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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 934 - ver ahora
Transcripción completa

Es posible que Espineira temiera a fray Guillermo.

¿Hasta tal punto de querer acabar con su vida?

Espineira es capaz de cualquier felonía

con tal de proteger sus intereses.

-El gesto de Tito me ha llegado al corazón.

-Negocios y sentimientos no pueden ir a la par.

Ese hombre le va a traer problemas, va a ser un peligro.

-Sí, es muy posible, don Liberto,

pero no se merece que le deje tirado.

-Eso es una infamia.

Mi gestión es impecable,

y mi único interés es continuar con la labor

de predicar el evangelio.

Y ahora, si me perdona,

tengo que tratar asuntos de la máxima importancia.

Lo importante es que usted se reponga y recupere la salud.

Habrá boda.

Tengo tiempo suficiente para recuperarme,

anímica y físicamente.

-"Celia se encontraba bien,"

nada hacía presagiar esto. -Déjese de lamentos, por favor,

por su culpa hemos perdido a nuestro hijo.

-"¿Es cierto"

que la sastra se pasea por el barrio

"vestía" de monja por una promesa que le ha hecho a la Virgen?

-No deberías meterte en los asuntos de los señores, no es apropiado.

-Ya, es que me picaba la curiosidad.

-Hay que ver qué cotillas sois todas.

No va vestida de monja,... lleva un hábito de promesa,

que no es lo mismo, ¿entiendes? Bueno, y no seas tan preguntona.

-"Felipe..."

Felipe me ha acusado de no cuidar bien a Celia,

de haber sido una egoísta y solo haber pensado en mí.

-Voy a hablar con Felipe ahora mismo,

me tiene que dar una explicación, no puedo consentir

que te trate de esta guisa. -Que no, querido, no le digas nada,

solo conseguirás empeorar las cosas.

-"Comisario,"

no me gustaría hacer un juicio de valor sobre Úrsula.

En el pasado es cierto que era una mujer malvada, pero ahora

parece haber cambiado.

-No se apure, lo tendré en cuenta.

Ha hecho muy bien en contármelo, cualquier información

puede tener su importancia. Justamente cuando encontré

muerto a fray Guillermo,

me disponía a contarle una revelación.

¿De qué se trataba?

Iba a contarle que...

he decidido abandonar el sacerdocio.

Quiero renunciar a mis votos.

-Felipe,...

me gustaría transmitirle mis condolencias por la pérdida

que han sufrido su esposa y usted.

-Muy amable.

-Espero que Celia se esté recuperando.

-Progresa lentamente. -Me alivia saber que así sea.

Felipe, espere un momento.

Me gustaría pedirle una explicación, no me parecen muy adecuadas

las acusaciones que ha vertido contra mi esposa.

-No tengo nada que justificar. No he dicho nada que no sea cierto.

-¿De verdad cree que Trini puede ser la causante de su desgracia?

-Por supuesto, debería haber velado por su salud

y no mandarla a hacer un recado a la ciudad.

-Trini no podía saber que eso podía ocurrir.

-Debería haber mandado a una criada a hacerlo.

Celia estaba en estado, al igual que su esposa,

y a Trini no se le ocurrió ir a la botica, ¿verdad?

-Está usted siendo muy injusto con Trini.

Sabe de sobra que siente devoción

hacia su esposa.

Celia estaba bien y Trini pensó... -Pensó en ella misma.

Si hubiera pensado en mi hijo,... Celia estaría bien.

-Amigo, sé que es la pena la que está hablando por usted,

pero está faltando a la verdad.

Su situación es terrible, pero eso no justifica

que se comporte de manera tan cruel con los demás.

-No es cruel,...

son los hechos según han transcurrido.

Su esposa es una irresponsable. -Nos está usted insultando,

debería mantener la cabeza más fría. -No tengo por qué.

-Le ruego que nos calmemos, estamos llamando la atención.

-Usted empezó esta conversación.

-Pues dejémoslo en este punto, no quiero dar un espectáculo.

Estamos diciendo cosas de las que terminaremos por arrepentirnos.

-No he dicho nada que no piense.

-Por mi parte, trataré de olvidar sus palabras, que sé que son fruto

del dolor y de la desesperación que está usted sintiendo.

-Piense... lo que le plazca.

-Dele saludos afectuosos a su esposa

de nuestra parte y transmítale nuestros deseos

de que mejore pronto. Con Dios.

(Sintonía de "Acacias 38")

¿A qué viene ese dislate? No es un dislate.

Voy a hacerlo, padre. Voy a abandonar el sacerdocio.

¿Ha perdido la fe? No.

Sigo siendo un fervoroso creyente.

Entonces, ¿por qué quiere hacer tal cosa?

Porque estoy enamorado de Lucía Alvarado.

Fray Guillermo intentó que me librara de ese sentimiento, pero...

¿No lo consiguió?

Me pidió que fuera honesto, y es lo que debo hacer,

por mí, por la iglesia y por todo el mundo.

Entiendo bien el dilema en que se encuentra,

pero debe usted pensar bien lo que va a hacer.

Lo he pensado,

lo he pensado mucho. No lo suficiente.

Perderlo a usted

es una desgracia para todos nosotros.

¿Por qué dice eso? Millones de veces fray Guillermo

me habló de usted como un hombre muy especial,

alguien con una vocación tan fuerte, que le creía imprescindible

para nuestra iglesia.

Pues ya ve que no.

A lo mejor lo era, a lo mejor lo fui, pero ya no lo soy,

no puedo seguir siendo sacerdote.

Lucía Alvarado se va a casar, padre, eso me han dicho.

Ya lo sé.

¿Y aun así quiere tomar esa decisión?

Mi decisión no tiene nada que ver con esa boda.

¿Cómo puedo seguir siendo sacerdote

si deseo carnalmente a una mujer?

Y ya no solo por eso,

aunque Lucía se vaya a casar, yo la seguiré amando,

la amaré hasta la muerte.

Mi sentimiento no va a cambiar nunca.

Quizá sí. No, lo he intentado,

y sé que no puedo dejar de amarla.

Solo espero poder protegerla para que no le ocurra nada.

Protegerla, ¿de quién?

De su prometido.

Samuel Alday es un hombre perverso y muy peligroso

que solo ambiciona el dinero. Veo que ha reflexionado bien

sobre este asunto.

Así es.

Pese a todo, quiero pedirle una cosa.

Piénselo una vez más.

Hágalo

por fray Guillermo y por lo mucho que él lo valoraba.

Buenas tardes.

-He hecho una lubina al horno, que se va a chupar los "dedicos".

-No tengo apetito, Fabiana.

-Eso es porque no ha visto el "pescao" que tengo en el horno.

-Mira, si...

si sobró algo de sopa de mediodía, me la calientas y ya está,

que con eso tengo de sobra. -Usted no sé,...

pero el bebé no "tie" ni "pa" empezar,

y ese "retoñico" necesita alimento.

-Está bien, lo intentaré,

pero ponme poco, por favor, que tengo el estómago cerrado.

-¿Y eso por qué, Trini? ¿Te encuentras mal?

-No.

Un poco de dolor de cabeza, pero nada grave.

-¿Dolor de cabeza?

-¿Le preparo unas hierbas?

-No, no, de verdad.

Es solo un mareo, por eso no quiero comer mucho,

porque no quiero que me siente mal. -¿Y desde cuándo te encuentras así?

Voy a avisar al médico.

-No lo hagas, Ramón, te lo ruego, estoy bien.

-Eso no es cierto.

-Nada cierto, no señor.

-Es el disgusto por Celia, y eso no hay médico que lo cure.

-Muy bien, pero que sea él quien lo diga.

-(SUSPIRA)

-Ya veréis,... en cuanto hable con ella mejoraré.

-Está bien, no voy a avisar al médico,

pero hablar con Celia va a estar algo más complicado, querida.

-¿Y eso por qué?

¿Qué ha ocurrido?

-Me encontré en el portal con Felipe a la vuelta del cementerio.

-¿Y?

¿Qué te ha dicho, Celia está bien? -Digamos que no hemos tenido

una conversación muy agradable. -¿Que no?

-Felipe está muy afectado con todo este asunto.

-¿Quiere decir que discutieron?

-Conseguí templar los ánimos y que la cosa no fuera a más,

pero Felipe va a tardar un tiempo

en darse cuenta del error que está cometiendo.

-Ay, Dios mío, me culpan a mí, nunca me lo perdonarán.

-No diga usted eso, señora.

El tiempo lo cura todo. -Trini,

tienes que hacer un poder por animarte, mi amor.

Aunque no solo sea por ti, sino por el niño.

-Y que usted no "tie" la culpa de lo que le ha "pasao" a doña Celia.

Es una desgracia, sí, pero esas son cosas que pasan,

y pasan en cualquier momento.

-Si es preciso, nos vamos unos días al campo.

Fuera de la ciudad,

nos alejaremos de todo hasta que las cosas se calmen, ¿qué me dices?

-No es necesario, Ramón.

Te lo prometo.

-Lo que quiero que me prometas es que vas a hacer un poder

por que no te afecte tanto la actitud de Felipe, mi amor.

Tú tienes que animarte

y él, digerir su tragedia.

Entonces, todo volverá a la normalidad,

te lo prometo yo.

-¿Sirvo la cena, señor? -Sí, Fabiana, gracias, por favor.

-"¿Y bien,"

para qué querías vernos a las dos?

-Para que me ayudéis a reconducir a Tito.

El hombre es un trozo de pan, pero es un desastre en su vida personal.

-¿A reconducirle?

Yo pensé que se había comprometido a cambiar.

-Así es, pero yo creo que, pese a su voluntad,

va a necesitar nuestra ayuda, para llevar una vida ordenada.

-Claro.

Cuenta con nosotras para lo que haga falta.

-¿Qué hemos de hacer?

-Vamos a ver, Flora, tú te encargarás de su alimentación,

deberás asegurarte de que desayuna, come y cena siempre adecuadamente.

-Pero ¿eso no es lo que hace ya?

-No, porque hay días

en los que se hincha y, otros, en los que se va a dormir sin cenar.

Y debe llevar una alimentación equilibrada:

fruta, verdura y un poco de carne, no tres filetes.

-¿Y yo qué hago?

-Tú te vas a encargar de darle lecciones.

-Ah. -Algunas nociones de letras,

nociones básicas de cultura general y, sobre todo, aprender a manejarse

con los números, así él podrá llevar sus cuentas y su dinero

y no depender de los demás.

-No me parece mala idea.

-Y con todo esto, Tito aprenderá a tener un horario y una disciplina.

-Pues por supuesto, yo lo haré encantada.

-Y yo, desde luego que sí. A ver si entre todos

logramos meterle en vereda. -Sí.

Liberto se va a ocupar de prepararle una metodología

de entrenamientos.

-Parece que te estás tomando en serio el asunto.

-Está claro que no puedes permitirte perder más dinero con ese hombre.

-No es solo por el dinero, Flora.

Yo me he tomado esto como un reto,

para que Tito se convierta en un hombre de provecho, por mí,

por mi negocio y por él. Ayudarle a sacar su potencial,

a llevar una vida ordenada.

-Se nota tanto que eso que haces te hace feliz.

-A propósito, ¿dónde está Tito?

-Pues ahora que lo dices, debería estar aquí ya.

Habíamos quedado para hablar

de cómo organizarse su nueva vida.

-Pues mal empezamos si la nueva vida se parece a la antigua.

(Golpean suavemente la puerta)

Lucía. ¿Ha ocurrido algo?

No, no, claro que no. Entonces,...

¿qué hace aquí?

Necesitaba verle.

Quería transmitirle mi sentimiento sincero de pésame.

Padre, siento mucho la muerte de fray Guillermo,

sé lo mucho que le quería.

Gracias. Pase.

Siéntese.

Padre, estos días ha estado rodeado de gente

y he sufrido mucho viéndole tan triste

y no poder acercarme a abrazarle ni consolarle.

No hacía falta,...

sé que lo siente usted mucho por mí.

Sí.

Lo lamento de veras. Gracias, Lucía.

Significa mucho para mí.

Estoy tan... tan triste y tan abatido.

No es para menos, ha sido su mentor y su amigo.

Y casi un padre para mí, y por mi culpa ahora está muerto.

No, padre, eso no es cierto.

Nada de lo que ha pasado es culpa suya.

Si no hubiera salido del monasterio para salir a verme,

ahora estaría vivo.

No diga eso, padre.

Siento que podría haberlo evitado.

Fui muy egoísta transmitiéndole mis tribulaciones

y preocupándolo,

y ahora ese dolor y esa culpa

nunca me abandonará. Padre,

la culpa es del asesino que acabó con su vida.

Usted no es responsable de eso.

Agradezco sus palabras.

Y bien, ¿cómo van los preparativos de su boda?

Ya está prácticamente todo listo.

Supongo que ya no hay vuelta atrás y pronto me convertiré

en la esposa de Samuel Alday.

Sí.

Supongo que así es.

¿Y no va a decir nada más al respecto?

No. Ya le he dicho todo lo que tenía que decirle,

ya sabe lo que opino de su futuro esposo

y que siempre he querido protegerla de él,

pero yo no puedo hacer nada más.

¿Qué quiere decir?

Ha de ser usted quien guíe sus propios pasos,

usted es responsable de las decisiones que tome en la vida,

que para algo es suya y solo suya.

Yo ahora tengo otra misión,...

y es encontrar al asesino de fray Guillermo.

Entiendo.

Yo ya no soy un asunto que resolver, ¿no es así?

Bueno, marcho.

Lamento mucho su pérdida, padre.

Con Dios.

Sol, escúchame bien lo que te digo: no le vendas hierbas a nadie

sin mi permiso,... -Fabiana.

-Señor comisario, que me ha "asustao" usted.

-Lo lamento, no era mi intención.

¿Podemos hablar en un lugar más reservado?

-¿Qué ocurre?

-¿Me acompaña a la pérgola, Fabiana?

-¿De qué se trata?

-Quiero hacerle unas preguntas sobre Úrsula.

-Yo ya le dije "to" lo que sabía. -No,...

todo no.

-¿Perdón?

-No me contó la discusión que tuvo fray Guillermo con Úrsula.

Me he enterado que usted los vio discutir.

¿Por qué no me lo contó?

-No sé,...

supongo que no pensé que fuera importante.

-Todo es importante en un caso así, hasta el más mínimo detalle.

-No sabría qué decirle, señor.

-Cuénteme, ¿qué pasó?

-"Pos" "na", eso,

que se dijeron unas palabras más subidas de tono de lo normal.

¿Sobre qué discutieron?

-Sobre don Telmo.

Úrsula le culpaba de azuzar al padre a dejar los hábitos,

como si fray Guillermo quisiera quedarse con la parroquia.

-¿Y él lo negó?

-Úrsula le llamó mentiroso.

Decía que le había oído con las orejas.

¿De verdad cree que Úrsula ha "tenío" que ver algo

con la muerte de ese pobre hombre? -Yo no creo nada,

solamente trato de descubrir la verdad

y, por lo pronto, no puedo descartar ninguna posibilidad.

-Úrsula no ha hecho "na", señor, antes ella era el diablo,

pero ahora creo que es una buena mujer.

La enfermedad y los loqueros la han "cambiao".

-La gente no cambia, Fabiana.

-Ella sí. Y créame

que a mí también me costó mucho trabajo perdonarla

y darme cuenta que de verdad era otra.

Ese sanatorio le ha "curao" "tos" los males del alma, se lo digo yo.

Además, ella quiere mucho a don Telmo

y sería incapaz de hacerle "na" que le hiciera daño.

-A veces el exceso de amor tampoco es bueno.

-¿Cómo dice usted?

-¿No ha oído usted eso de que hay amores que matan?

-¿Qué te sucede?

Estás más pendiente del reloj que de los clientes.

-Hoy era el primer día de entrenamiento de Tito con Liberto,

y han ido a entrenar desde primera hora de la mañana.

Me muero por saber cómo les ha ido.

-No lo vas a saber antes por mucho que mires la hora cada dos por tres.

-A las buenas.

-Hombre, ¿y bien, cómo les ha ido?

-Pues estupendamente, la verdad sea dicha.

-¿De verdad? -Sí,

Tito estaba como un clavo

desde primera hora en la puerta de la Sociedad Gimnástica.

Sí, hemos hecho una sesión de saco y movimiento de pies y...

yo lo he visto bastante centrado. Ha entrenado duro.

-No sabe cómo me alegra oírle decir eso.

-Parece que se lo está tomando en serio.

-Ya le dije que lo haría, don Íñigo.

-Fantástico, Tito, a partir de ahora, deberá acostarse pronto

todos los días, para estar listo para entrenar

desde primera hora de la mañana. Luego comerá,...

quizás después se eche una siesta y por la tarde

vuelta a la Sociedad Gimnástica a entrenar.

-¿Y así todos los días o descanso alguno?

-Tito, disciplina, ¿sí? Disciplina,

que es la clave del éxito.

-Hombre, voy a estar más ocupado que un ministro.

(RÍEN)

-Ande, a comer, que tiene usted que reponer fuerzas.

-Benditas palabras, me muero de hambre.

-Ya le tengo preparado su plato. -Ay,

estoy deseando hincarle el diente a uno de sus pasteles, doña Flora.

-Eh...

¿Qué es este... mejunje?

-Acelgas.

-¿Aquí? -Verdura, vitaminada y sana.

-Y fea, muy fea.

-A partir de ahora solo va a comer comida sana.

Lo siento, pero es que debe mantener su peso.

-Yo nunca he comido de esto.

Que no tiene pinta de estar muy bueno.

-Bueno o malo es lo que hay, y esto es lo que va a beber.

Así que no se queje mucho, que es lo que hay.

-¿Y de postre?

¿Me dará un pastelito de los suyos?

-Ni uno ni medio, Tito, fruta.

Acostúmbrese. A partir de ahora, solo entrenamiento y vida sana.

-¿Seguro que esto me va a sentar bien?

-Que sí, pruébelo, ya verá.

Mira qué penita da,

¿no le podemos dar un pastelillo chiquitito?

-He dicho que no. Merceditas, por favor,

dos chocolates y unos churros para Liberto y para mí.

-Hombre, pues parece que me ha leído el pensamiento.

Me muero por un chocolate con churros.

-Y además convida la casa.

-Si se come todo,...

le doy un pastelillo chiquitito si me guarda el secreto.

-Se lo agradezco, se lo agradezco. -¿Todo, dice?

-Hasta la última veta.

-Madre mía.

Lo que hay que hacer para comerse un dulce.

¿Cómo ha pasado la noche? Mejor.

Gracias.

Siento todo esto, Lucía.

Prima, ¿qué siente? No diga tonterías.

Tendría que estar ayudándote con los preparativos de la boda.

Pero no hace falta, ya está todo preparado.

Estoy siendo una carga para ti justo en el peor momento.

Prima, usted no es ni será nunca ninguna carga,

y deje de pensar eso.

Lo que lamento es que se esté perdiendo las nuevas del barrio,

últimamente está muy animado.

¿Qué ha ocurrido?

A doña Susana le ha dado por vestir de hábito y se pasea

de aquí para allá ataviada de esa guisa.

(RÍEN)

Lo cierto es que no me extraña, Susana siempre ha sido muy beata.

Prima, ¿se encuentra bien?

Felipe y Ramón...

son amigos desde hace mucho tiempo...

y Trini es mi mejor amiga,...

la única que de verdad he tenido.

No dejo de pensar en lo que me dijo Felipe.

¿Y qué le contó?

Me contó que él y Ramón habían discutido en el portal.

Creo que nunca antes habían discutido,

al menos no por algo tan...

personal y doloroso.

Sí, entiendo.

Felipe no les perdona lo ocurrido,

sobre todo a Trini,

la culpa de todo. Lo sé, ya me lo comentó Fabiana,

que doña Trini

lleva algunos días sin comer, llorando día y noche.

Prima,...

ella también lo está pasando mal, está muy afectada

porque se siente culpable.

Creo que, en cierta forma, yo también la culpo.

No puedo evitar sentir rencor hacia ella.

Lo sé,

pero el rencor no es buen consejero.

Ya, ya lo sé,

pero pese a todo es lo que siento.

Prima, distanciarse de su amiga no es la solución.

Quizá deba hablar con ella cara a cara y oír de su boca

lo que siente.

A veces, por mucho que nos cueste, debemos hacer

un sacrificio para pasar página y mirar hacia el futuro,...

porque lo contrario no nos lleva a la felicidad.

-¿Vas a hablar con él al fin?

-Sí, que esta vez es de verdad de la buena.

-¿Seguro? ¿Luego no te entrará miedo

al tener que hablarle así, a la cara, a las bravas?

-Miedo ninguno, Casilda.

Aquí estoy dispuesta a abordarle en "cuantico" salga por la puerta.

-Eso estaba "deseandico" de escuchar,

que ya era hora, Marcelina.

¿Has "pensao" en lo que vas a decirle?

-Mucho lo he "pensao", sí, y no me distraigas

que se me olvidan los palabros, que me los he "aprendío" de memoria.

-Bueno, pues ahora coge aire,...

respira...

y templa los nervios, ¿eh? Y en "cuantico" nos lo crucemos,

tú te acercas, le hablas, pero háblale muy despacito

y muy claro. Estas cosas es mejor hablarlas desde la tranquilidad.

-Sí, sí, sí, sí, sí, eso haré, Casilda, esta vez "na" va a fallar.

-Claro que no. -No, no, no, no, no,

hablaré con tu primo sin llorar y sin hacer ni un "pucherico".

-Ni uno ni medio. -En cuanto le vea,

se lo digo "to" de retahíla y sin dudar.

-Eso. -¿En cuanto vea a quién?

-Uy. Ay, ¿de "ande" ha "salío" usted, Servando?

-De ahí, de la iglesia. -Ah, ¿de la iglesia?

¿Es que ha ido a rezar? No me lo creo.

-He ido a pedirle unas misas a la Paciencia, y ya que estaba

de paso, me he "confesao". -Ah.

-Me hubiera "gustao" entrar ahí y verlo a usted, porque estas cosas

no pasan todos los días. -Ya, sí, además de verdad,

que no estaba el padre Telmo y me he "confesao" con el sustituto.

-Pues es una lástima, porque el cura es un primor.

Y ¿cómo es que ahora le ha "dao" a usted

por el arrepentimiento y la confesión?

-Pues porque he "despotricao" tanto contra mi Paciencia,

que en paz descanse,

que no me encontraba bien. -Entiendo.

-Sí, tanto que le he "deseao"

que la partiera un rayo y, habiendo muerto

porque la ha "partío" un rayo, pues necesitaba encontrar la paz.

-Estar en paz con uno mismo es muy importante, sí.

-"Pa" chasco que sí, Marcelina. -Sí.

-Sí. -Y usted, Servando,

¿lo ha "conseguío"?

-Un poco sí, sobre todo cuando el cura me ha hecho entender

que yo no tenía la culpa de los truenos que había en Cuba.

-Pues eso es verdad. -Y me ha "quitao"

un peso de encima, eso es cierto, eso sí,

me ha hecho rezar de penitencia 40 Padre Nuestro y 50 Ave María

que verbigracia, es un potosí ya de salmos.

-Arrea, pues sí, la verdad que me parece una barbaridad para eso.

-Para lo de la Paciencia han sido tres,

el resto ha sido por los insultos

que le he dedicado al mulato ese de los co...

-¡Yepayaaaa! -Anda, mi primo.

Marcelina.

-Buenas mañanas "pa" todo el mundo. -Lo serán para ti.

De verdad, que yo no sé si esta mujer tiene miedo

o más cara que espalda, la madre que la ha "parío".

-¿Qué le pasa?

-Pues...

¿Se va?

¿Me abandona?

Solo estaré fuera unos días.

¿Unos días?

Quiero estar lejos de aquí hasta que pase la boda

de la señorita Lucía y Samuel.

No quiero estar cerca durante la celebración.

Entiendo el sufrimiento que eso le acarrea,

hace usted lo correcto.

Alejarse le sentará bien.

Van a ser unos días muy duros, Úrsula.

¿Quiere que vaya con usted?

No, prefiero ir solo, pero se lo agradezco.

Como quiera. En todo caso, le acompañaré a la estación.

(Llaman a la puerta)

Vaya, vaya a abrir.

¿Qué ocurre? Es una nota del comisario Méndez.

Dice que ninguno de los dos podemos abandonar la ciudad.

¿Cómo? Dice que a partir de este momento

un guardia vigilará la entrada de la casa parroquial

día y noche.

Pero, pero ¿por qué, qué ocurre, padre?

Nos están acusando de la muerte de fray Guillermo.

Han perdido los papeles.

Digan al comisario que están cometiendo un error.

Salga de aquí inmediatamente, la nota dice

que tiene que estar en la entrada, ¡salga fuera!

¡Fuera!

(Cierra la puerta)

Esto es una pesadilla.

-¿Lo entiende?

-La verdad... es que no.

-No se preocupe, mire.

En una caja hay cuatro relojes,

y en la otra hay cinco. ¿Cuántos relojes hay en total?

-Muchos.

-Pero ¿cuántos?

-Pero ¿para qué quiero tantos relojes,

si con uno ya sé qué hora es?

(RÍE)

-A ver.

Probémoslo con las manos, y con peras.

En una mano tengo cuatro peras...

y en la otra mano tengo cinco peras.

Cuente.

Muy bien. ¿Cuántas peras tengo en total?

-Casi dos "puñaos".

No me odie, señorita Leonor, tenga usted paciencia.

Es que los números no es lo mío.

¿Y si empezamos con algo más sencillo?

-Sí, sí. -Igual con las letras.

A ver si se le da mejor.

-Uf, las letras ya ni la o con un canuto.

-Que sí, empezaremos con su nombre, que es algo sencillo.

-Qué ilusión, nunca he escrito mi nombre.

¿Podré dejar de firmar con una cruz?

-Eso se lo diré ahora en un rato.

Mire.

¿Lo ve?

Un palo con otro palo encima, esta es la t.

La i es un palo solo,...

de nuevo la t, y la o es como un círculo cerrado.

"Tito".

¡Muy bien!

-Pone "Tito", Tito. -¡Pone Tito!

Muy bien. -He escrito mi nombre.

(RÍE) -Pues sí,

y esto es solo el principio, ¿eh? Ahora vamos a por "Lazcano".

-Sí, sí.

-Anota, Agustina.

Hay que coger un poco el bajo, un centímetro y medio,

y rematar los botoncitos del cuello, que hay alguno flojo.

-Coger bajo,... rematar botones.

-A ver, date la vuelta que te veamos.

Estás preciosa, el traje te sienta como un guante, ¿verdad, Agustina?

-Ha quedado perfecto, doña Susana, tiene usted manos de oro.

-¿Te gusta, cómo te ves tú?

Bien, ha hecho usted un trabajo maravilloso.

¿Solo bien? No, no, muy bien.

Susa...

Uy, solo venía a ver a doña Susana, pero qué suerte la mía.

Estás divina, Lucía.

Vas a ser una novia bellísima.

Gracias, doña Rosina.

¿Y tu prima? Si no ha bajado a la prueba, intuyo que no muy bien.

Lo cierto es que le está costando recuperarse.

No es para menos,

la pérdida de un hijo es un trago muy duro,

y más para la pobre Celia, con todo lo que ha pasado.

-Sí, lo raro es que no se haya cancelado tu boda por este asunto,

el motivo bien merecía posponer la celebración.

Desde luego,

así se lo propuse yo a mi prima, pero no quiso,

fue ella quien se negó en rotundo, y encima es la madrina.

Pobre Celia, siempre pensando en los demás.

-Con lo mucho que ha sufrido Celita para quedarse embarazada.

-Ni que lo digas, y cuando por fin lo consigue, lo pierde.

-Si hay algo injusto en esta vida, es darle un crío a esa mujer

para después quitárselo.

Qué mala racha estamos teniendo esta semana:

Celia pierde al niño y matan a ese pobre hombre, a fray Guillermo,

a unos metros de aquí.

-Pues Liberto me ha dicho que ha oído en el Ateneo

que el comisario Méndez está haciendo un trabajo admirable.

-¿Y por qué dicen eso?

-Están cercando el círculo sobre alguien y atando todos los cabos.

¿Han encontrado al asesino? Bueno, no sé si tanto,

pero pronto obtendrán resultados.

-Ay, bueno, ¿hay algo que quieras cambiar del traje, Lucía?

Ahora es el momento. No, está todo perfecto, gracias.

Pues te dejamos a solas para que te desvistas.

(Se abre y cierra una puerta)

-Señora, traigo una nota "pa" usted.

-Déjala ahí, Fabiana,

con el resto de las cartas.

Luego la leeré, ahora no me apetece. -Yo creo que esta

sí va a tener ganas de leerla.

Me la ha "dao" la señorita Lucía en mano para que se la entregue

a usted, que me la he "encontrao" en el portal.

-Sí, venía camino de aquí para dársela a usted personalmente,

creo que es de doña Celia.

¿Y bien? ¿Qué dice, señora?

-Es Celia.

Que dice que se encuentra mejor, que puedo ir esta tarde a visitarla.

Es una estupenda noticia, ¿no? -La mejor de las mejores, señora.

-¿Y si Celia sigue enfadada conmigo?

-Claro que no. -Fabiana,

¿y si solo quiere que vaya para decirme a la cara que me odia?

-La señora

no la odia, ni va a pasar "na" de eso.

Si doña Celia quiere verla, es porque quiere compartir su mejoría.

-¿Crees? -Estoy segura.

-Pero, Fabiana, viendo la actitud de don Felipe,

a una le da qué pensar.

-Si quiere usted salir de dudas, lo mejor es ir y hablar con ella,

y así se entera usted de lo que le pasa.

-Gracias, Fabiana.

-Menos mal que has vuelto a por el capazo,

porque llevo una semana que parezco una mula de carga.

-Ay, te lo agradezco, Casilda,

no sé qué me pasó. -Pues menos mal que no lo sabes,

porque no es la primera vez que te pasa.

-Que tenía yo la idea de hablar con tu primo, pero fue oírle hablar

con esa voz tan varonil...

-Que te entró el canguelo, vamos. No te preocupes, lo entiendo.

-Y luego ya, cuando le vi bajar con esa hechura que tiene de hombre,

me temblaron hasta las piernas. -Pues fíjate que yo diría

que te pasó lo contrario cuando te fuiste dando zancadas por la calle.

Diría que tienes unas piernas la mar de recias y "musculás".

-Buenas piernas me ha "dao" Dios, las cosas como son.

-Claro que sí, Marcelina. Pues a ver si nos centramos, ¿eh?

Porque llevo toda la semana llevando tu capazo y el mío

y parece que faeno en dos casas. Venga, vamos.

-Oye, ¿y por qué no vamos por la calle principal?

Que parece que quieras atravesar los jardines.

-Es que precisamente es lo que quiero, Marcelina.

-¿Y eso por qué? Si se da más vuelta.

-Pues porque, ¿no te parece a ti que este camino es mucho más bonito?

Y... volviendo al tema de mi primo...

-¿Qué pasa con tu primo?

-Si por un casual... ¿nos lo encontráramos?

-Dios no lo quiera. -No, no, Dios no lo quiera,

pero tú imagínate que por un casual nos lo encontramos.

¿Cómo te pondrías, eh,

te pondrías nerviosa? -No.

-¿Llorarías? ¿Te irías corriendo dando zancadas?

-No.

-¿Me lo prometes, Marcelina?

-Sí. -¡Prima, al fin te encuentro!

Que te he "estao" esperando y al final me he ido a dar una vuelta.

-Ja...

(RÍE NERVIOSA) -(RÍE)

-¿Qué te hace tanta gracia, mujer?

¿Qué, de paseo?

Arrea, mira, mira.

Pero ¿qué le pasa a esa mujer? Mira.

Corre como el galgo del alcalde del pueblo.

Espera. ¿Significa algo esta carrera y no lo estoy entendiendo?

-¿Sabes tú lo que significa?

Pues significa que el capazo de la Marcelina

se lo llevas tú a sus señores.

Hala, arreando.

-Doña Flora, doña Flora.

¿Qué le parece?

-¿Lo ha hecho usted? -De su puño y letra.

-Pues le ha quedado bien rebonito. -Nombre y apellido,

que se dice pronto. -Diga usted que sí,

que tiene mucho mérito. -Para alguien que hasta

hace dos días no sabía hacer ni la o con un canuto...

-Tito, le he preparado tortilla para la cena.

De tres huevos, que no son pocos.

-Qué bien, estoy que me comería un buey.

-Y después de cenar se va usted a la cama a descansar, ¿me lo promete?

-Sí, sí, sabe usted que sí. -Mañana tiene entrenamiento de nuevo

con Liberto. -No, no... no se me olvida.

-Y se tiene que acostumbrar al nuevo horario.

-Sí, en ello estoy, don Íñigo, en ello estoy.

-Me alegra.

¿Cómo está llevando el cambio de vida, se adapta?

-Hago lo que puedo, lo único que se me atraganta son los números,

que su novia de usted ha intentado enseñarme.

-Pero con constancia terminarán gustándole.

-Sí. Bueno, y las acelgas, que no hay quien se las coma.

-Ahí le digo que ni comiéndolas todos los días

se va a acostumbrar a ellas. -Poco a poco, Tito, poco a poco.

-¿Puedo comerme hoy un pastelito de esos que llevan guindas?

Uno chico, y después de su tortilla, que con gusto me echo al coleto.

-No sé yo si el azúcar es bueno por la noche.

-Con tanto deporte, le digo yo que conviene, y mucho.

Yo me como el pastel y la guinda, para el perrillo.

-Está bien, supongo que por una vez no pasa nada.

Ahí tiene.

-Me voy a descansar a la pensión y a darle achuchones

al chucho. -Que descanse.

-Eso, que se lo ha ganado.

-Estoy muy contento,

parece que las cosas van bien.

-Poco a poco, cariño, como bien has dicho.

-Estás haciendo un gran trabajo, hermano.

-Todos estamos haciendo un gran trabajo.

Anda, ¿y ese tipejo?

¿Será de los Juncos?

¿En qué lío se habrá metido Tito ahora?

Ahí viene, ahí viene.

Buenas tardes.

Supongo que está buscando usted a don Tito Lazcano, ¿verdad?

¿Ha pasado algo?

(Llaman a la puerta)

-Pasad, por favor.

-Celia, ¿cómo estás? Estoy muy preocupada por ti.

-¿Puedes dejarnos a solas, Fabiana?

-Celia,... -¿No me vas a dar un beso

después de tantos días?

-Tenía tantas ganas de abrazarte.

¿Cómo estás? -Mejor.

-Celia, siento mucho lo ocurrido, estaba muy asustada.

-Ya pasó, Trini, ya está.

-No mi dolor.

Celia, me siento muy culpable,...

sobre todo, después de los encontronazos

que he tenido con Felipe.

-No sé qué es lo que te diría Felipe exactamente,

pero no se lo tengas en cuenta.

Piensa que para él ha sido visto y no visto,

ni siquiera sabía que estaba embarazada cuando Lucía le dijo

que había perdido el niño.

-Ya.

Tampoco ha tenido que ser fácil para él.

-No, no lo ha sido. También hay que entenderle a él.

-No debí dejarte que fueras a comprarme esas hierbas.

-Trini, ya está, da igual. -¿Cómo?

-No quiero remover lo que no se puede cambiar.

El pasado, pasado está. Prefiero no hablar de esto.

-Claro, no,... no lo haré si no quieres.

-He vivido en un pozo de dolor, Trini.

No sé por qué Dios ha sido tan cruel conmigo.

Primero, permitiéndome creer en los milagros,

permitiéndome quedarme embarazada y haciéndome ilusiones

con un niño que... yo ya ni siquiera esperaba,...

para después quitármelo

y dejarme un vacío que...

no se lo deseo ni a mi peor enemigo.

-Te entiendo, Celia.

Te entiendo perfectamente.

-No entiendo por qué Dios no quiere que tenga hijos.

-Nadie lo puede entender, Celi.

-Por eso, Trini,...

no quiero que hablemos de esto nunca más, no quiero recordarlo,

no quiero volver ahí ni siquiera en el recuerdo.

-No lo haré, no lo mencionaré, no volveré a hablar del tema,

a no ser que...

tú lo necesites y yo estaré ahí para cuando tú quieras.

-Gracias.

-Ahora hay que volver a la vida cotidiana.

-Bueno, pero a lo mejor...

tienes que tomarte un poco de tiempo, ¿no?

-No, ya me he tomado el tiempo, ya he llorado la pérdida,

y ahora hay que mirar hacia el futuro,

y el futuro es la boda de mi prima Lucía,

de la cual soy madrina,...

y tu niño.

Así que, ¿cómo estás?

-Ay, Celi, te he echado tanto de menos.

-¿Qué es lo que sucede, Servando?

-Están registrando la casa parroquial.

-¿La casa parroquial? -Sí.

-¿Y eso por qué?

-Porque es donde han encontrado muerto a fray Guillermo,

vamos, que tiene sentido.

-Pero... ¿qué esperan encontrar?

-Eso no le sabría responder, pero dentro está el comisario Méndez

con sus hombres

y el padre Telmo, pero vamos, que buscan algo, eso está claro.

-¿Y qué hace ahí Úrsula con esos guardias?

-No lo sé, pero es que no la dejan entrar.

"Sus sospechas hacia mi criada" no tienen ni pies ni cabeza.

Ella es una buena mujer. Lo sabremos enseguida.

Yo ya lo sé. Aquí están perdiendo el tiempo.

¿Cómo puede creer que Úrsula ha podido matar a fray Guillermo?

Tengo mis sospechas.

El asesino no está aquí, comisario, está muy lejos,

a kilómetros de distancia. Tenga paciencia,

déjenos hacer nuestro trabajo.

Si estamos registrando la vivienda es porque tenemos indicios

de que aquí puede haber algo. ¿Qué va a haber?

¿Qué están buscando exactamente? ¿Han encontrado algo?

Gracias.

¿Qué han encontrado? Es el arma homicida,...

una navaja manchada de sangre.

¿Qué?

Estaba bajo una baldosa,

en la habitación de su criada.

No puede ser. Lo lamento, padre.

Detengan a Úrsula.

Pero ¿qué hacen? ¡Suéltenme!

Yo no he hecho nada.

Soy inocente. Yo jamás

haría daño a fray Guillermo.

Suéltenla. Ella es inocente.

¡Están cometiendo un error!

Créanme.

Padre Telmo, soy inocente. Por favor, no, soy inocente.

Escuché a fray Guillermo... animarle a dejar los votos.

No pude por menos que recriminarle tan terrible consejo.

En realidad, eso no es del todo exacto así.

Fray Guillermo nunca me recomendó tal cosa.

Contésteme.

¿Es cierto?

¿Va usted a dejar atrás su vocación?

Fui yo quien empujó al comisario Méndez

a que la considerara sospechosa de tan horrible crimen.

Le dije que había discutido con el fraile el mismo día de su muerte.

¿Y qué motivó tal discusión?

No lo sé, si fue Fabiana quien les vio,

pero por eso registraron la casa del padre Telmo por segunda vez.

Y encontraron la navaja en la habitación de la criada.

Yo, aun así, me resisto a creer algo así.

Sí, a mí me pasa igual.

He pensado que el verdadero criminal le ha tendido una trampa.

-Se trata de un combate oficial con todas las de la ley.

Tito tendría que sustituir a uno de los boxeadores,

pero que finalmente no puede acudir.

-Hombre, eso es una gran noticia.

-Por su rostro preocupado, creo adivinar que hay un pero.

-Qué bien me conoce, amigo Liberto. El combate es mañana por la tarde.

-Pero si mañana es la boda de Lucía y Samuel.

-Exactamente.

-Al parecer, el viaje de novios está resultando una auténtica maravilla.

-¿No te amuela? Serían los primeros novios

que no disfrutaran de su luna de miel.

Y bueno,

¿qué más dicen?

-Que nos echan de menos. -Uy,

eso ya me cuesta creerlo.

-Pronto podrás preguntárselo en persona,

porque ya están terminando su viaje.

-Mira, lo siento mucho por ellos, pero me alegro por mí,

que ya tengo ganas de volver a ver a Lolita y Antoñito.

-Úrsula detenida. Le espera una larga temporada a la sombra.

-Y quizá no sea la cárcel lo que le aguarda,

sino el garrote.

-Ay, Servando, no diga eso. -Arrea,

¿cree que exagero?

Pues si por un asesinato normal y corriente

acabas en manos del verdugo, por matar a un fraile

no creo que vaya a ser menos.

-Les ruego que me disculpen,

su criada me ha abierto la puerta.

-No se preocupe, no hay nada por lo que disculparse,

usted es siempre bien recibido en esta casa,

¿verdad que sí, Ramón?

-Por supuesto. ¿En qué podemos ayudarle?

-Susana, no se te ocurra acudir a la boda con semejante facha.

-Por supuesto, ya te lo dije, es una promesa.

No voy a arriesgar la vida de mi nieto por incumplirla, Rosina.

Lucía.

Quizá Úrsula nos engañó a todos cuando aseguraba que había cambiado.

-"Señá" Carmen,

¿está diciendo usted que la Úrsula asesinó a fray Guillermo?

-Yo no digo ni que sí ni que no, tan solo puedo asegurar que...

la Úrsula que todos conocíamos sí era capaz de hacerlo.

-No, no, no pudo matarlo, no.

-Qué valiente eres. Yo en tu lugar

no lo hubiera sido, estaría en casa llorando sin atender a nadie.

Bueno, ya no te importuno más, ¿eh?

Voy a buscar a Leonor, a ver si encontramos buen sitio,

pero antes, déjame decirte que estás guapísima, ¿eh?

Es que... cualquiera diría que has estado embarazada hace nada.

-Te lo voy a acabar diciendo yo, porque tú no te enteras de "na".

Vamos a ver, que la Marcelina está "enamorá" de ti hasta el seso,

hombre ya, que eres más tonto...

Sí, quiero.

¿Y tú, Lucía, quieres tomar

por legítimo esposo a Samuel

y amarle y respetarle

en la prosperidad y en la adversidad,

en la riqueza y en la pobreza,

en la salud y en la enfermedad

hasta que la muerte os separe?

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Acacias 38 - Capítulo 934

23 ene 2019

Lucía visita a Telmo por última vez antes de su boda, pero él nada le dice de abandonar el sacerdocio. Telmo quiere unos días alejado de Acacias para pensar su decisión y porque le duele la boda de Lucía, pero los guardias le retienen en el barrio. El comisario Méndez vuelve a interrogar a Fabiana y ella le confiesa que vio discutir a Úrsula con el finado. La policía entra en la casa parroquial a registrar y encuentra el arma del crimen entre las pertenencias de la criada.

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  1. Fanacacias3817

    pd : la reaparición de maria Luisa y Víctor !

    24 ene 2019
  2. Fanacacias3817

    Me encanta la serie , la veo desde q empezó ! Desde de los primeros capítulos han pasado tantas cosas ..... q la verdad es q a veces te preguntas dónde están esos personajes q se fueron de acacias como habrán continuado y si alguna vez van a reaparecer ! No estaría nada la mal la reaparición de Elvira y Simón con El Niño el regreso de María Luisa fue increíble ! No me lo esperaba ! Quería q fuese a la boda pero no me iba a imaginar q iba a pasar de verdad !

    24 ene 2019
  3. Querubina

    Me encanta el comisario Méndez¿

    24 ene 2019
  4. Mabi

    Agustina debe estar amenazada por Samuel, ésta vez creo y espero no equivocarme, que Ursula no tiene nada que ver con el asesinato. Por su forma de ser Agustina no permitirá que juzguen un inocente y contará al comisario lo que vio y sucedió esa noche. Que así sea.

    24 ene 2019
  5. Alejandra Perez

    Me encanto el capitulo de hoy y el avance, porfavor no vayan a arruinarlo nuevamente con otra tragedia, Lucia y Telmo juntos hacen una perfecta pareja. Y excelentes actores todos los del elenco.

    24 ene 2019
  6. Saro

    La serie está pasando, otra vez, por un momento muy bueno e interesante. La primera escena nos ha ofrecido la actuación de dos geniales actores Juanma y Marc pero es que, a medida que ha ido avanzando el capítulo, todos y cada uno de los personajes me ha tenido pendiente de la escena, cada actor dando lo mejor de sí. Las palabras de Telmo contándole al otro sacerdote todo lo que siente por Lucía. La visita de ésta a Telmo antes de la boda y los esfuerzos de él por no decirle la verdad. El momento de la visita de Trini a Celia. La sencillez y bondad de Tito. La poca ilusión de Lucía en la prueba del vestido de novia y su imaginación desbordada ante el espejo, recordando los maravillosos momentos vividos junto a su amado Telmo. Fantásticos todos pero, especialmente, Dani, Alba, Montse, Inés, Anita, Juan Dávila y también mención especial para David García (Comisario Méndez). ¡Enhorabuena a todos!!!. Formáis un magnífico equipo que me está haciendo disfrutar mucho. Gracias.

    23 ene 2019