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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 938 - ver ahora
Transcripción completa

¿Para qué quiere visitarla si ya no es su feligresa?

-Por amistad, supongo.

-Sí, sí, amistad...

Menudo pájaro está hecho el antiguo párroco.

¿Qué tal?

-¡Muy bien, Tito, muy bien!

-Ay...

Me dará pena quitármelo para el combate.

No quiero marcharme.

No quiero que mi ahijado nazca mientras yo esté lejos.

-¿Por qué? -Porque quiero estar segura

de que nace bien.

No quiero que Dios se lleve a dos angelitos en poco tiempo.

"Voy a marcharme"

una larga temporada de Acacias, pero volveré.

Ten. Si vendes esta perla,

podrás vivir varias semanas sin problemas.

Hasta que encuentres otro trabajo.

Cuatro, tres,

dos, uno.

KO.

¿Sabe dónde podemos encontrar a un hombre llamado Tito Lazcano?

-¿A Tito? Claro. Aquí, en La Deliciosa.

La frecuenta mucho.

Lo que pasa es que ahora no está.

-¿Y sabe dónde está? -Está peleando.

En la Sociedad Gimnástica.

Había una velada de boxeo y él participaba.

¿Conocen al señor Lazcano?

-Somos aficionados al boxeo, grandes admiradores suyos.

Hay que sacarte el niño.

-¿Qué? -¿Cómo?

Pero ¿cómo me lo van a sacar? Todavía es pronto.

-No queda otro remedio.

Hay que sacarlo lo antes posible.

Lo va a hacer un cirujano.

-¿Sacarán a mi niño de mi cuerpo con vida?

-Cuanto antes lo hagan,

más posibilidades habrá.

Tal vez ese mendigo viera algo.

Hay que localizarlo. Lo dudo.

Pero si alguien vio algo,

fue él.

Ese...

¡Cesáreo!

¿Adónde se dirige?

-Iba a La Deliciosa a tomar un chocolate.

La noche es larga y fría y eso me entona.

-¿Qué hacía en el 38?

-Nada, he ido a ver al señor Alday

para decirle que ya he realizado el encargo.

-¡Espere!

Acompáñeme.

Quiero hacerles unas preguntas a los dos.

-¿Sucede algo de enjundia?

-¿Le pregunto yo por su trabajo? -No.

-Pues no lo haga usted sobre el mío

y limítese a contestar.

¿Conocen a un mendigo que suele pulular por aquí?

-Mal haría mi trabajo si no estuviera al día de esas... cosas.

Sí, sé quien es ese pollo.

-¿Lo vieron la noche del fallecimiento de fray Guillermo?

-Ha estado pululando por aquí unos días, pero esa noche no lo vi.

-¿Y usted?

¿No dice nada?

¿Vio a ese hombre?

-No sé qué decirle.

Una siempre va con la cabeza en sus cosas

y no soy de fijarme en casi nada. -Conteste.

¿Vio o no vio a ese mendigo? -No.

No. Yo no vi nada.

-Ya.

Si vuelve a ver a ese tipo o escucha algo

sobre dónde encontrarle, dígamelo.

-Cuente con ello.

Siempre dispuesto a colaborar con las fuerzas del orden.

¿Puedo irme?

-Vaya.

Espere. No he terminado con usted.

Es menester que haga memoria

y me diga si vio o escuchó algo esa noche.

¿Con quién se cruzó cuando iba al cinematógrafo?

-Ya le he dicho que yo no vi a nadie.

-¿Está segura?

¿No había ni un vecino? -No.

Ni un alma.

-No puedo creerme que no se topara con nadie.

-La noche era muy fría y...

Y todo el mundo se había recogido pronto.

-¿Ni siquiera estaban los mendigos?

Suelen protegerse en la puerta de la iglesia.

-Le juro por lo más sagrado que no vi a nadie.

-Tenga cuidado con los juramentos en vano.

-He de irme.

Aún tengo tarea pendiente.

-Llevo muchos años en este oficio y sé muy bien

cuándo una persona no me está diciendo la verdad.

-Suélteme, yo...

Yo no le estoy mintiendo.

-No sé qué razones tiene,

pero sepa que si encubre a un asesino,

tendrá graves problemas.

Piense bien lo que va a hacer.

Este no es el licor que sirve habitualmente.

-Es el de las ocasiones especiales, Servando.

-Y el triunfo de Tito

es una de ellas. -Me da reparo

que gasten estos lujos en mi persona.

-Tito, por favor,

si es lo mínimo. Después de cómo ha boxeado...

-Bueno, y qué juego de pies.

No sabía por dónde le caían los golpes.

-Me ha sorprendido

el tiempo que ha aguantado en pie. Ha sido un combate épico.

-Yo no estoy muy contento con mi izquierda.

Más que boxear,

parecía que estaba recogiendo margaritas.

-Pero ¿qué dice, hombre?

Qué manera de dar guantazos a dos manos.

-Los preparadores de la Sociedad Gimnástica se habrán fijado en él.

-No, es que este hombre pasará a la historia del boxeo.

No le quepa duda.

(RÍEN)

-Hombre, Leonor, toma, ven.

Una copa para brindar por la pelea de Tito.

-Ha tenido que ser sonada.

Esta tarde, unos señores me han preguntado por usted

y por dónde era el combate.

-Claro, no es de extrañar.

Los aficionados le están descubriendo

y quieren acudir a las peleas,

así que vamos a brindar

por nuestro boxeador

y por todos los triunfos que le esperan.

-Por Tito -Una copa para Cesáreo.

-Ay...

(RÍEN)

Ahora sí. -Venga.

-Por Tito.

-Buenas noches.

-¡Anda! Este es el señor

que me he encontrado y preguntaba por usted.

-Permítanme que les felicite

por la pelea de Tito.

Me complace que estén celebrando el éxito de mi boxeador.

-Se lo agradezco,

pero se ha liado un poco, ha dicho que Tito es su boxeador.

(RÍEN)

-Lío ninguno,

he dicho justo lo que quería decir. Tito me pertenece.

-Pero ¿usted quién es?

No entiendo nada.

-Soy Salvador Borrás, representante y promotor de boxeo.

Haga el favor,

sírvanos una copa. Quiero unirme a la celebración.

-Si es una broma, no tiene la menor gracia, señor.

-Siento importunarla, pero no es ninguna chanza.

Solo vengo a recuperar lo que es mío.

-¡Un momento, por favor!

¡Le exijo que aclare este embrollo enseguida!

-(RÍE) Lo haré con gusto.

Tito es un idiota al que no se le puede dejar suelto,

pero que tiene un contrato conmigo.

No miento cuando digo que me pertenece.

-Tito, por favor...

¿Es verdad lo que dice?

-Más o menos.

-Pues ahora sí que se ha fastidiado.

-Tendrá que demostrarlo. Las cosas de boquilla no valen.

No...

Vamos, que...

cuando ustedes tengan a bien, no hay ninguna prisa.

Celia, no creo que necesite tantas cosas en el hospital.

-Tendrás que estar presentable para cuando lleguen las visitas.

-Dudo mucho que me encuentre con ánimos para recibir a nadie.

-Eso en las primeras horas,

pero después podremos organizar una reunión con las vecinas.

-Ay...

Señora, ya tiene usted aquí la bata.

Lavada y planchadita.

-Ay. Pero...

Yo creo que sería mejor que me quedase aquí.

Estaría mejor en mi casa.

-Pamplinas, Trini, estás mejor atendida en el hospital.

-No se me amilane, señora.

¿Qué es eso "pa" usted,

que "tie" más arrestos que el caballo del general Espartero?

-No tanto, Fabiana.

Esas ropas me parecen una mortaja. -No diga enormidades, señora.

Todo va a salir de perlas.

-Trini, saca esos pensamientos tan funestos.

Todo va a salir bien.

La cesárea va a ser un éxito

tanto para ti como para el niño.

-Ay...

Celi, deberías irte, ya es tarde.

Lo digo por Lucía, tampoco ha de estar bien.

-Apenas sale de su habitación.

En cuanto terminemos la maleta, iré a verla.

Pero no te preocupes, ya sabe lo que está ocurriendo

y entiende que no pueda estar con ella.

-Señora, ¿va a avisar usted

a don Antoñito y a Lolita? -No quiero chafarles la luna de miel.

-Haces bien,

así cuando regresen te encontrarán con el niño.

-Tampoco voy a decirles nada a María Luisa ni a Víctor.

Al menos hasta que todo esto termine.

-Ay, señora, voy a traerle unos pañuelos,

que seguro que le hacen bien para la clínica.

-Fabiana...

Gracias por todo lo que haces por mí.

-A usted, señor.

-Celi...

Tengo mucho miedo.

Celi, nunca me han operado

y temo no despertarme cuando me duerma.

-No tengas miedo.

Eres una mujer fuerte, sana y joven.

Nada malo puede pasar.

-¿Y si sale mal, Celia?

-¿Y si pasa algo? -Trini...

No pienses en eso.

¿Eh?

Tienes que ser fuerte.

Por ti y por la criatura que vas a traer.

-No sé si voy a tener arrestos suficiente

para salir bien de esta, Celi.

-Los tendrás.

Los tendrás, tranquila.

No podemos rendirnos ahora.

Esta batalla no la vamos a perder.

¿Eh?

-Celia...

Si me pasa algo...

Celia, escúchame.

Si me muero,

necesito que me prometas que vas a ser una madre para mi hijo.

Por favor.

-No tengas ninguna duda de eso.

Menuda cara de bobo se nos quedó

cuando nos dijo que tenía un contrato.

-Nunca me hubiera figurado una sorpresa de semejante calibre.

-¿Admitió que era cierto? -Sí.

Tienen un contrato firmado de por vida.

-Me cuesta creer que Tito pudiera engañaros de esa forma.

-Lo más sorprendente es que no lo hizo a mala fe.

-No, creía que podía asociarse a Íñigo sin que pasara nada.

-Sí.

Ese desgraciado es un buenazo que va por la vida tan despreocupado

como el que va por el pasillo de su casa.

-Sí, pero os ha metido en un buen lío.

¿Ha conseguido ver el contrato?

-Sí. Salvador Borrás me dio una copia,

y a mi entender, todo está en orden.

-Solo falta saber si es legal

que un boxeador se ligue a su promotor de por vida.

Ni que fueran un matrimonio.

-Es evidente que se aprovechan de él.

-De verdad que me indigna que un boxeador

pueda ser de la propiedad de un empresario.

Es volver a los tiempos de los esclavos.

-El problema aquí, Leonor, es que si Tito ha aceptado el trato,

por injusto que sea,

será complicado que lo rompamos.

-Y a mí me da mucho coraje haberme creído que Borrás

era un admirador.

Yo le di las señas para encontrarle.

-Mi amor...

Tú no tienes que preocuparte por nada.

No sabías de qué se trataba.

-De todas formas,

tarde o temprano, darían con él.

-Pero no me gusta cómo le trata.

Le habla como si fuera ganado.

-Me temo que eso es más común de lo que nos imaginamos.

Prometen a un muchacho fama y riqueza,

y cuando firma el contrato, todas las ganancias para el promotor.

-Y si no triunfa, no tiene que pagar.

Es el negocio perfecto.

-Pues, sin duda, ese tal Salvador

tiene ese contrato con varios de sus púgiles.

-Eso explica que tenga que pasearse con dos matones.

Haciendo tantos tejemanejes, no debe sentirse seguro.

-Pues ojalá me equivoque,

pero creo que ya pueden ir despidiéndose de Tito.

-Y eso no es todo.

Ahora Salvador nos reclama

todo el dinero ganado en los últimos combates.

-Dijo que pronto vendría a cobrarlo.

-Íñigo, no suelte un céntimo hasta que no hable con don Felipe.

Él sabrá decirle lo que tiene que hacer

para que Tito no tenga que volver con él.

-Esperemos que don Felipe consiga evitarlo.

-Y si él no lo consigue, no lo consigue nadie.

La verdad es que mejor estaría tomándome unos churros.

-En cuanto puedas comer,

tendrás varias docenas a tu disposición.

-Ay, Ramón...

Si como tantos, voy a engordar. -Mejor.

Que si has pecado de algo siempre, ha sido de flaca.

-Criar a un niño "tie" mucho desgaste, señora.

Mejor andar un poquito entradita en carnes.

-Y, además, podemos contratar un ama de cría.

-No, no, no, no. De ninguna de las maneras.

Seré la única que le dé el pecho.

-Los doctores esperan.

-Es la hora.

Ahora sé lo que sienten los toreros antes del paseíllo.

-No digas eso, mi amor,

que todo va a salir bien, te lo prometo.

-Ramón...

Por favor, no hagas promesas que no puedas cumplir.

-En un tris, la tenemos de vuelta, señora, ya lo verá.

-Además, hoy la ciencia

está muy adelantada, amor mío. Confía en ella.

-Ramón...

En el único en el que puedo confiar es en nuestro Señor.

Estoy en manos de Dios.

-Trini...

Eres mi mayor tesoro.

Mi vida entera.

Te quiero con toda mi alma. -Y yo a ti.

Te quiero como nunca he querido a nadie.

Juntos siempre.

-Siempre, amor mío.

Aquí os espero a los dos

para formar la familia más feliz del universo.

-Lo siento, nos tenemos que ir.

-Todo irá bien, señora, ya lo verá.

-Te quiero mucho, Fabiana.

-Y yo, señora, y yo.

Dios quiera que todo acabe bien.

-¿Qué va a ser de mí si la pierdo, Fabiana?

-Señor, no diga usted eso.

Con los buenos médicos que han buscado,

esto es cosa de poco, ya lo verá.

-No nos engañemos, Fabiana,

que la vida de la madre y del niño corren peligro.

-Pues "pa" eso mejor haberse "esperao" al parto.

-No podíamos hacer tal cosa.

Era la única esperanza que nos quedaba.

Pero ¿y si se tuerce?

¿Y si el médico no es tan bueno como pensamos?

-No, señor.

Dios no va a permitir semejante tragedia.

Su hijo y su esposa

lo necesitan a usted entero y dispuesto.

Pase lo que pase.

-Tienes razón, Fabiana.

Es menester que no me achique.

Se lo debo a ellos.

Fabiana...

Nos queda una larga espera por delante.

Espere un momento.

-¿Qué quiere de mí?

-No se alarme, solo quiero que charlemos un rato.

-No sé de qué, apenas le conozco.

-Sé que anda en negocios con el señor Alday.

-Se equivoca.

Yo solo le he hecho algún que otro recado.

-¿Como apalabrarle el viaje con un cochero

o colocar una pieza de la casa

en el Monte de Piedad?

-¿Cómo es que sabe usted eso?

-Dígame, ¿el señor Alday va a marcharse?

-¿Qué interés tiene en ese asunto?

-Eso no le importa, dígame lo que sabe.

-Poco puedo contarle.

Yo me he limitado a hacer algunos encargos.

Alday nada me cuenta de sus planes.

-Comprendo.

Nadie da nada gratis.

Seguro que anda necesitado de alguna cosa.

No sea estúpido.

Puedo pagarle bien esa información.

-Se lo agradezco, pero no sé qué puedo contarle.

-Ambos sabemos que no es así.

Tome.

Son unos cuantos duros.

No le vendrán mal.

-No, no puedo tomar su dinero.

-Vamos,

déjese de melindres.

No es usted ningún santo.

-Es posible que no, pero...

no puedo contarle nada que valga más allá de un real.

-Me está haciendo perder la paciencia.

-Yo no sé nada.

Me va a contar lo que sabe por las buenas o por las malas.

Usted verá qué es lo que le conviene.

-Le juro que no puedo contarle más de lo que le he dicho.

Le agradezco que nos haya atendido tan pronto.

-Es lo mínimo que puedo hacer por Leonor.

Pero sean breves.

Tengo trabajo y me gustaría ir a buscar a mi esposa al hospital.

-¿Ya han operado a Trini?

-En este momento se debe estar realizando la intervención.

-Dios quiera que salga bien.

-Por favor, tomen asiento.

Y cuéntenme qué asunto les trae por aquí.

-¿Ya ha podido leer la copia del contrato?

-A mi juicio, no incurre ninguna ilegalidad.

-No puede ser, no es justo.

-Pero totalmente legal.

El promotor contaría con buenos abogados.

No han dejado ningún cabo suelto.

-Pero Tito es un pobre hombre. Le están engañando.

-Él firmó unas condiciones.

Es posible que hayan obrado con él a mala fe,

pero debería haberse informado de lo que hacía.

-Entonces, ¿el contrato que tengo con Tito es papel mojado?

-Así es.

Queda totalmente invalidado.

Siempre prevalece el contrato anterior.

-Me hierve la sangre cuando alguien se aprovecha de un pobre infeliz.

¡Las leyes son para mangantes!

-Leonor, de nada sirve perder los nervios.

Y más si se trata de una batalla que no se puede ganar.

-¿Está seguro de que no podemos hacer nada para impedir esto?

-Así es. Tito tendrá que cumplir el acuerdo,

punto por punto y al pie de la letra.

-Pues no nos vamos a quedar de brazos cruzados.

¡No podemos permitir que se esclavice a alguien así!

-Será mejor que dejen este asunto a un lado.

Tienen mucho que perder.

-Don Felipe, le agradezco sus recomendaciones,

pero no nos podemos quedar de brazos cruzados.

-Ese hombre es un facineroso.

Desde la primera vez que le vi me causo una mala impresión.

-En eso le doy la razón.

El tal Salvador Borrás no es trigo limpio.

He hablado con un amigo que ejerce en Valencia,

y me ha dicho que Salvador es un hombre bastante peligroso.

-Yo no tengo miedo de ningún brabucón, venga de donde venga.

-Hace mal.

Salvador Borrás tiene fama

de resolver sus asuntos de forma violenta.

Ha estado metido en asuntos muy turbios.

Incluso se le ha relacionado con algún homicidio.

-Pues sí que nos pinta negro el asunto.

¿Debemos ceder a sus pretensiones?

-Hemos perdido a Tito

y todo el dinero que hemos ganado así, sin más.

-Dejar este asunto a un lado es lo más seguro.

Amparándoos en la ley no vais a conseguir nada.

Y por las malas tenéis todas las de perder.

Ay, "señá" Carmen,

estoy en un ay por la operación de la "señá" Trini.

-Pobre mujer. Esperemos que salgan con bien ella y el niño.

-Pues sí. A ver si vuelve pronto la "señá" Fabiana con buenas nuevas.

-Has de suponer que sí. Ya lo verás.

¿No ves que la señora es fuerte como un roble?

-Como todas las mujeres de Cabrahígo.

Allí se van a la era a parir y a los 10 minutos siguen trillando.

-Has de ver cómo supera este trance y pronto la tenemos en casa,

y con su criatura.

-Eso es lo que todas queremos.

Pero la "señá" Fabiana anda preocupada.

-¿Crees que tiene un mal pálpito?

-"Ende" que la "señá" Trini está mal,

la oigo por las noches pegar muchas vueltas.

-La operación va a ser gorda.

Yo me he encontrado un par de veces con don Ramón,

pero no me ha dicho ni hola.

Vamos, que ni me ha visto.

-¡Prima! ¡Prima!

¿Tienes un momento para hablar conmigo?

Quiero preguntarte por la Marcelina.

-Mira, si se trata de ese asunto, a prisa, que tengo mucha faena.

-Vale.

-Yo os dejo. Los asuntos de familia son privados y tengo que hacer cosas.

Con Dios. -Con Dios.

A ver qué tripa se te ha roto ahora.

-La Marcelina, que ha pasado de estar más áspera que una oveja perdida

a más "revirá" que un carnero viejo.

-Pues no me parece tan raro con las idas y venidas que os traéis.

"Pa" mí que ya no quiere saber nada de este pobre desgraciado.

-¿Y eso por qué será, primo?

-Porque no me ha pegado ni un tortazo.

¿No te parece raro?

Me da lástima lo que pasa, pero no sé cómo decírselo a la Marcelina.

Delante de ella me atoro

y ella es raro que me deje meter baza.

-Primo, lo que tenéis que hacer es sentaros frente a frente y hablar.

-Pero lejos, no sea que se le vaya la mano.

Continúa, prima.

-Que lo tenéis que hacer es eso. Que os sentéis como queráis,

pero que habléis de todo, a las claras.

-No será fácil, pero voy a intentarlo.

-No, intentarlo no. Lo vas a hacer.

Y lo más importante,

vais a dejar de meterme a mí en vuestros asuntos.

¿Estamos?

Porque esta murga me está cansando.

Con Dios, primo.

¿Le apetece un suizo? Están recién hechos.

Gracias. Con el café tengo suficiente.

¿Qué le ocurre? Perdón.

Es que no me acostumbro a verle vestido así.

Hágase a la idea. No volveré a usar el traje talar.

Espero no resultar impertinente.

Es que es algo que me choca.

No, pronto se acostumbrará.

Flora, un segundo.

¿Ha visto hoy a Cesáreo?

Pues no.

Y es raro, porque siempre viene por las mañanas a tomarse un café.

No sé qué ha podido pasarle hoy.

¿Puedo sentarme con usted?

Por supuesto.

Gracias.

Estaba esperando a ver si aparecía el sereno

y tenía novedades sobre el mendigo,

pero esta mañana no está por el barrio.

Pierda cuidado, ya no le necesitamos.

He localizado al mendigo durmiendo la mona en el parque.

Son buenas noticias.

No sé hasta qué punto.

No estaba muy lúcido. Le he citado más tarde en comisaría.

Esperemos que para entonces se le haya pasado la borrachera

y pueda contarnos algo.

No sé si sacaré algo en claro de esa conversación.

Esta mañana le he visto huidizo y poco dispuesto a hablar.

Es como si tuviera miedo a alguien.

¿Cree que le están presionando para que calle?

Es la misma sensación que tengo con la tal Agustina.

Pienso que me ocultan algo.

Tendrá que seguir insistiendo.

Sacaré la verdad de una forma u otra.

No hace falta que me diga cómo hacer mi trabajo.

No, discúlpeme. No era mi intención.

Pero hay una mujer detenida, acusada de un crimen de forma injusta.

La investigación no se ha detenido ni un momento.

No me cabe duda.

Sé que continuará con sus pesquisas y logrará descubrir la verdad.

Si hay alguna evidencia que exculpa a la detenida, la encontraré.

Tranquila.

No se sobresalte, soy yo.

Don Telmo, no esperaba encontrarle aquí.

Estaba deseando verla, Lucía.

Viste de seglar.

Ya ves.

¿Te puedo tutear?

Hay muchas cosas que he de contarte y...

Y creo que es mejor desde la cercanía.

Por mí, encantada. Estoy segura de que será mejor así.

Venga, caminemos un rato.

Estuve en la iglesia.

Ya de seglar.

Me quedé al fondo,

temiendo el momento en que le dieras el sí a Samuel.

Ya viste que eso no sucedió así.

Te negaste a contraer matrimonio con él.

No podía.

¿Por qué no te hiciste ver? No.

No era el momento.

Aunque le vi tratarse así, la rabia me cegó

y quise acallar con mis propias manos a ese malnacido.

Pero te sacaron de la iglesia.

Fue un momento horrible...

el romper nuestro compromiso delante de todo el mundo.

Pero tenía que hacerlo.

Me llena de alegría y esperanza que tuvieras los redaños de hacerlo.

Tenía ante mí una vida...

llena de pena y de oprobio.

Y yo no podía consentir eso.

Estos días, he tratado de verte.

Pero tu familia no me lo ha permitido.

Bueno, trataban de protegerme.

Bueno, y...

¿cómo te sientes?

Pues supongo que feliz

y orgullosa de... lo que me he atrevido a hacer.

Tienes motivos para estarlo. Has sido muy valiente.

Y tú aún no me has contado

a qué se deben estas ropas que vistes.

He renunciado a mis votos.

Nunca más vestiré sotana.

Ahora soy un hombre libre.

A ti también te ha debido costar dar ese paso.

Has roto con tu pasado.

Sí, pero también debía hacerlo.

Estoy seguro que he hecho lo correcto.

Sobre todo ahora que...

me veo reflejado en tus ojos.

Los dos nos hemos enfrentado a nuestros destinos.

Ahora debemos obrar con tiento y no forzar las cosas.

Sí, estoy de acuerdo contigo.

Tenemos asuntos que resolver.

Todavía están todos pendientes de mí

y tú sigues de luto por la muerte de tu maestro.

Tengo que hacer lo posible para sacar a Úrsula de la cárcel.

Es una injusticia lo que ella está sufriendo.

¿Aún crees que no es culpable?

Sí, totalmente. Por eso he de ayudarla.

Descubrir la verdad es la única forma de honrar a mi maestro,

de vengar su muerte.

Estoy deseosa de que todo esto termine

y nada se interponga entre nosotros.

Solo será unos días.

Se me hará larga la espera.

Pero es menester que nos demos un tiempo

para que nuestros espíritus se sosieguen.

Sí.

Es lo más adecuado.

Y luego podremos iniciar una relación libre de obstáculos.

No pensaré en otra cosa que no sea en el futuro que nos espera juntos.

Te aseguro que ese futuro llegará muy pronto.

Fabiana,

ya ha salido del quirófano.

-¿Cómo ha ido, señor?

-Necesitaba un momento estirar las piernas

y me encontré con el doctor que venía de camino

y me lo ha contado todo.

-Vaya usted al grano, que me "tie" en ascuas.

¿Cómo están la madre y el niño?

-¡Bien! Ha salido todo a pedir de boca.

-Gracias, Señor, por escuchar mis plegarias.

-Trini está despertándose,

y el doctor dice que la niña es preciosa.

-Otra señorita Palacios, señor.

Enhorabuena.

-Mi segunda hija.

-Y ¿cuándo vamos a poder verla?

-Dice que el doctor que para eso tendremos que esperar unos minutos.

Enseguida iré a avisar a Celia.

Fabiana, dame un vaso de agua.

Estoy deseando acunarla, señor.

-Tiempo vas a tener para mimar a esa criatura,

porque nos vamos a ir enseguida a casa.

Dios ha sido piadoso con nosotros.

-No podía ser de otra forma, señor.

Doña Trini es más buena que el pan blanco.

-Fabiana,

te agradezco que hayas estado aquí, acompañándome.

Pero te advierto una cosa:

que esa niña va a revolucionar la casa.

-Bueno, no nos va a faltar trabajo a ninguno.

-Bendito sea ese trabajo.

-No hay nada mejor que la alegría que trae un recién nacido a una casa.

-Lo mejor del mundo.

Todavía no tenemos noticias de Trini.

-Este tipo de operaciones puede llevar todo el día.

-Eso si sale todo bien.

-Pobre doña Trini. Con lo ilusionada que estaba con su embarazo.

Ojalá no tenga la misma mala suerte que doña Celia.

-Es admirable que Celia esté allí después de lo que pasó.

-Sin duda, ha reaccionado con mucha entereza.

-Yo no me esperaba otra cosa de ella,

que doña Celia ha sido muy noble.

-Sí, pero recuerda cómo estuvo con el tema de los niños.

-Loquita perdida.

-Pero eso no volverá a suceder.

Ahora es una mujer madura y más estable.

-¿Saben cómo van las investigaciones sobre el asesinato del fraile?

-No, pero el comisario no sale del barrio.

-Yo creo que están mareando la perdiz.

La culpable es Úrsula. Todas sabemos el endriago que es.

A la postre la vida hace justicia siempre con todos.

-Podría ser, pero todos los crímenes tendrían que ser investigados

hasta que no quedara ni una duda.

-Es inocente hasta que se demuestra lo contrario.

-Sí. -Al menos eso dicen.

-Pamplinas.

Esa es tan culpable como Judas.

-Si me disculpan, voy a seguir atendiendo mesas.

Por ahí viene Lucía.

-Me alegro de que haya salido de casa ella sola.

-Ella sola, ni hablar.

La vi hablando con el padre Telmo, don Telmo,

y no parecían estar hablando del tiempo.

-Lo del padre Telmo no tiene nombre.

Me he llevado una decepción.

-Bueno, tú y todas.

-No hace mucho, le comentaba a Celia

el interés que mostraba ese caballero por Lucía.

Y ella lo negó.

-Pues o bien Celia no tiene ojos o te trató de mema,

porque lo de él y esa muchacha está claro.

-Ay, Dios mío...

-Déjenlo ya, que se acerca y nos va a escuchar.

Buenos días. ¿Cómo están las señoras?

-Muy bien, querida. ¿Quieres sentarte?

No, voy a hacer compras.

Celia y Fabiana están en el hospital.

Y tú, ¿cómo te encuentras?

Espero que ya te hayas recuperado de la "no boda".

Estoy bien, gracias. -Ya se ve.

¿Cómo han quedado las cosas con Samuel?

Pues supongo que no muy bien.

La verdad es que debería sentirme culpable por lo que sucedió, pero...

su comportamiento me abrió los ojos con respecto a él.

Tiene toda la razón. Fue imperdonable lo que hizo.

Impropio de cualquier caballero.

-Sin duda perdió los nervios.

Ahora, también os digo que...

sentirse rechazado dentro de la iglesia

no debe ser un plato de buen gusto.

Me van a tener que perdonar, pero he de irme.

Quiero estar en casa antes de que regrese mi prima.

Con Dios.

Carmen. Señorita.

¿Tienes un momento?

Los que usted quiera.

Quería preguntarte por tu señor. ¿Cómo se encuentra?

Pues figúrese, sigue muy afectado.

Pero yo espero que, con el tiempo, pueda recomponerse.

Esa es la mejor cura para estos asuntos:

el tiempo y el olvido.

No creo que llegue a tanto como a olvidarla.

Gracias por informarme.

No hay de qué.

¿Cómo te sientes, gitana mía?

-Bien.

Pero no tengo ninguna gana de jarana.

-¡Hay que ver qué espíritu tiene!

Hasta gasta bromas después de todo lo que ha pasado.

-Estás tan bien que parece que vienes de dar un paseo.

-Pues ha tenido que ser largo, porque estoy agotada.

Ay...

Hola.

-Virgen Santa, es preciosa.

-Es la niña más hermosa del mundo.

-Mira qué manitas tiene, Ramón.

-Mira esa carita.

Se nota que no ha sufrido nada.

-¡Ay, ay, ay!

Es igualita a su madre. Una belleza.

-Su madre tampoco es que sea una belleza.

Y ella, de momento, va por el mismo camino,

que parece un buñuelo arrugado.

-No digas eso. Pobre criatura.

-Celia, si es que así.

Es un buñuelo arrugado, pero el más bonito del mundo.

-No puedo más que darte las gracias.

Me has dado la hija más bonita del mundo.

Es un verdadero milagro.

-Sí que lo es.

Y así se va a llamar.

Milagros. ¿Te gusta?

-Claro que me gusta, mi amor.

Así es como ha venido a este mundo.

-Cógela, Ramón.

-¿Yo?

¿Y si se me cae?

-Que no, eso no va a pasar.

Así. -Así, sí.

-Hola, Milagros. Soy tu padre.

Mira, si parece que se ha reído.

Eso va a ser que le gusto.

-Natural, tiene un padre de lo más apuesto.

¿Puedo cogerla?

-Por supuesto.

Milagros tiene que conocer a su madrina.

Pequeña...

Qué ganas tenía de verle la carita a mi niña.

Tenemos que darle la buena nueva a todo el mundo.

Hay que mandar telegramas a toda la familia.

-Don Ramón, si le parece bien,

yo me encargo de decírselo a todo el barrio.

-Claro que me parece bien.

Y yo voy a Telégrafos, a ponerle un mensaje a sus hermanos.

Adiós, mi amor. -Adiós.

Esta niña va a crecer rodeada de amor.

(SUSURRA) Milagros,

espero ser para ti como una madre.

¿Sabe qué, "señá" Carmen?

Me han comentado que han visto al padre Telmo

tomando café en La Deliciosa vestido de civil.

-No le llames padre, que ya no es cura.

-Ya. Se me va a hacer más raro verle sin sotana...

-¿Qué le habrá empujado a dar ese paso?

Son muy pocos los sacerdotes que renuncian a sus votos.

-Dicen que Lucía puede tener algo que ver en ese asunto.

-Será por eso o por cualquier otra causa.

-Bueno, el uno se sale de cura

y la otra sale corriendo del casamiento.

No sé, estoy segura de que todo está relacionado.

-Las criadas no debemos meternos en los asuntos de los señores.

-Yo no me estoy metiendo en los asuntos de los señores.

"Na" más que digo lo que la gente comenta:

que el padre Telmo bebe los vientos por la señorita Lucía.

-Casilda, solo Dios sabe lo que se cuece en el alma

de cada uno de nosotros.

Los demás no debemos opinar.

-Y su señor, ¿cómo está?

-Está y punto redondo.

-Hay que ver, está usted hoy de lo más esaboría, ¿eh?

No se le puede decir nada, no se le saca nada ni con cucharilla.

Me marcho a por más sábanas.

Sí que le pone usted empeño a la figurita.

-Es que quiero que me quede fetén.

-Pues le está quedando muy propia.

Es como tener delante a Marcelina.

-¿Cómo que Marcelina?

-Es igualita a la muchacha, ¿o es que no es ella?

-No, es la Ovidia, la novia que tengo en el pueblo.

-Será si usted lo dice. Yo es que a esa no la conozco.

Voy a ayudar a su prima.

¿Es la Ovidia...

o la que me está saliendo es Marcelina?

Parece que se va de viaje.

Esa era mi intención.

No se preocupe.

No le robaré mucho tiempo.

Solo quiero charlar con usted un momento.

¿Adónde pensaba ir?

La verdad es que da igual.

Vaya donde vaya, acabaré por encontrarle.

Eso estaría por ver.

Sabía que iba a pretender jugármela.

Pero es usted muy lento

y yo no soy una persona que se deje engañar.

Ni lo intente.

Tengo a dos tipos en la puerta. No llegaría muy lejos.

Acabe con esto de una vez.

No.

No se lo voy a poner tan fácil.

Tiene usted que pagarme, y pronto.

No sé cómo voy a hacerlo.

Lucía me la ha jugado en el último momento.

Ese no es mi problema.

Págueme lo que me debe y haga con su vida lo que le plazca.

No podré conseguir esa suma.

Mi plan ha fracasado.

No estoy aquí para escuchar sus lloriqueos.

Hable con Felipe Álvarez Hermoso. Exíjale que cumpla su compromiso.

El podrá hacer bien poco.

Es usted un pusilánime.

¿Va a dejar que le dejen plantado en altar sin hacer nada?

¡Tiene a la alcance de su mano la mayor fortuna del país

y la deja escapar! ¡No puede permitírselo!

No creo que Felipe ceda

ni aunque le amenace con la vergüenza pública.

Presiónele con lo que sea.

Si es usted un hombre con lo que tiene que tener,

hará que esa gente cumpla su compromiso.

Es la única salida que tiene.

Y es obvio decirlo,

pero no intente usted nada raro.

No puede mover una pestaña sin que yo lo sepa.

Y lo sabe.

Les agradezco que me hayan permitido entrar

a pesar de lo tardío de la hora.

-La ocasión lo merece.

Hay que celebrar el nacimiento de su hija.

-Aunque no tengamos el cuerpo para muchas fiestas.

-Estaba deseando convidarles.

-Por mí, como si tiene a bien el regalarnos un jamón.

-Por mi hija Milagros y por su madre,

que ha tenido más valor que un regimiento de coráceos.

-Por ellas. -Por ellas.

Por cierto, ¿cómo está su esposa, aparte de muy feliz?

-Débil por la operación. Le va a costar un tiempo recuperarse.

-No se apure, doña Trini es fuerte como una mula.

Con perdón, claro.

-La niña tiene que ser preciosa.

-La más bonita que hayan visto nunca.

Eso sí, llora como una condenada.

Hasta las ventanas tiemblan cuando berrea.

-Eso es que tiene sangre de Cabrahígo,

porque doña Trini y la Lolita pegan buenas voces si es menester.

-Estamos deseando que traiga a la madre y a la hija, para conocerla.

-Eso será muy pronto, cuando Trini empiece a ponerse bien.

-Yo me voy a inventar un postre con su nombre: las milagritos.

-Las va a vender usted como rosquillas.

Don Ramón.

Me he enterado de lo ocurrido por Fabiana,

que todo ha salido bien.

-Así es. Gracias a Dios, la niña y la madre están perfectamente.

-Le felicito.

-Muchas gracias, Felipe.

¿No va a darme un abrazo?

-Claro que sí, amigo mío.

-Venga, deme una copa. Vamos a brindar por el retoño.

-Aquí la tiene, don Felipe. -Gracias.

Por la nueva vecina de Acacias.

Para que tenga una vida llena de felicidad y dicha.

-Eso. Y nosotros que la veamos.

-Eso.

(Puerta)

Sé que no es el momento oportuno para hacerle una visita,

pero me trae un asunto de mucha enjundia.

Adelante.

¿Ha logrado sacarle testimonio al mendigo?

Ni lo he conseguido ni lo conseguiré nunca.

Como no se presentaba en comisaría, hemos ido a buscarle.

¿Ha huido?

No. Cuando le hemos encontrado estaba muerto.

No podemos precisar las causas aún.

Pudo haber sido de frío, de hambre o por una borrachera.

Era la única posibilidad que había

de que alguien testificara a favor de Úrsula.

Lo sé, pero ya no podemos hacer nada más.

De algo estoy seguro.

Esa no ha sido una muerte natural.

El asesino de fray Guillermo

ha acabado con la vida del único que podía hablar y denunciarlo.

¿Qué hace? ¿Se ha vuelto loco?

Suélteme. Ha perdido el oremus.

Yo no he matado a fray Guillermo, ya se lo he dicho.

Y tampoco sé nada de la muerte de ese mendigo.

He hecho algunas averiguaciones.

Salvador Borrás ganó mucho dinero explotando animales.

-¿Animales?

-Sí, caballos más concretamente.

Utiliza los mismos métodos con sus púgiles que con sus caballos.

Tú avisaste a Jimeno Batán. Yo no he avisado a nadie.

Tú le informaste acerca de mis planes.

¡No sé de qué me habla! ¡Se lo juro!

¡Cállate!

Eres un cobarde y mereces un escarmiento.

Lo que tiene no es ninguna tontería.

Una de esas crisis podría desembocar en un derrame cerebral,

una complicación del corazón o respiratoria.

-¿Tan grave es?

-Una de esas crisis podría acabar con su vida, así que imagínese.

-Cada uno de asumir sus errores.

Si ha metido usted la pata no es mi culpa.

Pero como gesto de buena voluntad,

aquí tiene, cinco pesetas por las molestias.

¡Trini! -¡Trini!

-¡Cuidado! ¡Ramón, haga algo!

-Sí, sí. Coja usted a la niña. Yo le doy la pastilla.

-Trini.

Trini.

Espera, espera, espera. Trágate la pastilla, Trini.

Trágate la pastilla, así.

Trágate la pastilla.

Acabo de recibir una misiva de Samuel.

¿De Samuel?

Expresa sus deseos sinceros de hacer las paces.

Y ¿qué piensa, Lucía?

Temo que Samuel convenza a Felipe para que me obligue a casarme.

Espero que Felipe no se deje llevar por ese hombre.

Pero no podemos descartarlo. Podría ocurrir.

¡Y yo qué sé, Fabiana!

-Esa es la cosa, que no sé lo que usted sabe.

Pero algo sabe.

Y sea lo que sea, se lo debería de contar a Méndez.

-¿De qué habla?

-Hablo de que hay una inocente en el penal.

Úrsula no ha hecho nada, y no es justo que la tengan ahí

por un crimen que no ha cometido.

Confío en que usted haga lo que corresponde

y cumpla con su obligación.

Lucía y yo hemos de reanudar el compromiso de boda

según lo acordado.

Quedó pendiente, y lo que es de Dios es de Dios.

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Acacias 38 - Capítulo 938

29 ene 2019

Agustina y Cesáreo son interrogados por Méndez respecto al mendigo; la criada responde con evasivas y Méndez sospecha que oculta algo. Parece que el comisario ha encontrado al testigo, pero está muerto.

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  1. Isabel

    cómo se muera Trini dejo de ver acacias ,

    31 ene 2019
  2. Maribel

    Ayer, sobre todo, el nacimiento de Milagros y el reencuentro de Telmo y Lucía, atrajeron a 908.000 espectadores y una cuota de pantalla de 8,2%. ¡Enhorabuena Equipo!

    30 ene 2019
  3. Mabi

    Bienvenida Milagro a Acacias!!!! Solo espero un MILAGRO en la trama y dejen a ésta niñita crecer con su madre, ya que estoy de acuerdo con Saro en que la actitud de Celia es un tanto sospechosa... En cuanto a los " Spoilers" estimada Pepa, no somos culpables los que aquí comentamos, ya que en sintonía con lo expresado por Marilu, solo nos limitamos a expresarnos por lo visto en el capítulo y comentar lo que nos parecería pueda pasar en la trama, según los avances del próximo, además todo lo vertido aquí surge de nuestros deseos de que una u otra trama se desarrolle según nuestros gustos ya que no hacemos el guión ni tenemos idea de lo que pueda acontecer, por otro lado si se mira el capítulo completo con avances y todo, tu también puedes comentarlo, ahora si no lo ves y sólo te guías por los comentarios... encontrarás Spoilers siempre...

    30 ene 2019
  4. Angie

    Por favor saque a Samuel Alday por un tiempo, su malda aburre!!!!! Y que acacias quede tranquilo por un tiempo, que mas tragedias tendrán en mente los guionistas, no pueden pasar mas de dos episodios tranquilos. Por favor repito saquen a Samuel por un rato.

    29 ene 2019
  5. Marilu

    No se a que denominan exactamente SPOILER en España, pero si la comentarista que me antecede se refiere a lo que algunos IMAGINAMOS que va a suceder, y lo expresamos en este sitio, es solo eso, deseos de que las cosas ocurran de determinada manera, intuición o imaginación que igualmente, los guionistas se encargan de contradecir y contrahacer lo que pensamos..- SI seguimos esa idea no deberían existir los adelantos del próximo capítulo, que MUCHAS veces son engañosos-- Y ya que estoy, EXPRESO el ferviente deseo que Lucia no se deje avasallar por Felipe y/o Samuel

    29 ene 2019
  6. Lidia

    Ayyyy q asco le tengo a Samuel!!!! Y quien no quiera spoilers q mire el capítulo y luego lea los comentarios. Que para eso están, para comentar sobre lo wue hemos visto!!!

    29 ene 2019
  7. Pepita

    Por favor, no hagáis spoiler en los comentarios...

    29 ene 2019
  8. Saro

    Otro buen capítulo. El comisario Méndez intuye que Agustina le miente, a ver cuando esta mujer va a decir la verdad. Conversación de Trini y Celia ... me preocupa la actitud de Celia: "esta batalla no la vamos a perder" y Trini pidiéndole: "si me pasa algo, si me muero, necesito que me prometas que vas a ser una madre para mi hijo". Preciosas las escenas vividas en el hospital antes de la operación y después, sobre todo ver a Ramón emocionado. Mientras Trini con la bebé en brazos contemplaba a su "buñuelito arrugado", no me gustaron las miradas de Celia ni el lenguaje de su cuerpo; espero que no vuelvan sus historias del pasado pero, me temo algo raro de ella. Por fin el encuentro de Telmo y Lucía, tienen un diálogo precioso y, entre otras cosas, ella dice: "no pensaré en otra cosa que no sea en el futuro que nos espera juntos" y Telmo contesta: "te aseguro que ese futuro llegará muy pronto"; solo espero que esas palabras lleguen a hacerse realidad y que los guionistas no los separen porque forman una preciosa pareja enamorada y merecen ser felices. Me resultó horrible ver a Rosina asomar detrás, estaba fuera de lugar, aunque ella sea muy cotilla.

    29 ene 2019
  9. Betty

    Muy sádicos los guionistas, otro mal momento en este culebrón ( me refiero a lo de Trini ) ¿ era necesario ? ; y sigue con las suyas el engendro de Samuel, cuya maldad resurgió como el Ave Fénix luego de un lapso de llanto y cobardía.- Ya estoy HARTA, Buena Suerte

    29 ene 2019