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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 926 - ver ahora
Transcripción completa

No le hará daño...

o contaré hasta la última coma de su mezquino plan.

Si se atreve,...

Lucía no será la única perjudicada.

Despídase de fray Guillermo,...

para mí será un placer... perder de vista a mi viejo amigo.

No lo olvide, padre.

-Ponte...

Ponte esto para no mancharte.

-Si es que el blanco no es "na" "sufrío".

-(RÍE NERVIOSA)

-Definitivamente, ha "perdío" la chaveta.

-Yo le juro...

que esta tarde estaré como un toro, no le voy a dejar en la estac...

-Madre mía, madre mía, madre mía, que este hombre está hecho un dolor,

que esto va a ser mi ruina.

-Uno es de ley, y si le digo que puedo, puedo.

-Por ahora, comer es lo único que me ha demostrado que sabe hacer.

-Eso también,

pero le demostraré que puedo repartir estopa

y dejar tirado en la lona al más pintado.

-Eso espero, ¿eh, Tito? Yo solo tengo ojos para mi novia

y para apreciar que se ha puesto el broche de mi madre.

Me alegro que te complazca que lo lleve.

Bueno, no perdamos más tiempo, estoy deseando asistir a la boda

que tanto ha costado llevar a cabo.

Querida mía, hoy será la primera vez

que escucharemos misa juntos como prometidos.

Espero que Dios bendiga nuestra relación

como ayer ya la bendijeron los hombres.

(Volteo de campanas)

-¡Viva los novios! -(TODOS) ¡Viva!

(Silbidos)

(Aplausos)

-Queridos amigos,

permítanme que les pida

unos momentos de silencio.

Ya imaginarán que reclamo su atención

para endilgarles uno de esos almibarados discursos

que solemos dar los padres de los novios en ocasiones como esta,

pero es que me siento tan dichoso,...

que quiero compartir mi felicidad con todos ustedes.

Tengo aquí... a mi niña,

a mi María Luisa,

a mi María Luisa de mi vida, como siempre dice mi querido Víctor,

al que le veía tirarle de las coletas

desde que ambos no levantaban ni un palmo del suelo.

-(RÍEN)

Tengo aquí a mi primogénito, del que pensé que nunca

iba a hacer carrera,

convertido en un hombre formal

y casado con una señorita,

bueno, ya señora, que procede del mismo pueblo

que vio nacer al amor de mi vida,...

a mi Trini, que además lleva en su vientre

a mi tercer hijo.

Lolita,...

atesoras no solo las virtudes necesarias

para haber encandilado a mi hijo,

sino los arrestos suficientes

para haber luchado por un amor que desafía las clases sociales,

por eso quiero darle las gracias

a la vida, a la fortuna y a Dios.

Y que vivan los novios.

-(TODOS) ¡Viva!

-Nunca nadie va a separarme de ti, que lo sepas.

-Hijo.

-Ay.

-Hija mía.

Ahora echaremos un baile.

(Sintonía de "Acacias 38")

(RESOPLA)

-Toma.

Lo que una sabía era que el mandoble que le di

no iba a ser el último, que le he "besao" "pa" sacarle del embrollo.

-Estás preciosa.

¿Me acompañas?

Esta velada es solo para ti y para mí.

Que ya va siendo hora de que te mime un poco.

-Mi corazón es tuyo, Antoñito Palacios.

Eres el amor de mi vida.

¿Qué? ¿Tan pronto me quieres dar esquinazo,

esposo?

-Estaba recordando todos los puñetazos que me has dado.

Se puede decir que me enamoraste de golpe.

-(RÍE)

-Qué tonto.

Hay que ver la de cosas que nos han "pasao" en estas calles, ¿eh?

Amor, no quiero irme nunca de Acacias.

(Suena un vals)

-Oye, ¿sabes dónde está mi hermano, que quiero bailar con él?

-¿Con tu hermano?

(CHASQUEA LA LENGUA)

Tú tienes que bailar conmigo, María Luisa.

-¿Ah, sí? -Sí.

-Venga, a bailar.

(Aplausos)

(GRITA)

(Suena un vals)

-Para. Me has "pisao" tres veces ya.

-¿Y "pa" qué te crees que me he "casao"?

(Suena un pasodoble)

¿Se divierte, doña Celia?

Pues sí, la verdad. Hombre, preferiría

que estuviera aquí mi marido, pero es muy bonito

ver a todo el mundo riendo y bailando, criados y señores.

Sí que es un gozo, sí.

No veo a Lucía.

Ha subido, que se había olvidado la limosnera y el regalo de Lolita.

¿Quería usted algo? No, no, no.

Bueno, sí, hablar con ella.

Está tardando mucho y no tardaremos en tener que ir al banquete.

¿Le parece que me acerque a meterle un poco de prisa?

Pues no estaría mal, porque creo que estará en el tocador

y nos pueden dar las tantas. Se la traeré enseguida.

Le diré que la coquetería es un pecado,

venial, pero pecado. No sea demasiado duro.

Le dejaría las llaves, pero se las ha llevado ella.

Si no le abre, insista, que es que no le oye.

No se preocupe.

Gracias.

¡Lucía!

¡Lucía!

Por el amor de Dios. Lucía.

¿Qué ha ocurrido?

¡Lucía! Dios mío.

-Deme una de esas copitas, anda, haga el favor.

-¿Le importa cogerla usted mismo? Que no damos abasto.

-Vaya, con tanto trajín debe tener a su pupilo a ayuno

de consejo y asesoramiento. -¿Ayuno?

Pero si ese no ayuna ni en cuaresma.

-¿Ha sobrepasado el límite de peso?

-Bueno, ahora le cuento.

-Un agua y dos limonadas.

Se lo están comiendo todo como si el fin del mundo fuera a llegar.

-La alegría y el alboroto, que da mucha gusa.

-Sí. Tengo que decir que estaba todo exquisito, incluido el champán.

-¿Verdad que sí? Muchas gracias.

El aperitivo está saliendo de rechupete.

-Doy fe, como digno representante de los tragaldabas.

-Y, para que te amueles, lo más alabado es la tarta de higos

de mis pecados, la de disgustos que me ha costado.

Estoy recibiendo muchas alabanzas, soy cabrahíguense de adopción

para los restos.

-¿Ve? Eso sí que es un título honorífico y no el de los duques

y los marqueses que tanto alardean.

-Pues ya está listo tu pedido, Flora.

Cuando lo sirvas, vienes a por otra bandeja.

-Yo no sé qué irán a comer en el banquete,

porque de aquí van a salir empachados.

-(CARRASPEA)

-¿Qué me decía que le preocupaba de su boxeador?

-Liberto, que es un desastre.

Que no solo dice que no ha entrenado,

sino que esta mañana estaba doblado de dolor por una indigestión.

-Pero si el combate es hoy, ¿no?

-Sí, usted mismo lo ha dicho. -¿Y está dispuesto a pelear?

-Con su dolor de barriga y todo, dice que en cuanto se suba a la lona

va a repartir estopa.

-Pero por lo visto usted no confía mucho en él.

-Pero ¿cuándo se ha visto a un púgil subirse a un cuadrilátero

sin entrenar y haciendo todavía la digestión de cuatro raciones,

cuatro raciones de cocido madrileño, Liberto.

-Sí, le reconozco que no es lo habitual,

pero un luchador se conoce a sí mismo mejor que nadie.

-Yo le agradezco que trate usted de animarme, pero yo lo veo negro.

-Vamos, hombre, no se deje abatir, al menos no delante de su pupilo.

Debe mostrarse confiado en la victoria.

Lo crea o no, en el boxeo la actitud lo es todo.

-La forma física también cuenta. -Sí, claro.

Me voy a buscar a mi esposa, que me tiene que echar ya de menos.

Le veo luego en la Sociedad Gimnástica para el combate.

-Sí, sí, allí estaré, y si es posible, con Tito Lazcano.

-Vamos, hombre, un poco de confianza, amigo.

(TODOS) Oh...

-Es don Telmo. Y trae a alguien en volandas.

-¿Qué ha pasado?

-Algo está pasando ahí fuera.

-¿Quién es ella, la distingue? -Parece Lucía.

-Lucía. Que alguien busque un coche.

-¡Nosotros lo haremos, acompáñeme!

-¿Qué ha pasado? Sosiego. Respira y tiene pulso.

¿Dónde estaba? La he encontrado en el suelo,

parece que se ha caído. ¿Qué hacemos?

Démela. No es momento.

¡Démela!, yo iré con ella al hospital.

Le ayudamos, amigo. Gracias.

Iré con ella. No, no, le ruego

que se quede aquí, yo me ocupo de todo.

Su marido no me perdonaría que la sometiera a tanta tensión.

La quiero sana y salva.

Al hospital, rápido.

-Siéntate, Celi.

Tranquila, tranquila que se pondrá bien.

-Doña Celia, rezaremos por la señorita.

-Qué fatalidad, en un día tan alegre, una desgracia.

-Así es la vida, hijo, risas y lágrimas.

Sosiego, Celia, enseguida tendremos noticias.

-¿Necesita que la ayudemos en algo? -No, gracias,

esperaré noticias.

Lo siento por su celebración, no se merecían que algo así sucediera.

-No se preocupe ahora por nosotros, que ahora lo importante es Lucía.

-Por favor, vuelvan al banquete, no es educado

dejar a los invitados sin festejo,

y más cuando la mayoría ni siquiera conoce a Lucía, es absurdo.

-Celia, querida, ¿seguro que no quieres que nos quedemos contigo?

No nos importa.

-Que no, que no hacemos nada aquí todos esperándola.

-Tenemos que llevarla a su casa y buscar a alguien que le acompañe.

Encontraremos una muchacha que esté con usted todo el tiempo.

-Doña Celia,... dígamelo y me quedo yo.

Si es que ya estamos "casaos", y el convite... es lo de menos.

-Lolita, es tu boda

y te mereces este día. Ve, por favor.

-Es usted un ángel.

-Hijo, adelántate con Lolita

y recibid a los invitados con todas las atenciones.

A pesar de las circunstancias, debéis ejercer como anfitriones.

-Sí, cuente con ello, pero ustedes luego regresan, ¿no?

-Sí, intentaré convencer a Trini.

El ágape tiene que seguir su curso, no nos esperéis.

Celia,... vamos a casa. -Gracias, Flora.

¿Estás bien? -Sí.

-Nos avisarán si Lucía empeora, ¿no?

-Sí, sí, mi padre dejará alguna criada encargada de ello.

"Hablo...

de que en mi diccionario no existe la palabra derrota".

No voy a perder lo que, en puridad, debía ser para la orden

a la que pertenezco.

"Dios es poder,"

venganza, aniquilación.

¿No ha leído la Biblia, padre?

Entonces dijo Dios a Noé: "He decidido poner fin

a toda carne, porque la Tierra

está llena de violencia a causa de ellos

y, he aquí, voy a destruirlos".

No, no, sigue, sigue,

salta a la vista que necesitas rezar.

Ya he rezado suficiente.

Bah, eso no se puede decir nunca.

Digamos que por el momento.

¿Ha escuchado usted algo?

Sé que se han llevado a la muchacha al hospital,

la gente de la calle parecía no saber mucho más.

La he encontrado en la escalera.

Parece que ha caído por accidente, yacía desmadejada.

Por un momento he pensado en lo peor.

No, Telmo, ¿qué es lo que no entiende usted?

O destroza la reputación de esa joven y ella dona todos sus bienes

a la Iglesia, o Lucía Alvarado sufrirá en sus carnes

"las consecuencias de su ineptitud".

-No es tu culpa, hijo. O sí,

nadie está libre de culpa.

¿Quieres confesar? No, me voy al hospital.

Esa no es la mejor idea. No tengo otra.

Pero es lo que deberías evitar, pensar en ella.

Me pide usted un imposible. Te lo pide Dios,

y él no nos exige más de lo que podemos dar.

Tengo necesidad de estar junto a su cama, de velarla

y de ayudarla en la medida de mis fuerzas.

Ya hemos hablado de esa... necesidad, no ha cambiado nada.

Me necesita. No, Telmo,

no te necesita.

Necesita ayuda, sí, atención, y la va a tener.

Tiene a sus allegados.

¿Quién la ha acompañado al hospital?

Samuel Alday. Su prometido.

Si te presentaras allí, no solo estarías arriesgando tu pureza

y tu ministerio,...

sino que estarías ocasionando problemas mucho más mundanos.

Podría estar entre la vida y la muerte,

ni siquiera conozco su diagnóstico.

Ya sabes tan bien como yo que las noticias vienen en seguida.

Me descompone la espera.

Telmo. Telmo,...

Tienes que hacer lo que dijimos.

Tú te debes a tu iglesia, a tu parroquia.

Es difícil curar almas sin tanto embrollo.

Sí, si todo eso lo sé, pero ¿quién se lo dice a mi corazón?

Es él quien me impulsa.

Dios te está poniendo a prueba.

No le decepciones.

Sí, Dios y el diablo.

Los dos me ponen a prueba y yo,

entre el uno y el otro,

sin voluntad y sin coraje.

Tenía que haber actuado hace tiempo.

¿Qué has dicho? ¿Actuar?

¿De qué estás hablando? Déjelo, no sé lo que me digo.

-No deberíais haber terminado el festejo tan pronto,

los chicos se merecen disfrutar.

-No te preocupes por nuestros horarios, Celi,

lo importante es que estamos aquí.

-Los chicos ya están casados, que es lo que querían.

No les importará que haya habido unos cuantos menos

"Vivan los novios".

-¿No se han quedado muy decepcionados los invitados?

-En absoluto, deje usted de preocuparse por naderías.

-Sí, no te preocupes que no se han ido descalzos,

se han puesto las botas.

-¿Han llamado?

-Yo no he oído nada. -No, no han llamado,

pero calme usted su ansia, Celia, tendremos noticias

en cuanto se produzcan.

-Dios quiera que no sea nada.

-Tú piensa que de ser algo con fundamento ya lo sabríamos.

(Pasos)

-Ya está aquí el avío.

-Ya está aquí el té, Lolita, se dice "té".

-También hay avíos, que hemos traído un cacho de tarta de bodas.

-Gracias a los dos, tiene muy buena pinta.

-Bueno, no está tan de rechupete como la de mi tata Concha

pero hace el apaño. Tome, doña Celia.

Uy, uy.

-Querida, mejor sería que te diéramos una tila en lugar de un té.

-¿Se me ve muy nerviosa? -Una miaja.

-Alterarse tanto no puede ser bueno en su estado.

-Tranquilo, don Ramón, si ya estoy mucho más tranquila.

Váyanse a casa, de verdad, no quiero causarles más extorsión.

-Extorsión ninguna. Nosotros nos hacemos cargo, además,

que estamos aquí tan ricamente.

-¿Le ha parecido bien la muchacha que le hemos conseguido?

-Sí, es todo atenciones, está en la cocina.

Váyanse, de verdad.

-Ya has oído a Antoñito.

-Os lo agradezco, pero tenéis cosas que hacer y me sabe mal

que no paséis tiempo con María Luisa.

-Ay, pero si María Luisa y Víctor están requetebién,

que les está atendiendo Fabiana. -Además, que están agotados.

Después del largo viaje y de tanto baile...

-Trini se quedará con usted.

-Por supuesto, yo me quedo.

-No te lo tomes a mal, pero prefiero estar sola.

-Está bien,...

pero no te angusties, y si tú ves que te viene la angustia,

respiras hondo, y piensa que no te va a venir.

-Pues... no hay más que hablar, ya sabe usted dónde nos tiene.

-Y no se apure, que seguro que Lucía está aquí

"mu" pronto. Y tan campante.

-Voy al hospital,

traeré noticias en cuanto las tenga.

-Gracias, Ramón, gracias a todos.

-Trini, tú a casa, que ya has tenido bastante trajín por hoy.

Y tú, Lolita, bueno, tú lo que diga mi hijo, que ahora ya es tu esposo.

-Bueno, nos quedamos con Trini lo que sea necesario, ¿no?

-"Toa" la noche, si se tercia.

-Bueno, toda, toda igual tampoco hace falta, ¿no?

-Anda, vamos.

-Ay, ¿dónde se habrá metido ese zampabollos?

-¿Qué, esperando?

-No, mirando a ver si llueve.

-Ah, vaya, estamos de malas pulgas.

Bueno, le disculpo, porque todos estamos "afectaos" con el accidente.

-¿Se sabe algo de Lucía?

-Bueno, alguien lo sabrá, servidor no, que ha estado un rato

en el portal a ver si veía las idas y venidas.

Qué pena que el enlace nupcial se haya visto "empañao" por el suceso.

-Se ha "notao" en el ágape.

-Todos los que tratan a Lucía tenían la cara más larga,

que los que salen en los cuadros del Greco.

Ahora, eso sí, los señores,

pero los señores con apellido, oiga usted,

qué señorío, ni una mala cara, un saber estar,

y me he "codeao" con todos, ¿eh?

La...

"Amos", que no es por meterme donde no me llaman, pero...

usted no está esperando a que llueva.

-No, estoy esperando a ver si escampa.

-Hala, de guasa, ¿no?

Pues no es día "pa" ocurrencias, que a algunos nos afectan las desgracias

de los vecinos.

-¿Se quiere callar de una vez? Que estoy esperando a mi púgil.

-Ah, Tito, Tito, qué buen muchacho, ¿verdad?

Sí, hombre, sí.

Además, parece que nunca ha roto un plato, de verdad,

y ¿seguro que sabe manejar los guantes?

Porque parecer, parecer no lo parece, más bien lo contrario.

-¿Y usted qué sabrá, Servando?

Que Tito es un animal, es una fiera herida.

-No, si herido sí parece, sí, pero insisto, ¿sabe algo de boxeo?

-Y dale, pero si Tito tiene en su palmarés más KO.

que Sansón el de la Biblia, y cuando se pone, no deja títere con cabeza.

-Bueno, pues si usted lo dice, pero vamos, es que es oírle hablar

y apetecerle a uno pegarle un abrazo, si es que el chaval...

-¿Le he hecho esperar mucho, don Íñigo?

-Sí, un buen rato, Tito, si hasta Liberto se ha ido ya

a la Sociedad Gimnástica y usted aquí, siendo protagonista.

-Disculpe, he tenido que ayudar a un huésped de la pensión.

Yo sabía que me retrasaba, pero el hombre se veía tan desvalido.

-Bueno, eso ya me lo contará luego, ahora vamos.

¿Está preparado para comerle los hígados a su contrincante?

-Claro.

-Pero lo de comer es una metáfora, ¿eh?

-¿Mande?

-Con Dios. -(GRITA)

-Vaya por Dios.

-Qué topetazo.

Lo siento, portero.

-¿Seguro que este...?

Vaya.

-¡Servando! -¿Qué?

-Venga conmigo, que me va a oír. -Sí, sí.

-Quía, que la "casá", casa quiere.

He "venío" a por algunas cosas y mañana ya me mudaré.

Esto, que está "planchao",... y algún "vestío" de mi cuchitril.

-¿Y "to" lo demás, nos lo dejas?

-Bueno, "pos" mañana ya me mudaré tranquilamente, Casilda.

Pensaba hacerlo "to" hoy, pero con lo que ha "pasao".

-¿Se sabe algo de la señorita Lucía?

-"Na" de "na".

Don Ramón iba a ir ahora "pa" el hospital.

-Ay, pobre muchacha, qué mala ventura.

Oye, ¿y no sería que bebió algo en el convite?

-No seas "malpensá".

-Tampoco es ser "malpensá", es que no me entra en la mollera

cómo le ha "podío" suceder tal desgracia.

-Ahora, al subir,

he escuchado a dos muchachas que hablaban en un rellano.

Dicen... que había algo en los peldaños de un tramo.

-¿Lo qué? -No sé, no he oído más.

-Ay.

"Ende" luego, Lola, que no podías haber "tenío" una boda

más "accidentá", hija.

-Bueno, tú no te hagas mala sangre, si a mí los festejos tampoco...

¿Estoy "casá" o no estoy "casá"?

"Pos" eso,

otra cosa es que...

no me preocupe la señorita Lucía, que no se me va de la cabeza.

-Bueno, Lolita, tú no te apures, que ya verás como saldrá con bien.

Y "na", que procures disfrutar de tu noche de bodas.

-Ah.

Déjate de guiños, Casilda,

que no estoy yo "pa" gorrinerías.

Ya tendremos tiempo, mi "marío" y yo, de regocijarnos

cuando la señorita Lucía salga con bien.

Que me voy a mi cuarto a por el "vestío".

Ea.

-Frota. ¿Se puede saber cómo tienes los escalones

en semejante estado, por favor, Servando?

Que no me llego a fijar y yo también me pego una tarascada

que me parto el peroné. -Esto no estaba así,

que bien que lo barrí y lo fregué para el acontecimiento.

-Eso nos lo cuentas cuando te llamemos a capítulo.

-Pero... que es verdad, señora,

que hasta he utilizado un alambre para limpiar la pelusa

que se queda por los rincones.

-Las excusas son como las posaderas, todo el mundo las tiene.

-Es la verdad, que hasta me he tenido que dar friegas con alcohol

en los riñones para poder ir a la boda y lucir este estirado garbo.

-Ay, ¡déjate de insensateces! No, si al final vamos a tener

que dar gracias porque el accidente no lo hayan tenido

ni Trini ni Celia en su estado.

-Eso me gusta, que vea siempre el lado bueno de las cosas.

-¿Cuándo fue la última vez que le diste cera a este trapo?

-Hará como dos días, y desde entonces han subido

y han bajado ustedes 101 vez, y no hemos "lamentao" ninguna desgracia.

-¿Cómo te explicas que haya cera para engordar 1000 cirios?

¡En España no hay abejas suficientes para tanto pulimento!

-Sí, no, desde luego que eso no tiene explicación.

-Sí que la tiene.

Yo creo que se te ha subido el nombramiento de padrino a la cabeza

y has hecho un pan con unas tortas.

-Doña Rosina, con el debido respeto,...

todos lo lamentamos y rogamos por la señorita Lucía,

pero es que Servando, con todo el tema de la boda,

ha estado más que exigido y un error lo puede tener cualquiera.

-Venga la otra, que no ha sido un error, que yo apliqué la cera

con tiento y froté y requetefroté para que reluciera y no resbalara.

-Y dale, mira que eres terco.

-Que no soy terco, señora,

que lo que soy es sincero y franco.

Vamos a ver, si yo hubiera desparramado la cera, lo admitiría,

y más teniendo el cariño que tengo a la señorita Lucía.

-Eso es verdad,

que Servando será un tragón y a veces un poco vago,

pero...

es en el fondo muy sentido.

-No, si con amigos así, quién necesita enemigos.

-No, a mí no me la dais,

si hay que buscar culpables, aquí está.

-Bueno, dice que yo soy un porfiado, si es que hasta las mulas agacharían

la cabeza con semejante acémila.

-¿Qué acabas de decir?

-No, nada, que voy a estar aquí frotando hasta que se acabe el día.

-Ya puede ser verdad. Mírame.

Porque pienso bajar con las pantuflas de suela dura

para probar el resbalón, y si no asientan bien y me escurro,

ya puedes ir rezando.

-A ver, a ver, no, no diga usted que el saco atufa, rediez,

que los olores es como los colores, que va a gustos.

¿Que huele?

"Pos" sí, pero a mí este aroma hasta me gusta.

Ahora, entiendo que hay que estar "acostumbrao" a los campos

"pa" no caerse.

Sí, sí, sí, es estiércol, señor mío,

pero estiércol de calidad, de primera especial como quien dice.

Como no me fiaba del estiércol

de la ciudad, me he ido a mi pueblo a por boñigas,

"pa" que mi señora esté contenta.

Sí, sí, en mi pueblo, por estas boñigas, matan.

¿Y qué quiere? Diga, ¿y qué quiere,

que abone el campo de la "señá" con agua de colonia? Venga, va.

Aquí y en la Cochinchina,

si usted quiere un jardín bien "cuajao",

hay que usar pelotillas de oveja, bostas de...

vaca y el más preciado y especial desecho de gorrino,

y al que no le guste, que se vaya del pueblo.

-Esta muchacha, así, así va a echarse novio.

-¡Eh, prima!

Te está dando un aire, que estás ahí más "pasmá"

que una estatua en camposanto. -No, no,

no, primo, es que estaba yo...

pensando en la señorita Lucía, pidiendo por ella.

-Ah, pues ea,

te dejo ahí con tu ser, ¿eh?

Sigue pidiendo por la pobre, que uno "tie" faena.

-Por la pobre señorita Lucía y por la pobre de tu "enamorá", primo,

madre mía.

Aquí va a hacer falta un milagro, pero de los buenos.

-¿Y no se encorajinará el señor porque se haya "venío" "p'acá"

y se haya "saltao" su orden?

-Lolita, tampoco estoy bailando que solo estoy acompañando a mi amiga.

-No quiero que tengas problemas con tu marido por mi culpa.

-Que no. Además, no se va a enterar,

si nadie se lo dice, ¿verdad, Lolita?

-Soy una tumba.

-¿Estás mejor, Celia?

-Sí, un poco más tranquila.

Dicen que las peores noticias son las que antes llegan.

Me consuelo con eso.

-Pierda "cuidao", si es que mi Antoñito va a entrar por esa puerta

en cuanto sepa alguna nueva. Es más, lo mismo

antes de que llegue la nueva, aparece la señorita "toa" repuesta.

Las muchachas del altillo rezan por ella.

-Pues dales las gracias. -En cuanto me las eche a la cara.

-Su tila, señora.

-Gracias. -¿Quiere usted otra, doña Trini?

¿Le acerco una taza? -No, Fabiana, muchas gracias,

que ya tomé una antes en casa y si sigo así, me voy a quedar roque.

-No me quito de la cabeza que tenía que haber estado más atenta,

es mi obligación.

-¿A qué te refieres?

-Me pidió las llaves, se las di y me olvidé del asunto.

-Bueno, doña Celia, ni que usted tuviera que ser adivina.

-Claro, si es que Lolita tiene razón.

Celia, actuaste de la manera más normal, te pidió las llaves

y se las diste, lo que habría hecho cualquiera.

-Y más en pleno bodorrio.

-Tenía que haberme dado cuenta de que tardaba demasiado.

-Por suerte, el cura la echó en falta.

-Ay, es que ese hombre es una joya, está en todo.

-Gracias a Dios. Tampoco entiendo cómo pudo caerse.

-Dicen que había algo en la escalera que resbalaba.

-¿Quién lo dice?

-No sé, señora, las muchachas.

(Llaman a la puerta)

Voy.

-Tranquila, Celia.

-Mi padre ha mandado una nota desde el hospital.

Lucía está fuera de peligro.

-Ay.

Ay, qué alegría.

-No quiero ponerlo nervioso, pero...

han acudido menos aficionados

que a otras veladas. -Ya lo he notado.

-Aunque también puede deberse a múltiples circunstancias, ¿eh?

-Sí, también a que Tito levanta menos expectativas

de las que me esperaba.

-No se me venga abajo, hombre.

Debe transmitirle toda su confianza al púgil, ese es su máximo deber.

-Se ha dolido de un golpe de nada que se ha dado con Servando.

-¿Cómo?

-Que para ser un campeón, Tito es demasiado quejica.

-Perdone que le insista, pero cuando ese hombre suba aquí arriba,

solamente le tendrá a usted como apoyo y referencia.

-Sí, sí.

Es cierto. Estaré a la altura.

Los dos, los dos vamos a estar a la altura, nos lo vamos a comer.

¡Nos lo vamos a comer! -¡Eso es!

¡Esa es la actitud! -Claro que sí.

(Aplausos)

-Liberto, pero ¿ha visto usted ese bestia?

-Como para no verlo.

Es un torbellino, y tiene cara de pocos amigos.

-Que Dios reparta suerte.

-Deséele suerte de mi parte a Tito, ande.

Desde luego, la va a necesitar.

-Tito, ¿usted no calienta?

-Se supone que esa es la tarea de mi rival.

(RÍE) -Sí, muy gracioso,

ha escogido usted el mejor momento para mostrar su humor.

-Bueno, se me ha ocurrido. (RÍE)

-Tito, no estamos aquí para reírnos, estamos aquí para soltar guantadas

a diestro y siniestro,...

y eso es lo que va a hacer usted.

No quiero que deje ni un pedazo de ese púgil.

Se lo digo yo, que lo hasta "estudiao",

que va a terminar con él antes de que termine el primer asalto.

-¿Entendido? -Sí.

(RÍE)

-Tito, mírele mal.

¡Mírele mal! ¡Mal! (RUGE)

Muy bien, ahí está. Y en cuanto el árbitro lo permita,

se va usted a por él y me trae su cabeza a este rincón, ¿estamos?

-Sí, señor, lo que mande. -¡Pues vamos, campeón!

-Púgiles, al centro.

-¡Sin compasión, Tito! ¡Que está muerto de miedo!

-¿Preparados? ¿Listos?

(Suena la campana)

(Griterío)

-Diez,... nueve,...

ocho,...

Siete,... seis,...

cinco,...

cuatro,... -Ya.

-Ya. -Dos,...

-Ya. -Uno,...

-Pero ¿cómo ha hecho eso, Tito?

-Como usted me dijo, he ido a por él.

-(RÍEN)

-Vencedor:

¡Tito Lazcano!

(Aplausos)

Así, muy bien.

No se preocupe, prima, que estoy bien.

¿Te ha dolido?

Apenas. Debe ser el analgésico que me han dado en el hospital,

que sigue haciendo efecto.

Don Samuel, ¿qué le han dicho?

Para lo que podría haber sido, todo ha quedado en un susto.

Ha sido un susto con esguince.

Y unos cuantos moratones, pero ni un hueso roto.

¿Y el vahído?

Porque el cura no sacaba "partío" de ella cuando la llevaba en volandas.

Me di un golpe en la cabeza.

Pero no tienes conmociones, y tampoco quedarán secuelas.

Eso sí, debes guardar reposo.

-Gracias a Dios.

Cuando te vi saliendo tan decaída,...

me puse en lo peor. Prima, ya pasó todo,

no le dé más vueltas.

-Ahora cuando salga, le diré a la muchacha que contrató Ramón

que se puede ir. -Doña Trini,

dele sus buenos cuartos que la muchacha se ha "portao".

-Descuida, se irá contenta.

-¿De verdad que van a estar aquí las dos bien solas?

Yo me puedo quedar tan ricamente.

-Que no, Lolita, de verdad, faltaría más.

Tú ahora eres una mujer casada y te debes a tu esposo, que por cierto

ya debe estar echándote de menos.

-Bueno, si el pobre ha "esperao" un año entero, por unos días más...

Que de verdad, que no me importa quedarme.

No será necesario, Lolita, le diré a Carmen

que se ponga a disposición de Celia,

yo puedo pasar sin ella.

Me da a mí que Lolita no se va a dejar convencer tan fácilmente.

-"Pa" eso estamos, señora.

-Lucía, ¿cómo te caíste?

Parece que resbaló,

aunque no lo recuerda con precisión.

No, no recuerdo nada, pero supongo que fue un resbalón.

Si no, ¿qué otra cosa pudo ser?

Los del altillo dicen que había cera en los escalones.

¿Cera?

Pues tendré que hablar, y muy seriamente, con Servando.

Servando puede tener muchos defectos,

pero cuida bien de la finca.

-Eso es cierto. Puede haber tenido

algún descuido, y los descuidos se pagan.

No revuelva más el asunto,

accidente lo puede tener cualquiera.

No te olvides de darle las gracias al padre Telmo.

Gracias a él recibiste pronto socorro.

¿Cómo apareció por aquí?

Me preguntó en el baile por ti y le dije que habías subido.

-Anda que...

Lucía, no podrás decir que el cielo no te cuida,

que te envió a un cura.

-(RÍEN)

-Hale, desfilando "to" el mundo, que la señorita Lucía

"tie" que descansar.

-Menudas ínfulas desde que eres señora, y eso que llevas un día.

-Es que el matasanos ha dicho que "tie" que reposar.

"Pos" a reposar.

-Anda, vámonos.

-Pues a la señorita Lucía ya la han "llevao" "pa" su casa,

dicen que no ha "sío" gran cosa,

"na" más que unos cardenales y, bueno, también un tobillo,

que se lo ha "torcío". -"Alabao" sea el Señor,

¿y no necesita "cuidaos" ni "na"?

-Reposo, aunque bueno, como si hiciera falta

recetarle a las señoras reposo.

-No sea bruta.

-De todos modos,

yo la atenderé, don Samuel me ha pedido que vaya a casa

de los Álvarez-Hermoso, hasta que encuentren a otra criada.

-Deberían haberla "buscao" antes.

-Ay, calle, muda, que no tenían prisa.

Además, ha "sío" la Lolita la que ha "querío" adelantar la boda.

Bueno, "señá" Carmen, pierda usted "cuidao",

que yo conozco a una moza que está buscando faena.

-Pues dile que se pase.

Bueno, yo bajo a mi nueva ocupación. Ya os diré cómo veo a la señorita.

-Con Dios.

-Con Dios.

-Con Dios.

-¿Qué?

-Qué chula se pone usted.

Antes no estaba tan brava en la calle.

-Uy.

¿Me ha visto?

-"Pa" chasco que sí, parecía usted un farol, se ha puesto "colorá"

como un tomate cuando ha visto a mi primo.

Ande, dígame que no.

-Es que me ofusca, me emboba. Es tan guapo,

tan galán,

tan bien "plantao". Y yo nunca he "sío" de las "lanzás",

por poco no me atrevo ni a subir a verla a usted.

Porque sé que está abonando el huerto

del palacete, que si no... a buenas horas.

-Entonces, admítamelo, ¿está usted enamorada de mi primo,

sí o no?

-Hasta la espina "vertebrá".

-Muy bien, pues entonces fíjese, mírese usted por dentro

y dígamelo de ley. ¿Cree que corriendo

que se las pela y escondiéndose de mi primo va a camelárselo?

-No se ría usted, que ya llevo yo mi procesión por dentro.

Y, sobre "to",

no le diga "na" al Jacinto, se lo pido.

-Pues no sé, a lo mejor debería.

Por lo menos así saldríamos de dudas,

total, el no ya lo tiene.

-No, no, no, no, no,

por favor se lo pido, deme tiempo.

Si el Jacinto me dijera que no, "pue" que...

"pue" que hasta me quitara la vida y "to".

-Arrea, Marcelina, es usted "mu" "exagerá".

-No, no, no, no soy "exagerá",

se lo digo como lo siento.

No le diga usted "na",

pero "na" de "na", que me desgracia.

¿Me lo promete?

-Está bien. -(SUSPIRA)

A ver, qué remedio.

No, si ya lo verá, al final, la que va a salir "trasquilá"

va a ser servidora.

-Ay, menudo día. -Pues sí,

ha sido agotador, sí, pero lo que bien está, bien acaba.

Los tortolitos ya están casados, Lucía está en casa y aquí estamos,

todos juntos y en buena compañía. ¿Alguien puede pedir más?

-Vosotros, la parejita, ¿os habéis instalado ya?

-Gracias a Dios. -Sí, nos hemos puesto

en una de las habitaciones. No he podido bajarlo "to", pero

mañana me mudaré.

-¿Estás bien? ¿Necesitas algo?

-"To" lo que quiero lo tengo a mi "lao".

-Y vosotros, ¿qué os contáis, cómo van las cosas en Francia?

-Pues la verdad es que no podemos quejarnos, ¿verdad?

-No en presencia de tu señor padre. -Oye.

No, de verdad, padre, que nos va muy bien, lo único que nos preocupa

es lo mucho que les echo de menos. -Suplimos la falta

de afecto familiar con el afecto conyugal.

(RÍEN)

-Parecemos siameses más que esposos. -Me alegra ver

lo mucho que os seguís queriendo.

Y también os agradezco mucho el esfuerzo que habéis hecho

por acudir a la boda de vuestro hermano y la nunca bien ponderada

Lolita. -¿Bien qué?

-Luego te lo explico, pero quiere decir que te quiere.

-Y yo le quiero a él y no le digo palabras raras.

-(RÍEN)

Yo...

Yo también quería decir una cosa, pero...

no sé, no me sale. -Dilo a tu modo.

-¿Seguro? -Claro que sí,

Lolita, hija, estás en tu casa.

-María Luisa, quería decirte que...

-¿Qué?

-¡Que viva la madrina!

-¡Viva! -(RÍEN)

(RÍEN)

-Bueno, Trini, y su embarazo, ¿cómo va?

-Pues bien, muy bien, si no es por el comisario,

que me lleva más tiesa que un ocho.

-Y ahora vamos a hacer un brindis

en familia, que con tanto lío no hemos tenido oportunidad.

-Mira, me parece de maravilla. -A mí también.

-Ay.

-Tendrías que haberlo visto, Leonor, qué... bueno, Flora, tú también,

qué espectáculo inigualable. -A ver, como espectáculo

podría haber sido mucho mejor, la verdad.

Hay que reconocer que la contundencia de Tito

ha sido algo nunca visto. -Liberto, yo me entiendo,

¿a qué íbamos? A ganar. Hemos ido, visto y vencido,

¿no es así, Tito?

-Enhorabuena, Tito.

Jamás lo hubiera pensado de usted,

que parece un hombre tan sensible y atento.

-Bueno,...

don Íñigo me ha dicho que tenía que trabajar y he trabajado.

(RÍE)

-Para sensible, la mandíbula de su rival, y atento ha estado.

-Quien tuvo que estar atento para no perderse el combate fue el público.

-Y que lo digas, visto y no visto. Es que Tito...

Tito se transforma cuando sube a la lona.

El apacible Tito se transforma en una máquina de boxear.

-Vas a sacar perras con él. -Muchas,

un montón. Si Tito es una máquina de boxear,

los dos juntos vamos a ser ¡una máquina de hacer dinero, Tito!

¿Quién va a ser el siguiente, campeón?

Tito, estoy seguro

de que usted y yo vamos a hacer historia en el noble arte

del mundo del boxeo. Y os digo más,

no me extrañaría nada que se hiciera en la Sociedad Gimnástica

para decorarla,

pero un busto así de grande de Tito.

¡Tito!

-A ver, que sí, que ha estado contundente,

pero eso no lo es todo en el boxeo, Leonor, ¿quién te dice a ti

que no se encontrará con otro adversario más ducho en esquivarle?

-Pues si es así, deberíamos bajarle un poco los humos a Íñigo.

-No lo sé, igual hay que esperar a los próximos combates,

a ver cómo evoluciona. -Chist.

-No, no estoy de acuerdo.

La única evolución que Tito necesita es soltar su mano izquierda,

porque como sea tan demoledora como su mano derecha,

¡el campeonato del mundo y su premio

van a ser nuestros, Tito!

¡Don Tito!

Apenas tiene nada, algunas magulladuras

y un pequeño esguince en el tobillo.

Solo deberá reposar unos días.

Alabado sea Dios,

me alegro mucho.

¿Ha dicho cómo y por qué se cayó?

No sé lo que habrá contado ella, pero doña Rosina

ha amonestado a Servando por dejarse cera en la escalera.

¿Cera?

Al parecer, el portero quería que la finca luciera como nunca

el día de la boda y se excedió.

Aunque él, Servando, jura

y perjura que la cera que utilizó estaba bien extendida

y no suponía peligro alguno. ¿Y le creen?

Porque, de lo contrario, es muy grave.

Doña Celia parece creerle.

No le ha llamado a capítulo ni le ha reprochado nada.

Pero un exceso de cera había, ¿no?

Sí, sí, eso sin duda.

Y si no fue Servando,

alguien debió dejarla allí.

Perdone, padre, pero eso es imposible.

Solo Servando se ocupa de la limpieza y mantenimiento

de la escalera, no hay nadie más.

"Y usted es demasiado débil para vivir en este mundo".

Desconoce que la naturaleza de los hombres es cruel,

y nosotros debemos reconducir sus caminos aun a costa

de ser más despiadados que sus tristes destinos.

Debo ver a Lucía.

Calma, hijo, paciencia,

¿no me has escuchado nada de lo que te estaba diciendo?

Tienes que mantener tus impulsos, forjar tu carácter.

Nada pasará de lo que deba avergonzarme,

soy su párroco y la encontré inconsciente.

Nada malo hay en que vaya a visitarla.

Es que no estoy hablando de la opinión ajena,

a estas alturas me importa muy poco.

No estoy hablando del qué dirán, es por ti por quien no debes ir,

por ti y por ella.

Soy responsable de lo que ha ocurrido.

Usted no lo entiende, pero soy responsable.

¿Por qué?

Telmo,...

me estás ocultando algo y eso sí me duele.

¿Qué me estás ocultando?

Nada, padre. Mientes.

¿Has hecho algo reprobable?

¿Encubres a alguien?

¿Se trata de Espineira?

Telmo, mírame a los ojos, ¿estás dispuesto a mentir?

No me haga esto, por favor. Mírame a los ojos

y contesta a la pregunta, ¿qué me estás ocultando?

No puedo decírselo. ¿No? ¿Prefieres que vaya

a ver al prior Espineira y le exija la verdad?

Ya sabes que no le tengo miedo,

quizá sea el único que no le tiene miedo.

Lo mismo decido casarme en secreto,

solo mi prometido y yo,

en un lugar apartado.

¿Nos casaría así, padre?

Cumpliré con mi obligación en todo momento.

Creo que el padre Telmo tiene dudas vocacionales.

Sí, yo también lo pienso,

pero no debe preocuparse,

todos las sufrimos alguna vez en la vida.

La dedicación al Señor es muy exigente

y a veces se producen ciertos desasosiegos,

pero es normal

que se superen afrontando la vocación con más fuerza.

-¿No se está precipitando? -Liberto, es una inversión.

-Solo le ha visto pelear una vez.

-Pero si le dio tal guantazo al adversario, que todavía hoy

se está preguntando cómo se llama.

-Tal vez fue suerte.

Yo no me metería en gastos extras,

y más cuando todavía está por determinar las ganancias

que le va a producir el boxeador.

No se da cuenta del motivo por el cual me caso.

No la entiendo.

Padre,...

yo me caso con Samuel Alday... para salvarle a usted.

-Que está en España el campeón de Francia

y que quiere una pelea con Tito.

-¿No cree que se está precipitando un poco?

-Es una oportunidad ¿Qué opina, Tito?

-Lo que usted diga, don Íñigo, si hay que pelear, se pelea.

-Para que mi hijo pueda ser un señor Palacios, necesito que mi esposa

sea una señora de Palacios.

¿Lo entiendes?

-¿Quieres que tengamos un hijo?

-También, pero no, no me refería a eso.

Me refiero a que tienes que comportarte

como una señora.

No puedes pasar el plumero

ni servir la mesa, ni tratar a otras vecinas

como si fueran superiores.

-"¿A usted le interesa"

salvar la herencia de esa muchacha

o propiciar los amores pecaminosos del padre Telmo?

-No sé cómo se atreve.

-¿Va a negarme que ese incauto se ha enamorado

de la señorita Alvarado?

¿Esa es la Iglesia que usted pretende?

¿Sacerdotes amancebándose con sus feligresas?

Qué vergüenza.

-Telmo no se ha amancebado con ella.

-Espere a que ella tenga el dinero, ya verá,

al final, va a resultar que Telmo es mucho más listo

de lo que parece.

-Espineira es peligroso,... y no podemos eliminarlo.

Si él ha decidido que la vida de Lucía es contraproducente,

ella tiene los días contados.

Hay que acelerarlo todo.

Explíqueme a qué se refiere.

La boda, su noviazgo no puede eternizarse,

debe casarse lo antes posible,

la semana que viene mejor que la siguiente.

Va a ser difícil de convencerla.

El premio es lo bastante grande como para aguzar el ingenio.

Tras la boda,

el heredero de hecho de los bienes de los marqueses es usted.

En ese caso, dará igual lo que pase con Lucía Alvarado.

Hasta podremos sonreír

si los planes del prior Espineira

dan resultado.

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Acacias 38 - Capítulo 926

11 ene 2019

Telmo nota la ausencia de Lucía y sube al edificio. Descubren que alguien vertió cera en los escalones. Afortunadamente, Lucía se recupera. A la hora del combate, Tito se retrasa e Íñigo se preocupa. Finalmente, Tito llega a la Sociedad Gimnástica y arrasa en el combate.

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  1. Marilu

    ¡¡ Que descuidada tienen a esta página !! que falta de respeto !!! que negligencia !!!

    20 ene 2019
  2. Mabi

    Al seguir sin la opción comentar, la mejor opción es dejarlo aquí. Me encantó el gesto de Lolita hacia sus comadres, al dejarles unos " posibles " para que disfruten una tarde con lo que más les gusta, y así tenerla presente mientras dure su Luna de miel. Espero que sólo sean unos cuantos capítulos y luego vuelvan a Acacias y ver su transformación en " señora de Palacios " aunque personalmente, no me gustaría que la cambiaran mucho, ya que su personalidad, buena, generosa, atenta y asendosa, no la hará menos señora. Ojalá así sea.

    18 ene 2019
  3. Marilu

    No me gusta nada la actual actitud de Ursula, temo que "vuelva a las andadas ", prácticamente amenazó a quienes " hagan daño " al padre Telmo, (¿a Lucía quizás ?); ya se podría ocupar de su archienemigo Samuel, quien si se merece algo mas que una amenaza.- Y que sucede que no se permiten comentarios en tiempo y forma; esto que digo ahora es a raíz de algo que sucedió en el capitulo ¡¡¡¡ 928 !!!!!

    16 ene 2019
  4. Betty

    Otra vez !!! no dan posibilidad de enviar comentario, capítulos 927 y 928, ¿ que es, negligencia u olvido ?

    16 ene 2019
  5. Araceli

    Recordemos la época. Lo que no cambia son los embustes y la codicia de la iglesia. Pero ojalá que ya desenmascaren al tal Alday, que ya se pasó de castaño oscuro. Al tal Servando, que le pongan otra pareja. A Celia, que siga su embarazo y que no inventen otra desgracia. La tal Susana, pues cumple con la idiosincrasia de la época. Telmo y Lucia que se vayan como todas las parejas a vivir su amor a la Conchinchina. Y que ya termine esta historia. Ya se les acabaron las ideas. Gracias

    15 ene 2019
  6. Taky Sanchez

    Madre mía cuantas mentiras en esta historia, y yo sigo pensando en German y Manuela la única pareja normal y creíble y que nos hacia concebir una bella historia de ver todas las tardes. Nunca se ha pillado a ninguno de los y las asesin@s, no puede creer algo así. Servando erre, q erre, Lolita una pueblerina incapaz de aprender, ella y Trini con Cabrahígo dale q te pego, Rosina y Liberto una pareja insulsa, creíamos q Susana después de lo de Simón tendría q ser más comprensiva con los pecados d los demás, pues no sigue exactamente igual. Y Telmo y Lucía q parecían volver a repetir la romántica historia de German y Manuela, ponen un Cayetano (Alday) de por medio más feo y con cara de niño dl exorcista para sustituir a Cayetana. Un autentico desbarajuste, el fraile detrás de Lucia para conseguir sus bienes, presumo q en esta historia hay algún rojillo por medio dl guion, otro fraile detrás d Telmo, Úrsula ahí d observadora, suma y sigue y siguen y suman. Hasta cuando tanto crimen, caídas, epidemias, imbéciles como Iñigo y Flora. Leonor muy mujer adelantada sí sí y se enamora d un imbécil. no como Pablo q era pobre pero inteligente, y flora una boba a las tres. Lo de Teresa y Mauro fue un calvario, lo de Blanca y Diego calvario y medio, también será otro calvario lo d Telmo y Lucia? No pueden haber parejas normales. Señores/ras guionistas leen ustedes los comentarios?

    14 ene 2019
  7. Raquel

    A esta altura el paquetero de Samuel acaso cree q saldra con la suya casandose con Lucia? Y la Iglesia? Es inconcebible , aun esta casado con Blanca! Seria bigamia! El Prior es un corrupto! El "money" es lo único q le interesa. Y como es Celia lllega a emprendedora no parece inteligente ni despierta, una mentalidad mediocre. La Lolita en vez de mejorar e iir aprendiendo con tantas "Señoras" se queda igual o peor, la suegra no ha mejorado tanto q digamos. Acacias es una provincia? Q mentes cerradas ! Hasta la coronilla con su pueblo. Ahora es tiempo q el fraile regrese de donde vino y no llene de incertidumbre a Telmo, q esta en una encrucijada. Lucia con cambiar de ambiente podría deshacerse del Alday, ella ya ni lo soporta, Q sacrificio! Eso no está escrito en ningún lugar!,,,

    12 ene 2019
  8. Anlly

    Que linda es Lucía !! Se casa para salvar a Telmo ..

    12 ene 2019
  9. Eloísa

    Pedirle a Lolita que se comporte como una señora es como pedirle peras al olmo; "" el que nació para pito no llegará nunca a corneta ""

    11 ene 2019
  10. Saro

    Otro capitulazo. ¡Qué bonito ver a toda la familia Palacios reunida!!!... ha sido muy bonito ver de nuevo a Víctor y Mª Luisa. En todas las bodas siempre hemos de tener un susto, en este caso, la caída de Lucía. Telmo, entre la gente, buscando a Lucía con la mirada ... ¡cómo me gusta xD!!!. Pero vamos a ver, dónde va ese chisgarabís del Alday a coger a Lucía y quitársela de los brazos a Telmo ...¡¡si es que no puede con ella, es ridículo!!!. Telmo a podido darse cuenta de lo que es perder a Lucía y quiere salir corriendo al hospital; creo que ya imagina que la cera en los escalones es cosa del prior que lo tiene harto, al igual que el fraile, nadie le comprende: " ...sí, Dios y el diablo me están poniendo a prueba ... y yo, entre el uno y el otro, sin voluntad y sin coraje ... tenía que haber actuado hace tiempo" . Tengo unas ganas de que desaparezca el fraile para que Telmo tome por sí mismo la decisión. Está siendo un disfrute cada capítulo.

    11 ene 2019