www.rtve.es /pages/rtve-player-app/2.17.1/js/
5019816
No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 959 - ver ahora
Transcripción completa

-Jimeno no fue asesinado.

Se suicidó.

-¿Se suicidó?

Dejó una nota contando sus motivos.

En la carta, Jimeno acusa a Telmo de haberlo extorsionado.

Alguien intenta responsabilizarme de esa muerte.

Es lo que le dije ayer a Méndez.

¿Y te creyó?

No.

Ha cumplido con su trabajo.

Me he quitado de en medio a Jimeno Batán

culpando a Telmo. -"Mamá no dejará"

que te pase nada.

Te alejaré de todos los que quieran separarnos.

Anuncio a bombo y platillo

que don Tito Lazcano reemprenderá su carrera pugilística.

¡Señoras y señores,

Tito Lazcano

ha vuelto!

-"Quiero que me cuente ahora mismo qué está pasando aquí".

-Tito y yo vamos a volver al boxeo solo una vez, una noche,

será el último combate de nuestras vidas.

Apostaremos mucho dinero, y el destino de todos

"cambiará para siempre".

-(SOLLOZA)

-¿Qué pasó realmente aquel día, Milagros?

Solo tú estabas allí.

"¿A qué está jugando?".

Solo estoy preocupado por usted,...

muy preocupado.

¿Qué está pasando aquí?

¿Tiene apetito, don Telmo? Le he preparado una merienda fría.

Aunque no tenga mucha hambre, no me vendrá mal,

apenas he almorzado.

No se dejará amilanar por lo que dicen los periódicos, ¿verdad?

Alce la cabeza, que digan lo que quieran.

Si solo me afectara a mí, poco me importaría.

¿Qué ha pasado?

Nos han abordado

unos periodistas con preguntas impertinentes.

No les haga caso. Sí,

es lo que he intentado, pero Lucía estaba conmigo

y, ya la conoce,

no ha podido contenerse.

Les ha cantado las 40, ¿verdad?

Bien hecho. No.

No, Úrsula, no está bien.

Ella es como es y así la quiero.

Lamento por lo que están pasando los dos.

No se lo merecen.

Dios, a veces nos pone a prueba.

¿Es lo que vino a decirle el prior Espineira?

¿Cómo sabe de ese encuentro?

Les vi cuando llegué a casa, pero no quise molestarles.

¿Se ha creído el prior lo del quebranto del secreto de confesión?

No hemos hablado de eso.

Venía a ver al párroco, a penas hemos cruzado un par de palabras.

Se le veía muy afable.

"Y el Señor me lleve si me alcanza el por qué".

Es un hombre peculiar, pero no tanto como para que nosotros

perdamos el tiempo hablando de él.

(Sintonía de "Acacias 38")

(Llaman a la puerta)

Pase, padre.

No sé si le molesta que me presente sin previo aviso.

No, claro que no, su visita siempre es bien recibida.

¿Cómo está usted?

Siéntese.

Me pregunta cómo me siento tras conocer la carta de Jimeno Batán.

Es una infamia.

Probablemente, esa carta ni siquiera es de ese pobre desgraciado.

Le agradezco su confianza en mí.

Pero no ha contestado a mi pregunta, ¿cómo está?

No paso por mis mejores días.

Pero no hay que preocuparse por eso,

más lo siento por Lucía.

¿No se lo ha tomado bien? Como usted, está a mi lado

incondicionalmente.

Pero la prensa nos acosa y no sabe templar sus nervios.

También yo siento cierto desasosiego.

¿Por este asunto?

Sé que detrás de esa carta está Espineira,

nuestro bendito prior.

Quizás, deberíamos haberle parado los pies a su debido tiempo,

como usted proponía.

¿Se refiere a la falsa bula de los marqueses de Válmez?

Y fui yo quien le pidió a usted que no la sacase a la luz,

y eso me atormenta.

No se culpe. Tomamos la decisión de guardarla

para no complicar más la situación de Lucía, así que,

bien hecho estuvo.

Si las cosas se complican, quizá debiéramos revisar esa decisión.

Ni siquiera estoy seguro de que el prior fuera el autor de la carta

y de la muerte de Batán.

De hecho, me inclino más por Samuel Alday.

Es una posibilidad, sí.

Esperemos que la justicia pueda esclarecerlo.

Tengo aquí unos documentos que debiera usted firmar.

¿Son urgentes? Iba a visitar a Lucía.

Se ha llevado un disgusto con todo esto.

Debería darle curso hoy. No le entretendrá mucho.

Son los pagos pendientes del comedor.

De acuerdo, firmemos.

Nada debe retrasar la construcción de ese comedor.

(CHISTA A MILAGROS)

Que sí, que ya hemos "llegao", ya hemos "llegao".

-A ver, a ver, a ver.

Mira, ahora que hemos llegado a casa, te ríes mucho,

¿no, perrilla?

-Fabiana, no le diga esas cosas a la criatura.

-¿Dónde os habéis metido? No sabía dónde estabais.

-Le dije a Fabiana que me acompañara a dar un paseo con la nena.

-Y ya de paso, hemos echado un rato en el médico.

-Lo dice como si hubiéramos estado cotorreando.

Mire, de camino, como nos pillaba el consultorio de paso,

"pos" medimos y pesamos a la nena.

-La boticaria dice que está en su peso y en su talla.

-Está bien. Podemos seguir dándole biberones sin atiborrarla.

-Si es que cada día está más "rebonica".

Estás "pa" comerte,

Milagritos.

-Si viera usted, don Ramón,

la de piropos que la echan,...

no hay quién pase por su "lao" y no se pare a verla.

-Sí que está bonita, sí.

-Hale,

voy a cambiarla.

-Quieta "pará".

¿Cómo que cambiar, ni que cambiar?

Los pañales no son cosas de señoras.

-Fabiana, sepa usted

que antes de señora, soy la "cuñá" de la criatura,

con derecho a hacer y deshacer, ¿eh? Pero si tiene tantas ganas,

cámbieselo y luego la trae.

-Pues con permiso.

-(RÍE)

-Mi chiquitita.

-Lolita, te agradezco lo que has dicho de Milagros,

temía que no estuviera creciendo con el ímpetu necesario.

-No se apure, que está la mar de sana.

-Gracias a Dios.

Pero he pasado un mal rato cuando he salido de la habitación

y no estabais. -Ya lo siento, pero es que,...

para que la criatura esté fuerte, le tiene que dar el sol y el aire.

-Ya lo sé, solo te comentaba mi inquietud.

No podría soportar que le pasara algo, eso es todo.

-(SOLLOZA)

-¿Qué pasó realmente aquel día, Milagros?

Solo tú estabas allí.

-(SOLLOZA)

-No puede estar con el alma en vilo todo el día.

Deje que la criemos y todo irá bien. -Ya lo sé, Lolita.

Es solo que...

Discúlpame.

¿Ha dicho que sí?

Lo sabía, sabía que no nos dejaría en la estacada.

-No ha sido fácil, Tito.

Pero nos prestará las 15 000 pesetas.

-Como 15 000 soles. (RÍE)

-Así es, Tito.

Pero en contrapartida, le he tenido que contar lo que nos proponemos.

-Eh... ¿Todo?

-(ASIENTE)

-Bueno, no pasa nada,

don Liberto es discreto. -Todos lo tenemos que ser, Tito.

Doña Rosina no debe enterarse nunca de lo del préstamo

ni en qué lo vamos a emplear.

-Por mí no quedará, ya sabe que no soy de palabra fácil.

Una tumba.

-Así me gusta, Tito.

¿Tiene miedo, Tito?

-Miedo, ni a un "nublao".

Respeto, si acaso. -Mire,

subirse al ring puede ser una especie de ruleta rusa,

usted puede tener muy mala suerte, Tito.

-Tranquilo, no me dejaré ni rozar.

-Eso está bien.

Ojalá pudiéramos decir que Andrés tampoco nos rozará.

-Ese no roza, araña, pero si todo sale bien,

le dejaremos bastante ocupado.

-¿Está seguro de que quiere seguir adelante?

Entendería que no quisiera arriesgar.

-(RESOPLA) Usted también arriesga, amigo mío.

-Pero no la vida.

-No pasará nada. Además,...

¿qué otra cosa podríamos hacer?

(Pasos)

¿Estás mejor?

Sí. Ha sido un impulso, un "arreón",

que dirían las chicas del altillo

al ver lo injustamente que estaban tratando a Telmo.

Daban por hecho que había atentado contra el secreto de confesión.

Debo decir que estoy muy disgustado con...

En fin, en cómo están yendo las cosas

desde que vuestro compromiso se hizo público.

¿No estará pensando en retirarnos su apoyo, verdad?

Sosiega, Lucía, calma, deja terminar a don Felipe.

Gracias.

No, hija,

no, no puedo, no tengo datos para hacerlo.

¿Ha hecho usted cábalas de los motivos que puede tener esa carta

y quién puede estar detrás de este asunto?

¿No cree usted que la escribiera Jimeno?

Soy hombre comedido,

y claro que he hecho cábalas, pero...

mientras no disponga de pruebas, no puedo señalar a nadie.

Supongo que es inútil seguir inquiriendo, ¿no es así?

Por el momento, preferiría dejarlo así.

En ese caso, me retiro, Celia hace rato que está descansando.

Buenas noches.

Por cierto, se me olvidaba,

he estado en comisaria hablando del caso.

El comisario Méndez cree que fue uno de sus hombres

quien hizo llegar a la prensa la carta.

Lo están investigando. Siento mucho

que usted y su esposa se vean implicados en estos avatares.

Yo también.

Créame, Felipe,

aunque a veces me acalore en exceso.

No te preocupes.

Te comprendo.

Lo dicho,

buenas noches.

Yo también marcharé enseguida.

Me gustaría hablar un segundo con Lucía.

Con Dios. Con Dios.

¿Qué pasa, Telmo?

No puedes encresparte cada vez que se haga mención a esa carta.

Lo sé, pero no puedo evitarlo.

Deberías esforzarte por hacerlo.

Es más, deberías ignorar cualquier referencia a ella.

Telmo,

si no nos defendemos, nos comerán vivos.

En estos casos,

la defensa es considerada una aceptación de culpa.

Y no por eso nos vamos a rendir, al contrario,

pero ¿cuál ha de ser nuestra respuesta?

Trabajar y centrarnos en la fundación.

Tratar de hacer las buenas obras que siempre hemos imaginado.

¿Casarnos no?

Claro que sí. Trabajar y ser felices.

Nuestros planes de boda deben permanecer inalterables.

Me gusta el talante con el que encaras la situación,

tan dulce y firme a la vez.

A la fuerza ahorcan.

No podríamos librarnos de esas sospechas de otro modo.

Procuraré imitarte.

Eso es.

Mañana mismo, a primera hora, pasaré por Alcalá,

hablaré con mi amigo de la ermita y haré las gestiones de nuestra boda.

Yo me quedaré preparando la luna de miel.

Encargaré los billetes del tren y preguntaré por un hotel bonito

frente al mar.

Seremos muy felices, Lucía.

En cuanto nos dejen olvidarnos de todo esto.

Aquí tiene sus pastelitos.

-Muchas gracias.

¿Me lo sujeta mientras le pago? -Ya me lo dará.

-No, no, si tengo suficiente.

Por cierto, ¿es verdad que Tito vuelve a boxear?

-Y parece animado y confiado en la victoria.

-¿No tenía una lesión que le inhabilitaba?

-Parece que fue un error de los galenos,

aunque de vez en cuando acierten. -Y que lo diga.

Me alegro. Ya era hora de que tuviéramos una buena noticia.

Tome usted.

-Gracias.

-Celita, ¿llevas prisa?

-Un poco, sí.

-¿Cómo está tu prima Lucía y el párroco?

-Ya no es párroco. -Es un decir, mujer.

Supongo que bastante alterados

después de conocerse el contenido de la carta del suicida.

-Ha sido una manipulación.

-Sí, claro, un complot, como siempre.

-No quiero hablar de esto.

Muy pronto, la verdad saldrá a la luz,

entonces hablaremos. -No te pongas así.

Ni que estuvieran ya casados.

Y ahora que veo que no tienes prisa, ¿te llevas mejor con don Ramón?

-¿Qué te han contado?

-Nada, lo que va de boca en boca,

que habéis tenido alguna fricción a cuenta de la niña.

-Yo solo he intentado cumplir la última voluntad de Trini.

Ella me pidió que cuidara de Milagros.

-Y si es solo eso,

¿dónde está el problema? -Pregúntale a Ramón.

Yo la he alimentado y la he cuidado con todo mi cariño,

lo más que he hecho ha sido sacarla a la calle.

Eso hace que Ramón se ponga hecho un basilisco.

-¿No quiere que le dé el aire? Por él, la tendría bajo llave.

Y al principio ni la soportaba, su presencia le irritaba.

-Y ahí te la echaste a tus espaldas.

-La he estado criando, prácticamente.

No quiero hablar más de esto, que me enciendo.

Don Ramón no está en sus cabales.

Dígale a don Telmo que estoy aquí.

Lo siento, padre,

don Telmo ha salido de viaje.

¿Adónde? A Alcalá.

Se casan allí, ¿sabe?

En una ermita, Santa Eugenia.

No le espero hasta bien entrada la noche.

¿Confía usted en don Telmo?

Más que en mí misma, ¿por qué?

Me inquieta, no es el mismo Telmo que conocí.

Se comporta de forma extraña. Ya, pues...

probable y comprensible la insidia con que le acechan haya hecho mella

en su temperamento, pero no hay nada más.

¿Sabe usted si se ha reunido recientemente

con el prior Espineira?

Sí, ayer por la tarde.

¿Y de qué hablaron?

No lo sé, solamente les vi,

pero le pregunté a don Telmo y, me dijo que de nada importante.

¿Me puede dar un vaso de agua?

Claro, siéntese.

No hace falta, bebo el agua y marcho.

Padre, estaba dándole vueltas mientras le ponía el agua,

¿a qué vienen tantas preguntas?

Solo es que, no me cuadran ciertas cosas.

¿Cómo qué?

Cosas.

Pero, por favor, Úrsula, mantengamos entre usted y yo esta conversación.

Con Dios.

¿Cuánto tiempo dices? -20 minutejos.

A mediodía, no iré lejos, solo subiré al altillo.

-¿Y qué hay tan importante que no pueden prescindir de ti?

-Servando nos ha dicho que no faltemos ninguna.

Y que se trata de nuevas del Cesáreo.

-Pero haz tus tareas a tiempo. -Sí, señora.

Gracias, señora.

(Se abre una puerta)

-Buenos días, Casilda.

¿Vuelve a desayunar usted?

-¿A ver qué dice el periódico del cura que no es cura?

-Se va a decepcionar, no hablan del tema hoy.

-¿No? Vaya por Dios.

Me había acostumbrado a ver a la parejita en la prensa.

-¿No ve que para ellos no es agradable?

Menudo disgusto deben tener.

-Sí, hija, pero si pensáramos así, nunca podríamos desollar a nadie.

¿Qué vida tan triste sería esta sin chismorreos?

¿Has hablado con tu novio? ¿Sigue dispuesto el boxeador?

-Sí, está animado, pero me parece bochornoso

que le hayan tenido este tiempo con el alma en vilo.

-Claro.

Dile a Íñigo que pida daños y perjuicios al doctor

y que se saque su buen dinerito por el mal trago.

¿No? -(ASIENTE)

-voy a ver a Susana, a ver si tiene datos de interés de este asunto.

-¿Ha salido tu madre? -Hace un momento.

-Voy a ver si la alcanzo. -No, no, Liberto, no lo intentes.

No te va a hacer caso porque ha ido a buscar cotilleos.

-¿Y ese interés en que me quede?

-¿Qué piensas sobre la curación de Tito?

-Que no hubo tal. No se ha curado porque nunca ha estado enfermo.

-Es una forma de exponerlo.

¿Te parece que los doctores le diagnosticaron mal?

-Mal sí que veo que pueda opinar en eso, que no soy médico.

-Yo tampoco, pero me fío de mi intuición.

Me dio la sensación

de que los médicos estaban muy seguros de la lesión.

¿Has hablado con Íñigo del asunto? -No.

Ni siquiera he vuelto a saber nada de él ni le he visto

desde que anunció la vuelta de su púgil a los cuadriláteros.

En fin, que me voy a ver si logro convencer a tu madre

de que cambie los chismorreos por un buen chocolate.

-¿No te sientes intrigado?

-No.

Vamos, que no,...

no veo por qué.

Con Dios.

Supongo que asistirá usted, ¿verdad? -Sí, pelmazo.

Déjeme ya tranquila con mi puchero, hombre.

-Es que me gustaría que estuviésemos todos,

busilis, verbigracia,

asunto que nos merece la pena, se trata de Cesáreo.

-¿Qué tiene que contar ahora sobre el sereno?

-Pues que... -Fabiana, venía buscándola.

¿Qué pasa, que ya no se labora en horario?

-Estoy convocando una reunión. Me gustaría que también vinieses.

Se trata de Cesáreo. -¿Quiere dejar a la señora en paz?

¿Qué tiene ella que ver con los asuntos del altillo?

-Mirándolo así...

Pero que conste que está usted hablando con su padrino de boda.

-Venga y a doblar las bisagras, que "pa" eso le apoquinan.

Hala. -Me llevo una "pal" camino.

-Uy.

¿Y tú qué querías, hija? -¿Has visto al señor?

Creo que deberíamos comprarle vestiditos más grandes a la nena.

Me da cosa hacerlo sin preguntárselo.

-¿Has mirado en la alcoba de doña Trini?

-¿Entra ahí?

Pensaba que estaba "cerrá" a cal y canto.

-Dímelo a mí, que ni me dejaba entrar a limpiar la habitación

ni aviar la cama siquiera.

Ahora, él se encierra allí de vez en cuando.

-¿Y qué hace cuando se encierra?

-Poco hay dónde escoger.

Llora.

-Pero ¿lo sabe o se lo barrunta usted?

-Lo sé porque lo he guipao, hija.

Agarra la almohada y llora.

-(RESOPLA)

Es perfecto para ti.

Acaban de subírmelo. Lo sé.

Me lo ha dicho Antonia.

Estarás preciosa.

Estoy deseando que vuelva Celia para que me dé su opinión.

Tranquila,

solo cabe una opinión.

¿Cómo estás?

Mejor.

Me lo pregunta por los periodistas, ¿no?

No te voy a negar que la conversación con Telmo de anoche

me dejó preocupado. Él parece no darle importancia.

Es la única forma para que no nos afecte en lo más íntimo.

A mí me parece la táctica de la avestruz,

esconder la cabeza y pensar que ellos no te ven.

Lucía, Telmo no tiene nada que perder,

pero tú no puedes hacerle un feo a los periodistas.

Tienes una imagen pública y tienes que mantenerla impoluta.

Bueno, primo, no se preocupe usted,

pronto nos casaremos y desapareceremos de aquí

una temporada. Eso calmará los ánimos de todos.

Es una buena idea.

Lucía,

¿confías plenamente en Telmo?

Primo...

No trato de desprestigiarle ante tus ojos.

Te voy a contar lo que me bulle en el interior.

Lo ocurrido con Jimeno Batán no es asunto baladí.

Siempre he pensado bien de Telmo, es más,

lo he considerado alguien sin mácula y sin nada que ocultar.

Pero los hechos son los hechos. No te negaré que estoy inquieto.

Primo, claro que confío en él, ¿cómo no voy a confiar en él?

Y usted debería hacer lo mismo.

Espero que lleves razón.

Lucía, es solo que me preocupo por ti.

Gracias, Felipe. Y siento verle en este brete.

Sé que también habla en nombre de Celia.

Y también por mí. Te queremos.

Eso es todo.

Es cierto que Celia está volcada con la niña,

tanto es así, que tiene diferencias con don Ramón.

Pero te queremos, no lo olvides.

"Lo que voy a contarle es secreto de confesión".

Jamás habría creído que un día haría algo así.

Pero quiero salvarla a usted,

aunque yo me condene.

Hace unos días recibí en confesión a Jimeno Batán.

Como sabe, Samuel debe mucho,

mucho dinero al señor Batán,

dinero que no puede devolver.

La situación de Samuel es desesperada y agónica.

Nada nuevo, padre.

Sí, claro que sí, claro que hay novedades.

Jimeno Batán y Samuel han llegado a un acuerdo.

Batán tendrá paciencia hasta que Samuel consiga el dinero.

¿No se imagina de dónde piensa sacar ese dinero

y por qué Batán se encuentra tan paciente?

Ten cuidado con Telmo, no es trigo limpio.

Ahora vas a desprestigiarle. No, Lucía, solo te aviso.

No te guardo ningún rencor, pero ten cuidado,

no vayas a donar tu dinero a ese hombre y no a los pobres.

¿Utilizaba la confesión de sus fieles para extorsionarles?

Vamos.

Lucía, es un buen hombre.

(RESOPLA) El mejor.

Seréis felices.

Te hará feliz.

(Llaman a la puerta)

Pase. Rápido, Rosina y Leonor pueden llegar en cualquier momento.

-Estamos en su terreno.

-Está en el altillo, pero no tardará en bajar.

El dinero.

Son 12 000 pesetas. No he podido conseguir las 15 000.

-Se lo agradezco de todos modos.

Doce mil pesetas serán suficiente apuesta.

-Y esto es lo otro que me pidió.

-Agradecido, don Liberto, no sé qué habríamos hecho sin usted.

-Espero que todo salga según sus previsiones.

-Saldrá.

Don Liberto, me da casi vergüenza pedirle el último favor.

-Usted dirá.

-Para que todo vaya suave, debería ser usted quien apueste este dinero.

De hacerlo yo, Andrés podría sospechar.

-Cuente con ello.

-Gracias.

-Íñigo,...

no quiero que se lo tome a la tremenda, pero debo advertirle,

Leonor está muy suspicaz, no se cree lo del diagnóstico de Tito.

-Hablaré con ella lo antes posible.

No solo por su aviso, me siento sucio teniendo que mentir.

Gracias otra vez.

-Íñigo.

Espero que sepa muy bien lo que está haciendo.

Si perdemos este dinero, yo perdería a mi esposa y, usted, a Leonor.

-Todo saldrá bien, don Liberto. Tito no nos va a fallar.

¿Servando?

¿Servando?

¡Maldita sea mi estampa, eso me pasa por fiarme de Servando!

"Algo importante", dice, para luego no aparecer. Váyase...

-(TODAS) ¡Sorpresa!

¡Sorpresa!

-Pues menuda cara que se le ha "quedao".

-(RÍEN)

-¿A qué se debe esto?

-No se escame, que venimos por derecho.

-Es un pequeño homenaje.

Como se vuelve usted a su tierra, queríamos brindar para despedirle.

-¿Y cómo le ha llegado la noticia?

-A mí no me llegan las noticias, yo llego a ellas.

Ya me percaté de la cara que se le quedó

cuando recibió el telegrama.

Eso es perspicacia.

Bueno, y un par de averiguaciones.

-No tiene perdón que pensara marcharse sin despedirse.

-Ahí, a la francesa, como los gabachos, vaya.

-No sabía cómo decirles que me marchaba.

-Eso es que al final le hemos hecho tilín, perillán.

Pero bueno, ¿qué pasa, que le cuesta mucho hacer amigos?

-La gente no tiene demasiado apego a los serenos.

-Mientras no venga tambaleándose y sin llave del portal.

-¿Y por qué se marcha, no se siente a gusto aquí?

-En principio, cuando llegué, pensé que no encajaba,

por eso solicité el puesto. Y ahora,

aunque no me arrepiento, pero... -Diga la verdad,

que se ha encariñado de nosotros, "carallo".

-(RÍEN) -Bueno, sea como sea,

me han ofrecido ser jefe de serenos en Ponferrada,

y no puedo decir que no.

-Mirad, pero si está compungido. -Venga,

saquen ustedes la sidra, rápido.

Y usted no se me amohíne y venga a mis brazos.

Venga.

-Ya pasará a visitarnos,

Cesáreo, que aquí lo recibiremos

"encantaos". -No se me ponga sentimental,

que todo tiene un límite. Venga.

-Muy bien. Vamos, esa sidra.

-Venga, "pa'ca".

-Pasen los vasos.

Ahí estamos.

Un brindis por el sereno.

-Por el sereno. -Salud.

-(GRITA)

-Vaya, pues ya han vuelto ese par de dos.

-A las buenas. -Si están "tos".

-Eh, antes de "na", ¿qué han dicho las familias?

-Oh.

-La mía, que es un mozo bien "plantao".

Y que adelante con los faroles. -¿Y la suya, Jacinto?

-Eh, pues que me he "llevao" al huerto a la moza más guapa.

-(RÍEN) -Hay boda.

(Algarabía)

-¡Vivan los novios y por el sereno!

-¡Viva! -Y por el sereno.

-Venga. -¡Viva!

-Salud.

Ay, madre, de verdad, siempre en medio.

-¿Ahora que llego yo te vas tú? -Sí. Se llama la rueda de la vida.

Mira. -A las buenas.

Los mejores pasteles para la señora más distinguida de Acacias.

-¿Qué querrá conseguir?, tunante.

-Hoy, se equivoca usted, señora.

Ningún reclamo traigo.

Es solo que me he acordado de lo mucho que le gustan los buñuelos

y, Flora ha hecho hoy seis bandejas. -Qué bien.

Nata, chantilly. Voy corriendo a ponerlos en la fresquera.

Que le cuente Leonor lo de la demanda.

Seguro que os dan un pastizal por daños y perjuicios.

-¿Nos sentamos?

-Tú sí que has venido a algo.

Estos son los pasajes de tren para Lisboa,

y de allí para Coímbra. ¿Sigues queriendo venir conmigo?

-Ya te dije que lo haría.

Al menos, te dije que quería hacerlo.

Pero necesito saber qué está sucediendo, en qué andas.

¿Por qué Tito va a volver a combatir?

-Andrés nos obliga.

Nos lo ha exigido bajo amenaza de muerte,

y Tito no ha tenido otro remedio que aceptar.

Pero no te pongas en lo peor, Leonor,

la pelea está amañada.

Los púgiles harán lo que Andrés les pida.

-¿Qué?

Eso es trampa. Íñigo, es un delito.

-Lo sé. Pero tenemos un plan para vengarnos de ese malnacido.

-A ver, es una insensatez.

¿Cómo piensas lograr lo que quieres,

si los dos púgiles están compinchados con Andrés?

-Leonor, ten confianza.

Sé que ese hombre va a morder el polvo.

Liberto nos ha prestado dinero y nosotros pensamos recuperarlo.

¿No querrías tener una bonita casa en Coímbra

y escribir junto a la chimenea?

-Pues claro.

Tito sigue teniendo la lesión, ¿verdad?

-(ASIENTE)

Confía en nosotros, Leonor.

Todo va a salir bien.

Nunca tendremos una oportunidad como esta y debemos aprovecharla.

-Tampoco estamos tan mal aquí.

-¿Quieres que siga pagando la hipoteca toda la vida,

pobres como las ratas y trabajando para el banco?

No, Leonor.

Nosotros nos merecemos mucho más que eso.

Tito, Flora, tú y yo emprenderemos una nueva vida en Portugal

y seremos felices los cuatro.

-¿Flora está al tanto del caso?

-(EXHALA) Quería hablarlo antes contigo.

Pero... no pondrá pegas.

Ella tampoco quiere malgastar su vida entregando cada céntimo

al banco.

-Yo ya te lo dije.

Te quiero tanto,...

que te seguiré allí donde vayas.

-Eso es lo que necesitaba oír.

Prepárate,...

partiremos esta noche tras el combate.

¿Qué quiere ahora tu padre? -Ni idea.

Solo dijo que le esperáramos aquí.

(Puerta)

-Disculpad el retraso y gracias por esperarme.

-Parece grave, se le nota en la cara.

-Sí, hija, sí, trascendental.

-Cuente, no nos tenga en ascuas.

-He tomado una decisión que pueda que os sorprenda,

pero que llevo mucho tiempo meditando.

Me marcho de Acacias.

-¿Qué?

-Esta casa, este barrio,

todo me recuerda tanto a Trini...

Además, creo que ha llegado el momento de alejar a Milagros

de la insistencia de Celia en educarla a su modo.

-Bueno, pero que se marcha, ¿adónde?

-A París, hijo, con su hermana y Víctor.

-¿Y cuánto tiempo más o menos?

-Sin límites, sin prisas.

-Eso suena a un "pa" siempre, ¿no?

-Eso ya se verá.

Ahora, se trata de ir

con mi otra hija y que las hermanas se conozcan.

Se trata de olvidar, de descansar...

¿Qué os parece?

-Bien. -A mí me parece estupendo, padre.

-Bueno, y ahora es cuando voy a lanzar el órdago.

¿Y si me acompañáis? -(AMBOS) ¿Qué?

-Que si me acompañáis a París.

-(RÍE)

Eh... Yo lo que diga mi esposo.

Que no he ido más allá del norte, pero esa ciudad será un primor.

(RÍE)

-Si a ti te hace ilusión,

a mí me encantaría.

¿Vamos? -Pues claro.

-Pues sí, padre, cuente con nosotros.

-Me dais una gran alegría, hijos.

Al fin, la familia volverá a estar unida.

No podré olvidar jamás a Trini, claro,

pero puede que mire el futuro con cierto optimismo.

-Claro que sí,

que esa criatura suya le empujará "p'alante".

-Muy bien.

Pues no hay tiempo que perder.

Antoñito, en cuanto ultimes todos los flecos del negocio, nos vamos.

Y tú, Lolita,

dile a Fabiana que arregle y oree la habitación de Trini, que ya es hora.

Cada uno a lo suyo. Y no quiero excusas.

-(SONRÍE)

-Mírale, si ya vuelve a ser mi padre.

-Y que lo digas. -Y la idea de París es buena, ¿no?

-¿Me enseñarás francés?

-(HABLA EN FRANCÉS)

-Ah.

(Llaman a la puerta)

¡Casilda, ve a abrir!

-Que ya voy.

-Señora, don Antoñito Palacios.

-Qué sorpresa.

Casilda, llévatelos, que ya he acabado de merendar.

A la fresquera, va.

Qué sorpresa. Siéntate, Antoñito. ¿Qué se te ofrece?

-Verá,

el yacimiento tiene que efectuar un pago

y es necesario un documento que justifique que estamos de acuerdo

en efectuar dicho pago.

-Sí, claro, como tantas otras veces.

Ya iremos a firmar tu padre y yo.

-No, me temo que esta no va a ser una de tantas, porque...

nos vamos toda la familia a París

y por bastante tiempo.

-¿A París? ¿Cómo es posible? Tu padre no me ha dicho nada.

-Ya, aunque él llevaba tiempo meditándolo,

a nosotros no nos ha hecho partícipes hasta hoy.

Pero hemos considerado que era algo beneficioso para todos.

-Sobre todo para tu padre,

tiene tantos recuerdos aquí.

-Sí. Y mi hermana podrá conocer a mi hermanita pequeña y...

En fin, que nos marchamos. Aquí le dejo los documentos.

-Pero... -Señora,

ha sido un placer trabajar con usted.

-Sí, y para mí también, Antoñito.

Dile a tu padre que os echaremos mucho de menos a todos.

-De su parte.

Adiós.

-(SUSPIRA) ¡Casilda!,

trae los buñuelos, que las sorpresas me abren el apetito.

Vuelves a ser el de antes, Samuel, un hombre fuerte,...

fuerte y libre.

Muchas gracias por su apoyo.

En cuanto vea a don Telmo, se lo diré de su parte.

(Llaman a la puerta)

¡Casilda, va!

De verdad.

-Señora, que no se altere usted, estoy llegando a la puerta.

Señora, doña Celia. -Ya la veo.

Gracias por acudir tan pronto a mi recado.

¿Te quieres sentar? ¿Quieres un té? -No.

-Retírate, Casilda, gracias.

Te preguntarás por qué te he citado.

Es una cuestión un tanto delicada.

Lo primero, sé por Susana que has tenido tus más y tus menos

con Ramón.

-No sé por qué me tiene entre ceja y ceja.

No sé qué es lo que se piensa que hago con la niña.

Yo solo quiero cuidarla,

es lo que Trini me encomendó, pero él...

parece estar enfermo de celos.

-¿Para tanto es?

-Para tanto y para más.

Me fiscaliza cada movimiento que hago cuando estoy con la niña.

Está peor de lo que parece.

-Vaya, siento enterarme de eso,

siempre le he tenido un gran aprecio a Ramón.

Ahora entiendo más por qué Antoñito vino a contarme lo que me contó.

-¿Qué te contó?

¿Tiene que ver con la niña?

Lucía.

Estás preciosa.

¿Qué quieres? Nada.

He aceptado la sentencia, tu sentencia.

He comprendido que nuestros caminos no coinciden ni coincidirán.

Pues deja de seguirme entonces.

Conseguirá arrastrarte a ti y a tu nombre por el fango.

Ese hombre no tiene límites.

¿Has leído la carta de Jimeno Batán?

No la escribió Batán. Es falsa, un ardid.

¿Es eso lo que te dice tu Telmo?

No,

eso lo digo yo.

Pareces muy segura.

Lo estoy.

Lucía, no te lo diré una vez más,

aléjate de él o te destruirá.

Podría decirte que no me importa, pero no sería cierto.

Lo lamentaré por ti.

Casilda. Casilda.

¿Dónde se mete esta chica siempre, de verdad?

(RESOPLA)

(Pasos)

-¿Ya se ha ido la visita?

-Sí. No me puedo creer lo que me ha dicho.

¿Te puedes creer que Celia acusa a Ramón de estar perdiendo la cabeza?

Tampoco es normal que ella se encime tanto sobre la niña,

por favor.

-Que me voy.

-¿Adónde?

-En cuanto termine el combate de Tito.

Me voy con Íñigo a Portugal.

A Portugal, qué bien. ¿De viaje de descanso?

¿Cuánto tiempo?

-Mucho.

-(TOSE)

¡¿Qué tonterías estás diciendo?!

¡¿Cuánto es mucho, Leonor?!

¡¿Que cuánto es mucho?!

-Años, madre.

-¡¿Estás loca?! ¡Me vais a volver loca!

¡A quien no le falta un tornillo, lo está perdiendo!

-Que no. -¿Cómo que no?

-Vamos a empezar una nueva vida en Coímbra.

-Pero, pero, pero...

Pero, a ver... Pero ¿qué estás diciendo, Leonor?

¿A qué ese disparate? ¿Por qué marcharos así, tan de sopetón?

-Es mejor que no pregunte más, por su bien.

-Pero ¿cómo va a ser mejor...? Ah, ¿por el boxeo?

-Sí, pero no lo comente con nadie.

Ni siquiera lo de nuestra marcha.

-¡Pero que no, que no! A ver... No os podéis ir.

¿Os vais a ir juntos, sin casar antes?

-(ASIENTE)

En cuanto estemos instalados,

le enviaré las señas para que venga a visitarnos.

-¡Pero ¿cómo voy a ir a visitaros?! ¡¿Qué haces tú en Coímbra?!

¡¿Estás loca, Leonor?! ¡No me vengas con esto!

¡Eres una insensata, una descastada! ¡Pero ¿cómo se te ocurre?!

¿De verdad te vas sí o sí?

-Sí, madre.

-Eres una loca, eres una...

Eres una soberbia, como tu padre.

Pero muy valiente.

Para mi desgracia, eres muy valiente.

-(CON PENA) Ay, madre.

-Eres admirable y una mujer valiente.

(LLORA)

-Madre.

Eh,... que yo la quiero, ¿eh?

Lo sabe, ¿no?

Sabe que la quiero mucho, ¿no?

-Pues claro. Me vas a querer siempre

porque soy tu madre.

No tienes otra.

-No. -Vendrás mucho a verme, ¿verdad?

-(ASIENTE)

(LLORAN)

-Ojalá Íñigo sepa lo que hace.

Tengo algo para usted.

Tenga.

Ábrala.

Es de la familia.

Era de mi abuela.

La guardaba para entregársela a mi hija el día de su boda.

Pero eso ya no podrá ser.

Don Telmo es para mí como un hijo.

Nada me haría más feliz que la llevara usted el día de su boda.

Así lo haré. Gracias, Úrsula.

(Llaman a la puerta)

Padre Bartolomé.

Padre.

¿Qué le sucede?

Ha sucedido algo terrible.

Terrible.

He ido al banco y he comprobado que no hay nada en las cuentas.

Porque alguien había retirado el dinero, ¿verdad?

Alguien perteneciente a la institución

ha ordenado transferir todo el dinero

a la Orden del Cristo Yacente.

-Si se la jugamos

y se da cuenta, me mata. -¿Ya ha vuelto a morir?

(Vítores)

Quiero dejarlo todo arreglado.

Quería hacerlo en La Deliciosa, pero está cerrada.

-Qué raro. -Será un asunto familiar

o temas del boxeo. Mañana hablaré con Íñigo.

-Haces bien dejando atendida a la clientela, porque nos vamos ya.

-Hemos encontrado los documentos del banco

donde se ordenó esa transferencia.

"Engañado".

(LLORA) ¿Quién?

¿Quién te ha engañado? Telmo.

Me ha traicionado. ¿Qué dices?

Se ha burlado de mí desde el primer día.

"Don Íñigo, me dijo que si veía a alguien sospechoso,"

que se lo dijera, bueno, pues se lo digo,

está merodeando por La Deliciosa y con unos tipos mal "encaraos".

Yo ya no puedo seguir aquí, Felipe.

Me voy de la ciudad hoy mismo.

Lucía, no debes tomar decisiones en caliente.

-Ya está aquí mamá.

Mamá no va a permitir que te lleven esos malos.

Apártate de mí.

Escúchame. Mírame, mírame, amor mío, por favor.

¡No me llames amor mío! No me mires, no me hables.

Vámonos a casa.

No voy a permitir que nadie te separe de mi lado, hija mía.

-Celia...

Celia,...

¿qué hace, adónde se lleva a Milagros?

  • A mi lista
  • A mis favoritos
  • Capítulo 959

Acacias 38 - Capítulo 959

27 feb 2019

Telmo y el Padre Bartolomé siguen sacando adelante el papeleo del comedor benéfico. El padre Bartolomé oculta algo en un mueble de la casa de Telmo.
Íñigo y Tito hablan sobre un misterioso plan de cara al combate de boxeo. Íñigo le cuenta a Leonor que después tendrán que marcharse lejos. La joven se despide de su madre para siempre.
Marcelina y Jacinto anuncian que sus familias han dado el visto bueno a la boda.
Ramón plantea a su familia marcharse una temporada a París.
El Padre Bartolomé sorprende a Lucía y Úrsula con unas terribles noticias…

ver más sobre "Acacias 38 - Capítulo 959" ver menos sobre "Acacias 38 - Capítulo 959"
Programas completos (1001)

Los últimos 3.442 programas de Acacias 38

  • Ver Miniaturas Ver Miniaturas
  • Ver Listado Ver Listado
Buscar por:
Por fechas
Por tipo
Todos los vídeos y audios

Añadir comentario ↓

  1. Ali

    La Estoi viendo desde el primer capítulo pero ya eske aburre

    01 mar 2019
  2. Pilar Méndez

    Gracias Mabi, te saludo desde Madrid. Seguiré viéndola hasta el fin.

    28 feb 2019
  3. Carmen

    Bueno pues yo aquí me despido...ya he perdido mucho el tiempo esperando que una serie tan buena y con unos actores de diez ...se encaminará de nuevo sin tanto despropósito ...ahora aprovecharé mis tarde con una buena película o saliendo a tomar café con las amigas .... enhorabuena a los guionistas por seguir manteniendo el trabajo ...algo totalmente inaudito . Adiós acacias .

    28 feb 2019
  4. Maria José

    Por favor, no se desvela que celia tenia un problema. Pero esto que es.... me encanta la serie. Samuel un lagartillo eeh

    28 feb 2019
  5. alyss

    Esperaba de todo menos esto,porque tantas muertes y vidas infelices???Me encantaban Telmo y Lucia!!!

    28 feb 2019
  6. Mabi

    Pilar Mendez, no te angusties, solo las/ los verdaderos Acacieros que hemos seguido desde el capítulo 1 nuestra serie favorita, hemos dado nuestro parecer sincero sobre cada trama que se nos ha presentado. La mayoría de los comentarios negativos, si has observado bien, es de comentaristas que hoy la miran, mañana no, dejan de verla por un tiempo, y opinan. Libres son de hacerlo, pero no demos por el pito más de lo que el pito vale!! Por algo seguiremos sus fieles seguidores viéndola en su nueva etapa. Saludos cordiales

    28 feb 2019
  7. Pilar Méndez

    Me gustaría se hiciera mención a mi persona porque he sido de las pocas que han hablado bien de la novela, pocas veces, pero bien. Gracias de antemano por momentos como la despedida de Leonor y Rosina. Saludos a los Acacieros por el mundo desde Madrid.

    28 feb 2019
  8. Pilar Méndez

    Me ha emocionado mucho la escena de despedida entre Leonor y Rosina!!

    28 feb 2019
  9. Mabi

    Telmo PECADOR?!?!?!?!?! Ha matado a alguien?? Ha tenido malos tratos con alguien? Ha sido soberbio? Etc, etc, etc.... Solo ha " colgado " los hábitos justamente para no ser pecador ante los ojos de Dios!!!! Jajaja!!! Dan risa algunos comentarios hechos sin siquiera conocer, al parecer, como fue la trama. Que pensará entonces del diabólico Samuel que lleva en sus hombros uno de los peores pecados MATAR además de ser un come Santos y caga diablos!!!! Por favor'!!!

    28 feb 2019
  10. Mabi

    Pues yo espero ansiosa el capítulo final de ésta etapa de Acacias!!! Y bueno...sobre gustos.... Creo que debemos los verdaderos seguidores de la serie, amoldarnos a los cambios propuestos y no ser impacientes...a mi también me queda ese gustado amargo de no ver resueltas muchas de las tramas, en cuanto a descubrir a tal o cual en sus maldades, pero aún así le brindó mi voto de confianza a ésta nueva etapa!!!!! ..

    28 feb 2019