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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 932 - ver ahora
Transcripción completa

Todos ustedes procuren estar localizables.

La investigación será exhaustiva. -Por poco no nos hemos "cruzao"

con el asesino del fraile.

-No digas "tontás", Casilda, ahí se iba a mostrar el asesino

para que tú lo vieras. -Ay, déjenlo ya.

-Y corre a cuenta de la casa, que anoche tuvo que ser de perros.

-Ya puede usted decirlo bien alto. Al volver

de llevar a doña Celia al hospital,

me encontré con que habían asesinado a un hombre en mi jurisdicción

y, para colmo, un fraile. Vaya noche aciaga.

-Pobre fray Guillermo.

-Ojalá pudiera decir lo mismo en cuanto a testigos.

No tenemos ninguno, ni tampoco suposición alguna

con respecto a los motivos de la agresión.

Por otra parte

está la autopsia, la primera impresión de los forenses

es que la muerte sobrevino por incisión en órganos vitales

causada por arma blanca.

-Fue el que me metió en ese mundillo y, no contento con eso me convenció

para que me asociara con el pocas luces de Tito Lazcano.

-Íñigo, no quiero discutir, ahora no.

Calme un poco esos nervios y ya hablaremos con más calma.

-Quiero que esté usted atenta a lo que se comenta entre las criadas.

-Ya le digo yo que ninguna sabe nada de nada.

-Pero podría saberlo en un futuro próximo.

Me sería muy útil que usted me informara de los comentarios.

Los dimes y diretes, todo lo que pueda serme útil.

-Sea entonces.

-¿Y bien, Ramón, traes noticias? -Sí, Celia ya está en casa, sí.

-¿Cómo está?

-De salud está bien, sí, está bien.

-Ay, voy a subir a verla. -Espera.

-¿Qué? -Don Ramón,...

no, no. -¿Qué?

-Lo ha perdido, Trini,

ha perdido a la criatura. -"Que anoche,"

cuando debió suceder el allanamiento y posterior homicidio,

vi a una de las criadas del 38 pasar muy cerca de la iglesia

y, por consiguiente, de la casa parroquial.

-¿Cuál de ellas?

-La señora Agustina. ¿La ha interrogado ya?

-Lo haré de inmediato.

-Haga usted una boda por todo lo alto,

no escatime gastos,

se recordará durante años,...

y yo le dejaré una buena dádiva,... aunque no me haya invitado.

-Trini,...

ha llegado una postal desde Santander de los chicos.

Te la leo.

"Maravillosos días en Santander".

"Lolita no podía creer que el mar fuera tan grande

y yo no podía creer que estar casado me fuera a hacer tan feliz".

"Espero que todo vaya bien en Acacias".

"Sus hijos, Lolita y Antoñito,

que los quieren y los extrañan".

Mira, es del palacio de la Magdalena,

allí en Santander.

Tendríamos que viajar más, Trini, apenas nos movemos de casa.

-Ramón, deberías enviarles un telegrama.

-¿Para qué? -Para contarles lo de Celia, claro.

Bueno, y lo del fraile.

-Ni hablar.

No pienso amargarles su viaje de novios.

Ya sé que lo que ha ocurrido es una desgracia, pero...

no puedo amargar los primeros días en común de una pareja

de recién casados, ya se enterarán a la vuelta.

-Ramón, por favor, ¿eh?, que Lolita ha servido en casa de Celia.

Estoy segura de que le gustaría saberlo para volver a su lado.

-Pues mayor razón para no decirles nada,

que sean felices en su luna de miel y paseando por el Sardinero.

No pienso amargarles la vida con algo que ya no tiene remedio.

Me gustaría tanto llevarte a Santander.

-Ay, Ramón, no estoy para viajes. -Bueno, mujer, ahora no,

cuando pase lo del parto.

Trini,...

no puedes encerrarte en tus negros pensamientos.

Lo que le ha ocurrido a Celia es una desgracia, pero la vida sigue.

-Ay, Ramón,...

si yo no le hubiera dejado que fuera a hacerme ese recado.

-Pero, Trini, ¿qué me estás diciendo?

¿No te considerarás culpable de la desgracia que le ha sucedido a Celia

con lo de la criatura? -Es que lo soy, Ramón.

¿Por qué iba a ir Celia al centro en su estado?

A hacerme un favor a mí.

Y fue andando, con la helada que estaba cayendo.

-Bueno, pero no es responsabilidad tuya que fuera andando

y en todo caso tampoco tienes por qué pensar en eso.

Si por un mínimo esfuerzo perdió la criatura,

es que ese embarazo no estaba bien.

-Un esfuerzo que yo no impedí.

-Y también le podría haber pasado yendo a La Deliciosa,

o subiendo las escaleras, o mismamente probándose un traje

en la sastrería.

El más mínimo esfuerzo

habría sido fatal para ese embarazo.

-Fue a por mis hierbas, Ramón,...

a por un capricho de embarazada, una ñoñería,

y ahora ese niño que Celia y Felipe tanto ansiaban

nunca llegará a este mundo.

-Pues lo sentimos con ellos, Trini, y les daremos todo nuestro apoyo,

pero está claro que ellos siempre han tenido problemas

para tener descendencia. Ahora,...

tú y yo...

tenemos que preocuparnos por nuestro hijo.

-Ramón,...

yo no sé qué haría si lo perdiera. -Es que no lo vas a perder,

porque vas a prometerme que vas a cuidarte mucho, ¿verdad?

-Te lo prometo. -Escucha,...

¿y qué te parece si le ponemos de nombre Ramón?

-Va a ser una niña, tengo el presentimiento.

(Sintonía de "Acacias 38")

Prepare un caldo de ave para el almuerzo y un baño caliente

con sales aromáticas, que eso nunca viene mal.

Celia, no se ha bebido el zumo.

No tengo ganas.

Pues tendrá que colaborar, ¿o no querrá que Felipe la vea

en ese estado al volver?

Me va a odiar.

¿Su esposo? No diga insensateces.

No he sido capaz de darle un hijo, le he decepcionado otra vez.

Prima, ¿y Tano?

No es lo mismo, Tano no es de nuestra sangre.

No valgo como mujer,

estoy yerma, vacía.

Celia, no vuelva a decir eso, se arrepentirá cuando se recupere.

Y beba, por favor, por lo menos un sorbo.

Ni siquiera sabía que iba a ser padre.

No he podido darle la noticia y ver su expresión de felicidad.

(Llaman a la puerta)

No quiero ver a nadie, Lucía.

Quien la visite será alguien que quiera su bien, le dará fuerzas.

Se regodearán con mi fracaso. Prima,

nadie va a hacer eso, ni lo piense.

-Celia.

Veníamos a...

darte nuestro pésame

y expresarte nuestros ánimos.

-Celia,... querida,...

te he traído este pañuelo de seda.

¿Te acuerdas que te quedaste mirándolo

en la sastrería?

-Cuando lo vi pensé en encargarte una toca igual,

para el bautismo del hijo que esperaba.

-Ahora no hay que pensar en esas cosas.

Sus motivos tendría el Altísimo

para reclamarlo a su lado.

-Claro, además, estoy segura que tendrás muchos hijos, muchos más.

-Susana, tu nieto está enfermo y sabes lo que se siente,

y Rosina,

tú sufriste mucho cuando supiste que no era un hijo

lo que esperabas, sino el fin de poder concebir.

Pues es lo mismo que siento yo.

-Solo hay una forma de calmar la pena,

la oración, ¿quieres que recemos un rosario?

Luego, le he pedido a la criada

que le prepare un baño caliente a mi prima.

Ah, qué bien, nada que un buen baño no pueda curar.

Liberto y yo somos muy dados.

Cada uno por su lado, ¿eh? Bueno, a veces compartimos alguno.

-Rosina, reconozco que eres la única persona que puede hacerme reír

hasta en el peor momento.

(Pasos)

¿Quieren un té?

No, Lucía, mejor no.

Perdonadme que no sea buena anfitriona,

pero voy a darme ese baño.

¿Si sois tan amables de dejarme sola?

-Claro.

Pero esta tarde me paso y rezamos ese rosario.

-Cuídate mucho, Celia.

-Buenos días. -Buenos días.

-Usted tome asiento, Agustina.

Fabiana, necesito hablar a solas con su compañera.

-Me voy al quiosco. -No, no, siga aquí,

cuando termine con ella la llamaré a usted.

-Como mande, estaré en mi alcoba.

-La veo nerviosa. ¿Está usted bien?

-A... Acatarrada.

-No la molestaré más de lo necesario.

Por lo que sé,...

estaba usted fuera del altillo en el momento de la muerte

de fray Guillermo.

¿Vio usted algo raro por la calle?

-Nada. -¿Está segura?

¿Nadie que llamara su atención?

¿Algo que fuera poco habitual por el barrio?

-Estoy segura.

-No sé por qué tengo la sensación de que hay algo que no quiere contarme.

-No, nada.

-Será error mío. Vaya a por Fabiana.

Dígale que venga. Después, déjenos a solas.

¡Asesino!

Espero que ese dios al que tan poco honra le dé su merecido.

¿A qué vienen esas voces?

Lo ha matado. ¿A quién?

Haga el favor de tranquilizarse o me veré obligado

a hacer que lo saquen de aquí. Ha matado al hermano Guillermo.

¿Fray Guillermo muerto?

No simule, es usted el responsable.

¡Asesino! Haga el favor de pensar.

A mí en nada me beneficia la muerte de fray Guillermo.

Voy a denunciarle. ¿Y va a decir que es mi cómplice?

¿También va a desvelar que durante todo este tiempo

supo qué le había pasado a Lucía Alvarado y permaneció en silencio?

Le creí más inteligente.

No me amenace, padre Telmo.

Le aseguro que yo no he tenido nada que ver

en la muerte de fray Guillermo.

Va a pagar por lo que ha hecho, se lo juro.

Lo dudo mucho.

No va a salirse con la suya, voy a acabar con usted.

Déjese de impertinencias.

Le recuerdo que soy su superior.

Pronto dejará de serlo.

Usted no tiene altura moral para su puesto.

-No sé, no creo yo que la "señá" Agustina le vaya a ocultar nada.

Será que el "resfriao" la "tie" "desubicá"

o que hablar con la autoridad impone.

-Son tantos años interrogando a la gente, que a veces uno cree que sabe

cuándo mienten y cuándo le dicen la verdad.

-Mire, la "señá" Agustina es respetuosa con la ley a carta cabal.

-Bien,... será error mío.

Usted le dio unas hierbas a Úrsula.

-Sí, señor comisario, "pa" ayudarla a reposar y "pa" los nervios.

-¿Tanto como para dejarla inconsciente?

¿Tan fuertes como para que no recordara nada?

-"Pos" según y cómo. Si toma una taza,

ya le digo yo que no, ahora ya, si se toma tres...

Eso no lo he "comprobao".

-Ya. Y dígame,...

¿por qué no fue Úrsula con las demás criadas al cinematógrafo?

-Úrsula no es de las nuestras,

hay historias con ella desde hace tiempo.

Usted "tie" que acordarse de cuando ella era la dueña del principal.

-Lo recuerdo.

-Pues "contestao". ¿"Pa" qué le voy a decir más "na"?

-¿Sospecha de ella?

-Uy, no, señor, que Dios me libre.

Yo creo que el afecto que le "tie" Úrsula al padre Telmo

y a fray Guillermo es sincero, que no es "impostao".

Yo no creo que ella sea culpable.

-Perdona por haber sido tan desagradable esta mañana.

-Como si eso fuera una novedad. -Ni digas eso,

Flora, sabes que no soy así.

Es la presión que siento por Tito.

-Presión que te has buscado tú solito.

¿Quién te manda a ti meterte a promotor de boxeo?

Nuestro negocio es este: los chocolates, los churros,

los bollos, los cafés.

-Que sí, que tienes razón, pero a veces me siento desmotivado.

-Dios nos vino a ver cuando puso La Deliciosa delante de nuestros ojos.

¿O no te acuerdas cuando hacíamos contrabando?

-Que sí, que te repito que tienes razón, Flora.

De hecho,...

estoy meditando la posibilidad de romper el contrato con Tito

y dejar ese mundo.

Leonor, ven.

Que quiero que escuches lo que le estaba diciendo a Flora.

-Uy. Eso suena a confidencia familiar.

-Laboral, más bien.

Le decía que estoy pensando en dejar el boxeo,

romper el contrato con Tito, olvidarlo todo.

-Cariño,... tú sabes que a mí nunca me ha gustado esa actividad,

me parece muy buena idea que renuncies a ella.

-¿Y vamos a abandonar a ese hombre? Pues no me parece bien.

-Flora,... es que a ti no hay quien te entienda, de verdad.

Si hace un rato me decías que nuestro único negocio

son los churros y los chocolates. -Sí,

pero de ahí a dejar tirado a Tito va un trecho. ¿Qué va a ser de él?

-Quizá deba buscarse un futuro lejos del box

y encontrar un trabajo decente como las personas normales.

-Y la pensión, ¿quién se la paga? ¿Y los filetes que se come?

-Tampoco podéis pagárselo para siempre,

y menos cuando no responde con los beneficios de sus combates.

Siento ser tan dura,

pero es así. -No sé.

No sé qué hacer y, por si fuera poco, no le veo

desde que le eché la bronca y no sé qué puede estar haciendo ese hombre.

-No sé qué le pasa a la Agustina.

-Pues ya lo dijo, "señá" Fabiana,

que está "resfriá".

Y ya sabe usted, el "resfriao" te deja como si un coche de caballos

te hubiera "pasao" por encima. -Eso te deja "baldá",

pero no nerviosa, y yo la estoy viendo más nerviosa que "apagá".

Si hasta se ha "dao" cuenta el comisario.

-Y entonces, ¿qué cree usted? -No sé,

yo no tengo ni idea, pero que no "pue" ser "na" "relacionao"

con la muerte del cura ese, vamos, es que no sé ni si lo conocía.

-Hombre, y tampoco es ella una asesina.

-Hombre, no, seguro que no, pero que le pasa algo, le pasa.

-A las buenas, prima y compañía.

-Jacinto, si vienes por la merienda, todavía no es la hora.

-No es eso, "señá" Fabiana,

ya, ya lo sé, venía a preguntarle a la Casilda por Marcelina.

-Ni idea, aquí no está.

-Ya, ya lo veo, pero...

Es que ando buscándola y no aparece ni debajo de las piedras.

-¿Y tú "pa" qué la quieres? -"Pa" "na".

"Pa" charlar con ella. -Ah.

Pues es que está saliendo muy poco de su casa.

-¿Ha "enfermao" o algo? -No, que yo sepa.

Bueno, sigue buscándola, que ya aparecerá.

-Eso espero. Con Dios, "señá" Fabiana.

-Con Dios, Jacinto.

¿Qué se traen estos dos? -"Na" de momento,

pero paciencia, que algo se traerán.

Ella, la Marcelina, está la pobre que no sale de su casa,

le da vergüenza que la vea mi primo.

-Vaya dos, pero bueno, como tú dices, paciencia.

Ay, Casildica.

Paciencia.

Cada vez que escucho esa palabra... me acuerdo de ella.

Y del pobre Servando también, claro.

-Con la de veces que dijo que no le importaba

si algo malo le pasaba a ella.

Y fíjese ahora cómo está el pobre.

-Y con la de veces que dijo que ojalá la partiera un rayo.

-Desde luego que hay que tener mucho cuidado con lo que uno desea,

Fabiana, porque mire, "aluego" se cumple.

-¿Morir de que te caiga un rayo encima?

¿Se te ocurre una manera más cruel?

-Uf, pues a mí se me ocurren muchas, cariño.

¿Te imaginas, por ejemplo, caer en manos de una tribu de caníbales?

-Sí, sí, eso es peor.

-¿O que un terremoto te entierre vivo?

-Ay, calla, no quiero que me digas ahora

todas las maneras horribles que se te ocurran de morir.

-Está bien. Es que a veces me da por soñar muertes horribles.

-¿Ah, sí, y no te despiertas?

-No, siempre pasa algo por lo que me salvo.

-Oh.

Bueno, pues a Paciencia no la salvó nadie.

Un rayo le cayó de lleno. -Ya.

Cariño, ¿cómo era Paciencia? -Ah, ¿no la conociste?

-Apenas, porque cuando llegué al barrio

ya estaba haciendo las maletas para marcharse a Cuba.

Así que no la recuerdo mucho. -Pues era muy desmemoriada,

y muy peculiar. Ah, y verídicamente trabajadora.

(RÍE)

En todas sus frases siempre decía eso de "verídicamente".

-Pues me da que verídicamente no lo va a volver a decir más,

y lo siento por Servando,

desde que se enteró, el pobre anda como alma en pena.

-Ay, sí. Y eso que dicen que Paciencia

andaba amancebada con un mulato, allá en las Antillas.

Justo castigo para su adulterio, un rayo en toda la cresta.

-Para que veas tú lo raro que es el ser humano.

Una de fiesta por las Antillas y el otro penando por los rincones.

(Llaman a la puerta)

-Que ya voy, ya voy, qué prisas. -Para un día que estás.

-Buenas noticias, gracias a Dios.

Mi nieto está fuera de peligro. -Ay, qué bien.

-Enhorabuena, tieta,...

pero siéntese, siéntese y nos cuenta bien.

-Esto ha sido gracias a mis rezos al a Virgen de los Milagros.

-Sí, pero digo yo que los medicamentos

que le dieron los doctores habrán tenido algo que ver.

-No seas blasfemo, Liberto. -Algo de razón tiene.

Rezar está muy bien, pero las pastillas también hacen su trabajo.

-Solo si Dios lo quiere así,

y ahora cumpliré mi promesa.

-¿Y nos vas a decir de una vez cuál es?

-Ahora sí. Ahora sí puedo hacerlo.

A partir de hoy,

y en agradecimiento a Dios Nuestro Señor,

vestiré siempre con hábito.

-A mí me pidió el comisario que le informara de todo

lo que se hablara en el altillo.

Como si alguna de nosotras fuera a saber algo

de lo que le pasó al cura ese.

-Fraile, ¿no? -Fraile, cura, ¿qué más da?

Lo que sí sé es lo que le dije,

que nosotras estuvimos en el cinematógrafo.

-Úrsula no.

A ver si piensa que Úrsula "tie" algo que ver.

-Pues igual.

-Bueno, pero nosotros vamos a dejar ya de pensar en ese pobre fraile,

que ya está al "lao" de Dios.

¿Y usted qué, Carmen, ya ha "pensao" qué ropa va a llevar

para el casamiento

de la señorita Lucía?

-Como si tuviera mucho donde escoger, Fabiana.

Yo, con ir un poco arreglada,

me conformo.

Qué lástima que no hayan invitado a todo el altillo.

-Ay. Bastantes celebraciones hemos tenido ya en los últimos tiempos,

que nos quiten lo "bailao", Carmen. (RÍE)

Lo que hemos "bailao" y lo que hemos "jalao", pues anda

que no nos hemos "dao" buenos banquetes.

(RÍE)

-Vengo a arreglar la cañería.

-¿Se ha vuelto a romper?

-Pero si ya la había "arreglao" usted, Servando, ¿no se acuerda?

-¿Ya?

-No me diga que se ha "olvidao".

-Ande, siéntese y le sirvo una taza de achicoria,

que es buena para la memoria. -Debo...

Debo de estar perdiendo el oremus. -Sí, eso mismito le iba a decir yo.

-Tenga.

¿Por qué no se pide dos o tres días libres y se viene aquí al altillo?

-Eso sí, Servando, a que le cuidemos, a que usted descanse...

-No, no, si no... no estoy cansado, no, lo que pasa es que...

no paro de darle vueltas a la cabeza.

Un rayo.

-No piense usted más en eso. -Ya, pero es que hay miles

de formas de morir y...

a mi Paciencia le ha partido un rayo.

-Esa es una forma de morir como otra cualquiera,

como al que le cae un piano en la cabeza desde un quinto piso.

-Ya, sí,

pero yo nunca he dicho: "Ojalá le caiga un piano en la cabeza",

yo siempre decía: "Ojalá le parta un rayo".

-¿Y?

-Pues...

que en parte me siento algo culpable.

-Una parte tan pequeña que apenas es nada, hombre.

Desde que usted se enteró

que ella estaba con el cubano,

dijo que Paciencia "pa" usted estaba muerta.

-No, si eso es verdad, si yo creía que cualquier cosa que le pasara

no me iba a importar, a mí "plim", vaya.

-Pero no.

-Pues eso, que...

cada vez me acuerdo más de cuando éramos críos...

y nos íbamos a bañar al río.

Y de las bufandas que me hacía "tos" los inviernos.

-Bufandas muy feas, Servando, perdone usted que se lo diga.

-Sí, sí, muy feas, sí, pero... también muy calentitas.

Y de los guisos de patata con pimentón,

y de cuando me decía...

"verídicamente".

(LLORA)

-Vamos, que se acuerda usted de ella.

-Sí.

De todos los momentos felices que hemos tenido y...

ahora va y le parte un rayo.

-Ay, Dios mío.

¿Y usted se cree culpable de un rayo?

Pues nada, de eso nada de nada, Servando.

Usted no "tie" "na" que ver ni con rayos, ni con truenos

ni con vendavales, hombre.

-No. Dios me ha "castigao".

-Como que Dios no tiene otras cosas que hacer.

Ande, traiga su taza que le sirvo más achicoria.

-Padre.

Queríamos decirle que le acompañamos en el sentimiento.

Gracias, Leonor, se lo agradezco.

-Yo también.

Conocía poco a fray Guillermo, tan solo de cuando vino a tomarse

un café a La Deliciosa, pero era un hombre muy agradable.

Agradable, culto, ameno.

Era una persona que se hacía querer

y que todos lo que le conocíamos le echaremos mucho de menos.

He visto ya al comisario Méndez por el barrio, ¿ha averiguado algo?

No, todavía no hay resultados.

Los habrá. La policía va lenta, pero al final siempre coge a los malos.

Vendremos más tarde, cuando se disponga el velatorio y el funeral.

A fray Guillermo le reconfortarán nuestras oraciones.

Vayan con Dios. Con Dios.

Padre Telmo.

Ha llegado recado del comisario Méndez.

Dice que el cuerpo de fray Guillermo ya está de camino

para que se le puedan hacer los ritos.

Está ya dispuesto.

En cuanto llegue, las campanas doblarán al muerto.

Prepare usted el responso, yo me ocuparé de todo lo demás.

Le agradezco muchísimo su ayuda, Úrsula,

sobre todo en momentos tan dolorosos.

Espero poder seguir siéndole de ayuda.

Voy a cambiar las velas.

Padre.

Quería darle el pésame

en mi nombre y en el de mi esposa.

Gracias. ¿Cómo se encuentra doña Trini?

Indispuesta, y muy afectada por la pérdida del embarazo

de su amiga Celia.

El Señor ha querido que se junten días de mucho dolor para todos.

En cuanto sea posible, intentaré visitar a su esposa

y a doña Celia.

En estos momentos

estoy superado por la pena, no creo que sea de buen alivio,

más bien todo lo contrario.

No se preocupe, lo entiendo, ya se lo comunicaré a ellas.

¿Cuándo se va a celebrar el funeral?

Las campanas darán aviso cuando esté listo.

Gracias, padre, y ahora le dejo, tendrá usted mil cosas por hacer.

(SUSPIRA)

¿De quién es?

De la Orden del Cristo Yacente.

Llévala de vuelta, y diles que es lo que pensamos de ellos

y de sus coronas.

¡Ahora mismo!

Trini.

Perdone que haya tardado tanto, la criada se ha ido a la botica.

¿No me vas a invitar a pasar?

Celia se ha quedado dormida en el salón

y no quiero que la despertemos.

Ah. Bueno, pues...

vuelvo más tarde.

¿Cómo está?

Pues desanimada.

Ya.

¿Te parecería bien si...

la dejamos dormir como una hora y vuelvo a verla?

No quiero parecer antipática, pero lo mejor

es que hoy la dejemos reposar.

Creo que necesita tiempo y calma para recuperarse.

Ya.

Lucía, ¿tú crees que las visitas le harán mal?

Pues si le soy sincera, sí.

Las visitas le hablan y le recuerdan sobre su pérdida,

y así es imposible que ella pueda distraerse del dolor.

Trini, si de verdad quiere ayudarla,

espere a que sea ella quien la llame.

Está bien.

Tan solo dile que...

cuando quiera llamarme, yo voy a estar a su disposición.

Sí, lo sabe perfectamente, la tiene a usted

por su mejor amiga.

Ahora, si me disculpa... Claro.

-Nada, en la Sociedad Gimnástica tampoco estaba.

Y no me extraña en absoluto, a Tito nunca le ha gustado entrenar.

-Pues empiezo a preocuparme, Liberto.

¿Dónde se puede haber metido ese hombre?

Si Flora ha ido a la pensión, allí tampoco está,

ni siquiera fue a dormir anoche. -¿Tan grave

fue la bronca que usted le echó?

-Era una bronca, una bronca.

No creo que fuera exagerada, en comparación

con lo de no presentarse al combate.

-Pues quizá se sintió ofendido y humillado.

-Pues quizá sí,...

pero mire, no me arrepiento, porque estamos hablando de Tito Lazcano,

un pugilista, un hombre, como se dice vulgarmente, de pelo en pecho,

aunque no tiene mucho.

-Pero creo que es más sensible de lo que parece.

-Pues aviado estoy si tengo un luchador sensiblón.

Menudo agujero iba a meter a mis ahorros.

-Mal negocio, sí, o tal vez haya decidido volver a su tierra.

-Pues no sé si eso sería mejor para todos.

-¿Y el contrato? Eso sería

como dar por perdida la inversión. -Liberto,

empiezo a pensar que lo del contrato es lo de menos

y que es mejor dar ya la inversión por perdida,

en lugar de estar poniendo dinero en lo que parece ya un pozo sin fondo.

-Ha perdido la esperanza en Tito, vaya.

-Casi por completo.

Tito podría llegar a ser un gran pugilista, tiene acero en los puños,

pero usted sabe que en este sport hay que usar la cabeza.

-Eso es más importante que los puños, sí.

-Y la cabeza de Tito no está preparada ni para la competición

ni, me temo, para ningún tipo de responsabilidad.

-Cuesta admitirlo, pero estoy de acuerdo con la visión que tiene

de la carrera de Tito.

-Don Íñigo, le dije que me enteraría de lo que fuera

a través de otros serenos. -¿Has encontrado a Tito?

-No, le han visto, anda por el barrio de El Junco.

-Uh. -Ah, pues explícame,

que sabes que no soy de aquí. -Malas noticias, Íñigo,

no lo hay peor en la ciudad.

-Por allí pasa lo peor de cada casa una vez al día.

-O a la noche, más bien. -Timbas de cartas,

bares clandestinos, compañía de todo tipo,

vamos, cualquier cosa puede encontrar en El Junco.

-Pero ¿se puede saber qué hace ese hombre allí?

No sé, habrá que ir a buscarle. -No, no,

hágame caso, ni se le ocurra, será mejor dejar que salga solo.

Si alguien sabe defenderse en un sitio como ese, ese es Tito.

Gracias por venir.

Yo me ocuparé de las flores.

¿Cómo se encuentra el padre Telmo?

Muy afectado.

Ahora las atenderá.

No me gustan nada los velatorios. -Ni a ti ni a nadie.

-¿Y por qué se hacen? -Por costumbre.

No van a enterrar a los muertos sin antes despedirse de él.

-Mira, ahí llegan Samuel y Lucía.

Supongo que después de lo de doña Celia, retrasarán la boda.

-Ni idea.

Lo que no creo es que sea la madrina de la boda.

-Pues como no sea Úrsula, que fue la madrastra del novio, no sé quién.

Vaya papelón.

Sean bienvenidos.

Queríamos darle el pésame al padre Telmo.

Ahora está orando por la muerte de su amigo,

en cuanto acabe les atenderá.

Hay poca gente.

Supongo que llegarán más tarde.

Fray Guillermo conocía a poca gente en la ciudad,

pero era muy querido.

Deberían llevarlo a su tierra, para enterrar.

Gracias por venir.

Sabía lo mucho que quería y admiraba a fray Guillermo.

Lo menos que podía hacer era acompañarle en este duro trance.

Mis condolencias.

Gracias.

Padre, sentimos mucho la muerte de su tutor.

Mi tutor...

y el mejor de los amigos.

Padre,...

querría estar a su lado y darle la fuerza que necesita.

Sabe que no es posible.

Lucía, querida,...

deberíamos marcharnos, seguro que el padre Telmo

quiere quedarse a solas con su amigo

y dedicarle unos últimos pensamientos.

-Buenas tardes, don Íñigo. -A las buenas, Cesáreo.

-Nada, no he logrado saber nada más. -¿Has estado en El Junco?

-No, no me he atrevido, aquello es peor que los campos de Flandes

donde luchaban los tercios. -No exageres, hombre,

que pareces Servando. -Que no,

que ese barrio es lo peor de toda España.

Lo que sí puedo hacer es hablar con algunos amigos serenos

para que me acompañen y quizá así no corramos tanto riesgo.

-Inténtalo, ojalá encontremos a ese hombre.

Muchas gracias, Cesáreo. -Le mantendré informado. Con Dios.

-No has venido al velatorio de fray Guillermo.

-Apenas le conocía, Flora. ¿Había mucha gente?

-Poca.

Me ha dado un poco de pena. Tendrías que haber venido.

-Me habría gustado, Flora, el padre Telmo me cae bien,

pero estaba haciendo cuentas de lo que llevo perdido con Tito.

-¿Ha aparecido? -Le han visto por los bajos fondos,

en un barrio muy peligroso, muy malo.

-Ay, pobre hombre. Si vuelve,

le voy a hacer un chuletón que no va a ser capaz de terminárselo.

-Te aseguro que seré capaz.

Vengo con un hambre de lobo hambriento.

-¿Dónde se había metido?

-¿Qué le ha pasado en la cara? Siéntese,

le voy a traer una bolsa de hielo para que se la ponga en ese ojo.

-Pero vamos a ver, ¿qué ha hecho usted, Tito?

-Aquí tiene. El dinero de la multa.

-¿Y esto?

-No ha sido fácil, los árbitros del sitio en el que he estado

no tenían mucho interés en que las normas se cumplieran

al pie de la letra.

Más que box era pelea a brazo partido.

-Tenga,

póngaselo, que no se le hinche.

-Es mejor un filete. -Ya,

pero es que el filete ya he pedido que se lo echen a la sartén.

-Ah, bueno, tampoco me va a sentar mal.

-Vamos a ver, Tito,... ¿me puede explicar esto, por favor?

-Me dijeron que había peleas en el barrio de El Junco

y allá que me fui.

-Pero si me han dicho que ese barrio es muy peligroso.

-Todo lo que le digan es poco, don Íñigo,

pero allí se puede ganar dinero.

Las peleas no son muy legales, pero el dinero...

el dinero es contante y sonante.

(SE QUEJA)

-Esto es una locura.

-Don Íñigo,

yo nunca dejo tirado a un amigo, nunca.

-Aquí te traigo lo que me has "pedío".

-Has "tardao". -¿Que he "tardao"?

Por Dios, que vengo "derrengá", Marcelina, no me tientes, ¿eh?

Oye, ¿de verdad que tus señores comen patatas a diario?

-De comida y de cena, tortilla de patata, y si sobra,

"pa" el desayuno se la zampan.

-Qué aburrimiento, hija mía. "Pos" te digo una cosa,

yo no pienso caminar a diario con tres kilos de patatas.

-Yo no puedo ir al "mercao".

Imagínate que me encuentro con el Jacinto.

-Pues le dices "buenos días", "buenas tardes", "buenas noches",

le preguntas cómo le ha ido la faena.

-Se me cortaría la voz de la vergüenza.

-Mucho mejor es eso a que yo me quede "torcía"

por el peso de las patatas.

-Casilda, ¿qué haces aquí?

-Pues nada, que venía de la compra y me he "parao" a saludar

a mi buena amiga Marcelina. -Anda para casa

que tienes que preparar la cena. -Sí, señora.

-¿Has visto a Jacinto?

-No, señora. -¿Tú tampoco le has visto?

-No.

No lo he visto.

(LLORANDO) No sé desde cuándo no lo veo.

-Tu amiga está fatal de la cabeza.

-No. No.

¿Te parece bien aquí, querida?

Samuel, yo debería ir a acompañar a mi prima.

Tú también tienes que descansar, no puedes estar todo el día

encerrada con tu prima.

Bastante se ha ocupado ella de mí

cuando he sido yo la que lo ha necesitado.

Tómate un chocolate con picatostes

acompañando a tu prometido y luego vuelves a subir a casa.

De acuerdo, pero que sea rápido.

Cualquiera diría que no te apetece estar conmigo.

Chocolate con picatostes para los dos.

¿Puedo sentarme un momento con ustedes?

Claro. Será un placer. ¿Quiere que le pida algo?

No, no se moleste, solamente quiero hacerles unas preguntas

de manera informal,

no es un interrogatorio.

Estamos a su disposición, cualquier cosa que necesite

para esclarecer el asesinato de fray Guillermo,

cuenta con nuestro apoyo. Gracias, muchas gracias.

Usted conoce bien al padre Telmo,... ¿sabe qué relación tenía

con fray Guillermo?

Magnífica.

El padre Telmo sentía veneración por ese hombre.

Si hay algo

que le ha llevado a sospechar de él, olvídelo.

Querida,...

no predispongas en nada al comisario,

él sabe cómo tiene que llevar la investigación.

¿Tiene usted alguna duda sobre la inocencia del padre Telmo?

No, no, en absoluto,

pondría la mano en el fuego por él.

Todo lo que le ha contado mi prometida es cierto,

el padre Telmo sentía gran afecto

y aprecio hacia fray Guillermo

y, por lo que sé, el afecto era recíproco.

He cambiado de opinión,

me tomaré un chocolate, acepto su invitación.

¿Lo pediría por mí, don Samuel?

Claro.

Un chocolate para el caballero.

Doña Lucía,...

noté algo extraño en el velatorio entre ustedes tres, el padre Telmo,

su prometido y usted.

¿Les ha ocurrido algo? No, nada grave.

Es una simple sensación,... seguro que no tiene importancia.

Enseguida traen los chocolates.

Solo una cuestión que le estoy haciendo a todo el mundo,

no crean que significa nada,

¿qué estaban haciendo ustedes la noche que...

asesinaron a fray Guillermo?

Pues tenemos coartada,

salimos a cenar,

los camareros del local pueden confirmárselo.

¿Le envío la dirección?

No, no, no es necesario.

Hemos terminado. Podemos disfrutar del chocolate,...

a no ser que haya algo que ustedes quieran contarme.

Verá,... no me gustaría tener que hablar de esto, pero Úrsula,

la criada del padre Telmo,

estuvo ingresada en un sanatorio mental.

Ya sabe cómo son esas enfermedades.

No creo que Úrsula quisiera hacer daño a fray Guillermo.

Ni yo lo afirmo,

tan solo sugiero que sería bueno investigar lo que haga esa mujer.

Fue parte de mi familia y sé que su mente

puede llegar a ser muy enrevesada.

Déjala en mi alcoba, yo la desharé.

Felipe, le esperaba más tarde.

El tren ha llegado puntual.

Es tan poco habitual que acaba siendo una sorpresa.

Voy a ver a Celia.

Estoy preocupado por las noticias que me han llegado sobre ella.

Espere. Antes quería hablar con usted.

Han pasado muchas cosas estas semanas que ha estado fuera.

Me llegó el telegrama

hablando sobre su ingreso, pero... no especificaba la dolencia.

Está bien, ¿verdad?

No, no lo está. Su ingreso fue por un aborto.

Eso es... Eso es imposible.

Celia estaba incapacitada para tener hijos.

Pues la naturaleza obró un milagro, Celia estaba embarazada,

pero no lo supo hasta después de su partida.

Los médicos nos dijeron que no podíamos tener hijos.

Pues fue un milagro, Felipe,...

un milagro que acabó convirtiéndose en pesadilla.

¿Cómo fue?

Celia salió una noche a hacer un encargo,

no había coches de alquiler y fue andando.

Helaba esa noche y pasó varias horas de un lado para otro.

Cuando regresó estaba agotada, y en su estado no resistió.

Hubo que llevarla al hospital y... bueno, el resto ya lo sabe.

¿Salió a trajinar por la calle como una criada?

Pero ¿qué tenía que hacer?

¿Qué recados o compras eran tan importantes, maldita sea?

No lo sé, creo que doña Trini le encargó algo.

¿Trini?

¿Trini mandó a una mujer sola... y embarazada a hacerle recados?

Bueno, ¿quién iba a imaginar...? No lo sé, Felipe,

fue un accidente.

¡Un accidente que se podría haber evitado!

Voy a ver a Celia.

Ya todo ha terminado, Guillermo.

Lejos de casa,... sin familia,...

solo algún conocido, sin hijos,...

sin nadie que nos vaya a recordar en la Tierra.

Esa es nuestra vida.

Señor,...

te pido que en la vida eterna compenses a mi maestro Guillermo

todas las renuncias que ha hecho para dedicar

nuestra existencia a su grandeza.

También para que me ilumines a mí a seguir por el camino recto

ahora que he perdido mi guía.

Padre Telmo,

perdone que le haya interrumpido.

No se preocupe.

Lo importante hoy es el hermano Guillermo,

que está presto a recibir sepultura.

¿Oraba usted?

Más bien lanzaba al cielo mis lamentos y mis peticiones.

Puedo regresar en otro momento. No, no.

Temo que el Señor empiece a estar harto de mí,

siempre pido un hombre que me guíe,

como si yo fuera algo más que un simple párroco.

Dígame a qué venía.

A hablar con usted de la muerte de fray Guillermo,

a intentar que me ayude a esclarecerla.

¿Sobre quién quiere interrogarme? Sobre Úrsula.

-No vuelvas a dejarme sola, no vuelvas a marcharte.

-Nunca más. Nunca más.

Vamos a superar esto,...

te lo prometo.

-Cuando me dijeron que estaba embarazada solo pensé en ti...

y en la ilusión de poder darte ese hijo que tanto esperas.

-Para mí tú eres lo más importante,...

que estés aquí...

y que estés a mi lado.

-Pero te he fallado,

te he fallado otra vez. -No, no, no, no digas eso.

No digas eso.

Yo solo te necesito a ti.

Ni hijos... ni a nadie.

-No me has contado nada de tu viaje a Oporto.

-Está todo bien, cariño. Eso no tiene importancia ahora.

Lo importante es que estoy aquí.

-Me hacías tanta falta a mi lado.

-Lo siento.

Lo siento, cariño, siento no haber estado.

Pero nunca más nos vamos a separar, te lo prometo.

Ahora quiero saberlo todo.

¿Por qué diste esa caminata que te hizo perder al niño?

-Dígame toda la verdad,

¿qué sucede exactamente dentro de la orden?

La Orden del Cristo Yacente es un nido de corrupción,

dirigida por el prior Espineira,

algo que terminaré sacando a la luz cueste lo que me cueste.

-Ahórrese las explicaciones, estoy al corriente de los hechos

y aquí el único muerto es mi hijo.

-¿Me está recomendando que deje de ser su representante?

-Sí, rompa la asociación que le une a él.

-Sí, cariño, a mí también

me parece lo más sensato. -Me sabría muy mal hacer eso.

-Según sé, hay mucha controversia con su labor al frente de la orden.

-Controversia,

¿a qué se refiere? -A la corrupción

que impera entre ustedes,

al interés desmedido por lo material.

-Eso es una infamia.

-Esto es un sacrificio por mi nieto.

-Pues vas hecha un espantajo. -Mejor.

Así tendrá más valor ante los ojos de Nuestro Señor.

-Celia estaba en estado de buena esperanza

y usted la mandó al quinto infierno. Es una egoísta

y solo piensa en sí misma.

-Felipe, yo no quería que le pasara nada, Celia se encontraba bien,

nada hacía presagiar esto. -Déjese de lamentos, por favor,

por su culpa... hemos perdido a nuestro hijo.

-"Lo siento".

Siento haberos fallado.

No, por favor, no tiene que disculparse por nada.

Tendréis que buscaros otra madrina.

-Felipe me ha acusado de no cuidar bien a Celia,

de haber sido una egoísta y solo haber pensado en mí.

-Voy a hablar con Felipe ahora mismo,

me tiene que dar una explicación, no puedo consentir

que te trate de esta guisa. -Que no, querido, siéntate,

no le digas nada, solo conseguirás empeorar las cosas.

-"¿Qué opinión tenía de fray Guillermo?".

-Por lo poco que le conocí, me pareció una persona muy agradable.

-¿Conoce algún altercado en el que esté involucrado?

-Fabiana me dijo que vio a Úrsula discutir con él

ese mismo día.

-Bueno, eso puede ser una pista.

No me perdonaría dejar de rendirle los honores que se merece.

Su maestro estaría orgulloso de usted.

Y más que lo estará.

No descansaré

hasta que haya vengado a mi mentor.

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  • Capítulo 932

Acacias 38 - Capítulo 932

21 ene 2019

Lucía propone a Samuel retrasar la boda hasta que Celia se recupere, pero el Alday se niega y ella acepta: seguirán adelante con sus planes de boda. Méndez sigue con la búsqueda del asesino de fray Guillermo. Pregunta a Fabiana por Úrsula y las hierbas que le dio.

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Añadir comentario ↓

  1. Esther quintana

    Tiene mucha audiencia en mi pueblo la sigo desde que empezó...y ahora mi marido también la sigue ....ojalá a los guionistas se les ocurra que el asesino tenga castigo así podremos seguir viéndola un tiempo más.

    22 ene 2019
  2. Sabela

    Lo encontré. Pues he de decir que la sigo deses que empezó, y ya va siendo hora de que coja algún asesino en esta novela porque sino camsa y decepciona. Aburre. Aviso a guionistas

    22 ene 2019
  3. Marilu

    Siguen con los guiones macabros, muertes, enfermedades, desgracias, calamidades a granel.................- En cuanto a los casos puntuales, si bien es de lo mas sospechosa Ursula, basta oírla como encaró al fraile Guillermo acusándolo de querer quedarse con la parroquia, no creo haya sido ella la autora del hecho, mas bien, sospecho del enano maldito, Samuel.- En cuanto a Lucía es lamentable ver como se deja embaucar, convencer, manipular por Samuel.- .- Con lo sucedido a Celia es de esperar que Trini deje de lado sus " costumbres " y ridiculeces cabraiguenses ( como la de un yuyo para el dolor de cabeza) y utilice mas el sentido común, de otra manera pobrecito/a el/la que nacerá dentro de poco

    22 ene 2019
  4. Carmen

    Vega yaaaa jolín cada día peor que decepción ...toda la serie esperando que Celia se quede embarazada ( que desde el principio se veía venir que los guionistas jugarían co la posibilidad del milagro) y ahora que por fin ocurre ...valla despropósito y la Trini embarazada sin venir a cuento ..el guión se está convirtiendo en un tocho morocho.

    22 ene 2019
  5. Mabi

    Que LECCIÓN!!!! le dio Tito a Iñigo!!!!! La poca " cabeza " la tiene él pensando solo en como hacer dinero, y ésta vez a costa del hambre y la ignorancia...pero los " valores" y los " laureles " se los lleva Tito!!' a fuerza de golpes para recuperar la plata de la multa y no dejar a un amigo en la estocada. Está todo dicho.

    22 ene 2019
  6. Carmen

    El comisario le ha dado su palabra a Telmo de que encontrará al asesino jajajaja jajajaja si claro menudo es el comisario matan a diestro y siniestro en la calle acacias y el no ha dado ni con su nariz ..y la pobre de Carmen le pregunta que si se sabe algo y el en su infinita arrogancia le contesta que las preguntas las hace el... jajajaja pues así te va.inutil.

    22 ene 2019
  7. Saro

    Esta semana va a estar muy interesante. Por fin una pequeña escena, juntos y solos, de Rosina y Liberto ¡cómo las añoro!. Me da pena de Trini, se siente culpable por lo de Celia y Ramón tratando en vano de ayudarla. Ha habido dos escenas muy bonitas: el encuentro de Felipe con Celia y la de Lucía consolando a Telmo ... cuándo va a callarse y a desaparecer Samuel de una santa vez?. El comisario Méndez se ha fijado en que no puede hablar con Lucía delante del Alday. No creo que Ursula sea la asesina, ni tampoco Espineira, me inclino porque ha sido "el pequeño Alday".

    22 ene 2019
  8. Paz

    Se está poniendo demasiado pesada, me gustaría que la cortaran ya para poder ver el final porque pasará igual que con puente viejo, me quedé en el capítulo 688 sido incapaz de ver más. Muy pesada y pasando a ser muy mala

    22 ene 2019