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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 935 - ver ahora
Transcripción completa

Voy a abandonar el sacerdocio.

¿Por qué quiere hacer tal cosa?

Porque estoy enamorado de Lucía Alvarado.

-Me encontré en el portal con Felipe.

-¿Qué te ha dicho, Celia está bien?

-Felipe está muy afectado con todo este asunto.

-Ay, Dios mío, me culpan a mí, nunca me lo perdonarán.

Supongo que ya no hay vuelta atrás y pronto me convertiré

en la esposa de Samuel Alday.

Supongo que así es.

¿Y no va a decir nada más al respecto?

Ha de ser usted quien guíe sus propios pasos,

usted es responsable de las decisiones que tome en la vida,

que para algo es suya y solo suya.

Entiendo.

Yo ya no soy un asunto que resolver, ¿no es así?

-"Traigo una nota 'pa' usted".

Me la ha "dao" la señorita Lucía en mano para que se la entregue

a usted, que me la he "encontrao". -¿Lucía?

-Sí, venía camino de aquí para dársela a usted,

creo que es de doña Celia.

¿Y bien? ¿Qué dice, señora?

-Es Celia.

Que dice que se encuentra mejor, que puedo ir esta tarde a visitarla.

-Anda, ¿y ese tipejo?

¿Será de los Juncos? ¿En qué lío

se habrá metido Tito ahora?

Ahí viene, ahí viene.

Buenas tardes.

Supongo que está buscando usted a don Tito Lazcano, ¿verdad?

¿Ha pasado algo?

-"¿Puedes dejarnos a solas, Fabiana?".

-Celia,...

-¿No me vas a dar un beso después de tantos días?

-Tenía tantas ganas de abrazarte.

¿Qué han encontrado?

Es el arma homicida,...

una navaja manchada de sangre.

¿Qué?

Estaba bajo una baldosa, en la habitación de su criada.

Detengan a Úrsula.

Yo jamás haría daño a fray Guillermo.

Suéltenla. Ella es inocente.

¡Están cometiendo un error!

Créanme.

Padre Telmo, soy inocente. Por favor, no, soy inocente.

Padre. Padre.

Padre.

Úrsula. ¿Cómo está?

Mucho mejor ahora que le veo.

Tenía que hablar con usted.

Tengo que explicarle que yo no tengo nada que ver,

yo no he matado a fray Guillermo.

¿Acaso no me cree? Tiene que hacerlo, padre.

Yo...

Yo no entiendo cómo la policía puede acusarme

de tan abyecto crimen.

Úrsula,...

era la única que tenía acceso a la casa,

y el arma homicida lo encontraron entre sus cosas.

Sí,... pero yo no entiendo cómo la navaja llegó allí.

Alguien tuvo que ponerla a propósito para incriminarme,

no puede haber otra explicación, se lo juro.

Padre,...

hay algo...

que puede demostrar, sin lugar a dudas,

que soy inocente.

¿El qué?

El amor que le profeso.

No encontrará mejor prueba.

Le quiero como un hijo.

Sería incapaz de hacerle daño a usted

ni a nadie a quien usted estime.

¿Me cree?

Sí,... claro que sí.

Gracias.

Pero, Úrsula,...

hay una pregunta que me corroe.

El comisario Méndez me ha contado...

que cuando fray Guillermo murió,...

fue vista discutiendo fuertemente con él.

Es cierto,...

no tiene sentido negarlo.

¿Cuál fue el motivo de ese enfrentamiento?

¿No lo sabe? ¿Yo?

Usted.

Escuché a fray Guillermo... animarle a dejar los votos.

No pude por menos que recriminarle tan terrible consejo.

En realidad, eso no es del todo exacto así.

Fray Guillermo nunca me recomendó tal cosa.

Contésteme.

¿Es cierto?

¿Va usted a dejar atrás su vocación?

Su silencio alimenta... los peores temores.

No puede hacerlo.

No puede echar su vida por la borda.

Piénselo, por favor,...

usted nunca podrá ser dichoso fuera de la iglesia, es su vida,

su camino. Descuide,

sea cual sea mi decisión final, nunca olvidaré mis creencias,

pero eso

no debe preocuparnos ahora.

Debemos demostrar su inocencia y encontrar al canalla

que terminó con la vida de fray Guillermo.

Su muerte

no ha de quedar sin castigo.

(Sintonía de "Acacias 38")

¿Hay alguna novedad sobre Úrsula?

No, no, solo que sigue encerrada en comisaría.

No puedo evitar sentirme responsable de su situación.

Usted, ¿por qué?

Fui yo quien empujó al comisario Méndez

a que la considerara sospechosa de tan horrible crimen.

Le dije que había discutido con el fraile el mismo día de su muerte.

Y ¿qué motivó tal discusión?

No lo sé, si fue Fabiana quien les vio,...

pero por eso registraron la casa del padre Telmo por segunda vez.

Y encontraron la navaja en la habitación de la criada.

Yo, aun así, me resisto a creer algo así.

Sí, a mí me pasa igual.

He llegado a pensar que el criminal le ha tendido una trampa.

Sinceramente, no veo capaz

a Úrsula de semejante infamia.

Pues la gente del barrio no lo cree así.

Sí, lo sé,...

creen que siempre ha sido una asesina

y que su cambio no era sincero.

¿Usted opina como ellos?

No lo sé, yo ya no sé qué creer.

Lo que sé es que hay actos que te persiguen de por vida.

(Se cierra una puerta)

(Pasos)

No, no os levantéis, no quería interrumpiros.

Descuide, yo ya me retiraba a mi cuarto.

Me conviene descansar para mañana.

Eso si los nervios te lo permiten.

¿Cómo se encuentra la novia en su última noche de soltera?

Es normal que estés nerviosa, Lucía.

El paso que vas a dar del matrimonio es algo que nos cambia la vida

por completo.

Prima,... le agradezco de corazón

que mañana vaya a ser mi madrina tal y como estaba planeado.

Y entiendo perfectamente

que se encuentre afectada, tanto de fuerzas como de ánimo.

No estropearía este día por nada del mundo.

Además, que...

físicamente ya estoy casi recuperada.

¿Y emocionalmente?

No temas. Estaré bien, ya verás.

Me halaga escucharla.

Será mejor que me retire ya.

Me gustaría creer, como Lucía,

en tus palabras,

pensar que estás recuperada.

-Voy por el camino de estarlo, Felipe,

de nada sirve que nos sigamos lamentando.

Por eso...

he dado un paso importante y he hablado con Trini.

-Habéis discutido. -No,

hemos hecho las paces.

Lamentaría enormemente perder la amistad de los Palacios.

Además, que...

el único responsable de lo sucedido es el destino.

-Cariño, tu actitud te honra,...

pero hay cosas que son muy difíciles de perdonar.

-Pues tendrás que hacer un esfuerzo, que ya hemos sufrido todos bastante.

(SUSPIRA)

Estar peleados con nuestros amigos no va a devolvernos a nuestro hijo.

-De acuerdo.

Si es lo que deseas,... no seré yo quien te contradiga.

Haremos con nuestros vecinos...

borrón y cuenta nueva. -Eso es lo que quería

oír de tus labios.

-Pues el hombre que vino por aquí es un organizador de combates.

Yo, al principio, pensaba que venía a saldar cuentas, pero no.

-¿Y ha visto a Tito pelear?

-En los Juncos ha visto a Tito pelear y, obviamente,

se ha quedado prendado de su talento.

-Si es que tiene madera de campeón,

lástima que no le acompañe una buena cabeza.

-Nos ha ofrecido participar en un combate.

-¿Clandestino? -No, no, de ninguna de las maneras,

se trata de un combate oficial con todas las de la ley.

Tito tendría que sustituir a uno de los boxeadores

que tenían contratados, pero que no puede acudir.

-Hombre, eso es una gran noticia.

-Por su rostro preocupado, creo adivinar que hay un pero.

-Qué bien me conoce, amigo Liberto.

El combate es mañana por la tarde.

-Pero si mañana es la boda de Lucía y Samuel.

-Exactamente.

Pero bueno, lo he hablado con Leonor y le he pedido que me excuse.

-¿Y a su prometida no le ha importado?

-Hombre, Cesáreo, aunque le ha disgustado,

ella ha entendido que yo debo acudir al combate,

es una ocasión de oro para comprobar si Tito comienza a centrarse y,

no sé, espero que tanto esfuerzo tenga su premio.

-Les deseo lo mejor,

y siento no poder acompañarles, pero Rosina no será comprensiva

como Leonor.

-Ni se le ocurra comentarle nada, no vaya a ser que mañana,

en lugar de una boda, tengamos un entierro.

-Pues póngase una cazalla o algo, por lo menos que nos pille

un poco alegres. -Pues sí, eso está hecho.

-Sí, sí, sí. -(RÍE)

-¿Quién lo iba a decir? Úrsula detenida por asesinato.

Le espera una larga temporada a la sombra.

-Y quizá no sea la cárcel lo que le aguarda,

sino el garrote.

-Ay, Servando, no diga eso. -Arrea,

¿cree que exagero?

Pues si por un asesinato normal y corriente

acabas en manos del verdugo, por matar a un fraile

no creo yo que vaya a ser menos.

-Agustina, ¿estás bien?

Estás muy pálida. -Mire, por ahí viene doña Susana,

voy a hacerle el recado.

-Disculpa el retraso.

Ve abriendo, Agustina.

Gracias.

-Es la primera vez, desde que te conozco,

que vas a abrir la sastrería tarde, ¿se te han pegado las sábanas?

Venía a que me hicieras las últimas pruebas de mi vestido

para la boda, es que siempre me dejas para la última.

La confianza da asco.

-Y también que los últimos serán los primeros, así que no te quejes.

Además, después del de la novia,

tu vestido va a ser el más bonito del enlace.

No te van a poder quitar ojo.

-Yo creo que te equivocas.

La que llamará la atención serás tú, pero por otros motivos.

Susana, no se te ocurra acudir a la boda con semejante facha.

-Por supuesto, ya te lo dije, es una promesa.

No voy a arriesgar la vida de mi nieto por incumplirla, Rosina.

Pasa, anda, pasa.

-Bueno, Ramón, querido, habla, ¿qué dicen los chicos en la carta?

-Ahora la leerás tú misma.

Al parecer, el viaje de novios

está resultando una auténtica maravilla.

-¿No te amuela?

Serían los primeros que no disfrutaran de su luna de miel.

Y bueno, ¿qué más dicen?

-Que nos echan de menos. -Uy,

eso ya me cuesta creerlo.

-Pronto podrás preguntárselo en persona,

porque ya están terminando su viaje.

-Pues mira, lo siento mucho por ellos, pero me alegro por mí,

que ya tengo ganas de ver a Lolita y Antoñito.

(Se cierra la puerta)

(Pasos)

-Felipe.

-Les ruego que me disculpen, su criada me ha abierto la puerta.

-No se preocupe, no hay nada por lo que disculparse,

usted es siempre bien recibido en esta casa,

¿verdad que sí, Ramón?

-Por supuesto. ¿En qué podemos ayudarle?

-Tan solo quería recordarles que esta tarde es el enlace de Lucía

y espero que acudan a la ceremonia.

Nos disgustaría enormemente que no fuera así.

Espero que las diferencias que hemos tenido estos últimos días

no nos impidan disfrutar de su presencia.

-Estimado amigo, voy a responderle con la misma sinceridad

que usted me está mostrando.

He de reconocerle que no sabíamos si acudir, ni tampoco

si seríamos bien recibidos.

-Pues ya ve que sus temores son infundados.

Sé de la conversación que han tenido nuestras señoras

y yo también quiero olvidar este enojoso asunto,

pero ante todo quería disculparme por mi comportamiento,

nunca debí tratar con tan poca consideración a Trini.

-Descuide. Ambos sabemos la dura prueba que han pasado.

-Sí. Ha sido un duro golpe.

Ni siquiera pude disfrutar de la ilusión del embarazo

ni... de cuidar a mi esposa.

Me enteré cuando ya era muy tarde,...

pero eso no justifica que pagara con usted mi tristeza.

-Don Felipe, yo creo que...

lo mejor que podemos hacer es olvidarlo.

Sepa que, por supuesto, no se lo tengo en cuenta.

Yo quiero a Celia como si fuera mi propia hermana,

no soportaría perder su afecto.

-Lo que ha sucedido

ha sido desolador para todos nosotros,

pero juntos, como los buenos amigos que hemos sido siempre,

seremos capaces de superarlo.

Celia y usted tendrán

todo el apoyo que precisen de nuestra parte.

-Muchas gracias.

Casilda.

¿Dónde vas tan cargada? -No me hable, "señá" Carmen.

-Anda, deja que te ayude, mujer. -Ay, muchas gracias,

es que no se lo pueden imaginar. Últimamente

siempre vuelvo del "mercao" con la lengua fuera, ni siquiera

en los asnos de mi pueblo cargaban con tanto.

-¿Acaso tu señora tiene tan buen apetito que es capaz de acabar

con todas estas viandas?

-No, mi señora no es el problema.

Es que, como si yo no tuviera suficiente con lo mío,

ahora cargo con la compra de Marcelina.

¿Y sabe usted por qué?

Porque la Marcelina no quiere pisar la calle, porque tiene canguelo

de encontrarse con mi primo Jacinto.

-Pero si una pensaba que bebía los vientos por él.

-"Pa" chasco que sí, pero la Marcelina ya se ha "enterao"

que mi primo calma la sed con otra.

-Sea como sea, tú no puedes seguir así.

-No, no, "pa" chasco que no, además, hoy es el último día

que vuelvo "deslomá" del "mercao", eso está claro,

yo tengo que zanjar este asunto sea como sea.

-Qué ocurrencias tiene la Marcelina.

Y tú mira que eres buena y...

-Sí, sí, dígalo, dígalo sin miedo, más tonta que Abundio.

Ande, mire, la "señá" Agustina,

y parece nerviosa.

-Agustina. Aguarde un momento.

-¿Está usted bien? La hemos visto rezar

y viene ahora tan "disgustá".

-Pedía por nuestra comadre, Úrsula.

Me ha afectado una barbaridad que haya sido detenida.

-Ya, ya, la "señá" Fabiana

está igual.

Y fíjense, durante años se llevaban como el perro y el gato,

pero últimamente parecía que querían olvidar el "pasao".

-Quizá Úrsula nos engañó a todos cuando aseguraba que había cambiado.

-"Señá" Carmen,

¿está diciendo usted que la Úrsula asesinó a fray Guillermo?

-Yo no digo ni que sí ni que no, tan solo puedo asegurar que...

la Úrsula que todos conocíamos sí era capaz de hacerlo.

-No, no, no pudo matarlo, no.

-Yo tampoco lo creo, la verdad.

-Mucha confianza demuestran.

-Hombre, es que si la "señá" Fabiana no le comentó al comisario

que la vio discutiendo con el "finao", no sería ni por olvido

ni por encubrirlo, sino porque ella está muy segura de que la Úrsula

no lo asesinó. -Es que no lo fue.

-Mucha seguridad muestra en su inocencia, Agustina.

¿Acaso sabe usted algo que nosotras ignoramos?

-No, no,... claro que no,

simplemente fui a llevarle algo de comer a la celda

y pude ver en los ojos de Úrsula que no era culpable.

-Y ¿a qué hora sale vuestro tren? -Pues apenas en una hora,

debemos apresurarnos.

-Ya podían haber organizado el combate en la ciudad

y no en un pueblo.

-Bueno, así al menos Tito verá mundo, ¿eh, campeón?

-Y tú, de paso, podrás escapar más tiempo de dar el callo.

-Flora, ya te dije que lamento dejarte sola.

-Y yo no te creo ni una palabra.

Todo el mundo de boda, tú de combate y yo aquí faenando como una tonta.

-Lamento haberle causado tantos inconvenientes.

-No, tú no, Tito. Si aquí el único culpable

es mi hermano, que siempre me carga con todo.

-Flora,... -Calla, que sabes

que tengo más razón que un santo.

Antes de que Tito llegara a nuestras vidas era por Leonor;

antes de Leonor, pues el caso es que siempre tienes una excusa

para estar más fuera que dentro. -Mira, Flora, eres una exagerada.

Ha habido épocas en las que has estado distraída

y he sido yo el que te ha sacado a ti las castañas del fuego.

-Yo no me acuerdo de eso.

-Porque tienes mala memoria.

¿No te acuerdas de cuando querías ser actriz?

No te acuerdas porque tienes mala memoria y por eso no eres actriz.

-Eh... disculpen,

yo no quiero interrumpirles, pero a este paso

vamos a perder el tren y no llegaremos al combate.

-Menos mal que hay alguien sensato. Le deseo toda la suerte del mundo.

-Muchas gracias. -Espere,

que tengo un paquete preparado, por si le entra hambre.

-¿Son acelgas?

-Sí, sí, acelgas, acelgas.

-Se equivoca, son pasteles,

y con guinda.

-Espero que los comparta. -No, no, no, son solo para usted,

pero siempre y cuando gane el combate.

-Descuide, que aguardándome semejante premio dejaré KO

a mi contrincante en el primer asalto.

Prometido.

-Venga, vamos, Tito, vamos, vamos.

-Gracias.

-¿No podrías haberle "pedío" ayuda al Servando o a otra criada?

-Nones, estaban "toas" "mu" "ocupás" con sus faenas

y, bueno, ya sabes que el Servando está la mar de añoso

"pa" ir cargando con estos cubos,

como también está "mu" añosa la "señá" Fabiana

o la "señá" Agustina.

-¿Y la Carmen?

-Ella tampoco es "emprecisamente" una moza, Marcelina.

Además, tiene que prepararse para la boda de su señor,

que es la única criada a la que ha "invitao".

(RESOPLA) Anda, no rezongues tanto,

que "pa" un favor que me haces, que yo me he "dejao" la espalda

llevando las patatitas "pa" tus señores.

-Pero ha "sío" por una buena causa, Casilda.

-¿Por una buena causa,

por una buena causa? Por una tontería, Marcelina,

porque no querías ver a mi primo.

-Y sigo sin querer hacerlo, "asín" que venga, date prisa,

llenemos los cubos y nos vamos cuanto antes.

Ten "cuidao", ahora lo vamos a tener que volver a llenar de nuevo.

-Es que soy muy torpe.

Al fin apareces, "desgraciao".

-¿Qué dices, a quién has visto?

-Pues mira tú por dónde, Marcelina, acabo de ver a ese

que tanto pavor te da encontrarte.

-Al fin te encuentro, Marcelina,

que parecía que se te había "tragao" la tierra.

-Ese y no otro es mi deseo ahora mismo.

-Bueno, pues yo ya me marcho, porque como "tos" sabemos,

tres son multitud, así que, yo me llevo los cubos.

-No, no, no, ya me los llevo yo. -Que no, Marcelina,

estate quieta. -¿Tú no tienes mal la espalda?

-No, ya no la tengo mal, ¡suelta!

-Chist, quieta ahí "pará", Marcelina, no, no,

no te voy a dejar marchar hasta que me digas qué te sucede.

-¿Acaso no lo sabes ya? -¿No te amuela?

De ser así no preguntaría.

Eh, eh, eh.

-La culpa de "to" la tiene un amor no "correspondío".

-No me digas.

Pero ¿quién no podría amarte? Pero si eres un pan de Dios.

-Se trata de un hombre rudo, pero apuesto, que ha puesto sus ojos

en otra mujer, ignorando mis padeceres.

-Qué "desconsiderao". Dime, dime quién es el pollo ese

que servidor, servidor va a ir a cantarle las cuarenta.

-Pues no tendrás que ir muy lejos. -Así que es del barrio, pero...

Ese. -¡No!

-Ese. -¡No!

-¿No?

¿Servando? -¡No!

-Hay que ser insensible y tontorrón, mira, Marcelina,

lo mejor es que te olvides de ese patán que no te corresponde.

¿Segura que no lo conozco?

¡Y dale con los trompazos!

¿Qué le he hecho yo ahora? Si solo quería ayudarla.

-Ay, señora, aguante una miaja la respiración

que este corchete se nos resiste.

-Si lo que temo es no poder respirar en toda la boda.

-Ya.

Es de entender, señora, cuando la sastra le tomó las medidas,

no tenía usted tanta tripa.

-Ya.

Ay.

No sé, Fabiana,

quizá no debería acudir a la boda, habrá invitados que les siente mal.

-No diga usted "tontás". ¿Por qué habría de molestarles?

-Fabiana, porque los niños preguntan, y muchos padres

creen que una mujer en mi estado no debería dejarse ver.

-Pues ahora que lo dice usted, sepa que el otro día,

cuando íbamos caminando juntas, se me acercó una niña

y me preguntó qué le pasaba.

Por lo visto, los padres le habían "contao"

que la señora estaba enferma y por eso tenía la tripa tan "hinchá".

-¿Lo ves?

Y dentro de dos semanas, a la chiquilla le dirán que a esa mujer

la curó la Virgen de un milagro y le dejó un niño de regalo.

(RÍEN)

-Pues no, usted no tiene que avergonzarse de nada, al contrario,

son esos pánfilos los que deberían quedarse en su casa.

(Llaman a la puerta)

Aguarde un suspiro que voy a ver quién llama.

-Ay, pues mira.

Así está mucho mejor.

-Señora, tiene visita.

-Pero, Celia, estás guapísima. -"Pa" chasco que sí, señora.

Va a ser usted la más guapa de todo el convite.

-Gracias, quería estar radiante.

-Pues has conseguido tu propósito y con creces.

-Soy consciente de que todo el mundo espera verme triste y demacrada

y apenas sin arreglar, pero no quiero la compasión de nadie,

esta vez no va a ser como la anterior, pienso recuperarme

muy rápidamente, no voy a arrastrarme por las aceras

como una alunada. -Esa es mi Celi.

-Ay, señora, pero deje que cargue yo con las bolsas,

no vaya usted con peso.

-No se preocupe, Fabiana. ¿Podría pedirte un favor?

¿Me podrías traer una tisana de esas tan ricas que preparas?

-Ahora mismito.

-Celia, ¿qué haces con todas esas bolsas?

¿No es la ropa que compramos juntas el otro día?

-Sí.

Y quiero que te la quedes tú, yo ya no la necesito

y así tu niño podrá disfrutarla.

Lo hemos pasado todos muy mal, pero ahora lo más importante es...

darle la bienvenida a tu hijo.

(Rasgón)

-¡Ay! -¿Qué ha pasado?

-Ay.

Ay, Celi, que creo que se me ha roto el traje.

¡Ah!

(RÍE)

-¿Cómo que no sabes dónde está mi esposa?

Ve a avisar a Lucía que ya es la hora.

Si no salimos inmediatamente, llegaremos tarde a su propia boda.

(Llaman)

Y abre, que debe ser Celia.

Padre.

¿Qué hace usted aquí? ¿Puedo pasar?

Ruego que me disculpe.

He dudado mucho en venir a importunarle.

¿En qué puedo ayudarle?

Estoy desesperado por la suerte de Úrsula

y preciso de su ayuda y su consejo.

Sé que usted tiene experiencia en estas cuitas.

Entiendo su preocupación, pero...

ahora no es buen momento, mañana le ayudaré en lo que pueda.

Como sabe, hoy es el enlace de Lucía y Samuel

y tenemos que salir inmediatamente hacia la ermita.

¿Cómo?

¿Ha olvidado que hoy era la boda?

No, no, claro que no, simplemente que no me acordaba

que se acercaba ya la hora.

Entiendo que después de todo lo que está ocurriendo con su criada

no tenga ánimo de acudir.

Sí, efectivamente, prefiero no acudir.

A mi luto por la muerte de fray Guillermo,

se ha unido la detención de Úrsula.

Disculpe, padre.

¿Tengo que ir yo a por Celia?

-Señor, no sé en qué piso vive doña Trini.

-Antonia, son dos pisos más abajo.

(Se cierra una puerta)

Lucía.

Discúlpeme, padre.

Lamento haber interrumpido, he sido muy inoportuno

al venir en este momento. No se preocupe,

mañana hablaremos tranquilamente.

Discúlpeme de nuevo mi intromisión.

Buenas tardes. Buenas tardes.

(Se cierra una puerta)

Nuestro párroco parecía un poco raro hoy.

En fin,...

tenemos que salir inmediatamente, los coches están preparados.

Estás preciosa.

-Mi hermano disfrutando del combate y yo aquí faenando como una tonta.

-¿Puedes hacer el favor de dejar de quejarte?

¿No es has escuchado eso de "Hoy por mí, mañana por ti"?

-Sí, pero es que en el caso de mi hermano,

ese mañana nunca termina de llegar.

-No, no es cierto, han tenido que salir hoy sin remedio,

y otro día tendrás que hacerlo tú. La que aquí de verdad sale perdiendo

soy yo, que no puedo asistir a la boda del brazo de tu hermano.

Eso sí que nadie me lo compensa.

-En eso tienes razón, pero más se pierde él,

que pudiendo presumir de novia,

prefiere estar viendo a dos machotes dándose mamporros.

-Aunque nos duela, Flora, no le queda otro remedio.

Íñigo ha encontrado su vocación

en el boxeo y tiene que estar ahí, a las duras y a las maduras.

-Esperemos que también lo esté Tito,

es tan buenazo que no me lo imagino dando golpes.

-Uy.

-¿Tenemos ya noticias del combate?

-Nada de nada, Cesáreo. -Pero ¿a qué hora comenzaba?

-Debe estar a punto, si no ha terminado ya.

-Esperemos que Tito gane. -Esperemos que sí,

últimamente estaba más concentrado, pero si pierde,

Íñigo se llevará una decepción tremenda.

-No temáis, que el esfuerzo de estos días darán sus frutos.

-Ay.

-Mirad, ya está saliendo la comitiva de la boda.

-Ah.

-Cariño, deja de mirar el reloj, tranquilo.

-No me gusta llegar tarde.

-Lucía no será la primera novia que haga esperar a su futuro marido

en la iglesia. -¿Qué, listos

para partir hacia la ermita?

-Nosotros sí, la protagonista ya es harina de otro costal.

-¿Has solucionado eso? -Sí, gracias a las pericias

con la aguja de Fabiana, pero recuérdame que no me abrace a nadie

con fuerza.

-¿Se puede saber de qué habláis? -Cariño, cosas nuestras.

(RÍEN)

-Qué guapas están. -Y elegantes los caballeros.

-Qué envidia me dan.

Todos van a la boda y yo me quedo aquí faenando.

-Gustosa te cambiaba el puesto,

ya sabes que no me apetece nada ir sola.

-Calla, que sé que lo dices con la boca pequeña.

-Yo creo que ya deberíamos ir con ellos.

-Te acompaño.

-Iba a preguntarle cómo se encuentra, doña Celia,

pero no hay más que ver lo hermosa que está para saber que está bien.

¿Y la novia? -Eso digo yo, a ver si sale ya,

que tengo ganas de ver lo guapa que está.

-Pues me parece que le van a dar el gusto.

-Uy, está preciosísima. -Diga usted que sí.

Es la novia más pinturera que he visto jamás,

pero una sonrisilla no le vendría nada mal,

que va a su casamiento, no a un funeral.

Qué nerviosa está la novia.

Aunque no puedo ir a su boda, no dejaré de pensar en usted,

le deseo toda la dicha del mundo en su matrimonio.

Gracias.

"Telmo",...

yo puedo ver tu alma...

y tú puedes ver la mía.

Y eso es un milagro

que no sucede muchas veces en la vida

y que no se puede despreciar.

Quizá los ojos mientan.

¿Mienten?

No dejo de pensar en ti ni desear estar a tu lado.

Y temo,...

y sé, que sea recíproco.

Dime que me equivoco,...

por favor, te lo ruego.

Tengo que hacerlo.

Procure dejar de temblar, amigo, que más que un novio parece un flan.

¿No debería haber llegado ya Lucía?

Descuide, como toda novia, disfruta haciendo esperar a su futuro marido

en el altar.

Pues nunca me había parecido tan molesta esa tradición.

Debe ser la forma que tienen nuestras mujeres de avisarnos

de lo que nos espera a su lado, ¿eh?

Vamos, hombre, no se lo tome así, amigo, ya verá como Lucía

no tardará en llegar.

¿Ve como no había de qué preocuparse?

Ahí están Felipe y Celia, su prometida venía con ellos.

-¿Cómo está el afortunado novio? -A punto del infarto, don Felipe.

-Celia, querida, qué alegría verte.

Es que apenas hemos coincidido desde tu desdicha.

Aprovecho para darte de nuevo el pésame.

Bueno,...

o lo que se diga en estas circunstancias.

-Te lo agradezco, Rosina. -Es que...

de cualquier forma, es tan triste.

Celia, no he dejado de pensar en lo mal que debes haberlo pasado.

Es que ni siquiera sé cómo puedes estar aquí,

como si nada hubiera sucedido.

-Es la boda de mi prima, este es mi sitio.

-No, sí, sí, claro.

Qué valiente eres. Yo en tu lugar...

no lo hubiera sido, estaría en casa llorando sin atender a nadie.

Bueno, ya no te importuno más, ¿eh?

Voy a buscar a Leonor, a ver si encontramos buen sitio,

pero antes, déjame decirte que estás guapísima, ¿eh?

Es que...

cualquiera diría que has estado embarazada hace nada.

-Celita. ¿Cómo te encuentras?

-Estupendamente.

Estoy muy contenta por mi prima.

-¿Cómo está la protagonista? ¿Está nerviosa, la novia?

-Sí. Lo disimula, pero creo que sí.

-Claro, mujer, cualquier novia lo estaría en un día como este.

-A las buenas, Servando,

¿qué, cómo está hoy de ánimos?

-Pues algo mejor, pero...

es que no me hago a la idea de que servidor sea viudo.

-Ay.

Ya lo creo, a mí la verdad es que me costó un potosí,

¿no se acuerda usted?

Mi mollera quiso hasta olvidar a mi pobre Martincico,

que en paz descanse.

-Pero lo tuyo no es lo mismo, lo mío fue mucho más peculiar.

-¿Ah, no? ¿Es que no somos viudos de igual manera, Servando?

-Pues nones, que el Martín entregó la pelleja haciéndose el héroe.

Mi Paciencia, en cambio, lo que hizo fue coronarme

con una buena cornamenta, y yo desearle que le cayera un rayo.

-Y al final, un rayo la partió. -Sí.

-No tenía que haberlo "deseao" con tanta fuerza.

-La pobrecita... tendría que haber "quedao"...

como la ceniza de un puro.

Y conste que yo no le deseé nada malo.

Bueno, sí, pero no tanto,...

un dolor de muelas para que pagara su traición y...

por eso estoy arreglando este pomo, porque...

me recuerda tanto a ella.

-"Ende" luego que es usted único lanzando requiebros, Servando.

No creo yo que a ninguna mujer, ni viva ni muerta, le gustara

que la compararan con un pomo.

Ah, que lo está diciendo usted

por las formas "redondeás", ¿no?

Pues no sé, a mí la "señá" Paciencia me recordaría más a un sifón,

por el moño y la nariz.

-Que no es eso, mastuerza,

que yo lo digo porque era la Paciencia la que me decía

que tenía que arreglar los pomos...

Y este pomo lo estoy arreglando en su memoria.

-Uh, uh, prima, prima, al fin te encuentro, escucha.

¿Tú sabes lo que le pasa a la Marcelina?

-¿Y por qué no se lo preguntas a la susodicha?

-Quía, eso he hecho, pero la muchacha o no se explica

o, si lo hace, no hay quien la entienda.

-Ah. ¿Sabes qué pasa, primo? Que yo ya estoy un poquito cansada

de estar en medio de vuestras cuitas.

Así que ¿por qué no os arregláis vosotros solos?

-A mí ganas no me quedan, ¿eh?, lo único que saco en claro

son sus tortazos, ¿eh? Dos me he "llevao" ya.

Antes me andaba contando que anda "enamoriscá" de un mozo

y antes de que me hubiera "dao" cuenta, zum, me ha "cruzao" la cara.

Yo creo que le ha "pillao" el gusto a eso de darme tortazos, ¿eh?

¿Será una promesa que le ha hecho a alguna santa?

¿O será que en su pueblo las mozas se despiden de esta guisa?

-Mira, te lo voy a acabar diciendo yo, porque tú no te enteras.

Vamos a ver, que la Marcelina está "enamorá" de ti hasta el seso,

hombre ya, que eres más tonto...

Sí.

-¿Quien lo hubiera "imaginao"? -Hombre, pues medio barrio

antes que tú, claro está.

-Piensa eso bien, muchacho,

que mira cómo ha "acabao" servidor por culpa de los amoríos.

Ha llegado el día, Samuel,

espero que sean muy dichosos.

Tenlo por seguro, Celia.

-Me alegra ver a Celia sonreír de nuevo después de tamaña desdicha.

-Sí, yo tengo algo

de responsabilidad en eso,

antes he hablado con ella y me he encargado de animarla.

-Miedo me da pensar lo que has podido decirle.

Y no te fíes de su sonrisa,...

la procesión van por dentro.

-Ay, querido,

¿te das cuenta?

Es posible que la próxima ceremonia a la que asistamos

sea el bautizo de nuestra criatura. -No veo el momento.

-Él tampoco, a raíz de las patadas.

(SE QUEJA)

-Qué novia tan bella.

-No es por echarme flores, pero el traje que le he hecho también ayuda.

Me he superado a mí misma. -Pues haber seguido el ejemplo.

¿Por qué has venido con esta facha a la boda?

-Si pudiera verse, Samuel, el amor invade su rostro.

-Le entrego a la que va a ser su esposa.

Trátela como se merece.

Estás preciosa.

En el nombre del Padre,

del Hijo y del Espíritu Santo.

-(TODOS) Amén.

-Estamos aquí reunidos

para celebrar la unión de nuestros hermanos

Samuel y Lucía.

(Se abre una puerta)

-No me diga más, seguimos sin nuevas del combate.

-Así es, Cesáreo, a estos dos parece que se los ha tragado la tierra.

-Qué extraño, a estas horas tendrían que haber dado señales de vida.

Seguro que les ha pasado algo.

-Yo me estoy temiendo lo peor.

A Tito le ha debido caer la del pulpo y por eso no aparecen.

-¿Usted cree? -A ver,

de lo contrario ya tendríamos a mi hermano aquí, en La Deliciosa,

presumiendo de lo buen promotor que es.

-Si es que tantas acelgas no podían ser buenas,

han dejado al pobre Tito sin fuerzas.

-Créeme que lo lamento por él,

se le veía muy centrado y mi hermano tenía muchas expectativas.

Aunque, por las horas que son,...

quizá la explicación sea más grave, ¿no?

-¿A qué se refiere? -¿Y si no han perdido,

y si les ha pasado algo malo?

Yo metiéndome con mi hermano y él puede estar tirado en alguna cuneta.

-Temple, le aseguro que no les ha pasado nada malo.

-¿Cómo estás tan seguro? -Porque por ahí les veo aparecer.

-Ay, gracias a Dios, que yo ya les daba por muertos.

-Bueno, muy vivos no es que parezcan.

-Ya te lo he dicho, han perdido el combate.

-No digan más, han perdido.

-Ahora mismo saco unos bollos, que las penas con dulce son menos.

-Y no digamos las alegrías. -¿Qué estás diciendo?

-¡Que he salido vencedor del combate!

-¿Ha ganado? -Sí, por los puntos.

-Y por los puños. -(RÍEN)

Lo lamento, no he podido dejarle KO en el primer asalto como le prometí.

-Es que Tito ha boxeado como un auténtico campeón.

La pelea ha estado igualada, pero Tito se merecía la victoria.

Y cómo estaba el público, Tito, bueno, entusiasmado con usted, ¡sí!

-No me extraña.

-Y eso no es lo mejor de todo. Gracias a la actuación de Tito,

¡hemos conseguido nuevos combates!

-(RÍEN)

-Atención, atención aquí:

la casa invita a una ronda de nuestro mejor jerez.

-Y quien dice jerez, dice un vasito de agua.

-Eh...

-Samuel, ¿quieres a Lucía como tu legítima esposa,

te comprometes a amarla y respetarla

en la prosperidad y en la adversidad,

en la riqueza y en la pobreza,

en la salud y en la enfermedad

hasta que la muerte os separe?

Sí, quiero.

¿Y tú, Lucía, quieres tomar

por legítimo esposo a Samuel

y amarle y respetarle

en la prosperidad

y en la adversidad,

en la riqueza y en la pobreza,

en la salud

y en la enfermedad

hasta que la muerte os separe?

-Lucía, cariño.

-¿Qué te pasa, hija?

Continúe, padre, vuelva a preguntarle.

Esto es un error.

Lo siento, Samuel,...

no puedo hacerlo, no puedo casarme contigo.

¿Qué?

Samuel, ven, vamos, vamos a hablar a otro lugar.

¡He dicho que me sueltes! (GRITA)

¡No eres digna de mi amor, eres una fulana, hija del incesto

y del pecado! ¡Samuel, por favor!

-Digo que su combate de hoy se merece unas burbujas, ¿no?

-Enhorabuena, don Íñigo, aquí el Hércules del barrio

me estaba contando la velada. -Sí.

-Bienvenido tú también, Cesáreo, y gracias por seguir

nuestra fulminante carrera, pero desde el principio.

-¿Carrera? A ver, no quiero ser aguafiestas,

pero seguro que has escuchado eso de no vender

la piel del oso hasta que no lo cazas.

Después de verme injuriada, atropellada y en público,

veo muy claro que Samuel solo quería hacerse dueño

de mi dinero.

Tu dinero nunca había salido a relucir cuando estabais prometidos,

¿quién te ha hablado de dinero?

Nadie me ha hablado de ello. ¡Pues deberías

haberlo pensado antes, y no en el altar

y ante todo el mundo!

-Defiende que la señorita dejase a don Samuel ahí delante del altar.

-No, no, vamos a ver,

no es que me haya parecido bien el espectáculo,

tenía que haber dicho que no antes.

Al matrimonio no hay que ir con dudas,

que yo sé de matrimonios más raros.

-Lo que no sé yo, es por qué defiende usted tanto al Alday.

Le soy sincera, yo no trago a ese hombre,

me parece que tiene maneras y cara de ser una persona "retorcía".

-Es nuestra prima, y es nuestro deber inexcusable apoyarla,

no juzgarla.

-Nuestro deber es que cumpla con las normas sociales ¡y de convivencia!

Deberíamos obligarla a que cumpla con el compromiso adquirido

con Samuel Alday.

-¿Y de ella se sabe algo? De la Úrsula.

-No hay noticias, no, qué va, si además le he preguntado

a uno de los guardias del barrio y dicen que no hay sospechosos,

pero claro, si no hay testigos.

-Usted no se fíe nunca de las palabras de un guindilla,

que mienten más que hablan.

Puede que tengan alguna idea de lo que ha "pasao",

pero no se lo van a decir.

Y suelen callarse lo de los testigos.

-¿Y eso por qué? -Cuanto menos sepamos

la gente, más desprevenidos nos cogen con sus averiguaciones.

-Ahí Fabiana tiene razón, ¿eh?

Buenos días, señoras.

Doña Celia, ¿cómo se encuentra Lucía?

Pues ya se puede imaginar, ha tenido días mejores.

Con su permiso y el de su marido, me gustaría pasar a visitarla.

Lo lamento, padre,... don Telmo,

pero como les estaba diciendo a las vecinas,

Lucía no quiere recibir visitas. -"Está en su casa".

-Una casa que huele que alimenta. (RÍE)

-"Pos" mire,

siéntese que ya está el puchero.

-Gracias.

-No solo he venido a acompañar a Tito, quería hablar con usted.

-¿Conmigo?

No sabía yo que teníamos lances pendientes.

-Usted no, pero yo sí. "Para bien o para mal,"

he dejado el sacerdocio.

¿Ya?

¿No va a explicarnos las razones por las cuales ha dado un paso

tan rotundo?

Me temo que las razones solo atañen a mí y al Señor.

-¿Quién iba a saber que estaba enamorada?

Las ovejas al menos dan balidos "pa" que uno sepa que tienen hambre.

-Bueno, tú no le des más vueltas

al magín, primo.

Tienes "toa" la razón, ha "sío" la Marcelina

la que ha "ocultao" sus dolores.

-Es que esa mujer se las trae, ¿eh? Es más rara que un perro verde.

-Es buena moza, ¿eh?, blandita, y sedosa, como mis...

-Sí, como sus ovejas, que sí, no sea usted "pesao", Jacinto.

-Que me da pena, ea, "na" más.

¿Puede hacer uno algo "pa" quitarle la congoja a la zagala?

Me hubiera gustado seguir teniéndole entre nosotros,

obedeciendo como se comprometió

con sus votos.

No desespere, prior, me tendrá muy cerca,

quizá más que antes. ¿Es una amenaza?

No, es una predicción.

No va a librarse de mí.

-Señora, ¿"tie" usted algo?

-Fabiana, me mareo.

Me he "levantao" un poco así, pero es que ahora viene más fuerte.

-Pero eso son los nervios, las emociones.

-No, Fabiana, que no, que ya me gustaría.

Creo que ahora es peor.

-¿Se puede quedar un momentito sola?

-No, Fabiana, no lo sé, no. -Se lo digo por llamar al señor.

-Que no, que no, Fabiana,

que no te vayas. -No, no, no.

-Ayúdame a sentarme.

-Así, despacito. Tengo esperanzas

de que don Felipe Álvarez-Hermoso pueda asesorarnos.

Con quien sí he hablado es con el comisario Méndez,

y creo que he podido convencerle de su inocencia.

Pero yo sigo aquí.

Sí, pero necesitamos pruebas de esa inocencia,

y no dude que las encontraré,...

pero mientras tanto debe ayudarme.

Dígame si recuerda algo,

algún detalle, por poco importante que parezca

del día en que asesinaron a fray Guillermo.

Lo siento, pero no puedo ayudarle.

-"Ay, don Ramón".

Gracias a Dios que lo encuentro tan pronto y de camino.

-Fabiana, ¿a qué vienen esas prisas? -La señora, don Ramón,

que parece que está pachucha. -Pero ¿pachucha de qué?

-¿Qué voy a saber yo, señor? Pues pachucha de mareo.

-Pues subamos entonces. -No, no, bueno, suba usted

que yo voy a buscar al médico. -Pero ¿tan grave es, Fabiana?

-Corra, señor, corra, a ver qué nos dice el médico.

Vaya, vaya.

-"Como puede usted imaginar,..."

las noticias vuelan.

Dígame algo que no sepa.

Que es usted un estúpido.

¿Cómo...

pudo perder los nervios de esa manera?

¿Qué pretende hacer usted?

Le machacaré la mano, la otra,

esta vez no tendrá que pedírmelo.

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  • Capítulo 935

Acacias 38 - Capítulo 935

24 ene 2019

Telmo cree a Úrsula y le promete que demostrará su inocencia. Acude a buscar la ayuda de Felipe y se encuentra a Lucía ya vestida de novia... Telmo se va sin decirle nada. Agustina se siente culpable por la detención de Úrsula, porque sabe que es inocente. El hombre misterioso que se acercó a la chocolatería resulta ser un promotor que quiere que Tito pelee en un combate que está organizando... Y el púgil ¡gana!

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Añadir comentario ↓

  1. Manuela Carmona

    Me encanta como interpreta la actriz Amparo Fernández (Doña Susana) metomentodo, remilgada jaajaa maravillosa

    27 ene 2019
  2. Saro

    Ayer 900.000 espectadores y 7,8 % de Share. ¡Enhorabuena Equipazo!

    26 ene 2019
  3. Marilu

    Caras de " placer y admiración " (JAJAJA ) las de Rosina y Leonor cuando aparece de paisano el ex sacerdote y EXCELENTE la respuesta de éste a Susana, lamétomeentodo, casi exigiéndole saber porqué dejó los hábitos como si fuera obligatorio dar explicaciones a CUALQUIERA.- -Hago votos para que sin violencia pero rápidamente, DESAPAREZCA el personaje de Marcelina, no aporta nada mas que dolor de cabeza con sus gritos e irritación con sus tonteras

    26 ene 2019
  4. Mabi

    Parece que las críticas no son bien aceptadas ya que al abrir en el capítulo de hoy automáticamente salta la leyenda de que el administrador de la página. Etc, etc, etc,no sube las comentarios por estar fuera de las normas. Etc, etc, etc,

    26 ene 2019
  5. albaluzvivaduarte@gmail.com

    Que nazca el bebé de Trini.Basta de desgracias. Por favor un niño en la novela. En 1900 también nacían niños.

    26 ene 2019
  6. albaluzvivaduarte@gmail.com

    No escribí nada inapropiado

    26 ene 2019
  7. albaluzvivaduarte@gmail.com

    A mi me encanta pero que sean todas desgracias no me gusta. EL bebé fe Trini debería nacer porque en la serie no hay niños. Sé que es difícil trabajar colon niños pero parecen todas las mujeres termas y los hombres estériles. La eclampsia hasta hoy 2019 se produce pero no siempre porque si no no nacerian niños en el lado.Basta de desgracias. Por favor.

    26 ene 2019
  8. Tcr

    y de nuevo en el último capítulo están desactivados los comentarios

    25 ene 2019
  9. Querubina

    Hermosa Lucía y bello Telmo. Rosina sin tacto ante Celia, fatal. Felipe con carácter horrible, nada humano ni comprensivo.

    25 ene 2019
  10. Maria Estela Lainez

    me encanto el capitulo

    25 ene 2019