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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 947 - ver ahora
Transcripción completa

Un segundo, árbitro, por favor.

-Tito, ¡Tito! Tito, ¿qué le pasa?

Liberto, por favor, ayúdeme. ¡Tito!

Úrsula tiene más vidas que un gato. -Y que lo digas.

Parece que ha llegado a su fin y resurge de sus cenizas.

No entiendo cómo han podido liberarla.

-¿Quizás por la sencilla razón de que es inocente?

Ella no ha matado al pobre fraile. -¿Estás segura de eso?

-Pues yo y todo Acacias,... por no hablar de la policía.

-¿Ocurre algo, señor?

Parece usted... defraudado.

Se echa hacia atrás. Don Salomón rechaza mi propuesta.

Si la lesión de Tito es tan grave,

eso significaría que la carrera de Tito como boxeador ha terminado,

¿no es así?

-Agradezco sus desvelos, pero los dos sabemos

que mi vida sin Trini no tiene sentido, no merece la pena.

Felipe,... pídale en mi nombre

a mis hijos

que me perdonen. -¡No, Dios mío, no, no!

(Disparo)

¿Qué ha sido eso? -Parecía un petardo.

-A mí... me ha parecido una bala.

-Eso no lo diga ni en broma, que me ha "parecío" que venía de mi casa.

-Felipe. -Ha sido todo muy rápido.

Su padre... -¿Cómo?

-Una pistola. Don Felipe y yo quisimos arrebatársela y...

se disparó.

-Tranquilo, tranquilo, Felipe.

Tranquilo.

Ya vienen, ya vienen.

-Lo siento mucho por Tito, pero también lo siento mucho por mí.

-Está pensando en la deuda también,

en cómo va a hacer frente a ella.

-La situación en la que nos deja la lesión de Tito

es muy peliaguda.

Y si Tito no puede boxear,

yo no voy a poder pagar la deuda.

-Debería hablar con su prestamista, Íñigo.

-Ya basta,... hará lo que yo le ordene,

sin rechistar.

¿Hasta cuándo voy a estar a su merced?

Hasta que yo considere que su deuda está saldada,

y si eso implica matar, tendrá que hacerlo.

¿Queda claro? (ASIENTE)

Señorita Lucía,

¿puedo sentarme con usted? Claro, si usted lo desea.

Hay muchas señoras que no quieren que una criada se siente a su lado,

ni siquiera que se las vea hablar con ellas por la calle.

Yo no soy de esas, ya lo sabe.

Más me extraña que usted quiera hablar conmigo.

No quería dejar pasar más tiempo sin agradecerle

todo lo que me mandó a prisión:

los alimentos, los reconstituyentes, la ropa...

Era de buen cristiano ayudarla.

No merece agradecimientos.

No todo el mundo está dispuesto a hacer lo que debe,

hasta eso hay que agradecerlo.

Bueno, cada cual con su conciencia.

Supongo que todo esto me lo dice porque se lo ha pedido Telmo.

Pues ya está dicho,

no siga esforzándose en hacer cosas que no siente.

Merezco su frialdad.

Antes de darle las gracias, debería haberle pedido perdón

por mi antipatía hacia usted.

¿También se lo ha pedido Telmo?

No.

(TOSE)

(TOSE)

Disculpe.

¿Sabe?, yo no siempre fui criada.

Hace mucho tiempo fui una señora.

Yo no yo lo recuerdo, pero...

hay algo, un resto del que no he podido desprenderme

y no creo que lo consiga,... el orgullo.

El orgullo siempre es mal consejero.

Por él no conseguí...

disimular mis sentimientos hacia usted.

Pero me he dado cuenta de mi error.

He visto con mis propios ojos, que el padre,

perdón, que don Telmo la ama.

Y lo más importante, que usted también lo ame.

No lo dude ni por un momento.

Por eso,...

le pido perdón y le doy las gracias.

No porque me lo haya pedido el padre Telmo,

perdón, don Telmo.

Solo me haría feliz saber que usted las acepta.

Intentaré a partir de ahora, hacerme acreedora

de su simpatía.

No le ocultaré que no es fácil congeniar con usted.

Medio barrio le tiene ojeriza.

Lo sé.

Si lo he intentado y voy a seguir intentándolo es,

porque amo a Telmo

y usted es muy importante para él, casi como una madre.

Me sonroja.

Así que voy a intentar congeniar con usted como una recién casada

lo hace con su suegra.

A veces se consigue, a veces no.

En sus manos está colaborar.

Lo intentaré,

pero le ruego

que me diga si algo la incomoda para corregirme.

Doña Lucía.

Cesáreo, ¿qué ocurre? Una desgracia.

Don Felipe está herido de un disparo.

¿Don Felipe?

Ay, Dios mío.

Paso, por favor.

Por aquí. Deprisa.

-Felipe. -No, no, doña Celia.

-Cariño. -Tranquila, doña Celia.

-Se lo llevan ya al hospital.

Enseguida viene un carruaje para ir tras él. Cesáreo.

-Sí, ya viene. Lolita, ¿qué ha pasado?

-Una desgracia, señorita. Un disparo.

Pero ¿quién?

-No se lo pueden llevar, ha sido un accidente.

-Suban al señor Palacios. Voy a interrogarlo en su piso.

-Gracias, comisario.

-¿Qué le ha pasado a don Felipe?

-Señora, el carruaje la espera.

-Vayan. Yo iré en cuanto sea posible. Ánimo.

Yo la acompaño. Vamos.

-Es el maligno,... el maligno ha tomado este edificio.

Siempre fue así, Susana.

El maligno

nunca anduvo lejos de Acacias 38.

(Sintonía de "Acacias 38")

Fabiana, prepara un poco de té,

nos vendrá bien a todos.

-Sí, señor. -Yo la ayudo.

-¿Puedo saber qué ha ocurrido?

-Ha sido un accidente, ha sido un accidente.

-¿Reconoce que fue usted el autor del disparo?

-Sí, yo soy el responsable.

No quiero que las sospechas recaigan sobre nadie más.

-Dígame cómo ocurrió.

-A lo mejor necesitamos la presencia de un abogado.

-No, Antoñito.

Confío en la equidad y el sentido de la justicia del comisario.

Voy a contarle cómo ocurrió.

-Se lo agradezco, don Ramón.

-Fue un accidente, yo no tenía intención de herir a Felipe.

-¿Cómo se produjo?

-Yo tenía una pistola en la mano.

Había decidido...

Había decidido quitarme la vida.

No sé cómo, Felipe lo supo,

apareció, forcejeamos y la pistola se disparó...

Servando estaba allí, el podrá corroborar mis palabras.

Felipe,... pídale en mi nombre

a mis hijos

que me perdonen. -¡No! ¡Dios mío!

-No. -¡¿Qué hace, Felipe?!

-¡Impedir que haga una locura!

-¡Si de verdad me estima, no me detenga!

-¡Servando, ayúdame, por favor!

-¿No sería mejor pedir ayuda?

¡Ya le tengo, ya le tengo!

(Disparo)

Felipe.

-Ramón.

-Felipe.

Felipe. Don Felipe.

-Ha sido un disparo, ha sido un disparo.

¡No, le han disparado! ¡Don Felipe, no, no, no...!

¡Don Felipe!

¡Don Felipe, no, no, no, no se muera, don Felipe!

Así, así, permanezca, permanezca con los ojos abiertos.

No se muera. Aguante, don Felipe.

Aguante, don Felipe. Hable, don Felipe, hable.

Hable, por el amor de Dios.

Diga algo, diga algo. No se muera. (LLORA)

¡Corra, don Ramón, corra a buscar ayuda!

Don Felipe,... no se muera.

-Tendrá que acompañarme a comisaría.

Hay que tomarle declaración oficial. -De ninguna manera.

Tengo que ir al hospital a ver a Felipe.

-Eso tendrá que esperar. -Yo le acompaño, padre.

-Prefiero que venga solo.

-Ve al hospital, Antonio.

Si hay algo que se pueda hacer por Felipe...

-Perdón que interrumpa.

Doña Celia ha ido al hospital, ¿qué hacemos con la nena?

¿Se encarga una servidora?

-Yo me encargo, Fabiana, no se apure.

-Por favor.

Buenas tardes.

¿Qué ha sucedido en el edificio? He visto pasar a la policía.

No está claro, pero parece que don Ramón

ha disparado sobre don Felipe.

Vaya,

y luego quieren darme a mí lecciones de moralidad.

Pensé que eran sus amigos.

De conveniencia.

Tengo muy pocos amigos de verdad, ninguno, diría yo.

Siento que sea así.

(TOSE)

Quizá he tenido mala suerte en la vida, como usted.

No me puedo quejar.

No lo tuve todo regalado, como usted.

A mí me despojaron de todo muy joven, pero salí adelante,

y ahora gozo del aprecio del que ahora es mi señor.

Ah, cierto, que ahora usted y Telmo son casi familia.

La maldad se junta con la simpleza.

Ojalá la hubieran colgado cuando estuvo en la cárcel.

Me sorprende que hable así. Cuando vino a verme a la prisión,

creí que sus sentimientos hacia mí habían cambiado.

(TOSE)

Es usted más estúpida de lo que pensaba.

Solo fui a solazarme una vez más, pensando que pronto moriría.

Nadie cercano a Telmo me es querido.

Le odio con todas mis fuerzas.

¿Por qué tanto odio? Ese hombre

se lo ha ganado a pulso, es un cretino.

Y si con eso no bastara,

le odio por estar con la mujer que me abandonó en el altar.

¿Quién querría casarse con un hombre tan mezquino como usted?

¿Qué ocurre? ¡No!

¿Algún problema?

Le decía a su criada que es usted un cretino

y que le odio por estar con la mujer que amo.

¿Amar?

Usted nunca ha amado a nadie, solo quería el dinero de Lucía.

(RÍE) Dinero que ahora será de usted.

Qué gran maniobra. ¿Se lo entregará a la orden?

¿Sigue siendo el esbirro de Espineira?

Si no hubiera ejercido el sacerdocio,

le callaría con mis propias manos.

Sepa una cosa, antes o después me vengaré,

no duerma tranquilo y tenga siempre un ojo abierto.

Su problema siempre fue, que se le va la fuerza por la boca.

No tiene redaños para cumplir sus amenazas.

¡No! ¡No, no, por favor, basta! Basta, basta.

No se imagina cuánto le aborrezco.

Le juro que me voy a vengar.

Le estaré esperando.

Por favor, don Telmo, vámonos.

Vámonos, por favor, vámonos.

Prima. ¿Te han dicho algo?

Nada, los doctores siguen con Felipe en quirófano.

Mucho tiempo.

Se va a morir.

No pierda la esperanza. Si tardan tanto es

porque siguen luchando por sacarle adelante.

Dios te oiga, Lucía, pero tengo malos presentimientos.

Si hubieras visto cómo sangraba cuando le trajeron los enfermeros.

¿Qué ocurrió?

No lo sé,

ha sido todo muy confuso.

Solo sé que don Ramón Palacios estaba allí.

No quiero pensar que fue él,

aunque digan que no fue a propósito.

Prima, no hagamos conjeturas.

Mi pobre niña,

¿quién la estará cuidando?

Seguro que Lolita se está haciendo cargo de ella.

Lolita no sabe cuidar de una niña.

Claro que sí, es su familia.

Esa niña solo me tiene a mí.

(Llaman)

-¿Se sabe algo?

Todavía nada.

Madre mía, qué desgracia.

-¿Qué ocurrió? Quiero saber la verdad.

-Mi padre...

No sé cómo, pero consiguió un arma.

Quería suicidarse.

Y de alguna forma, llegó Felipe.

Imagino que intentaba salvarle la vida, que no lo hiciera.

-Y él le disparó.

-Hubo un forcejeo y el arma se disparó.

Una desgracia.

Hay que esperar a ver qué dicen los médicos.

-No quiero que te quedes aquí, quiero estar a solas con Lucía.

-Yo quería disculparme en nombre de mi padre y de...

-Quiero estar a solas.

-Muy bien. Pues estaré fuera.

Prima, Antoñito no es culpable.

Ojalá que Felipe no se hubiera metido por medio

y Ramón se hubiera pegado el tiro.

Ojalá que desaparezcan todos.

Mi niña no puede vivir en esa casa de asesinos.

-"Lo que yo he escuchado" es que ha sido un accidente.

-Si es que el refranero es sabio, y lo dice bien claro,

que las armas las carga el diablo. -Pues eso ha debido de ser.

Lo que no entiendo es por qué don Ramón tenía una pistola.

-Y mucho menos, que anduviera con ella en las manos.

Con lo prudente y correcto que ha sido siempre.

(Milagros llora)

-Chist.

-No consigo que se calle, no sé qué le pasa.

-Anda, déjame a mí,

como soy madre, lo mismo la niña se calma.

(Milagros llora)

Chist.

(Milagros deja de llorar)

-No sé qué hago mal.

Lo mismo no valgo "pa" las criaturas.

-Anda ya, todo el mundo sirve.

-Y si no sirve, aprende. ¿No tendrá hambre?

He "calentao" un biberón, se lo he "intentao" dar y, no hay manera.

Creo que se ha hecho algo en los pañales.

-Pero si la miré en casa.

Pues se lo habrá hecho subiendo las escaleras.

Deja, que por ahí hay pañales de la colada de doña Celia.

Yo la cambio.

-Dios mío,

"to" son problemas. Yo pensaba que una vez "casá",

se habían "acabao".

-Son etapas en la vida.

Todavía serás muy feliz con tu marido,

verás crecer a Milagros,

tendrás tus hijos y, te darán alegrías y tristezas.

-Y después me moriré y se me comerán los gusanos.

-O irás al cielo, según crea cada uno.

-No sé si vale la pena "to" esto, Agustina.

-Pues no queda más remedio. Muy mal te veo.

¿Qué te pasa?

-¿Le parece poco?

-Pues sí, por muy grave que sea, tú tendrías que estar animada,

o por lo menos aparentarlo,

que tienes que ser el apoyo para tu marido.

-¿"Usté" sabe qué hacía don Ramón con la pistola cuando se disparó?

-¿Qué hacía?

-Se intentaba suicidar,

quitarse la vida y reunirse con Trini, dice él.

Don Felipe trataba de impedirlo

y se llevó el disparo.

-El suicidio es un pecado tan grave,

que nunca se reuniría con doña Trini en la otra vida.

-Yo ya empiezo a no saber lo que está bien y lo que está mal.

¿Ha visto a Milagros?

-No he tenido tiempo. -Está "mu" flaca.

-A lo mejor es pequeñaja.

¿No venía ya el ama de cría?

-Sí, menos mal,

que doña Celia no quería, no sé yo por qué.

-Ya está, cambiada, limpia y perfumada.

-Déjemela, a ver si hago las paces con ella.

(Milagros llora)

Ea. Venga, Milagros.

No sé qué hago mal, ¿eh?

-¿Esa niña es Milagros?

-Sí. ¿Y "uste" quién es?

-Fulgencia. Dame, traiga "pacá".

(Milagros llora)

Chist. Ven aquí.

Qué pequeñaja estás, Milagros.

Ya verás cómo la Fulgencia te deja hermosa y sana.

Gracias a Dios que está "uste" aquí.

-¿Quiere que le enseñe su cuarto?

-Lo primero es lo primero.

Y esta niña "tie" que pegarse un buen banquete.

¿Les importa que le dé pecho aquí? -No, por Dios, adelante.

-Las penas, con pan son menos. Y si es con suizos, ni os cuento.

Chocolate y suizos para los todos.

-La verdad es que es todo terrible.

-El próximo hospital que haga el gobierno debería ser en Acacias.

-Nos ahorraríamos un dineral en tranvías.

-¿Se sabe algo de don Felipe? -No.

Le pregunté a Lolita, pero no hay noticias.

-Los ingleses dicen que la falta de noticias son buenas noticias.

-Pues recemos para que por una vez los ingleses tengan razón.

-Nada podemos hacer por los Álvarez-Hermoso

hasta que no digan algo los médicos,

así que, podemos dedicarnos a nuestros quehaceres.

Hay que ver qué decisión tomamos con lo de Tito.

-Con lo de Tito, con lo del préstamo...

-Habrá que hacer las cosas por orden.

De momento, hay que decirle a Tito que no puede boxear más.

-Sí.

Supongo que se negará a creerlo, pero hay que ser estrictos con él.

Ya lo dijo el médico, un golpe desafortunado puede ser letal.

-Así es, por muy duro de mollera que sea, tiene que asumirlo.

El pugilismo se ha acabado para él. -¿Y qué va a hacer?

-Tendrá que buscarse un trabajo, como todo el mundo.

Algo se nos ocurrirá.

-¿Se lo vas a decir tú, Íñigo?

-Es mi obligación. Espero hacerlo con tino.

-Yo le puedo acompañar. -Y yo, aunque sea para darte ánimos.

-Prefiero ir solo.

Si vamos en comandita, Tito se va a asustar.

-¿Vas a ir mañana?

-No, ¿para qué voy a esperar?

Hoy mismo se lo diré.

A las buenas.

¿Y esto?

-Del ama de cría de Milagros.

No ha tenido tiempo ni de ir a ver su cuarto.

Ha sido llegar Fulgencia y amorrarse a ella Milagros.

Lolita tenía razón, la niña tenía hambre.

-Lolita ha bajado con ella para darle un buen caldo.

-Pues menos mal que ese problema está "encarrilao",

porque parece que es el único, los demás están "desparramaos".

-A las buenas.

Vengo de comisaria, de declarar. Qué día, qué día más horrible.

-¿Ha "pasao" algo más? -¿Te parece poco?

Un herido de bala en el edificio, que podía haber sido yo.

-¿Usted? -Por poco me he salvado.

Lo recuerdo y se me aceleran los latidos del corazón.

Si los oye no hay problema, que está usted vivo.

-Gracias a Dios que estaba allí.

Ya le he contado lo ocurrido al comisario Méndez.

-¿Y por qué no nos lo dice a nosotras?

-Bueno,

una desgracia, no tiene otro nombre.

Don Ramón había perdido la razón

y quería quitarse la vida. Don Felipe y yo

queríamos evitarlo.

Nos lanzamos a luchar con él sin temer lo que nos podría pasar,

pero de repente, don Ramón...

hizo gala de una fuerza inaudita.

-Qué raro, con lo apocado que ha estado en los últimos días.

-No, una fuerza, que yo creo que no era de este mundo.

-¿Y de "cuálo"? -No lo sé.

Un demonio creo que se había apoderado de su voluntad,

entonces, yo me lancé, y don Felipe, quizá contagiado por mi valentía,

me secundó.

Luchamos a brazo partido.

-¿Y?

-Chist.

Un disparo rompió el silencio.

En ese momento dudé.

"¿Me han dado?".

No me dolía, pero...

pero ya se sabe que la muerte es no tener sensaciones.

-¿Pensó que estaba muerto?

-Lo dudé por un momento, por un momento.

Pero me di cuenta

que no era lo que imaginaba,

porque no estaba viendo a mi difunta esposa Paciencia

esperándome a que me reuniera con ella.

-A lo mejor ella espera al mulato. ¿Para el resto de la eternidad?

Venga, hombre. Para el resto de la eternidad querría estar conmigo.

-Muy larga es la eternidad,

se lo digo.

-El caso es que yo no fui el herido,

fue don Felipe.

Y mientras, allí estaba don Ramón,

impávido, anonadado, quieto por lo que había hecho,

mientras yo veía cómo manaba sangre de la herida de don Felipe.

De hecho, si no llega a ser por mí, don Felipe hubiera muerto,

si no está muerto todavía,

porque yo mismo, con mis propias manos, taponé esa herida.

-Arrea, pues menos mal.

-Y que no les extrañe que el Ayuntamiento me diera una medalla

o ponerme una estatua, o vaya usted a saber,

cambiar de nombre la calle, en vez de calle Acacias,

llamarse... calle de Servando Gallo.

-Servando Gallo 38,

no sé, no acaba de gustarme.

-Ni a mí, pero si los ciudadanos lo quieren, habrá que resignarse.

¿No hay por ahí unas galletas para un héroe?

-Ahora mismo se las saco.

Ay...

Ya me extrañaba a mí que hablara usted tanto rato

sin menear a la vez el bigote.

-A las buenas.

¿Está Jacinto?

-No, Marcelina, como ya sabes, se ha "marchao" al pueblo.

-¿No ha vuelto?

Antes vi a "to" el mundo en el portal

y pensé que era "pa" recibirlo.

-Una desgracia.

Bueno, de repente...

-Servando, no, por favor,

no le llena a la Marcelina la cabeza de ideas raras.

Mira, Marcelina, que ha sucedido una desgracia en el edificio,

así que, si has visto a gente "arremoliná",

no era por recibir a mi primo.

-Pero vuelve, ¿no?

-Que ya han "pasao" muchos días desde que se fue.

No sea que esa bruja del pueblo lo haya "hechizao" y se quede.

-Bueno, eso ya no se sabe.

Pero no te preocupes, que mi primo volverá cuando pueda,

y si no vuelve, sus motivos tendrá.

-Adiós, Flora. -Con Dios.

-Me hubiera gustado acompañar a Íñigo a hablar con Tito.

-Es normal que quiera hacerlo solo,

él es quien compró el contrato a Salvador Borrás.

El que más ha arriesgado. -Y el que más tiene que perder.

-Ya.

-Hola, queridos.

¿Qué tal, Leonor? Me he comprado una tela, ¿te gusta?

-Muy seria, ¿no?

-No están los tiempos en Acacias para ropas alegres.

-En eso tiene razón, tía, vaya días. ¿Ha cerrado ya la sastrería?

-No, íbamos a tomar un chocolate.

-¿Y vosotros qué hacéis aquí, no ibais al hospital?

-Íñigo ha decidido ir solo. -¿Al hospital?

¿Para qué?

-Tito tiene un daño en el cerebro.

-No me extraña, ese deporte del box es una locura,

con los trompazos que se dan, deben tenerlo machacado.

-Hecho puré.

Como Ramón, haber hecho lo que ha hecho.

-No diga eso, madre.

-¿Ha muerto ya Felipe?

-Por favor, ¿pueden tener un poco de sensibilidad?

-Sensibilidad, a paletadas,

pero al pan, pan, y al vino, vino.

Felipe parecía estar más en el otro mundo que en este.

-Tanto que le gusta tanto rezar, rece para que los médicos le salven.

-¿Te crees que no lo hago? -De momento nadie ha muerto,

mejor que ni pensemos en esa posibilidad.

Ramón y Felipe son amigos nuestros.

-Ramón, además de amigo, es pariente,

que su hija María Luisa está casada con mi nieto Víctor.

-Y además es mi socio.

¿Seguirá siéndolo después de esto?

-Ha llevado el yacimiento muy bien.

-Ahora no está en condiciones. Tendré que ocuparme yo misma.

-Puedo ayudarte yo, al menos hasta que don Ramón vuelva a estar listo.

La incertidumbre me está matando.

¿Quiere que vuelva a preguntar?,

pero me han dicho que nos avisarían

aquí en cuanto saliera de quirófano.

No merece la pena preguntar, mejor esperar.

Prima, antes, con Antoñito...

No le quiero aquí, Lucía.

Él no es culpable.

Incluso si don Ramón disparó... No quiero hablar de los Palacios.

No le quiero aquí.

-Perdóneme, Celia.

He sido yo quien le ha pedido que viniéramos.

Vengo de comisaría

de prestar declaración de lo sucedido.

También han llamado a declarar a Servando,

que fue el único testigo, para que corrobore mis palabras.

-¿Disparó sobre Felipe? -No.

No disparé sobre él, fue un accidente.

Pese a lo cual, me siento culpable y muy angustiado por la situación.

Prima, el médico. Venga.

Les ruego que no tengan en cuenta sus palabras.

Está muy abatida.

-Siempre hemos sido amigos. Mi padre y Felipe...

-Es normal.

Su dolor es proporcional a mi angustia.

Prima...

¿Qué dice el médico?

-Que no está fuera de peligro.

La bala no ha alcanzado ningún órgano vital,

pero no han logrado parar la hemorragia.

-¿Qué quiere decir eso?

-Que no saben si vivirá.

-Cambiaría mi vida por la suya.

-Dudo que eso sea posible.

Ahora, si no les importa, quiero estar sola.

Muchas gracias por la visita.

Hablaremos cuando todo esto haya pasado.

(Se cierra una puerta)

Ya sabe, lo que quiera, lo coge.

Y si necesita que le prepare algo, me lo dice.

-Muchas gracias, "señá" Fabiana.

-¿Tiene usted algún alimento que le pete?

-"Pa" tener buena leche hay que comer normal.

Dicen que la cerveza es buena "pa" la lactancia.

-Lo había "escuchao". -Pa mí que son pamplinas.

Si los médicos no tienen tetas ni pueden parir.

Yo solo quiero agua fresca y leche, que de lo que se come se cría.

-Pues tendrá la que quiera.

-¿Ya le ha "enseñao" dónde está "to" la Fabiana?

-Bien "equipá" que está.

Si me perdonan,

voy a darle de comer a Milagros. -¿Otra vez?

La niña come hasta del dedo si se le acerca.

"Tie" hambre "atrasá", la pobrecilla.

-Si ya decía yo.

Pues la dejamos tranquila. -¿Puedo sentarme junto al balcón?

-Sí, pero la van a ver.

Una ya no "tie" vergüenza, está "acostumbrá".

-Lolita, ven.

¿Se sabe algo de don Felipe?

-"Na", no se sabe "na".

Espero que Antoñito tenga noticias, las mande.

-Tenía que haber "estao" más encima de don Ramón.

-Fabiana, el otro día se culpó porque don Ramón se fue a la calle

y, hoy, por lo de la pistola.

-Siento que no cumplí con mi deber.

-Pues olvídelo, que no "tie" ninguna culpa.

Don Ramón nos ha "engañao" a todos estos días,

nos ha hecho creer que estaba mejor, y no.

-Ya. Yo estoy más tiempo con él, me tenía que haber "dao" cuenta.

-Ea, si él nos quiere engañar,

lo va a hacer.

Nosotras a ocuparnos de Milagros,

que esa niña nos necesita ahora más que nadie.

Venga, vamos.

Vaya, es usted.

-¿Le decepciona?

-No, es que pensé que era una enfermera muy guapa y muy pizpireta.

Se llama Natividad, pero le gusta que le llamen Nati.

-Me parece que alguien se ha enamorado de Nati.

-Más me vale no hacerlo,

que Nati está casada y me ha dicho que su marido tiene malas pulgas.

Pase, no se quede ahí. Siéntese.

¿No me ha traído ni un bollito?

-Lo siento, lo he olvidado por completo.

Pero mañana le traigo una bandeja, para que invite a Nati.

-Mañana ya no estaré aquí. Estoy como un toro.

Los médicos me van a echar a patadas.

-De eso quería hablarle, Tito.

-¿Pasa algo, don Íñigo?

-Me duele en el alma decírselo, los médicos no saben qué tiene.

-No saben que tengo porque no tengo nada.

Estoy perfecto, no me duele nada.

-Sin embargo, tiene...

una grave lesión en el cerebro, cualquier golpe puede ser fatal.

-Entonces,... eso quiere decir...

-Sí, Tito.

No podrá volver a boxear nunca más.

-Pero... yo no sé hacer otra cosa.

-Tito,

van a ser tiempos difíciles,

pero seguro que aprenderá algo

con lo que ganarse la vida.

-¿Y usted?

¿Todo el dinero que se gastó en el contrato de Salvador Borrás?

-Saldremos adelante, estoy seguro.

-No, no, yo voy a pelear,

por lo menos, hasta que recupere su dinero.

-Tito, por Dios. Tito, cuidado.

Le ayudo.

-(LLORA)

Toda una vida tratando de hacer el bien y de ayudar a los demás,

pero no se me recordará por eso, sino por lo de hoy, y con razón.

-Felipe se pondrá bien.

Lo de hoy no dejará de ser un suceso desafortunado

y se borrará de la memoria. -Hijo,

ya que no te he dado buen ejemplo, te daré una buena enseñanza,

no se puede saber cómo es la vida de uno hasta el último día.

Una muerte deshonrosa hace que todo cambie.

-Padre, deje de fustigarse.

Las noticias sobre el estado de Felipe no son malas.

-Tampoco buenas. La bala lo atravesó limpiamente,

sin afectar a ningún órgano vital.

-Pero los médicos no podían frenar la hemorragia.

No hay nada más vital que la sangre en las venas.

¿Has visto a esos dos? Me huyen.

-No le dé importancia, vamos.

-Tendré que acostumbrarme.

-La gente no sabe que fue un accidente.

Se asombran de verle en libertad. Cuando todo se sepa...

-Todos sabrán que he intentado matarme.

-Yo sigo sin saber por qué lo hizo.

-La vida sin Trini...

No es fácil de explicar, quien ha vivido algo así lo sabe.

Otros que me evitan.

Ya han decidido que soy culpable.

-Que hagan lo que quieran, padre, no sé ni quiénes son.

-Esas dos sí sabes quiénes son,

Rosina y Susana.

Hace más de 30 años que me conocen y no parecen dispuestas a venir

para darme consuelo.

Anda, hijo, vamos a casa.

Al principio no se lo quería creer, después fue peor.

Está muy deprimido.

-Quizá mañana lo vea todo con más ánimo.

-No lo sé, hasta tuvieron que darle una pastilla para dormir.

-Pobre hombre.

-¿Se sabe algo de Tito? -De eso hablábamos,

pasa, siéntate.

-Ahí donde le veis,

parecía un niño. -Normal,

está asustado.

-Deberíamos pensar en alguna forma de ayudarle a ganarse la vida.

-Eso es lo que decía,

que lo único que sabe hacer es boxear.

-Yo puedo enterarme de cuándo son las próximas oposiciones a sereno,

pero hay muchos candidatos y las pruebas no son fáciles.

-Cualquier idea es bienvenida.

-Y hay que arreglar la situación del préstamo.

-Mañana intentaré hablar con el prestamista.

-Seguro que la situación se arregla.

Ese hombre, lo único que quiere es cobrar,

y podremos llegar a un acuerdo con él.

Puedes contar con mi mensualidad para pagar.

-Lo sé. Lo mejor es que recojamos

por hoy y que cerremos.

-Vete a descansar, ya recojo yo.

-Y yo, pero antes de ir a casa, pasaré por el hospital,

a ver si me entero del estado de Felipe.

-Aproveche para ver cómo está Tito.

-Eso haré.

Carmen.

Carmen, ¿estás aquí?

Buenas noches, don Samuel.

Íñigo me oculta parte de la verdad para no preocuparme,

pero la situación es desesperada.

-La mala suerte del pobre Tito es alarmante.

Para empezar, haber caído en manos de Salvador Borrás,

la enfermedad y tener que abandonar el box.

-Sí.

Pero no es solo Tito lo que me preocupa, es el préstamo.

-Mientras se devuelvan las cuotas...

-No es tan fácil. Los intereses eran usureros,

solo podían afrontarse con los beneficios que dieran los combates.

-Pero tenemos los beneficios de La Deliciosa,

y los dividendos de la mina de oro.

-No sé.

Perdona, sé que no debo comentarte estas cosas.

Si no me lo comentas a mí, que somos casi familia, ¿a quién?

-Hacía mucho tiempo que no tenía tanto miedo por el futuro,

desde que llegué a Acacias.

-Pues no temas, tu hermano te adora

y no permitirá que pasaras penalidades.

-No sé si va a poder evitarlo.

-¿Está cerrado ya? -Sí, mañana por la mañana

podrá venir.

El mejor chocolate y bollos de la ciudad.

-Y unos churros para chuparse los dedos.

-Gracias.

Muerto no le sirvo de nada.

Si me mata, nunca podré pagarle.

Eso es cierto,

pero a veces conviene perder un poco de dinero para ganarlo después.

Imagine que le dejo vivir y el resto de mis socios

se enteran de que no me ha pagado sus deudas,

¿quién me pagará entonces? Yo se lo digo,

nadie.

Yo le voy a pagar.

He escuchado eso tantas veces...

Deme otra oportunidad.

¿Qué está dispuesto a hacer?

Lo que sea.

Tenga.

Estas son cosas que solía hacer El Filo, pero ahora está lejos.

Hay que asustar a ese hombre

para que pague sus deudas.

¿Quiere que lo haga yo? Claro.

Alguien tiene que ocuparse de estos asuntos.

Un buen susto, de momento nada más.

Lo haré.

Cuídese de que no lo descubran

y, si eso sucediera,

cuídese mucho de implicarme o no vivirá para contarlo.

Pierda cuidado.

Así lo deseo.

Tendrá noticias mías.

(Llaman)

Buenas noches.

Se ha quedado dormida.

¿Se sabe algo de Felipe?

Solo que siguen atendiéndolo, no le han traído a la habitación.

Han pasado muchas horas.

No sé si eso es bueno o malo.

Ya sabes el dicho, la esperanza es lo último que se pierde,

y mientras siga con vida, hay esperanza.

¿Qué se habla en el barrio?

Se habla de la culpa de don Ramón.

Me cuesta creerlo, por lo que yo sé, él no haría daño a una mosca.

Estuvo aquí.

Mi prima prácticamente le echó sin darle oportunidad de disculparse.

Estaba muy afectado. Según él, todo fue un accidente.

Le creo.

Yo también. Lo que no sé es si eso elimina la culpa.

¿Y Milagros?

¿Dónde está Milagros.

Prima, tranquila.

Milagros está bien.

¿Se ha tomado el biberón?

Estamos en el hospital.

Lolita se está haciendo cargo de ella.

Perdón. Ha tenido una pesadilla.

He estado en una pesadilla y me despierto en otra.

Por lo menos,

estoy segura de que Milagros está bien atendida.

Nada se puede esperar de esa familia.

(Pasos)

-Buenas noches.

Ya le he preguntado a la enfermera y me ha dicho que no hay novedades.

-No, Liberto, todavía ninguna. -Vine a ver a Tito Lazcano

y no quería marcharme sin desearles lo mejor.

-Se lo agradezco mucho.

Discúlpenme un momento.

Doctor.

Espero que sean buenas noticias.

Don Ramón, a esto no me puede decir que no.

Fabiana le ha "preparao" un flan.

-Lolita, agradezco tus atenciones

y no quiero despreciar el esfuerzo de Fabiana,

pero lo último que me apetece es comer flan.

-No ha "comío" la sopa,

apenas ha "probao" la pescadilla y no quiere flan.

-Tengo el estómago cerrado,

opresión en el pecho

y ganas casi continuas de ponerme a llorar.

¿No lo entiendes?

-Antoñito, tu padre no quiere cenar nada,

va a caer enfermo.

-Déjale, si no quiere, mañana será otro día.

Si hubierais "nacío" en un pueblo como yo,

sabríais que hay que comer cuando hay de qué

y, que hay que ayunar cuando no hay "na" "pa" echarse a la boca.

Esto de la falta de apetito son cosas de ricos.

(Llaman a la puerta)

-Buenas noches. Perdonen que me presente en su casa a estas horas.

-Pase, por favor.

¿Desea tomar algo? -No, solo será un momento,

y para traerles buenas noticias,

si es que puede haberlas en estas circunstancias.

Don Ramón,

quería comunicarle que no habrá acusación contra usted.

Su testimonio coincide con lo que ha declarado el otro testigo,

Servando Gallo.

Entendemos que todo fue un desgraciado accidente.

-No,... no puede ser,

yo soy culpable y debo ser castigado.

Dios mío, qué angustia. No aguanto más.

Tranquila, Lucía.

Prima,

prima, díganos algo, por favor.

Por meterte donde no te llamaban.

-Don Ramón siempre ha sido un buen amigo.

-¿Vas a tratarle como hasta ahora?

-"Entonces, don Felipe está totalmente"

fuera de peligro.

-Parece que sí. Eso fue lo que me dijo Liberto

cuando vino de verle anoche del hospital.

-Espero que no queden rencillas entre ellos.

-Ya. -No salen las cuentas.

-¿Del préstamo?

-Es lo que más me inquieta después de la salud de Tito.

-Puede contar con nuestra ayuda.

-Sin el dinero de los combates no puedo pagar el préstamo.

-¿Quién es Fulgencia?

-El ama de cría, doña Celia, ya le hablé de ella.

-Y una ama de cría, ¿con qué permiso?

-"Pos" con el mío, que soy su familia.

Milagros es la hermana de mi Antoñito,

y yo soy la señora de esta casa.

-Veo que todo va perfecto entre los dos.

Pero creo que ha llegado el momento de dar un paso más.

Tal vez, dejarnos ver juntos.

En público.

Comunicar nuestra relación a los más cercanos.

No.

La niña estaba perfectamente sin esa mujer.

Y Lolita, una impertinente.

Parece que se le hayan olvidado los años que ha servido en esta casa.

Ahora es señora, es lo que tiene que hacer,

olvidar que ha sido una criada.

Señoras somos las que nacemos así, la que nace criada, muere criada.

-"Mi esposa me ha abandonado".

-Ha ido a ver a Milagros.

Que, pues... desde que falta doña Trini,

se preocupa mucho por ella.

-Ya. Demasiado, diría yo.

-¡¿Por qué me miran así?! ¡Fue un accidente!

¡Yo no quería hacer nada, jamás le haría daño a Felipe!

-Tenemos que despedirla.

-¿Y eso por qué?

-Me he informado, y su niño murió por diarreas.

¿Se va a meter usted a reparar cajas viejas?

-No, cajas antiguas.

Y esta va a ser la primera de mi negocio,

Antigüedades Servando Gallo. Me ha costado dos pesetas.

-Pues le han "engañao".

-¡Mi hijo dice que estoy loco porque ni sé lo que hago, digo...!

-Ya, padre. Sí, han evitado saludarle, ¿y qué?

-¡¿Y esa niña no se calla?!

¡Cállela de una santa vez!

Me has dejado abandonado en el altar, me has mentido,

me has dejado en ridículo.

Entiendo que no cuento con tu perdón.

Nunca.

"Ni ahora ni nunca".

-"¿Qué es?".

-Una factura. Voy a cerrar y seguimos aquí.

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  • Capítulo 947

Acacias 38 - Capítulo 947

11 feb 2019

Felipe es trasladado con urgencia al hospital. Permanece inconsciente y tendrá que ser intervenido. Lucía recibe la noticia y corre junto a su prima y su marido. Ramón declara ser el autor del disparo y se entrega a Méndez. Servando testifica a favor del Palacios, fue un accidente.

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