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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capitulo 969 - ver ahora
Transcripción completa

No tienes nada que hablar con este hombre, vete a casa.

Esa decisión debería tomarla Lucía, ¿no cree?

Mi esposo tiene razón, no hay nada que tengamos que hablar,

más allá de pedirte que no te entrometas en nuestras vidas.

Voy a quedarme en el barrio,...

así que tendrán que acostumbrarse a mi presencia.

Emilio, prepara unas sillas para los señores Domínguez.

-Venía a presentarles a mi hija, que ha venido a hacernos una visita

desde el internado.

-¿Es él?

Sí, es Ramón Palacios. No quiero hablar con él.

-Vámonos. -"Alce la frente y perdone".

-Lo vamos a conseguir cuando vea el cuerpo de don Ramón en una fosa

y pueda echarle una maldición para que no descanse en paz.

"Ha vuelto" para limpiar su nombre.

Así es.

Entonces, le deseo la mayor de las suertes.

No pienso interponerme en su camino.

Yo he alcanzado la felicidad junto a mi amada esposa

y le deseo lo mismo a usted y a nuestra querida Lucía.

-¿Por qué no se viene?

En nuestra pensión no le va a faltar habitación

ni un plato de lentejas.

Y nosotros vamos a necesitar que nos ayude con los papeles,

con las cuentas.

-Está bien, pero solo unas semanas.

Se comenta que han visto a su esposa en el Monte de Piedad,

empeñando un jarrón de esta casa.

¿Y?

A la gente le preocupa por qué lo ha hecho.

Y si usted es consciente.

Chismes. Chismes baratos de vecinas desocupadas y malintencionadas.

¿Está usted al tanto de la venta?

Pues claro, Liberto.

Perdone, pero soy tan admiradora de su madre...

-Porque no me ha oído cantar a mí.

-Arrea, ¿quiere usted ser artista?

Si me habían dicho que estudiaba usted en un colegio muy "refinao".

-Yo quiero hacer muchas cosas en la vida.

"Doña Rosina, la célula terrorista que usted ayudó a desenmascarar

ha sido desmantelada y ha dejado de suponer un peligro".

"Gracias a su ayuda, la infanta doña Isabel salvó la vida".

"Es por eso,

que hemos decidido condecorarla con la cruz de santa Marcela".

-Ay, qué bonita. "Genoveva,"

tenemos que hacer algo para parar las habladurías de las vecinas.

¿Estás seguro? (ASIENTE)

Completamente.

Felipe.

Antes o después teníamos que encontrarnos.

Me gustaría hablar con usted.

-No tenemos nada de qué hablar.

Ya se dijo todo en el juicio y parece que de poco ha servido.

-Quiero mostrarle mi pesar por lo que sucedió aquel día.

-¿Qué es lo que lamenta, haber asesinado a mi esposa

o no haber podido ocultarlo?

-Lamento en el alma la muerte de Celia.

-No he dejado de pensar ni un solo instante en aquellos momentos.

-¿Pretende que le compadezca?

Han pasado unos años y ya ha recuperado su libertad,

¡yo, jamás podrá recuperar a mi esposa!

-Lo que sucedió nos ha destrozado a ambos.

¡No me toque!

¡No me toque!

Nada de lo que diga podrá justificar su crimen.

-Solo busco su comprensión. -¡Jamás!

¡No la tendrá jamás! ¡Ni eso ni mi perdón!

-Sosiéguese, se lo ruego. Yo...

Yo sé muy bien cómo se siente.

¡Maldito asesino! ¡No se merece ni el aire que respira!

Si tuviera una pizca de vergüenza,

no caminaría solo por la calle, ¡criminal!

¡Asesino! -Golpéeme.

Golpéeme si así lo desea y si le hace sentir mejor,

no voy a defenderme.

-No se merece que me manche las manos con usted.

Es un ser indigno.

Se ha valido de sus contactos y de su dinero para comprar su libertad.

No le queda ni una pizca de honor.

Es un ser despreciable.

-Comprendo su furia, Felipe.

Los dos hemos sufrido...

-Habrá salido de la cárcel por sus malas artes,

pero no consentiré que camine con la frente alta.

Todo el barrio estará en su contra. ¡Asesino!

-Ya está bien. ¡Felipe, ya está bien!

Deje de insultar a nuestro vecino.

-¿Acaso he dicho algo que no sea cierto?

-Será mejor que se marche.

-Eso, márchese para siempre

y púdrase en el infierno. (ESCUPE)

(Sintonía de "Acacias 38")

Su señora es de lo más peculiar que hemos tenido por el barrio.

-No es para tanto, es una mujer moderna.

Ya sabe lo que cambian los tiempos.

-Y no siempre para mejor.

Usted la llama la moderna, pero a mí me parece de lo más "descocá",

por no decir algo más grueso.

-Exagera. A pesar de sus excentricidades,

es una mujer de lo más noble.

Yo, cada vez le tengo más aprecio.

-Usted mira a todo el mundo sin maldad, Carmen.

-Bueno, pues será eso, pero...

doña Genoveva es mi señora y le debo un respeto.

-Eso yo no se lo discuto.

Y don Samuel está con ella feliz, como si fuera un chiquillo.

¿No le parece bastante?

-Con eso me basta y me sobra.

Pero ¿por qué será que siempre que pienso mal acierto?

-Porque se nos está haciendo usted muy desconfiada con los años.

-También es posible, que cada uno que pasa, me pesan más los huesos.

Que tenga buena tarde.

Pues esperemos a ver qué pasa

con esa reunión que van a hacer sus señores en su casa.

-Yo no lo sé, pero para mí que es más trabajo.

-Es de suponer que don Samuel quiera poner a los vecinos a escuadra

por lo que pasa con su señora.

-Sí, es lo que yo me barrunto, pero no creo que lo haga por las malas.

Don Samuel ha cambiado.

-Eso ya se verá.

-¿Qué le ha ocurrido, que viene hecho unos zorros?

-Cualquiera diría que le ha pasado un carro por lo alto.

-Hubiera sido mejor eso.

He tenido un encuentro con don Felipe.

-Era de temer que la primera vez que se vieran,

terminarían de malas formas.

-¿Le ha pegado?

-No. Solo fue un empujón,

pero yo me trastabille y di con los huesos en el suelo.

-Ay, válgame Dios.

Ese comportamiento es más propio de un facineroso, que de un señor.

-Quién lo diría del abogado.

-No culpéis a don Felipe por su reacción, él perdió a sus esposa.

-Pero eso no justifica que se comporte como un matón de taberna.

-Yo también perdí a mi mujer

y tener delante al asesino de la persona que más amas,

no es fácil, yo lo sé mejor que nadie.

-Ande, haga un poder y sosiéguese. Pasado el mal rato,

no tiene por qué volver a suceder algo tan desagradable.

-Trate de evitar encontrarse con él.

-No será fácil si sigo viviendo aquí.

-¿Por qué no se cambia de ropa?

Yo limpiaré y plancharé su traje, y aquí no ha pasado "na".

¿Estás listo? Sí.

Mira la moneda.

No la pierdas de vista, ¿bien?

La ponemos en la mano, cerramos la mano,

cambiamos, mira, mira, mira,

mira, mira.

Si adivinas dónde está, es para ti.

¿Seguro?

¿Seguro? Sí.

Oh, no.

Estará en la otra.

¿Sí?

¡Tachán!

Eh, eh, eh, eh, un momento.

¿Y esto qué es? (RÍE)

¿Cómo lo has hecho?

Ah, es magia.

Yo también me sé un truco.

Mi madre me enseñó a cortarme un pulgar.

A ver.

No me sale, se me ha olvidado cómo era.

Eso tiene solución, pídele a tu madre que te lo enseñe otra vez.

No creo que se acuerde, ese truco me lo enseñó cuando era pequeño.

Vaya, ¿y ahora qué eres, mayor?

Pues claro.

Mateo, ¿cuántos años tienes?

Veintidós.

Mateo.

¿Cómo se te ocurre escaparte de casa?

Me has asustado.

Tu padre me ha preguntado por ti y no he sabido qué contestar.

¿Quieres meterme en problemas?

Vas a conseguir que me despidan con cajas destempladas.

Sube ahora mismo a terminar tus deberes.

Repasaré el truco con mi madre y se lo mostraré otro día.

Te estaré esperando, pero antes tienes que hacer los deberes.

¿Cómo está?

Bien, perfectamente.

Me alegro.

Con el tiempo, entiendo ciertas cosas,

poniendo en orden lo ocurrido

y llevando mi vida al lugar que se merece.

No siga por ese camino, todo está donde debe estar.

No soy de su misma opinión.

Por favor, no insista.

Háganos caso, debe irse, como le hemos pedido Lucía y yo.

No, no pienso hacerlo.

Llevo 10 años lejos de aquí.

Es el momento de recuperar mi sitio

y todo lo que me arrebataron.

¿De qué me está hablando?

Me he instalado en la pensión, he decidido quedarme en Acacias.

Con Dios.

(Foto)

"Endeluego" que están ustedes más bonitos que un San Luis.

-Nos avisa cuando tenga hecho el retrato.

-Vamos a quedar de fábula.

Este fotógrafo hace retratos buenísimos,

todos salen agraciados en ellos.

-Ya podrá, a juzgar por lo que cobra.

-No seas rácano, no podemos mandarle cualquier cosa a mi Leonor.

-Seguro que a doña Leonor le va a encantar el retrato

en cuanto lo vea.

-Sí. Ella y las trillizas.

-Cuando sean mozas, sabrán lo importante que fue su abuela.

-Espero conocerlas con algún año más,

no seas ceniza. -No sé yo, señora.

El tiempo corre que se las pela.

Parece que fue ayer cuando doña Leonor vivía con nosotros.

-Eso es verdad.

Tanto, como que mis nietas tienen una abuela con condecoraciones.

Voy a escribirle a Leonor ahora mismo

para informarle de que la corona real

ha tenido a bien concederme esta medalla.

Querido, ¿a qué viene esa cara?

¿No te alegras de mi condecoración?

-Claro que me alegro, pichoncito mío.

Pero ahora no estoy de humor.

-Sigues pensando en la discusión entre don Ramón y Felipe.

-Sí. Me sabe muy mal todo lo ocurrido.

Felipe se ha comportado con muy poca consideración.

-Pero es natural, tiene razón.

De no ser por Ramón, Celia seguiría entre nosotros.

-Yo no sé qué haría si estuviera en el pellejo de don Felipe.

Lo mismo me tomaba la justicia por mi mano.

-Esa no es solución para un conflicto como este.

Ramón ya ha cumplido su pena. -Solo en parte.

-La que ha considerado la justicia, Rosina,

que 10 años de presidio no son pocos.

Algo tendremos que hacer

para solucionar el problema.

-Lo veo difícil, la verdad, Felipe está desquiciado

desde que perdió a su esposa. -"Pa" chasco que sí.

Anda dando tumbos día sí y día también "agarrao" a una botella.

-Iré a visitar a Lucía y a Eduardo,

tal vez ellos hagan entrar en razón a Felipe.

-Como quieras. Pero regresa pronto, quiero dar un paso de tu brazo.

Quiero lucir marido y condecoración.

-Señora, déjeme, que le saco lustre a la condecoración.

-No, no. Una vez me sacaste brillo a un broche

y lo dejaste hecho unos zorros.

-Ya, señora, pero el broche era más malo que un dolor de muelas,

era de vidrio y peltre.

-¿Piensas que mis joyas son malas?

-Aquella joya sí era mala, y "pa" mí que la compró en un mercadillo.

-¡Ah! ¿Cómo puedes decir tal cosa?

-La verdad que le pica.

-Calumniadora. -Parece que las aguas

vuelven a su cauce. -Mentirosa.

-Muy bien.

-A ver si aprendemos vocabulario.

-Señora, no lo aguanto. Voy a recoger esto.

(Música)

La niña lucía más que el sol de las marismas.

Iba marcando un porte y un tronío, digno de una sultana.

-No sé de qué te extrañas, tiene casi tanto salero como su madre.

Que una mujer principal es mucho, pero dos, la repera.

-No me extrañaría nada, nada,

que la casáramos con un embajador o un ministro.

Oye, ¿sabes si hay algún príncipe inglés que esté soltero?

-No tengo ni idea, pero si es para la niña,

le buscamos un príncipe, aunque sea de Persia.

-Tenemos que conseguirle una boda de relumbrón.

¿Cómo andamos de cuartos? -De eso no te preocupes.

Vengo del banco y el dinero ha llegado puntual.

-Ya sabía yo que ese Osvaldo era de fiar.

-Lo que tú no sepas no lo sabe nadie.

-Pues entonces, vamos a brindar por nuestro teatro, por Buenos Aires

y por el dinerito que nos mandan los argentinos.

-Y por que siga llegando.

Tenemos para vivir decentemente y pagarnos un capricho.

-Ole.

-¿Cuándo cenamos en esta casa? -Estamos con el aperitivo.

Dile a Arantxa que traiga unas aceitunas.

-Pues como esa sea la cena, me voy a tragar hasta los huesos.

Me suenan las tripas del hambre.

-¿Para eso te estamos pagando un internado?

Te voy a decir una cosa, bonita,

a una muchacha fina no le suena nada de su cuerpo.

-De todos modos, no me pases pena,

que a partir de hoy vamos a cenar a la misma hora que las gallinas.

-¿Tan pronto cenabais en el internado?

-En cuanto se ponía el sol, luego los rezos y a la cama.

Ningún día nos daban las nueve despiertas.

-Pobre, las nueve,

cuando empieza lo mejor de la noche,

para los que tenemos cierta edad, para las muchachas es buena hora.

-Ese internado tiene que ser peor que un convento.

-La disciplina es muy estricta en esa institución.

-¿Y cómo te fue en la biblioteca?

-¿Qué biblioteca? -A la que has dicho que ibas.

-Ah, muy bien, muy bien.

Es que, como en el internado

la llamamos "bibliothèque", no he caído.

-Qué buen acento francés. -Habla igual que los gabachos,

y mira que tiene que ser difícil. -No será tan difícil,

porque lo hablan hasta los niños chicos.

(RÍEN)

-Tu padre...

No veo el momento de echarme a la cara a ese desgraciado.

-No quiero más escándalos.

Lo que ha pasado, pasado está.

-No voy a dejar que se vaya de rositas.

-¿Y qué piensas hacer, golpearle?

-No lo sé, pero algo tendré que hacer para ponerle en su sitio.

-No pienso consentir más violencia, ya ha habido mucha.

-No consentiré que le humillen, algo tengo que hacer.

-Te recuerdo que soy tu padre y que tienes que obedecerme.

-Yo ya no soy ningún niño.

-Entonces, compórtate como un adulto y haz lo que te digo.

-¿De verdad va a consentir que Felipe le humille

y usted se quede sin hacer nada?

-Eso es exactamente lo que voy a hacer,

olvidarme de lo que ha ocurrido.

-A lo mejor a usted le deja indiferente, pero a mí no.

-Es mi decisión... y tú tienes que aceptarla.

-No entiendo esa apatía, padre.

Usted se viste por los pies. No puede rendirse, punto.

-Yo ya no sé ni quién soy.

-Pues recuérdelo y no se deje avasallar.

-Ya no tengo fuerzas para nada. Quiero olvidarme de este asunto.

-Vamos a ver, padre,

si la justicia considera que usted ya ha cumplido condena,

nadie tiene derecho a echarle en cara lo que ocurrió ese día.

-Te equivocas, hijo, eso va a perseguirme mientras viva.

-¿Y cuándo me va a contar lo que pasó,

lo que lleva ocultando más de 10 años?

-No quiero seguir hablando de esto.

-En ese caso, no tenemos nada más que decirnos.

-Muy bien.

Entonces será mejor que te marches y me dejes solo.

-Que sepa que está siendo muy injusto conmigo.

Mateo. Mateo.

(TOSE)

Mateo.

No está en casa, le he buscado por todas partes.

Habrá salido a jugar un rato.

Eres muy blanda con él, te toma el pelo y hace lo que quiere.

Bueno, seré más firme a partir de ahora.

Eso espero. No quiero que ande por la calle y, menos ahora,

que ronda por aquí ese tipejo.

Cuando Úrsula vuelva, mandaré a buscarle.

No voy a esperar tanto, iré yo mismo a buscarlo.

Le traeré de una oreja.

Va siendo hora de que le demos un escarmiento.

Tienes que escribirle una nota a Samuel Alday

para confirmar nuestra asistencia a la reunión.

Como desees, pero me gustaría no acudir a la cita.

Si pudieras ir tú solo y pedir que me disculpen.

De ninguna de las formas.

Te lo ruego, Eduardo... Te he dicho que no.

No tengo intención de acudir sin ti.

(Pasos)

-Buenos días. -Buenos días, Felipe.

Ayer recibí una nota, ¿qué ocurre?

Liberto nos puso al corriente de su discusión.

Antes de que continúes,

quiero dejar claro que no escucharé ni un solo reproche.

Lo que hice es poco para lo que merece ese asesino.

-Comprendo que verle libre le saque de sus casillas.

Pero eso no es razón para humillarle de esa manera.

Lo que consigue es rebajarse delante de nuestros vecinos.

-Puede.

Pero me reconfortó decirle a la cara lo que pienso de él.

Me gustaría que reflexionara.

Para mí tampoco es fácil ver al asesino de mi prima por la calle.

¡Entonces no entiendo tus peros!

Por mucho que nos irrite que esté libre,

solo nos queda aceptarlo y seguir con nuestra vida.

Mi vida terminó con la de Celia.

Lo sé, pero no puede usted comportarse como un salvaje.

No tengo otra opción.

Me hierve la sangre cada vez que le veo campando a sus anchas.

-Es comprensible su impotencia,

y su arrebato de violencia lo encuentro más que justificado.

-Pues hemos terminado. -Espere.

Yo le entiendo.

Estoy seguro de que yo hubiese actuado de la misma forma,

o con más virulencia,

pero tengo que rogarle que se modere,

que cuide su imagen,

o acabará siendo juzgado por los vecinos, siendo usted la víctima.

Hay que saber cómo,...

cuándo y dónde... hacer ciertas cosas, Felipe.

Todo...

lleva su tiempo.

¿Entiende lo que le quiero decir?

-Perfectamente.

Uy, uy, uy, uy,

pero si parece una mariscala con esa condecoración.

-Esto es solo una reconocimiento por parte de la corona.

Yo sigo siendo una heroína anónima, nada más.

-A mí, la única medalla que me dieron fue la de san Cosme

al hacer la comunión. Se la daban a todo el mundo.

-Lo importante es que todo ha acabado con bien.

-Se merece eso y más, Margarita. Quiero decir,...

doña Rosina.

Disculpe, es que ya me había aprendido el nombre de pega.

-Primo, a mí no me sigas llamando doña Veremunda, ¿eh?

-Pues sonaba bien "pa" una señorona.

-Yo he terminado bastante harta de esta treta.

Esas ropas tan apretadas...

Los "tocaos", sobre todo los "tocaos".

Una prefiere ser criada a secas.

-Me alegro de que te des cuenta de lo dura que es mi vida.

-¿Dura? Si una vez "quitao" el corsé son "to" melindres.

-Paso a doña Rosina, que viene "condecorá".

-Qué importancia.

La vamos a tener que tratar de su excelencia, por lo menos.

-No será necesario,

sigo siendo la misma. Esta condecoración es para mostrar

mi arrojo. -Qué preciosidad. ¿Es de oro?

-Como poco.

-Yo creo que eso es latón "dorao".

-No digas sandeces. ¿Cómo va nuestro rey a condecorar con baratijas?

Lolita, parece que no te alegres de mi condecoración.

-Sí, sí que me congratulo, pero una lleva la procesión por dentro.

-Ya me comentó Liberto lo que sucedió con Ramón.

Imagino que tu esposo y tú estáis muy preocupados, ¿verdad?

Menuda rémora te ha tocado con tu suegro.

-Yo no lo veo así.

Es el padre de mi marido y le debo un respeto.

-Bueno, te deseo mucha suerte en este brete, que la vas a necesitar.

Vamos a la iglesia.

-Con Dios. -Con Dios.

-No hay que amilanarse, Lolita,

verás como Dios aprieta, pero no ahoga.

-Pues ya podría aflojar, que tengo la lengua fuera.

-Céntrese en el trabajo, Lolita,

ya verá como así piensa en otras cosas y se centra.

-Sí, no hago más que eso,

trabajar y caer "rendía" en la cama.

-A los buenos días. -Buenos días.

-Venimos a comprar unas exquisiteces.

Esa señora es admiradora de tu madre.

-La hija de Bellita del Campo.

(GRITA DE ALEGRÍA)

Es tan guapa como su madre. -Y lo mismito

de "resalá". -Padre, que me va a poner colorada.

-¿Se va a dedicar al cante como su madre?

-No, no, no. A Cinta le interesan asuntos de más enjundia.

El cante...

El cante no es un tema de interés para una chica tan fina.

Ella es una ciudadana de mundo. -Ah,

es igualita que yo,

que solo me preocupo de lo importante, las ovejas.

¿Sabe que de un grito era capaz de reunir a todo un rebaño?

¡Yepaya!

-Ay, qué tipo tan pintoresco.

Quiero decir que, me parece de mucho mérito

su habilidad para manejar el ganado.

-Ah. -Pasen, a ver qué puedo ofrecerles.

-Qué chica más "salá".

-Esperemos que al menos, entretengan un poco a la Lolita.

-Y que le hagan buena compra.

¿Ha encontrado a ese pillo?

¿No ha dado con él? No.

Le he buscado por todo el barrio, pero ni rastro.

¿Y nadie le ha dado razón de él?

Cesáreo me ha dicho que le ha visto con Telmo

por los Jardines del Príncipe,

pero les he buscado y no les he encontrado.

¿Y dónde pueden estar?

(RESOPLA)

Me ha parecido muy alegre la hija de los Domínguez.

-Y más guapa que la madre.

-La criatura está en la flor de la vida,

y Bellita ya va siendo añosa.

-Pues yo me la he cruzado y me ha parecido muy "estirá".

Porque no me ha visto vestido de doña Veremunda,

si no, habría sido más simpática.

-Mujer, no es antipática,

es que es la hija de una estrella del cante,

una chica fina y elegante,

no está "pa" saludar a las muertas de hambre con las que se cruce.

-Prima, sin faltar, ¿eh? ¿Muerta de hambre yo?

-No te amostaces, es un decir.

-¿Y usted qué piensa, Agustina?

-Ni he coincidido con ella, ni tengo la cabeza para chismes.

Estoy preocupada por mi señor.

-No es "pa" menos, don Felipe está perdiendo el oremus.

Había que ver cómo llegó don Ramón a la pensión después de la trifulca.

Parecía un eccehomo. -No exagere.

No fue tan gorda la cosa.

Todos hablan de eso como si fuera la guerra del Rif.

-Pregúntele a Carmen, que estaba presente.

-Yo solo puedo decir que me dio mucha pena el señor Palacios.

Me pareció

muy poca cosa, con lo que ha sido ese hombre.

-¿En qué puedo ayudarle, don Felipe?

Podría haberme llamado.

-Sé cómo llamarte si te necesito,

pero no te busco a ti.

Quiero hablar con Fabiana.

-Aquí me tiene "pa" lo que sea menester.

-¡No te hagas la mansa!

-¿En qué le he faltado al respeto?

-¿Te parece poco alojar en tu casa a ese malnacido?

¡¿Qué pensión tienes para alojar a un asesino?!

Eres una desagradecida. Después de lo que he hecho por ti.

¡Si tuvieras dignidad, echarías a don Ramón a patadas!

-Temple, nos está asustando. -¡Insultas al barrio dándole cobijo!

Todo el mundo tiene que darle la espalda, ¡¿entendido?!

Si la justicia se ha equivocado, que nosotros sepamos defendernos.

-Esa es su opinión y yo no soy quién para enmendarle,

pero cada uno en su casa hace lo que quiere,

y no pondré a don Ramón en la calle.

-¡¿Cómo me hablas así?!

-Le hablo así porque la razón me asiste.

En cuanto encuentre a ese niño, me va a oír.

Y, Telmo, mucho más.

No sé cómo se le ocurre perderse con el niño,

sabiendo que don Eduardo le ha prohibido acercarse a él.

Debería considerar los problemas que nos va a traer.

Tengo que enseñarles los trucos de magia que me ha enseñado Telmo.

¿Dónde habéis estado? Hemos dado un paseo largo

y me ha comprado un chocolate con churros.

¿Os vais a volver a ver?

Ojalá, me lo paso muy bien con él.

Mateo, sabes que te has portado muy mal.

Has salido de casa sin avisar,

y has estado con un desconocido, y eso no es está bien.

¿Telmo es malo?

Cuando llegó, usted le saludó.

Yo saludo a mucha gente que conozco.

Pero dice que era su amigo. ¿Por qué no puedo verle?

Eres muy pequeño para entender ciertas cosas.

¿Por qué no puedo ir con Telmo?

Porque lo ha dicho tu padre, y punto redondo.

Mateo,

no me mires así.

Úrsula te lo ha dicho muy claro, no puedes ver a Telmo,

así que, a callar.

Temo que esto no sirva de gran cosa.

Mateo se volverá a escapar y Telmo le estará esperando.

¿Se figura lo que habría pasado si don Eduardo hubiera estado en casa,

que hubiera escuchado eso de la magia de don Telmo?

Tómese esto, Fabiana,

que buena falta le hace después del disgusto que se ha pegado.

-Se agradece, pero ya estoy mejor, hija.

-Ay, menudo aplomo que se gasta. Todavía me tiemblan las canillas.

-Anda, márchate a las labores como las demás.

No desatiendas el quiosco.

Yo puedo quedarme un rato, que tengo a Servando abajo.

-Entonces, la tiene desatendida igual, ese no da un palo al agua.

-Bueno, mujer, no es mal socio,

pero siempre hay que arrearlo un poco.

Me tomo esta tisana y voy a ver qué hace.

-Pero no corra, es tontería tomarse deprisa una tisana

que sirve "pa" calmarse.

-A ti no se te escapa una.

-¿Se puede pasar?

-Vaya días raros de visitas.

-¿Qué se le ofrece a la señorita?

-He venido a buscar a Arantxa.

-Como no podamos ayudarla nosotras,

ha hecho el viaje en balde, su criada no está.

-Ya que estoy, si me pueden ayudar.

¿Los dos son admiradoras de mi madre?

-De las más grandes. Gracia como ella, pocas han tenido.

-Entonces, sabrán que se decía de ella

cuando se marchó a la Argentina.

-¿Qué se iba a decir? Que era la más grande,

hasta se cuenta que un pollo se pegó un tiro del disgusto que tenía

porque no iba a verla más, pero yo eso no termino de creérmelo.

-Actuó alguna vez por aquí.

-Varias veces y con mucho éxito.

-Tiene que haber mucho arte en esta ciudad.

¿Saben cuáles son los cafés y los teatros de moda?

-¿No decía su padre que "uste" es una señorita

y poco le importan esos asuntos?

-Curiosidad, por saber dónde puedo llevar a mi madre

si queremos ir a algún espectáculo.

-Se me ocurre la ópera y el Teatro Principal.

-Allí es donde van los señores.

-¿Y algún sitio poco recomendables?

Más que nada, por evitarlos.

Lo pregunto por ahorrarme el sofoco

de entrar en un antro por equivocación.

Uno de esos sitios de cante y jarana.

-El peor es el café de la calle del Alamillo.

Es mu "animao", pero basto hasta "pa" mí.

-Buen cuidado tendré en no entrar. Gracias.

-A más ver.

Marcelina, ¿tú qué sabes del café de la calle del Alamillo?

-Uy.

¿Crees que aquí queda bien o se ve más si la pongo más arriba?

-Póntela en la frente y así te la ve todo el mundo.

-Vaya contestación, solo te he hecho una pregunta.

-Una detrás de otra, estás muy pesada con lo de la condecoración.

-Qué me va a contar, me ha obligado a pasear por todo el barrio.

Llevo los pies destrozados de tanto caminar.

-A la salida de misa, solo le ha faltado organizar un besamanos.

-Cualquiera diría que he perdido el seso por esta distinción, merecida.

-Poco te falta.

-Me alegra su buen humor, tía,

pero yo sigo dándole vueltas a lo de Ramón.

Espero que Lucía y Eduardo hagan entrar en razón a Felipe.

-No lo veo fácil,

Felipe ha sufrido mucho por la pérdida de Celia.

-Da pena ver a dos grandes amigos enfrentados de por vida.

-No se me ocurre qué podríamos hacer.

-Nada, es algo que tienen que solucionar entre ellos.

¿Sabes si el fotógrafo tendrá los retratos?

-Tardará un tiempo, por mucho que preguntes, no terminará antes.

-Ya está bien. ¿Qué os pasa? No se os puede preguntar nada.

-Estamos cansados de tantos acontecimientos.

-Pues no hemos terminado, hay más.

Tenemos que hablar de la reunión de los Alday.

-Es cierto, allí estarán todos los vecinos.

-Eso no está tan claro.

Lo estaba hablando con tu esposa, creo que no deberíamos ir.

-No empeoremos más las cosas.

No podemos hacerles ese feo,

estaría fatal rechazar por segunda vez la invitación de los Alday.

Samuel nos ha pedido que acudamos.

Liberto tiene razón, nosotros dos debemos ir.

-Lo dices para poder lucir tu condecoración.

-No, pero tampoco hay razón para que vaya sin ella.

-Eres insufrible.

Menos mal que esta exhibición me la voy a perder.

-No, tenemos que ir todos, usted tampoco puede quedar mal.

Tieta,

le ruego que venga, hágalo por nuestro buen nombre.

-Está bien, iré, pero que conste que lo hago por no discutir contigo.

-Sí.

Está usted preciosa,

va a dejar a todos con la boca abierta.

-Eso espero.

Ayúdame, cariño.

Y deséame suerte.

No la vas a necesitar, eres una mujer

imponente.

(Llaman)

-Buenas tardes. Buenas tardes.

Lucía.

Doña Susana.

-Un traje muy interesante. -¿Le gusta?

Es de París.

-No me extraña, allí no habría encontrado a una modista decente

que tuviera a bien confeccionar algo tan atrevido.

-Lo que mi tía quiere decir

es que no estamos acostumbrados a ver

unas ropas tan elegantes y tan bien llevadas.

-Las modas son muy distintas en unos sitios y en otros.

-Yo prefiero la ropa sencilla,

para que resalte mis condecoraciones.

¿Sabe que me han condecorado por mis servicios a la corona?

-Y si no lo sabía, pronto se lo va a contar.

¿Qué te parece este tocado para ir a casa de los Alday?

-La señora está perfectamente.

-Perfecta es poco, tengo que ir impresionante,

que se queden todos sentaos de culo cuando entre.

-Pues no diga de culo, y quedará más fina.

-Qué siesa eres, hija.

Hija de mi vida, ¿todavía no te has arreglado para ir de visita?

-Voy a estudiar. -¿Vas a ir a la "bibliothèque"?

¿Se dice así?

-Ni Jules Verne lo hubiera pronunciado mejor.

-No sé quién será ese pollo,

pero si tú lo dices, será alguien de relumbrón.

-He de irme pronto,

quiero que me cunda la tarde.

-Yo también, no quiero llegar la primera a la reunión,

pero tampoco la última, voy a buscar a mi Jose.

-Arantxa,

¿sabes dónde queda la calle del Alamillo?

-Eso está a las afueras, por la calle del Nuncio. ¿Por qué?

-Me han dicho que allí hay una librería y pienso visitarla.

Entonces, ¿no vas a la "bibliothèque"?

-Sí, pero más tarde.

Han sido unos días muy tensos,

pero poco me parece para servir a nuestro rey.

-Vas a pasar a la historia,

justo, detrás de Agustina de Aragón.

-Disculpen el retraso,

pero estaba atendiendo a mi hija, me gusta estar muy pendiente de ella.

Tomen asiento, por favor.

Muy bien, ya estamos todos.

Felipe, Antoñito y su esposa no van a poder venir.

Lógico, después de lo que ha pasado.

-¿Cómo se encuentra de ánimos su primo?

-Bien, pero supongo que no estamos aquí para hablar de eso.

Supongo que don Samuel quiere decirnos algo.

Así es.

Sé que no me aprecian todo lo que me gustaría.

También sé lo que se dice sobre mi esposa.

Y por ese motivo,

quiero aclarar que mi esposa goza de toda mi confianza,

y ella es ahora la dueña del principal y señora de la casa.

Por ese motivo, tiene permiso para vender

las cosas de la familia y hacerlo dónde,

a quién y cómo le venga en gana.

Supongo que es mucho pedirles

que se disculpen con Genoveva

por el maltrato que le han dispensado desde que llegó.

No, no voy a pedirles eso,

pero sí querría pedirles algo.

Le escuchamos.

Quiero que se ahorren los chismes sobre mi esposa.

Yo...

nunca he conseguido hacerme un lugar en Acacias,

pero es muy injusto que a Genoveva no le den ni una oportunidad.

Quiero que comprendan que he cambiado,

que Genoveva y yo somos uno

y que deseamos llevarnos bien con toda la comunidad.

Espero que la acepten, que nos acepten a los dos.

-Desde luego, cuente con ello.

Muchas gracias, Rosina.

Y para quienes quieran saber cómo y cuándo nos conocimos,

se lo diré.

Pero antes quiero ofrecer una copa, por mi esposa.

Espero que me la acepten.

¿Fabiana, está usted aquí?

¡Fabiana!

¿Dónde está esta mujer?

Eh.

(RÍE)

Oh.

Oh.

Qué rico.

-¿Otra vez dándole a la manduca, Servando?

-¿De dónde sale?

-Pues de la escalera.

¿Y usted? ¿Cómo ha dejado la pensión sola?

-La necesito allí, no tengo a nadie "pa" mandar el "recao".

-¿Y qué ha "pasao" para que sea tan gordo?

Yo subía a por un mantel que me ha limpiado la Casilda.

-Tiene que regresar para lidiar con un huésped que se ha puesto bravo.

-¿Y qué es lo que tiene?

¿No me diga que le han picado las chinches?

-Ojalá hubiera sido eso.

El pollo se ha enterado que han sacado de la cárcel a don Ramón

y, dice que no comparte techo con él.

-Vaya, pues sí que nos ha salido finolis la clientela.

-Dice que o se va don Ramón o se marcha él. ¿Qué hacemos?

-Ponerlo en la calle a escape.

Gente así, no nos interesa nada.

-Pero si todos los huéspedes dicen lo mismo,

nos vemos con una mano delante y otra detrás.

-Pues como hemos nacido,

pero a don Ramón no le pongo en la calle por el capricho de ese.

-Espere, espere.

(TODOS) ¡Por Genoveva!

-Ya que hemos brindado, me van a perdonar,

tengo muchas tareas pendientes y no puedo demorarme más.

-No se apure, le agradecemos mucho que haya venido.

Espero que no todos tengan la misma prisa.

Ninguna, estoy deseando saber cómo se conocieron.

-(RÍEN)

Pues

solo decirles... que fue amor a primera vista.

Desde la primera vez que la vi

con su traje de baño

en aquella playa de Niza,

supe que ella sería mi esposa.

Yo no lo tenía tan claro en ese momento.

Bueno,

después de cenar en aquel yate y bailar a la luz de la luna,

no te pensaste mi propuesta de matrimonio.

Puede que fuera el rumor del Mediterráneo

o el champán, y no tú los que me convencieron. Piénsalo.

Sea como sea,

me salí con la mía,

y a los pocos días nos estábamos casando

en una pequeña iglesia de la Riviera.

Nunca olvidaré nuestra luna de miel en Mónaco.

Eres la única mujer a la que he amado de verdad.

¿Le pongo un poco de mantequilla? Está recién traída.

-No, con el sofoco que traigo, la fundo.

Vengo de la reunión de los Alday.

-Nosotros hemos preferido no ir.

-Habéis hecho bien, aunque Felipe tampoco ha ido.

-Quien quita la ocasión, quita el peligro.

Menudo escándalo si se hubiera encontrado con Antoñito.

-Ponme un poco de queso para la cena.

Este Ramón no hace más que traeros problemas.

-Es el padre de mi esposo, siempre es bienvenido.

-Mejor hubiera sido que no hubiera regresado al barrio.

-El hombre es libre de campar por donde le salga de las pestañas.

-No lo pongo en duda,

pero su presencia altera la convivencia.

Ya le dije que no debía quedarse por aquí,

que iba a ser un problema para todos.

Un asesino en el barrio, Lola, qué desfachatez.

-Usted mucho ir a misa, pero eso del perdón se le ha "pasao" escucharlo.

¿Cómo puede tener tan poca caridad?

De buena cristiana, solo tiene el nombre.

-No te consiento esas impertinencias.

¿Quién eres tú para cuestionar mis creencias?

-Soy la hija política de ese señor, así que un poco de respeto

y a cerrar la boca, que "pa" lo que dice, mejor calladita.

-Eres una descarada.

Repórtate y respétame como me merezco.

-Ojo, que una ya no es "criá" y está usted en mi negocio.

Así que, humo, no la quiero ver por aquí.

-Esto es inaudito, esto no va a quedar así, ¿eh?

-Con que no vuelva por aquí, me conformo.

Con estos modos, me lo estás demostrando.

Todos los Palacios sois unos salvajes.

(Cierra la puerta)

Lucía, ¿qué haces aquí?

No te apures, seré breve.

Claro, claro, pasa.

No, no pienso entrar en tu habitación.

He venido a pedirte por última vez que te marches de Acacias.

Por tu culpa, Mateo y yo

estamos teniendo problemas con mi esposo,

y no permitiré que mi familia se desmorone por tu causa.

Debes irte inmediatamente. No comprendo.

¿No dijiste que con mi regreso nada iba a cambiar,

que tu vida ya estaba hecha?

Y así es.

Si es así, ¿qué más te da que yo esté aquí?

¿O es que escondes algo?

¿Es acaso que yo sí te importo?

No hace falta que contestes, tus ojos hablan por ti.

Por supuesto que voy a contestarte, Telmo.

Todo ha de quedar claro entre nosotros.

Me han bastado unos días para darme cuenta de que...

estás muy lejos de ser dichosa con ese hombre.

No he visto amor entre vosotros,

más bien, una enorme distancia.

Pero ¿cómo te atreves?

¿Quién eres tú para inmiscuirte en mi vida

y opinar sobre ella?

Mi esposo es la mejor persona que he conocido.

Solo deseo estar a su lado.

Mientes.

Telmo, te lo voy a pedir por última vez, vete.

Si tanto deseas mi marcha, me iré de Acacias para siempre.

"Nunca me han defendido así".

Nunca nadie te ha amado como yo.

Mi vida comenzó el día que te conocí.

Ojalá pudiera yo decir lo mismo.

Daría mi mano derecha por no venir de donde vengo,

por no ser quien soy en realidad. -"Antes,"

discutí con doña Susana.

Que fue ella la que empujó a mi suegro a marcharse.

-Ya sabes cómo es la gente, Lolita. -"Pa" chasco que sí,

muy mala.

Le puse los puntos sobre las íes. Le dije que se fuera de la tienda.

No es bien recibida. -Ay, hija,

esperemos que esto no traiga consecuencias

que tengamos que lamentar.

-¿Quién nos iba a decir que con tanta desgracia,

esa casa acabaría ocupada con una artista tan grande?

-Aguarda un suspiro, ¿qué desgracia es esa de la que me hablas?

-Ya sabe usted, el asesinato de doña Celia.

El Señor la tenga en su gloria.

En el principal pasó "to".

-"Se ha corrido la voz de" tu enfrentamiento con doña Susana.

-¿Y qué, aunque así sea?

Le prohibí la entrada a ella, no a todo el barrio.

-Lo sé.

Pero doña Susana está que se la llevan los demonios.

-Ya. Y la contagia al resto.

-Entre otras, a doña Rosina.

Y Casilda no sabe cómo decirte

que le han prohibido hacer la compra en tu mantequería.

-¡Maldita sea! Si se secunde el ejemplo, esto podría ser mi ruina.

Ya sabías que ese don Ramón dio muerte a la esposa del abogado.

-Claro, no traes ninguna noticia nueva.

-Bien.

Lo que ignoras es que tal escabechina ocurrió en esta casa.

-Pero ¿qué dices?

¿Quién sabe si no le arrancó la pelleja en esta misma cocina

donde te estás comiendo ese jamón?

-Eso no es posible mujer, con el mal fario que trae eso.

-El motivo de mi visita es muy claro.

Siempre ha demostrado ser usted

una de las personas más honestas de Acacias.

Y quería que supiera que cuenta con todo mi apoyo en tan duros momentos.

-Al parecer,... no era esto de lo único que quería hablarme,

hágalo sin miedo, estimado amigo.

-No se equivoca. -"Perdone mi atrevimiento,"

pero he de decirle que es usted una mujer un tanto peculiar.

-Bonita forma de decirme que no pego en este barrio.

-Nos ha engañado. -No, no, de ninguna manera,

solo que no consideré que fuera una información relevante.

Fue hace mucho.

Fue un suceso horrible. Hemos hecho lo posible por olvidarlo.

-Pues le aseguro que a nosotros nos va a costar hacerlo.

-No podemos vivir en una casa que nos da tan mal fario.

-Siento haberles causado tal perjuicio.

Si pudiera resarcirles de alguna manera...

-Devuélvanos hasta la última peseta que hemos pagado.

-Ya, pero eso no puedo hacerlo,

ya no tengo tanto dinero.

¿Ha visto a don Telmo?

Ayer por la tarde fui a pedirle que se marchara.

Y él me dijo que me seguía amando,

que no había dejado de hacerlo ni un solo día.

Y yo, permanecí en silencio,

no le dije que sentía lo mismo,

que solo había precisado verle por estas calles

para que mi vida se tambaleara.

He conocido a su hija.

-¿Sí? ¿A que es lo más bonito?

-Lástima que no siga sus pasos.

-No me digas "chuminás", que mi niña no seguirá mis pasos.

Mejor le irá como esposa de un embajador,

que gracia y belleza tiene hasta para el mismísimo rey de España.

-"Con su actitud no nos ayuda,"

lo que hace es avivar la llama de la gente que le critica,

la gente que piensa que usted es un asesino.

-Lo que sucedió aquel día es un secreto

que pienso llevarme a la tumba.

-Que no, padre, tiene que dar su versión de los hechos.

-Maldita la hora en que te empeñaste en sacarme de la cárcel,

estaba mejor allí. Pues más te alegrará saber

que ya podemos enviar el dinero que precisaban tus amigas.

Pero no te alegra tanto como creía.

¿Qué ocurre, mi amor?

Nada.

No temas.

Simplemente, que ya no será necesario enviarles nada.

¿Te ha escrito Marlene diciendo que ya no necesitan el dinero?

No.

Pero ya se lo he mandado yo.

¿Sin decirme nada? ¿Cómo has reunido tal cantidad?

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Acacias 38 - Capitulo 969

13 mar 2019

Felipe agrede a Ramón. Liberto interviene para calmar los ánimos. Lolita discute con Susana por Ramón y la echa de su tienda.
Telmo se acerca a Mateo e informa a Úrsula que se ha instalado en la pensión. Mateo vuelve tarde a casa y se lleva un regaño de su padre. Úrsula y Lucía comprenden que tienen que frenar a Telmo.
Cinta conoce a Marcelina y Lolita. Ante ellas, intenta hacerse la señorita mientras indaga sobre el ambiente artístico de la ciudad.
Ante los rumores sobre Genoveva, Samuel defiende a su esposa ante todos los vecinos y cuenta su idílica historia de amor.

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Añadir comentario ↓

  1. Sonia

    Lo veo venir El hijo de Lucia es hijo de Telmo tambien

    pasado jueves
  2. Querubina

    Y Samuel no quedó con una buena parte del dinero de Lucía? Por qué Genoveva necesita vender o empeñar adornos de su casa? No creo que Samuel ande sin dinero, al menos que se lo oculte a su esposa. Samuel siendo como es sería capáz de matar a Espineira por jugale mal, se supone que era un complot, cada uno hacía lo suyo y se quedaba con su parte. En 10 años Lucía no aprendió nada? Como es posible que esa chica se deje mandar del marido y deje ir al amor de su vida?

    pasado jueves
  3. ANITA

    Porque no se habla más del hijo de Felipe ? Que podría ser la esperanza de su padre. Porque Lucia parece ahora tan estupida permitiendo ser renegada por su marido ? Tiene el amor de su vida que viene y ella no reacciona. Porque Felipe está ahora con ese papel que no le va ? Dice que pasaron 10 años no ? En 10 años el dolor no está tan presente.

    pasado jueves
  4. Ahí lo dejo

    Conclusión: Celia le dijo a Ramón que ella mató a Trini y luego va y se tira por la ventana. Pero como no lo diran hasta que los guionistas les dé la gana, al igual que los asesinos que aún viven de rositas, pues ala, ahi lo teneis y ahí lo dejo jajajajajajaja.

    pasado miércoles
  5. Eustaquia Taky Sánchez Grajera

    Y donde está mi comentario? Siempre aparecen arriba.

    pasado miércoles
  6. Eustaquia Taky Sánchez Grajera

    Pero porqué no se dice la verdad de Don Ramón. Porque no dice q Celia mató a Trini por Dios si ya lo sabemos todos los seguidores. A que ese empeño en hacer un día y otro el papelón del Felipe desquiciado, andrajoso, sucio, babeando q repugna, la beata de Celia mataba sin ningún miramiento en cuanto alguien le molestaba, si lo hemos visto todos, y Felipe quejoso cuando él y Celia se cargaron a un diputado y jamás volvieron a decir ni pio los/las guionistas por favor. Que patrañas son estás. Veo antes d Acacias Servir y Proteger y las cosas son muy distintas, en Acacias es un lio con tantos frentes abiertos a la vez. Las cosas se hacen con más lógica no embarulladas y todas a la vez. Como nos quieren hacer creer q Lolita y Antonio en 10 años no han tenido ni un solo retoño, por favor si en aquel tiempo mis bisabuelos uvieron 21 hij@s y eran familia pudientes. Y Fabiana, criticando a la esposa d Samuel de ligera, no era madre d Cayetana? Pues Cayetana no era ligera, era una perversa y libertina, y Susana? paren ya d q critique q cada vez q sale quito la voz, es una bruja choni. El mejor d todos Dani Tatay como actor y como creíble, porq Lucia da repelús. era pazguata y ahora ha duplicado su nominación, me cae mucho mejor la mujer d Samuel es mejor su papel y mucho más convincente. Lucia es una pazguata sin personalidad. Aligeren por favor los episodios terminan por hartarnos. La enjundia no aparece por ningún lugar.

    pasado miércoles
  7. Saro

    El capítulo de hoy ha sido increíble. El encuentro de los que fueron dos grandes amigos Felipe y Ramón en una escena llena de rencor, tensión y dolor exacerbado por parte de Felipe y de un dolor callado, una soledad interna, un secreto: "tener delante al asesino de la persona que más amas no es fácil, yo lo sé mejor que nadie" que no quiere desvelar para no hacer más daño, por parte de Ramón. Ha sido una genial interpretación de dos maestros, MARC y JUANMA, frente a frente. La escena de Telmo con Mateo ha sido muy tierna, "parecen" padre e hijo; el niño es muy guapo. Eduardo me ha parecido desde el principio un personaje nefasto e hipócrita pero, cuando le ha insinuado a Felipe que "elimine" a Ramón pero que mida cuándo y dónde para no quedar mal ante los vecinos; quiere decir que es un cobarde capaz de matar a traición. He temido por la vida de Mateo. La que está totalmente insoportable es Susana y me ha encantado que Lolita la haya puesto en su sitio, no vendría mal que encontrara una ocupación a ver si deja de entrometerse en la vida de los demás. Su amiga Rosina, debería tener cuidado porque está al borde de superarla. Samuel: "he cambiado" .. "fue amor a primera vista" .. no me he creído nada de lo que ha dicho. He dejado a Lucía para el final, de verdad que no entiendo sus reacciones, tan dura para con Telmo (al que sigue queriendo) y esa sumisión enfermiza para con el hipócrita de su marido (al que está claro que no quiere).

    pasado miércoles