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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 948 - ver ahora
Transcripción completa

¡Por favor, basta, basta, basta!

No se imagina cuánto le aborrezco, y le juro que me voy a vengar.

Le estaré esperando.

"Lucía,..."

tengo un mal presentimiento.

Si hubieras visto cómo sangraba cuando le trajeron los enfermeros.

¿Qué ocurrió?

Solo sé que don Ramón Palacios estaba allí.

No quiero pensar que fue él, aunque digan que no fue a propósito.

-Qué pequeñaja estás, Milagros.

Ya verás como la Fulgencia te deja hermosa y sana.

-Gracias a Dios que está usted aquí, ¿eh?

-Ojalá que Felipe no se hubiera metido por medio

y Ramón se hubiera pegado el tiro. Ojalá que desaparezcan todos.

Mi niña no puede vivir en esa casa de asesinos.

-No podrá volver a boxear nunca más. -Pero...

Pero yo no sé hacer otra cosa.

-¿Disparó sobre Felipe? -No.

No disparé sobre él, fue un accidente,

a pesar de lo cual, me siento culpable y muy angustiado.

¿Está cerrado ya? -(ASIENTE)

-Sí, mañana por la mañana podrá venir.

El mejor chocolate y los mejores bollos de la ciudad.

-Y unos churros para chuparse los dedos.

-Gracias.

Tenga.

Hay que darle un susto a ese hombre

para que pague sus deudas.

¿Quiere que lo haga yo? Claro,

alguien tiene que encargarse de estos asuntos.

Un buen susto. De momento, nada más.

-Quería comunicarle que no habrá acusación contra usted.

Su testimonio coincide notablemente con lo que ha declarado

el otro testigo, Servando Gallo.

Entendemos que todo fue un desgraciado accidente.

Prima.

Prima, díganos algo, por favor.

"No se imagina"

el susto que nos dio cuando entró en la habitación

y se echó a llorar.

¿Y por qué hizo eso?

Pues no lo sé, habrá que preguntárselo a ella,

pero de chanza no estábamos. Menudo día de tensión.

Imagino.

Llevarse un disparo es una situación que uno no cuenta con verse nunca.

-¿Cómo estás? -Bien.

¿Qué tal el desayuno? -Perdona que me haya ausentado,

pero tenía hambre y llevaba un día entero sin comer.

-¿Qué has desayunado?

-Una tostada con mermelada que no sabía ni a dulce.

Gracias.

Lucía, vete a desayunar si quieres.

¿El café estaba bueno?

Qué va, si no había ni café. Un té que era como agua sucia.

Vaya ánimos.

Pues no bajo a desayunar, espero a hacerlo cuando regrese a Acacias.

Sueño con un suizo y un chocolate de La Deliciosa.

Y yo.

-Pues te queda mucho para tomarte un chocolate.

Por meterte donde no te llaman, Felipe.

-Don Ramón siempre ha sido un buen amigo,

estoy muy orgulloso de haberle salvado la vida,

incluso cuando puse la mía en juego.

-¿Y vas a tratarle como hasta ahora?

-No lo sé.

Y no lo sé hasta que lo tenga delante.

No he tenido tiempo para pensar,...

pero me gustaría que siguiera siendo un buen amigo.

¿Sabe lo que le contaba a Felipe?

El susto que nos dio a todos cuando entró en la habitación

y se echó a llorar.

Quizás mi recuperación

era una mala noticia.

¿Era eso, Celia? -No, era por la tensión,

como cuando se abre una espita, que te salen todos los sentimientos.

-Yo sabía que no iba a morirme.

Lo sabía desde el primer momento.

-¿Y cómo lo sabías?

Los médicos tenían serias dudas de sacarte bien del quirófano.

-Porque no podía dejar sola a la mujer de mi vida.

Estaré con Celia hasta el último día.

-No quiero perderte.

Juntos para siempre.

Qué bonito.

Si no fuera por su precario estado,

saldría de la habitación y les dejaría a solas.

Qué burlona estás hoy, Lucía.

Bueno, a usted le ha dado por llorar y a mí por reírme.

Estoy con Lucía.

Y no me río porque me duele la herida,

si no estaría a carcajadas celebrando que me he salvado

y que nadie ha salido herido.

¿Cómo está Milagros?

-Pues estaba pensando en ir a verla, porque no me fío nada de Lolita.

¿Te importa que me ausente un par de horas?

-Bueno, si... si son solo un par de horas.

-Voy, la veo, veo que esté bien y regreso.

Yo me quedaré con el paciente,

ya desayunaré más tarde,

o me decidiré por el agua sucia de la que me han hablado.

No te la pierdas. Muchas gracias, Lucía.

Luego nos vemos.

(Sintonía de "Acacias 38")

-Buenos días.

-No creo que sean tan buenos, no salen las cuentas.

-¿El préstamo? -Pues es lo que más me inquieta

después de la salud de Tito.

-Puede contar con la ayuda de Leonor y con la mía.

-Sin el dinero de los combates, no podré pagar el préstamo.

-Ya sabe lo que dicen: "Dios aprieta, pero no ahoga".

Y si no, mire a don Felipe,

cuando le llevaron a la habitación

las perspectivas eran muy optimistas.

-Sí, esta mañana fui a ver a Tito y me pasé por su habitación.

Es cierto que reinaba la alegría entre ellos.

-¿Y Tito, está animado? -Mal.

Deprimido, muy,... muy preocupado.

Y, para colmo,...

cada vez que intenta incorporarse y ponerse en la vertical, se marea.

-¿Y los médicos qué dicen?

-Que es lo normal.

No saben ni cuándo ni si se va a recuperar.

-A veces nos quejamos de nuestra suerte, Íñigo,

y no nos damos cuenta de que lo fundamental es tener salud.

-Y pagar las deudas, eso le hace dormir bien.

Si no lo hace, no hay salud posible.

-Buenos días.

-¿Se puede saber qué hace usted aquí?

Sabe que no es bien recibido, ni usted ni su gente.

-No se preocupe, que no venimos a desayunar,

ya lo hemos hecho en El Álamo,

que tiene mejor género y servicio esta.

-Lo celebro, que lo disfruten con salud.

Y ahora ya se pueden marchar.

-Antes quería despedirme.

Nos vamos de gira por el norte: San Sebastián, Bilbao,

Gijón, Santander,

Oviedo, La Coruña.

Combates de boxeo en los mejores locales.

Qué pena que Tito no esté con mi grupo,

aunque mis duros me he llevado colocándoselo a usted.

Me dicen que era...

género deteriorado.

-Es usted un miserable.

-Tranquilo, Íñigo. -Haga caso a don Liberto

y no me obligue a pedirle a mi amigo que le enseñe modales.

-¿Usted no tiene vergüenza?

Ha convertido usted a Tito en un enfermo.

-(RÍE) ¿Yo? Conmigo estaba bien.

Yo creo que lo que le ha sentado mal son los pasteles que comía aquí.

Sanidad debía de cerrarle el negocio.

Me voy. Le agradezco mucho todo el dinero que me ha hecho ganar.

Por cierto,... le doy un consejo,...

pruebe en el mundo de las carreras de galgos, da mucho dinero.

Si quiere, le vendo uno cojo,

un campeón averiado, de los que usted gusta comprar.

-Chist, Íñigo.

-"Toas" nos pusimos muy contentas cuando Liberto llegó al barrio.

La noticia de que don Felipe estaba bien, corrió como la pólvora.

-Gracias a Dios.

Porque un poco más y no lo contamos.

-Lo que lamento es que no estén en casa ni mi Antoñito ni don Ramón,

"pa" que le den la enhorabuena.

-Si no he venido a hablar con ellos, sino a ver a la niña.

-Siéntese,... que enseguida la traen.

¿Quiere tomar algo, un té?

-No, no quiero nada, tampoco quiero charla,

solo quiero ver a la pequeña.

-Pues ahora aviso a Fulgencia. -¿Fulgencia?

¿Quién es Fulgencia?

-El ama de cría, doña Celia, ya le hablé de ella.

Tenía que ver

cómo se engancha la Milagros a su pecho.

-Y una ama de cría, ¿con qué permiso?

-"Pos" con el mío, que soy su familia.

Milagros es la hermana de mi Antoñito,

y yo soy la señora de esta casa. A ver si no voy a poder decidir

si la nena come o no come y de "ande" lo hacer.

-No voy a discutir. Que traigan a la niña.

-¡Fulgencia! -La señora de la casa.

-¡Traiga a la cría! -Lo que hay que oír.

-Buenos días, estaba vistiendo a Milagros.

Esta mañana me he "retrasao", que no paraba de pedir teta.

-Dame a la niña.

-No es bueno que pruebe muchos brazos.

-Que me la des.

-Aquí "tie" usted.

-Hola. Mi amor.

Hola. ¿Cómo estás, me has echado de menos?

Ya.

(Golpean la puerta)

Adelante.

Mire quién ha venido a verle, Felipe.

En cuanto me he enterado de que ya se podía visitar.

Bueno, ¿cómo se encuentra?

Pues dolorido y... hecho un despojo.

No diga eso, que el médico me ha dicho

que está teniendo una recuperación extraordinaria.

Eso lo dice para que lo elogien. Los médicos son muy vanidosos.

Y los abogados, Felipe, no me haga hablar.

(RÍE)

Siéntate, Telmo.

No sabía qué tal estaba y si podía leer,

pero me he permitido traerle el periódico.

Tenía la esperanza de no enterarme de lo que pasaba en el mundo.

Bueno, pues me lo llevo.

No, no se preocupe, ya que está aquí lo voy a leer.

¿Qué tal todo por Acacias?

Felipe, solo lleva unas horas fuera.

Pero ese barrio es terrible.

Cada día pasan más cosas que en el resto de la ciudad en un mes.

Tiene razón, cuando llegué a la parroquia no me lo podía creer.

Han pasado tantas cosas, que has dejado de ser párroco.

Veo que todo va perfecto entre los dos.

Sí, así es, don Felipe.

Hemos seguido su consejo, hemos sido discretos

y pacientes,

pero creo que ha llegado el momento de dar un paso más.

Tal vez dejarnos ver juntos,...

en público.

Comunicar nuestra relación a los más cercanos.

Me parece muy precipitado.

Decir la verdad es la mejor manera de acallar malas lenguas.

Mientras solo tengan algo que sospechan,

se inventarán lo que sea.

Quizás sea cierto. Nada detiene a los maledicentes.

Entonces, ¿nos da su permiso?

No. Obremos con calma.

Hay que dejarlo todo muy claro con Samuel Alday,

no hace tantas semanas que estaba comprometido contigo, Lucía.

No me parece que se entere de lo vuestro

por terceras personas.

Yo se lo comunicaré, no se preocupe.

Es lo mínimo que puedes hacer. Es un miserable y un canalla.

Hay que tratarlo con el respeto que se merece cualquier vecino.

Felipe,

haré lo que pide, le comunicaré nuestra relación

y liquidaré la sociedad para hacer las restauraciones

que compartía con él.

Te acompañaré a hablar con él. No, Telmo, iré yo sola.

Celia está muy nerviosa, cariño.

No le tengas en cuenta lo que haya dicho.

-No "tie" derecho.

-Mi padre ha disparado a su marido,..

por mucho que haya sido sin querer, creo que sí que tiene derecho

a estar alterada.

-Es que me trató como la última mona.

Si ella es más señora que yo, pues me lo dices y ya está.

-Lolita, claro que no, nadie es más señora que tú.

Yo solo te pido un poco de paciencia

y que te mantengas en tu sitio, eres la señora de la casa,

lo reconozca Celia o no.

Ya verás como cuando todo esto pase, al final le queda muy clarito.

-Ha estado aquí Celia, ¿verdad? ¿Se sabe algo sobre Felipe?

-Está fuera de peligro, don Ramón.

Hasta está pensando en que le manden "pa" casa pronto.

-Gracias a Dios.

-¿Y qué le ha dicho el médico, le ha "mandao" alguna pastilla?

-Solo una para dormir, lo demás no tiene remedio.

-No diga eso, padre, le ha dicho que está muy bien de salud

y que los problemas del alma son solo cuestión de tiempo.

-No habría hecho falta ver a un médico para que me dijera eso,

cualquier camarera de La Deliciosa habría opinado lo mismo.

¿Ha dicho Celia algo de mí?

-"Na".

Ha "venío" a interesarse para ver si la nena estaba bien "atendía".

-Padre, no, no son horas de beber.

Y, además, usted no está en condiciones.

-No sé cómo voy a poder perdonarme a mí mismo.

Iba a cometer una locura y acabo disparando sobre un amigo

que acudió presto para evitarla. -Ya está, no le dé más vueltas.

-Lo que "tie" que hacer es descansar y olvidar "to" lo malo.

-Eso es lo que me pasa,

que no puedo olvidar todo lo bueno, que no olvido a Trini.

¿Qué diría ella?

-"Pos" estaría a su "lao", como siempre.

-¿Y mi hija María Luisa,

qué va a decir ella cuando llegue la noticia a París?

Que suicidarse es de cobardes

y que lo que ha hecho Felipe es de valientes,

que por culpa de un cobarde casi un valiente.

-Padre, ya, por favor, deje de fustigarse.

-Me voy a mi habitación.

-Yo creo que debería quedarse aquí, con nosotros.

-No te preocupes, hijo, en mi habitación no hay pistolas,

no lo voy a volver a intentar.

-Don Ramón, ¿y no le apetece ver a su hija Milagros?

Está con el ama de cría.

Perspectiva, hay que verlo todo con perspectiva.

-Eso,... ¿qué es?

-¿Usted,... usted ve mi mano?

Bueno, pues este es el dorso, ¿no? Esta es la palma.

-Por más vueltas que dé a la mano, no lo entiendo.

-Pero, vamos a ver, es la mar de fácil.

Depende del lado con que lo mire, lo puede ver de un lado o de otro,

vamos, que lo que puede ser malo, también puede ser bueno.

-Debe ser lo que los médicos dicen que tengo en el cerebro,

que me deja un poco lerdo, pero... sigo sin captar la idea.

-Tranquilo, que yo tampoco lo capto.

-Será una bobada, para variar. -No, de bobada nada, perspectiva.

Vamos a ver, Tito ya no puede boxear.

Mirándolo por el lado malo, es que ya no puede darle sopapos a nadie.

-Sí.

¿Y por el lado bueno?

-Pues que nadie se los va a poder dar a él.

-Una bobada, lo que yo decía.

-No se ha "dao" cuenta de una cosa, Servando.

Yo me ganaba la vida propinando y recibiendo sopapos,

las dos "preceptivas"... -Perspectiva.

-Bueno, son malas.

-Ande,

déjese de filosofías con Servando.

-Eso, mejor la filosofía del suizo.

-Es una mujer horrible. Fulgencia se llama.

Es una ama de cría, mientras le dé bien de comer a Milagros,

es suficiente.

Sí, pero la niña estaba perfectamente sin esa mujer.

¿Y Lolita? Una impertinente.

Parece que se le hayan olvidado los años que sirvió en esta casa.

Es una señora, es lo que tiene que hacer,

olvidar que ha sido una criada.

Señoras somos las que nacemos así. La que nace criada, muere criada.

Prima, está usted enfadada, en unas horas

se arrepentirá de lo que dice. No creo que sea así.

Bueno, ¿qué me queríais contar?

Hemos decidido dar un paso más en nuestra relación.

Que la gente la conozca.

Se lo hemos comentado a Felipe

y nos ha pedido que hablemos con Samuel para que lo sepa por mí.

Pues si a Felipe le parece bien, a mí también.

Pero ¿no me va a decir nada más?

¿Qué más quieres que te diga?

No sé, esperaba un consejo, una opinión.

Pues no tengo nada que decir, Lucía.

Lo que hagáis, bien hecho estará.

Voy a ir a ver a la niña,

a ver si está bien.

No nos ha hecho ni caso.

No sé,... no la entiendo, Lucía.

Su marido, en el hospital, debería estar más pendiente de él

que de la hija de don Ramón.

(Llaman a la puerta)

-¿Se puede?

-Lolita.

Qué alegría.

Pasa.

-¿Está usted solo?

-Ya ves.

Desde que se han enterado que no me iba a morir,

me han dejado a solas. -Pues si lo llego a saber, le traigo

una revista de "ande" la Fabiana.

-Espero que me lleven a casa antes de que me termine el periódico,

así que no te preocupes. Siéntate.

-Está "to" el mundo muy feliz de que la operación haya salido fetén.

-Y yo el más feliz de todos.

-Y... don Ramón también.

Si los médicos no le sacan de esta,

le digo yo que se muere del disgusto, sin pistola ni "na".

-Muy desesperado tenía que estar para hacer lo que hizo.

-Pues a eso venía,...

a pedirle perdón en su nombre y en el de "toa" la familia.

-Don Ramón siempre ha sido uno de mis mejores amigos,

una especie de hermano mayor,...

alguien en quien confiar cuando necesitaba ayuda.

-Usted "pa" él ha "sío" lo mismo, usted como hermano menor, claro.

-Me duele mucho lo que pasó ayer.

Y no solo la herida,...

sino el alma por la pena que tengo.

-Le aseguro que su pena no es menor.

-Pero si tuviera que volver a entrar y forcejear con él por la pistola,

aun sabiendo que me llevaría un disparo,

lo volvería a hacer.

Estoy feliz de que no haya cometido la locura que iba a cometer.

-Es usted más bueno que el pan.

-Fue un accidente,...

y espero que mi amistad con don Ramón siga

y dure muchos años más.

Lolita, por favor, por favor, que me vas a rematar.

Lo que no ha podido el suegro, lo va a hacer la nuera.

-Es usted un guasón,...

hasta en el hospital no se deja de chanzas.

-Bueno,... no te creas, estoy un poco tristón.

Mi esposa me ha abandonado.

-Ha ido a ver a Milagros,...

que, desde que falta doña Trini, se preocupa mucho por ella.

-Ya. Demasiado, diría yo.

Lolita,...

creo que deberías dejar de llamarme don Felipe.

-¿Y cómo le llamo?

-Felipe a secas.

Ahora eres una señora de Acacias,

la esposa de don Antoñito Palacios, nada más y nada menos.

-Yo le llamo como quiera, pero...

si hay alguien en este barrio que se merece un "don" por delante,

ese es usted.

-Flora. -Chist, se ha quedado dormido.

-Servando se ha ido ya, deberíamos irnos.

-¿No te da pena verle así?

-Sí, mucha.

Anda, vamos.

-Va a salir de esta.

-Por supuesto.

-Este combate también lo vas a ganar, campeón.

¿Sabes qué escogería si pudiera pedir un deseo?

¿Qué?

Despertarme mañana y que fuera el día de nuestra boda.

Casarme y estar a solas contigo.

Yo dispensaría hasta la boda, me basta con el momento

en el que después del banquete nos quedemos a solas

en nuestra alcoba,... que me muero de ganas.

Llegará, preciosa mía.

Y espero que sea la noche más larga de la historia.

¿Dónde te gustaría ir de viaje de novios?

Pues no lo había pensado.

¿Qué te parece Nueva York?

¿Nueva York? Muy lejos.

Pero si es lo que quieres.

(RÍE)

Anda. Al final acabamos celebrando la noche de bodas hoy mismo,

y a ver cómo se lo explicamos al confesor.

Te recuerdo que soy el confesor,.. y es algo muy común,

no se escandalizaría.

¿Parejas que adelantan la consumación del matrimonio?

Muchas, pero no puedo hablar de eso, ya sabes,

secreto de confesión. Pues no será nuestro caso.

Voy a cambiarme y marcharme al hospital

para pasar la tarde con Felipe.

A la visita a Samuel

creo que es mejor que te acompañe.

No, Telmo, voy a ir yo sola.

No me fío de él. Será una visita desagradable,

pero debo enfrentarme a ella.

No temas, sabré mantenerlo en su sitio.

Venga, dame un beso.

Entonces, ¿don Felipe está totalmente fuera de peligro?

-Parece que sí, eso fue lo que me dijo Liberto

cuando vino del hospital anoche de verle.

-Espero que no queden rencillas entre ellos, sería muy desagradable

que dos vecinos tan queridos como don Ramón y don Felipe

estuvieran enfrentados.

-Y que lo digas.

Podríamos pedirle a nuevo párroco que el primer día

que regrese Felipe, haga una homilía sobre el perdón.

-A veces tienes buenas ideas. -Gracias.

-Pero esta no es una de ellas.

Rosina, sabes que don Felipe no es de misas.

Dos de cada tres domingos se hace el despistado.

-¿Estás segura de lo que dices? -Segura no, segurísima.

-¿Crees que es ateo? -Tanto como eso no,

pero buen cristiano tampoco.

-Mira Celita qué suerte, quién lo diría.

Los hombres que no son muy religiosos, suelen ser

son unos sátiros en la alcoba. -Rosina, por Dios.

No exageres, además,

Liberto tampoco es muy de misas.

-Por eso lo digo, por experiencia propia.

-¿Mi sobrino?

-No quieras saber lo que le gusta.

-No, no quiero, gracias.

Qué mujer.

-Doña Susana,

he terminado con las solapas del traje de don Anastasio.

¿Quiere que me ponga con los ojales?

-¿Ya has terminado? Qué eficacia.

Pues sí, ponte con los ojales, pero primero siéntate

y tómate un chocolate, que te lo has ganado.

-Ay, señora, no sé si debo.

-No seas pazguata, además, paga Susana.

Ya verás qué ricos están los suizos. -Gracias.

-Hablábamos de la recuperación de don Felipe.

-Bien felices nos hace a todas en el altillo,

aunque parece que a Tito Lazcano no le va igual de bien.

-Bueno, Leonor me ha dicho

que su vida no corre peligro, eso sí, un golpe más sería fatal.

-Pobre.

-Pobre, sí, no le veo yo con mucho pesquis para ganarse la vida

si no es a base de mamporros.

-A veces necesitan a forzudos para las mudanzas.

Voy a decírselo a Leonor, tal vez sirva.

-Pues lo mismo sí, y si no a don Ramón, para cargar las cafeteras

y llevarlas a los locales, que pesan lo suyo.

-No sé yo si don Ramón...

El pobre está más para recibir ayuda que para darla.

-¿Qué estaría haciendo don Ramón con una pistola en la mano?

-Tal vez estuviera limpiándola.

-Yo tengo sospecha de otra cosa.

-¿Qué? -¿Y si trataba de quitarse la vida?

-¿Tú sabes algo de eso?

¿Qué se dice en el altillo, qué te ha comentado Fabiana?

-Yo, al menos, no sé nada.

-Hay que perdonar a los que actúan por desesperación.

Desde luego, si esto es así,...

don Ramón se está volviendo loco.

-¿No ha "probao" "bocao"?

-Tal como se la llevé, la he "recogío".

Don Ramón no quiere comer nada, Lolita,

como si quisiera dejarse morir de hambre.

-Me da miedo que lo que dices sea verdad y no una forma de hablar.

-Que ya no sé qué hacer.

-¿Qué es lo que más le gusta?

-Pues una cosa muy simple: huevos con chorizo,

pero le sientan muy mal, lo dejan suelto de la tripa.

-Déjese de sopas y llévele eso, unos huevos con chorizo

y una buena barra de pan,

que la tripa ahora es lo de menos, que vaya al retrete y ya está.

-Pues ahora mismo se lo sirvo.

Lolita.

¿Cómo has visto tú a don Felipe?

-Pues solo le he visto un momento, Fabiana, pero...

más "animao", sin rencor, que ese hombre es más bueno que el pan.

-Sí, siempre fue un bien "nacío".

-Y bien solo, que doña Celia ni ha vuelto al hospital.

-Lo sé, por aquí ha "estao".

(Llaman a la puerta)

-Voy a abrir.

-¿Está bien la niña?

-Eh... pues sí,

mejor que bien. "Dormía" como un angelito.

-Tenemos que despedir a Fulgencia.

-¿Y eso por qué?

-Me he informado, y su niño murió por diarreas.

-Ya lo sabía, ella misma me lo dijo, por eso tiene leche "pa" alimentar

a un rorro que no es suyo.

-¿Y si le contagió ella las diarreas?

-"Pos" ella también las tendría, y no es el caso.

Esa mujer está más sana que usted y que yo.

-Perdón, bajo a comprar huevos, que no han "quedao".

-Fabiana, ¿cómo está Fulgencia de salud.

-Uy, señora,

esa mujer está como un toro, levanta un mueble con una mano.

-¿Ve?

No hay "na" de qué preocuparse.

Milagros come mejor de su teta que de un biberón.

-No estoy de acuerdo. -Ea.

"Pos" no vamos a despedir a Fulgencia,

es lo mejor "pa" la pequeña Milagros.

A parte de teta, le va a dar el amor de una madre

que ha "perdío" a su niño.

-Esa mujer no tiene por qué darle más que leche,

esa niña se va a poner enferma, y tú vas a tener la culpa.

-No se va a poner mala la nena.

-Mucho se preocupa por una niña que no es suya.

-"Demasiao", Fabiana, que "pa" mí que se piensa que lo es.

-Hala, aquí tienes el dinero, venga, muchas gracias.

(TOSE)

-Buenas, Servando. -¿Van ustedes al "mercao"?

-"Pa" chasco que sí, a por el género antes de que se acabe.

-¿Me pueden hacer un favor? -Claro.

-Mire, cómprenme un tarro de los pequeños de cera de abejas.

Aquí van 20 céntimos, no creo que cueste más de 15.

-¿Y las vueltas "pa" nosotras? -No, las vueltas de vuelta,

que aquí mandan las cuentas claras y el chocolate espeso.

-Y la cera de abejas ¿es para la caja?

-Equilicuá.

-¿Es que se va a meter usted a reparar cajas viejas?

-No, cajas antiguas, y esta va a ser la primera

de mi nuevo negocio: Antigüedades Servando Gallo.

Me ha "costao" dos pesetas.

-"Pos" le han "engañao". -No, es que cuando termine

con esta caja, la venderé por cuatro pesetas.

Habré "doblao" el capital y me compraré dos cajas más.

-¿Y después? -Pues ocho pesetas,

me compraré cuatro cajas más.

-Arrea, qué bien.

E tres meses, tendrá cajas suficientes

como para llenarlas con "tos" los dimes y diretes del barrio.

-Un respeto.

Personas como yo son las que crean riqueza en este país.

-Tiene usted razón, yo lo veo claro,

en 10 años será usted un magnate, y a lo mejor el rey

hasta le da un título: Duque de Acacias.

-O Marqués de las cajas viejas.

-No, duque de Acacias,

duque de Acacias no suena mal. Duque de Acacias.

-Ya os he dicho que no me apetece salir.

-Sí, pero tiene que hacerlo.

Dar un paseo, que le dé el sol. -Y así estira las piernas,

que se va a quedar "encogío" en la butaca de su cuarto.

-No quiero ver a nadie. -Pues solo paseamos,

no hablamos con nadie, y de paso me cuenta un poco

de los distribuidores, que esta semana tengo que reunirme con ellos.

-¿Qué quieres saber de ellos?

-Básicamente, si son de fiar.

-Un aragonés siempre es de fiar, gente de una pieza.

-Estaba pensando en subirles un poco el precio de las cafeteras,

no sé cómo se lo va a tomar. -Mal.

A nadie nos gusta que nos suban el precio, pero es lo que debes hacer.

-¿Ha visto el Antoñito?

Qué hombre de negocios, quién me lo iba a decir.

-Siempre tuvo madera, pero también es verdad

que siempre tuvo la cabeza llena de pájaros.

-¿Qué le pasa, padre? -¿Habéis visto esos dos?

Se han cruzado por delante para no tener que saludarme.

-Don Ramón, se han "cruzao" porque viven enfrente.

-¿Y esos?

Disimulando para aparentar que no me han visto.

-Padre, tranquilo, por favor.

-Pero ¿qué les ocurre?

Sí, soy yo, Ramón Palacios.

Están cansados de verme.

¿Por qué me miran así?

¡Fue un accidente,

yo no quería hacer nada, jamás le haría daño a Felipe!

¡No quiero más miradas de misericordia, no quiero ver a nadie!

-Vámonos, vámonos a casa, padre.

-Perdonad.

Dios mío, pobre hombre. Cuando Felipe se reponga y regrese,

todo será como antes. No lo sé,

no sé si don Ramón se va a recuperar.

Nunca llovió que no escampara, Lucía.

Ojalá.

Lucía, sigo pensando que a la visita a Samuel

debería acompañarte.

¿Cuántas veces vamos a discutir lo mismo?

Voy a ir yo, y no creo que haya más que hablar.

No soy una niña a la que hay que llevar de la mano.

Disculpa,... yo no quería... Pues déjalo ya, Telmo,

por favor.

(Llantos de bebé)

(Se abre una puerta)

-No tienen derecho.

He declarado ante el comisario y un testigo ha corroborado

que todo lo que he dicho es verdad. -Eso nadie lo duda.

-¿Y todos esos que han evitado saludarme?

-Nadie ha evitado saludarle.

-¿Me estás diciendo que estoy loco? -Nadie ha dicho eso.

-Pues a mí me parece que sí,

que mi hijo dice que estoy loco, porque ni sé lo que hago,

digo... -Ya está bien, padre,

sí, han evitado saludarle, ¿y qué? -¡¿Y esa niña, no se calla?!

¡Cállela de una santa vez! -Hago lo que puedo, señor.

-Don Ramón, no se encierre en su habitación.

(Se cierra una puerta)

No es tu culpa.

-Ya, pero yo ya no sé qué hacer, Lolita.

Fulgencia, ¿qué le pasa a la niña?

-No sé, señor, supongo que son gases.

No consigo que se calle.

-Voy a buscar a Celia. Ella sabrá qué hacer.

-Menudo susto que nos ha "dao", don Felipe.

-Ya tenía ganas yo de pasar un par de días tumbado en un hospital.

-No diga usted eso, señor.

-Comida deliciosa, médicos amables, enfermeras simpáticas,

y mi esposa que no se ha separado de mí ni un solo minuto al día.

-Bueno, es que doña Celia estará cuidando a la pequeña Milagros.

-Como si esa pobre niña no tuviera a nadie para hacerlo.

En fin,... gracias por las revistas, y por la visita.

-Ya ve, teniendo yo un quiosco, el trabajo que me cuesta.

-Fabiana, supongo que el ambiente en casa de los Palacios

no debe ser el mejor.

-Todo lo que le diga es poco, señor.

Don Ramón está muy "afectao" por lo del accidente,

ya le hubiera "gustao" dispararse a sí mismo

antes que hacérselo a usted.

Don Antoñito, "preocupao" por su padre, por los negocios,

por la niña...

Y Lolita, que no se acaba de acostumbrar

a ser la señora de la casa

sin saber qué vía de agua tapar.

Y yo, "pos"...

-Fabiana, ¿qué te pasa?

-Nada, señor, nada.

-Es que la "señá" Fabiana se siente culpable por no haber "llegao"

antes que usted a parar a don Ramón. -Fabiana,...

nada te culpa.

Si hay algo por lo que quiero que me lleven a casa,

es para darle un abrazo a don Ramón.

Que todo el mundo sepa que no hay reproches

ni inquinas entre nosotros,...

que sigue siendo mi mejor amigo.

-Es muy bonito eso que dice usted, don Felipe.

-¿Quién es tu mejor amiga?

-Pues... la Lolita,...

porque usted, "señá" Fabiana, es como si fuera una madre "pa" mí.

-Y si Lolita te disparara, por accidente,

¿no la perdonarías?

-Si la Lolita me dispara, no es España lo suficientemente grande

como "pa" que se eche ella a correr.

Y si la pillo, la "escogorcio".

-No haga usted caso a la pequeñaja, señor, que lo que dice es de chanza.

-Eso espero.

-Bueno, pues nosotras marchamos ya, pero si usted quiere,

una puede quedarse con usted hasta que venga doña Celia.

-No os preocupéis,

ya me habéis traído las revistas para distraerme.

-Bueno, pues... entonces, quede con Dios,

y que se mejore.

-Y que pase buena tarde. -Con Dios.

-Con Dios.

-Tendrá hambre. -Acaba de comer hasta hartarse.

-¿Y está limpia?

-No le pido a usted que mire, pero sí.

¿Nota usted que huela raro? -Si es que ya no sé qué pensar.

¿Qué puede tener?

-Gases, que le duelan los oídos, muchas cosas.

Los niños de teta lloran, y no quiere decir que estén enfermos.

(Se abre una puerta)

-Venga, dame a la niña, anda.

Ven aquí, mi amor, ven aquí.

Uy.

Ya.

(Cesan los llantos)

Ya está, mi amor, ya está.

Ya está.

¿No estabas a gusto?

A la niña le dolía la tripita.

A ver si es que lo que estás comiendo no te sienta bien.

Venga, vamos a dormir.

Vamos a dormir,

que necesitas descansar. Ya, mi amor, ya.

Estoy aquí. Chist.

Ya está.

(Pasos)

Buenas noches, señor, le estaba esperando.

¿Le sirvo la cena?

No.

No, Carmen, prepárame algo en una bandeja, cenaré más tarde.

Puedo esperar hasta que usted tenga apetito.

No, de verdad, Carmen, vete a descansar.

¿Está usted bien?

Tiene mala cara, como si se encontrara mal.

Si se siente resfriado o algo, puedo traerle leche con miel.

No. Gracias, Carmen, estoy bien.

Como quiera.

Le dejo en la cocina una bandeja con la cena.

-No imaginábamos que iban a ser así nuestros primeros días casados.

-Bueno, lo prometimos ante el sacerdote,

en la salud y en la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza,

todos los días de nuestra vida.

-Y así será si Dios quiere,

pero uno nunca se espera

que los problemas empiecen tan pronto.

-Pues así nos han "llegao",... y así tenemos que superarlos.

-Yo quería hacerte la mujer más feliz del mundo.

-Y lo soy estando a tu "lao".

Así que déjate de lamentaciones

y vamos a ver qué hacemos con esto "pa" ver cómo lo solucionamos.

-Bueno, respecto a mi padre, yo creo que lo mejor será esperar,

cuestión de tiempo.

-Don Felipe tiene que salir del hospital.

En cuanto salga y la gente los vea juntos, se van a dar cuenta

que tu padre no es culpable.

-Pero de Trini... no se va a olvidar.

-No.

A Trini la va a llevar en su corazón hasta el día que se muera.

-Como yo a ti.

-Ya veremos, zalamero.

Con "to" y con eso, lo peor

no es que tu padre esté triste por Trini.

-¿Y qué es?

-"Pos" que no mira a Milagros, y es su hija.

Si le diera un poco de cariño, sería muy bueno.

-Mi hermana solo se aquieta con Celia, parece que es ella su madre.

-Bueno, pues no lo es,...

y se tienen que dar cuenta, Milagros y Celia, las dos.

-Ya.

-Buenas noches.

Quería...

pediros disculpas por el escándalo de esta tarde.

-No, no tiene que pedir perdón por nada.

-Y si hubiera que pedir perdón, don Ramón, pues ya está "perdonao".

¿Quiere cenar algo?

Hay caldo de Fabiana, ese tan rico que prepara.

-Sí, una taza de caldo caliente me vendría bien.

-Don Ramón,...

yo creo...

que le apetece que le coja un poco.

¿Quiere? -No, no, no, no, se me caería.

-Cójala, padre, con María Luisa se le daba muy bien.

A lo mejor no ha perdido el tino.

-Se parece a Trini.

-(LLORA)

Ten, Lolita, ten, ten. Ten, ten.

-Es solo que le ha "pinchao" un poco con la barba.

-Te agradecería que me llevaras el caldo al dormitorio.

-Por fin he acabado, ¿crees que nos da tiempo a dar un paseo?

-¿Un paseo?

Es tarde, y hace fresco.

Ahora no vamos a ir a los Jardines del Príncipe.

-¿Y qué vamos a hacer?

-Siéntate.

-¿No era esto lo que te apetecía?

-Lo que me apetece... a cada minuto del día.

-Pues no lo parece, que llevas todo el día de mal humor.

-Son los problemas, Leonor, ya lo sabes.

-No hace falta que te preocupes, saldremos adelante.

-El problema del préstamo es grave,..

no sé si acertaremos en encontrar la salida.

-Sí, siempre la hay.

Siempre.

(Golpean la puerta)

Ve.

-Gracias.

-¿Qué es?

-Una... factura.

Voy a cerrar y seguimos aquí.

Don Samuel, tiene visita.

Carmen, déjanos solos. Sí, Carmen,...

vete a descansar.

Lo que mande el señor. Buenas noches.

Samuel,... vamos a dejar las cosas claras.

¿Acaso no lo están ya?

Me has dejado abandonado en el altar, me has mentido

y me has dejado en ridículo.

¿No vendrás a hacer las paces y a pedirme que no te perjudique?

Entiendo que no cuento con tu perdón.

Nunca. Ni ahora, ni nunca.

Samuel,...

me gustaría volver atrás y evitar todo lo que ha pasado,

y no es que me arrepienta,...

es que nunca habría tenido una relación contigo

y nunca habría dejado que esta llegara tan lejos.

Es recíproco, pero ahora el daño ya está hecho.

No partimos de cero.

No, ni en lo sentimental ni en lo material.

Compartimos una empresa, Samuel,

y aunque no pueda compensarte el daño sentimental,

creo que debo compensarte el prejuicio económico

que hayas podido tener.

Espero que sepas valorarlo.

No es lo que crees que podría valer la empresa,

ni siquiera el doble o el triple. He calculado por lo alto y...

lo he multiplicado por 10.

Espero...

que te parezca una compensación generosa.

Has saldado solo una parte de la deuda,

solo una parte de la deuda que tienes conmigo.

También he venido a darte una noticia.

No sé si sabes que tengo una relación con Telmo.

Supongo que sí.

Nunca confié en tu virtud,

siempre me pareció falsa e impostada.

Samuel, no me interesa tu opinión, solo he venido a decirte

que la vamos a hacer pública.

Imagino... las risas y las burlas que recibiré por la calle,

pero no olvides

que aquí la traidora eres tú,

que yo tan solo soy una víctima,

una figura patética,

pero honesta.

Solo te aviso para que estés prevenido, Samuel.

-Cuando su relación se haya divulgado,

Lucía le va a necesitar más que nunca.

Sé lo que se nos viene encima.

La heredera más codiciada se compromete con un cura.

Lucía es frágil,... y tierna.

Las habladurías y las críticas le van a afectar.

-Detesto a ese hombre tanto como usted,

pero me encuentro inerme,

no hay nada que pueda utilizar contra él.

Busque usted,

indague, encuentre algún motivo

para atacarle y me tendrá de su lado.

-Si hubiera algo que yo pudiera hacer por usted

para compensarle. -Puede hacer algo para compensarme,

y solo está en su mano.

-Como ya no es cura,

puede correr detrás de las faldas.

-¿Crees que nos divertirán con un anuncio de relaciones?

-Cosas peores he visto.

-Anímese, ahora podrá hacer lo que quiera, comer lo que quiera,

ir donde quiera.

-Menos... boxear,

y yo sin el boxeo...

no soy nadie. -Que don Antoñito no entienda

de niños, lo entiendo, pero que no lo hagas tú, me hace temblar.

Los niños no tienen un horario para comer,

pero tú tienes que estar todo el tiempo disponible.

-Estaré más atenta, señora. -Eso espero,

porque no quiero que pase hambre. -Déjemela.

-"Don Íñigo..."

no solo se ha desvivido por mí,...

también ha puesto en juego su dinero.

Se ha endeudado por mí y...

nunca jamás podrá recuperar su parné.

-Pague a ese prestamista, me temo que ya tiene que estar

muy inquieto. -Sí, está apretando, sí.

-¿Ha pensado en cómo conseguir el dinero?

-Me alegra mucho verte feliz, de verdad,...

pero desde que esta niña está en casa, solo haces que atenderla,

y yo también necesito cuidados.

-Cariño, no compares, tú eres un hombre hecho y derecho

y ella, una recién nacida.

Y ese motivo no es otro que comunicarles

que Lucía y yo estamos en relaciones

y pronto anunciaremos el compromiso.

Mi más sincera enhorabuena.

Siempre es bueno saber entre qué gente

se mueve uno, y ahora ya lo sé,

entre hipócritas.

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Acacias 38 - Capítulo 948

12 feb 2019

Felipe salva su vida pero tardará tiempo en recuperarse. Ramón está desolado por el incierto futuro de su amigo. Lolita, en nombre de su suegro, acude al hospital y es mal recibida por Celia.

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