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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 972 - ver ahora
Transcripción completa

¿Cuántos años tienes?

Nueve. ¿Cuándo es tu cumpleaños?

En octubre, el 19.

-No ha de tratar de caerle en gracia a todo el mundo,

con ganarse a doña Rosina y Susana, tiene la mitad del camino hecho.

-Esas dos tienen gran ascendiente sobre las demás.

-Que sepas que desde hoy, Casilda volverá a comprar en la mantequería

como si nada hubiera ocurrido, ¿me oyes?

-De eso nada.

-Yo creo que ustedes se están precipitando un poco con la venta,

tanto la vivienda como el barrio son de lo más acogedor.

-Si no te quito razón,...

lástima que acoja también almas en pena.

-Los jamones y la chacina me aguantan, pero lo fresco

se me va a echar a perder, por no hablar del pan,

que hoy ni he ido a recogerlo al obrador.

-Bueno, tú no te desesperes, que ya mismo le entra a la sastra

cargo de conciencia y te levanta la veda.

-Ojalá Dios le escuche.

-Dicen que hay un hombre que expulsa a los malos espíritus,

como hizo Jesucristo con los mercaderes.

-Eso puede ser una solución, ¿no, Mari Belli?

-Callar es lo mejor. -¿Lo mejor para quién, padre?

Para Felipe,... que puede tener a alguien a quien odiar,

o para doña Susana, que puede demostrar su rectitud.

No es lo mejor para Lolita ni para nosotros.

Si extiende falsos rumores sobre mi señora,

don Eduardo tomará cartas en el asunto

y no le arriendo la ganancia.

Para ambos, su matrimonio es lo más importante.

-Pero verte con un hombre, te ves.

-Mira, cansino, el hombre al que te refieres es amigo de la familia,

¿satisfecho?

Tengo que marcharme.

-Con Dios.

-Señora, han traído esto para usted. Han insistido

en que se la diera en mano.

¿Por qué se casó? ¿Por qué con tanta prisa?

¿Tuvo que ver con su embarazo, con Mateo?

Está usted viendo gigantes donde solo hay molinos.

No lo creo.

Todas sus preguntas no son más que especulaciones vacuas.

He hablado con Mateo, y sé que cumple 10 años en octubre.

¿Cuánto lleva casada Lucía?

No vaya por ahí. ¡Explíquemelo!

Las cuentas no me cuadran.

Cuando usted se marchó,... Lucía estaba rota,...

y don Eduardo apareció en el mejor momento.

Le lamió las heridas,... le ayudó a olvidar.

Fue su bastión,...

su paño de lágrimas.

Se enamoraron y se casaron a las pocas semanas.

Las cuentas siguen sin cuadrarme.

Los dos sabemos que hay algo más y que Lucía oculta algo.

En eso tiene usted razón, pero no es lo que piensa.

Lucía se casó embarazada,...

pero de don Eduardo.

El señor y ella tuvieron sus más y sus menos

antes de pasar por el altar. Ese es el único secreto...

que doña Lucía guarda.

Ella misma me lo reconoció una vez.

¿Qué suponía usted que iba a pasar?

Se fue de repente,... desapareció de un día a otro.

Tenía que alejarme de todo esto. ¿Y marchar hasta África?

¿Allí, tan lejos?

Hasta pensé que había muerto en esas tierras salvajes.

Tenía que poner tierra de por medio, y cuanta más, mejor.

Tenía el corazón roto por todo lo que había pasado.

Usted marchó y olvidó, ella tuvo que quedarse, y también olvidar.

No la culpe por eso.

No.

No lo hago.

Úrsula, pero ¿por qué, con ese hombre gris?

No la hace feliz. Eso es lo que usted cree.

Doña Lucía es muy feliz.

No sonríe, no tiene luz,

¿por qué dejó que se casara con él? Debía cuidarla.

¡Y lo hice!

¡Cuando se fue, estaba totalmente hundida

y don Eduardo la sacó de ese agujero negro!

Cuando él apareció, yo me alegré por ella.

Tiene usted que dejarles vivir en paz.

Lo haría si supiera que iba a estar bien.

Don Telmo, se lo ruego.

Lucía no ama a ese hombre,

ni es feliz con esa vida.

Voy a averiguar por qué sigue ahí,

aunque sea lo último que haga por ella.

(Sintonía de "Acacias 38")

-Carmen, ¿cómo era el mozo que le dio la carta?

-Un mozo moreno,

de estatura mediana, poco más.

-¿Con la piel muy blanca y algo pecoso?

-Sí, señora.

Carmen, puedes retirarte.

¿Es del mismo mozo al que enviaste el dinero para Marlene?

Intuyo que la carta viene de sus manos.

Así es.

Me alegra saber que el muchacho pudo ir y regresar

sin sufrir ningún percance.

¿Qué dice la carta? Dice que están sanas y salvas.

Me agradece el dinero y me pide que no me preocupe,

dice que nadie más que ellas ha visto al mozo.

Dice que gracias a ese dinero han podido salir de la cárcel,

porque ellos las habían dejado tiradas.

Entonces, creo que podemos respirar tranquilos.

Pero, mi amor,... que esto te sirva de escarmiento.

Has de tener un poco más de cuidado.

Lo sé, y te prometo que lo tendré de ahora en adelante.

Siento haberme precipitado enviando ese dinero

sin tomar las precauciones necesarias.

No te atormentes, el peligro ya ha pasado

y eso es lo único que importa.

Y he podido ayudar a Marlene y al resto de chicas.

¿Podemos, entonces, relajarnos y empezar nuestra nueva vida?

Pero de verdad, no puedes seguir con tanta tensión,

con la cabeza más allí que aquí.

Lo sé.

¿Vas a hacer un esfuerzo por integrarte en el barrio?

Te lo prometo.

Carmen.

-Señora.

-¿Cómo era eso de que a doña Rosina se la ganaba con bombones y champán?

-Pues tal cual lo ha dicho usted.

-Pues habrá que comprar la mejor de las botellas

y el chocolate más exquisito.

Y respecto a doña Susana, ¿ha pensado cómo se la gana una?

-Algo se me ha ocurrido.

-¿Ha pensado lo que hablamos ayer sobre su riña con Lolita?

-Ay, hijo, refréscame la memoria, que una tiene una edad

y no recuerda ni lo que ha desayunado.

-Fruslerías, está hecha una mozalbeta, y sé perfectamente

que se acuerda de lo que hablamos ayer

sobre aflojar un poco con ella.

-Ah, eso. -Sí, eso.

¿Cree usted que podrá templar un poco los ánimos y hacer un intento

de arreglar las cosas? -Eh... sí, podría,

pero todavía lo estoy pensando.

-¿Y qué se tiene que pensar?

-Si la perdono o no.

No me sentó nada bien lo que me dijo.

Me echó de su tienducha de malas maneras.

-Y seguro que usted comprende que eso fue fruto de un error.

-Una insolencia es lo que fue.

-Sí, fruto de la tensión y nervios del momento,

nada que no se pueda solucionar hablando.

-Ay, hablar, hablar es lo que nos ha llevado hasta aquí.

-Además,... usted es una mujer comprensiva,

caritativa, bondadosa, y con un corazón generoso y grande,

muy grande, por no decir que es una señora

que está por encima de todas esas nimiedades.

-¿Me estás dando jabón, Liberto?

-En absoluto, simplemente digo lo que pienso, nada más.

Es más, con el corazón en la mano se lo digo,

¿o acaso no es usted todo lo que le digo?

-Una buena cristiana sí soy,

y bondadosa, las cosas como son.

-Entonces,... ¿va a hacer un poder por arreglar las cosas con Lolita?

-Sí, lo haré,...

pero con una condición:

que sea ella la que viene primero a pedirme perdón.

Y si lo hace,... pues la perdonaría.

-Buenos días, doña Luisa.

-Con Dios.

Buenos días, don Ramón.

-Buenos días, Marcelina. ¿Me da El Adelantado, por favor?

-Claro.

-¿Qué ocurre, madre? -Espero que no venga hacia aquí.

-Lo que no sé es cómo podría evitarlo usted.

-Ese es el problema, que no podría.

Y que se sentara aquí nos daría problemas.

¿Qué van a pensar el resto de los vecinos

si atendemos a ese hombre? -¿Que somos educados,

que tenemos un negocio, a lo mejor?

-No, hijo, que damos coba y apoyo a un asesino.

-A un hombre libre, madre, eso es lo único que nosotros sabemos,

que no estábamos aquí hace 10 años cuando todo eso pasó.

-Buenos días. -Buenos días.

Vaya por Dios. -Temple los nervios, madre.

Usted no se apure, yo le atenderé.

-Buenos días, ¿qué va a tomar? -Un café, por favor.

-¿Ha visto algo?

¿Percibe usted algún muerto?

-No le distraigas ni una miguita, José Miguel Domínguez,

chitón hasta que limpie la casa.

Ozú.

¿Ya ha terminado la limpia?

-Le acompaño a la puerta y me dice qué le debo.

-Anoche te vi con el muchacho ese.

-¿Qué muchacho?

-Con el del Siglo XX, no te hagas la tonta, que no te pega.

-Si solo le saludé. -Pues el saludo dio para rato,

y rato largo, ya hablaremos tú y yo.

-Qué brío se ha dado el curandero.

-Él sabrá lo que se tarda en estas cosas.

-Para mí que no ha limpiado bien y se ha dejado todo esto

llenito de espíritus. -¿A qué la duda, mi vida?

-A que lo percibo,... lo siento,...

me viene un aire.

-Señora, ¿y no serán gases?

-O la ventana, que de tanto limpiar se la ha dejado abierta.

-Son los efluvios fantasmales, lo sé.

Este era un vago y se ha ido sin terminar la faena.

-Madre, temple, que solo es sugestión y miedo.

Verá como el invento este funciona y en unos días no siente nada.

-Se ha dejado esto:

la sal y agua bendita,

por si acontecen otros fenómenos de la ultratumba.

-Pero ¿qué va a acontecer? Si esto está ya bien limpio.

-Limpio estaba antes, pero con lo que ha "echao" este.

¡Ay! -Cuidado, que te esmorras.

-Bien limpio, dice. -Tata, ¿estás bien?

-¿Cómo no me voy a resbalar, con lo que ha "echao"?

También parte de torpeza...

-Ni tu torpeza ni tu torpeza, ha sido un espíritu malaje.

-No exagere, que esas cosas pasan todos los días.

-Y sobre todo en las noches,

que es cuando salen los espíritus a dar tormento.

Ay, Jose, llama a ese señor otra vez

y que vuelva a darle un repaso de inmediato,...

pero que relimpie bien.

-Si me ha "echao" sal en el catavinos,

el Buffalo Bill este.

-Buenos días, don Ramón. -Buenos días.

-¿Qué, ha leído el artículo sobre la estación de ferrocarril

en Nueva York?

-Todo un hito del progreso. -Dicen que va a ser

la más grande del mundo. Gran Central, se llama.

Desde luego, daría mi mano derecha por estar allí y poder verlo.

¿Permite? -Por supuesto.

-¿Desea tomar algo, don Liberto? -Pues sí, uno solo corto,

y sin azúcar, por favor. -Ahora mismo se lo traigo.

-Gracias.

Pues nada, parece que se ha quedado una muy buena mañana, ¿eh?

He salido a dar un paseo con mi tía y me sobraba hasta la chaqueta.

¿Cómo se encuentran sus hijas, don Ramón?

Porque... imagino que Milagros

tiene que ser ya toda una mujer. -Eso parece por sus cartas.

Dice María Luisa que es muy buena estudiante, lista y curiosa.

-Ha salido al padre, entonces.

-Bueno, su madre tampoco andaba corta en eso.

Ni de belleza tampoco, eso lo ha heredado enterito de su madre.

Y la música también,

está empezando a estudiar violín, y creo que no se le da nada mal.

Muchas gracias, Liberto.

-¿Gracias por qué?

-Por el apoyo que me está prestando,

es muy importante para mí en estos momentos.

-Sinceramente, no sé de lo que me habla.

A mí tan solo me apetecía tomar un café

y comentar la prensa con un buen amigo.

-"Les agradezco"

que hayan aceptado.

-Nos ha sorprendido, las cosas como son.

¿Y bien, qué podemos hacer por usted?

-Antes de entrar en faena, les tengo preparado un detallito.

Carmen.

-¿Es esto champán?

-Y un poco de caviar,

que no vamos a ponernos a beber sin echarnos algo al coleto.

-Caviar de verdad.

-Y de la mejor calidad. Viví en Rusia y me aficioné a él.

-Pues que Dios le bendiga por ello. (RÍE)

-Señora, ¿desea algo más?

-No, gracias, Carmen, puede retirarse.

-Bueno, con estos manjares,

puede invitarme las veces que quiera.

-Templa, Rosina, que aún no sabemos qué hay detrás

de tanto agasajamiento.

Porque supongo que quiere pedirnos algo.

-Así es.

-¿Lo ves, Rosina? Soy toda oídos.

-Necesito su experiencia. -¿Perdón?

-En cuanto a normas de vestir.

He percibido que mi forma de vestir no es del todo...

-¿Decente?

-Acorde con el estilo de este barrio.

-Desde luego,

lo que lleva usted habitualmente no suele verse por estos lares.

-Bueno, la verdad es que llevo mucho tiempo en el extranjero

y quizás necesite algunos consejos. -Bien sabe Dios que así es.

-Y qué mejor ayuda que la de una de las mejores sastras de esta ciudad.

Usted.

-Todavía no nos ha explicado qué quiere de nosotras.

-Me gustaría que me acompañaran a una tienda a escoger unas telas.

-Bueno,... eh...

Para vestir bien hay que gastarse dinero.

¿En qué tipo de telas está pensando?

-Había pensado... sedas, brocados, terciopelos.

-Desde luego, esas telas son de excelentes calidades.

-Me gustaría hacerme un par de vestidos, y me ayudaría mucho

ir de su mano desde la compra de las telas

hasta el diseño de los patrones y el resultado final.

-Bueno, si es por una buena causa, que sin duda esta lo es,

por supuesto,...

puede contar con mi ayuda.

-Y con la mía. Dos opiniones mejor que una.

-Fenomenal.

¿Qué les parece si nos viéramos mañana a la misma hora?

-Mañana quedamos, eso sí,

antes tomaremos otro refrigerio de estos, ¿verdad?

¿Más caviar tiene?

-Sí, por supuesto. Carmen.

-Dígame, señora.

-Un poco más de caviar, por favor.

No entiendo tu insistencia en bajar a la calle.

Quería pasear con mi esposa.

Tu esposa tenía miles de cosas que hacer en casa,

y a ti no te gusta pasear. Sin embargo, he de hacerlo,

por el bien de todos.

¿De todos?

Debemos cuidar las relaciones con los vecinos.

Sobre todo, después de la mala fama

que don Felipe está dando a la familia.

Hemos de dejarnos ver,

que se vea que somos un matrimonio decente y feliz,

que no tenemos nada que ver con las actitudes de tu primo.

Y deja ya de quejarte.

-Muy buenos días, pareja.

¿Qué, de paseo?

-Mi esposa, que insistía en bajar.

Soy un hombre blando

y no he podido negarme a sus deseos.

No hay nada que me haga más feliz que verla feliz a ella.

-Le entiendo, a mí me ocurre lo mismo con mi esposa,

solo que en el caso de Rosina, si no se cumple sus deseos,

monta en cólera, así que es mejor darle el gusto cuanto antes.

¿Puedo ir al quiosco a comprar una revista?

Ve, pero no tardes, querida.

Lucía, tenemos que hablar. No, márchate.

No, escúchame.

Estoy con mi esposo. ¿Por qué me acosas?

(TOSE)

¿Qué hace hablando con mi esposa?

¿No le quedó claro lo que le dije?

Quizás su esposa no opine lo mismo.

No se confunda, mi esposa opina lo mismo que yo.

No quiero verle cerca de su familia. Estoy en un lugar público,

no hago mal a nadie.

Me molesta a mí, entérese, así que váyase por dónde ha venido.

(TOSE) ¿Y si no qué?

¿Voy a tener que usar otros métodos para hacérselo entender?

No, no será necesario.

(TOSE) Eduardo, ¿estás bien?

Mira lo que has conseguido. Eso te pasa por dejarme solo.

(TOSE) Vámonos a casa.

(TOSE)

Y esto.

Ahí está.

Un kilo de alubias me había dicho, ¿a que sí?

-(ASIENTE) -Ea.

"Pos" ya estaría "to". Ay, no, la botellita de vinagre.

Sí.

Uy.

Aquí arriba tenía que estar. ¡Ay, la madre que te parió!

-(RÍE) -Perdón, que se me ha "escapao".

Pues con esto y un bizcocho... Lo apunto en la cuenta de su madre.

Ahora mando al mancebo.

Le acompaño.

A más ver.

Ay.

-¿Y esa sonrisa?

-Se acaba de ir la chica del restaurante.

-Sí, sí, la he visto.

-Pues no es que hable mucho, pero... me cae bien.

¿Y tú, de dónde vienes? -De hacer recados.

¿Sabes que mi padre ha estado un buen rato sentado ahí,

en la terraza del restaurante?

-Anda ya.

-Leyendo el periódico y dejándose ver.

Y yo, ya me conoces.

-"Escondío" y "agazapao" por si le pasa algo, salir en su defensa.

-Tal cual, pero no ha sido necesario,

todo ha transcurrido de una forma normal.

-"Pos" amén a eso. -Sí, hasta Liberto

se ha acercado y ha estado un rato charlando con él.

-Si es que... el señor de la Casilda es más bonico,

más que el arroz con leche. "Pos" me alegro de que tu padre

haya cogido el toro por los cuernos.

-Ya era hora que reivindicara su derecho a vivir en este barrio.

-"Pos" sí, porque es tan de ellos como nuestro.

¿Volverán a ser como antes?

-No lo sé, imagino que sí.

Poco a poco la gente irá olvidando y aprendiendo a perdonar.

Tampoco se puede odiar a alguien eternamente, ¿no?

-Todos menos don Felipe.

Ese no está dispuesto a olvidar,

y aún menos a perdonar, te lo digo yo que intenté hablar con él.

-¿Qué?

-Eh... -¿Cuándo?

-El otro día, cuando lo de la tienda, cuando perdió el oremus.

Fui a su casa. -Pero ¿por qué haces eso?

-Bueno, no sé, "pa" templar. -Que no, no quiero que hagas eso.

Felipe está lleno de odio hacia nosotros,

no sabemos por dónde puede salir.

-Pero antes no era así.

-Yo no sé cómo era antes, sé cómo es ahora,

y lo único que puede hacernos es daño.

Prométeme que no vas a volver a acercarte a él.

-Si yo lo único que quiero es vivir mi vida tranquila,

y sin tener más problemas con nadie.

Ha venido don Liberto a pedirme que hable con su tía,

dice que si le pido perdón, hace borrón y cuenta nueva.

-Bueno, le habrás pedido perdón.

-Quía. -Lolita.

-Es ella la que tiene que venir a pedirme perdón.

Fue ella la que entró a malmeter y a hurgar en la herida.

Que sí. Que ya, que ya lo sé, que "pa" qué.

Vaya.

Ay. Iré, iré

y le pediré perdón

y le bailaré una jota si hace falta a esa mujer,

que lo hago por tu padre... y "pa" normalizar las cosas,...

no porque esa mujer tenga razón, que conste.

-Gracias.

-¿Cree usted que le estará yendo bien al Cesáreo

por esos barrios? -Espero,

¿por qué le tendría que estar yendo mal?

-Porque esos barrios son menos lustrosos que este,

que por ahí hay mucho maleante.

-Anda, sube. -Sí.

-Mira, más faena tendrá y más "atareao" estará,

que tampoco le viene mal. Toma.

Ahí va.

Con cuidadito.

-Y... ahí está.

Por cierto,...

¿sabe que vi a doña Rosina, doña Susana y doña Genoveva

salir juntas del 38? -Pero ¿juntas, juntas?

-Como si fueran amigas de "toa" la vida.

-Esa mujer me hace ruido con las otras dos.

-Como el agua y el aceite son. ¿"Ande" irían?

-Yo qué sé.

-¿Cree que don Samuel y doña Genoveva

tienen "pensao" tener criaturas? -¿A qué la pregunta, Marcelina?

-Doña Genoveva ya no es una mozuela. -Mujer, vieja tampoco es.

-Bueno.

-Tú estás pensando más en ti que en ella.

¿Tú y tu Jacinto todavía lo seguís intentando?

-Intentarlo es lo único que hacemos, "señá" Fabiana,

y usted no sabe lo mucho y lo bien que lo intenta mi Jacinto,

pero "na".

-Muy buenos días por la mañana. ¿Molesto?

-No, qué va, señorita. -Venía buscando a Arantxa,

¿la han visto? -Desde esta mañana no.

Y aquí tampoco está, porque llevamos un buen rato y no ha "pasao".

-Pues juraría que la había visto subir.

Me habré confundido.

Bueno, ya que estoy, me quedo y le damos al pico.

O sea, conversamos. ¿Qué hacen?

-Mire, colocando unas cortinas,

a ver si le damos un poquito de calor a este agujero.

Me alegro enormemente de que sus padres hayan decidido quedarse

en el barrio. -Y yo, ¿no te amuela?

Quiero decir, que estoy muy dichosa también.

Me encanta el barrio, los vecinos son tan amables

y salerosos,

menos ese tan... estirado del restaurante.

-¿Emilio, el hijo de doña Felicia?

-Un cantamañanas y un petimetre.

En fin, con su pan se lo coma.

Me interesa saber lo que piensan las vecinas de mi madre,

¿les cae bien?

-Yo creo que están encantadas. -Al principio,

como que no, pero luego, como que sí.

-En la fiesta de bienvenida que hicieron,

ahí se los ganaron a "tos", por su cante y su baile,

por eso fue.

-Son ustedes muy admiradoras de ella, ¿no?

-Es que su madre tiene mucho arte. -Mucho, mucho,

que "to" el cante se le da bien.

-Bueno, y a ustedes ¿qué les gusta más, la seguidilla o la soleá?

-La soleá, señorita, la soleá.

-¿Y entre las bulerías, el fandango y las sevillanas?

-Las sevillanas, las sevillanas. -O sea, que estamos...

¿Qué son más, de palmas o de taconeo?

-"Pa" ser una señorita "criá" en un "internao",

sabe mucho de los cantes flamencos de la calle.

-Porque de casta le viene al galgo,

Marcelina, o eso dicen.

Desde chica lo habrá "mamao" la muchacha.

-Las cosas como son, igual que yo he "mamao" la faena,

usted ha "mamao" el arte.

¿Y va seguir los pasos de su madre?

-Pues... no. -Pues es una pena.

-Una pena muy grande, sí señor.

-Aquí tienen la carta.

Les recomiendo el lenguado al champán o codornices escabechadas.

-(ESCUPE)

¿Algún problema, don Felipe?

-El vino que me has servido. -¿Qué ocurre?

-Que no está bueno. -Disculpe, enseguida le traigo otro.

-Sin embargo, me ha servido este aguachirle.

Debería estar más atenta de lo que sirve a sus clientes.

-¿Ocurre algo, madre?

-El vino no es del gusto de don Felipe,

¿serías tan amable de ponerle otro?

-Y asegúrese que no es como la basura que me ha puesto antes.

-Nuestros caldos son de gran calidad, don Felipe,

puede que alguna botella...

-¿Me estás llamando mentiroso?

¡¿Este es el trato que dan a sus clientes?!

Esto es una vergüenza.

-No hace falta ponerse así.

Enseguida le traemos otra copa de vino.

-Tranquila,... vayan a servir su bazofia a otro.

-¿Está usted bien, madre? -Sí, hijo.

Para no gustarle el vino, se ha bebido casi media botella.

-Un día vamos a tener un disgusto con este hombre,

pero no veo la forma de prohibirle la entrada al local.

-Eso sería más perjudicial, montaría en cólera.

-¿Aún más?

-No nos queda más remedio que aguantar sus desplantes

y su malhumor y rezar para que la sangre no llegue al río.

Por favor, encárgate de recoger todo esto.

(Guitarra)

-Otra vez este brebaje. -Se llama té.

-Ya lo sé que se llama té, pero yo quiero un vino.

Fino, bien fresquito, y un poquito de jamón, que es hora de merendar.

-Lo que usted quiere, no sé, lo que sé es lo que va a tomar:

té con pastas, que es lo que he "preparao".

-Ozú, qué carácter.

(Ruido)

-Ahí están otra vez.

-¿Quiénes? -¿A quién va a ser?

A las ánimas benditas del purgatorio.

-¿Por qué, por el golpe, dice? -Están alteradas, nerviosas,

creo que tienen una cuenta pendiente.

-Sí, sí, tienen una cuenta pendiente: alicatar el baño.

-¿Perdón?

-Que el golpe no lo han "dao" los fantasmas, sino unos albañiles

del edificio de al "lao".

-Ah, paparruchas, ¿cómo sabes tú eso?

-Porque les he visto entrar en el edificio

hace un rato, y con estos ojitos,

que es más de lo que usted puede decir.

-¿Te crees más lista que los ratones coloraos?

-Una es observadora, al menos.

-¿Qué ha pasado ahí? -¿Qué ha "pasao" de qué?

-Ese jarrón no estaba ahí,

se ha movido de su sitio,... solo.

-No, solo no, que lo mío me ha "costao",

que no saben ustedes lo que pesa la peana esta.

-¿Lo has movido tú? -Esta mañana, pues, claro.

No me diga que ahí no luce mucho más bonito.

-Jose Miguel, el agua bendita, ¿dónde está?

-Yo qué sé dónde está el agua bendita.

-Ay, encima del aparador la he "dejao", ahí, ahora,

no he "tirao" de milagro, ¿eh?

-Lagarto, lagarto. -Por favor le pido, señora.

-Dios bendiga... -Ay.

-...la casa y la Virgen de la Cinta, todos los que moramos dentro.

-Ay, omá. -La guitarra, la guitarra, por Dios.

-Señora, llevo toda la mañana limpiando

y ahora me lo pone todo hecho unos zorros.

-¿Y qué hago? Tendré que sacar a los fantasmas.

-Lo que tiene que hacer es recuperar la cordura, le pido,

que esto son cuentos chinos. -Hombre, se empieza pensando

que son tontadas y se acaba con el demonio dentro y hablando latín.

Tú también, que hablas muy raro. -Bueno.

Por favor.

(Guitarra)

-¿Buenas noticias? -¿Cómo?

-La carta, digo, de su hija. -Ah, sí.

Ha vuelto a escribirme.

La leí anoche cuando me llegó, pero ahora estoy leyéndola otra vez.

-Sé a lo que se refiere.

Parece que uno no se cansa nunca de saber de un hijo.

-Nunca.

Cuando leo sus pensamientos, me gusta imaginarme cómo será su voz,

su risa, su sonrisa.

-Pero no se calle, siga, por favor.

-¿Sabes que está empezando a estudiar violín

y, por lo que parece, se le da a las mil maravillas?

-Debe ser ya toda una señorita. -Diez años, imagínate.

-¿Por qué no va a verla?

-No sabes cómo me gustaría hacer eso, incluso traerla aquí

para que viviera conmigo.

-¿Y por qué no lo hace?

-Porque eso sería enfrentarme con el recuerdo de Trini y creo que aún

necesito un poco más de tiempo para ello.

-Entiendo.

-Cuando me la imagino, pienso que tendrá la misma sonrisa que Trini,

esa salerosa manera de moverse, ese desparpajo y alegría,

y también su mal genio, que no olvidemos que era una mujer

de armas tomar,

supongo que te acuerdas. -Sí.

-No sabes cómo se puso cuando me negué a dar el pregón

de las fiestas de Cabrahígo. Una cosa era decir unas palabras

y otra, recibir huevazos en la cara como un pelele de feria.

Pues hasta que no lo consiguió, no dejó de insistirme.

Era capaz de hacer cualquier cosa para salirse con la suya.

-Ya.

-¿Todo bien?

Buenas tardes, doña Susana, ¿quiere tomar una tisana?

-No, solo pasaba a saludarla.

-Me pareció verla antes con doña Genoveva.

-Vio usted bien.

Habíamos estado en su casa tomando un refrigerio

y salimos juntas.

-¿Usted en casa de doña Genoveva tomando un refrigerio?

-Como lo oye,

y le diré que pasé un rato más que agradable.

En primer lugar, iba más recatada que nunca,

y en segundo, fue amable y correcta.

-¿De veras? Me alegra oírle decir eso.

-A lo mejor nos equivocamos con ella

y no es tan vulgar y chabacana como pensábamos.

Le diré que tiene buen gusto para las telas.

-Parece que están empezando a hacer buenas migas.

-Bueno, yo no diría tanto, pero es bueno para la convivencia del barrio

guardar las formas con los vecinos.

-Y que lo diga, que ya es más de lo que yo puedo decirle

de lo que hace don Felipe. -¿Ha ocurrido algo?

-Esta mañana vino aquí malhumorado

y se quejó de nuevo de malas maneras.

-Ese hombre cada día está peor. -Emilio trató de calmarle,

pero se fue de aquí sin ni siquiera disculparse.

En fin, ¿qué le vamos a hacer?

Cuando se tiene un negocio hay que aceptar que estas cosas ocurren.

-Sin duda, bien lo sabe usted.

El cliente siempre tiene la razón. -Aunque no la tenga.

-Si Lolita fuera la mitad de buena que usted,

otro gallo me hubiera cantado a mí con ese asunto.

Aunque en este caso, yo sí tengo razón.

-¿Alguna novedad?

-Parece que está arrepentida y quiere pedirme perdón.

-¿Y qué va a hacer usted? ¿Va a perdonarla?

-¿Qué voy a hacer si no?

A fin y al cabo, son muchos años de contacto.

-Natural.

-Lolita es de buena pasta, pero lo pierde en las formas.

Se nota que es señora reciente y que fue criada toda la vida.

-Lleva ya unos añitos siendo señora.

-El que nace cuadrado, no muere redondo, y eso es así.

-Mire, por ahí vienen doña Rosina y don Liberto.

-"Lo que seguro"

que no ha heredado mi hija son las costumbres de Cabrahígo,

aunque tendré que llevarla de visita para que conozca el pueblo

y los familiares que le quedan por allí.

¿Te estoy aburriendo, Carmen? -No, por Dios.

-Supongo que tendrás millones de cosas que hacer.

-La verdad es que... ¿Qué hora es?

-Las seis y cinco.

-Se me ha vuelto a ir el santo al cielo.

-Vaya, lamento haberte entretenido.

-Yo no lo lamento.

He pasado un rato muy agradable con usted,

pero mi señora me estará esperando. He ido a por estas sales

para que se diera un baño.

¿Va a quedarse aquí, no regresa a la pensión?

-No, todavía no, me gustaría leer la carta otra vez.

-Entonces, hasta otro día.

Quizás... volvamos a coincidir otra vez.

-Ojalá.

-"¿Una carta de Leonor?".

¿Desde Lisboa? ¿Y qué te dice?

-Me felicita por la medalla que me ha otorgado la Casa Real.

-Bueno, ¿y cómo está la pareja? -Bueno,

extrañan de todo esto, pero dicen que se vive muy bien

por aquellos lares y que se come casi mejor que en España.

-Me extraña, con los buenos productos que nos da esta tierra.

-Diga usted que sí, como en España, en ningún sitio.

-Buenas tardes.

-Buenas.

Nos alegramos mucho. Ya hemos sabido que han decidido

quedarse a vivir definitivamente entre nosotros.

-Hubiera sido una pena perderles como vecinos, además,

ahora que nos llevamos todos tan bien.

-Tampoco yo querría irme, pero reconozcan que da mal fario

pensar todo lo que sucedió en esa casa.

-Fruslerías, Bellita,

eso sucedió hace la intemerata.

Además, a cambio de tanta sinrazón, también sucedieron cosas buenas.

Trini era una mujer alegre y divertida.

-Algo vulgar, pero muy alegre.

-Pero cuéntennos, ¿qué pasó entre las dos familia?

-Bueno, no lo sabemos a ciencia cierta,

lo único que podemos decirles es que Trini y Celia eran mejores amigas.

Daba gusto verlas, siempre juntas, de aquí para allá.

-Tan juntas iban, que juntas quedaron encinta.

-¿Sí, a la vez? -Celia...

perdió al niño.

Al poco, Trini dio a luz, pero con tan mala suerte,

que falleció a los pocos días. -Y créanme,...

que Celia se desvivió por la criatura de su amiga,

pero parece que a don Ramón eso no le hizo gracia y trató de alejarla.

Un día hubo un rifirrafe en esa casa y la cosa acabó como ya saben.

-Sí.

Y nadie sabe exactamente qué sucedió.

-Ya tiene su baño listo, señora.

-Carmen, espere, no marche.

No hemos comentado el encuentro de las señoras.

¿Las tengo o no las tengo comiendo de la palma de mi mano?

-Sí, han salido encantadas de aquí, con usted.

-Doña Rosina no ha dejado ni las migas.

Esto va a ser más fácil de lo que me pensaba.

-No cante victoria, esto es solo el principio.

Ganárselas, requiere de más trabajera.

-Estoy segura de que va a ser pan comido.

Mañana las llevaré a la mejor tienda de telas de la ciudad.

Quedarán impresionadas,

creo que traen hasta sedas de China.

¿Qué más se le ocurre que puedo hacer para que confíen en mí?

-No sé.

Estar al día de los chismes. -¿De los chismes?

¿A qué se refiere?

-Que no hay cosa que más le guste a las señoras

que un buen chisme fresco,... jugoso y, por supuesto, ajeno.

-¿De veras?

-Se deleitan comentando las desgracias de los vecinos.

Ah, y cuanto más dramáticas, mejor.

-Qué horror.

-Es así. -Pues si hay que hacerlo, se hace.

¿Sabe usted algún chisme?

-No, señora.

(Se abre una puerta)

Pero el altillo es un caldo de cultivo,

algo le contaré antes de su siguiente encuentro con las señoras.

-No sabes lo bien que me ha ido hoy con esas harpías.

Las tengo en el bote. (RÍE)

Sabía que lo ibas a conseguir. Eres una seductora nata.

Alguien que, como tú, sobrevive en las circunstancias

más adversas, se merienda a dos beatas sin importancia.

Y hablando de seducción,

iba a darme un baño.

Necesito alguien que me frote la espalda,

¿se te ocurre quién podría ayudarme?

-Uy, no sabe la turra que daba mi madre con las canciones de la suya.

Frititos nos tenía "to" el día.

-Ah, pensaba que le gustaba.

-Me gusta ahora, que me da nostalgia,

pero de pequeña la aborrecí de estar "to" el día escuchando

sus canciones.

Bueno, no sabe lo mal que lo pasó mi madre cuando doña Bellita

se fue a hacer las Américas.

-¿Y qué canciones le gustaban?

-"Toas", desde la primera hasta la última.

"La 'bienquería'", "La Carmen, la cantaora",

"La Niña las flores", y "El sombrero de tres picos",

esa "sobretó". Se la sabía de pe a pa.

-Vamos, para mear y no echar ni gota.

(RÍEN)

-qué graciosa es usted.

-Buenas. ¿Qué haces aquí, Cinta?

-Hacerme pasar un buen rato, pero yo ya me iba, que tengo faena.

Con Dios. -Con Dios.

-Con Dios.

No disimules, que te he visto.

-¿Que me has visto qué? -Haciendo la rabalera.

¿Qué hablas con la quiosquera? -Marcelina es la quiosquera.

-Portera, quiosquera, lo mismo da que da lo mismo.

¿Qué hacías hablando con ella? -Distraerme.

-Con gente de tu edad y de tu clase es con quien te tienes que distraer.

-¿Ah, sí? ¿Y dónde están?

Porque a la única que conozco es a Camino, y no habla mucho.

Además, las criadas son muy simpáticas

y muy graciosas, y admiran tanto a mi madre.

-Eso es cierto. -Entonces ¿qué tiene de malo?

-Que este no es tu sitio.

-De acuerdo.

Voy a intimar menos con ellas, ¿contenta?

-Contenta me tienes, tira "p'arriba".

-¡¿Para eso pago a un cochero,

para que me deje tirado en mitad de la calle?!

No necesito vuestra ayuda.

¡No necesito la ayuda de nadie!

(Se rompe la botella)

Te echo tanto de menos, Celia.

Tanto.

(LLORA)

Hola.

Hola, enano. ¿Qué hace usted aquí?

He venido a ver a tu madre. La sirvienta ha ido a avisarla.

¿Qué haces tú lejos de Úrsula?

Úrsula me había encerrado, así que me he escapado.

Supongo que te habrá encerrado para que hagas tu tarea.

¿Ya la has terminado?

La tarea me aburre, además, tenía mucha hambre.

¿Ibas colarte en la cocina y coger un trozo de queso?

De chorizo, que me gusta más.

Mateo,... te he traído algo.

¿Para mí? Sí.

Es un barco.

¿Lo ha hecho usted? Te gusta?

Es un regalo de cumpleaños. ¿De mi cumpleaños?

De tu cumpleaños del año pasado.

Es en octubre, ¿no?

Sí. ¿Flota?

Si quieres, lo probamos juntos.

¿Cuándo? ¿Cuándo?

Mateo, vete a la habitación ahora mismo.

¿Por qué? Ve, por favor, Mateo.

Mamá. ¡Vete a la habitación ya!

Pero ¿tú te has vuelto loco?

Eduardo puede salir en cualquier momento,

debes irte inmediatamente. No mientas,

tu esposo no está.

He aguardado toda la tarde hasta verle salir por el portal.

Se ha marchado con un amigo en un coche,

y no llames a Úrsula, si es que está en casa,

será mejor que esta conversación quede entre nosotros.

No quiero tener ninguna conversación contigo.

Vete de mi vida ¿o es que no lo has entendido?

La que no lo ha entendido eres tú, Lucía.

No me iré porque mi vida está aquí,

y no solo por ti, sino también por Mateo.

¿A qué te refieres, Telmo?

He de preguntarte algo.

Intenté hacerlo esta mañana, pero no pude,

pero la pregunta me quema por dentro

y no me iré hasta que no me respondas con sinceridad.

Lucía, soy su padre, ¿verdad?

Tus ojos no pueden mentirme, por mucho que lo intentes, Lucía.

Dime la verdad.

(Pasos)

¿Qué demonios hace este tipejo en mi casa?

-"Quería comentarle" mi último encuentro con Felipe.

-¿Han vuelto a discutir? -No, no, en absoluto, él no me vio.

Si consiguiera hablarle,...

quizá yo podría ayudarle.

-No se lo aconsejo.

Es más, le recomendaría que tratara de evitarlo.

¿Tienen una cita con doña Genoveva? Eso parece.

Hasta no hace tanto la condenaban y hoy salen de compras con ella.

Supongo que rectificar es de sabios,

además, si se piensa bien,

no parece tan mala, la mujer de Samuel.

-Que noto yo aquí una presencia en todo momento.

-Mira, ya hemos decidido no vender la casa,

así que haz un poder y déjate de aprensiones.

-Don Ramón,

¿qué hace usted aquí?

-Quiero hablar contigo, necesito que me hagas un favor.

-"Mi único afán es que..."

mi hija lleve la vida más plena posible

dentro de sus circunstancias. ¿Tan difícil es de entenderlo?

(GIMOTEA)

Mi amor.

Mi amor, no pasa nada, no te asustes.

-Sosiégate, hermana, estamos aquí contigo.

-Templa, no vamos a permitir que nadie te haga daño.

-¿Qué va a pasar ahora que ese tipejo ronda mi casa?

¿Me va a arrebatar a mi familia? No.

No, eso no va a ocurrir.

(TOSE) Como te he contado,

sé bien de mi compromiso contigo.

Parece que se te está olvidando

lo que hice por ti.

Descuida, eso lo tendré presente el resto de mi vida.

Ya me encargaré yo de recordártelo.

-"¿Han sucedido" más crímenes por aquí?

-Uh. Si yo le contara,...

se le iban a poner todos los pelos de punta.

-¿Qué es ese escándalo? -Música de esa extranjera

tan sincopada.

Sale del piso de los Alday. -Sí, viene de allí.

Parece que estén celebrando algo. -No sé el qué.

-Deberían bajar la música, se escucha por toda la calle.

-Qué barbaridad.

(Golpe)

-¡Señor! ¡Señor!

Oh, que la Virgen de los Milagros me asista.

¡Socorro!

-Cinta.

-Qué susto.

Por un momento he pensado que mi madre tenía razón y había fantasmas.

-No me vengas con chanzas, que la cosa es bien seria.

-¿No te habías ido a dormir? ¿Qué haces aquí?

-A tus padres les podrás engañar, pero yo no me chupo el dedo.

Lucía,... creo que merezco saber la verdad.

¿Es Mateo hijo de Telmo?

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Acacias 38 - Capítulo 972

18 mar 2019

Telmo le cuenta a Úrsula que sospecha que Mateo es su hijo. Eduardo descubre a Telmo intentando hablar con Lucía y le recuerda su advertencia.
La carta recibida por Genoveva parece confirmar que está fuera de peligro. Ella se centra ahora en ser aceptada en el barrio, aplica los consejos de Carmen y se camela a Rosina y a Susana.
Liberto pide a su tía que arregle las cosas con Lolita.
El curandero hace una “limpieza” en la casa de los Domínguez y la familia vuelve al barrio. Cinta busca a Marcelina y Fabiana para hablar sobre flamenco. Arantxa indaga en la relación que Cinta ha establecido con las criadas.
Ramón vuelve a encontrarse con Carmen y ambos siguen intimando. El señor Palacios ve llegar a Felipe a casa hecho unos zorros.
Telmo va a casa de Lucía a preguntarle algo: ¿es Mateo su hijo?

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  1. Ana

    Hay cosas como nada creíbles... Como el hecho de que ninguna pareja renga hijos o que felipe después de 10 años viva su duelo como si acabara de suceder o como que criada y un portero hayan tenido tanto dinero como para levantar un hotel, o como que el peor malvado, asesino y perverso, hoy sea el hombre mas comprensivo y amoroso y aquí no pasó nada. En fin! Por lo demás... Está muy interesante la trama... Me encantan Ramón y Carmen!!

    19 mar 2019
  2. Querubina

    Me encanta ver a Carmen sonreír otra vez! Felipe insoportable,se portó fatal en el restaurante, una falta de todo. Y Telmo metido en la boca del lobo con tal de saber la verdad que ya sabe pero quiere escucharla de Lucía. Que los guionistas hagan estirar la pata a ese marido de Lucía.

    18 mar 2019
  3. carmela

    Que lo calmen un poco a Felipe, está demasiado violento y después de 10 años tendría que estar un poco más tranquilo. Me encanta la serie. Saludos desde Buenos Aires.

    18 mar 2019
  4. carmela

    Carmen se está acercando a Ramón , intuyo que serán pareja, y me encantaría.

    18 mar 2019