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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capitulo 968 - ver ahora
Transcripción completa

Su presencia en el barrio solo le causará problemas a usted

y a ella también.

No me voy a ir, por mucho que usted me lo pida.

No sin antes reunirme con ella. -Todas las alumnas

hemos sido enviadas con nuestras familias para cumplir cuarentena.

-¿Qué cuarentena? ¿Ha caído alguna enferma?

-Unas cuantas. Al parecer, es gripe.

-Cuando visité su pensión, me fijé en una lámpara que tienen.

¿Dónde la ha comprado?

-La he comprado en el Monte de Piedad.

Cuando no tenía cuartos, iba allí a empeñar,

pero ahora acudo allí "pa" comprar.

Sé lo mucho que quiso a Telmo,... y lo que él la quiso a usted,

por eso mismo hemos de conseguir que se vaya.

"No, vete".

Vete, márchate, por favor.

Ya no es tiempo para nosotros.

¿Es por tu hijo?

Deja en paz a mi hijo.

No vuelvas a mencionarle.

-"Don Ramón,..."

su presencia reabrirá todas las heridas,

márchese.

Aléjese de estas calles.

Es lo mejor para todos. "Telmo está en Acacias".

¿Lo has visto?

Le he pedido que se marche.

No quiero que cruces ni una palabra más con él.

Solo... Ni tú ni Mateo.

-"Me pondré con los libros".

-¿Que te pondrás con los libros? Tienes una caradura

que no te la parte un martillo. ¿Con qué libros te vas a poner,

si solo hay dos y uno es el horario del ferrocarril?

-Con las prisas, se me han olvidado los textos.

Pero no pases apuro,...

que no se van a enterar si tú me guardas el secreto.

-Podríamos vender alguno de estos cachivaches que tenemos en casa.

Por supuesto,

pero no nos precipitemos, esperemos un par de días.

Tienen que pagarme esa venta y lo harán.

-Me voy de Acacias.

Es por Trini, hijos.

Cada rincón de este barrio me la recuerda.

Basta ya de asunto, vamos. No, iba a meterle un gol.

Váyase.

¿Por qué tanta prisa, Úrsula?

No se acerque a mi familia.

No pretendo hacerles ningún mal. Su mera presencia es perjudicial.

Bueno,... muy lejos van sus palabras.

Creo recordar que era sacerdote, ¿no?

De eso hace ya muchos años, no sé a qué viene recordarlo.

Pues para que recuerde sus principios de entonces.

Trate de ayudar a los demás, no sea un obstáculo en sus vidas.

No sé

qué tiene que decir de mi antigua vida,

ni de la que pretendo de esta. ¿Qué haces aquí?

Me ha avisado Úrsula.

No tienes nada que hablar con este hombre, vete a casa.

Esa decisión debería tomarla Lucía, ¿no cree?

Mi esposo tiene razón, no hay nada que tengamos que hablar,

más allá de pedirte que no te entrometas en nuestras vidas.

No es mi intención entrometerme.

No hables con él.

¿Y le obedeces?

Tú nunca has obedecido órdenes.

Y no se acerque a Mateo,

los niños no tienen culpa de los pecados de los adultos.

Voy a quedarme en el barrio,...

así que tendrán que acostumbrarse a mi presencia.

Eso no lo puedo impedir,...

pero se lo advierto,...

no se acerque a mi familia.

Vamos.

(Sintonía de "Acacias 38")

-Me tengo que acordar de pedir chorizo de Cantimpalo,

es el que más piden las señoras...

y el proveedor solo viene una vez a la semana.

-Pues apúntalo, cariño, así no se te olvida.

-Me fío más de lo que tengo en la cabeza,

que de lo que apunto en un papel.

-El negocio es tuyo, tú sabrás cómo llevarlo.

Bueno, y la caja ¿qué? -Bien.

Bueno, ha habido una señora del 32

que me ha "dejao" a deber otra vez, es la segunda semana seguida.

-Te he dicho muchas veces que no deberías fiar.

-Ya, pero su marido está "desempleao"

y tiene tres bocas que alimentar. Solo le da "pa" el cocido,

ya me lo devolverá cuando pueda. -Eres demasiado buena.

-¿Y "pa" qué quiero un negocio si no puedo ayudar?

Tengo que enterarme de un trabajo "pa" ese señor,

y así me paga lo que me debe.

-Insisto en que el negocio es tuyo y tú sabrás cómo llevarlo.

-Y tu día, ¿qué?

-Triste. No esperaba que los vecinos recibieran tan mal a mi padre,

con lo que él ha hecho por todos ellos tantos años.

-Ni yo tampoco. La verdad es que me preguntaban

con aprecio, pero está visto que era de boca "pa" fuera.

-Está visto que en este barrio hay más encono que aprecio.

Normal que el hombre se quiera marchar.

-¿Y "ande" va a ir?

-No lo sé, pero mañana le mando un telegrama a María Luisa,

quizá en París... -Amor mío, no, no va a querer,

ya te lo digo yo "pa" que no te lleves un chasco.

-A veces pienso que a lo mejor no fue buena idea sacarle de la cárcel.

Allí no era feliz, pero por lo menos estaba más tranquilo.

-Tranquilo, que en peores hemos "estao" y hemos "sacao" fuerzas.

-Yo, las fuerzas solo las saco de ti.

No sé qué sería de mí de no haberte conocido.

-Pues yo sí que lo sé. Hubieras "sío" un "desdichao",

y te hubieras "casao" con una harpía,

una señoritinga más fea que un pie.

-O con Casilda.

Si no me hubiese casado contigo, me habría casado con ella.

-Bien guapa que es.

Ya me gustaría a mí que encontrara un hombre

que la quiera tanto como tú a mí.

-No creo que nadie quiera a otra persona como yo te quiero a ti.

-Pierde "cuidao",... que vamos a encontrar la manera

de que tu padre sea feliz con nosotros, ya verás.

-Yo creo que no, Lolita,

y ya sé lo que le pasa.

Mi padre, sin Trini, es... lo que yo sería sin ti.

-Qué cosas me dice mi marido.

Voy a pensar en algo,... y te voy a sorprender hasta a ti,...

las de Cabrahígo tenemos soluciones "pa" "to".

-Miedo me dan a mí las soluciones de Cabrahígo.

-Te tenías que haber "casao" con Casilda, ¿eh?

-Ya, pena, ya no estoy a tiempo.

-Ese hombre que ahora ronda el barrio es el famoso Telmo.

-El mismo que viste y calza.

Después de tantos años fuera del barrio

y con todo lo que se ha dicho de él, ha reaparecido.

-Sí, Camino, el cura.

-Pero el de antes, el antiguo, que luego se salió.

No deberían dejar que la gente se salga de cura.

-¿Y qué iban a hacer, meterlos en la cárcel?

-O en conventos, sería una solución,

conventos penitenciarios para curas díscolos.

-Imagine usted:

curas atando una sotana a otra para fugarse del convento.

Que cuelguen los hábitos

y no den mal ejemplo. -Eso sí,

porque ver a tu párroco comprometerse

para casarse con una vecina, eso desmoraliza a cualquiera.

La verdad es que fueron

tiempos muy malos, doña Felicia.

Lo de mi amiga Trini, lo de Telmo,

y luego, lo de Celia y Ramón.

-Y ahora vuelven los dos el mismo día al barrio.

Ya es casualidad, ¿no? -¿Casualidad?

Cuando el diablo no sabe qué hacer, mata moscas con el rabo.

-Ay, mira, ahí están las vecinas, vamos a saludar.

Sonríe, Cinta.

Buenos días, queridas vecinas.

-Buenos días, ¿van a querer sentarse?

-Si es usted tan amable. -Emilio,

prepara unas sillas para los señores Domínguez.

-Venía a presentarles a mi hija, que ha venido a hacernos una visita

desde el internado.

Cinta, saluda a estas vecinas. -Buenos días,

ya me fijé en este restaurante cuando llegué.

Muy bonito, como los mejores cafés de Buenos Aires.

-Muchas gracias.

Felicia, viuda de Pasamar, encantada.

Ella es mi hija, Camino. -Encantada.

-Y doña Susana, una sastra

de la que hablan maravillas no solo en el barrio, en toda la ciudad.

-Gracias, gracias,

pero ya estoy jubilada, aunque es verdad que no lo hacía mal.

-Ya me habría gustado a mí llevar un vestido suyo el día que actué

ante el presidente de la República Argentina.

-Y a mí que lo hubiera llevado,...

pero nunca vestí artistas, no era mi público,

yo más bien vestía señoras.

-¿Les parece bien si pido que nos saquen unas limonadas?

Hoy el día lo pide.

-Perfecto, unas limonadas para mi mujer y mi hija

y para mí, un licor.

-Ay, lo mismo que pedía mi difunto esposo.

-Vaya por Dios.

-Siéntese, señorita Cinta.

-Eres la primera persona de mi edad que conozco aquí.

Vamos a ser muy amigas.

Pero di algo, mujer, que parece que te ha comido la lengua el gato.

-Mi hermana es muda, señorita.

-Perdona, Camino, qué indiscreta soy.

Con lo suelto de lengua que es tu hermano.

-Estaba pensando en invitar a unos vecinos a merendar

para presentar a Cinta a todos. -Será un placer, así nos habla

del internado de su hija.

Me encantan esas instituciones,

me habría gustado mucho que mi hija estudiara en una de ellas.

-El mejor internado de España.

Nosotros, para nuestra Cinta, siempre lo mejor.

-Y con buenos resultados, se nota que es una joven muy refinada.

-Buenos días. -Buenos días.

Hablábamos de celebrar un encuentro esta tarde en mi casa.

-Y sería un honor que acudieran ustedes.

-Es imposible para mí, mi esposa sí que irá.

-¿Le viene bien, Lucía? -Ya le he dicho que sí, que irá.

Con su permiso.

Tenemos que dejarles.

No me venía bien ir a casa de los Domínguez,

no sé por qué has dicho que iré. Tienes que ir.

Quería ir a buscar a Mateo Irá Úrsula.

Tu sitio está donde estén las señoras del barrio.

Ya, pero... No voy a discutirlo más.

Como tú digas.

¿Es él?

Sí, es Ramón Palacios. No quiero hablar con él.

Vamos.

-Buenos días. -Buenos días.

-Don Ramón, qué alegría verle de nuevo por el barrio.

¿Me puedo sentar con usted? -¿No te importa que te vean conmigo?

-Para mí, usted siempre será don Ramón Palacios,

aunque yo no sea ya portero.

-Me he enterado de que tienes un negocio.

Con la de veces que tuviste ideas peregrinas para conseguirlo.

-No, y esta vez va en serio.

Lo tenemos a medias la señora Fabiana y yo

y, aunque no tenemos el pesquis, verbigracia el intelecto,

que usted tiene "pa" los negocios, nos apañamos.

-Yo ya no tengo la cabeza ni para los negocios ni para nada.

-Genio y figura, ya verá usted que pronto vuelve a su vida comercial.

No hay un local en la ciudad donde no haya una cafetera suya.

-En mal día regresé, no sé ni qué hago aquí.

-Me ha dicho la Lolita que se quiere marchar.

-Lo que no sé es adónde.

-En ningún sitio va a estar mejor que aquí, rodeado de su gente.

-Muchos apartan la mirada para no saludarme.

-Todo se olvida, don Ramón, hágame caso,

yo en meter la pata, soy perito.

La gente te mira mal unos días

y te deja de hablar, pero de repente,

un día uno te dirige la palabra,

y a la semana siguiente, otro, y en un mes,

dos más.

Y de repente, un día, al mundo se le ha "olvidao" lo que uno ha hecho

y vuelve a ser uno más.

-¿Y cuánto dura, Servando? -Menos de lo que usted se cree.

Y alegre esa cara, hombre.

Me tengo que marchar, que voy a la pensión, pero hágame una visita

cuando quiera, será bienvenido.

-Antes de comer voy y me enseñas el negocio.

-Hecho.

Se lo diré a la señora Fabiana, y ya verá usted qué contenta se pondrá.

Con Dios, don Ramón.

(Llaman a la puerta)

-Hola, Agustina. ¿Está el señor?

-Hoy no es buen día, Lolita.

Don Felipe se ha levantado peor que otros días.

-Necesito hablar con él.

Sabe que no le voy a hacer nada malo.

-Se ha levantado de mal humor,

no para de gritar y de enfadarse por todo.

La vuelta al barrio de don Ramón... no le ha sentado nada bien.

Será mejor que vuelvas cuando haya pasado todo.

-Lolita,... pasa.

Agustina, vete a la cocina.

Supongo que vienes a traer algo de la mantequería.

No he comprado allí, pero dicen que tienes buen género.

-Vengo a hablar con usted.

-Como señora de Palacios, ¿no?

Dígame usted,... doña Lolita.

-Quiero pedirle perdón, por lo que pasó el otro día.

-¿Solo por lo que pasó el otro día?

Tu familia tiene 10 años de deudas morales conmigo

y no creo que vayan a ser saldadas nunca.

-¿No podemos olvidarnos y empezar de cero?

Va a ser bueno "pa" "tos".

No solo "pa" nosotros, también "pa" usted.

-¿Para mí?

-¿No quiere vivir sin odio,... sin violencias,

sin rencores? -Sí, sí, sí, claro que sí,

y lo vamos a conseguir, Lolita.

-No hay nada que me gustaría más en este mundo.

Alce la frente y perdone, hombre.

-Lo vamos a conseguir cuando vea el cuerpo de don Ramón en una fosa

y pueda echarle una maldición para que no descanse en paz.

-Por favor, don Felipe.

Ah,...

y ahora, fuera de mi casa,

que sea la última vez que llamas.

Tu sitio es la escalera de servicio.

No quieras ser una señora... cuando no eres más que una criada.

-(LLORA)

-Anda, Lolita, ven conmigo,...

que ya te dije que hoy no era buen día.

-Se lo digo de verdad, Agustina,... me duele más por él que por mí.

Con lo dañino que es odiar.

(RÍEN)

Es Telmo.

Telmo, ya me habían dicho que estaba de vuelta por el barrio.

Sí, a mí también.

Volvemos a encontrarnos. En circunstancias

muy distintas. Hace ya mucho tiempo.

No solo por el tiempo.

Enhorabuena, he leído los periódicos.

No voy a engañarle, siempre supe que usted era inocente

de lo que se le acusaba.

Le presento a mi esposa, Genoveva Salmerón.

Genoveva, él es Telmo Martínez,...

ya has oído hablar de él. Mucho,

es un placer conocerle.

El placer es mío, doña Genoveva.

No sé si todo lo que ha escuchado de mí se ajusta a la realidad.

Confío en que así sea.

Mi esposa conoce absolutamente

todo sobre mi pasado.

Lo bueno,... y también lo malo.

¿Y perdona?

Tanto como mi esposo a mí. Solo debe preocuparnos el futuro,

el pasado solo nos trae

sufrimientos innecesarios.

Es posible que tenga usted razón.

No se lo discuto.

Amigo Telmo,

hace años estuvimos enfrentados,

pero las cosas ya no son así, nuestros intereses ya no se cruzan.

Yo vivo para mi esposa, y supongo que usted ha vuelto

para limpiar su nombre.

Así es.

Entonces, le deseo la mayor de las suertes.

No pienso interponerme en su camino.

Yo he alcanzado la felicidad junto a mi amada esposa

y le deseo lo mismo a usted y a nuestra querida Lucía,

aunque no sé si ella la ha alcanzado.

¿Por qué me dice eso? Es mi intuición,

pero no parece que sea un matrimonio feliz.

¿La ha visto? Donde había orgullo, solo queda sumisión,

donde había alegría, tristeza.

En fin, me alegro mucho de volver a verle.

que disfrute de su paseo.

-Servando, ¿ha "llevao" a la lavandera las sábanas?

-Sí, las he llevado y he pagado las de la semana pasada.

-Muy bien, Servando. -Hay que ver, ¿eh?

Es que no se fía usted de mí.

No hay patrono de pensión más "preocupao" por su negocio.

-Si no estuviera yo aquí,

mal íbamos.

-Falacias. También es cierto que no se me dan muy bien los números.

Y las letras tampoco.

-Pues... me he "estao" acordando yo de don Ramón

y la de veces que nos ha "ayudao" a "tos" los criados.

A lo mejor acepta venir de nuevo a nuestro rescate.

-Sí,... sí que nos ha "ayudao", sí, y me gustaría devolvérselo.

Le he visto hace un rato y le he visto... muy tristón.

Ha "quedao" en que se iba a pasar para que le enseñáramos la pensión.

Cómo me gustaría poderle echar una mano.

-Pues... "pa" mí que vamos a poder,...

pero no le digo cómo para que no meta la pata, Servando.

-Falacia... sobre falacia.

(Suena una campanilla)

Don Ramón.

-Pensión Buena Noche.

Pues no está mal el nombre.

-Sí, le íbamos a poner "Noche buena",

pero la gente podría pensar que fuera un pesebre y no una pensión.

-Lógico.

-Bienvenido, don Ramón, no se imagina la alegría de verle,

ni la veces que nos hemos "acordao" de usted

cuando abrimos la pensión.

-Ni que yo supiese de este negocio. -No hay nada

que usted no sepa de dineros. -Eso era antes, Servando,

si me quitara la bota, podrías ver que tengo un tomate en el calcetín.

-Ahora mismo yo se lo zurzo,

traiga usted "p'acá". -Aproveche, que no sabe usted

lo que me cuesta que me cosa un botón.

-No te apures, Fabiana,

ya me lo arregla Lolita después.

En la cárcel no teníamos muchas oportunidades para estos menesteres.

-Pues que sepa... que aquí nos tiene

para lo que le haga falta.

-Ay... Si todo el barrio fuera como vosotros.

-No pensaría usted en marcharse, quiere decir, ¿no?

Lolita me lo ha "contao".

-No.

-Pues no se marche.

-Pero es que no quiero ser un peso para mi hijo.

Él y Lolita deben seguir adelante, olvidarse de los problemas.

-¿Y por qué no se viene "p'acá"?

En nuestra pensión no le va a faltar habitación

ni un plato de lentejas.

Y nosotros vamos a necesitar que nos ayude con los papeles,

con las cuentas.

-No tengo dinero para pagar la pensión.

-Bueno, solamente con que nos echara una mano con las cuentas,

ya saldríamos ganando dinero.

-Uy, "pa" una vez que Servando "tie" razón,

no lo eche usted en saco roto.

Luego ya, cuando usted retome los negocios, nos paga.

-No, que de verdad se lo decimos, de verdad.

Necesitamos a alguien que nos lleve la contabilidad.

-Está bien, pero solo unas semanas.

-El tiempo que usted quiera.

¿Esos dos? Sí.

Pero que no nos vean fijarnos en ellos.

-Pues parecen dos vecinos que pasean por el barrio.

-Es que su obligación es pasar desapercibidos.

-Qué emocionante.

-Nadie debe identificarlos, así ellos pueden detectar

si alguien está vigilando a Rosina y Liberto.

A ver,...

supongamos que es cierto que doña Rosina, con su estornudo,

evitó que atentaran contra la infanta.

Es cierto, no son imaginaciones suyas, me lo conto mi sobrino.

Está bien, aceptémoslo,...

pero ¿de verdad creen que volverían a atentar

contra doña Rosina?

Lo suyo sería que lo hicieran contra la familia real.

Nunca se sabe qué pueden querer unos terroristas.

Pues lo que su nombre indica: causar terror.

Si matan a doña Rosina, eso solo nos afectaría a los del barrio,

en España ni se enteran.

Si quisieran atentar contra alguien,

lo harían contra la infanta.

No está mal visto.

-Bueno,... la maldad de esos hombres es inconmensurable, nunca se sabe.

A mí me parece que doña Rosina y don Liberto

se visten de criados solo para llamar la atención.

Sus vidas no corren peligro. Pero...

-Señoras, ¿han visto a los vigilantes?

-Calla.

Son aquellos de allí.

-Bueno, espero que estén con los ojos bien abiertos,

doña Rosina me ha "encargao" que los vigile "pa" que no dejen el barrio

y se vayan a beber vinos.

Unos terroristas que vigilan a doña Rosina,

unos policías que vigilan a los terroristas,

Casilda vestida de señora vigila a los policías.

Solo falta que alguien vigile a Casilda.

Por eso no se preocupe, ahí tiene a la señora

con el ojo "pegao" al balcón. -Úrsula, te lo tomas a la ligera,

con la de cosas que están pasando en el barrio.

¿Saben la última?

¿Saben que han visto... a Genoveva en el Monte?

-¿En el monte?

¿Con las cabras?

-Mujer,... en el Monte de Piedad, empeñando un jarrón.

Muy bueno tiene que ser un jarrón para que compense empeñarlo.

Yo una vez empeñé un botijo y sí que compensó.

-Carmen.

-A las buenas, señoras. -A las buenas.

Has entrado a trabajar donde Samuel Alday, ¿no?

-Sí, gracias a Dios. Ya llevo unos días allí.

-Lo sé, lo sé.

Carmen, ¿es cierto que doña Genoveva ha empeñado un jarrón

en el Monte de Piedad? Yo de eso no sé nada.

No mientas, Carmen.

¿Es ese jarrón esmaltado que estaba en el aparador del fondo?

Yo no lo sé, de verdad.

-Gracias. Hala, ve, ve.

Seguro que es ese jarrón,

es el más valioso de toda la casa.

Sabía que la tal Genoveva era así, una ladrona y una lianta.

-No sabemos. A lo mejor

se lo encargó de don Samuel. -No lo sabe usted,

yo lo sé como que es de día.

Mi sobrino Liberto conoce a alguien en el Monte de Piedad,

a ver si puede enterarse de algo más.

A más ver, señores.

"Pa" don Ramón vamos a dejarle la habitación del fondo del pasillo,

que es la que "tie" más luz. -Es la más cara, vamos a dejar

de ganar unos buenos duros. -Por ayudar a don Ramón

no vamos a hacer cuentas.

Mire a ver que las bombillas estén bien, las sábanas, nuevas,

y el asiento del escritorio fetén. -Va a estar mejor cuidado que yo.

Otros llegarán, que de tu casa te echarán.

-Y ponga perchas en el armario, que esté a gusto de nuestro invitado.

Ah, y... una manta más, no vaya a ser friolero por las noches.

-A sus órdenes.

Qué buen sargento se ha perdido el Ejército Español.

-Ande y deje de remugar que hay mucha faena, venga.

Buenas tardes. Buenas.

¿Durmió anoche bien?

De maravilla.

Lo mismo tenemos otro huésped ilustre:

don Ramón.

Ay, a ver si se anima el hombre.

En todo lo que yo pueda hacer, colaboraré.

Ese hombre ha pasado por momentos muy difíciles

y no olvido que siempre fue un gran señor,

dispuesto a lo que fuera por ayudar.

Es lo que esperaba de usted, yo ya sé que es usted pan bendito.

Fabiana, perdone que le pregunte, pero sé que a usted

no se le escapa nada.

A la que no se le escapa "na" es a doña Susana,

que desde que se jubiló está más cotilla aún que antes.

Pero a ella no le puedo preguntar.

¿Cree usted que Lucía es feliz con su marido?

Las cosas entre un "marío" y una mujer solo las saben ellos.

¿Quién soy yo "pa" opinar? Por favor, dígame.

Sabe usted el aprecio que siento por ella.

Don Eduardo es muy estricto, "demasiao", con ella y con su hijo.

No le he preguntado eso.

¿Ha "mirao" los ojos de doña Lucía?

Yo ya no veo la misma luz que había antes.

Es una pena,... porque iluminaban la calle entera.

¿Es que no se ha "dao" cuenta?

Tiene usted razón.

Que conste que yo no he dicho nada.

Pero se ha explicado fetén.

¿Cree que su esposo la trata bien?

Yo,... lo único que puedo decirle...

es que a doña Lucía... nunca más se la volvió a ver sonreír

desde que usted se fue. Ese hombre...

Pero quía,

puede que solo sean pálpitos de vieja.

Gracias, pero me basta con que no me lo niegue.

Pero esto es mucho dinero "pa" el poco tiempo que lleva aquí.

Me quedaré un tiempo, no sé cuánto, ya le diré.

Como quiera.

Si usted dice que ir vestido de esa guisa

sirve como seguro de vida, no seré yo quien le reproche.

Maldito estornudo. Bueno, según me cuenta,

maldito para ustedes

y el anarquista, pero bendito para la infanta, que salvó su vida.

Es cierto, pero debo preocuparme por mi esposa

y si tengo que ir vestido de carbonero, lo haré.

No seré yo quien se lo impida.

Dígame, amigo Liberto, ¿a qué se debe su visita?

Se trata de un asunto algo delicado, pero que me veo obligado

a plantearle.

Aunque no sé muy bien cómo hacerlo.

En estos casos es mejor dejarse de rodeos,

vista, suerte y al toro. Ya, sí.

Se comenta por el barrio que han visto a su esposa

en el Monte de Piedad, empeñando un jarrón

que al parecer estaba en esta casa.

¿Y?

A la gente le preocupa por qué lo ha hecho.

Y si usted es consciente de ello.

Chismes. Chismes baratos de vecinas desocupadas y malintencionadas.

¿Está usted al tanto de la venta?

Pues claro, Liberto. Es mi salón,

mi jarrón y mi esposa,

¿o alguien tiene alguna autoridad para meterse en mi vida?

Que sepan esas vecinas de lengua larga,

que mi mujer es más honrada que cualquiera de ellas.

Lo siento. La verdad, no...

no quería faltarle el respeto a su esposa.

No lo decía por usted,

sino por todas esas brujas a las que capitanea doña Susana,

su tía.

Desde que se jubiló, no tiene otra cosa mejor que hacer.

Olvidémoslo.

Le agradezco mucho su preocupación,

pero le aseguro que todo quedará aclarado, créame.

¿Un puro? Gracias.

-Perfecta, perfecta para mí.

-No sé, padre.

Usted está acostumbrado a otros lujos, a habitaciones más grandes.

-Los últimos 10 años los he pasado en una celda

que era la mitad que este cuarto,...

y que esta pensión, comparada con la cárcel,

es el palacio del emperador de Java. -Me refería más bien

a su habitación en casa.

-Esa es vuestra casa, no la mía.

Allí no haría otra cosa más que estorbar.

-Esto está limpio a rabiar.

Cómo se nota que ha "pasao" la Fabiana,

no he "conocío" mujer que limpie más y tarde menos.

-Y la cama también es perfecta,

ni muy dura ni muy blanda.

-Mire, le han puesto un escritorio.

Mañana mismo le traigo papel, pluma y tintero,

y a lo mejor hasta puede escribir sus memorias.

-Yo lo que quiero es olvidar, no recordar,

pero sí, tráeme de todo, así podré ayudar con las cuentas

a Servando y Fabiana.

Por cierto, voy a hablar con Fabiana sobre los pagos,

no pienso vivir aquí gratis, digan lo que digan.

-Vaya, que las cuentas, claras, y el chocolate, espeso.

-No sé, Lolita, a mí...

me da mucha pena que mi padre viva aquí.

-Ya le has oído, es lo que quiere, y va a ser más feliz aquí

que en un sitio con más lujos. Además, "comparao" con el penal.

-Sí, a lo mejor tienes razón y tenemos que mirar el lado positivo.

Aquí, por lo menos está en el barrio y le tenemos cerca.

-Eso es. Y si tú quieres,...

yo a esto le pongo más lujos que a un palacio.

-Si no fuera por ti...

(Se abre y cierra una puerta)

-¿Hola? -(GRITA)

-Liberto, por favor, ¿cuántas veces tengo que decirte que no entres

como si fueras un fugitivo? -No exageres.

-¿Cómo? Si muero a manos de esos terroristas,

puedes poner eso en mi epitafio:

"Murió por no exagerar". ¿Quieres que me manden al otro barrio?

-Está bien, tienes razón, no volveré a entrar sin avisarte.

¡Mi amor!

¡Soy tu esposo, cariño mío, y voy a entrar al salón!

-Así está mejor.

(Golpean la puerta)

(GRITA) Vienen a por nosotros.

-Voy a abrir yo. -No, no.

-Sí, al fin y al cabo, se pensarán que soy el carbonero.

-Ten cuidado.

-(CARRASPEA)

-¿Hola? -Disculpe, don Liberto.

-Nada, nada. -Esto se tiene que acabar.

Me he "enterao" que mi esposo ha "tenío" que enfrentarse

a dos malhechores. -Tampoco exageres,

que no nos hemos enfrentado a nadie, hemos tomado precauciones.

-Pero yo pasé miedo, yo pensé que esos dos hombres nos mataban.

-¿Quién iba a pensar que un hombre acostumbrado

a enfrentarse con lobos iba a ser tan cobarde?

-El hombre es un lobo para el hombre, y peor

que los que están por el monte. -¡Basta paparruchas!

Mientras estemos en peligro,

os tenéis que enfrentar a lo que sea.

-Como se nota que está usted aquí "protegía" y que es mi esposo,

el que está expuesto a esos hombres "malvaos".

-A cada uno le toca lo que le toca,

haber nacido marqués. -¡Uy!

-Señora,...

me he "cruzao" con ellos, con los hombres misteriosos.

-¿Y los guardias que estaban protegiéndonos?

-"Na", se han ido a merendar.

Me han dicho que tienen una cosa para usted.

-¿Qué cosa? -No, no, no me la han dado.

Me han dicho que solamente la entregarán en manos

de don Liberto o de usted.

Esperarán en la puerta de la iglesia.

-Voy yo. -¡No!

No, a lo mejor es una trampa, quieren que salgas

para matarte. -Rosina, estoy harto

de ir vestido de carbonero.

Si me tienen que matar, que me maten.

-Espera.

Dame un beso antes de irte.

(Suenan las teclas del piano)

-Señora,... déjeme que le diga una cosa:

no "tie" por qué estar tan inquieta.

"Pa" mí que esos hombres no son terroristas.

-¿Tú cómo lo sabes? -¿Que cómo lo sé?

Porque a lo largo de la vida me he "cruzao" con muchos de ellos

y ya le digo yo que no son gente "educá", no dan los buenos días,

ni te dan las gracias ni piden las cosas por favor.

-Yo voy con don Liberto, no voy a dejarle solo.

-Tú te quedas aquí,...

y no me hagas enfadar.

-Sí, bollito.

-Madre, si sus vecinas son todas de su edad, van a estar mejor sin mí.

-Calla. Tienes que aprender a tratar en sociedad.

-He asistido a miles de sus fiestas, sé perfectamente cómo se recibe.

-En Buenos Aires venían artistas a casa, aquí son señoras,

no es lo mismo. -Es mucho más aburrido.

(Llaman a la puerta)

-Pues te aguantas. Y ahora me pones buena cara...

y ni una impertinencia.

-Ha llegado doña Lucía.

-Gracias, Arantxa. Lucía, qué alegría que haya venido.

Les he traído unos bombones. Ay, pero no hacía falta.

Arantxa, por favor, ponlos en un plato, ya sabes,

uno de los franceses que nos regaló el embajador.

-Sí, señora.

Cinta, ¿se va a quedar muchos días por aquí?

Hábleme de tú, por favor. La verdad es que no sé cuántos días.

-Depende de la cuarentena del internado, una gripe, ya sabe.

(Llaman)

Es extraño que la gripe africana haya entrado por el norte.

En barco, debió llegar en barco.

-Adelante, señora. -Buenas tardes.

(Llaman)

Perdonen, he ido a recoger a Rosina, pero no puede venir.

-Vaya, cuánto lo siento. ¿Algo grave?

-Esperemos que no. -Buenas tardes.

Les he traído esta bandeja de suizos.

Eran la especialidad de La Deliciosa,

pero en el Nuevo Siglo XX no lo hacemos nada mal.

-Encárgate tú, Arantxa, y trae el té.

Ya sabes, en la vajilla inglesa. -¿Cuál de las dos, señora?

-La que es igual que la del Titanic, la que nos regaló lord Hallington.

-Sí, señora. -¿Igual que la del Titanic?

¿No nos dará mala suerte?

Mientras no estemos en un barco.

Sí, qué desgracia la de esa pobre gente.

-Por retar a Dios.

Decían que ni él podía hundir ese barco.

Que Dios me perdone, pero se lo tenían merecido.

-Buenas tardes. -Buenas tardes.

-Y bienvenidas. Perdonen que no me quede,

pero tengo que salir a poner un telegrama urgente

a la Argentina. Bueno, no se preocupe.

Gracias, que pasen buena tarde.

-Casi me alegro, así nos quedamos solas y podemos hablar

de nuestros asuntos. Tengan la bondad.

-Gracias.

-"Con Dios, primos".

-Menos mal que se han ido Jacinto y Marcelina, no los aguantaba más.

-Discúlpelos, es que estaban muy nerviosos.

-Pues que se beban un litro de tila cada uno.

La única que tiene derecho a estar nerviosa soy yo.

A saber si me quedo viuda. -Señora, que no,

no nombre usted a la bicha, que eso trae mala suerte.

-Casilda.

(Se abre una puerta)

Ay. -Pues ya está.

Me han dado esto. Y va a tu nombre, Rosina.

-¿Y si es una bomba? Acuérdate de lo que leímos en el periódico.

Ábrelo tú.

-Sí, claro, y si tiene que morir alguien, que muera yo, ¿no?

-Bueno...

-Dios mío.

Es una copia de nuestras esquelas. Dicen que vamos a morir mañana.

-Ay, Señor.

Señora, todavía pueden salvarse, ¿por qué no huyen a otro país?

-¡Que es una broma, Rosina!

(RÍE) Es una carta de la Casa Real.

-¡Te mato! ¡Mira que bromear con eso!

-Te la leo:

"Doña Rosina, la célula terrorista que usted ayudó a desenmascarar

ha sido desmantelada y ha dejado de suponer un peligro".

"Gracias a su ayuda, la infanta doña Isabel salvó la vida".

"Es por eso,

que hemos decidido condecorarla con la cruz de santa Marcela".

-(GRITA) -Ahí está la cruz,

¡abre, abre, abre!

¡Oh!

-Ay, qué bonita.

Ay, no me lo creo.

Ay, voy a ser...

Voy a ser una heroína. La Agustina de Aragón de Acacias.

-Lo más normal es que los hombres de esos países

se dejen barba. -Con lo guapos que están los hombres

bien afeitados. -Pero ¿saben las diferencias?

Los franceses se peinan el bigote hacia abajo.

-¿Los demás no?

-Los alemanes y los austrohúngaros siguen la moda del káiser Guillermo.

Se llaman bigotes a la Guillermina, y suben las puntas hacia arriba.

-Es verdad,

como si fueran manillares de bicicleta.

(RÍEN)

¿Y en moda también hay diferencias?

Sí, pero de eso les puede hablar mucho mejor doña Susana que yo.

-No creas. Yo sé de la moda de los españoles,

que siempre hemos sido más sobrios, en colores y en formas.

¿Y en Argentina, doña Bella? -Uy, en Argentina hay tanta mezcla,

que se puede ver de todo: desde los abrigos y tirabuzones de los judíos,

hasta los bigotes de los italianos, por no hablar de los aborígenes,

que pasean con ponchos. -Qué maravilla.

Cómo me gustaría viajar por el mundo.

¿Cuál es su país favorito?

-Soy española, qué quiere que le diga, España, y dentro de España,

mi tierra,

mi Huelva de mi alma.

Pensé que iba a decir Argentina. El segundo, es el segundo.

-Como España no hay nada.

No hay país más bonito y católico

que España.

-¿Dónde vas, Cinta?

-Me acabo de acordar que tengo que recoger unos libros

en la biblioteca, para seguir con mis estudios.

Si me dispensan.

Tiene una hija maravillosa.

Tan educada,...

y encantadora.

-Y tan cosmopolita,

tendrá grandes esperanzas centradas en ella.

-Sí. Se casará con un diplomático,

es su sino.

-Señorita.

Es usted la hija de doña Bellita del Campo, ¿no?

-La misma, ¿y usted? -La dueña de la pensión.

Perdone que le haya parado, pero soy tan admiradora de su madre.

-Porque no me ha oído cantar a mí.

-Arrea, ¿quiere usted ser artista?

Si me habían dicho que estudiaba usted en un colegio muy "refinao",

de señoritas de la pata del Cid. -¿De la pata del Cid?

¿Me ve con cara de ser de la pata del Cid?

-Se la ve a usted...

elegante, y "educá".

-Claro, no paran de darme la lata todo el día con eso.

-Pues esa suerte "tie", es lo más importante

"pa" moverse por la vida. -Lo más importante es ser feliz.

-No le digo yo que no, pero comiendo buenos filetes

es más fácil ser feliz que comiendo gachas.

No sabe usted lo importante que es hablar bien, y no como yo.

-Para eso no hace falta un internado.

-Pero ayuda. ¿Es que no le gusta estudiar?

-Yo quiero hacer muchas cosas en la vida.

-Usted termine primero sus estudios y luego Dios dirá,

no vaya a terminar barriendo la acera como una servidora.

-Cinta. Buenas tardes.

¿No estabas con tu madre y las vecinas?

-Sí,...

pero me he acordado que tenía que ir a la biblioteca.

-Ah.

Pues venga, ya está bien de charla.

-Hasta luego, señora...

-Fabiana. "Pa" servirle, señorita.

-Hasta luego, Fabiana.

-Qué hija tiene usted

tan agradable y tan "educá".

-En la peor edad, Fabiana, la peor.

A ver si no se nos echa a perder.

Con Dios.

-A más ver.

Ay.

(Se cierra una puerta)

Hola, cariño. Hola.

Ayúdame.

¿Qué es?

El jarrón del mueble de caoba, lo he llevado al Monte de Piedad.

Ya. Ya lo sabía.

Los vecinos te han visto.

Señor, no hay forma de librarse de ellos.

Hasta ha venido Liberto, el marido de Rosina,

para contarme las habladurías.

Si se muerden la lengua, se envenenan.

¿Qué ha pasado con el jarrón?

¿No dan nada por él? Lo he llevado a tasar.

¿Y?

Es valioso, aunque menos de lo que me gustaría.

No lo vendería sin consultarlo contigo.

Todo lo que hay en esta casa es tuyo,

no tienes que consultarme nada. Vamos a ponerlo en su sitio.

No sé de dónde ha salido.

Lo mismo era de la antigua ocupante de esta casa.

Cayetana Sotelo Ruz, se llamaba.

Y aunque esos eran los apellidos que usaba,

en realidad era la hija secreta de mi padre.

Qué historias. Yo pensaba que en las familias

de renombre no había esos secretos. Más que en ninguna.

Genoveva,...

tenemos que hacer algo para parar las habladurías de las vecinas.

¿Estás molesto conmigo? No, mi amor,...

contigo no,... con ellas.

Tenemos que hacer una reunión y pararles los pies.

¿Estás seguro? (ASIENTE)

Completamente. Hay que hablar con ellas de una vez.

-Buenas tardes, don Ramón. -Buenas tardes, Fabiana.

-¿Va a dar un paseo? -Sí, estiraré un poco las piernas.

-Buf. Pues me da a mí que va a llover.

-El agua no le hace daño a nadie. -Mejor si se lleva paraguas.

-No tengo, tendré que comprar uno mañana.

-Enseguida le presto yo uno.

-No es necesario, Fabiana. -Como usted quiera.

-A las buenas. -A las buenas, Carmen.

¿Se toma usted un cafecito conmigo?

-Por supuesto, Fabiana. -Pase.

A más ver, don Ramón. -A más.

-Solo busco su comprensión. -¡Jamás!

¡No la tendrá jamás! ¡Ni eso ni mi perdón!

-Sosiéguese, se lo ruego, yo...

yo sé muy bien cómo se siente.

-¡Maldito asesino! ¡No merece el aire que respira!

-Esperemos a ver qué pasa con esa reunión que van a hacer sus señores.

-A ellos no lo sé, pero para mí es más trabajo.

-Ya, y es de suponer que don Samuel quiera poner a los vecinos

a escuadra por lo que pasa con su señora.

-Sí, eso me barrunto, pero no creo que lo haga por las malas.

Don Samuel ha cambiado mucho. -Eso ya se verá.

Debe irse, como le hemos pedido Lucía y yo.

No. No pienso hacerlo.

Llevo 10 años lejos de aquí.

Voy a recuperar mi sitio y todo lo que me arrebataron.

-¿Y cómo te fue en la biblioteca? -¿Qué biblioteca?

-A la que has dicho que ibas. -Ah, muy bien, muy bien, muy bien.

Como en el internado le llamamos "bibliothèque", no he caído.

-La justicia considera que usted ya ha cumplido su condena.

Nadie tiene derecho a echarle en cara lo que ocurrió ese día.

-Te equivocas, hijo, eso va a perseguirme mientras viva.

-No te hagas la mansa después de lo que has hecho.

-¿En qué le he faltado al respeto?

-¿Te parece poco alojar en tu casa a ese malnacido?

Cesáreo me dijo que le ha visto con Telmo,

paseando por los jardines pero...

los he buscado y no los he encontrado.

-Padre, que me va a poner colorada.

-¿Se va a dedicar al cante, como su madre?

-No, no, no. A Cinta le interesan asuntos de más enjundia.

El cante...

El cante no es un tema de interés para una chica tan fina.

Es una ciudadana de mundo.

No sé cómo se pierde con el niño, sabiendo que don Eduardo

le ha prohibido expresamente acercarse a él.

Esto nos traerá problema a los dos.

-Un traje muy interesante. -¿Le gusta?

Es de París.

-No me extraña, aquí no hubiera encontrado una modista decente

que tuviera a bien confeccionar algo tan atrevido.

-¿Saben cuáles son los cafés y los teatros de moda?

-¿Su padre no dice que es una señorita

y que poco le importan esos asuntos?

Es solo por curiosidad, por saber dónde puedo llevar a mi madre

a ver un espectáculo.

-Se me ocurre la Ópera y el Teatro Principal.

-Ahí es donde van los señores.

-¿Y... algún sitio así poco recomendable?

-Este Ramón no hace más que traeros problemas.

-Pues es el padre de mi esposo, es bienvenido siempre.

-Pero hubiera sido mejor que no hubiera regresado al barrio.

-Es un hombre libre, "pa" campar por donde le salga de las pestañas.

-No lo pongo en duda,...

pero su presencia altera la convivencia.

Le dije que mejor que no se quedara por aquí,

que iba a ser un problema para todos.

¿Un asesino en el barrio? Lola, qué desfachatez.

-Felipe se ha comportado mal.

-Pero es que es natural, tiene razón, de no ser por Ramón,

Celia seguiría entre nosotros. -Yo no sé

qué haría si estuviera en el pellejo de don Felipe.

Lo mismo me tomaba la justicia por mi mano.

-Estoy seguro de que yo hubiese actuado de la misma forma,

o con más virulencia,...

pero tengo que rogarle que se modere,

que cuide su imagen,

o acabará siendo juzgado por los vecinos, siendo usted la víctima.

Hay que saber cómo,...

cuándo y dónde... hacer ciertas cosas, Felipe.

Todo...

lleva su tiempo.

¿Entiende lo que le quiero decir?

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Acacias 38 - Capitulo 968

12 mar 2019

Samuel le hace ver a Telmo que Eduardo no es un buen marido y Lucía no es feliz. Telmo decide quedarse en Acacias.
Algunos vecinos ven a Genoveva en el Monte de Piedad y las habladurías se disparan. Liberto advierte a Samuel acerca de los rumores.
Los hombres misteriosos han dejado un sobre para Rosina: es una carta de la Casa Real, quieren condecorarla. Resulta que los hombres misteriosos eran emisarios.
Bellita y Jose presentan a Cinta a los vecinos. Emilio se fija en la chica. Una tarde, la joven se escaquea de casa: dice ir a la biblioteca, pero en realidad va a hablar con Fabiana…
Antoñito y Lolita entienden la decisión de Ramón de abandonar el barrio, aunque la sufren. Lolita intenta firmar la paz con Felipe, pero él la trata con desprecio. Servando y Fabiana convencen a Ramón para quedarse en Acacias e instalarse en su pensión. Felipe se encuentra con Ramón en la calle y saltan chispas.

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  1. Verónica

    Me da a mí que Mateo es hijo de Telmo y no de Eduardo... mucha casualidad que justo cumpla 10 años y que Úrsula no le dijera nada en sus cartas no? Felicidades a todo el equipo por tan buen trabajo. La serie va cada vez a mejor.

    15 mar 2019
  2. Saro

    Aquí está, una vez más, el "termómetro" de lo bien que va la serie: este capítulo fue visto por 920.000 espectadores con una cuota de pantalla de 9,6%. ¡¡ENHORABUENA EQUIPAZO!!!

    13 mar 2019
  3. Pilar Méndez

    Tienen que dar tiempo necesario para tenernos como espectadores, si no acabaría enseguida: Trini murió por culpa de Celia y sus celos de no ser madre y después se suicidó al confesarlo a Ramón.

    13 mar 2019
  4. Mabi

    hay SUSANA !!!!!! QUE INSOPORTABLE!!!! Porquë no le cuenta a Bellita que el Arzobispo o el Cardenal que le había encargado la capa con hilos de oro cuando se enterö que habia tenido un hijo fuera del matrimonio y por un abuso, desestimó el encargo? porque para darse corte de que solo hacia ropa para las grandes señoras y no para " artistas" le queda grande...si Telmo le pone una mano encima al pelmazo de Eduardo, le vuela la cara!!! la mano de Telmo es grande como la cara de ese insoportable!!!! totalmente de acuerdo con Saro de como se deja mandonear Lucía por ese don nadie... me gustar{ia saber de donde saca cuartosy postín para creerse mas que nadie... imagino que le ha hecho el favor de casarse con ella para ocultar que Mateo no es hijo de él, pero así y todo tiene mal talante con todo el mundo menos con Felipe y Úrsula, me parece que éste trío se las trae...ya imaginaba yo que a Rosina no la buscaban para matarla !!!! pero puesta a desconfiar... mas vale pasar por criada y poder contarlo!!!!yo que Lolita le daba un mandoble a Felipe, como para que tuviera, guardara y repartiera!!! que desubicado... asi pagaban los señores los favores recibidos...que se traerá entre manos la hija de los Domingues???? ojalá que Bulerías, palmas y flamenco y formen un lindo trío familiar!!!!

    13 mar 2019
  5. Saro

    Pero quién se cree Eduardo para tratar como lo hace a su esposa y a Telmo?. Lucía además muestra una sumisión, un acatamiento absoluto a todo lo que él le ordena, sin embargo, si que tiene siempre una gran osadía para dirigirse a Telmo. Cada día me gusta más la pareja Palacios; Antonio ha cambiado mucho para bien y Lolita es un encanto de esposa y muy pendiente de su suegro, hasta el punto de querer hablar con Felipe; la conversación ha sido para romper el corazón a cualquiera; ya comenté hace dos capítulos lo que hizo Lolita, en el pasado, por un Felipe derrotado y ver el desprecio con el que él la ha tratado hoy ha sido increíble y la Sra. Palacios no se lo merecía. Lo que está pasando con Samuel y el cinismo que demuestra en la conversación con Telmo y esa "especial relación" con su esposa ... no me cuadra, al igual que la actitud de Ursula ... qué le pasa al Alday (parece cambiado pero no le creo) y a su madrastra, ¿le ha vuelto la maldad al tener más roce con un tipo como Eduardo?. Servando y Fabiana geniales con Ramón. Liberto: "es una copia de nuestras esquelas", ¡qué bromista!. A Rosina quiero felicitarla por su condecoración, supongo que ahora la lucirá en cualquier fiesta.

    12 mar 2019
  6. Marga

    A quien corresponda. Tienen mucho mérito tratando de reflejar aquella época, vocabulario, costumbres, vestuario, decorados, sutil maquillaje. . Así como los actores que dan vida y tan bien la reflejan Todo mi respeto para todo el personal participante de una u otra forma. Sí se me escapan algunos detalles: Cómo vive y con lujo una jubilada de la época si las primeras pensiones son del 1919?? Y cómo pudieron comprar y montar una pensión unos criados de la época? Y como el Palacios no tiene un duro si los negocios los lleva su hijo??

    12 mar 2019