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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 940 - ver ahora
Transcripción completa

Es cierto, son los dos ¡igual de cretinos!

¡Ah!

¡Pero ¿qué hace?!

¡¿Se ha vuelto loco?! ¡Asesino!

¡Ayuda!

¡Asesino despiadado! ¡Sáquenlo de aquí!

Su contrato invalida el nuestro.

-Triquiñuelas de picapleitos.

-Nos son triquiñuelas, es la ley.

-¿Y el dinero que hemos invertido y el tiempo que le hemos dedicado?

-Perdido.

Tú avisaste a Gimeno Batán. De ninguna manera.

Le informaste a cerca de mis planes.

No sé de qué me habla, se lo juro. ¡Cállate!

Eres un cobarde y mereces que te dé un escarmiento.

-Espera, espera.

Trágate la pastilla, Trini. Trágate la pastilla. Así.

Trágatela.

-(RESPIRA CON DIFICULTAD) Sí.

Estoy...

-Es conocida su fama en toda la ciudad.

-¿De implacable dice? -De insensible

Trataba a los caballos de carreras como si fueran máquinas,

y son animales.

-Los negocios son los negocios.

-El mendigo que interrogó Méndez ha aparecido muerto.

-¿Muerto?

¿Quiere decir que... lo han asesinado?

-No sabría decirle, pero supongo que sí.

"Hay que tener a mano la medicación".

Y en caso de crisis

hay que suministrársela inmediatamente.

Esa es la única manera de que la tensión se normalice y baje.

Samuel, no veo con buenos ojos que Lucía vaya al altar

con alguien que no quiere, pero sobre todo,

con alguien que no la quiere a ella.

¿Cómo dice eso? ¿Acaso sabe lo que yo siento?

No voy a obligar a Lucía a casarse con usted si ella no quiere.

-Lo que Tito necesita no son consejos, sino mano dura. Arreando.

-Bueno, supongo que es hora de irse.

Entiendo que te preocupes por tu amiga,

pero tienes una familia. -Cariño, Trini está muy mal.

Ha sufrido una crisis y casi se le cae la niña de los brazos.

No puede cuidar sola a su hija. -Tienen a Fabiana.

-Me necesitan a mí.

-Te recuerdo que tienes un marido y una prima.

Nosotros también te necesitamos.

-Chist.

Pues sí que se nos ha hecho tarde.

Me da que solo quedamos usted y yo despiertas en el altillo.

Seguro que las demás comadres están planchando la oreja en el catre.

-No todas, que de Agustina nada sabemos.

Debe seguir por la sastrería.

-Por cierto,

antes vi a sus señores salir de casa de los Álvarez-Hermoso.

Supongo que fue allí para arreglarse con la señorita Lucía.

Quién sabe, a lo mejor al final sí que hay boda.

-Lo dudo, Casilda.

Y nada sé de la visita que comentas,

pero por lo mohíno que ha estado Samuel,

no creo que se hayan reconciliado.

-Pues sí que están buenos nuestro señores.

Don Liberto y doña Leonor también andan disgustados.

Parece que Tito se va a ir con su antiguo "apoderao".

"Señá" Agustina, ¿está usted bien?

Parece que ha perdido la color.

-¿Le ha pasado algo?

-No, no es nada, simplemente,

estoy agotada de tan larga jornada.

-Pues yo le voy a servir una sopa que resucita a un muerto.

-"Habrá sido usted buena chica, ¿verdad?".

No habrá abierto la boca ante el cureta eso, ¿no?

Espero que no,

porque de lo contrario, ahora tendría que cortarle

la garganta,

y no me gustaría tener que hacerlo.

O el cuello, cosa que es aún peor.

Y no solo a usted, al cureta ese también,...

por hacer tantas preguntas.

-Yo no le he dicho nada de lo que vi aquella noche.

Lo juro, lo juro.

-¿Qué no qué? -La noche que murió

fray Guillermo.

-No sé de qué noche me habla.

Y usted,...

tampoco debería saberlo.

-¡Ah!

(RESPIRA AGITADA)

-Agustina,

despierte, que ya tiene la sopa.

-Te lo agradezco, Casilda,

pero no me quedan fuerzas ni para cenar.

Me caigo de sueño.

(Sintonía de "Acacias 38")

Señor, tiene una visita.

-Celia,... disculpe mi aspecto, no la esperaba tan temprano.

-Pensaba que le vendría bien que viniera

para que pudiera ocuparse de sus gestiones.

-Se lo agradezco mucho, pero temo que abusamos mucho de su bondad.

Su esposo va a terminar por hartarse de nosotros, y con razón.

-Pierda cuidado.

Felipe ya sabe que es...

mi obligación volcarme en el cuidado de Trini y de su hija.

Ayer mismo lo estuvimos hablando.

-Eso habla de lo buenos amigos que han sido con nosotros siempre.

Pero insisto, no hace falta que le deje solo,

hasta la tarde no tengo que visitar a ningún cliente.

-Pues en ese caso, espero que no les importe que les acompañe.

¿Cómo ha pasado la noche Milagros?

-Bien. Las dos han dormido muy bien. Milagros se despertó una vez

reclamando el pecho. -Esta niña es una tragoncilla.

-Perdón que les interrumpa,

pero servidora se preguntaba si podía salir de la casa una miaja

aprovechando que doña Celia está en casa.

-Claro, Fabiana, marcha tranquila, yo me encargo.

Perdón, don Ramón, en mi afán de ayudarles me he sobrepasado.

Es usted quien tiene que darle permiso.

-Descuide, no tiene importancia.

Fabiana, puedes marcharte.

Celia, insisto en que no hace falta que se quede toda la mañana,

yo me encargo.

-Para mí es un placer.

Estoy deseando que se despierten Milagros y Trini

para poder verles la carita.

Mientras tanto sigo con mi labor,

le estoy haciendo unos patucos a la niña.

Hijo, alegra esa cara.

Regentamos una chocolatería, no una funeraria.

-No estoy de humor para chanzas, Flora.

-No hace falta que lo jures.

He estado a punto de cantarte una saeta nada más verte entrar.

No me digas más,

estás así de mohíno por la despedida de anoche de Tito.

He de reconocerte...

que por un suspiro pensé que os liabais a mamporros con Borrás.

-No vas desencaminada, Flora.

Nos quedamos con las ganas. -Os comprendo.

A todos nos solivianto ese hombre, se aprecia que no es de ley.

Al menos estoy solucionando lo del perrillo.

No permitiré que haya otro damnificado por la maldad de Borrás.

-¿Maldad? Peor, Flora.

Aguarda a escuchar lo que he descubierto hoy.

No estoy solo preocupado por lo que sucedió anoche,

estoy más preocupado por lo que he averiguado hoy.

-¿Qué más esconde Borrás?

-Liberto acaba de llegar de la Sociedad Gimnástica

y le han hablado largo y tendido de Salvador Borrás.

-Imagino que no será nada bueno.

-En Valencia, se rumoreaba que en ocasiones drogaba a sus púgiles.

-¿Y por qué iba a hacer eso?

-Pues es fácil de adivinar, para que se muestren más fieros

en los combates.

-Qué barbaridad. Será desalmado.

¿Crees que se lo habrá hecho a Tito? -Esperemos que no.

Igual es un rumor y nadie lo ha podido probar.

-Me temo que la razón es porque se sabe cubrir las espaldas,

no por su inocencia.

-Si hay alguien capaz de poner en juego la salud de sus boxeadores

por lograr más beneficios, ese, sin duda es Salvador.

(Pasos)

Úrsula,... ¿cómo se encuentra hoy?

¿Por qué está tan afligida?

Don Telmo...

no me faltan motivos.

Hoy se ha confirmado mi destino...

y mi condena.

El comisario me ha informado que han encontrado muerto

al mendigo que buscaban.

Solo su testimonio podría salvarme del garrote.

¿Estaba usted al tanto?

¡Oh!

El comisario me lo contó,

creí que era mejor no decirle nada para que no perdiera la esperanza.

No hay ningún motivo para mantenerla.

No queda ya para mí.

Úrsula, tiene que ser fuerte.

Aún no nos han derrotado.

Encontraremos una nueva pista, otra forma de demostrar su inocencia.

Usted y yo sabemos

que eso no es cierto.

Solo me queda resignarme.

Al parecer, Dios quiere que pague por un crimen que no he cometido.

A las buenas.

Me he escapado un suspiro de casa de mis señores

para traerle unas viandas.

Arrea, pues sí que andan ustedes mohínos.

¿Ha "pasao" algo?

Han encontrado el cadáver del mendigo que podría exculparme.

Qué mala fortuna.

Ya podía haber "esperao" una miaja más

"pa" entregar la pelleja. Ay, Úrsula,

parece que le ha "mirao" un tuerto.

Don Telmo, ¿podría dirigir una oración por mi salvación?

Rezar es lo único que me queda. Por supuesto.

(LOS TRES) "Padre nuestro, que estás en los cielos,

santificado sea tu nombre

venga a nosotros tu reino,

hágase tu voluntad, así en la tierra como en el cielo".

"El pan nuestro de cada día dánosle hoy,

y perdona nuestras deudas,

así como nosotros perdonamos a nuestros deudores".

"No nos dejes caer en la tentación,

más líbranos del mal, amén".

Mira, me vienes que ni pintada, Casilda.

Ayúdame a doblar esta sábana. -Sí.

Por cierto, "señá" Carmen, ¿ha visto usted a la "señá" Agustina?

Estoy inquieta por ella.

Anoche se la veía tan "preocupá".

-Mujer, yo creo que estaba cansada.

Esta mañana, cuando se levantó para ir a la sastrería

parecía más animada.

-"Pa" mí que se barrunta algo que la tiene más "pa'lla" que "pa'ca".

Anoche, cuando la hablábamos, estaba como si no se escuchara.

-Las Navidades son fechas muy malas cuando se ha perdido a alguien.

Recordará al coronel.

Ya sabes lo unida que estaba a su señor.

-"Pa" chasco que sí.

Qué mal final que tuvo el hombre.

Es mala suerte que venga la parca el día de tu casamiento.

-Y Agustina, que es muy sentida,

se acordará de él, de la señorita Silvia...

Pero ya verás como cuando pasen las fiestas,

todo vuelve a la normalidad. -Si usted lo dice...

Voy a guardarlas en el armario.

-A las buenas, prima.

-Serán buenas para ti.

¿Has visto a Marcelina? -Nones.

¿Le pasa algo?

-Pues sí, primo, sí le sucede algo.

Se marcha de Acacias.

-¿Se va unos días "pal" pueblo?

-No, primo. Ha encontrado colocación en Zaragoza.

Se marcha para siempre.

Vaya, pues sí que pareces "disgustao".

-Mas que "na",... "sorprendío".

Pensaba que la Marcelina era dichosa en estas calles.

-Pues se ve que no, primo.

Será que la procesión se lleva por dentro.

-Ni me había "percatao".

-La verdad es que es una lástima muy grande que se marche, ¿verdad?

Y más ahora, con el cariño que la había "cogío".

¿Tú no?

-¿Eh?

-Que si le habías cogido cariño a Marcelina.

-Ella sabrá lo que se hace.

-Hay que ver,

"endeluego" que tú no tienes corazón ni "na". Qué poquito seso, hombre.

-Tengo que hacer algo. ¡Me cago en mis muelas!

¿Puedo sentarme a tu lado?

Por supuesto.

Ahora mismo es lo único que podría animarme.

¿Qué ha pasado que te tiene así?

Vengo de visitar a Úrsula.

Me destroza el alma verla presa de forma tan injusta.

Telmo, no desfallezcas,

ella necesita que permanezcas a su lado

y le des fuerzas. Y sé que no vas a claudicar,

porque eres un luchador.

Tus palabras siempre me hacen bien.

Solo tú logras animarme.

¿Acaso ya no tienes ni un atisbo de vergüenza, Lucía?

No te importa provocar un escándalo en plena calle.

Cuide sus palabras.

No consiento que la trate de tal manera.

Como se merece.

Usted no es nadie para exigirme nada.

Esta mujer es mi prometida y está faltándome al respeto

exhibiéndose con otro hombre como una cualquiera.

Cuide sus palabras o se arrepentirá.

¿Me amenaza?

Tan solo le advierto.

Ya debería haberle hecho callar cuando se atrevió a tratarla

con semejante desdén en la ermita.

Déjalo, Telmo.

No vale la pena.

Descansa, mi niña,...

que nada malo va a pasarte.

-Hay que ver, Celi,

qué mano tienes con los niños.

Milagros se duerme antes contigo que conmigo.

-Ya me he dado cuenta.

Tenemos que hablar del bautizo de la niña.

Necesita recibir el santo sacramento cuanto antes.

-Ya lo sé, querida.

No me lo quito de la cabeza.

Me gustaría celebrarlo en...

una ermita a las afueras de la ciudad que fui una vez con Ramón.

-¿En una ermita, dices?

-Está en mitad del campo. Así, después de la ceremonia

podremos cantar, comer y bailar, como se acostumbra

en Cabrahígo.

-Querida, no se trata del bautizo de una campesina,

sino de una señorita de posibles.

Una futura dama.

-¿Me está diciendo que las futuras damas no pueden festejar?

-Sí, pero de otra manera.

El bautizo debería celebrarse en la ciudad.

En unos salones muy elegantes.

Me han hablado de unos en el centro que son un primor.

-Vaya, Celi, parece que lo tienes todo pensado.

-Alguien tenía que hacerlo.

-¿Sabes qué?, estoy un poco fatigada.

Hablamos de esto en otro momento.

-Vale. Descansa.

Yo me encargo.

¿Cómo se encuentra mi amor? -Bien, querido.

Me disponía a descansar si Celia me lo permite.

-Si no te encuentras mal, acudiré a una cita con un cliente

que me requiere con cierta urgencia.

-Ve, querido, no le hagas esperar. Ve sin miedo.

Aprovecharé que Milagros duerme para echar una cabezadita.

-Yo me quedo por si necesitan algo.

-Vale, pues acudiré a esa cita. Vuelvo enseguida, te lo prometo.

-Descansa, Trini. Y avísame si se despierta la niña.

-No.

Si se despierta la niña, me encargo yo de mi hija.

Hombre. Buenas tardes, ¿no?

Dile a tu patrón que si no nos quiere perder como clientes,

que no tarde tanto en enviarnos la harina.

-Don Íñigo, aguarde.

¿Ha visto esto? -Qué es?

-Una lista con los próximos combates de los púgiles de Salvador Borrás.

-Déjame ver.

-Será en los pueblos de los alrededores.

-Pero ¿qué clase de locura es esta, Cesáreo?

Según el anuncio, Tito y los otros boxeadores

van a tener que pelear varios días seguidos sin parar.

-Imagine en qué estado van a terminar después de tanto esfuerzo.

-Este canalla los trata como si fueran bestias de carga.

-Ojalá.

La mayoría de esos animales son tratados por sus amos

con más consideración.

Lamento haberle disgustado, pero consideré que debía saberlo.

-Así es, Cesáreo, te lo agradezco. -Con Dios.

-Con Dios.

Tito.

-Don Íñigo.

-Qué alegría verle. Estaba pensando en usted.

-¿Cómo está? ¿Y su encantadora hermana?

-Bien. Atendiendo en la chocolatería, sin dejar de quejarse

por menudencias, ya sabe. Pero me preocupa más usted, Tito.

Acabo de ver que le han preparado varios combates

para la semana que viene.

-No se inquiete, tan solo son tres.

-¿Le parecen poco, Tito?

No tendrá tiempo de recuperarse.

-En ese caso, tendré que tener cuidado

para que no me golpeen.

Pierda cuidado, que...

saldré con bien.

-No son solo los combates lo que me preocupa,

me ha llegado que su promotor no tiene reparos en darles compuestos,

para que se muestren fieros en los combates.

-Eh...

Ya sé que eso se comenta por ahí,

pero no es mi caso.

Al menos eso creo.

Eh... Debo marcharme.

No deje de dar recuerdos a doña Flora.

-Tito, cuídese. Prométamelo.

Prometido.

Te lo agradezco, Carmen. Puedes retirarte.

Si precisan algo más, estaré en la cocina.

-Me alegro de haber venido a visitarle.

Es obvio que precisa de un amigo.

Cuando entré me pareció verle algo nervioso y agitado.

Le aseguro que no me faltan motivos para estarlo.

He encontrado a Lucía junto a ese malnacido de Telmo en plena calle,

comportándose de forma desvergonzada.

Pero ¿cómo se puede ser tan descarada?

No hace ni una semana estaba junto a mí en el altar dispuesta

a ser mi esposa,... y ahora anda pelando la pava

con ese sinvergüenza a la vista de todos.

Nada gana con la furia.

¿Ha conseguido hablar ya con los Álvarez-Hermoso?

Sí.

Hablé con don Felipe, pero se negó en redondo a mis peticiones.

No está dispuesto a obligar a Lucía a retomar el compromiso.

Ha demostrado no tener palabra.

Pues creo que es lo mejor que le ha podido pasar.

Puede considerarse afortunado.

¿Afortunado dice?

¿Se está burlando de mí? No.

No me malinterprete, pero considérelo de esta forma.

Si Lucía está enamorada de Telmo,

lo mejor que le ha podido pasar es no contraer matrimonio con ella.

Estaba usted destinado a un matrimonio infeliz.

Ese habría sido el menor de mis problemas.

No comprendo.

No haber celebrado la boda

me ha dejado en una posición económica un tanto delicada.

¿Me está diciendo que el amor no fue lo que le empujó a esa unión?

¿Acaso pensaba casarse por interés? Por supuesto que no, Liberto.

Amo a Lucía con todo mi ser.

Pero he de reconocerle

que nuestra unión habría aliviado mis finanzas.

Ya. Pues eso es lo que menos debe preocuparle ahora.

Estoy completamente seguro de que sabrá salir del atolladero.

Quizá...

deba acudir a cierta persona muy poderosa para que me ayude.

Adiós, Casilda. Te agradezco mucho tu amistad.

Y por todo lo que has hecho por una servidora.

-Quía, mujer, no ha sido "na".

Lo que lamento mucho es que tengas que marcharte.

La verdad es que después de todo, voy a echarte mucho de menos.

-No me queda otra.

Tu primo me ha roto el corazón.

Y siempre se ha dicho que la distancia es el olvido.

Fíjate,

hemos estado a punto de ser familia, y dos veces, Casildita.

-Y yo, como tal te considero, Marcelina.

Pero ¿sabes qué pienso?

Si tú hubieras "hablao" con mi primo, no tendrías que marcharte.

-Nones. Entre tu primo y una servidora ya está "to" dicho.

Cuando el amor no prende, no prende.

Y yo...

me voy a morir de pena si no pongo distancia con ese apuesto galán.

-¿Apuesto galán?

A mi primo le han llamado muchas cosas,

pero lo de apuesto galán, creo que jamás.

-¡Yepa ya!

-"Pa" que veas que sí que tengo que irme.

Ando "obsesioná" por él, que hasta oigo su bozarrón por "toas" partes.

-No han sido imaginaciones tuyas. -¿No?

-Yo juraría que ha sido mi primo.

Lo ha "escuchao" "to" Acacias. -¡Marcelina!

¡Marcelina, espera!

¿Se "pue" saber dónde vas? -No te amuela, donde me dé la gana.

¿Pasa algo? -"Pa" chasco que sí.

No vas a ninguna parte si no es conmigo.

Y como yo no me muevo de aquí,

tú tampoco.

-¿Se "pue" saber qué estás diciendo? -Más claro el agua. Que...

Que te quiero como un borrego a una borrega.

-Arrea,

esto sí que es un giro de los acontecimientos.

Bueno, supongo que no vas a sacarle nada más romántico a mi primo.

-Ya está todo dicho. Es mi última palabra.

-Mira que eres bruto, Jacinto,

pero qué le vamos a hacer, hija mía.

-Quita, si nunca me han dicho nada más bonito.

-Pues que pena.

-¿Lo has dicho de corazón?

-(ASIENTE)

-Ay, al final vamos a tener un final la mar de dichoso.

Primo, ¿no vas a decir nada más?

-Ah, claro que sí. ¡Yepa ya!

-Por Dios. Por qué no me estaré calladita, ¿eh?

¿Qué hace aquí, Fabiana?

-¿No lo ve, Agustina?, cosiendo mi camisón.

No "tie" ni una miaja sin remiendo.

-¿No debería estar en casa de sus señores con Trini y la niña?

-Como deber, debería,

pero como Doña Celia anda a "toas" horas en casa

cuidando de mi señora, apenas tengo faena.

Así que me han "dao" permiso "pa" subirme.

-Doña Celia es pan de Dios,

hay que ver cómo se ha volcado en su amiga.

-Al estar menos "atareá", antes he "podío" acudir a ver a la Úrsula.

La pobre, cada vez está más "acongojá".

La muerte de ese mendigo

ha "terminao" de ponerle la soga al cuello.

¿No dice "na", Agustina?

-Poco más puedo decir. Lo siento mucho por ella.

-Ya. Que lo siente usted, no lo dudo.

-¿Acaso le sorprende que me preocupe por su comadre?

-No, le aseguro que no es eso lo que me tiene tan "extrañá".

-No sé a qué se refiere.

Me va a disculpar, pero tengo que coger unas cosas de mi cuarto.

-"Señá" Fabiana, agárrese los machos que se va a quedar "pasmá".

¿A qué no sabe quiénes han "ennovíao"?

-Arrea, Casilda, cómo no me des más pistas,

no va a resultar fácil adivinarlo.

-Mi primo y la Marcelina.

-Pensaba que tu primo andaba "enamoriscao" de otra.

-Y así era, pero al final, la insistencia de la Marcelina

ha "terminao" por dar sus frutos.

-Me alegro por ellos. Pero hay otras cuitas

que ahora mismo me preocupan más.

Cada vez que se habla de Úrsula delante Agustina, pierde la color.

Dirá lo que quiera, pero está bien rara.

-No hace falta que lo jure, Fabiana. Servidora también se ha "percatao".

Anoche, sin ir más lejos,

llegó muy "agitá" de la calle y se fue al catre sin cenar.

Lleva un tiempo que está de los más extraña.

¿"Tie" usted frío, Agustina? ¿Le traigo una mantita?

-No, estoy bien, gracias.

-Estará usted "asustá",

como "toas" nosotras.

Yo misma, viniendo de la casa parroquial,

estaba pensando que por poco no nos hemos cruzado

con el asesino del fraile.

-No digas "tontás".

Ahí se iba a mostrar el asesino, "pa" que tú lo vieras.

-Déjenlo ya.

-Agustina, usted no está buena, le acerco la mantita.

-¿Agustina, qué le pasa?

-Nada, no me pasa nada.

-Pues se la ve a usted descompuesta.

Es que, el fraile me parecía muy buen hombre

y me da pena que nos haya dejado así.

-¿Se sabe algo de ella? De Úrsula, quiero decir.

-No hay noticias. Le he preguntado a uno de los guardias

que todavía deambula por el barrio, y dice que no hay sospechoso,

pero claro, si no hay testigo...

-Usted no se fie nunca de las palabras de un guindilla,

que mienten más que hablan.

Puede que tengan idea de lo que ha "pasao", pero no se lo van a decir.

Y suelen callarse lo de los testigos.

-¿Y eso por qué?

-Porque cuanto menos sepamos la gente,

más desprevenidos nos cogen con sus averiguaciones.

Nunca cuentan lo que saben, nunca.

-No, no, Fabiana tiene razón.

Que la cosa pinta muy mal, pero que muy mal.

Y si no avanzan las pesquisas, van a remover Roma con Santiago.

-Está "uste" "desganá". ¿Le pasa algo?

-No, nada, solo pensaba en Úrsula y su situación.

-Casilda, aquí hay gato "encerrao". Esa mujer nos oculta algo.

(Llantos de bebé)

Pobre criatura.

Trini despierta, la niña está llorando.

-Descuida, ya estoy despierta.

Yo me encargo, ¿de acuerdo?

Ya está, ya la estoy calmando.

-¿Quién lo diría?

Trini, ¿está todo bien? -Ya te he dicho que sí, Celia.

Agustina, ¿qué hace todavía en su cuarto?

-Pensaba que ya se había marchado.

-No, la estaba esperando.

-¿A mí, por qué?

-Sencillo. "Pa" que me diga de una vez por "toas" qué está pasando.

-No la comprendo.

-Yo, sin embargo, juraría que sí lo hace.

Dejémonos de "tontás", Agustina.

Sé que a "uste" le pasa algo de la mayor enjundia.

Desde que murió fray Guillermo,

se comporta de manera extraña, hay algo que nos oculta.

-Qué tontuna.

Lo siento, pero he de marchar a la sastrería.

-Quieta "pará", "uste" no se va a ninguna parte

hasta que no me cuente la "verdá".

-En eso no tardaré ni un suspiro.

Ya la he dicho que no le oculto nada.

-Y yo la repito que no la creo ni palabra.

Agustina,...

¿no se da cuenta que solo trato de ayudarla?

Sé que es "uste" más buena que el arroz con leche.

Me lo ha "demostrao" con creces.

Por eso debe contar todo lo que sepa

de la muerte de Fray Guillermo, porque le está martirizando

y porque la Úrsula está pagando por un crimen que no ha "cometío".

-Ay, Fabiana, que tiene más razón que un santo.

Llevo toda la semana...

angustiada,...

cargando con un secreto que me come las entrañas.

Todo empezó

la noche que mataron al fraile.

-¿Qué fue lo que sucedió?

-Que vi a su asesino.

Desde esa noche, vivo atenazada por el miedo y la culpa.

-Agustina, debe decírselo de inmediato a la policía.

-No puedo,

ese hombre ha amenazado con matarme si abro la boca.

Y no amenaza en vano,

mire lo que le pasó a ese mendigo.

-Agustina,...

comprendo que esté asustada.

Pero no puede permitir que ese mal "nacío" se salga con la suya

y que Úrsula esté pagando por su crimen.

-Si hubiese manera de liberarla sin perder la vida.

Pero el asesino me vigila.

Si me ve hablar con el comisario,

no tardará en cumplir su promesa.

-Quizás haya una solución a su dilema, Agustina.

Podemos hacer justicia sin que corra riesgo su vida.

(Llaman a la puerta)

Adelante.

¿Tiene un momento, prior?

Gracias, hermano.

Qué agradable sorpresa.

Me alegra verle.

No tuve ocasión de felicitarle por la boda.

Aunque me ha llegado...

que la ceremonia no terminó como esperaba.

Daba por hecho,

que después de semejante bochorno,

abandonaría la ciudad para no volver nunca más.

Ya ve que no es así.

Pero le reconozco que la mala cabeza de mi prometida

me ha dolido en el alma.

En el alma y en el bolsillo.

No se equivoca. Por eso he decidido visitarle.

¿Busca...

consuelo espiritual?

No, lo que quiero son respuestas.

¿El padre Telmo ha dejado los votos como parte de su estrategia

para hacerse con el dinero de Lucía

o realmente se ha enamorado de ella?

Mire,

me alegra poder hablar sin tapujos

sobre la herencia de la señorita Alvarado.

Aunque somos rivales,

he de reconocer que siento por usted cierta simpatía.

Se lo agradezco.

No hay de qué.

Por desgracia, las locuras de mi antiguo sacerdote

no forman parte de ningún plan.

Ama con todo su corazón

a esa joven.

Era lo que sospechaba.

Supongo que esa no era la única pregunta que querría hacerme.

¿No va a preguntarme usted también, como el padre Telmo y el comisario

si fui yo quien dio la orden para acabar

con la vida de fray Guillermo?

¿Lo hizo?

Mire, e reconozco que hacía años que deseaba que le llegase su hora

a mi otrora amigo,

pero no, no di orden de atentar contra su vida.

Siempre sospeché que fue usted

el que buscó su perdición.

¿Me equivoco?

Ya veo.

Supongo que esa es la única la respuesta que va a darme.

Nos entendemos bien.

Usted y yo nunca no nos deberíamos haber enfrentado nunca.

¿Se da cuenta de que ambos deseamos lo mismo, la fortuna de Lucía?

Eso nos convierte en rivales. ¿Y por qué no

en socios?

No tiene sentido seguir enfrentados.

Deberíamos unir fuerzas.

¿Va a salir?

-He quedado con Susana.

Queremos comprarle un presente a la niña de Trini.

-Tendrá ganas ya de conocer a la pequeña.

Por supuesto.

Trini no ha tenido consideración, ya debería habérnosla presentado.

-Comprenda que la pobre aún está débil.

-Excusas, la salud no puede ir en contra de las buenas maneras.

En fin, será mejor que no me entretenga.

(Se cierra una puerta)

¿Ahora qué se ha dejado?

-No, me he dejado nada.

¿Desde cuándo has pasado a tratarme de usted?

-Disculpa, pensaba que eras mi madre.

-No sé si tomarlo como un halago. -(SONRÍE)

Necesito hablar contigo urgentemente.

¿Nos podemos sentar? -Claro.

-Hoy me he encontrado con Tito.

-¿Cómo está? -Él insistía en que bien.

-Pero tú no te lo crees, ¿no? -¿Cómo podría hacerlo?

He descubierto que ese canalla de promotor,

droga a sus boxeadores para que se muestren más fieros.

-¿Qué? Ese hombre no tiene corazón.

-Calla, que eso no es lo peor.

Va a someter a Tito a un ritmo infernal de combates,

sin importarle lo que pueda acarrearle tamaño esfuerzo.

-Tendríamos que hacer algo.

-Precisamente por eso vengo a verte.

-¿Por qué? No te comprendo.

-Estoy considerando rescatar a Tito de las garras de ese hombre,

pero no sé cómo hacerlo.

-Ese truhán es hombre muy peligroso.

Pero no podemos quedarnos de brazos cruzados.

Debemos salvar a Tito cueste lo que cueste.

Cuenta conmigo para lo que haga falta.

-Gracias.

(TARAREA)

(Llantos de bebé)

Ya estamos otra vez.

(RESOPLA)

Esta mujer es incapaz de cuidar de su hija.

Trini, haz el favor de calmar a la niña.

Cántale una nana.

# Pajarito que cantas en la laguna,

# no despiertes al niño que está en la cuna.

# Ea, la nana, ea, la nana,

# duérmete lucerito de la mañana.

# A la nanita, nana, mi niña duerme

# con los ojos abiertos como las liebres.

# Ea, la nana,

# ea, la nana,

# duérmete lucerito

# de la mañana. #

Ay.

(Llantos de bebé)

¿Qué hace esta mujer que no calma a la niña?

Trini, ¿no oyes a la niña. ¿Te has quedado sorda o qué?

Ya está mi amor. Ven aquí, ven. Ya.

Ya está, cosita. Ya está.

Ya. Ya está aquí Celia, ya estoy aquí.

(El bebé llora)

No te veo. Voy a abrir un poco.

Trini, es que eres una inútil, todo a oscuras.

(El bebé llora)

Ven aquí, mi niña.

-(SE AHOGA)

-Trini, ¿qué te pasa?

Trini. -(SE AHOGA)

Es la tensión. Las pastillas.

No puedo.

No puedo.

Ya está. Ya está, Trini.

(El bebé llora)

Agustina, deje de temblar como un flan.

-Me gustaría, pero no puedo. Tengo tanto miedo.

-No debería, que no hay nada de sospechoso

en que dos comadres se dirijan a la iglesia.

Fingiremos que vamos juntas a rezar.

Una vez dentro, iré a buscar a don Telmo

para que venga a hablar con usted a salvo de miradas indiscretas.

-Ojalá fuese tan sencillo como lo imagina.

-No te amuela, ¿qué puede fallar? -Mil cosas.

Y todas tienen el mismo final,

que el asesino me haga pagar con la vida mi traición.

-No me sea agorera.

En cuanto hable con el padre Telmo, "to" se habrá solucionado.

Agustina, ¿qué sucede?

Vamos, que a este paso nos van a cerrar la iglesia.

No, no puedo. -¿Qué está diciendo?

¿Qué me está diciendo usted? -Lo lamento.

-Agustina, ¿se puede saber adónde va ahora?

-No me encuentro muy cristiana, Fabiana.

Tendré que hablar con don Telmo en otro momento.

-¿Qué diantres le ha "pasao" a esta mujer ahora?

Trini, amor, ya estoy en casa.

Ya te dije que volvería temprano.

¿Sabes, Trini?, la reunión ha sido un éxito.

No tardé ni un momento en disolver todas sus dudas.

Trini, mi amor, ¿estás bien?

-Ramón. -Celia, ¿qué sucede?

-Trini...

-Trini, Trini.

Trini, Trini.

Trini, escúchame, mi amor. Escúchame, mi amor. Trini.

Trini, te lo ruego, háblame. Trini.

Trini, dime algo.

Trini.

-Es inútil, no hay nada que hacer.

Intenté darle las pastillas,

pero no llegué a tiempo. No podía respirar.

Lo siento.

Lo siento.

-(GRITA DE DOLOR)

¡Trini!

-(GRITA DE DOLOR)

Murió delante de mí,

sin que pudiera hacer nada por evitarlo.

-No quiero oírte decir eso.

-Es la verdad.

Estoy dispuesto a hacer lo que sea

para separar a Tito de ese miserable promotor.

Es un desgraciado sin escrúpulos.

No puedo abandonar a Tito en sus manos.

¿Crees que Lolita es capaz de...

educar a una señorita adecuadamente?

-La educarán sus maestros

y su preceptor.

Lolita le dará el cariño y amor de una madre.

-Le prometí a Trini que cuidaría de la niña si ella faltaba.

Soy su madrina.

No voy a faltar a... una promesa que le he hecho a una amiga.

-"La vida sigue".

-Qué remedio.

Hay que hacer de tripas corazón.

-Amén, Agustina.

Que los pobres no podemos tirarnos en el diván presos de la melancolía

como los ricos.

-Tengo que ver qué le pasa, si tiene hambre, si tiene frío...

-No puedes entrometerte en la vida de nuestros amigos, ¿qué te pasa?

-¿No escuchas semejantes berridos? -No.

A la única que escucho es a ti decir sinsentidos.

(Llantos de bebé)

-Haré algo.

-¿Te has "dao" cuenta que... tu padre está como ido?

En el entierro y en el velatorio parecía una estatua de sal.

Como un muerto en vida.

Antoñito, que no le he echado en cuenta desde que se fue Trini.

-Ya lo has visto, es que está desbordado.

-Pero la nena necesita "cuidaos".

-Lo que le ofrezco yo, creo que es justo, señor.

Cambiar el contrato de Lazcano a mi nombre,

pasar de sus manos a las mías por 1500 pesetas.

Es una oferta generosa.

Más que aceptable para sus intereses.

El testigo que podría arrojar algo de luz

sobre el asesinato de fray Guillermo está...

Sí, muerto. También asesinado.

No hay ningún hilo del que tirar, y Méndez me ha dicho

que los plazos se agotan.

No se puede retrasar mucho más la comparecencia de Úrsula

ante los tribunales.

Tengo la impresión...

de que no me ha entendido bien.

Quizá sea culpa mía

que no me he explicado con la suficiente contundencia.

Pero no se preocupe,

se lo voy a hacer entender de una vez por todas,

a mi manera.

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Acacias 38 - Capítulo 940

31 ene 2019

Las cosas se ponen mal para Úrsula ya que las esperanzas depositadas en el mendigo se han esfumado. Agustina confiesa a Fabiana que vio a un tipo sospechoso que puede ser el asesino de Fray Guillermo, pero no se atreve a contar nada porque está amenazada de muerte.

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  1. Eu

    No me ha gustado la muerte de Trini! Igual que Ramón no se imagina la vida sin Trini... Es difícil imaginar la serie sin su simpatía. Y Celia la ha dejado morir, vaya amiga y amor sincero de amistad....

    06 feb 2019
  2. Cari

    En serio matan a Trini????? Por favoooor. Estan acabando con la serie, me imagino que lo que quieren es acabar con la audiencia.

    06 feb 2019
  3. maribel

    Perdón por el mensaje anterior. Se me han duplicado algunas frases. Lástima de guión. Acacias ha perdido un 90% con tu marcha. Espero sea para que puedas seguir creciendo profesionalmente. Gracias por tu simpatía. Trini ha sido lo mejor de Acacias. Mucho éxito en la vida Anita. Un beso. Maribel

    04 feb 2019
  4. maribel

    Lástima de guión. Acacias ha perdido 90% con tu marcha. Espero tu marcha que tu marcha sea para que puedas seguir creciendo profesionalmente. Gracias por tu simpatía. Trini ha sido lo mejor de Acacias. Mucho éxito en la vida Anita. Un beso. Maribel

    04 feb 2019
  5. Angie

    Quedé muy aburrida con la muerte de Trini, en vez de sacar a Samuel, sacan a una muy buena persona dentro de la serie, me decepcionarón. ¿¿

    04 feb 2019