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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 943 - ver ahora
Transcripción completa

-Nada, se ha empeñado en no comer y no come.

-Lo mejor es contratar un ama de cría, recién "paría",

que tenga buena leche "pa" que la cría salga sana y se ponga gordita.

-Ya, si sé lo que es un ama de cría. -"Pos" ya tenemos a una.

La Fulgencia. Es paisana de Marcelina.

-Quiero el dinero, ya.

El dinero o su vida.

Pagaré, Gimeno, pagaré.

Estoy a punto de recibir una buena cantidad,

todo lo que necesito es una semana.

Nadie se enterará de tu declaración.

Tú ahora me cuentas todo lo que sabes con más detalle

y yo se lo hago llegar al comisario sin que tú te expongas.

-No me dijo dónde está su hermano.

-No se resigna a abandonar a Tito a su suerte, así que ha ido a reunirse

con los proveedores.

Espera que entre todos le presten una buena cantidad.

Agustina se acuerda del individuo que vio la noche del crimen.

¿Lo ha descrito?

De unos 30, una cicatriz en el rostro,

una medalla colgada al pecho.

La cicatriz y la medalla corresponden a un hampón

llamado Camilo, pero que entre las gentes es más conocido como el Filo.

-Resulta que el proveedor, cuando las cosas vienen mal dadas,

suele acudir a otro hombre de negocios para pedirle dinero.

-Un prestamista, vamos. -Es lo que nos sacaría del paso.

-"No me voy a oponer" a vuestros encuentros,

pero os encarezco...

que no se dejen ver mucho en público.

Primo, no hacemos nada malo.

Puede ser,...

pero después de tu fallida boda,

lo último que necesita nuestra familia es otro escándalo.

-¡Aquí todos habláis, habláis y habláis y esa niña llorando

como si la estuvieran despellejando!

-No diga usted eso, señor. -¡Digo lo que me da la gana!

-Padre, ¡ya, ya!

-Una buena solución sería que yo me llevara a Milagros a mi casa.

-Yo pienso que los críos "ande" mejor están es con su familia.

-No si el padre no lo soporta.

-¿Te parece bien, Antoñito? -Yo creo que sí.

Si Agustina reconoce al Filo como el individuo

que rondaba esta casa la noche de autos,

saldrá de la sastrería sin sombrero,

y en el caso contrario, saldrá con sombrero.

-Ya te tengo, Filo.

"Me gustaría brindar con usted,..."

pero me temo que mis costumbres de sacerdote no se han olvidado

y no tengo bebidas espirituosas en casa.

Nos estaríamos precipitando si brindáramos.

Saber quién es el asesino no es definitivo,

en realidad no significa nada.

¿A qué se refiere?

¿No van a detenerlo? No. De momento.

No podemos dejar a ese asesino suelto, hay que hacer justicia.

Hay que impedir que ese hombre cometa otra fechoría.

Hay que cumplir los requisitos para hacerlo, y no somos capaces.

No basta con saber quién es.

Desgraciadamente, no.

Tenemos que probarlo. Sin el testimonio de Agustina.

ni siquiera tenemos un testigo que lo haya visto rondando aquí.

Agustina no puede ser,

empeñé mi palabra en que no tendría que dar la cara.

Además, está tan aterrorizada

que, sería incapaz de presentar testimonio ante el juez.

Ahí lo tiene.

No podemos detenerlo, no tenemos motivo por el que hacerlo.

Entonces va a librarse. Espero que no,

espero que algún día cometa un error y podamos encerrarlo,

allí podríamos presionarlo y obligarlo a hablar.

Entonces tendría que dar motivos.

Con un par de días tendríamos suficiente,

tenemos nuestros medios para que una persona confiese.

¿Y si yo se lo pongo en bandeja?

No sé cómo podría hacerlo.

Eso déjelo en mis manos.

No cometa locuras, Telmo.

No, no es mi intención, y mucho menos en este momento

de mi vida en que deseo vivir al máximo.

¿Cómo va a hacerlo?

Tengo una idea,

pero tengo que madurarla y meditarla.

Necesito que me diga dónde puedo encontrar a ese hombre.

¿Lo hará?

(Sintonía de "Acacias 38")

-Hola, doña Celia. -Buenas.

-¿Qué tal el paseo? -Maravilloso,

Milagros no ha podido portarse mejor.

Una señora me ha dicho que se parece a mí.

Qué locura.

-Pues sí, si ha de parecerse a alguien,

será a alguien de los suyos, ¿no?

-Todo lo que es llanto se convierte en risas

cuando está en la calle o cuando la tengo en mi casa.

Está claro que la tensión de don Ramón le afecta.

-Pues es su padre, a cada uno le toca el padre que le toca,

y tendrá que acostumbrarse, porque ese es el suyo

y no otro, "pa" bien o "pa" mal.

-Claro,

pero sí es cierto que debería quedarse más tiempo en mi casa,

por lo menos hasta que don Ramón se recupere del todo de su tristeza.

-Don Ramón tiene la pena negra, pero la Milagritos es su hija,

y se afanará "pa" darle lo mejor.

Además, que tiene más familia,

"pa" eso estamos su hermano Antoñito y una servidora.

-Y su tía Celia, que la quiere más que nadie en el mundo.

-Sí, tiene a mucha gente que le quiere,

no vamos a competir por quién la quiere más o quién la quiere menos.

"To" el amor que ha "perdío" de su madre,

pues...

lo ha "ganao" de los que estamos cerca.

Doña Celia, tenemos que arreglar lo del ama de cría,

lo de la Fulgencia. -No, no hace falta.

Se apaña con los biberones, no hace falta traer a nadie.

-¿Y va a estar "toa" la lactancia a biberones?

-Bueno, yo he pensado en una mujer, una asturiana,

dicen que son de las mejores,

dicen que ha amamantado a miembros de la realeza,

y Milagros no se merece menos.

-Una mujer sana y con leche, eso es lo que necesita,

asturiana o segoviana.

-Muy buenas.

Os he visto desde el mirador hablando tan ricamente

y me he decidido a bajar a compartir el paseo de Milagros.

-Lástima que no haya bajado antes porque la hubiera visto riéndose.

Esta niña va a ser muy lista y muy simpática.

-Digna hija de su madre,

entonces.

-Lo siento, pero le toca la toma y me la tengo que llevar.

-Y yo me quedo sin paseo.

Bueno, le ayudo a subir el carrito.

-Nada, no se incomode, se encargará Servando.

Gracias.

-Vaya prisas, no he podido ni ver a mi hermana.

-Esa niña no está bien, ¿has visto lo chiquitita que está?

-No, ya te digo que no la he visto.

-Pues te lo digo yo, que yo no he "tenío" hijas,

pero he visto criarse a "cienes" de niñas,

y esa niña no está bien "alimentá".

Que no basta con biberones, necesita un ama de cría.

-¿Tú se lo has dicho a Celia?

-Pues claro, estoy harta de decírselo, pero ni caso.

¿Por qué no se lo dices tú?

-Bueno, buscaré el momento y hablaré con ella,

pero no quiere que se moleste y deje de tener a Milagros en su casa,

por lo menos hasta que mi padre se tranquilice.

-Doña Susana,...

¿se va ya a casa? -Sí, estoy muy cansada.

-Normal, es que se pega unas palizas importantes.

Cuando llegué, usted ya estaba abierta.

-Cuando quieres que tu negocio salga adelante, no te queda otro remedio,

aunque luego la vida te ponga disgustos por el camino

que te hacen pensar si vale la pena tanto esfuerzo.

-Lo dice por don Ramón, ¿no? -Por él...

y por doña Trini, por toda la familia Palacios al completo.

La alegría de esperar un hijo se ha convertido

en la desgracia más dura de llevar.

¿Vio a Ramón antes?

-No, no lo vi, pero ya me han contado que iba por la calle

como un alma en pena. -Hecho un Adán,

con lo atildado que ha sido siempre ese hombre.

Y llevaba la mirada perdida.

Daba dolor de corazón asistir a tanto sufrimiento.

-Y más en alguien

tan bueno y correcto.

Y doña Trini, que se la echa de menos cada día.

-Y eso somos nosotras,

imagínese su esposo, que solo vivía para ella.

Ay, en fin,...

que el Señor no nos mande tanto pesar como podemos soportar.

Hasta mañana. -Que descanse, doña Susana.

-¿Cómo ha ido la tarde? -Bien.

Mañana hay que pedir azúcar. -Sí, está previsto ya.

Oye, en cuanto terminen estos señores, recogemos.

-Sí, que ya va siendo hora de cerrar y descansar.

¿Has pensado ya lo del prestamista?

-Sí, no dejo de darle vueltas, Flora.

-Que pase el primero, que pase el primero.

Vamos, vamos, vamos. -¿Qué pasa?

-¿Quién va a ser el primero? -¿Ese es Tito?

-¿Qué pasa? ¡Eh, eh, eh, eh!

-¡Os vais a arrepentir de haber nacido!

Hombre.

Se creían que podían robarme a mí, lo que me faltaba.

-Tito, lo mejor será que se siente y se tome un café.

-Creo... que estoy un poco mareado. No, no, no quiero café.

Solo... sentarme un momento.

-Tito.

Tito, mañana tiene pelea. No puede estar así.

-¿Y qué más da? -Pues que es peligroso.

Tiene que estar en las mejores condiciones.

-Casi prefiero

que me tumben de un puñetazo nada más saltar al cuadrilátero.

Así podría descansar un rato tranquilo.

-No, Tito, no diga eso. -Sí,

olvidarme de Salvador Borrás, de sus matones,

de sus métodos.

Les echo mucho de menos, a ustedes.

A don Liberto. -Tito, míreme,

nosotros le vamos a ayudar. -Pues ya sabe,

ayudarle cuesta dinero. Tito, levanta de ahí que nos vamos.

-¡Usted no puede tratar así a este hombre!

-(GRITA) -¡Íñigo!

-Don Íñigo.

-Dinero, cuesta dinero.

Y tú espabila, que mañana peleas, venga.

-Sé que es poco habitual tratar estos asuntos durante el desayuno,

pero no nos queda otro remedio. -En cuanto se despierte Milagros

hay que darle la primera toma, y después ya es un no parar.

Tener una niña de semanas altera la tranquilidad de cualquier casa.

No se disculpen, cualquier lugar y cualquier momento son buenos,

y más cuando la excusa es el bienestar de la pequeña Milagros.

Sí, además, lo que queremos comunicarles

es rápido y directo, no queremos andarnos con rodeos innecesarios.

Me temo que no les va a pillar por sorpresa.

Telmo y yo estamos enamorados.

Ese es el motivo por el que he abandonado el sacerdocio.

Entienda que tengamos reparos,

no hace tantas semanas que Lucía, tras un viaje a Toledo,

nos dijo algo parecido de su relación con Samuel,

incluso llegaron al altar.

Reconozco mi error

y me arrepiento.

No digo que antes estuvieras equivocada y ahora en lo cierto,

tan solo que te tomes tu tiempo. -Creo que he oído llorar a la niña.

Felipe, le agradezco su consejo,

pero está muy pensado. La que no estuvo meditada

fue mi decisión de contraer enlace con Samuel.

Y por mi parte igual,

no tengo la menor duda de mis sentimientos por Lucía.

Imagínese lo difícil que ha sido para mí colgar los hábitos.

Supongo que no es un capricho. Son decisiones muy graves.

Dejar la vida religiosa y abandonar a alguien en el altar,

nadie hace nada de eso sin pensarlo antes.

Felipe, mi decisión de casarme con Samuel

fue una huida hacia delante,

intenté no ser yo quien obligara a Telmo a abandonar a Dios,

y pensé que casada no sería una tentación para él.

Yo no era capaz de afrontar una vida lejos de Lucía,

ni siquiera imaginarla.

Falsa alarma, esta niña duerme como una bendita.

-Cariño, ¿qué piensas de la noticia

que nos han dado Telmo y Lucía? -Bueno,

creo que la felicidad es muy difícil de alcanzar,

y a veces hacemos cosas que ni sospechábamos.

De eso yo podría hablar largo y tendido.

Supongo que no habrá sido fácil colgar los hábitos,

y mucho menos dejar a tu futuro marido en el altar,

pero a veces hay que estar dispuesta a llegar a mucho más.

¿Lo aprueba?

Sin ninguna duda.

¿Y usted?

Mi esposa ha hablado,

y yo le voy a dar un consejo, cuando se case con Lucía,

nunca discuta sus decisiones.

Si Celia está de acuerdo, yo también.

Tan solo pido calma y discreción,

el rechazo de Lucía a Samuel

es muy reciente y hacer ostentación de la felicidad podría abrir heridas

y provocar malestares que es mejor evitar.

Así lo haremos.

-Merceditas,...

luego sigues con las sillas, ahora vete a rellenar los azucareros,

que este sea el negocio más dulce de toda la ciudad.

Que este sea el negocio más dulce,

aunque nosotros estemos pasando por un momento amargo.

-No sabes lo mal que he dormido hoy. -Ya imagino.

-Solo pensaba en Tito.

A ratos,...

que hay que sacarle de allí y, a ratos,

que es una locura tratar con prestamistas.

-Yo solo te puedo decir una cosa.

A veces uno debe hacer lo que el corazón le pide

y no lo que le conviene.

-Flora, yo no os quiero decepcionar a ti ni a Leonor.

-A nosotras nunca nos vas a decepcionar,

aunque ya sabes lo que opino sobre tratar con esas sanguijuelas.

(Llaman a la puerta)

¿Abro? -Sí.

Y deja ya abierto, que es casi la hora.

-Buenos días, Cesáreo. ¿Qué te pasa?

-Póngame un chocolate, que creo que la sangre no me llega a la cabeza.

-¿Pasa algo?

-En la velada de ayer murió un hombre.

-¿Qué? ¿No será Tito?

Anoche salió en muy mal estado del barrio.

-No, no fue él, fue un tal Amadeo Cabrero.

-Pero ¿quién representaba a ese hombre?

-Era uno de los boxeadores de Salvador Borrás.

Le estaban dando una paliza,

el público pedía que se suspendiera la pelea, pero Borrás se negó.

-Ese hombre es un asesino.

-Flora, no podemos permitir que a Tito le ocurra lo mismo.

Me voy.

-¿Dónde va? -Me temo que a hacer

lo que el corazón le manda.

Te pongo ese chocolate.

-Antoñito, muy temprano has salido esta mañana.

-A la fuerza ahorcan.

Me estoy haciendo cargo de la agenda de mi padre.

A primera hora me he reunido con unos italianos

que traían nuevas cafeteras. -¿Buen negocio?

-He encargado dos docenas, voy a probarlas en algunos locales,

a ver cómo funcionan, pero no quiero precipitarme,

prefiero ir con tiento. -Buena decisión.

Don Ramón estará muy orgulloso

de ver cómo se está llevando el negocio

cuando él no estaba en sus condiciones.

-El negocio, Milagros, la casa, son demasiadas cosas

para las que no estábamos preparados y hemos tenido que afrontar

tras la ausencia de Trini.

-Querido Antoñito, esta es la vida,

ir superando problemas a medida que van apareciendo

y aprovechar los escasos momentos de felicidad.

Por suerte, siempre hay amigos que nos ayudan.

-Por suerte, yo no sé qué haría sin Lolita o sin usted y doña Celia.

-Con nosotros siempre puedes contar.

Celia se desvive por Milagros,

y aunque es imposible sustituir a Trini,

Celia lo intentará hasta donde llegue.

-Y hablando de sustituir a Trini,...

Lolita me ha comentado la necesidad de contratar un ama de cría,

pero al parecer doña Celia no está del todo de acuerdo.

-¿Tú sabes de esas cosas? -Absolutamente nada.

-Yo tampoco, así que prefiero no meterme.

Las dos quieren lo mejor para la niña.

Seguro que llegarán a un acuerdo

sin que nosotros tengamos que intervenir

opinando de algo que desconocemos.

-Don Antoñito.

¿Su padre no está con usted?

-No, yo he salido pronto esta mañana.

-Ha desaparecido. En casa no está.

Dios mío, qué disgusto tan grande. -¿Y Lolita?

-Tampoco estaba en casa.

Don Ramón debería estar en la cama, pero no estaba en su habitación.

-A lo mejor está con Lolita, pueden estar juntos.

-Tranquilos, no os preocupéis, no ha podido ir muy lejos.

-Fíjate, te lo había traído de la luna de miel, pero...

con "to" el lío, pues no había podido dártelo.

-Ay, Lolita.

Ahora que parecía que en la vida todo estaba en su sitio,

ha "pasao" un terremoto y lo ha "derrumbao" todo.

-Ea, ábrelo.

-Qué ilusión.

Ay.

Pero qué bonito, Lola. ¿Y aquí qué es lo que dice?

-"Recuerdo de Santander", "pa" que veas que me acordé de ti.

-Yo también me he "acordao" mucho de ti estos días que no has "estao".

Bueno,

no me has "contao" cómo es el mar.

-Uf. Enorme.

Es enorme, Casilda. Mires "pa" "ande" mires, hay agua,

y es que ni ves la otra orilla. -Pero ¿es que te has "metío" dentro?

-Bueno, solo los pies, que estaba muy fría.

Dicen que por la parte de Alicante está más calentita.

Si algún día voy, me compro un traje de baño, que yo eso no me lo pierdo.

-Menos mal, ya pensaba que te ibas a bañar en cueros.

-Pues dicen que hay gente que lo hace,

"pa" sentirse a bien con la naturaleza.

-Esos lo que son es unos cochinos.

-Uy.

Pues yo me atrevía, eso sí, con mi Antoñito al "lao".

(RÍEN)

-Anda que...

-Ay, Casildilla, qué buenos momentos me das.

Llevo "to" el día con cara de acelga.

-Pero bueno, pero ¿qué risas son esas?

Que da gusto oírlas, que parecía que se habían "olvidao"

en este barrio las risas.

-Pues ya ve usted, Servando, las cosas de la Lolita y servidora.

Por cierto,

¿usted se ha "bañao" en el mar?

-No, yo ni loco, eso está lleno de tiburones.

-Yo metí los pies y no me han "comío" los tiburones.

-Sí, pero eso debe ser por el olor, que no se acercan ni los tiburones.

(RÍE)

-Mire.

Mire qué regalo me ha "traío" la Lola,

aquí pone "Recuerdo de Santander".

-Vaya.

¿Y a mí no me has "traío" "na"?

-Qué celosón.

"Pos" claro, Servando, les he traído a "tos".

Luego se lo doy.

Tenía que haber traído arena de la playa.

Allí la gente hacía figuritas y castillos en la arena,

y luego había otro hombre que hasta cobraba

por ver sus esculturas de arena. -Vaya, qué buena vida.

Figuras de arena y cobrar por verlas.

-Lolita, dime,... dime que sabes dónde está mi padre.

-Cuando salí lo dejé en la cama. -¿Usted no lo ha visto, Servando?

-No, yo mientras estaba en la portería no ha salido.

-Madre mía, pero ¿dónde estará? -Vamos, hay que buscarle.

-Venga, venga.

(TOSE)

Parece que el jarabe que le dan aquí no le hace efecto, Úrsula.

El problema, don Telmo, no es el jarabe, es la humedad.

De cualquier forma, el próximo día le traeré uno

que me prepare la botica de Acacias.

(TOSE)

Traiga mejor dos frascos,

aquí dentro hay muchas presas tan mal como yo.

Siempre preocupándose por los demás.

Si es que se merece usted el cielo, Úrsula.

Cuente eso en la calle Acacias, a ver cómo se lo toman los vecinos.

Ellos no la conocen como la conozco yo.

Y creo que... ya no me conocerán.

No voy a salir de aquí.

Le prohíbo decir eso.

Está bien, no lo diré,... me limitaré a pensarlo.

(TOSE)

Úrsula,...

este suplicio está a punto de terminar.

La policía sabe quién es el asesino de fray Guillermo.

¿Y a qué esperan para intervenir?

Pero necesitan pruebas para poder encerrarlo.

¿Tienen al culpable, pero no tienen pruebas?

Me está quitando toda esperanza.

No, no, no, le estoy diciendo la verdad.

Si todo va bien, en un par de días estará fuera de aquí.

Pero... yo no sé si viviré dentro de un par de días.

Esta misma noche

va a ser detenido.

Se llama Camilo y...

le llaman el Filo por su habilidad con los cuchillos.

Dicen que cada noche acude a una taberna cerca del río.

Hoy van a hacer una redada,

pero la policía necesita que haya motivos para poder encerrarlo.

¿Y cómo lo van a lograr?

Yo estaré allí,...

yo haré que ese hombre se meta en problemas.

Por Dios, don Telmo,

tenga cuidado, si es tan peligroso...

El miedo no ayuda a mover el mundo.

La voy a sacar de aquí, se lo juro.

-"Tendrías que haber impedido que hablara con ese prestamista".

-Es que ni siquiera yo estoy segura de que no sea eso lo que debe hacer.

-Son usureros, verdaderos cuervos.

Te retrasas un poco en un pago

y se arrojan sobre tus bienes y te dejan sin nada.

-A ver, Íñigo tampoco es un inocente, se habrá informado bien

antes de decidir con quién hacer tratos.

-Que no. Que todos son iguales, lo sé.

Hace poco, cuando regresé de Guinea,

me vi en la obligación de conseguir dinero,

y de no haber sido por don Ramón,

que compró la mitad de la mina, no sé qué hubiera pasado.

-¿Te has enterado de lo de don Ramón?

-¿Qué ha pasado?

-Ha desaparecido esta mañana.

Pensaban que estaba en la cama,

y cuando Fabiana ha ido a llevarle el desayuno

la habitación estaba vacía. -Dios mío.

-Es una desgracia detrás de otra, parece que nunca vayan a terminar.

-Pero le están buscando, ¿no?

-Claro. No creen que pueda andar muy lejos,..

pero nadie quiere pensar lo peor.

La muerte ronda, Leonor: fray Guillermo, Trini,

el boxeador de ayer. -¿El boxeador? ¿Qué es eso?

-Es la razón por la que Íñigo

ha decidido ir a hablar con el prestamista.

Un luchador de Borrás murió de una paliza en el cuadrilátero.

-Es un asesino canalla.

-Íñigo no quiere que a Tito le pase lo mismo,

y yo estoy de acuerdo.

-Pero tiene que haber otras soluciones.

-Ya estoy aquí. -Estaba hablando con tu hermana.

Yo entiendo los motivos por los cuales quieres alejar a Tito

de Salvador Borrás, pero no te puedes volver loco.

Hay otras soluciones.

Pedir dinero a un usurero no es la única.

-Ya está hecho, Leonor.

Aquí está el contrato de Tito.

Espero que consigamos pagar el dinero al prestamista.

-¿Nada?

-Nada. En el Parque de la Reina tampoco estaba.

-Yo vengo del mercado.

He advertido a los dueños de los puestos que den la alarma si lo ven.

Los repartidores y mozos también están sobre aviso.

-Voy a denunciar su desaparición a la policía.

-Yo mismo lo haré, pero vamos a esperar un poco,

hay vecinos que no saben nada de la desaparición,

ni sabemos si está con alguno de ellos.

-Me da igual, si al final mi padre aparece,

pues hacemos el ridículo, pero quiero que le busquen.

-Antoñito, lo mejor de todo es que tu padre es un hombre muy querido.

En el mercado estaban muy preocupados,

todo el que sabe que ha desaparecido está pendiente de verlo.

-Lo sé. A todo el mundo que se lo he dicho

se ha ofrecido voluntario para poder buscarle.

-Ten ánimo, aparecerá.

-Ánimo me queda poco, don Felipe,

si incluso Lolita me avisó que mi padre podría perder la cabeza

con tanto dolor. -Seamos optimistas,

para lamentarse siempre hay tiempo.

-He ido a la Plaza del Conde, don Ramón no ha contratado

ningún coche de caballos.

Nos avisarán si le vieran. -¿Puede dar aviso a otros serenos?

-Hecho. Tenemos un sistema para ponernos en contacto entre nosotros.

Todos los serenos sabrán que le estamos buscando.

-Gracias.

-Servando ha hecho lo mismo con los porteros. Lo encontraremos.

-Dios te oiga, Cesáreo, Dios te oiga.

Ya estoy aquí.

¿Qué haces?

He decidido prepararte la comida.

Ah, pero ¿sabes cocinar?

Llevo media vida ocupándome de mí misma,

y, por cierto, no se me da mal. ¿Y qué es?

Lentejas según una receta que encontré en un libro

que tenía Úrsula.

Por cierto, ¿cómo está?

Peor de la tos, espero que el mal no le haya cogido el pecho.

Está convencida de que no lo cuenta.

¿Y tú qué crees?

Que hay que sacarla de allí cuanto antes.

Las lentejas ya están, hay que dejarlas 20 minutos y listo.

¿Nos sentamos? Claro.

Ahora las apartas del fuego y ya me dirás si están ricas.

¿No te quedas?

No, por supuesto que no.

Yo voy a comer a casa.

Todavía no estamos casados

y tú ya no eres cura, no me fío de ti.

Ah, ¿no te fías de mí? ¿Y qué crees que te voy a hacer?

Soy un hombre responsable. ¿No te apetece hacerme nada?

Nada de nada.

¿No te apetece arrancarme la ropa,

tirarme sobre el lecho y besarme?

No me apetece hacer nada de eso, ni por asomo.

Entonces, ¿estoy segura contigo? Completamente.

Pues no sé si me convienes, yo quiero un hombre...

que pierda la cabeza cada vez que me ve.

¡Eh! Que soy una señorita.

Primero me incitas y luego me dices que eres una señorita.

Pues vete acostumbrándote, que es lo que hay.

Me voy, no te olvides de las lentejas.

¿Nos vemos esta tarde en los Jardines del Príncipe?

No voy a poder.

¿Es que tienes algo mejor que hacer que pasear conmigo?

No, nada mejor,... pero tengo una obligación.

Ya te contaré.

Eso espero, que me cuentes.

Y gracias por las lentejas.

-Ánimo, Agustina,...

que don Ramón tiene que aparecer de un momento a otro,

está todo el mundo buscándolo. -En realidad no rezaba por él,

aunque deseo que aparezca como la que más.

-¿Y por quién rezaba?

-Ay, nada.

-Hemos "buscao" hasta debajo de los bordillos y don Ramón se ha sumido.

-No puede ser, si la última vez que le vi apenas se podía mover,

arrastraba los pies.

-Pues muy lejos no puede estar. -Pues yo ya empiezo a temer lo peor.

-Jesús, María y José, no diga usted eso.

-Y más que me duele a mí,...

pero ese hombre es un alma en pena desde que murió su esposa

y eso le hace tener ideas muy tristes.

-Bueno,

vamos a tomarnos las cosas con esperanza.

¿Por qué no se sientan un momento y les sirvo achicoria,

que llevan todo el día de un lado para otro?

-Pues no le digo yo que no.

-A mí también me vendría bien, que tengo el cuerpo cortado.

-Han quedado galletas de las que nos regaló doña Flora,

¿qué mejor momento para coger una? -Ay, miren que soy golosa.

Eso es porque de niña no probé ni un dulce, y ahora me desquito.

-Y usted, ¿cómo es que está a esta hora en el altillo, Carmen?

-Porque don Samuel se ha ido a una reunión con un empresario,

al parecer, un buen amigo de su padre.

Un tal... don Salomón Rifaterra.

-Con ese nombre ya se puede ser importante.

-Y tanto, como que es uno de los mayores potentados de España.

-¿Cómo lo sabe?

-De poner la oreja cuando hablan los señores.

-Pues ojalá sea tan rico como dice y ayude a don Samuel,

que me da a mí que está en las últimas.

-Y usted, Agustina, ¿hoy no tiene labor en la sastrería?

-Le he pedido permiso a doña Susana porque estaba cansada

y no daba ni una costura recta.

-Perdonen, voy a buscar el azúcar, que Casilda se lo llevó anoche

a su cuarto para endulzar una manzanilla.

-Hoy querían detener al maleante ese, al que mató a fray Guillermo.

-Pues vaya buena nueva, Agustina.

-Que todo salga bien es lo que pido,

que si ese malnacido se salva de esta, puede venir a por mí.

-Usted tranquila, que los guripas saben lo que hacen.

-¿Quién quiere azúcar?

-Ay, Carmen, yo ya me he "tomao" mi achicoria sin azúcar.

Y yo me voy, que hasta que no aparezca don Ramón,

yo no voy a dejar de intentarlo.

-Pues la acompaño,

que ese hombre es de lo mejor que hay en Acacias.

¿Se viene usted, Agustina?

-Yo, si me perdonan, me quedo. Que haya suerte.

-Gracias.

(Suena una guitarra española)

-Ole.

(RÍEN)

Vamos. La última.

Mira.

Esta "pa" ti.

-Ahí. -Efectivamente.

(RÍEN)

Anda.

Toma.

Te toca. -Anda que tú también.

-Ay, ay, ay, ay. Ahí la llevamos.

-Te toca.

Date prisa, que no tenemos "to" el día.

-Pon las cartas ahí. -No te guardes ninguna, ¿eh?

Un vaso de vino, por favor.

Que sean dos.

Pero ¿qué haces aquí?

He tenido que quitarme el sombrero en la entrada,

he visto que aquí no se lleva.

Y creo que necesito algún cambio más.

Lucía, por favor. Chist.

No me mires demasiado, que soy una dama.

Telmo,... no pienso quedarme al margen

de lo que vayas a hacer, ¿o es que crees que no me entero de nada?

Puede ser peligroso. Qué emocionante.

Otro. Lucía.

Venga, dime qué hemos venido a hacer aquí.

Lo mejor es que salgas.

El comisario Méndez y sus hombres están fuera.

Uy, esto se pone cada vez mejor.

Ese te está mirando.

Pues bésame o va a querer contratarme.

Vaya, tenemos que hacer esto más a menudo, ¿eh?

Venga, cuéntame.

¿Ves a ese?

El del pañuelo en el cuello. Sí, lo veo.

Se llama Camilo y le llaman el Filo.

Es el hombre que mató a fray Guillermo.

Canalla. Chist, disimula.

Cuando se levante de la partida,

tenemos que hacer que lo detengan.

-¡Tito!

-(TODOS) ¡Tito, Tito, Tito! -Un momento, un momento,

¿a qué aplaudir a Tito, qué ha hecho?

-Él nada, ha sido Íñigo, que ha comprado su contrato.

-Bueno, pues aplaudamos a Íñigo, ¿no?

-Tú aplaude, Rosina, que luego te lo explico.

-¡Vamos, Tito!

-Me van a hacer sonrojarme. -Tito, estamos muy felices

de que haya vuelto.

Nos gustaría que estuviera aquí todo el barrio,

pero está todo el mundo buscando a don Ramón.

-¿Qué don Ramón?

-Ese hombre tan educado al que se le murió la esposa.

-¿Ha desaparecido? -Nadie sabe dónde está.

-Pues hay que ir a buscarle. -Ya lo han denunciado,

la policía se encargan.

-En cuanto podamos hacer algo, nos presentamos todos voluntarios.

-Yo el primero.

-Sí, pero ahora vamos a celebrar que se ha librado de Salvador.

Don Liberto, por favor. -No.

No, Íñigo. Es usted quien debe brindar.

-Por Tito Lazcano.

-Por... -Eh, eh, eh, eh, un momento,

un momento, que faltamos nosotros. -Me alegro de verle.

-Yo también.

-Venga, vamos a brindar

y nos ponemos a la búsqueda de don Ramón, ¿sí?

Por Tito Lazcano, que ha conocido los infiernos,

pero ahora está de vuelta

en el paraíso de de Acacias.

¡Por Tito! -(TODOS) ¡Por Tito!

(Algarabía)

(RÍEN)

-¿Crees que soy imbécil?

Sácate la carta de la manga.

-¿Qué carta?

-Ha "dejao" el dinero sobre la mesa. Ya sabes de quién es.

¡Bárbara!

Bárbara.

Dame una botella de las mías,

no esa agua de fregar que le das a los demás.

Hola, amigo.

Yo no soy tu amigo.

Yo no tengo amigos,...

y menos en un sitio tan poco recomendable como este.

Pues a lo mejor te venía bien.

Pues a lo mejor sí,...

pero hacerme amigo tuyo,...

y no del pánfilo este,

que se ve que no se le ha perdido nada aquí.

Bárbara,...

un vaso "pa" la "madame".

Me llamo Camilo,...

pero me dicen el Filo,... por esta.

¿Con quién tengo el gusto?

Todo el mundo me llama la Pucelana,

ya te puedes imaginar por qué.

-Fabiana, yo es que no sé "ande" más buscar, ¿eh?

-Y "to" por mi culpa. -¿Cómo que su culpa?

-No estando don Antoñito era mi obligación cuidar de don Ramón,

que se lo prometí. Es que yo,...

no sé qué hacía yo "pa" no darme cuenta de que salía.

-Bueno, no busque culpas que nadie las "tie".

Usted estaba faenando, mi suegro se levantó, se vistió y se fue.

-Pero yo tenía que haber "estao" ojo avizor,

o por lo menos echarle la llave a la puerta.

-Ya, bueno, ni que esto fuera la celda de la cárcel Modelo.

No diga insensateces, y sobre "to" que no le oiga mi "marío",

no se le vaya a ocurrir ninguna idea peregrina.

-Tú no me acusas porque eres muy buena, hija, pero bien sabes tú

que lo que le ocurra a don Ramón lo tengo yo sobre mis hombros.

-Vamos a la cocina, que le hago una tila y se le pasan "toas" las penas.

(Llaman a la puerta)

Voy a abrir.

Don Ramón. Pase.

Pase, pase.

Fabiana.

Fabiana, mire quién está aquí.

-Ay, don Ramón, ay, don Ramón.

-No ha dicho nada.

Me lo encontré vagando por el parque.

Voy a avisar a los demás para que dejen de buscar.

-Vaya, vaya, vaya, pero sobre "to" avise a mi Antoñito,

que venga a "toa" prisa. Gracias.

Don Ramón, vaya susto que nos ha "dao". ¿Está usted bien?

-Y dime,...

¿qué os ha traído a ti y a tu amigo el pánfilo por aquí?

Parece un sitio divertido.

No para gente como vosotros.

¿Y qué somos nosotros?

A mí no me la das,... Pucelana,

tú eres una señorita,... y este es un pisaverde.

Si hasta parece que se ha salido de cura.

En el clero no los quieren como él.

Tu amiga no me dice lo que quiere,...

¿me lo vas a decir tú?

Comprar lo que nos han dicho que vendes.

Por fin empezamos a entendernos.

No vendo al que quiere comprar,...

vendo...

al que se lo sabe ganar. Pues yo quiero comprar,

y no estoy en venta. A mí también hay que ganarme.

-Padre.

-Está tomando una sopa.

Por lo menos que coma algo, que si enferma

y pierde fuerza, entonces sí que no sale de su encierro.

-Gracias, Fabiana, podrías prepararle un baño,

yo creo que lo va a necesitar. -Ya estoy calentando el agua.

-Perfecto, avísame cuando esté.

-Cesáreo está esperando.

-Sí, sí, sí.

Gracias, Cesáreo,

gracias por las molestias y por haber ayudado

a encontrar a mi padre.

-No, don Antoñito, no puedo aceptarlo, no.

No busco la recompensa, solo saber que un hombre tan probo

y tan buena persona como don Ramón está bien.

-Bueno, todavía no lo sabemos, pero pronto nos enteraremos

de lo ocurrido. -¿Hay algo más que pueda hacer?

-Avisa a todo el mundo, no vaya a ser que quede alguien buscándolo.

Y gracias de nuevo.

-Si me necesita, ya sabe dónde estoy.

-Venga, don Ramón, otra "cuchará".

No hay sopa más rica en "toa" España que la que prepara la Fabiana.

-¿Ha dicho algo?

-No ha abierto la boca.

-Vaya susto nos ha dado, padre.

-Lo siento.

-Pero ¿por qué se ha ido?

-No aguantaba más sin Trini.

-Ya,

pero nos sigue teniendo a nosotros.

-Tiene alguna magulladura,

y venía un poco "manchao", yo no sé si se ha "peleao" con alguien o qué.

-Bueno, ya nos enteraremos.

-Señorito, el baño ya está "preparao".

-Muy bien, vamos, padre, que usted mismo dice que las cosas

se ven distintas después de un baño de agua caliente.

-"Ramón, que soy tan feliz, que no puedo serlo más".

"Es como que pienso: 'Si soy un poco más feliz,

me explotará el corazón o algo'".

"(RÍEN)".

-"Pues te equivocas, hay una cosa que no tienes,

una cosa que te falta y que llevo mucho tiempo queriéndote regalar".

-Señor, que se le va a enfriar a usted el agua del baño.

-Padre, por favor, no se torture más.

(GRITA DE ALEGRÍA)

-Madre del amor hermoso, Ramón, pero si son...

-Perlas auténticas, escogidas especialmente para ti.

-Ay, Ramón, son preciosas,

son lo más bonito que he visto nunca.

-"Una nimiedad comparado con tu belleza".

-"Calla, zalamero".

Gracias, gracias por cumplir todos mis sueños, eres...

eres mi hombretón y mi todo, Ramón Palacios.

-(LLORANDO) Dios mío.

¿Por qué me la has quitado?

-Vamos, padre. -¿Por qué te has ido, por qué?

¿Por qué?

(LLORA)

Trini.

(RÍE)

Aparenta ser muy malo, pero yo creo que es una hermanita de la caridad.

Si yo te contara.

Pues cuéntame.

¿Qué quieres saber?

¿Has matado a alguien?

No te voy a hablar de eso aquí.

Eso es un sí.

Eso es una invitación a marcharnos tú y yo

a un sitio a solas

y te lo cuento, preciosa.

¿O no te deja tu amigo?

Soy yo la que no quiere.

Ya lo voy entendiendo todo.

Sois un matrimonio en busca de nuevas experiencias, ¿eh?

No te preocupes, pánfilo,...

voy a hacer que tu mujercita lo pase bien.

Suéltala. ¡He dicho que la sueltes!

(GRITA)

(GRITA)

¡Suéltalo, suéltalo! ¡Lucía!

¿Qué?

(Silbatos)

(GRITA)

Soltadme, soltadme.

Nunca me olvido de una cara. (ESCUPE)

Nunca.

Lucía, ¿estás bien? Te quiero, te quiero.

En mi vida he pasado tanto miedo,

pero todo ha sido por una buena causa.

En estos momentos, más que nunca, me gustaría sentir tu afecto.

Me encantaría abrazarte

y cubrirte a besos. "El Filo,"

mi hombre de confianza, está detenido.

Eso es terrible. Y tanto.

Si habla, la policía se nos echará encima.

-Sé que estáis obrando de buena fe, pero ya nadie puede consolar

a un corazón que se ha convertido en cenizas.

Estoy agotado, agotado de sufrir.

Me voy a la cama.

-No podemos hacer nada. No voy a poder salvar a mi padre.

-En el contrato que ha firmado da fe de que Tito Lazcano

ahora trabaja para usted.

-¿Ya no tengo nada que ver con él? -Por supuesto que no,

ahora tiene un contrato con Íñigo, que era lo que quería ¿verdad?

Es la primera vez que se preocupa por mí.

No es tan extraño, no hace tanto fuimos familia,

sería un desalmado si ahora no me interesara por usted,

¿no le parece?

No.

No le creo.

No creo ni una palabra de lo que me dice.

Lamento su desconfianza.

-¿Es que no voy a poder hacer un vestido tranquila?

Susana, si me hiciera este favor, le estaría muy agradecida.

¿Y lo quieres justo para hoy?

¿Dónde piensas ir de estreno? ¿Es que tienes alguna cita?

-"Bueno, basta de chanzas" y no perdamos más el tiempo.

Nos jugamos mucho en ese combate, Tito.

-Uy, a ver si vas a resultar peor jefe que Borrás.

-Entonces, ¿a qué viene lo de contratar un ama de cría?

-Creo que es lo mejor para ambas, para la niña y para usted.

-No, yo no necesito ninguna ayuda.

-Le recuerdo que se trata de mi hermana,

y en estas circunstancias

creo que soy yo quien tiene que tomar este tipo de decisiones.

-Un tal Andrés, bueno,

es uno de los prestamistas que me dejó dinero para liberar a Tito.

Está rondando por aquí.

-¿Y por qué habría de acosarle si no se ha cumplido el primer plazo?

Telmo,... la gente no deja de murmurar.

Muchos piensan que tu moratón es obra de Samuel Alday.

Bah, la verdad se impondrá...

y podremos estar juntos como pareja a los ojos de todos.

Estoy deseando lucirme a tu lado.

No puedo esperar más,... necesito sentir tus labios.

Si el Filo dice la verdad, no cargaré solo con esta culpa.

¿Sería capaz de delatarme?

Por supuesto que sí.

Si esto se hunde, usted no se va a ir de rositas,

los dos estamos detrás de la muerte de fray Guillermo, fue idea suya,

y bastante mala.

-Sé bien que eres un asesino a sueldo

y muy pronto me vas a decir quién te paga.

-Se equivoca de tipo. -Deja ese juego.

Si te portas bien conmigo, te trataré fetén,

saldrás pronto a la calle.

No eres mi objetivo, yo voy detrás del que te paga.

Piénsalo bien, pasarás de ser el sospechoso

a un protegido de la justicia.

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Acacias 38 - Capítulo 943

05 feb 2019

Telmo decide ayudar a Méndez en la detención del Filo. Lolita le pide a Antoñito que interceda con Celia para que acepte a Fulgencia como ama de cría. Ramón desaparece de su casa. Todos le buscan hasta que, finalmente, aparece hecho polvo. Nadie es capaz de consolarlo.

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  1. Raquel

    Propongo a los guionistas que hagan balance de cuantos personajes han dejado la serie asesinados. No se si en esa época era común que la gente se matarán tan fácilmente entre ellos. Y sobretodo me preguntó, pagará algún asesino alguna vez. Los casos quedan siempre inconclusos. Es como ver una serie policíaca donde nunca se coge a nadie.

    07 feb 2019
  2. Dianna

    Que mal lo están haciendo la verdad, aquí todos veíamos la novela pues se ya son diez casas que no la van a ver de nuevo. Cansa Tanta desgracia y que uno de los personajes que daban vida se lo carguen ... Los guionistas mal pero muy mal. Dejo mi comentario por que sinceramente sentí pena de ver la poca creatividad de momento tan bonito lo llenen de desgracia. Si la artista a decidido irse pues hay mil maneras más bonitas de quitarla sin necesidad de esto.

    06 feb 2019
  3. María José

    Creo que los guionistas se han equivocado al quitar a la Trini de la serie,daba mucho juego y alegría ya que de por si la serie es de penas y más penas.A mi me gustaba mucho el personaje

    06 feb 2019
  4. Pilar

    Hola, va bien la serie me gusta, felicitaciones a los guionistas!!

    06 feb 2019
  5. Mabi

    Celia nos ha confesado de soslayo, que dejó morir a Trini, ya que al decirles a Lucía y Telmo que ella sola sabe de lo que ha sido capaz para ser feliz... Lolita al no sentirse aún Señora, no se ha animado a enfrentar a Celia y ponerla en su lugar, además que todavía no se bautizó a Milagros y su papel de madrina, por más que se lo haya prometido a Trini, de seguir así solo quedará en eso, una promesa.... Según los avances, me alegro que Antoñito a pedido de su esposa, ponga en su sitio a Celia y haga valer su rol de hermano mayor y haga lo que crea conveniente para la niña, ojalá así sea. Menos mal que Telmo aún debe estar mentalizado como cura célibe, si no con las insinuaciones de Lucía en la cocina, otro gallo cantaría!!!! y hablando de Lucía que sorpresa al verla llegar al tugurio, si que está enamorada!!!

    06 feb 2019
  6. Alicia

    Menuda tarea le toca a Lolita, cuidar al suegro depresivo, lo que pasa con Celia, confunde un poco, sólo los guionistas saben para donde se va a disparar. Me barrunto que la historia de Telmo y Lucía terminará en tragedia, están dadas todas las condiciones para que así sea. Cuidado con Agustina, la puede ir a visitar a Trini.

    06 feb 2019
  7. Saro

    Qué pena me da de D. Ramón, está totalmente destrozado, fuera de sí (Juanma está haciendo un Ramón fuera de serie). Celia va consiguiendo hacerse con Milagros que era lo que quería desde el principio pero, espero que Lolita (creo que se va dando cuenta) y Antonio, puedan lograr que la niña vuelva con su familia. Telmo ha dejado de ser sacerdote pero, la bondad de su corazón, hace que siga pendiente de Ursula y la forma de sacarla de prisión; aunque tenga que hacer una locura (sin hacer caso de lo que le aconsejó el comisario Méndez). Otro que me da muchísima pena es Tito, pobrecillo, cómo han estado abusando de él, menos mal que Iñigo ha sido tan generoso, que ha podido rescatarlo arriesgándose mucho con el prestamista. Por fin los Alvarez-Hermoso han dado su consentimiento a la relación de Telmo y Lucía y, en esos momentos, las palabras de Celia sobre la felicidad expresaban, de forma velada, lo que ha llegado a hacer ella en busca de la suya. Las escenas de Telmo y Lucía son un alivio a los acontecimientos y tristezas que se están viviendo en Acacias; la llegada de Lucía al garito no sólo ha sorprendido a Telmo, también a mí, nunca pensé que ella pudiera aparecer pero, ha dicho que no quiere quedarse al margen y eso me encantó, porque es una muestra más de su gran amor por Telmo (aunque fuera una Imprudencia).

    06 feb 2019
  8. Tonia

    Yo pienso qe celia no dio la pastilla trini para qe muriera y asi hacerse ella con la niña

    05 feb 2019