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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 951 - ver ahora
Transcripción completa

Tenemos que demostrar que el prior es un ser corrupto,

que solo vive por su interés

y sacar de una vez sus trapos sucios.

Debo investigarle, hacerme con pruebas

y demostrar al mundo quién es ese cobarde ambicioso.

Todo este asunto terminará en los periódicos antes o después.

Imagínese el notición:

"La heredera de la mayor fortuna de España, enamorada de un cura".

Aquí mando yo, y las cosas se hacen a mi manera

y cuando se trata de Milagros, más.

-Haré todo lo que "uste" me lo mande.

-Eso espero.

¿Es cierto su compromiso con el sacerdote?

Pero ¿qué formas son esas de abordar a una mujer decente?

¿Cómo puede preguntarme algo tan personal?

Márchese.

La señorita no va a decirle ni chus ni mus.

Me ha extrañado no verle.

-He estado buscando al prestamista que trabaja con Andrés,

pero no le encuentro por ningún lado y, necesito pedirle el aplazamiento.

-Yo "na" más quiero lo mejor "pa" la criatura.

-Pues haz lo que te dicen.

De esto no le digas nada a Los Palacios,

si te regaño es porque te lo mereces.

"Flora,"

lo tengo todo controlado.

-Entonces no entiendo tus nervios. ¿Seguro que no corremos peligro?

-Por supuesto que no. Yo me encargo de todo,

tú no tienes nada que temer, créeme.

Pasaba por si necesitaba algo de ayuda.

-No, va todo de fábula, gracias.

-¿Y qué tal se apaña con la Fulgencia?

Bien,... va todo sobre ruedas,

Últimamente no estás pendiente de los asuntos de la familia,

ni siquiera estuviste presente en el anuncio del noviazgo.

Parece que todo te da igual.

-Felipe, no es cierto.

Todo lo que atañe a mi prima Lucía me importa.

-Últimamente no lo parece.

-Milagros me ocupa tiempo,

pero os dedico tanto tiempo como antes.

-No estoy de acuerdo.

A veces una tiene que ser valiente y defender

lo que una siente como suyo,... aunque no todo el mundo lo entienda.

-Me alegro de que se atenga a razones.

-¿Qué idea tenía de mí? ¿Pensaba que era un salvaje?

-No, no, no, yo no he pensado tal cosa.

-No hay nada de lo que preocuparse, Íñigo, estoy seguro

de que va a pagar, ya lo verá. Pagará.

(Milagros llora)

"Si aprecias a tu hermana, no llames a la policía,

espera instrucciones".

Esa afirmación es muy grave.

¿Está usted convencido de lo que dice?

Espineira está detrás de la muerte de fray Guillermo.

Tiene que estarlo.

¿Por eso quería verme, para contarme lo que me acaba de contar?

Habla como si no le sorprendiera.

No, lamentablemente,

todo lo que pueda venir del prior no me sorprende.

¿No? No.

Y no es por lo grave del asunto,

sino porque hace mucho que sé de las corruptelas

de la institución.

¿Qué más sospecha?

Siéntese.

Un hombre llamado El Filo,...

un matón de medio pelo,...

él fue el autor material.

Pero estoy seguro que trabajaba sobre las órdenes de Espineira.

¿Dónde está ese hombre ahora?

Le cogieron preso y escapó.

Ese hombre ni siquiera conocía a fray Guillermo.

El móvil de Espineira está claro.

Tenía un motivo para matarle.

¿Qué motivo?

Andaba detrás de la herencia de Lucía, la más grande este país.

Quería ese dinero por todos los medios, cayera quien cayera.

Padre,

estoy dispuesto a sacar todos lo trapos sucios a la luz

y desenmascarar a Espineira,

que sonroja con sus actos a cualquier cristiano.

¿Y cómo piensa hacerlo?

Aún no lo sé.

Pero necesito su ayuda.

No hay mucha gente en la que pueda confiar.

Usted conoce la institución y conoce perfectamente al prior.

Lamentablemente sí.

Le conozco hasta demasiado bien.

He de llegar hasta el fondo de este asunto, padre.

He de hacerlo porque fray Guillermo así lo querría, es de justicia,

pero no puedo hacerlo sin su ayuda.

Veo que ya no lleva usted los hábitos.

Sí,... los dejé.

Por la señorita Alvarado, ¿no?

El amor que siento por ella es real y sincero.

Tan fuerte, que no podía seguir procesando amor a Dios

con la misma intensidad que lo había hecho hasta entonces.

Fue la decisión más difícil a la que me he enfrentado en mi vida.

Me lo puedo imaginar.

Pero lo hice por amor sincero hacia Lucía y hacia Dios,

al que no puedo fallar vulnerando una de sus normas más sagradas.

Solo Él puede juzgarnos, Telmo.

Y si usted tiene la conciencia tranquila, como creo que la tiene,

no seré yo quien le cuestione.

Gracias, padre.

Entonces, ¿me ayudará... a desenmascarar a Espineira?

Lo intentaré en todo lo que pueda al menos, se lo prometo.

Con eso me basta.

Gracias, padre.

(Sintonía de "Acacias 38")

(BOSTEZA)

Puf...

Estoy agotada, Liberto. Me voy a la alcoba a descansar.

-Qué descanses. Buenas noches. -Buenas noches.

(Llaman a la puerta)

Cariño.

Ha sido secuestrada en la chocolatería.

Ha sido Andrés.

-¿Andrés? -¿Quién es Andrés?

-Esto es muy grave.

-Pero, Íñigo, ¿quién ha sido secuestrada?

-¡Leonor, han secuestrado a Flora! -¿Qué?

Que han secuestrado a Flora, pero ¿por qué? ¿Quién es Andrés?

¡¿Qué?!

Que no hay nadie, habla. ¡¿Quién es Andrés?!

-¡Acudí a un prestamista para que me prestara dinero para liberar a Tito

de Borrás!

-Este no tenía suficiente dinero y se asocio con Andrés.

-Es un delincuente profesional.

-A la vista está que es alguien con el que no se deberían hacer tratos.

-¡Cómo se te ocurre a ti meterte en algo así, ¿eh?!

-¡No lo pensé! -¡¿Que no lo pensaste?!

¡Ahora lo está pagando Flora! -Sí, pero...

-¡¿Tú sabes lo que le puede estar pasando a Flora?!

-¡Bueno, basta ya, Leonor, basta!

¿Crees que no lo pienso? ¿Crees que no me siento culpable,

que no me imagino lo que le pueden estar haciendo?

¡Es mi hermana la que está en peligro!

Mientras discutimos, mi hermana sigue en las manos de ese hombre.

¡O me ayudas a salir del atolladero o déjame en paz!

-Fabiana, ¿ha visto a la Fulgencia?

-"Pa" chasco que no,...

pero ahora que lo dices,

no la veo desde esta tarde, ¿es que ha "pasao" algo?

-Pues que nadie la ha visto, y que ha "desaparecío"

sin decir nada.

-¿Qué me dices? -Lo que oye.

-¿Han discutido ustedes, doña Celia?

-No, Fabiana. No seas insolente.

Nosotros estábamos muy contentos con ella,

y ella parecía que estaba a gusto.

-Bueno, aguarden un momentito aquí.

-Pues vaya "espantá" más rara, ¿no?

-Esa chica no era trigo limpio, te lo dije.

-Sus cosas no están. -¿Ni la maleta ni la ropa?

-No. Fulgencia se ha ido

con viento fresco y sin dar explicación.

-¿Y qué hacemos con la Milagros?, que tiene que alimentarse.

-Tranquila, que tengo leche de sobra.

Le pedí que sacara suficiente leche como para aguantar unos días.

-Pues bien hecho, doña Celia. -Pero no está bien lo que ha hecho.

¿Cómo ha podido marcharse así,

a sabiendas de que tiene una criatura que depende de ella

para alimentarse?

Solo alguien sin escrúpulos haría algo así.

A mí no me gustaba esa chica, pero no me hicisteis caso.

-Bueno, ya habrá tiempo de lamentaciones.

Lo importante es la alimentación de Milagros.

Dice que tiene leche, ¿no? -Así es.

-Ea. Tendré que decirle a Antoñito lo que ha "pasao".

Como si no tuviéramos suficiente con mi suegro.

Bueno, encontraremos una solución.

¿Cómo nos ha podido hacer esto, Fabiana?

Buenos días, señoras.

¿Ocurre algo?

¿No ha visto la noticia que aparece en el periódico?

No he tenido ocasión, acabo de poner el pie en la calle.

-Pues lee, lee, Úrsula.

Todo lo que dice ese periodista sobre la señorita Lucía

y don Telmo...

no son más que infamias y una sarta de mentiras,

y ustedes lo saben.

Lo de que Lucía dejó plantado y descompuesto en el altar

a un miembro de la familia Alday es verdad.

Porque no le quería.

-Y lo de que se ha prometido con un excura también.

Estaban enamorados.

Y nada más de lo que aparece aquí es cierto.

Solo es una colección de medias verdades

a las que han dado un giro para vender más periódicos.

Si usted lo dice...

Lo digo yo y lo saben ustedes, que conocen a los implicados.

-¡Oh!

Úrsula, espera un momento, no te pongas tan estupenda.

Claro que las conocemos, nosotros y todo el barrio,

pero no precisamente por nada bueno.

¿Qué quiere decir?

Que la fama de don Telmo cada vez es mayor, ¿y sabe por qué?,

por culpa de la historia esa con Lucía.

¿Por la historia con la señorita Lucia

y no por todo lo bueno que ha hecho por ustedes siendo sacerdote

de esta parroquia?

Que a la gente de este barrio le guste darle a la húmeda,

no es culpa de don Telmo.

-¿Y de quién es culpa?

Se acabó, no voy a continuar con esta conversación.

Me gustaría saber

quién le ha contado esa sarta de mentiras a ese periodista

que anda husmeando por aquí, porque desde luego, yo no he sido.

-¿Estás insinuando algo?

Yo no insinúo nada,

pero cada uno sabrá lo que ha hecho.

Buenos días.

A ver, los tres tenemos que hablar sobre la pequeñaja.

¿Qué hacemos, eh?

Antoñito. -Tengo una idea.

-Diga usted, doña Celia.

-Felipe ya está recuperado y puede hacer vida normal para casi todo,

no me necesita.

-¿Y qué es lo que propone?

-Cuidar yo a Milagros.

Puedo alimentarla con los biberones que guardé de Fulgencia,

por lo menos hasta saber qué hacer.

-Se lo agradecemos en el alma, pero creemos que ya ha hecho demasiado.

-No, la niña va a estar muy bien conmigo, Antoñito.

-Si no lo dudo, pero...

el lugar de Milagros es su casa,...

y aunque nos cueste, debemos hacer un esfuerzo por que se integre.

Ustedes y nosotros tenemos que ir recuperando la normalidad

e iniciar la rutina diaria.

Al igual que Felipe, mi padre también va mejorando

y deberá acostumbrarse a tener a su hija en su casa.

-Para mí es un placer.

-Aun así. -Es lo que Trini quería.

Ella quería que yo la cuidara si le pasaba algo.

De verdad que no es molestia, esa niña es un ángel.

-Y se lo agradecemos,

pero insisto en que la niña debería estar en su casa.

Sí. Buscaremos una nueva ama de cría

y la niña estará bien, eso es lo que Trini querría.

-Usted podrá visitarla siempre que quiera, que de ahí no se mueve.

Sabemos que es su madrina y que la quiere mucho.

Un escándalo este artículo sobre Telmo y Lucía, ¿lo has leído?

Esa gente de la prensa tiene más peligro que un niño con fósforos.

Pero lo que dice

el periodista del artículo es verdad.

Vamos que si es verdad.

Una verdad como mi de cabeza grande, o como la de Cesáreo.

Claro que sí. Lucía dejó plantado a Samuel

y se enredó con el cura, que había colgado los hábitos por ella.

¿A vosotros qué os pasa, que no habláis hoy?

-Nada. ¿Por?

-¿Me estabais escuchando? -Sí, madre,

nosotros y los vecinos, de lo mucho que habla.

-¡Hablo porque no decís nada, ni mu!

¿Qué opináis al respecto?

-Opino que la labor de un periodista es informar,

y esto es darle a la húmeda, al estilo vecinos de la calle Acacias.

-¿Sí? ¿Sabes qué te digo?,

que me voy a la calle a ver si me entero de algo más.

Tal vez vea a Lucía y me cuente lo que opina.

-¿Y qué va a opinar?, estará molesta.

-¿Vienes, querido?

-No puedo, tengo que repasar estos documentos.

Márchate tú y luego me reúno contigo.

-Qué soso. Bueno, voy a recoger mis cosas.

-Por fin.

-¿Sabes algo de Íñigo? -No.

¿Y tú? -No.

He pasado por La Deliciosa pero el negocio estaba abierto.

-Quizá para aparentar normalidad.

Tendrías que habérmelo contado antes.

-No era cosa mía contártelo.

Pensé que la cosa no iba a trascender,

pero está claro que me equivoque.

-Pero si yo lo hubiera sabido antes o si me hubiera consultado...

-¿Qué? ¿Podrías haberlo evitado?

-No lo sé, pero lo hubiera intentado.

Le hubiera puesto un punto de cordura.

Hubiera hecho lo posible para que no se asociara con ese señor.

-No te hubiera servido. Traté de disuadirle y no me hizo caso.

-Le hubiera ofrecido dinero, que hablara con mi madre.

-También lo intenté, pero rechazó nuestro dinero.

Íñigo es muy orgulloso, Leonor, ha querido hacerlo todo a su manera.

-Pues su manera ha llevado a Flora a esta situación.

¿Qué va a pasar con ella, Liberto?

-Pues no lo sé.

Pero creo que Íñigo tiene razón, tenemos que apoyarle ahora.

Solo así conseguirá encontrar una solución de salvar a su hermana.

-¿Seguro que no quieres venirte?

-No, Rosina, ya te dije que no puedo.

-¿Qué os pasa, a qué esas caras? Me tenéis preocupada.

-¿Y qué nos va a pasar, mi amor, aparte de que estás preciosa?

-Es verdad, hoy tengo el guapo subido. Bueno, luego te veo.

(Se cierra una puerta)

-Otro encubrimiento más.

¿Cuándo va a terminar todo esto?

¿Habéis visto qué líneas, qué azulado, qué clase?

Y lo bonita que me ha "quedao", bueno, no tan bonita como vosotras.

Pero me ha "quedao" preciosa.

Qué os parece si os la dejo en dos pesetas, ¿eh?

No, no, que dos pesetas es lo que me costó, ¿eh?

Vaya, estas no tienen ni dos pesetas.

(RESOPLA)

-Buenos días, Servando. ¿Qué hace por aquí?

-Lo que a usted no le incumbe.

-¿Y ese carácter? ¿Van mal las ventas?

-(RÍE BURLÁNDOSE) No sé de qué me habla.

-Le hablo del negocio que me ha dicho Fabiana que va a montar.

¿Y para cuándo prevé abrir ese local de antigüedades en el centro?

-Muy gracioso, Cesáreo, muy gracioso.

-Que estaba de chanza.

Le recomiendo un local que tiene un amigo en el centro...

No deberías darle importancia.

Eh...

¿Me has oído?

Tienes razón, no debería.

No estamos haciendo nada malo.

No pienso sentirme avergonzado por quererte.

A mí, la gente que nos mira por la calle me dan igual,

lo sufro por mi prima, por Felipe, Úrsula...

No quiero que hagan daño a la gente que nos quiere por nuestra culpa.

Lamentablemente, eso no podemos evitarlo.

Pero si no lo escondemos y tenemos una actitud valiente,

quizás podamos frenar los rumores y los comentarios.

¿Tú crees?

Estoy seguro.

Si ven que nos da igual y que no nos afecta,

desistirán y perderán el interés.

(Llaman)

¿Esperas a alguien?

No.

Voy a ver.

Padre, le presento a Lucía Alvarado, mi prometida.

Lucía, el padre Bartolomé, el hombre del que te hablé.

Encantada.

Es un auténtico placer conocerla.

Telmo solo dice cosas buenas sobre usted.

Y todas son verdad.

Me temo que Telmo exagera.

Siéntese, por favor, padre.

Bueno, ¿y qué hace aquí? ¿Ha ocurrido algo?

No,

solo que estuve dando vueltas a la conversación que mantuvimos

y me acordé de algo.

¿Algo que pueda ayudarnos?

Hace tiempo ya de esto, pero recuerdo que en la época

en que fray Guillermo y yo dejamos la orden,

ya se hacían cosas muy turbias allí.

¿En la orden? Eso es.

Fray Guillermo, yo y otros sacerdotes

quisimos sacar todo aquello a la luz, pusimos mucho empeño.

¿Y qué pasó?

Espineira se encargó de acallarlo todo,

quemó la mayoría de los archivos que le comprometían,

pero

había un viejo archivero.

¿Un archivero? (ASIENTE)

Recuerdo que ese hombre salvó del incendio varios documentos.

¿Y sabe dónde podríamos localizarle?

Le prometí que le ayudaría, ¿no? He hecho mis averiguaciones.

¿Y?

He quedado con él en un rato.

Muchas gracias, padre.

Quizá él pueda ayudarnos y sepa algo de las corruptelas

de Espineira.

Así, la prensa tendrá su escándalo

y no se cebará con personas que se aman.

Y en el caso del prior, al menos publicarían la verdad.

Una verdad que le metería en la cárcel, que es donde debería estar.

Amén a eso.

Ojalá así sea.

¿Habéis traído todo de casa de Celia o falta algo?

-Chist, que la niña está dormidita.

-Todo lo que hemos visto por ahí, está aquí, señor.

-Muy bien, cuanto antes pongamos orden, mejor.

-¿Les parece bien que haya colocado la cunita en el salón?

Así la podremos vigilar entre todos.

-Bien pensado.

Así, si la niña berrea, podemos atenderla a escape.

-Eso espero.

A ver si nos hacemos con Milagros.

-Verás que sí, es cuestión de tiempo que se adapte a nosotros

y a esta casa.

-Eso espero, que estoy cansado de que dé tumbos.

Como tú dices, es su casa y aquí es donde tiene que estar.

-Tenemos que buscar un ama de cría.

-Desde luego, con lo que hay de leche,

no nos llega a final de semana.

-No podemos permitir que pase hambre.

Está muy flacucha y "esmirriá"

-Pues sí, y eso me preocupa.

Debe coger peso y ponerse sana. -Que ya es hora.

Que "pa" algo se llama Milagros y lleva sangre de Cabrahígo.

¿A qué sí,

mi niña preciosa?

Te vas a poner tan sana,

como las mulas de doña Rogelia, la panadera.

Esa mula,

cuando nacío, parecía un corderillo de lo poca cosa que era,

y ahora se labra ella sola tres hectáreas de campo.

(Pasos)

-Padre.

¿Qué tal?

Estamos acomodando a mi hermanita.

¿Se acuerda que le dije que ahora va a estar con nosotros?

-Sí, claro que me acuerdo. ¿Todo bien?

-Sí, todo va bastante bien.

-Usted no se preocupe, que haré que esta niña esté a gustito y feliz.

-Os lo agradezco.

-Bueno...,

al menos no ha dicho que no. -Tiene mejor cara,

¿no?

-Ya verás que en "na" acepta a su hija.

Estoy segura.

(Llaman)

-Vengo ver a tu madre, Leonor. -No está.

-No me había dicho que iba a salir. -Ni a mí.

No se preocupe que ya le diré que ha estado aquí.

-No sé por qué me ha metido prisa para unas puntillas.

Te dejo estas muestras aquí, que escoja la que más le guste.

-Muy bien.

-A las buenas, doña Susana.

-Buenas, Íñigo.

Por cierto, ¿le ocurre algo a Flora? No la he visto por la chocolatería.

-No le ocurre nada grave, se ha quedado en casa algo pachucha.

¿Le puedo ayudar yo en algo? -No, no, simple curiosidad.

Espero que no sea nada.

-Pues no, no se apure, es un simple catarro.

-Pues que se mejore. Con Dios.

-Con Dios.

Creo que querías hablar conmigo.

-¿Estás molesto?

Quería pedirte perdón a solas.

-Bueno...

-Lo siento, fui muy dura contigo.

Y seguramente injusta.

-Pero ¿lo crees de verdad?

-Sé lo mal que lo debes estar pasando.

-No, no creo que lo sepas. -Sí.

Y que todo lo que hiciste fue con buena intención,

para ayudar a Tito, porque tienes un corazón que no te cabe en el pecho.

-Estaba en apuros...

-Ya lo sé.

-...porque Salvador lo estaba maltratando...

-Lo sé. -...y hubiera terminado con su vida.

Me necesitaba.

-Por eso te quiero,

porque eres bueno y piensas en los demás.

¿Me perdonas?

Es que estaba muy nerviosa.

La noticia del secuestro de Flora me afectó.

-Ya. -Sobre todo cuando me enteré

que ese hombre era tan peligroso.

Es que estoy muy preocupada, Íñigo, y no solo por Flora, también por ti.

Sé que todo lo que hiciste fue con buena fe,

pero ¿de verdad que no había ninguna otra forma de ayudar a Tito?

-¿Cuál?

-Podrías haberle pedido dinero a mi madre.

-Yo no la quería meter en esto, y tampoco te quería meter a ti.

Yo lo arreglaré,

sé que tomé la decisión equivocada, pero lo arreglaré.

-Yo estoy aquí,... pase lo que pase.

-Si eso es lo único que te pido.

-Pero es que podría hacer muchísimo más.

-¿A qué te refieres?

-Puedes disponer del capital de mi familia para pagar la deuda.

-No, no hace falta. -¿La situación no es desesperada?

-Bueno, sí, lo es. -Entonces ¿por qué no lo aceptas?

-Porque yo me he metido en esto solo y solo he de salir de ello.

Dame la oportunidad de intentarlo, necesito unos días,

solo unos días, y te demostraré que yo solo puedo salir de esto.

Dame la oportunidad, por favor, la última.

-Pero ¿por qué no avisas a la policía?

-No.

Nadie irá a la comisaría ni dirá nada a la policía.

-Pero ¿por qué?

"Si aprecias la vida de tu hermana, no llames a la policía".

"Espera instrucciones".

Ese hombre, Andrés Rodal, es realmente peligroso.

Solo yo sé cuánto, porque le he tenido delante,

y antes de hacer nada prefiero saber qué me propone.

-Pero la policía podría ayudarte, y aconsejarte.

-Sí, o empeorar las cosas y que todo termine en tragedia.

Si le sucediera algo a mi hermana, no me lo perdonaría.

-Está bien, tú decides,...

yo estoy contigo.

-Solo te quiero pedir otra cosa más, Leonor.

-Lo que sea.

-Aún no le he dicho nada a Tito.

Sigue en la pensión, abatido, y... prefiero no preocuparle más.

Conociéndole, sería capaz de cualquier locura.

-No le diré nada.

-Esperaremos a ver qué mensaje nos hace llegar Andrés

y luego decidiremos cómo proceder.

Si ha secuestrado a Flora es porque quiere pedir algo

a cambio por ella. -De acuerdo,...

pero quiero que sepas que el capital de mi familia

está a tu disposición.

-Bueno, Marcelina, ¿y qué me dices?

La Ovidia no se ha "tomao" a mal que mi primo partiera peras con ella.

-Eso dice el Jacinto, que parece que se lo tomó hasta bien.

Que se fue con el del pueblo de al "lao" en cuanto le dijo

que ya no eran novios. -Bueno, "pos" tan requetebién, ¿no?

-Mucho.

Una se queda más "aliviá" de saber que su novio ya no tiene novia.

-A las buenas. ¿"Ande" os metéis?

-¿"Ande" vamos a estar? Ni que esto fuera el Palacio Real.

-Tenéis que ayudarme. -¿Qué ocurre?

-La Fulgencia, que se ha ido a escape.

-Ya me he "enterao", y créame que me sentó a cuerno "quemao".

Y "to" por mi culpa. -¿Y tú por qué vas a tener culpa?

-Yo la recomendé.

-No fuiste tú quien se fue sin dar explicaciones.

-Voy a preguntar en el pueblo y me voy a enterar

de por qué ha puesto los pies en polvorosa.

Y, si hace falta, le pido ayuda a Jacinto.

-Deje, Marcelina, no pregunte tanto,

que a mí las razones por las que se haya "marchao" me dan igual.

-Entonces, ¿qué "quie" de nosotras? -Que me ayudéis a buscar

un ama de cría nueva.

Tengo que alimentar a la cría y necesito a alguien.

-Prometo enterarme de si alguien conoce alguna chica en condiciones.

-Yo también correré la voz por el barrio.

-Y que sea rápido, que solo tengo leche "pa" pocos días.

-No te amostaces, que daremos con una.

Y bueno,

por lo demás, ¿qué tal, "señá" Dolores?

-No me llames así, que te doy.

-Tarde o temprano tendremos que hacerlo,

ya eres una de la alta ralea.

-Soy la misma de siempre, pero con más problemas.

-¿No mejora la cosa?

-A veces mejora y a veces empeora.

-¿Qué quieres decir con eso?

-El señor,... o sea, don Ramón,

parece que va a mejor, que se va curando

de sus males y que tiene mejor cara. -Bueno,

pues eso está bien, no te quejes.

-La verdad es que no.

Yo solo espero que vuelva todo a la normalidad

y que se acabe el sufrimiento,

aunque me da que esto no ha hecho más que empezar.

¿Vas de paseo?

A hacer unos recados, ¿y tú?

¿Qué hacen ahí plantados?

¿Perdón?

¿No irán a besarse o a hacerse algún arrumaco?

Solo estábamos hablando, doña Susana.

No haríamos mal a nadie si lo hiciéramos.

A mis ojos en particular, y a la moralidad del barrio en general.

¿Cree que nuestra relación atenta contra la moral?

Sí, si se exhiben en público.

No hacíamos nada de eso. Porque

lo he evitado, pero ¿qué me cuenta de ayer?

¿Ayer qué?

Ayer fue un escándalo verles pasear como si fueran dos...

¿Como dos qué?

Mejor me callo, aunque no lo decía yo, lo iban diciendo los vecinos

de boca en boca,

y no solo por su actitud, que a la vista está

que no pretenden esconder,...

No tenemos necesidad.

...sino también por el artículo del periódico.

Todo el mundo iba pegando la hebra por ese asunto.

¿Ah, sí, y qué decían?

No pondré yo en mi boca esas palabras malas,

que no es de buena cristiana.

Lo que no es de buena cristiana es su actitud.

¿Qué insinúa?

No, no insinúo nada, tan solo confirmo.

Hasta hace poco, usted

era miembro de mi congregación, y no se perdía ni una misa.

Ni una ni media.

Entonces, recordará las palabras de san Mateo:

"No juzguéis y no seréis juzgados, no condenéis

y no seréis condenados, perdonad y seréis perdonados".

Y no lo digo yo, sino las Sagradas Escrituras.

Pero también decían:

"No se consentirán pensamientos ni deseos impuros".

Y por el amor que demos seremos juzgados.

"Amaos los unos a los otros", dijo Jesús.

"Amaos como yo os he amado".

Nosotros no tenemos nada que esconder,

ni nada de lo que avergonzarnos,

pasearemos por la calle Acacias

y por la calle Mayor si nos apetece,

y lo haremos con la cabeza bien alta,

pese a quien le pese, diga lo que diga un periodista en el periódico.

Nos queremos muchísimo, y somos muy felices,

y ni usted ni nadie

ensombrecerá un ápice nuestra felicidad.

Eso no es pecado,

eso no está mal ante los ojos de Dios,

solo ante sus ojos, ante los ojos de la gente pobre de espíritu

como usted. ¿Habrase visto?

Telmo,... ¿acabas de llamar a doña Susana "pobre de espíritu"?

Sí, creo que es eso lo que le he dicho.

No sé si algún día la gente nos dejará ser felices.

No lo sé, pero estoy dispuesto a intentarlo.

(RÍE)

-Con lo bonita que te había dejado.

Tanto esfuerzo para... dejarte tan preciosa.

Me has fallado. Me has fallado, maldita caja del demonio.

Es que nadie, nadie te quiere.

Yo, que...

lo he dado todo por ti, hasta dos pesetas pagué

porque te quería,... porque confiaba en tu belleza,

en tu valor, en tus posibilidades, y...

¿Y qué me das a cambio?

Nada. No me das nada.

¿Y cómo me lo devuelves?

Saliéndome cara,...

haciéndome ganar un dinero inútil.

Yo, que... había depositado en ti...

todas mis ilusiones y esperanzas, ¿y para qué?

¿Para qué? Para nada.

Porque no vales nada.

¿Qué es esto?

¿Un doble fondo?

-A las buenas, Servando. -¡Carmen, Carmen, un segundo!

Un momentito, necesito su ayuda.

-Sí, claro, ¿qué le ocurre?

-Léame esto, por favor, rápido. -¿Ahora?

Es que ando con algo de prisa, Servando.

-Por favor, que solamente será un momento.

-"Amor mío,...

mi vida,... mi alma gemela,...

si estás leyendo esto, yo ya estaré lejos de aquí".

"Mientras escribo estas letras, aún huelo a ti,

aún recuerdo la última vez que nos vimos".

"El rojo de tu pelo no se me va de la cabeza,

ni tu mirada posada sobre mí".

¿Qué es esto, Servando?

-Siga, siga, no se detenga.

-"Ahora muchos kilómetros son los que nos separan,

y no sé si podré vivir con ello".

"Sé que tendré que hacerlo,... no me queda más remedio,...

pero mi corazón

siempre añorará el tuyo".

Creían que me iba a quedar de brazos cruzados

mientras me humillaban, mientras paseaban juntos

delante de todo el barrio.

Ellos se lo han buscado.

(Llaman a la puerta)

Carmen.

(Llaman a la puerta)

Carmen, ¿abres la puerta?

¿Qué hace usted aquí?

¿No se alegra de verme?

Le he hecho una pregunta.

Solo he venido a hacerle una visita.

¿Qué quiere de mí?

Ya se acabó la tregua.

¿No me ofrece nada para tomar?

No. Diga lo que tenga que decir,...

los dos sabemos que su visita no me va a traer nada bueno.

Siempre le creí listo,...

así que no,... no se equivoca.

Hable.

Tengo un nuevo encargo para usted.

¿De qué se trata esta vez? ¿A quién tengo que intimidar?

No.

Esta vez no se trata de eso.

Debe eliminar a alguien.

¿Eliminar?

Debe matar a la hija de un hombre importante,

un exministro arruinado.

¿Una mujer? Sí.

Debe hacerlo de forma limpia,... rápida y silenciosa,...

sin hacer ruido ni llamar la atención.

¿Qué edad tiene esa chica?

¿Qué edad tiene?

No sé.

¿Quince, 16?

Es una niña. Mejor para usted,

no se defenderá.

Y si lo hace, no le resultará difícil

reducirla, es un trabajo fácil.

No.

No puedo hacerlo, no voy a ser capaz.

Ya encontrará la manera.

No voy a tener estómago, pídame otra cosa,

cualquier cosa menos matar a una niña.

Esto es lo que necesito.

No puede pedirme que mate a alguien a sangre fría.

Es la hija de un ministro,

la policía investigará y querrá llegar al fondo de ese asunto.

Eso no es problema mío.

Procure hacerlo bien y no tendrá de qué preocuparse.

Por favor,...

pídame cualquier otra cosa.

¿Sabe usted el dinero que me debe?

¿Sabe las concesiones que he hecho con usted?

No puede negarse a nada, Samuel Alday.

Usted ya no tiene voluntad propia, ¿o es que lo ha olvidado?

Hará lo que yo le ordene,

sin rechistar,

sin protestar y sin una queja.

Matará usted a esa chica. Y este es solo uno

de los muchos trabajos que hará para mí

cuando yo se lo ordene,...

hasta que me pague cada uno de los céntimos que me debe.

Nadie le deja a deber nada a Gimeno Batán,

y cuando digo nadie, es nadie.

Buenas tardes.

-Entonces, ¿no has sabido nada de nada?

-Nada, don Liberto, sin noticias.

-La verdad es que ha pasado mucho tiempo ya. ¿A qué esperan?

¿Por qué van a secuestrar a alguien si no piden rescate?

-Quizá todo sea para asustarnos. -Pues lo están consiguiendo.

Este silencio es horrible. ¿Y si le han hecho algo a Flora?

-Eso no ha ocurrido. No se deje llevar por la desazón.

-¡Pues se acabó! Le voy a ir a ver.

-¿A quién? Íñigo, ¿a quién, a Andrés?

-Voy a hablar con él. -No.

-Ni se te ocurra, eso sería como meterte en la boca del lobo.

¿Y si lo que pretende

no es cobrar la deuda, sino mataros?

-¿Y si todo esto no es más que una trampa?

-¡Lo sabremos, porque no puedo quedarme quieto

mientras mi hermana está en peligro!

¡Iré a ver a ese desgraciado y que me cuente!

-¡Íñigo, no! ¡Íñigo! -¡Y ni se te ocurra seguirme!

¿Qué ocurre, me has hecho llamar?

Así es, pasa.

La estábamos esperando.

El padre ha contactado con el archivero

y quería que escucharas lo que ha descubierto.

¿Y bien?

¿Qué es?

La lista de las bulas papales concedidas por el papa a España

en el año de la boda de los marqueses de Válmez.

No figura en ninguna bula papal a los marqueses.

¿Eso,... eso significa que...?

Lo que algunos sospechábamos, que la bula nunca fue concedida.

Espineira engañó a los marqueses,

quitándoles todo el dinero y casándoles

sin la autorización.

Ahí está la prueba de ello.

-Esté donde esté,...

tu madre siempre va a cuidar de ti, hija mía.

-Antes de mover pieza, deberíamos recopilar toda la información

que nos sea posible sobre los tejemanejes de Espineira.

Lucía, el padre tiene razón.

Cuantas más pruebas tengamos contra él,

más difícil tendrá escapar.

¿Sabes algo de la Fulgencia?

-Pues sí. Está camino de su pueblo.

Al parecer, a un primo suyo le ha "dao" un cólico miserere de esos

y ha "salío" "p'allí", "pa" despedirse de él

antes de que muera, claro.

-Qué raro, si se fue de noche sin despedirse de nadie,

como los ladrones.

-Ha llegado el momento de que tomes las riendas de tu familia.

Para empezar, podrías preparar una fiesta de cumpleaños para Lucía

en La Deliciosa. -Felipe, no creo que sea buena idea,

seguimos de luto por Trini, y no sé cómo ha pasado la noche

Milagros sin el ama de cría. No se preocupe por mí,

no es necesario que organice ninguna celebración.

No estoy de acuerdo.

Celia tiene que ir soltando lastre, ir recuperando poco a poco

las obligaciones de su familia. ¿No es así, cariño?

-Sí.

Reconozco que me encuentro algo mejor,

el perdón de Felipe ha resultado ser la mejor de las medicinas.

-Porque le quiere mucho, señor,... como todo el barrio.

La vida sigue,...

ya sabe usted.

Y una se preguntaba

si no sería bueno entrar en la habitación

de doña Trini para ventilar pasar el cepillo,...

-No toques nada del cuarto de Trini, que nadie se atreva

a entrar siquiera.

-Pero, señor, yo ya he entrado a hacer la cama.

-Pero ¿cómo te has atrevido?

Te prohíbo que vuelvas a tocar nada, ¿me entiendes?

¿Te das cuenta de que tu fiesta de cumpleaños

será el primer evento social

al que acudamos como prometidos?

Y estoy segura de que no será el último.

Estoy tan orgulloso de ti.

El descubrimiento de la falsa bula

que permitió el matrimonio de tus padres no ha podido contigo.

Telmo, teniéndote a mi lado, nada podrá hacerlo.

-Tenemos que terminar con este infierno.

-Pues ojalá fuera tan sencillo.

-Puede serlo. Escúchame.

Lo quieras o no,... estoy decidida a hablar con mi madre.

Voy a pedirle todo el dinero que necesitamos para liberar a Flora.

-Es una suma desorbitada. -Lo sé,

pero mi madre lo comprenderá.

-Que no. Que no puedo, lo siento, me debo seguir negando.

-Pero ¿por qué motivo? -No solo por un motivo,

sino por dos motivos.

-Espero que sean de enjundia como para arriesgar la vida Flora.

-Así los considero, sí.

Si Andrés averigua que tu familia dispone de una suma tan elevada,

no tardaría en tratar de sacar más provecho.

Es capaz de cualquier barbarie.

Yo nunca me podría perdonar poneros en peligro,

que por mi culpa os pudiera pasar algo malo.

Es mejor dejar a tu madre al margen

hasta que agotar las posibilidades. -Ese momento parece estar cerca.

-He pensado en tu situación.

Ahora que vas a cumplir 23 años vas a recibir una inmensa fortuna.

Por supuesto que no lo he olvidado.

A veces lamento lo mucho que ha cambiado mi vida esa herencia.

Pues más lo vas a lamentar si no tomas medidas

para proteger tu patrimonio.

Bueno, yo sé poco de esas cuitas, por eso espero contar

con sus sabios consejos y su ayuda.

Los tendrás, no lo dudes.

-¿De verdad que te vas al pueblo de Marcelina?

-"Pa" chasco que sí, en un santiamén.

A conocer a mis padres.

-O séase, mis futuros suegros.

-Bueno,...

yo sé que a servidora "naide" le ha "dao" vela en este entierro,

pero ¿no es un poquitito temprano para comprometerse formalmente?

-Prima, prima, prima, nunca es pronto si la dicha es buena.

Que bebo los vientos por Marcelina

y quiero hacer las cosas como Dios manda.

-Va a pedir mi mano.

-Y espero que me den también todo el resto.

Después iremos al pueblo, a que conozca a nuestros parientes.

¿Por qué me miras así? ¿Acaso no quieres que te acompañe?

Pero ¿cómo no voy a querer?

Te miraba porque no deja de sorprenderme tu bondad,

no has dudado ni un segundo en prestar tu ayuda.

Lucía,... soy tan afortunado de tenerte a mi lado.

-Celia. ¿Dónde vas tan temprano?

-Voy a ver cómo ha pasado la noche Milagros.

-Te preocupas en exceso por la niña.

No deberías entrometerte tanto en la familia Palacios,

es hora de que tomes distancia y te centres en esta familia.

-¿No te tengo suficientemente bien atendido?

-Hay mucha tarea pendiente aquí,

como preparar la fiesta de cumpleaños de Lucía.

-Antes escuché cómo le decías a Fabiana que tu vida de casada

no estaba siendo como esperabas.

-Por algo dicen que por la boca muere el pez.

No quería que lo escucharas. -Al contrario, yo soy tu marido,

si te pasa algo, debo intentar arreglarlo, ¿no?

-Que no se trata de una queja, Antoñito.

Estoy "encantá" de estar "casá" contigo.

Solo "pos"... que me asustan

las responsabilidades que me han caído.

(Llaman a la puerta)

¿Quién es?

-Doña Celia, no la coja, que la acabo de dormir.

-¿Me vas a decir cómo cuidar de ella?

Esta niña necesita tomar el aire y no dormir tanto.

Fabiana, prepara el carrito.

Ven aquí, mi amor, ven aquí.

-¿Se puede saber qué sucede? -Escúcheme bien, Tito,

no he sido capaz de hacer frente al primer pago de la deuda...

y Flora ha sido secuestrada.

-¿Cómo? ¿Cómo que secuestrada?

¿Qué... qué está diciendo? Tiene que ser una broma.

-No lo es, Tito.

-¿Quién ha sido? ¿Quién ha sido?

Le juro que le despellejaré con mis propias manos.

¡Dígame quién ha sido!

¡Dígame quién ha sido! ¡Dígame quién ha sido! ¡Dígamelo!

-Doña Celia quería sacar a la niña a dar una vuelta.

Lolita prefería quedarse,

pero doña Celia se empeñó

en que debía darle el aire.

-¿Y por qué no se han llevado esta mantita para taparla?

No quiero que cogiera frío.

-Lo sé, señor, pero doña Celia decía que la niña

estaba "demasiao" "arropá".

-¿Celia sabía que yo lo quería así?

-Así se lo dijimos,

pero cuando a la señora se le mete algo en la cabeza,

sobre "to" si se trata de la niña, no hay quien la pare.

-¿Qué pone?

¡Íñigo, dínoslo, que nos tienes con el corazón en un puño!

-Leonor, ¿qué dice? -Que Flora está bien.

-Entonces tenía razón, Íñigo,

al fin tenemos noticias suyas.

-No, pero no todas las noticias

son buenas.

Para mantener a Flora con vida

tienes que pagar la mitad del préstamo.

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Acacias 38 - Capítulo 951

15 feb 2019

El padre Bartolomé acepta ayudar a Telmo; comenzará buscando unos papeles que conserva el archivero y que comprometen a Espineira. En su investigación, el padre Bartolomé descubre que la bula concedida a los marqueses de Válmez, los padres de Lucía, para casarse era falsa.

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