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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 961 - ver ahora
Transcripción completa

He ido al banco y he comprobado que no hay nada en las cuentas.

Alguien perteneciente a la institución

ha ordenado transferir todo el dinero

a la Orden del Cristo Yacente.

¿Quién ha podido cometer semejante felonía?

Telmo.

"La transferencia que ha dejado a cero las arcas de la fundación

tiene la firma de Telmo". ¡Mentiroso!

(LLORA) "Telmo me ha arrebatado"

hasta el último céntimo.

Por eso propuso la fundación,... por eso quería tener poderes.

-Tiene que ver con los Palacios. Se marchan los cuatro, a París.

-Nos vamos ya, hijo. -¿Ya, cómo de ya?

-En dos días. Vengo de la estación, de comprar los billetes.

-¡Tito! -Diez,...

nueve, ocho,... -Tito.

¡Que vengan los médicos!

"Andrés había amañado" el combate

apostando que Tito ganaría en el tercer asalto,

pero nosotros apostamos por que perdiera.

-Y como caí redondo en la lona,

hemos ganado un dineral.

-"Don Íñigo, me dijo que si veía un tipo sospechoso"

se lo dijera.

Está merodeando por La Deliciosa y con unos tipos muy mal "encaraos".

-Tendremos que darles esquinazo.

-¡Pues tocarme mis posaderas con manos libidinosas!

-Ah, si nos referimos a eso, sí, me ha parecido muy bonito.

-¡Eres un sátrapa! -No, no, sincero, sincero,

que usted está de muy buen ver. -¡Eres sátiro

e irás directamente al infierno! -De momento, a la iglesia.

-¡No, de eso nada!

-Mamá no va a permitir que te lleven esos malos.

"Le han hecho parecer como el ladrón de la señorita Lucía,

que ha trasferido sus fondos a la Orden del Cristo Yacente".

Esto no es verdad.

Espineira. Espineira.

Un honor servirle.

-Al contrario, amigo mío, por fin un aliado eficaz.

No voy a permitir que nadie te separe de mi lado, hija mía.

Nadie.

-Celia.

Por favor,...

deme a Milagros.

Lucía, yo te quiero. ¡No, no me quieres!

(Grito)

Celia. ¡Ayuda!

(GRITA)

(LLORA)

No, no, no.

¡No! ¡Celia!

(LLORA)

¿Me lo das? -Es mío.

-¡Hala! -Por arriba no, que me das.

-Buenos días, señora de Palacios.

-Como me llame así otra vez, Susana, le doy con el bacalao,

que lleva años con la chufla, mujer.

-Perdona, es que me divierte que te siga encocorando.

-Y a parte de chincharme, ¿se le ofrece otra cosa?

Que desde que no tiene la sastrería, anda "to" el día enredando.

-Privilegio de los desocupados, pero sí, vengo a interesarme por tu casa,

que mira qué trajín hay en el portal.

-Una mudanza, ya sabe lo que es, bártulos "pa" arriba y "pa" abajo.

-¿Qué sabes de los nuevos vecinos?

-Que llegan hoy, "na" más.

Y que falta no sé qué papelajo "pa" ultimar la venta,

pero que se instalan ya.

-A ver si tenemos suerte y vuelve a entrar la alegría en esa casa.

-Y que usted lo diga.

Ay, ¿quién fuera tan "despreocupao"

como un niño "pa" no tener recuerdos amargos

ni memoria de pena alguna? -Tú lo que quieres

es uno correteando por tu casa, que ya es hora.

-Ya sabe cómo están las cosas, Susana.

Con la que tenemos encima, nuestro hogar no es un buen lugar

"pa" criar a un niño.

-Pero la vida sigue, Lola, quizá deberías olvidar.

-Estando mi suegro "ande" está, imposible.

Ea. Dejémonos de amarguras

y dígame, ¿qué le avío "pa" su cocido semanal?

-Berzas, y unas longanizas, pero que sean de las buenas.

-Uy, ni que mi género fuera malo.

A ver si su "criá" le está dando el cambiazo

y se lleva lo bueno "pa" casa.

-No diría yo que no.

Mateo.

-Un momento, doña Úrsula.

¡Yepayaaa!

-¡Yepayaaa!

¿Qué pasa, Mateillo, de paseo?

Mira, mira qué tengo "guardao" aquí "pa" ti.

¿Eh?

-Arrea, Jacinto, muchas gracias. -De "na", pillastre.

¿Arrea?

Esa boca, Mateo.

No quiero que te juntes con el portero, y mucho menos,

que grites como un cabrero.

No vas a comer eso, que te va a ensuciar el estómago.

Nos vamos para casa, dámelo.

¡Mamá!

Mi vida.

Pero bueno, qué cosa tan rica llevas en la mano.

Veneno.

Eso es lo que lleva en la mano, veneno.

(TOSE)

Le tengo prohibido que dé dulces al niño, Úrsula.

Lo siento, señor, ha sido el zafio del portero del 38.

Hablaré con él.

Que malcríe a sus hijos si quiere, al mío no.

Eduardo, total, por una golosina.

Ni una ni media.

Vamos a casa.

-¿Quiere que el mancebo se lo arrime a la casa?

-Ni te molestes, me viene bien trajinar.

¿Y dónde se mete tu señor esposo?

Que no lo veo en el Nuevo Siglo XX, dándole al café matutino,

y eso, él no lo perdona.

-Bueno, ¿cómo ha pasado la semana, padre?

-Tranquilo, leyendo.

Acabo de terminar "Campos de Castilla", hijo.

Un portento, este Machado.

Reconforta leer algo

tan sobrio, tan preciso,

como los mismos campos de Castilla.

-¿Y no le reconfortaría más leer estos poemas fuera de aquí,

o incluso... pasear por estos mismos campos?

-Si vas a volver a eso, esta visita va a ser muy corta.

-Diez años, padre,...

diez años desde la muerte de Celia, diez años sin que usted

haya protestado por estar aquí.

Hemos porfiado más Lolita y yo por su libertad, que usted mismo.

-Porque os place.

-Porque le queremos.

-Pues si me queréis, dejad de dar vueltas al tema de una vez.

-De acuerdo, vamos a tener la fiesta en paz,

tampoco quiero discutir con usted ni disgustarlo.

-Yo tampoco quiero enfadarme contigo, hijo, ya lo sabes,

pero respeta mis decisiones, por favor.

-En cualquier caso, ese no es el motivo de mi visita.

He venido por estos documentos,

y para verle, claro.

Necesito su firma para cerrar la venta de la casa.

-No sé por qué queréis venderla ahora, después de tanto tiempo.

-Bueno, un piso cerrado genera muchos gastos

y quebraderos de cabeza, y Lolita y yo estamos muy a gusto

en nuestro piso.

Gracias.

¿Sabe que...

mi hermanita Milagros tiene una letra muy parecida a la suya?

-Quien a los suyos se parece...

-No se puede ni imaginar

el estirón que ha pegado.

Mire.

María Luisa me ha mandado un retrato.

Es... toda una mujercita.

Además, como la visten con esa moda parisina,

prácticamente parece una muñeca.

-Guarda ese retrato.

-Padre, es su hija.

No ha querido ver una imagen suya desde que María Luisa se la llevó

a París.

Ni siquiera sabe si tiene el pelo moreno o Trigueño.

-¿Y de qué me serviría verla si no voy a poder tenerla nunca conmigo?

Eso haría que mi condena fuera aún más dura.

No.

Me conformo con saber que la niña está bien.

-Padre,...

padre,...

es su hija.

-La niña está bien donde está,

lejos de su padre, feliz.

Guarda ese retrato.

No quiero verla.

(Sintonía de "Acacias 38")

(Suena el timbre)

-No estará aquí el sereno, por casualidad.

-Está,

pero por casualidad no es,

ha tenido que pegarse una carrera de aúpa

persiguiendo un pillastre y ha subido a lavarse.

Venía sofocado, el hombre.

-A ver si no tarda con las abluciones.

Hay unos vecinos preguntando por él,

han perdido la llave y quieren que les abra su piso.

¿Sigue pensando en lo mismo? ¿Todavía no ha tomado una decisión?

-No es fácil, Agustina, no es fácil.

-Sí, "señá" Fabiana,

Jacinto es un mirlo blanco,

un cuervo albino, un ruiseñor que canta al alba.

-Un pájaro, vamos. -No, "señá" Fabiana,

un amor.

Espero que Dios nos dé hijos pronto.

-Dios no quiere que vengan niños al mundo en este barrio.

Mira Lolita y Antoñito,

que no hay pareja que se quiera más y que más merezcan tener criaturas.

-Oiga, "señá" Fabiana, que el Jacinto y una servidora

también nos queremos un porrón.

-Disculpa, Marcelina, sí, por "descontao",

pero tú sabes a lo que yo me refiero.

-A que se merecen alguna alegría, y tanto.

-¿Dónde está lo más bonito de "to" Acacias?

Mejorando lo presente.

-Deja los piropos "pa" tu santa, Jacinto, que una ya...

no está "pa" requiebros. -Toma, mi amor,

un bollito "pa" mi bollito, ¿eh? Que esas carnes prietas

no me pasen hambre. -¿Es o no es un poeta?

-No es un poeta.

-Pues a mí me parece poesía pura lo que sale por su boca.

-Ay, que el amor es ciego, y sordo también.

-Marcho, señora, que los de la mudanza me van a rayar las paredes

con tanto bártulo y a armar la de san Quintín con los propietarios.

Con Dios.

-Ay, eso es amor.

-Eso es que al Jacinto

le gustan entraditas en carne.

¿Cuándo vas a coger los diarios, que llevo ya 10 minutos sosteniéndolos?

-Sí, sí, discúlpeme, es que es hablar de mi Jacinto

y se me va el santo al cielo. -Ya.

Y la pesquis por el albañal, está claro.

Toma, ya mañana me paso a por los del día.

-Con Dios.

-Con Dios, vaya usted con Dios.

-¿Qué?

¿De asueto? -No, de misión.

Ese tipo es inspector del ayuntamiento y me ha preguntado

por doña Rosina, pero yo... chitón,

no le he dicho ni mu.

-Muy bien, en eso quedamos. Mientras tanto,

nuestra pensión desatendida.

-Nones, que no hay movimiento aparente,

y desde aquí tengo un control perfecto

de la situación, verbigracia, del local y posibles huéspedes.

-Aquí lo único perfecto es su caradura.

-Fabiana, ¿desea acompañar a su socio tomando un café?

-Ah, pues mire...

-No, muchísimas gracias, doña Felicia,

yo lo único que deseo es que mi socio deje de haraganear

y me acompañe a dar el callo.

Vamos, a la faena. -Sí, mujer, que sí,

tampoco hace falta...

-Menuda pareja peculiar son estos dos.

-A nosotros, si vienen y pagan, no hacemos distingos, hijo.

Prefiero tener el local atiborrado de clientes del pueblo llano,

que vacío de nobles. -Amén.

Aunque no podemos quejarnos del barrio,

en los meses que llevamos aquí damos más menús que nunca.

-El poder de la oportunidad, hijo.

El barrio necesitaba de un local como este y llegamos justo a tiempo.

-A veces, Dios escribe recto con renglones torcidos.

-Ya.

Hubiera preferido que no hubiera escrito algo tan terrible, hijo.

-Camino, no pongas tan pegados al borde los platos,

el cliente los puede tirar.

-Tu hermana no habla, pero se hace entender que da gloria.

-Ojalá hablara.

-Me preocupan más otras cosas que aquejan a Camino, hijo.

Mucho más.

-La entiendo.

Irse tan lejos.

-A México, nada menos.

Mis señores me quieren con ellos, pero ¿y mi Raúl qué?

Ya es un hombre.

No le veo mucho, y eso que las vascongadas están aquí al lado,

pero ¿México?

México está a jornadas en barco, Agustina.

-Y cambiar de país,... de costumbres.

-Tampoco quiero parecer una desagradecida,

porque cuando don Samuel Alday dejó Acacias, que...

de eso ya va para dos años,... los Carral me dieron empleo,

y jornal, y no tengo ni media queja

de su trato, pero dejar España...

¿Por qué tiene que ser todo tan difícil?

-En la vida hay que tomar decisiones, y no siempre es fácil.

De todos modos,...

llegan nuevos señores a la casa de los Palacios,

a lo mejor no tienen sirvienta.

Podría postularse.

-Agradecida, Agustina, siempre tiene palabras amables para todos.

Con la que debe estar pasando usted con su señor.

-Sufro viendo cómo se destroza

la vida y la salud día a día, o más bien noche a noche.

-Aquí me tienen, en perfecto estado de revista.

Espero que al ladronzuelo ese,

que me ha hecho sudar sepa con quién se juega el percal.

-No las pille tanto, que usted ya no es ni la sombra del gruñón que fue.

-Y bien que lo celebramos, todo sea dicho.

-No se engañen, señoras, sigo siendo implacable.

-Pues ea, sargento.

Vaya a atender a los señores que le esperan para que les abra.

-Claro, a mandar, señoras, a mandar.

-¿Y cómo cree que saldrá de esta su señor, Agustina?

-Ay.

-¿Y una crema de berros?

-No es temporada, mejor una de puerros con patatas.

Y nuestros clásicos,

una de callos, el cocido con sus vuelcos y...

(Golpea la mesa)

-Un café solo.

-Aurelio, un café para el señor, por favor.

Una mañana fresca,

¿no cree, don Felipe?

-Me es indiferente.

¡Maldita sea, está ardiendo!

-Cámbieselo de taza, Aurelio.

-Déjalo.

-Maldito borracho.

-Hijo, contención, es un cliente.

-Mil veces prefiero a Servando que a ese maleducado.

-¿El señor Álvarez-Hermoso estaba otra vez indispuesto?

-O como quiera llamarlo, doña Susana.

-Pobre hombre, con lo que era. -Solo conozco al que es,

y no me gusta un pelo,

por mucho que fuese un abogado de relumbrón.

-Pues lo era, pero desde que Ramón Palacios hizo aquello,

Felipe ha bajado a los infiernos y no tiene ganas de salir de ellos.

-Debe ser duro que tu mejor amigo mate a tu esposa.

Supongo que busca olvidar entregándose a una vida disipada.

-Pues va a encontrar la muerte, o la indigencia.

Dilapida la herencia de su esposa y no es capaz

de mantener trabajo alguno.

Si Celia levantara la cabeza, se volvía a la tumba.

-Todos tenemos nuestras desgracias, hemos de tirar para delante.

-Es verdad, hijo, pero él ha idealizado a Celia,

idolatra su recuerdo. Ha perdido el sentido

de la realidad y ha errado el rumbo de su vida.

Lo único que podemos hacer es compadecernos de él.

Con permiso.

-Bueno, ha sido un placer, excelentísimo señor

inspector municipal.

Los antiguos señores de esta casa se la guillaron, "uséase",

se marcharon de golpe y porrazo.

Señores por llamarlos de un modo elegante,

porque tendría que haber visto cómo me dejaron la casa,

como una cochiquera, pero no se preocupe,

que les diré yo lo de las "bonifacaciones" esas

de los tributos.

¡Recoñe, Margarita! Recórcholis.

Mira que eres torpe.

Vete a la cocina y prepárame un té con pastas

que me ha "entrao" gazuza.

-Querrá decir apetito, ¿no, señora?

-Pues eso, gazuza. Hay que ver cómo está el servicio.

Lamberto, por el amor de Dios, ¿cuántas veces te tengo que decir

que el carbón se mete por la puerta de servicio?

-Sí, señora, lo lamento, no volverá a ocurrir.

-Y tanto que no volverá a ocurrir, estás despedido.

-(AMBOS) ¿Qué?

-Aparte de inútiles, ¿sordos también?

¿Qué imagen le vais a dar al señor inspector municipal?

Menudo rapapolvo os va a caer

en "cuantico" se marche.

¿Qué os habéis "pensao", que esto es la casa de Tócame Roque?

¿Me estáis entendiendo?

A ver, ¿cómo se dice?

"Sí, doña Beremunda".

-(AMBOS) Sí, doña Beremunda.

-Eso es.

Pues ya ve, señor inspector,

cómo es la vida de esta pobre viuda,

"to" el día bregando con inútiles y holgazanes.

Hasta la próxima, con Dios.

(TOSE)

Eduardo, ¿estás bien?

No preguntes estupideces, querida.

Soy un enfermo crónico.

¿Te has levantado a por mi vaso de agua o a estirar las piernas?

Sí, claro, tienes razón, te lo pongo enseguida.

Déjalo ahí, si lo bebo después de la tos, será peor.

(Se abre una puerta)

¿Leyendo lo de México, señor?

Estaba cantado. Han asesinado a Madero.

Si no lo hubieran ejecutado,

habría vuelto a llevar al país al caos.

Qué horror, pobre hombre.

Lucía,...

no hables de lo que no sabes.

Lo mejor que le podía pasar a México

es que volviera a ser español.

Amén, Úrsula, amén.

Voy a ver cómo va la comida.

Eduardo,...

¿te acuerdas de los Taboada?

¿Debería?

Hace tiempo que se interesaron en conocerme

para darles mi opinión sobre unas antiguas obras de arte.

Resulta que me han vuelto escribir por si puedo ayudarles

con la restauración de una obra.

No.

Verás, el caso es que... El caso es que no sé

qué hace una gente que no es nada nuestro,

escribiendo billetes a mi señora esposa.

Ya no hay decoro ni urbanidad.

Debieron guardar las señas y saben de mi amor por el arte

y la restauración.

Una mujer decente solo debe tener amor por su familia,

su casa y su dios.

Pero yo no os descuidaría,... te lo prometo,

puedo verles esta misma tarde y pedirles que...

Esta tarde ya tienes tarea.

Vas a ir a recoger unos gemelos y quiero tener ya en casa.

Quizá, si voy antes, pues... No.

La conversación ya ha terminado.

-¿Doña Beremunda? ¿De dónde te has sacado ese nombre?

-La verdad es que siempre me sonó la mar de retumbante,

y a usted le pega. -A ti sí que te voy a pegar.

-Anda, que llamarme Lamberto,

que ya podrías haberme llamado Liberto, que casi metes la pata.

-Ay, no me acordaba en qué nombre habíamos quedado.

-Pues toma rabos de pasas.

-Discúlpeme, es que es todo tan "complicao".

Servidora se levanta por la mañana y no sabe ni cómo se llama

ni qué ropa "tie" que ponerse.

-¿Me lo dices o me lo cuentas? Esto es una pesadilla.

-Más pesadilla será

si nos descubren, así que tendremos que seguir

así lo que haga falta.

Bueno, doña Beremunda,

¿dónde está mi correo?

Quiero seguir en contacto con mi verdadero yo.

-Descuide, ahí tengo un fajo de cartas.

Se conoce que la mitad

no sabe que no se encuentra, aunque sí que se encuentra.

-Yo sí que no me encuentro. -Es de mi niña, ¡de mi niña!

-¿Ah, sí? ¿Qué dice?

-"Estimada madre,

sepa que el negocio de ultramarinos de mi esposo va viento en popa,

y yo cada vez disfruto más dando clases de español".

-¿Clases de español? ¿En Portugal no hablan en cristiano?

Pero si están aquí al "lao". -Por favor,

trae un poquito de jerez y calla.

-Señora, a ver si aprende usted de doña Beremunda,

que ella sí que sabe lidiar con el servicio.

-¿Y de Flora, no dice nada?

-Sí. Por lo visto, ella y Tito han descubierto su vena aventurera

y andan por el Orinoco.

Ay, ¿quién lo iba a decir?

Al final se cree que es una Cervera.

Ay, Liberto.

Echo tanto de menos a mi Leonor. -Cariño.

Piensa que no está viendo por todo lo que estamos pasando.

-Eso es verdad.

-Hale.

"Agradecía", Pepa.

-Espero que el suelo de vuestra antigua casa sea firme,

porque no he visto tanto baúl en toda mi vida.

¿A qué se dedica la gente que os ha comprado el principal?

-Y dale al molino, que no lo sé, Susana, gente con reales suficientes

"pa" comprar el inmueble, como dice mi Antoñito.

No me interesa más. -Pues a mí sí.

-¿Qué le importa a usted que esa gente

se dedique a la banca o a pintar a brocha?

-Pues mucho, a la postre hemos de convivir con ellos.

-Descuide, que no son unos pordioseros, no se preocupe.

Mi Antoñito ha pedido sus buenos reales por el pisito.

¿Quiere algo más? Esta mañana ya me ha hecho buena compra.

-Pues... un saquito de azafrán, nada más.

La cocinera quiere hacerme una pepitoria.

-Volando.

Que aquí en mi tienda tengo el mejor azafrán manchego.

Huela, huela.

Gloria bendita.

-Ay, Lola, ni yo en mi juventud era tan feliz con mi negocio,

y eso que adoraba las agujas, los patronajes, los dedales,

pero lo tuyo es por demás.

-Disfruto como un gorrino en un charco.

Aquí veo a mis "comares" y estoy con las señoras,

y "toas" son mis iguales.

Y mire qué preciosura, Susana.

Qué garbanzos, qué quesos, el bacalao... bueno, bueno,

¿y qué me dice del chocolate? -Calla, calla,

que me entran las hambres.

-¿No echa de menos su sastrería?

-Al principio...

puede, pero ahora me he hecho a la vida fácil,

mi misa, mi paseíto,

mi café en el Nuevo Siglo XX. -Vamos,

que vive usted como un cura.

-No blasfemes.

El Señor me ha enviado esta vida, pues yo me conformo con ella.

-Claro, a ver de qué tiene queja.

-Bueno,...

pues me quejo de no ver lo suficiente a mis hijos

y a mi nieto.

-Ya. Siempre hay un pelo en la leche, ¿eh?

Yo, si no fuera por lo que pasó con mi suegro y Celia,

sería la mujer más feliz del mundo.

Habría "tenío" ya por lo menos cuatro chiquillos,

en verano, a darme unas aguas, y el resto del año,

a atender mi mantequería y a mi Antoñito.

-Conformidad, hija.

Una buena cristiana ha de tener conformidad.

-Pues yo no seré buena cristiana, porque no me conformo,

y si Dios ha dispuesto esa vida "pa" mí, tendré que convencerle

"pa" que la cambie.

-No blasfemes, que vas a ir derechita al infierno.

Abur.

-Doña Susana. -Lleva bien derecha a tu mujer,

Palacios, quedas avisado.

-Arreglado.

-Qué barbaridad,... madre mía.

Ay, Señor.

Qué barbaridad.

Oh.

Ay.

Dios mío.

Oh. Hala.

Ay, Señor.

Oh.

Ay.

Oh.

Ay, Señor, Dios mío, Virgen santa.

Ay.

Hala.

(Tos)

¿Desea algo el señor?

-Sí. Que no hagas tanto ruido.

¿Qué haces con eso en la mano?

-Estaba en esta caja, en el mueble.

-Tíralo. Ya sabes que hace tiempo que no lo necesito.

-¿Le preparo una manzanilla? ¿Algo de fruta?

-No me apetece nada. Tengo mal cuerpo.

-Algo caliente le asentaría el estómago.

-Agustina, te he dicho que no. No seas pesada, no eres mi madre.

-No, desde luego, pero quizá si comiera usted algo...

-Agustina, ¡basta!

Me va a estallar la cabeza con tanto parloteo.

Déjame en paz...

de una maldita vez.

-Mi padre ha firmado, la casa puede ponerse a nombre de los Domínguez.

-¿Así se llaman? -Sí, pero no sé ni cuántos son.

-Muchos,

a juzgar por el equipaje, que yo no he visto eso en "toa" mi vida.

-El principal es grande, yo espero que sean muy felices.

Y ojalá dentro de poco esa casa vuelva a llenarse de risas,

como cuando vivían mi padre y Trini.

-Eran buenos tiempos, ¿eh? Menudo cascabel era mi paisana.

Qué pena que se fuera tan pronto.

-Esta operación nos va a venir muy bien a todos.

Una familia va a entrar en un piso bonito y luminoso y...

con el dinero de la venta,

podré contratar el mejor abogado en indultos.

-Te van a ayudar los amigos de tu padre, ¿no?

-Sí, tienen buena relación con el nuevo ministro de justicia.

Me dijeron que usarían su influencia para poder conseguir el indulto

a mi padre.

-Pues "to" el dinero del mundo estará bien "empleao"

"pa" que mi suegro salga del presidio de una santa vez.

-Sí. Además, así nos deshacemos de esa casa,

que solo me trae malos recuerdos y amarguras.

Tú y yo no podríamos ser felices allí.

-En nuestro "pisico" estamos la mar de bien.

Di que sí.

Yo solo te necesito a ti.

Bueno,...

y... familia, cuando se pueda.

-Esta tarde me paso por el bufete a contar todos los detalles.

-A tu padre, chitón.

-No, ni media. Además, se negaría en rotundo

a defenderse, como lleva haciendo todos estos años.

-Y que no píen con él los "abogaos" esos.

-No, si lo saben, saben que mi padre

no quiere hablar de lo que pasó esa fatídica tarde,

por qué murió Celia ni por qué ha aceptado su destino.

Yo estoy harto de que la gente vea a mi padre como si fuera un apestado,

quiero que el verdadero Ramón Palacios vuelva a la vida.

-Eres un buen hijo,... y un buen esposo y un buen de "to".

Ojalá que tu padre recupere la alegría

y las ganas de vivir y pueda ver a su Milagros, y verla crecer.

-Eso espero, porque desde aquello,

mi padre no solo no quiere defenderse,

sino que tampoco ha pedido perdón. Solo...

ese silencio, ese negro silencio.

-Muchas gracias, don Adolfo, que pase usted un buen día.

-¿Usted ha visto alguna vez más cantidad de arcones,

baúles y maletas?

Yo no sé cómo de potentados serán los nuevos del principal,

pero a equipamiento no le gana ni la reina.

-Ocho, y siete, 15. Escoba. Le estoy dejando sin palabras, ¿eh?

-Y yo sin oros, ¿eh? Me debe otro real.

-Me está usted dando remoquete, ¿por afición o por sport?

-¿De verdad quiere que le responda? -Quite, no me diga "na".

Los inquilinos del principal vienen de Argentina.

-Rediez. Malo, malo.

Uno no va a poder entenderse con ellos.

-¿Por el exceso de equipaje? -No, por el idioma.

-Pero si los argentinos hablan en castellano.

-Pero raro, muy raro. -Sí, que usted

maneja el verbo de Góngora. -Pues mis ovejas

me entendían perfectamente, y mi Marcelina ídem.

-¿No querrá que se aloje en el principal un rebaño

para compartir lengua?

-¿Y a qué habrán "venío" a España? -No lo sé,

serán indianos que regresan.

Como en España en ningún "lao". -Eso es verdad.

Y hablando de regreso, ¿no le intriga preguntarle a Cesáreo

por qué regresó?

-Va a hacer usted cierto el dicho

de que los porteros son unos chismosos,

mientras yo me he tirado años intentando derrumbar esa falacia,

verbigracia mentira. -Que no es cotilleo,

es interés por la mente humana. -El antropólogo de Acacias.

-¿Qué me ha "llamao"?

-Que se meta en sus asuntos. -Usted, usted sabe algo

del motivo de su regreso.

-Lo único que sé es que me llega un huésped.

Bienvenido a la pensión Buena Noche, caballero.

Ni la chinche ni el mal colchón

habitan en esta pensión.

-¿Está todo a su gusto, señoras? -Exquisitos sus merlitones,

doña Felicia, y mire que mi nieto regentaba aquí mismo

el mejor local de la ciudad,...

pero ustedes son dignos sucesores. -Honrada, doña Susana.

-Pero "señá" Felicia, siéntese, hombre, está usted en su casa.

-Creo que lo sabe perfectamente,

señora.

-No, Margarita, no lo sabe, ¿no ve que "entoavía" sigue de pie,

sin asentar las posaderas?

-Estoy bien de pie, gracias, controlo mejor el local.

-La que nos estás haciendo tragar, Rosina.

-A la fuerza ahorcan.

-Oye, Lola, sácanos de dudas

con los de la impedimenta "exagerá".

¿Quiénes son "pa" llevar tanto matalotaje?

-"Pos"... además de que nos han "pagao"

ya "toas" las perras y que el piso es oficialmente suyo, poco más.

-Que Domínguez es su gracia y que vienen de la Argentina.

-Uh, qué barbaridad.

¿Bárbaros en Acacias?

-Ni que vinieran del África tropical.

Preferiría paisanos, pero al menos en América están evangelizados.

-En eso estoy con usted, debe ser duro vivir con infieles.

-"Pa" chasco que sí, "señá" Felicia.

No hay cosa peor que te puede tocar,

que un "marío" que te ponga los cuernos.

-Uy. -Señoras,

buenos días.

Madre, con los glaseados se nos ha terminado el azúcar.

¿Llamo a los proveedores?

-Uy, ¿qué vas a llamar teniendo una vecina tendera?

Voy a la mantequería y el mancebo les trae lo que necesiten.

-No quiero molestarla en su café matutino.

-Molestia ninguna.

¿"Pa" qué estamos las vecinas?

-Hijo, ve con ella. -No, en absoluto,

tú quédate aquí ayudando a tu madre,

y a tu hermanita, que es un primor. Enseguida lo tiene, Felicia.

-Esta joven es harto peculiar, pero buena como el pan blanco.

-Es la mejor, "señá" Felicia. -¿Han terminado?

-Déjelo, déjelo aquí.

-Azúcar, "pa" doña Felicia. "Agradecía".

-Por fin ha venido el fontanero. -Aleluya.

Si algún día tenemos un hijo, que Dios lo quiera,

le meteré a fontanero, que no hay oficio más "demandao".

-Pues no sé yo si a tu santo esposo le va a hacer gracia la idea,

seguro que lo prefiere ingeniero, o "abogao".

-Mientras que no sea político...

-El fontanero ha dicho que es picar un poco,

poner yeso, y las humedades, "solucionao".

-Pues un problema menos, mire usted. Hoy, dos de un plumazo.

-Lo dices por la venta del principal, ¿verdad?

-Se instalan hoy los nuevos vecinos.

Pobre suegro, que no va a tener un hogar al que volver.

-Si es que a una no le entra en la mollera que ese hombre

haya "matao" a doña Celia. Por mucho que digan,

don Ramón no es ningún criminal. -Eso decimos mi Antonio y yo,

pero el resto de barrio...

le tacha de asesino, que si estaba "enajenao",

que si la pena pudo con su sesera.

-Aquello fue una tragedia muy grande,

pero peor han hecho con tu suegro en prisión.

Una injusticia como no hay dos.

Don Ramón es un hombre que se viste por los pies,

y no un matamujeres, y no debería estar "encerrao".

-Esperemos que eso cambie pronto.

No quiero mentar "na", pero veo un poco de luz al final del túnel,

si Dios quiere.

(Aplausos)

-El automóvil se ha detenido en nuestro portal, serán los Domínguez.

-Posibles tienen, sin duda, si se gastan de esos lujos.

-Pero ¿están viendo la hermosura de mujer que se baja del automóvil?

-Ay, muy amables, gracias. Muchas gracias.

Gracias.

Gracias. -¿Quiere un autógrafo?

Inmediatamente. -Claro que sí, por Dios.

Muchísimas gracias, muy amable.

-Qué abrigo lleva, señor.

-El moreno tampoco está nada mal.

-Por Dios, Margarita,

un poco de respeto por mi sobrino. -Margarita es soltera,

puede requebrar a cuanto mozo se le ponga en la peineta.

-Voy a ver qué se cuece.

-La gente los conoce, al parecer les esperaban

para este recibimiento.

-Muchas gracias, muy amables, gracias.

-Misterio resuelto. Bueno, a medias.

Resulta que ella es una tal Bellita del Campo,

una estrella que vivía en Argentina.

-¡Una estrella de vecina!

¡Ay, cómo va a subir el barrio en prestancia!

-Quita, que la gente de la farándula solo da problemas,

son vagos y borrachuzos.

-En eso tiene razón, los cómicos son gentes de mal vivir.

-Gracias, señora.

-Muchísimas gracias, gracias a todos.

Queridos todos,

es maravilloso volver a la madre patria

y encontrar con que tus admiradores no te han "olvidao"

tras años de éxitos en las Américas, gracias.

Gracias, muchas gracias.

-Tenía razón, es Bella del Campo.

-¿La famosa cantante? -Sí, y el moreno debe ser su esposo,

el Choco de Garrucha.

Qué buen mozo en persona, debe tocar muy bien.

-A mí no me suenan de nada.

-Eras muy crío cuando se fueron a hacer las Américas.

-Mi madre le tenía devoción, me cantaba sus canciones de niña.

Ay, Jacinto, vamos a regalarle unas flores bien bonitas.

-Pero ¿qué flores?,

si tiene un vergel en los brazos, mírala,

pero si ni la Virgen del Pilar va más cargada de flores.

-Acaban de llegar y ya están armando la marimorena.

Les digo yo que no son buenas noticias

para el barrio. -Esta mujer y su esposo

son de otra pasta. Ella y canta y baila como los ángeles,

son verdaderos artistas.

-Hay que ver, Lolita, le habéis "vendío" el principal

a "toa" una celebridad.

-Y qué guapa es, que parece una estrella del cinematógrafo.

-Porque es una estrella, Dolores, que no te enteras,

y menuda, de relumbrón, la Bella del Campo.

-Gracias.

Gracias.

-Ole ese arte. -Muchísimas gracias.

Gracias. -Muchas gracias.

¿Te aburres?

De estar mano sobre mano, un poco.

La pereza es un pecado capital.

Hay muchas cosas que hacer en una casa.

Levántate y ponte a atender tu hogar como deberías.

Eduardo, entre Úrsula y yo lo tenemos todo recogido,

y no os desatendería ni a ti ni al niño

aceptando esa la oferta.

Tú quieres que me dé un ataque, ¿no? Lo provocas adrede, ¿no?

No, no. Entonces es que buscas discutir.

Luego vendrá el arrepentimiento cuando tenga que aplacarte, ¿verdad?

Sí, tienes razón.

(Se abre una puerta)

Señor, me dispense, ¿desea que le vaya

a buscar los gemelos a la joyería?

Pues creo recordar... que se lo pedí a mi esposa.

No, pero está aquí muy ocupada, sacándome de quicio.

Sí, ya voy, esperaba a que abrieran.

Es que no se te caen las excusas de la boca, querida.

¿Ha visto, Úrsula?

Esto, en sus tiempos no se permitía.

-Madre, ¿puedo ir a la calle a jugar?

-Irás con Úrsula,...

y así dejas de hacer ruido en la casa.

Yo le acompaño, no se moleste.

Irá Úrsula.

Tú eres laxa,... consentidora,

ella pone al niño en su sitio.

Tú, a por los gemelos.

-Quiero acompañar a mamá. Tú ven conmigo a jugar,

y se dice madre, no mamá. No, si se lo ha enseñado ella.

Para una cosa que le enseña, y fíjese usted.

No se lo tome en cuenta, señor,

no tuvo una institutriz que la llevara por el buen camino.

No me la consienta usted ahora,

que le pierde su bondad, señora Dicenta.

Podemos ir los tres juntos a hacer el recado y luego ir a jugar.

Está claro que en esta casa tengo que pelear cada decisión.

¿Tú no sabes quién es el cabeza de familia?

Casi 10 años casados

y no te acostumbras a obedecer.

Yo no pretendía... Mateo, a la calle con Úrsula.

-Pero yo quería. -¡Basta ya!

Idos todos.

Lo habéis conseguido, me duele el pecho.

-Que no, señora, que no,

faltan bazares en la cocina y una despensa más grande.

-Arancha, qué siesa eres,

la casa es una bombonera. -De la mansión a este "gua".

-Aquello tan grande era un solar "pa" el polvo, como decía mi madre.

Aquí estará todo limpio. -Y el barrio parece muy agradable.

-Sí. -Qué recibimiento, José.

Ay, mi público, pobrecito, cómo me han "añorao", qué lástima,

"arremolinaos" "tos" por ver a su ídolo.

-Te idolatran, Mari Belli.

-Ay, qué tonta, me pensaba que se hubieran "olvidao" de mi arte

en España. Hemos "pasao" casi 20 años fuera

haciendo las Américas y no habría sido raro que algunos "despistaos"

no me reconociesen. -Señora,

no diga tonterías, a Bella del Campo y Choco de Garrucha

no se les olvida así como así. -¿Estás contenta,

cielo mío? -Ay, sí, José, muy contenta.

-Y el piso es una preciosura.

Bueno, y estamos a ocho horas del colegio de la niña.

-Uy, de niña ya poco, que le queda nada y menos

"pa" dejar el "internao" y subir al mundo.

-Ay, mi Cinta, una mujer ya. Ya ves, me hace mayor,

una abuelilla "arrugá" como una pasa en menos que canta un gallo.

-No, eso nunca.

Nunca. Tú siempre serás mi Mari Belli, la más hermosa.

"Arrugaica", pero la más bella. -Como Blancanieves.

-Sí, pero en morena "resalá". -Ay, callarse, tonto.

Qué ganas de ver a mi Cinta, ya la imagino casada con un embajador

y viviendo en un país extranjero como, yo qué sé,

como Londres. -(RÍE)

-Señora,...

Londres es una ciudad.

-Ay, me da igual. Qué alhaja de hija tenemos, José.

-Su cuarto es la mar de ventilado, ya verá.

Oh, y luminoso. -Lo cual en verano es gloria,

pero en invierno, las corrientes le hielan los pies.

-Servidora es de Algorta, a los vascos en general

no nos arredra un poquito de aire.

-No sabe la contentura que tenemos de que su señora venga a vivir aquí.

Ay,

La Bella del Campo "na" menos.

¿Y cómo es, es igual de "salá" que cuando sale al escenario?

-Discúlpeme, pero yo de mis señores no hablo.

No, una ha de mantener la vida privada de esos grandes artistas

en silencio,

porque si no,

sus andanzas andarían en los papeles para solaz del vulgo.

-Ya, pero ¿ni a nosotras? Que no somos vulgo,

somos sus compañeras de faena.

-Mis labios están "sellaos". -Me parece muy bien, Arancha,

que una criada, ver, oír y callar.

-Mismamente.

-Son unas aguafiestas. -Y tú una cotilla.

-¡Uh!

-A las buenas, señoras. -Carmen, menuda cara trae.

-Imagínese. Me he quedado de patitas en la calle.

-¿Ha dicho que no al trabajo?

-No podía irme tan lejos de mi hijo. -Señoras, les dejo

porque son cosas muy íntimas. -No, por favor.

No la conozco, pero al parecer va a vivir aquí con nosotras y...

todas compartimos cuitas.

-Arancha Torrealda y Orrebaso, encantada y lamentando su pena.

-Carmen, y estoy sin jornal.

-No, Carmen, eso se arregla en un periquete.

Es usted muy buena criada, una mujer muy formada y muy fina.

Encontrará ocupación

sin lugar a dudas, ya lo verá.

-Dios la oiga, Fabiana, Dios la oiga.

-Y en el altillo puede quedarse el tiempo que sea menester.

Faltaría más.

Somos de la familia.

-Son ustedes unos cagaprisas.

¿No habíamos "quedao" en que les pagaba en la calle?

Y estén alerta porque les volveré a necesitar.

Ah,...

y un poquito más de gracia y salero al jalear, por Dios, mucho grito,

pero poquita intención he visto. Hay que gritar más.

¡Guapa, artista!

¡Ruiseñor de España!

Y menos "ole, ole, ole", que eso no quiere decir "na".

¿Me explico?

-José, ¿quiénes son esa gente?

Lo pillé. Dios mío, discúlpeme,

la he arrollado.

No se preocupe, soy fuerte. ¿Está bien?

Parece demudada.

Es que llego tarde a casa.

Por su apuro, diría que son piedras preciosas.

Bueno, es que mi marido es muy puntilloso con sus cosas.

Pero hace correr a su mujer por toda la ciudad a por sus recados.

Tiene razón, ni los gemelos son tan valiosos

ni tiene por qué pasar nada si llego tarde.

Hombres, una vez nos hacen sus esposas,

se creen que les pertenecemos.

¿A que sí? Parece usted pitonisa.

Solo soy una mujer como usted,

y es de sobra sabido que en este mundo algunos nos consideran

poco menos que posesiones para usar, criadas

sin sueldo.

Triste, pero cierto. Lástima que no todos los maridos

sean como mi príncipe.

Si así fuera, usted se tomaría una manzanilla conmigo,

porque bien sabe usted misma que la necesita.

¿Me la acepta?

-Lola, que tenéis el barrio "revolucionao", ¿eh?

Mira que venderle el piso a una artista del cuplé.

-¿Tú la conocías? -No, pero la "señá" Fabiana

dice que fue muy famosa, pero se fue a trabajar a Argentina

y cuando volvió a España ya no hizo más actuaciones de seguido.

-A mí, que me venga una señora, así tan coqueta,

a comprar cuarto y mitad de tocino "salao", como que me chirría.

Tú verás, Casilda. Deberías mandar a tu señora.

-¿Qué me vas a contar?

Si es que tengo la cabeza como una jaula de grillos, Lola.

Que si ahora hazte pasar por doña, ponte los corsés del demonio

y "to" el día "asustá",

porque tengo un miedo a meter la pata y se descubra el pastel.

-Menudo "embolao", guapa.

-Pues sí.

En fin,...

me voy con mi tocino y mis engalanes a casa de mis señores.

Bueno, de mis "criaos", quiero decir.

Te pago, Lola.

Ten.

-"Agradecía"

-Con Dios.

-Ay, Maritornes, qué ganas de contarte.

Vengo de la reunión con los abogados.

-¿Y cómo ha ido? -Superior,

dicen que van a llevar adelante la petición de indulto para mi padre

y creen que, aunque con mucho trabajo, van a conseguirlo.

-Qué bien. -Sí.

Nos va a costar un ojo de la cara, pero es algo con lo que ya contaba.

-Antoñito,

si tu padre "pue" salir, "bienvenío" sea el gasto.

-Y saldrá, yo creo que sí que va a salir.

-Yo rezaré "tos" los días "pa" que esté pronto en casa.

Eso sí,...

no te ilusiones mucho, amor mío, que "pue" ser que no salga,

ya sabes, por muy listos y "trajeaos" que sean esos "abogaos".

-Lo sé, pero sueño con su liberación.

-Ay. No voy a cejar en mi empeño,

me cueste lo que me cueste.

Me encantaría,... Genoveva.

Genoveva, pero si llego aún más tarde lo acabaré pagando

de un modo u otro. Le templaría el ánimo,

pero otra vez será, si vive por el barrio ya la veré.

¿Vive por aquí? Me instalo en estos días

en el 38 de Acacias. ¿No me diga?

Yo vivía en ese edificio. El mundo es un pañuelo.

Me mudo al piso de mi esposo. Pues quizá le conozca.

Dígamelo usted misma, mire, por ahí llega mi mirlo blanco,

está pagando al cochero.

Mi Samuel.

Hola, Lucía.

He oído hablar mucho de usted, no siempre bien,

todo hay que decirlo. No me extraña, teniendo en cuenta

quién le ha hablado de mí.

-Me he "encontrao" a mi "marío" pagándole

a mis supuestos admiradores. -¿Qué dices?

-Y se cree que me engaña. -No, ni supuestos ni pagándoles.

-¿Qué, que me he vuelto loca?

-No, esos hombres y mujeres besan el suelo que pisas.

-A lo mejor la contrata su antiguo jefe, ¿no ha visto a don Samuel?

-¿Ha vuelto?

-Mañana sin falta vaya a verlo, ¿eh?

-Ay, señor.

-¿Hasta cuándo vais a estar con esta memez?

-Que no es ninguna memez,

que corremos peligro de muerte.

-Cada vez que salgamos a la calle, debemos ir vestidos así.

-Maldito seas, Ramón Palacios.

-Vamos a pedir su indulto.

-Para eso querías vender el piso, para pagar a los abogados.

-Sé de sobra que usted no mató a Celia...

y creo que debería contar lo que pasó aquel día.

¿Puedo pasar? -"Se llama Genoveva, ¿no?".

-El nombre no lo sé, ayer la vi pasar, yo no la conocía,

pero ella iba tan llamativa que tuve que preguntar.

Parecía una corista.

-"Me voy arreglando".

-¿Otra vez a llamar a los palmeros?

-Chist. No podemos dejar que se venga abajo.

-Lo mejor sería decirle la verdad a la señora,

ella tiene arte suficiente "pa" volver a triunfar.

-Yo lo sé, pero lo tiene que saber ella.

-El recato debería ser la norma de su conducta, no lo olvide,

porque si lo hace, estaré yo para recordárselo.

-Antoñito ha hablado con unos "abogaos".

-¿Va a sacarlo de la cárcel?

-Va a intentar pedir el indulto para don Ramón.

Cree que pronto estará en la calle.

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Acacias 38 - Capítulo 961

01 mar 2019

Diez años después de la muerte de Celia, Lucía y Eduardo, su nuevo marido, pasean con su hijo Mateo hacia casa. Pero la realidad es que Lucía es muy infeliz y Eduardo ejerce de marido implacable y amargado.
Antoñito comunica a Ramón, que está en la cárcel por el asesinato de Celia, que ha vendido la casa. Felipe no levanta cabeza desde la muerte de su mujer y Agustina, ahora su criada, intenta mantener el orden en la casa como puede. Por su parte, Lolita lleva su propio negocio: una mantequería.
En el resto de la calle Acacias, Fabiana y Servando llevan ahora una pensión, el quiosco es de Marcelina y una nueva familia regenta el restaurante Nuevo Siglo XX donde antes estaba la Deliciosa.
En casa de los Hidalgo ocurre algo muy extraño ¿Casilda es ahora la señora, Rosina es la sirvienta y Liberto es un carbonero? Parece que la familia quiere mantener una pantomima…
Antoñito vende la casa Palacios. El barrio espera con expectación a los nuevos vecinos: se trata ni más ni menos que de Bellita del Campo, una artista de copla. Su criada, Arantxa, se instala en el altillo. Bellita parece tener muchos admiradores en la calle, pero cuando no mira, su marido Jose se encarga de pagar a todos por haber vitoreado a su mujer tal y como les dijo…
Antoñito comunica a su mujer que ha logrado que un prestigioso bufete de abogados revise el caso de Ramón. Ni Lolita ni Fabiana creer que Ramón sea culpable de la muerte de Celia.
Lucía conoce en la calle a Genoveva, una llamativa y bella mujer, y a su marido ¡Samuel Alday!

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  1. Alicia1800

    No está mal la nueva Acacias. Lo único que no se sustenta ni de lejos es el cambio radical de la Lucía luchadora y respondona, rebelde y feminista, de los comienzos, casada ahora y sometida, temerosa y apocada. No va con su carácter ni con su trayectoria personal dejarse mandar por un machista de libro que raya lo psicópata, ni por más que la serie pretenda recrear una época en que las mujeres debían obedecer sin rechistar. Lo siento, aquí las exigencias del argumento, forzado e inverosímil, se han comido al personaje y eso es un fallo de guion bastante pobre. Por lo demás, está graciosa. Veremos.

    06 mar 2019
  2. Mabi

    Rosa no leas solamente los comentarios negativos, también hay muchos positivos y analíticos de los capítulos y cada uno, los buenos y los malos, tienen sus puntos de vista y en varios te esclarecen sobre algún personaje que pasó en esos 10 años. Tampoco es para horrorizarse. Saludos cordiales.

    05 mar 2019
  3. Rosa

    Llevo una semana sin ver la serie porque no funciona el internet. Leyendo los comentarios me he quedado horrorizada del vuelco que ha dado la serie. Los personajes que peor me caían ( Samuel y Úrsula) siguen. ¿Ha desaparecido Telmo que me gustaba tanto? y parece que la trama no tiene ni pies ni cabeza. Voy a aprovechar para desengancharme.

    05 mar 2019
  4. Willie

    Deberían de estudiar un poco más sobre la historia de México. Esta ¿novela? es una fiasco.

    04 mar 2019
  5. Mabi

    Bea, no eres bruta!!! No te menospreciar por favor!!! Seguro no has visto o quizás te has distraído en el momento en que Antoñito visita a Don Ramón en la cárcel y le cuenta lo grande que está Milagros y viviendo con María Luisa, su hermana, en París. Gracias a Dios está a salvo!!! Saludos cordiales!

    04 mar 2019
  6. Bea

    Hola! Es q me he perdido algunos capítulos o soy muy bruta, pero alguien me pudiera decir q pasó con la hija de trini, saludos!!!

    04 mar 2019
  7. Claudia

    Una chorrada el último capítulo de la serie. Me pregunto porqué siempre los malvados se salen con la suya? En que están pensando los libretistas? Acacias era una serie muy entretenida y divertida pero ya no. Era una fiel seguidora de la serie pero con tantas cosas sin resolver y además han pasado 10 años....no aguanta. Una barbaridad y una burla a los seguidores.

    04 mar 2019
  8. Carmen

    Me sumo a las opiniones de otros, no sé entiende por qué son tan castastróficos, no hay ni una alegría, los buenos... todo es infelicidad, van dejando asuntos sin resolver, los malos van quedando impunes, vamos que lo de Telmo... Dejarlo sin más... Aparecer La buena de Lucía con un hijo... A cuento de qué la casaron enseguida!!! La gracia de la serie es la época y su lenta evolución!! Para épocas más actuales ya abundan las series Que no corran tanto !! Y que den soluciones a las tramas que no dejen en el aire..

    04 mar 2019
  9. Rosa Figuera

    Soy venezolana,hasta ahora me tenia suuper enamorada Acacias 38,la sigo desde hace bastante,pero la verdad,creo que tanta desgracia en una novela no puede ser,debieron haber procurado mas alegria i finales felices de personajes excelentes.por ejemplo,Trini y Celia,que horror,luego Telmo,Lucia,Don Ramon.por DIOS,ya como que le quitaron el encanto a la serie,10 años mas tarde y no se entiende que paso,quedamos con incertidumbre,ahora nuevos personajes,maldades sin castigo,no vale,eso no se hace con un publico fiel,de verdad...lo siento,pero es la verdad...!!

    04 mar 2019
  10. Marijose

    Me gusta mucho esta nueva temporada con los nuevos vecinos ,las escenas de Casilda y sus señores son muy divertidas, hacia falta un poco de humor .Esperemos que D.Ramón salga pronto y pueda esclarecer lo sucedido aquella trágica noche.

    02 mar 2019