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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 956 - ver ahora
Transcripción completa

Nada me gustaría más que volver a entregarme a ti otra vez,

pero los dos,

cada uno a su modo, hemos sido educados en la Iglesia,

con la doctrina, y...

no sé, creo que deberíamos casarnos.

Nada podría hacerme más feliz.

La quiero.

¿Quién podría no quererla? -Celia, Celia,

por más que te empeñes, eres su madrina, no su madre.

-Me ocuparé de ella... como si lo fuera.

-Preferiría que volviera usted antes de la hora de comer,

quiero dar un paseo con mi hija por los Jardines del Príncipe.

Va a ser la primera vez que salgamos juntos.

-Descuide, don Ramón. ¿Nos vamos, cariño?

Venga.

-"Tengo otro encargo para usted".

He venido a prevenirle. Pronto le daré los detalles

y se pondrá usted en acción. No, esto ya ha acabado.

Usted hará exactamente lo que yo le diga cuando yo se lo diga.

-"Ha ido a ver al prestamista".

-Ay, sin dinero, pero ¿está loco? -Lo ha conseguido, madre.

Y con dinero también es una locura.

-¿Cómo que lo ha conseguido? ¿No habrá hecho alguna majadería?

-Ha hipotecado La Deliciosa. -"¿Y la hermana de usted?".

-Liberará a Flora cuando compruebe que la cantidad es la correcta

y que la policía no le busca.

-He traído una propuesta para reconstruir el comedor social.

Pues, por mí, mi voto es afirmativo.

Y por mí también.

Íñigo.

-Flora.

-Espero que sea puntual.

-Bueno, vendrá antes del almuerzo, es lo lógico.

-Y el garbeo no es hasta después de comer.

-Yo ya le he pedido que volviera antes, sí,

pero entre sus planes estaba regresar más tarde.

-¿Y eso cómo lo sabe?

-Le he escuchado pedirle a Fabiana que le pusiera un biberón más.

-"No solo es preciosa," sino que es muy buena,

he tenido mucha suerte porque me ha salido muy dócil y muy comilona.

Con lo que me costó dar a luz.

La he llamado Celia,

como yo.

Supongo que su odio por Telmo no se habrá extinguido.

He dado con el modo de hacer que ese blasfemo

se arrastre por los suelos. ¿Quiere escucharlo?

Soy todo oídos.

¿Más firmas? Y las que te quedan.

Llegará un día en que la firma te saldrá hasta dormida.

Nóminas, facturas, escrituras públicas...

Si lo sé, me quedo con el dinero y no ayudo a nadie.

¿Serías capaz? No lo dudes.

¿Y estos papeles no los puedes firmar tú?

Ahí, otra firma.

Yo no puedo, Lucía, no estoy autorizado,

solo tú.

¿Y eso por qué?

Para evitar suspicacias.

No quiero que nadie dude de mi integridad.

Eso es absurdo, yo confío en ti y con eso basta.

Quiero que tengas plenos poderes. Hablaré con Felipe.

Quizá para eso haya que esperar.

Telmo,

hablaré de eso hoy y del otro tema que tenemos pendiente.

Todo el mundo tiene noticia de nuestra operación,

pero no de nuestra decisión de contraer matrimonio.

Si por mí fuera, ya estaríamos casados, Lucía.

Ese sí quiero que lo arregles con Felipe y Celia.

¿Y así podremos repetir lo de ayer una y otra vez

ahora en paz con Dios?

Me muero del deseo de hacerlo.

Don Tel...

Señorita Lucía. Disculpen si interrumpo.

No, usted nunca interrumpe, Úrsula, no se preocupe.

El padre le espera en el coche de caballos.

Voy. Vaya a traerme el abrigo, por favor.

Vamos a ver unos terrenos que nos ofrecen para la casa de salud.

¿Tan pronto?

Pensé que ponerlo todo en marcha llevaría más días, semanas.

Hemos querido dar prioridad absoluta a eso,

a eso y al comedor para mendigos.

Cuanto antes terminemos, antes atenderemos a esa gente.

Buena decisión.

Darles de comer y curarles si enferman,

no podría estar más de acuerdo.

La casa de salud tardará en estar en funcionamiento.

Me gustaría que mañana se pudiera atender a los pacientes.

Pues ve, no hagas esperar al padre Bartolomé.

¿Y qué vas a hacer tú?

Pues iré a ver a Celia.

Debe haber llegado ya de su paseo con Milagros.

Y si veo la ocasión, les hablaré de nuestro enlace.

Mucha suerte.

Aquí la tiene, don Telmo. Gracias, Úrsula.

(Sintonía de "Acacias 38")

(Se abre una puerta)

Celia no ha vuelto y Lucía y Felipe no están en casa.

-¿Y la criada no sabe nada?

-La Antonia no se entera de "na" de lo que pasa en esa casa.

Limpia, cocina y poco más. -Estamos buenos.

-Celia es una irresponsable. -Padre,

seguro que están al llegar. -Pues que lo hagan ya mismo.

Milagros es muy pequeña como para pasarse cinco horas por la calle.

-A ver si la estamos culpando y no tiene culpa de "na".

-Que no. Si hubiera pasado algo, nos enteraríamos.

Si hubieran ido al hospital, Celia habría avisado.

-¿Y si le ha pasado algo a Celia? -Que no le ha pasado nada a nadie.

-¡Lo que pasa es que Celia es una mujer demente!

-Padre, Celia es una mujer que está haciéndose cargo de Milagros.

Se merece el beneficio de la duda.

-Don Ramón,

yo sé que doña Celia adora a la cría,

no le va a hacer ningún mal.

-Pues aunque la adore, nos ayude y lo que sea,

me voy a la comisaría para que las busquen.

Voy a buscar mi abrigo.

Gracias, Tito. No voy a dejar ni uno.

-¿Has pasado mucho hambre?

-Nada, me daban bien de comer. Bueno, no exactamente bien,

me daban mucha comida.

El cocinero no debía saber lo que era la sal, estaba todo sosísimo.

-¿Y dónde la tenían secuestrada?

-En una casa,

aunque no sé dónde era, se oían pajarillos

y mucha calma. Parecía una zona de la sierra.

-¿Y no pudiste ver nada?

-Sí, me dejaban moverme, siempre y cuando no me alejara de la casa.

Aunque no había más casas alrededor, solo se veían árboles

y un riachuelo que bajaba bien crecido.

-O sea, que ha "estao" usted tan ricamente, casi, de retiro.

-Eso mismo, mucho mejor

que los que estaban aquí esperando, llenos de nervios y preocupación.

A mí me daban de comer, revistas

y siempre había un gran fuego encendido.

-Si lo sé, pido que me secuestren a mí.

-(RÍE)

-Flora, ¿no has corrido peligro?

Me temo que nos dices esto para no preocuparnos.

-Que no miento.

Los hombres de Andrés eran unos profesionales.

-Profesionales del delito.

-Cierto, pero no se dejaban llevar por las pasiones.

Yo era su negocio, su garantía de cobrar,

así que, me trataban como tal. Así me lo explicó Andrés.

-¿Le veía?

-Todas las noches. Se sentaba conmigo junto al fuego.

Me contaba cómo Íñigo intentaba sacarme de allí.

Y hasta lo que hizo Tito para salvarme.

-Bueno, salió mal.

-No tenía que haber hecho nada, podría haber acabado fatal.

Andrés es un gran aficionado al boxeo

y le veía pelear en sus buenos tiempos.

-En fin, que no les guardas rencor.

-A ver, me trataron bien, pero todo tiene un límite.

Me encantaría verlos en la cárcel por el mal que han hecho

y por el miedo que me hicieron pasar al principio.

Quisiera hacerles pagar por haber tenido que hipotecar La Deliciosa.

-Espero que salgamos adelante.

En peores hemos estado y siempre ha acabado todo bien.

-Brindemos por ello. -Pero antes, dame un abrazo.

Si al final decide ir a comisaria, yo le acompaño, pero...

piense qué le va a decir a la policía.

-Que mi hija ha desaparecido. Dame el sombrero.

-No.

Que su hija está de paseo con una vecina

y que nos parece que tardan en volver.

-Tiene razón, ¿qué le va a decir, que Celia ha secuestrado a la cría?

-Si tengo que denunciarla por eso, lo haré.

(Llaman)

-A ver si es ella.

-Si es ella, por favor, piense lo que le va a decir.

-Esto no va a volver a suceder, eso te lo garantizo.

-Muy buenas.

-¿Se puede saber de dónde viene usted?

-De dar un paseo, pero ya se lo había dicho.

-¡¿Casi seis horas de paseo?!

-Perdón, se me ha ido un poco el santo al cielo,

pero la niña necesitaba tomar el sol y que le diera el aire.

-Lolita, ¿está bien la niña?

-Sí, sí, claro. -Pero ¿cree que no sé cuidarla?

Pero si la quiero como a mi propia hija.

-No es su hija, es hija de Trini y mía, pero no suya,

que le quede claro. -Padre, por favor, ya.

La niña ya está aquí.

-No tiene derecho a decir eso. -¿Que no tengo derecho?

Esta es mi casa y ella es mi hija, puedo decir lo que quiera,

¡y si no está de acuerdo, ya sabe dónde está la puerta!

-Si Trini levantara la cabeza...

-No nombre usted a mi esposa, usted no tiene derecho a hacerlo.

Debería haberla denunciado por intento de secuestro.

-Mi niña... Pero ¿cómo dice eso?

-¡Que no es su hija, basta ya!

-Bueno, ya. Doña Celia, vámonos.

Mi padre está nervioso por el retraso y no es buen momento. Vamos.

Vamos.

-Lolita, ¿adónde la llevas?

A cambiarle el pañal, que tiene que estar la pobre empapadita.

-Mujer irresponsable.

¿Autorizas a Telmo en los números de la operación?

No quiero tener que firmar tantos documentos todos los días.

No te voy a negar que me da miedo dejar que algo

que está en tus manos, pase a depender de otra persona.

Confío plenamente en él.

Como quieras.

Estudiaré todas las opciones que haya

y veré qué tenemos que hacer para darle la firma,

pero no estoy de acuerdo.

Gracias.

Y no se preocupe en exceso.

¿Y mi prima? Hay otro asunto que quería tratar con los dos.

Cuando llegué a casa ya había salido.

Me ha dicho la criada

que los Palacios pasaron preguntando por ella.

Bueno, habrá vuelto a dar un paseo con Milagros.

Estará al llegar.

No te voy a negar que estoy algo preocupado.

Hace rato que salió de casa.

Estará en casa de los Palacios,

estará bañando a la niña, dándola de comer o durmiéndola.

No sé.

No me gustan las responsabilidades que está tomando

con una niña que no es su hija.

Felipe, quiere ayudar a los Palacios,

era la mejor amiga de su madre y es su madrina.

No sé, no sé.

Celia.

¿Qué pasa?

-Don Ramón me ha echado de su casa

y me ha insultado.

¿Qué? -A ver,

tranquilízate. Cuéntame qué ha pasado.

-Salí a dar un paseo con la niña y...

Reconozco que me olvidé de la hora.

Pero la niña dormía plácidamente y me retrasé.

Y cuando llegué, don Ramón me dijo que...

estuvo a punto de llamar a la policía por si la había secuestrado.

Pero eso es un disparate.

-Celia, ¿cuánto rato te retrasaste?

-No sé, no sé.

-¿Cuánto? -Tres,...

cuatro horas. ¿Me vas a gritar tú también?

Esa niña necesita aire

y salir del ambiente que hay en su casa.

-Pero es su casa, sea buena o mala.

Celia, sabemos que tu intención era buena.

-¿Vas a permitir que me humille?

-No.

No, por supuesto que no.

Hablaré con don Ramón.

La mujer era muy dicharachera.

Pero me dijo que no tenía ninguna nieta

que se llamara "Salvaora". -¿Ninguna nieta?

¿Y tan mayor era?

-Más que el puente romano.

-Esa mujer ya chochea y no sabe cómo se llaman sus nietas.

-No, yo no creo que sea eso, no.

Si la dueña de la tienda de tabacos habla por los codos.

Me contó que cuando la reina estuvo en el barrio,

fue a su tienda. -¿A comprar tabaco?

-Nones, "pa" entrar al baño.

Por muy reina que sea, también hace aguas menores.

-Cuando vino a Acacias se aguantó.

-A lo mejor se alivió la vejiga en casa de doña Cayetana.

-Ya está bien de hablar de los orines de la reina.

Es una persona y tiene necesidades como otra cualquiera.

-Tiene razón, Fabiana.

-Bueno, también le pregunté si había tenido alguna moza en la tienda

que se llamara así, y, claro, me dijo que llevaba 50 años

dedicándose al negocio de la expendeduría.

Que no se acordaba del nombre de las aprendizas que había tenido,

pero que no le sonaba ninguna "Salvaora".

-Pues por ahí no va encontrar "na", Servando.

-Seguro que la Casilda no se lo preguntó

con intención de interrogatorio.

-Pues entonces pregúnteselo usted mismo, Servando.

Esa mujer viene mucho por el barrio, "tie" una amiga en el 32.

-Estate atenta, y cuando vuelva, me avisas.

-De eso "na", esté atento usted,

que bastante tengo ya con esperar a mi primo.

-¿Les habrá ido bien por el pueblo?

-Menuda habrá liado el Jacinto.

-¿Por qué no le iba a ir bien?

-Porque son de lo más raritos.

A tu primo, o lo despiden con una banda de música,

o le echan los perros.

-Eso son maledicencias.

Como mi primo no hay otro igual.

Ese hombre es más bueno que el pan tierno.

Uy...

-Por fin solos. -Estoy "agotá".

No había manera de que se durmiera Milagros.

Al final, va a ser más "cansá" la vida de señora que la de "criá".

-¿Echas de menos el altillo?

-No, porque ahí no estoy contigo.

-Menos mal que me dices esas cosas, son los mejores momentos del día.

¿Has cenado?

-Sí. La Fabiana me trajo unas croquetas. ¿Y tú?

-Sí, yo también he tenido la suerte de probar esas croquetas.

¿Quieres?

Vaya día más largo.

No sé por qué mi padre se pone tan nervioso con Celia.

-Porque la conoce.

Yo también estuve nerviosa por si desaparecía con la nena.

-¿Qué va a hacer, secuestrarla?

-Antoñito, tú has "estao" muchos años fuera

y no sabes la historia de Celia con la maternidad.

-Lolita, Celia acaba de perder a su hijo,

entiendo que trate a Milagros como si fuera hija suya.

-Es que, si solo hubiera sido uno.

Que antes, se le malograron muchos embarazos más,

que yo no sé ni las veces que nos dijo que estaba "preñá" y nanay.

Pues... media docena.

Si hasta perdió el juicio y la ingresaron en una clínica

de los que se les va la azotea. -¿Un manicomio?

-Pero "pa" ricos. Clínica de reposo

le llaman.

Que una vez, paseó a una muñeca en un carrito y decía que era su hija.

-(RESOPLA)

Entonces, sí que perdió la razón.

-Por completo.

Por eso, tu padre le tiene más miedo que a un "nublao".

-¿Crees que haría daño a Milagros?

-No, adora a la nena.

Ella lo que quiere es protegerla. -Ya, protegerla demasiado.

-No te digo yo que no.

Hay que pararle los pies, pero no como tu padre,

poco a poco. -Madre mía,

son todo problemas.

-Tranquilo, que vamos a salir adelante.

-Eso seguro. No sé cómo, pero lo vamos a conseguir.

Bueno, vamos a...

a la habitación, a dormir.

-Vamos.

-Vamos. -Venga.

Celia, cariño, ¿cómo estás?

Casi no he podido dormir por ese horrible hombre.

-Celia,...

sé que se comportó como un maleducado

y que echarte de su casa estuvo fuera de lugar.

-Y más, después de lo que he hecho por ayudarle.

-Con más motivo, claro. Don Ramón siempre ha sido un hombre correcto.

Estaba nervioso.

-¿Estás dudando de mí? -No, no digo eso.

Pero con la tensión de estos últimos días, entiendo su preocupación,

no saber dónde estaba su hija...

-Estaba conmigo y él lo sabía.

Y si no sabía cómo estaba, mucho mejor conmigo que en esa casa.

-Quizás deberías preocuparte menos por Milagros.

-¿Y faltar a la promesa que le hice a Trini?

Felipe, ya hemos hablado de esto, y la respuesta es no.

-Está bien, hablaré con don Ramón y le recriminaré su comportamiento.

-Es lo menos que puedes hacer.

(Llaman a la puerta)

Será Telmo. Él y Lucía

querían hablar con nosotros. -Ahora estoy pensando en la niña.

-Sí, Celia, ahora, la vida sigue.

Hay asuntos que requieren nuestra atención.

-Claro.

Buenos días. Buenos días.

-Buenos días. Tome asiento. ¿Quiere tomar algo?

Yo te sirvo.

Lucía me comentó que quería darle poderes en la fundación.

Ella cree que así será más operativo.

Yo no entiendo de contratos, documentos y facturas,

es mejor que se encargue Telmo. No le voy a mentir,...

es muy pronto para hacer esta gestión.

Estoy de acuerdo.

¿Muy pronto? ¿Y a qué cree que debemos esperar?

A que exista un vínculo más sólido entre ambos.

Eso precisamente era lo que quería decirle

en presencia de Celia.

Telmo y yo hemos decidido casarnos.

Celia, ¿has escuchado a tu prima?

-No.

Dime.

Decía... que Telmo y yo hemos decidido casarnos.

Qué buena noticia. (SONRÍE)

-¿No te parece muy pronto?

Hace unos días que anunciaron su relación a los vecinos.

-¿Qué más dan los vecinos, Felipe?

¿A quién le va a importar, a Susana,

a Rosina, al maleducado de don Ramón?

Todas las personas que se quieran deberían poder estar juntas,

sin obstáculos.

Y ser felices, tener niños, ser dichosos...

Gracias, Celia, sabía que podría contar con su apoyo.

Lo mismo le digo.

-Entonces, no hay nada más que hablar.

En cuanto tenga los papeles, le avisaré para firmarlos.

Enhorabuena.

Espero que sea un matrimonio feliz. Gracias.

Aquí tiene, caballero. Enseguida le traigo los churros.

-Buenos días, Flora. -Tito.

Le invito a un chocolate.

-No le diré que no, vengo con el estómago vacío.

-Pues desayunamos juntos, yo tampoco he comido nada.

Merceditas, chocolate con churros para dos, por favor.

-¿No debería estar descansando? Ha estado días secuestrada.

-Eso sí que era descansar.

Todo el día sentada, viendo revistas y sin hacer nada.

Me han tratado bien.

Estaba como una reina.

-A las buenas. -Íñigo, siéntate,

vamos a desayunar los tres juntos.

-¿Celebramos algo? -Claro que sí,

que tenemos problemas,

pero que vamos a superarlos y que tenemos salud.

-Eso.

Eh, bueno, yo no.

-Tito no tiene salud, pero podría estar peor, ¿verdad?

-Siempre, siempre se puede estar peor.

Eh...

He pensado... que quiero ayudarles a devolver el crédito.

-Si lo que está pensando es volver al boxeo, ya le digo yo que no.

-No, no, boxear no, pero...

puedo trabajar aquí, en La Deliciosa,

sin sueldo,...

solo quiero que me paguen la comida y la habitación de la pensión.

Así ayudo.

-No. Eso sería explotación.

-Hombre, don Íñigo,

¿usted sabe la de filetes que yo me como?

Saldría ganando aunque no cobrase.

-Pero usted no es pastelero ni camarero.

-Pero aprendo, estoy seguro que puedo aprender.

Denme la oportunidad.

-Bueno, está bien, pero con sueldo, Tito.

Cobrará lo mismo que el resto de empleados.

-Entonces no ayudo a pagar.

Ustedes me siguen ayudando y yo no hago nada.

-Bueno, las propinas, nos quedamos las propinas y así pagamos al banco.

-Hecho.

Muchas gracias.

Gracias.

Felipe.

Venía a hablar con usted.

-Me disponía a salir, pero si quiere entrar.

-No, no se preocupe, no le voy a entretener mucho.

Venía a pedirle explicaciones por lo de ayer.

-Quizá me excedí...

con mis palabras y mi tono hacia Celia.

-Quizás no, se excedió.

Se comportó como un grosero.

-Creo que ahora es usted el que se está excediendo.

-Ramón, creo que debería tratar con más delicadeza a Celia.

Fue la mejor amiga de Trini,

estuvo pendiente de su familia tras la muerte de su esposa,

se ocupó de Milagros cuando nadie lo hacía.

-Lo sé.

Y se lo agradezco de todo corazón, ya lo sabe.

-¿Cómo?

¿Echándola de su casa?

Vaya manera de agradecerlo, ¿no?

-Felipe, usted sabe el aprecio que yo le tengo.

-No lo ha demostrado tratando así a mi esposa.

-Quizá, su retraso me produjo tal angustia,

que no he sido capaz de medirla.

-Don Ramón, un pequeño retraso

no justifica su mala educación. -No fue un pequeño retraso,

fueron casi seis horas con mi hija por la calle

sin poder comer ni ser aseada.

-¿Me está insinuando que Celia maltrató a Milagros?

-Estoy seguro de que lo hizo de forma involuntaria,

pero su comportamiento no fue el adecuado.

-Siempre le he tenido por un hombre cabal,

empiezo a dudar de que lo sea.

-Solo puedo justificar sus palabras desde la necesidad

de defender a su esposa, aunque no esté la razón de su parte.

-Mire, llevo tiempo conteniéndome en relación a lo que ha pasado.

No es justo que se deje llevar con alguien

que ha sufrido tanto como Celia. -Ni yo me siento orgulloso

de haberlo hecho.

Pero la actitud de Celia no fue la correcta.

-¿Es su última palabra?

-No, Felipe.

Mi última palabra es tenderle mi mano y volver a la buena relación

que siempre hemos tenido.

-Discúlpeme,...

tengo asuntos que atender.

(Se cierra una puerta)

Don Samuel, preguntan por usted.

Ya sabe, el señor Batán.

-Buenas.

-Déjenos solos, Carmen.

Haz lo que te pide. Aprovecha para ir al mercado.

Como mande el señor.

No entiendo como un hombre que está en la ruina

sigue pagando a una mujer para que le sirva.

Con grandes sacrificios.

-No he visto la esquela de la hija del ministro.

Y peor aún, en su casa no hay nadie.

Quizá... la esquela esté en otro periódico.

Ya.

Yo más bien tiendo a pensar que está viva y que no cumplió mis órdenes,

y lo que es peor, que avisó para que toda la familia saliese del país.

Mire, yo no sé de qué me habla. La dejé muerta.

¿Intenta engañarme?

Es usted más insensato de lo que nunca imaginé.

Haré con usted lo que tendría que haber hecho con esa muchacha.

No cometa ninguna locura, Jimeno.

Si la noticia no ha salido, no tardará en hacerlo.

Usted no llegará a leerla. -Salgo ya, señor.

¿Precisa algo de la plaza? No.

-Me voy.

Piense en lo que le he dicho, señor Alday.

Perdone si le he interrumpido, pero tuve un mal presentimiento.

Gracias, Carmen.

¿Qué iba a hacer ese hombre?

Nada. Es un hombre que pierde los nervios con facilidad,

pero no iba a hacerme nada.

Puedes marchar al mercado tranquila.

Se lo ruego, don Samuel,

sea prudente.

Ese hombre es muy peligroso.

Descuida, Carmen, sé cuidarme.

(Se cierra una puerta)

Gracias, Antonia. Esperaré aquí.

-Mi marido no está. -No venía a hablar con él,

he venido a hablar con usted. -Pues no sé si quiero

quedarme a solas con usted.

He perdido la confianza en su buen sentido.

Entiendo sus reticencias,...

pero sepa que he venido a pedirle disculpas

por mi comportamiento de ayer.

-Es lo menos que puede hacer.

-No era mi intención ser desconsiderado ni ofenderla,...

pero me dejé vencer por la presión.

He obrado en contra de mis principios.

-Fue todo muy desagradable.

-Lo sé. He tenido un encuentro

muy áspero con don Felipe...

que me ha hecho darme cuenta de mi equivocación, y...

quiero remediarlo lo antes posible.

No quisiera que por mi culpa...

se pusiera fin

a la relación que hemos tenido siempre entre nuestras familias.

-Agradezco que lo vea así

y acepto sus disculpas, sobre todo por la memoria de Trini

y por el bienestar de la niña.

-Me quedo mucho más tranquilo.

No sabe usted lo difícil que está siendo todo esto para mí.

Pero me he dado cuenta de que mi único objetivo en la vida

es mi pequeña Milagros.

-Precisamente por eso yo quería ayudarle.

-Y yo se lo agradezco.

Es usted su madrina

y, seguramente, la persona que más le quiere, después de mí, claro.

Le ruego que este asunto

no haga que deje usted

de atender a Milagros.

-Celebro que reconozca mis desvelos.

-¿Cómo no hacerlo?

-Entonces,

¿podré seguir viendo a la niña?

-Por supuesto.

Las puertas de mi casa

siempre estarán abiertas de par en par para usted, doña Celia.

-Espero que todo vuelva a ser como antes.

Han hecho muy bien en subir a darle las gracias a Rosina.

Estas cosas le encantan.

Había pensado en agradecerle la ayuda,

pero esperaba verla en La Deliciosa.

Flora me ha convencido para que viniéramos.

-Las mujeres sabemos de estos asuntos.

Tenías que haber comprado un ramo más grande.

-No exageres, ese es suficiente. -No.

Un ramo de flores nunca es lo bastante grande.

-Mi madre ya viene. Qué ramo tan bonito.

-Sí, pero ya verás como a tu madre le parece pequeño.

-Yo soy quien mejor conoce a mi madre y, te aseguro

que le va a parecer un tamaño perfecto.

-Perdonen la tardanza.

Estaba dando instrucciones a Casilda.

¡¿Qué es esto?! -Es para usted, doña Rosina.

-Astromelia... (ESTORNUDA)

Las astromelias me dan urticaria.

¿A quién se le ha ocurrido comprarlas?

Que la señora se pone malísima.

-Quita, quita, esto a la basura. Llévatelo, Casilda.

-Leonor, ¿tú no conoces a tu madre?

-Yo nunca la había visto estornudar así.

-Porque nadie había cometido la torpeza...

de meter astromelias en esta casa. (ESTORNUDA)

(ESTORNUDA)

-¿Usted lo sabía? -¿Yo?, ni idea.

Pero me alegra saberlo gracias a Íñigo.

Me hubiera echado dos semanas de la alcoba.

-Doña Rosina, perdone, que yo no lo sabía.

-No pasa nada, pero por favor, nunca más en la vida

traiga astromelias o lo tiro por la escaleras.

-Madre, que ha sido culpa mía. -Desde luego.

-¿Qué quieren contarme, porque no creo que su objetivo fuera matarme?

-Queríamos agradecerle su ayuda. -Sí.

Aunque al final no fuera necesario su dinero,

Leonor nos adelantó su disposición a hacerlo.

-Mi hija me contó que ustedes no querían poner mi fortuna en peligro,

que por eso no aceptaban. -Mal asunto si esos canallas

se fijan en usted.

-¿Qué dice? Yo soy de la estirpe de Agustina de Aragón,

nada me da miedo, ¿esos canallas? Nada puede conmigo.

-Sí, menos las astromelias esas.

-¿Tú no sabes que me dan urticaria? -Yo solo te regalo rosas,

prenda mía, que es la única flor que puede compararse a tu belleza.

-Basta ya y olvidemos ya las astromelias,

que aquí no volverán a entrar nunca más.

-Por encima de mi cadáver.

Flora, ¿qué tal está usted?

Debió ser muy duro.

-Me trataron bastante bien, la verdad.

-Bueno. -No sabemos si denunciar

o si pasar página, al fin y al cabo, solo hemos pagado lo que debíamos.

-Mejor olvidarlo. Ahora, a trabajar duro para devolver el crédito.

(Llaman)

-Al final, el secuestro de Flora nos ha unido a todos.

No hay mal que por bien no venga.

-No sé si dirías lo mismo si te hubieran secuestrado a ti.

-¿Hay reunión? -Encuentro familiar, tieta.

Nos faltaba usted.

-Señora, las astromelias ya están en la basura.

¿Bajo un momentito y las saco? -Ve, no quiero verlas.

-¿Qué tal va el catarro, Flora? -¿Qué catarro?

-¿No llevaba varios días sin venir por el catarro?

-Ah, sí. (TOSE)

Mucho mejor. (TOSE)

"Señá" Fabiana, ¿ha visto al Servando?

Le tengo que presentar a la estanquera.

-Si ya se ha presentado ella sola. Ahí están hablando.

-Voy. -No, mejor déjeles,

que parece que entre ellos se entienden.

-Pero acerquémonos un poco, a ver si oímos algo.

-¿Y esas flores, Casilda? Hace un rato se las vi a don Íñigo.

-Ya. ¿Y no le dijo "pa" quién eran, no?

-¿"Pa" La Deliciosa, no?

-No, no.

-¿"Pa" doña Rosina? Pues vaya chasco.

-Ya ve usted. La mujer ha "estornudao" como 20 veces,

así que voy a tirarlas. -No, no, no, trae el ramo,

que esto lo vendo yo otra vez. -Bueno, pues "pa" usted.

Vamos "p'alla".

-Asunto resuelto.

Ya sé quién era Salvadora.

-¿Ella? -La misma que viste y calza.

-¿Y por qué no me lo dijo? -Por vergüenza.

Una carta de amor a los 70, mandada hace 50 años.

-¿Y la ha leído? -Sí,

con lágrimas en los ojos. Parece que tuvo un novio soldado

después del Arsenio que se fue a servir a Cuba y no volvió.

-Ay...

Si que se le ha "pegao" la ternura, Servando, se ha "emocionado" usted.

-Pero no por el soldado, no.

Si no es por el soldado, ¿por qué es, si puede saberse?

-La caja, que se la ha llevado.

Que me gasté dos pesetas. ¿Quién me devuelve ahora ese dinero?

De verdad, este negocio solo me ha dado pérdidas.

-Ande ya.

Y este.

Deja de protestar, que ya es el último.

Estoy deseando que Felipe lo tenga todo listo

para autorizarte la firma y olvidarme de este asunto.

Me dijo que igual iba hoy a la tarde.

Me avisará si lograba tenerlo todo dispuesto.

Bueno, ya está. No firmo más en mi vida.

¿Y los papeles de nuestra boda?

Bueno, con esos haré una excepción.

Podríamos adelantar nuestra boda, para que no haya más habladurías.

Pero ¿cuándo?

Pues... la semana que viene.

Telmo, pero no daría tiempo a hacer vestidos ni banquetes,

ni invitados... Pero

¿quién necesita esas cosas?

Necesitamos estar juntos, con un cura y una iglesia.

Tengo una idea.

Tú y yo, en la ermita de Santa Eugenia,

que está en Alcalá y es preciosa, a la orilla de un riachuelo.

Y el cura es un antiguo compañero del seminario.

Bueno, suena tentador.

Y de banquete, lo que nos prepare Úrsula.

Le decimos que vamos de merienda campestre.

Telmo, ¿y esas prisas?

Antes me has hablado del disgusto de Celia, de Felipe y de don Ramón

y el cuidado de la pequeña Milagros.

Sí, pero no veo la relación.

Pues que de una manera o de otra,

todos han perdido a sus seres queridos.

Felipe y Celia,

a su hijo.

Don Ramón, a Trini.

Y la pequeña Milagros, a su madre.

Y no hay nada más desgarrador que eso.

Y desde que sé que te amo,

he experimentado el temor a perderte

y, es un sentimiento nuevo para mí.

Por eso ardo en deseos de casarme contigo,

para protegerte y cuidar de ti.

Soy tan afortunada de tenerte a mi lado.

No sé cómo he podido estar tanto tiempo lejos de ti.

No me lo explico.

Estarías orate.

(RÍEN)

Sí, lo estaba. Pero, Telmo, quiero un vestido de novia.

Hay un sitio en el centro que los venden ya hechos.

Supongo que serán de segunda mano, pero me da igual.

Iré esta tarde.

Susana se va a poner como una hidra.

Y por eso tenemos que irnos de luna de miel bien larga,

para que se olvide antes de que volvamos.

Una vez, me dijiste Nueva York,

pero prefiero una playa,

una isla maravillosa con playas paradisiacas.

Hecho. ¿Se lo contamos a Úrsula?

A Úrsula y al padre Bartolomé, a nadie más.

Qué ganas tengo de que llegue el día.

Pero salga.

A ver, primero saludas a los clientes.

Buenas tardes, señor, señora, lo que sea.

Siempre con educación.

A ver, imagínese que soy yo.

Lo que le he dicho.

-Buenas tardes, señor. Buenas tardes, señora.

-¿Cómo que señor? Si estoy yo sola, me dices señora.

O señorita, al estar soltera.

A ver. -Buenas tardes, señorita.

-Muy bien.

A continuación, me preguntará qué deseo tomar.

Desde el principio.

-Buenas tardes, señorita. ¿Qué desea usted tomar?

-Perfecto, no podría haberlo hecho mejor.

Pues eso es todo. -¿Ya sirvo para ser camarero?

-Lo básico sí, lo demás son detalles.

-Ah.

-Mire, esa pareja van a ser sus primeros clientes.

Ya sabe, buenas tardes, señores, ¿qué desean tomar?

-Buenas tardes, señores, ¿qué desean tomar?

-Eso es. Y con una sonrisa.

-Con una sonrisa.

¿Lo voy a hacer bien?

-Seguro.

Ha nacido para llevar una bandeja en la mano. A por ellos.

-Buenas tardes, señores, ¿qué desean ustedes tomar?

Buenas tardes, señores.

-Buenas tardes, doña Flora.

-Un momento, que Tito va a atender a su primeros clientes.

-Buenas tardes, señores, ¿qué desean ustedes tomar?

(TITO RÍE)

-¿Qué, cómo ha ido? -Perfecto.

Les he dicho: "Buenas tardes, señores,

¿qué desean ustedes tomar?".

-¿Y?

-¿Y qué? -¿Que qué desean tomar?

-Eh,... no sé.

-¿Cómo que no sabe? ¿Qué le han dicho?

-No sé. Estaba tan emocionado con haber saludado bien,

que no les he prestado atención. Tendría que haberlo hecho.

-Deje, que voy yo.

-No sirvo para camarero.

-Poco a poco, que Roma no se hizo en un día.

-¿Cuánto tardó?

-Es una frase hecha, quiere decir que todo lleva su tiempo.

-A ver,

quieren un té y unos bollos suizos.

Entre y se lo dice a Íñigo.

-Muchas gracias.

-Esto no va a ser fácil. -No, Servando, va a ser muy difícil.

¿Quería algo?

-Preguntar qué tal iba con su "constipao".

-Ah, bien, bien, curado del todo.

-Ah, vale.

-Muy bien.

Ahora le lleva la comanda a los clientes.

Y no se lo tire encima, con cuidado, sobre todo a la señora.

-Buenas tardes... ¿Les vuelvo a saludar?

-No, solo se lo lleva, y les dice: Aquí tienen lo que han pedido.

-"Aquí tienen lo que han pedido".

"Aquí tienen lo que han pedido".

"Aquí tienen lo que han pedido".

-¡Mire por dónde va! -Perdón.

-Servando, va a ser muy difícil.

(Pasos)

Uy. Ni que tuviera una cita, señor, bien elegante que va.

-Una cita con el médico.

De buena gana me quedaba en casa leyendo el periódico.

-Sí, y haciéndole cucamonas a Milagros, señor, que le conozco.

-¿Se ha quedado dormidita en su cuarto?

-Como un tronco. Hasta ronca, con lo pequeñaja que es.

(Llaman)

-Ve a abrir. Y tráeme los gemelos de plata,

que estos no me combinan bien con esta camisa.

-Sí, señor.

-Buenas tardes, don Ramón.

-Buenas tardes. Me pilla a punto de salir,

tengo una cita con el médico. -Venía a ver a la niña.

-Me ha dicho Fabiana que se acaba de quedar dormida.

-Ay, iré al dormitorio, a ver si está despierta.

-Ya sabe que luego cuesta mucho volver a dormirla.

-Iré con cuidado.

-Aquí tiene los gemelos, señor.

¿Y doña Celia?

-Ha ido a ver a Milagros.

-Verá usted como la despierta.

-Lo de esta mujer es una pesadilla,

pero no nos queda otra que callar.

Fabiana,

yo me tengo que ir,

pero no le quites el ojo de encima.

-Descuide, señor.

-Que no esté ni un momento a solas con Milagros.

Y si te dice de salir a dar un paseo,

le dices que tu señor te ha dicho que no quiere que la niña salga.

-Pero ¿y si insiste?

-Pues si insiste, no nos quedará otra que aguantarnos.

-Estaba despierta, pero es tan buena, que ni se ha quejado.

-Me gustaría quedarme con usted,

pero tengo confirmada mi cita con el médico.

-No se preocupe, que nosotras nos llevamos estupendamente.

Deberíamos de traer la cuna aquí para que le dé el sol,

esa habitación apenas tiene luz.

-Se lo comento después a Lolita y le pido su parecer.

Volveré lo antes posible.

-(ASIENTE)

-Vaya tranquilo, don Ramón.

Fabiana, vamos a traer la cuna.

-Ya ha escuchado al señor, cuando venga Lolita.

-Pero ¿qué sabrá el señor? -Es mi patrón

y yo sigo sus órdenes, doña Celia.

Lucía.

Samuel, no tengo nada que hablar contigo.

Aguarda. Tan solo quiero avisarte de algo que te puede ayudar.

¿Ayudarme?

He oído que vas a donar

todo tu dinero a una fundación para pobres.

Sí, y estoy muy feliz.

Pues ten cuidado con Telmo,... no es trigo limpio.

¿Ahora vas a desprestigiarle? No, Lucía, solo te aviso.

No te guardo rencor, pero cuidado, no vaya a ser que dones tu dinero

al hombre con el que te vas a casar y no a los pobres.

Samuel, no me interesa nada de lo que me digas.

(Disparo)

¿Qué ha sido eso? Un disparo.

Ha venido de la iglesia.

¡Han matado a un hombre al lado del confesionario!

Agustina, ¿quién ha sido? -No sé, yo rezaba.

Escuché el disparo. Cuando miré,

el hombre estaba en el suelo en un charco de sangre.

Samuel, Samuel, ¿quién es el muerto?

Jimeno Batán.

¿Quién será el fiambre? -Cualquier sabe.

-Pues sí que estamos desprotegidos con usted.

Asesinan a un pollo en la iglesia y usted no sabe "na".

Ahora habrá muchos sospechosos.

Sí, y entre ellos, Samuel Alday.

He decidido...

retomar las actividades comerciales que he tenido abandonadas.

-Sabe que no corre ninguna prisa.

Tiene todo el tiempo del mundo para recuperarse.

Y sus asuntos yo los tengo al día.

-Quería preguntarle sobre algo que dijo

acerca de la gente que se relacionaba con mi señor.

Se refería usted al hombre que ha aparecido muerto, ¿verdad?

-No quiero hablar de eso.

No creo que nos convenga andar metidos

en los asuntos de los señores.

-Lo sé.

Por eso no me quito de la cabeza que haya podido ser el señor Alday

el que haya cometido el crimen.

-He de confesarle que yo también lo he pensado.

-En su mano está toda la herencia de Lucía,

espero que sepa guardarla.

Pueden confiar en mí.

Lucía ha puesto en mis manos algo más importante que todo esto,

su corazón.

(Ruido)

-Oh.

Tranquilas, ya lo arreglo yo.

-Este hombre va a ser su ruina, queda advertida.

-Celia, ¿qué más te ocurre?

-Sigo enojada con don Ramón.

-Ya te pidió disculpas. -Sí, pero...

me da la impresión de que no quiere dejarme a solas con la niña.

Siento que me vigila cuando estoy con ella.

-Han dejado un telegrama para usted, Cesáreo.

-¿Un telegrama para mí?

-Eso me han dicho.

-Lo mismo le mandan de sereno a Cuba "pa" que recupere las colonias.

-Cállese, haga el favor.

-No quiero que toques nada de la habitación.

-Como diga el señor.

No tengo nada que hablar. Don Felipe,

le he visto hablar con Telmo.

Deje que le advierta sobre él. Hace mal en confiar en él.

¿Cómo tiene la cara de hablar de confianza?

No sabe el significado de esta palabra.

Escúcheme. No.

Es usted un patán.

Se está equivocando, Felipe.

Él no es como quiere que creamos, tiene un lado oscuro.

-¿De quién nos fiamos? -De mi padre, cariño,

que es el cabeza de familia y ya va recuperándose.

-Bueno, es que tengo algo que contarte.

No soy ningún panoli.

Si hablas mal de mi persona,

eso tendrá consecuencias, te lo aseguro.

¿Y si no valgo?

-Se trata de poner un café, no de hacer un puente colgante.

-Pues a mí me parece igual de dificultoso.

-Es una lástima que hayamos perdido a Fulgencia,

porque Milagros estaba en la gloria con ella.

-Esa irresponsable no nos hacía ninguna falta.

-¿No le parece a usted extraña la forma en que se fue?

-Pues eso, una endriago sin conciencia es lo que era.

-Dijo que se iba a cuidar a un pariente enfermo,

¿le habló alguna vez de él, le contó algo

que pudiera explicar un comportamiento tan extraño?

-No, yo no sé nada.

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Acacias 38 - Capítulo 956

22 feb 2019

Ramón mantiene una fuerte discusión con Celia que termina por echarla de su casa. Celia se refugia en Felipe y Lucía acusando a Ramón de intentar pegarla.
Lucía y Telmo, anuncian su boda a los Álvarez Hermoso que, a pesar de las reticencias de Felipe, les brindan su apoyo. Ramón tras una tensa conversación con Felipe, se disculpa con Celia, aunque sigue sin fiarse de ella.
Tras la liberación de Flora, la Deliciosa vuelve a la rutina con la incorporación de Tito como camarero, en señal de agradecimiento a los hermanos.
Jimeno Batán está a punto de disparar a Samuel, pero en el último momento Carmen interrumpe, salvando la vida de su señor.
Mientras que Samuel mantiene una conversación desagradable con Lucía en la calle, en el interior de la iglesia, se escucha un disparo.

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  1. Mar

    Wuh, ahora sí que se pone interesante! Me encanta que Samuel haya tejido esa estratagema XD se quita de encima a Jimeno Bazán al mismo tiempo que pone en entredicho al embustero de Telmo jajajajaja Me da un poco de pena Lucía, pero bueno, la vida real es así, llena de muertes por parto, personas dementes y no tan dementes que se dejan llevar por ellas, traiciones y dobles y hasta triples caras. Lo único que no me cuadra es que en esa época se diesen los morreos que se dan esos dos en plena calle (Lucía y Telmo). A ver qué sucede con Flora y Tito, que también hay algo bonito ahí ^_^ y por favor, Lolita y Antoñito que no desaparezcan como han hecho con otras parejitas :( son los únicos bonitos de verdad, como Rosina y Liberto.

    25 feb 2019
  2. Elvira Maria Landeiro Álvarez

    Ya está bien!!! El o los guionistas no cierran las dudas: La muerte de Pablo y su madre por Úrsula, la desaparición en cenizas??? de la protagonista... Una Úrsula que no tiene lógica. Las tragedias sin aclarar...los personajes desequilibrados, menos " el Altillo" dónde el personaje de Lola es estrellar!!!

    24 feb 2019
  3. Eva

    Me pregunto en esta serie la gente no puede terminar su vida siendo feliz??? Los Palacios super felices por el embarazo de Trini, nace la niña, zaz se muere la madre-------Celia super feliz por su embarazo, zaz, aborta----- Lucia y Telmo que felicidad su amor, zaz le hace una cama su amado Bartolomé y a la cárcel----- Don Ramón se recupera de su dolor y acepta a su hija con felicidad, zaz, a la cárcel----y etc etc, señores guionistas aflojen un poco con las tragedias, las muertes, las traiciones, la delincuencia, también nos gustaría ver un poco de alegría, felicidad, PERO QUE DUREEEEE, la dejé de ver por un par de años, volví a ver estos capítulos y al ver los avances, me doy cuenta que nada cambió, nada avanzó, siempre lo mismo, la maldad, la injusticia, la impunidad, las calumnias, la delincuencia, asesinatos etc etc y nadie descubre nada, que hacía la justicia, la policía en eso tiempos????? nada de nada??? hasta dentro de 2 años, si es que siguen al aire, mucha suerte.

    24 feb 2019
  4. Marijose

    He leido en los avances que revisan las cuentas de lucia y se dan cuenta de que estan vacias,supongo que por eso Telmo irá a la cárcel acusado de robo y tradición . Lucia se verá sola y sispecho que embarazada por eso se casará con un nuevo vecino de acacias..Celia muere no sabemos como , igual tiene alguna relación con el encarcelamiento de D.Ramón.

    24 feb 2019
  5. Saro

    El pequeño Alday ha ido a ponerse de acuerdo con Espineira para deshacerse de dos de sus enemigos de una sola tacada: Jimeno Batán y Telmo. Creo que, para éso, ha contado con la inestimable ayuda de Espineira (para matar a Batán) y del padre Bartolomé (que parece ser que ha traicionado a Telmo y a Lucía). Será tremendo, pero pienso que será así, que culparán a Telmo del asesinato de Jimeno (motivo por el que irá a la cárcel) pero, me surge una pregunta: ¿qué va a pasar con el dinero de la Fundación Válmez? ... se lo llevará el padre Bartolomé, el prior Espineira, Samuel Alday, se lo repartirán entre ellos, o podrá Telmo ponerlo a buen recaudo, antes de entrar en la cárcel?. Otra cosa que no entiendo es que Antonio haya vendido la casa familiar y que su padre esté en la cárcel; por qué la ha vendido y, ¿dónde vivirá la familia cuando D. Ramón salga?. Bueno, tenemos el fin de semana para especular y seguir haciendo conjeturas, además de los cuatro capítulos que quedan de esta etapa. Respecto al salto de 10 años, tendremos que acostumbrarnos poco a poco, a las nuevas tramas, nuevos personajes y, sobre todo, a los "cambios" de los que ya son veteranos.

    23 feb 2019
  6. carmela

    Hace rato que pienso que el enigmático padre Telmo, muy bien interpretado por el actor Daniel Tatay... Es mas falso que un perro verde. ¿¿¿¿

    23 feb 2019
  7. Mabi

    Me encanta la incorporación de MANUEL BANDERAS!!! sabiendo que es el promotor de la carrera artística de su mujer, y sus dotes para el cante, espero poder escucharlo cantar junto a ella y recordar alguna canción de LAS COSAS DEL QUERER!!! Ojalá así sea!!!

    23 feb 2019
  8. Mabi

    Creo que estamos demasiado ansiosos por saber ya!!!! que sucederá con las tramas abiertas en ésta etapa de Acacias, pero particularmente a mi me entusiasma saber que seguirán con las historias de Don Ramón, Telmo y Samuel, Lucía, los Palacios, Susana y demás, y esperar con ansias éstos últimos capítulos dónde nos darán las pistas necesarias para responder a todos los interrogantes para seguir como desde el capítulo 1 la nueva etapa de Acacias 38, mi gran compañía desde hace 4 años. Por los capítulos que quedan de 1903 y por los que vendrán de 1913.... SALUD!!!!!

    23 feb 2019
  9. Isabel

    ¿Cómo que a éste? Se llama Telmo, y deberías desconfiar de Espineira y Bartolomé. Tampoco entiendo por que va Ramón a la cárcel, qué pasa con la niña, ¿se la lleva Celia?, y que no comenten nada de cuando no dió la pastilla a Trini. Quedan flecos por cerrar.

    23 feb 2019
  10. Yanet

    Telmo que se va a quedar con toda la herencia de Lucia? y ella asi de facil se lo pone a este?

    23 feb 2019