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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capitulo 962 - ver ahora
Transcripción completa

-Diez años desde la muerte de Celia

sin que usted haya protestado. -"¡Mamá!".

Pero bueno, qué cosa tan rica llevas en la mano.

Le tengo prohibido que dé dulces al niño.

Lo siento.

-No podemos quejarnos del barrio,

en estos meses, damos más menús que nunca.

-El barrio necesitaba de un local como este y llegamos justo a tiempo.

-Servidora se levanta y no sabe cómo se llama ni qué ropa ponerse.

-Esto es una pesadilla.

-Más pesadilla será si nos descubren,

así que tendremos que seguir con la pantomima lo que haga falta.

-Buenos días. ¿Desea acompañar a su socio tomando un café?

-No, muchísimas gracias, doña Felicia,

yo lo único que deseo es que mi socio deje de haraganear.

-"Bienvenido a la pensión" Buena Noche, caballero.

Ni la chinche ni el mal colchón

habitan en esta pensión.

-Desde que no tiene la sastrería, anda "to" el día enredando.

-Privilegio de los desocupados. -¿Qué sabes de los nuevos vecinos?

-Que llegan hoy.

-Ella es una tal Bellita del Campo.

-Y él debe ser su esposo, el Choco de Garrucha.

Y qué buen mozo en persona.

-Es maravilloso volver a la madre patria y ver que tus admiradores

no te han "olvidao" tras años de éxitos en las Américas.

-"Desde que Ramón Palacios hizo aquello,

Felipe ha bajado a los infiernos y no tiene ganas de salir de ellos".

-¿Desea algo el señor? -Sí.

Que no hagas tanto ruido.

Genoveva.

Genoveva.

Me mudo al piso de mi esposo. Pues quizá le conozca.

-Les pagaba en la calle.

Y estén alerta, les volveré a necesitar.

Y un poquito más de gracia y salero al jalear.

-Mi Samuel.

Hola, Lucía.

¿No me diga que usted es la famosa Lucía?

No sabía que fuera famosa.

He oído hablar mucho de usted, no siempre bien,

todo hay que decirlo. No me extraña, teniendo en cuenta

quién le ha hablado de mí. Tampoco siempre mal.

Veo que ya os habéis conocido.

Lucía, ella es mi esposa, Genoveva Salmerón.

Genoveva, ya has tenido el gusto, Lucía Alvarado,

una antigua vecina de Acacias.

Espero que tu hijo esté bien,

¿cómo se llamaba?

Mateo.

Sí, pronto tendrá... diez añitos.

Diez años.

Un hombrecito ya.

Me alegrará mucho verle por el barrio.

Y yo, ya que mi nueva amiga no quiere que le invite

a una manzanilla, quiero descansar,

hemos hecho un viaje muy largo.

Claro, claro, bienvenida a Acacias.

Bien hallada.

Me alegro mucho de este reencuentro, Lucía.

Doña Lucía,... ¿aquel del bigote era don Samuel?

Sí, el mismo.

Al parecer, ha vuelto a instalarse en Acacias 38.

No sé si eso me gusta.

Ya lleva muchos años fuera. La gente cambia.

¿Tú crees? Estoy segura.

Fíjese lo mucho que hemos cambiado los que nos hemos quedado en Acacias

sin movernos de aquí.

En eso tienes razón, unos para bien y...

otros para mal.

De "to" hay en botica.

¿Y quién era la mujer que lo acompañaba?

Parecía una de las que salen en las revistas de moda.

Sí, muy guapa. No más que usted.

Quizá en otros tiempos fue así, pero ahora ya no.

Es...

su esposa, se llama Genoveva.

¿Y de dónde viene?

Me han dicho que ha sido un largo viaje,

pero no desde dónde partieron.

Una buena esposa...

también puede hacer cambiar a un hombre,

que no es bueno que el hombre esté solo.

No tema... por su presencia.

No, no temo, solo me produce curiosidad.

A más ver.

Con Dios.

(Sintonía de "Acacias 38")

¿De verdad tengo que cogerte en brazos?

Lo he leído en una revista, en América se hace.

Mira que ya no soy un niño, a ver si me voy a hacer daño

en la espalda. ¿Me estás llamando gorda?

Ven aquí, gordita mía.

(RÍEN)

Esta es tu casa, mi amor. Es maravillosa.

Está todo lleno de polvo. Ven.

Nos vamos a poner perdidos.

Pues nos lavamos.

Me encanta la casa, me encanta estar casada contigo,

me encanta imaginar nuestra vida aquí.

¿Cómo puedes decir que te encanta la casa si apenas se ve?

Vaya.

No hay luz. Voy a abrir las cortinas.

Precioso, todo precioso.

Voy a hablar con el portero, a ver si podemos arreglar la luz.

Espera.

Si no voy ya, no tendremos corriente eléctrica hasta mañana.

Ni falta que hace. Ayúdame con el vestido.

¿No... pretenderás que ahora...?

Eso es lo que quiero,

que me hagas el amor por primera vez

en nuestra nueva casa. Entonces será mejor

que vuelva a echar las cortinas, si no queremos

dar un espectáculo en el barrio. No tenemos que escondernos de nadie.

Eres perfecta.

Cállate y ven.

(Se abre una puerta)

-Vaya bailaora guapa y salerosa.

-¿Te acuerdas el día que me hicieron este retrato?

-Me acuerdo hasta de cuando te hicieron el vestido.

Ese sastre tan chiquitillo, tan bajito.

-Yo creo que fue el mejor día de mi vida.

-Bueno, bueno, el mejor día está por llegar, reina mora.

-La inauguración de nuestro propio teatro en Buenos Aires,

en plena Calle Corriente, ¿te acuerdas cuando apareció

por la platea don José Evaristo de Uriburu, el presidente de Argentina?

-Qué barba tan ridícula tenía ese hombre.

-Un respeto,

que me mandó el mayor ramo de flores que he visto nunca

después de verme actuar. -Ya, y bien celoso que me puse.

-Qué tiempos aquellos.

-Que volverán,

porque la que es una artista, lo es "pa" siempre,

esté donde esté.

-Ay, perdón, perdón, que yo aquí no pinto nada.

-Espera, Arantxa, espera. No sabes qué me he "encontrao".

-Si no me dice, no voy a saber. Espero que no haya sido suciedad,

que sabe que a limpia no me gana nadie.

-No. No es suciedad,

peor.

-Ay "amá", ¿una cucaracha?

-Muchas.

Me he "encontrao" a mi "marío" en la cocina

pagándole a mis admiradores.

-Pero ¿qué dices? -Se cree que me engaña.

-No, ni supuestos ni pagándoles. -¿Que me he vuelto loca?

-No, esos hombres y mujeres besan el suelo que pisas,

como yo, y como Arantxa, ¿verdad?

-Verdad de la buena, ¿eh?

Por la Virgen de Alazne le juro yo.

-¿Esa virgen existe?

-¿No va a existir? De muchísima devoción en mi tierra.

Aquí le llaman la Virgen de los Milagros,

es la imagen de la virgen de esta calle.

-¿Y qué tiene que ver con que mi "marío" me engañe

comprando a la clá? -¿Otra vez?

Pero ¿qué clá ni qué niño muerto? Admiradores.

Tus admiradores, que se han "colao" a ver si les cantabas algo.

Y les he "dao" unas perrillas "pa" que se vayan a tomar un vino.

-¿Es eso cierto?

-Uy, ha sido usted muy generoso,

don José, mucho, tanto que se han ido a comer unas gambas.

-Entonces,...

no se ha "olvidao" de mí "to" el mundo en España?

-¿Olvidarse de ti?

Pero eso es imposible, es como olvidarse del sabor

del jamón de tu tierra.

-A ver si compramos jamón de Huelva, lo que más he echado de menos

en Argentina en estos años. ¿Tú no, Arantxa?

-Hombre, a mí me va a perdonar, pero donde esté un marmitako...

-Pues de todo eso va a haber en esta casa,

hasta gambas rojas de Garrucha.

-Anda, Arantxa, busca una imagen de la Virgen de la Cinta

y de esas vírgenes tuyas vascas con esos nombres tan raros,

a ver si protegen la casa. -Lo que usted mande, señora.

-¿No es bonito que en España me recuerden todavía

después de 20 años?

-Pero ¿quién se va a olvidar de ti?, carita de madreselva.

Ay.

-Ay.

¿De verdad que conoce usted a la Bellita del Campo?

-Uy, y tanto, Marcelina.

Hace 20 años era una estrella que brillaba como ninguna.

No había orquesta ni verbena que no cantara sus coplillas y pasodobles.

-Antes me cantó usted una que claro que me acuerdo,

de la canción,... de ella no recordaba el nombre.

Nunca he sido muy de coplas. -A lo mejor ha vuelto

para seguir cantando y nos invita al teatro.

-Ay, madre mía,...

que yo no sé si voy a saber, que nunca he ido al teatro.

-No te inquietes, muchacha, que de eso se nace aprendido.

-Y tú a la nueva no la agobies con preguntas.

¿Que quiere hablar de su jefa? Que hable. Que no,

pues no. -Lo que manden.

-Y hablando de novedades en el barrio, Agustina, ¿ha visto usted

a don Samuel con su nueva esposa? -No. ¿Cómo es ella?

-"Pa" mí que no se va a acostumbrar al barrio.

"Tie" un estilo que ni las cantantes francesas.

-Uy, pues mi Jacinto que ni la mire.

-Pues mal lo tienes, muchacha, que a los hombres

se les van los ojos solos detrás de las mujeres así.

-Ay.

-Aquí tienen, el mejor vino a granel que puedan encontrar.

-¿Dos botellas, Jacinto?

A ver si alguna se va a achispar. -Que somos muchos, ni a un cuarto

de vaso por cabeza va a tocar. -Y la comida es contundente:

alubias con chorizo.

-Y un cacho de tocino que nos ha "regalao" Lolita de su mantequería

que no se lo salta un torero. A ver,...

es que la nueva es vasca, y en esa tierra se come a dos carrillos.

Y no la íbamos a dejar con hambre.

Y usted, Agustina, ¿qué ha "preparao" de postre?

-Flan. He hecho uno tan grande,

que en lugar de molde,

casi lo hago en un cubo. -Así da gusto,

que no falte de "na".

-Díganme en qué puedo ayudar, que ya saben que no he podido traer nada.

-Ni falta que hace, Carmen.

Hasta que no encuentre trabajo, no "tie" necesidad de colaborar.

Cuando gané sus cuartos, ya compensará.

-A lo mejor la contrata su antiguo jefe,

¿no ha visto a don Samuel?

-¿Ha vuelto?

-Esta tarde.

Mañana vaya a verlo, ¿eh?

-Ay, señor. Menos mal, ese hombre es un santo.

-¡Ahí va! Esto sí que es una mesa bien puesta.

-Es en su honor, Arantxa,

que un día es un día. -Cena de bienvenida,

pero no piense que todos los días va a ser así.

Alubias con chorizo y tocino.

-Uy, ¿no escuchan cómo me suenan las tripas?

-En cuanto suban Casilda y Servando, empezamos.

Nos vamos a poner "moraos". -Una preguntita, mientras esperamos.

En la casa hay unos retratos y quería dárselos al dueño,

¿quién es el antiguo propietario?

-Don Ramón.

-¿Y sigue viviendo en el barrio?

-Está en la cárcel.

-¿Qué? -Tenga.

Así le pasará mejor la noticia.

-Pero la dueña de la mantequería, El sueño de Cabrahígo es su nuera,

se los puede dar a ella.

-Hala, pues.

-Qué bien huele.

-Ay, hala.

Otra noche de jarana.

Ay.

Ay.

Ay, Señor.

Y pecados mortales para dar y regalar.

Oiga, señorita.

Señorita, ya es de día, vaya al baño y vístase.

La segunda puerta, y lávese la cara, haga el favor,

tiene churretes.

(SUSPIRA)

-¿Se ha marchado ya? -Está en el baño,

aseándose. Mejor que los vecinos no la vean

salir así, con el aspecto que tenía.

-A mí los vecinos me dan igual. Como si se mueren uno a uno.

-Le prepararé un café. -Agustina, no quiero café.

Ten,...

paga a esa mujer,... y dile que no vuelva más.

-Sí, señor.

(Pasos)

-Por los pelos.

-¿Cómo puedes ser tan patosa con los años que llevas sirviendo?

-Es que durante estos años no he "tenío" que llevar estas ropas,

que no sé cómo pueden vivir con tanto miriñaque.

-¿Qué sabrás lo que es un miriñaque? -Pues claro que sé lo que es.

Y el corsé, ¿qué me dice? Eso tenía que ser la muerte,

por lo menos los antiguos. -El corsé es lo mejor para la mujer,

no debió perderse tal como era.

-¿Ah, sí? ¿Y usted, doña Susana, usted lleva corsé?

-Yo lo llevo toda la vida, de ahí mi espalda tan recta.

Torcidas van a acabar las jóvenes, desgarbadas y...

barrigudas, de ir tan sueltas.

-Casilda, trae un vasito de agua con gotas de limón para mí, por favor.

-Ya mismo, señora.

-Ay, si no fuera tan lamentable, sería cómico veros así vestidos.

-¿Y se cree que a mí me gusta, tía? Estoy deseando regresar ya

a mis trajes y corbatas.

-Pues el uniforme de criada no es nada incómodo,

un poco feo, pero muy cómodo.

-Pues nada, puedes vestirlo para siempre.

Pero ¿hasta cuándo vais a estar con esa memez de los disfraces?

-Que no es ninguna memez, que corremos peligro de muerte.

-Cada vez que salgamos a la calle, debemos ir vestidos así.

-No lo podemos olvidar por la cuenta que nos trae.

Cambiando de tema, quiero ir a misa, a ver a la nueva del principal.

-Ah, la nueva esposa de Samuel Alday.

Dicen que es una mujer despampanante,

bueno, lo dice doña Felicia,

a saber lo que considera ella despampanante.

-Pero Felicia tampoco conoce a Samuel, ¿no?

Cuando abrió el Nuevo Siglo XX, Samuel había abandonado el barrio.

-Había oído hablar de él.

En los comercios es donde una se entera de todo.

-Tenga, doña Rosina.

¿Estaban hablando de la nueva esposa de don Samuel, de doña Genoveva?

-Sí, de ella hablábamos. ¿La has visto?

-No, pero me han dicho,

que los hombres cuando pasan por su "lao", se voltean.

-Ay, qué vulgaridad. A las mujeres se les mide

por su fe, no por sus escotes.

-También dicen que anoche se les oía

en el descansillo pegar gritos.

-¿Se peleaban? -No, nada de eso, eran gritos

de otra clase, gritos de alegría, de estar disfrutando de lo lindo.

-Pero qué vergüenza, pobre barrio,

y tú deberías confesarte, solo de imaginarte lo que estaban haciendo.

-Pues qué bien, así tendré algo que contarle al cura,

porque conmigo se tiene que aburrir más que un espantapájaros.

-Y doña Bella, ¿qué, va a cantar para los vecinos?

-No lo quiera Dios, no me gusta que una cupletista

haya venido a vivir al barrio,

nada bueno se puede esperar de una cómica.

-La de cosas que me estoy perdiendo por no ser señora.

-Sodoma y Gomorra

te estás perdiendo.

-"No vuelvas a dejarme sola, no vuelvas a marcharte".

-"Nunca más".

Vamos a superar esto. Te lo prometo.

-Cuando me dijeron que estaba embarazada, solo pensé en ti,

y en la ilusión de poder darte ese hijo que tanto esperas.

-Para mí tú eres lo más importante, que estés aquí...

y que estés a mi lado.

-Pero te he fallado.

Te he fallado otra vez. -No, no digas eso.

No digas eso.

Yo solo te necesito a ti.

(LLORA)

Maldito seas, Ramón Palacios.

-¿Lo han visto los funcionarios?

-Sí, es lo de siempre: jabón, algunos libros y...

eso son galletas

que le ha puesto Lolita. -Siempre tan preocupada por mí.

-Le manda recuerdos.

-Devuélveselos de mi parte.

¿Qué tal le marcha su negocio?

-Muy bien, le encanta el trato con la clientela.

Está convirtiendo la mantequería

en uno de los sitios de referencia en el barrio,

pero no he venido para hablar de eso.

¿Le importa que nos sentemos?

-Claro, hijo, ¿ha ocurrido algo?

-Vamos a pedir su indulto. -Es...

una pérdida de tiempo y de dinero, no merece la pena.

-Padre, he contactado

con un bufete de abogados muy importante,

de los mejores de este país.

Están estudiando el juicio y creen tener bastantes posibilidades.

-Para eso querías vender el piso, para pagar a los abogados.

-Eso ahora da lo mismo, lo importante es que se haga justicia.

-Yo ya fui condenado hace 10 años.

Estoy bien aquí,

los funcionarios me tratan con respeto

y el resto de presos me pide consejo.

Me he acostumbrado a vivir aquí y no encuentro mejor sitio

para pasar lo que me quede de vida. -De verdad,

me exaspera que diga esas cosas.

Usted es un hombre íntegro, este no es su lugar,

tiene que estar fuera,

en libertad, con su familia,

asesorándome en los negocios, rehaciendo su vida.

-Es inútil.

-No lo es.

Tiene que escribir al presidente del consejo y pedir el indulto al rey.

Tiene que contar lo que pasó, lo que se negó a contar en el juicio.

-Antonio,...

yo me negué a pedir clemencia entonces

y no he cambiado de idea.

-Padre, no sea terco, por favor.

Sé de sobra que usted no mató a Celia

y creo que debería contar lo que pasó aquel día.

-Mariano,...

mi hijo se iba ya, si es tan amable de abrir la puerta.

(Sonido de llaves)

-Magníficos. Muy elegantes, señor.

Debería usted usarlos

con la corbata azul que le regaló doña Lucía las pasadas Navidades.

No me gusta esa corbata, no tiene buen gusto para las corbatas.

(TOSE)

Ni para las corbatas ni para los pañuelos.

Échelo a lavar,

o tírelo mejor.

¿Te gustan?

Sí, muy distinguidos.

La distinción está en quien los lleva.

¿Por qué tardaste tanto ayer en traerlos?

Te lo expliqué, el joyero estaba terminando de pulirlos.

Cuando llegué al barrio me encontré con Samuel Alday

y su esposa.

Maldito sea el momento en que ese hombre

decidió regresar a Acacias.

Ese hombre tiene su casa,...

y en ella hará y deshará a su antojo.

En esta mando yo. Por supuesto, señor.

Lo que haya ocurrido en el pasado con él,

no afecta para nada ni a mi familia ni a mi casa,

¿de acuerdo? Sí, señor.

Como tú digas.

(TOSE)

Va, deme otro.

(Suena el timbre)

Ve a abrir la puerta.

¿Puedo pasar?

No, no me parece apropiado,...

y tampoco que hayas vuelto al barrio.

Lucía,... aquí es donde tengo mi casa

y donde quiero vivir con Genoveva.

Tan solo quería pedirte... que le facilitaras las cosas.

Ella la que se tendrá que adaptar al barrio, como hicimos todas.

Y ahora, si me disculpas,...

Lucía.

No es justo que me recibas de uñas.

He cambiado,

podemos llegar a ser amigos. Pero ¿estás loco?

Nunca lo seremos, Samuel.

Y tranquilo, no tengo nada en contra de Genoveva,

ella me cae bien.

En todo caso, le tengo lástima, no ha podido escoger peor esposo.

Te demostraré que estás equivocada.

¿Puedo saludar a tu señor esposo? No.

A Eduardo no le gustan las visitas inesperadas.

Adiós, Samuel.

-¿Tú crees que tendremos que llamar a un obispo

"pa" que bendiga la casa, José? -¿Un obispo, ni más ni menos?

¿Y no quieres que venga el papa de Roma?

-José, que le hemos "comprao" la casa a un asesino.

-No,... a saber si es verdad o son chismes de criadas.

-¿Y por qué iban a mentir a Arantxa?

-Para hartarse a reír, Mari Belli,

ya sabes cómo son los juegos de los criados.

Ni tú ni yo hemos nacido en una cura de oro. Siempre están con chanzas.

-Hijo,... un asesinato no es un asunto de choteo.

Arantxa, cuéntale a mi "marío" lo que te han dicho las criadas

del asesinato. -Al parecer, don Ramón,

el dueño de esta casa, se llevó por delante a la esposa de otro vecino,

doña Celia.

-Sería un accidente. -Ah, eso yo no sé,

pero su marido, don Felipe, abogado, todavía sigue viviendo aquí,

y consiguió que le condenaran y, desde entonces,

don Ramón está "enchironao". -Oye,

¿y cómo la mató, a tiros?

-Eso no me han dicho, si quiere, pregunto.

-Entérate de todo,

y si la cosa da mal fario, llamamos "pa" que nos hagan un exorcismo.

-Bueno, bueno, bueno, luego dicen

que los andaluces no son "exageraos", por favor.

Ah, yo venía a traer esto.

-Ay, mira, unos vecinos nos dan la bienvenida

y nos harán una visita, que les digamos cuándo.

Doña Rosina y don Liberto.

-Ahora pensamos a qué hora se pueden pasar.

-Eso. Y nos vamos a dar un paseo. -Muy bien.

Ay, pero dame media hora,

que tengo que mirar unos asuntos de las escrituras de la casa.

-Ah. Perfecto, me voy arreglando.

-¿Otra vez va a llamar a los palmeros?

-Chist. No podemos dejar que se venga abajo.

-Pero se va a dejar una fortuna en pagar a la clá para nada.

Lo mejor sería decirle la verdad a la señora,

pero si ella tiene arte y talento suficiente "pa" volver a triunfar.

-Sí. Yo lo sé, pero lo tiene que saber ella.

No podemos dejar que se desanime, Arantxa.

Voy a prepararlo todo, ¿eh?

-"Una cupletista, imagínese".

-Mientras lleve una vida ordenada.

-¿Qué esperanza nos queda? Pero si fuera una familia normal,

no estaríamos suspirando por ello, lo daríamos por descontado.

-Por lo qué sé del barrio, hasta las familias normales

han dado que hablar. -Cierto.

Qué malos tiempos nos tocó vivir,

doña Felicia. -Y que usted lo diga, doña Susana.

¿Ha visto a la esposa de don Samuel? -Era con leche, ¿no?

-Sí, Emilio.

Gracias. No, pero ya me han hablado.

Se llama Genoveva, ¿no?

-El nombre no lo sé, ayer la vi pasar, yo no la conocía,

pero ella iba tan llamativa, que tuve que preguntar.

Parecía una corista. -Corista bien hermosa.

-Emilio, ¿no te he enseñado educación?

¿Qué hay que hacer cuando los mayores hablan?

-Me voy a atender otra mesa,

pero era un monumento de mujer. -Ay, no hay quien eduque a un hijo.

-Y eso que usted no puede quejarse. -Pero dígame una cosa,

que yo con las historias antiguas del barrio me lío,

¿don Samuel estuvo a punto de casarse con doña Lucía?

-Como que le dejó plantado en el altar, ella a él.

-¿Para casarse con Eduardo?

-Quite, quiete, para amancebarse con el párroco de entonces,

don Telmo, usted no sabe el escándalo.

Por ahí vienen.

-Buenos días, señoras. -Buenos días.

-Buenos días.

-Lucía, puedes sentarte aquí, si a doña Susana no le importa.

-Al contrario, para mí es un placer. -Gracias, es usted muy amable.

-Lucía, no te importa, ¿no? Como mandes.

¿Y usted no se sienta?

-Desgraciadamente, tengo cosas que hacer.

Me gustaría, pero no puedo.

No olvidéis a la hora que hay que recoger a Mateo.

No quiero que espere. No lo hará,

estaremos allí a la hora en punto.

Doña Susana,

doña Felicia, un placer poderlas saludar.

sé que no hay en el barrio mejor compañía y ejemplo que ustedes dos.

Con su permiso.

Cuánto tiempo, doña Susana.

A usted no la conozco todavía.

Felicia, viuda de Pasamar, propietaria de este establecimiento.

Qué tiempos los de La Deliciosa,

le deseo lo mejor, tiene un local muy refinado, enhorabuena.

Gracias. ¿Y usted?

Me figuro que usted es don Eduardo, el esposo de Lucía.

Es un placer.

Lo mismo digo. A Lucía

y a Úrsula las conozco de sobra de tiempo atrás.

Les presento a todos a mi esposa, Genoveva de Alday.

Genoveva, no sé si te he contado que Úrsula llevó una vez

el nombre de señora de Alday, hace muchos años.

Fue esposa de mi padre en sus últimos tiempos de vida.

¿Lo recuerda usted, doña Úrsula?

Apenas.

Con permiso.

Es un placer conocerles, de algunos de ustedes he oído hablar mucho.

-¿Llevan mucho tiempo de matrimonio? -Muy poco.

Nos conocimos en Francia, en un casino de la costa Azul.

¿Y de dónde es usted natural?

¿Española? -De Ávila.

-Entonces conocerá a un gran amigo,

el marqués de Villatoro.

-De oídas.

-¿Y a doña Blanca de Osorio?

Tenía una finca enorme cerca de... Por la zona de Cebreros.

Le hice decenas de trajes de fiesta.

-Tal vez...

doña Genoveva frecuentaba otros ambientes.

Genoveva se trasladó siendo aún una niña

a Francia, apenas conserva

contactos de su tierra natal. -¿Desean algo más?

-¿Me lo apuntas en la cuenta de la pensión?

-Claro que sí, Fabiana. Ya sabe que a usted aquí se le fía.

Y espere, que le voy a poner cuarto y mitad

de este quesito que me ha "salío" muy bueno.

-Pero quita, que ese queso es muy caro

y nosotros no lo podemos pagar.

-Que esto no hay que pagarlo, esto es un regalo de la Lola,

"pa" mis comares del altillo.

-Cómo se nota que va bien el negocio

y que ha "entrao" dinero en casa. -¿Lo dice por la venta del piso?

-Por eso mismo.

-Ese dinero es "pa" otra cosa, Fabiana.

Si se lo cuento, ¿no se lo dice a nadie?

-Te lo prometo, pero ya sabes que no hace falta,

de lo que me cuentes, ni media palabra largaré.

-Ya le adelanté una miaja ayer.

Estamos intentando conseguir el indulto de mi suegro,

con unos "abogaos" que no se mueven si no se les paga antes.

-Ay. ¿Y lo van a soltar? -Pues esperemos que sí.

-No sabes la alegría que me das,

que yo había dejado de pensar en ver a don Ramón por el barrio.

-Antoñito y yo siempre hemos "pensao" que es inocente.

-Y yo también. -Y nadie más,

que aquí el que más y el que menos piensa que mató a doña Celia.

-Es que nunca quiso defenderse ni decir qué había "pasao".

-Pues ahora va a tener que hacerlo, porque su silencio fue su condena.

Antoñito cree que va a conseguirlo,

aunque ha ido a verle y ha dicho que no.

-¿Y qué va a hacer?

-No lo sé, Fabiana, no lo sé, pero mi marido está dispuesto a "to".

A las buenas, doña Asunción, enseguida estoy con usted.

Bueno, Fabiana, tome, ya verá qué rico me ha "salío".

-Gracias, Lolita.

Y a ver si lo otro también sale bien, hija.

A más ver.

-¿Lo de siempre? -(ASIENTE)

-Fuera hay unos señores que dicen que son doña Rosina y don Liberto

y vienen a visitarles. -Claro, hazles pasar.

-Es que, esos de don y doña no tienen nada, ella es la criada

de doña Beremunda y él es carbonero.

-¿Carbonero?

Anda, mándalos "pa" la calle con viento fresco.

-Ellos dicen que son señores, vecinos de la casa.

-José, sal tú a ver qué pasa. -Pero...

(Se cierra una puerta)

-Disculpen que entremos así.

-Perdonen, no habíamos caído

en lo de nuestras ropas,... pero se lo podemos explicar.

-No somos criados, sino señores.

-Sí, sí, mi marido menos, pero yo soy de alta alcurnia.

Soy viuda de don Maximiliano

y de la estirpe de doña Agustina de Aragón.

-¿Nos pueden explicar todo esto?

-Sí, ¿les importa que nos sentemos?

-Tomen asiento, que esto es muy raro.

Arantxa, trae el té. -¿Sin saber quiénes son de verdad?

-"Na" más perdemos un poco de té y unas pastas.

-Como usted mande.

-Antes que nada, nos gustaría pedirles su complicidad.

-¿Complicidad?

Miren,... no estamos entendiendo nada.

-Pero cuando le expliquemos por qué vamos vestidos así,

lo van a entender.

-Pues nada,... cuenten, cuenten.

-Todo comenzó hace unos meses, cuando asistimos a un acto

en el que participaba la infanta Isabel.

-La Chata. -Sí, era un parque

en el que había muchas astromelias. -¿Qué?

-Astromelias. -Unas flores que me sientan fatal:

estornudo, me dan urticarias.

-Y los estornudos , la hizo chocar con un hombre.

-Gracias a eso, la infanta sigue viva,

porque hice que ese hombre, que pretendía disparar contra ella,

errara el disparo. -Y esa es la historia.

-(CARRASPEA)

-(CARRASPEA)

-Y si eso pasó, ¿no tendrían que haberles "dao" una condecoración?

-Yo sigo sin entender "na".

-Esos radicales que pretendían matar a la Chata

quieren vengarse de nosotros por haber frustrado sus planes.

-Por eso, nuestra criada

se hace pasar por señora, y nosotros por criados.

-Sí, pero de cara a la galería.

Liberto es el señor,

yo, la señora y ella, la fábula. -No hay quien se lo crea.

-Un respeto, Arantxa. -Yo estoy con ella.

No hay quien se lo crea. -Vamos a ver, cosas peores

hemos visto tú y yo viajando por el mundo.

Fíjate tú que yo les creo.

-Gracias, doña Bella, ya me dijo mi esposo que usted

es una mujer muy inteligente. -Y gran artista.

De hecho, una de las grandes.

Soy un gran admirador suyo.

-¿A que sí?

La mejor sobre las tablas. -¿Y qué decir de usted,

el gran guitarrista, José Domínguez, el Choco de Garrucha?

-Bueno. José.

-¿Perdón?

José, no José, José. -Ah, José Domínguez.

Y cuénteme, don José, ¿cómo es que han regresado después de tantos años

en Argentina? -Por nuestra hija Cinta,

que está en un internado para señoritas en el norte,

y queremos estar más cerca de ella ahora que le quedan pocos meses

para acabar el colegio. ¿Tienen ustedes hijos?

-Yo sí, una hija, Leonor,

es de mi primer marido,

y ahora vive en Portugal. Y soy abuela, de trillizas.

-¿Tan joven?

¿Trillizas? Qué maravilla.

-Por favor, ¿eh?

(Dice algo en su lengua)

Vamos a ver, la Chata, las "astrolelas", el del revólver,

Agustina de Aragón

¿y ahora trillizas? Oye, más cuento que Calleja.

-Arantxa, por favor, no seas impertinente.

Perdónela usted, no sabe cómo está el servicio, y si es vasco más,

menuda leche tiene esta.

-Usted me lo va a contar, querida. -Cómo me tiene la vasca.

-Ay.

-Espere, doña Susana.

Que Marcelina me ha dejado su prensa de la tarde separada.

Tenga. -¿Y cómo es que estás tú y no ella?

-Porque tenía que ayudar a su esposo en la portería y me ha pedido

que la supla. -¿Y la casa donde sirves?

-Mis señores se van fuera del país y yo no puedo ir con ellos,

por mi hijo. -¿Te han despedido?

-Sí.

Espero encontrar otra casa pronto, a ver si...

ahora, como ha venido don Samuel,... No sé.

Pasé años en casa de los Alday.

-Ay, Carmen, no sé yo si esa casa ahora...

¿Has conocido a Genoveva?

Demasiados escotes, demasiadas curvas,

demasiadas carcajadas.

Una vulgar. -Calle, que ahí viene.

-Buenas tardes, doña Susana. Eres Carmen, ¿no?

-Sí, señora.

-Samuel me ha dicho que serviste en su casa durante años

y que ahora estás sin trabajo.

¿Quieres trabajar para mí?

No tengo ayuda en la casa y no soy muy buena ama de hogar.

-Ay, señora, estaría encantada. -Me llamo Genoveva.

¿Te parece bien empezar mañana? -Sí, claro, señora.

-Pues mañana te espero.

-Genoveva. Besando a la criada, ¿está loca?

-En Francia... -Estamos en España,

y este es un barrio de bien, donde las clases y posiciones

de cada uno están muy claras y hay que respetarlas.

Esa cercanía excesiva con el servicio la desmerece a usted.

-No me parece que eso sea... -Perdone, pero el recato

debería ser la norma de su conducta, no lo olvide,

porque si no, estaré yo para recordárselo.

-No se preocupe. -Espero que no se vuelva a repetir.

-Está la calle...

llenita de admiradores. -Ay, Arantxa, ¿llevo bien esto?

-A ver, déjeme a mí que le voy a enderezar un poco...

(Aplausos)

-Señores, señores, señores, que esa no es.

-¿Qué ha sido eso?

-Tus admiradores,

están tan excitados, que sienten tu presencia.

-Vamos, Arantxa, no les hagamos esperar.

Ea.

-Bella del Campo, la artista más grande que ha "dao" España.

Aplaudan, aplaudan, hasta que se les caigan las manos.

-¡Guapa!

-¡Ole!

-¡Bravo!

¡Bravo! -¡Guapa!

-Ahí, bravo.

Gracias, gracias.

Me lo dijo Agustina y yo no me lo quería creer.

¿Qué te dijo?

Que estaba aquí, tirado, que ni siquiera se había vestido

para salir a la calle.

Uf.

A Agustina no le ha enseñado nadie que...

la obligación de una criada es oír, ver y callar.

Agustina es una buena persona y está preocupada por usted.

Eso me enternece.

Brindo por Agustina.

Felipe, ¿no se da cuenta de lo que está haciendo con su vida?

Los vecinos se quejan de las juergas nocturnas

y la mujer que salió esta mañana de su casa

no dejaba dudas de cuál era su trabajo.

Ah,... ¿no era catequista?

Yo pensaba que lo era,

por eso la dejé pasar.

Aunque debí sospechar que era mentira cuando se quitó la ropa.

Felipe,... por lo menos busque ayuda médica,

en la iglesia pueden ayudarle. ¿Otra catequista?

Quizá esta noche. Bueno, ya basta.

Su cinismo no tiene gracia.

Yo ya no sé cómo ayudarle.

El día menos pensado las quejas llegarán a oídos de mi esposo

y usted tiene buena relación con él, ¿de verdad quiere perderla?

Lucía, me da igual.

Yo no me meto en tu vida ni en la de tu esposo, así que no os metáis

vosotros en la mía. ¿Esa es su última palabra?

Brindo también por ti y por tu esposo.

A Celia no le gustaría ver en qué se ha convertido.

No puede verlo,...

un malnacido la mató.

Bueno, Felipe,

por lo menos váyase, viaje y olvídese de los malos recuerdos.

Lucía,...

yo no soy feliz,...

pero tampoco veo que tú lo seas con tu vida aburrida y tu gris rutina.

No pienso moverme de aquí,...

del lugar donde fui feliz con Celia.

Me da igual los vecinos,

las habladurías o lo que penséis tú o tu esposo,

así que acéptalo de una vez... y déjame en paz.

(Aplausos)

-¡Guapa!

¡Ole! -Ole, ole, ole, guapa.

-Ole, ole.

-Oye, y estas personas ¿se pasan aquí el día entero, no trabajan?

-"Pa" que veas la pasión que tienen por ti.

-Pues todo exceso es malo.

-Anda, sube "p'arriba", que yo voy a ver al portero.

A ver, hagan una cola aquí.

Lo que habíamos "hablao". Una perra gorda por persona,

mañana otra vez aquí, con más entusiasmo,

y sin equivocarse de persona, por Dios santo.

-No sé "pa" qué le buscaba mi esposo, mire, ahí está.

José, ¿qué haces?

-Han venido mendigos preguntando por el vecino que paga por aplaudir.

-Chist.

-¿Pagas... para que me aplaudan?

-¿Yo? Yo no, no, no, no. No es lo que parece, no, no,

que no es lo que parece, no.

Tenga. Una perra gorda a "to" el que esté en la cola,

que no se cuele nadie que ya haya "cobrao".

A usted ya le podía comer la lengua un cerdo.

-Disculpe, uno no sabía... -Mari Belli,

Mari Belli, deja que te explique.

-"No tenías que haber venido hasta mañana".

-Lo sé, señora,

pero estaba tan deseosa, que en cuanto ha vuelto Marcelina,

he venido para aquí. Espero no haberla molestado.

-No, en absoluto, ni sabía qué íbamos a cenar mi esposo y yo.

-Yo les cocino, no se preocupe.

Bajo ahora mismo a la mantequería y preparo las salchichas al vino

que tanto le gustan a don Samuel, con puré de patatas.

-Maravilloso, tú ya sabes dónde está todo en esta cocina, ¿no?

-Sí, señora.

He trabajado años aquí,...

y no sabe lo feliz que me hace volver.

(Música)

-¿De dónde viene esa música? -Del salón.

-Vamos a ver.

¡Me encanta!

-Esto es cosa de don Samuel, señora. Baila conmigo, Carmen.

-¿Yo? No.

-Venga. -No, señora.

-Es una orden.

Venga, Carmen.

(RÍEN)

-Perdón, señor.

-¿Me concede este baile?

(Risas y voces de mujeres)

-Ya lo oye.

Hoy, en lugar de traer a una amiguita,

ha traído a dos. -Ay.

A este paso, don Felipe va a acabar mal.

-Lo que me extraña es que no haya pasado ya una desgracia,

con la de gente de vida disipada que entra por las noches en esta casa.

-A lo mejor, su ángel de la guarda lo protege.

-O doña Celia desde el cielo.

¿Sabe cuánto tiempo hace que no entra al despacho a trabajar?

-Ay, qué pena, Agustina, cuántas vidas "destrozás".

Don Felipe,... doña Celia,...

don Ramón.

-Yo no creo que don Ramón...

fuera culpable, de verdad,... se diga lo que se diga.

-Agustina, esto no lo cuente,

pero hay gente que cree en su inocencia.

Don Antoñito se ha ido a hablar con unos "abogaos" muy buenos,

"pa" eso ha "vendío" su piso, "pa" poder pagarles.

-¿Va a sacarlo de la cárcel?

-Va a intentar pedir el indulto para don Ramón.

Cree que pronto estará en la calle.

-Agustina,...

lleva una botella de champán a la alcoba para mis amigas.

Fabiana,...

cuéntame qué es eso del indulto.

(Música)

¿Te gusta el gramófono?

No hay regalo que pudiera gustarme más, me recuerda a nuestras noches

en Cannes.

Aquí también vamos a ser muy felices,

ya lo verás. No sé.

¿Ya te he contado lo que me ha dicho esta tarde esa bruja de doña Susana?

No le hagas ni caso.

Doña Susana lleva 40 años viviendo de criticar a los demás.

Eso es porque todavía no ha encontrado a la persona

que le plante cara.

Cariño,...

no le des importancia,...

no después de todo lo que hemos pasado para estar aquí,

juntos.

Eso nunca lo olvidaré,

pero no voy a permitir que nadie se burle de mí,

ni que me desprecien. Ya bastantes desprecios

he aguantado en esa de vida que me tocó vivir,

ya bastante tuve que agachar la cabeza y recibir golpes

de quien no tenía derecho a tocarme.

Voy a demostrar quién es la nueva señora Alday.

Te interesan más las vecinas de toda la vida,

son a ellas a quienes tienes que caer en gracia.

Lo hago porque no queda otro remedio,

ya me gustaría poner en su sitio a doña Susana.

-Si tuviéramos más confianza con Felicia, podríamos preguntarle

por su niña, ¿será mudita de nacimiento o por enfermedad?

-Teníamos que habernos "quedao" en Argentina, que besan por donde piso.

-Y aquí.

Cuando se enteren que hemos vuelto, se pegarán por un autógrafo.

-Por un descuido, don Felipe se ha "enterao" que ustedes

quieren pedir el indulto.

-Ay. "Pa" mí que eso no es cosa buena, ¿eh?

-Escribiré al ministro de Gracia y Justicia oponiéndome al indulto.

Tienen que hacerle caso. Sé lo que hubo entre ellos,

pero a día de hoy, Samuel es mi marido y está entregado a mí.

No quiero entrar en casa de Samuel.

No siempre podemos hacer lo que nos place. Irás a la merienda,

debes aceptar la invitación de la nueva señora del principal.

Solo faltaba que esas harpías no vengan, menudo debut.

-Tengo buen ojo para la gente, y esa no es trigo limpio.

Tendríamos que dejarle bien claro que no es bienvenida.

-Ojo, que la tiene usted detrás.

-(HABLA EN FRANCÉS)

-¡Intente salir de aquí, cuente qué pasó realmente esa maldita tarde!

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Acacias 38 - Capitulo 962

04 mar 2019

Samuel entra con su nueva esposa en Acacias 38. La curiosidad y los chismes se desatan. Hacen el amor en la casa, deshabitada durante años. Samuel se presenta en casa de Lucía, pero ella no le recibe bien: nunca serán amigos.
Agustina llega a casa de Felipe y descubre que una prostituta ha pasado allí la noche. Antoñito le comunica a su padre que va a pedir el indulto.
Bellita está preocupada tras saber que el anterior dueño de la casa está en la cárcel por asesinato. Liberto y Rosina visitan la casa de Bellita y explican por qué van disfrazados: Rosina evitó un atentado contra la Infanta gracias a un inoportuno estornudo y ahora la buscan los anarquistas. Bellita descubre la verdad sobre los palmeros que la vitorean allá por donde pasa.
Genoveva contrata a Carmen como criada. Está convencida de poder ganarse al barrio como la nueva señora Alday que es.

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  1. Victoria

    O sea ... el malo de los malos es Samuel Alday y esta en la cárcel D. Ramón ??? Que me cuentas ?? Menos mal que hay alguna escena "picantita" de vez en cuando... me refiero a la de Samuel y su esposa ... porque ultimamente ests el tema un poco flojo ... espero q cuando vuelva Telmo veremos más escenas de "amor" ... comparto q el marido de Lucía no hay por donde cogerlo ... Grande Úrsula !!! La mejor ... Dña. Susana q cansa , uff q pesada . Se echa de menos a Trini ... Saludos, acacieros, de momento les daremos una oportunidad ...

    06 mar 2019
  2. Francesca

    Hola Alicia. Me divirtieron mucho tus comentarios. Tenés toda la razón, jajaja. Espero que no nos tengan 1 año, esperando el indulto de don Ramón. Un poquito de dinamismo y alguna referencia a los cambios. ¿Cómo llegaron Fabiana y Servando a administrar esa pensión? A... y que terminen con el delirio de Rosina y Liberto como sirvientes... muy escondidos, pero tomando chocolate junto a las Sras., en el nuevo café.

    06 mar 2019
  3. Paola

    Es verdad vuestros comentarios, YO TAMBIEN ME DESPIDO DE ESTA SERIE. la guionista aprenderá y sus próximos trabajo serán mejores.

    06 mar 2019
  4. Valeria Portillo

    Solo porque llevo cuatro años viendo esta novela la sigo viendo. Me parece de lo más injusta la situación, creo que Celia merecía un mejor final y Ramón no debería estar en la cárcel. El marido de Lucia nefasto, solo ella lo soporta, me pregunto cómo llego a casarse con el... Lo que si no me queda duda es que el niño es hijo de Telmo, fin.

    05 mar 2019
  5. Alison

    Yo realmente estoy muy decepcionada, de que hubieran quitado a Trini de esa manera tán trágica y que don Ramón sufra de esa manera siendo un hombte tan bueno. Ya le estoy perdiendo el interes a mi novela preferida

    05 mar 2019
  6. Almudena

    Habéis destrozado la serie , los nuevos personajes no tienen enganche , el marido de lucia es de lo más patético, ya no solo porque es un personaje salido de la nada que no tiene ninguna credibilidad , el actor es pésimo , ya lo vi en la otra mirada , serie de antena3 y es malísimo con ese aire de drogata creo que sería el único papel que haría bien, hace tiempo que iba perdiendo el interés por los malos guiones que últimamente tenía ahora si que voy a buscar otra cosa que hacer para no perder el tiempo viendo acacias 38 , una pena

    05 mar 2019
  7. Alicia

    La nueva historia se va armando de a poco, Samuel tiene una nueva vida, que como decimos en Argentina, esta "atada con alambres", para mi, su esposa, es una bataclana que conoció en Paris (la pobre trae sus demonios ) y quizás este enamorado de ella, pasaron 10 años y convengamos que el nunca estuvo enamorado de Lucía, seguramente el pasado se hará presente en Acacias 38. El que debe andar muy cansado, es Liberto, pobre..... nunca trabajó desde que llegó al barrio, andaba siempre impecable y ahora trabaja de ¡Carbonero! ¿seguirá yendo a la Sociedad Gimnástica? Jaja. La que quedó en la calle es Susana, le sacaron la sastreria y ahora deambula por el barrio, que se instale en el altillo.... Creo que la esposa de Samuel conoce todo el pasado del pequeño Alday, me parece que no son "trigo limpio".

    05 mar 2019
  8. Mabi

    Ahora al capítulo!!!! Me encantan Bellita, Jose y la criada Arantxa!!! Creo que entre la Andaluza y la Vasca nos darán unas lindas escenas, la complicidad con el patrón, Jose, por hacerla sentir bien a la artista, me gusta, ya que las relaciones entre patrones y criadas en Argentina,, y más sabiendo que vienen de origen humilde, eran( y salvo entre los " cocoteros")de familiaridad y fidelidad. A Santo de que Susana va a vigilar la moral de la esposa de Samuel? Que mal me cae el marido de Lucía!!!!! Que tiene que sentarla con las señoras para que aprenda....aprenda qué????? Ella hija de Marqueces le podría enseñar mucho a él... De donde lo habrá sacado!!!! Otra graciosa escena la de Rosina y Liberto, si nosotros no los conociéramos diríamos que están locos!!!! Jajaja. Hasta ahora me gusta mucho la nueva etapa y espero ansiosa la declaración de Don Ramón, que nos desentrañar lo que sucedió y lo indulten. Cuando veremos el " nidito de amor" de Lolita y Antoñito????

    05 mar 2019
  9. Mabi

    Me corrijo... El superávit fue en el año 1897. Disculpas

    05 mar 2019
  10. Mabi

    Bellita hoy dijo que en la inauguración de su teatro en Buenos Aires, Argentina, asistió el entonces Presidente José Félix Evaristo. URIBURU, les cuento que nació en la provincia de Salta en 1831 fue abogado y político, no tenía afiliación a ningún partido político y gobernó desde el 23 de Enero de 1895 hasta el 12 de Octubre de 1898. Su gobierno fue estable y respetado por todos. El superávit fiscal que logró en 2897 le permitió encarar la construcción del primer edificio de la facultad de Medicina de la Universidad de Bs. as, el Museo Nacional de Bellas Artes, la Escuela Industrial de la Nación ( luego conocida con el nombre de Otro Krause), el nuevo edificio del Congreso Nacional( el actual) y la base Naval de Puerto Belgrano, en Bahía Blanca, Para. De Bs. as. Fue Senador Nacional por la ciudad capital entre 1901 y 1910, retirándose ese año de la actuación pública y falleció en Octubre de 1914. Un poco de historia Argentina.

    05 mar 2019