www.rtve.es /pages/rtve-player-app/2.17.1/js/
5003425
No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 955 - ver ahora
Transcripción completa

Me encantaría que encabezara conmigo la institución,

la junta directiva estaría compuesta por nosotras,

Telmo y el padre Bartolomé. Claro que sí.

-Tranquila, mi amor,...

que estás con tu padre, nada malo te puede pasar.

-(LLORA)

Fabiana, vete tranquila, que mi hija Milagros y yo estamos bien juntos.

-Celia, te lo ruego, soluciona tus diferencias con Lolita cuanto antes.

-Debemos salvar a Flora

de las garras de ese canalla.

Es buena chica y la hermana de tu prometido.

Ahora es de nuestra familia.

-Creo que te debo una disculpa.

Mi comportamiento de ayer fue inaceptable y...

nunca debí tratarte con semejante desdén.

-Descuide,...

que por mi parte no ha "pasao" "na" de "na".

-¿Ha visto a mi señor en una de sus rondas?

-No desde ayer, ¿sucede algo?

-No ha venido esta noche por casa.

-Bueno, que un señor soltero pase la noche fuera de casa no es extraño.

-Tú me dijiste que la familia

de la muchacha "enamorá" tenía un estanco.

-Sí, sí, eso decía en la carta. ¿A qué la pregunta?

-Acabo de acordarme de que conozco a quien puede informarnos.

El sobrino de una amiga mía trabaja como repartidor de tabaco.

-Entonces podría conocerlos. -Pues sí.

-Le debemos mucho a doña Celia.

-Lo sé,...

pero tienes que reconocerme que te irritan tanto como a mí

sus continuas intromisiones.

-"Pa" chasco que sí, que me ha "costao" morderme la lengua.

Como todos saben, hoy cumplo 23 años,

la edad estipulada por los marqueses de Válmez, mis padres,

para convertirme en su heredera.

Quiero anunciarles que he decidido destinar

ese capital para crear una institución benéfica,

llamada Fundación Válmez,

quien se encargará de emprender obras caritativas.

-Ya está.

-La cosa empeora por momentos.

Debe una gran cantidad de dinero, Flora sigue secuestrada

y, para colmo, Tito ha recibido una brutal paliza.

-Tenéis razón.

-Nadie nos va a separar,...

no voy a permitir que eso ocurra,...

cueste lo que cueste.

Te quiero tanto, tanto.

Te adoro.

No te arrepientes, ¿verdad?

No, al contrario,...

quisiera que esta noche no terminara jamás.

Bésame.

Telmo, es tarde, y no me gustaría que Úrsula nos viera así.

Claro. Tampoco sería conveniente que Felipe y Celia

se hicieran demasiadas preguntas

sobre dónde has pasado el final de la velada.

No soporto tener que despedirme de ti.

Daría cualquier cosa por... por dormir a tu lado.

Bueno, tendremos que esperar para eso.

Eh. No tenemos de qué avergonzarnos.

Telmo, no es vergüenza, ante ti no la siento,

pero... Hemos llegado demasiado lejos.

No.

No, no es eso.

Nada me gustaría más que volver a entregarme a ti otra vez,

pero los dos,

cada uno a su modo, hemos sido educados en la Iglesia,

con la doctrina, y...

no sé, creo que deberíamos casarnos.

Nada podría hacerme más feliz.

Nos casaremos, tendremos críos,

nos amaremos día a día.

Claro, claro que nos casaremos,...

y cuanto antes.

¿Te he dicho ya que te quiero? (RÍE)

Fijaremos la fecha de boda en cuanto la fundación eche a andar.

Y que alguien trate de impedirlo.

Anda,... ayúdame.

(Sintonía de "Acacias 38")

(Se abre una puerta)

-Ya era hora.

-¿No está Lucía? -Todavía no ha regresado.

-Estará con Telmo.

-Pues no me parece bien.

-No es para tanto, Felipe.

-Aquí nunca nada es para tanto.

¿Desde cuándo hemos decidido relajar las buenas formas?

-Felipe, son novios, y mañana hasta la prensa se hará eco,

por lo menos que tengan un rato de intimidad.

-No lo digo solo por ellos.

¿Te ha parecido correcto que Lucía partiera la tarta sin ti?

¿Dónde estabas? -Lo sabes de sobra.

Estaba en casa de los Palacios, mimando a mi ahijada.

No creo que eso sea una relajación de las costumbres, es mi deber.

-Ah, tu deber.

-Tu deber es estar al lado de tu familia en los momentos importantes,

y hoy el anuncio de Lucía era uno de esos momentos.

-Es mi deber porque le prometí a mi mejor amiga que cuidaría de su hija

si algo le pasaba, y no pienso faltar a mi palabra.

-No es solo el deber lo que te empuja.

-La quiero.

¿Quién podría no quererla? -Celia, Celia,

por más que te empeñes, eres su madrina, no su madre.

-Me ocuparé de ella... como si lo fuera.

-Celia, nosotros perdimos a nuestro hijo,

y nadie, nadie podrá sustituirlo, acéptalo y actúa en consecuencia.

-Felipe,

no hemos perdido solo este hijo,

yo llevo años cargando con el duelo de todos mis embarazos fallidos,

echándolos de menos cada noche.

-Déjalo estar.

-No, esta vez no vas a olvidarte de este niño

como has hecho con los demás,...

esto es mucho peor que no tener hijos.

Tú y yo hemos engendrado niños muertos.

-Celia, basta. -Tú eres el que me pide que acepte

y que actúe en consecuencia.

Yo estoy aceptando,... teniendo mi dolor aquí dentro.

Eres tú el que se ha desentendido

y no ha sabido o no ha querido acompañarme.

-Lo siento.

-Yo también lo siento,... lo siento mucho,...

pero no es suficiente.

¿Cómo te crees con altura moral para decirme lo que debo hacer

o dejar de hacer con Milagros?

-Tan solo pretendo que no te hagas daño y que no sufras más.

-Es imposible sufrir más.

(Se abre una puerta)

-Celia. Celia.

Felipe, ¿qué ha pasado?

Lucía, llegas muy tarde.

Lo siento. Te mereces una buena reprimenda.

Tengo que ir con Celia,... pero que sea la última vez

que llegas a estas horas a solas.

(Se abre y cierra una puerta)

-Cesáreo, ¿se ha olvidado usted algo?

Señor.

¿Qué le ha ocurrido, señor? ¿Qué líos te traes con el sereno?

Ninguno.

Vino preguntando por usted y le he invitado a cenar.

No lo quiero en mi cocina... comiéndose mi comida.

Lo siento, señor,... no pensé que le molestaría.

No te pago para pensar.

¿Quiere usted comer algo?

Lo ha debido pasar mal, señor,...

pero la ropa tiene arreglo.

Yo se la dejaré como nueva.

No está usted herido, ¿verdad?

¿No quiere contarme nada,...

aunque solo sea...

para desahogarse?

Te lo pedí, ¿lo recuerdas?

Te pedí que no me preguntaras.

Lo sé, señor,...

pero es que me preocupo.

Es como si... Es usted una buena persona, señor, pero...

No lo soy, Carmen. No soy una buena persona.

No diga eso,

claro que lo es.

Yo lo conozco,

y sé que es usted una buena persona.

¡No lo soy, Carmen, maldita sea!

No lo soy.

-¿Tardarás mucho, Fabiana?

-A la leche le falta una miaja, señora, pero ya casi está.

¿Y adónde va a llevar usted a esta hermosura?

-Vamos a ir a una tienda de ropita infantil,

quiero comprarle un par de gorritos a la niña.

Vas a estar muy guapa con tus gorritos, claro que sí.

-¿Y lo saben los señores?

-Sí, se lo dije a Lolita anoche,... cuando subimos.

Estuvo muy bien el cumpleaños de mi prima, ¿verdad?

-Sí, y muy abarrotado.

-Hasta periodistas.

-Ya lo sé, señora.

Esta mañana, sin ir más lejos, tenía a toda la clientela haciendo cola

para comprar el periódico.

Todo el mundo quería saber lo que decían los plumillas.

¿Y usted qué, lo ha leído ya? -Bueno, por encima.

No me gustan las cosas que dicen sobre mi prima

y prefiero no llevarme un disgusto.

-Pues bueno,... esto ya está.

-Estoy pensando, Fabiana, que prepara otro más,

aunque sea frío,

por si nos retrasamos.

-Pero, señora, las tomas son cada tres horas.

¿Piensa estar usted muy de largo?

-¿Más de tres horas, Celia?

-Bueno, probablemente no, pero quería ser precavida,

si no le importa, don Ramón.

-¿Por qué no se lleva usted a Fabiana y así tardará menos?

-No, Fabiana tiene que guisar y perdería toda la mañana.

No se preocupe, que su hija estará bien.

-No, no me preocupo,...

pero preferiría que volviera usted antes de la hora de comer,

quiero dar un paseo con mi hija

por los Jardines del Príncipe.

Va a ser la primera vez que salgamos juntos.

-Descuide, don Ramón.

¿Nos vamos, cariño?

Venga.

Vámonos. Sí, a dar un paseo.

-Liberto, ¿está Íñigo dentro? -No, no lo he visto,

ni me ha hecho llegar recado tampoco.

Has salido muy temprano de casa.

-Quería dar un paseo. -Yo también.

Y para tomarle un poco el pulso al vecindario,

menudo revuelo, ¿eh? -A mí me aburre el chismorreo.

-No todo son chismes, también hay gente que hace hincapié

en las cosas que importan, como la creación de la fundación.

¿Lo has leído?

-No, no tengo paciencia, ni estoy de humor.

Íñigo.

-Buenos días. -¿Dónde estabas?

-En el banco.

Vengo de hipotecar La Deliciosa.

-¿Cómo?

-Así es.

-Es una barbaridad.

-Es lo que debería haber hecho, la única salida.

-No, no es cierto, había otras salidas.

Mi madre está dispuesta a dejarte el dinero.

-Es la única solución digna, y que no perjudica a nadie.

-A Rosina no la iba a perjudicar. Solo se trataba de un préstamo.

-Préstamo que yo habría devuelto, sí, pero no es cuestión de dinero,

no quiero que su esposa tenga nada que ver con ese prestamista.

-Ya sopesaste la hipoteca,

y decidiste no hacerlo, ¿por qué has cambiado de opinión?

-Mantener la propiedad de La Deliciosa tiene sentido

si es patrimonio familiar,

pero mi familia no existirá si Flora no vuelve.

-Está bien. ¿Qué cantidad ha conseguido?

-La deuda con Andrés quedará saldada

y Flora volverá en breve.

-Madre mía,...

hay gacetilleros que les falta pedir que levanten una estatua

en honor a Lucía.

-Y con razón, ¿cuántos prendas conoces tú

que hayan "donao" "to" su parné "pa" las necesidades de los demás?

-Pero que es una barbaridad.

Yo no digo que una heredera no deba destinar una parte a la caridad,

pero una parte, no todo,

es que o esa una santa o es realmente estúpida.

-Antoñito.

-Sí, será una santa.

-Pues una buena persona, con eso sobra.

-¿Tú harías lo mismo?

Yo no, Lolita, y no porque me lo quiera gastar,

pero no sé. Disfrutaría administrando ese dinero,

haciendo que fructifique,

generando empleo, construyendo fábricas,

y dedicando gran parte a la filantropía, claro.

-Buenos días, hijos. -Hola, padre.

¿Por qué no se sienta con nosotros?

-La Fabiana nos ha dicho que quiere dar un garbeo con la cría.

-Y me parece muy bien.

Creo que debe empezar a disfrutar de la pequeña Palacios.

-Usted disfrute, que de lo demás ya me encargo yo,

bueno, nosotros. -Sí, con la mano en el corazón,

padre, creemos que esa niña necesita a su padre,

debe empezar a pasar tiempo con ella.

-Y esa nena le va a devolver ese amor con creces, ya verá.

-¿Sabíais que Celia se la llevaba de compras?

-Sí.

Sí, lo hablé anoche con ella, cuando subíamos del cumpleaños.

Debería habérselo dicho a usted, ¿verdad?

-No, está bien, está bien.

-¿Quiere que le acompañemos esta tarde en el paseo?

Así pasamos un rato juntos todos. -Todos los Palacios.

-Me complacería, sí.

Espero que Celia sea puntual.

-Bueno, vendrá antes del almuerzo, es lo lógico.

-Y el garbeo no es hasta después de comer.

-Yo ya le he pedido que volviera antes, sí,

pero entre sus planes estaba regresar más tarde.

-¿Y eso cómo lo sabe?

-Le he escuchado pedirle a Fabiana que le pusiera un biberón más.

-Tampoco sea tan desconfiado.

-¿Qué dice la prensa? Hoy ni la he visto.

-Pues debe ser el único.

-Páginas y más páginas

sobre Lucía Alvarado

y su monumental herencia.

(LEE) "La joven heredera...

ha creado una institución benéfica...

a la que donará toda su fortuna".

-Señor, ¿qué sucede?

(Llaman a la puerta)

¿Recibe usted, señor?

Llaman a la puerta, ¿abro?

(ASIENTE)

-Déjenos solos, Carmen. Y cierre la puerta.

No hacía falta que me informara usted, sé leer.

No vuelva a hablarme en ese tono, trabaja usted para mí, no lo olvide.

¿Cómo olvidarlo?

Tengo la pierna lastimada por su último encargo.

He pasado la noche en el hospital.

Pero logró huir, y está usted cómodamente en su casa.

Sin anécdotas ni florituras, ¿cómo fue?

La hija de ese antiguo ministro... está muerta, como usted quería.

Y aquí tiene su revólver.

Guárdeselo,... es su herramienta de trabajo.

Estamos en paz.

¿En paz? ¿Sabe usted el dinero que me debe

o tengo que hacerle la cuenta?

Tengo otro encargo para usted.

Imposible, tengo que sanar mi pierna.

Su pierna me importa un ardite,

he venido a prevenirle. Pronto le daré los detalles

y se pondrá usted en acción. No, no, esto ya ha acabado.

Usted hará exactamente lo que yo le diga cuando yo se lo diga.

(Se abre una puerta)

-¿Qué haces ahí? No recuerdo verte tan ociosa.

-La pregunta es, ¿qué haces tú aquí? ¿No tenías que acompañar a Íñigo?

-Se negó a que fuera con él.

-¿Y tú le dejaste ir? -¿Y qué querías?

-Seguirle o insistirle, Liberto, yo qué sé,

cualquier cosa menos dejarle ir solo.

¿Tú en qué estabas pensando? -¿Has terminado ya?

Siéntate, Leonor.

Le ofrecí mi compañía y se negó, yo insistí, claro está,

pero era como hablarle a un muro. Echó a andar,

le di alcance y caminé a su lado, pero me rechazó, incluso me empujó.

Quería ir solo, Leonor. -Qué insensato es.

-Estaba empeñado en que cualquiera que le viera en su compañía,

entraría en el punto de mira de Andrés.

-¿Y su riesgo? ¿No piensa en su propio riesgo?

-Leonor, es su hermana.

-Ya.

-Volverá sano y salvo.

Ese hombre

no está interesado en Flora, quiere su dinero, y eso lo va a tener.

Íñigo recogerá a Flora y ambos regresarán sin problemas.

-O que ese energúmeno los retuviera para pedirles más.

-Eso no va a pasar.

Puede ser un energúmeno, pero es muy inteligente,

sabe que la avaricia rompe el saco y que si les retiene,

acudiríamos a la policía y su tinglado se vendría abajo.

-Ojalá tengas razón.

(Pasos)

-¿De qué estabais hablando?

-(CARRASPEA)

-Íñigo ha ido a ver al prestamista.

-Ay, sin dinero, pero ¿está loco? -Lo ha conseguido, madre.

Y con dinero también es una locura. -A ver, ¿cómo que lo ha conseguido?

-Ha hipotecado La Deliciosa.

-No, lo que ha hipotecado es su futuro,

vuestro futuro. -Madre, no exagere.

-A ver, si no consigue devolver la hipoteca, ¿de qué va a vivir?

-Pues no sé, ya nos las arreglaremos.

-¿Y tú no dices nada? -No es necesario dramatizar, Rosina.

Esperemos a ver cómo se desarrollan los acontecimientos.

-No, tenemos que avisar al comisario Méndez,

y de inmediato.

No vamos a estar aquí con los brazos cruzados.

-Ten calma, vamos a esperar.

Esperaremos a que Íñigo y Flora regresen sanos,

y ya veremos si quieren que la policía intervenga o no.

-Pero... A ver, ¿tú qué dices, hija?

-Es que no lo sé, no lo sé.

Yo nunca me había visto tan indecisa.

Tengo un nudo en el estómago, que parece que no va a desaparecer.

-Lo que está claro es que Íñigo ha tomado una decisión,

y no seremos nosotros los que lo estropeemos, ¿estamos?

Vamos a esperar.

-Pesa la "cestica", ¿verdad, hija? -¿Que si pesa, "señá" Fabiana?

Esto pesa más que un mal "marío". -Y hablando de "maríos" y mujeres,

¿cuándo vuelven tu cazurro y su novia?

-No le llame cazurro, que mi primo es muy bueno.

-No digo yo que no, pero cazurro también es un rato, y largo.

A ver si les complace a los padres de la novia y tenemos boda.

-¿Y por qué no les iba a complacer?

Jacinto es un cacho pan. -No a todo el mundo

le agrada que la mayor virtud de su yerno sea pegar unos gritos

que te revienten la oreja. -Pero la Marcelina

tampoco gusta a diestro y siniestro, que "tie" en la cabeza pájaros.

-Sea como sea, que el Señor les dé su bendición.

-Así sea. Y usted, ¿"ande" iba?

-A hablar con el Servando,

pero "tie" esto muy "cerrao".

-Ya, estará al caer, como el granizo.

¿Qué, le iba a comentar usted algo sobre los "enamoraos"?

-He "hablao" con ese que os dije. -Con el sobrino de su amiga.

-Ese mismo.

Por lo visto, hay una tal Salvadora que es dueña de un comercio

de tabacos y especias.

-Pero "señá" Fabiana, si es una señora,

no "pue" ser nuestra "Salvaora". -Pero podría ser su madre.

-Es verdad, a usted no se le escapa una.

-Ay va, reunión de comadres, portero muerto.

-Arrea, no se queje que a usted lo único que le mata es el hambre.

-Je. -Tengo noticias.

-Hemos "dao" con la "Salvaora".

-Con la que puede ser su madre. -¿De verdad?

-Créaselo, que es de ley. -¿Y dónde se la puede encontrar?

-En una tienda de tabacos, en el centro, es la dueña,

por eso le decimos que puede ser la madre.

-Tenemos que ir ipso facto, verbigracia a toda velocidad.

-Eche el freno, Magdaleno.

Piénsese las cosas una miaja más, hombre.

A ver, usted se presenta allí ¿y qué dice?

-Toma, que si es la "Salvaora" que buscamos o si tiene una hija.

-Claro, y la mujer dirá que "pa" qué quiere a su hija, ¿y qué le dirá,

que es "pa" casarla?

-Sí, es verdad, quizá sea demasiado prematuro, sí.

-Eso es lo que le estamos diciendo, Servando.

Acuérdese que los padres no querían al Arsenio por novio de su hija.

-¿Y qué podemos hacer?

-Andar con un poco de más doblez, hombre.

-Por ejemplo,...

yo puedo hacerme pasar por la amiga de su hija,

y cuando me diga "ande" está, le pregunto por Arsenio

y le cuento lo de la carta.

-Y le dices que la carta la tenemos aquí y así la conocemos.

¿Le parece a usted? -Ni que se me hubiera ocurrido a mí.

-Ay. Bueno, Casilda, arreando, hija.

Yo te acompañaría, pero tengo la casa manga por hombro,

que esa criaturita da un montón de faena.

-No, no se preocupe, ya me busco alguien que me acompañe.

Bueno, "aluego" vuelvo, voy a dejar la compra en casa de doña Rosina.

-Hala, hala, a la faena, a la faena, venga, venga.

Qué bonito es hacer las cosas por el amor de una pareja, ¿eh?

-Ay.

Por cierto, ¿usted ha "subío" el correo a casa de mis señores?

-Arrea, no, pero lo subo ahora mismo.

-Susana, ¿sabes si Íñigo está? -No lo he visto en todo el día,

y sí, me ha parecido extraño.

-Me va a matar a disgustos.

-¿A ti? Si acaso, matará a tu hija.

¿Qué es lo que pasa?

-Nada, nada.

-¿Cómo que nada? ¿Crees que me chupo el dedo?

-Sin quitarte el dedal.

-Pues no me he caído de un guindo, que lo sepas.

Ayer estabais todos con la tembladera, que me fijé.

Ni tu hija ni tú hubierais podido enhebrar una aguja.

-La emoción del cumpleaños. -Naranjas de la China.

¿También un hombretón como Íñigo

estaba emocionado?

No le llegaba la camisa al cuerpo.

-¿Quién entiende a los hombres?

-A otro perro con ese hueso, en tu casa pasa algo, y gordo.

-Si fuera así, no deberías meter las narices en el asunto.

-Tus narices me han hecho sospechar.

¿Desde cuándo sale una vecina en los periódicos y no vienes

a la sastrería para despellejarla?

-Lucía es buena vecina y persona, ¿por qué querría despellejarla?

-¿No has visto su foto en el periódico al lado del cura renegado?

Por el amor de Dios,

si parecen dos artistas del cinematógrafo

en una película sicalíptica. -¡Son dos enamorados!

Pero para ti, cualquiera que no vista hábito es sicalíptico.

¿De verdad que este hombre se ha ido dejando el negocio solo?

-No me digas que Íñigo ha dado la "espantá".

-Por favor, calla, no digas sandeces.

-Pues humo hay, aunque no quieras decirme dónde está el fuego.

-Susana, ¿nadie te ha dicho que cada día te pareces más al comisario?

-Cuanto más trates de distraerme, más te voy a interrogar.

Flora tampoco está. -Bueno, ya te dije

que estaba pachuchilla. -¿Pachuchilla,

cuánto de pachuchilla? Va, pídete un chocolate

y me lo cuentas.

-Don Ramón, qué alegría me da verle.

-Bienhalladas. ¿Merendando, no?

-Unas más que otras.

-¿Y ustedes? ¿Dando un paseo,

don Ramón? -A estirar un poco las piernas, sí.

-Está muy bien que pasee con sus hijos,

eso le dará paz de espíritu. ¿Se sientan un ratito con nosotras?

-Yo preferiría... -Sí, padre, nos sentamos

y así descansa un poco, ¿no?

-Ay.

Hablando de paz de espíritu,

hoy he estado todo el día acordándome de Trini.

-Ea, cuando no es pascua. -He vendido un vestido

que le gustaba, decía que se lo iba a comprar cuando diera a luz.

-Luz le tendría que haber "dao" a usted la Divina Providencia.

-¿Qué has dicho?

-A doña Celia, ¿la han visto por aquí cerca...?

-Vaya, otra desaparecida. Hoy todo el mundo

busca a todo el mundo.

-¿Quiere que le digamos algo si la vemos?

-No, no, ha ido a pasear a Milagros, enseguida viene,

la estamos esperando.

-Ay, discúlpenme. -Pero ¿dónde vas?

La cosa se pone interesante.

-Me he acordado que tengo que hacer una cosa.

-Pero ¿qué cosa?

-¿Hay alguna nueva? -No, Rosina, no.

-¿Y qué hace aquí el púgil? -Madre, cállese.

-Bueno, menos humos.

-¿No te das cuenta que tu hija apenas puede tenerse en pie?

-Paciencia, hija, resignación cristiana.

-Lo está arreglando.

-Volverá, hija, ya lo verás.

Pero estas cosas de los rescates llevan su tiempo.

-Debimos avisar a la policía.

-Pero estamos a tiempo, ¿no? -No, no.

¿Qué podría hacer la policía? Nada.

Nos vamos a esperar.

Un rato, solo, ¿eh?

Dios mío,...

¿cuándo va a terminar esta angustia?

-Tranquila, hija, ya verás como la Virgen de los Milagros

nos echa un capote, se lo he pedido. Ay, no.

-Íñigo.

-¿Qué? -Cuéntenos,

¿ha efectuado la entrega? -¿Y por qué ha tardado tanto?

-Dimos varias vueltas para comprobar que nadie nos había seguido.

-¿Y la hermana de usted? -Andrés es muy cauto,...

demasiado, diría yo.

Liberará a Flora cuando compruebe que la cantidad es la correcta

y que la policía no le busca. -¿Y te has fiado de él?

-¿Qué otra cosa podía hacer?

Amor.

(Llaman a la puerta)

Pasa.

Te quiero.

Y yo.

¿No ha llegado todavía el padre Bartolomé?

No tardará.

Tampoco ha llegado Celia, ¿sabes algo?

No la he visto en todo el día,

quizás haya olvidado la cita.

Es muy puntual, y si no ha llegado todavía,

es probable que no venga. No te veo preocupada por eso.

Nada me preocupa cuando estoy contigo.

La ausencia de Celia no creo que sea un problema,

luego le contaré lo que decidamos.

(Llaman a la puerta)

Será algún miembro de la junta directiva,

¿está usted preparada, presidenta?

Lo estoy.

Iré a abrir.

Buenas.

Vengo con un poco de retraso por los nervios y las expectativas.

Pues me alegro de verle, padre, siéntese y comencemos.

Da gusto trabajar... con una presidenta así de adorable.

Es usted muy amable.

¿No está doña Celia?

Quizá llegue, pero no lo sabemos, así que empezaremos sin ella.

Les felicito a los dos, casi todos los periódicos

apoyan nuestra fundación.

No les vamos a decepcionar.

Presidenta.

No creo que hagan falta formalidades entre nosotros.

Bueno, pues declaro abierta la primera reunión

de la Junta Directiva de la Fundación Válmez.

¿Padre? He traído una propuesta

para reconstruir el comedor social.

Pues, por mí, mi voto es afirmativo.

Y por mí también. Añadiremos a ese cálculo una cantidad

para seguir dando de comer en el asentamiento provisional.

Gracias, y alabado sea Dios.

También quiero que estudien esta propuesta

para la construcción de una casa de salud

para familias sin recursos.

He estado mirando algunos solares

y me gustaría que alguno de ustedes visitara los terrenos

y contrastáramos opiniones.

Iré. Las obras deberían comenzar cuanto antes.

Perfecto.

Mientras, yo me personaré en el ayuntamiento

y me informaré de los permisos necesarios.

Y yo pondré al tanto de nuestro deseo al arquitecto

y al jefe de obra. Pero no se olvide de insistir

que necesitamos espacios amplios y luminosos que ayuden a dar paz

a los enfermos y se sientan bien atendidos.

Así lo haré.

-Íñigo,... ¿no te dijo ese canalla cómo iba a ser la liberación?

-Me enviarán recado del lugar donde recoger a Flora.

-No puede tardar tanto tiempo.

-Si aún no tienen a la policía encima,

es porque no hemos denunciado el secuestro.

-Será mejor decidir cuánto vamos a esperar.

-No, Tito, no hay nada que decidir. Íñigo, se acabó,

daremos parte a la policía, que la busquen.

-Flora está en el callejón. -¿En el callejón?

-¿Qué? -No, quedaos aquí.

-No, de eso nada.

-Pero ¿por qué nos hacen esto? ¿Eh?

¿Por qué?

Pues con la firma de los acuerdos y del acta,

doy por terminada la primera reunión de la junta directiva.

No puedo sentirme más feliz.

Me ha quitado esas palabras de la boca.

¿De veras?

Sería la primera vez que se queda usted sin palabras.

Caballeros, gracias.

Han hecho posible mi determinación

de emplear mi herencia para ayudar a los más necesitados.

No creo que pueda devolverles lo que me han dado.

Ojalá todos los trabajos fueran como este.

Gracias a usted por permitirme ser parte de este empeño.

Y ahora, si me lo permiten, debo marchar.

Claro, no le retenemos más. Le acompaño a la puerta.

Telmo, volveré en un rato a buscarle.

Buenas tardes. Con Dios.

Telmo,... más allá de formalidades,...

gracias, me siento útil, y eso no es un sentimiento

que haya sentido muy a menudo.

Me siento útil y amada,

y no puedo pedir más. Gracias.

Yo no he hecho nada, mi vida. El mérito es tuyo

y solo tuyo. No, Telmo.

Eres el responsable de las finanzas de la fundación,

y te quiero tal y como eres,

sobrio y humilde, pero...

tienes que aceptar tu función y dirigir la nave con mano firme.

Y así será.

Tu fortuna será invertida donde mayor bien pueda generar.

Ese será el objetivo de mi vida,..

ese,... tú y tu felicidad.

Mi fortuna es haberte conocido.

-Me he equivocado en todo.

En todo. -Cariño, no te tortures,

has hecho todo lo que has podido, todo.

-Debería haber avisado a la policía como me dijisteis, Leonor.

Si le pasa algo a Flora,...

no me lo voy a perdonar nunca. -Mira,

vamos a ir a la chocolatería, y allí decidimos qué paso dar, ¿eh?

-Sí. -Venga.

Mi sombrero.

-Íñigo.

-¡Flora!

-Estoy bien, estoy perfectamente.

-Perdóname, Flora, debería haber sido mucho más rápido

en solucionarlo. -Calla.

-Dios mío.

Qué alegría que vuelvas a estar con nosotras.

-Todo... ha sido por mi culpa, todo.

No les he traído más que desgracias. -Ni una palabra más.

(Se abre una puerta)

-Antonia dice

que Felipe ha ido a trabajar al despacho del marqués

y no ha vuelto,...

pero de Celia y de la niña no sabe nada.

-¿Adónde se habrá llevado a la cría? -Solo sé que no ha ido a la reunión

de la junta de la fundación.

No quiero alarmarle, pero a lo mejor

deberíamos preocuparnos, e igual dar parte al comisario.

-No le ha ocurrido nada, ya tenía pensado no regresar a tiempo,

le dijera yo lo que le dijera.

-¿Y por qué iba a desobedecerle?

-Ayer la encontré hablando con la niña en un tono inapropiado.

-¿Cómo que un tono inapropiado?

-Lo hacía como si fuera su verdadera madre.

Le prometía a tu hermana que nada

ni nadie las separaría jamás.

-Bueno, sería una forma de hablar, ella está entusiasmada con la niña,

querrá crear lazos afectivos,

tampoco creo que vaya a más. -Pero no es normal, hijo,...

no es normal,... se excede.

-Dale las gracias a la señora, cariño.

Muchas gracias, no solo es preciosa, sino que es muy buena,

he tenido mucha suerte porque me ha salido muy dócil y muy comilona.

Con lo que me costó dar a luz.

La he llamado Celia,

como yo.

Con Dios.

¿Qué pasa, "cuchulita"?

¿Qué?

(Llaman a la puerta)

Adelante.

Le agradezco que... "La inmensa fortuna

de los marqueses de Válmez,

apenas ha estado durante unas pocas horas en manos de su heredera,

Lucía Alvarado,

pues esta ha destinado

el 100% del dinero a la creación de la Fundación Válmez,

que será dirigida por una junta directiva de cuatro miembros,

entre ellos, el antiguo sacerdote

Telmo Martínez, recientemente centro de la polémica

suscitada por haber renegado de sus votos

y haber iniciado una relación con la heredera".

Bueno, ya está bien. ¿Qué pretende usted?

"La señorita Alvarado

ya fue objeto de críticas

por truncar la que debía haber sido su boda

con el conocido empresario Samuel Alday,

hijo del malogrado joyero

Jaime Alday".

Mejor haría en borrar esa sonrisa de su boca,

usted es tan víctima como yo de los manejos de su cura.

¿De mi cura? Y de su prometida.

Respecto a lo de víctima,...

quizá sí lo sea,...

y quizá no.

Déjese de florituras retóricas,...

hace unos días usted me dijo que no volviera por aquí

hasta que le pudiera ofrecer algo.

¿Y lo trae usted?

Le haré una propuesta.

Supongo que su odio por Telmo, al igual que el mío,

no se habrá extinguido.

¿Podemos ir al grano, señor Alday?

He dado con el modo de hacer que ese blasfemo

se arrastre por los suelos. ¿Quiere escucharlo?

Soy todo oídos.

Y todos estos papeles, ¿no los puedes firmar tú?

Ahí,... otra firma.

No, yo no puedo, Lucía, no estoy autorizado.

Solo tú.

¿Y eso por qué? Para evitar suspicacias.

No quiero que nadie dude de mi integridad.

Eso es absurdo,

yo confío en ti y con eso basta. Quiero que tengas plenos poderes.

Hablaré con Felipe. -¡Celia es una mujer demente!

-Celia es una mujer que está haciéndose cargo de Milagros.

Se merece que le demos el beneficio de la duda.

-Don Ramón,...

yo sé que doña Celia adora a la cría,

no le va a hacer ningún mal.

-Pues aunque la adore, nos ayude y lo que sea,

me voy a la comisaría para que las busquen.

"El padre Bartolomé" le espera en el coche de caballos.

Voy. Vaya a traerme el abrigo, por favor.

Vamos a ver unos terrenos para la casa de salud.

¿Tan pronto?

Pensé que ponerlo todo en marcha llevaría más días,

tal vez semanas.

-¿Y dónde la tenían secuestrada? -En una casa,

aunque no sé dónde era, se oían había pajarillos

y mucha calma. Parecía una zona de la sierra.

-¿Y no pudiste ver nada?

-Sí, me dejaban moverme, siempre y cuando no me alejara de la casa.

Aunque no había más casas alrededor, solo se veían árboles

y un riachuelo que bajaba bien crecido.

-O sea, que ha "estao" usted tan ricamente, así, de retiro.

-Eso mismo, mucho mejor

que los que estaban aquí esperando, llenos de nervios y preocupación.

-¿No has corrido peligro?

Me temo que nos dices esto para no preocuparnos.

-No te negaré que me da miedo dejar que algo que está en tus manos

pase a ser de otra persona.

Felipe, confío en él.

Como quieras. Estudiaré todas las opciones que haya,

y veré qué hacer para darle la firma,

pero no estoy de acuerdo, que lo sepas.

-¿Qué va a hacer, secuestrarla?

-Antoñito, tú has "estao" muchos años fuera

y no sabes la historia de Celia con la maternidad.

-Lolita, Celia acaba de perder a su hijo,

entiendo que trate a Milagros como si fuera hija suya.

-Es que, si solo hubiera sido uno.

Que antes se le malograron muchos embarazos más,

que yo no sé ni las veces que nos dijo que estaba "preñá" y nanay.

Pues... media docena.

Si hasta perdió el juicio y la ingresaron en una clínica

de los que se les va la azotea. -¿Un manicomio?

-Pero "pa" ricos. Clínica de reposo le llaman.

-Queríamos agradecerle su ayuda. -Sí,

aunque no fuera necesario que nos prestara el dinero,

Leonor nos adelantó su disposición a hacerlo.

-Bueno, mi hija me contó que no querían

poner mi fortuna en peligro, que por eso no aceptaban.

-Mal asunto si esos canallas se fijan en usted.

-¿Qué dice? Yo soy de la estirpe de Agustina de Aragón,

nada me da miedo, ¿esos canallas? Nada puede conmigo.

No te voy a negar que estoy algo preocupado.

Hace rato que salió de casa.

Estará en casa de los Palacios y...

estará bañando a la niña, dándole de comer o...

durmiéndola. No sé.

No me gustan las responsabilidades que está tomando

con una niña que no es su hija.

Felipe, quiere ayudar a los Palacios,

era la mejor amiga de su madre y es su madrina.

No sé. -"He... pensado"

que quiero ayudarles a devolver el crédito.

-Si lo que está pensando es volver al boxeo, ya le digo yo que no.

-No, no, boxear no, pero...

puedo trabajar aquí, en La Deliciosa,

sin sueldo,...

solo quiero que me paguen la comida y la habitación de la pensión.

Así ayudo.

-No.

-¡¿Se puede saber de dónde viene usted?!

-De dar un paseo, pero ya se lo había dicho.

-¡¿Casi seis horas de paseo?!

-Perdón, se me ha ido un poco el santo al cielo,

pero la niña necesitaba tomar el sol y que le diera el aire.

-Lolita, ¿está bien la niña?

-Sí, sí, claro. -Pero ¿cree que no sé cuidarla?

Pero si la quiero como a mi propia hija.

-No es su hija, es hija de Trini y mía, pero no suya,

que le quede claro.

Debería haberla denunciado por intento de secuestro.

-Mi niña, pero ¿cómo dice eso?

-¡Que no es su hija, basta ya!

-"No he visto la esquela"

de la hija del ministro.

Y peor aún, en su casa no hay nadie.

Quizá... la esquela esté en otro periódico.

Ya.

Yo más bien tiendo a pensar que está viva y que no cumplió mis órdenes,

y lo que es peor, avisó para que toda la familia saliese del país.

Mire, yo no sé de qué me habla. La dejé muerta.

¿Intenta engañarme?

Es usted más insensato de lo que nunca imaginé.

Va a morir.

Haré con usted lo que tendría que haber hecho con esa muchacha.

No cometa ninguna locura, Jimeno.

Si la noticia no ha salido, no tardará en hacerlo.

Usted no llegará a leerla.

Yo no entiendo de contratos, documentos y facturas,

es mejor que se encargue Telmo. No le voy a mentir,...

es muy pronto para hacer esta gestión.

¿Y a qué cree que debemos esperar?

A que exista un vínculo más sólido entre ambos.

Eso precisamente era lo que quería decirle

en presencia de Celia.

Telmo y yo

hemos decidido casarnos.

-Don Ramón, un pequeño retraso

no justifica su mala educación. -No fue un pequeño retraso,

fueron casi seis horas con mi hija por la calle

sin poder comer ni ser aseada.

-¿Me está insinuando que Celia maltrató a Milagros?

-Estoy seguro de que lo hizo de forma involuntaria,

pero su comportamiento no fue el adecuado.

-Siempre le he tenido por un hombre cabal,

empiezo a dudar de que lo sea. No firmo más en mi vida.

¿Y los papeles de nuestra boda?

Bueno, con esos haré una excepción.

Podríamos adelantar nuestra boda, para que no haya más habladurías.

Pero ¿cuándo?

Pues... la semana que viene.

Lucía.

Samuel, no tengo nada que hablar contigo.

Aguarda. Tan solo quiero avisarte de algo que te puede ayudar.

¿Ayudarme?

He oído que vas a donar

todo tu dinero a una fundación para pobres.

Sí, y estoy muy feliz.

Pues ten cuidado con Telmo,... no es trigo limpio.

¿Ahora vas a desprestigiarle? No, Lucía, solo te aviso.

No te guardo ningún rencor, pero ten cuidado,

no vaya a ser que dones tu dinero

al hombre con el que te vas a casar.

Samuel, no me interesa nada de lo que me digas.

(Disparo)

¿Qué ha sido eso? Un disparo.

Ha venido de la iglesia.

  • A mi lista
  • A mis favoritos
  • Capítulo 955

Acacias 38 - Capítulo 955

21 feb 2019

Lucía y Telmo deciden casarse y ponen en marcha la Fundación Marqués de Válmez.

Felipe y Celia tienen una fuerte discusión por su ausencia durante el cumpleaños de Lucía con el pretexto de ver a Milagros.

Samuel regresa a casa con manchas de sangre en su ropa y se encuentra a Carmen y a Cesáreo cenando juntos, el Alday echa al sereno de su casa.

A pesar sus reticencias, Celia convence a Ramón para sacar de paseo a Milagros, que se tensa ante su tardanza, mientras tanto, Celia presume de niña a quien la presenta como su hija.

Jimeno Batán amenaza a Samuel porque no ha cumplido su encargo. El de Alday visita a Espineira para contarle su plan para destruir a Telmo.

Íñigo hipoteca la Deliciosa para pagar al prestamista; tras una tensa espera, Flora es puesta en libertad sana y salva.

ver más sobre "Acacias 38 - Capítulo 955 " ver menos sobre "Acacias 38 - Capítulo 955 "
Programas completos (1124)

Los últimos 3.689 programas de Acacias 38

  • Ver Miniaturas Ver Miniaturas
  • Ver Listado Ver Listado
Buscar por:
Por fechas
Por tipo
Todos los vídeos y audios

Añadir comentario ↓

  1. Francesca

    Deseo, que esta trama rocambolesca de termine de una vez. Y nos ofrezcan, algo mejor.

    22 feb 2019
  2. Francesca

    Entonces, no existe Milagros, ni Lolita ha tenido hijos. Ufff.

    22 feb 2019
  3. Mabi

    Estoy de acuerdo con Maijose, en tren de suponer lo que pueda acontecer, espero que en el mejor de los casos Milagros vaya a vivir y ser criada por su hermana María Luisa a París, aunque del mismo modo que Lucía aparecerá con un hijo de 10 años bien podrían dejar a la niña crearse con Lolita y Antonio, y forjar una linda historia de amistad entre ellos, como en su momento se nos contó de Víctor y María Luisa, o de Pablo y Leonardo, y no darle un giro trágico o macabro al destino de esa inocente eso espero ya que sería bueno de ver como se las arreglaria Lolita para su crianza teniendo también las nuevas obligaciones que le depararán su mantequeria....

    22 feb 2019
  4. Maijose

    Me he perdido algo, Acaso milagros no se va a criar con su familia?ya se sabe que Ramón ira a la cárcel. , no sabemos por que.pero Lolita y Antoñito se quedan.

    22 feb 2019
  5. Mabi

    Y otra vez el malbicho de Samuel malmetiendo contra Telmo... Y la localidad de Celia, vaya a saber uno, a que jardines llevó a Milagros, bien lejos debe haber sido para que pudiera engañar a las señoras haciendo creer que es su hija... Mmm no me huelo nada bueno con semejante cuadro demencial... Espero que ésta vez la niña corra mejor suerte que otros inocentes en Acacias...

    22 feb 2019
  6. marisa

    Soy de argentina me pueden explicar el porqué de separar padres con hijos o matarlos milagros debe criarse con su padre

    21 feb 2019