor.

Don Eduardo, le traigo el periódico y el ungüento.

¿Dónde está mi esposa?

En casa de don Felipe.

Ayer se cayó y ha ido a ver si necesitaba algo.

Le ordené que no saliera de casa.

Don Felipe se ha hecho una brecha en la cabeza,

ha tenido que hacerle una cura.

Me da igual. Quiero que se cumplan mis órdenes.

Si se ha caído como si se ha desangrado hasta la muerte.

Úrsula,

¿no estará con ese Telmo?

No, don Eduardo, está con don Felipe, se lo aseguro.

No tardará en volver.

Eso espero.

(Puerta)

Debe ser ella.

Buenas.

Úrsula, déjanos solos.

Te prohibí que salieras de casa.

Solo fui a casa de Felipe.

Tienes que pedirme permiso.

No quiero que veas a Telmo.

¿Cuántas veces te lo tengo que repetir?

Te lo he dicho más de una vez, no tengo el menor interés en verle.

Todo el tiempo he estado en casa de mi primo,

ni siquiera fui yo a la farmacia, dejé que fuera Úrsula,

no quería encontrarme con él. Eso espero.

Avísame siempre que vayas a salir,

no me obligues a tener que acompañarte.

No puedo vivir como una prisionera.

Vivirás como yo te mande.

Más te vale obedecer,

o atente a las consecuencias.

(TOSE)

Buenos días. -Buenos días.

-Quería hablar con su madre.

-Ha salido, ha ido al mercado.

-¿Tardará en volver?

-Salió hace unos minutos, así que no regresará antes de una hora.

Y eso si no hay mucha cola. Si le puedo ayudar yo.

-Supongo que lo que quería decirle a ella se lo puedo decir a usted.

-¿Le pongo un café? -No, muchas gracias.

¿Sabe lo que le ocurrió ayer a Felipe Álvarez-Hermoso?

-No se ha hablado de otra cosa esta mañana.

Bueno, de eso y de doña Genoveva.

-Ese tema no me interesa,

cada pareja es un mundo y tiene derecho a mantener la llama

según le convenga.

El que me inquieta es don Felipe.

-Creo que está fuera de peligro, el golpe fue aparatoso, pero poco más.

-No estará fuera de peligro mientras lleve esa vida disipada que lleva.

-En eso tiene razón. Bebe en exceso y, a la larga,

eso tiene consecuencias.

-Es de eso de lo que le quería hablar.

Vengo a pedirle que dejen de venderle alcohol.

-Don Ramón, ese es nuestro negocio, por lo menos en parte.

-Lo sé.

Yo les compensaría por lo que dejen de ganar.

-No se trata de eso.

Nosotros no tenemos interés en ver a don Felipe beodo.

Si estuviera en nuestras manos, preferiríamos que no entrara,

no es cuestión de dinero.

-¿Entonces?

-Mire, don Ramón, el problema es que no podemos enfrentarnos

a un cliente, y don Felipe tiene muy mal carácter.

No será la primera vez que tenemos un encontronazo con don Felipe.

-Estarían ustedes haciéndole un servicio al barrio.

Felipe no puede seguir así.

-Si no nos compra a nosotros, lo hará en otro local.

-Lo sé, y hablaré con todos los propietarios.

-Está bien. Nosotros intentaremos no venderle, pero no le aseguro nada.

No tengo interés en que don Felipe se ponga violento

y destroce el local.

-Esperemos que no llegue a esos extremos.

Le agradezco su colaboración.

-¿Puedo hacerle una pregunta?

Don Felipe le detesta,

no dudaría en hacerle cualquier mal, ¿por qué se preocupa por él?

-Hubo un tiempo en que fuimos amigos, muy amigos.

Algunos desgraciados acontecimientos nos separaron,

pero yo sigo sintiendo el mismo aprecio

y confío en que algún día volveremos a estar unidos.

-Le deseo lo mejor.

Aunque por lo que he visto en él y por lo que cuenta, no lo veo fácil.

-Yo no pierdo la esperanza.

Le reitero mi agradecimiento. Con Dios.

-Con Dios.

Buenos días, don Ramón. -Buenos días, Liberto.

¿Ya sabe lo ocurrido con Felipe? -Sí, lamentablemente.

-Ahora iré a visitarlo.

Hablaré con él de lo que comentamos.

-Ojalá le escuche. -Seguro que sí,

entre todos seremos capaces de hacerle reaccionar

y reordenar su vida.

-No hay nada que me hiciera más dichoso.

Ponga todo su empeño.

-Ojalá lo consigamos.

Le dejo, que tenga suerte en su propósito.

Mis respetos a doña Rosina. -De su parte.

¿Ya estás metiendo la cuchara en la puchero?

Sabes que me pirran las alubias que haces.

Eres la mejor cocinera de España. -Alubias tolosarras, con su berza.

¿No te ponen esto en el internado? -Ni la mitad de buenas.

No sabes lo mal que nos dan de comer allí.

-Pues a tus padres les cuesta sus buenos duros el internado.

-Tirados por la borda. En lo que se refiere al condumio,

claro, que estoy mal acostumbrada por tus platos.

-Anda, siéntate y te pongo un plato como Dios manda.

¿Se ha ido ya el hombre ese que combate los espíritus?

-Menos mal,

porque no hay quien le haga entrar en razón a tu madre.

A ver si os entra en la cabeza que los espíritus no existen,

como máximo, los duendecillos de casa,

pero esos no hacen nada, tontadas para reírse nada más.

-No se lo digas a mi madre,

porque entonces los empieza a ver por los rincones.

-Hala, toma.

¿No me vas a contar nada de tu novio?

-Ya te conté ayer.

-Que se llama Patxi, es de Lasarte y que estudia medicina.

-A ver, es moreno,

es fuerte,

es educado...

Aunque a mí me gustaría que fuera un poco menos educado.

-Oye, descarada, eso no hay que decir.

Cada cosa a su tiempo.

(Llaman)

A ver.

Hola. -Hola. Le traigo la correspondencia.

-Muchas gracias.

-Le recuerdo que esta tarde miraré esos ruidos de las cañerías.

-Por favor, no se demore,

que tengo a la señora trastocada con ese ruido.

-¿Tan molesto le resulta?

-No tanto el ruido en sí, como lo que lo provoca.

-Ah, normal.

Un arreglo de tuberías suele llevar sus buenos duros.

-Sí, bueno, eso será así. -Dígale a su señora que tranquila,

que me da a mí que será apretar las juntas y poco más.

-Bien. ¿Necesita alguna herramienta?

-Nada, ya traigo yo las mías.

-Bueno, le espero.

-Por cierto, que eso huele que alimenta, ¿eh?

¿No van a oler?, si son de Tolosa.

-Con Dios. -Hala.

Hasta luego.

¿Qué es esa carta que has cogido?

-Nada. -¿Te crees que soy tonta?

-Está bien, Arantxa, es una carta de mi novio,

de Paco, bueno, de Patxi.

Me voy a leerla, a ver qué es lo que me dice.

Una fulana,

eso es lo que es. -No exageres, Susana.

Es una mujer joven enamorada de su esposo.

Me hubiera gustado que la vieras. -Y a mí me habría gustado verla,

para sacar ideas.

-¡Rosina! ¡No me puedo creer!

-Tranquila, que te va a dar un síncope, hablaba en broma.

-Te retiro la palabra si me entero de que haces eso.

-Se la retiras a Liberto, que es él quien no tiene ni una idea decorosa.

-Ay. -Susana,

los matrimonios son así,

si un confesor entrara en la alcoba de unos casados,

saldría corriendo como alma que lleva el diablo.

-¿Y qué hacemos, comportarnos como si no nos hubiéramos enterado?

-No, porque ya sabes lo que dicen de la mujer del César,

no solo debe ser honesta, sino parecerlo.

Lo que ella haga con su esposo, es asunto de ella,

pero lo que haga delante de la ventana,

a ojos de los vecinos, es asunto del barrio entero.

-Ah, pensaba que la disculpabas.

Una vecina medio desnuda delante de todo el mundo

como si fuera una cabaretera de París.

-¿No es de Francia de donde viene?

Pues ahí lo tienes, ese país es una cuna de perdición.

-Todo no, que allí vive mi hijo y mi nieto con sus esposas.

No creo que Juliana ni María Luisa hagan esas indecencias.

-Vete tú a saber. Francia es así desde siempre.

-Y España ya no es lo que era.

Y Felipe,

-Oh...

-...herido tras caer al suelo en estado de embriaguez.

-Desde luego, ese hombre va de mal en peor.

-Cuando parece que ha tocado fondo,

demuestra que se puede caer aún más bajo. Es lamentable.

-Hay que ver

lo que perdió el barrio cuando fallecieron Celia y Trini.

¿Quién iba a imaginar que ellas sostenían sobre sus hombros

esas dos casas?

-Pues sí.

-Buenos días, ¿puedo sentarme?

-Pues, si le soy sincera, no creo que deba hacerlo.

No tenemos nada en común

y no creo que disfrutemos de nuestra mutua compañía.

-Doña Susana, ya sé que ayer cometí un error imperdonable

al dejar las cortinas abiertas.

-Usted lo ha dicho, "imperdonable".

-Solo escuché música

con mi marido.

Seguro que usted lo entiende, doña Rosina.

-Si la música hubiese sido decente y la indumentaria decorosa,

lo entendería.

-Doña Rosina, son otros tiempos.

-Oiga, que una no es una anciana. -Calla, Rosina.

No se merece que la tomen en cuenta.

Esos tiempos de los que habla, señorita, son de perdición

y nos negamos a que lleguen al barrio.

Se mostró...

desnuda y lasciva frente a su esposo

y frente a cualquiera que alzó la vista hacia su ventana.

-Señoras, por favor, les propongo que vayamos a dar un paseo.

Reconozco mi error

y de buenos cristianos es el perdón.

-Yo no paseo con fulanas.

-Lo mejor será que me vaya antes de contestarle lo que pienso de usted.

-¿No nos habremos pasado un poquito?

-Cortas, nos hemos quedado cortas.

No le demos más vueltas, las cuentas están bien hechas.

Pues es el mes que menos hemos "ganao"

desde que abrimos la pensión.

-Y esperemos que el próximo no baje.

-Servando, ¿piensa que es por lo mismo que pienso yo?

-Más claro que el agua.

Desde que llegó don Ramón tenemos menos habitaciones ocupadas.

-No sé cómo se puede tener tan mala entraña.

Ese hombre ya ha "sufrío" "to" lo que tenía que sufrir,

diez años de cárcel, Servando.

¿Qué más quieren?

En fin, al mal tiempo, buena cara.

¿Cree que el próximo mes será mejor?

-Confiemos, que cuando juntamos los ahorros "pa" abrir la pensión,

ya sabíamos que no nos íbamos a hacer ricos.

-Yo junté los frutos de 30 años de trabajo duro.

-Venga, Servando, que nos conocemos, usted no tenía un real.

Si no le llega la herencia de Paciencia,

no tiene ahorrado ni "pa" un pirulí.

-Digo yo, que creo que quería volver conmigo.

¿Por qué me dejaría sus dineros

estando como estaba, amancebada con el mulato?

-Porque murió de repente y no le dio tiempo a cambiar el testamento.

Pero no vamos a hablar de cosas de hace diez años.

(Timbre)

-Buenos días.

He traído esto "pa" mi suegro.

"Cuidao", que quema. -Salió esta mañana y no ha vuelto.

-¿Son callos? Qué rico.

-Callos que no son "pa" usted, tragaldabas.

-Déjelos "pa" él, que le pirran,

yo le tengo a usted unos "guardaos".

-Mira,...

mejor los quito de en medio, que así se acaban las tentaciones.

-Servando, ¿ha visto usted a don Felipe?

-No, pero dicen que se ha hecho una brecha en la frente.

-Pobre hombre. -Sí.

Si sigue bebiendo así, acabará mal.

Te lo digo yo, que tengo mucho mundo.

-Bueno, Lolita,

veo que las criadas vuelven a comprar en la mantequería.

-Alabado sea Dios,

ya se ha acabado el castigo de doña Susana.

Y dinero entra en la caja.

-Eso hace falta, que a los negocios de Acacias les vaya bien.

-¿Es que tienen problemas?

-No. Qué va, todo va viento en popa.

-Arrímese luego a por los callos.

-Allí estaré como un clavo.

Y me reservas una hogaza de pan para mojar.

(RÍEN)

He de entrar a por un encargo de tu padre.

Quédate aquí jugando, no te alejes.

¿Puedo ir a los jardines? No, te quedas aquí.

Hola.

Mira quién está aquí, don Mateo.

No soy don, todavía soy muy pequeño.

Ya lo serás.

Cuéntame, ¿has jugado con el barco de madera que te regalé?

Es que... se ha roto.

Pues tendré que regalarte un barco más grande.

¿Uno al que me pueda subir yo?

¿Qué tal un barco pirata?

¡Bien! Mi padre no podrá romper un barco pirata.

¿Fue tu padre quien lo rompió?

Sí. Cuando supo que me lo habías dado tú.

¿Por qué no le gustas?

Mateo,...

te dije que no te alejaras.

Solo hablábamos.

Ve hacia el portal, espérame allí.

A mí sí me gustas.

¡Mateo!

Y tú a mí.

Me lo está poniendo todo perdido con la sal y el agua bendita.

Y no sé si se puede fregar después de haber sido bendecida.

-No creo que esta noche se atrevan a molestar los espíritus,

se acabó la chipichanga.

-No me canso de repetirle que los espíritus no existen.

-No me seas esaboría,

que si yo hoy estoy atorrijá es porque anoche no me dejaron dormir.

¿A ti sí, Cinta?

-Yo he dormido de maravilla.

-Claro, porque los ruidos vienen de las cañerías.

No tiene que ver con el más allá,

bueno, sí, con el más allá de la pared.

Ha venido Jacinto a ajustar unos empalmes,

y ya verán como esta noche no hay ruidos que valgan.

-Arantxa tiene razón, seguro que los ruidos tienen una explicación.

-En todo caso, el agua bendita no le hace daño a nadie.

Ea, me voy a echar otra vez en la alcoba.

-Sí, señora, que igual tres veces no son suficientes con mojar la alcoba.

-Arantxa, esta noche me tienes que ayudar.

-¿A salir otra vez? Ni hablar.

-Solo un rato.

He dicho que no. -Chist.

¿Es que no quieres verme casada con Paco?

-Paco. Patxi, llámale Patxi.

-Es Patxi, de los Zarrabeitia,

de Lasarte.

Médico, un hombre vasco.

-Está bien, pero solo un rato.

-Antes de medianoche estoy en casa.

Eres la mejor amá de España.

-Medianoche, no, a las once en casa.

Te esperaré en el portal, que no quiero que tu madre se entere.

-De acuerdo.

-Anda, zalamera, más que zalamera.

Mañana me dices qué tal te han "salío" las lentejas

con este chorizo.

Se van a chupar los dedos hasta llegar a los nudillos.

-Buenas.

-Hola, mi amor. -Hola.

¿Qué tal tu día? -Muy bien.

Han venido "toas" las clientas que se habían ido

cuando Susana nos puso la cruz,

y alguna que no venía nunca, pero ha "escuchao" hablar de nosotros.

-Eso se merece un beso.

-¿Y tu día?

-No tan bien.

Cada vez son más las empresas que están importando cafeteras.

Cada una que vendo es un triunfo.

-Bueno, quizá haya que empezar a pensar en importar otros productos.

-Sí, a lo mejor.

Me gustaría poder debatir estas cosas con mi padre,

pero es que no quiere saber nada de negocios,

y antes de entrar en la cárcel eso era lo que llenaba su vida.

-Ya. Los negocios y Trini.

Ten paciencia, ya se centrará.

-¿Sabes lo que ha hecho hoy?

Le ha pedido a Emilio que no vendan alcohol a Felipe,

hasta se ha ofrecido a compensarles económicamente

por todo el alcohol que no vendan.

-Con lo que bebe Felipe, eso sería la ruina.

Es como una esponja.

-Menos mal que ni él ni doña Felicia piensan tomarle la palabra,

aunque están de acuerdo en intentar venderle menos alcohol.

-Menos mal.

-Con la mala relación que tienen, no sé como mi padre

se mete en estas cosas.

-Antoñito, tu padre es un gran hombre

y no se puede olvidar de la gran amistad que tuvo con Felipe,

bueno, y que ahora tiene un problema morrocotudo con el alcohol.

-Mi padre tiene que olvidarse de Felipe y de lo que ocurrió.

-¿Viéndose a diario? Imposible.

-¿Sabes cómo se olvidaría de todo mi padre?

-Enamorándose de una zagala bien graciosa y rica.

-Dudo que eso vaya a ocurrir.

Creo que somos nosotros los que tenemos que ayudarle.

-¿Cómo?

-Dándole un nieto con el que jugar.

-¿Estás proponiendo que encarguemos

un nieto "pa" tu padre?

Siempre dices que hay que esperar el momento.

-Tal vez haya llegado el momento.

-Sabes que me muero de ganas,

pero...

no creo que tengas razón.

Porque... tu padre tiene que recuperar

la relación con su hija, con Milagros.

Y solo entonces, nosotros podremos volver a hablar de esto.

-Tienes razón, como siempre.

¿Quiere tomar algo?

-No, muchas gracias.

Solo quiero interesarme por el estado de Felipe

y hacerle compañía.

-Tenga paciencia, está de muy mal humor.

Y le aseguro que su humor causa más quebranto

que la brecha de la frente.

Voy a buscarlo. -Gracias, Agustina.

-Hace tiempo que no relleno las botellas,...

las compro para mí

y las bebo directamente,

a morro, como los peones camineros.

-Sí, eso he oído, pero no seré yo quien malmeta en sus costumbres.

¿Cómo va esa brecha?

-No ha sido para tanto.

Es peor el dolor de cabeza de la resaca, que la propia herida.

-¿Puedo sentarme?

-Haga lo que quiera.

Agustina.

Llévese eso. -Sí, señor.

-¿Y bien?

-Solo quería interesarme por su estado.

-Comprobar que estoy vivo y que no me he roto la cabeza.

-Dígalo así, si quiere.

En el barrio nos preocupamos por su bienestar.

-Supongo que soy la comidilla de los vecinos.

-No se crea,

Genoveva y sus bailes en el balcón le hacen una seria competencia.

-Vaya,

ni es los dimes y diretes soy el primero.

Pues ya ha comprobado que estoy vivo,

así que, si me disculpa, puede abandonar mi casa.

-Don Felipe, no entiendo su actitud.

-¿No la entiende?

Entonces confirmo que no merece la pena que se la explique,

aun así lo intentaré.

El asesino de mi esposa está en libertad

y los vecinos lo tratan como si fuera el hijo pródigo

que vuelve a casa. ¿Le parece mal que no sea amable?

-Muchos creemos que don Ramón no la asesinó.

-A eso me refiero,

usted no lo cree y yo no tengo interés en seguir hablando.

Fuera de mi casa.

Felipe... -¡Fuera!

-Tranquilícese. -Es mi casa,

¡y nadie viene a decirme qué hacer o qué no hacer! ¡Fuera!

-Me voy,

pero si me necesita, no dude en hacerme llamar.

-Fuera.

Por la virgen de Untza que esta cría no me vuelve a engañar.

Ni Paquito, ni Patxi ni nada.

-Buenas noches, Arantxa. -Buenas noches.

-¿Necesita usted algo? -Nada.

-Es que la he visto entrar y salir varias veces.

Si le puedo ayudar, solo tiene que decírmelo.

-Muchas gracias. Esperando a Cinta.

Quedé en esperarla, pero parece que llega tarde.

-La acabo de ver camino del callejón.

Me pareció raro a esta hora. -Ah.

Le agradezco muchísimo, don Emilio. Buenas noches.

-Buenas noches.

Supongo que todavía reconocerá la letra de doña Lucía.

No hay engaño, la carta está escrita de su puño y letra

hace apenas unos minutos.

No lo creo,

sigo pensando que Mateo es mi hijo.

Lucía no sabe qué hacer para convencerle.

Me ha contado toda la historia.

¿Y cuál es?

Cuando usted desapareció,

Lucía quedó destrozada,

no quería seguir viviendo.

Doña Celia acababa de fallecer,

don Felipe estaba desolado, ella sola, abandonada,

arruinada.

Pensó en quitarse la vida.

Lucía no es una persona de la que yo tema que atente contra su vida.

No lo hizo, claro está.

En lugar de eso, decidió dedicar su vida a servir a los demás.

¿Hacerse monja? No.

Recuerde cuál era su relación desde esos tiempos

con las autoridades religiosas:

enamorada de un párroco,

estafada por un prior...

No, nada quería saber con la Iglesia.

¿Y entonces?

Se alistó de voluntaria como enfermera

en un hospital para desahuciados.

Allí conoció a don Eduardo,

un buen hombre que ayudaba en la administración.

Estaba tan sola y destrozada, que no tardó en caer en sus brazos.

Úrsula, por favor, dispénseme de los detalles.

Lo que me dice no explica los meses transcurridos entre mi marcha

y el nacimiento de Mateo.

La explicación es más simple de lo que parece,

aunque no sea lo que usted sospecha,

Mateo nació antes de tiempo.

Fue sietemesino,

por eso nadie sospechó en el barrio.

Entonces, entonces, Mateo no... No.

No es su hijo.

Usted no es su padre.

Tiene que aceptar la realidad,

y también que Lucía es una mujer casada,

pero con otro hombre, y eso no va a cambiar.

Don Telmo, es hora de comenzar una nueva vida.

Tenga.

¿Qué es?

Ábralo.

No entiendo qué es esto.

Son unos billetes de barco a La Palma.

Su padre era de allí.

Tómelo como una vuelta a los orígenes.

Yo nunca he estado en La Palma desde niño.

Se acaba de crear el cabildo de La Palma,

se busca gente cualificada,

será fácil encontrar trabajo en la administración,

trabajo bien remunerado.

¿Por qué dos billetes?

Si a usted le parece bien,

yo iré con usted.

Le cuidaré, sabe que le quiero como una madre,

no le faltará de nada.

Si de verdad quiere a Lucía,

lo mejor que puede hacer es alejarse de ella.

Quién sabe si allí, en La Palma,

encontrará usted a la mujer con la que compartir su vida.

Señora, no ha comido nada. ¿La sopa no está a su gusto?

-No es eso, es que no me apetece.

-¿Le traigo otra cosa? No, no hace falta.

Carmen, seguro que mi esposa se despierta mañana con hambre.

Puedes subir al altillo.

No me importa dejarles algo preparado.

Lo único que queremos es quedarnos solos,

si eres tan amable.

Lo que deseen. Buenas noches entonces.

-Buenas noches, Carmen.

¿Tanto aprecio sientes por Susana y Rosina,

que te han quitado el apetito?

¿"Aprecio"?

Me parecen dos mujeres insoportables.

Entonces, ¿por qué estás así?

He hecho todo lo posible por ser como ellas,

y en un descuido, todo el esfuerzo se ha ido por el desagüe.

¿Y quién te ha dicho que yo quiera que seas como ellas?

Tú querías que yo fuera una señora más de Acacias.

Sí, pero no como ellas.

¿Cómo voy a querer que te parezcas a ese par de cacatúas?

¿Me prefieres como soy?

Claro que sí.

A mí me gusta que me bailes como hiciste ayer.

¿Te las imaginas a ellas bailando así?

(RÍE)

No creo que se quiten la ropa ni para bañarse.

Me encanta que te quites la ropa para mí.

¿Ah, sí?

No hay nada que me guste más.

¿Quieren guerra?

La van a tener.

Por nosotros.

Ni Lucía me quiere cerca

ni Mateo es mi hijo como yo creía.

No tiene sentido alguno que permanezca en estas calles.

Desvergonzada, disfruta provocándonos.

-Tal vez no se ha dado cuenta de que la estamos mirando.

-Qué ingenuo eres, Liberto.

¿Ha pasado algo?

A poco se ha montado la de Dios es Cristo.

La señora Alday se ha metido con todas las señoras.

Ha habido heridos.

-Desde niña siento una cosa irrefrenable

por el cante y el baile. He venido a la ciudad

para hacerme un hueco en el mundillo.

-En cuanto tu madre se entere de tus intenciones, te mata.

-No, he estado jugando solo.

-¿Seguro?

¿No habrás estado con ese hombre, con Telmo?

-"¿Si recibe correspondencia" del internado me la puede dar a mí

antes que a mis padres?

-Mira, Mari Belli, tenemos carta del internado.

Si antes me quejo, antes nos hacen caso.

Esto va a ser que se ha acabado la cuarentena.

-Con lo que hizo, no lo va a tener sencillo, bastante que esté libre.

-No, Agustina, se equivoca,

don Ramón no mató a doña Celia.

-Podría haberte matado, no sé cómo no está en prisión.

-Temple, que solo fue un accidente.

-No te preocupes, querida amiga,

que ya me encargaré personalmente

de que esa mujer no se vaya de rositas.

-Suerte tenemos de que haya salido tan estudiosa.

Pronto estará será la esposa de un diplomático.

Qué orgullosa estoy de que no haya seguido nuestros pasos.

-Bajábamos del altillo cuando hemos oído un estruendo

procedente de... la casa de don Felipe.

-Hemos llamado, pero nadie responde.

-¿Has escuchado ese ruido, José?,

ha sonado como un golpe a lo lejos.

-No sé quién da más guerra, si los fantasmas o los vecinos.

Felipe, soy yo, Ramón.

¿Se encuentra usted bien? ¿Le ha ocurrido algo?

Felipe, contésteme, se lo ruego.

-En la puerta hay dos guardias que vienen a detener a la señora.

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Acacias 38 - Capítulo 974

20 mar 2019

Cinta consigue engañar a Arantxa para escaparse de casa. Arantxa la regaña por mentir a sus padres. Cinta intercepta una carta del internado para que no llegue a sus padres y la rompe. Arantxa descubre que Cinta se ve con un hombre misterioso.
Eduardo amenaza a Lucía para que no se vea con Telmo.
Ramón pide a Emilio que se abstenga de vender alcohol a Felipe. Liberto intenta hablar con el abogado, pero este le echa de casa.
Úrsula pide a Telmo que no se acerque más a Mateo y que se marche de Acacias por el bien de todos.

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  1. Saro

    Audiencia de este capítulo: 943.000 espectadores y una cuota de pantalla de 9,6%.

    21 mar 2019
  2. Mabi

    De a poco nos vamos enterando como llegaron, por ejemplo Fabiana y Servando a poder ser dueños de la pensión, que Mateo es hijo de Telmo y que seguramente ( esto aún no nos lo contaron ) Eduardo a cambio de algo ? se hizo cargo del embarazo de Lucïa .Que salero y buen decir tiene Manuel Bandera!!!!! como me gustan las escenas entre ël y Arantxa, su criada, hoy al describir a la Señora Alday, Jose le ha dado el tono justo al acento Porteño...es una Mina Reeelinda !!! ( aunque no estoy segura de que en aquella época se dijera el reelinda...) no importa, por suerte están los Dominguez para refrescar tantos dramas, habladurías y metomentodo que ya cansan tanto Susana, Rosina y Felicia.

    21 mar 2019
  3. marga

    Sí, una postura muy egoísta, la de esa chica. Eso, en LA REALIDAD..., el verdadero padre del niño, no se lo perdonaría nunca. Muchas consideraciones con el tirano del falso padre y con el padre verdadero... ninguna. Y la que va de " madre"..., menuda madre, cómplice de la injusticia (ya la segunda, la primera cuando fue acusado y no fue escuchado) que se está cometiendo contra él. La trama de los Domínguez..., algo aburrible.

    20 mar 2019
  4. Gema

    Se echa de menos la calidad interpretativa de los anteriores actores. Algunos dejan mucho que desear. Sin embargo única que se salva es la vasca que es genial.

    20 mar 2019
  5. Saro

    La actitud de Lucía me saca de quicio, ver cómo se somete a lo que le ordena Eduardo con esa actitud de esclava pero que si sabe sacar el genio para hablarle al "supuesto" amor de su vida. En el fondo, se merece lo que le está pasando porque, hasta Ursula, quería decirle la verdad a Telmo ya que "tiene derecho a saber que Mateo es hijo suyo" ... "tal vez aún no esté todo roto"; pero, la insistencia de Lucía, porque no puede "manchar el nombre de Eduardo" ... "si Telmo no se hubiera marchado"; pero, si fue ella quien lo apartó de su lado, ni siquiera le dio el beneficio de la duda, ni le permitió que se explicara. Las escenas de Mateo y Telmo son tan bonitas y tan tiernas que, cuando las veo, más me irrita la actitud de Lucía. Ramón cada día demuestra el gran corazón que tiene, sigue muy preocupado por Felipe, a pesar de cómo lo trata, aunque creo que, hasta que no confiese qué pasó con Celia, no van a volver las aguas a su cauce. Felipe sigue demasiado descontrolado, pero el colmo ha sido el trato que le ha dado a Liberto, que no se merecía ser tratado de esa forma. Siguen sin gustarme ni Susana ni Felicia y Rosina está al borde de formar un trío con ellas porque, por más que lo espero, ya no veo a la pareja que me "enamoró" desde el principio sino a una Rosina, cada vez más cotilla, entrometida y zampabollos, siempre unida a alguien que no es Liberto, antes era su hija y ahora son las "cotillas". A la pareja, como tal, casi ha desaparecido.

    20 mar 2019