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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 942 - ver ahora
Transcripción completa

Le prometí a Trini que cuidaría de la niña si ella faltaba.

Soy su madrina,...

no voy a faltar a una promesa que le he hecho a una amiga.

-Si lo puede hacer rápido, por favor.

-Lo justo es que sea acorde al interés que suscita mi hombre

en usted, y su interés es desmesurado.

Interés desmesurado, cifra sustanciosa.

Prepare su billetera, amigo, quien algo quiere,...

-"Nosotras no podemos alimentarle," amor mío, es que...

lo de buscar un ama también tiene que ser cosa de tu padre.

Es que al fin y al cabo es su hija. -Bueno, tampoco hay prisa.

(Llantos de bebé)

-Yo creo que sí.

-¿Es que no escuchas semejantes berridos?

-No. A la única que escucho es a ti decir sinsentidos.

-Felipe, voy a hacer algo.

-Sí, tranquilizarte e ir para casa. Venga, vámonos.

Celia, vámonos.

-Me he tomado la libertad de...

empeñar un par de enseres suyos en el Monte de Piedad,

pero todavía está a tiempo de revertirlo si lo desea.

Qué tortura no poder abrazarte, no poder consolarte

en estos momentos.

Bueno, al menos ya no llevo alzacuellos,

tendrán que acostumbrarse.

-Quizá sea culpa mía, que no me he explicado

con la suficiente contundencia,...

pero no se preocupe,...

se lo voy a hacer entender de una vez por todas,

a mi manera.

No sospecharán que una mujer se haga un vestido

y Agustina que hilvane mientras charlamos.

Exacto. Y una vez metidas en faena,

debe buscar un momento a solas con ella

y sacarle toda la información posible sobre el hombre al que vio.

Méndez trabajará sobre esa información.

Contad conmigo, os ayudaré en todo lo que pueda.

Parece que la libertad de Úrsula está cada vez más cerca

y todo se va a resolver.

Agustina. Señorita, ¿qué hace aquí?

Precisamente subía hacia su casa a tomarle medidas.

¿Acaso se encuentra mejor?

Sí, estoy bien.

Fingí estar indispuesta para hablar contigo a solas.

¿Conmigo?

Me envía Méndez. ¿Méndez?

Tranquila,...

el comisario ha ideado un método para que, sin ponerte en riesgo,

tú puedas contar todo lo que sabes sobre el asesinato

de fray Guillermo. Yo no sé gran cosa, ya le dije.

Déjame explicarte.

Nadie se enterará de que has declarado.

Tú ahora me cuentas todo lo que sabes con más detalle

y yo se lo hago llegar al comisario sin que tú te expongas.

¿Lo has entendido?

Cualquiera que nos vea pensará que tratamos de algún encargo

y nadie podrá decir que yo he hablado con el comisario.

Eso es, perfecto. ¿A quién viste aquella noche?

Uy.

Uy. Mire cómo tiemblo solo de recordarlo.

Agustina, tienes que sobreponerte,

hay una mujer en la cárcel y creemos que no es culpable.

Yo,... yo iba con prisa porque quería llegar al cinematógrafo

con las demás criadas y entonces...

A las buenas noches.

La iglesia está cerrada y no abre hasta primera hora de mañana.

¿Me ha escuchado?

¿Acaso busca al padre Telmo?

Si le urge,... vive ahí,

junto a la sacristía. -Disculpe,

solo quería entrar a ver el templo.

Vendré mañana mejor.

-No lo olvidaré mientras viva. Aspecto maligno, la cicatriz,...

ese Cristo de oro que no podía estar en peor pecho.

Cuando volvió, lo reconocí de inmediato.

¿Volvió?

Para amenazarme.

-"Habrá sido usted buena chica, ¿verdad?".

No habrá abierto la boca ante el curita ese, ¿no?

Me alegro,...

porque, de lo contrario, ahora tendría que cortarle la garganta

y no me gustaría tener que hacerlo.

O el cuello,... cosa que es aún peor,

y no solo a usted, al curita ese también,

por hacer tantas preguntas. -Yo... yo...

no le he dicho nada de lo que vi aquella noche, lo juro, lo juro.

-¿Qué noche? -La,... la noche

que murió fray Guillermo.

-No sé de qué noche me habla.

Y usted...

tampoco debería saberlo.

(GRITA)

Agustina, serénate.

Él no puede hacerte daño, ni siquiera sabrá

que has testificado contra él.

Cuénteselo...

solo al señor comisario, a nadie más, señorita, solo al comisario.

Se lo suplico, por piedad.

Descuida, ese es el trato. ¿Se lo has contado a alguien más?

Solo a Fabiana.

Ella insistió y...

yo no podía quedarme con ese secreto para mí sola.

No pasa nada, has hecho bien.

Y ahora, vuelve a la sastrería, si te pregunta Susana,

dile que has venido a verme por el nuevo encargo,

así se queda tranquila. Eso haré.

(Sintonía de "Acacias 38")

-No es posible.

Eso es un disparate. -Una barbaridad.

-Pues eso es lo que me ha pedido Salvador Borrás

por cederme a Tito Lazcano, 25 000 pesetas, como 25 000 soles.

-Pues lo siento mucho, Íñigo, de veras.

-Lo que te hemos ofrecido no cubre ni una cuarta parte

de esa cantidad. -Leonor, yo os lo agradezco.

Además, Liberto, yo sé los problemas que le puede plantear

con su esposa el haber dispuesto ese dinero.

-No se preocupe por eso, en parte también lo hacía por Tito.

-Sí. Se lo merece.

-Lo sé.

-Desde luego, es un ser muy inteligente, ese tal Borrás.

-Inteligente y taimado. -Bueno, tampoco hagamos

de él un enemigo invencible.

Sencillamente ha comprendido mi cariño... bueno, nuestro cariño

por Tito y se quiere aprovechar.

-¿Y qué piensas hacer?

-Desde luego, no cejar, Leonor,... seguir intentando recuperar a Tito.

-No, eso ya lo daba por hecho,

me refiero a cómo piensas conseguir el dinero

si es que no hay otra opción.

-No lo sé.

Me devano la cabeza y no se me ocurre nada.

Bueno,...

he pensado en vender la chocolatería.

-¿Qué? No, Íñigo, eso es una locura.

-Íñigo, eso ni lo piense.

-Que sí, que lo sé, lo sé, ya he desestimado esa opción,

pero no he dado con otra. -Todavía.

-Todavía.

-Quédese con las 6000 pesetas. -No, amigo.

Yo se lo agradezco de corazón, se lo he dicho ya,

pero no lo puedo aceptar.

En fin, me... Tengo que ir a trabajar.

-Sí, claro.

Claro, naturalmente, Íñigo.

-Gracias, amor.

-Lamento que no haya servido de nada ese dinero.

-Lo que lamento yo es que Tito siga bajo la férula de ese explotador.

-Arrea, "señá" Fabiana, pero ¿qué le pasa, por qué tanta lágrima?

-"Na", Casilda, ¿qué me va a pasar, hija, qué me va a pasar?

-La "señá" Trini.

-Estaba tan "ilusioná" con la criatura.

Y con lo "echá" "p'alante" que era ella y mira tú,

ahora carne de gusanera.

-No, no, "señá" Fabiana, ella estará en el cielo con los "angelicos".

-No, Casilda,...

el "angélico" se lo ha "dejao" aquí...

y con el "angelico", a "tos" los demás.

Y yo no me hago a la idea de que no va a volver nunca más.

-"Señá" Fabiana, usted va a tener que resignarse.

La vida sigue, aunque,...

aunque nos pese.

-Si ya lo hago, hija, ya lo hago, ya ves tú,

pero cuando creo que voy a sobreponerme, veo a don Ramón

y se me cae el alma a los pies.

-¿Está muy mal el hombre?

-Está más "aplastao" que una estera.

La quería tanto a ella,...

tanto,...

y ahora no sé lo que va a ser de él.

-Uh, pero ¿qué pasa aquí, comadres?

-Nada, que... la "señá" Fabiana, que es...

muy "sentía". -Ya, ya.

Ya, ya, ya, ya. Ya está, ya se me pasa.

¿Y tú qué querías, Lolita?

-"Pos" la Milagritos, que parece que no se acomoda a la leche

de la criada de los Benavente.

-Arrea, pues la Eugenia está criando a su retoño

y hay que ver cómo crece el mocoso.

-Eso no va a ser por la leche entonces.

-Entonces, ¿por qué si no?

-Pues porque se la dan en biberón

y la criatura

tiene que sentir el calor del pecho de la madre.

Eso les pasa

a casi "tos" los recién "nacíos", a los que alimentan con botella.

-¿Y qué es lo que podemos hacer?

Porque servidora es una "ignoranta" en asuntos de partos y de crianzas.

-Pues llamar a un ama de cría que le dé pecho, pecho en condiciones.

-Sí, y pronto, si no irá a más

y puede que hasta rechace el alimento

y hasta enfermar.

Bueno,...

yo misma me encargaré de buscar a una mujer que esté criando

y que dé más leche que las Tierras de Canaán.

Solo faltaba que la criaturita se pusiera enferma por no comer.

-Un momento.

¿Se quieren creer que me ha "parecío" escuchar a la Marcelina

que tiene una paisana en el pueblo que...

que se llama Fulgencia y que está recién "paría"?

-¿Y dónde se la "pue" encontrar?

Es que está en el pueblo.

-"Pos" que venga.

-Tendríamos que pagarle el viaje, porque no es una mujer de posibles.

-Lo pagaremos, que poco problema es el que se arregla con dinero.

Telmo,...

¿tienes un momento?

Claro que sí. ¿Me estabas esperando?

(RÍE)

¿Y eso? Quería hablarte.

¿Vienes de la cárcel?

Sí. Aunque no he podido hablar con ella,

se la han llevado a la enfermería.

Ya me dijiste que la habías visto muy desmejorada.

¿Sabes ya lo que tiene?

Problemas respiratorios. ¿Graves?

No lo sé con certeza, pero creo que además de su enfrío

por las condiciones de la celda, se ha unido

su estado de angustia. Se ahoga de pura ansiedad,

y es que no me extraña. No debería estar encerrada.

Quizá podamos solucionar esto muy pronto.

¿Has podido hablar con Agustina?

Por eso te estaba esperando. Ha sido coser y cantar.

¿De veras? ¿Y te ha visto alguien?

Nadie. La he visto en la escalera de servicio

para que pudiésemos hablar a solas.

¿Y qué te ha dicho la buena de Agustina?

Recuerda perfectamente al hombre que estaba merodeando

la noche que mataron a fray Guillermo.

Podría identificarle.

Sí que podría.

Pero es una gran noticia.

Mañana por la mañana, lo primero que voy a hacer

es hablar con el comisario Méndez.

De considerarlo un testimonio sólido...

Agustina podría darnos toda clase de detalles.

Y Úrsula por fin saldrá de la cárcel.

Eso espero.

Entre los dos podremos cuidar de su salud y hacerle olvidar

todo esto tan amargo.

Muchas gracias por ayudarme en todo esto.

Sin ti... no lo habría conseguido.

Sin ti nada tiene sentido.

Que tienes que comer, que tienes que comer un poco.

Nada, se ha empeñado en no comer y no come.

-Eso es que necesita teta, doña Celia, se lo digo yo.

-Lo que necesita es alimentarse, y ya verás como lo voy a conseguir.

-Pero ya ve que no es tan fácil,

que algunas criaturas necesitan el calor de un pecho,

que lo ha dicho la Fabiana. -Fabiana,

que ni se acuerda de cuando amamantó,

si es que lo hizo. -"Pos" claro que lo hizo,...

que la Fabiana ha "criao" mucho niño.

Dice que lo mejor es contratar un ama de cría

recién "paría", que tenga buena leche "pa" que la cría salga sana

y se ponga gordita.

-Ya, si sé lo que es un ama de cría.

-"Pos" ya tenemos a una. La Fulgencia.

Es paisana de Marcelina.

Tiene leche, y buena, pero habría que traerla del pueblo, eso sí.

-No sé si es buena idea, Lolita.

-¿Y por qué?

-Sería una extraña, ella está acostumbrada a Trini.

-Pero entonces usted también sería una extraña.

-No, Lolita, no, porque a mí me ha visto desde que nació.

Va, no te preocupes, conseguiré que se acostumbre al biberón.

(Llanto de bebé)

Ya.

-Buenos días. -Buenos días.

La niña no quiere biberón, y estamos pensando

en contratar un ama de cría.

-Bueno, yo no he dicho eso en realidad.

-Don Ramón, ¿qué cree usted? -No lo sé.

Y no me deis más problemas, no he pegado ojo en toda la noche.

-Es que, si la niña no mama, que Dios no lo quiera,

puede caer enferma.

-Tomad vosotras las decisiones sobre la niña, así os corresponde.

-Sí, señor.

(Llanto de bebé)

-Ya está, ya, ya.

Que no, ya, ya.

-Haced que se calle, por Dios.

-Ya, ya, ya.

Ya está.

No le aguanta. ¿Te has dado cuenta?

Ni la ha mirado.

Ya, ya, vamos a dormir un ratito.

Ya.

Pase, comisario.

Y gracias por acudir tan pronto a mi aviso.

No dejaba usted duda sobre la urgencia.

Se trata del asesinato de fray Guillermo, imagino.

Sí, así es.

Siéntese. Gracias.

Su idea ha dado resultado.

Lucía ha escuchado la declaración de Agustina sin que nadie más

se haya enterado.

¿Esclarecedora, esa declaración? Satisfactoria.

Agustina se acuerda perfectamente del individuo

que vio la noche del crimen.

¿Podría reconocerlo? Podría,...

pero como ya sabemos sería muy arriesgado si el individuo

ya no está bajo su custodia.

¿Lo ha descrito?

Sí.

De unos 30, una cicatriz en el rostro,

una medalla colgada al pecho, la amenazó con un cuchillo,

por eso ha sido tan reticente en contar lo que sabía.

¿Le dicen algo esos datos? Sí.

La cicatriz y la medalla corresponden a un hampón

llamado Camilo, pero entre las gentes es más conocido como el Filo.

No quiero ni imaginar el motivo de ese apodo.

Ya puede imaginárselo, hábil con el cuchillo, despiadado al utilizarlo.

¿Y podrá localizarlo? Sí.

Aunque también le digo que llevamos tiempo tras él

y nunca le hemos conseguido probar nada, ni un arañazo.

Se cubre las espaldas, pero de encontrarlo, lo presionaremos.

Y Úrsula podrá ser liberada. Eso espero,

tenemos un largo camino por delante.

Primero hablaremos con el Filo, después que Agustina lo identifique.

No podemos hacer eso sin exponerla.

Quizá sí que podamos hacer algo.

¿Sabe leer, la tal Agustina?

-Muy buenas, don Íñigo. ¿Cómo ha amanecido?

-Ya ve usted.

-¿Se sabe algo del Tito? Ya se le echa de menos, ¿eh?

-No se lo imagina usted bien. -Ya.

¿Cree usted que volverá por el barrio?

-Pues no va a ser fácil.

-Pues tampoco creo yo que esté tan "ocupao"

como para no tener un momento de asueto, venir y saludar

a los viejos amigos.

-Tito ahora vive en una casa con otros boxeadores y con su promotor.

-Ya, ya, ya, Salvador Borrás, sí. -El mismo.

Y no les permite salir muy a menudo. -Les quiere bien impacientes

para que en los combates suelten toda su rabia.

-Ya. Con lo buena persona que era Tito, que siempre tenía una sonrisa,

por muy mal que uno estuviera.

Estaría bien contar con él en estos momentos que ha fallecido doña Trini

y está el barrio bien "consternao".

-Razón que lleva,... pero ya ve, no podemos hacer nada.

-Y bien que lo siento, ¿eh?

Bueno, y ahora, con su permiso, tengo faena.

Con Dios.

-Íñigo, tampoco te desesperes, has hecho todo lo que has podido.

-Quizás,...

pero no ha sido suficiente.

-Puede que yo tenga una idea.

-Te lo agradezco, Flora, en mi nombre y en el nombre de Tito,

pero no son ideas lo que nos hace falta, sino dinero.

25 000 pesetas, para ser precisos.

-Ya, ya lo sé, me lo has dicho, y también que Liberto y Leonor

te han ofrecido una parte.

-Insuficiente. Un gesto muy bonito, pero...

tampoco nos saca del apuro.

-¿Y si vendemos La Deliciosa?

-Flora, ¿tú sabes lo que estás diciendo?

La Deliciosa es nuestra forma de vida.

-Ya, y antes nuestra forma de vida era buscarnos la vida

por los caminos. Podríamos volver a hacerlo,

pero ahora con la satisfacción de haber liberado a Tito.

-Flora, yo sé que lo dices de corazón,

y me emociona,...

y sería una solución muy generosa por tu parte,

pero yo no la puedo aceptar.

-Pero tampoco podemos abandonarle.

-Y no lo vamos a hacer.

Precisamente, mientras tengamos La Deliciosa,

con los ingresos que nos proporciona podremos ayudar a Tito,

pero si la vendiéramos,...

quizás Salvador Borrás...

nos hiciese una nueva jugarreta y habríamos perdido la posibilidad

de ayudarle. -Desde luego.

Tenemos que agarrar muy bien el contrato, para que Borrás

no nos la vuelva a jugar.

Pero ¿tú crees que nos darían 25 000 pesetas por La Deliciosa?

-Flora, olvídalo.

Mira, yo a Tito le tengo mucho cariño,

y voy a hacer todo lo posible por aliviarle,

pero por encima de todo, tengo una responsabilidad en este mundo,

y esa responsabilidad se llama Flora,

y no te voy a despojar de lo único que tenemos.

No desesperemos, Flora.

Ya se nos ocurrirá algo.

(Llaman a la puerta)

Ya va.

Ya va. Ya abro.

Vaya, vaya, vaya.

Nuestro amigo Samuel Alday parece asustado.

¿Por qué, señor Alday?

No estoy asustado,... solo sorprendido.

¿Sorprendido? ¿Por verme?

Hemos sido socios, ¿no?

Qué cosa más natural que una reunión de socios,

en mi opinión, vamos. Por eso me sorprendo.

Hablamos como socios, le entregué un dinero como adelanto.

Creí que me concedería usted una prórroga.

Son muchas suposiciones, ¿no?

Si no recuerdo mal,

lo último que le dije tras recibir esa miseria

que usted llama adelanto,

es que le haría entender mi postura, ¿no es así?

Tendrá su dinero. El total.

Soy un hombre de palabra.

Adelante, Filo, adelante.

Siéntete como en tu casa.

¿Qué hace este aquí?

Es un amigo mío,

y según tengo entendido, los amigos de los amigos son amigos,

¿no cree usted eso?

No pienso negociar bajo presión.

(RÍE)

¿Has oído, Filo?

Todavía cree que venimos a negociar.

¿Qué cree usted que podríamos negociar, señor Alday?

Ya le he dicho que conseguiré su dinero.

Oh, vamos, me siento ofendido.

Parece que usted crea que yo solo pienso en el dinero,

y no es así, ¿verdad, Filo?

No, no es solo dinero.

Yo también le ayudé a conquistar a su Lucía.

Ah, y que no se nos olvide, Filo, también, señor Alday,

también le ayudamos quitando

de en medio a ese maldito fraile.

-Fray Guillermo, un hombre manso.

-¿Y qué es lo que ha hecho usted

mientras nosotros trabajábamos a destajo?

Dejarse humillar y abandonar por su Lucía.

¿Cree que es justo, señor Alday?

Nosotros sudando la gota gorda y usted...

¿usted qué?

-También coloqué un cuchillo para implicar a la tal Úrsula.

-También, también. Haces muy bien en recordarlo, Filo,

que no se nos quede nada en el tintero.

¿Lo ha oído, señor Alday?

Faena, faena y más faena.

Nosotros hemos cumplido nuestra parte, ¿es así o no es así?

Se lo dejé bien claro al principio.

Usted pagaría su deuda de una forma o de otra.

Lo haré. Lo haré.

¿Cuántas veces he oído eso, Filo?

-Muchas, jefe. Todas.

-Eso es,...

todas, Alday,... todas,...

pero no lo voy a escuchar ni una vez más.

Quiero el dinero, ya.

El dinero o su vida.

Pagaré, Gimeno, pagaré.

Estoy a punto de recibir una buena cantidad.

Créame, tengo recursos.

Una semana, todo lo que necesito es una semana.

-Pues me ha dicho la Lolita que...

don Ramón está que no da pie con bola,

que el hombre no deja de pensar, de acordarse de doña Trini,

que está que ni siente ni padece, que no dice ni mu.

-Si lo piensas, no te sorprende que al hombre le haya afectado tanto.

Es una bellísima persona,...

y quería a su esposa de todo corazón.

No se merecía lo que le ha pasado.

-Tampoco ella se lo merecía. -Ya,...

pero siempre sufre más el que se queda, Casilda.

El que se va ya no puede sufrir más.

-No estoy yo tan cierta de eso, "señá" Carmen.

Porque dicen que algunos,

después de morir, van a las calderas de Pedro Botero a arder.

-Anda ya. No doña Trini.

-En eso "tie" usted razón, no doña Trini.

(Suena una campanilla)

-¿Me has "mandao" llamar, Casilda?

-"Pa" chasco que sí, hace un buen rato.

-Lo que me ha "costao" librarme de la "pesá" de mi "señá",

que cuando le da el día parlanchín me pone la cabeza

como el bombo de don Nicanor.

¿Qué querías? -Necesito que me des las señas

de tu paisana Fulgencia.

-¿"Pa" dar de mamar a la cría?

-Sí, "pa" chasco que sí, pero sobre "to" "pa" tenerlas,

porque "entoavía" no se han "decidío"

con el tema de la mamandurria. Doña Celia dice que es una "tontá",

que prefiere que críen a la niña con botella.

-Con biberón, la criarán con biberón.

-Como sea, pero que teta no quiere.

Así que "na", tú dámelas, por si se deciden, ir a escape

a avisar a Fulgencia.

Se lo decimos a la "señá" Carmen

o a la "señá" Agustina, que ellas sí entienden de letras.

-Claro, ya te las daré,

que me dieron todas las señas del pueblo en un papel

y lo tengo "metío" en el entrepaño de la maleta.

-Que no se te olvide.

-Quía, si eso es lo peor que tengo, que no se me olvida "na".

-¿Y eso a qué viene?

-A "na".

-Marcelina. Venga, dímelo de una vez.

-Bueno, si insistes, allá va. ¿Se sabe algo del Jacinto?

-Pues sí, Marcelina, sí se sabe. Se ha "marchao" "pal" pueblo.

-Lo que yo me decía.

-Si se ha "marchao" "p'allá" "pa" darle calabazas a la Ovidia,

¿qué "ties" que temer?

-Que la Ovidia sea una lagartona y me lo vuelva a camelar,

que un hombre "tie" que estar siempre a tus faldas, o se pierde.

-Eso no va a pasar, Marcelina.

-O sí, que el Jacinto es tonto de puro bueno y no sabe decir que no.

-No creo que tenga nada que temer, Marcelina, el gesto de ir al pueblo

a decirle a la cara a Ovidia que han terminado,

demuestra lo noble que es Jacinto.

-Lo que digo yo, que mi primo no es de perrerías.

-Si no digo yo que no, que noblote es, tan noblote como bien "plantao".

Y precisamente por eso a la Ovidia le dolerá más el desplante

y "pue" hacerle algún truco. -Sí, el truco del almendruco,

¿no te jeringa, Marcelina?

Que dejes ya de darle vueltas al magín o no vas a descansar nunca.

-Si es que le quiere una tanto. Ay.

No puedo esperar más a que vuelva y me eche su grito

a la luz de la luna.

(SUSPIRA)

-Rosina, ahora vienes a la sastrería que me ha llegado una partida

de tocados que no te lo puedes creer.

Son de Terrassa. -París, como si dijéramos.

-Pues que sepas, guapita, que desde allí surten de tejidos a toda España

y parte del extranjero, sí, incluido París.

Ay, Leonor.

¿Vienes, Rosina?

Hay un sombrerito que lleva tu nombre escrito.

Cuando lo vi dije: "Este sombrerito se lo guardo a mi amiga Rosina".

-Hay que ver, que nos conozcamos hace más de 30 años y que todavía

pretendas venderme tocados a traición tiene delito.

-¿Será posible? Yo lo único que quiero,

como amiga mía que eres, es que luzcas lo más primorosa,

pero si no quieres, nada, no pasa nada, ya me lo quitarán de las manos

y se lo verás puesto a alguna dama de alta...

-Don Ramón, qué alegría.

Precisamente estábamos comentando lo mucho que usted...

Ay, míralo, si parece un alma en pena, ni siente ni padece.

Ni siquiera nos ha visto.

-Pobre hombre,... quería a Trini con locura.

-Y estar sin ella lo va a volver más loco.

-Y mira su indumentaria, si parece un palurdo recién bajado del tren.

-Doña Susana, no diga sandeces, es la pena,

no repara en su vestuario.

-Buenos días, don Ramón.

-Padre.

¿Cómo... cómo se encuentra hoy?

¿Adónde iba, quiere que yo lo acompañe?

A lo mejor no lo recuerda, pero si me deja mirar su agenda,

seguro que había quedado con algún cliente.

-No, no tengo ninguna cita con un cliente, es solo que la niña...

-Iba a la botica, a comprar algo para Milagros.

-No, tampoco es eso, es solo que la niña no para, llora y llora

y llora y llora y...

-Claro, es que es una recién nacida, padre,...

llorar es su oficio,...

pero vamos, vamos para casa que seguro que mi hermanita

ya se ha dormido y usted puede descansar.

-¿Está Íñigo? No le veo desde ayer y me gustaría preguntarle

si ha encontrado alguna solución para liberar a Tito.

-En eso anda. -Doña Flora.

Qué alegría volver a verla. -¡Tito!

-Don Liberto, también es un placer verle a usted.

Aprendí mucho con sus consejos.

-Me alegro mucho de verle, Tito.

-Está más delgado, ¿no? -Puede.

Eso es porque ya no cato sus bollos. (RÍE)

¿No está don Íñigo? Me gustaría verle,

porque me tengo que ir a escape, no nos dejan salir y menos a solas.

-¿Cómo ha conseguido entonces venir?

-Bueno, uno, que no es un orate, y me he escabullido.

No ha sido fácil, pero tenía tantas ganas de volver a verles a ustedes.

-Nosotros también le echamos mucho de menos.

-Ya he escuchado por ahí que sigue ganando combates.

-Bueno, cosillas de poca monta, tampoco es para alardear.

Me gustaría tanto volver a trabajar con don Íñigo.

¿Es verdad que está intentando recuperar mi contrato?

-Verdad, es en lo único que piensa últimamente.

A él también le gustaría mucho volver a trabajar con usted.

-El problema es que es usted un púgil demasiado caro, amigo.

Salvador Borrás pide por usted una cifra de escalofrío.

-Y no podemos pagarlo, Tito,

muy a nuestro pesar, pero no podemos.

-Bueno, no se me amostacen ustedes, que tampoco es para tanto.

Es más, entrar en negocios con Borrás

no les dará más que problemas, y yo no quiero que tengan problemas.

-No, en ningún caso sería su culpa, Tito.

-Bueno, yo me entiendo. Aléjense de Borrás.

Ahora me tengo que ir, que si no me van a pillar

con las manos en la masa. -Espere.

Que se va a llevar esta bandeja de bollos,

a ver si coge algo de carnes.

Era de una clienta, pero ahora le preparo otra.

-Muchas gracias, de verdad.

-Ah, y que sepa que el perrillo está viviendo con una familia fetén,

le cuidan como la niña de sus ojos. -¿En serio?

Mi Orejones, cómo le echo de menos.

Es usted... canela en rama, doña Flora.

-Vuelva cuando quiera. -Bueno,...

será cuando pueda.

-Tito, vaya con Dios.

-Denle muchos recuerdos a don Íñigo.

-Flora, no me dijo dónde se encontraba su hermano.

-No se resigna a abandonar a Tito a su suerte, así que ha ido a reunirse

con los proveedores.

Espera que entre todos le presten una buena cantidad.

-¿Las 25 000 del ala?

-Bueno, si no son las 25 000, un monto para ir negociando plazos.

No se lo he querido decir delante de Tito, ya se imagina por qué.

-La atención a domicilio debe ser algo excepcional,

espero que no se lo tomen como una costumbre.

-La señorita Lucía está encantada, el vestido está quedando

que es un primor.

-¿Verdad que sí? -Ya lo creo.

Pobre chica, le vendría bien sentirse guapa,

después del escándalo de la boda.

-Más pena me da a mí el bueno de Ramón, si lo vieras esta mañana,

madre del verbo divino, parecía un ánima de purgatorio.

-¿Tan mal está? -Peor.

Como alguien no lo remedie pronto, ese hombre no levanta cabeza.

-A las buenas, doña Susana. Agustina, ¿"tie" usted un momento?

-Depende para qué.

-Pues "na", el señorito Antoñito,

que se ha "empeñao" en que sea ella quien almidone sus camisas,

que dice que no hay otra que lo hace como ella.

-Primera noticia.

(RÍE) -Está mal que yo lo diga

delante de usted, doña Susana, pero capricho de señorito.

Bueno, ¿qué, me las almidona o no?

-Que sí, mujer, dame el cesto. Con su permiso, doña Susana,

lo dejo en el chiscón y ahora voy para la sastrería.

-Mejor te espero aquí.

-Ah, señora,

¿podría usted enseñarme, no sé, algunos moqueros?

-Se dice pañuelos, Fabiana, pañuelos.

-Bueno, pues eso, moqueros, es que...

le quiero hacer un regalo a una compañera que hace años.

-Sí, mujer. Ya sabes que mi sastrería

no hace distingos, pagando la mercancía.

Ven a la sastrería y te enseño el surtido que tenemos en pa-ñue-los.

Vamos.

"Estimada Agustina".

"Consciente del peligro que correría usted

de testificar abiertamente,

he preferido entrar en contacto con usted de este... modo".

"El retrato que acompaña a esta nota

es de nuestro sospechoso de asesinar a fray Guillermo".

"Para su... Para no arriesgar su integridad física

estableceremos el siguiente

sistema de comunicación".

"Esta tarde, a la hora del cierre de la sastrería,

yo me apostaré en un lugar

desde donde pueda verla salir a usted".

"Si el individuo del retrato es el que usted...

vio rondando la casa del cura,

saldrá usted sin sombrero".

"Comisario...

Méndez".

-Mire, padre, vengo de una reunión muy provechosa.

He pescado en mis redes, con bastante labia y algo de coba,

debo decir, a un cliente muy prometedor. Mire.

Sí, mejor dejamos de hablar del trabajo porque al final...

al final es un aburrimiento, es...

es dinero, clientes, más dinero, clientes.

¿Por qué no jugamos una partida de ajedrez?

Hace mucho que usted y yo no jugamos, pero a sus espaldas

yo he estado practicando bastante. Creo que le puedo machacar.

Ya verá, antes de que mueva tres peones, le estoy dando jaque.

Yo salgo.

-No tengo ganas de jugar al ajedrez.

-Va a ser muy rápido, ya verá, si le voy a dejar frito.

-No me apetece, hijo.

(Llanto de bebé)

-Ya está otra vez. -Bueno, doña Celia

y Lolita están intentando que se habitúe al biberón.

-Qué bien que esté usted aquí.

Le he llevado a almidonar sus camisas.

-¿Y eso?

-"Pa" que esté usted más guapo y más elegante.

-Gracias.

Fabiana.

Tienes que estar muy pendiente de mi padre.

-Siempre lo estoy, señorito.

-Más, más, esta mañana me lo he encontrado en la calle,

solo, desorientado y... desaliñado.

Tienes que hacer lo posible para que eso no se vuelva a repetir.

-Descuide, don Antoñito.

-Pero ¿es que nadie va a callar a esa niña?

-Enseguida va Fabiana a intentarlo, padre.

-¡Tres mujeres,

tres, en una casa

y ninguna es capaz de hacer callar a una criatura!

-Don Ramón, no se alborote,

al menos hemos "conseguío" que la nena pegue un buche,

-Calla, Lolita. ¡Aquí todos habláis,

habláis y habláis

y esa niña llorando como si la estuvieran despellejando!

-No diga usted eso, señor. -¡Digo lo que me da la gana!

-Padre, ¡ya, ya! Punto, se acabó.

Fabiana, ve a prepararle una tisana, por favor.

Y tú, cariño, no le tengas en cuenta lo que ha dicho.

-Va a peor.

-¿A qué vienen esos gritos? Un poco de contención,

que alteran a la niña.

Con suerte, Agustina reconocerá al asesino del retrato

y se hará justicia.

Entonces, tengo que ir a recabar la identificación de Agustina.

No será necesario.

A Méndez se le ha ocurrido un plan para que nadie se vea expuesto.

Si Agustina reconoce al Filo

como el individuo que rondaba esta casa la noche de autos,

saldrá de la sastrería sin sombrero,

y en el caso contrario, saldrá con sombrero.

Qué ingenioso.

Y seguro.

Seguro sobre todo para Agustina.

Ojalá le reconozca.

Eso significaría que el comisario atrapará a su hombre

y que Úrsula podrá salir de su celda.

Dios lo quiera, y Dios quiera también

que los trámites vayan rápido.

Temo que Úrsula no aguante mucho más el encierro.

Rezaré por ella.

(Llaman a la puerta)

¿Quién podrá ser?

¿No esperabas a nadie?

¿Qué tal, don Felipe? Buenas tardes, don Telmo.

Verá, quería decirle que...

Vaya,

qué sorpresa encontrarte por aquí, ¿verdad, Lucía?

Sí, tratábamos de conseguir la libertad para Úrsula.

El comisario nos ha pedido... No metas al comisario en esto.

Lo que dice Lucía es cierto,...

y también es cierto que no queremos ocultar nada más.

Entre nosotros hay algo más que el mero interés por la justicia.

¿Me está diciendo que mantiene una relación con la prima de mi esposa?

No hemos hablado de una relación como tal,

pero yo...

yo sí querría.

Me gustaría que nos viéramos a solas usted y yo

y tratar el asunto,

con usted y con doña Celia, por supuesto.

No creo que mi esposa tenga tiempo en estos momentos,

pero buscaremos la ocasión.

Le agradecería que fuera cuanto antes.

Verá, don Telmo,...

tanto Celia como yo...

siempre estaremos en deuda con usted por habernos salvado la vida,

pero tengo que dejar claro que no me gusta el camino

que está tomando esta relación. El interés no es solo de Telmo,...

a mí también me gustaría

que usted y Celia nos dieran su bendición.

Lucía,... vais demasiado deprisa.

No me voy a oponer a vuestros encuentros,

pero os encarezco,... le encarezco a usted, don Telmo,

que sean muy cuidadosos en su trato,

que no se dejen ver mucho en público.

Primo, no hacemos nada malo.

Puede ser,...

pero después de tu fallida boda, lo último que necesita nuestra familia

es otro escándalo.

Con Dios.

No van a darnos su bendición.

No adelantes acontecimientos.

Su postura es lógica, no se le puede pedir nada más.

Dime que nos sobrepondremos a cualquier dificultad.

Lo haremos.

-Ha estado aquí Tito, te estaba buscando.

-¿Le ha sucedido algo? -Solo quería advertirnos.

Prefiere que nos mantengamos alejados de Salvador Borrás.

Se ha enterado de que quieres recuperar su contrato,

y dice que no vale la pena.

-¿Cómo estaba? -Más delgado,

aunque tan cariñoso como siempre. Si es que es un sol.

Le he dado una bandeja de bizcochos.

¿Y tú has conseguido convencer a los proveedores?

-Algunos han recibido bien la idea, pero a la hora de soltar el dinero,

nada de nada, Flora.

Sí que es cierto que dos de ellos me dejarían algunos cuartos, pero...

insuficientes a todas luces.

-Ya sabes lo que te he dicho,

vende La Deliciosa.

-Uno de los proveedores me ha dado una idea

que tal vez podría funcionar.

-¿Y a qué esperas para contármela?

-Sé que no te haría mucha gracia, Flora.

-Bueno, tampoco me partiré de risa si te quedas callado.

-Resulta que el proveedor,

cuando las cosas vienen mal dadas,

suele acudir a otro hombre de negocios para pedirle dinero.

-Un prestamista, vamos. -Es lo que nos sacaría del paso.

-Para meternos en otro fregado.

-No, no, no, no, parece ser que el hombre es de fiar

y no demasiado exigente.

-Que no, Íñigo, no.

-Yo tampoco lo quiero hacer,... pero ¿qué otra salida tenemos?

-Piénsatelo muy mucho antes de meterte en ese berenjenal.

-No sé por qué se pone tan irascible con la niña, no lo puedo entender.

-No, ni usted ni nadie. Mi padre

siempre ha sido un hombre ponderado y discreto,

y siempre ha tenido mucho cariño por los niños.

-Yo lo que sé es que no soporta que Milagros llore.

Creo que es porque le recuerda a su madre,

o sea, a Trini.

-No sé qué decirte, en ese caso sentiría más ternura por la niña,

precisamente por eso, porque le recuerda a doña Trini.

-Puede que Lolita tenga razón, de una forma u otra,

consciente o inconscientemente,

culpa a Milagros de la muerte de Trini.

-Perdóneme, pero a mí eso me parece muy exagerado.

-Piénsalo, Antoñito, que doña Trini se puso malita

cuando se quedó "embarazá".

-Que sí, que si estamos aquí es para intentar arrojar algo de luz

sobre todo este asunto, pero no sé,

me parece algo desmesurado.

Una cosa es que a mi padre le agobie y le angustie el llanto, pero de ahí

a que rechace a la criatura...

-Yo lo que sé es que la situación en casa con la niña y tu padre

va a ser muy difícil.

-Mucho.

"To" el día a gritos.

A llantos y a gritos.

-Por eso, no sé qué pensaréis vosotros, pero una buena solución

sería que yo me llevara a Milagros a mi casa.

-No sé, señora, que... que no es un juguete.

Yo pienso que los críos

"ande" mejor están es con su familia.

-No si el padre no lo soporta.

-¿Te parece bien, Antoñito?

-Yo creo que sí, y Milagros podría volver a casa

cuando mi padre ya estuviera más tranquilo.

-Por descontado.

-¿Y don Felipe?

Porque mire que, por pitos o por flautas,

la cría ha "salío" más llorona que los cielos de un mes de abril.

-Felipe estará encantado, de eso ya me encargo yo,

y libres vosotros de la niña,

podréis encargaros de restablecer la salud de tu padre.

-Sea.

-No te arrepentirás, Antoñito,

es lo mejor para todos.

-Gracias.

-No hay por qué darlas,

todos hemos de bregar con esta situación,

y yo soy la madrina de la niña,

la cuidaré de mil amores.

-Un cortado con leche fría, por favor.

-¿Qué está haciendo aquí el maldito guindilla?

-Bien hecho, costurera, así, calladita.

-Ya te tengo, Filo.

No podemos detenerlo, no tenemos ningún motivo por el que hacerlo.

Entonces va a librarse. Espero que no,

espero que algún día cometa un error y podamos encerrarlo en un calabozo,

allí podríamos presionarlo y obligarlo a hablar.

-Una señora me ha dicho que se parece a mí. Qué locura.

-Pues sí, si ha de parecerse a alguien,

será a alguien de los suyos, ¿no?

Mire, usted no puede tratar así a este hombre.

-¡Íñigo!

-Don Íñigo.

-Dinero,

cuesta dinero.

Y tú espabila, que mañana peleas, venga.

Telmo y yo estamos enamorados.

Ese es el motivo principal por el que he abandonado el sacerdocio.

Entienda que tengamos reparos,

no hace tantas semanas que Lucía, tras un viaje a Toledo,

nos dijo algo parecido

de su relación con Samuel, incluso llegaron al altar.

-Es una locura tratar con ellos. -Yo solo te puedo decir una cosa,...

a veces uno debe hacer lo que el corazón le pide

y no lo que le conviene.

-Flora, yo no os quiero decepcionar a ti ni a Leonor.

-A nosotras nunca nos vas a decepcionar.

-¿Su padre no está con usted? -No, yo salí pronto

esta mañana.

-Ha desaparecido. En casa no está.

Dios, qué disgusto tan grande. -¿Y Lolita?

-Tampoco estaba en casa. Don Ramón debería estar en la cama,

pero yo entré en su habitación y no estaba.

-A lo mejor mi padre se ha ido con Lolita.

-Tranquilos, no os preocupéis, no ha podido ir muy lejos.

"Este suplicio"

está a punto de terminar.

La policía sabe quién es el asesino de fray Guillermo.

¿Y a qué esperan para intervenir?

Pero necesitan pruebas para poder encerrarlo.

¿Tienen al culpable, pero no tienen pruebas?

Me está quitando toda esperanza.

No, no, le estoy diciendo la verdad.

Si todo va bien, en un par de días estará fuera de aquí.

Pero... yo no sé si viviré dentro de un par de días.

-Yo entiendo perfectamente los motivos por los cuales

quieres alejar a Tito de Borrás, pero no te vuelvas loco.

Hay otras soluciones, pedir dinero a un usurero no es la única.

-Ya está hecho, Leonor.

Aquí está el contrato de Tito.

Espero que consigamos pagarle el dinero al prestamista.

-¿Puede dar aviso a otros serenos? -Ya lo he hecho,

tenemos un sistema para ponernos en contacto.

Todos los serenos de la ciudad sabrán que le estamos buscando.

-Gracias. -Servando ha hecho lo mismo.

Lo encontraremos.

-Dios te oiga, Cesáreo, Dios te oiga.

¿No te apetece arrancarme la ropa, tirarme sobre el lecho

y besarme?

No me apetece hacer nada de eso, ni por asomo.

¡He dicho que la sueltes!

¡Suéltalo, suéltalo!

¡Lucía!

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Acacias 38 - Capítulo 942

04 feb 2019

Lucía consigue el testimonio de Agustina. Fabiana busca un ama de cría para Milagros, pero Celia se niega a contratar a nadie. La niña perturba a Ramón, que estalla contra ella. Celia convence a Antoñito y a Lolita para llevarse a Milagros a su casa. Samuel y Jimeno Batán hablan de cómo acabaron con Fray Guillermo. Felipe reprende a Lucía y a Telmo por su cercanía.

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  1. Mileidys

    Trini se va a extrañar, q tristeza su muerte,y pobrecito Ramón, espero se pueda levantar de estas..

    12 feb 2019
  2. Mileidys

    No pienso q celia se vuelva mala,aparte ella no mató realmente a Trini eso se sabía q Trini se iba a ir del parque....

    11 feb 2019
  3. crysa

    celia ya lleva dos muertes

    05 feb 2019
  4. Carmen

    Que digo yo que si Leonor tubo que enseñar al boxeador a escribir su nombre como leches ha firmado un contrato? Porque claro puede firmar con una cruz pero una cruz la puede poner cualquiera ...no se les ha ocurrido?...pero claro la cosa es sacar guión de dónde sea...esas inconcruencias y muchas escenas recordando que ya aburre .

    05 feb 2019
  5. Santi

    Cayetana debe volver, es la mejor villana de la serie

    05 feb 2019
  6. Mabi

    Lolita será quien descubra a Celia sus malas intenciones para quedarse con Milagros, ya que Antoñito no tiene idea de la vida, si ella que lo primero que le dijo a Celia que, que mejor que esté con su familia, además como " mete fichas " en contra de Ramón, haciéndole notar a Lolita quw ni siquiera mira a la niña... Esa cara de trastornada no me trae buenos augurios, y espero que no hagan desaparecer a la bebé...

    05 feb 2019