www.rtve.es /pages/rtve-player-app/2.17.1/js/
4985861
No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 949 - ver ahora
Transcripción completa

-Sin el dinero de los combates no puedo pagar el préstamo.

-Ya sabe lo que dicen: "Dios aprieta, pero no ahoga".

-Y una ama de cría, ¿con qué permiso?

-"Pos" con el mío, que soy su familia.

Milagros es la hermana de mi Antoñito,

y yo soy la señora de esta casa.

-Hay que dejarlo todo muy claro con Samuel Alday,

no hace tantas semanas que estaba comprometido contigo, Lucía.

No me parece oportuno que se entere de vuestro noviazgo

por terceras personas.

Yo se lo comunicaré, no se preocupe.

-No hay "na" de qué preocuparse.

Milagros come mejor de su teta que de un biberón.

-No estoy de acuerdo. -Ea.

"Pos" no vamos a despedir a Fulgencia, es lo mejor

"pa" la pequeña Milagros.

Mientras le dé bien de comer a Milagros, es suficiente.

Sí, pero es que la niña estaba perfectamente sin esa mujer.

¿Y Lolita? Una impertinente.

Parece que se le hayan olvidado los años

que ha estado sirviendo aquí. Ahora es una señora.

Señoras somos las que nacemos así. La que nace criada, muere criada.

-Mi esposa me ha abandonado.

-Ha ido a ver a Milagros,...

que, desde que falta doña Trini, se preocupa mucho por ella.

-Ya. Demasiado, diría yo.

No la entiendo, Lucía.

Su marido, en el hospital, debería estar más pendiente de él

que de Milagros.

-Este combate también lo vas a ganar, campeón.

-"Si hay algo por lo que quiero que me lleven a casa,"

es para darle un abrazo a don Ramón.

Que todo el mundo sepa que no hay reproches

ni inquinas entre nosotros,...

que sigue siendo mi mejor amigo.

-(MILAGROS LLORA)

-Se parece a Trini.

No sé si sabes que tengo una relación con Telmo.

Supongo que sí.

Nunca confié en tu virtud, siempre me pareció falsa

e impostada.

Samuel, no me interesa tu opinión,

solo he venido a decirte que la vamos a hacer pública.

Samuel, créeme que al venir yo misma a contártelo,

no quiero humillarte ni tampoco compadecerte,

pretendo que no te enteres por terceros.

Trato de evitar la maledicencia y los rumores malintencionados.

De verdad, Samuel, que por nada del mundo

querría hacerte más daño. ¿Ah, no?

Te lo prometo.

Pero ¿cómo puedes ser tan estúpida

como para pensar que puedo seguir creyendo en tus promesas?

Ha sido una forma de hablar. Una forma de hablar.

Tus formas de hablar siempre tienen una mentira,

un engaño.

Ahora estoy siendo completamente sincera.

¿Ahora? ¿Sincera,...

cuando vienes a pagarme al mismo tiempo que me cuentas tu relación?

Eres una sucia y una rastrera.

Has venido a comprarme para comprar tu conciencia,

para comprar mi silencio, mi aquiescencia.

Samuel, ni lo había pensado.

Entonces lo habrá pensado tu amante, ese cura,

ese maldito cura, ese falso,

cómo se debe estar riendo a mis espaldas.

Sois unas personas sin honor. Samuel, te lo ruego, cálmate.

¡Maldita sea!

Eres una ramera. Me encargaré de que los dos os arrepintáis.

Voy a encargarme de que jamás seas feliz.

Y ahora márchate.

Márchate o no respondo.

Samuel, no quiero dejarte solo en este estado,

por favor, déjame explicarte. Me sobras tú, Lucía,

y me sobran tus explicaciones.

Márchate antes de que cometa alguna barbaridad.

(Se cierra una puerta)

¡Maldita sea!

¡Por tu culpa tengo la vida en peligro y amenazada!

¡Me has buscado la muerte!

(Sintonía de "Acacias 38")

-Cuidado, que cualquier movimiento brusco puede reabrir la herida.

-Ya lo tengo, cariño, ya lo tengo, por la cuenta que me trae.

-Ay.

-¿Qué haría yo sin ti?

-Pues meterte en más líos, seguramente.

-Me alegro de verle recuperado, don Felipe.

-Gracias, Cesáreo, yo también me alegro.

-Tiene usted muy buen aspecto, don Felipe.

Ya le gustaría lucir ese palmito a muchos recién salidos del hospital.

-No seas adulón, Servando, que nos conocemos.

-Bueno, oiga, por mi alma que no miento, ¿eh?

-Madre del amor hermoso, si está usted como si viniera

de tomarse unas vacaciones. -Gracias por el cumplido.

-Debe estar usted hecho de acero para resistir las balas.

-No mentemos el asunto, ¿quieres, Susana?

-Si estamos hablando de recuperación,

también es normal

que hablemos de las causas del mal. -Bueno, bueno, para mal, don Felipe,

yo, ¿eh?,... pero mal, mal.

-Sí, yo también, Servando, no tanto como tú, pero un poco.

-Nos dijeron que había sido una herida

de extrema gravedad.

-Pareces decepcionada. -Mujer,

no seas injusta,

lo digo porque me asombra la recuperación, es que es milagroso.

-Déjese de milagros, que no soy una pastorcilla

a la que se le aparece la Virgen. -Y es grave,

no te mintieron, tardará un tiempo en recuperarse.

-Más breve de lo que los médicos pronostican.

-Deja de alardear. Muchas gracias a todos

por vuestro interés. -A mejorarse, don Felipe.

-Con Dios. -Con Dios.

-Ver para creer,

con un balazo en el cuerpo y, míralo, ya en casa.

-Bueno, no, no, es que hoy las ciencias avanzan

que es una barbaridad.

-¿Sabes si don Ramón fue a visitarlo al sanatorio?

-Pues no tengo noticias de eso, doña Susana.

-Ay, hijo mío,... qué falto estás de curiosidad,

de interés y de todo lo que hay que tener.

Dicen que don Ramón ha perdido la cabeza.

-Ah, pues yo de eso no lo sé.

-Ay.

Vas a brillar más que las joyas de la Corona,

como que me llamo Servando Gallo.

Ahora no pareces gran cosa, pero con mis cuidados, lo parecerás.

¿Eh? ¿Eh, qué te decía?

Malo sería que por ti no me dieran...

cinco pesetas por lo menos.

Bueno, me conformo con cuatro, sí, que es mi estimación inicial.

-Hacia la sastrería, hija,

que es mi sino.

Una jornada más, un día menos. ¿Y tú?

-Pues a comprarme un refajo, es que los dos que tengo

ya están más que "daos" de "sí".

-Casilda, Casilda, ¿has visto a don Felipe?

-Sí, Servando, sí, ayer en el hospital,

que fui a visitarlo.

-Ya, pero ha vuelto. -¿De veras?

-¿Tan pronto? -Sí, bueno, bueno,

y tú no veas con qué estampa.

Tenía mejor lustre que yo, y es difícil que esas cosas las diga yo.

Vamos, que está hecho una rosa. -"Pos" bien que me alegro.

-Por él y por don Ramón,

que dice Fabiana que está que no vive con el suceso.

-"Pa" chasco que sí. -Sí.

-Bueno, pues bien está lo que bien acaba. Con Dios.

-No, Casilda, no te vayas, y usted tampoco, Agustina.

-Tengo que ir a trabajar.

-Y yo tengo que ir a comprarme un re...

Un don Nicanor con su tambor, ¿no te amuela?

¿Y a usted qué le importa?

-Yo no he dicho ni que esta boca es mía, ¿eh?

-En eso lleva razón, Casilda, que tú te lo has guisado y comido.

-Bueno, les voy a mostrar una maravilla de nuestro pasado,

un trozo de historia

en forma de caja.

¿Eh?

¿Qué te parece, Casilda? -Que me la enseñó ayer.

-Bueno, esta es otra, que la he pulido con cera de abeja,

que es muy agradecida. Bueno, dime qué te parece.

-Pues es muy maja, sí. -¿Maja?

¿Que es muy maja?

Agustina, usted que es más fina y entiende más de antigüedades.

¿Qué le parece, eh? -Bonita, sí.

Vieja, pero bonita, sí.

-No, vieja no, antigua.

-Pues antigua, pero bonita.

-Vamos a ver, señora Agustina, es antigua y bonita, ambas cosas.

¿Y no van a decir nada más?

-Servando, ¿qué quiere que digamos, que le bailemos una jota?

Que es una caja, por favor.

-Es que, de verdad, cuánta incomprensión,

si es que me veo "rodeao" de incultura.

-Oiga, no nos amuele, que por muy primorosa que sea, es una caja.

-A mí lo que me descompone es que no se aprecie el arte patrio.

Generaciones y generaciones de buenos artesanos, "cajistas".

-Ebanistas. -Bueno.

-No, ahí tengo que darle la razón a Servando, Agustina,

"pa" mí es un "cajista" "namás". -Miren, miren ustedes qué líneas,

qué líneas más rectas, ¿eh?

Es que...

-"Pa" chasco que nuestros "antepasaos"

las iban a hacer "torcías".

-Demasiado sutil

para ti esta perfección, ¿verdad?

Vamos a ver, yo, esta caja, si la pusiera a la venta,

¿tú no sabes cuánto me darían, agente entendida?

-¿Treinta... céntimos?

-¿Treinta... treinta... treinta? ¿No ha dicho 30 cent, 30 céntimos?

Bueno, un duro,

cinco pesetas como cinco soles, y eso sin su subirme a la parra.

-Pues hala, que la disfrute con salud.

-Sí que es maja, sí. -Hala, venga, hala.

¿Maja? Bueno, quizá...

Quizá te haga falta un poquito de color y...

bueno, también quizá haya estado de farol eso del duro, pero...

vamos, que por ti

me dan cuatro pesetas, como que Dios es Cristo, hombre.

Vaya, qué alegría.

Veo que se maneja usted muy bien, don Felipe.

La verdad es que he tenido mucha suerte.

Ni siquiera necesito la ayuda que me ofrecen

las mujeres de esta casa. Vamos, primo,

que sé que le halagan los mimos. Me complace comprobar

el buen ánimo con que se lo toma. A la fuerza ahorcan.

¿Está usted bien? ¿Tiene dolores?

Está siendo todo bastante llevadero.

El dolor lo mantendremos a raya con los analgésicos.

Excepto el que proviene de la propia herida,

que se resiente cuando me muevo. Siento haberle hecho levantar.

No se preocupe, me viene bien hablar y recibir visitas.

En definitiva,... para lo que podría haber sido,

no puedo quejarme.

Doy gracias al cielo por verle tan animoso,

por un momento temimos lo peor.

Lo peor ya ha pasado.

No hay que echar las campanas al vuelo,

tenemos un proceso de recuperación que no vamos a obviar.

Y no lo vamos a obviar, Lucía.

Creo que no deberías preocuparte tanto por mí

y deberías preocuparte más por vuestros asuntos.

¿Has hecho lo que tenías pendiente?

Había empezado a contárselo a Telmo cuando me han avisado

de que usted ya estaba listo para recibir.

Anoche visité a Samuel, sí.

¿Y cómo se lo tomó?

Mal. Fue muy desagradable.

¿De nuevo te levantó la mano?

No, no llegó a ese extremo. No, se conformó

con perder los nervios e insultarme. Me echó de su casa.

Me va a oír en cuanto pueda echármelo a la cara.

Todos tenemos un límite, y Samuel ha colmado el mío.

Temple, don Felipe,

el caso es que Samuel ya está informado de nuestras intenciones,

y no podrá decir que lo hemos hecho a sus espaldas,

así que, tengamos la fiesta en paz.

En eso lleva usted razón.

Quizás no montar una fiesta, pero...

llegados a este punto, deberíamos organizar una reunión

e informar de vuestra relación. Me parece buena idea.

Si quieren escandalizarse, que lo hagan todos juntos.

¿Y cree que mi prima estará de acuerdo con eso?

Por descontado, tanto Celia como yo os vamos a apoyar en todo.

Gracias, Felipe, nunca olvidaremos su amparo.

No te preocupes.

Lucía, ¿puedes pedirle a Antonia que nos prepare un té?

Así aprovecharé y me tomaré un analgésico.

Claro.

Supongo que no hace falta que le recuerde que cuando su relación

se haya divulgado, Lucía le va a necesitar más que nunca.

Sí, sé muy bien lo que se nos viene encima.

La heredera más codiciada del país se compromete con un cura,

por más seglar que yo sea

y por más sincero que sea nuestro amor.

Lucía es frágil,... y tierna.

Las habladurías y las críticas

le van a afectar, y mucho.

No le crea si le dice lo contrario.

Me tendrá a su lado.

También para ustedes se van a complicar las cosas.

Ya estamos curtidos,

valdrá la pena si es por la felicidad de Lucía.

Descuide,...

por mucho que arrecien los malos vientos,

no desfalleceré. Le creo.

Gracias por hablarme así,... sin dobleces,...

gracias por su confianza.

-Doña Celia, nos alegramos muchísimo de lo que nos cuenta.

Pero ¿don Felipe "pue" moverse o "tie" que estar en la cama?

-Bueno, tiene que hacer reposo, pero los médicos

han dicho que está muy bien que reciba visitas

y que haga vida normal y se levante.

En casa, claro.

-Trasmítale nuestros mejores deseos, es una gran noticia.

Fue un buen susto. -Sí, se lo diré de su parte.

-De la mía también. -Claro, sí.

-Padre, ¿por qué no se sienta y se toma un té con nosotros?

-No, gracias, tengo que revisar estos documentos,

no puedo descuidar los negocios.

-Natural.

La vida sigue.

-Discúlpelo, no está pasando su mejor momento.

-Me hago cargo,...

tampoco lo es para nosotros.

-Cierto. Pero sepa que mi padre se alegra mucho

de la recuperación de Felipe, es su mejor amigo.

-Lo sé. -Seguramente ahora estará rumiando

cuándo podrá visitarle, y qué decirle "pa" levantarle el ánimo.

-Parece que sigue muy cabizbajo.

¿La niña no le alegra?

-Ni una miaja.

-Vaya por Dios. -Creíamos que Milagros

le amarraría a la vida, sería como tener a Trini cerca,...

pero no... no ha sido así.

Necesita más tiempo de duelo. -Sí.

Pronto volverá a necesitar los recuerdos de doña Trini,

pero ahora, lo mejor sea... Bueno, igual deberíamos...

No... no lo sabemos, no sabemos qué será mejor o peor,

yo nunca había visto a mi padre

tan abatido.

-Bueno, si queréis que me lleve a la niña otra vez a casa.

-No. No, no podemos pedirle tanto, doña Celia.

Usted ahora ya tiene bastante

de cuidar de su Felipe. -Lolita, no es molestia.

Me gustará ayudar a don Ramón.

-A lo mejor sí es buena idea,

y obviamente le aliviaríamos

en todo lo que... fuera posible.

-La sacaremos a pasear.

-Y el ama de cría iría a sus horas. -Sí.

Fulgencia estará allí como un clavo.

-No sé si es buena idea, no ha hecho buenas migas con la niña.

-Eso no es así, doña Celia,

que bien que se agarra a su teta.

-Vosotros no la veis tanto, pero se irrita cuando la coge en brazos.

-Bueno, creemos que Milagros debería seguir tomando la leche del ama.

El biberón no termina de ser suficiente.

Milagros no saldrá de aquí

si no es Fulgencia quien se encarga de su alimentación.

-De acuerdo.

Pero escuchadme cuando os dé los detalles

de cómo se porta con la niña.

-Claro, claro, será bueno escucharlo.

-Doña Celia, es usted una gran amiga

de la familia. Vaya que sí lo es.

Muchas gracias.

-No hay de qué, Lolita, para mí es un placer.

-Voy a preparar los bártulos de la cría.

-Vamos arriba, gandul,

que se marcha usted a casa ya. -¿De veras?

-No, no, no, cariño, no le digas esto.

Tito, no le haga caso a mi novio, que es un poco exagerado.

Los médicos dicen que ya puede salir de aquí,

pero antes requieren de algunos trámites.

-¿Cuándo me iré? -Con un poco de suerte, esta tarde.

-Sí, eso significa que el susto ha pasado ya, Tito.

Que no se tiene que preocupar. -Sí, sí que es buena noticia, sí.

-Hombre, es la mejor. Alegre esa cara, campeón.

-Me alegro, me alegro. ¿Han dicho algo más, los médicos?

-Los médicos han dicho que usted puede llevar una vida normal,

¿le parece poco? -¿Normal, cómo de normal?

-Normal.

-Una vida normal, la vida que hace todo el mundo, Tito, salir,...

-Entrar. -Subir.

-Bajar. -¿Han cambiado de opinión,

podré boxear?

-No, no, Tito.

No podrá ser, lo siento.

Lo siento.

Pero estará en condiciones de hacer cualquier cosa,

cualquier cosa que no conlleve el riesgo de golpearse la cabeza.

-Ya. -Hay mil y una ocupaciones

que no implican ese riesgo, Tito.

Se le abre a usted

una vida de posibilidades.

-Ya... no seré... Tito Lazcano.

-Sí. -¿Cómo que no, Tito?

Será usted Tito Lazcano y podrá destacar en lo que se proponga.

-Venga, Tito,...

que podría haber sido mucho peor.

Por favor, siéntese, señor Alday. Gracias.

¿A qué debo el placer de su visita?

Se van a comprometer.

Ya.

Parece que se lo toma usted con mucha filosofía.

¿Con filosofía? No.

Con la gracia y la ayuda de Dios.

¿Y lo va a permitir?

¿Va a mirar tan tranquilo cómo ese cura se sale con la suya?

Ya no es sacerdote, no tengo ninguna autoridad sobre él.

La venganza... le corresponde a usted.

Y me la tomaré, no lo dude. ¿Por qué habría de dudarlo?

Ha sido usted agraviado, y con alevosía.

No lo apruebo, pero... comprendo su humillación.

¿Qué quiere de mí?

Ahora,... tras el fallecimiento de fray Guillermo,

usted es el hombre que más conoce a Telmo.

Lucía no será mía,

pero tampoco suya.

Deme cualquier dato que pueda utilizar

en su contra.

¿Cree usted que si tuviera ese tipo de información que me pide

no la habría utilizado ya?

Para nuestra desgracia,

el antiguo padre Telmo es de un comportamiento intachable.

¿Y va a permitir que disfrute de la fortuna

que caerá en sus manos? No es que me plazca,

pero ¿qué puedo hacer?

Es usted un santo varón, yo no podría contenerme, ni lo haré.

Detesto a ese hombre tanto como usted,

pero ya le digo, me encuentro inerme, no hay nada

que pueda utilizar contra él.

Busque usted,

indague, encuentre algún motivo

para atacarle y me tendrá de su lado.

Por desgracia, esa búsqueda que usted propone

requerirá de dinero.

Conozco su debilidad económica, pero tengo las manos atadas.

Confíe en mí, le traeré resultados.

Vengarme es mi único objetivo en esta vida.

Muy humano.

Encuentre el punto flaco de Telmo...

y yo financiaré la operación de derribo, pero no podré ayudarle

sin antes saber que tenemos alguna posibilidad de ganar.

No me lo pone fácil.

El Señor... nos prueba con caminos llenos de espinas,

pero no desespere,

vuelva... cuando tenga algo concreto que ofrecerme

y dispondrá del dinero de la orden y de nuestras habilidades.

Créame,...

nada me gustará más que sellar

una alianza con usted.

Volveré, prior,...

y le serviré en bandeja a ese pecador.

Con Dios.

Qué bien huele ese guiso.

Es usted, qué susto. No era mi intención.

No se preocupe, supongo que todavía tengo los nervios

mal asentados.

Pero ¿se va encontrando mejor? Sí, padre, sí,...

don Telmo.

No se preocupe, yo también me siento como un cura en ocasiones.

Pero sigue usted teniendo el mismo corazón,

y la misma capacidad de consuelo.

Ahora solo soy un pecador como el resto de la humanidad.

Bueno, antes y ahora.

No diga eso.

Es usted el hombre más alejado del pecado que conozco.

¿Quería algo?

Sí,... asegurarme de que empieza a olvidar

esa celda infecta. Ya sabe que puede tomarse

unos días de descanso

siempre que lo necesite. Mi mejor medicina

es cuidarle a usted.

No necesito descanso, al contrario.

¿Ha visto a don Felipe? Sí,

está fuera de peligro, se va recuperando con una fortaleza

notable. Hemos estado hablando y...

en fin, que también he venido a invitarla a una reunión

que hemos convocado en la chocolatería.

¿Hoy?

Sí, esta misma tarde. Vendrán amigos y allegados.

Supongo que es para... Sí,

supone usted bien, Úrsula.

Pero, por favor, le ruego que no comente nada.

Ni se me ocurriría.

Y discúlpeme si en alguna ocasión me he mostrado intransigente

con la señorita Lucía.

Dejémoslo estar.

Ahora solo tenemos que mirar hacia el futuro.

Y siga,... siga usted con ese guiso,

que se me está haciendo la boca agua.

Pruebe.

-Gracias, Antonia.

-Antonia, puedes retirarte.

-No... no se levante usted, se lo ruego.

-Tome asiento.

-Me han avisado de su regreso.

Según me han contado, se está recuperando

con bastante prontitud, es cierto.

-La herida no ofrece peligro,...

pero tendré que pasar unos días convaleciente.

-Es la mejor noticia que podía darme.

-También es bueno que usted esté aquí para contarlo.

-No sabe cómo le agradezco que me haya salvado la vida.

Sé que las cosas ya no van a volver a ser como antes, pero...

tiene usted...

muchos y graves asuntos que echarme en cara.

-¿He dicho yo algo?

-No.

Y eso le honra,

pero no me extrañaría que me censurara usted.

He sido un cúmulo de mala fortuna.

Primero su esposa pierde la criatura por un capricho de Trini

y, después, yo...

le disparo.

No le reprocharía

que dejara usted de tratarnos.

-Don Ramón, no se atormente usted.

-Si hubiera algo que yo pudiera hacer por usted.

-Puede hacer algo para compensarme, y solo está en su mano.

Levante la cabeza de una vez por todas,

tiene tres hijos,

y son tres buenas razones para hacerlo.

Y tiene una nuera, que es canela en rama,

canela poco refinada, pero canela.

-En nombre de mis tres hijos,...

y de mi nuera,...

le vuelvo a dar a usted las gracias por salvarme la vida.

-Don Ramón,...

no tiene que agradecerme nada que... cualquiera hubiera hecho

al conocerle.

Mi esposa adoraba a Trini,

no piense más en lo que pasó. -A partir de ahora,

le debo a usted todo lo bueno

que pueda pasarme en mi vida. -Y dale.

Que no me debe nada.

Rehaga su vida,

y levante la cabeza.

(Se abre una puerta)

Esa será mi recompensa.

-"Y no solo ha vuelto Felipe Álvarez-Hermoso,"

parece que también ha salido del hospital, Tito.

-Un día completito, aquí vuelven todos como las golondrinas.

-Y hablado de todo, ¿has recibido la invitación para esta tarde?

-Firmada de puño y letra de don Felipe.

Hace unos días, a punto de reunirse con el Señor

y hoy organizando un jolgorio, el que no corre, vuela.

-En mi invitación no pone el motivo del convite.

-Ni creo que nadie la sepa.

-Tal vez es para celebrar su curación.

-Ja. -¿Cómo que "ja"?

-Eso no te lo crees ni tú.

Hubiera esperado a estar totalmente restablecido.

Aquí hay gato encerrado. -¿Gato o cura?

-Como ya no es cura, puede correr detrás de las faldas.

-¿Crees que nos divertirán con un anuncio... de relaciones?

-Cosas peores he visto.

Agustina, acércate un momentito.

-¿Qué se le ofrece, señora? Iba a la faena.

-Ah, muy bien.

¿Se ha recibido en el altillo una invitación de los Álvarez-Hermoso

para esta tarde? -Eh... sí, señora,

estamos todas convidadas.

-¿Y alguna sabe el motivo del convite?

-No, señora, pero hemos hecho algunas cábalas.

-No lo jures,

en el altillo se especula más que en el Banco de España.

-¿Por qué motivo de celebración se inclina la mayoría?

-Hay división de opiniones, pero a muchas nos gustaría

que fuera para anunciar lo del padre Telmo y la señorita Lucía.

-Que ya no es padre. -Por eso

pueden anunciar su compromiso. Ay, hacen una pareja preciosa.

-Hacen una pareja obscena, eso es un escándalo.

-Como tantas otras cosas, pero pasa el momento escandaloso,

todo parece de lo más normal.

-A mí no, desde luego.

Yo siempre, pase lo que pase, tendré presente que fue concebida

del pecado y que él nos tiró a la cara los hábitos.

-Señora, no sea usted tan tajante. Dele una oportunidad al amor.

-¿Al amor? De ese amor no puede salir más que el diablo.

-Ave María purísima. -Por favor, no digas eso.

¿No te acuerdas lo que decías cuando empezamos Liberto y yo?

-No.

-Ah, pues yo sí.

Yo prefiero ver a Lucía con don Telmo antes que con Samuel.

-Tú siempre prefieres lo que me saca a mí de mis casillas.

Además, no estamos ciertas de que sea ese enlace desgraciado

lo que van a anunciar.

Agustina, vete a trabajar, que ya es hora, mujer.

-Si no fuera para anunciar el noviazgo entre la señorita Lucía

y don Telmo, ¿a santo de qué nos iba a invitar

a nosotras don Felipe?

-Pues "pa" otra cosa, ni que fuéramos unas "apestás".

-No, unas "apestás" no,

pero no se acuerdan de nosotras muy a menudo.

Tan solo la señorita Lucía hace migas aquí en el altillo.

Por eso me da a mí, que es más cosa de ella que de don Felipe.

-Pues es don Felipe quien firma la invitación.

-Es que don Felipe es el cabeza de familia de la señorita Lucía.

Es como si fuera su padre, pero en primo.

-Ya, pero sea como sea, ¿qué pintamos nosotras, las criadas,

allí "sentás" entre los señores?

Lo mejor será elegir a una de nosotras y que vaya una.

-Y ¿por qué no va usted, "señá" Fabiana?

Usted es la encargada del altillo, la más mayor.

-¿A que te doy con la plancha?

-Tiene sentido, Fabiana.

-Pues no "pue" ser, las cosas no están en casa de mis señores

como para no atenderles, yo no puedo ir.

Vaya usted, Carmen, que es la más "distinguía".

-¿Yo?

No, imposible. Si es para anunciar la relación

de la señorita Lucía con don Telmo,

mi señor no me lo perdonaría, me pondría en la calle.

Menuda trifulca tuvieron ayer.

-"Pa" chasco que sí,

se oía a su señor gritando hasta en la calle.

-Ya. Es que se siente humillado, y engañado.

Yo... lo siento mucho, les deseo lo mejor a la pareja,

pero me debo a don Samuel.

-Entonces...

¿voy yo?

-"Pos" claro, "pos" si te estás muriendo de ganas, Casilda.

-¿Yo? Qué va.

Anda que, allí, "rodeá" de "empingorotaos"...

Lo hago por ustedes,

porque no quedemos mal delante de los señores.

-Bueno, tú no te atolondres y entérate de "to",

y no pierdas detalle, que luego nos lo "ties" que contar a nosotras.

-Descuide usted, que tendré los ojos muy abiertos.

-"Pue" que hasta salga en los papeles.

Que si es verdad que la señorita Lucía y el cura van "p'alante",

será una boda de tronío.

-La de una de las herederas más ricas de todo el país.

Casilda, que vas a hacer historia.

-Tú ándate con ojo que, con lo sensible que es tu hija Leonor,

puede que te coloque al boxeador en la familia, como recogido

o como si fuera huérfano. -Por favor, calla ya,

que siempre te pones en lo peor, de todo haces un mundo.

-¿Ves lo que yo veo?

-La familia al completo.

-Falta la criatura,

estará en casa de Celia, seguro. -En compensación traen a Servando.

-Ese siempre metido en todos los enjuagues.

-Me alegro de encontrarlas aquí, señoras.

-¿No está Leonor?

-Sí, sí, está con Flora dentro.

-Voy a por ellas. -¿Quiere usted sentarse, don Ramón?

-Sí, y a mí que me parta un rayo, ¿eh?

-No, no será necesario que tome asiento, procuraré ser breve.

-¿En qué?

-Bueno, pues ya estamos todos, padre.

-Sea lo que sea,

que su hijo no suelta prenda, les rogaría que lo liquidáramos rápido,

que estoy sola en el negocio.

-No se preocupe, serán solo unas palabras.

-¿Va a informarnos sobre Felipe? -Entre otras cosas,...

pero me es muy grato informarles de que el estado de salud de Felipe

es bueno dadas las circunstancias. -Demos gracias a Dios.

-Eso más adelante, ahora tengo algo urgente que decirles.

-Ah.

Pues... por favor, cuente, que nos tiene en ascuas.

-Quiero atajar cualquier rumor que haya corrido por el barrio,

sea maledicente o no.

Supongo que habrán escuchado ustedes varias versiones

sobre lo que le ocurrió a Felipe.

-Lo del tiro. -Sí, Servando,

sabemos a qué se refiere.

-Bueno, yo, por si acaso.

-Fue un accidente, señoras,...

un infortunado accidente.

Óiganlo bien.

Don Felipe recibió un disparo...

de la pistola

que yo estaba utilizando para acabar con mi vida,

por mucho que ahora me avergüence reconocerlo,

pero la verdad

es la verdad.

La muerte de mi esposa

ha sido el golpe más duro que he recibido en mi vida...

y se me nubló la mente.

Por último,...

quiero agradecer a Servando la discreción que ha observado.

-Será la primera vez.

-Algunas todavía están esperando esa primera vez para ser discretas.

-Espero que los vecinos... sepan comprenderme

y perdonarme.

Vámonos, hijos.

-¿Ha dicho lo que creo que ha dicho?

-Que es un pecador,

porque el suicidio es pecado. -Y confesarlo, valiente.

-Dios mío,

este barrio se nos va por el albañal.

Ten piedad de nosotros, Señor.

-Tito.

-Liberto. -Me alegro de verle.

Todos le estamos esperando.

(Aplausos)

-Gracias por todo, don Íñigo.

-Bienvenido, Tito. -Gracias, Casilda.

Está usted... muy guapa.

-Bueno, bueno, y usted está la mar de bien,

que parece que no ha sufrido percance alguno.

-Los médicos, que saben de lo suyo. -Se le echaba de menos.

-Yo también les he echado de menos a ustedes.

-Venga, que le tengo un chocolate caliente

y un bizcocho como una esponja.

-¿Puedo?

-Claro, Tito.

-Preferiría no poder,... ya sabe, por lo de no engordar...

y poder...

-Lo he hecho con todo mi cariño,... espero que le guste.

-Muchas gracias.

-Bueno, y los demás ¿qué?

-Que sí, que hay para todos.

-Bueno, Tito, pues... ahora que ya no está tan "ocupao",

anda que no nos vamos a dar paseos. -¿Eso es una declaración?

-Que no, Servando, eso es lo que más me gusta a mí hacer

con mis amigos, con los de verdad.

-Gracias, Casilda.

-Anímese, hombre,

podrá hacer lo que quiera, comer lo que quiera, ir donde quiera.

-Menos... boxear,...

y yo sin el boxeo...

no soy nadie. No sé qué va a ser de mí.

-Para nosotros... siempre será nuestro campeón.

-Venga, mi amor, si tienes que comer un poco.

Un poquito solo.

Un poco, un poco.

-Cariño, llevas ya un buen rato intentándolo.

No tendrá apetito.

-Se habrá fijado en ti, que no has comido nada a mediodía.

-Voy a echarme un rato,

va a ser una tarde muy agitada.

-En cuanto lo pruebes te va a encantar, mi amor.

Es que te lo he preparado con todo mi cariño.

-No padezca usted, doña Celia, que ya estoy aquí.

-Antonia, déjanos a solas.

¿Crees que la niña puede estar esperando a que tú aparezcas?

Si he "venío" pronto "pa" lo que me explicó don Antoñito.

-Que don Antoñito no entienda de niños, lo entiendo,

pero tú, me preocupa.

Los niños no tienen horario, tienes que estar todo el tiempo disponible.

-Estaré más atenta, señora. -Pues eso espero,

porque no quiero que mi niña pase hambre.

-Déjemela.

-¿Ese es el concepto que tienes tú de higiene?

-No la entiendo, señora.

-Pues que esa camisa está muy ajada.

-Es la que tengo.

-¿Siempre tienes que tener la última palabra?

No te quedes ahí, coge a la niña.

Cuidado.

Siéntate, ¿o vas a darle de mamar de pie?

Estás aquí para alimentarla, no para ofrecerle tus sonrisas.

Cuando termines, no te vayas, que voy a hacerte unas recomendaciones.

-¿Qué recomendaciones, señora?

-Sobre pulcritud, principalmente.

¿Te has lavado las manos? -Claro, señora.

-A partir de ahora lo harás delante mía.

-Como la señora prefiera.

-Luego seguimos, voy a ver si mi marido necesita algo.

-¿Me puedo sentar un momento con usted?

-Claro. Siéntese.

-Me duele mucho verle tan triste.

-Es como me siento.

Ya me gustaría poder hacer algo para que se riera usted.

-Yo no me quiero reír, quiero que se ría usted.

-Ya. -Sé que su pasión es el boxeo.

No había más que verle cómo se encendía

cuando el combate era inminente. -Eran... los mejores momentos.

Bueno, mis mejores momentos.

Llegar al vestuario, oler el linimento,

escuchar al público cómo esperaba fuera.

Al menos lo ha disfrutado.

Mucha gente nunca ha sentido la pasión,

así que ahora debe hacerse a la idea de buscarse otros afanes.

La vida sigue, Tito, no la eche a perder.

-¿Quiere que le diga la verdad?

-Soy su amiga.

-Ya sé que boxear es lo único que sé hacer, pero...

no es eso lo que me tiene así.

-Cuéntemelo y le ayudaré en lo que sea.

-No, no podrá.

Ahora mi mayor dolor...

es saber que no voy a poder ayudar a su hermano.

Don Íñigo,...

no solo se ha desvivido por mí,...

también ha puesto en juego su dinero,

se ha endeudado por mí y...

nunca jamás podrá recuperar su parné.

-Él encontrará la forma de salir adelante.

Siempre lo hace. -Quizá,

pero no seré yo quien le resarza de sus pérdidas.

Me siento...

como un trasto inútil.

-No, no piense eso, que todo se va a arreglar, ya verá.

¿Quiere que le acompañe a su pensión?

-No se moleste más.

Ya han hecho ustedes demasiado por mí.

Gracias.

-¿Por qué me ha citado usted?

En unos momentos voy a tener la chocolatería llena de vecinos.

-Sí, lo sé, precisamente no quería que nadie nos molestara,

de hecho, Rosina y Leonor ya van camino de allí.

-¿Y a qué viene tanta discreción?

-Lo sabe perfectamente.

Me preocupa su situación, Íñigo.

La única esperanza que tenía de recuperar el dinero prestado

era Tito, y me temo que Tito ya no va a ayudarle.

-Algo se me ocurrirá.

-No puede quedarse esperando ese algo.

Íñigo,...

debe tomar las riendas del asunto y solucionarlo.

Pague a ese prestamista de una vez, me temo que ya tiene que estar

muy inquieto. -Sí, está apretando, sí.

-¿Y ha pensado en cómo conseguir el dinero?

Si lo precisa, podría hablar con mi esposa.

-No, ni hablar. -Sería una solución provisional.

Ella le prestaría el dinero para mantener a raya al prestamista

mientras usted busca una solución.

-Maldita sea, don Liberto, pero ¿cómo ha podido rodar

todo tan mal? -No sirve de nada lamentarse,

acepte nuestra ayuda.

-No puedo.

-¿Por qué? Le reconozco que Rosina

no es una mujer fácil, pero tiene corazón.

-Precisamente por eso, don Liberto.

¿Cuánto cree que tardaría ese prestamista en saber

de dónde procede el dinero?

-¿Y? Eso a él ni le va ni le viene.

-Usted no conoce a ese tal Andrés.

Para ese hombre, oler el dinero es como para los buitres

oler la carroña. Si supiera que doña Rosina

dispone de un buen capital, estaría dispuesto a cualquier cosa,

a extorsionarla, a robarle, a cualquier cosa.

-¿Y qué alternativa tiene, entonces?

-Bueno, como sabe...

el primer prestamista al que me dirigí es más razonable que Andrés.

Le pediré una prórroga

con un poco de suerte lo aceptará.

-Inténtelo,... pero sepa que mi oferta sigue en pie.

(Campanilla)

¡Celia!

-Ay.

-¡Celia! ¿Es que no hay nadie en casa?

(Se abre la puerta)

-Ya.

-Te he estado llamando,

la que dejaste encima de la mesa por si te necesitaba.

-Vas a despertar a la niña.

-¿Y Antonia?

Tampoco ha venido. He tenido que ponerme los calcetines

solo, y calzarme, pese a todo lo que me tira la herida.

-Perdona, he mandado a Antonia a la botica

a por un ungüento, que a la niña se le irrita la piel.

-Y yo acabo de salir del hospital y no puedo valerme.

¿Para qué queremos un ama de cría? Ella puede dormir a Milagros.

-Esa mujer no sabe ni dónde tiene la mano derecha.

-Me alegra mucho verte feliz,... de verdad,...

pero desde que esta niña está en casa, solo la atiendes,

y yo también necesito cuidados.

-Cariño, por favor, no compares, tú eres un hombre hecho y derecho

y ella, una recién nacida.

Hago lo que puedo, cariño, pero no tengo cuatro manos.

(Gemidos)

Ay, míralo, ya lo has conseguido, ya se ha despertado.

Claro, luego no comerá porque estará cansada,

¿ya estás contento? -De acuerdo,

hablaré con Antonia para ver cómo nos organizamos.

-Ya, ya está. ¿Qué?

-Tenemos que ir a la chocolatería.

-Bueno, ve yendo, voy a terminar de dormir a la niña,

iré cuando vuelva Antonia.

-Como quieras.

-A ver si aquí...

Hala, ya está. Que te has despertado.

Ay, mi niña.

Ay, ya está, con lo a gustito que estabas.

-A las buenas.

Arrea, Úrsula,

yo pensaba que a usted no le hacía gracia

lo de reunirse con los vecinos.

Don Telmo me ha pedido que acuda.

-Lolita,... ¿tu suegro no ha querido venir?

-"Pos"... todavía no está "pa" muchos trotes, compréndalo.

-¿Y Celia, tampoco? Debería venir, es la anfitriona.

-"Pos" lo mismo se ha "encontrao" con su "marío" y están al llegar.

¿No están Felipe y Celia? No, no están,

pero no podemos esperar, la gente se pregunta a qué viene todo esto

y les debemos una explicación.

Un segundo, por favor.

Gracias a todos por acudir a la invitación.

Querría disculpar a don Felipe y a doña Celia...

Un momento, por favor.

Me ha costado llegar, pero ya estoy aquí.

Pido disculpas por la demora.

Mi esposa no podrá venir, está cuidando de la pequeña Milagros.

-Sí, bueno, estamos aquí los dos, pero venimos como un solo hombre.

-(RÍEN) -Siga, don Telmo. Siga.

En fin, gracias de nuevo.

Iré al grano porque sé que se estarán preguntando

el motivo de este encuentro.

Y ese motivo no es otro que comunicarles

que Lucía y yo estamos en relaciones...

y que pronto anunciaremos nuestro compromiso.

(APLAUDE)

Mi más sincera enhorabuena.

Siempre es bueno saber entre qué gente se mueve uno,

y ahora ya lo sé,...

entre hipócritas.

Cállese, don Samuel, no es usted bienvenido.

Pero todos ustedes sí que lo fueron el día de mi boda,

y no hace tanto. Unas semanas, todos estaban allí,

felicitándome por adelantado,

al igual que hago yo ahora con los tortolitos.

No se lo repito más, márchese de inmediato.

Y usted...

usted es el peor de todos,

el más fariseo y comediante.

Usted aplaudió el compromiso de su querida prima,

al igual

que ahora bendice al apóstata. Hipócrita.

Cállate, Samuel. No tolero que hables así a Felipe.

Vete. Y si no, ¿qué?

Traidora.

Óiganme todos, este hombre de aquí

es un pusilánime incapaz de mantener el orden en su casa.

Por última vez,... le exijo

que mida sus palabras, no es este el trato

que nos dispensamos entre vecinos.

Usted no me merece ningún respeto, solo es un mequetrefe.

Me está obligando a hacer que se trague sus palabras.

"En este momento" recordaba a fray Guillermo,

cómo le encontré muerto en esta misma habitación.

Telmo, saca esos pensamientos tan funestos de tu cabeza,

ya nada puedes hacer por él.

Aún puedo vengarle.

-Me haces menos caso que al pito del sereno,

parece que no te importa lo que te cuento,

y se trata de tu prima Lucía. -Que no, mi amor,

que me importa, y te agradezco que la hayas defendido.

-Nadie lo diría.

-Me he encontrado a un periodista que conozco husmeando en el barrio.

-Con todo lo que está pasando,

no me extraña que salgamos en la prensa.

-Buscaba información sobre Lucía.

Quería saber qué se cuenta sobre la heredera de los Válmez.

-¿No le habrás contado nada?

-No, madre, claro que no le he contado nada,...

pero este asunto terminará en los periódicos antes o después.

-He estado buscando al prestamista,

hoy tengo que pagar el primer plazo, pero no le encuentro.

Necesito pedirle el aplazamiento.

-Vaya al sitio donde se reunieron.

-Sí, pero me han dicho que ya no está en la ciudad.

-¿Tan difícil es darle de comer a sus horas?

¿O has olvidado las instrucciones que te di?

-No, señora, que lo tengo muy presente,

pero me ha "dao" tantas reglas que es "complicao" seguirlas todas.

-Pues vas a tener que andar más despierta si quieres seguir,

porque aquí mando yo y las cosas se hacen a mi manera,

y cuando se trata de Milagros, mucho más.

-Tito lo está pasando mal, ¿y tú pensando en tus cosas?

Habla con él.

-Flora, te he dicho que tengo otros asuntos que atender.

-Pues déjalos a un lado, no seas tan egoísta.

-Bueno, Flora, ¡que ya está bien!

-Con la Fulgencia, ¿cómo se apaña?

-Bien. Va todo sobre ruedas.

Nos entendemos a la perfección.

-Doña Celia, no me gustaría irme sin echarle un ojo a la chiquitina.

-Déjala en paz. -"Las ganancias del boxeo"

y los únicos beneficios que tengo

son los de la chocolatería y no son suficientes.

Tendré que pagarle más despacio, pero no se preocupe

que le he traído parte del dinero.

-No voy a coger ese dinero. -"¿Qué pasa aquí?".

Este tipo, que...

es periodista y no deja de preguntarme cosas.

La señorita no va a concederle ninguna entrevista,

Márchese. Lucía.

Ni se le ocurra seguirlas.

-Yo no me puedo creer que se haya marchado

sin haber cerrado la puerta.

  • A mi lista
  • A mis favoritos
  • Capítulo 949

Acacias 38 - Capítulo 949

13 feb 2019

Felipe regresa a Acacias. Ramón visita a su amigo y ambos se reconcilian. Lolita y Antoñito deciden que Milagros vuelva al cuidado de Celia, pero la señora reprende continuamente a Fulgencia, obsesionada con el bienestar de Milagros.

ver más sobre "Acacias 38 - Capítulo 949" ver menos sobre "Acacias 38 - Capítulo 949"
Programas completos (1123)

Los últimos 3.688 programas de Acacias 38

  • Ver Miniaturas Ver Miniaturas
  • Ver Listado Ver Listado
Buscar por:
Por fechas
Por tipo
Todos los vídeos y audios

El administrador de la página ha decidido no mostrar los comentarios de este contenido en cumplimiento de las Normas de participación

comentarios.nopermitidos